"No puedes criar serpientes en tu jardín y esperar que sólo muerdan a tus vecinos" (Homeland, extraordinaria serie sobre el funcionamiento de la CIA que desnuda la perversa moral del imperio).

4 de julio de 2010

COMENTARIOS AL CAPITULO VII DEL LIBRO "TRUJILLO, MI PADRE EN MIS MEMORIAS", DE ANGELITA TRUJILLO-2010


Comentarios al capítulo VII

…Sin embargo, podemos suponer que si hoy en día, a pesar de todos los adelantos tecnológicos, aun resulta difícil detectar las manzanas podridas de un barril, mucho más difícil (resultaba, nh) por aquellos años, con técnicas primitivas, poco refinadas y poco eficientes” (Pág. 340).

Con estas palabras pretende Angelita Trujillo justificar la dificultad del régimen en depurar a los "comunistas". Y aún más; se embarca también en la tarea de validar los muertos que se producirían por la "decapitación de la hidra comunista que amenazaba el orden establecido”. Su padre, Rafael L. Trujillo, “…por convicción personal y deber constitucional tenía que actuar en defensa de los ideales patrios” (Pág. 341). Esta es la excusa típica que usa la autora para justificar las monstruosidades que cometía su padre; con la de ahora intenta encubrir la matanza que se desató en los últimos años de la dictadura contra una juventud que comprendió que había llegado el momento de poner punto final al terror, al miedo, a los atropellos y a los asesinatos que le despojaban de sus más íntegros valores.

Ella misma dice en la Pág. 343 que la República Dominicana “la gobernaba un régimen autocrático”; se desprende que su ignorancia no le permitió asimilar el significado de esta aseveración. La Real Academia Española define un régimen autocrático como un “sistema de gobierno en el cual la voluntad de una sola persona es la suprema ley, lo que es totalmente diferente de lo que en esa misma página plasma con estas palabras: “Constitucionalmente nuestro sistema de gobierno está llamado a ser democrático y mi papá era firme creyente de que era el sistema o forma de gobierno más conveniente para el pueblo dominicano, no porque fuera perfecto, pero era la mejor opción (sic)”.

Para la autora, comunismo significa comerse a los niños vivos y sin condimento; y la entendemos: primero por sus orígenes y segundo por el lugar en el que reside, que no es más que el punto de concentración de la derecha fascista y la ignorancia funcional de toda América, incluyendo Estados Unidos. Sin embargo, con palabras en las que busca protagonismo, expresa que: “En cuanto a nosotros en 1946 mi papá le había escrito al secretario de Interior recomendándole tomar todas las providencias de lugar para permitir y garantizar a los componentes de los grupos comunistas la libre realización de cuantas actividades lícitas estimaran útiles para formar un partido político que pueda ser legalmente reconocido (sic)” (Pág. 346), ocultando las verdaderas intenciones de Trujillo: crear el ambiente para que los ingenuos comunistas dominicanos se descubrieran y proceder luego a asesinarlos. Exactamente eso ocurrió: “Fiel a sí mismo, Trujillo se sobrepasó, elogió públicamente a Stalin, solicitó, en carta abierta, la legalización del Partido Comunista; y pocos meses después, cuando vio que el pueblo acudía a los mítines que celebraban los comunistas enarboló el sable y volvió a ser el despiadado perseguidor de siempre. Centenares de hombres fueron asesinados, colgados en los caminos, echados a los presidios. El tirano desató el terror en todo el país. Las embajadas y legaciones latinoamericanas se llenaron de refugiados. A seguidas se proclamó campeón del anticomunismo… “. (Póker de espanto en el Caribe – Juan Bosch… Ibíd., Págs. 56, 57).

