Perfil del autor

Mi foto
Nació en San Pedro de Macorís, República Dominicana, el 20 de marzo de 1954. Graduó de Ingeniero Mecánico Electricista "Magna Cum Laude" en la Universidad Autónoma de Santo Domingo, el 28 de octubre de 1977. Participó en importantes eventos mundiales y cursó estudios complementarios en Estados Unidos, Puerto Rico, Cuba, Argentina, República Dominicana y Uruguay. Fue Ayudante de Profesor en las asignaturas Mecánica Racional y Máquinas Eléctricas en la Universidad Autónoma de Santo Domingo, de 1972 a 1976; Profesor de Circuitos Eléctricos y Director de las Escuelas de Ingeniería Eléctrica e Ingeniería Mecánica en la Universidad Central del Este, de 1980 a 1985. Ocupó diversos cargos en la Corporación Dominicana de Electricidad, empresa a la que ingresó en 1977 y de la que renunció, en noviembre de 1988, al cargo de Gerente de Turbinas de Gas y Motores Diésel. Radicó en Puerto Rico desde finales de 1988, trabajando para Ceisco Engineering como Ingeniero de Proyectos. En 1995, como copropietario, fundó Ingelmec, Inc., una compañía de Ingeniería Eléctrica que ejerció hasta el 31 de diciembre de 2012. Desde enero del 2013 trabaja por cuenta propia.

Personajes, historia y símbolos patrios/Juan Bosch y las invasiones dominicanas

Himnos y Símbolos Patrios
Juan Bosch y las Invasiones Dominicanas
Algunos Personajes Dominicanos
Sobre historia Dominicana


Himnos y Símbolos Patrios

Los Padres de la Patria: "Nacimiento de la Patria Dominicana"
La Bandera
El Escudo
Himno Nacional
Primer Himno Dominicano; de Félix María del Monte
Segundo Himno Dominicano; de Manuel Rodríguez Objío
Himno de la "Revolución de Abril" de 1965
Himno a la Raza Inmortal/Catorce de Junio [1J4]
Himno a la Madre Dominicana
Himno a Juan Pablo Duarte
Himno a Francisco del Rosario Sánchez
Himno a Matías Ramón Mella

Los Padres de la Patria: "Nacimiento de la Patria Dominicana"

"...Considerando que por la diferencia de costumbres y la rivalidad que existe entre unos y otros jamás habrá perfecta unión y armonía, los pueblos de la parte antes española de la Isla de Santo Domingo... han resuelto separarse para siempre de la República Haitiana, para proveer a su seguridad y conservación, constituyéndose, bajo sus antiguos límites, en un Estado libre y soberano en el cual, bajo sus leyes fundamentales, protegerá y garantizará el sistema democrático; la libertad de los ciudadanos, aboliendo para siempre la esclavitud; la igualdad de los derechos civiles y políticos, sin atender a las distinciones de origen ni de nacimiento...".

Ir Arriba

La Bandera

La bandera es el mas sublime símbolo de la libertad y la soberanía nacional, y es considerada el alma de la patria. Fue concebida por el patricio Juan Pablo Duarte, Padre de la Patria y su diseño aprobado por Los Trinitarios el 16 de junio de 1838. Ondeó airosa por vez primera el 27 de febrero de 1844, día de la Independencia Nacional. Fue elaborada por la señorita Concepción Bona y su prima la señorita María de Jesús Pina.

La Constitución dominicana establece que la Bandera Nacional contiene los colores: azul ultramar y rojo bermellón, en cuarteles esquinados y alternados de tal manera que el azul debe quedar en la parte superior del asta, separados por una cruz blanca, de un ancho igual a la mitad de la altura de cada cuartel, llevando en su centro el escudo de armas de la República.

Los colores de la bandera nacional poseen un significado particular. El rojo representa la sangre vertida por nuestros libertadores; el azul expresa nuestros ideales de progreso y libertad y la protección de Dios a la nación dominicana; y la cruz es el símbolo de la lucha de nuestros libertadores para legarnos una patria libre. Su color blanco nos recuerda que la paz y la unión deben prevalecer entre todos los dominicanos.
La Bandera Nacional debe ondear en todos los edificios públicos e instalaciones militares y judiciales. El pueblo debe izarla en sus hogares los días de fiestas patrias. Las escuelas, colegios y universidades y, en general, las entidades educativas, deben rendirle homenaje y presentarla izada a sus estudiantes.

El presidente de la República la lleva cruzada en su pecho, en la banda presidencial. Las embajadas y consulados dominicanos la deben izar en sus oficinas en el exterior; además, en las residencias de embajadores nacionales, debe izarse, durante las fechas patrias dominicanas, junto a la bandera del país receptor. La bandera que usan los buques mercantes no llevará el escudo de armas.

Himno a la Bandera Dominicana

Ya empezó su trabajo la escuela/ y es preciso elevarte a lo azul/ relicario de viejos amores,/ mientras reine la mágica luz./

Nos sentimos arder a tu influjo/ la luz viva de un fuego interior/ cuando flotas alegre, besada/ por los cálidos rayos del sol./

¡Dios!, parece decir, ¡oh bandera!/ la sublime expresión de tu azul;/ ¡Patria!, el rojo de vívida llama;/ ¡Libertad!, dice el blanco en la cruz./

Mientras haya una Escuela que cante/ tu grandeza bandera de amor,/ flotarás con el alma de Duarte/ vivirás con el alma de Dios.


Letra: Ramón Emilio Jiménez
Música: Juan Francisco García

Ir Arriba

El Escudo

El escudo dominicano fue creado en la época de la proclamación de independencia nacional. Ha experimentado un largo proceso de modificaciones. La historia registra por lo menos 14 escudos. El actual fue diseñado por Casimiro N. de Moya, expedido por el gobierno de Monseñor Nouel y oficializado en 1913.

El primer escudo de armas tenía dos ramas exteriores de laurel y debajo de éstas, formando un arco, aparecía una serpiente mordiendo y tragando su cola (signo de eterna evolución). En un tercer plano aparecía, abierto y en el centro, el libro de los Evangelios; detrás del libro había un trofeo de armas (una lanza y un fusil con bayoneta calada a la derecha, y un sable y una corneta a la izquierda); arriba del libro había una bandera dominicana. En segundo plano había dos banderas dominicanas y, en el cruce de las astas, había un gorro frigio (símbolo de la libertad). En primer plano, en la parte inferior, había una cinta ancha con las palabras "República Dominicana" y, a ambos lados en la parte inferior, dos cañones con sus respectivas balas esféricas en forma piramidal.

El artículo 96 de la Constitución Dominicana establece que el escudo actual tendrá los mismos colores de la bandera nacional dispuestos en igual forma, llevará en el centro el libro de los Evangelios, abierto, con una cruz encima, surgiendo ambos de entre un trofeo integrado por dos lanzas y cuatro banderas nacionales sin escudo, dispuestas a ambos lados; llevará un ramo de laurel del lado izquierdo y uno de palma del derecho, estará coronado por una cinta azul ultramar en la cual se leerá el lema: Dios Patria y Libertad, y en la base habrá otra cinta de color rojo bermellón con las palabras "República Dominicana".

La forma del escudo nacional será de un cuadrilongo, con los ángulos superiores salientes y los inferiores redondeados, el centro de cuya base terminará en punta, y estará dispuesto en forma tal que si se traza una línea horizontal que una las dos verticales del cuadrilongo de donde comienzan los ángulos inferiores, resulte un cuadrado perfecto.

Ir Arriba

Himno Nacional

El Himno Nacional Dominicano fue escrito originalmente en el 1883 por Emilio Prud'homme (letra) y José Reyes (música).

Acerca de su origen, José Reyes declaró en una ocasión que habiendo llegado a sus manos el Himno Nacional argentino, publicado en el periódico parisino El Americano, sintió el deseo de hacer una composición análoga para su país y con tal motivo, en 1883 invitó a su amigo Emilio Prud'homme a que escribiera un himno a la patria, para él ponerle la música. Poco tiempo después, el poeta Prud'homme escribió las estrofas y el músico compuso su himno.

Por su parte, Prud'homme comentaba de José Reyes que su gran aspiración, su doble sueño de patriota y artista era componer un himno que les llegara al corazón a sus compatriotas y avivara cada vez más en ellos el sentimiento de la nacionalidad, para que amaran intensamente su suelo, su cielo, sus montañas, sus ríos, su hogar nativo, sus glorias nacionales, sus libertades, su independencia, su integridad y su honor nacional. Creía Reyes que cuando los dominicanos tuvieran un himno que sintieran y cantaran con amor, afirmarían tanto en su alma el sentimiento de la patria, que llegarían a estar completamente seguros, en sí mismos, de ser dominicanos para siempre.

La primera versión de los versos de Prud'homme fue publicada el 16 de agosto de 1883 en el semanario capitaleño El Eco de la Opinión. El 17 de agosto de 1883 el himno así compuesto fue estrenado en una velada que celebró la prensa nacional en la Logia Esperanza de Santo Domingo. Lo cantó un grupo de jóvenes con el acompañamiento de una pequeña orquesta, en la que el propio José Reyes tocó el cello. La composición fue bien recibida por el público y desde entonces comenzó su lento proceso de popularización.

Meses más tarde, se decidió trasladar al país los restos de Juan Pablo Duarte desde Caracas (Venezuela), donde había fallecido en 1876. Para esa ocasión, El Eco de la Opinión sugirió que se recibieran los nobles despojos del patricio dominicano con un aire triunfal, proponiendo al efecto el himno patriótico del maestro J. Reyes. Así, el 27 de febrero de 1884 el canto patriótico de Reyes y Prud'homme fue interpretado a lo largo de todo el trayecto recorrido por la procesión que llevó en andas los restos del Padre de la Patria, partiendo desde el puerto de Santo Domingo hasta la Santa Iglesia Catedral, donde fueron inhumados entonces.

En 1897, el periódico El Teléfono, de la capital, publicó una edición del texto de Prud'homme, corregida por su propio autor. El poeta mismo quiso revisar su obra, considerando que la primera versión adolecía de fallas propias de su inexperiencia juvenil, ya que aunque tenía veintisiete años al momento de escribir su himno, en 1883, se había visto forzado a adquirir tardíamente su formación literaria, debido a su humilde condición social. Esta segunda versión sería la definitiva. Atendiendo a una iniciativa del diputado Rafael García Martínez, el 30 de abril de 1897 el Congreso Nacional comenzó a analizar los méritos del canto patriótico de Reyes y Prud'homme, con el fin de que esta composición fuera oficializada como himno nacional de los dominicanos, medida que fue adoptada por el cuerpo legislativo en la sesión del 7 de junio del mismo año.

Aunque el presidente Ulises Heureaux no convirtió en ley esa resolución del Congreso, probablemente motivado por su disgusto con la vertical actitud de Emilio Prud'homme frente a su gobierno dictatorial, ello no impidió que el pueblo dominicano mantuviera su preferencia por este himno, que se siguió interpretando en los actos oficiales. Además, virtualmente se reconocía el carácter oficial de la obra de Reyes al asignársele a éste una pensión del gobierno por haber escrito el Himno Nacional Dominicano y, por otra parte, varios ayuntamientos del país, incluyendo el de la capital, designaron con su nombre y el de Prud'homme sendas calles, por igual razón.

No fue sino hasta el 30 de mayo de 1934 cuando el presidente de la República Dominicana, Rafael Leónidas Trujillo Molina, mediante la Ley número 700, declaró himno oficial de la República el compuesto por el maestro José Reyes con letra del poeta y educador Emilio Prud'homme.

Quisqueyanos valientes, alcemos/ nuestro canto con viva emoción,/ y del mundo a la faz ostentemos/ nuestro invicto, glorioso pendón./

¡Salve! el pueblo que intrépido y fuerte,/ a la guerra a morir se lanzó,/ cuando en bélico reto de muerte/ sus cadenas de esclavo rompió./

Ningún pueblo ser libre merece/ si es esclavo, indolente y servil;/ si en su pecho la llama no crece/ que templó el heroísmo viril./

mas Quisqueya la indómita y brava,/ siempre altiva la frente alzará;/ que si fuere mil veces esclava/ otras tantas ser libre sabrá./

Que si dolo y ardid la expusieron/ de un intruso señor al desdén,/ Las Carreras, Beler, campos fueron/ que cubiertos de gloria se ven./

Que en la cima de heroico baluarte,/ de los libres el verbo encarnó,/ cuando el genio de Sánchez y Duarte/ a ser libre o morir enseñó.

Y si pudo inconsulto caudillo/ de esas glorias el brillo empañar,/ de la guerra se vio en Capotillo/ la bandera de fuego ondear./

Y el incendio que atónito deja/ de Castilla al soberbio león,/ de las playas gloriosas se aleja/ donde flota el cruzado pendón./

Compatriotas, mostremos erguida/ nuestra frente, orgullosa de hoy más:/ que Quisqueya será destruida/ pero sierva de nuevo, jamás./

Que es santuario de amor cada pecho/ do la Patria se siente vivir;/ y es su escudo invencible el derecho,/ y es su lema: ser libre o morir./

¡Libertad!, que aun se yergue serena/ la victoria en su carro triunfal,/ y el clarín de la guerra aun resuena/ pregonando su gloria inmortal./

¡Libertad!, que los ecos se agiten/ mientras llenos de noble ansiedad/ nuestros campos de gloria repiten:/ ¡Libertad! ¡Libertad! ¡Libertad!/

Ir Arriba

Primer Himno Dominicano; de Félix María del Monte

"La noche en que se proclama la independencia nacional, (Félix María del Monte, nh) acude con los promotores del movimiento separatista al Baluarte del Conde, lugar escogido para la cita hazañosa, y allí mismo improvisa el primer himno dominicano" (Balaguer, Los próceres escritores).

Ravelo (Historia de los Himnos Dominicanos) dice: "Este himno, letra del poeta Félix M. del Monte y música del coronel Juan Bautista Alfonseca, debía ser realmente el único si los dominicanos hubieran sentido más inclinación por las cosas de su tierra... Escrito por dos prestantes compatriotas en el instante mismo en que nos hicimos libres, no ha debido de ninguna manera abandonarse por cuestiones de política de partidos. Cuando Alfonseca y de Del Monte escribieron el Canto Patriótico de la naciente República Dominicana pertenecían tan sólo al único y sacratísimo partido de la Independencia.

Más tarde, al organizarse los bandos que dirigieron [Pedro] Santana y [Buenaventura] Báez, aquellos ciudadanos militaron en las filas del rojismo ["baecismo"} y esa parece ser la causa que influyó poderosamente en el abandono del Himno del 1844... Pero de tal suerte llegó a ser olvidado (a pesar de ser el único de nuestros himnos que se cantó en el campo de batalla, cuando nuestros hermanos luchaban por afianzar la independencia nacional), que en los últimos gobiernos presididos por el general Buenaventura Báez, la República no tenía himno y se hacían honores al Jefe del Estado con las solemnes notas del Canto Nacional de Inglaterra".

¡Al arma, españoles!/ ¡Volad a la lid!/ ¡Tomad por divisa/ "Vencer o morir"!/

I

Nobles hijos de Santo Domingo,/ erguid ya vuestra frente guerrera,/ y sañudos volad tras la fiera/ que el solar de Colón devastó./

A sus huestes cobardes e impías/ el terror y exterminio llevemos,/ y los himnos de gloria cantemos/ secundados del fiero cañón./

¡Al arma, españoles!/ ¡Volad a la lid!/ ¡Tomad por divisa/ "Vencer o morir"!/

II

¡Guerra a muerte sin tregua, españoles!/ Si ser libres por siempre queremos/ de la historia con sangre borremos/ cuatro lustros de llanto y dolor./

Sepa el mundo que a nombres odiosos/ acreedores jamás nos hicimos,/ y que siempre que gloria quisimos,/ nuestro carro la Gloria arrastró./

¡Al arma, españoles!/ ¡Volad a la lid!/ ¡Tomad por divisa/ "Vencer o morir"!/

III

¡No hay piedad! El haitiano insolente,/ penetrando hasta nuestros hogares,/ profanó nuestros templos y altares,/ nuestros fueros osó atropellar,/ y el pudor de la cándida virgen,/ y las canas del mísero anciano,/ y cuanto hay de sagrado en lo humano/ ultrajó con orgullo procaz./

¡Al arma, españoles!/ ¡Volad a la lid!/ ¡Tomad por divisa/ "Vencer o morir"!/

IV

Mas hoy tiembla convulso, leyendo/ de los cielos la justa sentencia,/ y amenazan su odiosa existencia/ diez mil lanzas que afila el honor./

¡Compatriotas, el éxito es cierto!.../ Libertad con valor conquistemos,/ y el cruzado estandarte plantemos/ del tirano en la oscura mansión./

¡Al arma, españoles!/ ¡Volad a la lid!/ ¡Tomad por divisa/ "Vencer o morir"!/

Ir Arriba

Segundo Himno Dominicano; de Manuel Rodríguez Objío

Para 1865, "cuando la voluntad de ser libre agrupa nuevamente a los dominicanos bajo las banderas de la Restauración", Manuel Rodríguez Objío escribe un segundo himno, "de la rebelión de la conciencia nacional contra el dominio de España, tendencia patriótica representada por quienes sostenían como una enseña en sus manos el ideal de la independencia absoluta" (Balaguer, Los próceres escritores).

Sobre este segundo himno, Ravelo refiere: "Al general Gregorio Luperón se debe que el poeta Rodríguez Objío y el Maestro Ignacio Martí Calderón escribieran respectivamente la letra y la música del Himno. Este otro Canto Nacional, que tampoco ha debido olvidarse, fue popularísimo en las provincias del Norte y del Centro de la República. Cuando el Himno de [José] Reyes comenzó a generalizarse en aquellas regiones, se tocaba en las fiestas del 27 de febrero, y aquel en las del 16 de agosto".

Continúa Ravelo: "Cuando el 14 de marzo de 1871, el general Luperón salió de Capotillo haitiano con 45 patriotas para protestar con las armas por la anexión de nuestro país a Estados Unidos de América, aquellos valientes, entre los cuales iba el autor de la letra, emprendieron la marcha cantando el Himno de Capotillo con música que se supone improvisaron puesto que la verdadera, la que compuso el maestro Ignacio Martí Calderón, fue escrita, poco más o menos, en el año 1885".

El Himno de Rodríguez Objío es un grito de protesta contra la supervivencia en Santo Domingo de todo resto de dominación española:

Ahora nuevo maldito tirano,/ Por saciar su funesta ambición,/ Quiere arriar con impúdica mano/ De esa patria el sagrado pendón./

Ya el clarín belicoso resuena,/ Y a la lid nos impulsa el honor;/ Del oprobio al romper la cadena/ Proscribamos por siempre al traidor!/

Vencedores heroicos de España/ ¡De otro yugo la Patria salvad!/ Compatriotas, afrenta tamaña/ De traidores, con sangre borrad!/

¡A la lid a vencer! ¡Guerra! ¡Guerra!/ No haya tregua jamás ni perdón,/ Para el vil que tornó de otra tierra/ Meditando venganza y traición./

Capotillo es el grito sonoro/ Que se debe elevar por doquier;/ Que al salvar nuestro patrio decoro,/ Protestemos morir o vencer!/

La victoria, feliz nos espera;/ Ya se ven los traidores temblar,/ Y al fijar nuestra sacra bandera,/ Gloria eterna nos va a coronar./

De los bravos que allá en Capotillo/ Restauraron invictos la cruz./ La aureola del fúlgido brillo/ En la vida nos sirva de luz./

Ir Arriba

Himno de la "Revolución de Abril" de 1965

A luchar soldados valientes,/ que empezó la revolución,/ a imponer los nobles principios,/ que reclama la Constitución./

Desgarró la noche serena,/ la sirena de la libertad,/ cual clarín que llama a la guerra,/ defendiendo la Patria inmortal./

Como hermanos de Duarte luchemos,/ que ya Mella su grito encarnó,/ y cual Sánchez al martirio iremos,/ venceremos, como Luperón./

No cedamos un paso marchemos,/ por senderos de gloria y honor,/ y otra vez al traidor venceremos/ y otra vez al grosero invasor./

A luchar soldados valientes,/ que empezó la revolución,/ a imponer los nobles principios,/ que reclama la Constitución./


Autoría del músico y cantante dominicano, Aníbal de Peña.

Ir Arriba

Himno a la Raza Inmortal/Catorce de Junio [1J4]

Llegaron llenos de patriotismo/ enamorados de un puro ideal/ y con su sangre noble prendieron/ la llama augusta de la libertad./

Su sacrificio, que Dios bendijo/ la patria entera glorificará/ como homenaje a los valientes/ que allí cayeron por la libertad./

Catorce de Junio, gloriosa gesta nacional/ tus mártires están en el alma popular./

Hermanas Mirabal, heroínas sin igual/ un grito vibrante es el grito de la Raza Inmortal./

Llegaron llenos de patriotismo/ enamorados de un puro ideal/ Y con su sangre noble encendieron/ la llama augusta de la libertad./

Su sacrificio que Dios bendijo/ la Patria entera, glorificará/ Como homenaje, a los valientes/ que allí cayeron por la libertad.


Música: Héctor Jiménez
Letra: Vinicio Echavarría.

Ir Arriba

Himno a la Madre Dominicana

Doña Trina de Moya, esposa del presidente mocano Horacio Vásquez, escribió el Himno a las Madres (dominicanas, nh).

Venid los moradores del campo y la ciudad,/ y entonemos un himno de intenso amor filial./ Cantemos de las madres la ternura, el afán,/ y su noble atributo de abnegación sin par./

Celebremos todos la fiesta más bella,/ la que más conmueve nuestro corazón;/ fiesta meritoria que honramos con ella/ a todas las madres de la Creación./

Quien como una madre, con su dulce encanto,/ nos disipa el miedo, nos calma el dolor;/ con sólo brindarnos su regazo santo,/ con sólo cantarnos baladas de amor./

De ella aprende el niño la sonrisa tierna;/ el joven, la noble, benéfica acción./ Recuerda el anciano la oración materna/ y en su alma florece la resignación./

Venid los moradores del campo a la ciudad/ y entonemos un himno de intenso amor filial./ Cantemos de las madres la ternura, el afán/ y su noble atributo de abnegación sin par./

Cubramos con flores la tumba sencilla/ de madres que moran en la eternidad;/ y ornemos con flores la frente que aún brilla,/ aún brilla y esplende la maternidad.

Para ella escojamos frescas azucenas,/ simbólicas flores del alma ideal;/ blanca como el alma de las madres buenas/ y con algo místico y sentimental.

Albas estrellitas nítidas hermanas/ de las que circundan la divina sien;/ de la que es modelo de madres cristianas,/ Madres de Dios Cristo nacido en Belén./

Venid los moradores del campo y la ciudad,/ y entonemos un himno de intenso amor filial./ Cantemos de las madres la ternura, el afán,/ y su noble atributo de abnegación sin par./

Ir Arriba

Himno a Juan Pablo Duarte

En la fragua de la escuela/ nuestra patria fue forjada,/ y el calor de su enseñanza,/ le infundió vida sagrada./

La gloriosa Trinitaria/ que fundara, tu heroísmo,/ fue la cátedra primera,/ de moral y de civismo./

Fuerza era que un maestro/ preparara, la conciencia,/ donde habría de nacer,/ la soñada independencia./

Y es así como cantamos,/ tus virtudes allá el estro,/ junto al padre de la patria,/ la figura del maestro./

En la escuela se te honra,/ por tus hechos, sacrosantos,/ en las letras y las notas,/ encendidas de sus cantos./

Y al honrarte recordamos,/ tu patriótico heroísmo,/ es el prócer y el maestro,/ que los dos son uno mismo./

La Bandera dice Patria,/ y al decirlo se revela,/ que es el alma del maestro,/ señalándonos, la escuela./


Autores:
Letra: Ramón Emilio Jiménez
Música: José de Jesús Ravelo

Ir Arriba

Himno a Francisco del Rosario Sánchez

Sánchez glorioso, varón ilustre,/ que no supiste jamás hollar,/ los sacros fueron del patriotismo, que levantaron el patrio lar./

Tú que juraste morir de hambre,/ antes que siervo comer un pan,/ y lo cumpliste cuando tu cuerpo,/ de muerte herido cayó en San Juan./

Tú que en los labios siempre tuviste,/ fiero anatema para el Traidor,/ que malograra La Patria hermosa,/ por la que dieras vida y honor./

Derecho tienes a que elevemos,/ en tu memoria cantos de amor,/ ningún soldado fue más glorioso,/ nadie ha luchado con más valor./

Cuando miramos llenos de orgullo,/ la patria enseña, con qué fruición,/ pensamos todos que representa,/ la parte roja tu corazón./


Autores:
Letra: Ramón Emilio Jiménez
Música: José de Jesús Ravelo

Ir Arriba

Himno a Matías Ramón Mella

No fue nunca la divisa del instinto de matar,/ ni fue el rígido instrumento de la fuerza militar/ provocando las groseras ambiciones del poder:/ Fue tu espada la divisa del honor y del deber./

Fiel discípulo de Duarte, comprendiste el ideal,/ y sirviendo los destinos de la causa nacional,/ disparaste tu trabuco , que rugió como León,/ despertando Las conciencias y clamando redención./

La Bandera fue tu culto, la Bandera fue tu altar,/ y dijiste: Cuando vaya para siempre a descansar,/ que ella envuelva mi cadáver y moriste con honor,/ en los brazos siempre abiertos de la enseña tricolor./

Y después cuando quisieron, de la fosa recoger,/ tus cenizas venerandas, un milagro pudo ser:/ encontraron la bandera, la Bandera tricolor,/ reviviendo en sus matices la grandeza de tu amor./


Autores:
Letra: Ramón Emilio Jiménez
Música: Julio Alberto Hernández

Ir Arriba




Juan Bosch y las Invasiones Dominicanas



.- Trujillo sustentó dictadura en el campo e intelectuales/Listín Diario

17 agosto 2009

El dictador Rafael L. Trujillo desarrolló una alianza, con el apoyo de respetables intelectuales y funcionarios, con el campesinado dominicano, en la búsqueda no sólo de respaldo popular a su régimen, sino en la implementación de políticas estatales que fomentaran núcleos comerciales rurales. Este puñado de intelectuales que sirvió a la dictadura, aparentemente influenciado por una visión nacionalista-populista que establecía un camino a la modernidad, desarrolló programas de entrega de pequeñas parcelas, lo que le granjeó a Trujillo un fuerte apoyo del campesinado.

Esta es la visión del catedrático de la Universidad de Michigan, Richard L. Turits, al analizar "La Validación Intelectual de la Dictadura Trujillista e Impugnadores de esta Validación", en el primer panel del seminario Retrospectiva y Perspectiva del Pensamiento Político Dominicano, en el marco del Festival de las Ideas.

"¿Cómo pudo ese violento y corrupto tirano conquistar una aceptación popular para su régimen?", se preguntó el autor del libro "Fundaciones de Despotismo: Los campesinos, el régimen de Trujillo y la modernidad en la historia dominicana". Y a seguidas se respondió: "El extraordinario apoyo que concitó entre el campesinado el régimen de treinta y un años de Trujillo también había sido percibido por muchos observadores contemporáneos, entre los que se encontraba Juan Bosch, importante intelectual y entonces líder izquierdista de la comunidad de exiliados dominicanos, y quien posteriormente fue presidente de la República (1962-63)".

En 1991, Bosch recordaba haber advertido a otros exiliados revolucionarios que se embarcaron en una invasión a la República Dominicana a finales de la década de 1950 que: "Estaban equivocados si creían que sólo enfrentarían al Ejército de Trujillo y a nadie más, porque en adición a los soldados, tendrían que combatir a los campesinos... ‘No crean', les dije, 'que el campesinado dominicano los va a apoyar'". Y efectivamente, la investigación hecha por Richard L. Turits, en la que tiene como base metodológica la entrevista a campesinos dominicanos, plantea que realmente el campesinado enfrentó a los patriotas que combatieron el trujillato, y en muchos casos fueron ellos, quienes entregaron a los guerrilleros.

El texto sostiene que los historiadores tienden a minimizar la evidencia del apoyo popular que tenían las políticas de Trujillo, a la luz de las características totalitarias e inhumanas de su régimen y en algunos casos quizás también debido a criterios despectivos acerca de la racionalidad política del campesinado.

Plantea que "Sin embargo, según he podido documentar en mi libro Fundamentos del Despotismo, los esfuerzos de Trujillo para lograr una forma de populismo rural y fomentar políticas paternalistas eran mucho más sustanciosos de lo que previamente se había vislumbrado". Cita que el régimen distribuyó y preservó el acceso del campesinado a una gran parte del territorio nacional, mientras trataba a los campesinos como ciudadanos activos mediante una variedad de obligaciones civiles y rituales que los ataban al Estado. El estudioso norteamericano dice que la dictadura trujillista tuvo la posibilidad de elaborar políticas rurales efectivas en el marco de un discurso que no sólo aupaba el rol del campesinado en la nación, como nunca antes se había hecho, sino que también se hacía eco de las propias normas tradicionales del campesinado, sobre todo en lo referente a una economía moral profundamente enraizada en los derechos sobre la tierra.

Al profundizar sobre las políticas territoriales aplicadas por el dictador Rafael Leónidas Trujillo Molina, el experto de la Universidad de Michigan sostiene que éstas pretendían no sólo asegurar el libre acceso de los campesinos a la tierra, algo de lo que tradicionalmente habían disfrutado, sino también tornar al campesinado en sedentario y concentrarlo, pues en ese entonces todavía estaba altamente disperso y ambulante, acostumbrado a la siembra de tumba y quema, al uso colectivo de los montes, y a la crianza libre en tierras sin cercas y de libre acceso.

El catedrático reflexiona indicando que al distribuir parcelas fijas y, además, proveer nuevas carreteras, materiales, créditos y canales de riego de los cuales dependen los agricultores sedentarios, el Estado encajó al campesinado en el rango de su propia visión, acceso y control efectivo. Y más adelante, establece que el apoyo de los campesinos a las políticas agrarias gubernamentales y su aceptación de un Estado nacional expansivo e intervencionista era, en parte, una reacción a la onda de modernización económica y política que ya había comenzado a mover y transfigurar parcialmente el campo dominicano desde principios del siglo XX.

Recuerda que durante el periodo de 1900 a 1930, antes del ascenso de Trujillo al poder, enclaves crecientes de agricultura comercial y el aumento del valor de la tierra en algunas áreas, habían propiciado esfuerzos para encerrar, mensurar y reclamar tierras a través de todo el país. Igualmente observa el investigador Richard L. Turits, que se establecieron nuevas formas de propiedad privada mediante leyes promulgadas por la dictadura militar existente durante la ocupación norteamericana de 1916 a 1924. Y comenta que en 1930 miles de campesinos habían sido desplazados por las compañías azucareras norteamericanas, las cuales habían obtenido títulos de propiedad de vastas extensiones de tierra en la región Este del país, entre Santo Domingo y La Romana.

Apunta que esas políticas rurales del régimen de Trujillo fueron concebidas por talentosos funcionarios públicos e intelectuales -como Rafael César Tolentino, Rafael Espaillat, Rafael Vidal y Rafael Carretero- quienes buscaban desarrollar un prototipo alternativo para modernizar, un modelo que había resultado atractivo a los pensadores dominicanos de las décadas precedentes.

Plantea que los líderes e intelectuales dominicanos habían preconizado la expansión agrícola comercial durante largo tiempo, pero durante el periodo de 1900 a 1930 un creciente número de ellos se desilusionó con el desarrollo comercial de las áreas del país. Sostiene que a partir ahí, "nuevas formas de desempleo rural y escasez de alimentos en las ciudades amenazaron la estabilidad y bienestar económico y social".

Ir arriba


.- La Legión Caribe en el Ojo de la Tormenta/José del Castillo Pichardo
13 Septiembre 2008

El tercer nicaragüense enrolado en la expedición de Luperón fue José Félix Córdoba Boniche. Con 25 años de edad, de oficio mecánico práctico, corrió mejor suerte que sus compatriotas Alberto Ramírez y Alejandro Selva, al sobrevivir como parte del grupo que Trujillo preservó para fines de investigación y como medio de prueba de la intervención de Guatemala, Costa Rica y Cuba en los asuntos domésticos de la República Dominicana. Justo en momentos en que el país apelaba a la vigencia de los instrumentos jurídicos del sistema interamericano, bajo la recién creada OEA, en consonancia con la posición de línea dura adoptada por los Estados Unidos contra la inestabilidad en el Caribe.

Córdoba Boniche era un luchador antisomocista que llevaba dos años exiliado en Guatemala impedido de entrar a Nicaragua. Ante el tribunal dominicano que lo sentenció a 30 años de trabajos públicos, declaró que tras el triunfo de José Figueres en la guerra civil costarricense -con el aporte decisivo en hombres y armas de la Legión Caribe ensamblada en Guatemala- permaneció por tres meses en Limón, Costa Rica, a la espera de invadir su país para derrocar a Somoza. Al frustrarse ese intento, regresó a Guatemala, donde luego sería reclutado por un ex oficial de la Guardia Nacional nicaragüense bajo la creencia de que la invasión se dirigía a Nicaragua. Utilizó este argumento como medio de defensa, señalando que sólo supo que venía a Santo Domingo 24 horas antes de embarcarse.

Amnistiado por ley del 20 de febrero de 1950, Córdoba Boniche fue deportado hacia Nicaragua, donde seguro le esperaban cárcel o muerte. Aprovechando una escala del avión en Panamá, logró escurrírsele a sus custodios y pedir asilo en ese país, desde donde se trasladó a La Habana. En abril de 1954 se le vinculó a un complot develado para liquidar a Somoza, fraguado en Guatemala con la participación de ex oficiales de la Guardia Nacional y antiguos combatientes de la Legión Caribe, que costó la vida al dominicano José Amado Soler y, dos años después, al ex oficial de la guardia presidencial hondureña, Jorge Rivas Montes, comandante de Cayo Confites en Cuba y de la revolución figuerista en Costa Rica, quien guardaba prisión condenado por esos hechos y era uno de los que venía en junio de 1949 en la expedición de Juancito Rodríguez.

Emigrado a México, Córdoba Boniche falleció en 1972, según refiere Tulio Arvelo. El general retirado Humberto Ortega narra en su obra "La epopeya de la insurrección", que tanto él como el líder sandinista Carlos Fonseca Amador -tras ser liberados de la cárcel en Costa Rica en octubre de 1970 por la acción de un comando sandinista y antes de viajar a Cuba- celebraron en Ciudad México un encuentro de "análisis político" con Tomás Borge y Edén Pastora, en el cual participó "el doctor José Córdoba Boniche". Lo cual revela que el mecánico práctico que sobrevivió a la dura manopla de Trujillo y a otras tantas aventuras revolucionarias en Centroamérica, aprovechó académicamente su estancia mexicana. Y que permanecía vinculado a las actividades antisomocistas.

El aporte costarricense a esta expedición de Luperón lo puso Alfonso Leyton, veterano de la toma de Puerto Limón durante la revolución de Costa Rica, quien estuvo bajo las órdenes del comandante de la Legión Caribe, Horacio Ornes. Herido en el poblado de Luperón por el raso del Ejército Leopoldo Puente Rodríguez, Leyton murió carbonizado en el Catalina, preservado su cadáver por el formol humanitario del Dr. Alejandro Capellán.

Muchos otros legionarios centroamericanos, mexicanos, españoles y cubanos -transportados por pilotos norteamericanos- estaban supuestos a arribar a tierra dominicana, conforme a los planes del general Juancito Rodríguez y sus asesores militares, esbozados desde su plataforma guatemalteca. Desde la firma en Guatemala del Pacto del Caribe en diciembre de 1947, la revolución figuerista -tras dos meses de combates y con un saldo de 2 mil muertos de ambos bandos- se había impuesto en Costa Rica a finales de abril de 1948, con el decisivo respaldo de los legionarios y las armas de Cayo Confites.

