"No puedes criar serpientes en tu jardín y esperar que sólo muerdan a tus vecinos" (Homeland, extraordinaria serie sobre el funcionamiento de la CIA que desnuda la perversa moral del imperio).

3 de marzo de 2013

¿POR QUÉ 40 AÑOS DESPUÉS?-2013

“Francis vendrá algún día y lo hará de madrugada, y si no estamos preparados para cuando eso ocurra, nos matarán. Así que ponte a preparar un plan de contingencia para que el doctor Peña Gómez y yo podamos entrar en la clandestinidad cuando sea preciso”, le diría Juan Bosch a Antonio Abreu Flores (Toñito), secretario de Organización del PRD para los primeros años de la década de los setenta, por información previa que le había suministrado Eberto (o Heberto) Lalane José [Eberto, según Hamlet Hermann; Heberto según Miguel Franjul y Claudio Caamaño (Sergio, nombre de guerrillero)], quien pasaría a ser, para la expedición de 1973, el hombre de confianza del coronel Francisco Alberto Caamaño Deñó (Román, nombre de guerrillero).

La información le había sido suministrada al profesor Juan Bosch, durante su estadía en Europa, en julio de 1968, por Lalane José (Eugenio, nombre de guerrillero), en tarea que le había sido encomendada por el propio Caamaño, por lo que transcurrieron cerca de cinco años para que se materializara la expedición de Caracoles, como llama el pueblo dominicano a la guerrilla que ingresó al país durante los primeros días del mes de febrero de 1973.

La represión imperante en el país y los eternos problemas internos del Partido Revolucionario Dominicano (PRD) pospusieron hasta mayo de 1972 el primer plan para afrontar la posible llegada de “Francis”. “Con la ayuda de Héctor Aristy… el profesor Juan Bosch autorizó a Toñito Abreu y Rafael Alburquerque a seleccionar un grupo… de 60 dirigentes perredeístas -entre ellos el propio Toñito- para que tomara un ‘curso’ de Estado Mayor político y militar en China y Corea del Norte… desde el 12 de mayo hasta el 7 de octubre de 1972, a fin de que estos fuesen los responsables de aplicar los nuevos esquemas organizativos del Partido”.

El 2 de febrero de 1972 desembarca la expedición, de la que sale extraviado Toribio Peña Jáquez (Felipe, nombre de guerrillero), quien llega a la capital y contacta a Sagrada Bujosa, viuda de Amaury Germán Aristy, que junto a Carmen Rita Morera, antigua esposa de Hamlet Hermann, va a la residencia de Federico Lalane José, que “actuaba bajo el convencimiento de que esta expedición se produciría dos años más tarde, en el 1975, confiando en la versión que en este sentido le había ofrecido Mañón (Melvin, nh), ignorando que las tenía a las puertas”. En esos momentos, Federico Lalane José y Miguel Cocco eran los coordinadores de las actividades que desarrollaba Melvin Mañón, “primer emisario enviado por Caamaño al país para que le tuviera lista la plataforma de apoyo político y militar…”.

El siguiente contacto realizado por Sagrada Bujosa y Carmen Rita Morera sería Fidelio Despradel, quien había “roto… con el concepto del ‘foquismo’ como alternativa de lucha”. Fidelio y Sagrada se encargarían de ocultar a Toribio Peña Jáquez, comprometiendo en el operativo a “Roberto Duvergé, Raúl Pérez Peña (El Bacho), el doctor Arnulfo Reyes, el abogado Abel Rodríguez del Orbe, José Frank Tapia, Luis Gómez…”.

“Lo único que le pregunté fue si Bosch ya había sido informado. Me aseguró que sí… que el mensaje le había sido remitido por mediación del doctor Lalane… (sic) el doctor Lalane me ratificó lo que ya se me había dicho en el sentido de que le había tramitado al profesor Juan Bosch la información de que Francisco Alberto Caamaño Deñó efectivamente se encontraba en nuestro país cumpliendo con la palabra que había empeñado”, fueron las expresiones del excoronel Emilio Ludovino Fernández ante la información recibida de Melvin Mañón.

Este último párrafo es quizás el más importante de este trabajo, que no es más que un desmentido a las calumnias que sobre Juan Bosch emitió Bonaparte Gautreaux Piñeyro, un prestigioso periodista dominicano que se ha confundido en los últimos años con el irrespeto y la mentira.