Particularmente me han contado y me alegra saber que muchos de los inflamados con esa locura de juventud hoy son personas superadas, gente de bien, con familias muy lindas y sirviéndoles al país en los diversos campos de carrera con que abonan el ambiente democrático, legado incuestionable de mi padre… Los predicamentos del régimen de Trujillo eran la paz y la tranquilidad que disfrutaba el pueblo dominicano” (Pág. 348). ¿Es posible tanto descaro? ¿Cómo puede atreverse a señalar que el ambiente democrático es un “legado incuestionable” de Trujillo? Necesariamente tiene que existir un dominio intermedio entre lo irracional y lo racional, y este sería el de pertenencia de la "sin sentido" que intenta tirar por la borda la entrega y el sacrificio de las hermanas Mirabal, del coronel Rafael Fernández Domínguez, de Manolo Tavárez Justo, del coronel Francisco Alberto Caamaño Deñó, de Juan Bosch, de José Francisco Peña Gómez, de Juan Miguel Román, del coronel Juan María Lora Fernández, de Otto Morales, de Amín Abel Hasbun, de Maximiliano Gómez, de Guido Gil y de miles más -de puros e íntegros dominicanos- que lucharon contra Trujillo, el Consejo de Estado, el Triunvirato y Balaguer para, a partir de 1978, establecer la verdadera democracia política en la República Dominicana.

Debemos inferir –para fortalecer los perversos juicios de la autora- que “los predicamentos de los regímenes de Adolfo Hitler, Joseph Stalin, Jorge Ubico, Francisco Franco, Fulgencio Batista, Idi Amin Dada, Marcos Pérez Jiménez, Mao Tse-tung, Anastacio Somoza, Augusto Pinochet, Alfredo Stroessner y Jorge Videla, para citar algunos, eran la paz y la tranquilidad que disfrutaban los pueblos de Alemania, Unión Soviética, Guatemala, España, Cuba, Uganda, Venezuela, China, Nicaragua, Chile, Paraguay y Argentina respectivamente”. Evidentemente, había “paz y tranquilidad” en estos países, al igual que en la República Dominicana, pero, para establecer esa paz y esa tranquilidad, estas dictaduras asesinaron más de 35 millones de personas. ¿Significarán algo para Angelita Trujillo estas muertes “en nombre de la paz y la tranquilidad”? Si no puede procesar esta cantidad, podríamos preguntarle entonces: ¿Significan algo los más de 20 mil muertos que hubo bajo el régimen de terror que encabezó su padre “para que el pueblo dominicano disfrutara de paz y tranquilidad”?

La falta de respeto que exhibe la autora por la memoria y la dignidad de los que combatieron la dictadura de su padre no tiene límites. En la obra que comentamos (que por la conclusión de su lectura podemos afirmar categóricamente que es un soberbio disparate, mal redactado, tendencioso, con pocos fundamentos con categoría histórica, en la que se observa la colaboración de otras personas –también con capacidades intelectuales limitadas-, con unas contradicciones extraordinarias -a veces hasta en la misma página-), señala -con el mayor irrespeto a quien la Historia habrá de hacer merecido reconocimiento por su desprendimiento, tenacidad, valor y entrega por la causa libertaria del pueblo dominicano- que: “El General Juan Rodríguez (era un, nh), acaudalado hacendado, muy conocido por su contumaz lucha contra el Gobierno de mi padre y principal organizador de las fracasadas expediciones de Cayo Confites, Luperón y cuantas travesuras más pudieron ocurrírsele (sic)” (Pág. 356).

Como la mayoría de los dominicanos desconoce al general Juan Rodríguez, y a manera de homenaje, presentamos un relato de su vida, que ilumina su histórico nombre frente al cinismo de la autora de Trujillo, mi padre en mis memorias.
En junio de 1949 debió Trujillo sofocar una incursión armada procedente de Guatemala. Tres grupos debieron arribar: el primero y mayor, de 37, comandado por Juancito Rodríguez, debía desembarcar en Constanza o en otro lugar de La Vega; el segundo, dirigido por Miguel Ángel Ramírez Alcántara, de 25 hombres, aterrizaría en San Juan de la Maguana; y el menor, de 12 combatientes, capitaneado por Horacio Julio Ornes, lo haría por Luperón. Este último grupo acuatizó el 19 de junio en un hidroavión y estaba compuesto por ocho dominicanos, un costarricense y tres nicaragüenses. “El principal contingente que venía en otros dos aviones quedó entrampado en el trayecto. Una nave, en la que viajaba el general Juan (Juancito) Rodríguez (ese al que la autora en forma despectiva se refiere como el ejecutor de “cuantas travesuras más pudieron ocurrírsele”)… debió aterrizar de emergencia en una playa de la península de Yucatán… (y) la otra fue apresada en… Cozumel… siendo detenidos sus ocupantes, encabezados por el general Miguel Ángel Ramírez Alcántara… ”. (Paréntesis míos, nh) (José del Castillo Pichardo/www.diariolibre.com - 16 Agosto 2008).

