Juan Bosch

"Prefiero al escritor comprometido, pero comprometido con la causa buena, y la causa buena es la lucha por la liberación de los pueblos, por la liberación de los hombres. La causa buena es la que señala un rumbo, un camino hacia el futuro, un camino hacia el mayor bienestar de la humanidad, no de una minoría que viva a expensas el resto de la humanidad, sino de la humanidad completa. El escritor debe tener una conciencia bien clara de que el mundo mejor sería el mundo donde todos pudieran ser escritores, pintores, músicos, bailarines y cantantes. Es decir, el mundo donde las facultades humanas, las mejores facultades humanas, se expresaran con mayor intensidad y mayor brillo" (Juan Bosch).

Visitas

Publicar

Escritos de Historia Dominicana



. Aniversario incorrecto/Euclides Gutiérrez Félix

. La última carta del coronel Rafael Fernández Domínguez/Arlette Fernández

. 49 años después/Euclides Gutiérrez Félix [I, II, III, IV, V, VI, VII, VIII, IX y X]

. Abril: un faro que se apaga/Euclides Gutiérrez Félix [I, II, III, IV, V y VI]


. Horacio Vásquez y Rafael L. Trujillo/Frank Moya Pons

. Recordando el 46 aniversario de la gesta de 1963/eldia.com.do y El Archivo General de la Nación

. Valor histórico del 5 de julio de 1961/Tony Raful

. Escenas inolvidables del golpe de Estado de 1963/Tony Raful


. Vicisitudes de Duarte/José del Castillo Pichardo

. De héroes y demócratas verdaderos/Víctor Grimaldi

. Independencia y soberanía/Euclides Gutiérrez Félix

. La gran epopeya/Euclides Gutiérrez Félix

. Duarte/Euclides Gutiérrez Félix


. Bosch y el Coronel/Arlette Fernández


. Artículo publicado en el periódico Hoy el 3 de diciembre del 2000/Arlette Fernández


El día 25 me desperté a las 4 de la madrugada... Habíamos acordado salir hacia Salcedo a las 5:30 para llegar a tiempo de participar en la misa y hacer guardia de honor a Manolo (1) y las muchachas ( 2). Pero, como todos los años, todavía en la cama comenzaron los recuerdos. Dolorosos, incómodos, irritantes, supongo que también inevitables, porque a veces los pensamientos parecen tener vida propia y muy especialmente todos los 25 de noviembre desde hace 20 años.

Mi hijo menor, Rafael Tomás, murió ese día, tras un accidente de moto que había sufrido esa mañana y su salud, conforme transcurrieron las horas de aquel 25 de noviembre de 1980, fue deteriorándose hasta su fatal desenlace. Tenía 18 años. El dolor a veces cambia, muda sus manifestaciones, intensifica sus punzadas, pero siempre es agobiante. Sin embargo, al rato sobreviene el alivio, el consuelo de fundir tu dolor con todos los dolores ajenos, que pasan a ser propios para que duelan menos.

Y sentí que doña Chea Mirabal (3) me decía exactamente lo mismo que en mayo de 1965. En aquel entonces, yo había llegado desde Puerto Rico en un aviónde la marina de los Estados Unidos que había solicitado el profesor Juan Bosch (4) al Departamento de Estado Norteamericano para que me trajera a Santo Domingo a enterrar a Rafael, (5) muerto el día antes, 19 de mayo, durante el asalto al Palacio Nacional en plena Guerra de Abril (6). El día 20 le dimos sepultura en la tumba de su familia en Santiago y ya el 21 me encontraba en casa de mi abuela en San Francisco de Macorís, el pueblo donde nací y donde residía toda mi familia, excepto yo que vivía en la capital desde que me casé con Rafael a los pocos meses de salir del colegio Sagrado Corazón de Jesús de Santiago donde me eduqué.

Fue mi prima Aleyda (7) quien entro a la habitación y me dijo: "Arlette, mira quien está aquí". Parada frente a mí con los brazos abiertos estaba doña Chea Mirabal y me abracé a ella buscando consuelo en aquel corazón destrozado. Llorando desconsolada le decía: Delante de usted yo no puedo llorar. Y exactamente un 25 de noviembre del año 1980 perdí a mi hijo Rafael Tomás y otra vez doña Chea volvió a mis madrugadas para estrecharme entre sus brazos y yo encontrar en ellos el consuelo.

Tengo, pues, la fortuna de ser beneficiaria de su dolor porque el mío disminuyó con el suyo en mayo del 65 y en noviembre del 80 y en cada 25 de noviembre. Mi pensamiento se refugia en el recuerdo de sus abrazos y sus palabras: "Mi muchachita, mi muchachita... ", me decía, y yo, llorando, desesperada, le decía: "Delante de usted yo no puedo llorar".

Por fin me levanté pero se nos hizo tarde y nos dirigimos directo a Ojo de Agua. Cuando cruzábamos el jardín ví el primer cadete. Me impresioné. Aunque sabía que a las muchachas y a Manolo se les rendirían honores militares, no esperaba encontrarme a los cadetes desparramados por el jardín. No sé si fue al tercero o al cuarto de ellos que vi que le saludé con los buenos días y me respondió entrechocando los tacones de sus botas. Desde ese momento todo cambió, algo se encendió dentro de mí y comencé a recordar a Rafael de cadete, tan buen mozo, tan correcto. ¡Estaba tan enamorada! Nuestras cartas, las monjas, el colegio, la espera, los besos, nuestro amor y después sus luchas... ¡Tanto bregar... pero que bueno que a estos muchachos no les tocó vivir aquellos tiempos!, pensaba.

Me imaginé a Rafael cuando aquella noche paseaba con algunos compañeros cadetes por la calle El Conde y al acercarse a la Puerta del Conde donde reposaban los restos de los Padres de la Patria, encontró a un marino norteamericano borracho, orinando encima del monumento, y lo bajó a patadas, liándose a puñetazos con él. Cuando un superior le reclamó una explicación por su conducta, impropia de un cadete, Rafael, muy serio, le contestó: "Si el presidente de los Estados Unidos viene y viola nuestros monumentos, yo también lo bajo a patadas". Tenía 20 años.

Tomamos asiento, impresionados ante las tumbas abiertas que acogerían las urnas con los restos de aquellos 4 tesoros de la Patria. Entonces llegaron algunos militares activos, todos de alta graduación. Creo que uno o dos eran generales. Traté de verles las insignias pero no pude. Se sentaron delante de nosotros. Al rato, llegaron otros. Todos, calladitos.

Y me sentí TRIUNFANTE.

Entonces, recordé cuánto miedo pasamos el día 24 de julio de 1961 cuando Rafael fue nombrado, según SOE # 82-1961, subdirector de la Agencia Central de Información, cuerpo militar represivo. Tenía el grado de mayor de la Fuerza Aérea Dominicana y era Comandante de Puesto de la Base Aérea Presidente Trujillo. Rafael decidió no aceptar el cargo. Dijo que hablaría con el general Ramfis Trujillo (8), para solicitarle su relevo. Le manifestó a sus hermanos, a mi padre y unos tíos que vinieron desde San Francisco de Macorís a quienes mandó llamar, que estaba consciente del peligro que corrían todos, incluso mis hijos y yo, pero que sin importar el precio a pagar, de ninguna manera desempeñaría esa labor... La represión en esos momentos era despiadada, brutal y los jóvenes militares sabían, aunque no con detalles, lo que estaba ocurriendo y lo que eran el SIM y La 40. (9).

El 29 de julio, según SOE #52-1961, a los 5 días, Rafael fue relevado y volvió a su puesto de Comandante de la Base.

Llegaron mas militares, con sus kepis, sus caireles; tan bien puestos, calladitos.

Me sentí ESPECIAL.

Al poco rato llegó mi comadre la doctora Milagros Ortiz Bosch (10) y más tarde la comitiva; entró Dedé (14) con la antorcha y después los hijos cargando las urnas. Vi a Jaime David. (11). Los cadetes rodeaban a los hijos de Manolo y de las Hermanas Mirabal . Uno de ellos sostenía la antorcha y otros ayudaron a colocar las urnas en los nichos. Después vi cómo envolvían las banderas que habían cubierto las urnas con los restos. ¡Que bonitos se veían! A lo lejos, de frente, un general hacía el saludo militar.


Cuando Rafael era Director de la Academia Militar Batalla de las Carreras en el año 1963 durante el gobierno del PRD encabezado por Juan Bosch dispuso que para ingresar a la academia no era imprescindible la evaluación política de los aspirantes a la carrera militar. Solamente era necesario aprobar las normas exigidas en el programa de admisión. Esta actitud rompía esquemas establecidos por años y Rafael tuvo que enfrentar serios problemas, pero como siempre, siguió adelante...

Presumo que la necesidad de compartir tanta emoción me hizo buscar el rostro de mi hermano Martín (12) y del coronel Hernando Ramírez (13), y que al ver juntos dos vicepresidentes constitucionales, militares activos, entre ellos 6 generales, algunos de la Policía Nacional, el cuerpo de Cadetes, algunos coroneles, mayores y capitanes y las tropas, imagino, repito que ante este cuadro singular, todos juntos venerando a Manolo y las muchachas, recordé cuando Rafael, al enterarse de que se fraguaba un golpe de estado contra el gobierno constitucional decidió que no lo permitiría y junto a sus compañeros que le siguieron luchó hasta el fin. Y rememoré cuánto afanó ,sin descanso, sin pausas; recordé los tantos peligros que enfrentó, sus desvelos y esencantos , sin quebrarse, y en ese momento interrumpí el recuerdo y volteé el rostro para buscar a Sención Silverio y a González y González, capitanes constitucionalistas, quienes se encontraban detrás de nosotros.

También recordé la reacción de Rafael al conocer la noticia de la muerte del doctor Manuel Aurelio Tavárez Justo. Estábamos en Madrid, impedidos de entrar al país tras ser descubiertos los planes de Fernández Domínguez de reponer el gobierno de Bosch. Coincidencialmente, su mejor amigo en Madrid era el doctor José Díaz, también adscrito a la embajada, y que había sido presidente del 14 de junio en Santiago. Conmovido, Rafael decía: "¿Cómo es posible que ellos no conocieran nuestras planes para reponer el Gobierno... ?, y repetía: "No tenían por qué inmolarse de esa manera...

Y me sentí LIBERADA.

Porque ya no importaba cuántas humillaciones, desplantes y olvidos sufrimos, tanto los militares constitucionalistas como nosotras las mujeres y los hijos de los que se fueron; ya no importaba cuántos olvidos y silencios tuvimos que padecer. Tampoco me importaba que en el Libro Récord que contiene todos los datos de un militar, en los archivos de las Fuerzas Armadas Dominicanas, en el de el teniente coronel Rafael Tomás Fernández Domínguez se haya escrito:

MUERTE: EFECTIVO EL 25-4-65 A RAIZ DE LOS ACONTECIMIENTOS INICIALES EL 24-4-65 SOG. #51-1965.

No importa, la semilla ha germinado...

Y me sentí en PAZ.

Estoy segura que en los próximos 25 de noviembre el recuerdo de mi hijo Rafael Tomás no irá acompañado de tanto dolor y tristeza. Siento que muchas cosas han vuelto a su lugar, no sólo las Hermanas Mirabal.

NOTA:

La FUNDACIÓN CORONEL RAFAEL TOMAS FERNÁNDEZ DOMÍNGUEZ INC., se permite agregar las notas más abajo indicadas con la finalidad de edificar al lector que desconoce detalles de esta etapa histórica y el papel jugado por sus protagonistas.

1. "Manolo", doctor Manuel Aurelio Tavárez Justo, líder del Movimiento Revolucionario 14 de junio y esposo de Minerva Mirabal.

2. "Las muchachas", Patria, Minerva y María Teresa Mirabal asesinadas por la Tiranía de Trujillo el 25 de noviembre del 1960.

3. Doña Chea Mirabal, madre de las tres hermanas asesinadas.

4. Juan Bosch, elegido presidente de la República el 20 de diciembre de 1962 y derrocado meses después.

5. Rafael Tomás Fernández Domínguez, coronel del Ejercito Nacional, líder del movimiento militar democrático y líder e ideólogo del Movimiento Militar Constitucionalista que desembocó en la Guerra de Abril.

6. Guerra de Abril, Movimiento Cívico Militar que luchaba por la reposición del Gobierno Constitucional de Bosch.

7. Aleyda Fernández, conocida periodista, prima de Arlette y del coronel Fernández Domínguez.

8. General Ramfis Trujillo, hijo del tirano Trujillo.

9. SIM, órgano militar represivo y La 40, lugar donde se encerraba y torturaba a los opositores al régimen del dictador Trujillo.

10. Doctora Milagros Ortiz Bosch, actual Vicepresidenta de la República.

11. Doctor Jaime David Fernández Mirabal, ex -vicepresidente de la República y primo hermano de las Hermanas Mirabal.

12. Martín Fernández, hermano de Arlette y figura importante en el Movimiento Militar Constitucionalista.

13. Miguel Angel Hernando Ramírez, coronel del Ejercito Nacional, líder del Movimiento Militar Democrático y Jefe del Movimiento Militar Constitucionalista en ausencia del coronel Fernández Domínguez.

14. Dedé Mirabal, la hermana sobreviviente.

Ir arriba


Aniversario incorrecto/Euclides Gutiérrez Félix
23 Agosto 2010

El 16 de este mes de agosto, se hizo público en diferentes medios de comunicación, que el pueblo dominicano celebraba ese día el 147 aniversario de La Restauración de la República, y tal vez, lo más preocupante es que diferentes organismos y comisiones gubernamentales auspiciaron y promovieron una conmemoración de tanta trascendencia como La Restauración, con un error histórico de importancia. La Restauración de la República, tuvo su inicio de manera principal el 16 de agosto de 1863, cuando en la madrugada de ese día, en el Cerro de Capotillo, en la frontera dominico-haitiana, un reducido grupo de valientes, encabezados por Santiago Rodríguez, José Cabrera y Benito Mención, enhestó la bandera dominicana confeccionada por Huberto Marzán y proclamó el inicio de la guerra contra la monarquía Española, bajo la consigna de Libertad o Muerte.

Entre el 16 de agosto de 1863 y el 12 de julio de 1865 trascurrieron un año y 11 meses y fue ese día, el 12 de julio de 1865, cuando abandonaron sin condiciones las tropas españolas el territorio dominicano, que quedó plasmada en el orden material y político, la soberanía de la república, restaurada por el sacrificio y el valor de nuestro pueblo. El 16 de agosto de 1863 se inició, con lo que la historia recoge con el nombre de El Grito de Capotillo, la más Grande Epopeya de este conglomerado, en aquel momento pobre y deshabitado, con apenas 250,000 almas, actor solitario de su historia que con tímida e impracticable ayuda física del gobierno haitiano, logro infligir a España en territorio insular, la derrota que repercutió apenas tres años después, en el pueblo cubano, escenario en el que se puso en práctica la extraordinaria experiencia militar de la escuela que fundó en el siglo XVI Enriquillo, capitán invicto de la sierra del Bahoruco.

En esas coincidencias extrañas de la historia, 59 años después, abandonaron el territorio dominicano las tropas de la Infantería de Marina de los Estados Unidos de América, que ocho años antes, en 1916, habían invadido el suelo patrio para fomentar la industria azucarera, producción necesaria para ese país, debido al desarrollo de la Primera Guerra Mundial. El 12 de julio de 1865, cuando fue consumada a plenitud, política, económica y socialmente La Restauración de la República, en la realidad de lo sucedido, la soberanía plena de la nación, convertida en República desde febrero 1844, quedó ese hecho señalado como la más grande epopeya de nuestro pueblo, llamado por Fidel Castro “legendario, veterano de la historia y David del Caribe”.

El 16 de agosto celebra el pueblo El Grito de Capotillo, acción imborrable y admirable que dio inicio a la guerra restauradora consecuencia lógica e inevitable, como respuesta viril a la traición de Pedro Santana de anexar el territorio de la parte oriental de La Española, con la categoría humillante de provincia de ultramar de una monarquía en términos políticos desacreditada. Es inolvidable el 16 de agosto de 1863 por el gesto de Capotillo y así se debe conmemorar, como se hizo ahora, solamente con el error de afirmar que era el 147 aniversario de La Restauración, cuando lo que conmemoramos es el 147 aniversario del levantamiento militar que dignificó aún más la historia del pueblo dominicano.

Ir arriba


La última carta del coronel Rafael Fernández Domínguez/Arlette Fernández

Para Arlette Fernández, su esposa.

Mayo del 1965
Río Piedras, Puerto Rico.

Adorada Letty:

Imagino lo desesperada que estás por venir y espero en Dios puedas resolver todo pronto para que puedas estar aquí en esta semana.

Te estoy haciendo esta carta porque es posible que cuando llegues yo no esté aquí, ya que hay una posibilidad de poder entrar a mi Patria y quiero decirte y pedirte muchas cosas. Espero que así sea, ya que no soporto más la situación en que me encuentro; mientras mis compañeros y mi pueblo, luchan y mueren, yo estoy aquí, como un idiota perfecto, después de luchar tanto y sufrir inmensamente en este odiado exilio; yo, que estaba llamado a responsabilizarme y dirigir el movimiento, tengo la desgracia de tener que contemplar desde lejos cómo matan cobardemente a los míos y no puedo ayudarlos, no puedo hacer nada; esto me tiene destrozado y creo que mi desesperación me volverá loco; lo que siento sólo es comparado a lo que sentí cuando murieron mi papá e Ivonne; bueno, tú sabes como he aprendido a amar a mi Patria y ahora no puedo hacer nada por salvarla.