No en balde en la estructura de mando del Ejército de Liberación Nacional comandado por José Figueres, figuraba como jefe de Estado Mayor el coronel Miguel Ángel Ramírez Alcántara, dominicano, y el teniente coronel Jorge Rivas Montes, hondureño, jefe de Planes, Operaciones e Inteligencia de dicho EM (Estado Mayor, nh). (También, nh) el mayor Horacio Ornes, comandante del Batallón Legión Caribe, así como el mayor Francisco Morazán, hondureño, oficial ejecutivo del Batallón San Isidro; todos, considerados héroes de esas jornadas.

En el arsenal facilitado por Juancito Rodríguez a Figueres -"Yo puse en manos de la revolución de Costa Rica el siguiente equipo, que le dio el triunfo final y definitivo a las armas bajo su mando, equipo que logré como producto de mis sacrificios personales y de gestiones con poderosos amigos"- se contaban 800 fusiles cal. 30 (con 223 mil cartuchos), 200 fusiles "R" cal. 7 mm, 16 ametralladoras cal. 45, 10 "M" 7 mm, 8 Lewis cal. 7-65, 6 "H" cal 7 mm, con sus cargadores y municiones. También 450 granadas de mano y otras 400 cal. 42 mm "H", bombas de aviación, explosivos y detonadores.

Con este material bélico, reforzado, los internacionalistas de la Legión Caribe se proponían invadir Nicaragua para derrocar a Somoza, para lo cual se constituyó en Costa Rica el Ejército de Liberación Nacional de Nicaragua, bajo el mando de Rosendo Argüello. Como asesores de esta empresa fueron contratados los veteranos de la República Española, Fernando Sousa, Esteban Rovira, Daniel Lado y Alberto Bayo Giroud, quien laboraba entonces en la Escuela de Aviación Militar de Guadalajara.

Figueres facilitó una hacienda cafetalera y dinero para la operación de un campo de entrenamiento. En septiembre de 1948, el presidente electo Carlos Prío, quien asumiría en octubre de ese año, viajó a Costa Rica y comprometió ayuda cubana en armamento. Sin embargo, las disputas entre los exiliados nicaragüenses dieron oportunidad a Somoza para tomar la iniciativa y "darle su propia medicina" a Costa Rica. El 10 de diciembre una fuerza expedicionaria de exiliados costarricenses encabezada por el ex presidente Calderón Guardia invadió su patria desde Nicaragua, con el apoyo logístico de la Guardia Nacional.

Figueres no permitió que la Legión Caribe interviniera en el conflicto y llamó a la formación de milicias populares para defender su gobierno, invocando asimismo el Tratado Interamericano de Asistencia Recíproca (TIAR) y la intervención de la OEA. Fruto de esta mediación, Nicaragua y Costa Rica acordaron cesar las hostilidades y desmantelar las operaciones bélicas de exiliados fraguadas en sus respectivos territorios, firmando en febrero de 1949 un Pacto de Amistad. Tras años de colaboración, Figueres y Argüello tomaron rumbos distintos cuando los exilados nicaragüenses debieron salir hacia Guatemala.

Por eso, al trocarse el Pacto del Caribe por este Pacto de Amistad, el tenaz y vertical Juancito Rodríguez, con su acentuado hablar cibaeño, solía decir al referirse a don Pepe Figueres: "el mie'dita ése nos cogió las armas y nos traicionó a todos".

Ir arriba


.- Expedición de Luperón: la revancha del Cayo/José del Castillo Pichardo
16 agosto 2008

1947 fue un buen año para Trujillo. Clausurado el "interludio de tolerancia", removidos en junio los incómodos pro democracia Braden y Briggs del Departamento de Estado y abortada la invasión de Cayo Confites en septiembre, el reelecto presidente, ahora convertido en cruzado anticomunista, pudo respirar tranquilamente al amparo de la sombrilla de la Guerra Fría y las prioridades de la doctrina Truman de contención del comunismo. Aun así, en junio de 1949 debió sofocar, sin mayores contratiempos, una incursión armada de sus enemigos externos procedente de Guatemala, que contó con la complicidad de Costa Rica y Cuba, así como de facilidades de autoridades de México. Esta vez, una pequeña fuerza multinacional de 12 hombres comandada por Horacio Julio Ornes, que partió del lago Izabal en Guatemala, logró alcanzar territorio dominicano acuatizando en la bahía de Luperón en un hidroavión Catalina.

El principal contingente que venía en otros dos aviones quedó entrampado en el trayecto. Una nave -en la que viajaba el general Juancito Rodríguez y el Dr. Eufemio Fernández, jefe de la policía secreta de Cuba bajo la presidencia de Prío- debió aterrizar de emergencia en una playa de la península de Yucatán en medio de una tormenta. La otra fue apresada en el aeródromo de la isla mexicana de Cozumel, donde hizo escala para reabastecerse de combustible, siendo detenidos sus ocupantes, encabezados por el general Miguel Angel Ramírez Alcántara. Otros dos aviones rentados (uno mexicano y otro norteamericano) abandonaron la empresa en la víspera, desertando los pilotos con el dinero.

Como si esto fuera poco, la inteligencia del régimen infiltró el Frente Interno a través del ex capitán Antonio Jorge Estévez -quien al ganar la confianza de los líderes de Puerto Plata viajó como emisario a Puerto Rico y tuvo acceso a los planes expedicionarios-, permitiéndole a Trujillo desinformar a la organización y dislocar las ubicaciones de los grupos locales que debían servir de contraparte.

En adición, según afirma Bernardo Vega en Global no.22, quince días antes del desembarco de Luperón, un republicano español se apersonó ante el embajador dominicano en México, Dr. Joaquín Balaguer, para denunciar la invasión. Fue llevado el 16 de junio ante el Jefe por Anselmo Paulino, con el propósito de armar un plan de contingencia, justo a tres días del desembarco de Luperón.

En esta oportunidad, Juancito Rodríguez se hizo asesorar por un grupo de republicanos veteranos de la Guerra Civil Española y de la resistencia francesa contra los nazis, entre los cuales estaba el teniente coronel Alberto Bayo, quien luego entrenaría a Fidel Castro y al Che Guevara en México para la expedición del Granma. Nueva vez, el general Rodríguez -con su dinero, liderazgo y tenacidad- figuraba como el jefe supremo de la revolución, secundado en el plano militar por Ramírez, Ornes y Fernández. Por su ascendencia en la política de Centroamérica se granjeó el respaldo pleno del gobierno de Juan José Arévalo en Guatemala y el más discreto de José Figueres en Costa Rica. Completó su esquema designando como delegado en Cuba a Juan Bosch -influyente en el entorno del presidente Carlos Prío, y lo propio en México al Dr. José Antonio Bonilla Atiles, quien diligenció la colaboración de estamentos del gobierno mexicano en algunos detalles operativos.

La conexión de esta empresa con Costa Rica tuvo su origen en la revolución producida en ese país en 1948 -que llevó a Figueres al poder-, la cual se benefició de las armas devueltas por el gobierno cubano a Juancito Rodríguez -quien tenía su base en Guatemala y había logrado el reintegro de parte del arsenal de Cayo Confites en su calidad de jefe y principal financista de esa expedición- y del aporte de veteranos del Cayo como Horacio Julio Ornes y Miguel A. Ramírez Alcántara, ambos considerados héroes del llamado Ejército de Liberación Nacional. Ornes comandó la Legión Caribe que tomó Puerto Limón y Ramírez Alcántara fue determinante en la batalla de San Isidro del General.

Durante 18 meses, Figueres encabezó la Junta Fundadora de la Segunda República que procedió, mediante decretos de ley, a establecer los derechos sociales, nacionalizar la banca, crear el Instituto Costarricense de Electricidad y la Oficina de Café, aboliendo finalmente el ejército, medidas consagradas en la Constitución de 1949. En su efímero tránsito como ministro de Relaciones Exteriores, entre abril y mayo de 1948, don Pepe Figueres rompió relaciones diplomáticas con el régimen de Trujillo en reciprocidad a la ayuda de los exiliados dominicanos en el triunfo de su Ejército de Liberación Nacional.

Estos hombres dirigirían en junio de 1949, con el general Rodríguez a la cabeza, la nueva intentona para derrocar a Trujillo. Tanto Ramírez Alcántara, Ornes, y Eufemio Fernández, al igual que los expedicionarios de Luperón Tulio H. Arvelo, Miguel A. Feliú Arzeno, Federico "Gugú" Henríquez y José Rolando Martínez Bonilla, estuvieron previamente en el Cayo, siendo así esta empresa una continuidad reducida de la anterior.

Sin los aprestos del proyecto de Confites, que fue concebido como una invasión masiva acompañada de bombardeo aéreo, desembarco marítimo de infantería y lanzamiento de paracaidistas, al estilo de la practicada por los aliados en Normandía, en esta ocasión el enfoque estratégico descansó en la movilización aerotransportada de una fuerza élite de veteranos, junto a una gran cantidad de armas que serían aprovechadas por hombres preseleccionados del denominado Frente Interno, a los cuales se les sumarían otros voluntarios.

Ornes Coiscou relata en su obra "Desembarco en Luperón" (prologada por Juan José Arévalo), que el plan era provocar un levantamiento interno armando a unos 1,200 insurgentes, número reducido a la tercera parte por razones de transporte. Como en otros planes de los exiliados, se asumía la premisa equivocada de un potencial estado insurreccional en el ánimo de la población.

Pero una vez más Trujillo se saldría con las suyas. El maleficio histórico que ha condenado a todas las expediciones dominicanas fraguadas desde el exterior para cambiar el orden de las cosas en Santo Domingo obraría a favor del dictador. No sólo la población negó apoyo al pequeño contingente que llegó a pisar suelo dominicano, sino que este grupo apenas representaba la sexta parte de la fuerza expedicionaria original que partió desde Guatemala. En efecto, tres grupos debieron arribar a tres puntos diferentes de la geografía nacional. El mayor, de 37, comandado por Juancito Rodríguez, debía desembarcar en el Cibao, ya en Constanza o en otro punto de La Vega, base social del rico hacendado.

El segundo, dirigido por Ramírez Alcántara, formado por 25 hombres, aterrizaría en San Juan de la Maguana, solar familiar del general. Mientras que el menor, de 12 combatientes, capitaneado por Ornes, lo haría por Luperón, Puerto Plata (provincia de donde era oriundo Ornes y desde cuya ciudad cabecera debía salir a su encuentro un grupo del Frente Interno), acuatizando el 19 de junio en un hidroavión Catalina. Estaba compuesto por ocho dominicanos, un costarricense y tres nicaragüenses; y como era costumbre, una tripulación de piloto, copiloto e ingeniero de vuelo, formada por tres norteamericanos.

Carbonizados en el Catalina al explotar los tanques de combustible por ametrallamiento practicado por un guardacosta de la Marina de Guerra, quedaron Hugo Kundhart y el nicaragüense Alberto Ramírez, heridos entre sí en un confuso incidente, el costarricense Alfonso Leiton, herido por un soldado dominicano, y Salvador Reyes Valdez, quien fungía como paramédico. Los tres norteamericanos y el nicaragüense Alejandro Selva fueron los primeros en abandonar el hidroavión y separarse del grupo principal. Tres días después fueron capturados y fusilados en el acto.

A 52 horas después del desembarco, el 22 de junio, el grupo principal fue emboscado y apresado por guardias y campesinos, entregado a las autoridades encabezadas por el capitán Dominico Pérez y el gobernador de Puerto Plata, Antonio Imbert. Gugú Henríquez y Manuel Calderón lograron evadirse pero fueron capturados más tarde y fusilados por instrucciones de Trujillo. Ya el dictador tenía en sus manos al contingente indispensable para presentarlo ante la OEA como medio de prueba del intervencionismo de Cuba, Costa Rica y Guatemala en los asuntos dominicanos.

Sobrevivieron y fueron enjuiciados: Horacio Julio Ornes Coiscou, Tulio Hostilio Arvelo Delgado, José Rolando Martínez Bonilla, Miguelucho Feliú Arzeno, y el nicaragüense José Félix Córdova Boniche. Diez años después, Feliú Arzeno participaría en la expedición del 14 de junio de 1959, ofrendando su vida por la causa libertaria dominicana.

Ir arriba


.- Amenazas Externas al "Ilustre Jefe"/José del Castillo Pichardo
9 agosto 2008

Tras el triunfo aliado en la Segunda Guerra Mundial, el régimen de Trujillo tuvo que sortear en lo inmediato dos amenazas simultáneas en el frente internacional. Una fue la designación en el Departamento de Estado, en octubre de 1945, del polémico diplomático Spruille Braden como Assistant Secretary of State for Latin American Affairs, en reemplazo del complaciente Nelson Rockefeller. Este había visitado el país en noviembre de 1944 en su condición de coordinador de la oficina de asuntos interamericanos creada bajo Roosevelt, siendo agasajado e instrumentalizado por Trujillo, motivo de un tenso forcejeo con el incómodo embajador Ellis O. Briggs, quien le reclamaba a Rockefeller enfatizar en sus declaraciones la vigencia de los principios democráticos de la Carta del Atlántico. Este conflicto le costaría a Briggs la remoción del cargo en enero de 1945 y la degradación de rango, yendo a parar a China como ministro consejero, como lo explica en su libro de memorias "Proud Servant".

Braden había ganado fama por su beligerancia como embajador contrario a las dictaduras y a la penetración nazi y fascista en América Latina. En Cuba aplicó en 1944 una política que restringía a los empresarios norteamericanos financiar candidaturas en las elecciones de ese año, enfrentando directamente al presidente Fulgencio Batista en maniobras de último momento destinadas a desconocer el triunfo del candidato opositor, Ramón Grau San Martín, sobre el oficialista.

En Argentina, en 1945, este "Democracy's Bull" -como le llamó la revista Time- acusó de pro nazi y aliado del Eje al coronel Juan Domingo Perón, candidato presidencial oficialista, apoyando abiertamente a la oposición en un esfuerzo fallido de parar al líder de los "descamisados". Desde su nueva posición en el Departamento de Estado, Braden editó un Libro Azul sobre la Argentina documentando estas acusaciones. Pero "le salió el tiro por la culata", ya que Perón lanzó la consigna Braden o Perón -que apelaba al ego nacionalista- y ganó las elecciones de febrero de 1946. En sus funciones, Braden tuvo de segundo a Ellis O. Briggs como director de la Oficina de American Republics Affairs (1945-47), quien, como jefe de misión en la República Dominicana, entre junio de 1944 y enero de 1945, se caracterizó por una marcada antipatía hacia el régimen de Trujillo.

Antes, Briggs se desempeñó en la legación norteamericana en Cuba (1941-44), donde coincidió con Braden; estuvo en Perú y en la división de Europa Occidental del Departamento de Estado. Luego sería embajador en Uruguay, Checoeslovaquia, Corea, Perú, Brasil y Grecia, finalizando su carrera con honores. Ambos cruzados del credo liberal cesarían en sus funciones en Washington a mediados de 1947, no sin antes bloquear sistemáticamente las solicitudes de armas y municiones que hizo el gobierno dominicano al de Estados Unidos, argumentando que sólo servirían para fortalecer la capacidad de la dictadura para oprimir a su pueblo y agredir a sus vecinos. Por ello, la caída de este binomio fue celebrada ampliamente en la prensa trujillista, ya que significaba el desencaje de dos piezas claves adversarias enclavadas en el corazón del imperio.

La otra amenaza que debió enfrentar el "ilustre Jefe" provino de la existencia en el Caribe de un ambiente hostil encarnado por los gobiernos de Cuba, Haití, Venezuela y Guatemala, los cuales, en diferente medida, dieron apoyo a los exiliados dominicanos en sus planes para derrocar a Trujillo. Particularmente a la abortada expedición de Cayo Confites de 1947, que fuera la mayor operación bélica fraguada desde el exterior contra el régimen. Poco después se sumarían a los gobiernos de Guatemala y Cuba, los de Costa Rica y México, con motivo de la expedición de Luperón de junio de 1949.

En Haití, el presidente Elie Lescot (1941-46), quien estuvo asociado a Trujillo desde la década del 30 y recibió su respaldo financiero para alcanzar el poder, devino en su enemigo, siendo objeto de un intento de asesinato orquestado por un agente consular dominicano, y luego blanco de una campaña difamatoria, al revelarse la comprometedora correspondencia que había mantenido con Trujillo. Lescot, en represalia, hizo un aporte de 25,000 dólares a Juan Bosch, fruto de la hipoteca de su casa, para apoyar los planes de los exiliados contra su rival insular, siendo instrumental una carta de referencia otorgada por el presidente Rómulo Betancourt. Aunque Lescot fue depuesto en enero de 1946 por un golpe militar, su dinero sirvió para comprar los aviones destinados a la expedición de Cayo Confites.

Venezuela fue otra pieza fundamental del ajedrez del Caribe, aparte de su valor estratégico petrolero. Desde octubre de 1945 hasta febrero de 1948, Rómulo Betancourt, líder de Acción Democrática (AD), presidió una Junta Revolucionaria que sucedió al general Isaías Medina Angarita, propiciando una mayor participación estatal en los beneficios del petróleo explotado por compañías norteamericanas (el llamado 50% y 50%), una ley de reforma agraria y cambios en el sistema político consagrados a través de una Constituyente. Entre ellos, figuró la elección presidencial mediante voto directo, en vez de la elección indirecta a través del Congreso. En los comicios de diciembre de 1947, AD llevó a la presidencia al escritor Rómulo Gallegos, quien asumió en febrero de 1948 y fue derrocado en noviembre por los militares.

La política exterior de Betancourt fue de rechazo a las dictaduras, lo cual se tradujo en la ruptura de relaciones con la España franquista y los regímenes de Trujillo y de Anastasio Somoza. Venezuela acogió a los refugiados republicanos españoles, así como a los dominicanos. A finales de los años 20 Betancourt había residido brevemente en Santo Domingo y era, como otros líderes de AD, un aliado de los exiliados antitrujillistas.

El 12 de noviembre de 1945, los dominicanos realizaron una reunión pública en Caracas para condenar a Trujillo y apoyar a la Junta Revolucionaria de Venezuela, con la presencia de Juan Bosch, Dr. Ramón de Lara, Dr. Luis F. Mejía y Dr. Francisco A. Henríquez, así como del dirigente de AD, el poeta Andrés Eloy Blanco.

Un reporte de la Embajada Americana en Venezuela señalaba que "las relaciones entre Juan Bosch y sus seguidores y Acción Democrática han sido muy estrechas por mucho tiempo. Bosch y el Presidente de la Junta, Betancourt, son amigos íntimos y Rómulo Gallegos, Presidente de Acción Democrática, introdujo a Bosch durante un mitin de masas durante un viaje previo de este último".

Archiadversario del dictador dominicano, Betancourt contribuyó con los esfuerzos fraguados por los exiliados en el conato de invasión de Cayo Confites de 1947, y devino luego en dolor de cabeza para la geopolítica trujillista del Caribe tras la caída de la dictadura del general Marcos Pérez Jiménez en 1958 y su retorno al poder en 1959, al propiciar, junto a Fidel Castro, la expedición del 14 de junio para derrocar al tirano. Justo un año después, en junio de 1960, Rómulo Betancourt fue blanco de la venganza de Trujillo al perpetrarse un atentado dinamitero contra su vida, hecho que motivó las sanciones impuestas al régimen dominicano por la OEA en San José de Costa Rica.

En Guatemala, la caída de la dictadura de 14 años del general Jorge Ubico, como resultado de un movimiento cívico militar, desembocó en elecciones que fueron ganadas por el Dr. Juan José Arévalo, un educador exiliado en Argentina de ideas socialistas moderadas, quien presidió el primer gobierno de la llamada revolución guatemalteca (1945-51), cuyo segundo mandato correspondería al coronel Jacobo Arbenz (1951-54). Este último impulsaría la reforma agraria y sería derrocado por un movimiento militar liderado por el coronel Carlos Castillo Armas en medio de fuertes tensiones con la United Fruit Company y otras empresas norteamericanas como la Electric Bond and Share y la International Railways of Central América.

Mientras que Arévalo -un notable escritor de ensayos políticos adversos a las dictaduras latinoamericanas y de corte antiimperialista como "La Fábula del Tiburón y las Sardinas"- apoyó los planes de los exiliados dominicanos que llevaron a la abortada invasión de Cayo Confites, intermediando en la compra de armas al gobierno argentino.

Ir arriba


.- Un Gordo en el Bolsillo de Trujillo/José del Castillo Pichardo
19 julio 2008

De Cayo Confites salieron ganando Trujillo -quien se anotó un triunfo diplomático y ganó tiempo para ensamblar un formidable poderío militar- y Genovevo Pérez Dámera, el obeso jefe del ejército cubano que engrosó su fortuna personal y consolidó su hegemonía en la jerarquía político-militar de Cuba. Arrinconando a sus enemigos involucrados en la expedición (el influyente ministro Alemán, potencial sucesor de Grau en la Presidencia, Rolando Masferrer, Manolo Castro, los jefes policiales Fabio Ruiz y Mario Salabarría, y el coronel naval Agostini, encargado de Inteligencia del Palacio) y aumentando de paso el potencial bélico del ejército con la incautación de más de 16 aviones modernos junto a un abundante arsenal.

Célebre por la expresión "A los periodistas se les paga o se les pega", el "ventrudo y vitaminado" jefe siempre tuvo mala prensa. En ocasión de un desfile militar en el campamento de Columbia -piénsese en San Isidro en época de Ramfis-, al que asistían el presidente Carlos Prío y el presidente saliente Ramón Grau, un fotógrafo captó una escena en la que el sombrero de Grau se veía tirado debajo de su silla. Enterado el jerarca por un reportero de Prensa Libre, le sonó una bofetada, exclamando ante los atónitos periodistas: "¡Al que publique esa foto lo mando al hospital!". Era diciembre de 1948, a un año del desbande de Cayo Confites, y el protegido de Grau continuaba al frente de la máxima posición castrense, pese a las acusaciones públicas de que fue generosamente sobornado por Trujillo -una mala palabra en la Cuba de entonces. ¿Qué hubo de cierto en todo eso?

José Almoina refiere en "Una satrapía en el Caribe", que Trujillo envió a Washington a su canciller Arturo Despradel y a Manuel de Moya, con el propósito de realizar gestiones para abortar la expedición. Allí, se habría producido el contacto con Pérez Dámera, quien estaba recibiendo presiones de las autoridades norteamericanas para frenarla. De esta manera, según Almoina, se logró "parar con oro la expedición". Al respecto Juan Bosch -figura clave en el montaje de Confites-, relata un encuentro con éste en una playa cerca de La Habana. Tras saludarse, el exiliado antitrujillista le espetó: "Por ahí se dice que Trujillo te dio medio millón de pesos para que hicieras fracasar la expedición de Cayo Confites. ¿Qué hay de eso?". Pérez Dámera respondió: "Oye, si yo no meto la mano en ese lío para que ustedes no fueran a Santo Domingo, a esta hora estarían todos muertos, porque Trujillo estaba esperándolos para acabar con todos". "¿Y cómo convenciste a Grau para que te dejara hacer lo que nos hiciste?", preguntó Bosch, a lo que el cubano respondió con esa malicia habanera: "Le dije lo mismo que estoy diciéndote: que no iba a quedar uno vivo, porque Trujillo está muy bien preparado".
Mario Salabarría -el Mayor de la policía, Jefe de Investigaciones vinculado al MSR de Rolando Masferrer, que encabezó la fuerza atacante en los sucesos de Orfila, pretextados para desmantelar la invasión-, tras 28 años de presidio en Cuba, ofreció en Miami, en 1983, reveladores detalles sobre los nexos del jefe del ejército cubano y el dictador dominicano, así como interioridades del plan conspirativo.

"Genovevo Pérez venía relacionado con Trujillo, y aprovecha el problema de Orfila para dar la sensación que nosotros teníamos una conspiración, de acuerdo con Cayo Confites, para derrocar el gobierno. Él recibió, y Rolando lo dijo en la Cámara, un millón de dólares de Trujillo por desbaratar la expedición de Cayo Confites. Inclusive Rolando dio en una sesión de la Cámara el número de la cuenta y el banco donde él tenía su dinero depositado en Cuba. Cuando lo de Orfila, Genovevo estaba esa noche en Washington y regresó esa madrugada. Lo de Cayo Confites lo desbaratan al día siguiente o a los dos días, más o menos".

Salabarría sostiene que "Genovevo prácticamente dio un golpe de Estado", manteniendo a Grau como un virtual prisionero en Palacio, ya que controlaba la Guardia Presidencial. Pero más sorprendente aún es su afirmación de que "Grau estuvo como cuatro días con pérdida de memoria total", mientras Pérez Dámera desmantelaba Confites, algo "que muy poca gente sabe".

Señala que "aunque el gobierno americano también presionó, lo que decidió la cosa fue el soborno", ya que "el gobierno americano respetaba a Grau. Orfila fue el 15 de septiembre, y a los tres o cuatro días desbarataron lo de cayo Confites."

Relata que "Genovevo sabía que yo era un elemento vital en lo de Cayo Confites: resolví la estancia de los aviones que iban a bombardear Santo Domingo; resolví el problema del financiamiento con Alemán, y otras cosas. Aunque yo no figuraba en el grupo de dirigentes, pero las cosas que había que hacer, como hablar con el Presidente o el jefe de la Marina de Guerra, lo hacía yo. Allí no podían llegar cinco o seis aviones sin que el Presidente no lo conociera, y había que tenerlos en un aeropuerto con amplitud, como el del Mariel. Todo eso yo lo resolví". Para Salabarría "lo que veía en Cayo Confites eran enemigos de él".

Según Ciro Bianchi, el 19 de julio de 1949 La Voz del Yuna radió un mensaje de alerta: "General Pérez Dámera, general Pérez Dámera, ¡tenga cuidado! ¡La próxima víctima será usted! ¡Hay un complot organizado para matarlo!".

Aludiendo al asesinato en la víspera del coronel Arana, jefe del Ejército guatemalteco, quien rivalizaba en la sucesión presidencial de Arévalo con el coronel Jacobo Arbenz, vinculado a los enemigos de Trujillo. Ya que la emisora le había enviado un mensaje similar a Arana, el advertido general reforzó su seguridad y envió en secreto al coronel González Chávez, jefe de la aviación militar cubana, a entrevistarse con Trujillo.

En agosto, un reporte del evento llegó a Juan Bosch, quien informó al presidente Prío. Interrogado el oficial, admitió la misión. Confirmadas las sospechas de deslealtad, un corajudo Carlos Prío se trasladó a Columbia y destituyó al ventrudo general, poniendo en posesión al general Ruperto Cabrera.

Fue una ocasión, parafraseando al también obeso Arturo Logroño, en que "la soga se rompió por lo más grueso".

Ir arriba


.- Fidel y Masferrer en el Cayo: la Paradoja del Héroe y el Villano/José del Castillo Pichardo
12 julio 2008

En sus conversaciones con Ignacio Ramonet, Fidel Castro identifica Cayo Confites con lo que no se debe hacer en una empresa revolucionaria. Reinaba el "caos y la desorganización". Una "fuerza mal entrenada e inexperta", sin "preparación ideológica", sin "táctica ni estrategia", "sería cuestión de horas liquidarla". El hoy Comandante en Jefe y entonces estudiante del 2do año de Derecho, planeaba irse a las montañas con su compañía, ya que "no se podía luchar frontalmente contra un ejército". Y "era tonto ignorarlo".

Contrario opinaba José Almoina -secretario particular de Trujillo, que vivió en el país hasta junio de 1947-, quien afirma que al percatarse este de "que los expedicionarios contaban con elementos muy serios... y que la cosa marchaba, pensó ganar con el dinero, adelantándose", sobornando en Washington al jefe del ejército cubano. Jesús de Galíndez estimaba que la dilación del proyecto obligó al gobierno de EEUU a cortar la compra de material bélico y al de Cuba a ordenar su desbande. Ante el "gesto suicida" final de los conjurados, "atajados por la Marina de Guerra cubana", entiende que lo sucedido "fue mejor para todos, quizás".

La duda que desliza el vasco victimizado por Trujillo, al igual que Almoina, sirve para contrastar el enfoque del héroe revolucionario en el que se convirtió Fidel Castro, con el de Rolando Masferrer, el influyente comandante del batallón Sandino, líder del Movimiento Socialista Revolucionario, quien como senador y editor de sendos diarios, derivó en villano al servicio de Batista.

El plan de Confites asumía la superioridad aérea de los complotados, con más de 16 aviones de última generación estacionados en la base naval de Mariel y en Rancho Boyeros, que servirían para bombardear objetivos estratégicos y cubrir el desembarco de la infantería, equipada con armamento moderno. Afectado por restricciones del departamento de Estado, todavía Trujillo no contaba con el poderío aéreo que alcanzó a partir de 1948 cuando se creó la Aviación Militar Dominicana y se compró una flota de aviones ingleses Beaufighter y Mosquitos, así como PT-17 Stearman para instrucción de vuelo.

En el personal de esa empresa no se ve la aludida falta de formación ideológica. Juan Bosch -de quien Fidel dice en su reflexión de la semana pasada que lo conoció en el Cayo y que "no era el jefe de la expedición, pero sí la más prestigiosa personalidad entre los dominicanos"-, junto a Jimenes Grullón, Cotubanamá Henríquez, Virgilio Mainardi Reyna, Ángel Miolán, Alexis Liz, habían fundado en 1939 el PRD con una plataforma de izquierda democrática. Jimenes Grullón había editado Ideas y doctrinas políticas contemporáneas (1939), República Dominicana, Análisis de su Pasado y su Presente (1940, con prólogo de Juan Bosch), y Una Gestapo en América (1941).

Chito Henríquez, Dato Pagán, Mauricio Báez, Tulito Arvelo, Pedro Mir, José Rolando Martínez Bonilla, Diego Bordas y otros confiteros venían del clandestinaje antitrujillista y la lucha abierta del "interludio de tolerancia" de mediados de los 40, enrolados en el Partido Democrático Revolucionario, el Partido Socialista Popular y la Juventud Democrática. Mir fue diputado constituyente del 47 junto a mi padre Francisco del Castillo -miembro del Frente Interno en cuya oficina de abogado al lado de la Catedral se celebró un congreso del PDRD-, cuando se introdujo la reforma financiera que creó el peso oro dominicano, el Banco Central y la Junta Monetaria.

Participaban antiguos combatientes de la Guerra Civil Española como Masferrer, Eufemio Fernández y el gallego Carlos Gutiérrez Menoyo (muerto en 1957 en el asalto al Palacio durante Batista), Feliciano Maderne, oficial del ejército cubano que luchó contra Machado. Veteranos de la Segunda Guerra eran Manolo Bordas y Gugú Henríquez. Respaldaron el gobierno progresista de Betancourt y el de Juan José Arévalo en Guatemala. Ambos regímenes de izquierda.

Antes de morir en Miami de un bombazo en 1975, Masferrer legó su versión de esta historia en una entrevista en la que rindió tributo al "acaudalado terrateniente dominicano, Juan Rodríguez García, hombre de gran integridad que empeñó su fortuna completa para luchar contra Trujillo, en una empresa que lamentablemente fue frustrada por la intervención del departamento de Estado de los Estados Unidos, que originalmente había dado su tolerancia a través de Angel Morales, un antiguo embajador del gobierno del presidente Horacio Vásquez en Washington, pero que después, mediante presiones y situaciones que Trujillo manejaba muy bien en el congreso de los Estados Unidos, fue frustrada".

Reconoció en Manolo Castro "el gran inspirador de la movilización de los cubanos en apoyo de la lucha para derrocar la tiranía de Trujillo". Tocándole a Masferrer "hacer el plan de instrucción militar y la academia de oficiales", y comandar un batallón, al igual que Eufemio Fernández, Diego Bordas y Maderne.

De Fidel Castro dice que "estaba a cargo de un pelotón de infantería, estuvo allí muy moderadamente, muy discretamente, no creó mayores conflictos", negando que se suscitara un altercado personal entre ellos en el Cayo. Y dio su versión del legendario episodio de la evasión que escenificó el futuro líder de la revolución cubana.

Es la misma historia, esta del Cayo, contada por el héroe y el villano.

Ir arriba


.- La historia real y el desafío de los periodistas cubanos/Fidel Castro
3 julio 2008

El líder de la Revolución Cubana, Fidel Castro, afirmó que la verdad en nuestros tiempos navega por mares tempestuosos, donde los medios de divulgación masiva están en manos de los que amenazan la supervivencia humana con sus inmensos recursos económicos, tecnológicos y militares.
Fidel Castro

Hace siete días hablé de uno de los grandes de la historia, Salvador Allende, a quien el mundo recordó con profunda emoción y respeto al conmemorarse el primer centenario de su nacimiento. Nadie, en cambio, vibró y ni siquiera recordó el día 24 de octubre de 1891, en que —18 años antes que nuestro admirado hermano chileno— nació el déspota dominicano Rafael Leónidas Trujillo.

Ambos países, uno en el Caribe y otro en el extremo Sur de América, sufrieron las consecuencias del peligro que previó y quiso evitar José Martí, quien en su famosa carta póstuma al amigo mexicano que luchó junto a Juárez, le transmitió un pensamiento que nunca me cansaré de repetir: "Ya estoy todos los días en peligro de dar mi vida... para impedir a tiempo con la independencia de Cuba que se extiendan por las Antillas los Estados Unidos y caigan, con esa fuerza más, sobre nuestras tierras de América. Cuanto hice hasta hoy, y haré, es para eso".

A nuestra revolución victoriosa le correspondió simultanear la amistad de Allende y el odio de Trujillo. Este era un Pinochet rústico, engendrado por Estados Unidos en el Caribe. El déspota había sido fruto de una de las intervenciones militares yanquis en la isla que comparte con Haití y que fuera la primera colonia española. La infantería de Marina norteamericana había intervenido en esa República hermana para garantizar los intereses económicos y estratégicos de su país —no existía, por supuesto, una Enmienda Platt para encubrir la acción con una tenue túnica legal-.

En 1918, recluta entre otros, al aventurero y ambicioso criollo, hijo de un pequeño comerciante, lo entrena e ingresa con 27 años de edad en el Ejército nacional. Pasa un curso de capacitación en el año 1921 en la Academia Militar creada por los ocupantes del país y, transcurrido el mismo, se le designa como jefe de una guarnición y es ascendido al grado de Capitán por los servicios prestados a las fuerzas de intervención, sin ostentar el grado previo de teniente requerido para el ascenso.

Al cesar la ocupación yanqui en 1924, Trujillo estaba preparado como instrumento de Estados Unidos para ocupar altos cargos en la esfera militar, los que utiliza para el clásico golpe de Estado y las típicas "elecciones democráticas" que lo conducen en 1930 a la Presidencia de la República. El inicio de su gobierno coincidió con los años de la Gran Depresión que golpeó duramente a la economía de Estados Unidos.

Cuba, el país más dependiente y maniatado por los acuerdos comerciales, sufrió las mayores consecuencias de esa crisis. Se añadía la Base Naval y la humillante e innecesaria Enmienda, que les daba derecho constitucional a intervenir en nuestra nación, haciendo trizas su gloriosa historia.

En el país vecino, con menos dependencia económica directa, Trujillo, hombre astuto y lleno de ambiciones, manejó a su antojo los bienes de la clase media y la oligarquía dominicanas. Los principales centrales azucareros y otras muchas ramas industriales se convirtieron en propiedades personales suyas. Ese culto a la apropiación privada no ofendía los conceptos capitalistas del imperio. "Dios y Trujillo", proclamaban en todas partes los letreros lumínicos. Muchas ciudades, avenidas, carreteras y edificaciones llevaban su nombre o el de familiares allegados. El mismo año que ascendió a la Presidencia, un huracán golpeó fuertemente a Santo Domingo, capital del país. Después de restablecida, la bautizó con su nombre y se llamó oficialmente Ciudad Trujillo. Jamás se vio en el mundo un caso igual de culto a la personalidad.