El fracaso de Cayo Confites, en septiembre de 1947, sirvió de experiencia al general Juan Rodríguez, quien se había constituido en un baluarte logístico y financiero de las agrupaciones que en el exilio pretendían, por una u otra vía, acabar con la tiranía. “En esta oportunidad… se hizo asesorar por un grupo de republicanos veteranos de la Guerra Civil Española y de la resistencia francesa contra los nazis, entre los cuales estaba el teniente coronel Alberto Bayo, quien luego entrenaría a Fidel Castro y al Che Guevara… Nueva vez, el general Rodríguez -con su dinero, liderazgo y tenacidad- figuraba como el jefe supremo de la revolución, secundado en el plano militar por (Miguel Ángel) Ramírez, (Horacio Julio) Ornes y (el doctor Eufemio) Fernández (jefe de la policía secreta de Cuba bajo la presidencia de Carlos Prío Socarrás). Por su ascendencia en la política de Centroamérica se granjeó el respaldo pleno del gobierno de Juan José Arévalo en Guatemala y el más discreto de José Figueres en Costa Rica. Completó su esquema designando como delegado en Cuba a Juan Bosch -influyente en el entorno del presidente Carlos Prío-, y… en México al Dr. José Antonio Bonilla Atiles, quien diligenció la colaboración… del gobierno mexicano… La conexión de esta empresa con Costa Rica tuvo su origen en la revolución… que llevó a Figueres al poder, la cual se benefició de las armas devueltas por el gobierno cubano a Juancito Rodríguez, quien tenía su base en Guatemala y había logrado el reintegro de parte del arsenal de Cayo Confites en su calidad de jefe y principal financista de esa expedición… ". (Paréntesis míos, nh) (José del Castillo… Ibíd.).

El general Juancito Rodríguez García nació en Moca en 1886 y era uno de los hombres más ricos del país. En 1930, temiendo sufrir represalias contra su familia, aceptó la postulación como Senador del partido del dictador en ciernes; en 1935 se resiste a firmar la condena de un Diputado y en 1946 tuvo que exiliarse por no conseguir apoyo dentro del país en su lucha contra el régimen. Se suicidó en Cuba el 19 de noviembre de 1960. “Perdió toda esperanza de volver, no tenía un centavo, le habían matado a su hijo. Embargado por la tristeza, se pegó un tiro”, dice su hija María Mercedes (Pucha) Rodríguez Vásquez, quien casó con Horacio Julio Ornes Coiscou. (Ángela Peña – Hoy/11 de diciembre de 2009)
Con el título “Caudal de mi Papá” inicia Angelita Trujillo la Pág. 360, y el mismo hizo que nos preocupáramos sobremanera, debido a que a través de los anteriores comentarios hemos estado emplazándola a que demuestre de dónde salió la riqueza de su padre, y por tanto de ella y toda la familia. Para no saturar a los lectores, vamos a presentar una por una las razones que expone hasta la Pág. 364, que es la que culmina lo que pretende ser el “Caudal de mi Papá”.
“Es una verdad absoluta que el Consejo de Estado tenía en sus manos toda clase de pruebas fidedignas, irrefutables, de que mi papá no tenía cuentas de bancos fuera del país, ni bienes de ninguna otra naturaleza. Y verdad absoluta también que, estos señores del Consejo de Estado, tenían en sus manos pruebas contundentes, irrebatibles, y concluyentes que mi papá fue pulcro, respetuoso y celoso de los bienes del Estado (sic)”.

“ …Las múltiples empresas de mi padre generaban un inmenso caudal que podía depositar donde quisiera porque era dinero suyo. Pero lo dejaba en el país”.

“A Ramfis… lograron molestarlo, aunque por breve tiempo. En el yate había unas cajas personales suyas y en ella estaban sus relaciones bancarias… pero mi hermano pudo identificar la legítima procedencia de esos fondos… ” (?).

…Los beneficios de esas empresas (Azucarera Haina y Hacienda Fundación, nh) los usaba y los empleaba a discreción suya porque eran suyos”.

Y es aquí donde yerran por ignorancia unos, por malignidad otros al decir que los dineros que gastaba mi papá eran dineros del pueblo… ”.