Esto es terrible para mí, sólo Dios sabe lo que siento cuando hablo por teléfono con los muchachos y me doy cuenta de que no puedo estar a su lado. Por eso Letty, aunque sé que es una muerte segura, me voy como sea; he agotado todos los recursos imaginables para poder entrar pero ha sido imposible.

Imagínate, he pasado días enteros entre montes y cañaverales, y tratando de entrar en bote ya que en avioneta nadie puede ni se prestan con razón a entrarme; esta vez es seguro, pues hay un hombre muy responsable que se ofrece a llevarme y estoy listo para partir.

Estoy consciente del peligro pero, tú sabes que lo más sagrado para mí es el deber y hoy debo cumplirlo nada menos que con mi patria y mi pueblo. Me siento dichoso de que Dios me brinde la oportunidad de cumplirlo como soldado.

Si me pasa algo, sé que vas a sufrir mucho y tú y mis hijos pasarán trabajo. No les dejo siquiera una casa pero, cuando te veas muy apurada recuerda que esto es más que nada porque fui honrado y tengo mis manos inmaculadas y esto debe servirte de orgullo e incentivo para luchar; sé que eres valiente y no me defraudarás.

Además, recuerda lo que tanto te he dicho. Todos tenemos nuestro destino marcado y si el mío es morir por mi patria, es el destino más maravilloso que hombre alguno pueda tener y la felicidad que yo sentiría es algo inexplicable. Yo tengo el privilegio de haber aprendido a amar a mi pueblo y a mi patria de esta forma que sólo yo sé, de haber tratado de superarme a mí mismo y tratar de llegar a ser “UN HOMBRE”. Tú sabes como he luchado contra las tentaciones de la vida para hacer que en mi mente y en mi corazón aniden siempre y en todos los momentos de mi vida, la vergüenza, la honradez, la justicia, el amor y el patriotismo. Tú sabes todo esto, mi vida, por eso, si caigo por defender y cumplir con estos sagrados principios, por mis ideales que tanto he tratado de que sean verdaderamente puros, tú y mis hijos deben sentirse orgullosos, porque yo, desde donde esté, me sentiré muy feliz.

Al leer esta carta sé que te pondrás muy triste, pues sé lo que me quieres y lo sensible que eres, pero necesito desahogarme pues sufro mucho y estoy muy desencantado.

Por la prensa y la radio te habrás enterado de que los norteamericanos nos tildan de comunistas, esto no es más que un pretexto para aniquilarnos y con ello al pueblo que hoy lucha por reconquistar sus derechos, pues ellos muy bien que saben cómo somos y la razón y pureza de nuestros ideales, pero son malos, despreciables y traidores, cobardes animales que no saben con todo su poderío, de dignidad y honor, sólo les interesa el vil metal, lo demás para ellos no vale nada. Pero el valor y patriotismo de nuestro pueblo es algo que no se puede decir con palabras, y no podrán; antes, tenderán una alfombra de cadáveres sobre Santo Domingo y, aun cuando nos pisoteen, seremos más grandes y dignos que ellos.

Dentro de mi desesperación, siento un orgullo tremendo pues mis compañeros de armas, aquel grupo que yo elegí por su seriedad y vergüenza, ha dado muestras de un valor y patriotismo encomiable,

¿Te acuerdas lo que decía de Francis, Lachapelle y Quiroz?, no me equivoqué. También siento gran satisfacción porque aunque no luchamos precisamente por un hombre y un partido, he comprobado que el Señor Presidente es un gran hombre y de mucho valor, ya que esto no se demuestra sólo peleando; además, lo que más admiro en él es su nobleza e inteligencia porque ha sabido salvar vidas y no sólo de revolucionarios. Veo que los dominicanos no se equivocaron cuando lo eligieron.

Si me pasa algo, ocúpense tú y Celeste de cuidar mucho a mamá para que no vuelva a enfermar; bueno Letty, ya verás que no me pasa nada, los hombres tan idealistas como yo no mueren muy fácilmente, pero por si acaso, tengo algo que pedirte y encomendarte. En nombre de ese amor que nos tenemos, tienes que luchar con todos los medios a tu alcance para hacer de mis hijos hombres dignos y de vergüenza, honrados y valientes (sé que tú lo eres) porque si yo no puedo llegar a hacer por mi pueblo todo lo que pienso, entonces ellos tendrán que hacerlo, son mi aporte a la patria que venero, la única herencia que les dejo, a ti y a Ella; los varones, sean o no militares, tienen que luchar y morir si es necesario por verla libre y nuestro pueblo feliz y lo que es más, que den su vida, si es que tienen que hacerlo, llenos de felicidad; en resumen, incúlcales mis ideales, y entonces, como dice aquel escrito que puse en un cuadro en casa: NO

Ojalá traigas el dinero de la venta del carro, pues el que traje lo gasté en equipos para mi viaje y también se lo he dado a algunos amigos que han venido. Cómprale ropa a los niños y me le pagas cien pesos que le cogí prestados a mamá.

Me voy Letty, pero en esta carta te dejo mi corazón y mi alma. Miles de besos a los niños, cuídense mucho y que Dios los bendiga.

Te adora tu Rafa.

Ir arriba


. 49 años después/Euclides Gutiérrez Félix
17 mayo 2010
I)


El 30 de este mes, se cumplen 49 años del ajusticiamiento de Rafael Trujillo Molina, quien por el largo espacio de tiempo de 31 años gobernó a nuestro pueblo, sometiéndolo a un régimen de disciplina, respeto, trabajo, educación y terror, este último, método y acción, que se extendía a todos los sectores de la vida nacional, civiles y militares. 49 años después de su muerte, sigue siendo el personaje, que no alcanza la categoría de héroe ni de proceridad, más importante de la República en toda su historia. Pedro Santana, Buenaventura Báez, Ulises Heureaux, Ramón Cáceres, Horacio Vásquez y Joaquín Balaguer, que por períodos de tiempo importantes gobernaron al país, no tienen la importancia histórica ni dejaron las huellas positivas, más que negativas, que dejó Trujillo a los dominicanos.

Trujillo ejerció su autoridad a sangre y fuego. Sus condiciones políticas le permitieron ejercer el mando, imponiendo un régimen eficiente, constructor, agresivo e intolerante, con imborrables matices asesinos, expresión de su avasallante personalidad. Transformó radicalmente a la Nación, incorporándola institucional y definitivamente al siglo XX. Es la verdad histórica, real, objetiva, desapasionada e incuestionable. Federico Henríquez Gratereaux, intelectual de verdad, que nunca fue trujillista, a quien el autor de esta columna conoce desde su adolescencia, en su columna “A Pleno Pulmón”, de fecha 11 de mayo del corriente año, publicada en el matutino “Hoy”, recuerda las veces que ha señalado “la necesidad de digerir a Trujillo, esto es de comprender cuáles fueron los antecedentes históricos de su gobierno”.

El antitrujillismo aventurero, comercial, fantoche, cargado de mentiras y de fábulas, ha terminado empequeñeciendo las virtudes y cualidades fundamentales del pueblo dominicano hasta la dolorosa realidad de que un afamado escritor hispanoamericano, Mario Vargas Llosa, apátrida, aventurero, no tan perverso, cruel y genocida como Jorge Luis Borges, escribió una novela, ayudado por intelectuales dominicanos, llamada “La Fiesta del Chivo”, que es un insulto al honor y la dignidad de los dominicanos; de los que le sirvieron a Trujillo; de quienes lo combatieron y sufrieron persecución, prisión y torturas y de los que murieron, entregando sus vidas por el bienestar de nuestro pueblo; de quienes le sirvieron y sus hijos y descendientes, que cobardemente no defienden la memoria de sus antecesores que sirvieron a Trujillo; burla al personaje histórico, e irrespeto, desprecio y humillación al pueblo dominicano “Legendario, Veterano de la Historia y David del Caribe”, Actor solitario de su historia.

El oportunismo y el aventurerismo antitrujillista no tiene nada que ver con la vida y la conducta, discreta y silenciosa, de docenas de dominicanos y algunas dominicanas que sufrieron los rigores de la dictadura; que han seguido 49 años después sin riquezas, sin prebendas, sin haber heredado, por el robo, parte de la inmensa fortuna que Trujillo y un reducido grupo de familiares y protegidos acumularon a expensas del trabajo, sacrificio y muerte de nuestro pueblo.

24 mayo 2010
II)


En el orden político, el ciclón de San Zenón, del 3 de septiembre de 1930, fenómeno extraordinario de la naturaleza, que desarrolló vientos a más de 200 millas por hora y cuyo ojo aterrador estuvo suspendido por largo espacio de tiempo sobre el poblado de Santo Domingo, que por su estructura y composición era más bien un conglomerado rural que una ciudad, integrado por miles de casas de madera y ranchos techados de zinc, constituyó como fenómeno de la naturaleza el punto de partida del ejercicio de la autoridad dictatorial, avasallante y represiva del régimen que encabezaba desde hacía 18 días el afortunado militar de San Cristóbal, quien apenas doce años después de haber iniciado su carrera ascendía a la presidencia de la República. San Zenón sirvió al caudillo para presentar sus cartas credenciales como jefe capaz de reorganizar en términos económicos, sociales y políticos, al débil Estado que había nacido el 27 de febrero de 1844.

Veinte años después, al terminar la década que se había iniciado en 1940, bajo la dirección de ese régimen eficiente, constructor, en todos los aspectos sociales, de salud y educativos, agresivo e intolerante, con imborrables matices asesinos, como hemos señalado, la República Dominicana había dado un extraordinario salto cualitativo, iniciándose a partir de 1950 la etapa que hemos calificado como “El Cenit” del régimen trujillista. Para entonces por lo menos cuatro conspiraciones para derrocarlo se habían organizado en el país. En los primeros años de la década de 1930, las conspiraciones militares, encabezadas por el coronel Leoncio Blanco y luego la que encabezó el general Vásquez Rivera; inmediatamente después, la organizada por el grupo integrado entre otros por Juan Isidro Jiménez Grullón, Ángel Miolán, Vila Piola, José Selig y Rafael Ramón Ellis Sánchez (Pupito), que al parecer contaba con el apoyo de los hermanos Viriato y Antinoe Fiallo.

Fue en esos momentos, después de ser desvelada la conspiración y apresados la casi totalidad de sus integrantes que Pupito advirtió que “Trujillo solamente muerto puede ser sacado del poder”, reiterando que el agresivo mandatario no era un cobarde y que por el contrario era un profundo conocedor de la psicología del pueblo dominicano. Años después, entre 1934 y 1946, consolidada la autoridad y el poder de Trujillo, Eugenio de Marchena, capitán de caballería motorizada del Ejército, primo de Pupito Ellis Sánchez, organizó en las filas de Ejército un movimiento que tenía como objetivo principal, no la deposición del gobernante, sino su muerte.

Fracasados los intentos expedicionarios de los exiliados dominicanos para combatir la dictadura, reorganizado el Ejército, con excelentes y modernas armas en su poder, el gobierno consolidado, fuerte, rico por haber acumulado enorme capital en el proceso de la Segunda Guerra Mundial, entró en la etapa de construir la infraestructura imprescindible para el desarrollo del Estado dominicano: carreteras, puentes, caminos vecinales, hospitales, escuelas, mercados públicos y comunidades llamadas “Barrios de Mejoramiento Social”, comenzaron a levantarse y extenderse en todo el territorio nacional.

31 mayo 2010
III)


Durante el tiempo transcurrido entre 1945 hasta 1950, finalizando en 1955, o sea diez años, en que hemos señalado que la infraestructura física del país prácticamente quedó construida, Trujillo, ocupada su atención en esas construcciones y en otras cosas que creía más importantes, no se percató, con el instinto político que tenía, que el desarrollo material que su régimen de fuerza había propiciado, que acarreó incuestionable progreso en importantes renglones, generó la aparición y desarrollo de una pequeña burguesía urbana, llamada popularmente clase media, que tuvo acceso a estudios primarios, secundarios y en cantidad limitada, a los universitarios. Ese sector social terminó haciéndose receptivo a la carencia absoluta de libertades públicas y el ejercicio de los derechos humanos que padecía la población.

Desde el inicio de su régimen Trujillo se había visto obligado a reprimir con violencia y energía los intentos de combatirlo y derrocarlo que sus enemigos y adversarios, civiles y militares, habían llevado a cabo. Cientos de hombres habían caído victimas de sus represalias o de las intrigas, delaciones y denuncias que llegaban a sus oídos. Dentro y fuera del país su brazo había llegado a castigar, o ultimar, a los que consideraba enemigos políticos o personales. La lucha contra él y su gobierno fue permanente y sin descanso.

Del seno de ese sector de la pequeña burguesía urbana, corriendo la década iniciada en 1950, salió la decisión, después de la conspiración del capitán Eugenio de Marchena, de ultimar a Trujillo, en el interior del país. Ese proyecto lo concibió un joven abogado, cibaeño, nativo de Moca, llamado Rafael Estévez Cabrera, alias Fellito, en 1953, junto a algunos familiares entre los cuales se contaban hermanos y parientes. El plan de Estévez Cabrera, soñador, ingenuo y audaz, debía ejecutarse cuando Trujillo asistiera a las festividades de la batalla de Santiago del 30 de marzo de 1844.

Con Heureaux y Mon los autores y ejecutores de sus muertes conspiraron, podría decirse, públicamente. Ambos sabían de esas conspiraciones y conocían el nombre de muchos de los implicados que eran sus adversarios y además ciudadanos sin investiduras militares o mandos políticos. Consumar un atentado contra Trujillo era totalmente diferente. Los civiles, como se llamaban en el argot militar a los ciudadanos comunes del país, no tenían acceso al armamento castrense.

La presencia de militares activos o pensionados en un complot para eliminar a Trujillo era imprescindible. Esa tarea vino a realizarla Homero Hernández Almanzar, abogado, cuñado de Pupito Ellis Sánchez y sindicado desde su época de estudiante como desafecto al régimen. Homero era compadre del general Juan Tomas Díaz y en el transcurso de los años estrecharon su amistad a un grado fraternal. Horas, días y semanas pasaron conversando y discutiendo, desde 1955, la necesidad de eliminar al dictador. La mayoría de las veces Pupito estuvo presente en esas conversaciones que duraban hasta altas horas de la madrugada. Juan Tomás era militar activo y uno de los oficiales que gozaba de autoridad en el Ejército.

7 junio 2010
IV)


Después del 20 de diciembre de 1955, día en que fue inaugurada La Feria de la Paz y Confraternidad del Mundo Libre, gigantesca exposición nacional que el régimen de Trujillo organizó, después de haber firmado el dictador El Concordato, en el Vaticano, acuerdo que fue suscrito en 1954 y que, según confesó más tarde, en círculos muy íntimos el mismo Trujillo, la exposición era un consejo que le había ofrecido el Papa Pío XII en respuesta a la queja que Trujillo le había expresado en el sentido de que sus adversarios, particularmente los que residían en el exterior, no querían reconocer los avances que en el orden económico, agrícola, industrial y de otra naturaleza, había logrado el pueblo dominicano bajo su férreo y largo mandato. La Feria de La Paz se convirtió en barril sin fondo, en términos de dinero, y, aunque nunca se hizo pública la suma invertida, se comentó que rondaba los 35 millones de pesos de esa época, cuando la moneda dominicana estaba a la par o algo más del valor del dólar.

Después de la inauguración se inició el ocaso de la dictadura trujillista e inmediatamente después, en marzo de 1956, se produjo el secuestro en Nueva York de Jesús de Galíndez, episodio que en términos históricos y políticos era un atrevimiento y desafío de Trujillo a los Estados Unidos, porque Galíndez, exiliado español, que había sido secretario del dictador, era catedrático de la Universidad de Columbia, de la que había sido presidente el general Eisenhower, en ese momento presidente de la poderosa nación del Norte. Jesús de Galíndez, además, era confidente de la Agencia Central de Inteligencia (CIA), de los Estados Unidos, e informante también del Buró Federal de Investigaciones (FBI). El secuestro y muerte de Galíndez abrió un sendero de sangre que se llevó al piloto que lo trasladó en avión a territorio dominicano, joven estadounidense llamado Gerald Lester Murphy, de 22 años, y al médico que le acompañaba, Miguel Rivera; crímenes al que siguieron los del capitán piloto Octavio de la Maza, el teniente coronel Cobian Parra y la señora Ana Gloria Viera, cómplice del secuestro.

Otras muertes ocasionó el instinto asesino de Trujillo que, para esa época, al parecer, había comenzado a perder el sentido de la prudencia que en sus reacciones siniestras le había acompañado durante más de 25 años al frente de los destinos del pueblo dominicano. El derrocamiento de tres dictadores hispanoamericanos con profundos matices de diferencias como Juan Domingo Perón, argentino; Gustavo Rojas Pinilla, colombiano; y Marcos Pérez Jiménez, venezolano; provocaron un reordenamiento político en esta parte hispanoamericana del Caribe y de Suramérica, aunque el hecho político de mayor trascendencia se vino a producir el 1 de enero de 1959, cuando el movimiento guerrillero encabezado por Fidel Castro Ruz, en Cuba, derrocó el gobierno dictatorial, criminal, represivo, profundamente corrompido y amanuense y servidor de los intereses del gobierno estadounidense y particularmente del grupo más influyente en la vida del gangsterismo de ese país.