Llevó a cabo en el año 1937, en el área de la frontera, una gran matanza de trabajadores haitianos que constituían su reserva de fuerza de trabajo agrícola y constructiva. Era un aliado seguro de Estados Unidos. Participó en la creación de Naciones Unidas y en la fundación de la OEA en 1948. El 15 de diciembre de 1952 viaja a Washington nada menos que ostentando el cargo adicional de embajador plenipotenciario ante la Organización de Estados Americanos. Permanece en ese país tres meses y medio. El 2 de julio de 1954 viaja a España a bordo de un trasatlántico, que lo transporta a Vigo. Franco, que era ya aliado del imperio, lo recibe en la estación Norte de Madrid con todo el cuerpo diplomático.

Mi relación con la República Dominicana data de mi época de estudiante universitario. Había sido honrado con la designación como Presidente del Comité Pro Democracia Dominicana. No parecía un cargo muy importante, pero, dado mi carácter rebelde, lo tomé en serio. Sin que se esperara, llegó la hora propicia. Los exiliados dominicanos impulsan en Cuba una fuerza expedicionaria. Me enrolo en ella cuando aún no había concluido el segundo año de mi carrera. Tenía entonces 21 años.
He contado en otras ocasiones lo que ocurrió entonces. Después de la malograda expedición de Cayo Confites, no estuve entre los más de mil prisioneros llevados al campamento militar de Columbia, encarcelamiento que dio lugar a la huelga de hambre de Juan Bosch. Habían sido confinados por el Jefe del Ejército de Cuba, General Pérez Dámera, que recibió dinero de Trujillo para interceptar la expedición, lo que se llevó a cabo cuando ya se aproximaba al Paso de los Vientos.
Una fragata de la Marina cubana, apuntando con sus cañones de proa a nuestra embarcación que iba delante, dio la orden de volver atrás y atracar en el puerto de Antilla. Me lancé al mar a la entrada de la Bahía de Nipe con tres expedicionarios más. Éramos cuatro hombres armados.

Conocí a Juan Bosch, prominente líder dominicano, en Cayo Confites, donde nos entrenamos, y pude conversar mucho con él. No era el jefe de la expedición, pero sí la más prestigiosa personalidad entre los dominicanos, ignorado por algunos de los principales jefes del movimiento y por los cabecillas cubanos, que contaban con importantes y bien remuneradas influencias oficiales. ¡Qué lejos estaba de imaginar entonces lo que hoy escribo!
Cuando once años después nuestra lucha en la Sierra Maestra estaba a punto de concluir victoriosamente, Trujillo otorgó un crédito a Batista en armas y municiones, que llegaron por avión a mediados de 1958. Le ofreció, además, transportar por aire tres mil soldados dominicanos, y posteriormente otra fuerza igual que desembarcaría por Oriente.

El primero de enero de 1959, la tiranía de Batista es derrotada por los golpes contundentes del Ejército Rebelde y la huelga general revolucionaria. El Estado represivo se desmorona totalmente a lo largo y ancho de la Isla. Batista huye a la República Dominicana. Con él viajan, entre otros siniestros personajes del régimen, el conocido esbirro Lutgardo Martín Pérez, su hijo de 25 años Roberto Martín Pérez Rodríguez, y un grupo de los principales jefes militares de su derrotado ejército. Trujillo recibe a Batista calurosamente y lo instala en la residencia oficial de invitados ilustres, enviándolo más tarde a un lujoso hotel. Le preocupa el ejemplo de la Revolución Cubana y, contando con los altos jefes del antiguo ejército batistiano y el probable apoyo de las decenas de miles de los componentes de las tres armas que lo integraban y la policía, concibe la idea de organizar la contrarrevolución y apoyarla con la Legión del Caribe, que contaría con 25 mil soldados del ejército dominicano.

El gobierno de Estados Unidos, conocedor de estos planes, envía a un oficial de la CIA a Santo Domingo para entrevistarse con Trujillo y valorar los planes contra Cuba. A mediados de febrero de 1959 se reúne con John Abbes García, Jefe de la Inteligencia militar dominicana. Le recomienda enviar agentes para reclutar elementos inconformes en las propias filas de la Revolución triunfante. No le informó que el gobierno de Estados Unidos contaba con William Alexander Morgan Ruderth, ciudadano norteamericano y agente de la CIA infiltrado en el Segundo Frente del Escambray, que lo ascendió a Comandante, y era uno de sus principales jefes.

El desarrollo de estos acontecimientos, que constituyen una fascinante historia, está recogido en libros de altos funcionarios de la Inteligencia y la Seguridad cubanas, testimonios de jefes de unidades del Ejército Rebelde que participaron en los hechos, autobiografías, declaraciones oficiales de la época, así como de periodistas nacionales y extranjeros, que resulta imposible mencionar en esta Reflexión.

Hay además un libro en edición, escrito por un compañero que a los 17 años ingresó en las Milicias, la que por su buena conducta y su mente ágil, lo pasó a la escolta del Primer Ministro y Comandante en Jefe, donde estudió taquigrafía, tomó después notas de las conversaciones y recogió el testimonio de cientos de participantes en los hechos que narra. Se trata de un capítulo de la historia de la Revolución que está lejos de cerrarse.
Como es de suponer, a los principales jefes revolucionarios se nos informaba constantemente de las noticias que llegaban de los planes enemigos. Concebimos la idea de asestar un fuerte golpe a la contrarrevolución yanqui, batistiana y trujillista.

Cuando ya las armas enviadas por mar desde la Florida para los golpes iniciales y los jefes y complotados estaban bajo riguroso control, se simuló una contrarrevolución exitosa en el área montañosa del Escambray y en Trinidad, que disponía de una pista aérea. Se aisló el municipio de esta pequeña y amistosa ciudad y se intensificó el trabajo político revolucionario.

Trujillo se entusiasmaba. Una compañía rebelde disfrazada de campesinos gritaba en la pista aérea: "¡Viva Trujillo! ¡Abajo Fidel!", de todo lo cual se informaba a la jefatura en la República Dominicana. Ésta había lanzado por paracaídas abundante parque. Todo marchaba bien. El 13 de agosto llegó un avión con el emisario especial de Trujillo: Luis del Pozo Jiménez, hijo de quien fue Alcalde batistiano de la capital y figura prominente del régimen. Indicó en un mapa las posiciones que debían ser bombardeadas por la Fuerza Aérea dominicana e indagó la cantidad de legionarios que se necesitaban en la primera etapa.

Con él vino otro enviado importante, Roberto Martín Pérez Rodríguez que, como ya se mencionó, viajó junto a su padre con Batista en su fuga hacia la República Dominicana aquel primero de enero. Lo acompañaban varios jefes mercenarios que venían ya para quedarse. El aparato debía regresar. Era tripulado por el mismo personal cubano que transportó a Batista en su huida. Yo estaba en las proximidades de la pista de aterrizaje con Camilo Cienfuegos y otros comandantes rebeldes. El jefe del personal militar cubano que descargaba las armas y equipos de comunicaciones enviados, interpretó que debía arrestar a los tripulantes de la nave. Al realizarlo, un copiloto se percata, dispara contra ellos y se generalizó el tiroteo. Los enviados de Trujillo y demás jefes mercenarios fueron arrestados. Hubo bajas.

Esa misma noche visité a los heridos de ambos bandos. No se podía seguir adelante con el plan. Hasta entonces todas las comunicaciones entre Trujillo y la contrarrevolución del Escambray se realizaban por onda corta. La emisora oficial de Trujillo emitía partes victoriosos similares a los que se escuchaban desde Radio Swan y Miami en los días de Girón. Nunca usamos las emisoras públicas de Cuba para propagar informes oficiales falsos.

Habría podido proseguirse el juego aun después de tomado el avión y de haber sido arrestados Luis del Pozo Jiménez y Roberto Martín Pérez Rodríguez, simulando desperfecto mecánico en la nave aérea que debía regresar, pero solo al precio de engañar y confundir al pueblo, inquieto ya por las noticias procedentes del Escambray sobre supuestas victorias contrarrevolucionarias, difundidas públicamente desde Ciudad Trujillo.

Ese 13 de agosto de 1959 cumplía yo 33 años de edad, estaba en la plenitud de la vida y de las facultades físicas y mentales. Se trataba de una importante victoria revolucionaria, pero a la vez una señal de los tiempos que vendrían y un triste obsequio que me hizo Rafael Leónidas Trujillo el día de mi onomástico. Veinte meses después enfrentaríamos Girón, la violencia y la sangre en el Escambray, en la orilla del mar, en ciudades y campos de todo el país. Era la contrarrevolución dirigida por Estados Unidos.

En ese país habrían fusilado a Roberto Martín Pérez Rodríguez y a Luis del Pozo Jiménez como mercenarios al servicio de una potencia enemiga. Los Tribunales Revolucionarios los sancionaron a prisión y no les tocaron un pelo. ¿Cuál fue el destino final de Martín Pérez? Emigró a Estados Unidos legalmente. Es hoy abanderado de la mafia terrorista cubano-americana que apoya al candidato republicano McCain.

Un prestigioso periodista e investigador canadiense, Jean-Guy Allard, describe el historial terrorista de Roberto Martín Pérez Rodríguez:
"... De hecho, de muy joven, 'Macho’ Martín Pérez" (así lo suele llamar) "se sumó a la policía de Batista y, a fuerza de maltratos a los presos en los últimos meses del sanguinario régimen, obtuvo el rango de sargento por sus singulares méritos. Tan cerca de Batista se encontraban el padre y el hijo que, el primero de enero del año 1959, en lugar de huir hacia Miami, siguieron al dictador a su refugio de República Dominicana.

... Liberado el 29 de mayo de 1987... en 1989 se integra a la Fundación Nacional Cubano-Americana (FNCA), creada por la CIA durante el gobierno de Ronald Reagan. Pronto dirige el comité paramilitar conformado por esta organización que asegura el financiamiento, entre otros, del grupo terrorista Alpha 66 y demás grupúsculos extremistas que actúan contra Cuba.

... Martín Pérez Rodríguez participó en la organización de toda una serie de fracasados intentos de asesinato del Presidente de Cuba, en distintas cumbres iberoamericanas. En 1994, en ocasión de la participación de Fidel en la IV Cumbre, en Cartagena de Indias, Colombia... adquirió un fusil Barret calibre 50 y medios explosivos que se trasladaron a Colombia desde Miami... ¡por avión!

... preparó un complot con vistas a la V Cumbre Iberoamericana en 1995, con Jiménez Escobedo y Eugenio Llameras. Ese año, reactiva este mismo plan en función de la Cumbre del Movimiento de Países No Alineados, también en Cartagena de Indias, Colombia. En 1997, en Isla Margarita, Venezuela, con la VII Cumbre Iberoamericana de Jefes de Estado y de Gobierno, Posada monta otra conspiración con el apoyo directo de Martín Pérez Rodríguez, conjuntamente con otros directivos de la FNCA...

... fue firmante de la Declaración de apoyo al terrorismo contra Cuba que publicó la Fundación el 11 de agosto... Roberto Martín Pérez, Feliciano Foyo y Horacio García están entre los individuos que Posada designó públicamente como los ‘financieros’ de sus actividades terroristas en su entrevista de 1997 con el New York Times.

... apadrinó en Miami una exposición de cuadros de Bosch y Posada, los dos autores intelectuales del sabotaje contra el avión civil cubano, en 1976, en el que murieron 73 personas. En 1998, el gran defensor del ‘preso político’ realizó una de sus más sucias hazañas: con otros cabecillas de la mafia de Miami... llevó al nuevo jefe del FBI, el muy corruptible Héctor Pesquera, a realizar el arresto de cinco cubanos infiltrados en las filas de las organizaciones terroristas.

... se conoce su amistad indefectible con Guillermo Novo Sampoll, asesino del dirigente chileno Orlando Letelier...

El candidato republicano tiene que enterarse de que su protegido de 73 años de edad fue el primero en afirmar que el día de su soñada victoria contra la Revolución cubana pasaría un 'bulldozer' desde el Cabo de San Antonio hasta la Punta de Maisí, para eliminar la actual población de la Isla, culpable de ser vinculada de una forma u otra a la Revolución.

... en otra oportunidad, al ser interrogado sobre el peligro que se corría de matar a inocentes en un atentado contra dirigentes cubanos, declaró que ni le importaba si 'moría el Papa'".
La verdad histórica nos recuerda que el padre de John McCain comandó el asalto anfibio, la invasión y ocupación de República Dominicana en 1965 para enfrentar a las fuerzas nacionalistas dirigidas por Francisco Caamaño, otro gran héroe de esa nación al que conocí muy bien y siempre confió en Cuba.

Dedico esta reflexión de matiz histórico a nuestros queridos periodistas, por coincidir con el VIII Congreso de la Unión de Periodistas de Cuba. Con ellos me siento en familia. ¡Cómo me habría gustado estudiar las técnicas de su oficio! La UPEC ha tenido la generosidad de editar un libro que titularon Fidel periodista, que será lanzado mañana por la tarde. Me enviaron un ejemplar, que contiene varios artículos publicados en órganos clandestinos o legales hace más de 50 años, con prólogo de Guillermo Cabrera Álvarez y selección, introducción y notas de Ana Núñez Machín.

A Guillermo Cabrera le puse el sobrenombre de El Genio desde mis primeros contactos con él. Fue la impresión que recibí de aquella fantástica persona que desgraciadamente murió el pasado año. Había sido operado del corazón tiempo atrás en nuestro prestigioso Centro Cardiovascular de la ciudad de Santa Clara, creado por la Revolución. Releí algunos de los artículos divulgados en Alerta, Bohemia, La Calle, y volví a vivir aquellos años. Ante la necesidad de transmitir ideas, escribí esos artículos. Lo hice por puro instinto revolucionario. Un principio apliqué siempre: las palabras deben ser sencillas; los conceptos, inteligibles para las masas. Hoy tengo más experiencia, pero menos fuerza, me cuesta más trabajo hacerlo. El nivel de nuestro pueblo, con la Revolución, es mucho más alto; la tarea es más difícil.

Desde el punto de vista revolucionario, no importan las discrepancias; lo que importa es la honestidad con que se opine. De las contradicciones saldrá la verdad. Tal vez en otra ocasión valdría la pena hacer el esfuerzo para expresar algunas observaciones sobre el asunto.

Ayer ocurrió un importante acontecimiento, que será tema principal en los próximos días: la liberación de Ingrid Betancourt y un grupo de personas que estaban en poder de las FARC, sigla de la organización Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia. El 10 de enero del presente año, nuestro embajador en Venezuela, Germán Sánchez, a solicitud de los gobiernos de Venezuela y de Colombia, participa en la entrega a la Cruz Roja Internacional de Clara Rojas, quien fuera candidata a la Vicepresidencia de Colombia cuando Ingrid Betancourt aspiró a la Presidencia, y fue secuestrada el 23 de febrero de 2002. Consuelo González, miembro de la Cámara de Representantes, secuestrada el 10 de septiembre del 2001, fue liberada con ella.

Se abría un capítulo de paz para Colombia, proceso que Cuba viene apoyando desde hace más de 20 años como lo más conveniente para la unidad y liberación de los pueblos de nuestra América, utilizando nuevas vías en las complejas y especiales circunstancias actuales después del hundimiento de la URSS a principios de los 90 —que no intentaré analizar aquí—, muy diferentes a las de Cuba, Nicaragua y otros países en las décadas del 50, 60 y 70 del Siglo XX.

El bombardeo en horas de la madrugada del primero de marzo de un campamento en suelo ecuatoriano donde dormían guerrilleros colombianos y jóvenes visitantes de diversas nacionalidades, con uso de tecnología yanqui, ocupación de territorio, tiros de gracia a los heridos y secuestro de cadáveres como parte del plan terrorista del gobierno de Estados Unidos, repugnó al mundo. El 7 de marzo tenía lugar la Reunión del Grupo de Río en la República Dominicana, donde se condenó enérgicamente el hecho, mientras el gobierno de Estados Unidos lo aplaudía.

Manuel Marulanda, campesino y militante comunista, jefe principal de esa guerrilla creada hace casi medio siglo, vivía todavía. Fallece el 26 de ese mismo mes. Ingrid Betancourt, debilitada y enferma, así como otros cautivos en precarias condiciones de salud, difícilmente podrían resistir más tiempo. Por elemental sentimiento de humanidad, nos alegró la noticia de que Ingrid Betancourt, tres ciudadanos norteamericanos y otros cautivos habían sido liberados. Nunca debieron ser secuestrados los civiles, ni mantenidos como prisioneros los militares en las condiciones de la selva. Eran hechos objetivamente crueles. Ningún propósito revolucionario lo podía justificar. En su momento, será necesario analizar con profundidad los factores subjetivos.

En Cuba ganamos nuestra guerra revolucionaria poniendo de inmediato en libertad y sin condición alguna a los prisioneros. Entregábamos a la Cruz Roja Internacional a los soldados y oficiales capturados en cada batalla, ocupando sólo sus armas. Ningún soldado las depone si lo espera la muerte o un tratamiento cruel.

Observamos con preocupación cómo el imperialismo trata de explotar lo ocurrido en Colombia para ocultar y justificar sus horrendos crímenes de genocidio con otros pueblos, desviar la atención internacional de sus planes intervencionistas en Venezuela y Bolivia, y la presencia de la IV Flota en apoyo de la línea política que pretende liquidar totalmente la independencia y apoderarse de los recursos naturales de los demás países al sur de Estados Unidos.

Son ejemplos que deben ilustrar a todos nuestros periodistas. La verdad en nuestros tiempos navega por mares tempestuosos, donde los medios de divulgación masiva están en manos de los que amenazan la supervivencia humana con sus inmensos recursos económicos, tecnológicos y militares.

¡Ese es el desafío de los periodistas cubanos!

Ir arriba


.- Un "Cayo" en el Zapato de Trujillo/José del Castillo Pichardo
21 junio 2008

La expedición de Cayo Confites de 1947 fue la mayor amenaza bélica al régimen de Trujillo, salvado el trance por el inicio de la Guerra Fría y el giro de prioridades del presidente Harry Truman, interesado más en preservar la paz en el Caribe que en propiciar la democracia. Como lo evidenció la caída en junio de Braden y Briggs, archirivales de las dictaduras en el Departamento de Estado.

La denuncia de que una brigada internacional comunista formada en Cuba, con el apoyo de Venezuela y Guatemala, se aprestaba a desestabilizar la región, surtió efecto. Reforzada por la "masacre de Orfila" que enfrentó el 15 de septiembre en La Habana a grupos armados del Movimiento Socialista Revolucionario y de la Unión Insurreccional Revolucionaria enquistados en la policía -ambos presentes en el Cayo-, precipitando la intervención del ejército para restaurar el orden.

Ello arrastró consigo la suerte de la expedición. Tras el urgente retorno desde Washington del jefe del ejército, general Pérez Dámera, quien venía de conferenciar con altas autoridades norteamericanas y diplomáticos de Trujillo, se tomaron medidas inmediatas para desbandarla. El embajador americano Henry Norweb exhortó a los aviadores de su país a abandonar la aventura, mientras el resto de los expedicionarios deambulaba por los cayos. En estas circunstancias, desesperado, el líder del MSR Rolando Masferrer intentó desviar la expedición hacia La Habana para tomar el poder en medio de la confusión, mientras Juan Bosch proponía desembarcar en Haití, antes que la marina de guerra cubana apresara los barcos.

Sorprende el equipamiento reunido para este proyecto concebido al estilo de Normandía, que logró movilizar hacia Cuba 16 aviones. Otros tres fueron detenidos en EEUU: un J2F-6, un PB-4Y y un B-24 Liberator, confiscados en Miami, Ponca City y Tulsa. Al abortar, el ejército cubano incautó 12 aviones trasladados a la base aérea de Columbia: 6 de combate Lockheed P-38 (F-5); 2 bombarderos patrulleros Lockheed Vega Ventura; 2 bombarderos B-25 Mitchell; 1 bombardero Consolidated B-24 Liberator; 1 transporte C-46A Curtis Commando. En adición, los revolucionarios mantuvieron en Rancho Boyeros 2 Cessna UC-78 Bobcats, 2 Douglas C-47 y 2 Vultee BT-13. Según Masferrer la idea era utilizar 6 Douglas de transporte para lanzar 225 paracaidistas.

Miolán dice en "Hombres de Cayo Confites" que de los nueve barcos con que contaba la expedición, solamente tres estaban en su poder" al momento de intentar salir de Cuba. Eran el LCT (Landing Craft Tank) Libertad, rebautizado Aurora, el LCI (Landing Craft Infantry) No.1006, renombrado El Fantasma y también Máximo Gómez, y la goleta blindada dominicana Angelita, designada Maceo (120 pies, revestida de planchas de hierro con motor diesel). El "crash boat" Victoria, llamado Berta (110 pies con dos motores diesel), ya había sido apresado. Otros barcos comprometidos eran un LCI rebautizado Patria (que había sido retenido en Baltimore en agosto de 1947), y dos PT (Patrol Torpedo) boats de los utilizados en la Segunda Guerra, estacionados en la base de Mariel.

El arsenal hallado en la finca América del ministro Alemán -que llenó 13 camiones- y en los barcos muestra un impresionante material de guerra adquirido en EEUU y Argentina. Unos 3 mil fusiles Mauser, 215 subametralladoras Thompson, 50 ametralladoras de patente alemana, 10 rifles automáticos, pistolas Colt 45 (para los oficiales), acompañados de varios millones de municiones. También 15 bazookas con 300 cabezas, decenas de bombas (incluso de 300 libras), 300 bombas fragmentarias, 2 mil libras de dinamita, 300 cohetes, 3 morteros Brandet 81 mm, 2 mil granadas de mano y 3 cañones de 37 mm. El general Pérez Dámera declaró a la prensa el 20 de septiembre que el arsenal de la finca América iba a ser usado en una conspiración contra el ejército.

Ir arriba


.- El impacto catalizador: Cayo Confites/José del Castillo Pichardo
14 junio 2008

La expedición de Cayo Confites de 1947 fue el punto de encuentro de los grupos que habían antagonizado a Trujillo en los años 30 y 40 y su más seria amenaza. Aunque abortada, parte de su saldo sirvió en 1948 a la revolución costarricense que llevó a Figueres al poder, en la que Ramírez Alcántara y Horacio Julio Ornes ganaron galones. De allí -con Guatemala como base y México como escala- surgió la expedición de Luperón de junio del 49. Una década después, tras el retorno de Betancourt a la presidencia de Venezuela y el triunfo de Fidel en Cuba, se formó el haz internacional propiciatorio de la expedición de junio del 59. El comandante de Maimón, José Horacio Rodríguez, hombre del Cayo y de Luperón, encarnó la continuidad de este empeño, que fructificó en el movimiento clandestino 14 de Junio, develado en enero del 60 y en la conjura mortal de la noche del 30 de mayo de 1961.

Bajo Grau San Martín (1944-48), Cuba derivó en un activo centro del exilio antitrujillista, con la simpatía de políticos, universitarios, intelectuales y medios de prensa. Allí se fundó el PRD en 1939 y funcionaba un Comité Pro Liberación de Sto. Domingo formado por personalidades. El influyente ministro Carlos Prío Socarrás -luego primer ministro y presidente en 1948- estaba ligado a los exiliados a través de su cuñado, Cotubanamá Henríquez (hermanastro de los Henríquez Ureña), Juan Bosch y René Fiallo, primo de los miembros del Frente Interno, doctores Viriato y Antinoe Fiallo.

Aprovechando la ola democratizadora de postguerra, se organizó en Cuba una fuerza expedicionaria internacional para invadir el país por vía marítima y aérea, encabezada por Juancito Rodríguez, Ángel Morales, Juan Bosch, Leovigildo Cuello, Juan Isidro Jimenes Grullón, Virgilio Mainardi Reina y por dirigentes de grupos de acción política cubanos (Rolando Masferrer, Manolo Castro, Eufemio Fernández). Con el apoyo logístico del ministro de Educación, José Manuel Alemán, y la coordinación con las autoridades militares. Venezuela y Guatemala -encabezadas por Betancourt y Arévalo- dieron su aprobación.

El lugar escogido fue Cayo Confites, un pequeño islote de arena al Norte de la provincia de Camagüey, donde acamparon más de mil hombres en armas, entre ellos veteranos de la Segunda Guerra Mundial y de la Guerra Civil española (Tulio Arvelo refiere 1,300: mayoría cubana, 400 dominicanos y algunos centroamericanos). Equipados con una flotilla de barcos y aviones, así como de armamento moderno, adquiridos en Estados Unidos de los saldos de guerra del conflicto bélico mundial y en Argentina, utilizándose para esto último la mediación de Guatemala.

Presiones de Estados Unidos sobre las autoridades cubanas, coincidentes con los incidentes del reparto Orfila de Marianao el 15 de septiembre, que sacudieron a la opinión pública y el alegado soborno de Trujillo al general Pérez Dámera, hicieron abortar la expedición a finales de septiembre de 1947 con la intervención del ejército y la marina de guerra. El resto de los expedicionarios que se propuso enrumbar hacia Santo Domingo fue interceptado y apresado, llevado al puerto de Antilla en Oriente y de allí trasladado en tren a La Habana hasta el complejo militar de Columbia, liberado días después. Fidel Castro, uno de los expedicionarios, se lanzó al mar para evitar el arresto.

Un reporte de la Embajada Americana en Cuba de octubre del 47 concluía que la expedición pudo ser exitosa, indicando entre sus responsables a las autoridades cubanas que la respaldaron y a las norteamericanas que la consintieron, al ser este país donde se adquirió el grueso del equipo bélico y de donde procedía el personal técnico, como eran los pilotos reclutados como soldados de fortuna. La Guerra Fría que se iniciaba frisó esta oportunidad de derrocar a Trujillo.

Ir arriba




Algunos Personajes Dominicanos

.- MANUEL AURELIO TAVARES JUSTO (Manolo)

.- ULISES HEUREAUX

.- MANUEL DE JESUS TRONCOSO DE LA CONCHA

.- FRANCISCO HENRIQUEZ Y CARVAJAL

.- CESAR NICOLAS PENSON

.- AMERICO LUGO HERRERAS

.- EUGENIO DESCHAMPS PEÑA

.- FRANCISCO XAVIER BILLINI

.- GASTON FERNANDO DELIGNE

.- JUAN BAUTISTA VICINI

.- MANUEL RUEDA

.- PEDRO HENRIQUEZ UREÑA

.- ULISES FRANCISCO ESPAILLAT

.- ERCILIA PEPIN ESTRELLA

.- JOSE NUÑEZ DE CACERES

.- MANUEL AURELIO TAVARES JUSTO (Manolo)

Nació en Monte Cristi el 2 de enero de 1931. Desde muy joven sus padres le comentaban sus experiencias sobre la intervención norteamericana del 1916. Estos relatos, según refieren algunos de sus amigos, contribuyeron al desarrollo de la actitud anti-imperialista del joven. Otro factor decisivo en la formación sociopolítica de Manolo Tavares, fue el contacto directo que tenía con campesinos, mientras trabajaba en la finca de su padre, propietario de plantaciones de arroz de nivel medio, ubicadas en la sección Las Peñas, de Monte Cristi

Graduado de Bachiller en Filosofía y Letras en el Liceo Juan Pablo Duarte de la ciudad capital, obtuvo más tarde, en la Universidad de Santo Domingo, el doctorado en Derecho. Fue en la universidad donde conoció a Minerva Mirabal Reyes, ardorosa opositora de la tiranía implantada por Rafael Leónidas Trujillo Molina, con la que contrajo matrimonio el 30 de noviembre de 1955. Unidos, coordinaron sus luchas antitrujillistas.

La invasión que se produjo el 14 de junio de 1959 fortaleció en la joven pareja la decisión de crear un frente de resistencia al odioso régimen imperante. Según palabras de Domingo Antonio Peña Castillo (La Cuca), compueblano y compañero de ideales de Manolo, fue el 20 de julio de ese mismo año cuando se dieron los primeros pasos para la organización del movimiento denominado "14 de Junio", teniendo a Manolo como su máximo dirigente. Una de las reuniones claves para la formalización del "Movimiento 14 de Junio" se realizó el 10 de enero de 1960 en la finca del señor Charles Bogaert, en Mao.

Al parecer, un infiltrado en las filas del movimiento clandestino comunicó su existencia al Servicio de Inteligencia Militar, el tenebroso SIM, que desató enseguida una persecución contra sus miembros, resultando Manolo apresado en su residencia de Monte Cristi, el 13 de enero de 1960. Tanto Tavares Justo como sus compañeros fueron salvajemente torturados en la cárcel conocida como "La 40" -en Santo Domingo-, de donde serían trasladados, algunos, a la cárcel de Puerto Plata. El 25 de noviembre de 1960, Minerva y María Teresa Mirabal partieron hacia Puerto Plata a visitar a sus esposos -Manolo y Leandro Guzmán-, acompañadas por Patria, cuyo marido -Pedro González- permanecía preso en una cárcel de la Capital. Para tal ocasión contrataron un “jeep”, pues la carretera que llevaba a Puerto Plata -por la vía de Tamboril- era difícil y se encontraba en muy mal estado. Le acompañaba como chofer Rufino de la Cruz Disla, simpatizante de la causa antitrujillista.

Las hermanas Mirabal comentaron acerca de los rumores que circulaban en Salcedo sobre la posibilidad de que sufrieran un “accidente”. El informe preocupó enormemente a los dirigentes del 14 de Junio: Manolo sugirió que cesaran los viajes y que se mudaran a Puerto Plata para evitar transitar por carretera, pero la recomendación llegó demasiado tarde. La orden de asesinar a las hermanas Mirabal ya había sido cursada.

Cuando las hermanas Mirabal abandonaban Puerto Plata rumbo a su hogar, fueron detenidas por un vehículo que interceptó el jeep que las conducía. Introducidas a empujones al carro de los matones, y llevadas a un lugar previamente escogido en la carretera bordeada por un precipicio, fueron asesinadas a garrotazos, junto al chofer Rufino de la Cruz Disla. Luego de poner los cadáveres en el jeep, los sicarios lo precipitaron hacia el abismo.

Manolo salió de la cárcel el 26 de julio de 1961, casi dos meses después de que fuera asesinado Trujillo, e inmediatamente comenzó los trabajos para constituir formal y públicamente la Agrupación Política 14 de Junio, resultando designado como Presidente en la Asamblea General, celebrada el 30 de julio de 1961.

Tavares Justo recorrió todo el país comunicando la política y la orientación de su agrupación. Participó activamente en la lucha contra el gobierno transitorio que después de la muerte de Trujillo encabezó el Dr. Joaquín Balaguer, manteniendo también una oposición radical al gobierno del Consejo de Estado. En su calidad de líder del 14 de Junio, proclamó la abstención de su partido en las elecciones nacionales del 20 de diciembre de 1962 que culminaron con la elección del Prof. Juan Bosch Gaviño como Presidente de la República. Posteriormente manifestó: "La posición del 14 de Junio frente al gobierno la hemos definido como constructiva y revolucionaria. Hemos dicho que el 14 de junio respaldará las medidas revolucionarias del gobierno y que conjurará todas aquellas que atenten contra los intereses del pueblo" (14 de junio de 1963).

Criticó el gobierno de Bosch porque según entendía, no daba los pasos necesarios para realizar una Reforma Agraria profunda, pero también hizo insistentes llamados de alerta contra los planes conspirativos que se desarrollaban contra el gobierno. Consumado el golpe de Estado, se desata una persecución policial que lo obliga a vivir en la clandestinidad.

El 28 de noviembre de 1963 Manolo Tavares encabezó una insurrección armada, creando un foco guerrillero -en la sección Las Manaclas, San José de las Matas, en las montañas que forman parte de la Cordillera Central- con la intención de luchar en contra del Triunvirato establecido en República Dominicana luego del golpe de Estado a Juan Bosch. El foco estaba compuesto por 29 combatientes, de los que solamente ocho salvaron la vida.

El 21 de diciembre de 1963 el Dr. Manuel Aurelio Tavarez Justo (Manolo) y catorce compañeros más perecieron en Las Manaclas a manos de efectivos del Ejército Nacional. Según el parte oficial, el grupo murió en combate; pero sus compañeros sobrevivientes aseguran que fueron asesinados después de rendirse, atendiendo un llamado que hizo por la radio el ingeniero Manuel Tavarez Espaillat, miembro del Triunvirato en el poder, prometiendo que se respetaría la vida de Tavarez Justo y sus compañeros.

Su pensamiento político se conserva en discursos pronunciados en concentraciones públicas, en los que planteó insistentemente la necesidad de una revolución de Liberación Nacional en República Dominicana. Con su muerte, el movimiento de izquierda dominicano perdió al líder de mayor arraigo en el seno del pueblo. Después de la Revolución Constitucionalista de abril de 1965, el partido que dirigió Manuel Aurelio Tavares Justo atravesó por luchas internas entre diversas tendencias y terminó fraccionándose.

Sobreviven a Manolo y Minerva sus hijos Manuel y Minú Tavares Mirabal.

Ir arriba

.- ULISES HEUREAUX

(Puerto Plata, 1844 - Moca, 1899) Militar y político dominicano, presidente de la República en dos ocasiones (1882-1884 y 1887-1899). Durante su segundo mandato impuso un férreo sistema dictatorial en el país.

Hijo de Dassas Heureaux y Josefa Level, desde temprana edad fue entregado en adopción, no legal, y durante algún tiempo se llamó Hilarión. Al ser reconocido legalmente por su padre, éste le dio el nombre de Ulises. Muy joven se sumó a las filas restauradoras, donde estuvo al mando de diversos jefes, incluido Gaspar Polanco, hasta caer bajo las órdenes de Gregorio Luperón. Al lado de éste desempeñó las funciones de militar y político, aunque luego, alcanzada la presidencia de la República, traicionaría los postulados de Luperón.

En 1880, iniciado en el camino del poder, respaldó al padre Fernando Arturo de Meriño como candidato a la presidencia de la República, pasando a ser su ministro de Interior y Policía, ejecutor, en ocasiones por cuenta propia, de las medidas de fuerza que se creyeron necesarias para retener el poder. Al término del período de Meriño le sustituyó como presidente de la República, respaldado por el Partido Azul.

Conocido popularmente como Lilís, Heureaux asumió por primera vez la máxima magistratura del Estado el 1 de septiembre de 1882 y abandonó el sillón presidencial dos años más tarde, con la llegada al Palacio Nacional del escritor Francisco Billini, a quien el mismo Heureaux y otros le hicieron imposible gobernar.

Declarado defensor del independentismo dominicano, Heureaux gobernó en armonía con los dictados constitucionales durante su primer mandato. Pero cuando accedió nuevamente a la presidencia, instauró un régimen personalista que liquidó los principios democráticos, favoreció la corrupción y dejó al país en bancarrota.

Para garantizar su continuismo, estableció un sistema electoral de votaciones indirectas que justificaban una y otra vez su reelección en el cargo, y así consiguió perpetuar su dictadura en cuatro períodos consecutivos: entre 1887 y 1889, entre 1889 y 1893, entre 1893 y 1897 y entre 1897 y 1899.

Demostró una inusitada sagacidad como estadista para seleccionar entre la clase política a todos aquellos personajes que pudieran cumplir con eficacia los dictados de su administración. A su servicio se pusieron líderes del Partido Rojo, cabecillas del Partido Azul y seguidores de otras tendencias ideológicas que, formando parte del mismo bando, garantizaban la estabilidad del gobierno y la consolidación de su presidente en el cargo.

También logró fomentar enemistades entre sus propios compañeros de partido, y acabó con el liderazgo de Luperón para evitar que se organizara una fuerza política sólida con capacidad para limitar sus poderes. Sin oposición, derogó leyes, controló órganos legales y fortaleció el ejército para disuadir posibles levantamientos. Se ganó el apelativo de "pacificador de la patria", pero la estabilidad se sustentaba en métodos de coacción que contemplaban desde detenciones y destierros hasta asesinatos para quien se oponía a su gobierno. Cayó asesinado en Moca, víctima de una conspiración, el 26 de julio de 1899, dejando el país seriamente endeudado y expuesto frente a acreedores extranjeros, situación que llegó a comprometer la administración de las aduanas dominicanas hasta el año de 1947.