A boca llena puedo declarar que nunca recibí asignación del gobierno, ni supe lo que era una contrata o cosa por el estilo, jamás. Igualmente Radhamés, Ramfis y mi mamá… Ramfis era propietario fundador de la Chocolatera y los Molinos dominicanos y poseía acciones en otras empresas. Lo mismo mi hermano Radhamés. Mi mamá asociada con mi tío Paco tenía participación en muchísimas empresas… ”.

“Nosotros, después de muerto mi papá, sabíamos que nos marcharíamos del país ya que a Ramfis no le interesaba el poder político, por consiguiente, bien pudimos haber vendido nuestras propiedades al Estado… ”.

“ …El historiador Euclides Gutiérrez Félix escribe en su libro “Monarca sin Corona” que a la muerte de mi papá, entre mi mamá y los tres hermanos Trujillo Martínez teníamos en el exterior un balance aproximado de sesenta o setenta millones de dólares. Suma irrisoria si se compara con lo que en pocos años acumula cualquier funcionario público hoy en día (sic)”.
No quisimos romper la secuencia; mucho fue el esfuerzo realizado para plasmar, en este orden, sin interrupción, las nauseabundas expresiones acerca de la fortuna hecha. Decíamos anteriormente que la obra de Angelita “es un soberbio disparate, mal redactado, tendencioso… con unas contradicciones extraordinarias -a veces hasta en la misma página-”; y eso es lo que vemos en el vano intento de justificar la fortuna de su padre: se desborda hablando de que no tenían dinero en el exterior y resulta que acepta como bueno y válido lo señalado por Euclides Gutiérrez Félix de que “a la muerte de mi papá… teníamos en el exterior un balance aproximado de sesenta o setenta millones de dólares”, cantidad a la que se refiere como “suma irrisoria si se compara con lo que en pocos años acumula cualquier funcionario público hoy en día”. (¡Sin comentarios!).

Juan Bosch divide en tres etapas la acumulación originaria en el país: la primera, ejecutada por el Imperio español, que entregó a los conquistadores los indios y las tierras que estos poseían; la Segunda, ejecutada por Estados Unidos en el período de la intervención (1916 a 1924), permitiendo a estos el control absoluto del Estado dominicano; y la tercera, ejecutada por Trujillo (ver comentarios al capítulo IV), que usó el poder del Estado para “convertirse en el hombre más rico de la historia dominicana, y para lograr sus fines aplicó en todo lo que podía producirle dinero los métodos propios de la acumulación originaria” (Las dictaduras... /Juan Bosch - Pág. 198/Ibíd.), haciendo, con la sal dominicana, lo mismo que hicieron los ingleses con la sal de la India: un monopolio, con el uso del aparato represivo del Estado, despojando o comprando a precio irrisorio a los propietarios originales de las minas de sal… La riqueza acumulada le proporcionaba los medios para la creación de otros monopolios (Seguros San Rafael, bajo el que quedaron cubiertos, con carácter obligatorio, los empleados públicos y los vehículos que circulaban por las calles y carreteras del país; Fábrica Dominicana de Calzados, que suplía de zapatos a la pequeña burguesía de las capas baja pobre y baja muy pobre, también con carácter obligatorio (promulgó una ley prohibiendo a las personas descalzas caminar o entrar a las ciudades; la policía detenía a todo aquel que caminara descalzo por la vía pública). “El campesino dominicano vino a usar zapato en la década de los años 1940 y tantos como resultado de una típica medida de acumulación originaria tomada por Trujillo… ” (El PLD, colección de Estudios Sociales/Juan Bosch. Editora Alfa y Omega, 3era Edición, 1998. Pág. 176).

Trujillo se enriquecía a sí mismo… puso en ejecución métodos de acumulación originaria que no usaron los ingleses en la India. Uno de ellos era mandar un emisario a las casas de comercio más importantes para que le enviaran dinero en cantidades que a veces alcanzaban a ser más del 25 por ciento de los beneficios anuales de esas firmas… Compraba terrenos y negocios que le vendía al Estado por varias veces lo que le habían costado, monopolizó la venta de carne de res en la capital de la República y acabó siendo el propietario monopolista de muchas industrias, como por ejemplo la de cigarrillos, y durante una época, a través del llamado Banquito de María Martínez, monopolizó también los préstamos, con intereses altísimos, a los empleados públicos, que debido a la escasa circulación de dinero en los años 1930 a 1940 y tantos, tenían que acudir a prestamistas usureros para terminar cada mes con un desahogo engañoso. Ese monopolio fue creado valiéndose de una ley que declaraba prohibida la usura ejercida por particulares”. (El PLD, colección… Ibíd. Págs. 190, 191).

