. Fidel Castro acerca de la Revolucion Constitucionalista y Juan Bosch/Discurso 1ero de mayo, 1965
. Antecedentes del golpe de Estado. Encuentro de Juan Bosch y John F. Kennedy/Víctor Grimaldi
. Euclides Gutiérrez Félix, historiador y político dominicano: Semblanza de Juan Bosch
. Juan Luis Cebrián -El legado de Juan Bosch: una herencia americana-
. Miguel Cocco sobre Juan Bosch
. Sergio Ramírez, escritor nicaragüense, sobre Juan Bosch
. Ignacio Ramonet, sociólogo y periodista español sobre Juan Bosch: La raíz de los grandes hombres
. Yailín Fajardo Rodríguez • La Habana [Juan Bosch en Cuba: su legado político (1939-1961)]
. Guillermo Piña Contreras, novelista y ensayista dominicano: Juan Bosch, el camino de la historia
. Andrés L. Mateo, narrador, ensayista y escritor dominicano: Juan Bosch, el moralista problemático
. Eugenio García Cuevas/Especial para El Nuevo Día: Juan Bosch, escritor y político
. Literatura y política en la figura de Juan Bosch/Joaquín Jiménez -Análisis a la obra de Eugenio García Cuevas "Juan Bosch: novela, historia y sociedad"-
. El Caribe, periódico dominicano: Juan Bosch Gaviño, 1963
. Ana Mitila Lora, periodista dominicana: Juan Bosch, el político que no dejó matar ni robar
. Marcio Veloz Maggiolo, narrador, poeta, ensayista y crítico dominicano, sobre Juan Bosch
. Bruno Candelier, ensayista y narrador dominicano: Juan Bosch, semblanza literaria de un inmortal
. Fernando Ureña Rib, pintor dominicano: Juan Bosch, Maestro de la narrativa latinoamericana
. Julio Ortega, crítico, ensayista, profesor, poeta y narrador peruano, sobre Juan Bosch
. Angel Guerra Cabrera, articulista mexicano: El legado de Juan Bosch
. Héctor Amarante, ensayista dominicano: Juan Bosch, la muerte durando
. Juan Bosch: práctica de la separación/Diógenes Céspedes
. Juan Bosch, un ser para la libertad. Alfredo Matus Olivier -Academia Chilena de la Lengua-
. Pedro de la Hoz, periodista cubano: "Juan Bosch, narrador de pura estirpe"
. Juan Bosch: el origen de un nombre/Rafael García Romero
. ¡Juan Bosch siempre!/Euclides Gutiérrez Félix
. La trascendencia de Juan Bosch/Juan Bolívar Díaz
. Biblioteca de Puerto Rico llevará el nombre de Juan Bosch
. UNESCO aprueba la creación del "Premio Juan Bosch a la Investigación en Ciencias Sociales"
. ¿Bosch no sabía?/Manolo Pichardo
. Fidel Castro acerca de la Revolucion Constitucionalista y Juan Bosch/Discurso 1ero de mayo, 1965
Mientras celebramos esta nueva conmemoración del Día Internacional de los Trabajadores en nuestra patria, territorio libre de América, se está escribiendo en la tierra hermana de Santo Domingo, a la vez que una de las páginas más heroicas y hermosas del pueblo dominicano, una de las acciones más vandálicas, criminales y bochornosas de este siglo. Todos sabemos los hechos sucedidos en Santo Domingo; no es necesario narrarlos. Mas, de ello debemos saber sacar las conclusiones necesarias. Pocos hechos han puesto más al desnudo el cinismo y la criminalidad del imperialismo yanki ; pocas veces se podrá decir con más odio y con más indignación eso que dice el pueblo: ¡Muera el imperialismo yanki!
La forma desvergonzada de actuar, el desprecio hacia la opinión internacional, hacia las leyes internacionales, hacia los acuerdos, no ya las leyes que son de cumplimiento obligatorio para todos los países, sino aun aquellos compromisos contraídos por el propio gobierno de Estados Unidos con sus aliados —algo más que con sus aliados, con sus propios cómplices de fechorías, con las propias oligarquías serviles y sumisas que con el imperialismo yanki suscribieron los acuerdos de Bogotá, de Río de Janeiro, los convenios panamericanos y quién sabe cuántos convenios más—, y que han hecho trizas sin consideración alguna los compromisos contraídos con aquellos gobiernos que los han acompañado en su política reaccionaria e imperialista. La perfidia de la política de Estados Unidos se ha hecho más evidente que nunca. Porque hay veces que tratan de cubrir, de disfrazar lo mejor posible sus acciones; pero en este caso, en este caso realmente no han hecho o no han podido hacer absolutamente nada por disfrazar sus hechos.
Y cuando el mundo se preocupaba profundamente de sus acciones agresivas allá en el sudeste de Asia, con sus vandálicos y criminales ataques al pueblo de Viet Nam del Norte, con su guerra mercenaria y criminal contra el pueblo de Viet Nam del Sur, con sus intentos de internacionalizar allí la agresión con participación de sudcoreanos, australianos y demás tropas que responden en el Asia a sus planes agresivos y criminales, se presenta el problema de Santo Domingo. Mientras proclamaban allá, en el sudeste de Asia, que perpetraban todas aquellas fechorías para defender la soberanía de Viet Nam del Sur, esa república ficticia y artificial creada por ellos, desembarcan su infantería de marina en el territorio de un Estado soberano y libre, hacen trizas la soberanía de ese Estado, los derechos de ese pueblo. Y esta vez ¿con qué pretexto? Pues con el pretexto nada menos que de defender vidas y haciendas de norteamericanos.
Algunos gobiernos latinoamericanos que, por cierto, han estado muy tibios, demasiado tibios y demasiado débiles —con alguna que otra excepción— en la protesta, han hablado de los móviles humanitarios. ¡¿Qué móviles humanitarios ni "ocho cuartos"?! Con esos móviles supuestamente humanitarios hace apenas unos meses, en complicidad con sus aliados belgas, lanzaron a los paracaidistas sobre el Congo, y en esta ocasión desembarcan sus infantes de marina en territorio dominicano. Pero analicemos el pretexto. En primer lugar, ningún ciudadano norteamericano había perdido la vida en la contienda civil dominicana, donde, sin embargo, cientos de dominicanos habían perdido la vida; pero, además, ¿qué derecho puede tener ningún país, como no sea el derecho de sus cañones, el derecho de sus barcos y aviones de guerra, el derecho de sus tropas militares, a desembarcar en el territorio de otra nación con el pretexto de defender la vida y hacienda de sus connacionales? Según ese criterio no existe la soberanía ni la independencia para ningún país débil, no existe en el mundo, en ningún país del mundo, el derecho de la soberanía para ningún pueblo pequeño. Porque con el mismo criterio con que los imperialistas yankis han desembarcado allí, otras naciones podrían también desembarcar; podrían desembarcar los ingleses para defender la vida y hacienda de sus súbditos, podrían desembarcar los franceses para defender la vida y hacienda de sus súbditos, de sus ciudadanos, podrían desembarcar los españoles para defender la vida y hacienda de sus ciudadanos, podrían desembarcar los italianos para defender la vida y hacienda de sus ciudadanos, podrían desembarcar los japoneses para defender vidas y haciendas de sus ciudadanos. En fin, que cualquier país poderoso, cualquier país grande, se podría arrogar el derecho de desembarcar en el territorio de cualquier país pequeño donde vivieran ciudadanos de ese país, o donde poseyeran propiedades ciudadanos de ese país.
Con esa filosofía, con ese concepto del derecho, con ese criterio, ¿qué seguridad, qué garantía podrían existir para ningún pueblo pequeño; qué legalidad, qué orden y qué paz podrían subsistir en el mundo? Y simplemente con ese argumento, en pleno siglo XX, en la segunda mitad del siglo XX, con ese pretexto tan débil, tan impugnable, tan injustificable desde todos los puntos de vista morales, legales y humanos, desembarcan sus fuerzas militares en una nación independiente del continente americano. Pero ese pretexto injustificable, inadmisible no era más que eso: un pretexto, porque encima de la debilidad del pretexto estaba la falsedad del pretexto, la mentira del pretexto; porque la razón verdadera: detrás del desembarco —que escogió pretexto tan impugnable, tan inaceptable y tan débil— estaba el verdadero propósito de salvar a los militares reaccionarios, de salvar a los gorilas dominicanos, de salvar a los agentes del imperialismo yanki, en un instante en que el pueblo dominicano les iba a ajustar las cuentas de una vez por todas.
¿Y qué fueron a combatir? ¿Acaso una revolución socialista? ¡No!, muy lejos de eso. ¿Acaso una revolución que pudiéramos calificar de liberación nacional? ¡No! Fueron a aplastar nada menos que un movimiento constitucionalista, un movimiento que proclamaba el retorno a la presidencia del país de un presidente derrocado hace cerca de dos años, electo de acuerdo con la Constitución burguesa de ese país, en una de esas elecciones que los imperialistas apologetizan dentro de ese sistema que ellos defienden de la llamada —entre comillas— "democracia representativa"; un movimiento integrado por oficiales inconformes del ejército dominicano —se dice que oficiales y suboficiales jóvenes— y por el pueblo dominicano. Algo similar a lo que habría podido ocurrir en nuestro país el 10 de marzo si el pueblo hubiese podido obtener armas, algo similar a lo que ha ocurrido en otros pueblos de América Latina. ¿Era una revolución socialista? ¡No! ¿Era una revolución comunista? ¡No! Era un movimiento constitucionalista, todo ello dentro de la filosofía y dentro de la concepción que los imperialistas yankis dicen defender. Por eso los hechos llevados a cabo por el gobierno de Estados Unidos chocan no ya solo contra las normas más elementales del derecho, sino chocan contra la propia filosofía, contra las propias ideas que los imperialistas dicen defender; simplemente por defender a los elementos más reaccionarios, a los elementos más derechistas, a los militares netamente gorilas, a los elementos netamente trujillistas de Santo Domingo.
El movimiento constitucionalista proclamaba el retorno de quien había sido elegido constitucionalmente presidente, el señor Juan Bosch. ¿Acaso Juan Bosch es, o ha sido alguna vez, comunista? ¡Nunca! El señor Juan Bosch no tiene que aclarar que él no es comunista, porque nadie ha tenido nunca a Juan Bosch por comunista. Claro que él hace esas aclaraciones a los imperialistas. ¡Bueno, allá él!, pero nosotros sabemos que Juan Bosch nunca ha sido, y posiblemente nunca será, comunista. Decimos esto, que posiblemente, porque quién sabe si después de todo lo que le han hecho algún día empieza a pensar de una manera distinta de la que piensa hoy. ¿Qué oficiales dirigían? Un oficial cuyo nombre hemos oído mentar por primera vez, llamado el coronel Caamaño; otro oficial se mencionaba como jefe de los constitucionalistas, Miguel Angel Ramírez. Miguel Angel Ramírez nunca ha sido comunista; incluso Miguel Angel Ramírez participó en Costa Rica, junto con Figueres, en aquella revuelta armada que llevó a Figueres al gobierno. Si mal no recuerdo, ese mismo Miguel Angel Ramírez participó en aquella revuelta, junto con Figueres. ¡¿Y quién puede decir que el señor José Figueres sea comunista?!
Sin embargo, era lógico que los imperialistas trataran por todos los medios de embadurnar de rojo el movimiento constitucionalista. Para ello, desde luego, no podían tener la menor base ni el menor pretexto. Sin embargo, inmediatamente que se producen los hechos en Santo Domingo, que se dan cuenta de que los gorilas al mando del coronel, o del general, o del testaferro ese llamado Elías Wessin, estaban siendo derrotados por los constitucionalistas que, unidos al pueblo estaban batiendo a los gorilas dominicanos; las agencias cablegráficas yankis, La voz de Estados Unidos, comenzaron —con su estilo de siempre, con su práctica de viejo conocida— a repetir y a divulgar rumores tendientes a presentar el movimiento constitucionalista revolucionario como un movimiento comunista, como un movimiento izquierdista; a presentar la situación en Santo Domingo como una situación de caos, de desorden; comenzaron a hablar de actos de barbarie, comenzaron a hablar de ataques a embajadas.
Pero es curioso que durante un día repitieron incesantemente que varias embajadas habían sido atacadas, y mencionaban la embajada de Ecuador, y, sin embargo, el propio gobierno de Ecuador se encargó de desmentir esa noticia y de declarar que en ningún instante su embajada había sido atacada. Otras embajadas a quienes señalaban como atacadas por los revolucionarios, de otros países, los países se han encargado de desmentir esos infundios. ¿Qué ocurrió realmente? Al parecer los constitucionalistas armaron al pueblo, le entregaron armas al pueblo, y eso fortaleció considerablemente su causa. Los gorilas, refugiados en la Base Aérea de San Isidro, y contando como con unos 30 tanques de guerra, lanzaron el día 28 un ataque contra los constitucionalistas. Al parecer, en los primeros momentos el ataque precedido de tanques progresaba; se dice que cruzaron uno de los puentes que separaban la base de la ciudad. En esos momentos los gorilas cantaban victoria, enviaban noticias, y mientras ametrallaban al pueblo, ametrallaban la ciudad de Santo Domingo y ametrallaban la estación de radio, que estaban en manos de los constitucionalistas, proclamaban su victoria, creían que nada podría contener su ataque de tanques. Pero, ¿qué ocurrió con los tanques?
Por las noticias que se han ido recibiendo, se puede comprender que al parecer los tanques avanzaron unos 300 metros; junto con los tanques, la infantería de los gorilas. Pero el pueblo y los militares que defendían la Constitución y la defensa de Juan Bosch, parapetados en la ciudad, abrieron fuego sobre los tanques y sobre la infantería de Wessin, y todo parece indicar que el avance fue detenido, y no solo fue detenido sino que la columna de los gorilas fue puesta en fuga por la tenaz resistencia del pueblo dominicano. Hasta ese momento no había desembarcado la infantería de marina; hasta ese momento solo habían situados unos 40 infantes de marina en la costa para ir evacuando algunos ciudadanos norteamericanos. Pero cuando la resistencia del pueblo rechazó y prácticamente destruyó la columna atacante, los imperialistas comprendieron que su causa —es decir, la causa de los gorilas— estaba perdida. Y esa noche ordenaron el desembarco masivo de la infantería de marina yanki, la noche del 28.
Alrededor de estos hechos han ocurrido cosas verdaderamente degradantes para los gobiernos latinoamericanos, han ocurrido cosas verdaderamente bochornosas para esa agencia de colonias llamada OEA. El señor Johnson declaró en la noche del día 28 que había dado orden a la infantería de desembarcar para proteger ciudadanos norteamericanos, y que había sido informada la OEA. Pero es lo cierto que en la OEA no se había hablado una sola palabra, que en la OEA nadie tenía la menor noticia. ¡Es mentira!, era una mentira más, porque en la OEA, en el momento en que se dio la orden de desembarcar en Santo Domingo, nadie sabía una palabra; y según publicaron las propias agencias norteamericanas, los delegados de la OEA se enteraron por radio y por televisión cuando habló Johnson que la infantería de marina yanki había desembarcado en santo Domingo.
No se puede concebir una bofetada peor, no se puede concebir un puntapié peor, no se puede concebir una insolencia mayor, un desprecio mayor por esos mismos gobiernos y por esos mismos delegados que en más de una ocasión han sido cómplices de sus actos de arbitrariedad y de sus fechorías. Se enteraron por radio y por televisión, pero hay algunas cosas por añadidura. Un general yanki, jefe de la infantería de marina, que estaba en Saigón, algunas horas antes del anuncio de Johnson declaró que un batallón de infantería de marina había desembarcado en Santo Domingo; es decir, que tiempo tuvieron de comunicarlo en la OEA, porque un general yanki en Saigón, varias horas antes, habló del desembarco de un batallón. Pero cuando el general habló en Saigón —aparentemente se equivocó la hora—, en Washington no se había dicho una sola palabra; entonces los periodistas le preguntaron al jefe de prensa, el jefe de prensa dijo que no, que eran 40 nada más; pero como evidentemente algo había salido mal, una indiscreción había sido cometida, se apuraron, se precipitaron, y una o dos horas después el propio Johnson confirmó lo que un general yanki había dicho en Saigón, no que un batallón, sino que varios batallones de infantería de marina habían desembarcado en Santo Domingo. Esto fue el 28.
Pero, ¿qué ocurrió el 29? Al parecer esperaban que el mero desembarco de unos batallones amedrentaría al pueblo dominicano; al parecer creyeron que el simple desembarco paralizaría al pueblo dominicano. Pero, ¿qué ocurrió? Lo imprevisto, lo increíble para los imperialistas, lo sorprendente: ¡El pueblo siguió combatiendo y acorralando a los gorilas y sin detenerse un solo instante, siguieron su avance; y al parecer estaban poniendo ya en peligro la propia base de los militares reaccionarios en San Isidro! Eso fue el 29. Entonces, ¿qué ocurrió? El 29 por la noche, asustados, amedrentados ante la reacción del pueblo, desembarcaron en la propia base de San Isidro dos batallones de la División 82 Aerotransportada con todos sus equipos militares. Es decir que a pesar del primer desembarco, la causa de los gorilas estaba perdida, la base de San Isidro no podría resistir y el 29, en la propia base de San Isidro, desembarcaron con equipo de campaña y con tanques de guerra dos batallones de la 82 División aerotransportada.
Y el día 30, ¿qué ocurrió? La OEA se había reunido el día antes. Un elemental sentido del pudor, una situación extraordinariamente comprometida ante sus propios pueblos, hacía que los representantes de los gobiernos de América Latina tragasen de muy mala gana todo aquello. Entonces el gobierno de Estados Unidos propuso la creación de una zona neutral —¡pero qué zona neutral!—, una zona de 26 kilómetros en la ciudad de Santo Domingo, 26 kilómetros cuadrados, es decir, casi toda la ciudad. Pero no habían terminado los de la OEA de tomar el acuerdo, cuando ya las tropas de Estados Unidos de "motu proprio", por cuenta propia, y sin consultar con nadie, establecieron esa llamada zona de seguridad. Claro que lo que querían era un pretexto para ocupar la mayor parte de la ciudad de Santo Domingo.
Sin embargo, ¿qué pasó el día 30? Primero habían desembarcado los marinos, después habían desembarcado batallones de la División aerotransportada. Sin embargo, en la ciudad seguía luchando el pueblo, y la fortaleza de Ozama, uno de los principales baluartes de los gorilas en el propio centro de Santo Domingo, cayó el día 30 bajo el ataque de las fuerzas constitucionalistas, es decir, cuando ya había desembarcado la infantería de marina, cuando ya habían desembarcado dos batallones de paracaidistas. El pueblo siguió adelante y tomó por asalto la fortaleza de Ozama el propio día 30. Fue por eso que aunque tenían ya 4 500 hombres, los imperialistas dispusieron nuevos desembarcos de tropas en Santo Domingo.
Y hay algo que no pueden disimular, hay algo que lo revelan sus propias agencias cablegráficas, y es que en el día de ayer las fuerzas yankis, acompañadas por tropas de Wessin, atacaron la ciudad de Santo Domingo por el puente Duarte. Pero la resistencia del pueblo dominicano, su tenacidad, su patriotismo, estaba haciendo las cosas cada vez más difíciles a los imperialistas yankis, y todos sus esfuerzos se han dirigido a tratar de legalizar de algún modo su acción. Hoy tenían reunida a la OEA. ¿Y qué proponían? Proponían internacionalizar la intervención, legalizar la intervención; es decir que para que no fuese una intervención unilateral de Estados Unidos, los gobiernos, los representantes de los gobiernos, acordasen internacionalizar la intervención y, en consecuencia, ya las tropas yankis no estarían allí como tropas del gobierno de Estados Unidos sino como tropas de la OEA. Es decir que lo que trata el gobierno de Estados Unidos en estos instantes por todos los medios es corresponsabilizar a los demás gobiernos de América Latina con sus planes criminales, manchar con la sangre de ese crimen a los demás gobiernos de América Latina, santificar, legalizar su criminal acción. Y hoy estaban presionando en la OEA para que se tomase el "acuerdo" de internacionalizar, de manera que la intervención fuese colectiva, y entonces ya que no apareciera como una intervención unilateral de Estados Unidos.
En el interín se esforzaron —puesto que no podían aplastar al pueblo— en lograr una tregua. Y cuando —según noticias— había habido ya algunas conversaciones de tregua, entonces el gobierno de Estados Unidos comenzó a decir que, desde luego, la única autoridad que reconocían era la de la base de San Isidro, es decir, la del general Wessin. Ahora bien: cuando intervinieron habían dicho que en Santo Domingo no había ninguna autoridad, es decir que aun en medio de la tregua estaban tratando de crear condiciones para imponer a los gorilas. Es posible que traten de desarmar al pueblo, es posible que traten de que el pueblo entregue las armas en medio de esa tregua. ¿Pero qué noticias nos trae Prensa Latina de la situación en el día de hoy? Pues según las noticias, los jefes constitucionalistas establecen como condición para que haya tregua, el retiro de las tropas norteamericanas de territorio dominicano.
Ese punto de vista engrandece a los dirigentes constitucionalistas. Esa actitud eleva su prestigio ante los ojos de todo el mundo. Pero hay que decir que en el día de ayer y de hoy, cuando tropas yankis con tanques, unidas a las fuerzas de Wessin, penetraron por el puente de Duarte, se encontraron con tenaz resistencia y un nutrido fuego por parte de los soldados y combatientes constitucionalistas, de tal manera que, según las noticias, tres infantes de marina y dos paracaidistas yankis han muerto en Santo Domingo, y más de 15 han sido heridos; es decir, que los dominicanos, el pueblo dominicano ha comprobado lo que Sandino había comprobado ya, lo que el heroico pueblo de Viet Nam ha comprobado ya: ¡Que los infantes de marina son de carne y hueso, y que en la carne de los soldados de infantería de marina yanki penetran las balas!, y que mueren como perros miserables y traidores cuando se dispara contra ellos mientras perpetran sus fechorías en cualquier lugar del mundo.
Y al pueblo y a los combatientes dominicanos les cabe la honrosa gloria de haber comprobado una vez más esa verdad, de haber comprobado que los soldados mercenarios del imperialismo son de carne y hueso, y que si vienen a matar, bien merecen morir. Ante la situación actual, el imperialismo ha desembarcado nuevas tropas en Santo Domingo; pero ya el pueblo dominicano ha desenmascarado sus planes, ya el pueblo dominicano les ha obligado a quitarse la careta, ya el pueblo dominicano les ha obligado a revelar sus verdaderas intenciones, su papel de enemigos de los pueblos, su papel de defensores y aliados de los reaccionarios; porque fueron allí a defender a ese mismo Wessin cuyos aviones de guerra ametrallaron y bombardearon la ciudad, cuyos aviones de guerra causaron cientos de víctimas inocentes, mujeres y niños, en la población civil dominicana; cuyos aviones de guerra llenaron los hospitales de víctimas, de heridos y de cadáveres. Y cuando el pueblo se disponía a rendirles cuenta, ese mismo imperio, esos mismos soldados yankis que fueron los que en su anterior intervención dejaron allí a Trujillo e implantaron el gobierno de Trujillo, esos mismos soldados que a la caída de Trujillo con sus barcos de guerra impidieron la revolución del pueblo dominicano, esos mismos marinos van allí a defender a los genocidas, a los que bombardean las ciudades, a los esbirros que asesinan a ciudadanos, a campesinos y a obreros y a estudiantes dominicanos.
¡A nadie podrán confundir ni engañar con su calumnia, ni con sus mentiras! El señor Johnson ha dicho, con ese cinismo que lo caracteriza, que "elementos entrenados en el extranjero" trataban de controlar la situación. ¡Sí!, los elementos entrenados por el imperialismo en Fort Bragg, los elementos entrenados por el imperialismo en Panamá; los gorilas y los asesores yankis son los que están tratando allí de controlar la situación, de aplastar la Revolución Dominicana; ellos son los únicos extranjeros que actúan allí, ellos son los únicos agentes extranjeros que actúan allí. Ahora se dedican a averiguar si entre los miles de combatientes del pueblo hay alguno que otro comunista, y empiezan a decir que hay comunistas entre los constitucionalistas. Lo extraño sería que dijeran que había comunistas entre los gorilistas, entre los defensores del imperialismo, entre los defensores de Wessin. Nosotros no sabemos cuántos comunistas hay en Santo Domingo, es posible que sean pocos comunistas; pero sin duda de ninguna clase que cualquier comunista en una lucha como esta no se pone al lado de los imperialistas, no se pone al lado de los gorilas; lucha, porque ese es su deber revolucionario, junto a la Constitución, junto al partido que defienda la Constitución, aunque ese partido se declare no comunista, aunque ese partido jure que no quiere nada con los comunistas.
