"No puedes criar serpientes en tu jardín y esperar que sólo muerdan a tus vecinos" (Homeland, extraordinaria serie sobre el funcionamiento de la CIA que desnuda la perversa moral del imperio).

11 de mayo de 2010

COMENTARIOS AL CAPITULO III DEL LIBRO "TRUJILLO, MI PADRE EN MIS MEMORIAS", DE ANGELITA TRUJILLO-2010


Comentarios al capítulo III

Pretende Angelita -¡reina de pacotilla!, como la define Tomasina Cabral, heroína sobreviviente del régimen trujillista-, en este tercer capítulo, hacer una exposición detallada de todas las obras que hizo su padre en los primeros diez años, resaltando la reconstrucción de la ciudad de Santo Domingo después del paso del ciclón San Zenón, el 3 de septiembre del 1930, 19 días después de su investidura como Presidente de la República Dominicana.

Sobre el desarrollo capitalista alcanzado por la nación dominicana bajo la dictadura de su padre han hablado y escrito muy claramente Juan Bosch, el Dr. Euclides Gutiérrez Félix y otros intelectuales que no han sido mezquinos a la hora de enjuiciar a Trujillo. Decíamos sobre el dictador, el 24 de octubre del 1994, en un artículo titulado “Trujillo, el oligarca-burgués”, que aparece en este mismo foro, que “así como ejerció el poder para doblegar al pueblo, así como pudo constituirse en el dueño absoluto de la República Dominicana, así también supo sembrar el capitalismo industrial, después del enorme atraso que revela la historia dominicana”.

Lo que Angelita no señala en su libro son los muertos, las torturas, los procedimientos con los que se enriqueció, el despotismo con el que gobernó al pueblo dominicano, características fundamentales sobre las que Trujillo cimentó ese desarrollo.

En la página 112 la autora analiza a los caudillos de hombres armados, “General(es, nh), hombres rurales de mentalidad montonera” que se habían formado para combatir al yanqui invasor, pero que degeneraron en “maleantes, criminales conocidos como Gavilleros”, para adentrarnos en el ambiente de los dos primeros muertos con nombre que aparecen en esta historieta de “amor y valor”: el general Cipriano Bencosme, que "muere en la página 114" y el general Desiderio Arias, que lo hace "en la página 118".

Este escenario tan bien adornado le sirve a la autora para encubrir “los muertos que no murieron” y, como justificación a la obra de su padre, señala que “…la acción de construir, no es fácil, implica carácter, firmeza y devoción al ideal que se ambiciona… Desafortunadamente, en la vida, las cosas buenas no vienen en bandeja de plata. Todo laurel es precedido por una cuota de sudor”. (Páginas 119 y 120).

Todos los muertos de los primeros años de la dictadura los encierra en estas dos irrespetuosas líneas: “De ahí el cupo de bajas con que pagarían los recalcitrantes y obstinados, ante la impostergable pacificación del país” (Palabras emitidas por una ferviente religiosa -recipiente de un trato deferente por parte de los “curas”- que con la ingesta de una ostia y el rezo de un padre nuestro recibe, inexplicablemente, el perdón por su complicidad en el holocausto al que su "amado y tierno padre" sometió a haitianos y dominicanos). Al despotismo, a las torturas y a los muertos Angelita les llama carácter, devoción y firmeza.

Seguimos buscando la “cuota de sudor” que aportó la autora para tanta riqueza y para tanta opulencia. Decir que “en la vida, las cosas buenas no vienen en bandeja de plata” es una expresión más de burla de otro Trujillo, ¿cómo se “fabricaron” los 800 millones de dólares que Angelita y su familia sacaron del país?, ¿de dónde salieron los “laureles sin cuota de sudor” de la familia Trujillo? Este tercer capítulo concluye en la página 193 y aún no hemos podido encontrar una justificación -transparente, legal, propia del trabajo productivo, honrado y decente- para su fortuna. Ella misma dice en la página 130 que “en el Estado Dominicano (sic) no se concibe que un político se enriquezca en el poder”, ¿cómo puede explicar entonces la enorme fortuna de su padre?

