"No puedes criar serpientes en tu jardín y esperar que sólo muerdan a tus vecinos" (Homeland, extraordinaria serie sobre el funcionamiento de la CIA que desnuda la perversa moral del imperio).

24 de enero de 2001

PLD Y EEUU: COMPARACION SOCIO-POLITICA-2001

PLD Y EE.UU.: Comparación Sociopolítica

Del PLD

El PLD fue concebido, por su fundador Juan Bosch, partiendo de la conformación social dominicana y, en gran medida, por las experiencias vividas en el Partido Revolucionario Dominicano, constituido por pequeños burgueses de las capas baja, baja pobre y baja muy pobre, en los que el interés fundamental de pasar a la capa siguiente -sin importar lo que tengan que hacer para lograr sus objetivos materiales, en términos muy individuales- es lo que prima.

El PLD, partido que Juan Bosch funda a imagen y semejanza de la iglesia católica y las estructuras castrenses, pasó a ser igual al anterior, constituido por los mismos dominicanos de las mismas capas sociales, pero con la disciplina de los estamentos mencionados. Esos dominicanos harían en el PLD lo mismo que hicieron en el PRD si no se mantenían los controles -de disciplina, organización, manejo de finanzas, toma de decisiones y conciencia política- que había implementado Juan Bosch, y que hicieron del Partido de la Liberación Dominicana un partido político ejemplar en toda América Latina.

Juan Bosch sabía que el PLD estaría conformado por esos mismos dominicanos que han hecho de la República Dominicana una sociedad bajo pequeñoburguesa, en la que cada quien piensa y actúa en su propio universo, como un ente aislado, dejando de lado todo principio de convivencia natural, como ocurre en sociedades que evitaron que esta clase social fermentara (en la Alemania de principios del siglo 19, cuando los obreros no tenían trabajo, se agrupaban en zonas urbanas y, entre ellos, se ayudaban hasta tanto apareciera una actividad de importancia que les permitiera desarrollar sus funciones de acuerdo con la posición que ocupaban en las relaciones de producción. En República Dominicana los obreros proceden de la baja pequeña burguesía; actúan como tales mientras prevalece alguna obra. Concluida, retornan a la clase de origen).

Lo más importante en la obra sociopolítica de Juan Bosch fue enseñar a los integrantes del PLD el funcionamiento anormal de la sociedad dominicana para que con esta base el partido estableciese todos los controles disciplinarios y de formación entre sus hombres y mujeres, tanto en el plano de la oposición como en el plano de la detención del poder.

Mientras Juan Bosch gozaba de sus facultades mentales, el PLD y los peledeístas eran un fenómeno aparte en la República Dominicana. Con su retiro natural, la dirigencia y muchos otros del partido olvidaron, “ipso facto”, todas esas cualidades y virtudes que exhibían con orgullo, al punto de haber enterrado la filosofía política del profesor Juan Bosch en apenas seis años.

De los Estados Unidos

Aún siendo los Estados Unidos la base de la comparación, no podemos pasar a describir su desarrollo burgués; es mucho el espacio que se necesitaría para explicar el desarrollo capitalista y, además, la forma de gobierno que se adjudica este sistema económico: la democracia.

Para ser realistas, partiremos del proceso electoral que hace poco tiempo culminó en los Estados Unidos. Dos siglos han transcurrido desde que, unos genios, concibieron el proceso electoral en el que los poderes eminentemente políticos del Estado, el Ejecutivo y el Legislativo, no tenían que distribuirse sobre la base del voto popular, y sí, en cambio, sobre la de los colegios electorales (de los estados). O sea, en palabras crudas, pero sencillas, el voto popular no elige al presidente de la nación norteamericana. Los colegios electorales de los estados -los que rigen las votaciones en cada uno de ellos- son los que determinan la selección del presidente, en la forma que explicamos a continuación: cada estado, sobre la base de la población que tiene, y partiendo del censo previo a las elecciones, tiene unos compromisarios electorales que corresponden, en su totalidad, al candidato del partido que haya ganado en el mismo. El número de estos compromisarios, por lógica, es mayor en los estados más poblados que en los menos habitados. Por eso California tiene el número más alto de compromisarios, en tanto Iowa, cuya población es mucho menor, posee muy pocos.

¿Por qué al principio dijimos que fueron unos genios los que concibieron esta forma de seleccionar al presidente? Por lo siguiente: el Poder Legislativo, en lo que concierne al Senado, está conformado por dos senadores por estado, lo que le da a los estados pequeños la misma fuerza senatorial que a los estados grandes; políticamente, esto es irracional. Para compensar este desbalance en el Senado, esos genios que aludimos diseñaron el sistema de votos electorales, de forma que los estados más grandes tienen un poder de decisión enorme en lo que respecta a la selección del presidente. Existen otras cosas que estos genios insertaron en el proceso de selección del presidente que explicaremos inmediatamente desarrollemos la comparación sociopolítica, que “luce” anormal (por no decir desproporcional) entre el PLD y los Estados Unidos.