Y ahora andan hurgando para ver dónde andaban los comunistas conocidos en Santo Domingo. Pero ese es el más ridículo y más absurdo de los pretextos. No sabemos si había comunistas en Etiopía cuando Mussolini atacó Etiopía, pero sin duda que no pelearon al lado de Mussolini. No sabemos en cada uno de esos casos de agresión, los comunistas que hay en cualquier país, pero es deber de todo comunista luchar junto al movimiento popular; aunque sean una minoría, aunque sean 10, si el pueblo está luchando contra sus enemigos tradicionales, tienen el deber de luchar junto al pueblo.
¿Qué demuestra esta actuación del imperialismo yanki? Demuestra que el imperialismo tiene miedo, demuestra que el imperialismo está nervioso. En Venezuela hubo también una revolución; en esa revolución participó el Partido Comunista cuando el derrocamiento de Pérez Jiménez. Era un Partido Comunista mucho más organizado, mucho más numeroso y de mucha más experiencia de la que pueda tener el Partido Comunista de Santo Domingo; participó activamente en esa lucha. El sentimiento antimperialista tal vez era más poderoso que el sentimiento antimperialista que existiera en Santo Domingo, aunque esto es una simple conjetura. Sin embargo, el imperialismo no intervino, el imperialismo buscó otros medios, buscó otros instrumentos, dividió al pueblo, escogió como instrumento a uno de los partidos políticos y a su jefe, el tristemente célebre Rómulo Betancourt, que seguramente en estos instantes no abre la boca ni dice una sola palabra para condenar la intervención de Estados Unidos, la brutal intervención de Estados Unidos en Santo Domingo. Dividieron el pueblo, agitaron el anticomunismo, y por lo menos transitoriamente impidieron la revolución en Venezuela.
El hecho de que los imperialistas se hayan precipitado, el hecho de que ante un levantamiento cívico-militar, no comunista, de carácter constitucionalista, que tenía por líder a Juan Bosch, que ha jurado mil veces —y de verdad— que no es comunista, ni tiene nada de comunista, los imperialistas no hayan tratado de hacer lo de Venezuela, no hayan seguido la táctica de Venezuela y se hayan lanzado a la ocupación militar de Santo Domingo, demuestra que están nerviosos, demuestra que han perdido el control, demuestra que han perdido la serenidad de pensar, demuestra que han perdido la fe en sus tácticas tradicionales. Pero se han lanzado criminalmente a una aventura en la que tienen mucho más que perder que ganar porque, en primer lugar, desprestigian a todos esos gobiernos burgueses que han estado tratando de encontrar una "hojita de parra" para cubrirse de su complicidad con los imperialistas.
Y esos gobiernos burgueses que creyeron en la política de buena vecindad, que creyeron en la Alianza para el Progreso, que creyeron que la época de la política del garrote había quedado atrás, que creyeron que las intervenciones de la infantería de marina habían quedado muy atrás en la historia, que creyeron de veras en ese lobo disfrazado de Caperucita, han tenido la oportunidad de recibir una gran lección, un gran desengaño, y ante sus pueblos han de verse en una situación muy difícil, porque ya no es problema de comunismo, o anticomunismo, o de socialismo, o de revolución democrático-burguesa. ¡No, lo que se está discutiendo aquí es la independencia y la soberanía de los pueblos de este continente!
Aceptar calladamente, aceptar tranquilamente la intervención yanki en Santo Domingo es renunciar al derecho de la independencia de los pueblos de América Latina, es reconocer el derecho de Estados Unidos a enviar su infantería de marina —cuando le venga en ganas— a cualquier país de América Latina. Y ese es el dilema que tienen hoy todos los gobiernos de América Latina ante sus propios pueblos: si aceptan o no aceptan el derecho de intervención de Estados Unidos, si aceptan o no aceptan la renuncia a su soberanía; porque en todos los países de América Latina hay ciudadanos yankis, excepto aquí, donde los que hay son unos pocos y son amigos de Cuba; y los que no lo sean que anden claros, porque queda alguno que otro por ahí, queda alguno que otro "gringo" por ahí disfrazado. Pero en los demás países de América Latina, en todos, hay ciudadanos yankis, hay haciendas yankis.
Aceptar el derecho de Estados Unidos a intervenir en Santo Domingo para proteger vidas y haciendas de ciudadanos yankis, es aceptar el derecho de Estados Unidos a intervenir en cualquier país de América Latina, porque en todos hay ciudadanos y haciendas yankis. Y es el tremendo dilema: consagrar ese crimen, internacionalizar la intervención es aún peor. Varios gobiernos, de manera más o menos versallesca, han protestado de la intervención, pero hay que reconocer que solo un gobierno, solo un gobierno ha demandado la retirada inmediata de las tropas yankis de Santo Domingo. Ese no es un gobierno socialista, no es un gobierno que haya sido ni amigo ni enemigo nuestro, pero está muy lejos del marxismo- leninismo. Sin embargo, es justo reconocer que ha sido el gobierno que ha tenido un planteamiento más claro, y es el gobierno de Chile.
El gobierno de Chile ha planteado la retirada de las tropas yankis de Santo Domingo. Y esa es la única posición correcta, no cabe ninguna otra posición, no cabe ninguna otra fórmula, porque consagrar, legalizar, santificar ese crimen, no se lo perdonarán los pueblos a ningún gobierno. ¡Hay que obligar al imperialismo a que retire su infantería de marina de Santo Domingo!; ¡hay que obligar al imperialismo a que cese su intervención armada, su participación en la guerra civil, sus acciones de guerra contra el pueblo y contra los patriotas dominicanos! Y esa acción no ha de corresponder solo a los pueblos de América Latina, ha de corresponder a todo el mundo.
En Santo Domingo los gobiernos de América Latina y un pueblo de América Latina están cosechando los amargos frutos de la política estúpida, criminal, irresponsable, llevada a cabo contra nuestro país; están recogiendo los frutos de su complicidad con el imperialismo contra Cuba; están recogiendo los frutos de los acuerdos de Costa Rica, de Punta del Este, de Washington; están recogiendo los frutos de su apoyo a las medidas yankis contra Cuba, de su tolerancia a la piratería yanki contra Cuba, de su tolerancia cómplice a las agresiones contra nuestra patria, a los ataques como el de Playa Girón, al bloqueo económico, a los ataques piratas, a la ruptura de relaciones contra nuestra patria.
Hoy el continente americano podrá apreciar que Cuba solitaria ha defendido como nadie el derecho de no intervención, que Cuba solitaria ha defendido como nadie el derecho a la independencia de los pueblos de América Latina, que Cuba como nadie —y no en virtud de una concesión de los imperialistas, sino en virtud de la entereza, de la dignidad y del espíritu revolucionario de nuestro pueblo— ha frenado a los imperialistas yankis y ha defendido el derecho soberano de los pueblos de América; Cuba solitaria frente al imperialismo, frente a gobiernos cobardes, frente a los cómplices, frente a los sindicatos amarillos. Esos mismos que en complicidad con el Departamento de Estado promueven bloqueos y sabotajes contra los barcos que comercian con Cuba, hoy, ante los pueblos de América aparecerán como lo que son: ¡Traidores, vendepatrias, miserables, vendidos al imperialismo yanki, enemigos de los pueblos de América, enemigos de la soberanía de los pueblos de América!
¡Cuba, Cuba solitaria ha resistido, ha mantenido en alto su bandera independiente y soberana! ¡Cuba solitaria, defendiendo sus derechos, ha defendido los derechos de los demás pueblos! ¡Hoy la América podrá saber quién interviene de verdad en los asuntos internos de los demás pueblos, quién lesiona la soberanía de los demás pueblos! Las palabras cínicas del imperialismo no confundirán a nadie; su propia prensa y sus propios legisladores se han encargado de decir que el propósito principal era impedir el triunfo de una revolución como la de Cuba en Santo Domingo.
En primer lugar, eso es mentira; en primer lugar, no era una revolución como la de Cuba; en primer lugar, no era una revolución comunista. Pero aunque fuese una revolución como la de Cuba, una revolución comunista, ¿qué derecho tienen los imperialistas a impedirles a los pueblos el derecho a hacer las revoluciones que estimen pertinentes? Eso es facultad soberana de cualquier pueblo, es un derecho histórico de cualquier pueblo: dentro de sus fronteras llevar a cabo y realizar el tipo de sociedad que estime conveniente, que el pueblo quiera, que el pueblo desee darse a través de sus métodos, métodos legales si quiere, o métodos revolucionarios como los métodos que adoptamos nosotros. Ningún país y ningún conjunto de países tienen el derecho a impedir que cualquier pueblo haga el tipo de revolución que estime conveniente. Si quieren hacer revoluciones democrático- burguesas, que hagan revoluciones democrático-burguesas; y si quieren hacer revoluciones socialistas, que hagan revoluciones socialistas; y si quieren hacer reformas demócrata-cristianas, que hagan sus reformas demócrata-cristianas. ¡Que cada cual haga dentro de su frontera lo que crea más conveniente a su felicidad y a sus destinos!
La revolución, la lucha revolucionaria en Santo Domingo, no es socialista, no es marxista-leninista. Pero aunque fuera revolución socialista o comunista, ¡el imperialismo yanki no tiene derecho a desembarcar allí su infantería de marina! Y aunque no sean comunistas, ¡nosotros saludamos a los heroicos y valerosos combatientes dominicanos como habríamos saludado a los soldados de Bolívar, o a los soldados de Sucre, o a los soldados de Juárez, aunque no fuesen comunistas! ¡Saludamos con admiración a aquellos cadetes de Chapultepec que cuando la invasión de Estados Unidos a México, en la que le arrebató la mitad de su territorio, se negaron a rendirse y, envueltos en la bandera mexicana, se lanzaron a un sacrificio, prefiriendo la muerte a la rendición! Aquellos, aquellos cadetes no eran comunistas. ¡Admiramos en la historia a aquellos ciudadanos franceses que asaltaron e hicieron trizas La Bastilla y con La Bastilla los privilegios feudales que significaba, aunque no eran comunistas! ¡Admiramos a nuestros heroicos y gloriosos mambises, y no eran comunistas! ¡Admiramos a todos los combatientes, a los que cayeron luchando contra Machado, a los que cayeron luchando contra Batista! Para llegar a ser comunista es necesario adquirir una profunda conciencia, una profunda convicción filosófica, histórica y social, una profunda comprensión de los problemas de la sociedad y de la historia. Y solo se podía ser comunista científico en esta época.
Pero dondequiera que el pueblo luche más o menos consciente, comprendiendo con mayor o menor claridad las causas de sus miserias, las causas de su pobreza, de su hambre, dondequiera que el pueblo luche contra los opresores, merecerá siempre, en cualquier época y en cualquier parte de la historia, la admiración de los pueblos. Por eso, nuestra admiración a los heroicos combatientes dominicanos, nuestro profundo respeto hacia los que cayeron defendiendo su pueblo, defendiendo su causa, luchando contra los gorilas, luchando contra los intervencionistas yankis; nuestro respeto y nuestra admiración. Y nuestra convicción de que la intervención imperialista es una aventura descabellada llamada al fracaso, llamada a ahondar las contradicciones del imperialismo, llamada a sumirla en el desprecio. Acusan de izquierdista al movimiento revolucionario, y lo que hará izquierdista al movimiento revolucionario es precisamente la intervención yanki, lo que hará izquierdista al pueblo dominicano es la cobarde invasión yanki, lo que hará izquierdista al pueblo dominicano es la complicidad del imperialismo yanki con sus verdugos, con los esbirros que atropellan y asesinan a los hijos del pueblo, con los reaccionarios, con los criminales, con los que ametrallan y bombardean sin consideración a la población civil, con los que matan y hieren a cientos y a miles de inocentes, porque eso dejará huellas indelebles, eso dejará huellas imborrables.
Es probable que los imperialistas para tratar de borrar la mancha de sangre y de borrar el odio, se aparezcan con sus "alimentos de paz", con sus medicinas; pero nada, nada absolutamente borrará el odio, la repulsa y la indignación del pueblo dominicano. Más nada contendrá la lucha, porque esos heroicos patriotas que se enfrentaron a los tanques y los destruyeron, que en medio de la intervención tomaron por asalto la fortaleza de Ozama, no cejarán en la lucha de una forma o de otra, como luchan hoy los vietnamitas o como luchó Sandino, o como luchan los venezolanos, o como luchan los colombianos; seguirán su lucha, porque nada ni nadie podrá aplastar la voluntad y el heroísmo de los pueblos.
Es necesaria la movilización de la opinión mundial. El gobierno de Cuba denunció ante las Naciones Unidas la criminal invasión yanki de Santo Domingo, y la Unión Soviética pidió la reunión del Consejo de Seguridad para discutir la intervención yanki en Santo Domingo; y el lunes se reunirá el Consejo de Seguridad para discutir ese problema. Y estamos seguros de que la causa del pueblo dominicano no solo tendrá el apoyo del campo socialista, tendrá el apoyo también de todos los países no alineados, y tendrá el apoyo de la mayor parte de los pueblos del mundo, porque ningún pueblo podrá permanecer indiferente ante ese hecho flagrante, desvergonzado y criminal. Es necesario que se movilice la opinión mundial, es necesario exigir la retirada de las tropas imperialistas del Estado soberano e independiente de Santo Domingo.
Los imperialistas se muestran muy agresivos. Les decía que están aconsejados por la desesperación y el miedo. Mas nosotros sabemos que los imperialistas son chantajistas por naturaleza, los conocemos bien, demasiado bien, cada cosa paso a paso. En Viet Nam, primero la supuesta agresión de lanchas torpederas, ataque de represalia; después ataques ya sistemáticos sin represalia; después envío de tropas al sur; después participación de la aviación en Viet Nam. Aquí en Santo Domingo, primero unos pocos marinos y unos barcos para proteger vidas y haciendas; después la infantería; después la división aerotransportada; después zona neutralizada; después para mantener el orden. Y así, paso a paso, en cada una de sus aventuras, en cada una de sus fechorías.
Es lógico que esta actitud agresiva de los imperialistas preocupe a los pueblos, preocupe a todos los pueblos. En pocos meses se han sucedido la intervención en el Congo, las agresiones a Viet Nam, la invasión de Santo Domingo, todo eso en menos de un año; actitud irresponsable, actitud aventurera, actitud peligrosa. Aconsejados por el miedo a las revoluciones, amedrentados por los cambios inevitables que en el mundo se producen, se empeñan en detener la marcha de la historia, en Asia, en Africa, en América Latina. Es necesario contrarrestar esa agresividad imperialista. Los problemas de la paz nos preocupan a todos. Sería insensato, irresponsable, quien no comprendiese la importancia de la paz. Todos la comprendemos. Pero la defensa de la paz no puede ser una defensa pasiva, la prédica en favor de la paz no puede ser una prédica beatífica, ¡la paz a cualquier precio! ¡No! Ya desde la época de la Crisis de Octubre nosotros planteamos aquella consigna de paz con dignidad. La preocupación de los pueblos por la paz no significa ni puede significar de ninguna forma el derecho de los imperialistas a inmolar los pueblos impunemente, el derecho de los imperialistas a acentuar su agresividad girando contra el deber de luchar por la paz y la responsabilidad de la paz de los demás pueblos. Nosotros creemos sinceramente que esos caminos no conducen realmente a la paz, porque estamos enfrentados a una mentalidad chantajista, ventajista y calculista, tal cual es la mentalidad yanki, la mentalidad de los gobernantes yankis.
En primer lugar, este señor Johnson es un farsante completo. En su campaña contra Goldwater, que enarbolaba las tesis más agresivas del imperialismo, él se presentaba como partidario de la paz, partidario de soluciones pacíficas, enemigo de las aventuras belicistas, para capitalizar la preocupación del pueblo norteamericano y las inquietudes del pueblo norteamericano, que votó más que por Johnson contra Goldwater. Sin embargo, los hechos demuestran aquello que dijimos nosotros cuando la elección: que lo mismo nos daba "Juana que su hermana". Johnson ha estafado a la opinión pública norteamericana. Muchos periódicos, en Europa, saludaron el triunfo de Johnson frente a Goldwater; sin embargo, con su política irresponsable, aventurera, nerviosa, Johnson marcha por caminos sumamente peligrosos, en Viet Nam, en Santo Domingo, y quién sabe luego en qué otros sitios.
Electo presidente, sigue la política de los gorilas del Pentágono, de los círculos más reaccionarios de Estados Unidos. Pero esa es eminentemente una política de chantaje. En la mentalidad yanki opera la teoría del equilibrio nuclear, y que existiendo equilibrio nuclear no habrá guerra nuclear, y que cuentan —por tanto— con amplio campo para sus fechorías en forma de guerra limitada, subversión, intervenciones, agresiones, ataques aéreos, toda esa filosofía que se basa en su idea del equilibrio nuclear, y que en la misma medida en que las armas nucleares son cada vez más poderosas ellos podrán girar contra esa realidad y perpetrar en el mundo todo género de fechorías.
Nosotros creemos que es necesario hacer cambiar esa mentalidad a los imperialistas, nosotros creemos que hay que hacerles ver a los imperialistas que están jugando con fuego de verdad. A juzgar por los hechos, los peligros de guerra aumentarán más y más mientras esa mentalidad del imperialismo no sea cambiada, mientras los imperialistas no lleguen a la convicción de que ese camino es peligroso y que esa política de ninguna forma la podrán llevar a cabo. Solo cuando los imperialistas estén convencidos de eso, empezará realmente a disminuir la tensión; solo cuando los imperialistas estén convencidos de eso, la situación podrá empezar a cambiar. Pero, sin duda que nosotros, todos los pueblos, nuestro pueblo, todos los pueblos del mundo, todos los pueblos del campo socialista, nos vemos en la necesidad de hacer comprender eso a los imperialistas, nos vemos en la necesidad de afrontar esa realidad y de afrontar esos riesgos, que son los riesgos que nos impone la historia y la época en que vivimos. ¡Pero es necesario en algún lugar cortarles las manos a los imperialistas, en Viet Nam o donde sea!
En Viet Nam están llevando a cabo la política que nosotros denunciamos en la escalinata: crear condiciones para internacionalizar la guerra de Viet Nam y aplastar el movimiento de liberación. Sus ataques al norte tienen el propósito de amedrentar, de intimidar; amagan con atacar tal o cual país. Su propósito es crear condiciones, internacionalizar aquella guerra, participar directamente con sus aviones, sus soldados, soldados neozelandeses, canadienses —canadienses no, perdónenme los canadienses, y ojalá no hagan lo mismo que los australianos—, australianos, sudcoreanos, bombardear el sur con cientos de aviones, lanzar sus gases tóxicos, sus bombas inflamables, y aplastar el movimiento revolucionario en el sur. Pues bien: tratan de crear condiciones en el norte para eso.
(…).
Nadie quiere ni puede querer guerra; los pueblos desean la paz, vivir en paz, trabajar en paz, crecer en paz, desarrollarse en paz; los pueblos desean construir su felicidad, pero esa felicidad, ese derecho hay que conquistarlo inteligentemente.
(…).
Nuestra conclusión es la de prepararnos bien, armarnos mejor todavía, fortalecer nuestras defensas por todos los medios, para que ese enemigo chantajista sepa lo que le toca: que cuando pongan un pie aquí, posiblemente aquí no se acabe esa guerra, no posiblemente, sin posiblemente, ¡mientras haya uno de nosotros vivo o haya un "gringo" vivo aquí en este país!
(…).
En este 1ro de Mayo las perspectivas del porvenir se presentan más claras y más brillantes que nunca; la conciencia revolucionaria, más profunda que nunca; el entusiasmo por el trabajo, más profundo que nunca; la confianza del pueblo en su futuro, más firme que nunca. Y esto se veía ya desde antes del 1ro de Mayo, en las movilizaciones masivas del pueblo en la semana de la victoria de Girón; en el optimismo de las masas, el ardor de las masas en todo y para todo: en el trabajo, en el estudio, en el sentimiento revolucionario, en la solidaridad hacia los demás pueblos, en su espíritu internacionalista, que han hecho al cabo de estos años de Revolución un pueblo firme, un pueblo sólido, un pueblo organizado, un pueblo preparado, ¡un pueblo que ha resistido y resistirá!, ¡un pueblo que ha vencido y vencerá!
¡Patria o Muerte!
¡Venceremos!Ir arriba
. Antecedentes del golpe de Estado. Encuentro de Juan Bosch y John F. Kennedy/Víctor Grimaldi
17 de septiembre de 2008
Faltaban 55 segundos para que terminara el año, eran las 11:05 de la noche del último día del 1962, y en 72 horas más se cumplirían dos semanas del aplastante triunfo electoral del 20 de diciembre. En el Departamento de Estado se terminaba de elaborar un telegrama para la firma del presidente de los Estados Unidos de América, John F. Kennedy, con destino al presidente electo de la República Dominicana, con el mensaje siguiente:
"Dr. Juan E. Bosch, Hampshire House, New York City, New York.Al otro día, Año Nuevo del 1963, eran las 4:45 de la tarde cuando los teletipos transmitían un cablegrama del presidente electo dominicano. Recibido a las 8:30 de la noche en la Casa Blanca, en Washington, decía lo siguiente:
"Le extiendo mis cálidas felicitaciones a usted por haber sido escogido por sus compatriotas para ser el Presidente de la República Dominicana. Las elecciones del 20 de diciembre, las cuales marcaron un importante jalón en el entorno de la nación dominicana a los rangos de la democracia representativa, fortaleció el corazón de los hombres libres en todas partes como un ejemplo para el mundo de la determinación de un pueblo a construir una sociedad libre después de largos años de régimen dictatorial. El Gobierno de los Estados Unidos, actuando en el espíritu de amistad que ha unido a nuestros pueblos, mira hacia adelante para cooperar con usted y su gobierno bajo la Alianza para el Progreso en la continuación de un arduo trabajo de reconstrucción.
"Me gustaría mucho tener la oportunidad de intercambiar pareceres con usted personalmente conveniente durante su actual estadía en los Estados Unidos. John F. Kennedy".
"Al Presidente (John F. Kennedy). La Casa Blanca.Bosch había regresado a New York desde South Bend, Indiana, a donde junto a Doña Carmen Quidiello fue a visitar a su hijo Patricio, y encontró en Hampshire House el telegrama del presidente Kennedy que le felicitaba por su triunfo electoral y le invitaba a una próxima reunión (aún sin fecha establecida), en la Casa Blanca. Tan pronto el presidente electo de la República Dominicana aceptó la invitación, desde el Departamento de Estado y la Agencia Central de Inteligencia comenzaron a enviarles dossiers sobre Bosch al Presidente de los Estados Unidos.
"Estoy respondiéndole sus generosas palabras de felicitación en la ocasión de mi elección como Presidente de la República Dominicana expresándole la suprema gratitud de mi pueblo por el demostrado interés que usted personalmente y el pueblo de los Estados Unidos en general han mostrado por la instauración en nuestro país, así como en toda la América Latina, de un régimen de genuinas libertades y justicia social que pondría fin a la tiranía, el hambre y la ignorancia, y que también haría posible que cada nación de Las Américas pueda ejercer su legítimo derecho a la dignidad nacional en una verdadera forma.
"Esta preocupación de usted mismo y del pueblo norteamericano en general ha sido la fuente de inspiración de la Alianza para el Progreso. El pueblo dominicano está convencido de que encontrará un fraternal aliado tanto en el concepto de la Alianza para el Progreso como en su propia persona, y así la fe en la democracia demostrada por el pueblo dominicano al votar en las elecciones ejemplares del 20 de diciembre de este año estará totalmente justificada.
"Será un privilegio para mí tener la oportunidad de intercambiar opiniones con usted personalmente sobre problemas comunes de nuestros respectivos pueblos durante mi visita a Washington, D. C., que tendrá lugar en pocos días.
"Con los mejores deseos de Año Nuevo, cordialmente suyo, "Juan Bosch".
En un "briefing paper" entregado el 3 de enero de 1963 al consejero nacional de seguridad, McGeorge Bundy, documento destinado a preparar al presidente Kennedy para su próxima reunión, el Departamento de Estado enlistó diez problemas que iba a enfrentar el "doctor Bosch" y "en los cuales nosotros tenemos interés".