14 junio 2010
V)


Inmediatamente después del triunfo revolucionario del movimiento insurreccional, encabezado por Fidel Castro Ruz, en Cuba, carismático y excepcional líder, que fascinó no solamente con el hecho histórico del que había sido rector y guía a la juventud hispanoamericana, los acontecimientos y hechos políticos en el Caribe se profundizaron y precipitaron. Apenas seis meses después un contingente de dominicanos en el cual había, en gesto de solidaridad, cubanos, portorriqueños, venezolanos, estadounidenses, españoles y nicaragüenses, entrenados y armados bajo el patrocinio del gobierno revolucionario cubano, desembarcó el 14 de junio por la vía aérea, en el aeropuerto de Constanza, en la cordillera Central, ubicada en el centro del país y cinco días después dos lanchas con más de cien hombres llegaban a las playas de Maimón y Estero Hondo, en el Norte del país, en la provincia de Puerto Plata.

Hoy lunes 14 de junio del año 2010 se cumplen 51 años de ese episodio histórico, inmortal, que ha sido en términos cuantitativos el sacrificio humano y político de mayor trascendencia en las luchas internas de la República Dominicana. La llegada de ese contingente por la vía aérea fue de un impacto tan extraordinario en la vida de la sociedad dominicana, que agrietó, perceptible e inevitablemente, las bases del régimen trujillista que entró a partir de ese momento en un proceso de deterioro y descomposición definitiva. Ni siquiera Trujillo, que no era Fulgencio Batista, estaba en ese momento en términos políticos en condiciones de enfrentar un desafío de esa naturaleza porque con los matices asesinos e intolerantes del régimen que encabezaba, no podía dar una respuesta de tolerancia, comprensión y equilibrio, a ese grupo de expedicionarios valientes y dispuestos a sacrificar sus vidas.

Derrotados en el terreno militar, la mayoría de ellos sobrevivió a los enfrentamientos, tanto en la cordillera Central, en el área de Constanza, como en Puerto Plata; acciones que duraron cerca de un mes. El sacrificio de los dominicanos y de los extranjeros que les acompañaron ensanchó el sendero que conducía a la liquidación del régimen, que se había abierto con el secuestro de Jesús de Galíndez, en marzo de 1956. Los sobrevivientes de las Expediciones Inmortales del 14 y 19 de junio de 1959, fueron trasladados a la Base Aérea de San Isidro, en los alrededores de la ciudad capital, importante centro militar de la Fuerza Aérea Dominicana, bajo la jefatura de Rafael Trujillo Martínez, Ramfis. Muchos de ellos, particularmente los extranjeros, torturados primero en San Isidro, fueron también torturados en “La Cuarenta”, tenebroso recinto carcelario, dirigido por Johnny Abbes García.

Antes de transcurrido un mes de la derrota militar, en la parte trasera de la Academia Batalla de Las Carreras, por instrucciones de Ramfis Trujillo, la casi totalidad de los expedicionarios fueron ejecutados no obstante haberse presentado allí Rafael Trujillo Molina requiriendo quién había dado esa orden. Ramfis salió a su encuentro y le advirtió que eran sus órdenes porque esos expedicionarios habían llegado para darle muerte a él, Trujillo, y a toda su familia, incluida su madre, María Martínez.

21 junio 2010
VI)


El fusilamiento masivo de los sobrevivientes de Las Expediciones de Junio de 1959, ejecutado por órdenes expresas de Rafael Trujillo Martínez, Ramfis, en el recinto de la Academia Militar Batalla de Las Carreras, fue un hecho de extraordinaria importancia y repercusión, no obstante la protesta personal de su padre, que se presentó en ese lugar requiriendo a su hijo quién había autorizado la muerte de los heroicos combatientes, que habían dado al régimen, con su heroica decisión, una estocada mortal. Trujillo, acompañado por su hijo, que lo llevó hasta el automóvil, se ausentó del lugar sin que esa decisión, en términos históricos, lo haya descargado de la responsabilidad del crimen masivo que se estaba ejecutando, porque la jefatura política, militar y económica de la Nación descansaba, únicamente, en su persona, la que bajo ninguna circunstancia había delegado, totalmente, en otras manos.

Ese episodio profundo, conmovedor, inaceptable, de triste recordación, señaló el camino definitivo que a partir de ese momento siguieron importantes sectores de la sociedad, convencidos de que la desaparición física de Trujillo era un compromiso de honor que debía cumplirse en brevedad de tiempo de corto espacio. Entre julio de 1959 y mayo de 1961, apenas 22 meses, en proceso inevitable y en orden cronológico se sucedieron: la fundación y el proceso de organización del Movimiento Revolucionario Clandestino 14 de Junio, que bajo la dirección de Manolo Tavárez Justo y Minerva Mirabal, su esposa, y un numeroso grupo de hombres y mujeres de la pequeña burguesía urbana, quedo constituido en los primeros días de enero de 1960 y que aunque no pudo ejecutar las acciones y los propósitos que había planificado, llevó a partir del 11 de enero a las cárceles de la dictadura más de 300 personas.

La prisión y las torturas que mujeres y hombres, miembros del 14 de Junio, recibieron en la cárcel de La Cuarenta, originó la denuncia y la protesta de la Iglesia Católica, en una Carta Pastoral que se hizo pública el 25 de enero de 1960. Para Trujillo la Iglesia Católica había sido su apoyo y firme aliada en los treinta años de gobierno. La importancia e influencia de esa singular institución universal, en la República Dominicana, solamente era comparable con las Fuerzas Armadas, creada, sostenida y modernizada por el régimen. Según rumores que corrieron a lo largo y ancho del país Trujillo quedó profundamente afectado. En aquellos momentos que comenzaban serias dificultades, para las cuales el dictador y sus colaboradores no tenían respuestas inmediatas; la Iglesia asumía una posición de crítica. Realmente fue un golpe inesperado.

La naturaleza asesina que había normado la vida de Trujillo en sus treinta años de jefe absoluto de la Nación se manifestó en los días que transcurrieron, a partir del 11 de enero, al desvelizamiento del Movimiento Revolucionario 14 de junio. No obstante, al parecer, existió una renuencia del mismo Trujillo de aceptar la existencia de un movimiento conspirativo que aglutinaba en sus filas a cientos de jóvenes de la pequeña burguesía urbana, estudiantil y profesional.

28 junio 2010
VII)


Inmediatamente después de ser develado el Movimiento Clandestino 14 de Junio y de haber hecho de conocimiento público general la Carta Pastoral dirigida por los dignatarios de la Iglesia Católica a Trujillo, el 25 de enero de 1960, ocurrió un episodio que no tenía antecedentes en la vida política dominicana. Encabezado por el doctor Mario Read Vittini, conocido abogado, oriundo de San Cristóbal, que desde muy joven había ocupado importantes posiciones en el tren burocrático del Estado y en importantes cargos políticos, hasta llegar a desempeñar las funciones de vicepresidente del Partido Dominicano y miembro de una distinguida familia de la sociedad sancristobalense amiga de Trujillo, un grupo numeroso de jóvenes buscó asilo en la Embajada de Brasil, ubicada en la Máximo Gómez esquina Doctor Correa y Cidrón, de la ciudad capital.

Lo extraordinario de ese episodio no fue solamente la arriesgada y valiente decisión de quienes se asilaron, sino también la forma de cómo buscaron el asilo, ocasionando la muerte de dos agentes del Servicio de Inteligencia Militar (SIM), a tiro limpio, acompañados de Caridad Díaz y de su hijo Nabucodonosor Henríquez, alias Nabu, hermana de Modesto y Juan Tomas Díaz, quienes para ese momento hacia años conspiraban para eliminar al dictador. Al asilo de estos jóvenes inmediatamente se sumaron otros asilamientos en la Embajada de Argentina y en otras embajadas hispanoamericanas. La autoridad de Trujillo, sus métodos arbitrarios, represivos y asesinos de gobernar, estaban frontalmente desafiados. Más adelante, el 24 de junio de 1960, auspició Trujillo el atentado contra el presidente de Venezuela, Rómulo Betancourt. Y a penas cinco meses después, el sádico, injustificable e inexplicable asesinato de las hermanas Mirabal y su amigo y acompañante, el joven Rufino de la Cruz, de conocida conducta antitrujillista en su lugar de origen.

Como antecedente de esos episodios estaba el asesinato de Ramón Marrero Aristy, el 17 de julio de 1959, y el asesinato, en los primeros meses de ese año, de Los Panfleteros de Santiago, crimen masivo en el que perdieron la vida cerca de 30 adolescentes, acción que no podía ejecutarse si no se tenía la aprobación o el consentimiento, expreso, de Trujillo; y fue en ese periodo que exterminados, también por expreso mandato de Trujillo, cayeron cerca de treinta sargentos de la Aviación Militar Dominicana, acusados de sabotear los motores de numerosos aviones de combate de esa institución militar. El sendero de sangre que inauguró Trujillo con el secuestro y la muerte de Galíndez, como hemos señalado en otras ocasiones, primero conmovió y aterrorizó a los sectores más sensibles de la sociedad dominicana, particularmente a la pequeña burguesía urbana y a sectores de la oligarquía tradicional y la incipiente burguesía nacional.

Los instintos asesinos de Rafael Trujillo Molina se habían desbordado y aunque en presencia de familiares y amigos y de su amante favorita, Lina Lovatón, negaba su responsabilidad por lo que estaba sucediendo, en términos históricos había llegado el momento de poner fin a ese huracán de violencia y crímenes que amenazaba con liquidar a numerosos miembros de la familia dominicana.

5 julio 2010
VIII)


El atentado contra Rómulo Betancourt, que fue ejecutado el 24 de junio de 1960, que se ideó y se organizó en Santo Domingo bajo la dirección y auspicio de John Abbes García y al que siguió, 5 meses después, el asesinato de las hermanas Mirabal, eran evidencias incuestionables de que Trujillo, asesino político selectivo, silencioso, había perdido el sentido de la prudencia, aun para matar, que había dirigido su vida desde 1930. Estos juicios no son del autor de esta columna, eran los criterios de nuestro padre, que por 22 años fue parte integrante del ejército que Trujillo había organizado y modernizado, llegando a ser capitán, sub-director del Centro de Enseñanza del Ejército y Jefe de Instructores de ese importante instrumento del control real y efectivo de la nación. Así pensaban también otros militares que se habían formado bajo la jefatura de Trujillo.

Fue esa agresividad indetenible de Trujillo que levantó en la pequeña burguesía urbana la firme decisión de enfrentar al régimen en todos los escenarios. Eso explica la fundación y creación del Movimiento Revolucionario y Clandestino 14 de Junio, el asalto decidido, frontal y valiente de la Embajada de Brasil y del grupo que pidió asilo en ese intento, en un hecho que no tenía precedente en la historia política de la Nación. Fueron esos acontecimientos que terminaron unificando el grupo que, bajo el liderato político y militar de Modesto y Juan Tomás Díaz, conspiraba para ajusticiar al agresivo y severo personaje. Y fue esa situación la que le hizo comprender al gobierno de Estados Unidos, presidido desde enero de 1961 por John F. Kennedy, que el mandato histórico de Trujillo había terminado y que la campana que anunciaba ese final era el triunfo del Movimiento Revolucionario, encabezado por Fidel Castro Ruz.

Para entonces los planes para asesinar a Patricio Lumumba, a Fidel Castro y a Trujillo habían sido incluidos en el llamado Plan ZR/Rifle que servía como guía política a la Agencia Central de Inteligencia (CIA). Puesto en ejecución, los norteamericanos infiltraron en el grupo de los hermanos Díaz, al cual se había sumado Antonio de la Maza, a Donald Reid, abogado, rico empresario dominicano, ligado por vínculos familiares a los Vicini, e infiltraron también, sin lugar a dudas con el consentimiento de los jefes de esta importante familia, a Severo Cabral, empleado de ellos. Entre enero, febrero y marzo, el gobierno estadounidense a través de Robert D. Murphy, primero, el senador Smathers, después, y un tercer emisario que vino en mayo, intentaron convencer a Trujillo de que abandonara el poder y fuera a residir a Estados Unidos.

En el orden histórico Trujillo no tenía salida que lo llevara a territorio extranjero. En su carta del 27 de febrero de 1961 Juan Bosch se lo advirtió. Trujillo sabía que su destino estaba en este país. Y así lo ratificó a los emisarios de Kennedy, recordando que había nacido aquí y que aquí debía morir y ser enterrado; respuesta y decisión, contrario a lo que escriben los mitómanos historiadores dominicanos antitrujillistas, pues Trujillo, asesino, rapaz, intolerante y agresivo, era un hombre de decisiones coherentes, convencido de que “quien a hierro mata, a hierro muere”.

12 Julio 2010
IX)


Después del fracaso, en abril de ese año, de la expedición de Playa Girón, organizada por la Agencia Central de Inteligencia (CIA), auspiciada por el Gobierno de los Estados Unidos, encabezado por John F. Kennedy, los funcionarios de esa agencia sediciosa, encargados de ejecutar el llamado Plan ZR/Rifle, en relación con la República Dominicana, que tenía como objetivo principal la muerte de Trujillo, aterrorizados decidieron desactivar la conspiración encabezada políticamente por Modesto y Juan Tomás Díaz y Antonio de la Maza como líder del grupo de acción que ejecutaría el ajusticiamiento. Según testimonios, que merecen absoluto crédito, la propuesta del gobierno estadounidense fue rechazada. Y fue entonces, en los primeros días de mayo, al parecer, que Trujillo se entrevistó, en el hotel Embajador, con un emisario cuyo nombre se ignora, según relata Virgilio Álvarez Pina en “La Era de Trujillo, Narraciones de Don Cucho”.

Trujillo, visiblemente molesto, bruscamente, interrumpió la entrevista con el personaje desconocido y acompañado de Álvarez Pina y el Coronel Marcos Jorge Moreno se ausentó del hotel Embajador. En el trayecto hacia el Palacio, según ese relato, en el vehículo en que viajaban, Trujillo comentaba en susurros “estos gringos se creen que soy un pendejo” y una vez en su despacho, en el Palacio Nacional, le dijo a su acompañante “estos cabrones, mandan a un carajo a decirme que debo renunciar y vivir en el exterior gozando mi fortuna. Me proponen todas las garantías necesarias si accedo a sus deseos. ¿Qué te parece?”, le preguntó a Cucho Álvarez, quien a seguidas preguntó: “¿cuál fue su respuesta, Jefe?; y Trujillo me respondió: le dije que yo moriría con las botas puestas, pero que jamás, me iría del país como un cobarde”.

La suerte estaba echada. Después de esa entrevista del hotel Embajador, Trujillo haría un viaje al Norte y a la línea Noroeste, entre los días 9, 10 y 11 de mayo. Primero a Puerto Plata, a donde después de un gigantesco desfile cívico, inauguró el nuevo hospital Ricardo Limardo, cuyo director era un joven medico, llamado José Rodríguez Soldevilla. Asistió a una recepción en el Club de Comercio de Puerto Plata, en el cual presidió, en horas de la tarde, un coctel ofrecido por la sociedad puertoplateña y pasó, desde las últimas horas de la tarde hasta muy avanzada la madrugada, bailando con la música tocada por la orquesta Presidente Trujillo, que para ese momento dirigía el trompetista Goyo Rivas. Al siguiente día visitó Altamira e Imbert y partió para Santiago pernoctando en esa ciudad, la cual era, sin lugar a dudas, la comunidad preferida por él y a la cual dispensó siempre los mayores halagos.

El día 11 encabezó una manifestación multitudinaria, en Mao, donde presenció un desfile cívico gigantesco, participando en la tarde en otro coctel bailable, masivamente concurrido. A la caída de la tarde se despidió de sus acompañantes, legisladores y autoridades de la provincia, y les comunicó que se ausentaba para la capital, satisfecho porque el recorrido, políticamente, había sido exitoso. En la realidad de los hechos Rafael Trujillo Molina se estaba despidiendo del pueblo dominicano, convencido que su vida estaba llegando al fin.

19 Julio 2010
y X)


Entre el 20 y 26 de mayo de 1961, en rápidos recorridos por la Región Sur, Trujillo visitó varias provincias, y continuó esta vez sin acompañamientos de funcionarios, lo que era en la realidad histórica su despedida. Hacía pocos días, en los finales de la segunda semana de mayo, a bordo del yate Angelita, en las primeras horas de una madrugada, Trujillo, visiblemente cansado llegó al comedor de la nave vestido únicamente con calzoncillos de seda; allí encontró a sus amigos Cucho Álvarez y Paino Pichardo y después de saludarlos preguntó qué estaban tomando. Ellos le respondieron que tomaban café y Trujillo dijo: “No sean ustedes pendejos y llamando al valet le ordenó: tráigase tres tragos de ginebra y llévese el café. El valet obedeció y trajo las bebidas pedidas. Trujillo saboreó las ginebras y manifestó: ¡Los dejo y pronto”!

“Jefe, ¿pero es que usted se siente algo? No, que va, respondió Trujillo. Estoy perfectamente bien, pero yo sé lo que les digo y que no se hable más de eso. Vamos a tomarnos este trago”. (La Era de Trujillo; Narraciones de Don Cucho, páginas 139, 140,153 y 154). No hemos podido encontrar las razones por las cuales un número importante de historiadores, investigadores y ensayistas dominicanos escriben tantas cosas divorciadas de la realidad de los hechos en esta última etapa de la dictadura trujillista. La experiencia y el instinto político felino de Trujillo le permitían saber, como comunicó al presidente Kennedy por terceras personas, que sus días estaban contados y que debía morir aquí donde había nacido y vivido.