Ir arriba

.- MANUEL DE JESUS TRONCOSO DE LA CONCHA

Distinguido abogado y profesor, nació en Santo Domingo el 3 de abril de 1878, hijo de Jesús María Troncoso y Baldomera de la Concha. Inició sus estudios en la Escuela Preparatoria y luego pasó al Seminario Conciliar Santo Tomás de Aquino, donde se graduó de Bachiller en Filosofía y Letras el 25 de noviembre de 1895. Sus estudios universitarios los realizó en la Universidad de Santo Domingo, graduándose de Licenciado en Derecho el 3 de abril de 1899, justo el día en que cumplió 21 años de edad.

Fue profesor de Filosofía en la Universidad en el año de 1914, confiriéndosele el título de doctor Honoris Causa en esa rama del saber. Cultivó la ciencia jurídica, la historiografía y la narración, sobresaliendo en esta última. También fue profesor de Derecho, impartiendo la cátedra de Derecho Civil durante muchos años en la Universidad de Santo Domingo. Fue Juez de Instrucción del Distrito Judicial de Santo Domingo y desde 1911 hasta la hora de su muerte, ocupó cargos de importancia en el gobierno, entre los cuales pueden mencionarse el de Secretario de Justicia e Instrucción Pública; Secretario de Interior y Policía, Secretario de Fomento y Comunicación y Secretario de Guerra y Marina.

Durante la "Era de Trujillo" fue Vicepresidente de la República y a la muerte de Jacinto B. Peynado pasó a desempeñar la primera Magistratura del Estado. Es autor de: "Génesis de la ocupación norteamericana de Santo Domingo", considerado como uno de sus trabajos más importantes y en donde analiza las causas económicas y políticas que motivaron la ocupación de 1916. Otra importante obra es "Ocupación de Santo Domingo por Haití", donde hace un relato del alegato haitiano de que la ocupación fue solicitada y admitida de buen grado por los dominicanos y "Narraciones Dominicanas", que definitivamente le da un lugar destacado en las letras de nuestro país. Ha sido considerado, tras César Nicolás Penson, como el mejor en su género. En sus narraciones se mezclan la historia, lo artístico, la tradición y la leyenda, haciendo de su lectura una experiencia amena e instructiva. Murió en Santo Domingo, el 30 de mayo de 1955.

Ir arriba

.- FRANCISCO HENRIQUEZ Y CARVAJAL

Médico, abogado, escritor, pedagogo y político. Nació en Santo Domingo el 14 de enero de 1859, hijo de la pareja compuesta por Noel Henríquez, de origen sefardí, y Clotilde Carvajal. Realizó sus primeros estudios bajo la tutoría del insigne educador puertorriqueño Ramón Baldorioti de Castro y, años más tarde, estudió Derecho Romano bajo la orientación de Félix María del Monte. El Derecho Constitucional lo estudio con el sabio educador Eugenio María de Hostos, realizando, además, estudios de Filosofía en el Seminario Conciliar de Santo Tomás en Santo Domingo.

A los 26 años se graduó de licenciado en Derecho en el Instituto Profesional y más adelante fue diplomado como Maestro Normal. Poco tiempo después se recibió como licenciado en Medicina y Cirugía. En 1887 se marchó hacia Europa, radicándose en París, Francia, hasta el año 1891. En la Universidad de Paris obtuvo el doctorado en Medicina.

De regreso a República Dominicana ejerce su profesión de Médico, orientándose luego hacia el magisterio. Durante unos seis años funge como profesor de la Escuela Normal fundada por Hostos y en el Instituto de Señoritas que dirigía su esposa, la notable educadora y poeta, Salomé Ureña.

Se dedicó al periodismo y fue Director del periódico "El Maestro". Al entrar en contradicción con la dictadura del general Ulises Heureaux (Lilís), decidió abandonar el país, residiendo durante cinco años en Cabo Haitiano donde estrechó su amistad con Juan Isidro Jiménez, regresando junto con él al país tras la muerte de Heureaux. Jiménez, designado Presidente de la República, lo nombró Ministro de Relaciones Exteriores.

En 1901 viajó a los Estados Unidos comisionado por el Gobierno para concertar un acuerdo con los acreedores externos de la República, pero este acuerdo fue rechazado por el Congreso Nacional. A la caída de Jiménez en abril de 1902, Francisco Henríquez se marchó voluntariamente a Cuba donde fijó residencia, revalidó su título de doctor en Medicina y pasó a ejercer su profesión. Al término del gobierno provisional de Horacio Vásquez en 1903, regresó al país, pero volvió a salir siete meses más tarde, resuelto a no regresar. En 1907, sin embargo, aceptó del presidente Ramón Cáceres la misión de delegado ante la II Conferencia de Paz, en La Haya.

En 1911 fue designado por el presidente Cáceres como Ministro Plenipotenciario en Haití, a raíz de las diferencias fronterizas dominico-haitianas. Permaneció en esa nación sólo el tiempo necesario para la concertación de un acuerdo, marchando de nuevo a Santiago de Cuba, donde residía.

Al alcanzar nuevamente la presidencia Juan Isidro Jiménez, lo designa junto a Federico Velásquez y el Lic. Jacinto B. Peynado, en una misión diplomática en Washington. De allí pasó a Buenos Aires como delegado dominicano a la Conferencia de la Alta Comisión Financiera Panamericana (abril 1916). Es en esa ciudad donde le llega la noticia del primer desembarco de tropas norteamericanas en su país. Salió inmediatamente hacia los Estados Unidos y, presentándose en el Departamento de Estado, protestó contra la ocupación. Luego regresó a Cuba y allí recibió un telegrama informándole que, frente a la crisis gubernamental, había sido designado a unanimidad por las cámaras, Presidente de la República, solicitándosele su inmediato regreso a la patria. Regresó para ocupar la presidencia el 31 de julio de 1916.

Las tropas norteamericanas y los agentes intervencionistas impidieron, sin embargo, el normal funcionamiento del nuevo gobierno. Tras una serie de dificultades que Henríquez y Carvajal resistió dignamente, y frente a la resistencia contra las pretensiones norteamericanas, finalmente, y por orden del presidente Woodrow Wilson, el país fue puesto oficialmente en estado de ocupación y sometido al ejercicio de la ley militar de las tropas invasoras, el 29 de noviembre.

Tras su derrocamiento, Henríquez y Carvajal salió del país el 8 de diciembre e inició un peregrinaje de protesta contra la odiosa intervención. Este intenso peregrinaje lo llevó a Cuba, Francia, Dominicana (por breve tiempo en 1921) y Estados Unidos de Norteamérica.

Durante el gobierno de Rafael L. Trujillo fue designado Ministro Plenipotenciario en Francia, y más tarde en Cuba, país donde murió en el año 1935.

Ir arriba

.- CESAR NICOLAS PENSON

Notable escritor y periodista, nació el 22 de enero de 1855. Sus padres fueron Willian Penson Herrera y Juana Tejera Díaz. Estudió en el Colegio San Luis Gonzaga, graduándose de abogado posteriormente. Ejerció su profesión y desempeñó varias funciones en la Judicatura. También se dedicó a la enseñanza, colaborando con Salomé Ureña en el Instituto de Señoritas.

El 29 de abril de 1880 se casó con Francisca Antonia Rodríguez Montaño, con quien procreó 18 hijos. Desde muy joven, Penson se aficionó al periodismo y a la literatura. En 1875 publicó el periódico La Idea, órgano de la Sociedad “Amigos del País”, de la que fue miembro notable. En 1882 fundó El Telegrama, primera publicación diaria de la República Dominicana, la cual tuvo una existencia efímera. Creó, además, los periódicos El Diario del Ozama (1883) y La Lucha Activa (1886). También colaboró en los principales periódicos de la época. En la literatura se distinguió como escritor y poeta, hizo incursiones en la crítica literaria, realizó estudios filológicos y folklóricos y traducciones de obras francesas e italianas. Murió en 1901.

Su orientación literaria era el tradicionalismo del folklore dominicano. Profundo conocedor de su idioma, desenvuelve su estilo serena y majestuosamente con impecable corrección. También escribió poesía. Su obra más conocida es "Cosas Añejas", publicada en 1891, que recoge tradiciones dominicanas de fines del siglo XVIII hasta principios del siglo XIX.

César Nicolás Penson recopiló un conjunto de acontecimientos que permanecían depositados en archivos o en la tradición oral del pueblo. Al referirse a la importancia de Cosas añejas, José Alcántara Almánzar señala: “Su valor principal es histórico... Pone énfasis fundamentalmente en ciertos acontecimientos –en su opinión importantes- y se basa casi con carácter exclusivo en la transmisión oral, al confiar en las relaciones hechas por ancianos en conversaciones directas para echar los cimientos de sus tradiciones. No obstante, el autor trata de hallar aquí y allá, elementos descriptivos (ruinas, calles, iglesias) que fortalezcan y ubiquen correctamente la acción de sus relatos”.

En su estructura, la obra de Penson se compara a las Tradiciones Peruanas, de Ricardo Palma, y ambos textos se inscriben dentro de un tipo de escrito que surge durante el siglo XIX y que busca “rescatar” el pasado y las tradiciones de las sociedades criollas en Hispanoamérica.

En la obra de Penson se percibe el sentimiento antihaitiano que en esa época se fomentaba a nivel gubernamental, y del cual la prensa se hacía eco. César Nicolás Penson era un asiduo colaborador de El Teléfono y otros periódicos, y su libro no escapa a esos influjos. Penson respondía a una concepción propia de su tiempo, en lo referente al antihaitianismo, que en Cosas añejas ha originado juicios contradictorios entre los intelectuales dominicanos. Joaquín Balaguer se identifica con la nota antihaitiana de la obra de Penson y da a entender incluso que en Penson opera un instinto protector de la nacionalidad y la territorialidad dominicana.

Cosas añejas está compuesto por once narraciones que Néstor Contín Aybar, en su Historia de la literatura dominicana, clasifica en tradiciones (“Drama horrendo”, “Barriga Verde”, “La muerte de Padre Canales”, “El martirio por la honra”, “Los tres que echaron a Pedro entre el pozo”, “Muerte por muerte” y “Las Vírgenes de Galindo”) y episodios (“Bajo Cabello o un rasgo audaz”, “¡Profanación!”, “Entre dos miedos” y “El santo y la colmena”). Todas las tradiciones, a excepción de “Barriga Verde”, se subdividen en dos o más capítulos.

Ir arriba

.- AMERICO LUGO HERRERAS

Nació en Santo Domingo el 4 de abril de 1870, hijo del matrimonio de Tomás Joaquín Lugo y Celia Herreras y Veras. Se graduó de abogado siendo muy joven, inclinándose por la investigación histórica y jurídica, sobresaliendo en ambos campos. Fue Consejero de las Legaciones Dominicanas en los Estados Unidos de Norteamérica y en Europa. Pedro Henríquez Ureña lo consideraba "la primera figura de nuestra juventud literaria" y Félix E. Mejía se refería a su persona diciendo que era "el más alto, activo y docto; la primera pluma del país".

La pluma de Américo Lugo se expresó valientemente durante la ocupación militar norteamericana de 1916 a 1924 y, enviado por los patriotas dominicanos a la Cuarta Conferencia Panamericana reunida en Buenos Aires, Argentina, en el 1916, al decir de Blanco Fombona "denunció ante el mundo al imperialismo norteamericano".

Por su actitud severa y valiente manifestada a través de sus artículos que denunciaban el régimen norteamericano, fue condenado a un año de prisión y al pago de mil quinientos pesos de multa. Américo Lugo asumió su propia defensa frente al tribunal militar y pronunció un apasionado y patriótico discurso donde expresaba, entre otra cosas:
"Señores: No estoy listo para ser juzgado. Al escribir el artículo por el cual se me imputa un delito, he entendido que cumplía un deber de dominicano. En mi calidad de ciudadano dominicano, no puedo reconocer en la República Dominicana la existencia de otra soberanía sino la de mi patria. Toda suplantación de esta soberanía, sea cual fuere el principio invocado, no es ni será a mis ojos sino un hecho de fuerza. Por consiguiente, y puesto que creo que no he cometido ningún delito y que no puedo reconocer ninguna jurisdicción sobre mi a este tribunal, no he venido a defenderme: he comparecido solamente obligado por la fuerza".
Durante el oprobioso régimen del tirano Rafael Leónidas Trujillo Molina mantuvo una actitud de abierta oposición. Amenazado y vigilado se vio en la necesidad de vivir prácticamente encerrado en su hogar. Muchas veces fue invitado para que aceptara cargos públicos y rechazó cada una de esas invitaciones.

Acosado por el régimen trujillista y marginado por muchos que una vez fueron sus amigos íntimos, casi en la miseria, murió en Santo Domingo en 1951. Es autor de: Defensas; La Concesión; Ensayos Dramáticos; Bibliografía; Flor y Lava; El Estado Dominicano ante el Derecho Público; La intervención Americana; Asuntos Prácticos; Camafeos; Por la Raza; El Plan de Validación Hughes-Peynado; El nacionalismo dominicano; Colección Lugo; Los Restos de Colón; Minas en La Española, y muchas más.

Ir arriba

.- EUGENIO DESCHAMPS PEÑA

Nació en Santiago de los Caballeros el 16 de junio de 1861, fruto de la unión de Eugenio Deschamps, de nacionalidad francesa, y de Natividad Peña. Fue educado bajo la tutoría de su tío Manuel de Jesús Peña y Reynoso, poeta y pedagogo, demostrando desde la juventud una gran vocación por las letras y la política.

Fundó los periódicos "La Alborada" y "La República" entre los años 1883 y 1885, que sirvieron como tribuna a su incipiente carrera. Opuesto ardorosamente al régimen del dictador general Ulises Heureaux (Lilís), fue perseguido continuamente, imposibilitando que llevara una vida regular y libre de peligros. Forzado por las circunstancias, se trasladó a Puerto Rico donde permaneció por espacio de 14 años, pero, antes de partir hacia el exilio, fundó una sociedad destinada a luchar contra Heureaux.

En la vecina isla fundó "El Correo de Puerto Rico" y una revista para continuar con la difusión de sus ideas combativas al tiránico régimen imperante en República Dominicana; estas tribunas se constituyeron en las nuevas trincheras para el combate.

A la muerte del General Heureaux el 26 de julio de 1899, regresó al país. El Presidente Juan Isidro Jimenes lo designa durante su primer gobierno Ministro de Correos y Telégrafos (1899-1900); luego se le nombró Gobernador de Puerto Plata (1900-1902). En 1902 nuevamente sale al exilio y retorna en 1903 para ocupar por breve tiempo la Vicepresidencia de la República.

Deschamps Peña es recordado como el orador político de mayor persuasión y de más arraigo popular. Sus piezas oratorias más conocidas son la bienvenida a Máximo Gómez y la que dedicara al luchador independentista puertorriqueño José de Diego.

Sus escritos políticos, como su oratoria, fustigaban ardorosamente las oligarquías y a los tiranos de turno. Colaboró en el país con diversas publicaciones tales como "Letras y Ciencia" y "Listín Diario", donde publicara sus artículos: Arma al Brazo (20 y 21 de septiembre, 1899); Rasgos Negros (22 de septiembre, 1899); En Resumen (23 de septiembre, 1899) y Rectificando (25 de septiembre, 1899), entre otros.

Es autor de: Réprobo, un ataque a la dictadura de Heureaux; Esbozo de una idea; Juan Morel Campos; A las sociedades políticas; Mi raza; Inri; Notas y Reflexiones sobre nuestros límites occidentales, entre otros.

Ir arriba

.- FRANCISCO XAVIER BILLINI

Sacerdote, nació en la antigua ciudad de Santo Domingo el 1 de diciembre de 1837. Su padre, Juan Antonio Billini, italiano, fue comerciante, y su madre, Ana Joaquina Hernández y González, nació en Cuba de padres dominicanos. Desde muy joven se inclinó por la vida eclesiástica, realizando sus estudios en el Seminario Santo Tomás de Aquino. Obtuvo la licencia de hábito en 1851 y fue ordenado sacerdote en Puerto Rico en abril de 1861. Su primera misa, cuando retorna a Santo Domingo, fue oficiada en la Iglesia de Regina Angelorum el 9 de junio

Simpatizante de la anexión de la República Dominicana a España, se expresó en favor de la paz a raíz de los sucesos de la Guerra de la Restauración y se marcha a Cuba en 1865 junto a su familia cuando los españoles abandonaron el territorio dominicano. Su vida, sin embargo, preocupada siempre y dedicada al servicio de los más necesitados, lava la sombra de esa simpatía vergonzosa.

De Cuba pasó a Saint Thomas, donde se encontró con el general dominicano Gregorio Luperón, quien le convence de regresar a Santo Domingo. Llegó el 1 de agosto de 1866 y se consagró, desde entonces, a la enseñanza. Fue Director del Colegio San Luis Gonzaga durante 26 años.

Prestó servicios en varias parroquias de diferentes localidades del país y en 1867 fue Vicario General de la Arquidiócesis de Santo Domingo. En 1869 funda la Casa de Beneficencia donde mantenía personas desvalidas, y crea varios periódicos entre los cuales se cuentan “La Crónica” y “El amigo de los niños”. Establece, además, una Biblioteca Popular para favorecer a las personas de escasos recursos.

Dedicado a la caridad y a la enseñanza, no dudó en pedir ayuda a los gobiernos para destinarla a los necesitados. En 1880 solicitó al Poder Ejecutivo, presidido en ese momento por el Dr. Fernando Arturo Meriño y Ramírez, el edificio del Hospital San Andrés para dedicarlo a sus obras de beneficencia. Hoy día es un moderno hospital que lleva su nombre.

Entre sus actividades se recuerda la fundación de la Lotería de la Junta de la Caridad, cuyos beneficios eran destinados al bien social. A la hora de su muerte, el 9 de marzo de 1896, pidió: “Atenme las manos y los pies... Acuéstenme para reposar así, con toda humildad”.

Ir arriba

.- GASTON FERNANDO DELIGNE

Nació en Santo Domingo el 23 de Octubre de 1861. Fueron sus padres Gastón Deligne y Ángela Figueroa. Quedando huérfano a corta edad fue protegido por su profesor el presbítero Francisco Xavier Billini, lo que permitió que pudiera realizar sus estudios en el Colegio San Luis Gonzaga hasta completar el bachillerato. Al término de estos estudios se traslada a San Pedro de Macorís, donde vivió por más de veinte años, trabajando durante toda su vida como encargado de contabilidad en una casa comercial.

Estudioso vocacional, se dedica en cuerpo y alma en su tiempo libre a cultivar las letras y la Filosofía, llegando a dominar no sólo el latín, sino otras lenguas modernas. Al destacarse en sus trabajos literarios, siendo quizás el más alto poeta dominicano de su época, se formó en torno suyo un amplio círculo literario sobre el cual tenía gran influencia y cuya fama se extendió no tan sólo al resto del país, sino también hacia el exterior.

Fue colaborador de las más prestigiosas publicaciones, entre las que se destacan "Letras y Ciencias", "La Revista Ilustrada", "El Lápiz" y "La Cuna de América", en Santo Domingo; "El Cable" y "Prosa y Verso", en San Pedro de Macorís y, en Santiago de Cuba, "Cuba Literaria".

El estilo literario de Gastón Deligne, con quien se inicia una nueva era de profundidad en el pensamiento literario dominicano, ha sido inscrito como "Poesía Psicológica", dentro del cual se incluye la poesía política que cultivó con gran acierto, siendo su principal exponente, en este ramo, "Ololoi", que trata la lucha constante entre la libertad y la opresión. Con extensas y ricas imágenes renovó el lenguaje que se utilizaba hasta entonces, dando un especial carácter y profundidad a su estilo con sus enfoques filosóficos, morales y psicológicos.

Entre sus valiosos trabajos publicados, en verso y en prosa, encontramos: Soledad; Romances de la Hispaniola; y Páginas Olvidadas, edición recogida por Rodríguez Demorizi en la cual recopila toda la producción poética de Deligne, dispersa o inédita, así como sus trabajos en prosa.

Padeciendo de lepra y afectado por una gran tortura psicológica, se suicidó de un disparo en la cabeza el 18 de enero de 1913.

Ir arriba

.- JUAN BAUTISTA VICINI

Nació en Santo Domingo el 19 de julio de 1871. Fueron sus padres Juan Bautista Vicini, inmigrante italiano llegado al país durante el resurgimiento de la industria azucarera, y María Burgos.

Según reseña el reconocido investigador holandés H. Hoetink en su obra "El Pueblo dominicano, 1850-1900", Juan B. Vicini (padre) ya poseía dos plantaciones en 1882 y que, amparado en sus buenas relaciones con el general Ulises Heureaux (Lilís), hacía una gran fortuna. En 1893 ya es señalado como propietario del Ingenio "Angelina" y al año siguiente recibió la concesión para fundar el Central Azuano. Vicini padre también actuó como prestamista de importancia durante el gobierno de Lilís.

Juan Bautista (hijo) heredó de su padre, convertido en un pilar de la economía nacional -que descansaba sobre la industria azucarera-, la experiencia en la industria y su gran habilidad política. Moldeado en la sobriedad de una educación familiar al más rígido estilo europeo, poseía una gran cultura, fuera de lo común para esos tiempos en nuestro medio. Muy joven aprendió varios idiomas, entre ellos: inglés, francés e italiano, y adquirió conocimientos administrativos generales e industriales.

Después que se aprobara el Plan Hughes-Peynado, fórmula política lograda por la burguesía liberal para facilitar la evacuación de las tropas invasoras norteamericanas que ocupaban el país desde el 1916, fue seleccionado como candidato a la presidencia provisional de la República y fue electo en 1922. Al día siguiente nombró su gabinete compuesto por:
José del Carmen Ariza, Secretario de Estado de lo Interior.
Cayetano Armando Rodríguez, Secretario de Estado de Justicia e Instrucción.
Eladio Sánchez, Secretario de Estado de Fomento y Comunicaciones.
Manuel Sanabia, Secretario de Estado de Sanidad y Beneficencia, y
Pedro Pérez, Secretario de Estado de Agricultura e Inmigración.
Con este paso quedó abierto el camino para la definitiva evacuación de las tropas interventoras. Al prestar juramento, el 21 de octubre, expresó su esperanza en "la prudencia y el patriotismo del pueblo dominicano; en la eficacia del ‘Plan de Evacuación’, así como en los altos propósitos y espíritu de redención y justicia de que la gran nación dominicana había dado tantas pruebas en sus esfuerzos por afianzar la libertad e independencia de otras naciones del mundo".

El gobierno de Vicini Burgos, a pesar de sus buenas intenciones, estuvo maniatado por las disposiciones contenidas en el Tratado Hughes-Peynado. Fue continuamente presionado por las fuerzas militares norteamericanas, que aun se encontraban en el país. Aun así, patrocinó una de las elecciones más limpias conocidas hasta entonces, en las cuales resultó vencedor Horacio Vásquez, el 15 de marzo de 1924, frente a su opositor Francisco J. Peynado.

Cuando abandonó el poder, Vicini Burgos se reintegró a sus negocios azucareros, abandonando la política. A la hora de su muerte, ocurrida el 25 de mayo de 1935, dejó a sus descendientes uno de los más grandes emporios azucareros antillanos.

Ir arriba

.- MANUEL RUEDA

Esta privilegiada figura polifacética en el campo de la cultura, nace en
Montecristi el 27 de agosto de 1921. Pianista, poeta, dramaturgo y periodista destacado, también se ocupa de la recopilación y difusión de nuestro folklore. Fueron sus padres Manuel de Jesús Rueda Ibáñez y Marina González Tavárez, ambos dominicanos.

Fue alumno del Liceo Musical dirigido por el maestro José de Jesús Ravelo, donde tiene como profesoras a María Luisa Nanita y a Oliva Pichardo. Más tarde, recibe clases con Manuela Jiménez. Debido a sus brillantes cualidades, se graduó a temprana edad como profesor de piano, obteniendo una beca para cursar estudios superiores de música en el Conservatorio de Santiago de Chile, ciudad donde permaneció por espacio de 14 años. Fue el alumno predilecto de la notable pianista Rosina Renard, junto a la cual realizó una gira por Sudamérica junto al pianista chileno Armando Palacios. Esa gira culminó en la República Dominicana.

A su regreso a Chile, después de este exitoso recorrido que lo lanzó profesionalmente, recibió el Premio "Orrego Carvallo", que es el máximo galardón destinado a los pianistas y que había permanecido desierto durante varios años. A su regreso al país fue designado como director del Liceo Musical Pablo Claudio, de San Cristóbal y luego profesor de Cursos Superiores de Piano en el Conservatorio de Santo Domingo, alcanzando más tarde la Dirección de dicha institución. Creó Cursos de Pedagogía Musical.

Rueda participó en innumerables recitales como solista, tanto con la Orquesta Sinfónica Nacional como con la de Puerto Rico. Durante la visita que realizara el maestro Pablo Casals a República Dominicana en marzo 1972 para asistir al Festival Interamericano de Música, fusionándose las orquestas de Santo Domingo y la de Puerto Rico bajo la dirección del Maestro Víctor Tevah, Manuel Rueda ejecutó el Concierto en fa de Gershwin. Actúa en numerosos conciertos en Puerto Rico, Cuba, México y Nueva York. Junto al maestro y compositor Manuel Simó, compone la "Primera Misa Quisqueyana". Colabora con el Obispado de Santiago de los Caballeros en la creación de un "Cancionero Litúrgico Dominicano".

Como escritor se inició en Chile con su libro de sonetos "Las Noches", seguido por "Tríptico", escrito en colaboración con Irma Astorga y Víctor Sánchez Ogaz. En Santo Domingo se integró al grupo de la Poesía Sorprendida. Fundó, junto a otros poetas, la colección "La Isla Necesaria". En 1954 gana el Concurso Internacional de las Brigadas Líricas del Uruguay. Ganó el Premio de Literatura de 1957 con su obra teatral "La Trinitaria Blanca", que marca el comienzo de una nueva época en el teatro dominicano. Otra, entre sus obras más importantes, es: "Vacaciones en el Cielo" (escrita en 1957) en la que se anticipó al nuevo sentido espiritual de la Iglesia.

En una conferencia dictada en la Biblioteca Nacional, el 22 de Febrero de 1974, sentó las bases de lo que sería el Movimiento Pluralista, con su texto teórico "Claves para una poesía plural" y con el texto poético que las encarna "Con el Tambor de las Islas. Pluralemas" (1975).

A partir de 1980 comienza a dirigir el suplemento sabatino del diario "Hoy": "Isla Abierta". Fue miembro de la Academia Dominicana de la Lengua, correspondiente de la Española; Miembro Honorario de la Facultad de Ciencias y Artes Musicales de la Universidad de Chile; Miembro del patronato rector del Teatro Nacional; Director del Instituto de Investigaciones Folklóricas de la Universidad Nacional Pedro Henríquez Ureña.

Otras obras:
. Las noches (1949, 1953)
. La criatura terrestre (1963)
. Teatro (1968)
. Adivinanzas dominicanas (1970)
. Conocimiento y Poesía en el Folklore (1971)
. Antología panorámica de la poesía dominicana contemporánea (1912-1962 Tomo I)
. Por los mares de la dama (1976)
. La prisionera del Alcázar (1976)
. Las edades del viento (1979)
. Todo Santo Domingo (1980)
. Papeles de Sara y Otros relatos (1985)

Ir arriba

.- PEDRO HENRIQUEZ UREÑA

Este ilustre dominicano, escritor, filólogo y pedagogo, considerado como el principal humanista de América, nació en Santo Domingo el 29 de julio del año 1884, fruto de la unión de Francisco Henríquez y Carvajal y Salomé Ureña de Henríquez, tronco de una de las más ilustres familias de intelectuales de República Dominicana y de quienes heredó el amor a la poesía y el interés por las ciencias y la investigación..

Luego de recibir los conocimientos básicos de lectura de sus progenitores ingresó, a los once años de edad, a la escuela de enseñanza primaria y continuó los estudios de bachillerato en el Liceo Dominicano, bajo la dirección de Emilio Prud'homme, donde recibió el título de Bachiller en Ciencias y Letras (1901). Ese mismo año partió hacia la ciudad de New York con el propósito de realizar estudios universitarios y de aprender el idioma inglés.

Vivió en los Estados Unidos, Cuba, México, España y Argentina, países en los que se educó y a los que aportó también sus conocimientos y sus dotes de gran humanista. En 1914 se graduó de abogado en la Universidad Nacional de México y de Doctor en Filosofía y Letras en la Universidad de Minnesota, en los Estados Unidos. En México se desempeñó como profesor de lengua española en la Escuela Superior de Comercio y Administración, (1910); profesor de literatura española e hispanoamericana en la Escuela Preparatoria de la Universidad Nacional (1912-1913); y Director General de Enseñanza Pública en el Estado de Puebla, (1923-1924).

En los Estados Unidos de Norteamérica fue corresponsal del periódico Heraldo de Cuba; profesor de las universidades de Minnesota, Chicago y California; e invitado especial de la Universidad de Harvard para dictar la prestigiosa cátedra Charles Eliot Norton (1940-1941).

En Argentina enseñó lengua española y literatura, en la Universidad Nacional de La Plata (1924-1931); literatura argentina, americana y europea en el Instituto de Profesorado de Buenos Aires; y literatura general en la Universidad de Buenos Aires. En diciembre de 1931, atendiendo a una petición del entonces Presidente dominicano, Rafael Leónidas Trujillo Molina, regresó a Santo Domingo a ocupar la Superintendencia de Enseñanza. Pero en 1933 renunció a dicho cargo acosado por el control que ejercía el tirano sobre las instituciones del Estado.

La imposibilidad de poner en práctica el programa de enseñanza que él anhelaba para la República Dominicana lo hizo volver a Argentina en 1933, donde permaneció hasta el momento de su muerte. Paralelo al desempeño de sus funciones académicas, fue produciendo su obra crítica y de investigación. Entre sus obras más celebradas se destacan: “Gramática castellana”, “La cultura y las letras coloniales en Santo Domingo”, “Seis ensayos en busca de nuestra expresión”, “Corrientes literarias en Hispanoamérica” y “Apuntaciones de la novela en América”, entre otras.

Tuvo el privilegio de trabajar con las más grandes personalidades de las letras españolas e hispanoamericanas de su época, entre ellos Alfonso Reyes, José Vasconcelos, Amado Alonso, Ezequiel Martínez Estrada y Jorge Luis Borges. Pedro Henríquez Ureña es el más grande humanista dominicano y uno de los intelectuales de más prestigio universal. Su nombre aparece junto a los de Andrés Bello, José Enrique Rodó, Domingo Faustino Sarmiento, Juan Montalvo y José Martí, considerados como los forjadores del pensamiento crítico contemporáneo en Hispanoamérica. Murió en Buenos Aires el 11 de mayo de 1946.

Ir arriba

.- ULISES FRANCISCO ESPAILLAT

Nació en Santiago de los Caballeros el 9 de febrero de 1823. Fueron sus padres Pedro Ramón Espaillat y María Petronila Quiñones. Casó con su prima hermana Eloisa Espaillat, con quien procreó seis hijos.

Hombre culto y de vigorosas convicciones, madurez de criterio y profundidad de pensamiento, desde muy joven fue reclamado por la sociedad para el desempeño de cargos públicos de responsabilidad. Fue miembro del Senado y de la Cámara de Representantes, Interventor de Aduanas de Puerto Plata, miembro de la Diputación provincial de Santiago y Comisionado del Gobierno en esa ciudad y en las provincias del noroeste del país.

Se desempeñó en diferentes ocasiones como miembro del Ayuntamiento de Santiago de los Caballeros y formó parte de la Asamblea Constituyente que se reuniera en Moca entre los años 1857-1858; además, participó en la Sociedad de Fomento de Santiago.

Trabajó arduamente por el progreso de su pueblo y convencido de que para el éxito en el área agrícola era indispensable una buena comunicación, abrió un nuevo camino entre Santiago y Puerto Plata. En el campo político se opuso ardientemente a la anexión del país a España y, acusado por sospecha de complicidad con el movimiento de la Restauración, fue condenado a diez años de expatriación. Indultado más tarde, regresa al país en 1863.

Fungió como Vicepresidente de la República en 1864. Hombre de posiciones firmes y decididas, fue perseguido y encarcelado en varias oportunidades y, decepcionado, decide retirarse de la vida política pero, un hombre de valores como éste no se deja ir mansamente y es requerido nuevamente por sus conciudadanos. En el año de 1876 fue elegido Presidente de la República por abrumadora mayoría de votos y, como tal, suprimió las regalías y dádivas que por costumbre y en inmoral acción, entregaban los presidentes a aquellos jefes y oficiales que habían colaborado en su ascenso al poder.

La moralidad y honradez de este ilustre hombre fueron ejemplos mientras duró su presidencia. Fue depuesto, en gran parte debido a la supresión de las gratificaciones mencionadas y al abandonar la presidencia dijo: “Yo creí de buena fe que lo que más aquejaba a la sociedad de mi país era la sed sumamente moral y regeneradora; pero otra sed aún más terrible la devora: la sed de oro”.

Como escritor de amena y conceptuosa prosa, nos dejó su interesante obra “Escritos de Espaillat”, una serie de documentos, cartas y artículos que se editó como iniciativa de la Sociedad “Amantes de la Luz” de Santiago de los Caballeros.

Ir arriba

.- ERCILIA PEPIN ESTRELLA

Nació 7 de diciembre de 1886 en Santiago de los Caballeros, República Dominicana. Su modesta situación y orfandad dificultaron su asistencia a los escasos centros de enseñanza de la época, lo que no impidió que se autoeducara y fuese nombrada en 1901, con apenas 14 años de edad, como Directora de la Escuela de Niñas de Nibaje. El éxito alcanzado por Ercilia en el desempeño de su labor le valió la designación, en 1908, como profesora de Matemáticas, Física y Naturales del Colegio Superior de Señoritas de Santiago. Comenzaba la "Revolución Erciliana", que duraría toda su vida.

Ercilia Pepín instituye el desayuno escolar, dota de laboratorio el plantel donde trabaja, impone el uniforme para los escolares a quienes exigía una veneración respetuosa cuando el Himno Nacional era interpretado. Ordena izar y arriar el pabellón nacional todos los días; hace respetar los símbolos patrios; se empieza a cantar en la escuela y las clases de inglés son regulares.

Desde 1909 hasta 1916 se dedicó a impartir docencia privada a grupos de jóvenes, para formarlas como maestras normalistas y bachilleres en Ciencia y Letras, sin descuidar sus clases oficiales. En el 1913 obtiene su título de Maestra Normal, haciéndose acreedora de los elogios del jurado examinador por la calidad de la tesis presentada.

Desde el 1910 hasta 1920 luchó activamente en pro de los derechos de la mujer en relación con su capacidad natural para instruirse al igual que el hombre y ser apta para el desempeño de funciones públicas de responsabilidad, expresándose de la siguiente manera: "Hora es ya de que el legislador dominicano, inspirándose en los verdaderos fueros de la democracia, otorgue a la mujer, los privilegios que el Derecho Público va otorgando ya... ".

Se solidariza con actos patrióticos contra dictaduras y tiranías, repudiando enérgicamente la invasión norteamericana a República Dominicana. Hace suyos los movimientos guerrilleros de países hermanos por la libertad y la democracia. Algo especialmente memorable es la carta que dirigió al General Sandino, al enviarle la bandera de Nicaragua, bordada por las niñas de su escuela. En 1927 colabora con el comité pro libertad y democracia de la República de Haití.

En el año 1921, el Gobierno Militar de Ocupación yanqui le extendió el nombramiento de Delegada de la República ante el Congreso Pan-Americano del Feminismo a celebrarse en Baltimore. Ercilia se niega a aceptarlo y puntualiza: "No podría ir a representar a mi país al extranjero, llevando credenciales escritas por los jefes de las fuerzas invasoras de mi Patria".