Ella no puede explicarlo, pero Juan Bosch sí: “…la dictadura fue el instrumento usado por Trujillo para monopolizar la vida económica nacional. La clave de esa edificación militar, política y económica que esclaviza a Santo Domingo está en la falta de conciencia moral en el autor y beneficiario de la obra… Su energía le ha servido para esclavizar y envilecer al pueblo: su sentido de la autoridad con el consecuente don de mando, para organizar un sistema de terror; su don de organizador, para crear un régimen despótico; su actividad mental y física y su dedicación al trabajo, para establecer un sistema de explotación económica y sumisión política como pocas veces ha visto el mundo… Para Trujillo, sólo cuenta él; la satisfacción de sus deseos, el aumento constante de sus caudales, de su poderío político y de su figuración. Todo cuanto le sea útil a esos fines, es bueno; todo cuanto se oponga a ellos, es malo… Con esa naturaleza moral, y una energía tremenda para imponerla por encima de todos los principios sociales, Rafael Leonidas (sic) Trujillo convirtió a la República Dominicana en su empresa económica” (Páginas 148, 149 - Trujillo, causas de una tiranía sin ejemplo. Novena Edición, 2002, Editora Alfa y Omega).

La explicación dada por el profesor Juan Bosch es contundente pero, la misma autora, con las palabras que reconoce la grandeza de Juan Pablo Duarte, desnuda a su progenitor. A Duarte lo define como “hombre generoso, honrado y recto, (que, nh) prefirió el destierro a derramar la sangre de los dominicanos como un medio de dominar a sus enemigos” (Pág. 134). ¿Y cómo definiría entonces a Trujillo, su padre, que prefirió torturar, desaparecer, matar, derramar la sangre de los dominicanos, y usarla para crear su enorme riqueza?

Para engrandecer la obra material de su padre, la autora recoge discursos, citas, cartas y relatos de intelectuales de renombre, pero se le olvida haber llamado "industria antitrujillista" a la gran cantidad de libros que “reconocen el heroísmo de los actores del 30 de mayo y que relatan la historia de robos, torturas y crímenes sobre los que su "adorado padre" ejerció el poder por más de 30 años”, tal y como señalamos en los comentarios al capítulo I.

Hemos encontrado una “industria protrujillista” que le sirve de sostén en la elaboración de la composición sobre su padre que, debido a los placeres que se dio en la vida con los dineros del pueblo dominicano, se propuso concluir después de la muerte del profesor Juan Bosch y del doctor Joaquín Balaguer. Del último usa 3 libros de referencia y consulta -de los más de 60 que refleja la bibliografía-, y del primero ninguno, pero sí cartas laudatorias a Trujillo, haciendo lo mismo que hacen los asalariados y comprometidos con el neotrujillismo.

Los años parece que moldearon a “La Princesa Angelita” a imagen y semejanza del monstruo que fue su padre. Usa unos párrafos de una carta que Américo Lugo le escribió a Trujillo, en la que rehúsa “un empleo como historiógrafo del Gobierno” (Pág. 127), para justificar que la carta que Bosch escribió en enero del 1936 fue escrita con “sinceridad y libre voluntad”. Muy parecido a actuaciones que vemos, tanto en el país como en el exterior, de dominicanos ensañados en manchar la figura de Juan Bosch.

Si las expresiones eran tan sinceras, ¿por qué Angelita no usa ninguno de los libros en los que Juan Bosch alude a su padre? Para ella y los que actúan igual, Bosch escribió: Póker de espanto en el Caribe; El PLD, un partido nuevo en América; Crisis de la democracia de América en la República Dominicana; Trujillo, causas de una tiranía sin ejemplo; La fortuna de Trujillo; Las dictaduras dominicanas; Composición Social Dominicana y muchos más. Si las expresiones de Juan Bosch contenían tanta “sinceridad y libre voluntad”, ¿por qué se marchó del país un 13 de enero del 1938, apenas 8 días después de haber alabado a Trujillo en una actividad proselitista en Boca Chica?