El 30 de mayo, en la noche, llegó a Estancia Radhamés y se cambió de ropa, vistiéndose con el uniforme militar de gris, que acostumbraba usar cuando viajaba a San Cristóbal. De su casa, después de las 9 de la noche, visitó a su hija Angelita, cuya residencia estaba en el lugar que ocupa hoy el Teatro Nacional; apenas diez minutos permaneció allí y salió, acompañado sólo de su chofer personal. En la puerta de la casa de Angelita, desde el auto conversó con el jefe de la Policía, coronel Luis Enrique Montes de Oca, brevemente, y el carro tomó la Máximo Gómez, en dirección sur, en ruta hacia el dramático episodio que conmovió los cimientos de la sociedad dominicana.

Rafael Trujillo, político y militar severo, metódico, organizador, asesino selectivo, tenía en su escritorio desde hacia tiempo una lista en la cual figuraban los nombres de la mayoría de los que le esperaban en la avenida que él había construido a lo largo de la costa del Mar Caribe. Trujillo sabía que no tenía exilio ni había lugar en América, en Europa, ni en ninguna otra parte, en el cual un hombre con los matices de su personalidad, megalómano, avasallante, Monarca Sin Corona de la región del Caribe, pudiera descansar en paz. A sangre y fuego gobernó 31 años al pueblo que él conocía profundamente y estaba convencido de que el pueblo dominicano antes o después, sin importar quienes componían socialmente el grupo que lo ajustició y sin importar su papel histórico, de habernos incorporado al siglo XX, le ajusticiaría con las mismas armas y métodos que había utilizado.

Ir arriba


Abril: un faro que se apaga/Euclides Gutiérrez Félix
5 abril 2010
I)


Abril en la historia del pueblo dominicano, en términos históricos, es un mes de extraordinaria importancia. En muchas ocasiones el autor de esta columna ha pasado revista a los acontecimientos y episodios de extraordinaria importancia que se han producido o iniciado en este mes, por lo regular hermoso por la naturaleza del clima de nuestro país, porque es el mes en el cual formalmente se inicia la primavera. Pero en la realidad, el episodio histórico más importante es el que se inició en la mañana del 24 de abril de 1965. El levantamiento Militar Constitucionalista, organizado bajo la dirección política de Juan Bosch y la jefatura militar de Rafael Fernández Domínguez, fue la expresión patriótica, valiente, revolucionaria y democrática, de un numeroso grupo de jóvenes oficiales del Ejército, la Marina y la Fuerza Aérea.

El derrocamiento del gobierno de facto del mal llamado triunvirato, que era realmente un gobierno de dos personas, estuvo más que justificado por la corrupción, prevaricación, desorganización y entreguismo, de quienes habían usurpado, con el apoyo del gobierno de los Estados Unidos, de la oligarquía dominicana y la Iglesia Católica, la dirección política de la nación cuando derribaron, el 25 de septiembre de 1963, el gobierno presidido por Juan Bosch, que con el apoyo del 60% de los votantes había sido electo el 20 de diciembre de 1962. El inicio de ese episodio anunciado a la 1:30 de la tarde del sábado 24 por el doctor José Francisco Peña Gómez, secretario de Prensa y Propaganda del PRD, a través de la frecuencia de Radio Comercial, en el programa Tribuna Democrática, abrió las puertas a un escenario que para América era totalmente desconocido.

El Movimiento Militar Constitucionalista del 24 de abril de 1965 tenía como objetivo inmediato el restablecimiento del gobierno, legítimo, que presidía Juan Bosch e imponer de nuevo la vigencia de la Constitución de 1963, la más democrática y avanzada de todas las constituciones, modificadas a partir de la de noviembre de 1844, que había regido jurídicamente la vida del joven Estado republicano, que habían concebido Juan Pablo Duarte y sus compañeros, que hicieron realidad la República de febrero de 1844. Opuesto frontalmente a esa expresión soberana del sector militar y político más avanzado de nuestro país, de imponer la razón de ser dueños de nuestro propio destino, el gobierno estadounidense, presidido por Lyndon Johnson, ordenó la intervención militar del territorio dominicano.

Fue entonces, a partir del 28 de ese mes, que América y el resto del mundo vio por primera vez a un pueblo americano, de hermosa y ejemplar historia militar, enfrentar al ejército de la nación más poderosa del mundo, bajo el mando de un admirable grupo de jóvenes militares, la mayoría de los cuales habían pasado por escuelas y academias de Estados Unidos. Frente al Goliat agresivo, más que agresivo abusivo, el pueblo dominicano, llamado David del Caribe, enfrentó la soberbia injustificable del presidente estadounidense y del grupo de halcones que integraban su gobierno, que recibieron de manera inmediata las acusaciones y el repudio, por su actitud, de la inmensa mayoría de los pueblos del mundo.

12 abril 2010
II)


La intervención militar ordenada por el gobierno de los Estados Unidos, encabezada por Lyndon Johnson, a partir del 28 de abril de 1965, en pleno apogeo de la Guerra Fría, más que conmover indignó a la mayoría de los pueblos del mundo, particularmente un número importante de los pueblos hispanoamericanos, aun aquellos encabezados por gobiernos conservadores o por Juntas Militares. Frente al rechazo de la acción unilateral del gobierno estadounidense, la decisión de ellos fue apoderar a la Organización de Estados Americanos (OEA), para darle aspectos de legalidad al injustificable abuso, creando una mal llamada Fuerza Interamericana de Paz (FIP), no encontrando la mayoría necesaria para esa maniobra fraudulenta, porque de los veintiún miembros de los países americanos que integraban la ya desprestigiada organización, solamente trece votaron a favor de lo que los yankees necesitaban. Trece gobiernos votaron a favor y el voto catorce fue depositado en nombre de un gobierno, el del Triunvirato, que no gobernaba al país, por un apóstata llamado José Antonio Bonilla Atiles.

Desde Puerto Rico, Juan Bosch, el patriota, el sabio, maestro político, dispuso la integración de un gobierno elegido por el Congreso, designando para el ejercicio de la Presidencia de la República, al Coronel Francisco Caamaño Deñó. La casi totalidad de los dirigentes del PRD había buscado asilo en embajadas de países hispanoamericanos, y una figura inesperada, Luis Lembert Peguero, asumió, motus propio, la jefatura transitoria de la organización autoproclamándose Secretario General, porque quien desempeñaba esas funciones en el PRD, el señor Antonio Martínez Francisco, rico empresario, íntimamente ligado a la embajada de los Estados Unidos, se había refugiado en la base aérea San Isidro, denunciado a través de la radio que el Movimiento Constitucionalista había sido infiltrado por los “comunistas” desnaturalizando el Levantamiento Militar.

Francisco Alberto Caamaño Deñó, Coronel de la Fuerza Aérea Dominicana, convencido por Juan Bosch de que asumiera el cargo, fue elegido presidente por el Congreso de la República y tomó posesión el 4 de mayo de ese año, en el Baluarte de El Conde, en presencia de una gigantesca multitud, convocando en emotivo y breve discurso al pueblo, a defender la dignidad y soberanía nacional. Se había iniciado, desde el 28 de abril, un episodio sin antecedentes en la existencia de América, cuyos aspectos políticos en el orden internacional, por apoderamiento del gobierno de la República en Armas a través de su Ministro de Relaciones Exteriores, doctor Jottin Cury, pasaron a ser conocidos por el Consejo de Seguridad de las Naciones Unidas, en el cual bajo la frontal y responsable actitud del embajador de la Unión Soviética y de la mayoría de los países del entonces Campo Socialista, el Goliat estadounidense, se vio en la obligación de modificar, de manera inmediata, las intenciones de su presencia en territorio dominicano.

El pueblo dominicano, actor solitario de su historia, legendario, David del Caribe, representado por sus sectores, militares y civiles, más dignos y progresistas, se atrincheró en la parte Sur de la vieja ciudad de Santo Domingo, proclamando en la voz del presidente Caamaño Deñó y de Juan Bosch, exiliado en Puerto Rico, que prefería morir con las armas en las manos a rendirse incondicionalmente ante los invasores extranjeros.

19 abril 2010
III)


Juan Bosch, desde Puerto Rico, habló inmediatamente después de juramentarse el coronel Caamaño como Presidente Constitucional de la República en Armas, cuando la intervención militar de Estados Unidos se había convertido en un episodio de repercusión internacional, cuya ocurrencia continuó alineando gobiernos y pueblos en defensa de la soberanía y dignidad de la nación, pequeña, asentada en más de la mitad de la isla de Santo Domingo, en la cual la mayoría de sus habitantes apoyaban el movimiento que se había iniciado el 24 de abril de 1965, para restablecer la vigencia de la Constitución de abril de 1963 y el gobierno que presidía el ilustre escritor y maestro. En su intervención, Juan Bosch dijo que la mayoría del mundo apoyaba al pueblo dominicano y que la voz en su defensa que más se distinguía era la del General Charles de Gaulle, presidente de Francia y el último gran héroe vivo de la Segunda Guerra Mundial.

El presidente Johnson, junto al agresivo grupo de funcionarios, bautizados con el nombre de Halcones, comenzó a sentir el rechazo y la oposición de gobiernos de Hispanoamérica y de posiciones asumidas por sectores de esos países, de las cuales es necesario históricamente citar dos: el rechazo del gobierno militar del Ecuador, presidido por el Almirante Ramón Castro Jijón, que condenó la intervención y respaldó a nuestro pueblo; y la viril valiente y responsable actitud de las Fuerzas Armadas de Venezuela, que en apoyo al gobierno de Rómulo Betancourt, cuando los estadounidenses requirieron la participación de Venezuela en la mal llamada Fuerza Interamericana de Paz, a través de oficiales de rango superior hicieron pública esta admirable respuesta: “Cuando los ejércitos venezolanos han salido de sus fronteras geográficas, ha sido para llevar la libertad y la democracia a otros pueblos, nunca la opresión”.

El 19 de mayo, en el intento de ocupar el Palacio Nacional, atacados arteramente por soldados estadounidenses, fueron muertos en combate Rafael Fernández Domínguez, Juan Miguel Román, Ilio Capozzi, Euclides Morillo y José Jiménez; el primero Fundador y líder del Movimiento Militar Constitucionalista y ministro de Interior del Gobierno de la República en Armas; el segundo, jefe Militar del Comité Central del Movimiento Revolucionario 14 de Junio; el tercero, de nacionalidad italiana, héroe de la Marina de Guerra de su país y de extraordinaria actuación en la Segunda Guerra Mundial, oficial de la Marina de Guerra Dominicana e Instructor de los Hombres Rana; el cuarto, ayudante de Juan Miguel Román, valiente patriota y militante revolucionario; y quinto, José Jiménez, militante del 14 de Junio. En ese ataque al Palacio cayó herido Norge Botello, comandante y Miembro del Comité Central del 14 de Junio.

¡Alea Jacta Est! La valiente resistencia de los dominicanos, el repudio a la intervención y las denuncias que llenaron las páginas de los periódicos y las emisoras de radio y televisión, en América, Europa y Asia, obligaron a los yanquis a buscar una salida negociada que no fuera la intención absurda de aplastar y derrotar a los defensores de la soberanía, quienes solamente cumplían un mandato de su personalidad histórica: “Ningún pueblo ser libre merece si es esclavo indolente y servil”.

26 abril 2010
IV)


La firmeza de la resistencia a la intervención militar de los Estados Unidos en abril de 1965, proyectó al pueblo dominicano en el escenario internacional, motivado por su conducta y firme decisión, una gigantesca y progresiva expresión de admiración por la naturaleza abusiva de la acción ordenada por el presidente de Estados Unidos, Lyndon Johnson, convencido al parecer, al igual que sus asesores más cercanos, civiles y militares, de que la sola presencia de una avanzada del ejército más poderoso del mundo pondría en fuga a los militares constitucionalistas y a la inmensa mayoría del pueblo que los apoyaba en su acción de restablecer el imperio de la Constitución de 1963 y el gobierno patriótico, legítimo y popular que encabezaba el profesor Juan Bosch, derrocado en septiembre de 1963 por un artero golpe de Estado, apoyado por el Gobierno estadounidense, presidido por John F. Kennedy.

Desde el 28 de abril hasta octubre de 1965, el desarrollo de este episodio, de trascendental importancia histórica, y el poder de decisión de los dominicanos, con gran respaldo internacional, obligó al abusivo gobierno de Johnson a sentarse en una mesa de negociaciones, utilizando como representante a una supuesta comisión de la OEA, bajo la jefatura de Ellsworth Bunker, agresivo anciano y veterano político, obediente a los dictados de los halcones de Washington, dirigidos por Thomas Mann, quienes rechazaron la propuesta de la vigencia de la Constitución de 1963 y el establecimiento de un gobierno presidido por Antonio Guzmán. Esa proposición hecha por Bosch en Puerto Rico a McGeorge Bundy, consejero de Seguridad Nacional de su país, le fue comunicada al presidente de la República en Armas, coronel Francisco Caamaño Deñó, y a su gabinete, por el coronel Rafael Fernández Domínguez, quien viajó a Santo Domingo acompañado de McGeorge Bundy y el coronel del Ejército español, Enrique Herrera Marín, instructor que organizó la Academia Militar Batalla de Las Carreras.

Entre mayo y octubre el pueblo, bajo la jefatura de los militares constitucionalistas, enfrentó, con la firmeza propia de su naturaleza, dos agresiones de la llamada Fuerza Interamericana de Paz: el 19 de mayo, como hemos señalado, y el 15 de junio, cuando se libró en la parte sureste de la ciudad capital la batalla de Santa Bárbara; en ese enfrentamiento frontal con las tropas estadounidenses, soldados puertorriqueños, particularmente, se negaron a combatir contra el pueblo y muchos de ellos dijeron después que las tropas estadounidenses a las que pertenecían, habían tenido más de doscientas bajas y heridos, propiciadas por los dominicanos.

América no había conocido, desde la creación de las repúblicas, que convirtieron a las antiguas colonias de España y de Inglaterra en Estados independientes, un episodio tan emotivo, admirable y espléndido que era, en la realidad de los hechos, una auténtica expresión del poder de decisión y la valentía del pueblo dominicano, como lo había advertido, en actitud de reconocimiento, desde el siglo XIX, el gran maestro antillano Eugenio María de Hostos.

3 mayo 2010
V)


Rechazada frontalmente la proposición de Juan Bosch de un gobierno constitucional presidido por Antonio Guzmán por el grupo de halcones que tenían el control de la política exterior de los Estados Unidos, consejeros de Lyndon Johnson, maniobraron, comunicándose con el señor Jimmy Pastoriza, miembro de la oligarquía cibaeña, oriundo de Santiago, amigo de Thomas Mann, a quien se le pidió la recomendación de un candidato para la presidencia de la República que conviniera al gobierno estadounidense. Ni corto ni perezoso, Pastoriza, por vía telefónica, recomendó a su cuñado Héctor García Godoy, diplomático que sirvió por muchos años al régimen de Trujillo y antiguo Ministro de Relaciones Exteriores del gobierno del profesor Bosch. García Godoy, rechazado en principio por el gobierno del presidente Caamaño Deñó, fue impuesto a cañonazos y amenazas por la comisión de la OEA y los representantes del gobierno estadounidense.

Llegaba a su etapa final el extraordinario episodio que se había iniciado el 24 de abril de 1965. García Godoy tomó posesión asumiendo la presidencia de la República e integrando un gabinete aceptado por los Estados Unidos, que al quedar suspendido el Congreso de la República, tenía también, como gabinete, funciones legislativas. El último capitulo del episodio antes mencionado llamado por el autor de esta columna “La Epopeya Incompleta”, ya que la Gran Epopeya del pueblo dominicano ha sido, hasta ahora, La Guerra de la Restauración, vino a producirse el 19 de diciembre de ese año, en Santiago, cuando una numerosa comitiva, encabezada por el coronel Francisco Caamaño Deñó, se trasladó a esa ciudad a rendir homenaje al fundador del Movimiento Militar Constitucionalista, Rafael Fernández Domínguez, caído en combate el 19 de mayo en el asalto al Palacio Nacional.

Allí en la capital del Cibao le fue preparada una emboscada que comenzó con un ataque en el cementerio municipal, ejecutado por soldados de la Fuerza Aérea Dominicana y que más tarde se repitió en el hotel Matum, a partir de las 9:30 de la mañana, cuando más de 400 soldados de infantería de esa institución aérea, apoyada por tanques y aviones Mustang, atacó en dicho hotel a los que participamos en el acto conmemorativo de Fernández Domínguez, que lo componían cientos de personas, entre las cuales habían mujeres, adolescentes y niños. Sin miramientos de ningún género, preparado por la jefatura de la mal llamada Fuerza Interamericana de Paz, se fraguó el crimen masivo para eliminar físicamente al coronel Caamaño, a los jefes militares que le acompañaban y a las personalidades civiles de su gobierno que allí se encontraban.

La acción ruin, cobarde, criminal y asesina, de los jefes civiles y militares de las tropas que ocupaban el territorio nacional fue rechazada con la misma firmeza, decisión y valor, que son cualidades propias de nuestro pueblo, con las que se había rechazado la presencia del ejército estadounidense, a partir del 28 de abril en la ciudad de Santo Domingo. ¡Qué hermosa lección de patriotismo, soberanía, dignidad y honor, dimos los dominicanos! “Pueblo legendario, veterano de la historia y David del Caribe”!