En reconocimiento a su labor docente y a su lucha librada contra la ocupación del país por los vecinos del norte, el Ayuntamiento de Santiago la declara Hija Benemérita de Santiago en el año 1925. Trabajadora, decidida y enérgica, patriota ante todo, rechaza con valentía los desafueros tiránicos de Rafael L. Trujillo.

Aquejada por una enfermedad terminal y previendo su próximo fin, solicita de su amigo, el Arq. Rafael Aguayo, la construcción de su tumba, cuyo diseño le entrega, para ser construida en el Cementerio Municipal. Una vez terminada, va a visitarla y a darle su aprobación.

Esta portentosa mujer, Maestra de Maestras, fallece el 14 de junio de 1939. El pueblo se volcó a desfilar detrás del carro fúnebre que la condujo a su lugar de descanso. Hoy día, varios centros educativos, parques de recreación, escuelas y calles dominicanas se enorgullecen de llevar el ilustre nombre de Ercilia Pepín.

Ir arriba

.- JOSE NUÑEZ DE CACERES

José Núñez de Cáceres (14 de marzo de 1772 - 11 de septiembre 1846); nació en la ciudad de Santo Domingo, siendo sus padres Francisco Núñez y María Albor. Su madre murió a los pocos días de su nacimiento. Desde temprana edad demostró gran amor a los estudios; su padre era hombre de campo, trabajador y honrado. Se llevó a su hijo al campo, pero no pudo conseguir que cambiara los libros por la agricultura.

Núñez de Cáceres se esforzó para terminar sus estudios, y, a los 23 años, obtuvo la Licenciatura en Derecho Civil; formó una distinguida clientela y llegó a ser catedrático en la “Universidad de Santo Tomás de Aquino". Al finalizar el siglo XIX contrae matrimonio con Juana de Mata Madrigal Cordero. De su unión nacieron seis hijos.

Mientras Santo Domingo era colonia francesa, Núñez de Cáceres fue funcionario del gobierno español en Cuba. Luego del restablecimiento del poder español en Santo Domingo, Núñez de Cáceres vuelve a su tierra natal. Desde 1809 el gobierno español de la Colonia estaba a cargo de Juan Sánchez Ramírez, y José Núñez de Cáceres se desempeñó como Asesor General.

En los años comprendidos entre el 1809 y el 1822 España prestó poca atención a la Colonia. Por esa razón, se conocieron como el período de la “España Boba”. Núñez de Cáceres ocupó varios cargos en este período; Asesor General del Gobierno de Intendencia; Primer Rector de la Universidad de Santo Domingo; y Teniente Gobernador y Auditor de guerra. Al asumir ese último cargo puso en marcha sus planes de separación logrando ganar para su causa a los jefes de varios cuerpos militares.

Cuando en noviembre de 1821 circulaban los rumores sobre una posible invasión haitiana sobre el este de Santo Domingo -y era bastante profusa la circulación de hojas fomentando en nuestro territorio el independentismo, impresas en Venezuela o en Haití-, correspondió a José Núñez de Cáceres el mérito histórico de labrar nuestra primera emancipación.

La noche del 30 de noviembre de 1821 hizo preso al Gobernador y Capitán General y, finalmente, el 1 de diciembre, quedó constituido el «Estado Independiente de Haití Español» -nombre sugerido para diferenciarlo de la ex colonia francesa, Haití-, separándose definitivamente de España.

Núñez de Cáceres ejerció la presidencia del gobierno provisional e inmediatamente se solicitó la protección de la Gran Colombia, pues se temía una invasión de la vecina Haití. Envió como emisario ante Simón Bolívar, presidente de la Gran Colombia, a Antonio María Pineda, quien no llegó a entrevistarse con el Libertador.

Jean Pierre Boyer, Presidente de Haití, declaró que el territorio de la isla era uno e indivisible, e invadió la parte oriental de la isla el 9 de febrero del 1822. Núñez de Cáceres ordenó izar la bandera haitiana y entregó al presidente Boyer en persona las llaves de la ciudad de Santo Domingo (Cáceres estaba todavía en Santo Domingo, haciendo gestiones clandestinas para obtener apoyo de las autoridades de la Gran Colombia. Boyer se enteró de sus actividades y exigió el exilio a José Núñez de Cáceres, argumentando que su presencia era un inconveniente en la isla y que si no se ausentaba de ella voluntariamente lo embarcaría por la fuerza).

Núñez de Cáceres se dirigió a Venezuela, donde se dedicó al periodismo. Finalmente acabó viviendo con su familia en México, donde primero se estableció en la ciudad de San Luis Potosí y luego en Ciudad Victoria, capital del Estado de Tamaulipas. En los primeros años ejerció la abogacía. En 1830 fue nombrado fiscal de la Corte Suprema de Justicia. En 1833 fue elegido senador del Estado de Tamaulipas y miembro del Congreso de la Confederación Mexicana. En ese mismo año se le designó Ciudadano Benemérito de Tamaulipas. También ocupó el cargo de Tesorero de Hacienda Pública. Muere en Ciudad Victoria, Estado de Tamaulipas, México, el 11 de septiembre de 1846.

La independencia del Santo Domingo español duró sólo dos meses y ocho días; desde el 30 noviembre de 1821 a febrero de 1822; por eso se le conoce como la Independencia Efímera.

Ir arriba




Sobre historia Dominicana

. Artículo publicado en el periódico Hoy el 3 de diciembre del 2000/Arlette Fernández

. Aniversario incorrecto/Euclides Gutiérrez Félix

. La última carta del coronel Rafael Fernández Domínguez/Arlette Fernández

. 49 años después/Euclides Gutiérrez Félix [I, II, III, IV, V, VI, VII, VIII, IX y X]

. Abril: un faro que se apaga/Euclides Gutiérrez Félix [I, II, III, IV, V y VI]

. Horacio Vásquez y Rafael L. Trujillo/Frank Moya Pons

. Recordando el 46 aniversario de la gesta de 1963/eldia.com.do y El Archivo General de la Nación

. Valor histórico del 5 de julio de 1961/Tony Raful

. Escenas inolvidables del golpe de Estado de 1963/Tony Raful

. Vicisitudes de Duarte/José del Castillo Pichardo

. De héroes y demócratas verdaderos/Víctor Grimaldi

. Independencia y soberanía/Euclides Gutiérrez Félix

. La gran epopeya/Euclides Gutiérrez Félix

. Duarte/Euclides Gutiérrez Félix

. Bosch y el Coronel/Arlette Fernández


. Artículo publicado en el periódico Hoy el 3 de diciembre del 2000/Arlette Fernández


El día 25 me desperté a las 4 de la madrugada... Habíamos acordado salir hacia Salcedo a las 5:30 para llegar a tiempo de participar en la misa y hacer guardia de honor a Manolo (1) y las muchachas ( 2). Pero, como todos los años, todavía en la cama comenzaron los recuerdos. Dolorosos, incómodos, irritantes, supongo que también inevitables, porque a veces los pensamientos parecen tener vida propia y muy especialmente todos los 25 de noviembre desde hace 20 años.

Mi hijo menor, Rafael Tomás, murió ese día, tras un accidente de moto que había sufrido esa mañana y su salud, conforme transcurrieron las horas de aquel 25 de noviembre de 1980, fue deteriorándose hasta su fatal desenlace. Tenía 18 años. El dolor a veces cambia, muda sus manifestaciones, intensifica sus punzadas, pero siempre es agobiante. Sin embargo, al rato sobreviene el alivio, el consuelo de fundir tu dolor con todos los dolores ajenos, que pasan a ser propios para que duelan menos.

Y sentí que doña Chea Mirabal (3) me decía exactamente lo mismo que en mayo de 1965. En aquel entonces, yo había llegado desde Puerto Rico en un avión de la marina de los Estados Unidos que había solicitado el profesor Juan Bosch (4) al Departamento de Estado Norteamericano para que me trajera a Santo Domingo a enterrar a Rafael, (5) muerto el día antes, 19 de mayo, durante el asalto al Palacio Nacional en plena Guerra de Abril (6). El día 20 le dimos sepultura en la tumba de su familia en Santiago y ya el 21 me encontraba en casa de mi abuela en San Francisco de Macorís, el pueblo donde nací y donde residía toda mi familia, excepto yo que vivía en la capital desde que me casé con Rafael a los pocos meses de salir del colegio Sagrado Corazón de Jesús de Santiago donde me eduqué.

Fue mi prima Aleyda (7) quien entro a la habitación y me dijo: "Arlette, mira quien está aquí". Parada frente a mí con los brazos abiertos estaba doña Chea Mirabal y me abracé a ella buscando consuelo en aquel corazón destrozado. Llorando desconsolada le decía: Delante de usted yo no puedo llorar. Y exactamente un 25 de noviembre del año 1980 perdí a mi hijo Rafael Tomás y otra vez doña Chea volvió a mis madrugadas para estrecharme entre sus brazos y yo encontrar en ellos el consuelo.

Tengo, pues, la fortuna de ser beneficiaria de su dolor porque el mío disminuyó con el suyo en mayo del 65 y en noviembre del 80 y en cada 25 de noviembre. Mi pensamiento se refugia en el recuerdo de sus abrazos y sus palabras: "Mi muchachita, mi muchachita... ", me decía, y yo, llorando, desesperada, le decía: "Delante de usted yo no puedo llorar".

Por fin me levanté pero se nos hizo tarde y nos dirigimos directo a Ojo de Agua. Cuando cruzábamos el jardín vi el primer cadete. Me impresioné. Aunque sabía que a las muchachas y a Manolo se les rendirían honores militares, no esperaba encontrarme a los cadetes desparramados por el jardín. No sé si fue al tercero o al cuarto de ellos que vi que le saludé con los buenos días y me respondió entrechocando los tacones de sus botas. Desde ese momento todo cambió, algo se encendió dentro de mí y comencé a recordar a Rafael de cadete, tan buen mozo, tan correcto. ¡Estaba tan enamorada! Nuestras cartas, las monjas, el colegio, la espera, los besos, nuestro amor y después sus luchas... ¡Tanto bregar... pero que bueno que a estos muchachos no les tocó vivir aquellos tiempos!, pensaba.

Me imaginé a Rafael cuando aquella noche paseaba con algunos compañeros cadetes por la calle El Conde y al acercarse a la Puerta del Conde donde reposaban los restos de los Padres de la Patria, encontró a un marino norteamericano borracho, orinando encima del monumento, y lo bajó a patadas, liándose a puñetazos con él. Cuando un superior le reclamó una explicación por su conducta, impropia de un cadete, Rafael, muy serio, le contestó: "Si el presidente de los Estados Unidos viene y viola nuestros monumentos, yo también lo bajo a patadas". Tenía 20 años.

Tomamos asiento, impresionados ante las tumbas abiertas que acogerían las urnas con los restos de aquellos 4 tesoros de la Patria. Entonces llegaron algunos militares activos, todos de alta graduación. Creo que uno o dos eran generales. Traté de verles las insignias pero no pude. Se sentaron delante de nosotros. Al rato, llegaron otros. Todos, calladitos.

Y me sentí TRIUNFANTE.

Entonces, recordé cuánto miedo pasamos el día 24 de julio de 1961 cuando Rafael fue nombrado, según SOE # 82-1961, subdirector de la Agencia Central de Información, cuerpo militar represivo. Tenía el grado de mayor de la Fuerza Aérea Dominicana y era Comandante de Puesto de la Base Aérea Presidente Trujillo. Rafael decidió no aceptar el cargo. Dijo que hablaría con el general Ramfis Trujillo (8), para solicitarle su relevo. Le manifestó a sus hermanos, a mi padre y unos tíos que vinieron desde San Francisco de Macorís a quienes mandó llamar, que estaba consciente del peligro que corrían todos, incluso mis hijos y yo, pero que sin importar el precio a pagar, de ninguna manera desempeñaría esa labor... La represión en esos momentos era despiadada, brutal y los jóvenes militares sabían, aunque no con detalles, lo que estaba ocurriendo y lo que eran el SIM y La 40. (9).

El 29 de julio, según SOE #52-1961, a los 5 días, Rafael fue relevado y volvió a su puesto de Comandante de la Base.

Llegaron mas militares, con sus kepis, sus caireles; tan bien puestos, calladitos.

Me sentí ESPECIAL.

Al poco rato llegó mi comadre la doctora Milagros Ortiz Bosch (10) y más tarde la comitiva; entró Dedé (14) con la antorcha y después los hijos cargando las urnas. Vi a Jaime David. (11). Los cadetes rodeaban a los hijos de Manolo y de las Hermanas Mirabal . Uno de ellos sostenía la antorcha y otros ayudaron a colocar las urnas en los nichos. Después vi cómo envolvían las banderas que habían cubierto las urnas con los restos. ¡Que bonitos se veían! A lo lejos, de frente, un general hacía el saludo militar.

Cuando Rafael era Director de la Academia Militar Batalla de las Carreras en el año 1963 durante el gobierno del PRD encabezado por Juan Bosch dispuso que para ingresar a la academia no era imprescindible la evaluación política de los aspirantes a la carrera militar. Solamente era necesario aprobar las normas exigidas en el programa de admisión. Esta actitud rompía esquemas establecidos por años y Rafael tuvo que enfrentar serios problemas, pero como siempre, siguió adelante...

Presumo que la necesidad de compartir tanta emoción me hizo buscar el rostro de mi hermano Martín (12) y del coronel Hernando Ramírez (13), y que al ver juntos dos vicepresidentes constitucionales, militares activos, entre ellos 6 generales, algunos de la Policía Nacional, el cuerpo de Cadetes, algunos coroneles, mayores y capitanes y las tropas, imagino, repito que ante este cuadro singular, todos juntos venerando a Manolo y las muchachas, recordé cuando Rafael, al enterarse de que se fraguaba un golpe de estado contra el gobierno constitucional decidió que no lo permitiría y junto a sus compañeros que le siguieron luchó hasta el fin. Y rememoré cuánto afanó, sin descanso, sin pausas; recordé los tantos peligros que enfrentó, sus desvelos y desencantos , sin quebrarse, y en ese momento interrumpí el recuerdo y volteé el rostro para buscar a Sención Silverio y a González y González, capitanes constitucionalistas, quienes se encontraban detrás de nosotros.

También recordé la reacción de Rafael al conocer la noticia de la muerte del doctor Manuel Aurelio Tavárez Justo. Estábamos en Madrid, impedidos de entrar al país tras ser descubiertos los planes de Fernández Domínguez de reponer el gobierno de Bosch. Coincidencialmente, su mejor amigo en Madrid era el doctor José Díaz, también adscrito a la embajada, y que había sido presidente del 14 de junio en Santiago. Conmovido, Rafael decía: "¿Cómo es posible que ellos no conocieran nuestras planes para reponer el Gobierno... ?, y repetía: "No tenían por qué inmolarse de esa manera...

Y me sentí LIBERADA.

Porque ya no importaba cuántas humillaciones, desplantes y olvidos sufrimos, tanto los militares constitucionalistas como nosotras las mujeres y los hijos de los que se fueron; ya no importaba cuántos olvidos y silencios tuvimos que padecer. Tampoco me importaba que en el Libro Récord que contiene todos los datos de un militar, en los archivos de las Fuerzas Armadas Dominicanas, en el de el teniente coronel Rafael Tomás Fernández Domínguez se haya escrito:

MUERTE: EFECTIVO EL 25-4-65 A RAIZ DE LOS ACONTECIMIENTOS INICIALES EL 24-4-65 SOG. #51-1965.

No importa, la semilla ha germinado...

Y me sentí en PAZ.

Estoy segura que en los próximos 25 de noviembre el recuerdo de mi hijo Rafael Tomás no irá acompañado de tanto dolor y tristeza. Siento que muchas cosas han vuelto a su lugar, no sólo las Hermanas Mirabal.

NOTA:

La FUNDACIÓN CORONEL RAFAEL TOMAS FERNÁNDEZ DOMÍNGUEZ INC., se permite agregar las notas más abajo indicadas con la finalidad de edificar al lector que desconoce detalles de esta etapa histórica y el papel jugado por sus protagonistas.

1. "Manolo", doctor Manuel Aurelio Tavárez Justo, líder del Movimiento Revolucionario 14 de junio y esposo de Minerva Mirabal.

2. "Las muchachas", Patria, Minerva y María Teresa Mirabal asesinadas por la Tiranía de Trujillo el 25 de noviembre del 1960.

3. Doña Chea Mirabal, madre de las tres hermanas asesinadas.

4. Juan Bosch, elegido presidente de la República el 20 de diciembre de 1962 y derrocado meses después.

5. Rafael Tomás Fernández Domínguez, coronel del Ejercito Nacional, líder del movimiento militar democrático y líder e ideólogo del Movimiento Militar Constitucionalista que desembocó en la Guerra de Abril.

6. Guerra de Abril, Movimiento Cívico Militar que luchaba por la reposición del Gobierno Constitucional de Bosch.

7. Aleyda Fernández, conocida periodista, prima de Arlette y del coronel Fernández Domínguez.

8. General Ramfis Trujillo, hijo del tirano Trujillo.

9. SIM, órgano militar represivo y La 40, lugar donde se encerraba y torturaba a los opositores al régimen del dictador Trujillo.

10. Doctora Milagros Ortiz Bosch, actual Vicepresidenta de la República.

11. Doctor Jaime David Fernández Mirabal, ex -vicepresidente de la República y primo hermano de las Hermanas Mirabal.

12. Martín Fernández, hermano de Arlette y figura importante en el Movimiento Militar Constitucionalista.

13. Miguel Angel Hernando Ramírez, coronel del Ejercito Nacional, líder del Movimiento Militar Democrático y Jefe del Movimiento Militar Constitucionalista en ausencia del coronel Fernández Domínguez.

14. Dedé Mirabal, la hermana sobreviviente.

Ir arriba


Aniversario incorrecto/Euclides Gutiérrez Félix
23 Agosto 2010

El 16 de este mes de agosto, se hizo público en diferentes medios de comunicación, que el pueblo dominicano celebraba ese día el 147 aniversario de La Restauración de la República, y tal vez, lo más preocupante es que diferentes organismos y comisiones gubernamentales auspiciaron y promovieron una conmemoración de tanta trascendencia como La Restauración, con un error histórico de importancia. La Restauración de la República, tuvo su inicio de manera principal el 16 de agosto de 1863, cuando en la madrugada de ese día, en el Cerro de Capotillo, en la frontera dominico-haitiana, un reducido grupo de valientes, encabezados por Santiago Rodríguez, José Cabrera y Benito Mención, enhestó la bandera dominicana confeccionada por Huberto Marzán y proclamó el inicio de la guerra contra la monarquía Española, bajo la consigna de Libertad o Muerte.

Entre el 16 de agosto de 1863 y el 12 de julio de 1865 trascurrieron un año y 11 meses y fue ese día, el 12 de julio de 1865, cuando abandonaron sin condiciones las tropas españolas el territorio dominicano, que quedó plasmada en el orden material y político, la soberanía de la república, restaurada por el sacrificio y el valor de nuestro pueblo. El 16 de agosto de 1863 se inició, con lo que la historia recoge con el nombre de El Grito de Capotillo, la más Grande Epopeya de este conglomerado, en aquel momento pobre y deshabitado, con apenas 250,000 almas, actor solitario de su historia que con tímida e impracticable ayuda física del gobierno haitiano, logro infligir a España en territorio insular, la derrota que repercutió apenas tres años después, en el pueblo cubano, escenario en el que se puso en práctica la extraordinaria experiencia militar de la escuela que fundó en el siglo XVI Enriquillo, capitán invicto de la sierra del Bahoruco.

En esas coincidencias extrañas de la historia, 59 años después, abandonaron el territorio dominicano las tropas de la Infantería de Marina de los Estados Unidos de América, que ocho años antes, en 1916, habían invadido el suelo patrio para fomentar la industria azucarera, producción necesaria para ese país, debido al desarrollo de la Primera Guerra Mundial. El 12 de julio de 1865, cuando fue consumada a plenitud, política, económica y socialmente La Restauración de la República, en la realidad de lo sucedido, la soberanía plena de la nación, convertida en República desde febrero 1844, quedó ese hecho señalado como la más grande epopeya de nuestro pueblo, llamado por Fidel Castro “legendario, veterano de la historia y David del Caribe”.

El 16 de agosto celebra el pueblo El Grito de Capotillo, acción imborrable y admirable que dio inicio a la guerra restauradora consecuencia lógica e inevitable, como respuesta viril a la traición de Pedro Santana de anexar el territorio de la parte oriental de La Española, con la categoría humillante de provincia de ultramar de una monarquía en términos políticos desacreditada. Es inolvidable el 16 de agosto de 1863 por el gesto de Capotillo y así se debe conmemorar, como se hizo ahora, solamente con el error de afirmar que era el 147 aniversario de La Restauración, cuando lo que conmemoramos es el 147 aniversario del levantamiento militar que dignificó aún más la historia del pueblo dominicano.

Ir arriba


La última carta del coronel Rafael Fernández Domínguez/Arlette Fernández

Para Arlette Fernández, su esposa.

Mayo del 1965
Río Piedras, Puerto Rico.

Adorada Letty:

Imagino lo desesperada que estás por venir y espero en Dios puedas resolver todo pronto para que puedas estar aquí en esta semana.

Te estoy haciendo esta carta porque es posible que cuando llegues yo no esté aquí, ya que hay una posibilidad de poder entrar a mi Patria y quiero decirte y pedirte muchas cosas. Espero que así sea, ya que no soporto más la situación en que me encuentro; mientras mis compañeros y mi pueblo, luchan y mueren, yo estoy aquí, como un idiota perfecto, después de luchar tanto y sufrir inmensamente en este odiado exilio; yo, que estaba llamado a responsabilizarme y dirigir el movimiento, tengo la desgracia de tener que contemplar desde lejos cómo matan cobardemente a los míos y no puedo ayudarlos, no puedo hacer nada; esto me tiene destrozado y creo que mi desesperación me volverá loco; lo que siento sólo es comparado a lo que sentí cuando murieron mi papá e Ivonne; bueno, tú sabes como he aprendido a amar a mi Patria y ahora no puedo hacer nada por salvarla.

Esto es terrible para mí, sólo Dios sabe lo que siento cuando hablo por teléfono con los muchachos y me doy cuenta de que no puedo estar a su lado. Por eso Letty, aunque sé que es una muerte segura, me voy como sea; he agotado todos los recursos imaginables para poder entrar pero ha sido imposible.

Imagínate, he pasado días enteros entre montes y cañaverales, y tratando de entrar en bote ya que en avioneta nadie puede ni se prestan con razón a entrarme; esta vez es seguro, pues hay un hombre muy responsable que se ofrece a llevarme y estoy listo para partir.

Estoy consciente del peligro pero, tú sabes que lo más sagrado para mí es el deber y hoy debo cumplirlo nada menos que con mi patria y mi pueblo. Me siento dichoso de que Dios me brinde la oportunidad de cumplirlo como soldado.

Si me pasa algo, sé que vas a sufrir mucho y tú y mis hijos pasarán trabajo. No les dejo siquiera una casa pero, cuando te veas muy apurada recuerda que esto es más que nada porque fui honrado y tengo mis manos inmaculadas y esto debe servirte de orgullo e incentivo para luchar; sé que eres valiente y no me defraudarás.

Además, recuerda lo que tanto te he dicho. Todos tenemos nuestro destino marcado y si el mío es morir por mi patria, es el destino más maravilloso que hombre alguno pueda tener y la felicidad que yo sentiría es algo inexplicable. Yo tengo el privilegio de haber aprendido a amar a mi pueblo y a mi patria de esta forma que sólo yo sé, de haber tratado de superarme a mí mismo y tratar de llegar a ser “UN HOMBRE”. Tú sabes como he luchado contra las tentaciones de la vida para hacer que en mi mente y en mi corazón aniden siempre y en todos los momentos de mi vida, la vergüenza, la honradez, la justicia, el amor y el patriotismo. Tú sabes todo esto, mi vida, por eso, si caigo por defender y cumplir con estos sagrados principios, por mis ideales que tanto he tratado de que sean verdaderamente puros, tú y mis hijos deben sentirse orgullosos, porque yo, desde donde esté, me sentiré muy feliz.

Al leer esta carta sé que te pondrás muy triste, pues sé lo que me quieres y lo sensible que eres, pero necesito desahogarme pues sufro mucho y estoy muy desencantado.

Por la prensa y la radio te habrás enterado de que los norteamericanos nos tildan de comunistas, esto no es más que un pretexto para aniquilarnos y con ello al pueblo que hoy lucha por reconquistar sus derechos, pues ellos muy bien que saben cómo somos y la razón y pureza de nuestros ideales, pero son malos, despreciables y traidores, cobardes animales que no saben con todo su poderío, de dignidad y honor, sólo les interesa el vil metal, lo demás para ellos no vale nada. Pero el valor y patriotismo de nuestro pueblo es algo que no se puede decir con palabras, y no podrán; antes, tenderán una alfombra de cadáveres sobre Santo Domingo y, aun cuando nos pisoteen, seremos más grandes y dignos que ellos.

Dentro de mi desesperación, siento un orgullo tremendo pues mis compañeros de armas, aquel grupo que yo elegí por su seriedad y vergüenza, ha dado muestras de un valor y patriotismo encomiable,

¿Te acuerdas lo que decía de Francis, Lachapelle y Quiroz?, no me equivoqué. También siento gran satisfacción porque aunque no luchamos precisamente por un hombre y un partido, he comprobado que el Señor Presidente es un gran hombre y de mucho valor, ya que esto no se demuestra sólo peleando; además, lo que más admiro en él es su nobleza e inteligencia porque ha sabido salvar vidas y no sólo de revolucionarios. Veo que los dominicanos no se equivocaron cuando lo eligieron.

Si me pasa algo, ocúpense tú y Celeste de cuidar mucho a mamá para que no vuelva a enfermar; bueno Letty, ya verás que no me pasa nada, los hombres tan idealistas como yo no mueren muy fácilmente, pero por si acaso, tengo algo que pedirte y encomendarte. En nombre de ese amor que nos tenemos, tienes que luchar con todos los medios a tu alcance para hacer de mis hijos hombres dignos y de vergüenza, honrados y valientes (sé que tú lo eres) porque si yo no puedo llegar a hacer por mi pueblo todo lo que pienso, entonces ellos tendrán que hacerlo, son mi aporte a la patria que venero, la única herencia que les dejo, a ti y a Ella; los varones, sean o no militares, tienen que luchar y morir si es necesario por verla libre y nuestro pueblo feliz y lo que es más, que den su vida, si es que tienen que hacerlo, llenos de felicidad; en resumen, incúlcales mis ideales, y entonces, como dice aquel escrito que puse en un cuadro en casa: NO

Ojalá traigas el dinero de la venta del carro, pues el que traje lo gasté en equipos para mi viaje y también se lo he dado a algunos amigos que han venido. Cómprale ropa a los niños y me le pagas cien pesos que le cogí prestados a mamá.

Me voy Letty, pero en esta carta te dejo mi corazón y mi alma. Miles de besos a los niños, cuídense mucho y que Dios los bendiga.

Te adora tu Rafa.

Ir arriba


. 49 años después/Euclides Gutiérrez Félix
17 mayo 2010
I)


El 30 de este mes, se cumplen 49 años del ajusticiamiento de Rafael Trujillo Molina, quien por el largo espacio de tiempo de 31 años gobernó a nuestro pueblo, sometiéndolo a un régimen de disciplina, respeto, trabajo, educación y terror, este último, método y acción, que se extendía a todos los sectores de la vida nacional, civiles y militares. 49 años después de su muerte, sigue siendo el personaje, que no alcanza la categoría de héroe ni de proceridad, más importante de la República en toda su historia. Pedro Santana, Buenaventura Báez, Ulises Heureaux, Ramón Cáceres, Horacio Vásquez y Joaquín Balaguer, que por períodos de tiempo importantes gobernaron al país, no tienen la importancia histórica ni dejaron las huellas positivas, más que negativas, que dejó Trujillo a los dominicanos.

Trujillo ejerció su autoridad a sangre y fuego. Sus condiciones políticas le permitieron ejercer el mando, imponiendo un régimen eficiente, constructor, agresivo e intolerante, con imborrables matices asesinos, expresión de su avasallante personalidad. Transformó radicalmente a la Nación, incorporándola institucional y definitivamente al siglo XX. Es la verdad histórica, real, objetiva, desapasionada e incuestionable. Federico Henríquez Gratereaux, intelectual de verdad, que nunca fue trujillista, a quien el autor de esta columna conoce desde su adolescencia, en su columna “A Pleno Pulmón”, de fecha 11 de mayo del corriente año, publicada en el matutino “Hoy”, recuerda las veces que ha señalado “la necesidad de digerir a Trujillo, esto es de comprender cuáles fueron los antecedentes históricos de su gobierno”.

El antitrujillismo aventurero, comercial, fantoche, cargado de mentiras y de fábulas, ha terminado empequeñeciendo las virtudes y cualidades fundamentales del pueblo dominicano hasta la dolorosa realidad de que un afamado escritor hispanoamericano, Mario Vargas Llosa, apátrida, aventurero, no tan perverso, cruel y genocida como Jorge Luis Borges, escribió una novela, ayudado por intelectuales dominicanos, llamada “La Fiesta del Chivo”, que es un insulto al honor y la dignidad de los dominicanos; de los que le sirvieron a Trujillo; de quienes lo combatieron y sufrieron persecución, prisión y torturas y de los que murieron, entregando sus vidas por el bienestar de nuestro pueblo; de quienes le sirvieron y sus hijos y descendientes, que cobardemente no defienden la memoria de sus antecesores que sirvieron a Trujillo; burla al personaje histórico, e irrespeto, desprecio y humillación al pueblo dominicano “Legendario, Veterano de la Historia y David del Caribe”, Actor solitario de su historia.

El oportunismo y el aventurerismo antitrujillista no tiene nada que ver con la vida y la conducta, discreta y silenciosa, de docenas de dominicanos y algunas dominicanas que sufrieron los rigores de la dictadura; que han seguido 49 años después sin riquezas, sin prebendas, sin haber heredado, por el robo, parte de la inmensa fortuna que Trujillo y un reducido grupo de familiares y protegidos acumularon a expensas del trabajo, sacrificio y muerte de nuestro pueblo.

24 mayo 2010
II)


En el orden político, el ciclón de San Zenón, del 3 de septiembre de 1930, fenómeno extraordinario de la naturaleza, que desarrolló vientos a más de 200 millas por hora y cuyo ojo aterrador estuvo suspendido por largo espacio de tiempo sobre el poblado de Santo Domingo, que por su estructura y composición era más bien un conglomerado rural que una ciudad, integrado por miles de casas de madera y ranchos techados de zinc, constituyó como fenómeno de la naturaleza el punto de partida del ejercicio de la autoridad dictatorial, avasallante y represiva del régimen que encabezaba desde hacía 18 días el afortunado militar de San Cristóbal, quien apenas doce años después de haber iniciado su carrera ascendía a la presidencia de la República. San Zenón sirvió al caudillo para presentar sus cartas credenciales como jefe capaz de reorganizar en términos económicos, sociales y políticos, al débil Estado que había nacido el 27 de febrero de 1844.

Veinte años después, al terminar la década que se había iniciado en 1940, bajo la dirección de ese régimen eficiente, constructor, en todos los aspectos sociales, de salud y educativos, agresivo e intolerante, con imborrables matices asesinos, como hemos señalado, la República Dominicana había dado un extraordinario salto cualitativo, iniciándose a partir de 1950 la etapa que hemos calificado como “El Cenit” del régimen trujillista. Para entonces por lo menos cuatro conspiraciones para derrocarlo se habían organizado en el país. En los primeros años de la década de 1930, las conspiraciones militares, encabezadas por el coronel Leoncio Blanco y luego la que encabezó el general Vásquez Rivera; inmediatamente después, la organizada por el grupo integrado entre otros por Juan Isidro Jiménez Grullón, Ángel Miolán, Vila Piola, José Selig y Rafael Ramón Ellis Sánchez (Pupito), que al parecer contaba con el apoyo de los hermanos Viriato y Antinoe Fiallo.

Fue en esos momentos, después de ser desvelada la conspiración y apresados la casi totalidad de sus integrantes que Pupito advirtió que “Trujillo solamente muerto puede ser sacado del poder”, reiterando que el agresivo mandatario no era un cobarde y que por el contrario era un profundo conocedor de la psicología del pueblo dominicano. Años después, entre 1934 y 1946, consolidada la autoridad y el poder de Trujillo, Eugenio de Marchena, capitán de caballería motorizada del Ejército, primo de Pupito Ellis Sánchez, organizó en las filas de Ejército un movimiento que tenía como objetivo principal, no la deposición del gobernante, sino su muerte.

Fracasados los intentos expedicionarios de los exiliados dominicanos para combatir la dictadura, reorganizado el Ejército, con excelentes y modernas armas en su poder, el gobierno consolidado, fuerte, rico por haber acumulado enorme capital en el proceso de la Segunda Guerra Mundial, entró en la etapa de construir la infraestructura imprescindible para el desarrollo del Estado dominicano: carreteras, puentes, caminos vecinales, hospitales, escuelas, mercados públicos y comunidades llamadas “Barrios de Mejoramiento Social”, comenzaron a levantarse y extenderse en todo el territorio nacional.

31 mayo 2010
III)


Durante el tiempo transcurrido entre 1945 hasta 1950, finalizando en 1955, o sea diez años, en que hemos señalado que la infraestructura física del país prácticamente quedó construida, Trujillo, ocupada su atención en esas construcciones y en otras cosas que creía más importantes, no se percató, con el instinto político que tenía, que el desarrollo material que su régimen de fuerza había propiciado, que acarreó incuestionable progreso en importantes renglones, generó la aparición y desarrollo de una pequeña burguesía urbana, llamada popularmente clase media, que tuvo acceso a estudios primarios, secundarios y en cantidad limitada, a los universitarios. Ese sector social terminó haciéndose receptivo a la carencia absoluta de libertades públicas y el ejercicio de los derechos humanos que padecía la población.

Desde el inicio de su régimen Trujillo se había visto obligado a reprimir con violencia y energía los intentos de combatirlo y derrocarlo que sus enemigos y adversarios, civiles y militares, habían llevado a cabo. Cientos de hombres habían caído victimas de sus represalias o de las intrigas, delaciones y denuncias que llegaban a sus oídos. Dentro y fuera del país su brazo había llegado a castigar, o ultimar, a los que consideraba enemigos políticos o personales. La lucha contra él y su gobierno fue permanente y sin descanso.

Del seno de ese sector de la pequeña burguesía urbana, corriendo la década iniciada en 1950, salió la decisión, después de la conspiración del capitán Eugenio de Marchena, de ultimar a Trujillo, en el interior del país. Ese proyecto lo concibió un joven abogado, cibaeño, nativo de Moca, llamado Rafael Estévez Cabrera, alias Fellito, en 1953, junto a algunos familiares entre los cuales se contaban hermanos y parientes. El plan de Estévez Cabrera, soñador, ingenuo y audaz, debía ejecutarse cuando Trujillo asistiera a las festividades de la batalla de Santiago del 30 de marzo de 1844.

Con Heureaux y Mon los autores y ejecutores de sus muertes conspiraron, podría decirse, públicamente. Ambos sabían de esas conspiraciones y conocían el nombre de muchos de los implicados que eran sus adversarios y además ciudadanos sin investiduras militares o mandos políticos. Consumar un atentado contra Trujillo era totalmente diferente. Los civiles, como se llamaban en el argot militar a los ciudadanos comunes del país, no tenían acceso al armamento castrense.

La presencia de militares activos o pensionados en un complot para eliminar a Trujillo era imprescindible. Esa tarea vino a realizarla Homero Hernández Almánzar, abogado, cuñado de Pupito Ellis Sánchez y sindicado desde su época de estudiante como desafecto al régimen. Homero era compadre del general Juan Tomas Díaz y en el transcurso de los años estrecharon su amistad a un grado fraternal. Horas, días y semanas pasaron conversando y discutiendo, desde 1955, la necesidad de eliminar al dictador. La mayoría de las veces Pupito estuvo presente en esas conversaciones que duraban hasta altas horas de la madrugada. Juan Tomás era militar activo y uno de los oficiales que gozaba de autoridad en el Ejército.