BOSCH: ANTI-COMUNISTA
No había dudas: el "doctor Bosch es considerado un anti-comunista", decía el Departamento de Estado aclarando luego que en el caso del control de los izquierdistas "su realismo en tratar con el problema comunista en la República Dominicana aún tiene que ser puesto a prueba".
Ese era el problema número tres. El Departamento de Estado admitía que hasta la Unión Cívica Nacional (UCN), el partido derechista que Bosch derrotó en las elecciones, abogaba por la derogación de la Ley de Emergencia que promulgó en febrero de 1962 el Consejo de Estado presidido por Rafael F. Bonnelly para mantener exiliado un grupo de personas acusadas de ser izquierdistas o comunistas. En un recuento previo introductorio a la lista de los diez problemas, el Departamento de Estado le informaba a la Casa Blanca de los errores cometidos por la Unión Cívica en la campaña electoral, como "el intento de último momento con algún respaldo eclesial para calificar al doctor Bosch y al PRD de comunista".
EL ENFOQUE DE LA CIA
La CIA, en un memorandum del día anterior al que presentó el Departamento de Estado, citaba opiniones de diversas fuentes sobre las posiciones de Bosch.
"El parece", decía la CIA, "haber desarrollado una amistad con una fraternidad de líderes políticos reformistas de la América Latina que incluían al presidente venezolano Rómulo Betancourt, al ex-presidente de Costa Rica José Figueres, y a los líderes del partido APRA de Haya de la Torre de Perú". Según el reporte de la CIA fechado 2 de enero de 1963, "un funcionario de los Estados Unidos que entrevistó a Bosch en julio de 1961 lo definió en ese momento como un seguidor de la escuela 'liberal-socialista-nacionalista' representada por esos líderes".
La CIA también citaba fuentes que aseguraban que "Bosch cree que el futuro de la América Latina está indisolublemente vinculado al de los Estados Unidos, aunque él nunca ha fallado en llamar la atención sobre lo que él considera 'errores imperialistas' cometidos en el pasado por empresas americanas en América Latina". La CIA señalaba, además, que las acusaciones de pro-cominista que se le hacían a Bosch durante la campaña electoral de 1962 tenían origen en "la plataforma reformista de Bosch, su idiosincrasia y su oportunismo, especialmente durante su exilio".
De acuerdo con la CIA, en el mes de agosto de 1961 un análisis de la inteligencia norteamericana llegó a estimar, debido a la insuficiente información disponible sobre Bosch y por ser un personaje controversial, la posibilidad de que fuera un "pro-comunista secreto" o quizás "miembro del partido". Pero año y medio después las cosas estaban bien claras para el Departamento de Estado: Bosch era considerado un anti-comunista, y sería esta la información que tendría el presidente Kennedy a mano cuando se reuniera el jueves 10 de enero de 1963 con el presidente electo de la República Dominicana que tomaría posesión el 27 de febrero del mismo año.
LA ENTREVISTA
El jueves 10 de enero de 1963, el presidente Kennedy entró a su oficina a las 9:30 de la mañana, y entre las 10:00 y las 11:10 sostuvo una reunión con sus Secretarios de Estado. A las 12:00 del mediodía comenzó la esperada reunión con Juan E. Bosch, presidente de la República Dominicana. La conversación duró una hora y dos minutos. Unos 45 minutos después de haber despedido a Bosch, el presidente Kennedy se dio un baño en la piscina y a las 2:15 de la tarde se trasladó a la mansión presidencial para almorzar. A las 4:15 p.m. retornó a su oficina. Entre 6:20 y 6:33 de la tarde, el presidente Kennedy se reunió con McGeorge Bundy, su consejero nacional de seguridad, y Ralph Dungan, encargado de los asuntos latinoamericanos en la Casa Blanca. El señor Dungan, un asistente especial, fue una de las personas que participó al mediodía de la reunión entre Kennedy y Bosch.
¿De qué hablaron Kennedy y Bosch?
El texto del memorandum de la conversación entre el presidente Kennedy y Juan Bosch es una versión del Departamento de Estado disponible y desclasificada en la Biblioteca John F. Kennedy de Boston, estado Massachusetts.
Según el texto: "El Presidente congratuló al doctor Bosch por su victoria electoral", dice el primer párrafo. Aquí cabe ilustrar a los lectores con este dato: En el informe enviado a la Casa Blanca una semana antes de la visita de Bosch, se le dice a McBundy que Bosch había obtenido el 60% de los votos y que tendría una mayoría preponderante en ambas cámaras legislativas, de diputados y senadores.
Según la versión oficial del Gobierno de los Estados Unidos, a la felicitación personal de Kennedy el "doctor Bosch respondió que ahora le toca al nuevo gobierno probarles al pueblo y a todo el hemisferio que la democracia realmente funciona". Después "brevemente analizó su campaña política, poniendo énfasis en sus objetivos y contenidos educativos".
Bosch dijo que, "económicamente, la situación de la República Dominicana era mejor que la de otros países debido a que su situación de balanza de pagos era buena y su situación de finanzas públicas aceptable. El añadió que el principal problema era la falta de 'capital de trabajo' que se necesitaba para incrementar el empleo y la producción tan pronto como sea posible. El se describió como 'cautelosamente optimista' con respecto al futuro económico de su país". Después de esas palabras que el traductor oficial le atribuye al presidente electo Bosch, el presidente Kennedy le preguntó qué podían hacer los Estados Unidos para ayudar a la República Dominicana.
Entonces Bosch entró en una minuciosa descripción de los problemas económicos del país. Kennedy lo interrumpía en algunas ocasiones para hablarle de un préstamo de 40 millones de dólares, del problema de balanza de pagos de los Estados Unidos y para saber qué haría Bosch con las propiedades que heredó el Estado de Trujillo.
LAS FUERZAS ARMADAS
Bosch abundaba en sus respuestas, hasta que trataron el tema del Ejército y la policía. A una pregunta de Kennedy, Bosch señaló la necesidad que tenía su país de hacer más eficientes sus Fuerzas Armadas y de dotarlas de los mejores equipos. Preguntado por Kennedy si el Ejército disponía de más poder que la Policía, Bosch dio algunas breves explicaciones para terminar señalándole a Kennedy que "todo esto es un asunto interno" de la República Dominicana y "que él (Bosch) lo podía manejar".
CONTRATO DE LA STANDARD OIL
La conversación ya iba casi por la mitad, cuando Bosch se refirió -de acuerdo con la versión del Departamento de Estado-, a "una dificultad que su gobierno tendrá que enfrentar muy pronto": la concesión que el Consejo de Estado le dio a la Standard Oil de New Jersey para instalar una refinería de petróleo. Este tema acaparó la tercera parte de la conversación, según el texto de los comentarios que se le atribuyen tanto a Bosch como a Kennedy sobre este controversial asunto.
CUBA Y FIDEL CASTRO
El resto de la entrevista se dedicó a tratar el tema de la Revolución Cubana, que acababa de cumplir el primero de enero de 1963 cuatro años en el poder. Según el Departamento de Estado, el "doctor Bosch congratuló al Presidente por su política de bloqueo cubano que ha desenmascarado a Castro a los ojos de muchos latinoamericanos".
El próximo párrafo dice que el presidente Kennedy le preguntó a Bosch si lo había entendido correctamente un momento antes al decir que el uso de la fuerza de parte de los Estados Unidos para remover a Castro sería un error. Kennedy se refería a un previo análisis atribuido a Bosch en el sentido de que "los Estados Unidos a solas no deben librarse de Castro mediante el uso de la fuerza militar, pero pueden participar con otros países del Hemisferio y con líderes cubanos democráticos dentro y fuera de Cuba en la formulación de un plan general".
Bosch, según el documento, "expresó la opinión de que un plan general puede ayudar a los grupos de oposición en Cuba a lograr sus objetivos". "El dijo", añade el documento del Departamento de Estado, "que el Gobierno Dominicano estaba preparado y dispuesto a trabajar con el nuevo designado Coordinador de Asuntos Cubanos, y con líderes tales como el Presidente Betancourt y el Gobernador Muñoz Marín en la elaboración del plan".
Kennedy, tras escuchar a Bosch, se comprometió a que en el futuro, los Estados Unidos actuarían junto a "los líderes democráticos liberales del Continente en cualquier actividad con respecto a Castro". Al final el presidente Kennedy le prometió apoyo a Bosch frente a la Standard Oil y a darle una mejor asistencia económica al país.
COMUNISMO Y GOLPE
Se le atribuye en el mismo documento al presidente de los Estados Unidos haberle dicho a Bosch que el fracaso de su experimento democrático sería un triunfo para los comunistas. Seis meses transcurrieron, y en junio de 1963 otro reporte de la CIA opinaba lo mismo. Luego en septiembre, cuando derrocaron a Bosch, The Wall Street Journal comentaba que el golpe de Estado era un triunfo para los comunistas. Pero los que se autoproclamaron golpistas en el país se creyeron que con el derrocamiento de Bosch se había infligido una derrota a los comunistas.
LA REUNIÓN CON JOHNSON
Después del Presidente Kennedy, le tocaría al Vice Presidente Lyndon B. Johnson conocer a Juan Bosch personalmente. Este encuentro ocurriría el 28 de febrero de 1963, a partir de las 9:00 de la mañana. El "doctor" Bosch, como se puede ver en la versión de esta conversación resumida por el Departamento de Estado, ya era el Presidente de la República Dominicana juramentado veinticuatro horas antes. El texto de la conversación entre el Vice Presidente de los Estados Unidos y el Presidente Bosch fue enviado al señor Ralph Dungan, de la Casa Blanca, el 12 de marzo de 1963.
En esta misma fecha, que era el décimo tercer día de su Gobierno, el Presidente Bosch definió al comunismo como "agente de destrucción y muerte" en un acto celebrado en un campamento del Ejército Nacional dominicano. El gobierno norteamericano sabía que Bosch era por formación un anti-comunista, pero ya estaban empezando algunos políticos de derecha dentro y fuera del país una campaña para acusar a su gobierno de comunista.
El día 10 de marzo el señor Horacio Julio Ornes hablaba de un supuesto plan "para adoctrinar en el comunismo a las Fuerzas Armadas". Al parecer fue para responder a este tipo de afirmaciones irresponsables que el Presidente Bosch dijo lo del 12 de marzo.
En su conversación con el Vice Presidente Johnson, Bosch se refirió a los peligros que representaban tanto los elementos de extrema izquierda como los de la derecha. Johnson particularmente estuvo interesado en el caso del general Antonio Imbert, y le preguntó a Bosch si Imbert representaba algún peligro para su gobierno. Es curioso que dos años después, siendo ya el Presidente de los Estados Unidos, el señor Johnson externó temores en mayo de 1965 sobre las posibilidades de que a través de su Gobierno de Reconstrucción Nacional el general Imbert pudiera convertirse en un dictador al estilo de Trujillo, de acuerdo con las versiones periodísticas de entonces.
Al final de su entrevista con Bosch el 28 de febrero de 1963, el Vice-Presidente Johnson le manifestó al Presidente dominicano sus simpatías personales y le prometió el apoyo de los Estados Unidos. Estas palabras de Johnson citadas en la transcripción oficial del Departamento de Estado entraron en contradicción con sus órdenes y declaraciones de 1965 destinadas a impedir el retorno de Bosch al poder bajo el alegado de que la Revolución Constitucionalista tenía un carácter comunista, lo que se comprobó y demostró fue falso.
En este cambio de actitud del Presidente Johnson hubo un carácter que desempeñó un papel fundamental: John Barthlow Martin, el improvisado embajador norteamericano que para ocultar la verdad de sus errores y un plan secreto del gobierno de John F. Kennedy mientras fue embajador en 1963, se inventó las mentiras más grandes sobre Bosch y el coronel Francisco Alberto Caamaño Deñó con el propósito de favorecer la creación del gobierno del general Imbert en medio de la ocupación de las tropas norteamericanas de 1965.
En los próximos capítulos veremos, con los documentos oficiales desclasificados, las manipulaciones y trampas del embajador Martin que demuestran cómo se vió involucrado en un plan secreto que le fue serruchando el palo al gobierno democrático de 1963.Ir arriba
. Euclides Gutiérrez Félix, historiador y político dominicano: Semblanza de Juan Bosch
Escritor, cuentista, novelista y ensayista. Nació en la ciudad de la Vega el 30 de junio de 1909, hijo de don José Bosch y Angela Gaviño. El padre de nacionalidad española y la madre también, nacida en Puerto Rico, se habían establecido en el país en los finales del siglo pasado. Juan Bosch vivió los primeros años de su infancia en una pequeña comunidad rural de esa provincia, llamada Río Verde. Allí realizó sus estudios primarios y más tarde su familia se trasladó a La Vega en donde cursó los primeros años del bachillerato. En su juventud vivió en la ciudad de Santo Domingo y trabajó en establecimientos comerciales; más tarde viajó a España, Venezuela y algunas de las islas del Caribe.
A su retorno a la República Dominicana en los primeros años de la década iniciada en 1931, publicó su ensayo "Indios", inmediatamente después "Camino Real" y la novela "La Mañosa", aclamada por la critica nacional como una obra de extraordinario valor en la literatura dominicana. Fundó y dirigió la página literaria del periódico Listín Diario, en el cual se perfiló como un notable critico de arte y ensayista. Se casó con la señora Isabel García y en su matrimonio procrearon a sus hijos León y Carolina.
En los primeros años de la dictadura de Rafael Trujillo Molina fue encarcelado por razones políticas, permaneciendo varios meses en prisión siendo libertado sin cargos de ninguna naturaleza. En 1938 se ausentó del país estableciéndose en Puerto Rico, y luego se trasladó a Cuba donde dirigió la edición de las obras completas de Eugenio María de Hostos. En 1939, junto a otros exiliados políticos, fundó el Partido Revolucionario Dominicano (PRD), el cual organizó y dio a conocer en otros países del Caribe y América Latina.
En los años transcurridos entre 1940 y 1945 se destacó como uno de los más notables escritores de cuentos de la región y laboró activamente en la formación de un frente antitrujillista encabezado por el PRD. Colaboró con el Partido Revolucionario Cubano y desempeño un destacado papel en la redacción de la Constitución de aquel país promulgada en 1940. Allí contrajo matrimonio con la dama cubana Carmen Quidiello, de cuyo matrimonio nacieron sus hijos Patricio y Bárbara. Ganó importantes premios internacionales de cuentos y ensayos, entre los cuales se distingue el premio "Hernández Catá" que se otorgaba en La Habana a los cuentos escritos por autores de América Latina.
Fue uno de los principales organizadores de la expedición militar que se gestó en "Cayo Confite" y en la cual participaron cientos de ciudadanos, cubanos y centroamericanos con intención de derrocar la dictadura de Trujillo. Fracasada esa expedición, Bosch se trasladó a Venezuela y a otros países de América Central, donde desarrolló una activa campaña antitrujillista y consolidó su fama de escritor, cuentista y ensayista de primera categoría. Para ese momento había escrito cuentos de profundo contenido social, entre los que pueden citarse "La Nochebuena de Encarnación Mendoza", "Luis Pié", "Los Amos" y "El Indio Manuel Sicuri" calificados por la crítica como obras maestras del género.
En Cuba, lugar al que regresó requerido por sus amigos del Partido Revolucionario Auténtico, desempeñó importantes papeles en la vida política, siendo reconocido como promotor y autor de importantes leyes y del discurso pronunciado por el Presidente de la República, cuando se trasladaron los restos de José Martí al cementerio de Santiago de Cuba. Meses después del derrocamiento del gobierno civil, como consecuencia del golpe de Estado encabezado por Fulgencio Batista, y después de haber sido encarcelado por las fuerzas represivas del gobierno golpista, se ausentó nuevamente del país estableciéndose en Costa Rica. Dedicado a tareas pedagógicas políticas en ese lugar y a sus actividades como presidente del PRD, el más importante partido político opositor del Régimen de Trujillo, en el exilio, se produjo en Cuba el triunfo encabezado por Fidel Castro, que motorizó un reordenamiento político, económico, y social en los países del Caribe. Bosch, con instinto certero, percibió el proceso histórico que se había iniciado a partir del 1ero de enero de 1959, con el advenimiento de Castro a la jefatura política y militar de la nación cubana y dirigió a Trujillo una carta, el 27 de febrero de 1961, en la cual le advertía que su papel político, en términos históricos, había concluido en la República Dominicana.
Ajusticiado Trujillo el 30 de mayo de ese año, Bosch regresó a su país luego de veintitrés años de exilio, cuatro meses después de haberse establecido en territorio dominicano el partido que había fundado en 1939. Su presencia en la vida política nacional, como candidato a la presidencia de la República revolucionó y modificó sustancialmente el estilo de realizar campañas electorales en el país. Su forma directa y sencilla de dirigirse a las capas más bajas de la población, tanto rurales como urbanas, le permitió desarrollar una profunda influencia y simpatías populares, que lo perfilaron como incuestionable ganador de las elecciones de diciembre de 1962.
Celebrado el torneo electoral, Bosch obtuvo un triunfo arrollador sobre los electores más conservadores del país, representado por la Unión Cívica Nacional. Combatido desde antes de su ascensión al poder por esos mismos sectores que fueron derrotados en las elecciones, tomó posesión como Presidente de la República el 27 de Febrero del 1963. Bosch dio inicio a una gestión gubernativa patriótica, reformadora, de incuestionable honestidad administrativa y de profundo reordenamiento económico y social. Su gobierno fue derrocado por un golpe militar apoyado por las fuerzas más conservadoras de la nación, estimuladas y apoyadas desde el exterior. Menos de dos años después, la insatisfacción generó el levantamiento militar del 24 de abril de 1965, que tenía como objetivo el restablecimiento del gobierno constitucional que Bosch había presidido, y la vigencia de la constitución que su gobierno había promulgado el 29 de abril de 1963, la más progresista y liberal que ha conocido la República.
Impedido de regresar al poder por la intervención militar de los Estados Unidos, apoyada por la Organización de Estados Americanos (OEA), se vio obligado, por las circunstancias, a participar en las elecciones realizadas el 30 de mayo de 1966, bajo la dirección y el control de las fuerzas de ocupación.
Bosch se marchó al exterior radicándose en España, donde realizó una extraordinaria labor literaria produciendo algunas de sus obras más importantes entre las cuales están: "Composición Social Dominicana", "Breve Historia de la Oligarquía", "De Cristóbal Colón a Fidel Castro… El Caribe, Frontera Imperial" y numerosos artículos de diferentes géneros publicados en revistas, periódicos y otras publicaciones del país y del exterior.
Regresó a la República Dominicana en abril de 1970 con la intención de reorganizar y modernizar al PRD, convirtiendo a sus miembros en militantes activos, estudiosos de la realidad histórica y social de su país; su proyecto no fue aceptado por la mayoría del PRD. Las diferencias y contradicciones entre Bosch y un sector importante de la dirección de ese partido lo llevó a abandonar las filas de esa organización en noviembre de 1973 y fundar el 15 de diciembre de ese año el Partido de la Liberación Dominicana (PLD). Bajo su liderato y rectoría, el PLD se ha convertido en una de las fuerzas políticas más importantes del país. Como organización patriótica y democrática tiene ganado un incuestionable crédito en la República Dominicana y en otros pueblos de América y el mundo.
Su relevante aporte a las letras nacionales y americanas en la narrativa, novelas y ensayos lo han convertido en una gloria literaria viviente, maestro de dos generaciones de escritores, cuentistas, novelistas, ensayistas, periodistas e historiadores entre los cuales se distinguen algunas de las más sobresalientes figuras del país y de América Latina. Su conducta patriótica, cívica, honesta, valiente y militante, como gobernante y líder, lo convierten en un símbolo de la dignidad nacional y en un ejemplo a seguir para las generaciones presentes y futuras de la República Dominicana.Ir arriba
. Juan Luis Cebrián -El legado de Juan Bosch: una herencia americana-
Presidente de la República Dominicana, intelectual, escritor, activista político y, sobre todo, ciudadano de América Latina, Juan Bosch (1909-2001) dejó un legado de dignidad y solidaridad.
Este texto, que analiza su vida y pensamiento, corresponde a una conferencia de Juan Luis Cebrián leída en la Casa de América, en Madrid, en el centenario del nacimiento de Bosch.
El único título, si es que tengo alguno, que me permite dirigirme hoy a ustedes para glosar la figura de don Juan Bosch me ha sido conferido por el hecho de haberle tratado personalmente durante una breve pero intensa etapa, en la que menudearon nuestros encuentros con motivo de la edición española de su opúsculo El pentagonismo, sustituto del imperialismo. Como ya tuve ocasión de comentar en un prólogo a dicha obra, yo había conocido a don Juan con motivo de una conferencia que impartió en 1967 en el diario Pueblo. Estaba acompañado de su asesor político de entonces, y que más tarde lo fuera de José María de Areilza en España y del presidente Luis Echeverría en México, Enrique Ruiz García. Este antiguo redactor del periódico de los sindicatos franquistas y de la agencia de prensa del Movimiento, la organización política que integraba la ideología falangista del régimen, había saltado a la fama un lustro antes por encontrarse entre los asistentes al llamado contubernio de Munich, una reunión de opositores a la dictadura que pretendían por entonces impulsar el cambio democrático en España.
La presencia de Ruiz García junto al ex presidente dominicano no resultaba en absoluto accidental. Ambos habían conocido -don Juan de forma mucho más frecuente y lacerante que el español- el exilio y la persecución política; ambos padecían una irrefrenable pasión conspirativa en la procura de las libertades; ambos eran escritores de vigorosa pluma, intelectuales de vanguardia, deseosos de influir en los acontecimientos de su tiempo y de protagonizar las transformaciones sociales que ellos mismos demandaban; y ambos, también, por cierto, creían fervientemente en la comunidad de destino de los pueblos de Iberoamérica, sobre los que se cernía, entonces como ahora, una tormentosa avalancha de propuestas de futuro cuyo único vínculo visible parecía ser el antagonismo radical contra la intervención de los Estados Unidos de América en la zona.
Bosch había sido derrocado de la presidencia de su país por un golpe militar que, con toda probabilidad, contó con la anuencia y el apoyo de Washington. En cualquier caso, el golpe constituyó el prólogo a la invasión de la isla por tropas norteamericanas, cuando desembarcaron en ella alrededor de veintitrés mil marines, so pretexto de defender los intereses y la seguridad de sus compatriotas. Los "conmilitones" que detuvieron al presidente para expulsarle a Puerto Rico sólo siete meses después de que hubiera asumido el cargo argumentaron, sin prueba alguna, la militancia comunista o procomunista de Juan Bosch que, en el corto espacio de tiempo que duró su mandato, hizo aprobar una nueva Constitución y diseñó una reforma agraria que nunca se llevó a cabo. Ya para entonces él sabía que los males que afligían a su país no eran de carácter muy diferente a los que determinaban el futuro incierto de toda la América Latina: una falta de institucionalidad democrática avivada por la corrupción generalizada; una desigualdad social que alimentaba los sueños y las aventuras revolucionarias; una vulneración constante y culpable de los derechos humanos y un tributo a la violencia como forma de acción política capaz de rebajar el valor de la vida humana hasta extremos casi inimaginables.
Desde su temprano exilio en 1938, cuando abandonó la isla y su cargo en la Dirección General de Estadísticas para denunciar abiertamente la dictadura de Rafael Leónidas Trujillo, hasta su regreso -veintitrés años después- como candidato triunfador en las primeras elecciones democráticas tras el asesinato del general, Juan Bosch se había convertido, por propia convicción, en un ciudadano de la América Latina. Y había optado también por sacrificar su fundada vocación de escritor para poder dedicarse en cuerpo y alma a la política. Aunque a partir de ahí abandonó casi por completo el oficio literario, que le había llevado a figurar en todas las antologías de la nueva narrativa latinoamericana, su doble condición de intelectual y de activista le acompañarían toda la vida.
Sólo desde esa visible dualidad de comportamientos puede comprenderse el devenir político y personal de Juan Bosch, su contribución a la historia del continente latinoamericano, su legado como gobernante y su reflexión intelectual. Uno y otra se vieron transidos por el pragmatismo de la función política, que siempre ha sido el arte de lo posible, frente a las demandas de mayo del 68 (seamos realistas, pidamos lo imposible, clamaba un grafito en los muros de La Sorbona), o frente a la utopía del hombre nuevo del marxismo. El paso del tiempo y la interesada manipulación de una figura ya mítica como la de Bosch han permitido a algunos desfigurar hasta lo irreconocible el ejemplo de su vida.