La madera era una riqueza extraordinaria que existía en la Cordillera Central. La explotación de los pinos quien la inició fue el hermano de Trujillo, José Arismendi (Petán), quien “desde 1931 ó 1932 estableció un impuesto de un peso que había que pagársele por cada tronco de pino que los dueños de aserraderos cortaban… Ahora bien, el que se enriqueció en varios millones de pesos poniendo en práctica y ampliando mediante el uso del poder del Estado el impuesto creado por su hermano, fue el dictador, que puso los ojos en esa fuente de acumulación originaria especialmente después que empezó en Europa la guerra de 1939”. (Ibíd. Pág. 194).

Los recursos económicos obtenidos por Trujillo en esta forma de acumulación originaria eran extraordinarios: Trujillo compraba a precios irrisorios porciones enormes de terreno en las cordilleras sembradas de pino, debido a que no había vías de comunicación y se hacía imposible el acceso a las mismas. El Estado le proporcionaba las carreteras sin que él invirtiera un centavo; se hacía muy lucrativo el negocio de la madera. “El pago destinado a Trujillo se hacía en efectivo en la llamada Oficina Particular del generalísimo, que estaba bajo la dirección de la misma persona que rindió el informe del cual hemos copiado los datos sobre el sector maderero de la fortuna de Trujillo”. El tirano se apoyaba en el poder del Estado para hacer la acumulación originaria, y ese poder le sirvió para monopolizar el “mercado de la carne y la leche de la capital del país, que era donde estaba concentrada la mayor cantidad de población urbana; la fabricación y venta de cemento, la de harina de trigo, la de pinturas, la de cigarrillos, la navegación marítima de altura. En un tercio de siglo, la República Dominicana padeció las consecuencias de la implantación de dos tipos de acumulación diferentes, aunque estrechamente vinculados, que en buena lógica debieron haberse producido en un tiempo de dos, de tres siglos, y que para darse revueltos tenían que presentares guiados por una mano más dura e implacable que el acero: A eso se debió que la dictadura de Rafael L. Trujillo fuera excepcionalmente dura e implacable”. (Ibíd. Pág. 198).

Así se hizo la fortuna de Rafael Leónidas Trujillo Molina, padre de Angelita, que parece destina esta obra a los niños que aún no han desarrollado la capacidad de discernir o a los que muy bien podrían enmarcarse en el dominio de los “minusrracionales”. “La economía de la nación ha sido puesta al servicio de los negocios personales de Trujillo, a tal extremo que cuando alguna de sus empresas arroja pérdidas se la hace comprar por el Estado a precios altos y a seguidas el Estado se la vende a precios bajos. En este sentido, además de ser el productor y el consumidor obligado de sus negocios, el pueblo dominicano es la garantía última de todas las empresas financieras, industriales y comerciales del dictador. Como jefe político, jefe militar y amo de la economía dominicana, Rafael Leonidas Trujillo tiene un poder casi omnímodo. Puede asegurarse que lo único en que su voluntad no es determinante en el país es en dar la vida, puesto que da la muerte, la riqueza y la miseria. Esta situación de señor único en el campo militar, en el político y en el económico, le confiere potestad absoluta sobre el pueblo dominicano… El atraso social, cultural, económico y político del pueblo dominicano ha aumentado durante los treinta años de régimen trujillista, si bien el país ha progresado como hacienda personal del dictador (sic)”. (La fortuna de Trujillo/Juan Bosch. Editora Alfa y Omega, 1era Edición, 1985. Págs. 58, 59).