7 junio 2010
IV)


Después del 20 de diciembre de 1955, día en que fue inaugurada La Feria de la Paz y Confraternidad del Mundo Libre, gigantesca exposición nacional que el régimen de Trujillo organizó, después de haber firmado el dictador El Concordato, en el Vaticano, acuerdo que fue suscrito en 1954 y que, según confesó más tarde, en círculos muy íntimos el mismo Trujillo, la exposición era un consejo que le había ofrecido el Papa Pío XII en respuesta a la queja que Trujillo le había expresado en el sentido de que sus adversarios, particularmente los que residían en el exterior, no querían reconocer los avances que en el orden económico, agrícola, industrial y de otra naturaleza, había logrado el pueblo dominicano bajo su férreo y largo mandato. La Feria de La Paz se convirtió en barril sin fondo, en términos de dinero, y, aunque nunca se hizo pública la suma invertida, se comentó que rondaba los 35 millones de pesos de esa época, cuando la moneda dominicana estaba a la par o algo más del valor del dólar.

Después de la inauguración se inició el ocaso de la dictadura trujillista e inmediatamente después, en marzo de 1956, se produjo el secuestro en Nueva York de Jesús de Galíndez, episodio que en términos históricos y políticos era un atrevimiento y desafío de Trujillo a los Estados Unidos, porque Galíndez, exiliado español, que había sido secretario del dictador, era catedrático de la Universidad de Columbia, de la que había sido presidente el general Eisenhower, en ese momento presidente de la poderosa nación del Norte. Jesús de Galíndez, además, era confidente de la Agencia Central de Inteligencia (CIA), de los Estados Unidos, e informante también del Buró Federal de Investigaciones (FBI). El secuestro y muerte de Galíndez abrió un sendero de sangre que se llevó al piloto que lo trasladó en avión a territorio dominicano, joven estadounidense llamado Gerald Lester Murphy, de 22 años, y al médico que le acompañaba, Miguel Rivera; crímenes al que siguieron los del capitán piloto Octavio de la Maza, el teniente coronel Cobian Parra y la señora Ana Gloria Viera, cómplice del secuestro.

Otras muertes ocasionó el instinto asesino de Trujillo que, para esa época, al parecer, había comenzado a perder el sentido de la prudencia que en sus reacciones siniestras le había acompañado durante más de 25 años al frente de los destinos del pueblo dominicano. El derrocamiento de tres dictadores hispanoamericanos con profundos matices de diferencias como Juan Domingo Perón, argentino; Gustavo Rojas Pinilla, colombiano; y Marcos Pérez Jiménez, venezolano; provocaron un reordenamiento político en esta parte hispanoamericana del Caribe y de Suramérica, aunque el hecho político de mayor trascendencia se vino a producir el 1 de enero de 1959, cuando el movimiento guerrillero encabezado por Fidel Castro Ruz, en Cuba, derrocó el gobierno dictatorial, criminal, represivo, profundamente corrompido y amanuense y servidor de los intereses del gobierno estadounidense y particularmente del grupo más influyente en la vida del gangsterismo de ese país.

14 junio 2010
V)


Inmediatamente después del triunfo revolucionario del movimiento insurreccional, encabezado por Fidel Castro Ruz, en Cuba, carismático y excepcional líder, que fascinó no solamente con el hecho histórico del que había sido rector y guía a la juventud hispanoamericana, los acontecimientos y hechos políticos en el Caribe se profundizaron y precipitaron. Apenas seis meses después un contingente de dominicanos en el cual había, en gesto de solidaridad, cubanos, portorriqueños, venezolanos, estadounidenses, españoles y nicaragüenses, entrenados y armados bajo el patrocinio del gobierno revolucionario cubano, desembarcó el 14 de junio por la vía aérea, en el aeropuerto de Constanza, en la cordillera Central, ubicada en el centro del país y cinco días después dos lanchas con más de cien hombres llegaban a las playas de Maimón y Estero Hondo, en el Norte del país, en la provincia de Puerto Plata.

Hoy lunes 14 de junio del año 2010 se cumplen 51 años de ese episodio histórico, inmortal, que ha sido en términos cuantitativos el sacrificio humano y político de mayor trascendencia en las luchas internas de la República Dominicana. La llegada de ese contingente por la vía aérea fue de un impacto tan extraordinario en la vida de la sociedad dominicana, que agrietó, perceptible e inevitablemente, las bases del régimen trujillista que entró a partir de ese momento en un proceso de deterioro y descomposición definitiva. Ni siquiera Trujillo, que no era Fulgencio Batista, estaba en ese momento en términos políticos en condiciones de enfrentar un desafío de esa naturaleza porque con los matices asesinos e intolerantes del régimen que encabezaba, no podía dar una respuesta de tolerancia, comprensión y equilibrio, a ese grupo de expedicionarios valientes y dispuestos a sacrificar sus vidas.

Derrotados en el terreno militar, la mayoría de ellos sobrevivió a los enfrentamientos, tanto en la cordillera Central, en el área de Constanza, como en Puerto Plata; acciones que duraron cerca de un mes. El sacrificio de los dominicanos y de los extranjeros que les acompañaron ensanchó el sendero que conducía a la liquidación del régimen, que se había abierto con el secuestro de Jesús de Galíndez, en marzo de 1956. Los sobrevivientes de las Expediciones Inmortales del 14 y 19 de junio de 1959, fueron trasladados a la Base Aérea de San Isidro, en los alrededores de la ciudad capital, importante centro militar de la Fuerza Aérea Dominicana, bajo la jefatura de Rafael Trujillo Martínez, Ramfis. Muchos de ellos, particularmente los extranjeros, torturados primero en San Isidro, fueron también torturados en “La Cuarenta”, tenebroso recinto carcelario, dirigido por Johnny Abbes García.

Antes de transcurrido un mes de la derrota militar, en la parte trasera de la Academia Batalla de Las Carreras, por instrucciones de Ramfis Trujillo, la casi totalidad de los expedicionarios fueron ejecutados no obstante haberse presentado allí Rafael Trujillo Molina requiriendo quién había dado esa orden. Ramfis salió a su encuentro y le advirtió que eran sus órdenes porque esos expedicionarios habían llegado para darle muerte a él, Trujillo, y a toda su familia, incluida su madre, María Martínez.

21 junio 2010
VI)


El fusilamiento masivo de los sobrevivientes de Las Expediciones de Junio de 1959, ejecutado por órdenes expresas de Rafael Trujillo Martínez, Ramfis, en el recinto de la Academia Militar Batalla de Las Carreras, fue un hecho de extraordinaria importancia y repercusión, no obstante la protesta personal de su padre, que se presentó en ese lugar requiriendo a su hijo quién había autorizado la muerte de los heroicos combatientes, que habían dado al régimen, con su heroica decisión, una estocada mortal. Trujillo, acompañado por su hijo, que lo llevó hasta el automóvil, se ausentó del lugar sin que esa decisión, en términos históricos, lo haya descargado de la responsabilidad del crimen masivo que se estaba ejecutando, porque la jefatura política, militar y económica de la Nación descansaba, únicamente, en su persona, la que bajo ninguna circunstancia había delegado, totalmente, en otras manos.

Ese episodio profundo, conmovedor, inaceptable, de triste recordación, señaló el camino definitivo que a partir de ese momento siguieron importantes sectores de la sociedad, convencidos de que la desaparición física de Trujillo era un compromiso de honor que debía cumplirse en brevedad de tiempo de corto espacio. Entre julio de 1959 y mayo de 1961, apenas 22 meses, en proceso inevitable y en orden cronológico se sucedieron: la fundación y el proceso de organización del Movimiento Revolucionario Clandestino 14 de Junio, que bajo la dirección de Manolo Tavárez Justo y Minerva Mirabal, su esposa, y un numeroso grupo de hombres y mujeres de la pequeña burguesía urbana, quedo constituido en los primeros días de enero de 1960 y que aunque no pudo ejecutar las acciones y los propósitos que había planificado, llevó a partir del 11 de enero a las cárceles de la dictadura más de 300 personas.

La prisión y las torturas que mujeres y hombres, miembros del 14 de Junio, recibieron en la cárcel de La Cuarenta, originó la denuncia y la protesta de la Iglesia Católica, en una Carta Pastoral que se hizo pública el 25 de enero de 1960. Para Trujillo la Iglesia Católica había sido su apoyo y firme aliada en los treinta años de gobierno. La importancia e influencia de esa singular institución universal, en la República Dominicana, solamente era comparable con las Fuerzas Armadas, creada, sostenida y modernizada por el régimen. Según rumores que corrieron a lo largo y ancho del país Trujillo quedó profundamente afectado. En aquellos momentos que comenzaban serias dificultades, para las cuales el dictador y sus colaboradores no tenían respuestas inmediatas; la Iglesia asumía una posición de crítica. Realmente fue un golpe inesperado.

La naturaleza asesina que había normado la vida de Trujillo en sus treinta años de jefe absoluto de la Nación se manifestó en los días que transcurrieron, a partir del 11 de enero, al desvelizamiento del Movimiento Revolucionario 14 de junio. No obstante, al parecer, existió una renuencia del mismo Trujillo de aceptar la existencia de un movimiento conspirativo que aglutinaba en sus filas a cientos de jóvenes de la pequeña burguesía urbana, estudiantil y profesional.

28 junio 2010
VII)


Inmediatamente después de ser develado el Movimiento Clandestino 14 de Junio y de haber hecho de conocimiento público general la Carta Pastoral dirigida por los dignatarios de la Iglesia Católica a Trujillo, el 25 de enero de 1960, ocurrió un episodio que no tenía antecedentes en la vida política dominicana. Encabezado por el doctor Mario Read Vittini, conocido abogado, oriundo de San Cristóbal, que desde muy joven había ocupado importantes posiciones en el tren burocrático del Estado y en importantes cargos políticos, hasta llegar a desempeñar las funciones de vicepresidente del Partido Dominicano y miembro de una distinguida familia de la sociedad sancristobalense amiga de Trujillo, un grupo numeroso de jóvenes buscó asilo en la Embajada de Brasil, ubicada en la Máximo Gómez esquina Doctor Correa y Cidrón, de la ciudad capital.

Lo extraordinario de ese episodio no fue solamente la arriesgada y valiente decisión de quienes se asilaron, sino también la forma de cómo buscaron el asilo, ocasionando la muerte de dos agentes del Servicio de Inteligencia Militar (SIM), a tiro limpio, acompañados de Caridad Díaz y de su hijo Nabucodonosor Henríquez, alias Nabu, hermana de Modesto y Juan Tomas Díaz, quienes para ese momento hacia años conspiraban para eliminar al dictador. Al asilo de estos jóvenes inmediatamente se sumaron otros asilamientos en la Embajada de Argentina y en otras embajadas hispanoamericanas. La autoridad de Trujillo, sus métodos arbitrarios, represivos y asesinos de gobernar, estaban frontalmente desafiados. Más adelante, el 24 de junio de 1960, auspició Trujillo el atentado contra el presidente de Venezuela, Rómulo Betancourt. Y a penas cinco meses después, el sádico, injustificable e inexplicable asesinato de las hermanas Mirabal y su amigo y acompañante, el joven Rufino de la Cruz, de conocida conducta antitrujillista en su lugar de origen.

Como antecedente de esos episodios estaba el asesinato de Ramón Marrero Aristy, el 17 de julio de 1959, y el asesinato, en los primeros meses de ese año, de Los Panfleteros de Santiago, crimen masivo en el que perdieron la vida cerca de 30 adolescentes, acción que no podía ejecutarse si no se tenía la aprobación o el consentimiento, expreso, de Trujillo; y fue en ese periodo que exterminados, también por expreso mandato de Trujillo, cayeron cerca de treinta sargentos de la Aviación Militar Dominicana, acusados de sabotear los motores de numerosos aviones de combate de esa institución militar. El sendero de sangre que inauguró Trujillo con el secuestro y la muerte de Galíndez, como hemos señalado en otras ocasiones, primero conmovió y aterrorizó a los sectores más sensibles de la sociedad dominicana, particularmente a la pequeña burguesía urbana y a sectores de la oligarquía tradicional y la incipiente burguesía nacional.

Los instintos asesinos de Rafael Trujillo Molina se habían desbordado y aunque en presencia de familiares y amigos y de su amante favorita, Lina Lovatón, negaba su responsabilidad por lo que estaba sucediendo, en términos históricos había llegado el momento de poner fin a ese huracán de violencia y crímenes que amenazaba con liquidar a numerosos miembros de la familia dominicana.

5 julio 2010
VIII)


El atentado contra Rómulo Betancourt, que fue ejecutado el 24 de junio de 1960, que se ideó y se organizó en Santo Domingo bajo la dirección y auspicio de John Abbes García y al que siguió, 5 meses después, el asesinato de las hermanas Mirabal, eran evidencias incuestionables de que Trujillo, asesino político selectivo, silencioso, había perdido el sentido de la prudencia, aun para matar, que había dirigido su vida desde 1930. Estos juicios no son del autor de esta columna, eran los criterios de nuestro padre, que por 22 años fue parte integrante del ejército que Trujillo había organizado y modernizado, llegando a ser capitán, sub-director del Centro de Enseñanza del Ejército y Jefe de Instructores de ese importante instrumento del control real y efectivo de la nación. Así pensaban también otros militares que se habían formado bajo la jefatura de Trujillo.

Fue esa agresividad indetenible de Trujillo que levantó en la pequeña burguesía urbana la firme decisión de enfrentar al régimen en todos los escenarios. Eso explica la fundación y creación del Movimiento Revolucionario y Clandestino 14 de Junio, el asalto decidido, frontal y valiente de la Embajada de Brasil y del grupo que pidió asilo en ese intento, en un hecho que no tenía precedente en la historia política de la Nación. Fueron esos acontecimientos que terminaron unificando el grupo que, bajo el liderato político y militar de Modesto y Juan Tomás Díaz, conspiraba para ajusticiar al agresivo y severo personaje. Y fue esa situación la que le hizo comprender al gobierno de Estados Unidos, presidido desde enero de 1961 por John F. Kennedy, que el mandato histórico de Trujillo había terminado y que la campana que anunciaba ese final era el triunfo del Movimiento Revolucionario, encabezado por Fidel Castro Ruz.

Para entonces los planes para asesinar a Patricio Lumumba, a Fidel Castro y a Trujillo habían sido incluidos en el llamado Plan ZR/Rifle que servía como guía política a la Agencia Central de Inteligencia (CIA). Puesto en ejecución, los norteamericanos infiltraron en el grupo de los hermanos Díaz, al cual se había sumado Antonio de la Maza, a Donald Reid, abogado, rico empresario dominicano, ligado por vínculos familiares a los Vicini, e infiltraron también, sin lugar a dudas con el consentimiento de los jefes de esta importante familia, a Severo Cabral, empleado de ellos. Entre enero, febrero y marzo, el gobierno estadounidense a través de Robert D. Murphy, primero, el senador Smathers, después, y un tercer emisario que vino en mayo, intentaron convencer a Trujillo de que abandonara el poder y fuera a residir a Estados Unidos.

En el orden histórico Trujillo no tenía salida que lo llevara a territorio extranjero. En su carta del 27 de febrero de 1961 Juan Bosch se lo advirtió. Trujillo sabía que su destino estaba en este país. Y así lo ratificó a los emisarios de Kennedy, recordando que había nacido aquí y que aquí debía morir y ser enterrado; respuesta y decisión, contrario a lo que escriben los mitómanos historiadores dominicanos antitrujillistas, pues Trujillo, asesino, rapaz, intolerante y agresivo, era un hombre de decisiones coherentes, convencido de que “quien a hierro mata, a hierro muere”.

12 Julio 2010
IX)


Después del fracaso, en abril de ese año, de la expedición de Playa Girón, organizada por la Agencia Central de Inteligencia (CIA), auspiciada por el Gobierno de los Estados Unidos, encabezado por John F. Kennedy, los funcionarios de esa agencia sediciosa, encargados de ejecutar el llamado Plan ZR/Rifle, en relación con la República Dominicana, que tenía como objetivo principal la muerte de Trujillo, aterrorizados decidieron desactivar la conspiración encabezada políticamente por Modesto y Juan Tomás Díaz y Antonio de la Maza como líder del grupo de acción que ejecutaría el ajusticiamiento. Según testimonios, que merecen absoluto crédito, la propuesta del gobierno estadounidense fue rechazada. Y fue entonces, en los primeros días de mayo, al parecer, que Trujillo se entrevistó, en el hotel Embajador, con un emisario cuyo nombre se ignora, según relata Virgilio Álvarez Pina en “La Era de Trujillo, Narraciones de Don Cucho”.

Trujillo, visiblemente molesto, bruscamente, interrumpió la entrevista con el personaje desconocido y acompañado de Álvarez Pina y el Coronel Marcos Jorge Moreno se ausentó del hotel Embajador. En el trayecto hacia el Palacio, según ese relato, en el vehículo en que viajaban, Trujillo comentaba en susurros “estos gringos se creen que soy un pendejo” y una vez en su despacho, en el Palacio Nacional, le dijo a su acompañante “estos cabrones, mandan a un carajo a decirme que debo renunciar y vivir en el exterior gozando mi fortuna. Me proponen todas las garantías necesarias si accedo a sus deseos. ¿Qué te parece?”, le preguntó a Cucho Álvarez, quien a seguidas preguntó: “¿cuál fue su respuesta, Jefe?; y Trujillo me respondió: le dije que yo moriría con las botas puestas, pero que jamás, me iría del país como un cobarde”.

La suerte estaba echada. Después de esa entrevista del hotel Embajador, Trujillo haría un viaje al Norte y a la línea Noroeste, entre los días 9, 10 y 11 de mayo. Primero a Puerto Plata, a donde después de un gigantesco desfile cívico, inauguró el nuevo hospital Ricardo Limardo, cuyo director era un joven medico, llamado José Rodríguez Soldevilla. Asistió a una recepción en el Club de Comercio de Puerto Plata, en el cual presidió, en horas de la tarde, un coctel ofrecido por la sociedad puertoplateña y pasó, desde las últimas horas de la tarde hasta muy avanzada la madrugada, bailando con la música tocada por la orquesta Presidente Trujillo, que para ese momento dirigía el trompetista Goyo Rivas. Al siguiente día visitó Altamira e Imbert y partió para Santiago pernoctando en esa ciudad, la cual era, sin lugar a dudas, la comunidad preferida por él y a la cual dispensó siempre los mayores halagos.

El día 11 encabezó una manifestación multitudinaria, en Mao, donde presenció un desfile cívico gigantesco, participando en la tarde en otro coctel bailable, masivamente concurrido. A la caída de la tarde se despidió de sus acompañantes, legisladores y autoridades de la provincia, y les comunicó que se ausentaba para la capital, satisfecho porque el recorrido, políticamente, había sido exitoso. En la realidad de los hechos Rafael Trujillo Molina se estaba despidiendo del pueblo dominicano, convencido que su vida estaba llegando al fin.

19 Julio 2010
y X)


Entre el 20 y 26 de mayo de 1961, en rápidos recorridos por la Región Sur, Trujillo visitó varias provincias, y continuó esta vez sin acompañamientos de funcionarios, lo que era en la realidad histórica su despedida. Hacía pocos días, en los finales de la segunda semana de mayo, a bordo del yate Angelita, en las primeras horas de una madrugada, Trujillo, visiblemente cansado llegó al comedor de la nave vestido únicamente con calzoncillos de seda; allí encontró a sus amigos Cucho Álvarez y Paino Pichardo y después de saludarlos preguntó qué estaban tomando. Ellos le respondieron que tomaban café y Trujillo dijo: “No sean ustedes pendejos y llamando al valet le ordenó: tráigase tres tragos de ginebra y llévese el café. El valet obedeció y trajo las bebidas pedidas. Trujillo saboreó las ginebras y manifestó: ¡Los dejo y pronto”!

“Jefe, ¿pero es que usted se siente algo? No, que va, respondió Trujillo. Estoy perfectamente bien, pero yo sé lo que les digo y que no se hable más de eso. Vamos a tomarnos este trago”. (La Era de Trujillo; Narraciones de Don Cucho, páginas 139, 140,153 y 154). No hemos podido encontrar las razones por las cuales un número importante de historiadores, investigadores y ensayistas dominicanos escriben tantas cosas divorciadas de la realidad de los hechos en esta última etapa de la dictadura trujillista. La experiencia y el instinto político felino de Trujillo le permitían saber, como comunicó al presidente Kennedy por terceras personas, que sus días estaban contados y que debía morir aquí donde había nacido y vivido.

El 30 de mayo, en la noche, llegó a Estancia Radhamés y se cambió de ropa, vistiéndose con el uniforme militar de gris, que acostumbraba usar cuando viajaba a San Cristóbal. De su casa, después de las 9 de la noche, visitó a su hija Angelita, cuya residencia estaba en el lugar que ocupa hoy el Teatro Nacional; apenas diez minutos permaneció allí y salió, acompañado sólo de su chofer personal. En la puerta de la casa de Angelita, desde el auto conversó con el jefe de la Policía, coronel Luis Enrique Montes de Oca, brevemente, y el carro tomó la Máximo Gómez, en dirección sur, en ruta hacia el dramático episodio que conmovió los cimientos de la sociedad dominicana.

Rafael Trujillo, político y militar severo, metódico, organizador, asesino selectivo, tenía en su escritorio desde hacia tiempo una lista en la cual figuraban los nombres de la mayoría de los que le esperaban en la avenida que él había construido a lo largo de la costa del Mar Caribe. Trujillo sabía que no tenía exilio ni había lugar en América, en Europa, ni en ninguna otra parte, en el cual un hombre con los matices de su personalidad, megalómano, avasallante, Monarca Sin Corona de la región del Caribe, pudiera descansar en paz. A sangre y fuego gobernó 31 años al pueblo que él conocía profundamente y estaba convencido de que el pueblo dominicano antes o después, sin importar quienes componían socialmente el grupo que lo ajustició y sin importar su papel histórico, de habernos incorporado al siglo XX, le ajusticiaría con las mismas armas y métodos que había utilizado.

Ir arriba


Abril: un faro que se apaga/Euclides Gutiérrez Félix
5 abril 2010
I)


Abril en la historia del pueblo dominicano, en términos históricos, es un mes de extraordinaria importancia. En muchas ocasiones el autor de esta columna ha pasado revista a los acontecimientos y episodios de extraordinaria importancia que se han producido o iniciado en este mes, por lo regular hermoso por la naturaleza del clima de nuestro país, porque es el mes en el cual formalmente se inicia la primavera. Pero en la realidad, el episodio histórico más importante es el que se inició en la mañana del 24 de abril de 1965. El levantamiento Militar Constitucionalista, organizado bajo la dirección política de Juan Bosch y la jefatura militar de Rafael Fernández Domínguez, fue la expresión patriótica, valiente, revolucionaria y democrática, de un numeroso grupo de jóvenes oficiales del Ejército, la Marina y la Fuerza Aérea.

El derrocamiento del gobierno de facto del mal llamado triunvirato, que era realmente un gobierno de dos personas, estuvo más que justificado por la corrupción, prevaricación, desorganización y entreguismo, de quienes habían usurpado, con el apoyo del gobierno de los Estados Unidos, de la oligarquía dominicana y la Iglesia Católica, la dirección política de la nación cuando derribaron, el 25 de septiembre de 1963, el gobierno presidido por Juan Bosch, que con el apoyo del 60% de los votantes había sido electo el 20 de diciembre de 1962. El inicio de ese episodio anunciado a la 1:30 de la tarde del sábado 24 por el doctor José Francisco Peña Gómez, secretario de Prensa y Propaganda del PRD, a través de la frecuencia de Radio Comercial, en el programa Tribuna Democrática, abrió las puertas a un escenario que para América era totalmente desconocido.

El Movimiento Militar Constitucionalista del 24 de abril de 1965 tenía como objetivo inmediato el restablecimiento del gobierno, legítimo, que presidía Juan Bosch e imponer de nuevo la vigencia de la Constitución de 1963, la más democrática y avanzada de todas las constituciones, modificadas a partir de la de noviembre de 1844, que había regido jurídicamente la vida del joven Estado republicano, que habían concebido Juan Pablo Duarte y sus compañeros, que hicieron realidad la República de febrero de 1844. Opuesto frontalmente a esa expresión soberana del sector militar y político más avanzado de nuestro país, de imponer la razón de ser dueños de nuestro propio destino, el gobierno estadounidense, presidido por Lyndon Johnson, ordenó la intervención militar del territorio dominicano.

Fue entonces, a partir del 28 de ese mes, que América y el resto del mundo vio por primera vez a un pueblo americano, de hermosa y ejemplar historia militar, enfrentar al ejército de la nación más poderosa del mundo, bajo el mando de un admirable grupo de jóvenes militares, la mayoría de los cuales habían pasado por escuelas y academias de Estados Unidos. Frente al Goliat agresivo, más que agresivo abusivo, el pueblo dominicano, llamado David del Caribe, enfrentó la soberbia injustificable del presidente estadounidense y del grupo de halcones que integraban su gobierno, que recibieron de manera inmediata las acusaciones y el repudio, por su actitud, de la inmensa mayoría de los pueblos del mundo.

12 abril 2010
II)


La intervención militar ordenada por el gobierno de los Estados Unidos, encabezada por Lyndon Johnson, a partir del 28 de abril de 1965, en pleno apogeo de la Guerra Fría, más que conmover indignó a la mayoría de los pueblos del mundo, particularmente un número importante de los pueblos hispanoamericanos, aun aquellos encabezados por gobiernos conservadores o por Juntas Militares. Frente al rechazo de la acción unilateral del gobierno estadounidense, la decisión de ellos fue apoderar a la Organización de Estados Americanos (OEA), para darle aspectos de legalidad al injustificable abuso, creando una mal llamada Fuerza Interamericana de Paz (FIP), no encontrando la mayoría necesaria para esa maniobra fraudulenta, porque de los veintiún miembros de los países americanos que integraban la ya desprestigiada organización, solamente trece votaron a favor de lo que los yankees necesitaban. Trece gobiernos votaron a favor y el voto catorce fue depositado en nombre de un gobierno, el del Triunvirato, que no gobernaba al país, por un apóstata llamado José Antonio Bonilla Atiles.

Desde Puerto Rico, Juan Bosch, el patriota, el sabio, maestro político, dispuso la integración de un gobierno elegido por el Congreso, designando para el ejercicio de la Presidencia de la República, al Coronel Francisco Caamaño Deñó. La casi totalidad de los dirigentes del PRD había buscado asilo en embajadas de países hispanoamericanos, y una figura inesperada, Luis Lembert Peguero, asumió, motus propio, la jefatura transitoria de la organización autoproclamándose Secretario General, porque quien desempeñaba esas funciones en el PRD, el señor Antonio Martínez Francisco, rico empresario, íntimamente ligado a la embajada de los Estados Unidos, se había refugiado en la base aérea San Isidro, denunciado a través de la radio que el Movimiento Constitucionalista había sido infiltrado por los “comunistas” desnaturalizando el Levantamiento Militar.

Francisco Alberto Caamaño Deñó, Coronel de la Fuerza Aérea Dominicana, convencido por Juan Bosch de que asumiera el cargo, fue elegido presidente por el Congreso de la República y tomó posesión el 4 de mayo de ese año, en el Baluarte de El Conde, en presencia de una gigantesca multitud, convocando en emotivo y breve discurso al pueblo, a defender la dignidad y soberanía nacional. Se había iniciado, desde el 28 de abril, un episodio sin antecedentes en la existencia de América, cuyos aspectos políticos en el orden internacional, por apoderamiento del gobierno de la República en Armas a través de su Ministro de Relaciones Exteriores, doctor Jottin Cury, pasaron a ser conocidos por el Consejo de Seguridad de las Naciones Unidas, en el cual bajo la frontal y responsable actitud del embajador de la Unión Soviética y de la mayoría de los países del entonces Campo Socialista, el Goliat estadounidense, se vio en la obligación de modificar, de manera inmediata, las intenciones de su presencia en territorio dominicano.

El pueblo dominicano, actor solitario de su historia, legendario, David del Caribe, representado por sus sectores, militares y civiles, más dignos y progresistas, se atrincheró en la parte Sur de la vieja ciudad de Santo Domingo, proclamando en la voz del presidente Caamaño Deñó y de Juan Bosch, exiliado en Puerto Rico, que prefería morir con las armas en las manos a rendirse incondicionalmente ante los invasores extranjeros.

19 abril 2010
III)


Juan Bosch, desde Puerto Rico, habló inmediatamente después de juramentarse el coronel Caamaño como Presidente Constitucional de la República en Armas, cuando la intervención militar de Estados Unidos se había convertido en un episodio de repercusión internacional, cuya ocurrencia continuó alineando gobiernos y pueblos en defensa de la soberanía y dignidad de la nación, pequeña, asentada en más de la mitad de la isla de Santo Domingo, en la cual la mayoría de sus habitantes apoyaban el movimiento que se había iniciado el 24 de abril de 1965, para restablecer la vigencia de la Constitución de abril de 1963 y el gobierno que presidía el ilustre escritor y maestro. En su intervención, Juan Bosch dijo que la mayoría del mundo apoyaba al pueblo dominicano y que la voz en su defensa que más se distinguía era la del General Charles de Gaulle, presidente de Francia y el último gran héroe vivo de la Segunda Guerra Mundial.

El presidente Johnson, junto al agresivo grupo de funcionarios, bautizados con el nombre de Halcones, comenzó a sentir el rechazo y la oposición de gobiernos de Hispanoamérica y de posiciones asumidas por sectores de esos países, de las cuales es necesario históricamente citar dos: el rechazo del gobierno militar del Ecuador, presidido por el Almirante Ramón Castro Jijón, que condenó la intervención y respaldó a nuestro pueblo; y la viril valiente y responsable actitud de las Fuerzas Armadas de Venezuela, que en apoyo al gobierno de Rómulo Betancourt, cuando los estadounidenses requirieron la participación de Venezuela en la mal llamada Fuerza Interamericana de Paz, a través de oficiales de rango superior hicieron pública esta admirable respuesta: “Cuando los ejércitos venezolanos han salido de sus fronteras geográficas, ha sido para llevar la libertad y la democracia a otros pueblos, nunca la opresión”.

El 19 de mayo, en el intento de ocupar el Palacio Nacional, atacados arteramente por soldados estadounidenses, fueron muertos en combate Rafael Fernández Domínguez, Juan Miguel Román, Ilio Capozzi, Euclides Morillo y José Jiménez; el primero Fundador y líder del Movimiento Militar Constitucionalista y ministro de Interior del Gobierno de la República en Armas; el segundo, jefe Militar del Comité Central del Movimiento Revolucionario 14 de Junio; el tercero, de nacionalidad italiana, héroe de la Marina de Guerra de su país y de extraordinaria actuación en la Segunda Guerra Mundial, oficial de la Marina de Guerra Dominicana e Instructor de los Hombres Rana; el cuarto, ayudante de Juan Miguel Román, valiente patriota y militante revolucionario; y quinto, José Jiménez, militante del 14 de Junio. En ese ataque al Palacio cayó herido Norge Botello, comandante y Miembro del Comité Central del 14 de Junio.

¡Alea Jacta Est! La valiente resistencia de los dominicanos, el repudio a la intervención y las denuncias que llenaron las páginas de los periódicos y las emisoras de radio y televisión, en América, Europa y Asia, obligaron a los yanquis a buscar una salida negociada que no fuera la intención absurda de aplastar y derrotar a los defensores de la soberanía, quienes solamente cumplían un mandato de su personalidad histórica: “Ningún pueblo ser libre merece si es esclavo indolente y servil”.

26 abril 2010
IV)


La firmeza de la resistencia a la intervención militar de los Estados Unidos en abril de 1965, proyectó al pueblo dominicano en el escenario internacional, motivado por su conducta y firme decisión, una gigantesca y progresiva expresión de admiración por la naturaleza abusiva de la acción ordenada por el presidente de Estados Unidos, Lyndon Johnson, convencido al parecer, al igual que sus asesores más cercanos, civiles y militares, de que la sola presencia de una avanzada del ejército más poderoso del mundo pondría en fuga a los militares constitucionalistas y a la inmensa mayoría del pueblo que los apoyaba en su acción de restablecer el imperio de la Constitución de 1963 y el gobierno patriótico, legítimo y popular que encabezaba el profesor Juan Bosch, derrocado en septiembre de 1963 por un artero golpe de Estado, apoyado por el Gobierno estadounidense, presidido por John F. Kennedy.

Desde el 28 de abril hasta octubre de 1965, el desarrollo de este episodio, de trascendental importancia histórica, y el poder de decisión de los dominicanos, con gran respaldo internacional, obligó al abusivo gobierno de Johnson a sentarse en una mesa de negociaciones, utilizando como representante a una supuesta comisión de la OEA, bajo la jefatura de Ellsworth Bunker, agresivo anciano y veterano político, obediente a los dictados de los halcones de Washington, dirigidos por Thomas Mann, quienes rechazaron la propuesta de la vigencia de la Constitución de 1963 y el establecimiento de un gobierno presidido por Antonio Guzmán. Esa proposición hecha por Bosch en Puerto Rico a McGeorge Bundy, consejero de Seguridad Nacional de su país, le fue comunicada al presidente de la República en Armas, coronel Francisco Caamaño Deñó, y a su gabinete, por el coronel Rafael Fernández Domínguez, quien viajó a Santo Domingo acompañado de McGeorge Bundy y el coronel del Ejército español, Enrique Herrera Marín, instructor que organizó la Academia Militar Batalla de Las Carreras.

Entre mayo y octubre el pueblo, bajo la jefatura de los militares constitucionalistas, enfrentó, con la firmeza propia de su naturaleza, dos agresiones de la llamada Fuerza Interamericana de Paz: el 19 de mayo, como hemos señalado, y el 15 de junio, cuando se libró en la parte sureste de la ciudad capital la batalla de Santa Bárbara; en ese enfrentamiento frontal con las tropas estadounidenses, soldados puertorriqueños, particularmente, se negaron a combatir contra el pueblo y muchos de ellos dijeron después que las tropas estadounidenses a las que pertenecían, habían tenido más de doscientas bajas y heridos, propiciadas por los dominicanos.

América no había conocido, desde la creación de las repúblicas, que convirtieron a las antiguas colonias de España y de Inglaterra en Estados independientes, un episodio tan emotivo, admirable y espléndido que era, en la realidad de los hechos, una auténtica expresión del poder de decisión y la valentía del pueblo dominicano, como lo había advertido, en actitud de reconocimiento, desde el siglo XIX, el gran maestro antillano Eugenio María de Hostos.

3 mayo 2010
V)


Rechazada frontalmente la proposición de Juan Bosch de un gobierno constitucional presidido por Antonio Guzmán por el grupo de halcones que tenían el control de la política exterior de los Estados Unidos, consejeros de Lyndon Johnson, maniobraron, comunicándose con el señor Jimmy Pastoriza, miembro de la oligarquía cibaeña, oriundo de Santiago, amigo de Thomas Mann, a quien se le pidió la recomendación de un candidato para la presidencia de la República que conviniera al gobierno estadounidense. Ni corto ni perezoso, Pastoriza, por vía telefónica, recomendó a su cuñado Héctor García Godoy, diplomático que sirvió por muchos años al régimen de Trujillo y antiguo Ministro de Relaciones Exteriores del gobierno del profesor Bosch. García Godoy, rechazado en principio por el gobierno del presidente Caamaño Deñó, fue impuesto a cañonazos y amenazas por la comisión de la OEA y los representantes del gobierno estadounidense.