Comparación sociopolítica

Independientemente de que la población norteamericana es mayoritariamente ignorante en relación al proceso electoral que le compete, a los que conforman el sistema -industriales, científicos, banqueros, aparato militar- jamás se les ocurriría poner en tela de juicio dicho proceso. Cuando los candidatos que compiten son del sistema, tal y como sucedió en el último evento electoral, la situación tiene solución ante los ojos del pueblo, siempre que sean dos los candidatos. Ahora, cuando surgen más de dos candidatos potenciales, el tercero, por necesidad, se inclinará por la retórica del desacuerdo con el sistema, y los genios diseñaron tan magistralmente el proceso de selección que, al no alcanzarse el mínimo de compromisarios electorales, el Senado selecciona al que considera debe ocupar la primera posición en la administración del Estado, siempre en función de “los intereses del sistema”.

Ralph Nader, de ascendencia árabe, corría como tercer candidato; con su estampa de "liberal" -preocupado por los derechos humanos-, de haber sido un candidato potencial, ¿hubiese ganado las elecciones?, ¿se hubiese acomodado en la Casa Blanca para gobernar a los Estados Unidos y al mundo?

Los genios que hace doscientos años crearon una fórmula para la selección del candidato a la presidencia en los EE.UU., hoy, en el 2001, no son enterrados como se ha hecho con el profesor Juan Bosch y sus teorías sociopolíticas. Con un desarrollo capitalista sin paralelo por más de 200 años, ni a los burgueses ni a los obreros (las dos clases más beneficiadas del capitalismo), y más aún, ni a los guardianes del sistema -independientemente de los túneles, puentes, cohetes, viajes al espacio, etc.- se les ha ocurrido desvirtuar la esencia en el proceso de selección del candidato presidencial.

Cuando Marx concibió sus teorías sobre las clases sociales, lo hizo en una sociedad diferente de la dominicana, en una sociedad en la que la pequeña burguesía no descendía de la capa baja (propiamente dicha). La clasificación hecha en la República Dominicana por Juan Bosch surge por unos desamparados de clases que, necesariamente, entran en las relaciones de producción, aún bajo una economía subterránea y serias desviaciones sociales que han dado lugar a la formación de los seres humanos más inescrupulosos que conoce la lucha por la escalada de capas (camino a la obtención y disfrute de los placeres materiales, por los que mueren, incluso, haciendo las cosas más indignas y repugnantes).

Juan Bosch formó un partido de pequeños burgueses de capa baja, baja pobre y baja muy pobre, conociendo las raíces de sus integrantes y formulando esquemas y planes de fiscalización hasta en los aspectos de menor importancia dentro de la actividad política. Los hombres y mujeres del PLD sólo funcionaban con esos esquemas y métodos de fiscalización, los que al ser eliminados han permitido que esos mismos hombres y mujeres, en su gran mayoría procedentes de esas capas sociales, hayan hecho, desde el poder, y dentro del partido, todo aquello que estaba vedado.

Unos “genios”, dominicanos y peledeístas, que construyeron puentes y túneles, creyeron que la sociedad había cambiado con la construcción de esas obras. Y resulta que están equivocados; no tienen la capacidad de entender que las sociedades no cambian por la exclusividad de las obras materiales que se hacen; que las sociedades cambian con la educación, con la reglamentación, con el ejercicio de las leyes y, sobre todo, en términos de clases, cuando la baja pequeña burguesía (en todas sus capas) tiende a disminuir hasta llegar al nivel que le corresponde, haciendo lo que es natural en sociedades como la norteamericana, la alemana, la sueca, la francesa; y dando paso al desarrollo formal de la burguesía -que paralelamente desarrolla la clase obrera-.

¿Disminuyó el número de pobres (hablando con lenguaje capitalista) en los cuatro años de gobierno del PLD? ¿Disminuyeron los pequeños burgueses de capa baja, baja pobre y baja muy pobre (hablando en lenguaje boschista) durante los cuatro años de gobierno del PLD? ¿Disminuyeron los vendedores de guineo, de agua en bolsita, de aguacate, los limpia-cristales y los “motoconchos” en las avenidas y calles del país (hablando en lenguaje del pueblo) durante los cuatro años de gobierno del PLD? La respuesta a la misma pregunta hecha en tres formas diferentes es NO; y, para constatarlo, sólo hay que transitar por cualesquiera de las vías del país.

Mientras los norteamericanos cuidan su proceso de selección (por más de dos siglos), el mismo que usó el PLD en su estructura como organización por más de 24 años (partido de organismos), los peledeístas destruyen las murallas con las que el partido evitaba que los gérmenes del desorden, del oportunismo, del enriquecimiento ilícito y de la corrupción se reencontraran con sus miembros, procedentes -en su gran mayoría- de las capas más bajas de la pequeña burguesía.

Ing. Nemen Hazim
San Juan, Puerto Rico
24 de enero de 2001