Respecto a los luchadores en el exilio contra la tiranía de su padre, y a los líderes y gobiernos que apoyaron las causas libertarias, se expresa en forma deshonesta y denigrante; en forma desconsiderada y cínica va conformando teorías acerca de Fidel Castro, la Unión Soviética y el comunismo, en el que ubica a los héroes de la Raza Inmortal (que ofrendaron sus vidas en la invasión del 14 de junio del 1959), íntegros combatientes ajenos a ideologías y que sólo tenían como objetivo final la eliminación de la dictadura y la implementación de un régimen democrático con libertades plenas y justicia social. Mezquinamente, y sin el mayor reparo, refiere que “la finalidad de la Legión del Caribe (ver comentarios al capítulo VI; el nombre de Legión Caribe fue puesto por Horacio Julio Ornes al grupo de combatientes que en 1948, bajo la dirección de José Figueres, se alzó en armas tras haber desconocido el Congreso de Costa Rica la elección del candidato opositor Otilio Ulate Blanco; fue cambiado expresamente a Legión del Caribe y usado por los norteamericanos en confabulación con algunos tiranos, para presionar y comprometer a los sectores de poder económico con las tiranías), además de catapultar a sus dirigentes políticamente, era también impulsar regímenes de izquierda en América Latina, pensamiento que chocaba frontalmente con el gobierno autocrático (¿autocrático o democrático… en qué quedamos?) derechista de mi papá. Ellos, sostenían y daban franco apoyo a los enemigos del gobierno de mi papá en el exterior, promoviendo insolentemente el derrocamiento del gobierno dominicano. En 1947, entre Betancourt de Venezuela, Arévalo de Guatemala, Figueres de Costa Rica, Grau de San Martín de Cuba junto a Elie Lescot y Dumarsais Estimé de Haití, concertaron un estrecho pacto de agresión contra la República Dominicana. De manera que lo que hacía mi papá era, pagarle con la misma moneda. El señor Betancourt, al asumir el poder en Venezuela con más vigor maquinaba maldades contra el gobierno de mi padre (sic)”. (Pág. 396).

Así explica ella el atentado contra Rómulo Betancourt y los intentos que su padre realizó para matar a Figueres y a Arévalo; además, con la mediocridad que la caracteriza en el transcurso de toda la obra, y asumiendo una descripción fríamente calculada, ignora al que agrupaba a todos esos líderes latinoamericanos que luchaban por la implementación en la República Dominicana de un régimen democrático que proporcionara a sus esclavizados y aterrorizados habitantes libertades plenas y justa distribución de la riqueza: nos referimos al profesor Juan Bosch, figura que con su intelecto, honestidad y capacidad política atraía a dichos líderes, y sobre quien que Fidel Castro expresaría: “Conocí a Juan Bosch, prominente líder dominicano, en Cayo Confites, donde nos entrenamos, y pude conversar mucho con él. No era el jefe de la expedición, pero sí la más prestigiosa personalidad entre los dominicanos… ” (La historia real y el desafío de los periodistas cubanos/Fidel Castro – 3 de julio de 2008).

De Juan Bosch no dice absolutamente nada y con respecto a Rómulo Betancourt emite juicios risibles; en ningún momento se refiere al atentado del que fue objeto al explotar una bomba en el carro en el que circulaba. Lo define como un simple -y sin mayores consecuencias- “conflicto” (Pág. 403). El ignorar a Juan Bosch no es fortuito; es parte de la agenda en la que se embarcan ella y algunos voceros remunerados que intentan manchar el nombre del más ilustre de los dominicanos del siglo XX. Y lo que hizo al principio de su obra con Bosch lo hace con Minerva Mirabal en la Pág. 424: mostrar palabras laudatorias a su padre para que se infiera que ella lo hizo porque le salía del corazón. Así como ha mostrado de Juan Bosch las palabras que escribió o pronunció alabando al tirano (expresadas con la intención genuina de preservar su vida hasta que un 13 de enero de 1938 partiera al exilio), así hace con las expresiones de Minerva Mirabal del 8 de diciembre del 1953, en las que elogia la tiranía, única y exclusivamente para salvar su vida y la de su familia: “Que fatigada y sedienta por una lucha de siglos, esta Patria de nuestros amores había sido víctima de todas las traiciones y había recorrido toda una larga calle de amarguras, con la pesada cruz de muchas ingratitudes a cuestas. La época luctuosa que siguió a su nacimiento rosado de ideales, retrasó su crecimiento, aniquiló su infancia y destrozó su corazón en las guerras fratricidas. Hoy puede, al fin, levantar la frente con orgullo y proclamar ante el mundo libre, que ha alcanzado la felicidad que tanto anhelara para ella el padre augusto Juan Pablo Duarte. ¡Contemplad el hermoso panorama del bienestar nacional! Trujillo, cual surtidor inagotable, ha colmado esas ansias de felicidad y, adelantándose a su época como los grandes predestinados, realiza en veinte años el sueño de un siglo” (Pág. 424).