Hay quien se apunta a la tesis de que Bosch fue un revolucionario, y sin duda lo fue, pero a su manera. Porque ya en su primera novela La Mañosa, que durante un tiempo se subtituló como "la novela de las revoluciones", denunció los horrores tempranos que esos procesos habían desencadenado en la campiña dominicana. El libro se cierra con la noticia de los fusilamientos masivos a cargo de Fello Macario, sobrevenido en victorioso caudillo como consecuencia de una revuelta política. "¿Pero general, cómo ha fusilado usted a esa gente?", pregunta el protagonista de la trama, y el otro, sin inmutarse: "Era necesario".
A partir de ahí se desarrolla un diálogo que no me resisto a reproducir.
"-¿Necesario, general? ¿Es necesario matar?
-No; matar, no, Pepe; pero hay que dar ejemplos.
¡Oh! ¿Y era aquel Fello Macario, el revolucionario noble, el de las generosidades que andaban de boca en boca? ¿Era él? ¿Él? ¡Con que Fello Macario consideraba que había que dar ejemplos! A papá se le caía el mundo encima, se le derrumbaba el cielo sobre la cabeza.
-¿De qué ejemplos habla, amigo; de qué ejemplos?-Esa gente iba a turbar la paz.
Papá quería reír, quería llorar.
-¿Paz?... No, general. Eran hombres serios que andaban buscando la comida de sus hijos.
-No, Pepe; usté no comprende. Esta política...
-¡No se trata ahora de política! ¡Se trata de que antes eran hombres como usté y yo, con hijos a quienes querer, y con mujeres; se trata de que antes eran hombres y ahora no son nada, porque usted ordenó que los volvieran nada, nada...!
-Vuélvase por aquí, Pepe, cuando esté más calmado. ¡Si usté supiera lo que es esto, lo que se sufre en esta política!
-¡Qué política ni política! ¡Política es dirigir y defender, no asesinar! ¡Me dan asco usté y su política!".
La primera edición de La Mañosa es de 1936 y Bosch, aunque ya había sufrido cárcel acusado falaz e injustamente de terrorismo, no se exiliaría hasta dos años después. Quiero decir que pese a que más tarde se vio envuelto en repetidas conspiraciones con el ánimo de derrocar a Trujillo, desde joven Bosch parecía convencido de que las revoluciones devoran siempre a sus hijos y buscó de continuo las vías democráticas para la transformación de la sociedad. Lo pone de relieve su carta a los dominicanos, hecha pública después del golpe que le derrocó en 1963:
"Al Pueblo Dominicano:
Ni vivos ni muertos, ni en el poder ni en la calle se logrará de nosotros que cambiemos nuestra conducta. Nos hemos opuesto y nos opondremos siempre a los privilegios, al robo, a la persecución, a la tortura.
Creemos en la libertad, en la dignidad y en el derecho del pueblo dominicano a vivir y a desarrollar su democracia con libertades humanas pero también con justicia social.
En siete meses de gobierno no hemos derramado una gota de sangre ni hemos ordenado una tortura ni hemos aceptado que un centavo del pueblo fuera a parar a manos de ladrones.
Hemos permitido toda clase de libertades y hemos tolerado toda clase de insultos, porque la democracia deber ser tolerante; pero no hemos tolerado persecuciones ni crímenes ni torturas ni huelgas ilegales ni robos porque la democracia respeta al ser humano y exige que se respete el orden público y demanda honestidad.
Los hombres pueden caer, pero los principios no. Nosotros podemos caer, pero el pueblo no debe permitir que caiga la dignidad democrática.
La democracia es un bien del pueblo y a él le toca defenderla. Mientras tanto, aquí estamos, dispuestos a seguir la voluntad del pueblo. Juan Bosch. Palacio Nacional".
Estas palabras retratan a un hombre que ambiciona cualquier cosa menos un cambio violento, y en la medida que este no sea así, podrá ser calificado de revolucionario, si se quiere, por sus causas y por sus efectos, pero no por sus métodos, más parecidos a la ruptura pactada que vivimos durante la Transición española que a una revolución propiamente dicha. Sobre esto insistiré en breve.
Otros apuntan la deriva intelectual que Bosch tuvo hacia el marxismo, desencantado como estaba de experimentos aparentemente democratizadores que no acababan de solucionar los problemas de su muy querida América; y no son pocos, también, los que han querido utilizarle para justificar las políticas populistas, ahora tan en boga en el subcontinente. Pero Bosch fue cualquier cosa menos un populista demagogo. Si apoyó el proceso cubano, presidió el tribunal Russell y participó en cuantos congresos antiimperialistas se celebraron en los años setenta fue porque su análisis intelectual le llevó a la convicción de que los males latinoamericanos se fundamentaban en la esquizofrénica relación que los Estados Unidos mantenían con lo que se consideraba el patio trasero del imperio.
La guerra del Vietnam acrecentó en él su rechazo a las políticas de la Casa Blanca y es posible que su pensamiento se haya deslizado hacia el marxismo teórico en algunas de sus reflexiones. También algunos de sus amigos y conocidos políticos, por ejemplo Haya de la Torre, el fundador del APRA peruano, se consideraban marxistas, como lo fue el alcalde de Madrid por el PSOE Enrique Tierno Galván. Otros en cambio, José María Figueres, en Costa Rica, o Rómulo Betancourt, en Venezuela, encajarían mal en esa definición. En cualquier caso nada hay en los escritos de Juan Bosch, ni mucho menos en su acción como agitador y conductor de masas, que permita identificarle sino como un demócrata de los pies a la cabeza. Su ejemplo ético, su honestidad intelectual, su preocupación por las formas, su extensa cultura y su peripecia vital lo retratan como alguien enamorado de la libertad y obsesionado por la lucha en pro de la justicia social y contra las desigualdades. No fueron pocos, quizá pueda decir que no fuimos pocos, quienes en los años sesenta y setenta padecimos el sambenito de ser considerados comunistas por cosas así, lo que justificaba entonces todo tipo de represiones por parte de la autoridad constituida.
Sin duda, Bosch tuvo que elegir muchas veces entre la controversia aparente que suscitaban los dictados de su razón frente a la realidad que le había tocado vivir y gestionar. Si hubiera sido un Maquiavelo, o simplemente un cínico, podría haberse permitido vivir con cierta holgura intelectual su compromiso político. No otra cosa hizo, al fin y al cabo, el presidente Balaguer, trujillista converso -o quizá no tanto-, que después de ser un auténtico valido durante la dictadura se las apañó para ser reelegido repetidas veces como presidente democrático. Si, por otra parte, Juan Bosch se hubiera dejado arrastrar por la pasión del populismo o por la obcecación en las ideas, quién sabe si estaríamos ahora venerando a un mártir, pero es seguro que no podríamos celebrar, como hoy lo hacemos, la lucidez de sus análisis y su contribución a la concordia y a la causa de la paz.
A mí siempre me pareció un socialdemócrata a su estilo, frente al anquilosamiento hipócrita del socialismo oficial de la época; y aunque algunos puedan encontrar paralelismos entre su figura y la de Salvador Allende, con quien sostuvo una relación no muy intensa, o aunque inicialmente se entusiasmara con la revolución castrista, su posibilismo ético le llevó a intentar lo que resultó imposible en su tiempo: la modernización de la República Dominicana, frustrada por las fuerzas del imperialismo al uso, el militarismo de la época y la codicia de los poderosos.
Me parece interesante recordar por eso cómo fue aquella comparecencia suya en Madrid, el 14 de abril de 1967, un día en el que se cumplían puntualmente los cuarenta y seis años de la proclamación de la Segunda República Española. Bosch era hijo de español. Su padre fue un albañil nacido en Tortosa. De joven, don Juan fue enviado por la familia a estudiar y trabajar en Barcelona. Su suegra era gallega. En resumen, mantuvo siempre un vínculo entrañable, verdaderamente sentido, con nuestro país. Lector empedernido de nuestros clásicos, se sabía de memoria extensos pasajes de El Quijote y lucía en su prosa un atrayente mestizaje entre la concreción extrema de su castellano absolutamente depurado con el barroquismo del habla popular del Cibao dominicano. Pese a todo ello, la primera vez que habló en público en España fue en febrero del mismo año 1967, en un colegio mayor de la capital ante un auditorio universitario y en el marco de unas jornadas dedicadas a su país.
En aquella ocasión trató de explicar lo que él consideraba como la "arritmia histórica" de la República Dominicana. Los asaltos de los corsarios -los famosos piratas del Caribe- durante el siglo XVI dificultaron siempre la relación de la isla con la metrópoli y la revolución francesa de finales del XVIII, con la consiguiente absorción por Francia y la recuperación, más tarde, de la isla por los colonos españoles, generó un retraso comparativo respecto a la evolución del resto de las naciones de su entorno. Esa arritmia histórica, en su opinión, venía motivada por el hecho de haber sido la isla siempre frontera del imperialismo, y haber estado sometida a mayores violencias, ultrajes y peligros que otros territorios de la corona de España. Después, en abril del citado año, frente a un auditorio multitudinario congregado en la sede del diario Pueblo, Bosch hizo pública su condición de revolucionario... sí, pero de revolucionario tranquilo o no violento, como antes he explicado. "América Latina tiene una larga tradición de lucha -dijo-. Cuarenta y dos mil infantes de Marina (los libros de Historia hablan ahora de veintitrés mil, pero a los efectos es lo mismo) pudieron poner fin a la revolución dominicana, pero ni con cuarenta y dos millones de hombres se podrá poner fin a la revolución de Latinoamérica. Lo que hay que hacer, pues, es anteponerse a esta revolución y lograr que se haga no violentamente, sino institucionalmente. Para que nuestros hijos, sin tener que ir a morir, puedan vivir en la justicia y la libertad".
Hay que tener en cuenta, por lo demás, el momento en que todo esto sucedía. Entre la izquierda europea todavía no se habían disipado las esperanzas puestas en el experimento cubano y en los procesos de descolonización en África. La teoría del foquismo, ideada por Ernesto Che Guevara, se extendía como un reguero de pólvora por toda América. ¡Hagamos mil Vietnam en ella!, reclamaban los jóvenes, mientras algunos curas partidarios de la teología de la revolución se incorporaban a las guerrillas. La revolución estaba tan de moda que hasta un conservador reformista como el presidente demócrata cristiano de Chile, Eduardo Frei, llegó al poder bajo un eslogan de campaña que rezaba: "Revolución en libertad".
En la España en la que Juan Bosch lanzó su grito... gobernaba todavía Franco, y lo habría de hacer aún durante casi una década. Sin embargo, aquí la palabra revolución tampoco estaba proscrita por la censura, entre otras cosas porque, oficialmente, el régimen constituía una de ellas, y los escritos oficiales, las arengas y proclamas desde las tribunas del poder se cancelaban con una jaculatoria inequívoca: "Por Dios, España y su revolución nacional sindicalista". Una revolución que en realidad no era sino una contrarrevolución, algunos de cuyos representantes más conspicuos acudieron a escuchar a don Juan.
En el auditorio estaban entre otros el general García Valiño y Jesús Suevos (este era uno de los teóricos más avezados del franquismo), pero también Jorge Antonio, secretario particular y hombre de confianza de Juan Domingo Perón, y el escritor Ángel María de Lera, quien publicaría después una entrevista con Bosch en el ABC, líder entonces de la prensa española, en la que se ponía de relieve el abismo que aún existía, pese al famoso boom, entre la literatura latinoamericana y la de la península Ibérica. "Todas nuestras respectivas literaturas forman una sola, pero no hemos conseguido darle la unidad precisa dentro de su diversidad", comentaba el ex presidente. Para añadir: "Es una lástima y una falta imperdonable, porque no sabemos hacer uso de ese gran instrumento universal que es nuestra lengua común. Ello nos debilita enormemente frente a la presión de otras culturas, la anglosajona, por ejemplo".
Durante décadas venimos discutiendo sobre esa diversidad (étnica, política, económica) de América Latina y su unidad cultural a través del castellano. Durante siglos anduvimos enredados en saber si el archipiélago de sus naciones está unido por el mar del español más que fragmentado por las trifulcas locales, los nacionalismos provincianos y el culto a una diversidad legítima que, en nombre de la diferencia, sojuzga a veces la única gran conquista de la civilización en los dos últimos siglos: el concepto de igualdad de todos los ciudadanos ante la ley. Y, como tal ciudadano, Bosch lo fue de toda la América Latina, creía en su integración, en la necesidad de observar políticas y enhebrar sueños comunes, y de confrontar el imperialismo de la época, que denunció con decisión y brillantez.
En mi prólogo, antes citado, a El pentagonismo me refería precisamente a ello: "Han pasado cuarenta años desde que don Juan diera a la imprenta aquellas cuartillas en las que denunciaba el creciente poder del complejo industrial-militar americano, inicialmente desvelado por el propio general Eisenhower. Durante estas cuatro décadas el mundo experimentó considerables transformaciones: el Hombre conquistó el espacio; los Estados Unidos sufrieron una humillante derrota en Vietnam; asistimos a la revolución digital; cayó el muro de Berlín y contemplamos la emergencia de China como gran potencia. Sin embargo, el análisis de esa obrita acerca del militarismo de la política americana continúa de actualidad (...). La descripción que hace Bosch del sistema de toma de decisiones en la Casa Blanca tiene una vigencia sorprendente, lo que pone de relieve que los vicios por él denunciados no responden a errores de coyuntura o fracasos momentáneos. Constituyen tendencias de fondo de la democracia americana", que, añado yo, ahora esperemos pueda corregir el presidente Obama más pronto que tarde.
Resaltaba Bosch la necesidad que históricamente ha tenido Washington de argumentar ideológicamente sus intervenciones armadas. Pero tras la terrible matanza de las Torres Gemelas, la Casa Blanca no precisó de argumento alguno para justificar sus ataques a los campos de entrenamiento de terroristas en Afganistán, y no hubo protestas en los países democráticos por la intervención en dicho país. Antes bien, se generó una ola de solidaridad y apoyo hacia los Estados Unidos. Ese capital de simpatía y amistad fue dilapidado más tarde por el presidente Bush. La posterior invasión de Irak demostró que el pentagonismo estaba dispuesto a utilizar la amenaza terrorista como pretexto para imponer su propia estrategia.
Para comprender los análisis de Bosch respecto al papel desempeñado por Estados Unidos en América Latina y el Caribe es preciso remontarse a la llamada doctrina Monroe. El presidente James Monroe, tan temprano como en 1823, y ante el derrumbe del imperio español en aquellas tierras, advertía a las potencias europeas de que cualquier intento de extender su influencia en el hemisferio occidental sería considerado como "peligroso para la paz y la seguridad" de los Estados Unidos. Theodor Roosevelt utilizó la doctrina Monroe para justificar, a posteriori, la intervención americana en la guerra de Cuba. Y más tarde el demócrata Woodrow Wilson, que decidió la entrada de su país en la Primera Guerra Mundial "a fin de salvar la democracia en el mundo", se sirvió de similar argumento a la hora de enviar tropas a las jóvenes repúblicas caribeñas y centroamericanas, todavía "no preparadas para la democracia", según los analistas de la época. Los ejércitos y policías locales organizados por los marines en países como Nicaragua o República Dominicana fueron la base utilizada por los comandantes de turno, Somoza y Trujillo, para encaramarse al poder y ejercerlo de forma absolutamente tiránica.
La idea de convertir a los Estados Unidos en una especie de policía global de la democracia, y de exportar ésta como si de un bien de consumo se tratara, por ingenua o cínica que parezca, viene de antaño y se inscribe en la tradición política de la gran potencia. Las funestas consecuencias de semejante visión del mundo las conocemos todos. Michael Reid, que durante muchos años se desempeñó como corresponsal del The Guardian y The Economist en la zona, describe en su libro Forgotten Continent de forma muy interesante estos procesos. Y al hilo de ellos especula con una anécdota protagonizada por el presidente Johnson a la hora de ordenar la invasión de República Dominicana en 1965, según él en defensa de las vidas y bienes de los norteamericanos residentes en la isla. Johnson aseguró públicamente que había tomado tan grave decisión cuando supo que "había cuerpos sin cabeza tirados en las calles de Santo Domingo". Como sus opositores y la prensa le desafiaron a que demostrara semejante aserto, llamó a su embajador y le ordenó sin más: "Por Dios bendito, es absolutamente necesario que encuentre algunos cuerpos sin cabeza". El resultado de todo ello, señala Reid, es que no hubo una auténtica democracia en ese país hasta bien entrada la década de los noventa. Llegó de la mano de los seguidores de Juan Bosch.
Admiré de él su honestidad como político, su lucidez intelectual y su extensa cultura. No tuvo miedo en llamar a las cosas por su nombre y luchó con coraje por un mundo más justo y pacífico. Nos ofreció un ejemplo de honestidad y coherencia en un ambiente destruido por la corrupción. Cuando le conocí, vivía más que discretamente en un apartamento de Benidorm acompañado de su esposa y sin ningún tipo de ayuda doméstica. "No puedo pagar ni siquiera un secretario", me dijo. "Soy un hombre pobre, muy pobre". Menos de lo que él creía, pues su estela es perdurable y nos dejó un legado inmenso de solidaridad y de dignidad.Ir arriba
Con don Juan, establecí una amistad ininterrumpida desde el año de 1968, de agradecimiento, de gratitud, de convivencia. Lo conocí en un momento de la izquierda cuestionante y radical. Lo traté en París; siete días interminables compartiendo con el Maestro. El Maestro fue el primero que me preguntó:
¿Y siempre vas para Cuba?
-Sí Maestro.
-Tú sabes que el mundo ha cambiado, y que muchos de ustedes no se han dado cuenta, no han percibido que esa forma de luchas aisladas de la población están llamadas al fracaso.
Yo algo percibía, pero no estaba convencido de las palabras del Profesor.
-Déjeme ir, ver, observar y aprender; nadie aprende por cabeza ajena. Nadie aprende por cabeza ajena, le dije; ni siquiera por la cabeza lúcida de usted, Maestro.
Y en ese sentido, establecimos una amistad que trascendió más allá de la vida y que se sostiene, no en una fe religiosa que no tengo, sino en una fe en el porvenir de los pueblos cuando luchan contra la pobreza con hidalguía y con capacidad sumatoria. Esa conversación de siete días en París, donde yo le confesaba al Profesor Bosch que iba hacia Cuba, no a rezar sino a convivir y aprender y aprender no de la economía, no de la experiencia sino de la lucha armada.
Fue la primera vez que yo le pedí encarecidamente al gobierno cubano que nos facilitara posibilidad concreta de irnos a entrenarnos junto con los compañeros de Caamaño. Por razones que no hay que dilucidar en este momento, eso se cumplió, pero no directamente con el coronel Caamaño que estaba compartimentado, y serían en meses posteriores cuando se cumpliría la cita con el comandante Román.
Teniendo presentes las palabras del profesor Juan Bosch, transcurrido un tiempo prudente, yo pedí mi salida de Cuba, veía que los días se postergaban y algunos compañeros llegaron a tener hasta siete años -si no me equivoco Wellington- en los ejercicios militares, queriendo vivir una guerra que era de fantasía, segregados de la población y donde se vivía una vida torturante y angustiosa, porque los planes ya habían sido postergados, y todos nosotros no lo habíamos percibido.
Sin embargo, Juan Bosch, desde París, con la delicadeza y precisión de su extraordinaria inteligencia, nos lo había advertido diciendo: ya ahí no hay nada que buscar; el mundo ha cambiado. Cuando regresó tuve que confesarle al profesor Bosch que iba a seguir al lado de él, pero desde otra trinchera. Y así lo hice. Nunca hubo una discusión entre nosotros, mas sí muchas confesiones y lloros, porque nos habíamos comprometido, ambos, a plasmar lo que él en su adolescencia le escribió a su amigo entrañable Mario Sánchez, el padre de Natacha Sánchez, diciéndole a los catorce años: Ya sé lo que quiero en la vida, amigo Mario, ser grande en la literatura y más grande en la causa al servicio de mi pueblo. En apenas esos catorce años ya él había deslumbrado al mundo como pichón de escultor.
Precisamente, aquí hay un rostro que fue trabajado por él, con la pasión del artista y el vínculo que tiene un padre para su hijo, me refiero a Patricio. Ahí podemos ver cómo un hombre sin escuela tenía la madera para ser un gran escultor, a lo que aspiraba ser, pero sacrificó su genio de artista, su genio de escritor, logrando ser un gran escritor, pero su pasión indeclinable: fue la política.
Y fue el partero de dos grandes partidos. Y es el emblema sostenido de los mejores intereses de este pueblo. Los pueblos nunca saben lo que quieren hasta que lo pierden. Mucho más tiempo pasa, más grande es Juan Bosch.
Un día, en plena lucidez del Maestro, lo cuestioné, porque había una relación de afecto entrañable entre nosotros dos. Como dijo Diomedes, esta era su propia casa, y cuando no me encontraba aquí, me esperaba en la casa con un perro que se llamaba Samuel, diciendo que se había hecho larga la espera.
-Usted no me dijo que venía, le decía yo. Pero ya estoy aquí.
Don Juan, ¿cómo un hombre tan lúcido en la campaña del `63, que descodificó de manera tan clara la lucha de clases, que identificó al tutumpote del hijo de machepa, que hizo de la enseñanza un mandato y practicó el aprendizaje a ultranza, fue tan errático en su campaña del año 1966? Así era como conversábamos él y yo.
-No, yo no fui errático. Ustedes - y ahí él se separaba un poco de distancia de mí-, ustedes pensaron que en el año 1965 se había conquistado el cielo por asalto; no -era una frase de Marx un poco cambiada, porque Juan Bosch nunca dejó de estudiar, nunca dejó de enseñar y nunca se cansó de aprender-, no, ustedes los de la izquierda pensaron que ganaron la guerra.
-Yo sabía que por la posibilidad de llegar al poder se introdujeron 42 mil marines estadounidenses en la República Dominicana, y ustedes, incautos, ingenuos, sin experiencia política cantaban la continuidad de una guerra, no percibían que éramos un país que había perdido su soberanía política, y como yo lo entendí, y la izquierda no lo entendió, yo hice una campaña para perder, óyete bien Miguel, para perder, no porque tuviera miedo. Tú sabes mejor que yo, que yo tengo valor cívico, no como ustedes que son temerarios, pero tengo valor cívico. Cuando creo en algo estoy dispuesto a pelear hasta la muerte por lo que creo.
-Y como ustedes no habían percibido esa realidad, yo tracé una estrategia de no salir a la calle, de hablar tanto sólo por radio y televisión, en el convencimiento de que tenía que perder, porque si yo hubiera ganado las elecciones, nosotros hubiéramos sido el segundo Estado Libre Asociado del Caribe, porque las fuerzas norteamericanas no iban a dejar el país en manos de ideas progresistas.
-Tal vez ahora, algunos lúcidos, yo no sé si tú estás entre ellos, valorarán ese acto de sumo sacrificio y de real lealtad a las ideas y las causas del pueblo dominicano.
Ahí comencé yo a ver la grandeza de Juan Bosch. ¿Para qué luchar y alcanzar glorias personales, cuando hay que cuidar y proteger el futuro de un pueblo? Yo creo, estoy convencido de, que Juan Bosch ha sido, y sigue siendo, el mejor maestro, el mejor compañero y el más desprendido de nuestros políticos.
Murió como vivió, en la estrechez económica, y la asumió no como un blandón, sino con la entereza del apóstol. Si Cuba tuvo un Martí, Juan Bosch es nuestro Martí. Fue a la política para servir, y no para servirse; dio muestras permanentes de compañerismo, de lealtad y hermandad, y quien les expresa eso a ustedes, fue una persona que siempre le rechazó la propuesta de la militancia en el PLD. Y se la rechacé no por requerimientos ideológicos.
Yo había decidido mucho tiempo atrás que mi destino iba detrás del destino de Juan Bosch, sin deseo de predominancia, y sí con el convencimiento pleno de mi lealtad a ese señor que nace cada mil años. Yo no le acepté la distinción de la militancia por lo mismo que le dije:
-Don Juan, usted y yo somos hermanos, amigos; usted viene todos los días a esta editora; ahí está Niurka, ahí está Darío, ahí hay tantos compañeros de trabajo que no me dejan mentir. Yo sé que el Presidente de la República venía también asiduamente aquí a trabajar, no a hablar, a trabajar. Y en ese sentido yo no me atrevía a decirle, Don Juan, usted y yo somos hermanos, amigos, y si somos compañeros de militancia a los quince o veinte días usted me va a botar, usted me va a botar porque vamos a pensar en cosas diferentes y entonces yo voy a perder lo más importante de mi vida que es su amistad.