¿Por qué es el más importante? Porque las declaraciones que Miguel Franjul adjudica al excoronel parten de un hecho no consumado; el excoronel asumió como ejecutado el mensaje que Federico Lalane José debía dar al profesor Juan Bosch. Por eso el señor Franjul, en su obra «Bosch, noventa días de clandestinidad», fuente de estas palabras reivindicativas junto a «El Fiero», de Hamlet Hermann, expresa: “En realidad, quien primero había llevado un mensaje a Bosch sobre Caamaño fue el propio excoronel Fernández y lo hizo el mismo día de la invasión, el 2 de febrero, entre 8 y 9 de la noche, al visitar la casa del expresidente en compañía del doctor Peña Gómez”.

“El coronel Caamaño le manda a decir que apoya con toda su alma la línea política que sigue el Partido Revolucionario Dominicano y que usted y el PRD pueden contar con todo su respaldo”, fueron las palabras que salieron de la boca del excoronel Ludovino Fernández, que en ningún momento le informa a Juan Bosch de la llegada al país, con una guerrilla de ocho hombres, del coronel Francisco Alberto Caamaño Deñó, como tampoco lo haría el doctor José Francisco Peña Gómez, sobre quien sí existen comprometedores indicios del conocimiento que tenía acerca de la llegada del ‘Coronel de Abril’ a la República Dominicana, información que usaría dos días después para faltarle el respeto al profesor Juan Bosch en un plan bien estructurado que perseguía el desplazamiento de su liderazgo en el PRD.

Ante ese escenario, nada raras suenan las palabras expresadas días antes por José Francisco Peña Gómez en un mitin en Puerto Plata: “las ametralladoras sonarán de nuevo en las calles de Santo Domingo, igual que en 1965… la lucha histórica que nos espera no se limitará a los comunicados y a las simples palabras condenatorias de la ilegalidad en que estamos sumidos; la lucha comprenderá también la acción del pueblo encaminada a ponerle fin al imperio de la ilegalidad”. No en balde Miguel Franjul expresa, aludiendo las expresiones de Peña Gómez, que los controversiales pronunciamientos “debían pesar como piedras”.

Decíamos, el 11 de noviembre de 2011, en un trabajo titulado «Un comentario a una polémica sobre Juan Bosch», publicado en este mismo medio, que el doctor Peña Gómez estuvo en la casa de Bosch el día 5 y no le había informado acerca de la presencia de Caamaño en el país, cosa que haría dos o tres horas después cuando Juan Bosch inicia la reunión de la Comisión Permanente, en la casa de Jacobo Majluta, cuestionando la veracidad de la guerrilla, ya que el mismo Caamaño, por voz de Ludovino Fernández, y en presencia del ‘astro con luz propia’, le había comunicado la adhesión a la línea política del PRD (llevar el gobierno a la legalidad), que nada tenía que ver con expedición armada alguna para acabar con el régimen despótico y criminal del Dr. Joaquín Balaguer.

El renombrado periodista, que se cree con la potestad para mentir e insultar cuantas veces se le antoja, estuvo en la casa de Juan Bosch el 3 de febrero del 1973 -un día después de que Ludovino Fernández le informara al presidente del PRD que “el coronel Caamaño le manda a decir que apoya con toda su alma la línea política que sigue el Partido Revolucionario Dominicano”- cuando Federico Lalane José fue llevado por Manuel Ramón García Germán (para la época, Director del Departamento de Finanzas del Comité Ejecutivo Nacional del PRD) con la finalidad de que le comunicara los pormenores acerca de la presencia de Caamaño. Incluso, antes de que ambos entraran en la habitación en la que se encontraba el profesor Bosch, sostuvieron una conversación con el periodista Gautreaux y Emmanuel Espinal.

“Tengo que comunicarle… (que, nh) el coronel Caamaño ha llegado al país en compañía de mi hermano Heberto… (y otros siete guerrilleros, entre los que se encuentra Toribio Peña Jáquez, quien perdido y atormentado por la soledad y el miedo, se trasladó a la capital donde estaría “más seguro que en aquel lugar o en las montañas en busca de sus compañeros de lucha”, nh). [Comillas dentro del paréntesis corresponden a Hamlet Hermann]. Toribio Peña Jáquez “está en una casa de la calle Pina y me ha pedido, a través de unos contactos, que se lo informe…”, serían las palabras con las que Federico Lalane José abordaría al profesor Juan Bosch.