10 mayo 2010
y VI)


La resistencia victoriosa de los militares constitucionalistas y de los civiles que le acompañábamos en el hotel Matum, el 19 de diciembre de 1965, fue el último episodio militar de ese capítulo que hemos llamado “La Epopeya Incompleta” y la última lección, en ese entonces, que le dio el pueblo dominicano a los gobernantes de los Estados Unidos, que integraban el gobierno presidido por Lyndon Johnson. A partir de ese momento nuestro pueblo obtuvo el reconocimiento de un criterio totalmente diferente en esa poderosa nación del norte, que le ha servido de advertencia para aprender, como lo confirmaron los vietnamitas años después, que los pueblos no son grandes y poderosos, firmes y decididos o valientes, por su tamaño geográfico, ni por el grado de riquezas que hayan acumulado durante su existencia. Por esas razones Fidel Castro nos calificó de “pueblo Legendario, Veterano de la Historia y David del Caribe”.

Allá, en el recuerdo, en el registro de la memoria, queda el ejemplo de las mujeres y hombres que participaron y dirigieron esa hazaña, muchos de los cuales murieron levantando con dignidad y firmeza la bandera de la soberanía. Por esas razones la generación actual y las futuras deben tener presente que los principios que sustentan el ordenamiento de una sociedad democrática, que son los de igualdad, salud, educación y justicia social, no pueden olvidarse jamás y que esos principios como un faro gigantesco que no se apague nunca, deben pautar, como camino correcto, acertado, exitoso, el destino de nuestro pueblo.

Ahora, en los momentos actuales, y frente a un futuro que no es halagüeño, por el desequilibrio económico que todavía impera en el escenario americano de Centroamérica y del Caribe, los miembros y militantes del Partido de la Liberación Dominicana estamos obligados, mujeres y hombres, a mantener vivo el recuerdo del gran maestro político dominicano y de América, el profesor Juan Bosch, que fue el personaje inmediatamente después del ajusticiamiento de Rafael Trujillo Molina, en mayo de 1961, que a su regreso del exilio por más de veinte años, sustentado en su extraordinaria experiencia política, adquirida por haber vivido en diferentes países americanos, y adornado por una espontánea vocación de servicio ciudadano, se entregó en cuerpo y alma a elevar el conocimiento, de la lucha política, del pueblo, guiándolo a la victoria del 20 de diciembre de 1962, cuando obtuvo el 60% de los votos depositados en las urnas electorales, imponiendo un record que nadie ha podido igualar.

El ejemplo que ofreció el pueblo dominicano, encabezado por los militares constitucionalistas, Rafael Fernández Domínguez, Francisco Caamaño Deñó, Juan Lora Fernández, Manuel Montes Arache, sus compañeros militares y los civiles patriotas y revolucionarios que les siguieron y apoyaron, se proyectó, años después en el Perú, con el general Juan Velasco Alvarado; Omar Torrijos, en Panamá; Juan José Torres, en Bolivia; y ahora, en estos dramáticos momentos que vivimos, en la figura de Hugo Chávez Frías, presidente de la República Bolivariana de Venezuela. Cuarenta y cinco años después de esa “Epopeya Incompleta”, la suerte está echada, todavía.

Ir arriba


. Horacio Vásquez y Rafael L. Trujillo/Frank Moya Pons
30 enero 2010

En 1929 no era un secreto para nadie que el Presidente Horacio Vásquez estaba enfermo y que su vida podía verse en peligro en caso de que su dolencia se agravara. Todos esperaban que el Vicepresidente José Dolores Alfonseca sucedería a Vásquez y que su primera víctima sería el jefe del ejército, Rafael Trujillo. Pero tanto los opositores de Alfonseca dentro de su propio partido como los opositores al gobierno querían impedirle su llegada al poder, y la única forma posible de hacerlo era a través de Trujillo.

El jefe del ejército vino a convertirse así en la figura clave de aquella coyuntura que fue agravándose a medida que transcurría el año 1929 y que culminó en una crisis cuando Horacio Vásquez finalmente cayó postrado en cama y tuvo que ser trasladado urgentemente a Baltimore para someterse a una operación quirúrgica con el propósito de extraerle un cálculo renal que terminó con la extirpación de uno de sus riñones.

Trujillo había hecho una rápida carrera militar desde su ingreso en la Policía Nacional Dominicana en tiempos de la ocupación militar norteamericana. A medida que fue ascendiendo había ido utilizando su creciente poder para hacer fortuna realizando negocios con la compra de alimentos, ropa y equipo de soldados. Al llegar a la jefatura del ejército, Trujillo se enriqueció más aún e invirtió su dinero en tierras y propiedades urbanas, demostrando con ello poseer un decidido espíritu empresarial y un afán de lucro poco común.

Trujillo aprovechó la desmedida confianza que le dispensaba el presidente Vásquez -quien lo había hecho jefe del ejército en reconocimiento a su demostrado horacismo- para colocar en los mandos claves del ejército a oficiales adictos a su persona aparentando que eran adictos a Horacio Vásquez. Poco a poco Trujillo convirtió aquel cuerpo de orden en un negocio personal y en una maquinaria militar al servicio de sus intereses, aunque momentáneamente sirviera para sostener a Vásquez y apoyar la política del Partido Nacional.

La riqueza de Trujillo era ampliamente conocida y era de conocimiento público que el sistema de compras y aprovisionamiento del ejército era su principal fuente de ingresos. En 1927, por ejemplo, el presupuesto del ejército cerró con déficit y Trujillo no pudo justificar cómo había gastado el dinero ese año. En 1929, en ocasión de un estudio administrativo-financiero que hizo una misión estadounidense contratada por Vásquez para modernizar diversos departamentos del gobierno, se descubrieron las vías de escape del presupuesto militar que Trujillo utilizaba en su provecho.

No obstante las recomendaciones de esa comisión para que fuese corregida la situación, y a pesar de las demandas de los alfonsequistas para que Trujillo fuese removido de su cargo, Vásquez siguió dándole todo su apoyo y se negaba a creer las informaciones que le advertían de los planes de Trujillo para derrocarlo en combinación con varios políticos coalicionistas. La confianza de Vásquez en Trujillo convirtió a éste en una figura intocable del régimen y en un punto de serios conflictos entre el jefe del ejército y el Vicepresidente Alfonseca.

Vásquez salió del país el día 28 de octubre de 1929 y regresó el día 5 de enero de 1930, luego de haber sufrido una seria operación que lo mantuvo al borde de la muerte durante más de un mes y le quitó mucha de su proverbial energía física. Durante esas diez semanas en que Vásquez estuvo ausente, la campaña por la reelección siguió adelante. La situación política se agravó al rumorarse que el jefe del ejército sería destituido por conspirador, y más aún cuando éste se presentó, fuertemente armado y con su escolta en actitud desafiante en las oficinas de Alfonseca.

A partir de entonces se difundió el rumor de que Trujillo conspiraba auxiliado por Rafael Vidal, recluido en la Fortaleza Ozama acusado de homicidio, y por el coalicionista Roberto Despradel. Ambos, Vidal y Despradel, le habían hecho ver a Trujillo que, ante la posibilidad de que Vásquez no regresara vivo, era necesario impedir que Alfonseca continuara en el poder. Tan notorios se hicieron los rumores de esta conspiración que el Ministro estadounidense invitó a Trujillo a pasar por la Legación de Estados Unidos en dos ocasiones para advertirle que su gobierno no reconocería un régimen surgido como resultado del uso de la fuerza. Trujillo protestó en una y otra ocasión declarando ser fiel al gobierno de Vásquez, pero a medida que pasaron los días los preparativos del golpe de Estado seguían avanzando.

Un político llamado Rafael Estrella Ureña, que había sido secretario de Estado de Vásquez y se había separado del gobierno para combatir la reelección, había formado una agrupación llamada Partido Republicano. Este político había aglutinado opositores en la capital y en Santiago, y había celebrado un pacto con los líderes de otros pequeños partidos opuestos a Vásquez, entre los que se destacaba Desiderio Arias, quien dirigía la "pata prieta" del antiguo partido jimenista, ahora bajo el nombre de Partido Liberal. Estrella Ureña también hizo contacto con los velazquistas o progresistas, con quienes acordó integrar una candidatura antirreeleccionista encabezada por Velázquez como candidato a la Presidencia y secundada por él como candidato a la Vicepresidencia.

Pero en realidad, Estrella Ureña sólo estaba reuniendo fuerzas políticas de la Oposición para dar apoyo al movimiento que él y Trujillo habían acordado. A principios de febrero ambos habían convenido en que Estrella Ureña y sus parciales iniciarían un movimiento en Santiago de los Caballeros que se apoderaría de la Fortaleza San Luis y desde allí levantarían un "movimiento cívico" que marcharía con hombres y armas hacia la capital para obligar a Vásquez a renunciar, mientras el ejército, aparentando evitar un derramamiento de sangre, se abstendría de intervenir.

A pesar de las numerosas denuncias que recibió Horacio Vásquez en el sentido de que Trujillo lo estaba traicionando, a ninguna dio crédito pensando en que todas eran obra de las intrigas y pugnas políticas entre el jefe del ejército y el vicepresidente Alfonseca. Esta confianza perdió a Vásquez pues lo cierto es que el golpe estaba planeado para el día 16 de febrero de 1930 y no fue llevado a cabo en esa fecha porque ese mismo día, precisamente, el nuevo Ministro norteamericano viajó a Santiago y los conspiradores no creyeron prudente iniciar el movimiento en la fecha convenida.

El día 23 de febrero, Estrella Ureña y sus partidarios, secundados por Desiderio Arias y Elías Brache, antiguos líderes del jimenismo, dieron inicio a lo convenido. Un tío de Estrella Ureña, el general José Estrella, "atacó" la Fortaleza San Luis y la tomó. Según lo convenido con Trujillo, la guarnición de la fortaleza no opuso resistencia. La marcha hacia la capital se inició de inmediato y tres días más tarde varios cientos de hombres, parcialmente armados con rifles viejos que Trujillo les había enviado subrepticiamente, hacían su entrada en la ciudad de Santo Domingo.

Tras una dolorosa pugna consigo mismo, Horacio Vásquez finalmente se convenció de que el hombre a quien él había encumbrado a la más alta posición militar lo había traicionado. Vásquez se asiló en la Legación norteamericana, a pesar de los esfuerzos de sus amigos para que reaccionara destituyendo a Trujillo. El presidente era ya un hombre viejo, enfermo y cansado que había perdido sus antiguas energías. Vásquez dejó sobre el escritorio el borrador de Decreto con que debía destituir al jefe del ejército. Para no romper con el orden constitucional, Vásquez aceptó negociar con los líderes rebeldes encabezados por Estrella Ureña, mientras Trujillo permanecía en la Fortaleza Ozama esperando los resultados y manejando los hilos de la trama. De estas negociaciones surgió el entendido de que Vásquez nombraría a Estrella Ureña Secretario de Estado de Interior y Policía, que era a quien le correspondía ejercer la Presidencia en ausencia del presidente y del vicepresidente.

Alfonseca y Vásquez presentaron formalmente sus renuncias al Congreso el día 2 de marzo y, al día siguiente, Rafael Estrella Ureña pasó a ocupar la Presidencia de la República, siendo recibido y juramentado por el Congreso el día 3 de marzo de 1930. Un par de días más tarde, Alfonseca y Vásquez tomaron el camino del exilio emb arcándose hacia Puerto Rico. El movimiento del 23 de febrero detuvo la reelección de Vásquez, pero no calmó la intensa agitación política que había con motivo de las próximas elecciones que debían celebrarse el próximo 16 de mayo. Tan pronto Vásquez y Alfonseca salieron del país, los partidos reiniciaron sus campañas pues los progresistas y los coalicionistas que habían apoyado a Estrella Ureña esperaban triunfar en las elecciones, pensando que desde la Presidencia éste podía hacer mucho por la candidatura que había integrado con Velázquez varias semanas atrás.

La Legación norteamericana había declarado que no reconocería ningún gobierno presidido por el general Trujillo a resultas del derrocamiento de Vásquez, y todos confiaban en que las urnas decidirían la pugna por el poder. Pero todos estaban equivocados, pues pocos días después de la juramentación del nuevo presidente se hizo evidente que quien mandaba era el jefe del ejército y que Estrella Ureña no era más que un juguete en sus manos.

Ir arriba


. Recordando el 46 aniversario de la gesta de 1963/Archivo General de la Nación
25 noviembre 2009

Debido a la cantidad de errores gramaticales -y de redacción-, que este corte periodístico tenía en sus orígenes, se hace imperativo señalar que deben existir errores en la escritura de los nombres que se mencionan, lo que no tendría nada de extraño viniendo de la Prensa dominicana. Lo hemos incluído en nuestra página porque recoge los combatientes revolucionarios que subieron a las montañas a defender el gobierno derrocado el 25 de septiembre del 1963.
Con motivo de la conmemoración del 46 aniversario de la gesta que encabezó el doctor Manuel Aurelio Tavárez Justo (Manolo) en 1963, la Academia Dominicana de la Historia, la Comisión de Efemérides Patrias y la Fundación Manolo Tavárez, recordarán a los hombres y mujeres que lucharon por la eliminación de los remanentes de la tiranía de Rafael Leónidas Trujillo Molina; por el retorno al poder, sin elecciones, del profesor Juan Bosch; y por la reinstauración de la Constitución que parió su gobierno.

En el acto que se desarrollará en la sede de la Academia Dominicana de la Historia, este jueves 26 de noviembre, se recordará a los combatientes del Catorce de Junio (1J4) que se alzaron a las montañas a través de diferentes frentes guerrilleros, el 28 de noviembre de 1963, dos meses y tres días después del golpe de Estado perpetrado en septiembre.

Manolo Tavárez, con treinta y tres años de vida -que dedicó sin condiciones a combatir las injusticias, la desigualdad social y la falta de derechos-, cayó asesinado por tropas del Ejército Nacional el 21 de diciembre de 1963, pese a haber negociado su entrega.

El foco guerrillero de Las Manaclas estaba compuesto por 29 combatientes, de los que solamente ocho salvaron la vida. Los caídos en Las Manaclas fueron el doctor Manuel Aurelio Tavárez Justo, el ingeniero Jaime Rafael Ricardo Socias, el doctor José Cabrera González, Juan Ramón Martínez (Monchi), Jesús Antonio Barreiro Rijo (Tony), José Daniel Fernández Matos, el ingeniero Rubén Días Moreno (Rudy), el agrimensor Domingo Sánchez Bisonó, Manuel de Jesús Founder Leonte, Antonio Schott Michel Fernando, Arturo Martínez Torres, Antonio Filión (Manchao), Caonabo Abel Manuel de los Santos Reyes Díaz (Rayito), Alfredo Peralta Michel (Alfredito), Francisco del Carmen Bueno Zapata y Rubén Alfonso Marte Aguazo (Fonsito).

En La Horma, entre San José de Ocoa y Valle Nuevo, murieron Hipólito Rodríguez Sánchez (polo) -Jefe del grupo de los Quemados-, Adolfo González y Negro Rodríguez de Jesús. Fueron capturados Arsénico Ortiz Fernández (cubano), Francisco Peralta Trinidad, Arturo Romero, José Rafael Pérez Modesto, Gonzalo Pérez Cuevas, José Altagracia Suazo y la Dra. Carmen Lora Iglesias (Piky).

En Loma Colorada, jurisdicción de San Francisco de Macorís, fueron capturados Rafael Chaljub Mejía, Luís Adolfo Domínguez, Abel Rodríguez del Orbe, José Anibal Guzmán, Cruz Peralta y Homero Hernández (este último sería muerto años después por una patrulla de la Policía Nacional).

En El Calvario, de Nagua, fueron capturados Manuel de Jesús Checo, el Dr. Nathanael Díaz González, Emil Elías Esmurdoc Ariza, Juan Lantigua Javier, Aquiles Reynoso Paulino, Oscar Edgard Cabral Rodríguez, Ramón Euclides Morillo Martínez y Reyes Saldaña.

En Villa Nizao, Enriquillo, capturaron a José Antonio Moquete Capell, Juan José Javier Reyes, Gil Alberto Pérez Rijo (Belisario), Lilo Coss Batista, el Dr. José Dionisio Bautista Fabián, Angel Luís Pertnella Ceballo (de nacionalidad española) y Federico Cuello Dávila.

En El Fondo -Polo-, Barahona, fueron capturados el Ing. Jaime Capell Bello, el Dr. Enrique Batista Gómez, José Hungría Sánchez, Raymundo Cuevas Sena y Nelio Hernández Bautista.

En la región Este murieron Rafael Faxas Canto (Pipe), Herniquillo Almánzar, Caqui Meléndez y Minaya Fernández.

En Pedro Sánchez fueron capturados José Antonio Contando y Cristóbal Román (Cristobita).

En la región Septentrional murió Félix Jerónimo Escaño Peña y fueron capturados Edmundo Díaz, el Ing. Daniel Matías, Francisco Tello, el Dr. Sostenes Peña Jáquez (muerto después en el asalto a San Francisco de Macorís durante la Guerra de Abril de 1965) y el Dr. Juan Miguel Román (muerto heroicamente en el asalto al Palacio Nacional durante la Guerra de Abril de 1965).

En Los Quemados, Bonao, fueron capturados Juan José Matos Riveras, Marcelino Grullon Jiménez, Teódulo Radhames Guerrero, el Dr. Bienvenido Aquino Pimentel, Benito Alejo German Vargas, Arquímedes Pagan Feliz, Eduardo Rosa Aristy, el Ing. Manuel Lulo, Antonio Mirabal Jiménez, Julio Lora Genao, Freddy Reyes, Marcelino Antonio Rosado, José Romero Bello Suriñach, Julio Enríquez Montandón, Marcelino Antonio Vargas Jaquez, Zoilo Batista, Hugo Alberto García Muñoz, Ángel Rafael Abud y Manuel de Regla Medrano.