Juan Bosch reconoce de forma muy clara que alabó a Trujillo, y con detalles lo explica -y por qué- en su obra Las dictaduras dominicanas: “La manera segura de evitar que cayera sobre una familia el peso del terror era haciendo público un sentimiento trujillista que se expresaba a toda hora, en cualquier sitio y por cualquier motivo”. Ese sentimiento no podía ser real, ni en Bosch ni en ningún otro que por necesidad de preservar su vida y la de su familia emitiese o escribiese a favor del dictador o del régimen. En las páginas 182 y 183 Angelita Trujillo muestra la arenga que pronunció “con su peculiar oratoria” Juan Bosch en Boca Chica, el 5 de enero del 1938, aupando la reelección del Generalísimo Trujillo, como forma de validar, con el prestigio y el intelecto del profesor Bosch, el despotismo con el que su padre gobernó la nación. ¡Cuán equivocados están ella y sus serviles con semejante presunción; Juan Bosch se marchó del país, junto a su esposa e hijo, apenas 8 días después, el 13 de enero, para convertirse en el principal opositor al criminal más grande que ha dado el Continente Americano!

Nos parece curioso que en la obra “Trujillo, mi padre en mis memorias”, la autora no incluya, hasta la conclusión de este tercer capítulo, una sola cita, arenga, carta u otra manifestación escrita que se exprese en contra del régimen. Lo traemos a colación por lo de la “sinceridad y libre voluntad” que adjudica a las palabras laudatorias de Juan Bosch a Trujillo, pero, ¿acaso alguien podía criticar o contradecir al régimen? Por lo que Angelita expone en las páginas 151 y 152, del periodista y profesor Luis Padilla D’Oníx, reportero del Listín Diario para la fecha, resulta cuesta arriba pensar que alguien pudiese hacerlo. Citamos: “El editor del periódico, Arturito Pellerano, había ordenado la publicación de un editorial que trataba el pavoroso problema del analfabetismo. Al anochecer... le fue entregado un número de teléfono con instrucciones de llamar de inmediato al Jefe de Estado”.

El lector debe hacer una empatía con el director del Listín Diario para saber lo que sintió cuando Trujillo tronó del otro lado del teléfono. Después de la arenga de cómo denunciar un mal, el señor Pellerano tuvo que escuchar de la boca de Trujillo: “Hágame el favor de no ocuparse más de este asunto, a menos que sea para sugerir el remedio más factible, dentro de las posibilidades del erario”. Terminan las palabras de Trujillo, siempre de acuerdo con lo que plasma la autora, quien concluye el párrafo con las siguientes palabras del periodista D’Oníx: “Y cortó bruscamente la comunicación sin esperar respuesta”. (¡Sin comentarios!).

La industria protrujillista que ella misma, sin proponérselo, ha permitido sea descubierta, no se limita a la escritura y venta de libros; existe un fin ulterior, mayúsculo: el retorno al poder de la familia Trujillo, y para ello se van creando muy sutilmente infraestructuras de comunicación y propaganda, a la que se prestan los mismos familiares -a través de fundaciones y otros mecanismos-, los favorecidos durante el régimen, los hijos y sobrinos de Trujillo no reconocidos, y muchos dominicanos pertenecientes a la baja pequeña burguesía que, por escalar socialmente de una capa a otra, se prestan a hacerle el juego a la oligarquía. "... Hay un sector adscrito al frente oligárquico que le sirve de instrumento nacional de poder y al mismo tiempo aspira a integrarse en él al nivel más alto... " (Juan Bosch, "Dictadura Con Respaldo Popular", Cuarta Edición, Santo Domingo, 1991, Pág. 154).