Ante semejante información, diametralmente opuesta a la que le había ofrecido el día anterior Ludovino Fernández, Juan Bosch no pudo ocultar su asombro: “¿Toribio Peña Jáquez?, ¿quién es ese hombre?… ¿Cómo voy a poner lo que me manda a decir un desconocido en pie de igualdad con lo que había dicho a nombre del coronel Caamaño el doctor Emilio Ludovino Fernández, a quien conocíamos, con quien habíamos mantenido relaciones mientras nos hallábamos en Europa?… ¿Cómo puede una persona cuerda aceptar como buenos y válidos dos mensajes tan opuestos? ¿Era posible que casi al mismo tiempo que nos enviaba desde Cuba la seguridad de su apoyo político el coronel Caamaño estuviera en territorio dominicano?”.

¿Por qué el otrora admirado periodista -que le faltó el respeto a Delio Gómez Ochoa mientras ofrecía detalles sobre la invasión del 14 de junio de 1959 en el programa dominical de Freddy Beras Goico, que fue capaz de anunciar la victoria del PRD en los comicios del 20 de mayo del 2012 aún cuando faltaban horas para el cierre del proceso de votación [hecho que provocó incluso la salida del aire del canal 11 (Telesistema), en el que estaba ofreciendo informaciones, como periodista ancla, Roberto Cavada] y que ofende la verdad con párrafos incoherentes y viciados- esperó cuarenta años para hacer las declaraciones que este mismo medio hizo públicas, que ofenden y denigran la figura de Juan Bosch?

“El sábado 2 de febrero García Germán llevó a Federico Lalane José, (sic) éste le informó a Bosch que Caamaño estaba en el país”, expresa el señor Gautreaux Piñeyro en el escrito que recoge las calumnias que lanza contra el fundador de los dos partidos políticos más grandes que ha tenido la República Dominicana.

¿Cómo es posible que la verdad no haya sido expresada en su totalidad? ¿Es fortuita la omisión?… No, no es fortuita; es intencional… premeditada, en un momento en que los mediocres del PLD, carentes de compromiso y coraje, se encargan de enterrar la figura del fundador del partido, entre ellos el corrupto, cínico e indolente de Leonel Fernández, principal enemigo de la figura del profesor Juan Bosch en la República Dominicana.

“¿Cómo voy a poner lo que me manda a decir un desconocido en pie de igualdad con lo que había dicho a nombre del coronel Caamaño el doctor Emilio Ludovino Fernández, a quien conocíamos, con quien habíamos mantenido relaciones mientras nos hallábamos en Europa?… ¿Cómo puede una persona cuerda aceptar como buenos y válidos dos mensajes tan opuestos? ¿Era posible que casi al mismo tiempo que nos enviaba desde Cuba la seguridad de su apoyo político el coronel Caamaño estuviera en territorio dominicano?”; ¿Por qué el periodista Bonaparte Gautreaux Piñeyro no incluyó estas palabras con las que Juan Bosch respondió a la información que le había transmitido Federico Lalane José?

¿Qué haría el periodista Gautreaux Piñeyro (sin celulares, computadoras y otros avances tecnológicos) si un allegado le informa que un hijo suyo se encuentra en Cambridge, Massachusetts, estudiando en la universidad de Harvard, y Luis Matías García, un extraño a quien ni él ni nadie conoce, le informa que está vendiendo drogas en Las Matas de Farfán? Posiblemente responderá que hará las averiguaciones de lugar pero, ¡esta prerrogativa no estaba al alcance de Juan Bosch!; tanto él como el Dr. Peña Gómez debían salvar sus vidas y, para salvarlas, tenían que pasar inmediatamente a la clandestinidad, ¡y por separado! Eso lo sabía muy bien el influyente periodista dominicano.

Decir que Juan Bosch “negó que Caamaño estuviera en el país con una serie de argumentos vacuos” es una falta de respeto a la verdad, como también lo es decir que “Bosch me mandó a informar la presencia de Caamaño”. ¿Por qué José Joaquín Bidó Medina, Rafael Alburquerque, Roberto Duvergé, Raúl Pérez Peña (El Bacho), Arnulfo Reyes, Abel Rodríguez del Orbe, José Frank Tapia, Luis Gómez Toñito Abreu, Cheché Luna, Emmanuel Espinal, Manuel Ramón García Germán, Euclides Gutiérrez Félix, Miguel Franjul, Hamlet Hermann, Claudio Caamaño y otros que escapan a nuestra memoria no desmienten las mentiras en las que se ha embarcado Bonaparte Gautreaux Piñeyro?