Ir arriba


. Valor histórico del 5 de julio de 1961/Tony Raful
30 junio 2009

Solamente las experiencias del Partido Socialista Popular en 1947 y el Movimiento Popular Dominicano en 1960, constituyeron desafíos políticos al tirano en la lucha interna pública por la democracia y la libertad. Estos ensayos fueron sofocados en sangre por Trujillo y en ambas oportunidades la dictadura aprovechó la situación de acoso internacional y ofreció supuestas garantías para el desarrollo de las ideas políticas y las luchas opositoras.

En 1947, como consecuencia de los vientos democráticos que soplaban en el mundo sobre los restos calcinados del nazifacismo, Trujillo se presentó como gobernante democrático que auspiciaba bajo su mando la convivencia de partidos y fuerzas de oposición. Pero Trujillo fue uno de los farsantes más conspicuos que hayan existido, y aquel movimiento de apertura, al cual se acogieron los líderes del exilio, agrupados en el PSP regresando al país, se convirtió en sainete sangriento a los pocos meses, cuando algunos de ellos fueron asesinados como Freddy Valdez y otros apresados, torturados y obligados a buscar asilo en las embajadas latinoamericanas.

Todavía algunos años después el brazo largo de Trujillo secuestró y desapareció en La Habana al líder obrero Mauricio Báez, uno de los dirigentes del Partido Socialista Popular que desempeñó un papel estelar en la lucha pública de 1947 y quien había eludido la persecución consiguiendo refugio diplomático. En 1960, bajo el repudio continental a su dictadura obsoleta y bajo el cerco de aislamiento creciente, así como la pérdida de apoyo norteamericano, volvió a ofrecer "garantías" a los exiliados anti trujillistas para que regresaran a la nación y desenvolvieran sus actividades públicas en un clima de seguridad y participación igualitaria.

La oferta fue aceptada de inmediato por el aguerrido e indoblegable Movimiento Popular Dominicano, cuya tesis fundacional fue sintetizada en la consigna de "Lucha interna o Trujillo siempre". Las actividades de este grupo fueron bañadas en sangre por Trujillo ante el sorpresivo auge que tomaron sus acciones de masas y sus denuncias públicas contra la tiranía, desapareciendo a 89 jóvenes y sometiendo a bárbaras torturas y escarnios a sus dirigentes principales, Máximo López Molina y Andrés Ramos Peguero.

El ajusticiamiento de Trujillo por un grupo de valientes la noche del 30 de mayo de 1961 obligó a sus sucesores y remanentes a emplear la misma táctica de su difunto jefe, de ofrecer "garantías" a los exiliados para que retornaran a ejercer sus derechos civiles y políticos, con la finalidad de ganar tiempo en la recomposición del cuadro político y asegurar la continuidad de proceso trujillista bajo la impronta de las nuevas condiciones exigidas por la comunidad internacional de democratización del régimen y apertura de libertades. Fue entonces, cuando arribaron a territorio nacional integrando la llamada "Comisión de la Libertad", Ángel Miolán, Ramón A. Castillo y Nicolás Silfa, delegados del Partido Revolucionario Dominicano, la organización más representativa del exilio.

Encontraron un país en penumbras bajo el clima de nostalgia trujillista que aún lloraba la pérdida de su caudillo, un país aterrorizado bajo vigilancia de la maquinaria intacta de los servicios de inteligencia y represión. Fue así como esa comisión del PRD inició de inmediato el combate cívico por las libertades públicas estremeciendo la nación con su predicamento de democracia y justicia social. El PRD prendió la chispa del despertar movilizador de las masas con sus convocatorias populares, se enfrentó a la furia desenfrenada de los agentes trujillistas que pretendieron cerrarle el paso en sus recorridos por apartadas carreteras y municipios.

Los hombres que llegaron el 5 de julio de 1961 hicieron un pacto con la muerte o con la victoria, no son desmerecidos en el altar de los reconocimientos de los valientes que dieron la cara para siempre en aquel interregno histórico. Junto a ellos, desde el primer día estuvo nuestro inolvidable José Francisco Peña Gómez, quien se convertiría en el líder de masas de mayor incidencia y conducta democrática de nuestra historia contemporánea. No se puede hablar de la democracia en nuestro país sin rendir homenaje a esta fecha gloriosa, a este cinco de julio de 1961, claridad refulgente sobre el cielo oscurecido de la peor y más horrible dictadura de América.

El 5 de julio nos dio las libertades abonadas con la simiente de los mártires, nos dio el primer gobierno democrático presidido por Juan Bosch, nos dio la constitución más progresista de nuestra historia, nos enseñó a identificar los males sociales y a los grupos oligárquicos, nos condujo al combate contra los golpistas de 1963 y a la lucha por la defensa de la soberanía nacional y por la constitucionalidad.

Ir arriba


. Escenas inolvidables del golpe de Estado de 1963/Tony Raful
7 julio 2009

Los militares golpistas no desconocían la terquedad ética, el invariable sentido de dignidad que encarnaba la figura de Juan Bosch, por ello soliviantaron la paz pública pretendiendo negarle al Presidente su facultad constitucional de sustituir o cancelar nombramientos militares, provocando la crisis y facilitando sus planes desestabilizadores.

Lo que sucedió la madrugada del 25 de septiembre en el Palacio Nacional fue realmente increíble. Los golpistas convocaron a todos los sectores militares para comprometerlos en la aventura sediciosa. En un salón de la segunda planta del Palacio de Gobierno estaban los principales cabecillas del golpe, cuando entró el embajador John B. Martin, quien llevándose las dos manos a la cabeza y fuera del comportamiento habitual como diplomático, empezó a gritar señalando que había que echar para atrás el Golpe, que Estados Unidos no reconocería dicha asonada, que se trataba de une error de proporciones impredecibles para la estabilidad democrática.

Un alto oficial presente lo llamó aparte en la amplia sala y le dijo que tuviera cuidado por la forma en que se dirigiera a los militares, que estos podían reaccionar indebidamente y que estaban nerviosos. La advertencia de ese oficial apuntaba al hecho de que los militares golpistas eran fieras sin sentido histórico, que no comprendían las magnitudes del hecho que materializaban, ni sus consecuencias.

En verdad se trataba de militares que venían del trujillismo, que debieron ser sustituidos de los mandos militares el mismo 27 de febrero de 1963 cuando Bosch tomó posesión de la presidencia, con una mentalidad arbitraria y represiva, sin escuela ni tradición democrática, quienes habían sucumbido a la propaganda aviesa anticomunista que se articuló contra el gobierno democrático liberal de Bosch. El héroe nacional Antonio Imbert era odiado por muchos de ellos quienes no le perdonaron nunca el haber matado a su Jefe, quien desgobernó por treinta años esta desdichada nación, por ello en gran medida, el ex presidente Bosch permitió o pidió que éste lo acompañara en su deportación marítima, sintiéndose seguro con su presencia y no con la de los oficiales trujillistas.

Este hecho fue tan real que el propio general Imbert ha narrado en diversas ocasiones que seleccionó a un grupo de militares jóvenes para que lo acompañaran en la fragata para conducirlo a Guadalupe y velar por su seguridad, y que se sorprendió cuando el Presidente Bosch le dijo que no podía participar en el almuerzo con un hijo del general Fausto Caamaño, alto oficial trujillista quien fue secretario de las Fuerzas Armadas, como lo era el coronel Francisco Caamaño Deñó. Ese Caamaño que Imbert seleccionó no era todavía el gigante que defendería la dignidad patriótica y la constitucionalidad meses después, sino el oficial arbitrario cuya mentalidad no había evolucionado aún a los niveles democráticos y nacionalistas que lo hizo al calor de la gesta de 1965.


Todo esto no desmerita a Caamaño sino que explica la complejidad del destino histórico y rememora el ejemplo bíblico de San Pablo, perseguidor implacable de cristianos quien luego se convertiría en propagador y organizador de la religión cristiana, sembrando un modelo de fe inconmovible en los dones del espíritu y del amor.

Bosch exoneró públicamente al general Imbert de responsabilidad política e histórica en el golpe de Estado. Esta afirmación de Bosch no fue gratuita sino dirigida a estimular enfrentamientos, resaltar la condición histórica de Imbert Barreras, ganada a tiros la noche trascendental del 30 de mayo de 1961 y contribuir a agudizar la contradicción de los militares trujillistas con Imbert, contradicciones que se manifestaron con violencia una y otra vez en el decurso de los acontecimientos históricos.

El pueblo no salió a las calles a defender a su gobierno constitucional derrocado. El Triunvirato anuló la convocatoria a huelga general de las principales centrales obreras en repudio al Golpe, decretando tres días no laborables, el Partido Revolucionario Dominicano estaba en reflujo político como consecuencia de las diferencias agudas entre el presidente Bosch y Ángel Miolán, agravado con las deportaciones y prisiones de sus principales dirigentes. Solamente la sangre generosa de Manolo Tavárez y la de sus compañeros del 14 de Junio escenificaron la resistencia y protesta armada contra aquella iniquidad en una acción ineficaz desde el punto vista militar, aislada de la base popular de esa organización, pero útil como sacrificio conmovedor y despertar de la conciencia democrática anti golpista.

En Washington las contradicciones entre el Pentágono y el Departamento de Estado estaban al rojo vivo manifestándose sobre el escenario del golpe de Estado a Juan Bosch. Estas pugnas de las que hablaremos con detalles próximamente culminaron en la tragedia de Dallas, Texas, la tarde del 22 de noviembre de 1963, cuando el joven presidente de Estados Unidos cayó asesinado como consecuencia de un complot en el que participaron la mafia, lo peor del exilio cubano, los intereses petroleros y la industria de la guerra, bajo el estímulo de lo que Bosch llamaría años después "el pentagonismo".

Ir arriba


. Vicisitudes de Duarte/José del Castillo Pichardo
24 enero 2009

Vicisitudes de Juan Pablo Duarte es el acertado título dado a una obra de Juan Daniel Balcácer que presenté hace unos años como parte de la colección cultural del Banco Central. Fruto de la erudición histórica y el fervor duartiano de este investigador acucioso, en ella se reivindica la figura del patricio, rescatándola del olvido, liberándola de la suerte de ostracismo al que ha sido condenado nuestro padre fundador en la memoria social de sus conciudadanos.

"Duarte es un singular ejemplo de devoción y entrega a la causa de la libertad de nuestro pueblo: por los riesgos y peligros que afrontó en el decurso de esa lucha redentora; por los innumerables obstáculos que superó a lo largo del proceso independentista; por el alto precio político y familiar que pagó, al no brindarse para que su liderazgo se convirtiera en fuente de discordia entre sus compatriotas; y, sobre todo, por el injusto olvido al que fueron relegadas su vida y su obra política, por virtud del caudillismo y del desmedido culto a la personalidad imperante en la sociedad dominicana desde la Primera República".

Así resume su tesis Juan Daniel Balcácer, un analista sereno y expositor brillante de sus ideas que se ha dedicado como el que más a los estudios duartianos entre los miembros de su generación. Autor de una biografía para niños y jóvenes del patricio, inauguró en 1994 la cátedra Juan Pablo Duarte de la Universidad Católica de Santo Domingo y encabezó, en solitario, la defensa de la primacía de Duarte en la fundación de la República, en el marco de una célebre polémica desarrollada en 1980. Con la ilustre presencia en el panel contrario de destacados intelectuales y líderes políticos.

Recuerdo esa memorable ocasión en el patio de la Casa de Bastidas. Un joven que frisaba los 30 se batía con hidalguía y donosura de estilo blandiendo argumentos contundentes, frente a colosos intelectuales del momento (historiadores consagrados, catedráticos universitarios experimentados, polemistas probados en los foros públicos). Y en presencia de uno de los líderes de mayor gravitación política e intelectual de las últimas cuatro décadas, Juan Bosch, quien servía como testigo moral de ese debate. Fue un encuentro entre David y Goliat, del cual, como la historia bíblica, David salió vencedor.

En estos días he repasado y repensado este texto. De su lectura emerge la personalidad atormentada de Duarte, consagrada en forma febrilmente religiosa a la idea de la formación de un Estado independiente, soberano, republicano, democrático, liberal y representativo. Civilista justo e idealista, capaz de martirizar su existencia y la de su familia en pos de la causa nacional. Designado por Joaquín Balaguer el Cristo de la Libertad en un magnífico ensayo biográfico.

Victimizado desde los inicios de la República, al igual que sus compañeros de partido, mediante la Resolución No.17 de la Junta Central Gubernativa que lo condenó al ostracismo de por vida, con órdenes de ser fusilado en caso de ingresar al territorio nacional. Un acto cruel, calificado por el propio afectado como parricida. De esta forma, parafraseando al patricio, el Estado surgido hace 165 años devendría a pocos meses de su nacimiento un Estado parricida, al irradiar de su esfera de soberanía a su padre fundador, junto a sus más leales partidarios.

El 10 de septiembre de 1844 nos recuerda Balcácer, "humillado, engrillado y confinado en la Torre del Homenaje", Juan Pablo Duarte fue puesto a bordo de una embarcación que le conduciría a un nuevo exilio de 20 años en Venezuela. Los trinitarios, calificados de "traidores e infieles a la Patria", eran desterrados a perpetuidad del país. Este triste episodio fue recogido por Duarte en unos versos que rezan así:
"Lanzados fueron del suelo
Por cuya dicha lucharan;
Proscriptos, sí, por traidores
Los que de lealtad sobraban
".
Su madre Manuela Diez también fue deportada en 1845, junto a hijos y nietos, radicándose en Caracas en una suerte de "mansión del dolor", como denominara Emiliano Tejera el hogar de los Duarte. Este cuadro de adversidades debió influir en el ánimo abatido del patricio, llevándole a internarse en la región amazónica venezolana por espacio de doce años, practicando el comercio en una etapa de su vida rodeada de misterio, en la que se vinculó al padre Sangenis, estudiada por los historiadores Roberto Marte, Alfonso Lockward y Luis Cordero Velázquez.

Tendrían que resonar los clarines restauradores en plena Anexión a España para que Duarte regresara de Venezuela por Montecristi en 1864, acompañado, entre otros, por mi bisabuelo Manuel Rodríguez Objío, para ponerse al servicio de la causa nacional. En carta dirigida al gobierno de Santiago señala los motivos de su retorno.

"Arrojado de mi suelo natal por ese bando parricida que empezando por proscribir a perpetuidad a los fundadores de la República ha concluido con vender al extranjero la patria cuya independencia jurara defender a todo trance; he arrostrado durante veinte años la vida nómada del proscrito sin que la Providencia tuviese a bien realizar la esperanza, que siempre se albergó en mi alma, de volver un día al seno de mis conciudadanos, a consagrar a la defensa de sus derechos políticos, cuanto aún me restase de fuerza y vida. Pero sonó la hora de la gran traición en que el Iscariote -en clara referencia a Santana- creyó consumada su obra y sonó también para mí la hora de la vuelta a la Patria".

Designado en misión diplomática en Sudamérica por el gobierno restaurador, con la finalidad de agenciar el reconocimiento a la causa nacional, desempeñó estas funciones, alejado de las luchas internas que afectaban al bando restaurador. Orillado definitivamente del escenario dominicano, el 15 de julio de 1876, agravado por una severa tisis, murió en Caracas a los 63 años.

La obra de Balcácer muestra las penurias que en vida persiguieran, como sombra maldita, a Juan Pablo Duarte. Junto a una adversidad mayor: el peregrinaje de su huella patricia en el curso posterior de la historia dominicana. La dificultad por lograr reconocimiento a su obra fundacional, el regateo a sus méritos. Y peor aún, la relegación de los valores éticos y políticos que dieron sentido a su protagonismo en la escena pública.

Balcácer da en el clavo al aportar las razones de las tribulaciones del Duarte vivo y del patricio postergado: la imposición temprana de los caudillos de "a caballo" y sable en mano. De los autoritarios al modo de Santana, Báez, Lilís y Trujillo sobre los civilistas de temperamento democrático como Espaillat, Billini y Bosch. La preeminencia del tufo conservador sobre el aliento liberal en las instituciones del Estado. El culto a la personalidad, el clientelismo político y el patrimonialismo en el ejercicio del mando. Todos factores que han impedido que los Duarte cobren vigencia efectiva.

Algunos datos son reveladores del lugar que ocupa Duarte en la percepción de sus conciudadanos de hoy. Una encuesta sobre cultura política realizada en 1994 por el Proyecto Iniciativa Democrática de la PUCMM, arrojó que sólo alcanzaba el 5% de las preferencias entre los entrevistados, como la persona más admirada del país. Una encuesta posterior prácticamente lo borró del mapa.

Algo que reitera la trayectoria azarosa que ha debido recorrer la valoración del patricio, todavía afectada por los detractores de su fama y los sepultureros de su estampa. Desde el debate surgido en 1893 a raíz de la iniciativa del Ayuntamiento de Santo Domingo para levantar una estatua conmemorativa, librado entre sanchistas y duartistas en torno a la titularidad del rango de Padre de la Patria, con reediciones posteriores. Pasando por la controversia sobre el papel de Santana como figura militar en las batallas frente a Haití versus la importancia política de Duarte y sus partidarios.

En víspera de la fecha natalicia del patricio la lectura de la obra de Balcácer es un ejercicio tonificante del espíritu. De sus páginas sale un llamado que nos convoca a todos a mirar hacia la agenda que Duarte nos legara. Una agenda de alguien que nunca quiso ser "piedra de escándalo ni manzana de la discordia". Para quien "todo pensamiento de mejora en que el sentimiento nacional se postergara a la conveniencia de partidos debería siempre reprobarse".