Sutilmente nos lleva Angelita a la matanza de los haitianos, y de forma burda e irrespetuosa usa la historia para, con los ejemplos que da, justificar el exterminio de 3 mil haitianos, según una contabilidad que adopta del Dr. Euclides Gutiérrez Félix -6 mil según el profesor Juan Bosch, 18 mil según el propio Trujillo, 25 a 30 mil según otros historiadores- ó 45 mil según la prensa internacional, que ella describe lo hacía “con el único interés de desacreditar el gobierno”.

Dentro de las alternativas como posibles soluciones al cruce de la frontera por los haitianos, señala la que parece haberse convertido en la mejor solución: “¿Qué tal si a todos los ilegales se les invita a subirse en un vehículo de transporte y retornarlos (sic) a su país, apelando al uso de la fuerza, si fuera necesario?”. Y a seguidas, para justificarla, señala: “Después de sopesar todas las alternativas la última parecía ser la más viable y efectiva para lograr una solución definitiva al problema territorial dominico-haitiano” (Pág. 169).

Los 3 mil a 45 mil haitianos masacrados por orden de su padre los despacha Angelita con estas tiernas palabras: Son hechos de la vida real, frecuentes en los noticieros que trae el televisor. Escenas que aún al corazón más duro le humedece los ojos“. O con estas: “…lo cierto es que cuando se emplea la fuerza, ocurren los excesos, el hombre no puede desprenderse de su instinto de conservación ni de su parte animal. Ojalá y fuera posible entresacar la cizaña del trigo, para confiar la fuerza militar únicamente, a gentil hombres” (sic). (Pág. 170).

Lo que ella no puede explicar es la composición de esa fuerza militar: “…campesinos sin tierra, que sirven a la fuerza armada por un sueldo, y que por tanto no solo están obligados por la disciplina militar, sino que son también económicamente dependientes, de manera que Trujillo los usó como subordinados y los explotó como esclavos” (Trujillo, causas de una tiranía… -Ibíd.- Pág. 144). Ni tampoco las verdaderas razones por las que el genocida de su padre procedió tal y como lo hizo: “En un viaje hecho a Haití pocos meses antes, el tirano enamoró a una joven haitiana a quien se proponía llevar a Santo Domingo. Cuando el presidente haitiano… lo supo fue a visitar a su colega para pedirle que dejara en paz a la joven, pues era parte de una familia muy conocida en Haití y su fuga podría tener malas consecuencias en las relaciones de los dos gobiernos. Trujillo, débil de carácter, accedió. Pero uno o dos días después, ya de vuelta en su país, comenzó a sentir celos del gobernante de Haití y a irle cobrando un odio que fue creciendo irresistiblemente, tanto que al fin ese odio requería convertirse en hechos que le crearan una situación difícil al presidente vecino. Así, cierto día, hallándose en fiesta en las cercanías de la frontera, el volcán que llevaba dentro estalló, y dio la monstruosa orden” (Las dictaduras… -Ibíd.- Págs. 172, 173).

Así son las cosas, Angelita; como son, no como uno quiere que sean. Tu "adorado padre", por más que intentes pintarlo como tierno, dulce y amoroso, fue un criminal de primera magnitud, un hombre rencoroso, lleno de odio, intrigador, degenerado, violador de niñas, “atributos” con los que tendrás que cargar mientras en el mundo quedemos seres humanos comprometidos con la verdad.

Tomasina Cabral: con estos comentarios al tercer capítulo del libro de la "reina de pacotilla", como usted define a Angelita Trujillo, pretendemos honrar su heroísmo. Las palabras que el Listín Diario usa para describirla, “mujer valiente y forjadora de ideales patrióticos”, nos llevan a reverenciar su enorme estatura dentro de todos los que, con su sacrificio, ayudaron a forjar una República Dominicana de libertades. Reciba Ud. mi mejor reconocimiento. CONTINUAREMOS AL TERMINAR DE LEER EL CAPITULO IV...

Ing. Nemen Hazim
San Juan, Puerto Rico
10 de mayo del 2010