Llegaba a su etapa final el extraordinario episodio que se había iniciado el 24 de abril de 1965. García Godoy tomó posesión asumiendo la presidencia de la República e integrando un gabinete aceptado por los Estados Unidos, que al quedar suspendido el Congreso de la República, tenía también, como gabinete, funciones legislativas. El último capitulo del episodio antes mencionado llamado por el autor de esta columna “La Epopeya Incompleta”, ya que la Gran Epopeya del pueblo dominicano ha sido, hasta ahora, La Guerra de la Restauración, vino a producirse el 19 de diciembre de ese año, en Santiago, cuando una numerosa comitiva, encabezada por el coronel Francisco Caamaño Deñó, se trasladó a esa ciudad a rendir homenaje al fundador del Movimiento Militar Constitucionalista, Rafael Fernández Domínguez, caído en combate el 19 de mayo en el asalto al Palacio Nacional.

Allí en la capital del Cibao le fue preparada una emboscada que comenzó con un ataque en el cementerio municipal, ejecutado por soldados de la Fuerza Aérea Dominicana y que más tarde se repitió en el hotel Matum, a partir de las 9:30 de la mañana, cuando más de 400 soldados de infantería de esa institución aérea, apoyada por tanques y aviones Mustang, atacó en dicho hotel a los que participamos en el acto conmemorativo de Fernández Domínguez, que lo componían cientos de personas, entre las cuales habían mujeres, adolescentes y niños. Sin miramientos de ningún género, preparado por la jefatura de la mal llamada Fuerza Interamericana de Paz, se fraguó el crimen masivo para eliminar físicamente al coronel Caamaño, a los jefes militares que le acompañaban y a las personalidades civiles de su gobierno que allí se encontraban.

La acción ruin, cobarde, criminal y asesina, de los jefes civiles y militares de las tropas que ocupaban el territorio nacional fue rechazada con la misma firmeza, decisión y valor, que son cualidades propias de nuestro pueblo, con las que se había rechazado la presencia del ejército estadounidense, a partir del 28 de abril en la ciudad de Santo Domingo. ¡Qué hermosa lección de patriotismo, soberanía, dignidad y honor, dimos los dominicanos! “Pueblo legendario, veterano de la historia y David del Caribe”!

10 mayo 2010
y VI)


La resistencia victoriosa de los militares constitucionalistas y de los civiles que le acompañábamos en el hotel Matum, el 19 de diciembre de 1965, fue el último episodio militar de ese capítulo que hemos llamado “La Epopeya Incompleta” y la última lección, en ese entonces, que le dio el pueblo dominicano a los gobernantes de los Estados Unidos, que integraban el gobierno presidido por Lyndon Johnson. A partir de ese momento nuestro pueblo obtuvo el reconocimiento de un criterio totalmente diferente en esa poderosa nación del norte, que le ha servido de advertencia para aprender, como lo confirmaron los vietnamitas años después, que los pueblos no son grandes y poderosos, firmes y decididos o valientes, por su tamaño geográfico, ni por el grado de riquezas que hayan acumulado durante su existencia. Por esas razones Fidel Castro nos calificó de “pueblo Legendario, Veterano de la Historia y David del Caribe”.

Allá, en el recuerdo, en el registro de la memoria, queda el ejemplo de las mujeres y hombres que participaron y dirigieron esa hazaña, muchos de los cuales murieron levantando con dignidad y firmeza la bandera de la soberanía. Por esas razones la generación actual y las futuras deben tener presente que los principios que sustentan el ordenamiento de una sociedad democrática, que son los de igualdad, salud, educación y justicia social, no pueden olvidarse jamás y que esos principios como un faro gigantesco que no se apague nunca, deben pautar, como camino correcto, acertado, exitoso, el destino de nuestro pueblo.

Ahora, en los momentos actuales, y frente a un futuro que no es halagüeño, por el desequilibrio económico que todavía impera en el escenario americano de Centroamérica y del Caribe, los miembros y militantes del Partido de la Liberación Dominicana estamos obligados, mujeres y hombres, a mantener vivo el recuerdo del gran maestro político dominicano y de América, el profesor Juan Bosch, que fue el personaje inmediatamente después del ajusticiamiento de Rafael Trujillo Molina, en mayo de 1961, que a su regreso del exilio por más de veinte años, sustentado en su extraordinaria experiencia política, adquirida por haber vivido en diferentes países americanos, y adornado por una espontánea vocación de servicio ciudadano, se entregó en cuerpo y alma a elevar el conocimiento, de la lucha política, del pueblo, guiándolo a la victoria del 20 de diciembre de 1962, cuando obtuvo el 60% de los votos depositados en las urnas electorales, imponiendo un record que nadie ha podido igualar.

El ejemplo que ofreció el pueblo dominicano, encabezado por los militares constitucionalistas, Rafael Fernández Domínguez, Francisco Caamaño Deñó, Juan Lora Fernández, Manuel Montes Arache, sus compañeros militares y los civiles patriotas y revolucionarios que les siguieron y apoyaron, se proyectó, años después en el Perú, con el general Juan Velasco Alvarado; Omar Torrijos, en Panamá; Juan José Torres, en Bolivia; y ahora, en estos dramáticos momentos que vivimos, en la figura de Hugo Chávez Frías, presidente de la República Bolivariana de Venezuela. Cuarenta y cinco años después de esa “Epopeya Incompleta”, la suerte está echada, todavía.

Ir arriba


. Horacio Vásquez y Rafael L. Trujillo/Frank Moya Pons
30 enero 2010

En 1929 no era un secreto para nadie que el Presidente Horacio Vásquez estaba enfermo y que su vida podía verse en peligro en caso de que su dolencia se agravara. Todos esperaban que el Vicepresidente José Dolores Alfonseca sucedería a Vásquez y que su primera víctima sería el jefe del ejército, Rafael Trujillo. Pero tanto los opositores de Alfonseca dentro de su propio partido como los opositores al gobierno querían impedirle su llegada al poder, y la única forma posible de hacerlo era a través de Trujillo.

El jefe del ejército vino a convertirse así en la figura clave de aquella coyuntura que fue agravándose a medida que transcurría el año 1929 y que culminó en una crisis cuando Horacio Vásquez finalmente cayó postrado en cama y tuvo que ser trasladado urgentemente a Baltimore para someterse a una operación quirúrgica con el propósito de extraerle un cálculo renal que terminó con la extirpación de uno de sus riñones.

Trujillo había hecho una rápida carrera militar desde su ingreso en la Policía Nacional Dominicana en tiempos de la ocupación militar norteamericana. A medida que fue ascendiendo había ido utilizando su creciente poder para hacer fortuna realizando negocios con la compra de alimentos, ropa y equipo de soldados. Al llegar a la jefatura del ejército, Trujillo se enriqueció más aún e invirtió su dinero en tierras y propiedades urbanas, demostrando con ello poseer un decidido espíritu empresarial y un afán de lucro poco común.

Trujillo aprovechó la desmedida confianza que le dispensaba el presidente Vásquez -quien lo había hecho jefe del ejército en reconocimiento a su demostrado horacismo- para colocar en los mandos claves del ejército a oficiales adictos a su persona aparentando que eran adictos a Horacio Vásquez. Poco a poco Trujillo convirtió aquel cuerpo de orden en un negocio personal y en una maquinaria militar al servicio de sus intereses, aunque momentáneamente sirviera para sostener a Vásquez y apoyar la política del Partido Nacional.

La riqueza de Trujillo era ampliamente conocida y era de conocimiento público que el sistema de compras y aprovisionamiento del ejército era su principal fuente de ingresos. En 1927, por ejemplo, el presupuesto del ejército cerró con déficit y Trujillo no pudo justificar cómo había gastado el dinero ese año. En 1929, en ocasión de un estudio administrativo-financiero que hizo una misión estadounidense contratada por Vásquez para modernizar diversos departamentos del gobierno, se descubrieron las vías de escape del presupuesto militar que Trujillo utilizaba en su provecho.

No obstante las recomendaciones de esa comisión para que fuese corregida la situación, y a pesar de las demandas de los alfonsequistas para que Trujillo fuese removido de su cargo, Vásquez siguió dándole todo su apoyo y se negaba a creer las informaciones que le advertían de los planes de Trujillo para derrocarlo en combinación con varios políticos coalicionistas. La confianza de Vásquez en Trujillo convirtió a éste en una figura intocable del régimen y en un punto de serios conflictos entre el jefe del ejército y el Vicepresidente Alfonseca.

Vásquez salió del país el día 28 de octubre de 1929 y regresó el día 5 de enero de 1930, luego de haber sufrido una seria operación que lo mantuvo al borde de la muerte durante más de un mes y le quitó mucha de su proverbial energía física. Durante esas diez semanas en que Vásquez estuvo ausente, la campaña por la reelección siguió adelante. La situación política se agravó al rumorarse que el jefe del ejército sería destituido por conspirador, y más aún cuando éste se presentó, fuertemente armado y con su escolta en actitud desafiante en las oficinas de Alfonseca.

A partir de entonces se difundió el rumor de que Trujillo conspiraba auxiliado por Rafael Vidal, recluido en la Fortaleza Ozama acusado de homicidio, y por el coalicionista Roberto Despradel. Ambos, Vidal y Despradel, le habían hecho ver a Trujillo que, ante la posibilidad de que Vásquez no regresara vivo, era necesario impedir que Alfonseca continuara en el poder. Tan notorios se hicieron los rumores de esta conspiración que el Ministro estadounidense invitó a Trujillo a pasar por la Legación de Estados Unidos en dos ocasiones para advertirle que su gobierno no reconocería un régimen surgido como resultado del uso de la fuerza. Trujillo protestó en una y otra ocasión declarando ser fiel al gobierno de Vásquez, pero a medida que pasaron los días los preparativos del golpe de Estado seguían avanzando.

Un político llamado Rafael Estrella Ureña, que había sido secretario de Estado de Vásquez y se había separado del gobierno para combatir la reelección, había formado una agrupación llamada Partido Republicano. Este político había aglutinado opositores en la capital y en Santiago, y había celebrado un pacto con los líderes de otros pequeños partidos opuestos a Vásquez, entre los que se destacaba Desiderio Arias, quien dirigía la "pata prieta" del antiguo partido jimenista, ahora bajo el nombre de Partido Liberal. Estrella Ureña también hizo contacto con los velazquistas o progresistas, con quienes acordó integrar una candidatura antirreeleccionista encabezada por Velázquez como candidato a la Presidencia y secundada por él como candidato a la Vicepresidencia.

Pero en realidad, Estrella Ureña sólo estaba reuniendo fuerzas políticas de la Oposición para dar apoyo al movimiento que él y Trujillo habían acordado. A principios de febrero ambos habían convenido en que Estrella Ureña y sus parciales iniciarían un movimiento en Santiago de los Caballeros que se apoderaría de la Fortaleza San Luis y desde allí levantarían un "movimiento cívico" que marcharía con hombres y armas hacia la capital para obligar a Vásquez a renunciar, mientras el ejército, aparentando evitar un derramamiento de sangre, se abstendría de intervenir.

A pesar de las numerosas denuncias que recibió Horacio Vásquez en el sentido de que Trujillo lo estaba traicionando, a ninguna dio crédito pensando en que todas eran obra de las intrigas y pugnas políticas entre el jefe del ejército y el vicepresidente Alfonseca. Esta confianza perdió a Vásquez pues lo cierto es que el golpe estaba planeado para el día 16 de febrero de 1930 y no fue llevado a cabo en esa fecha porque ese mismo día, precisamente, el nuevo Ministro norteamericano viajó a Santiago y los conspiradores no creyeron prudente iniciar el movimiento en la fecha convenida.

El día 23 de febrero, Estrella Ureña y sus partidarios, secundados por Desiderio Arias y Elías Brache, antiguos líderes del jimenismo, dieron inicio a lo convenido. Un tío de Estrella Ureña, el general José Estrella, "atacó" la Fortaleza San Luis y la tomó. Según lo convenido con Trujillo, la guarnición de la fortaleza no opuso resistencia. La marcha hacia la capital se inició de inmediato y tres días más tarde varios cientos de hombres, parcialmente armados con rifles viejos que Trujillo les había enviado subrepticiamente, hacían su entrada en la ciudad de Santo Domingo.

Tras una dolorosa pugna consigo mismo, Horacio Vásquez finalmente se convenció de que el hombre a quien él había encumbrado a la más alta posición militar lo había traicionado. Vásquez se asiló en la Legación norteamericana, a pesar de los esfuerzos de sus amigos para que reaccionara destituyendo a Trujillo. El presidente era ya un hombre viejo, enfermo y cansado que había perdido sus antiguas energías. Vásquez dejó sobre el escritorio el borrador de Decreto con que debía destituir al jefe del ejército. Para no romper con el orden constitucional, Vásquez aceptó negociar con los líderes rebeldes encabezados por Estrella Ureña, mientras Trujillo permanecía en la Fortaleza Ozama esperando los resultados y manejando los hilos de la trama. De estas negociaciones surgió el entendido de que Vásquez nombraría a Estrella Ureña Secretario de Estado de Interior y Policía, que era a quien le correspondía ejercer la Presidencia en ausencia del presidente y del vicepresidente.

Alfonseca y Vásquez presentaron formalmente sus renuncias al Congreso el día 2 de marzo y, al día siguiente, Rafael Estrella Ureña pasó a ocupar la Presidencia de la República, siendo recibido y juramentado por el Congreso el día 3 de marzo de 1930. Un par de días más tarde, Alfonseca y Vásquez tomaron el camino del exilio embarcándose hacia Puerto Rico. El movimiento del 23 de febrero detuvo la reelección de Vásquez, pero no calmó la intensa agitación política que había con motivo de las próximas elecciones que debían celebrarse el próximo 16 de mayo. Tan pronto Vásquez y Alfonseca salieron del país, los partidos reiniciaron sus campañas pues los progresistas y los coalicionistas que habían apoyado a Estrella Ureña esperaban triunfar en las elecciones, pensando que desde la Presidencia éste podía hacer mucho por la candidatura que había integrado con Velázquez varias semanas atrás.

La Legación norteamericana había declarado que no reconocería ningún gobierno presidido por el general Trujillo a resultas del derrocamiento de Vásquez, y todos confiaban en que las urnas decidirían la pugna por el poder. Pero todos estaban equivocados, pues pocos días después de la juramentación del nuevo presidente se hizo evidente que quien mandaba era el jefe del ejército y que Estrella Ureña no era más que un juguete en sus manos.

Ir arriba


. Recordando el 46 aniversario de la gesta de 1963/Archivo General de la Nación
25 noviembre 2009

Debido a la cantidad de errores gramaticales -y de redacción-, que este corte periodístico tenía en sus orígenes, se hace imperativo señalar que deben existir errores en la escritura de los nombres que se mencionan, lo que no tendría nada de extraño viniendo de la Prensa dominicana. Lo hemos incluído en nuestra página porque recoge los combatientes revolucionarios que subieron a las montañas a defender el gobierno derrocado el 25 de septiembre del 1963.
Con motivo de la conmemoración del 46 aniversario de la gesta que encabezó el doctor Manuel Aurelio Tavárez Justo (Manolo) en 1963, la Academia Dominicana de la Historia, la Comisión de Efemérides Patrias y la Fundación Manolo Tavárez, recordarán a los hombres y mujeres que lucharon por la eliminación de los remanentes de la tiranía de Rafael Leónidas Trujillo Molina; por el retorno al poder, sin elecciones, del profesor Juan Bosch; y por la reinstauración de la Constitución que parió su gobierno.

En el acto que se desarrollará en la sede de la Academia Dominicana de la Historia, este jueves 26 de noviembre, se recordará a los combatientes del Catorce de Junio (1J4) que se alzaron a las montañas a través de diferentes frentes guerrilleros, el 28 de noviembre de 1963, dos meses y tres días después del golpe de Estado perpetrado en septiembre.

Manolo Tavárez, con treinta y tres años de vida -que dedicó sin condiciones a combatir las injusticias, la desigualdad social y la falta de derechos-, cayó asesinado por tropas del Ejército Nacional el 21 de diciembre de 1963, pese a haber negociado su entrega.

El foco guerrillero de Las Manaclas estaba compuesto por 29 combatientes, de los que solamente ocho salvaron la vida. Los caídos en Las Manaclas fueron el doctor Manuel Aurelio Tavárez Justo, el ingeniero Jaime Rafael Ricardo Socias, el doctor José Cabrera González, Juan Ramón Martínez (Monchi), Jesús Antonio Barreiro Rijo (Tony), José Daniel Fernández Matos, el ingeniero Rubén Días Moreno (Rudy), el agrimensor Domingo Sánchez Bisonó, Manuel de Jesús Founder Leonte, Antonio Schott Michel Fernando, Arturo Martínez Torres, Antonio Filión (Manchao), Caonabo Abel Manuel de los Santos Reyes Díaz (Rayito), Alfredo Peralta Michel (Alfredito), Francisco del Carmen Bueno Zapata y Rubén Alfonso Marte Aguazo (Fonsito).

En La Horma, entre San José de Ocoa y Valle Nuevo, murieron Hipólito Rodríguez Sánchez (polo) -Jefe del grupo de los Quemados-, Adolfo González y Negro Rodríguez de Jesús. Fueron capturados Arsénico Ortiz Fernández (cubano), Francisco Peralta Trinidad, Arturo Romero, José Rafael Pérez Modesto, Gonzalo Pérez Cuevas, José Altagracia Suazo y la Dra. Carmen Lora Iglesias (Piky).

En Loma Colorada, jurisdicción de San Francisco de Macorís, fueron capturados Rafael Chaljub Mejía, Luís Adolfo Domínguez, Abel Rodríguez del Orbe, José Aníbal Guzmán, Cruz Peralta y Homero Hernández (este último sería muerto años después por una patrulla de la Policía Nacional).

En El Calvario, de Nagua, fueron capturados Manuel de Jesús Checo, el Dr. Nathanael Díaz González, Emil Elías Esmurdoc Ariza, Juan Lantigua Javier, Aquiles Reynoso Paulino, Oscar Edgard Cabral Rodríguez, Ramón Euclides Morillo Martínez y Reyes Saldaña.

En Villa Nizao, Enriquillo, capturaron a José Antonio Moquete Capell, Juan José Javier Reyes, Gil Alberto Pérez Rijo (Belisario), Lilo Coss Batista, el Dr. José Dionisio Bautista Fabián, Angel Luís Pertnella Ceballo (de nacionalidad española) y Federico Cuello Dávila.

En El Fondo -Polo-, Barahona, fueron capturados el Ing. Jaime Capell Bello, el Dr. Enrique Batista Gómez, José Hungría Sánchez, Raymundo Cuevas Sena y Nelio Hernández Bautista.

En la región Este murieron Rafael Faxas Canto (Pipe), Herniquillo Almánzar, Caqui Meléndez y Minaya Fernández.

En Pedro Sánchez fueron capturados José Antonio Contando y Cristóbal Román (Cristobita).

En la región Septentrional murió Félix Jerónimo Escaño Peña y fueron capturados Edmundo Díaz, el Ing. Daniel Matías, Francisco Tello, el Dr. Sostenes Peña Jáquez (muerto después en el asalto a San Francisco de Macorís durante la Guerra de Abril de 1965) y el Dr. Juan Miguel Román (muerto heroicamente en el asalto al Palacio Nacional durante la Guerra de Abril de 1965).

En Los Quemados, Bonao, fueron capturados Juan José Matos Riveras, Marcelino Grullón Jiménez, Teódulo Radhamés Guerrero, el Dr. Bienvenido Aquino Pimentel, Benito Alejo Germán Vargas, Arquímedes Pagan Feliz, Eduardo Rosa Aristy, el Ing. Manuel Lulo, Antonio Mirabal Jiménez, Julio Lora Genao, Freddy Reyes, Marcelino Antonio Rosado, José Romero Bello Suriñach, Julio Enríquez Montandón, Marcelino Antonio Vargas Jáquez, Zoilo Batista, Hugo Alberto García Muñoz, Ángel Rafael Abud y Manuel de Regla Medrano.

Ir arriba


. Valor histórico del 5 de julio de 1961/Tony Raful
30 junio 2009

Solamente las experiencias del Partido Socialista Popular en 1947 y el Movimiento Popular Dominicano en 1960, constituyeron desafíos políticos al tirano en la lucha interna pública por la democracia y la libertad. Estos ensayos fueron sofocados en sangre por Trujillo y en ambas oportunidades la dictadura aprovechó la situación de acoso internacional y ofreció supuestas garantías para el desarrollo de las ideas políticas y las luchas opositoras.

En 1947, como consecuencia de los vientos democráticos que soplaban en el mundo sobre los restos calcinados del nazifacismo, Trujillo se presentó como gobernante democrático que auspiciaba bajo su mando la convivencia de partidos y fuerzas de oposición. Pero Trujillo fue uno de los farsantes más conspicuos que hayan existido, y aquel movimiento de apertura, al cual se acogieron los líderes del exilio, agrupados en el PSP regresando al país, se convirtió en sainete sangriento a los pocos meses, cuando algunos de ellos fueron asesinados como Freddy Valdez y otros apresados, torturados y obligados a buscar asilo en las embajadas latinoamericanas.

Todavía algunos años después el brazo largo de Trujillo secuestró y desapareció en La Habana al líder obrero Mauricio Báez, uno de los dirigentes del Partido Socialista Popular que desempeñó un papel estelar en la lucha pública de 1947 y quien había eludido la persecución consiguiendo refugio diplomático. En 1960, bajo el repudio continental a su dictadura obsoleta y bajo el cerco de aislamiento creciente, así como la pérdida de apoyo norteamericano, volvió a ofrecer "garantías" a los exiliados anti trujillistas para que regresaran a la nación y desenvolvieran sus actividades públicas en un clima de seguridad y participación igualitaria.

La oferta fue aceptada de inmediato por el aguerrido e indoblegable Movimiento Popular Dominicano, cuya tesis fundacional fue sintetizada en la consigna de "Lucha interna o Trujillo siempre". Las actividades de este grupo fueron bañadas en sangre por Trujillo ante el sorpresivo auge que tomaron sus acciones de masas y sus denuncias públicas contra la tiranía, desapareciendo a 89 jóvenes y sometiendo a bárbaras torturas y escarnios a sus dirigentes principales, Máximo López Molina y Andrés Ramos Peguero.

El ajusticiamiento de Trujillo por un grupo de valientes la noche del 30 de mayo de 1961 obligó a sus sucesores y remanentes a emplear la misma táctica de su difunto jefe, de ofrecer "garantías" a los exiliados para que retornaran a ejercer sus derechos civiles y políticos, con la finalidad de ganar tiempo en la recomposición del cuadro político y asegurar la continuidad de proceso trujillista bajo la impronta de las nuevas condiciones exigidas por la comunidad internacional de democratización del régimen y apertura de libertades. Fue entonces, cuando arribaron a territorio nacional integrando la llamada "Comisión de la Libertad", Ángel Miolán, Ramón A. Castillo y Nicolás Silfa, delegados del Partido Revolucionario Dominicano, la organización más representativa del exilio.

Encontraron un país en penumbras bajo el clima de nostalgia trujillista que aún lloraba la pérdida de su caudillo, un país aterrorizado bajo vigilancia de la maquinaria intacta de los servicios de inteligencia y represión. Fue así como esa comisión del PRD inició de inmediato el combate cívico por las libertades públicas estremeciendo la nación con su predicamento de democracia y justicia social. El PRD prendió la chispa del despertar movilizador de las masas con sus convocatorias populares, se enfrentó a la furia desenfrenada de los agentes trujillistas que pretendieron cerrarle el paso en sus recorridos por apartadas carreteras y municipios.

Los hombres que llegaron el 5 de julio de 1961 hicieron un pacto con la muerte o con la victoria, no son desmerecidos en el altar de los reconocimientos de los valientes que dieron la cara para siempre en aquel interregno histórico. Junto a ellos, desde el primer día estuvo nuestro inolvidable José Francisco Peña Gómez, quien se convertiría en el líder de masas de mayor incidencia y conducta democrática de nuestra historia contemporánea. No se puede hablar de la democracia en nuestro país sin rendir homenaje a esta fecha gloriosa, a este cinco de julio de 1961, claridad refulgente sobre el cielo oscurecido de la peor y más horrible dictadura de América.

El 5 de julio nos dio las libertades abonadas con la simiente de los mártires, nos dio el primer gobierno democrático presidido por Juan Bosch, nos dio la constitución más progresista de nuestra historia, nos enseñó a identificar los males sociales y a los grupos oligárquicos, nos condujo al combate contra los golpistas de 1963 y a la lucha por la defensa de la soberanía nacional y por la constitucionalidad.

Ir arriba


. Escenas inolvidables del golpe de Estado de 1963/Tony Raful
7 julio 2009

Los militares golpistas no desconocían la terquedad ética, el invariable sentido de dignidad que encarnaba la figura de Juan Bosch, por ello soliviantaron la paz pública pretendiendo negarle al Presidente su facultad constitucional de sustituir o cancelar nombramientos militares, provocando la crisis y facilitando sus planes desestabilizadores.

Lo que sucedió la madrugada del 25 de septiembre en el Palacio Nacional fue realmente increíble. Los golpistas convocaron a todos los sectores militares para comprometerlos en la aventura sediciosa. En un salón de la segunda planta del Palacio de Gobierno estaban los principales cabecillas del golpe, cuando entró el embajador John B. Martin, quien llevándose las dos manos a la cabeza y fuera del comportamiento habitual como diplomático, empezó a gritar señalando que había que echar para atrás el Golpe, que Estados Unidos no reconocería dicha asonada, que se trataba de une error de proporciones impredecibles para la estabilidad democrática.

Un alto oficial presente lo llamó aparte en la amplia sala y le dijo que tuviera cuidado por la forma en que se dirigiera a los militares, que estos podían reaccionar indebidamente y que estaban nerviosos. La advertencia de ese oficial apuntaba al hecho de que los militares golpistas eran fieras sin sentido histórico, que no comprendían las magnitudes del hecho que materializaban, ni sus consecuencias.

En verdad se trataba de militares que venían del trujillismo, que debieron ser sustituidos de los mandos militares el mismo 27 de febrero de 1963 cuando Bosch tomó posesión de la presidencia, con una mentalidad arbitraria y represiva, sin escuela ni tradición democrática, quienes habían sucumbido a la propaganda aviesa anticomunista que se articuló contra el gobierno democrático liberal de Bosch. El héroe nacional Antonio Imbert era odiado por muchos de ellos quienes no le perdonaron nunca el haber matado a su Jefe, quien desgobernó por treinta años esta desdichada nación, por ello en gran medida, el ex presidente Bosch permitió o pidió que éste lo acompañara en su deportación marítima, sintiéndose seguro con su presencia y no con la de los oficiales trujillistas.

Este hecho fue tan real que el propio general Imbert ha narrado en diversas ocasiones que seleccionó a un grupo de militares jóvenes para que lo acompañaran en la fragata para conducirlo a Guadalupe y velar por su seguridad, y que se sorprendió cuando el Presidente Bosch le dijo que no podía participar en el almuerzo con un hijo del general Fausto Caamaño, alto oficial trujillista quien fue secretario de las Fuerzas Armadas, como lo era el coronel Francisco Caamaño Deñó. Ese Caamaño que Imbert seleccionó no era todavía el gigante que defendería la dignidad patriótica y la constitucionalidad meses después, sino el oficial arbitrario cuya mentalidad no había evolucionado aún a los niveles democráticos y nacionalistas que lo hizo al calor de la gesta de 1965.

Todo esto no desmerita a Caamaño sino que explica la complejidad del destino histórico y rememora el ejemplo bíblico de San Pablo, perseguidor implacable de cristianos quien luego se convertiría en propagador y organizador de la religión cristiana, sembrando un modelo de fe inconmovible en los dones del espíritu y del amor.

Bosch exoneró públicamente al general Imbert de responsabilidad política e histórica en el golpe de Estado. Esta afirmación de Bosch no fue gratuita sino dirigida a estimular enfrentamientos, resaltar la condición histórica de Imbert Barreras, ganada a tiros la noche trascendental del 30 de mayo de 1961 y contribuir a agudizar la contradicción de los militares trujillistas con Imbert, contradicciones que se manifestaron con violencia una y otra vez en el decurso de los acontecimientos históricos.

El pueblo no salió a las calles a defender a su gobierno constitucional derrocado. El Triunvirato anuló la convocatoria a huelga general de las principales centrales obreras en repudio al Golpe, decretando tres días no laborables, el Partido Revolucionario Dominicano estaba en reflujo político como consecuencia de las diferencias agudas entre el presidente Bosch y Ángel Miolán, agravado con las deportaciones y prisiones de sus principales dirigentes. Solamente la sangre generosa de Manolo Tavárez y la de sus compañeros del 14 de Junio escenificaron la resistencia y protesta armada contra aquella iniquidad en una acción ineficaz desde el punto vista militar, aislada de la base popular de esa organización, pero útil como sacrificio conmovedor y despertar de la conciencia democrática anti golpista.

En Washington las contradicciones entre el Pentágono y el Departamento de Estado estaban al rojo vivo manifestándose sobre el escenario del golpe de Estado a Juan Bosch. Estas pugnas de las que hablaremos con detalles próximamente culminaron en la tragedia de Dallas, Texas, la tarde del 22 de noviembre de 1963, cuando el joven presidente de Estados Unidos cayó asesinado como consecuencia de un complot en el que participaron la mafia, lo peor del exilio cubano, los intereses petroleros y la industria de la guerra, bajo el estímulo de lo que Bosch llamaría años después "el pentagonismo".

Ir arriba


. Vicisitudes de Duarte/José del Castillo Pichardo
24 enero 2009

Vicisitudes de Juan Pablo Duarte es el acertado título dado a una obra de Juan Daniel Balcácer que presenté hace unos años como parte de la colección cultural del Banco Central. Fruto de la erudición histórica y el fervor duartiano de este investigador acucioso, en ella se reivindica la figura del patricio, rescatándola del olvido, liberándola de la suerte de ostracismo al que ha sido condenado nuestro padre fundador en la memoria social de sus conciudadanos.

"Duarte es un singular ejemplo de devoción y entrega a la causa de la libertad de nuestro pueblo: por los riesgos y peligros que afrontó en el decurso de esa lucha redentora; por los innumerables obstáculos que superó a lo largo del proceso independentista; por el alto precio político y familiar que pagó, al no brindarse para que su liderazgo se convirtiera en fuente de discordia entre sus compatriotas; y, sobre todo, por el injusto olvido al que fueron relegadas su vida y su obra política, por virtud del caudillismo y del desmedido culto a la personalidad imperante en la sociedad dominicana desde la Primera República".

Así resume su tesis Juan Daniel Balcácer, un analista sereno y expositor brillante de sus ideas que se ha dedicado como el que más a los estudios duartianos entre los miembros de su generación. Autor de una biografía para niños y jóvenes del patricio, inauguró en 1994 la cátedra Juan Pablo Duarte de la Universidad Católica de Santo Domingo y encabezó, en solitario, la defensa de la primacía de Duarte en la fundación de la República, en el marco de una célebre polémica desarrollada en 1980. Con la ilustre presencia en el panel contrario de destacados intelectuales y líderes políticos.

Recuerdo esa memorable ocasión en el patio de la Casa de Bastidas. Un joven que frisaba los 30 se batía con hidalguía y donosura de estilo blandiendo argumentos contundentes, frente a colosos intelectuales del momento (historiadores consagrados, catedráticos universitarios experimentados, polemistas probados en los foros públicos). Y en presencia de uno de los líderes de mayor gravitación política e intelectual de las últimas cuatro décadas, Juan Bosch, quien servía como testigo moral de ese debate. Fue un encuentro entre David y Goliat, del cual, como la historia bíblica, David salió vencedor.

En estos días he repasado y repensado este texto. De su lectura emerge la personalidad atormentada de Duarte, consagrada en forma febrilmente religiosa a la idea de la formación de un Estado independiente, soberano, republicano, democrático, liberal y representativo. Civilista justo e idealista, capaz de martirizar su existencia y la de su familia en pos de la causa nacional. Designado por Joaquín Balaguer el Cristo de la Libertad en un magnífico ensayo biográfico.

Victimizado desde los inicios de la República, al igual que sus compañeros de partido, mediante la Resolución No.17 de la Junta Central Gubernativa que lo condenó al ostracismo de por vida, con órdenes de ser fusilado en caso de ingresar al territorio nacional. Un acto cruel, calificado por el propio afectado como parricida. De esta forma, parafraseando al patricio, el Estado surgido hace 165 años devendría a pocos meses de su nacimiento un Estado parricida, al irradiar de su esfera de soberanía a su padre fundador, junto a sus más leales partidarios.

El 10 de septiembre de 1844 nos recuerda Balcácer, "humillado, engrillado y confinado en la Torre del Homenaje", Juan Pablo Duarte fue puesto a bordo de una embarcación que le conduciría a un nuevo exilio de 20 años en Venezuela. Los trinitarios, calificados de "traidores e infieles a la Patria", eran desterrados a perpetuidad del país. Este triste episodio fue recogido por Duarte en unos versos que rezan así:
"Lanzados fueron del suelo
Por cuya dicha lucharan;
Proscriptos, sí, por traidores
Los que de lealtad sobraban
".
Su madre Manuela Diez también fue deportada en 1845, junto a hijos y nietos, radicándose en Caracas en una suerte de "mansión del dolor", como denominara Emiliano Tejera el hogar de los Duarte. Este cuadro de adversidades debió influir en el ánimo abatido del patricio, llevándole a internarse en la región amazónica venezolana por espacio de doce años, practicando el comercio en una etapa de su vida rodeada de misterio, en la que se vinculó al padre Sangenis, estudiada por los historiadores Roberto Marte, Alfonso Lockward y Luis Cordero Velázquez.

Tendrían que resonar los clarines restauradores en plena Anexión a España para que Duarte regresara de Venezuela por Montecristi en 1864, acompañado, entre otros, por mi bisabuelo Manuel Rodríguez Objío, para ponerse al servicio de la causa nacional. En carta dirigida al gobierno de Santiago señala los motivos de su retorno.

"Arrojado de mi suelo natal por ese bando parricida que empezando por proscribir a perpetuidad a los fundadores de la República ha concluido con vender al extranjero la patria cuya independencia jurara defender a todo trance; he arrostrado durante veinte años la vida nómada del proscrito sin que la Providencia tuviese a bien realizar la esperanza, que siempre se albergó en mi alma, de volver un día al seno de mis conciudadanos, a consagrar a la defensa de sus derechos políticos, cuanto aún me restase de fuerza y vida. Pero sonó la hora de la gran traición en que el Iscariote -en clara referencia a Santana- creyó consumada su obra y sonó también para mí la hora de la vuelta a la Patria".

Designado en misión diplomática en Sudamérica por el gobierno restaurador, con la finalidad de agenciar el reconocimiento a la causa nacional, desempeñó estas funciones, alejado de las luchas internas que afectaban al bando restaurador. Orillado definitivamente del escenario dominicano, el 15 de julio de 1876, agravado por una severa tisis, murió en Caracas a los 63 años.

La obra de Balcácer muestra las penurias que en vida persiguieran, como sombra maldita, a Juan Pablo Duarte. Junto a una adversidad mayor: el peregrinaje de su huella patricia en el curso posterior de la historia dominicana. La dificultad por lograr reconocimiento a su obra fundacional, el regateo a sus méritos. Y peor aún, la relegación de los valores éticos y políticos que dieron sentido a su protagonismo en la escena pública.

Balcácer da en el clavo al aportar las razones de las tribulaciones del Duarte vivo y del patricio postergado: la imposición temprana de los caudillos de "a caballo" y sable en mano. De los autoritarios al modo de Santana, Báez, Lilís y Trujillo sobre los civilistas de temperamento democrático como Espaillat, Billini y Bosch. La preeminencia del tufo conservador sobre el aliento liberal en las instituciones del Estado. El culto a la personalidad, el clientelismo político y el patrimonialismo en el ejercicio del mando. Todos factores que han impedido que los Duarte cobren vigencia efectiva.

Algunos datos son reveladores del lugar que ocupa Duarte en la percepción de sus conciudadanos de hoy. Una encuesta sobre cultura política realizada en 1994 por el Proyecto Iniciativa Democrática de la PUCMM, arrojó que sólo alcanzaba el 5% de las preferencias entre los entrevistados, como la persona más admirada del país. Una encuesta posterior prácticamente lo borró del mapa.