Ir arriba


De héroes y demócratas verdaderos/Víctor Grimaldi
12 septiembre 2008

Hace unos meses, a raíz de la publicación de mi libro más reciente "Sangre en el Barrio del Jefe" el honorable presidente de la Cámara de Diputados, licenciado Julio César Valentín, me habló de su deseo de realizar un simposio con motivo de la conmemoración del 47 aniversario del suceso heroico del 30 de mayo de 1961. Luego me hizo llegar una carta invitándome a exponer en el simposio organizado alrededor del sugestivo tema: "La Dictadura de Trujillo, Una Mirada desde la Democracia". En su carta el licenciado Valentín especificaba que los panelistas expondríamos libremente nuestros puntos de vista en el salón de sesiones de la Asamblea Nacional.

Le acepté su cordial invitación y en el panel celebrado el 30 de mayo del 2008 empecé destacando la fecha del 19 de noviembre de 1911, cuando en Moca fue asesinado el presidente Ramón (Mon) Cáceres Vásquez. Vale recordar que doce años antes Mon Cáceres formó parte del complot que le quitó la vida a Ulises Hereaux (Lilís). Cincuenta años después de la muerte de Mon Cáceres, el 19 de noviembre de 1961, un movimiento de civiles y militares logró ponerle fin al control de las Fuerzas Armadas
Dominicanas que ejercía Rafael Leonidas Trujillo hijo, tras la muerte de su padre el 30 de mayo de aquel mismo año.

Por la importancia que la mente humana le da a ciertas cifras cuando hace el recuento del tiempo, es muy probable que en el año 2011 en la República Dominicana se recuerden esas dos fechas con mucha atención. Los acontecimientos que se produjeron antes y después del 1911 y 1961 están concatenados. Andan vinculados en una relación de causa y efecto, de orígenes y consecuencias, de importantes procesos sociales e históricos del pueblo dominicano.

La muerte de Cáceres nos condujo a una etapa de guerra civil y cambios de gobierno que favoreció la ocupación militar norteamericana de 1916. A la eliminación física de Rafael Leonidas Trujillo Molina el 30 de mayo de 1961 siguió una etapa de luchas por las libertades democráticas. Pero fue solo durante el Gobierno Constitucional de Juan Bosch que el pueblo dominicano disfrutó de plena libertad. Bosch fue derrocado por el golpe de Estado de 1963. Ese golpe tuvo como respuesta la Gesta de la Libertad iniciada el 24 de abril de 1965, punto de partida o acontecimiento más importante protagonizado por el pueblo dominicano en el Siglo XX, en una jornada popular y militar mediatizada por la usurpación del suelo patrio por las Fuerzas Armadas Norteamericanas durante los años 1965 y 1966.

El proceso que siguió tras la ocupación norteamericana de 1916 a 1924 nos llevó primero al gobierno de seis años de Horacio Vásquez y luego a la dictadura que por 31 años encabezó Trujillo. La reorganización y modernización del Estado durante este período produjo la reestructuración de su aparato militar, que adquirió un poderío capaz de aplastar cualquier amenaza o desafío armado proveniente del interior de su territorio o de playas extranjeras. Con Trujillo terminó la era de las revueltas macheteras y su aparato represivo fue capaz de arrodillar o destruir de manera inmisericordiosa las expediciones que llegaron de distintos puntos de la región caribeña.

Un desenlace de ese tipo fue el que desgraciadamente les tocó a los expedicionarios que llegaron en la segunda mitad del mes de junio de 1959 desde Cuba. Sin embargo, sembraron la simiente de la libertad. Alentaron la toma de conciencia. Encendieron la llama de la lucha por la justicia social. Trazaron un camino para los jóvenes idealistas dominicanos que en los comienzos del decenio de los años 60 protagonizaron las jornadas de lucha por la democracia política en suelo quisqueyano.

La gesta de 1959 fue el primer desafío bélico consistente, realizado con un efecto fallido para los jóvenes revolucionarios antitrujillistas, desde que se modernizó el aparato militar del Estado dominicano tras las guerras civiles que siguieron a la muerte del presidente Cáceres. La dictadura de Trujillo fue capaz de derrotar esa amenaza y todos los intentos anteriores y posteriores que se hicieron para derrocarla mediante acciones internas.

Sin embargo, el desgaste que se da en el tiempo que acumulan los procesos sociales y la coyuntura internacional favorecieron el derrumbe de la dictadura dos años después de la gesta de 1959. En 1961, cuando Trujillo cae físicamente acribillado a tiros por los héroes del 30 de mayo entraron también en juego los factores individuales o personales que le pusieron fin a su vida. Debemos subrayar aquí las características del grupo que se aglutinó para eliminar físicamente a Trujillo, especialmente la decisión y el coraje del personaje clave del grupo de acción en la conjura: Antonio De la Maza, y las motivaciones que le indujeron a decidirse a matarlo.

A quien desee entender el destino mortal y físico de Trujillo le sugiero mi libro "Sangre en el Barrio del Jefe". Al que esté interesado en conocer la geopolítica del derrocamiento del régimen trujillista, le recomendaría mi otro libro: "Tumbaron al Jefe". Quien busque profundizar en los orígenes, desarrollo y sentido de la dictadura le sugiero la excelente obra del doctor Euclides Gutiérrez Félix, "Trujillo, Monarca sin Corona". Si alguien, además, quiere conocer la historia que siguió inmediatamente después del 30 de mayo de 1961 hasta el 1966, le recomiendo mi libro "Golpe y Revolución", que trata sobre el derrocamiento de Juan Bosch y la intervención norteamericana.

El simposio celebrado en el Salón de la Asamblea Nacional fue motivo para entregarle al licenciado Valentín copia de cuatro documentos que hasta este momento eran desconocidos públicamente. Se trata de los interrogatorios practicados por la rama de inteligencia de la Aviación Militar Dominicana (que actualmente se conoce como Fuerza Aérea Dominicana) a Zacarías de la Cruz -chofer de Trujillo, a Huáscar Tejeda, Salvador Estrella Sadhalá y Roberto Pastoriza con relación a los hechos del 30 de mayo de 1961. Presumo que estas piezas -las cuales tienen fecha del día 6 del mes de septiembre de 1961 y son distintas a las incluidas en el expediente preparado mucho tiempo antes por el fiscal Teodoro Tejada y el juez de instrucción Wilfredo Mejía Alvarado-, habrían formado parte de la investigación especial que se supone quiso realizar Ramfis Trujillo sobre la ejecución de su padre.

Los documentos que entregué, para que conste ante la historia, son los interrogatorios practicados el 6 de septiembre de 1961 por la oficina de inteligencia de la Aviación Militar Dominicana a las siguientes personas:
- Zacarías de la Cruz, chofer de Trujillo.
- Salvador Estrella Sadhalá, atacante de Trujillo.
- Huáscar Tejeda Pimentel, atacante de Trujillo.
- Roberto Pastoriza Neret, atacante de Trujillo.

Cada vez que descubro nuevos testimonios sobre el 30 de mayo de 1961, incluyendo los documentos citados, me reafirmo en la convicción -que sostiene originalmente el profesor Emilio Cordero Michel-, de que Antonio De la Maza fue el alma y el motor de ese acto heroico. No patriótico, pero heroico, pues un acto patriótico es el que se realiza para defender las esencias de la nación, incluyendo su territorio, cuando es amenazado por fuerzas invasoras extranjeras.

Entiendo y sostengo que el heroico 30 de mayo no es el Día de la Libertad, sino el de la eliminación física del dictador, como lo fue el ajusticiamiento de Lilís el 26 de julio de 1899. El 19 de noviembre de 1961, cuando la familia de Trujillo pierde el control del poder, comienzan a sentirse vientos de libertad. Durante el corto período de transición que encabezó el presidente Joaquín Balaguer no hubo plenas libertades. Durante el Consejo de Estado presidido por el licenciado Rafael Bonnelly durante el año 1962 hubo represión, deportaciones y dominicanos exilados, además de la matanza de Palma Sola ocurrida en diciembre de 1962.

Es a partir del 27 de febrero de 1963, con el gobierno del profesor Juan Bosch, cuando por primera vez en su historia moderna el pueblo dominicano descubre que todos los días son de libertad plena y de respeto a los derechos humanos en forma casi absoluta. Por primera vez la historia dominicana contemporánea registró la vigencia del Estado de Derecho a plenitud. El 25 de septiembre de aquel mismo año ese proceso se interrumpió con el golpe de Estado, pero el 24 de Abril de 1965 se inició la Gesta para restablecer el ejercicio de la Libertad. Sin ese esfuerzo, sin la sangre y el sacrificio de miles de dominicanos que ofrendaron entonces sus vidas hoy no disfrutaríamos del sistema democrático y representativo que nos permitió reunirnos en el Salón de la Asamblea Nacional. Fueron los hechos y acuerdos que surgieron de la Gesta de Abril las que dieron fundamento al Estado de derecho de que hoy disfrutamos.

Ni yo ni nadie puede regatearle el carácter heroico al 30 de mayo, pero de ese acontecimiento se derivaron circunstancias inmediatas que frustraron los anhelos libertarios y patrióticos del pueblo dominicano debido a las distorsiones impuestas por personeros que manipularon el suceso histórico en su favor particular.

La gesta del 24 de Abril de 1965 es el verdadero símbolo nacional de libertad del pueblo dominicano. Es como la toma de la Bastilla, el 14 de julio de 1789, para el pueblo francés. Es el suceso cardinal de la historia vivida y conocida por los dominicanos que nacimos antes y después del 30 de mayo de 1961. Con el 24 de abril comienza a reafirmarse el deseo libertario del pueblo dominicano, extendido a hecho patriótico cuando a partir del 28 de abril de 1965 comienza la Guerra Patria contra el invasor extranjero. No debemos olvidar el hecho de que los oficiales y guardias constitucionalistas tenían una conciencia patriótica y democrática en 1965 pese a haber sido formados en las entrañas de la dictadura trujillista.

Este es un tema que deberá de ser abordado por historiadores honestos que tanta falta hicieron durante los últimos cuarenta y siete años. Como también deberá reconocérsele a Juan Bosch como el verdadero Padre de la Democracia Dominicana, lo que dije y propuse en el Salón de la Asamblea Nacional el pasado 30 de mayo ante legisladores y público en general.

Ir arriba


. Independencia y soberanía/Euclides Gutiérrez Félix
25 febrero 2008

Pasado mañana, miércoles 27 de febrero, se cumple un nuevo aniversario de la proclamación de la independencia de la República, y como habíamos señalado en una columna anterior de ese dramático episodio, el más dramático de todos en la historia dominicana, se cumplen 164 años. La primera fase de la nacionalidad, que no esta concebida ni creada por nadie en el orden particular; que en términos científicos y objetivos es una categoría histórica, consecuencia de un largo proceso de identidad que se manifiesta en primer lugar en aquellas sociedades que hablan la misma lengua, que tienen las mismas costumbres y hábitos de vida y están establecidas en un mismo escenario geográfico. Para que una sociedad llegue al estadio de conformar una nación debe existir un profundo sentimiento de patriotismo.

La primera manifestación de patriotismo que se conoce en la historia del pueblo dominicano fue en el año de 1795, cuando las autoridades coloniales españolas de la parte oriental de la isla llevaban al conocimiento de los moradores de la ciudad capital la noticia de que España, derrotada por las tropas revolucionarias de Francia, había entregado a esa nación, a través del Tratado de Basilea, los derechos de propiedad sobre lo que había sido el primer establecimiento colonial de los conquistadores europeos, en las tierras de América que Colon había incorporado a la colonia española. ¡Isla mía, Patria mía! exclamó Tomasa Cruz, mulata, mujer humilde del pueblo y cayó muerta en la esquina formada por las calles que hoy se conocen como calle El Conde y Arzobispo Meriño. Transida de dolor, aquella mujer cuyo nombre, ingratamente, los ayuntamientos de Santo Domingo han olvidado, hizo público con su trágica exclamación, el profundo sentimiento de dolor que sentía por la tierra en que había nacido, crecido y vivido.

El 27 de febrero de 1844 el proceso de formación de esa conciencia que determinó el nacimiento de la nacionalidad se manifestó con virilidad, decisión y firmeza en el Baluarte de la Puerta del Conde, auspiciando la aparición de un movimiento republicano, inspirado por Juan Pablo Duarte y organizado por jóvenes que apenas alcanzaban los treinta años de edad.

Se inició en aquel momento la marcha de un tormentoso y difícil camino de vicisitudes que pasó en el orden sucesivo por La Anexión a España, en 1861, inconsulta decisión de Pedro Santana y su camarilla gobernante, La Restauración de la República, en 1863,la Guerra de los Seis Años, en 1868, La Primera Intervención Militar de los Estados Unidos en 1916 y más luego, la Segunda Intervención Militar de los Estados Unidos en 1965. Muchas veces el autor de esta columna ha dicho, y lo seguirá diciendo, que el pueblo dominicano, actor solitario de su historia, con una personalidad definida, con matices propios, no tiene quien lo supere en la historia del nacimiento, desarrollo en el orden colonial y el establecimiento de la República de los pueblos americanos.

Para crear y consolidar la nacionalidad, la independencia y la soberanía de esta nación, nos hemos visto obligados, desde su misma génesis como sociedad fundada por los colonizadores, a luchar, comenzando por los aborígenes que poblaban la isla contra españoles, como lo hicieron Caonabo y Mairení, Enriquillo, los Negros Cimarrones, Juan Guzmán, Juan Vaquero, Diego de Ocampo, que traicionó la lucha de sus hermanos y el más sobresaliente y peligroso de todos como lo fue Sebastián Lemba. Más luego, en el proceso posterior a Las Devastaciones de 1605 y 1606, los criollos españoles, blancos y mulatos, derrotaron en 1655 a las tropas inglesas de Oliverio Cromwell y en 1691, en La Batalla de la Limonada, liquidaron las huestes francesas que se habían establecido en el Noroeste de la isla.

El grito de muerte de Tomasa Cruz, cien años después, fue la expresión y la síntesis de ese admirable proceso de violencia que vivieron los criollos españoles de la parte oriental de la isla de Santo Domingo. De allá a hoy, doloroso, duro, de derrota a veces y a la larga de victorias siempre, glorioso, ha sido el trayecto que el destino nos impuso. Ciento sesenta y cuatro años después, definida la nacionalidad, fundamentada en una sola lengua, en hábitos y costumbres de vida, porque somos la primera democracia racial de América y del mundo, la República avanza sin premura, bajo un concepto y una idea de nación que sustenta el Partido que dirige los destinos del pueblo, que mayoritariamente apoya y tiene confianza en su presidente y en el equipo que lo dirige.

El miércoles 27 debe ser día de reflexión y de firme decisión para mantener viva, por siempre, la República que fundaron hace tantos años aquellos jóvenes intrépidos que hicieron flotar en el Baluarte del Conde la bandera azul, roja y blanca, como símbolo de redención de los dominicanos y como expresión heroica, indeclinable, de independencia y soberanía. ¡Honor y gloria a los fundadores de la República, a los héroes de La Restauración y a todos aquellos, mujeres y hombres, que han luchado y ofrendado sus vidas en emotiva expresión de patriotismo!

Ir arriba


La gran epopeya/Euclides Gutiérrez Félix
20 agosto 2007

El jueves 16 de la semana pasada se conmemoró, aunque la expresión que cabe es se festejó, el 144 aniversario de La Restauración de la República. En infinidad de ocasiones hemos calificado ese episodio inmortal, ejemplo de patriotismo, valor y heroísmo de nuestro pueblo que conmovió la conciencia de América por haber sido un esfuerzo espontáneo, no igualado, como la Gran Epopeya. México a quien la traición de la oligarquía de ancestro colonial impuso un príncipe europeo como emperador, con la complicidad de Napoleón III, rescató su soberanía, en un esfuerzo viril y heroico también, con la diferencia de la extensión territorial y la riqueza de ese país y en la etapa final de su lucha bajo el liderato de Benito Juárez, con la ayuda económica y militar del gobierno de los Estados Unidos.

La Restauración de la República para el pueblo dominicano ha sido y lo es todavía su Gran Epopeya, porque además del escenario material de pobreza en que vivía nuestra familia en una extensión aproximada de 50 mil kilómetros cuadrados la cantidad de habitantes apenas llegaba a 190 mil. Esta apreciación fue la que hizo Mariano Álvarez, Cónsul de España, en sus memorias de abril de 1860, aunque señala en las mismas, sin dar crédito a esa cifra, que algunos estimaban que la población total ascendía a 250 mil almas y él dividía esta cantidad en diez partes: "8 son de origen africano y europeo, entre mezclado, y el resto españoles y criollos. En la provincia de Santo Domingo es en la que hay más negros procedentes de las haciendas de los españoles. Las poblaciones de Moca, San José de las Matas, San Francisco de Macorís, El Seybo, Sabana de la Mar, Baní, San José de los Llanos y Bayaguana son los que llaman blancos aquí; en Neyba son indios y desde Santiago a Guayubín o Dajabón, limite con Haití son blancos; y un negro dominicano al hablar de los de Haití dice Negros haitianos, y se llaman así propios españoles y blancos".

Fue ese pueblo de negros que se decían blancos, de blancos que en realidad eran jabaos, en su inmensa mayoría y de mulatos, que hizo morder a España el polvo de la derrota y que demostró al mundo, con una fiereza y decisión propias, muy propias, que un pueblo pequeño en términos geográficos y de habitantes unido, podía derrotar en un escenario insular a una nación europea que aunque en proceso de decadencia económica y militar seguía siendo la patria de los soldados que Napoleón Bonaparte calificó como "los mejores del mundo". Nuestro pueblo descalzo, mal vestido, carente de instrucción, sin ayuda económica y militar de ningún otro país, actor solitario de su historia, sentó las bases en la historia moderna de una guerra de carácter irregular, fundamentada en el decálogo que concibió y escribió Matías Ramón Mella, Vicepresidente de la República en Armas y Ministro de Guerra del Gobierno Restaurador.