Ojalá los detractores de Juan Bosch no procedan igual con Minerva Mirabal; la agenda que está en curso es una bien definida por el núcleo Trujillo, encabezado por Angelita y secundado por los que se adhieren a las causas oscuras de nuestra historia ya sea por simpatías propias -producto de la ignorancia y el desconocimiento- o por la venta de la poca conciencia que albergan -prestándose a nutrir los “mal haberes” de la oligarquía y el caliesaje-.

Concluir la lectura del libro ha sido una odisea. Este último capítulo es mentiroso, encubridor, fabulador, irresponsable, nauseabundo y disparatoso -en niveles superiores a los anteriores-; a fin de cuentas, lo que persigue la autora es lavar la imagen de Trujillo, y para esto lanza fango a figuras como Juan Bosch y Minerva Mirabal. De las pocas cosas ciertas que hay en el mismo, una la podemos encontrar en la Pág. 429, en la que Angelita Trujillo manifiesta: “yo vivía en un mundo de fantasías”. Indudablemente, ese es el mundo en el que se desarrolló; bien lo expresamos en los comentarios del capítulo VI: “El ambiente en el que Angelita desarrolló la poca vida que hizo en la República Dominicana tenía que circunscribirse a cuatro o cinco calles en la Capital y, quizás, a dos o tres en Santiago… dudamos que haya pisado con sus propios pies la tierra dominicana. Su vida transcurrió en barcos, yates, aviones, caballos, carros de lujo y alfombras rojas, desde donde todo se ve color de rosa”.

Trujillo fue muerto a balazos el 30 de mayo del 1961 mientras circulaba por la Avenida George Washington. Los actores principales de la gesta heroica fueron Antonio de la Maza, Juan Tomás Díaz, Modesto Díaz, Luis Manuel Cáceres (Tunti), Roberto Pastoriza, Huáscar Tejeda, teniente Amado García Guerrero, Salvador Estrella Sadhala, Pedro Livio Cedeño, Antonio Imbert Barreras, Luís Amiama Tió y otros. “La gesta fue heroica pues mucho valor y determinación había que tener para llevarla a cabo, aunque dos de sus actores, los únicos sobrevivientes, no merezcan ser llamados "próceres", debido a su participación directa en el derrocamiento de Juan Bosch en 1963 y al apoyo incondicional que brindaron a la invasión norteamericana del 1965, presidiendo, uno de ellos, el llamado gobierno de reconstrucción nacional que, además de oponerse a la restauración de la institucionalidad con el retorno del profesor Juan Bosch al poder, se enfrentó a los constitucionalistas y accionó en su contra aliado a las tropas invasoras”. (El día de la libertad/Foro de Nemen Hazim [www.nemenhazim.com]. Nemen Hazim - 31 de mayo del 2008. ¡Gloria eterna a nuestros próceres que llevaron a cabo la heroica gesta!

Nuestra generación, la que nos sigue, y las por venir, tendrán que tener los fusiles en alto y la pluma lista: el nombre de Trujillo debe permanecer al lado de Satanás, el que tiene que estar sufriendo con el monstruo que le acompaña. Debemos anular todos los intentos de Angelita Trujillo y sus secuaces de santificar el nombre de su padre. Tanto ella como los que intenten semejante atrevimiento deben ser procesados por crímenes a la humanidad. Trujillo asesinó más de veinte mil seres humanos; ¡y ella es cómplice!

No podemos concluir este último comentario sin mostrar a los dominicanos y al mundo la carta que Juan Bosch envió al tirano el 27 de febrero de 1961, 93 días antes de su ejecución, y en la que con clara visión y científica interpretación delineaba, con suma precisión, la culminación de una de las tiranías más feroces que conoce la historia universal moderna.
Carta de Juan Bosch a Trujillo el 27 de febrero de 1961
General:

En este día, la república que usted gobierna cumple ciento diecisiete años. De ellos, treinta y uno los ha pasado bajo su mando; y esto quiere decir que durante más de un cuarto de su vida republicana el pueblo de Santo Domingo ha vivido sometido al régimen que usted creó y que usted ha mantenido con espantoso tesón.