-Por qué tú dices eso?
-Porque yo quiero todavía tener la diferencia con esa figura antológica de la vida y el pensamiento dominicano, y no pelear... yo quería seguir aprendiendo de ese hombre, que como todos los hombres tenía defectos, pero cuando comparamos sus defectos con su grandeza, eran defectos reducidos. Y aquí se aplica la frase de Martí: los hombres como el sol tienen manchas; los malagradecidos sólo hablan de las manchas; los bien agradecidos, hablan de su luz.
Juan Bosch amilanó, redujo, diluyó sus defectos ante las grandezas de sus aportes, de su desprendimiento y de su sabiduría.
En el año 1994 tuvimos una gran discusión.
-Don Juan, hay que retirarse de la vida política activa; el calendario ha hecho estragos en usted. Una enfermedad que se extiende en el mundo sin medicamentos seguros, había tomado su gran cabeza de educador, luchador y maestro.
Me dijo:
-Yo sé lo que tengo. Tú mismo buscaste los médicos en España para que hicieran el estudio. Pero si yo no voy el PLD va a quedar tan reducido que va a ganar el PRD, y no me mueve un antagonismo personal para evitar que gane el PRD. Yo sé lo que esa gente va a hacer en el gobierno y yo no quiero ser cómplice indirecto de esa vileza. Y ahora que tú me exhortas a que yo no sea candidato, ¿y si yo te digo que voy de todos modos?
Y le dije:
-Yo lo apoyo a usted en la irracionalidad y en la muerte.
Esto solamente se lo he referido a escasas personas, y es mi sentido de la lealtad. Y cuando la vida me ha obligado a tomar parte en un diferendo entre amigos, yo prefiero eximirme del enfrentamiento y pasar a un segundo plano, hasta que el conflicto se diluya.
Hoy tenemos un Presidente y un candidato de esos que como Juan Bosch nacen cada mil años, porque no solamente basta nacer, acto fortuito de la naturaleza; hay que formarse, hay que aprender de las adversidades de la vida, y hay que vivir de cara al sol con hidalguía. Juan Bosch es el Maestro, es el guía, olvidémonos de las pasiones que motivaron accidentes de su existencia y edifiquemos su inmortalidad, porque esa es la mejor grandeza...
Muchas gracias.Ir arriba
Juan Bosch representa la última línea de políticos que pelearon por sus ideales hasta la muerte en América Latina, un intelectual en lucha contra las dictaduras que nunca quiso doblegarse ante las concesiones, y que al mismo tiempo empleó su sensibilidad de escritor para el oficio de la política, pero tratando de separar ambos terrenos siempre, poniendo de por medio su convicción de que es mejor no servir a dos señores. Por eso, mientras estuvo en el gobierno, o dedicado a la política dentro de su patria, dejó de escribir, y ya fue para siempre. Su legado literario es hondo, igual que el de su dignidad como hombre de reflexión y de acción. Fundó toda una escuela en el cuento vernáculo, al cual le dio un tinte moderno, una escuela que creó, y se va con él.
En 1961 el profesor Juan Bosch vivía en Costa Rica una de las etapas del largo exilio que lo había llevado por distintos países. Fue el año en que lo conocí. Era entonces un desterrado emblemático del Caribe revuelto, que al tiempo que escribía cuentos ejemplares reclamaba una alternativa democrática para la República Dominicana, dominada por un tirano a su vez emblemático, el generalísimo Rafael Leónidas Trujillo, quien solía aparecer en las fotografías suyas que imprimían los periódicos de Nicaragua, con un bicornio coronado por un airón de plumas de avestruz, y metido en un uniforme fúnebre entorchado de bordaduras de oro, todo copiado de algún viejo figurín de pompas militares.
Emblemáticos los dos, pero cada uno por su propio lado, representantes de mundos contrapuestos. Pero las fanfarrias y los disfraces de Trujillo no lo eran todo. Más siniestro que su uniforme de opereta era su modo de manejar los hilos del poder, entre el envilecimiento, el terror y el halago, y su mano sabía alcanzar a sus enemigos por muy lejos que se hallaran. Así Había ocurrido con el atentado que su policía secreta urdió para matar al presidente de Venezuela Rómulo Betancourt en 1960, haciendo detonar al paso de su caravana un coche cargado de explosivos. Betancourt sobrevivió, con quemaduras, y aquel atentado marcó el inicio del fin de Trujillo, porque perdió el favor de los Estados Unidos de Kennedy y la OEA lo puso en cuarentena.
El profesor Bosch se hallaba en Caracas para entonces, y ese mismo año en que empezaba el ocaso de Trujillo, él escribía el último cuento de su vida, “La mancha indeleble”. En adelante, el torbellino de los acontecimientos, en los que quedó envuelto, lo sacaría para siempre de la literatura. Pero como quiero explicar luego, no sólo los acontecimientos lo empujaban fuera, sino su propia convicción ética que envolvía por igual la literatura y la política.
Cuando lo conocí en el mes de mayo de aquel año de 1961, el profesor Bosch enseñaba historia de América Latina en la escuela que la hermandad de líderes socialdemócratas -José Figueres, Muñoz Marín, Haya de la Torre, Rómulo Betancourt, y él mismo- habían abierto en San Isidro de Coronado, un poblado del valle central cercano a San José, para entrenar a jóvenes dirigentes políticos del continente. Yo venía de participar en un congreso centroamericano de estudiantes celebrado en Panamá, y me detuve a visitar a amigos nicaragüenses que estudiaban en la escuela. Uno de ellos, Julio López Miranda, me presentó delante de don Juan como escritor, y él se complació mucho en sentarse conmigo a compartir una taza de café, y aleccionarme por una media hora sobre el arte de escribir cuentos, oficio en el que yo me iniciaba entonces.
Recuerdo su figura delgada, sus ojos celestes, sus anteojos de marco de carey, su pelo rizado prematuramente cano, y su acento neutro, que no tenía ningún deje caribeño. Todo el mundo le decía “el profesor”, y por la forma didáctica de explicar sus convicciones, fueran políticas o literarias, hacía honor al nombre.
Así pude escuchar, expuestas de su voz, sus ideas acerca del cuento, las mismas que había escrito en sus “Apuntes sobre el arte de escribir cuentos”, publicados en El Nacional de Caracas en 1958. Era para entonces un cuentista consumado, que no faltaba en ninguna antología latino-americana del género, un cuentista sobre todas las cosas, aunque escribió dos novelas: La mañosa (1936) y El oro y la paz (1976); y se sentía muy a sus anchas y muy señor de su territorio al señalar las reglas de un arte que había practicado desde sus veinte años, cuando escribió sus primeros cuentos, entre ellos “La mujer”, que encabezó su primer libro, “Camino Real”, publicado en La Vega en 1933. Cuando en 1942 escribió “El río y su enemigo”, se había dicho: “ahora ya domino este género y hago con esto lo que quiera”. Eran unas reglas que esbozadas en su tono cordial, parecían muy simples: persistencia en el tema central, extraer al tema elegido las consecuencias últimas, con garra de animal de presa, hacer que el relato conserve el tamaño de su propio universo, no darle medidas fraccionadas y distintas, y un final siempre sorpresivo para el lector, todo resumido en la frase lapidaria de Horacio Quiroga “el cuento es una flecha dirigida rectamente hacia el blanco”. A ese conglomerado, supo siempre agregar una más, aunque no la proclamara, y que seguramente aprendió de Chejov, al que tanto admiró: el cuento tiene siempre como personaje a los pequeños seres.
Los otros de quienes aprendió mucho, según él mismo confiesa, fueron Guy de Maupassant, Sherwood Anderson y Rudyard Kipling, de quien siguió siempre el estricto consejo de que el arte de escribir consiste en borrar palabras. Esas reglas suyas ya las había descrito desde mucho antes, cuando en 1944 publicó en La Habana, una de sus primeras estaciones de exiliado, su “Teoría sobre el cuento”… Abandonar para siempre la literatura resulta extraño en alguien que apenas sobrepasados los cincuenta años se encuentra en su plenitud creativa.
Pero los acontecimientos se aceleraron. A los pocos días, ya de vuelta yo en Nicaragua, mataron a Trujillo en Santo Domingo, un acontecimiento decisivo en la vida del profesor Bosch. Volvió triunfante, y resultó electo al año siguiente Presidente de la República con más del sesenta por ciento de los votos, en las primeras elecciones libres que la República Dominicana conocía en toda su historia. Tomó posesión en febrero de 1963, y siete meses más tarde fue derrocado por un golpe militar encabezado por el General Wessin y Wessin, bajo la misma vieja justificación de que se trataba de un gobierno de inspiración comunista.
Exilio y escritura se habían convertido para él en una unidad indisoluble, aunque al mismo tiempo se mantuviera en lucha contra la tiranía. Salió al destierro hacia Puerto Rico en 1937, el mismo año de la matanza de los braceros haitianos ordenada por Trujillo; dos años más tarde fundó desde La Habana el Partido de la Revolución Dominicana (PRD), y fue participante de varios movimientos armados, el más importante de ellos la expedición de Cayo Confites en 1947. Pero al volver a su patria tras el fin del trujillato dejó de escribir. Las reformas que desde la presidencia quiso imponer a la realidad arcaica de su país, vistas a la luz de hoy parecen moderadas, tan moderadas como lo fueron las que Jacobo Arbenz había querido para Guatemala una década atrás, y que le costaron también el derrocamiento y el exilio. No podía haber flores de invernadero en el páramo de la guerra fría. Y el hecho de que un escritor fuera depuesto por un golpe militar no venía a resultar nada nuevo en América Latina. Era lo mismo que le había ocurrido al novelista Rómulo Gallegos en Venezuela en 1948, víctima del cuartelazo que tras pocos meses de su toma de posesión dio paso a la dictadura del General Marcos Pérez Jiménez.
Si la democracia era un concepto sospechoso bajo los términos de la guerra fría, más sospechosos aún resultaban los intelectuales, que junto con la necesidad de democracia planteaban reformas a las estructuras sociales, despertando la alarma tanto en el Departamento de Estado de los Estados Unidos, como en los cuarteles de los ejércitos que, como los de la República Dominicana, Haití y Nicaragua, eran herederos de las fuerzas de ocupación norteamericanas. Su vida seguiría siendo tan azarosa como antes, durante sus pocos meses en el poder, y luego exiliado otra vez en Puerto Rico, hasta donde lo alcanzaron en 1965 los ecos de la rebelión nacionalista que trajo como secuela la intervención militar norteamericana ordenada por el presidente Lyndon Johnson. Esa rebelión, encabezada por el coronel Francisco Caamaño en nombre de una facción juvenil del ejército que seguía siendo dominado por los viejos generales trujillistas, pretendió restablecerlo en el poder.
La historia, que parece imaginada por los novelistas, o por los cuentistas, había puesto en su camino a aquel joven oficial, encargado de custodiarlo durante el viaje del barco que lo había llevado al destierro en septiembre de 1963, y que ahora quería devolverlo a la silla presidencial. El hecho de que no volviera a escribir un solo cuento, su oficio de toda la vida, tiene que ver seguramente con su concepción ética de la literatura. Aún consciente de que sin atributos artísticos verdaderos una pieza literaria no es importante para nada, ni siquiera como recurso de propaganda, y muy dueño de un arte que había practicado a conciencia, capaz aún de definir sus reglas, siempre estuvo convencido de que la literatura debía servir para un fin moral, yo diría pedagógico, tal como él mismo se coloca dentro del universo didáctico de Eugenio María de Hostos (1839-1903), proclamándose desde su juventud un hostosiano, bajo la convicción de que las dos palancas que mueven al mundo son la moral y el trabajo; una de sus tareas del exilio en Puerto Rico y Cuba sería, precisamente, dirigir la edición de las Obras Completas de Hostos, uno de los mentores del positivismo en América Latina.
“Hostos fue para mí un maestro a través de su obra”, dice él mismo. “…Él transformó mi destino. Antes de leer la obra completa de Hostos yo era un proyecto de hombre...un proyecto de hombre que quería hacer algo por su pueblo y por los pueblos latino-americanos. Pero no sabía cómo...”. De modo que esas ideas sobrevivieron siempre en él, en sus tiempos de adhesión a la social democracia, y aún en sus tiempos posteriores de adhesión al marxismo. Esta finalidad ética la define al elegir el universo de sus cuentos, que es el del medio rural dominicano, el de los campesinos del Cibao, la región donde nació en el año de 1909 en el poblado de La Vega, hijo de un inmigrante catalán, que de albañil pasó a comerciante, y de una portorriqueña.
Su visión del mundo -moral, política, literatura- es integral, y cuando tuvo la oportunidad de ejercer el poder, quiso hacer desde el gobierno lo que había venido haciendo toda su vida con la literatura, reivindicar un mundo atrasado, olvidado, oprimido, hacerle justicia. Era el mundo de los campesinos que había conocido en el Cibao desde su infancia, minifundistas dueños de pequeños conucos, colonos y aparceros, y también campesinos sin tierra, y braceros haitianos, todo un universo tejido de costumbres ancestrales, supersticiones, códigos de honor, siempre en lucha con los elementos, y también con la civilización, y carne de cañón de las montoneras y de las guerras civiles, víctimas de la ley impuesta por los latifundistas, y víctimas, sobre todo, de la miseria ineluctable que acarreaba, antes que nada, la muerte. “La muerte era el gran personaje de la vida campesina”, dice. Cuando se fue al exilio en 1937, quedó intacto en su memoria este mundo que pronto sería teñido con los colores del trujillismo; lo fue recreando siempre en sus cuentos, desde la lejanía, y así permaneció hasta que volvió a él por la puerta del poder político, con afán reivindicatorio. Está visto que fracasó en esta tarea, que era todo un experimento social y democrático muy nuevo en un país atrasado, y ultrajado por décadas, porque su visión política idealista no fue tan eficaz como la que desarrolló en sus cuentos, y chocó rápidamente con la realidad heredada por el trujillismo que seguía presente en la sociedad dominicana, y principalmente en el ejército obediente a la filosofía de la guerra fría, que lo derrocó sin demora. Después, siguió sin haber tiempo ni circunstancias de volver a la literatura.
Regresaría del exilio en 1965, tras la revuelta abortada del Coronel Caamaño. Sería otra vez candidato presidencial en las elecciones de 1966, derrotado por el doctor Joaquín Balaguer, heredero del trujillismo, y abandonaría en 1973 el partido que él mismo había fundado, para organizar uno nuevo, el Partido de la Liberación Dominicana (PLD), y dos veces más se presentaría como candidato, ya sin éxito. Sería, como se ve, una vida marcada por la política, y por sus infortunios. La literatura era para él un oficio serio, que no podía compartirse con la política. Se podía ser ambas cosas a la vez, pero no ambas cosas a un tiempo, y ésta es una regla sabia: “No es cierto que la política perjudique a la literatura. Lo que ocurre es que la política es una actividad a la cual hay que dedicarle todo el tiempo y la literatura también es una actividad a la que hay que dedicarle todo el tiempo... de manera que para realizar la actividad literaria y la política al mismo tiempo, cualquiera de las dos es excluyente de la obra...”.
El mundo que le sobrevivirá es el mundo del Cibao, el que permaneció en su memoria, porque está en sus cuentos, la única manera en que pudo exponerlo, y en fin de cuentas reivindicarlo. Lo escogió deliberadamente, más allá de la moda y costumbre de aquellos años de forja de una literatura latino-americana que buscaba su identidad en la naturaleza y en el paisaje, y en los seres que habitaban esa naturaleza y ese paisaje. De esa pretensión de organizar un universo autóctono, distinto al que reflejaba la literatura europea, para ir por ese camino hacia una identificación de lo propio, que ofreciera sustento y sirviera como argamasa de las nacionalidades por construir, nacieron todos los “ismos” de color local, criollismo, regionalismo, que abordaban de manera equivocada el universo rural que se ofrecía a los ojos del escritor en todo su esplendor y en toda su complejidad. Bosch sabe ir al encuentro de ese mundo porque lo reconoce en su complejidad, y no lo banaliza nunca. Lo entiende en el conjunto de sus elementos atrayentes, desde el conocimiento de sus fuentes, no porque sean pintorescos, sino porque es capaz de transformar la realidad que queda en sus propios recuerdos en materia literaria, la compleja operación que lo hace verdaderamente un escritor.
Lejos de quedarse en una propuesta pintoresca, para ser resuelta en excentricidades del habla, o en juegos continuados de metáforas, el mundo rural ha estado allí, no sólo como paisaje, para quien quisiera entender su verdadera dimensión. A lo largo del siglo XX, y sobre todo en la primera mitad que le toca literariamente a Bosch, ese mundo rural es dominante en nuestra realidad, y trastoca aún lo que llamamos nuestra cultura urbana. Es de la sobrevivencia de sus valores arcaicos, transfigurados en la vida cotidiana, que surgirá el asombro de los contrastes que da paso a esa entidad que ha dado en llamarse realismo mágico. Y al tocar esos elementos como habitante de ese mundo, y no como visitante, es que Bosch da con las primeras claves de la literatura moderna que seguirá teniendo por escenario ese mundo rural, como podemos verlo en cuentos suyos como “Fragata”, la historia de la prostituta gorda que acarrea sus enseres en una carreta de bueyes, y que preludia a “La Cándida Eréndida y su abuela desalmada”; como “Dos pesos de agua”, que está grabado con buril tenebroso, en negro profundo, como un aguafuerte de Goya, las ánimas del purgatorio entre las llamas, chillando como arpías que deciden la suerte de los pequeños seres que penan abajo; o como el espléndido retrato de su abuelo materno, un gallego también de nombre Juan, que está en el cuento “El abuelo”.
Bosch escoge deliberadamente unas fronteras para sus cuentos, que son las del territorio del Cibao. Son cuentos vernáculos porque se delimitan en un universo campesino, pero están elaborados desde abajo, y muy lejos de la usanza de la época. El autor no desciende hacia ese universo envuelto en metáforas sobre el paisaje, sino que sabe explorarlo a fondo, y cuando asume la naturaleza con sus fuerzas desatadas la encarna en el destino de los seres humanos que viven o perecen bajo su imperio, como en “Mal tiempo” que para mí es una de sus mejores piezas. Y esa escogencia deliberada de escenario, tiene consecuencias en toda su obra.
Bosch fue dependiente de comercio en el Cibao, oficial de estadísticas en Santo Domingo, vendedor de un puesto de licores en Madrid; durante sus primeros años en Venezuela, gerente de una compañía de variedades y descargador de camiones en el mercado de San Jacinto en Caracas, y pintor de carteles de cine en Valencia; fue anunciador en un parque de diversiones ambulante, en gira por Curazao, Martinica, y Trinidad, donde también fue panadero. Fue todo eso, y además de exiliado político, que es ya un oficio en sí mismo, diversidad de ocupaciones suficientes para darle una experiencia rica y múltiple, y por consecuencia, capaz de haber llegado a reflejar una diversidad de temas en su narrativa. Pero se quedó, con terquedad, en el escenario campesino del Cibao, saliendo de ese territorio sólo ocasionalmente, y de manera ejemplar, como lo demuestra en su inolvidable cuento “Rumbo al puerto de origen”, en el que cuenta la historia mágica de un pescador que cae al agua por agarrar una paloma. Y ésa fue una manera de proclamar su compromiso con los personajes de su infancia, que fueron los campesinos, y no los pescadores, aunque en este cuento demuestre conocimientos sobre el mar de un virtuoso.
Todo lo que he querido decir sobre el entramado entre su vida política y su vida literaria, bajo el mismo presupuesto ético, está reflejada en la escogencia que hizo de sus cuentos preferidos en su Antología Personal publicada por la Editorial de la Universidad de Puerto Rico en 1998. Son los que más se acercan a su propia concepción de la literatura como reflejo de una realidad que no está allí sólo para ser contemplada, sino que puede ser cambiada, aunque no sean los mejores, en la vena de los que algunos críticos llaman el realismo social, o socio-realismo. Y ese mismo entramado está presente en la manera como sus cuentos, desde los primeros que aparecen en Camino Real, fueron ordenados con posterioridad por él mismo para ser publicados a partir de la década de los sesentas: Cuentos escritos antes del exilio, Cuentos escritos en el exilio, Más cuentos escritos en el exilio. Al fin y al cabo su vida se cuenta antes y después de los exilios. Y como insisto en que los escenarios de la historia parecen siempre preparados por la imaginación de los novelistas, o de los cuentistas, termino recordando que cuando nos encontramos por primera vez en San Isidro de Coronado en mayo de 1961, nadie podía decirle entonces que le tocaría suceder en el poder a Trujillo, su antítesis ética y política, aunque fuera por pocos meses. Tampoco nadie pudo haberme dicho a mí entonces, aprendiz de cuentista sentado frente a su maestro, que dos décadas después me tocaría suceder a Somoza como miembro de la Junta de Gobierno, al triunfo de la revolución en Nicaragua.
Al fin y al cabo, en el Caribe de llamaradas revueltas la historia privada no viene a ser la historia de las naciones, como señalaba Balzac, sino que la historia pública arrastra en su turbión a las vidas privadas, las transforma, y como una deidad funesta decide la suerte de los escritores.Ir arriba
. Ignacio Ramonet, sociólogo y periodista español sobre Juan Bosch: La raíz de los grandes hombres
Existe, en América Latina, una exquisita tradición: los líderes políticos son, a veces, excelentes escritores. La lista es larga de estos hombres de pluma y de Estado, que va de Rómulo Gallegos, presidente de Venezuela y gran novelista, a Sergio Ramírez, actual vice-presidente de Nicaragua. Juan Bosch pertenece plenamente a ese linaje.
En Francia, se conoce mucho mejor de este antiguo Presidente de la República Dominicana su itinerario político, su largo combate en contra de la dictadura de Trujillo y, sobre todo, su valiente actitud cuando fue derrocado, en el 1963, por un golpe de Estado militar.
Juan Bosch permanece con una personalidad mítica en América Latina: encarna, a los ojos de los demócratas, un ideal de probidad, de justicia y de civismo. "Este político incorruptible y exigente, franco hasta a la ultranza", escribe Claude Couffon, es reconocido por muchos de sus conciudadanos como el modelo del hombre integral.
Ese hombre es igualmente un gran escritor, ensayista, del cual varios libros de historia antillana -De Cristóbal Colón a Fidel Castro, El Pentagonismo (ed. Le Seuil, París, 1969)- están considerados como clásicos. Es igualmente novelista -La Mañosa, 1936, El Oro y la Paz, 1975- y sobre todo autor de numerosos compendios de relatos, como Camino Real (1933), Indios (1935), Ocho Cuentos (1947) y Cuentos escritos en el Exilio (1962).
La materia de sus cuentos es la desgracia; todos los personajes -campesinos y grandes propietarios, prostitutas y trabajadores, indios y negros, mulatos y mestizos, pescadores y mineros- buscan escapar del infortunio en una huida a veces alucinada. En vano, ya que ello desborda los límites mismos de la vida. Como lo explica un personaje en un relato muy breve intitulado precisamente La Desgracia: "morirse no es desgracia, hay cosas peores que morirse". Son esas cosas que nos cuenta el autor… con temible eficacia, pues Juan Bosch es un maestro del cuento.
En dos cortos textos que completan el volumen, expone su concepción del "arte del cuento" y recuerda las leyes fundamentales del género, en particular, la necesidad de comenzar bien: "hay una sola manera de comenzar un cuento con acierto, despertando de golpe el interés del lector". Para mantener, sin ninguna caída, la tensión y la intensidad, "el cuentista debe ser implacable con el sujeto de su obra", debe eliminar toda palabra, toda secuencia superflua; "suprimir es un trabajo más importante que conservar". Los cuentos de “Hacia el Puerto de Origen” son el resultado de esa prodigiosa maestría técnica. El lector está sumergido, desde las primeras palabras de cada uno de los cuentos, en una atmósfera sobrecogedora, en el meollo de una sección que funciona como una trampa… y de pronto el narrador tiene las emociones y las ideas del lector a su merced. Por ejemplo, en “La Nochebuena de Encarnación Mendoza” -una pura obra maestra- se siente de inmediato la trampa del destino cerrarse sobre el héroe, pero uno no imagina hasta que grado de implacable intensidad el narrador va a llevar la lógica de la tragedia.