Algo que reitera la trayectoria azarosa que ha debido recorrer la valoración del patricio, todavía afectada por los detractores de su fama y los sepultureros de su estampa. Desde el debate surgido en 1893 a raíz de la iniciativa del Ayuntamiento de Santo Domingo para levantar una estatua conmemorativa, librado entre sanchistas y duartistas en torno a la titularidad del rango de Padre de la Patria, con reediciones posteriores. Pasando por la controversia sobre el papel de Santana como figura militar en las batallas frente a Haití versus la importancia política de Duarte y sus partidarios.

En víspera de la fecha natalicia del patricio la lectura de la obra de Balcácer es un ejercicio tonificante del espíritu. De sus páginas sale un llamado que nos convoca a todos a mirar hacia la agenda que Duarte nos legara. Una agenda de alguien que nunca quiso ser "piedra de escándalo ni manzana de la discordia". Para quien "todo pensamiento de mejora en que el sentimiento nacional se postergara a la conveniencia de partidos debería siempre reprobarse".

Ir arriba


De héroes y demócratas verdaderos/Víctor Grimaldi
12 septiembre 2008

Hace unos meses, a raíz de la publicación de mi libro más reciente "Sangre en el Barrio del Jefe" el honorable presidente de la Cámara de Diputados, licenciado Julio César Valentín, me habló de su deseo de realizar un simposio con motivo de la conmemoración del 47 aniversario del suceso heroico del 30 de mayo de 1961. Luego me hizo llegar una carta invitándome a exponer en el simposio organizado alrededor del sugestivo tema: "La Dictadura de Trujillo, Una Mirada desde la Democracia". En su carta el licenciado Valentín especificaba que los panelistas expondríamos libremente nuestros puntos de vista en el salón de sesiones de la Asamblea Nacional.

Le acepté su cordial invitación y en el panel celebrado el 30 de mayo del 2008 empecé destacando la fecha del 19 de noviembre de 1911, cuando en Moca fue asesinado el presidente Ramón (Mon) Cáceres Vásquez. Vale recordar que doce años antes Mon Cáceres formó parte del complot que le quitó la vida a Ulises Hereaux (Lilís). Cincuenta años después de la muerte de Mon Cáceres, el 19 de noviembre de 1961, un movimiento de civiles y militares logró ponerle fin al control de las Fuerzas Armadas
Dominicanas que ejercía Rafael Leonidas Trujillo hijo, tras la muerte de su padre el 30 de mayo de aquel mismo año.

Por la importancia que la mente humana le da a ciertas cifras cuando hace el recuento del tiempo, es muy probable que en el año 2011 en la República Dominicana se recuerden esas dos fechas con mucha atención. Los acontecimientos que se produjeron antes y después del 1911 y 1961 están concatenados. Andan vinculados en una relación de causa y efecto, de orígenes y consecuencias, de importantes procesos sociales e históricos del pueblo dominicano.

La muerte de Cáceres nos condujo a una etapa de guerra civil y cambios de gobierno que favoreció la ocupación militar norteamericana de 1916. A la eliminación física de Rafael Leonidas Trujillo Molina el 30 de mayo de 1961 siguió una etapa de luchas por las libertades democráticas. Pero fue solo durante el Gobierno Constitucional de Juan Bosch que el pueblo dominicano disfrutó de plena libertad. Bosch fue derrocado por el golpe de Estado de 1963. Ese golpe tuvo como respuesta la Gesta de la Libertad iniciada el 24 de abril de 1965, punto de partida o acontecimiento más importante protagonizado por el pueblo dominicano en el Siglo XX, en una jornada popular y militar mediatizada por la usurpación del suelo patrio por las Fuerzas Armadas Norteamericanas durante los años 1965 y 1966.

El proceso que siguió tras la ocupación norteamericana de 1916 a 1924 nos llevó primero al gobierno de seis años de Horacio Vásquez y luego a la dictadura que por 31 años encabezó Trujillo. La reorganización y modernización del Estado durante este período produjo la reestructuración de su aparato militar, que adquirió un poderío capaz de aplastar cualquier amenaza o desafío armado proveniente del interior de su territorio o de playas extranjeras. Con Trujillo terminó la era de las revueltas macheteras y su aparato represivo fue capaz de arrodillar o destruir de manera inmisericordiosa las expediciones que llegaron de distintos puntos de la región caribeña.

Un desenlace de ese tipo fue el que desgraciadamente les tocó a los expedicionarios que llegaron en la segunda mitad del mes de junio de 1959 desde Cuba. Sin embargo, sembraron la simiente de la libertad. Alentaron la toma de conciencia. Encendieron la llama de la lucha por la justicia social. Trazaron un camino para los jóvenes idealistas dominicanos que en los comienzos del decenio de los años 60 protagonizaron las jornadas de lucha por la democracia política en suelo quisqueyano.

La gesta de 1959 fue el primer desafío bélico consistente, realizado con un efecto fallido para los jóvenes revolucionarios antitrujillistas, desde que se modernizó el aparato militar del Estado dominicano tras las guerras civiles que siguieron a la muerte del presidente Cáceres. La dictadura de Trujillo fue capaz de derrotar esa amenaza y todos los intentos anteriores y posteriores que se hicieron para derrocarla mediante acciones internas.

Sin embargo, el desgaste que se da en el tiempo que acumulan los procesos sociales y la coyuntura internacional favorecieron el derrumbe de la dictadura dos años después de la gesta de 1959. En 1961, cuando Trujillo cae físicamente acribillado a tiros por los héroes del 30 de mayo entraron también en juego los factores individuales o personales que le pusieron fin a su vida. Debemos subrayar aquí las características del grupo que se aglutinó para eliminar físicamente a Trujillo, especialmente la decisión y el coraje del personaje clave del grupo de acción en la conjura: Antonio De la Maza, y las motivaciones que le indujeron a decidirse a matarlo.

A quien desee entender el destino mortal y físico de Trujillo le sugiero mi libro "Sangre en el Barrio del Jefe". Al que esté interesado en conocer la geopolítica del derrocamiento del régimen trujillista, le recomendaría mi otro libro: "Tumbaron al Jefe". Quien busque profundizar en los orígenes, desarrollo y sentido de la dictadura le sugiero la excelente obra del doctor Euclides Gutiérrez Félix, "Trujillo, Monarca sin Corona". Si alguien, además, quiere conocer la historia que siguió inmediatamente después del 30 de mayo de 1961 hasta el 1966, le recomiendo mi libro "Golpe y Revolución", que trata sobre el derrocamiento de Juan Bosch y la intervención norteamericana.

El simposio celebrado en el Salón de la Asamblea Nacional fue motivo para entregarle al licenciado Valentín copia de cuatro documentos que hasta este momento eran desconocidos públicamente. Se trata de los interrogatorios practicados por la rama de inteligencia de la Aviación Militar Dominicana (que actualmente se conoce como Fuerza Aérea Dominicana) a Zacarías de la Cruz -chofer de Trujillo, a Huáscar Tejeda, Salvador Estrella Sadhalá y Roberto Pastoriza con relación a los hechos del 30 de mayo de 1961. Presumo que estas piezas -las cuales tienen fecha del día 6 del mes de septiembre de 1961 y son distintas a las incluidas en el expediente preparado mucho tiempo antes por el fiscal Teodoro Tejada y el juez de instrucción Wilfredo Mejía Alvarado-, habrían formado parte de la investigación especial que se supone quiso realizar Ramfis Trujillo sobre la ejecución de su padre.

Los documentos que entregué, para que conste ante la historia, son los interrogatorios practicados el 6 de septiembre de 1961 por la oficina de inteligencia de la Aviación Militar Dominicana a las siguientes personas:
- Zacarías de la Cruz, chofer de Trujillo.
- Salvador Estrella Sadhalá, atacante de Trujillo.
- Huáscar Tejeda Pimentel, atacante de Trujillo.
- Roberto Pastoriza Neret, atacante de Trujillo.

Cada vez que descubro nuevos testimonios sobre el 30 de mayo de 1961, incluyendo los documentos citados, me reafirmo en la convicción -que sostiene originalmente el profesor Emilio Cordero Michel-, de que Antonio De la Maza fue el alma y el motor de ese acto heroico. No patriótico, pero heroico, pues un acto patriótico es el que se realiza para defender las esencias de la nación, incluyendo su territorio, cuando es amenazado por fuerzas invasoras extranjeras.

Entiendo y sostengo que el heroico 30 de mayo no es el Día de la Libertad, sino el de la eliminación física del dictador, como lo fue el ajusticiamiento de Lilís el 26 de julio de 1899. El 19 de noviembre de 1961, cuando la familia de Trujillo pierde el control del poder, comienzan a sentirse vientos de libertad. Durante el corto período de transición que encabezó el presidente Joaquín Balaguer no hubo plenas libertades. Durante el Consejo de Estado presidido por el licenciado Rafael Bonnelly durante el año 1962 hubo represión, deportaciones y dominicanos exilados, además de la matanza de Palma Sola ocurrida en diciembre de 1962.

Es a partir del 27 de febrero de 1963, con el gobierno del profesor Juan Bosch, cuando por primera vez en su historia moderna el pueblo dominicano descubre que todos los días son de libertad plena y de respeto a los derechos humanos en forma casi absoluta. Por primera vez la historia dominicana contemporánea registró la vigencia del Estado de Derecho a plenitud. El 25 de septiembre de aquel mismo año ese proceso se interrumpió con el golpe de Estado, pero el 24 de Abril de 1965 se inició la Gesta para restablecer el ejercicio de la Libertad. Sin ese esfuerzo, sin la sangre y el sacrificio de miles de dominicanos que ofrendaron entonces sus vidas hoy no disfrutaríamos del sistema democrático y representativo que nos permitió reunirnos en el Salón de la Asamblea Nacional. Fueron los hechos y acuerdos que surgieron de la Gesta de Abril las que dieron fundamento al Estado de derecho de que hoy disfrutamos.

Ni yo ni nadie puede regatearle el carácter heroico al 30 de mayo, pero de ese acontecimiento se derivaron circunstancias inmediatas que frustraron los anhelos libertarios y patrióticos del pueblo dominicano debido a las distorsiones impuestas por personeros que manipularon el suceso histórico en su favor particular.

La gesta del 24 de Abril de 1965 es el verdadero símbolo nacional de libertad del pueblo dominicano. Es como la toma de la Bastilla, el 14 de julio de 1789, para el pueblo francés. Es el suceso cardinal de la historia vivida y conocida por los dominicanos que nacimos antes y después del 30 de mayo de 1961. Con el 24 de abril comienza a reafirmarse el deseo libertario del pueblo dominicano, extendido a hecho patriótico cuando a partir del 28 de abril de 1965 comienza la Guerra Patria contra el invasor extranjero. No debemos olvidar el hecho de que los oficiales y guardias constitucionalistas tenían una conciencia patriótica y democrática en 1965 pese a haber sido formados en las entrañas de la dictadura trujillista.

Este es un tema que deberá de ser abordado por historiadores honestos que tanta falta hicieron durante los últimos cuarenta y siete años. Como también deberá reconocérsele a Juan Bosch como el verdadero Padre de la Democracia Dominicana, lo que dije y propuse en el Salón de la Asamblea Nacional el pasado 30 de mayo ante legisladores y público en general.

Ir arriba


. Independencia y soberanía/Euclides Gutiérrez Félix
25 febrero 2008

Pasado mañana, miércoles 27 de febrero, se cumple un nuevo aniversario de la proclamación de la independencia de la República, y como habíamos señalado en una columna anterior de ese dramático episodio, el más dramático de todos en la historia dominicana, se cumplen 164 años. La primera fase de la nacionalidad, que no esta concebida ni creada por nadie en el orden particular; que en términos científicos y objetivos es una categoría histórica, consecuencia de un largo proceso de identidad que se manifiesta en primer lugar en aquellas sociedades que hablan la misma lengua, que tienen las mismas costumbres y hábitos de vida y están establecidas en un mismo escenario geográfico. Para que una sociedad llegue al estadio de conformar una nación debe existir un profundo sentimiento de patriotismo.

La primera manifestación de patriotismo que se conoce en la historia del pueblo dominicano fue en el año de 1795, cuando las autoridades coloniales españolas de la parte oriental de la isla llevaban al conocimiento de los moradores de la ciudad capital la noticia de que España, derrotada por las tropas revolucionarias de Francia, había entregado a esa nación, a través del Tratado de Basilea, los derechos de propiedad sobre lo que había sido el primer establecimiento colonial de los conquistadores europeos, en las tierras de América que Colon había incorporado a la colonia española. ¡Isla mía, Patria mía! exclamó Tomasa Cruz, mulata, mujer humilde del pueblo y cayó muerta en la esquina formada por las calles que hoy se conocen como calle El Conde y Arzobispo Meriño. Transida de dolor, aquella mujer cuyo nombre, ingratamente, los ayuntamientos de Santo Domingo han olvidado, hizo público con su trágica exclamación, el profundo sentimiento de dolor que sentía por la tierra en que había nacido, crecido y vivido.

El 27 de febrero de 1844 el proceso de formación de esa conciencia que determinó el nacimiento de la nacionalidad se manifestó con virilidad, decisión y firmeza en el Baluarte de la Puerta del Conde, auspiciando la aparición de un movimiento republicano, inspirado por Juan Pablo Duarte y organizado por jóvenes que apenas alcanzaban los treinta años de edad.

Se inició en aquel momento la marcha de un tormentoso y difícil camino de vicisitudes que pasó en el orden sucesivo por La Anexión a España, en 1861, inconsulta decisión de Pedro Santana y su camarilla gobernante, La Restauración de la República, en 1863,la Guerra de los Seis Años, en 1868, La Primera Intervención Militar de los Estados Unidos en 1916 y más luego, la Segunda Intervención Militar de los Estados Unidos en 1965. Muchas veces el autor de esta columna ha dicho, y lo seguirá diciendo, que el pueblo dominicano, actor solitario de su historia, con una personalidad definida, con matices propios, no tiene quien lo supere en la historia del nacimiento, desarrollo en el orden colonial y el establecimiento de la República de los pueblos americanos.

Para crear y consolidar la nacionalidad, la independencia y la soberanía de esta nación, nos hemos visto obligados, desde su misma génesis como sociedad fundada por los colonizadores, a luchar, comenzando por los aborígenes que poblaban la isla contra españoles, como lo hicieron Caonabo y Mairení, Enriquillo, los Negros Cimarrones, Juan Guzmán, Juan Vaquero, Diego de Ocampo, que traicionó la lucha de sus hermanos y el más sobresaliente y peligroso de todos como lo fue Sebastián Lemba. Más luego, en el proceso posterior a Las Devastaciones de 1605 y 1606, los criollos españoles, blancos y mulatos, derrotaron en 1655 a las tropas inglesas de Oliverio Cromwell y en 1691, en La Batalla de la Limonada, liquidaron las huestes francesas que se habían establecido en el Noroeste de la isla.

El grito de muerte de Tomasa Cruz, cien años después, fue la expresión y la síntesis de ese admirable proceso de violencia que vivieron los criollos españoles de la parte oriental de la isla de Santo Domingo. De allá a hoy, doloroso, duro, de derrota a veces y a la larga de victorias siempre, glorioso, ha sido el trayecto que el destino nos impuso. Ciento sesenta y cuatro años después, definida la nacionalidad, fundamentada en una sola lengua, en hábitos y costumbres de vida, porque somos la primera democracia racial de América y del mundo, la República avanza sin premura, bajo un concepto y una idea de nación que sustenta el Partido que dirige los destinos del pueblo, que mayoritariamente apoya y tiene confianza en su presidente y en el equipo que lo dirige.

El miércoles 27 debe ser día de reflexión y de firme decisión para mantener viva, por siempre, la República que fundaron hace tantos años aquellos jóvenes intrépidos que hicieron flotar en el Baluarte del Conde la bandera azul, roja y blanca, como símbolo de redención de los dominicanos y como expresión heroica, indeclinable, de independencia y soberanía. ¡Honor y gloria a los fundadores de la República, a los héroes de La Restauración y a todos aquellos, mujeres y hombres, que han luchado y ofrendado sus vidas en emotiva expresión de patriotismo!

Ir arriba


La gran epopeya/Euclides Gutiérrez Félix
20 agosto 2007

El jueves 16 de la semana pasada se conmemoró, aunque la expresión que cabe es se festejó, el 144 aniversario de La Restauración de la República. En infinidad de ocasiones hemos calificado ese episodio inmortal, ejemplo de patriotismo, valor y heroísmo de nuestro pueblo que conmovió la conciencia de América por haber sido un esfuerzo espontáneo, no igualado, como la Gran Epopeya. México a quien la traición de la oligarquía de ancestro colonial impuso un príncipe europeo como emperador, con la complicidad de Napoleón III, rescató su soberanía, en un esfuerzo viril y heroico también, con la diferencia de la extensión territorial y la riqueza de ese país y en la etapa final de su lucha bajo el liderato de Benito Juárez, con la ayuda económica y militar del gobierno de los Estados Unidos.

La Restauración de la República para el pueblo dominicano ha sido y lo es todavía su Gran Epopeya, porque además del escenario material de pobreza en que vivía nuestra familia en una extensión aproximada de 50 mil kilómetros cuadrados la cantidad de habitantes apenas llegaba a 190 mil. Esta apreciación fue la que hizo Mariano Álvarez, Cónsul de España, en sus memorias de abril de 1860, aunque señala en las mismas, sin dar crédito a esa cifra, que algunos estimaban que la población total ascendía a 250 mil almas y él dividía esta cantidad en diez partes: "8 son de origen africano y europeo, entre mezclado, y el resto españoles y criollos. En la provincia de Santo Domingo es en la que hay más negros procedentes de las haciendas de los españoles. Las poblaciones de Moca, San José de las Matas, San Francisco de Macorís, El Seybo, Sabana de la Mar, Baní, San José de los Llanos y Bayaguana son los que llaman blancos aquí; en Neyba son indios y desde Santiago a Guayubín o Dajabón, limite con Haití son blancos; y un negro dominicano al hablar de los de Haití dice Negros haitianos, y se llaman así propios españoles y blancos".

Fue ese pueblo de negros que se decían blancos, de blancos que en realidad eran jabaos, en su inmensa mayoría y de mulatos, que hizo morder a España el polvo de la derrota y que demostró al mundo, con una fiereza y decisión propias, muy propias, que un pueblo pequeño en términos geográficos y de habitantes unido, podía derrotar en un escenario insular a una nación europea que aunque en proceso de decadencia económica y militar seguía siendo la patria de los soldados que Napoleón Bonaparte calificó como "los mejores del mundo". Nuestro pueblo descalzo, mal vestido, carente de instrucción, sin ayuda económica y militar de ningún otro país, actor solitario de su historia, sentó las bases en la historia moderna de una guerra de carácter irregular, fundamentada en el decálogo que concibió y escribió Matías Ramón Mella, Vicepresidente de la República en Armas y Ministro de Guerra del Gobierno Restaurador.

Es necesario señalar y recordar que no fue Luperón el personaje histórico de más categoría en la Guerra de La Restauración, los mismos méritos y el reconocimiento que distinguen a Luperón lo merecen también Pepillo Salcedo, Primer Presidente del Gobierno Patriótico Restaurador; Gaspar Polanco, sin importar los errores que cometió en el ejercicio del mandato que le fue otorgado; y Pedro Pimentel, que al igual que Salcedo y Polanco fue héroe y prócer de La Independencia. Fue Pimentel a quien le correspondió denunciar y no aceptar el llamado Pacto de El Carmelo, que quería imponer el general La Gándara, en junio de 1865, condicionando el abandono del territorio dominicano de las tropas españolas. Ellos ejercieron la presidencia de la República en Armas y no resta los méritos de Luperón, que sin lugar a dudas fue el héroe popular de ese episodio, otorgar y honrar a los demás, que en otros niveles defendieron la patria que les vio nacer y por ella lucharon y ofrendaron sus vidas.

De esa experiencia admirable, extraordinaria, solamente recibieron los dominicanos la ayuda limitada y tímida del pueblo y del gobierno haitiano de esa época, que amenazado por España se vio obligado a actuar con mucha precaución limitando su respaldo, en aspecto importante al uso de su territorio como santuario y refugio ocasional de los patriotas dominicanos. Pepillo Salcedo, Gaspar Polanco, Pedro Pimentel, Matías Ramón Mella, Gregorio Luperón, Benito Monción, Santiago Rodríguez, José Cabrera, Benigno Filomeno Rojas, Ulises Francisco Espaillat y Pedro Bonó, entre otros, sin olvidar el sacrificio de Francisco del Rosario Sánchez y de sus compañeros y de José Contreras y de quienes bajo su liderato actuaron el 2 de mayo de 1861 y sin olvidar también, con más razón, la espontánea, valerosa y hermosa conducta de Juan Pablo Duarte, Fundador de la República de Febrero de 1844.

La Restauración de la República Dominicana, víctima de la traición de Pedro Santana, sirvió de ejemplo a Cuba y aportó, en esas ironías de la historia, a la patria de José Martí la experiencia y el valor militar que llevaron al hermano pueblo cubano Luis y Félix Marcano, Dionisio Gil, Modesto Díaz y el Centauro de Baní Máximo Gómez, que sintetizo en la Guerra de los Diez Años iniciada en 1868 y más tarde en la Guerra Necesaria a partir de 1865, los métodos y la astucia de los dominicanos que lo convirtieron en el héroe militar del episodio que cerró el ciclo de las guerras anticolonialista en el Continente Americano al cual Bolívar llamó Esperanza del Mundo. La Gran Epopeya del pueblo dominicano es también, por todas esas razones, un episodio que honra la historia de esta América Nuestra.

Ir arriba


. Duarte/Euclides Gutiérrez Félix
29 enero 2007

El viernes 26 de enero se cumplieron ciento noventa y cuatro años del nacimiento de Juan Pablo Duarte, lo que indica que han trascurrido prácticamente dos siglos desde 1813 hasta nuestros días de la llegada a la vida de esta figura única, excepcional, con incuestionable vocación de amor y sacrificio por su pueblo que concibió a la nación dominicana como un estado organizado bajo el sistema republicano, soberano, independiente, trabajador, progresista y próspero, en el cual tuvieran las mismas oportunidades y el derecho a una vida feliz, todos los que conformaban, en aquella época y en el futuro, los habitantes de la parte oriental de la isla de Santo Domingo. Juan Pablo Duarte vino al mundo cuatro anos después de la batalla de Palo Hincado en pleno proceso del período conocido en nuestra historia con el nombre de la España Boba.

En los momentos del nacimiento de Duarte se habían iniciado las guerras de independencia de las colonias españolas del continente en un escenario geográfico gigantesco que abarcaba desde el Río Bravo, al sur de los Estados Unidos, hasta el Estrecho de Magallanes; desde el virreinato de la Nueva España que mas tarde sería el Estado Mexicano, hasta el virreinato del Río de la Plata, que luego seria Argentina y Uruguay. Corrían entonces los vientos de igualdad y justicia social que generó la revolución Francesa a partir de 1789 y que, en Europa, habían barrido las monarquías feudales. Juan Pablo el niño, nació y creció, pues, en un momento conmovedor y dramático que le propició al mundo y a los que en el vivían profundos y nuevos matices en el ordenamiento político.

La mitología Duartiana, que con el transcurso de los años inventa cada día mas cosas en torno a la figura de Duarte, alejadas radicalmente de la verdad y motorizados esos inventos por las poses y el figureo de la publicidad, que como manifestación publicitaria propia de la pequeña burguesía, galopa desenfrenada en lo medios de comunicación, escritos, radiales y televisivos y, mas atrevido aun, en folletos y libros, ignorando que en política y en historia no se puede mentir porque la verdad resplandece siempre no importa el tiempo transcurrido. Duarte no fue igual a Simón Bolívar, a José Martí o a San Martín y guardando una distancia respetable con Washington que era un rico hacendado, esclavista, ubicado en las capas más altas de la oligarquía de las antiguas colonias americanas de Inglaterra.

El mérito de Duarte como patriota y político organizador estriba, fundamentalmente, en que supo interpretar el momento histórico que vivía la sociedad dominicana de aquel entonces renuente, en todas las capas que la componían, a aceptar la dominación haitiana; para ese momento el gobierno, que presidía Juan Pedro Boyer había envejecido y se había convertido de un gobierno liberal y progresista, en una dictadura intolerante, incapaz de gobernar con eficiencia a los pueblos haitiano y dominicano, con graves problemas económicos y con resistencia interna, creciente, en el seno de su territorio original; Duarte para su época era un hombre de cultura avanzada, pero nunca un ser excepcional; Su mas sobresaliente cualidad fue su instinto político.

El 16 de julio 1838, después de haber realizado una discreta labor de proselitismo, fundó la Sociedad Secreta La Trinitaria, organización que fue realmente un partido político con claros y definidos objetivos estratégicos independentistas: La separación de Haití y la fundación de un estado independiente, con el nombre de Republica Dominicana. Duarte fue el ideólogo, fundador y propagador de la idea y del instrumento que tenía como función divulgar en todo el territorio nacional el ideal republicano que motivaba y llenaba de orgullo amplias regiones del continente americano. Juan Pablo encontró en el medio social en que se desenvolvía al igual que entre hombres de su edad, entusiastas simpatías por lo que pregonaba, y porque intuyó y descubrió el militante rechazo a la presencia haitiana en el territorio de nuestro pueblo. A él corresponde con la fundación de la Sociedad Secreta Trinitaria ser el primer prócer independentista americano, que creó una organización que tenía como objetivo principal establecer un estado libre e independiente con el nombre de Republica Dominicana. El otro prócer, apóstol de la independencia de su patria que hizo lo mismo que el fundador de la Republica Dominicana , José Martí que también fue ideólogo y fundador del Partido Revolucionario Cubano para dirigir la guerra de independencia contra España.

Rendir homenajes a Duarte y en su memoria hablar, escribir y usar frases y oraciones cursis, no tienen ningún valor. A Juan Pablo Duarte se le honra, se recuerda y se respeta haciendo realidad una sociedad republicana, independiente, libre de analfabetos, enfermos y pobres de solemnidad. Acrecentando y extendiendo el perfil de nuestro pueblo y de nuestra nacionalidad con personalidad propia, sin sumisiones vergonzosas frente a gobiernos de otros países u organismos internacionales y haciendo al pueblo dominicano, actor solitario de su historia, un ejemplo de dignidad, decoro, firmeza y propósitos elevados para convertirnos en una sociedad justa, prospera y feliz, si cabe el termino, como él y sus compañeros republicanos, trinitarios de febrero de 1844 la soñaron. ¡Solamente así se puede honrar y recordar a Juan Pablo Duarte!

Ir arriba


. Bosch y el Coronel/Arlette Fernández
5 diciembre 2006

A lo largo de varios encuentros uno y otro fueron identificándose, compartiendo sus esperanzas, sus anhelos de hacer posible una vida mejor para el pueblo dominicano. Confío en que algún día puedan contarse --y para tal fin aporto mi memoria-- las razones y los hechos que forjaron la unidad entre el profesor Juan Bosch y el coronel Rafael Tomás Fernández Domínguez a favor de los más excelsos intereses de la nación dominicana.

El primer encuentro ocurrió en diciembre de 1962 cuando el país estaba en plena campaña electoral. El coronel había regresado de Fort Gulick, Zona del Canal de Panamá, donde cursó estudios militares avanzados y decidió entrevistarse con el futuro presidente para exponerle los planes, que en ese momento veía factibles, para reformar las Fuerzas Armadas Dominicanas. Y lo contó el propio profesor Bosch: “Yo conocí al coronel Rafael Tomás Fernández Domínguez en el ensanche Ozama y debo repetir algo que, inmediatamente después de esa reunión, les dije a varios miembros de la dirección del Partido Revolucionario Dominicano: Rafael Tomás Fernández Domínguez era el dominicano que más me había impresionado después de mi vuelta al país. Me impresionó su integridad, su firmeza, que se veía a simple vista como si aquel joven militar llevara por dentro un manantial de luz. Esa noche me preguntó qué pensaba yo de lo que debía ser un ejército y le di mi opinión. Cuando volvimos a vernos yo era Presidente de la República y en esa segunda ocasión me pidió una entrevista que celebramos en mi casa. Me preguntó entonces cuándo pensaba yo poner en práctica las ideas de que habíamos hablado acerca del ejército que debía tener nuestro país…”

El gobierno de Bosch puso en vigencia la Constitución de 1963 que consagraba la libertad de enseñanza, la no reelección presidencial, la eliminación del latifundio y el minifundio, el derecho de los trabajadores a participar en los beneficios de las empresas y otras conquistas sociales y políticas. En consecuencia, comenzaron a fraguarse los aprestos conspirativos en contra del gobierno surgido de las primeras elecciones libres después de 32 años de dictadura. El mayor Roberto Cabrera Luna lo recuerda: “Una noche, el coronel Fernández me pidió acompañarlo a visitar al presidente en su casa. Me advirtió que debía ir vestido de civil. Cuando llegamos a la casa nos recibió su sobrina doña Milagros Ortiz Bosch. Fue esa noche cuando el coronel le informó al presidente de los planes para derrocarlo y que tenía un grupo de oficiales dispuesto a impedirlo, a lo que el Presidente Bosch dio su aprobación.

Los jefes militares daban pasos y concretaban sus planes para dar el Golpe de Estado y el coronel Fernández Domínguez organizaba sigilosamente los suyos. Del cuidado y la meticulosidad con que trabajaba sirva este ejemplo: el coronel visitaba con regularidad el Palacio Nacional y en cada visita probaba hasta donde podía llegar sin ser detectado por los centinelas que, ubicados en lugares estratégicos, frente a las oficinas de los jefes militares, tenían órdenes de no dejar pasar a nadie, así fuera un oficial superior. De esa manera, el coronel fue calculando las distancias entre diferentes áreas del Palacio Nacional y estudiando los movimientos en el entorno del Presidente”.

La noche del 24 de septiembre de 1963, Bosch y Fernández Domínguez se reunieron en el Palacio Nacional tratando de desarticular la trama golpista. Pocas horas después la cúpula militar derrocaba el gobierno constitucional. La madrugada del ya día 25, el coronel Fernández Domínguez se reunió con los oficiales leales que le acompañarían al Palacio Nacional a enfrentar a los golpistas y a reponer al presidente. Les dijo: “Los militares no están para quitar gobiernos elegidos por el pueblo; caiga quien caiga hay que defender la Constitución”, y añadió: “Si realizamos esta acción, el país se beneficiará para siempre pues en el Palacio Nacional están los responsables de las desgracias de este pueblo”

El profesor Bosch contaba al respecto: “Yo quedé preso con Molina Ureña y allí estaba cuando el licenciado Silvestre Alba de Moya me entregó en horas muy tempranas del día un mensaje del coronel Fernández Domínguez que decía: “Señor Presidente: Estamos listos para asaltar el Palacio Nacional. Somos doce oficiales pero cumpliremos con nuestro deber. Pedimos sin embargo, que se le informe al Partido Revolucionario Dominicano a fin de que desate una huelga general”. Nada pudo hacerse. El coronel Fernández Domínguez fue destituido de la dirección de la Academia Militar y nombrado agregado militar en Madrid. Apegado a su estilo, nada lo amedrentaba y días después del golpe de Estado le comunicó al doctor Molina Ureña que “en esos momentos estaba en condiciones, junto con los valientes oficiales que le acompañaban a tomar no solamente el Palacio, sino también la ciudad y conmover a la República Dominicana en todos los puntos cardinales”.

La distancia y las innumerables dificultades no impidieron la comunicación entre el presidente, exiliado en Puerto Rico, y el coronel expatriado a España. El Movimiento Restaurador Democrático y/o Movimiento Enriquillo, concebido y programado por el coronel Fernández Domínguez para ejecutarse a principios de enero de 1965, fue descubierto y se vio forzado el coronel a ir a Chile y tomar posesión como agregado militar de nuestra embajada en ese país. Era preciso obedecer para evitar su cancelación porque en su calidad de líder y organizador militar del movimiento, era imprescindible mantener su rango militar.

En febrero de 1965 Bosch le escribió lo siguiente: “En términos de años, pertenezco a una generación anterior a la suya y podría ser su padre –y me hubiera honrado de serlo-; por eso puedo asegurarle a usted, que en todas partes, en todas las tierras y en todas las edades han abundado los hombres apegados a su plato de lentejas. Pero el hombre superior puede hacer, en un momento dado, que esos mismos que no piensan si no en su plato de lentejas actúen como héroes. Ese es el privilegio de las almas templadas, que traen a la vida el amor a lo grande y la decisión de realizar obras dignas. Se sufre, pero no se da un paso atrás. Mantenga la fe. Yo la mantuve durante un cuarto de siglo en que viví echado de la patria y usted es de los que verá crecido el árbol de la libertad”. Dias después, el coronel Fernández Domínguez le contestaba: “Créame que a usted lo he considerado siempre como una de las personas, que después de tratarme, me conocen tanto en principios y sentimientos como en la línea que le he trazado a mi profesión y a mi vida. Si hay justicia divina, usted y todos los que luchan y piensan como usted, vera crecido el árbol de la libertad”.

El 24 de abril se produce el levantamiento militar y la respuesta del pueblo; tropas norteamericanas invaden el país y el movimiento se convierte en Guerra Patria. Muchos años después y en diferentes escenarios, Bosch rememoraba la vida y la muerte del coronel: “El día 19 (de mayo de 1965) recibí una llamada desde Santo Domingo y, con ella, la noticia de que el coronel Rafael Tomas Fernández Domínguez había muerto por balas norteamericanas. Eran más de las 12 de la noche y yo me sentí sacudido de adentro afuera. Para mí lo que había caído en tierra dominicana no era un hombre, era una estrella; y no lloré, no porque no me faltaron ganas, sino porque en las horas de la adversidad los hombres que tienen responsabilidades no pueden llorar.

Rafael Tomás Fernández Domínguez no ha muerto y como Simón Bolívar, muchos años después de su muerte, su nombre no cabe en América. El del extinto coronel traspasará los límites de la Patria. Cuando estalló la Revolución el 24 de abril de 1965, Fernández Domínguez se encontraba en Chile, trasladándose inmediatamente a San Juan, Puerto Rico donde se puso a hacer gestiones para conseguir un avión que nos trajera a los dos al país. No fue posible conseguir ese avión pero un mes después Fernández Domínguez viajo a Santo Domingo en un avión de la Fuerza Aérea Norteamericana, no sin antes resistirse, alegando que no debía hacerlo porque se trataba de un avión de los invasores. Le dije, -coronel, usted es militar, y usted sabe que cuando se está en guerra y hay posibilidad de utilizar al enemigo para derrotarlo, debe aprovecharse. Cinco días después murió en el ataque al Palacio Nacional. Fernández Domínguez no tenía necesidad de participar en aquel asalto que se había planificado para el 19 de mayo pero a él le sobraba vergüenza, le sobraba dignidad. Tenía una montaña de dignidad tan alta como el Pico Duarte en el corazón. El día de su muerte, Fernández Domínguez llevaba puesto el uniforme de oficial que le correspondía y que no manchó nunca con un atropello a ninguna persona, ni al pensamiento ajeno”.

Fueron casi tres años de afanes viviendo entre acechanzas y peligros, pero la relación entre el Presidente y el leal coronel nunca se quebró. Fernández Domínguez cumplió con su deber como militar y como hombre. Bosch se dedicó a contar a los dominicanos la lucha y la vida del joven militar. Y si en la vida, los caminos del profesor y el coronel coincidieron en la lucha compartiendo los mismos sueños, a su muerte, ambas trayectorias serían selladas por el mismo generoso respeto. Curiosamente, la misma enseña nacional que arropara los restos del coronel Fernández Dominguez al ser trasladados de Santiago a Santo Domingo en agosto de 2000, también acompañaría, las primeras horas de su velatorio, el cuerpo del profesor camino de la gloria.

Ir arriba