Tal vez usted no haya pensado que ese régimen haya podido durar gracias, entre otras cosas, a que la República Dominicana es parte de la América Latina; y debido a su paciencia evangélica para sufrir atropellos, la América Latina ha permanecido durante la mayor parte de este siglo fuera del foco de interés de la política mundial. Nuestros países no eran peligrosos; y por tanto no había por qué preocuparse de ellos. En esa atmósfera de laissez faire (dejar hacer), usted podía permanecer en el poder por tiempo indefinido; podía aspirar a estar gobernando todavía en Santo Domingo al cumplirse el sesquicentenario de la república, si los dioses le daban vida para tanto.

Pero la atmósfera política del Hemisferio sufrió un cambio brusco a partir del 1º de enero de 1959. Sea cual sea la opinión que se tenga de Fidel Castro, la historia tendrá que reconocerle que ha desempeñado un papel de primera magnitud en ese cambio de atmósfera continental, pues a él le correspondió la función de transformar a pueblos pacientes en pueblos peligrosos. Ya no somos tierras sin importancia, que pueden ser mantenidas fuera del foco de interés mundial. Ahora hay que pensar en nosotros y elaborar toda una teoría política y social que pueda satisfacer el hambre de libertad, de justicia y de pan del hombre americano.

Esa nueva teoría es un aliado moral de los dominicanos que luchan contra el régimen que usted ha fundado; y aunque llevado por su instinto realista y tal vez ofuscado por la desviación profesional de hombre de poder, usted puede negarse a reconocer el valor político de tal aliado, es imposible que no se dé cuenta de la tremenda fuerza que significa la unión de ese factor con la voluntad democrática del pueblo dominicano y con los errores que usted ha cometido y viene cometiendo en sus relaciones con el mundo americano.

La fuerza resultante de la suma de los tres factores mencionados va a actuar precisamente cuando comienza la crisis para usted; sus adversarios se levantan de una postración de treinta y un años en el momento en que usted queda abandonado a su suerte en medio de una atmósfera política y social que no ofrece ya alimento a sus pulmones. En este instante histórico, su caso puede ser comparado al del ágil, fuerte, agresivo y voraz tiburón, conformado por miles de años para ser el terror de los mares, al que el inesperado cataclismo le ha cambiado el agua de mar por ácido sulfúrico; ese tiburón no puede seguir viviendo.

No piense que al referirme al tiburón lo he hecho con ánimo de establecer comparaciones peyorativas para usted. Lo he mencionado porque es un ejemplo de ser vivo nacido para atacar y vencer, como estoy seguro que piensa de sí mismo. Y ya ve que ese arrogante vencedor de los abismos marítimos puede ser inutilizado y destruido por un cambio en su ambiente natural, imagen fiel del caso en que usted se encuentra ahora.

Pero sucede que el destino de sus últimos días como dictador de la República Dominicana puede reflejarse con sangre o sin ella en el pueblo de Santo Domingo. Si usted admite que la atmósfera política de la América Latina ha cambiado, que en el nuevo ambiente no hay aire para usted, y emigra a aguas más seguras para su naturaleza individual, nuestro país puede recibir el 27 de febrero de 1962 en paz y con optimismo; si usted no lo admite y se empeña en seguir tiranizándolo, el próximo aniversario de la república será caótico y sangriento; y de ser así, el caos y la sangre llegarán más allá del umbral de su propia casa, y escribo casa con el sentido usado en los textos bíblicos.

Es todo cuanto quería decirle, hoy, aniversario de la fundación de la República Dominicana. (Míos son los paréntesis, las negritas y las itálicas, nh)
Por último, queremos explicar que analizar la obra de Angelita Trujillo nos permitió, a la misma vez, limpiar el nombre de Juan Bosch, usando todo cuanto escribió en su lucha permanente contra la tiranía. Las citas de sus obras abarcan los 31 años de dictadura, y ponen de relieve el papel principalísimo que ejerció desde el exilio combatiendo los desmanes de Rafael Leónidas Trujillo Molina. Además, las teorías boschistas se convirtieron en la herramienta principal para los análisis y estudios de las clases que sustentaban la tiranía y para definir socioeconómicamente sus inclinaciones y aspiraciones en una sociedad en la que el tirano implementó, a sangre y fuego, el desarrollo capitalista.

Ing. Nemen Hazim
San Juan, Puerto Rico
4 de julio de 2010