Juan Bosch sabe que la realidad latino-americana es a menudo trágica, hecha de injusticia y de miseria. Por la vía del cuento, quisiera recordar lo que, como hombre político, él ha defendido siempre: la profunda humanidad de los humildes, la imperiosa necesidad de preocuparse por su suerte. Escribir cuentos, dice, “es una tarea muy seria”. Le permite poner el arte y la belleza al servicio de una noble misión política.Ir arriba
. Yailín Fajardo Rodríguez • La Habana [Juan Bosch en Cuba: su legado político (1939-1961)]
Comenzaba el año 1939 cuando el intelectual dominicano Juan Bosch arriba a La Habana con el propósito de dirigir la edición de las obras completas del maestro y patriota puertorriqueño Eugenio María de Hostos, cuyos escritos había recopilado durante su estancia en San Juan de Puerto Rico. La bienvenida a la mayor de las Antillas o a la “Isla fascinante”, como él mismo la denominó, le fue dada por Enrique Cotubanamá Henríquez, integrante del Partido Revolucionario Cubano Auténtico [PRC(A)] y hermano de los reconocidos escritores Pedro y Max Henríquez Ureña.
La presencia de Cotubanamá Henríquez ante Bosch estuvo motivada por el interés de reiterarle la idea de crear un partido para derrocar al gobierno tiránico de Rafael Leónidas Trujillo. Esta propuesta analizada en 1938, durante los dos encuentros que ambos sostuvieron en tierra boricua, estrecharía en lo adelante sus relaciones de amistad y constante accionar político. Pues si bien Bosch se había consagrado a una labor literaria, divulgada por la revista Carteles a través de la publicación de varios de sus cuentos, comienza a insertarse en la vida política del país al asistir de manera asidua a las reuniones que en la casa de Enrique Cotubanamá, realizaba su cuñado Carlos Príos Socarrás con los principales dirigentes del PRC(A).
Pronto, su participación en aquellas reuniones despertó la admiración de los auténticos. Alguno de ellos, designados posteriormente como delegados a la Asamblea Constituyente, le solicitaron que hiciese un análisis exhaustivo del articulado de la constitución de España, de Alemania, de Chile y de México, a fin de tenerlo como referente para confeccionar las propuestas que serían presentadas en las sesiones plenarias de la asamblea. Su labor, reconocida por todos los perreceistas, le validó la invitación el 5 de julio de 1940 a la ceremonia de promulgación de la Carta Magna, avanzado texto jurídico que refrendaba algunas de las conquistas sociales por las cuales el pueblo cubano había luchado desde principio del siglo y, en especial, durante la Revolución de los años 30.
Nueve días después, el 14 de julio de 1940, en los comicios generales saldría electo como presidente el coronel Fulgencio Batista, iniciándose así cuatro años de normalidad constitucional, no exentos de la corrupción administrativa y la subordinación a los intereses del imperialismo norteño.
En este ambiente, Bosch emprende con ahínco su activa campaña antitrujillista asistiendo con los exiliados dominicanos Juan Isidro Jiménez Grullón y Ángel Miolán a la reunión de delegados de la Central de Trabajadores de América Latina (CETAL), celebrada en noviembre de 1941 en México. Momento propicio para denunciar con la ayuda del líder obrero mexicano Vicente Lombardo Toledano, los crímenes cometidos en República Dominicana por la tiranía reinante y la inhumana explotación de la cual eran víctimas los obreros, principalmente los vinculados a la producción azucarera.
De igual manera y sin perder tiempo, se da a la tarea de organizar a los exiliados dominicanos residentes en Latinoamérica y el Caribe mediante la creación de comités, llamados seccionales, en cada ciudad donde pudieran reunirse cinco o más personas interesadas en ser miembros del Partido Revolucionario Dominicano (PRD).
Como doctrina política la organización partidista luchaba desde el exterior por la liberación del territorio nacional de la dictadura y el establecimiento de un sistema democrático. Tales postulados fueron debatidos en La Habana del 29 de marzo al 7 de abril de 1943, en ocasión del primer Congreso del PRD y en el Congreso Unitario que se celebra al año siguiente. En este último es aprobada la idea de Juan Isidro Jiménez de que Bosch realizara una intensiva propaganda antitrujillista por todo el continente con la condición de ser el futuro candidato a la presidencia de República Dominicana, en caso de que Trujillo fuese derrocado o abandonase el gobierno por cualquier motivo.
En lo adelante, Bosch estuvo inmerso en su peregrinar por los países de México, Guatemala y Venezuela en los cuales impartió conferencias, fortaleció las estructuras de las seccionales del PRD y denunció la situación existente en su patria. De regreso a Cuba, y concluida la magistratura de Fulgencio Batista, se convierte en el redactor del periódico Siempre, órgano oficial del PRC(A), cuyo líder Ramón Grau San Martín había obtenido una amplia victoria en las elecciones de 1944, dando inicio al autenticismo en el poder.
Durante este período disfrutó de absoluta libertad para continuar con las actividades políticas, el ejercicio del periodismo y el envío de sus cuentos y ensayos literarios a las revistas Bohemia y Carteles. También es meritorio destacar su labor en la emisora radial CMQ por haber escrito los programas históricos: Los Forjadores de América y Memorias de una Dama Cubana.
Convencido de que había llegado el momento de recurrir a la acción viaja a Venezuela en noviembre de 1945 para entrevistarse con el presidente Rómulo Betancourt, y comentarle sus planes de iniciar una lucha armada en suelo dominicano. Además, le pide que firmase una carta dirigida a su homólogo haitiano Elie Lescot, en la cual solicitaba ayuda económica para adquirir el material de guerra necesario.
Lescot, contra quien Trujillo mantenía una propaganda indecente, accede a la petición con la entrega de 25 mil dólares que Bosch emplea en la compra de tres aviones (DC-3, AT-3 y Cessna) y armamentos. Sin embargo, la acción no puede llevarse a cabo e inicia entonces en 1946, desde Cuba, los preparativos de la expedición de Cayo Confites. Acción que fracasa a pesar de contar con un apoyo mucho más amplio que el proyecto anterior: medio millón de pesos donados por el dominicano Juan Rodríguez García, la colaboración de los gobiernos democráticos de Guatemala y Venezuela, la creación de un Comité Central Revolucionario encargado del reclutamiento y de la preparación militar, así como con la asistencia, en un primer momento, del presidente Ramón Grau San Martín, quien designa como colaboradores a su Ministro de Educación José Manuel Alemán, cuya finca sirvió de arsenal, y al presidente de la Federación Estudiantil Universitaria (FEU) Manolo Castro.
Las presiones y denuncias efectuadas por Trujillo provocaron que el 28 de septiembre de 1947, fuesen interceptadas las tres embarcaciones por las fuerzas armadas de la marina cubana. Conducidos los expedicionarios a la fortaleza de Columbia son puestos en libertad posteriormente, producto de la huelga de hambre realizada por Bosch.
La derrota sufrida se convierte en victoria para el líder revolucionario costarricense José Figueres Ferrer, entrañable amigo y “hermano” de Bosch, al emplear los pertrechos militares en el movimiento insurreccional que instaura en 1948 la Segunda República en Costa Rica. En la práctica, Cayo Confites constituyó un llamado a la conciencia de muchos exiliados dominicanos y jóvenes cubanos como Fidel Castro Ruz, que sin temor a las consecuencias se enrolaron en la justa causa por la libertad.
Terminado el mandato presidencial de Grau San Martín, Bosch comienza a colaborar intensamente con Carlos Príos Socarrás en el segundo ciclo de gobierno del autenticismo (1948-1952). En este período, es significativo resaltar su autoría de casi todos los discursos pronunciados por el nuevo magistrado y la coordinación del encuentro que reunió en Venezuela a los presidentes de Guatemala, Costa Rica y Cuba, con el objetivo de unificar todas las fuerzas políticas e impulsar un movimiento que diera al traste con la dictadura trujillista.
Pero el adverso escenario latinoamericano impide que los planes diseñados se hagan realidad debido al derrocamiento del gobierno venezolano de Rómulo Gallegos, a la invasión de la Guardia Nacional de Nicaragua a Costa Rica y al golpe militar perpetuado en la madrugada del 10 de marzo de 1952 por Fulgencio Batista, ante el empuje del vigoroso movimiento popular y la más remota posibilidad de salir electo en los comicios que se avecinaban.
Quebrantado el orden constitucional vigente, Carlos Prío Socarrás no tuvo más opciones que exiliarse en la embajada de México hasta que días después parte hacia Venezuela siendo despedido por Bosch, quien asume todos los riesgos de su accionar político consciente de que Batista solo necesitaba de una pequeña excusa para detenerlo y, a su vez, deportarlo.
Víctima de la nueva etapa de terror que se iniciaba en la Isla, es acusado por Ugalde Carrillo, jefe del Servicio de Inteligencia Militar, de haber sido uno de los autores intelectuales del asalto al Cuartel Moncada el 26 de julio de 1953. La encarcelación duró poco tiempo gracias al auxilio del general independentista Enrique Loynaz del Castillo, su padrino de bodas. Una vez puesto en libertad se traslada a Costa Rica, Bolivia, Buenos Aires, Chile, Bélgica, Israel, Madrid y otros países, donde su actividad política disminuye proliferando su creación literaria.
En 1958, al margen del estado de agitación social que se vivía en Cuba, comienza a trabajar después de su regreso como jefe de redacción en una agencia publicitaria. Sin motivo alguno es detenido por el comandante Ventura Novo y amenazado con la deportación a Santo Domingo, a lo que responde:
“…Comandante Ventura, yo no soy huérfano. A mí se me conoce en Cuba, pero también fuera de Cuba; en toda América Latina y más allá. Si usted me manda a Santo Domingo me manda a la muerte porque Trujillo ordenará que me maten antes de que yo llegue a la ciudad capital, y tenga la seguridad de que eso no va a agradecérselo a usted el general Batista, a quien en toda América acusarán de ser responsable de lo que a mí me pase”.
Ante esta contundente respuesta, unido a la rueda de prensa que celebra su esposa Carmen Quidiello y las protestas de importantes intelectuales y políticos del continente, Juan Bosch es liberado y parte hacia Venezuela el 4 de abril de 1958. En este país el dominicano Enrique Jiménez Moya le propone organizar una nueva expedición hacia Santo Domingo, inspirada en el triunfo del movimiento revolucionario cubano del 1ro. de Enero de 1959 que con apoyo popular había derrocado la dictadura de Fulgencio Batista.
Sin embargo, Bosch, conocedor de la realidad cubana y de la poca efectividad de un movimiento insurreccional en su país de origen, no aceptó la propuesta y al respecto apuntó:
“…Era un error creer que en nuestro país podía repetirse lo que había sucedido en Cuba… Fidel Castro contó con el apoyo de los campesinos de la Sierra Maestra que estaban organizados desde hacía varios años para llevar adelante una lucha contra propietarios de tierras de esa región… en cambio, en la República Dominicana no había organizaciones campesinas, ni cosas parecidas,... en consecuencia con esa realidad los campesinos dominicanos no iban a respaldar los que llegaran al país con el propósito de derrocar al gobierno trujillista, al contrario, los campesinos los atacarán a ustedes por miedo a que Trujillo los mate acusándoles de complicidad con ustedes”.
Como profetizara, la expedición del 14 de junio de 1959 terminó siendo un rotundo fracaso. Por su parte, continuó desarrollando la actividad literaria y el magisterio en el Instituto de Educación Política en San José de Costa Rica, esperando pacientemente el final de la dictadura. Suceso no muy lejano como le hiciera saber a Rafael Leónidas Trujillo en carta enviada el 27 de febrero de 1961 en la que expresó:
“…sus adversarios se levantan de una postración de 30 años en el momento en que usted queda abandonado a su suerte en medio de una atmósfera política y social que no ofrece ya aires a sus pulmones. En este instante histórico, su caso puede ser comparado al del ágil, fuerte y agresivo tiburón, conformado por millones de años para ser el terror de los mares, al que un inesperado cataclismo le ha cambiado el agua de mar por ácido sulfúrico; ese tiburón no puede seguir viviendo.”
Después del asesinato del mismo, el 31 de mayo de 1961, retorna al suelo patrio en el mes de octubre. De esta forma ponía fin a 23 años de exilio en los cuales la coyuntura histórica de una Cuba republicana, vanguardista y entre dictaduras, había consolidado su formación literaria y sentado las bases para su nacimiento como líder político y defensor de la libertad continental.Ir arriba
. Guillermo Piña Contreras, novelista y ensayista dominicano: Juan Bosch, el camino de la historia
Después de la muerte de Trujillo el 30 de mayo de 1961, la figura de Juan Bosch ha ocupado un lugar preponderante en la historia de la República Dominicana. Tanto sus actuaciones políticas como su obra literaria y ensayística han sido objeto de la atención de analistas, historiadores y críticos literarios dominicanos y extranjeros. Su notoriedad nacional e internacional ha generado también, gracias a su presencia regular en la prensa escrita, una iconografía importante.
Prohibidos en Santo Domingo durante poco más de 23 años de exilio, su nombre, sus actuaciones, su fotografía y todo cuanto le concerniera se hicieron imprescindibles a la actualidad nacional. A su llegada al país el 20 de octubre de 1961, al mando del Partido Revolucionario Dominicano (PRD), dominó el panorama político y logró, tras una campaña electoral sin precedentes en la vida democrática dominicana, triunfar en las primeras elecciones libres que se celebraron el 20 de diciembre de 1962 con casi 60% de los sufragios expresados. Siete meses después de tomar posesión como Presidente de la República, un golpe de Estado cívico-militar interrumpió el primer intento de democracia luego de 31 años de férrea dictadura.
Sin temor a exagerar, Bosch es uno de los dominicanos más sobresalientes de la segunda mitad del recién finalizado siglo XX en la historia de la República Dominicana. Destacado no sólo como el político que intentó establecer la democracia en su país, sino también como escritor reconocido. Su nombre, durante el exilio, siempre fue noticia en América Latina. Se relacionó con casi todos los dirigentes democráticos del Continente hispánico, figuró en las más importantes antologías literarias de nuestra lengua y fue traducido a varios idiomas en el extranjero. Pero su carrera de escritor de ficción cedió el lugar a la actividad política y al ensayo sociológico. Poco antes de la muerte de Trujillo, a finales de 1960, escribió "La Mancha indeleble".
Lo que ha de suceder en República Dominicana con la desaparición del dictador y el rol que le tocó jugar a Bosch le obligaron a interrumpir una obra que había logrado reconocimiento internacional. Posteriormente publicaría Cuentos escritos en el exilio y Más cuentos escritos en el exilio, así como una biografía y una novela hasta entonces inéditas, David, biografía de un rey y El Oro y la Paz, respectivamente; y una colección de cuentos, Cuentos escritos antes del exilio. Al margen de David, biografía de un rey y El Oro y la Paz, las dos primeras constituían una recopilación de las diferentes antologías de cuentos publicadas en Cuba y Chile durante su exilio; la última, se componía de textos dispersos en periódicos y revistas dominicanos antes de su salida de Santo Domingo en 1938.
A pesar de haber declarado expresamente en 1973 que abandonaba definitivamente la literatura, siempre mantuvo una estrecha relación con la literatura y las artes, cuando no presentando obras de escritores dominicanos y extranjeros, cuando no participando en un coloquio literario, cuando no dando una conferencia sobre la literatura, y hasta llegó a escribir un cuento en 1979: "El Culpable", escrito a petición del poeta Manuel Rueda para incluirlo en una antología para niños… y que trata de un viejo que había ganado fama entre sus familiares como creador de historias que fascinaban a los niños, hasta el día en que contó a uno de sus sobrinos la última historia que había inventado, la de un brujo capaz de transformarse en lo que quisiera. Al notar que a su sobrino no le llamaba la atención la habilidad del personaje y que, además, le replicaba con insolencia que lo que hacía el brujo no tenía nada de extraordinario porque Superman lo hubiera hecho mejor... el viejo narrador se enfada.
¿Qué nos quiere decir Bosch con esta historia 19 años después de haber escrito "La Mancha indeleble"? Las interpretaciones son múltiples, aunque nos quiere hacer comprender que la literatura actual había evolucionado tanto que no era posible hoy una literatura como la que él hacia cuando interrumpió su obra de ficción. Ahora había otra mentalidad, otra literatura latinoamericana, la que hacían Julio Cortázar, Gabriel García Márquez, Alejo Carpentier, Carlos Fuentes y Mario Vargas Llosa, entre otros. "El Culpable" es en realidad una picada de ojo, a buen entendedor... Ahora bien, el ensayo político, histórico y sociológico ocuparon de manera brillante el lugar de la literatura en la abundante obra de Juan Bosch. De los trabajos posteriores a su carrera literaria sobresalen su monumental historia del Caribe, su valioso análisis de la pequeña burguesía, su estudio de las dictaduras, del capitalismo tardío y del feudalismo en la República Dominicana, así como también su tesis sobre el pentagonismo, traducida a más de doce idiomas. Todo esto sin contar sus ensayos sobre la política dominicana de los últimos 40 años ni sus folletos de historia y sus charlas radiales. Un aporte extraordinario a la bibliografía histórica y política de la República Dominicana.
La infancia y la adolescencia de Bosch tienen, según ha expresado en múltiples ocasiones, una importancia capital en sus inicios en la literatura. En primer lugar, la cultura de su abuelo, Juan Gaviño, así como el amor a los buenos libros y la sensibilidad social de su padre, José Bosch Subirats, que determinaron luego su inclinación por la literatura. De niño siempre le llevaron a las tertulias del escritor cubano-dominicano Federico García Godoy en el parque de La Vega; estuvo presente en el recibimiento que se hizo en su ciudad natal al poeta español Francisco Villaespesa en 1920. Se le hablaba de la intervención militar norteamericana a su país en 1916 y de los acontecimientos políticos internacionales. Ese marco familiar le llevó a manifestar su inquietud de escritor desde muy temprano. Esa inquietud artística se manifestó, primero, a través de la escultura, y luego del cuento y la poesía.
La madurez intelectual de Bosch era tal que ya en 1929, en su artículo, "Los Dos caminos de la hora", anunciaba una dictadura en República Dominicana. Poco después, a instancias de sus padres, viajó a Barcelona. A su regreso de Barcelona y Venezuela en 1930, Rafael Trujillo hacía poco que había tornado posesión como Presidente de la República. Es en esa época que se inicia realmente su carrera de escritor. Publica cuentos y poemas en los principales periódicos y revistas del país. En 1933 circula su primer volumen de cuentos, Camino real.
Su incipiente notoriedad comenzó a preocupar al régimen y, sin justificación, se le acusó de terrorista y se le sometió a la justicia en 1934. En 1935, se casa con Isabel García Aguiar. Su nombre comienza a hacerse un lugar en los medios literarios e intelectuales de la República Dominicana… Se le nombró en la Dirección General de Estadísticas, pero esto no era suficiente, su actualidad intelectual provocada por la publicación de Indios, apuntes históricos y leyendas y La Mañosa, novela de las revoluciones, llamaron la atención de Trujillo. Para comprometerlo, le propuso hacerle diputado y Bosch, valiéndose de un subterfugio médico, pudo salir hacia San Juan, Puerto Rico, en enero de 1938.
El exilio abre nuevos horizontes a Juan Bosch. Durante casi un año dirige la edición de las obras completas de Eugenio María de Hostos y publica en las revistas Alma Latina de Puerto Rico y Carteles de Cuba. En realidad, el exilio de Bosch comienza con su llegada a La Habana y la fundación del Partido Revolucionario Dominicano (PRD), en enero de 1939. Hasta ese momento, su principal actividad y también su meta, como había manifestado explícitamente, era la creación literaria. En Puerto Rico publicó Mujeres en la vida de Hostos (1938) y en Cuba Hostos, el sembrador (1939).
Desde la fundación del PRD, la actividad política iba a comenzar a desplazar lentamente a la literatura. Sin embargo, en Cuba y durante todo su exilio, alternó ambas actividades sin que aparentemente una se viera afectada por la otra. En La Habana su vida se transformó. En 1943 luego de haberse divorciado de Isabel García Aguiar, se casó con Carmen Quidiello. En pocos años se convirtió en un personaje de actualidad en los medios políticos e intelectuales habaneros. En 1944 dictó en la capital cubana la conferencia sobre las características del cuento, que podría ser considerada como el ancestro de Apuntes sobre el arte de escribir cuentos, la hoy célebre charla que dictó en la Universidad de Caracas en 1958.
En Cuba alcanzó su plenitud literaria, al tiempo que desarrolló una intensa campaña antitrujillista y organizó, junto a otros dominicanos, la frustrada expedición de Cayo Confites en octubre de 1947… Desarrolló una importante actividad literaria y política y una intensa lucha contra la dictadura dominicana la cual, a la postre, por presiones de Trujillo al gobierno de Cuba, le costó otro exilio. En 1950 Bosch es ya una figura de dimensión latinoamericana. Había sido consejero del presidente cubano Carlos Prío Socarrás, se había relacionado con los presidentes Betancourt, Gallegos, Figueres, Arévalo. Su obra circulaba por toda América. Sin embargo, la presión de Trujillo al gobierno de facto de Fulgencio Batista en Cuba le obligó a refugiarse en Costa Rica. Por presiones de Somoza, dictador de Nicaragua y amigo de su homólogo dominicano, se vio obligado a refugiarse primero en Bolivia y luego en Chile. Mientras en Santo Domingo, sus padres, su hermano y familiares cercanos eran objeto de la más vil represión con la finalidad de amedrentarlo. De su paso por Chile quedan Cuba, la isla fascinante, La Muchacha de la Guaira, Judas Iscariote, el calumniado y Cuento de Navidad.
La década 1951-1960 proyecta a Bosch fuera de América. Viaja a París, Bruselas y Viena, para denunciar junto a otros compañeros del PRD la dictadura de Trujillo en República Dominicana. Luego viaja a Israel para darle los toques finales a su obra David, biografía de un rey. A su regreso a Cuba fue hecho prisionero. La finalidad de los esbirros de Batista era deportarlo a Santo Domingo. Logró salir de La Habana y refugiarse en Venezuela donde su amigo Rómulo Betancourt, luego del derrocamiento de la dictadura de Pérez Jiménez en 1958, había accedido a la Presidencia de la República. De Caracas se trasladó a Costa Rica para enseñar en el Instituto de Educación Política de San José. Allí estaba cuando le sorprendió la muerte del dictador Trujillo.
Desde el 30 de mayo de 1961 la vida de Juan Bosch iba a ser transformada completamente, el regreso a su país se imponía y la literatura perdía la batalla en provecho de la política. El 20 de octubre de 1961 terminan casi 24 años de exilio para Juan Bosch. Regresa a Santo Domingo como presidente del PRD. Poco después de descender del avión, al dirigirse al pueblo dominicano, dejó establecida la línea de su campaña electoral al proclamar que había que olvidar el odio y tratar de establecer "una convivencia democrática". La experiencia política de Bosch se impuso en el ámbito nacional. Manejó los resortes de la incipiente democracia dominicana sin ni siquiera recordar que en 1934 había sido víctima de la represión trujillista. Realizó una exitosa campaña que culminó en el legendario debate con el sacerdote jesuita Láutico García el 17 de diciembre de 1962. Este debate, al decir de muchos analistas, fue uno de los factores que contribuyeron a que su candidatura a la Presidencia de la República obtuviera casi 60% de los votos en las elecciones que se celebraron tres días más tarde. Pero la voluntad popular no fue respetada. Siete meses después de haber tomado posesión como Presidente de la República fue derrocado por un golpe de Estado cívico-militar.
La incipiente democracia sufría un revés y Bosch tomaba de nuevo el camino del destierro. Sobre el gobierno de Juan Bosch y el golpe de Estado del 25 de septiembre de 1963 existe una bibliografía considerable… La literatura, como dijimos antes, había dejado campo abierto a la política. Al margen de las colecciones de cuentos publicadas a su regreso, y de David, biografía de un rey, Bosch sólo publicó Crisis de la democracia de América en la República Dominicana (1964), que luego, al producirse la intervención militar norteamericana, sería traducida al inglés y al francés. Sus "Apuntes sobre el arte de escribir cuentos" y varios de sus cuentos fueron traducidos al ruso.