Algunos de los mencionados están muertos, pero la mayoría permanece escabullida en un mundo de mentiras y acusaciones falsas que ha deformado socialmente la nación dominicana. ¿Cuesta mucho enfrentar las calumnias contra el más ilustre de los dominicanos de todo el siglo XX? ¿Será que alguna vez habrá en este país hombres con cojones que se atrevan a contar la verdad sin importar a quien esta perjudique?

Hamlet Hermann y Claudio Caamaño, protagonistas de primer orden, y cada uno por separado, han expresado que tanto Juan Bosch como José Francisco Peña Gómez no tenían conocimiento del arribo de Caamaño y su guerrilla. Pero, los que siempre estuvieron al lado de Juan Bosch, ¿por qué no responden a los lodos con los que se quiere manchar su nombre? ¿O es que el leonelismo corrupto y disociador ha doblegado todas las voluntades, convirtiendo en parásitos a los que una vez fueron símbolos de honestidad y compromiso?

Mucho se ha hablado en el último mes de Juan Pablo Duarte, pero hoy entendemos con claridad meridiana lo que debe haber sufrido por la mediocridad de aquellos a quienes les otorgó la nacionalidad. La ingratitud y la calumnia están a la orden del día en la mayoría de los dominicanos, desde la fundación de la República hasta nuestros días. No es nada nuevo ni inventado por nosotros; Juan Bosch retrata la sociedad dominicana en cuerpo y alma en la sociopolítica contenida en sus obras “Composición Social Dominicana”, “Clases Sociales en la República Dominicana”, “El PLD, Colección de Estudios Sociales”, “La Pequeña Burguesía en la Historia de la República Dominicana”, “Capitalismo Tardío en la República Dominicana”, “Las Dictaduras Dominicanas”, “Póker de Espanto en el Caribe”, “Trujillo, Causas de una Tiranía sin Ejemplo” y en la mayoría de sus cuentos.

Con su actuación, el periodista asume el comportamiento típico de la baja pequeña burguesía, clase social que ha convertido el país en el basurero de las naciones civilizadas del mundo. ¡Pobre patria nuestra, que ni los héroes, ni los mártires, ni los ilustres, ni los próceres escapan a la furia de las deformaciones sociales!

¿Por qué este señor -que estuvo siempre al lado de los dos más grandes líderes políticos que ha tenido el país-, cuarenta años después, acude a la mentira? Méritos más que suficientes ha acumulado por vía del ejercicio periodístico. “Extraño la unidad móvil de Radio Comercial en acción y la voz de Bonaparte Gautreaux Piñeiro”, decíamos en un ensayo que publicamos bajo el título «De la República Dominicana y el mundo; la época que me forjó».

Crecimos siguiendo su trabajo cuando vivimos aquellos años setenta (1970-1977) en la Universidad Autónoma de Santo Domingo (UASD), y albergamos muestras significativas de admiración y respeto por el trabajo y el compromiso que mostró a través de los años con las mejores causas del pueblo dominicano, pero de un tiempo a esta parte, y por el comportamiento exhibido, el periodista Bonaparte Gautreaux Piñeyro ha descendido en la escala de valores.

¿Por qué 40 años después?

Por más mentiras que se agreguen a las ya señaladas, nunca pasarán a convertirse en verdades; ese principio inmoral y obsoleto tiene que desaparecer de la faz de la tierra.
El “Fiero”, de Hamlet Herman; “Bosch, noventa días de clandestinidad”, de Miguel Franjul; y dos escritos de Claudio Caamaño fueron las fuentes utilizadas por el autor, que se graduó de Ingeniero Mecánico Electricista en 1977 en la Universidad Autónoma de Santo Domingo y que conoce que Cristóbal Colón descubrió América sin haber participado en epopeya tan grandiosa.
Ing. Nemen Hazim Bassa
San Juan, Puerto Rico
3 de marzo de 2013
nemenhazim@outlook.com
Tomado de:

Sobre el autor:

Graduado de Ingeniero Mecánico Electricista Magna Cum Laude (UASD). “Nunca podrá ser igual el voto de la ignorancia al voto del conocimiento”.