Es necesario señalar y recordar que no fue Luperón el personaje histórico de más categoría en la Guerra de La Restauración, los mismos méritos y el reconocimiento que distinguen a Luperón lo merecen también Pepillo Salcedo, Primer Presidente del Gobierno Patriótico Restaurador; Gaspar Polanco, sin importar los errores que cometió en el ejercicio del mandato que le fue otorgado; y Pedro Pimentel, que al igual que Salcedo y Polanco fue héroe y prócer de La Independencia. Fue Pimentel a quien le correspondió denunciar y no aceptar el llamado Pacto de El Carmelo, que quería imponer el general La Gándara, en junio de 1865, condicionando el abandono del territorio dominicano de las tropas españolas. Ellos ejercieron la presidencia de la República en Armas y no resta los méritos de Luperón, que sin lugar a dudas fue el héroe popular de ese episodio, otorgar y honrar a los demás, que en otros niveles defendieron la patria que les vio nacer y por ella lucharon y ofrendaron sus vidas.

De esa experiencia admirable, extraordinaria, solamente recibieron los dominicanos la ayuda limitada y tímida del pueblo y del gobierno haitiano de esa época, que amenazado por España se vio obligado a actuar con mucha precaución limitando su respaldo, en aspecto importante al uso de su territorio como santuario y refugio ocasional de los patriotas dominicanos. Pepillo Salcedo, Gaspar Polanco, Pedro Pimentel, Matías Ramón Mella, Gregorio Luperón, Benito Monción, Santiago Rodríguez, José Cabrera, Benigno Filomeno Rojas, Ulises Francisco Espaillat y Pedro Bonó, entre otros, sin olvidar el sacrificio de Francisco del Rosario Sánchez y de sus compañeros y de José Contreras y de quienes bajo su liderato actuaron el 2 de mayo de 1861 y sin olvidar también, con más razón, la espontánea, valerosa y hermosa conducta de Juan Pablo Duarte, Fundador de la República de Febrero de 1844.

La Restauración de la República Dominicana, víctima de la traición de Pedro Santana, sirvió de ejemplo a Cuba y aportó, en esas ironías de la historia, a la patria de José Martí la experiencia y el valor militar que llevaron al hermano pueblo cubano Luis y Félix Marcano, Dionisio Gil, Modesto Díaz y el Centauro de Baní Máximo Gómez, que sintetizo en la Guerra de los Diez Años iniciada en 1868 y más tarde en la Guerra Necesaria a partir de 1865, los métodos y la astucia de los dominicanos que lo convirtieron en el héroe militar del episodio que cerró el ciclo de las guerras anticolonialista en el Continente Americano al cual Bolívar llamó Esperanza del Mundo. La Gran Epopeya del pueblo dominicano es también, por todas esas razones, un episodio que honra la historia de esta América Nuestra.

Ir arriba


. Duarte/Euclides Gutiérrez Félix
29 enero 2007

El viernes 26 de enero se cumplieron ciento noventa y cuatro años del nacimiento de Juan Pablo Duarte, lo que indica que han trascurrido prácticamente dos siglos desde 1813 hasta nuestros días de la llegada a la vida de esta figura única, excepcional, con incuestionable vocación de amor y sacrificio por su pueblo que concibió a la nación dominicana como un estado organizado bajo el sistema republicano, soberano, independiente, trabajador, progresista y próspero, en el cual tuvieran las mismas oportunidades y el derecho a una vida feliz, todos los que conformaban, en aquella época y en el futuro, los habitantes de la parte oriental de la isla de Santo Domingo. Juan Pablo Duarte vino al mundo cuatro anos después de la batalla de Palo Hincado en pleno proceso del período conocido en nuestra historia con el nombre de la España Boba.

En los momentos del nacimiento de Duarte se habían iniciado las guerras de independencia de las colonias españolas del continente en un escenario geográfico gigantesco que abarcaba desde el Rio Bravo, al sur de los Estados Unidos, hasta el Estrecho de Magallanes; desde el virreinato de la Nueva España que mas tarde sería el Estado Mexicano, hasta el virreinato del Rio de la Plata, que luego seria Argentina y Uruguay. Corrían entonces los vientos de igualdad y justicia social que generó la revolución Francesa a partir de 1789 y que, en Europa, habían barrido las monarquías feudales. Juan Pablo el niño, nació y creció, pues, en un momento conmovedor y dramático que le propició al mundo y a los que en el vivían profundos y nuevos matices en el ordenamiento político.

La mitología Duartiana, que con el transcurso de los años inventa cada día mas cosas en torno a la figura de Duarte, alejadas radicalmente de la verdad y motorizados esos inventos por las poses y el figureo de la publicidad, que como manifestación publicitaria propia de la pequeña burguesía, galopa desenfrenada en lo medios de comunicación, escritos, radiales y televisivos y, mas atrevido aun, en folletos y libros, ignorando que en política y en historia no se puede mentir porque la verdad resplandece siempre no importa el tiempo transcurrido. Duarte no fue igual a Simón Bolívar, a José Martí o a San Martín y guardando una distancia respetable con Washington que era un rico hacendado, esclavista, ubicado en las capas más altas de la oligarquía de las antiguas colonias americanas de Inglaterra.

El mérito de Duarte como patriota y político organizador estriba, fundamentalmente, en que supo interpretar el momento histórico que vivía la sociedad dominicana de aquel entonces renuente, en todas las capas que la componían, a aceptar la dominación haitiana; para ese momento el gobierno, que presidía Juan Pedro Boyer había envejecido y se había convertido de un gobierno liberal y progresista, en una dictadura intolerante, incapaz de gobernar con eficiencia a los pueblos haitiano y dominicano, con graves problemas económicos y con resistencia interna, creciente, en el seno de su territorio original; Duarte para su época era un hombre de cultura avanzada, pero nunca un ser excepcional; Su mas sobresaliente cualidad fué su instinto político.

El 16 de julio 1838 después de haber realizado una discreta labor de proselitismo fundó la Sociedad Secreta ?Trinitaria?, organización que fue realmente un partido político con claros y definidos objetivos estratégicos independentistas: La separación de Haití y la fundación de un estado independiente, con el nombre de Republica Dominicana.Duarte fue el ideólogo, fundador y propagador de la idea y del instrumento que tenía como función divulgar en todo el territorio nacional el ideal republicano que motivaba y llenaba de orgullo amplias regiones del continente americano. Juan Pablo encontró en el medio social en que se desenvolvía al igual que entre hombres de su edad, entusiastas simpatías por lo que pregonaba, y porque intuyó y descubrió el militante rechazo a la presencia haitiana en el territorio de nuestro pueblo.A él corresponde con la fundación de la Sociedad Secreta Trinitaria ser el primer prócer independentista americano, que creó una organización que tenía como objetivo principal establecer un estado libre e independiente con el nombre de Republica Dominicana. El otro prócer, apóstol de la independencia de su patria que hizo lo mismo que el fundador de la Republica Dominicana , José Martí que también fue ideólogo y fundador del Partido Revolucionario Cubano para dirigir la guerra de independencia contra España.

Rendir homenajes a Duarte y en su memoria hablar, escribir y usar frases y oraciones cursis, no tienen ningún valor. A Juan Pablo Duarte se le honra, se recuerda y se respeta haciendo realidad una sociedad republicana, independiente, libre de analfabetos, enfermos y pobres de solemnidad. Acrecentando y extendiendo el perfil de nuestro pueblo y de nuestra nacionalidad con personalidad propia, sin sumisiones vergonzosas frente a gobiernos de otros países u organismos internacionales y haciendo al pueblo dominicano, actor solitario de su historia, un ejemplo de dignidad, decoro, firmeza y propósitos elevados para convertirnos en una sociedad justa, prospera y feliz, si cabe el termino, como él y sus compañeros republicanos, trinitarios de febrero de 1844 la soñaron. ¡Solamente así se puede honrar y recordar a Juan Pablo Duarte!

Ir arriba


. Bosch y el Coronel/Arlette Fernández
5 diciembre 2006

A lo largo de varios encuentros uno y otro fueron identificándose, compartiendo sus esperanzas, sus anhelos de hacer posible una vida mejor para el pueblo dominicano. Confío en que algún día puedan contarse --y para tal fin aporto mi memoria-- las razones y los hechos que forjaron la unidad entre el profesor Juan Bosch y el coronel Rafael Tomás Fernández Domínguez a favor de los más excelsos intereses de la nación dominicana.

El primer encuentro ocurrió en diciembre de 1962 cuando el país estaba en plena campaña electoral. El coronel había regresado de Fort Gulick, Zona del Canal de Panamá, donde cursó estudios militares avanzados y decidió entrevistarse con el futuro presidente para exponerle los planes, que en ese momento veía factibles, para reformar las Fuerzas Armadas Dominicanas. Y lo contó el propio profesor Bosch: “Yo conocí al coronel Rafael Tomás Fernández Domínguez en el ensanche Ozama y debo repetir algo que, inmediatamente después de esa reunión, les dije a varios miembros de la dirección del Partido Revolucionario Dominicano: Rafael Tomás Fernández Domínguez era el dominicano que más me había impresionado después de mi vuelta al país. Me impresionó su integridad, su firmeza, que se veía a simple vista como si aquel joven militar llevara por dentro un manantial de luz. Esa noche me preguntó qué pensaba yo de lo que debía ser un ejército y le di mi opinión. Cuando volvimos a vernos yo era Presidente de la República y en esa segunda ocasión me pidió una entrevista que celebramos en mi casa. Me preguntó entonces cuándo pensaba yo poner en práctica las ideas de que habíamos hablado acerca del ejército que debía tener nuestro país…”

El gobierno de Bosch puso en vigencia la Constitución de 1963 que consagraba la libertad de enseñanza, la no reelección presidencial, la eliminación del latifundio y el minifundio, el derecho de los trabajadores a participar en los beneficios de las empresas y otras conquistas sociales y políticas. En consecuencia, comenzaron a fraguarse los aprestos conspirativos en contra del gobierno surgido de las primeras elecciones libres después de 32 años de dictadura. El mayor Roberto Cabrera Luna lo recuerda: “Una noche, el coronel Fernández me pidió acompañarlo a visitar al presidente en su casa. Me advirtió que debía ir vestido de civil. Cuando llegamos a la casa nos recibió su sobrina doña Milagros Ortiz Bosch. Fue esa noche cuando el coronel le informó al presidente de los planes para derrocarlo y que tenía un grupo de oficiales dispuesto a impedirlo, a lo que el Presidente Bosch dio su aprobación.

Los jefes militares daban pasos y concretaban sus planes para dar el Golpe de Estado y el coronel Fernández Domínguez organizaba sigilosamente los suyos. Del cuidado y la meticulosidad con que trabajaba sirva este ejemplo: el coronel visitaba con regularidad el Palacio Nacional y en cada visita probaba hasta donde podía llegar sin ser detectado por los centinelas que, ubicados en lugares estratégicos, frente a las oficinas de los jefes militares, tenían órdenes de no dejar pasar a nadie, así fuera un oficial superior. De esa manera, el coronel fue calculando las distancias entre diferentes áreas del Palacio Nacional y estudiando los movimientos en el entorno del Presidente”.

La noche del 24 de septiembre de 1963, Bosch y Fernández Domínguez se reunieron en el Palacio Nacional tratando de desarticular la trama golpista. Pocas horas después la cúpula militar derrocaba el gobierno constitucional. La madrugada del ya día 25, el coronel Fernández Domínguez se reunió con los oficiales leales que le acompañarían al Palacio Nacional a enfrentar a los golpistas y a reponer al presidente. Les dijo: “Los militares no están para quitar gobiernos elegidos por el pueblo; caiga quien caiga hay que defender la Constitución”, y añadió: “Si realizamos esta acción, el país se beneficiará para siempre pues en el Palacio Nacional están los responsables de las desgracias de este pueblo”

El profesor Bosch contaba al respecto: “Yo quedé preso con Molina Ureña y allí estaba cuando el licenciado Silvestre Alba de Moya me entregó en horas muy tempranas del día un mensaje del coronel Fernández Domínguez que decía: “Señor Presidente: Estamos listos para asaltar el Palacio Nacional. Somos doce oficiales pero cumpliremos con nuestro deber. Pedimos sin embargo, que se le informe al Partido Revolucionario Dominicano a fin de que desate una huelga general”. Nada pudo hacerse. El coronel Fernández Domínguez fue destituido de la dirección de la Academia Militar y nombrado agregado militar en Madrid. Apegado a su estilo, nada lo amedrentaba y días después del golpe de Estado le comunicó al doctor Molina Ureña que “en esos momentos estaba en condiciones, junto con los valientes oficiales que le acompañaban a tomar no solamente el Palacio, sino también la ciudad y conmover a la República Dominicana en todos los puntos cardinales”.

La distancia y las innumerables dificultades no impidieron la comunicación entre el presidente, exiliado en Puerto Rico, y el coronel expatriado a España. El Movimiento Restaurador Democrático y/o Movimiento Enriquillo, concebido y programado por el coronel Fernández Domínguez para ejecutarse a principios de enero de 1965, fue descubierto y se vio forzado el coronel a ir a Chile y tomar posesión como agregado militar de nuestra embajada en ese país. Era preciso obedecer para evitar su cancelación porque en su calidad de líder y organizador militar del movimiento, era imprescindible mantener su rango militar.

En febrero de 1965 Bosch le escribió lo siguiente: “En términos de años, pertenezco a una generación anterior a la suya y podría ser su padre –y me hubiera honrado de serlo-; por eso puedo asegurarle a usted, que en todas partes, en todas las tierras y en todas las edades han abundado los hombres apegados a su plato de lentejas. Pero el hombre superior puede hacer, en un momento dado, que esos mismos que no piensan si no en su plato de lentejas actúen como héroes. Ese es el privilegio de las almas templadas, que traen a la vida el amor a lo grande y la decisión de realizar obras dignas. Se sufre, pero no se da un paso atrás. Mantenga la fe. Yo la mantuve durante un cuarto de siglo en que viví echado de la patria y usted es de los que verá crecido el árbol de la libertad”. Dias después, el coronel Fernández Domínguez le contestaba: “Créame que a usted lo he considerado siempre como una de las personas, que después de tratarme, me conocen tanto en principios y sentimientos como en la línea que le he trazado a mi profesión y a mi vida. Si hay justicia divina, usted y todos los que luchan y piensan como usted, vera crecido el árbol de la libertad”.

El 24 de abril se produce el levantamiento militar y la respuesta del pueblo; tropas norteamericanas invaden el país y el movimiento se convierte en Guerra Patria. Muchos años después y en diferentes escenarios, Bosch rememoraba la vida y la muerte del coronel: “El día 19 (de mayo de 1965) recibí una llamada desde Santo Domingo y, con ella, la noticia de que el coronel Rafael Tomas Fernández Domínguez había muerto por balas norteamericanas. Eran más de las 12 de la noche y yo me sentí sacudido de adentro afuera. Para mí lo que había caído en tierra dominicana no era un hombre, era una estrella; y no lloré, no porque no me faltaron ganas, sino porque en las horas de la adversidad los hombres que tienen responsabilidades no pueden llorar.

Rafael Tomás Fernández Domínguez no ha muerto y como Simón Bolívar, muchos años después de su muerte, su nombre no cabe en América. El del extinto coronel traspasará los límites de la Patria. Cuando estalló la Revolución el 24 de abril de 1965, Fernández Domínguez se encontraba en Chile, trasladándose inmediatamente a San Juan, Puerto Rico donde se puso a hacer gestiones para conseguir un avión que nos trajera a los dos al país. No fue posible conseguir ese avión pero un mes después Fernández Domínguez viajo a Santo Domingo en un avión de la Fuerza Aérea Norteamericana, no sin antes resistirse, alegando que no debía hacerlo porque se trataba de un avión de los invasores. Le dije, -coronel, usted es militar, y usted sabe que cuando se está en guerra y hay posibilidad de utilizar al enemigo para derrotarlo, debe aprovecharse. Cinco días después murió en el ataque al Palacio Nacional. Fernández Domínguez no tenía necesidad de participar en aquel asalto que se había planificado para el 19 de mayo pero a él le sobraba vergüenza, le sobraba dignidad. Tenía una montaña de dignidad tan alta como el Pico Duarte en el corazón. El día de su muerte, Fernández Domínguez llevaba puesto el uniforme de oficial que le correspondía y que no manchó nunca con un atropello a ninguna persona, ni al pensamiento ajeno”.

Fueron casi tres años de afanes viviendo entre acechanzas y peligros, pero la relación entre el Presidente y el leal coronel nunca se quebró. Fernández Domínguez cumplió con su deber como militar y como hombre. Bosch se dedicó a contar a los dominicanos la lucha y la vida del joven militar. Y si en la vida, los caminos del profesor y el coronel coincidieron en la lucha compartiendo los mismos sueños, a su muerte, ambas trayectorias serían selladas por el mismo generoso respeto. Curiosamente, la misma enseña nacional que arropara los restos del coronel Fernández Dominguez al ser trasladados de Santiago a Santo Domingo en agosto de 2000, también acompañaría, las primeras horas de su velatorio, el cuerpo del profesor camino de la gloria.

Ir arriba

HIMNO NACIONAL DOMINICANO

Facebook Badge