Los acontecimientos políticos de la República Dominicana le habían dado una notoriedad internacional. Este período tiene una importancia capital en la historia política de Juan Bosch. A su regreso a Santo Domingo el 25 de septiembre de 1965 sabía que no podía triunfar en las elecciones del 1 de junio de 1966 con las tropas norteamericanas en el país. Sabía también que si no participaba en los comicios el ejército de intervención no abandonaría la República Dominicana. Poco después de las elecciones, tomó la decisión de viajar a España. Salio de Santo Domingo el 27 de noviembre de 1966. Los años que van de 1966 a 1973 marcan un período de reflexión político-ideológico para Juan Bosch. Las obras que publicará en lo sucesivo así como sus relaciones con países socialistas dan cuenta de esa evolución política: El Pentagonismo, sustituto del imperialismo, traducido a más de doce idiomas, la polémica tesis de Dictadura con respaldo popular, los viajes a Yugoslavia, Rumanía, Corea del Norte, China, Vietnam y Camboya. Este es un período rico en gráficas y documentos. Se trata de años de estudios y de reflexión que transformarán su visión del mundo. Poco antes de regresar a Santo Domingo en 1970, entrega a la imprenta su monumental obra “De Cristóbal Colon a Fidel Castro… El Caribe, frontera imperial”. Ya en su país, publica Composición Social Dominicana, un análisis que revolucionaría la historiografía Dominicana.
Su idea, al llegar a Santo Domingo, era hacer del PRD un partido diferente al que había fundado en 1939. Reorganizarlo de acuerdo con sus nuevas ideas. Se abstuvo de participar en las elecciones generales de mayo de 1970 y se dedicó a la tarea de educar políticamente a los militantes del Partido a través de folletos de historia y de métodos de organización.
Desarrolló también una intensa campaña de orientación nacional a través de charlas radiales. Sin embargo, la oposición que tuvo en el seno del PRD a sus nuevas concepciones políticas le obligó a renunciar en noviembre de 1973 y fundar, junto a los dirigentes que le acompañaron en su histórica decisión, el Partido de la Liberación Dominicana (PLD).
Con la fundación del PLD y con 64 años de edad, Bosch decide organizar un partido siguiendo sus nuevas concepciones político-ideológicas. En 1975 se declara marxista y emprende la tarea de darle forma a una organización de cuadros. No participa en las elecciones presidenciales de 1974. Forma parte del Tribunal Russell junto a los escritores Julio Cortázar y Gabriel García Márquez. Se acerca a Cuba. A pesar de haber dicho en 1973 que abandonaba definitivamente la literatura publica, como señalamos antes, una colección de cuentos y una novela: Cuentos escritos antes del exilio y El Oro y la Paz. La bibliografía de Juan Bosch, entre 1973 y 1996, se enriquece considerablemente. Crea las bases teóricas del PLD y amplía su contribución al análisis de la historia y las clases sociales dominicanas. Toma una participación activa en la política internacional, y una antología de sus cuentos, “Vets le port d'origíne”, se edita en francés y obtiene, en 1988, el premio de mejor libro extranjero de cuentos de la Fundación FNAC. En 1989, se comenzaron a publicar los primeros nueve volúmenes de sus obras completas.
Por primera vez, en 1978, el PLD participa en las elecciones generales. Balaguer es derrotado y resulta triunfador Antonio Guzmán, candidato del PRD. Bosch sólo obtuvo 18,000 votos. Sin embargo, en los comicios sucesivos, el PLD era cada vez más importante en la vida política dominicana. En 1990, cuando el triunfo de Bosch en las elecciones presidenciales parecía indiscutible, Joaquín Balaguer fue reelegido una vez más como Presidente de la República. En las elecciones de 1994 ya no era opción de poder. Es en ese momento que decide abandonar sus posiciones ejecutivas en el PLD. Juzga que ya era el momento de pasar el relevo a los jóvenes que él mismo había formado… y así fue. En el anticipado certamen de 1996, el que fuera su candidato a la vicepresidencia en 1994, Leonel Fernández, fue elegido Presidente de la República el 30 de junio, el mismo día que celebraba sus 87 años de edad.Ir arriba
. Andrés L. Mateo, narrador, ensayista y escritor dominicano: Juan Bosch, el moralista problemático
Acompañado de un contingente militar, y en presencia de testigos, el notario Sánchez Báez inventarió una por una las pertenencias del profesor Juan Bosch y su esposa, detallando con minuciosidad jacobina cada objeto.
A las siete de la mañana del día 28 de septiembre de 1963, el abogado notario de los del número del Distrito Nacional, doctor Francisco Sánchez Báez, entró a la casa del profesor Juan Bosch, Presidente de la República, que hacía tres días había sido derrocado.
Los golpistas le habían confiado la misión al notario de levantar un acta de comprobación de los muebles y efectos que había en la residencia del ex presidente.
Acompañado de un contingente militar, y en presencia de testigos, el notario Sánchez Báez inventarió una por una las pertenencias del profesor Juan Bosch y su esposa, detallando con minuciosidad jacobina cada objeto:
“Una mesa de metal de hierro con tope de vidrio y seis sillas de hierro, dos mesas más del mismo material, dos mamparas, una de tela , otra de pajilla con marcos de madera; una alfombra de guano, dos alfombras de algodón, un juego de muebles de ratán acojinados color verde, compuesto de cuatro butacas y dos mesas, una televisión Admiral con pantalla de veintiuna pulgadas, una consola color crema, una lámpara de pie de bambú, un adorno de pared con motivos indígenas, dos juegos de muebles estilo danés acojinados color caoba, compuestos de siete sillones y cuatro mesas; dos lámparas de sala, una con pantalla de cabuya y una de cartón, siete cuadros ornamentales y una Virgen de la Altagracia, dos camitas gemelas de madera americana pintadas de gris con sendos colchones, dos camitas sin espaldar con sus colchones, cuatro mecedoras de madera simulando bambú o pajilla, un archivador de metal color gris de dos gavetas, una máquina de escribir Underwood Five, color gris; un escritorio de playwood y formica con sillón forrado de cuero color negro, un tintero de mármol negro con dos plumas fuentes, una lámpara de mesa con base de metal y tubo de vidrio, un cuadro holográfico del señor Juan Bosch y varias fotografías del mismo, un escudo nacional labrado de caoba, un cofre de caoba, una mesita para teléfono de caoba, tres tomos de la obra “Tres años de Gobierno Democrático” por Rómulo Betancourt, ciento setenta y dos volúmenes de libros y revistas diversos, dos ídolos de madera, una grabadora, un cenicero de mármol blanco, un cortapapel de plata, un estuche de piel conteniendo un cortapapel y una tijera cromados, un cofre de madera forrado de metal, tres floreros y trece ceniceros”.Esos eran los modestos objetos caseros del Presidente Bosch, y el acta no habría sido más que un aburrido documento jurídico si en la misma el apurado notario no hubiera consignado que: “Los muebles y efectos descritos precedentemente, según declaración de la señora Carmen Quidiello de Bosch, son propiedad de ella y de su esposo, señor Juan Bosch, y que muchos de estos muebles han sido adquiridos en ventas a plazos y serán devueltos a los vendedores correspondientes por no haber sido pagados en su totalidad”.
Esa aclaración convierte esta acta en un documento histórico, y nos permite recuperar unas cuantas emociones ineludibles. ¿Un Presidente de la República con siete meses en el ejercicio del poder, coge "fiao" a plazos los muebles de la casa en que vive?
A los funcionarios peledeístas de hoy esto les debe parecer una vanidad inocente, pero todos esos nuevos ricachones deben saber que son esas epifanías las que transforman a un líder en un personaje decisivo e inevitable. Ese Juan Bosch que debía los muebles cuando lo derrocaron, no cabe en los afanes de enriquecimiento de un discipulado que enarbola una hipocresía insolente cuando lo nombra, y que exhibe un confort ofensivo.
Diomedes Núñez Polanco debería mandar a enmarcar esta acta notarial, y ponerla en las oficinas públicas, junto a la foto de Leonel Fernández, para que muchos sepan por qué yo llamo a Juan Bosch moralista problemático.Ir arriba
. Eugenio García Cuevas/Especial para El Nuevo Día: Juan Bosch, escritor y político
Juan Bosch fue el último intelectual hegemónico en la literatura y la política dominicana. Su obra literaria publicada alcanza más de cincuenta títulos. Era, además, hasta el 1 de noviembre, el único sobreviviente del reducido grupo de políticos, a saber: Luis Muñoz Marín, de Puerto Rico, Rómulo Betancourt, de Venezuela y José Figueres de Costa Rica, que en sus pasos iniciales por la política fueron bautizados como "la izquierda democrática latinoamericana". Fundador del cuento moderno en la República Dominicana, maestro y teórico del género en lengua castellana, junto a Horacio Quiroga y Julio Cortázar, fue además, el padre ideológico de las dos organizaciones políticas más terminadas en la política dominicana del siglo XX: El PRD, fundado en Cuba a principios de los cuarenta y el PLD, en 1973.
En el libro "Juan Bosch, novela, historia y sociedad", Isla Negra, 1996, he dividido la ruta literaria y política de Juan Bosch en cincos momentos: (1929-1938), (1939-1962), (1963-1966), (1967-1989) y (1990-1997). Cada interregno se justifica en que dentro de cada uno de ellos se registran eventos históricos que repercuten en su escritura y pensamiento político. En 1930, Rafael Leónidas Trujillo atraca el poder del Estado dominicano; en 1938 Bosch conoce de primera mano la obra de Eugenio María de Hostos; en 1963 es derrocado de la presidencia de la República Dominicana; a partir de 1967 se acerca al pensamiento socialista; en 1994 se presenta por última vez como candidato a la presidencia de la República y en 1997 es retirado de la vida pública por condiciones de salud.
Yo no quería ser político
1929-1938:
Autodidacta por circunstancias apenas cumplido los veinte, su interés mayor era convertirse en escritor. "Yo no quería ser político", confesaría en 1989. De esta etapa son sus libros "Camino Real, cuentos", (1933); "Indios, apuntes históricos y leyendas", (1935), y su novela "La Mañosa, novela de las revoluciones", (1936). Antes había publicado en revistas y periódicos. En estos años, Bosch suelta su mirada por el campo dominicano hasta construir un retrato del campesinado, atrapado en un entorno amargo desde antaño y ahora pisoteado por la dictadura de Trujillo. Su sentido ético y de justicia lo inclina tempranamente a asumir el encargo del intelectual redentor y paternalista. Una lectura no literal de sus escritos antes de 1938 destapa a un escritor con olfato liberal y una visión de mundo con aspiraciones modernizantes. Subyace en su escritura denunciadora un deseo de juntar sus designios de clase, a la de los campesinos y otros sectores empujados por Trujillo.
Hijo de la puertorriqueña Angela Gaviño -de Juana Díaz-, testigo de las carencias y atributos de hombres y mujeres del campo, su contacto con el campesinado se posibilita a través del abuelo y del padre. El primero era un pequeño agricultor llegado de España y el segundo, -su progenitor-, recorría en un camión los lugares más recónditos del país como comerciante de productos agrícolas. Estos viajes de compra y venta -especialmente tabaco-, lo hace José Bosch -su padre-, en compañía de su hijo Juan Bosch, roce que según su testimonio sensibilizan su mirada de escritor y artista. Visto desde esta perspectiva no es casual que años más tarde -y convertido ya en político que opta por el poder-, Bosch viera en el sector agrícola una fuerza viva a la que había que seducir y sumar para adelantar cualquier proyecto de modernización de la República Dominicana.
Desde el Siglo XIX, el campesino dominicano había sido etiquetado por las élites urbanas como una masa estancada, amorfa, llena de defectos e incapaz de sumarse a un proyecto moderno de sociedad. Reivindicar entonces a través de la estética verbal por medio de los personajes de sus narraciones a un campesinado expropiado y marginado en pleno trujillismo, era subvertir el status quo de la dictadura trujillista desde la producción simbólica. Ya he sugerido antes que en sus tres primeros libros y un escrito de 1929, es que se empolla el hombre de acción, que posteriormente conjugaría su práctica de la escritura con la militancia política a tono con un proyecto modernizante-liberal, contrario al dictatorial -pero no antimoderno-, que el iniciado por Rafael Leónidas Trujillo en 1930.
Soldado hostosiano
1938-1962:
El 13 de enero de 1938, luego de publicar bajo intimación varios artículos a favor de Trujillo y tras ser nombrado Jefe de Información de la Dirección General de Estadísticas, Juan Bosch sale de su país y se exilia en Puerto Rico, lugar a donde había llegado su abuelo materno Juan Gaviño entre 1870 y 1880 y había nacido su madre en 1886. Su salida del país, sin embargo, no es caprichosa. En 1934 había sido encarcelado bajo la sospecha de conspirar contra Trujillo y el 1937 el dictador había ordenado el exterminio de miles de haitianos que residían en suelo dominicano, hecho repugnante para Bosch. En estos años, además, la dictadura hacía esfuerzos por integrar al joven escritor a la intelectualidad arrimada a su orilla. A Bosch se le ofrecía un puesto congresional, pero éste lo rechazó y prefirió quedarse en Puerto Rico, donde poco después sería contratado por Adolfo de Hostos -por mediación de la poeta Clara Lair-, para supervisar la transcripción y edición de las obras completas de Eugenio María de Hostos.
Este primer exilio significó para Bosch beber directamente de los escritos conocidos y desconocidos de Hostos. Recordaría éste 38 años despúes, en 1976, que el hecho más importante su vida hasta poco antes de cumplir los 29 años fue su encuentro con la obra de Eugenio María de Hostos. Abrazado a un idealismo ético-moral, sería a partir de entonces un apasionado de completar el proyecto de modernidad soñado por la pequeña burguesía dominicana, iniciado por Juan Pablo Duarte en 1844 y malogrado por Trujillo.
Su traslado de Puerto Rico a Cuba en 1939, es el inicio de más de 20 años de peregrinaje por varios países latinoamericanos donde además de político y escritor que vende sus escritos para sobrevivir, se desempeña como conferenciante, vendedor de medicina y reparador de baterías de automóviles -en Chile-. Los cuentos "La Muchacha de la Guaira", "El indio Manuel Sicurí", así como escritos ensayísticos sobre Puerto Rico, Venezuela, Cuba, y Costa Rica, entre otros, indican que la historia y los sucesos de los países en que vivió nunca le fueron ajenos. De estos años son los libros: "Mujeres en la vida de Hostos" (1938), "Hostos el Sembrador" (1939), "El Socio" (cuento,1941), "Dos Pesos de Agua" (cuento, 1941), "El Río y su enemigo" (cuento, 1941), "Luis Pie" (cuento,1943); "Ocho Cuentos" (1943). En 1955 publicó "Judas Iscariote el Calumniado" y "Cuba, la isla fascinante" y en el 1956 "Cuento de Navidad". De 1959 a 1963 son: "Trujillo: Causas de una Tiranía sin Ejemplos" (1959); "La Mancha Indeleble" (cuento,1960), "Bolívar, Biografía para escolares" (1960), "Cuentos Escritos en el Exilio", "Más Cuentos Escritos en el Exilio" (1962 ) y "David, Biografía de un Rey", (1963).
El vínculo entre creación literaria, mundos imaginarios, y pensamiento político, es paradójico en esta etapa: se complementan y se alejan. Si el hombre de acción -el Bosch político-, acciona a favor de democracia formal, cuya expresión final sería la culminación del Estado moderno-burgués en su país, los personajes de sus cuentos desbordan este modelo de Estado y sociedad pensado. Si bien desde el horizonte de lo concreto Bosch encauza sus pasos hacia la toma del poder con una agenda que incluía reformas sociales amplias y tierra para los campesinos, orquestadas todas alrededor de la economía capitalista, los personajes que crea se le escapan hacia un mundo distinto que sólo vería como posibilidad años más tarde, cuando dejaría atrás su programa liberal.
Con el ideal de refundar una modernidad mancillada durante tres décadas por Trujillo y luego de la muerte de éste, Bosch llega a la República Dominicana el 20 de octubre de 1961 como líder mayúsculo del PRD. En 1962, gana las elecciones y se convierte en el primer presidente elegido libremente en 30 años. Pero estábamos en medio de la Guerra Fría y a menos de tres años de la Revolución Cubana, y cualquier asomo de ampliar los espacios democráticos en el hemisferio latinoamericano era visto como una amenaza comunista más. Por eso y otros motivos ya públicos, apenas 6 meses después de su estadía en el poder, es derrocado por un golpe de Estado, ejecutado por el alto aparato militar dominicano y con el acuse de recibo -apoyo-, del Pentágono norteamericano. El derrocamiento significó la caída, el ahogamiento de la esperanza de realizar el plan de sociedad nueva y consentida como sueño, desde su incursión temprana en la política real.
Demócrata sin fe
1963-1966:
En 1963 es recibido por el gobernador Luis Muñoz Marín en Puerto Rico. Exiliado por segunda vez, ahora habrá de buscar nuevos rumbos. Luego de la invasión de los 42,000 soldados norteamericanos que penetraron en 1965 en suelo dominicano para detener el levantamiento militar y civil que reclamaba su regreso a la presidencia y a la Constitución que su corto gobierno había aprobado, su ideario político entra en crisis. Se inicia en Bosch una autocrítica de sus posturas previas que se desagua en el abandono de sus creencias anteriores en la democracia representativa como modelo político factible para el desarrollo de su país, El Caribe, América Latina y los países definidos en esos momentos como del tercer mundo.
El esfuerzo intelectual y político que hace para destapar la política exterior norteamericana en Latinoamérica advierte su giro ideológico y político. Los años que van de 1963 a 1967 son transitorios hacia posiciones más radicales. Testimonian sus posturas figuradas y directas los libros "El Oro Y la Paz" (novela terminada de escribir en Luquillo, PR, en 1964), "Crisis de la Democracia de América en la República Dominicana", (1964) y "Bolívar y la Guerra Social", (1966). Revelan éstos y otros trabajos la decepción que lo encaminará a asumir posiciones extremas, y a pensar en la posibilidad de hacer un arquetipo de sociedad-Estado distinta a la que había entrevisto en el pasado.
Socialismo a la dominicana
1967-1989:
A partir de 1967, a los 58 años, Bosch viaja por varios países asiáticos y europeos y empieza a dar a la luz pública una serie de trabajos que denotan su aproximación al marxismo y al materialismo histórico. Sus escritos de este momento y la praxis política que de ellos se derivan, confirman una pugna entre sus viejas y nuevas ideas, con las que recién se encariña. El pequeño libro, casi un panfleto, "El pentagonismo, sustituto del Imperialismo" (1967) es ejemplo de la afirmación. A éste se siguen -pero de forma más terminada y segura-, "Tesis de Dictadura con Respaldo Popular" (1969), "De Cristóbal Colón a Fidel Castro: El Caribe Frontera Imperial" (1969), "Breve Historia de la Oligarquía" (1970) y "Composición Social Dominicana", éste último convertido en Biblia para dos generaciones. Sus escritos tienen el toque crítico que caracteriza la prosa didáctica y pedagógica.
Su distancia inmediata de los epítetos oficiales del marxismo ortodoxo - ensordecedor en estos años-, lo exponen a encarnizados debates con Juan Isidro Jiménez Grullón -político y escritor de su propia generación-, académicos de izquierda e intelectuales radicales más jóvenes que él. Convencido de haber digerido el nuevo credo al que se abrazaba, proclamó y repitió su marxismo a lo dominicano y rechazó el leninismo como teoría del partido. Pero de nuevo sus posturas no son casuales: se trata de que antes de adoptar el marxismo como método para leer y descodificar la historia, ya había montado una reflexión empírica de la sociedad dominicana. Su ruta fue releer el pasado y el presente a la luz de la nueva estrategia interpretativa que adoptaba.
En este contexto rechaza participar en el proceso electoral de 1970 y pretende convertir el PRD en una organización de izquierda, pero al encontrar una rígida oposición interna del sector más conservador presidido por su alumno más adelantando y querido, José Francisco Peña Gómez, Bosch abandona el partido en 1973 y funda una nueva organización llamada Partido de la Liberación Dominicana (PLD). Esta entidad se levanta como convocadora de todos los sectores nacionales, que en esa coyuntura histórica, eran antagónicos con las fuerzas internas y externas responsables del atraso del país. A partir de entonces se dedica, como guía único, a formar a una nueva generación de políticos y a precisar las causas, que desde su nueva mirada, habían obstruido el desarrollo económico, político y social de la República Dominicana. La nueva apuesta intelectual y política es ya un hecho en el nuevo Bosch: del conocimiento de la realidad histórica de la nación, se derivarían las enseñanzas para operar sobre ella y transformarla.
Este es otro gran momento para su producción ensayista, también de inclinación pedagógica, pero sin descuidar la estética en la escritura que define su obra. Publica "La Guerra de la Restauración" (1982); "El Partido: Concepción organización y desarrollo" (1983), "La Pequeña Burguesía en la Historia de la República Dominicana" (1985), "El Capitalismo Tardío en la República Dominicana" (1986), "El Estado, sus Orígenes y Desarrollo" (1987), "Las Dictaduras Dominicanas" (1988) y "El PLD, un Partido Nuevo en América" (1989).
Renuncia, retiro y ocaso
1990-1997:
Entre los doce años que van de 1982 a 1994 y con un partido ya en condición de tomar el poder por la vía del voto, el escritor asiste cuatro veces como candidato a la presidencia con un programa amplio que fusionaba demandas de distintos sectores sociales, incluyendo a los campesinos, a la pequeña burguesía y al sector asalariado. Así, en 1990 se convierte en el candidato más favorecido por el voto, pero fue despojado del triunfo a través de un fraude colosal -documentado ya-, que benefició a su eterno rival Joaquín Balaguer. Tras el despojo de la victoria llama al partido a reclamar el triunfo en las calles del país, pero fue desacatado por la alta esfera de su organización. Era otra época, el mundo había cambiado: era el tiempo del ocaso personal, del inicio del fin de la Guerra Fría, y del nacimiento de un nuevo lenguaje que tocaba también el interior de su partido. Sus discípulos de antaño y los menores de edad hablaban de neoliberalismo, de globalización, de privatización y de nuevo orden mundial.
Con Leonel Fernández como compañero de boleta, y con 85 años de edad y retirado ya de la maquinilla de escribir, Bosch asiste en 1994 por última vez, a una contienda electoral. Una pobre demostración en el sufragio pone de relieve su desgaste y el de la organización. Meses después anuncia su retiro definitivo, pero no su utilidad de mercadeo para el partido. En 1996, luego de un periodo de dos años de gobierno de Balaguer, pero ya sin la capacidad de producir palabras con significado debido a la enfermedad del olvido que le aqueja, Juan Bosch fue conducido por sus discípulos -casi un Judas colectivo-, a un llamado pacto patriótico con Joaquín Balaguer. La foto de los antiguos rivales políticos tomados de la mano recorrió el mundo. Quedaba demostrado una vez más, que la política y la ética casi nunca se juntan.
Maestro de José Luis González en Puerto Rico y de Gabriel García Márquez, en sus años de aprendizaje en Venezuela, y a la altura de los escritores más singulares en lengua castellana, 1997 es el año del retiro definivo. Con el título simbólico de presidente ad vitam del partido y con apariciones relámpago sólo para recibir elogios y homenajes, lo cierto es que la política nunca apartó a Bosch de la literatura como se ha sugerido. Si bien es cierto que antes de llegar a la década de los setenta deja de escribir ficción, no es menos cierto que a partir de entonces sus libros de ensayos enriquecen la ensayística dominicana y continental. Juan Bosch se equivocó muchas veces como político -e imagino que como hombre-, pero no se equivocó como escritor. La coherencia y registros de su vasta obra literaria, recopilada hasta ahora en 9 volúmenes, está ahí para corroborar o negar la aseveración que hago.Ir arriba
Toda creación cultural debe entenderse y explicarse en el contexto amplio de la vida histórica y social de los pueblos. La arena de la política constituye, dentro de ese contexto, el terreno inmediato sobre el cual se llevan a cabo las luchas que redundarán en la creación de los pueblos y de su producción cultural. La figura del profesor Juan Bosch encarna un vivo y claro ejemplo de la estrecha conexión entre literatura y política.
En la obra que nos ocupa, merecedora del Premio Anual de Literatura (1996) de Santo Domingo en el género de ensayo, Eugenio de J. García Cuevas, crítico literario dominicano radicado en Puerto Rico, se lanza a la tarea de examinar esta relación concentrando su atención en el estudio de la obra, La Mañosa (novela de las revoluciones), publicada por Bosch en el año de 1936.
El autor está firmemente convencido de que leer o investigar una obra literaria sin tomar como fundamento lo que sucede dentro del ámbito social, político y económico, constituye un acercamiento muy pobre y parcial que le resta validez al examen de la misma. Por eso nos plantea que cualquier intento de explicar la producción intelectual de Juan Bosch debe tomar en cuenta el devenir histórico, político y social de la República Dominicana, del Caribe y de Hispanoamérica, en el marco de la historia universal.
García Cuevas recalca que aún en la primera etapa creativa de Bosch, en la que su empeño consciente se dirigía sólo a las letras, su escritura no pudo escapar de la política. De ahí que se comprometa a realizar un estudio de conjunto, sin separar un ámbito del otro.
Para llevar a cabo la tarea propuesta, el autor divide su obra en seis capítulos, tres apéndices y una bibliografía. En el primer capítulo, se ofrece una visión general del contexto histórico, político e intelectual en que se escribió y publicó La mañosa. El segundo presenta el panorama literario de la República Dominicana entre 1912 y 1936, y el lugar de Juan Bosch dentro del mismo. El tercer capítulo pinta el cuadro de la trayectoria evolutiva del pensamiento político y literario de Bosch. Con ello, el autor pretende abrir el camino y sentar las bases para futuras investigaciones que tomen como norte la correlación entre literatura y praxis política. El cuarto capítulo considera las ediciones que se han hecho de la novela en cuestión y la crítica de que ha sido objeto. El quinto capítulo se dedica propiamente al estudio de La mañosa.
El autor examina cada uno de los veinte capítulos de la obra, mostrando cómo se presenta y se refleja en ésta la visión de mundo de la pequeña burguesía con sus correspondientes percepciones sociales, económicas y políticas. El sexto y último capítulo traza la estructuración de esa visión de mundo en la historia dominicana. Los primeros dos apéndices cumplen la función de presentarnos una esquematización del texto, mediante su reducción a breves unidades narrativas, discursivas y descriptivas. Por su parte, el tercer apéndice nos proporciona un breve cuadro general sobre la figura del caudillo en la historia dominicana, desde mediados del siglo XIX hasta el advenimiento de la dictadura de Rafael Leónidas Trujillo.
La extensa bibliografía contiene, en primer lugar, las obras de Bosch, dividiéndolas en novelas, cuentos, ensayos, artículos, prólogos y folletos. En segundo lugar, se presentan las críticas a la obra de Bosch y las entrevistas que se le han realizado. Por último, se incluyen obras sobre la historia, la política, la economía y la literatura, tanto de la República Dominicana, como de América y del mundo.
García Cuevas clasifica la obra literaria de Juan Bosch de la siguiente forma: 1. Obras de ficción: poemas de juventud, cuentos y novelas. 2. Estudios sociohistóricos: Ensayos sociológicos, históricos y económicos. 3. Biografías: Eugenio María de Hostos, Simón Bolívar, Máximo Gómez, Pedro Santana, etc. 4. Ensayos políticos y teóricos: escritos sobre teoría y práctica política. 5. Testimonios y crónicas: notas sobre viajes y vivencias personales. 6. Propaganda política: escritos con fines proselitistas. 7. Escritos coyunturales: artículos aparecidos en periódicos y revistas, principalmente, donde polemiza u opina sobre acontecimientos coyunturales inmediatos. 8. Obras teológicas: escritos sobres personajes bíblicos como Judas y David.
Para adentrarnos en el cuerpo de la obra de García Cuevas, prestaremos atención a su descripción y explicación de la evolución política y literaria del autor de La mañosa. El doctor Juan Bosch nace en La Vega, República Dominicana, en el 1909. Su padre, José Bosch Subirats, de origen catalán, llegó a Santo Domingo en el 1900 y en el 1906 se casó, en La Vega, con la puertorriqueña Angela Gaviño.
El autor divide la trayectoria literaria y política de Bosch en cuatro etapas. La primera etapa transcurre desde 1929 hasta 1938. Como antecedente de la misma, hay que señalar que la invasión militar norteamericana de 1916 sirvió de telón de fondo a su niñez y despertó en él cierto sentido nacionalista y patriótico. Haber visto bajar de los edificios públicos la bandera dominicana para izar la bandera de los Estados Unidos de Norteamérica, provocó una fuerte impresión en el niño de apenas siete años de edad. Los frecuentes viajes por las zonas agrícolas del país despertaron en el niño admiración por la gente del campo. Es así como a la edad de ocho años comienza a escribir y a ilustrar sus primeros cuentos.
En 1929, contando solamente con veinte años de edad, dejó registrado su temor de que los intentos reeleccionistas de Horacio Vásquez desembocaran en un golpe de Estado. Bosch sospechaba que el panorama político del país era favorable para que emergiera un dictador. El artículo, publicado en el periódico El Mundo del 16 de septiembre de 1929, es indicativo de la temprana sensibilidad política de éste. En el 1933, en plena dictadura trujillista, publica Camino Real, libro que de acuerdo con varios críticos, inicia el cuento moderno en la República Dominicana. En ese texto hay un cuestionamiento implícito de las condiciones de vida de los campesinos bajo la dictadura trujillista. Su segundo libro, Indios, apuntes históricos y leyendas (1935), es un ensayo acompañado de tres leyendas sobre la vida de los aborígenes antes de la llegada de los españoles.
García Cuevas advierte que algunos historiadores de la literatura han catalogado incorrectamente este libro como uno de cuentos. El texto de esta obra está revestido de gran lirismo metafórico. El autor piensa que la situación tensa ante el régimen trujillista es el motivo por el cual Bosch abandona el tema campesino en 1935 y escribe sobre un tema que puede parecer un intento de evasión. Recuperar el pasado indígena y presentarlo como una utopía era subvertir el estado de cosas de la dictadura. Con la publicación de La mañosa en 1936 y su salida del país en enero de 1938, se cierra la primera etapa de Juan Bosch.
En esta novela se recrea el pasado caudillista previo a 1930, el cual constituye la raíz histórica de la dictadura trujillista. Para salir del país en 1938, Bosch se vale de la excusa de que debía llevar a su esposa a Puerto Rico a recibir tratamiento médico. El tirano lo dejó salir, porque ocupaba un cargo en el Departamento de Estadística y, además, le había ofrecido el puesto de Diputado en el Congreso. El dictador pensó que Bosch no rechazaría tal ofrecimiento. Cuando Bosch sale del país, se enfrenta a la disyuntiva de dedicarse a la literatura o a la política, pero Eugenio María de Hostos (1839-1903) le brindaría las claves para ocuparse de la política sin abandonar la literatura.
La segunda etapa de la trayectoria de Bosch se extiende desde 1939 hasta 1962. En el exilio entró en contacto directo con la obra de Hostos, conjugó su oficio de escritor con la actividad política, se convirtió en uno de los dirigentes más importantes de la resistencia antitrujillista en el exilio, y recorrió varios países latinoamericanos. Tras el asesinato de Trujillo en 1961, Bosch regresó a la República Dominicana y ganó las elecciones de 1962, como candidato del Partido Revolucionario Dominicano que él había fundado en 1939. Su encuentro con el pensamiento de Hostos, llevará a Bosch a adoptar un idealismo moral que se traducirá en la lucha por liberar a su país de la dictadura que lo oprimía. Según Bosch, el ascenso de Franco en España y el inicio de la Segunda Guerra Mundial fueron acontecimientos decisivos para que él decidiera unirse a la oposición antitrujillista en el exilio.
De su descubrimiento de Hostos, nacen dos libros: Mujeres en la vida de Hostos (1938 y 1988) y Hostos, el sembrador (1939 y 1976). Además de sus ensayos, publicó en 1941 los cuentos: El socio, Dos pesos de agua, El río y su enemigo y Luis Pie. En el 1947, publicó Ocho cuentos. En 1955, en Chile, aparecen Judas Iscariote, el calumniado, La muchacha de la guaira y Cuba, la isla fascinante. Cuento de Navidad es de 1956. En el 1958 publicó en Venezuela sus ensayos El arte de escribir cuentos. Trujillo, causas de una tiranía sin ejemplos, data de 1959. En 1960 publica su famoso cuento La mancha indeleble y Bolívar, biografía para escolares. En 1962, año de su triunfo electoral, recopiló sus cuentos, para los lectores dominicanos que desconocían su obra, en los volúmenes: Cuentos escritos en el exilio y Más cuentos escritos en el exilio. Para Juan Bosch, la llegada a la presidencia de su país significó la posibilidad real de iniciar el proyecto liberal que se remontaba al ideal de los trinitarios de 1844, los restauradores de 1865, los nacionalistas de principio de siglo y de los antitrujillistas del exilio.
Desde el poder, creyó que por fin su país podría encarrilarse por el camino de la democracia representativa y liberal. Pensó que era posible la revolución pacífica por medio de la educación que Hostos había predicado. Su esquema mental se desplomó cuando el 25 de septiembre de 1963 fue derrocado por un sector de las fuerzas armadas dominicanas, la oligarquía y la colaboración del Pentágono norteamericano. A raíz de lo anterior, García Cuevas describe la tercera etapa de la trayectoria de Bosch como una de desilusión y de búsqueda. Esta etapa comienza en 1963 y finaliza en 1966. La crisis en que había entrado el pensamiento de Bosch tras el golpe de 1963 se agudizaría en 1965 con la segunda intervención militar norteamericana en suelo dominicano en el presente siglo.
El modelo político de la democracia representativa y liberal, que le había dado sentido a sus acciones desde 1939 hasta 1963, no había funcionado en su país. La invasión militar norteamericana de abril de 1965 haría a Bosch dar un salto radical hacia el marxismo. Según García Cuevas, el camino recorrido por Bosch para llegar al marxismo siguió tres etapas. Primero, cuestionó el sistema democrático representativo. Segundo, estudió a fondo la política internacional norteamericana en América Latina. Tercero, inició el estudio de los clásicos del marxismo y, simultáneamente, viajó por varios países socialistas de Europa y del continente asiático.
A partir de 1967, se inicia la cuarta etapa en el pensamiento de Bosch. Esta etapa se extiende hasta el presente. Bosch abandona la defensa de la democracia representativa y se convierte en un crítico de este sistema político y en un proponente de cambios revolucionarios. Como parte de su nuevo proyecto, se propuso entender para sí y explicar a la militancia de su partido, desde la perspectiva del materialismo histórico, cómo funcionaba el capitalismo. A la misma vez, estudió el desarrollo histórico de la sociedad dominicana, empleando el instrumento conceptual de la lucha de clases. Sus primeros libros en esta línea ideológica fueron: El pentagonismo, sustituto del imperialismo (1967), Tesis de la dictadura con respaldo popular (1969), De Cristóbal Colón a Fidel Castro (1969), Breve historia de la oligarquía (1970), y Composición social dominicana (1970).
En el año 1973, convencido de que el partido fundado por él y otros compatriotas no admitiría transformaciones, Bosch fundó junto con un reducido grupo de seguidores, el Partido de la Liberación Dominicana (PLD), del cual fue su candidato presidencial hasta las elecciones de 1994. Su principal consigna fue la de liberar al país de cualquier tipo de opresión, teniendo como aspiración final completar la tarea iniciada por el liberalismo revolucionario desde mediados del siglo XIX.
El hecho de que Bosch no fundara un partido exclusivamente obrero o no se afiliara al Partido Comunista se debió a que, desde su incursión en el marxismo, mantuvo cierta distancia y autonomía frente a la ortodoxia oficial. Bosch negó la existencia y conciencia de clase del proletariado dominicano, porque pensó que la pequeña burguesía era el componente principal de la sociedad dominicana y que, en alianza con los trabajadores y campesinos, era la clase que debía organizar y dirigir cualquier proceso revolucionario.
El PLD, con los métodos de trabajo impulsados por Bosch, se desarrolló y creció de tal forma, que ya para 1990 era la principal fuerza política del país. Dos años antes, el Comité Central de esta organización había sometido un documento a la base del partido, donde afirmaba el «boschismo» como teoría política y oficial de la organización. La propuesta declaraba que la aportación de Bosch en el campo de la historia, la economía y la política, entre otras, había permitido que su análisis de la sociedad dominicana se constituyera en una guía para la lucha efectiva en pro del ideal de liberación nacional.
Como habíamos apuntado al comienzo, García Cuevas monta su investigación sobre la política y la literatura en la personalidad de Juan Bosch, tomando la novela La mañosa como el centro de su trabajo. Entre sus opciones tenía la copiosa obra cuentística de Bosch, dos novelas y los en-sayos. Los cuentos ya habían sido estudiados de forma considerable por la crítica y la obra ensayística aún no estaba concluida. Le restaban dos opciones: La mañosa y El oro y la paz (1964). El autor optó por la primera, por entender que en ella es donde mejor se conjugan la literatura y la política. La mañosa, según García Cuevas, es una novela más política que histórica, en la cual la historia es un pretexto para la revisión política.
La necesidad de explicar por qué Juan Bosch escribió una novela sobre las luchas caudillistas en una época en que éstas eran consideradas como asuntos del pasado, es el resorte inmediato que conduce a García Cuevas a iniciar su investigación considerando las condiciones políticas y económicas que perfilan la República Dominicana de los años treinta.
El autor establece que el ascenso de Trujillo al poder estuvo vinculado a varios factores, a saber: 1. La ocupación militar norteamericana de 1916 a 1924. 2. El ejército policiaco que creó el gobierno de ocupación. 3. El favoritismo horacista que promovió su ascenso al poder. 4. El acaudillamiento que consiguió en las filas del ejército. 5. Sus características personales. 6. Su vinculación directa con el movimiento cívico que, planteando la necesidad de un «hombre nuevo», produjo el derrocamiento de Horacio Vásquez.
Rafael L. Trujillo ingresó al cuerpo militar norteamericano en 1919, y ya para el 1928 era el militar más poderoso del país. El despilfarro y la corrupción administrativa del régimen de Vásquez, más sus deseos continuistas, abonaron el terreno para que éste aprovechara la coyuntura de 1930 y apoyara solapadamente la conspiración dirigida por Rafael Estrella Ureña, que eventualmente lo llevaría al poder. Con la renuncia del presidente Vásquez se produjo una crisis política y Estrella Ureña pasó a ocupar provisionalmente la presidencia hasta que se celebraran elecciones. Trujillo presidente y Estrella Ureña vicepresidente: ésta sería la consigna. La fórmula Trujillo-Estrella Ureña resultó ganadora y el 16 de agosto de 1930 tomaron posesión de sus cargos, iniciando lo que maquiavélicamente llamarían la «Era gloriosa», «Era del progreso» y «Era de la paz», entre otros epítetos.
El autor señala que el surgimiento de la dictadura de Trujillo está estrechamente vinculado a la caída de la bolsa de valores acaecida en 1929, ya que a raíz de ésta se produjo una drástica reducción en los ingresos por exportaciones. La baja de los ingresos fiscales, combinada con las presiones internacionales al país para que pagara su deuda externa, más la parálisis casi total del sistema agroexportador, exigía un esquema de poder que enfrentara la situación mediante una institución sólida y estable. Lamentablemente, la única institución que cumplía con tales características era el ejército policiaco de Trujillo. Por su parte, los norteamericanos comprendieron que la protección de sus intereses globales de dominación requiría la instauración de un régimen despótico que tuviese mayores poderes para contrarrestar las tendencias caóticas de la economía.
Para Bosch, la dictadura trujillista fue consecuencia directa del atraso histórico de la sociedad dominicana y de la inexistencia de una burguesía nacional que impulsara el capitalismo. De acuerdo con Bosch, Trujillo aprovechó la infraestructura que iniciaron los norteamericanos y se convirtió en el principal propulsor de la modernización capitalista en la república y, al igual que otros autores, relaciona su ascenso político a la gran crisis de 1929 y a las intenciones reeleccionistas de Horacio Vásquez.
En cuanto a la acusación del historiador y sociólogo, Franklin Franco, en el sentido de que la novela La mañosa es apologética del régimen trujillista, García Cuevas refuta la misma señalando que esta acusación es el resultado de leer la novela como un artículo periodístico más de los que escribió su autor, olvidando que la novela es una producción simbólica con carácter estético y que exige otro tipo de lectura. García Cuevas asegura que su lectura crítica del texto demuestra, entre otros hallazgos, que la recreación del pasado caudillista desde el presente trujillista, tiene su génesis en una estructura nostálgica que genera a su vez otra estructura irónica y que ambas explican indirectamente el porqué del trujillismo. Si el juego de voces propicia, por momentos, identificar pasajes que permitan pensar que la novela es pro trujillista, también hay otros que apuntan que no.
El autor concluye que, aunque Bosch no se propusiera escribir de forma consciente un texto irónico que pudiera interpretarse como un conflicto directo de él con la dictadura, por el peligro que esto representaba para sí y su familia, pudo reproducir una ironía hacia la dictadura de forma inconsciente, pero mediatizada por la nostalgia y la frustración de la clase social de la cual provenía: la mediana pequeña burguesía.
Sobre la relación entre el proyecto trujillista y los intelectuales, el autor plantea que, dado que la idea y creación de una sociedad democrática al estilo liberal fue la mayor aspiración de los intelectuales liberales dominicanos desde mediados del siglo XIX, el mínimo acercamiento para explicar la relación de Trujillo con la intelectualidad de tendencia liberal que lo apoyó debe tomar en cuenta los intentos fallidos de ese objetivo hasta 1930. Trujillo logró seducir a muchos de estos intelectuales, porque al principio de la dictadura incorporó a su sistema discursivo parte de los preceptos que el liberalismo venía repitiendo desde mitad del siglo XIX. Fue de una concepción fatalista sobre el pasado y el futuro dominicanos que, intelectuales que incluso habían entrado en contacto con el pensamiento socialista, terminaron apoyando al régimen.
En el año 1955, a los 25 años de la dictadura, Joaquín Balaguer, pilar orgánico del aparato ideológico del régimen, afirmaba que Dios y Trujillo, siendo Trujillo tocado desde el principio por una especie de predestinación divina, eran la explicación de la supervivencia del país y de la actual prosperidad de la vida dominicana. Las ideas de José Enrique Rodó y su obra Ariel (1900), tuvieron un gran impacto sobre la intelectualidad dominicana y la encaminaron al apoyo del trujillismo. En Ariel se hacía un llamado a la juventud hispanoamericana para hacer frente al utilitarismo norteamericano.
Estas ideas encontraron en la República Dominicana las condiciones propicias para su fructificación debido a que, desde la caída de Ulises Heureaux en 1899, el pueblo dominicano se desangraba en una constante lucha política que por un lado, favorecía la ingerencia norteamericana, mientras por el otro, hundía a las nuevas generaciones en el más oscuro pesimismo. Años más tarde, Trujillo tendría la astucia para atraer a los jóvenes intelectuales e integrarlos a su gabinete. A la mayoría de éstos le tocaría la misión de encubrir, encontrándole a cada situación su correspondiente explicación para la historia. Y, como es natural al momento de elaborar lo que pudiera considerarse como la filosofía del régimen, ellos dieron nueva formulación a esas mismas teorías. Así, encontramos que el pensamiento de Rodó le sirvió a los jóvenes intelectuales para racionalizar y justificar los valores y virtudes del liberalismo, adjudicándoselos a la dictadura a la que servían. El arielismo se había transformado de ideología libresca en praxis política con la fundación del Partido Liberal Reformista, partido que presentó fuerte oposición a la intervención norteamericana de 1916, con Santiago Guzmán Espaillat a la cabeza. Los arielistas creyeron en la posibilidad de lograr una transformación política, económica y social por medio de la educación.
Ante las circunstancias políticas y la urgencia cotidiana bajo el régimen de Trujillo, tuvieron que rendirse y sus valores e ideales fueron supeditados al utilitarismo del trujillismo. Cuando la realidad empírica se impuso, ya era demasiado tarde para volver atrás. Quedaron atrapados y no les quedó otro camino que colaborar, puesto que era cuestión de vida o muerte el volver atrás. Así quedaba consumada la idea de Rodó de que son las inteligencias superiores las que deben dirigir la sociedad.
Sobre el rol de Bosch dentro de esta coyuntura política, García Cuevas sostiene que, independientemente de los artículos que escribiera Bosch a favor de Trujillo, éste no simpatizaba ni política ni ideológicamente con la dictadura y aunque no ofreció resistencia inmediata al régimen, su rápida incorporación a la lucha antitrujillista, ya en el exilio, era indicio de que su visión de mundo había superado las limitaciones de la conciencia real de los intelectuales arielistas. Esto, entre otros factores, porque su pensamiento estaba influido por una tendencia del liberalismo revolucionario que no era excluyente de los sectores populares. No debemos olvidar además, el artículo que Bosch había publicado en 1929, en el que advertía sobre el peligro de una nueva dictadura. Notable es también el hecho de que en enero de 1934, Juan Bosch fue apresado y encarcelado bajo la sospecha de conspiración contra el régimen mediante la colocación de una bomba.
Bosch relata que, mientras se encontraba visitando a su novia, a fines de noviembre de 1933, escuchó una fuerte explosión. Dos o tres días después, se enteró de que ese estruendo había sido producido por una bomba que lanzaron al cementerio de la capital. El día 3 de enero de 1934, Bosch fue apresado en la casa de sus padres por la policía trujillista y llevado a la cárcel de la fortaleza Ozama. Después de permanecer preso durante dos semanas en el lugar, fue trasladado a Nigua, una de las peores cárceles del régimen trujillista, donde contrajo la enfermedad del paludismo y finalmente, por mediación del escritor César Herrera, fue dejado en libertad. El argumento que Herrera dio a Trujillo para que lo dejaran en libertad fue que Bosch podía morir en la cárcel y dado que éste era un escritor conocido en el país y en el extranjero, su muerte perjudicaría al gobierno. Se infiere del incidente anterior que, ya en 1933, se desconfiaba de Bosch y se le veía con potencialidad para convertirse en antitrujillista, lo que lo colocaba evidentemente entre los escritores que no eran vistos con simpatías por el régimen.
Tras el exilio de Bosch en 1938, el tirano ordenaría que el nombre del escritor y sus obras quedaran terminantemente prohibidos en el país. El estudio de García Cuevas demuestra, como balance final, que La mañosa, a pesar de haber sido leída desde diversos ángulos, no fue considerada seriamente como obra importante para entender y explicar la temprana vinculación de su autor con el liberalismo revolucionario dominicano que no era excluyente de los sectores populares ni como novela de crisis histórica de la pequeña burguesía nacionalista y liberal de los años treinta en la República Dominicana. La mañosa aparece entonces, como un texto fundamental para entender la rápida incorporación de Bosch al lado del pensamiento y la praxis política dominicana que aspiraba a la modernización y a la democracia liberal.
En conclusión, la obra de Eugenio de J. García Cuevas constituye un aporte fundamental al entendimiento de una personalidad ejemplar de nuestra América en el siglo XX, en la que la literatura y la política constituyen una unidad complementaria. La lectura del texto es altamente recomendable, puesto que le brinda al lector de manera muy clara, pero sin perder ni un ápice de una rigurosidad fundamentada en rica evidencia documental, una amplia y precisa visión de la historia política dominicana desde mediados del siglo pasado hasta el presente.Ir arriba
El Consejo de Estado, presidido por Rafael F. Bonelly, organizó las elecciones que se celebraron el 20 de diciembre de 1962. Se trataba de los primeros comicios libres que se celebraban en el país en cuarenta años.
Juan Bosch, candidato del Partido Revolucionario Dominicano (PRD), fundado en Cuba en 1939, resultó ganador por una amplia mayoría. Aparentemente se cerraba una etapa de fuertes convulsiones en el país tras la muerte primero y derrumbamiento político después del régimen del trujillismo. Ese clima de euforia nacional no duró ni siquiera un año. Juan Bosch tomó posesión el 27 de febrero de 1963 y fue derrocado por un golpe militar el 25 de septiembre de 1963.
Nacido en La Vega en 1909, y fallecido en Santo Domingo el 1 de noviembre de 2001, Juan Bosch es sin duda una de las más grandes personalidades dominicanas del siglo XX. Un auténtico gigante político y humano sobre el que todavía no hay un distanciamiento histórico para comprender mejor al hombre que amó a su país por encima de todo, que tuvo bien presente la dignidad humana como la meta política de su vida y que deja una obra literaria excepcional en la que se ha erigido como el auténtico maestro del género del cuento en toda la literatura hispana.
A lo largo de toda su vida Juan Bosch marcó claramente la frontera y siempre fue inflexible. Si era el tiempo de la literatura, la política quedaba postergada. Si había llegado la hora de la acción política, la literatura permanecía como el tiempo ya pasado. Los tiempos de Juan Bosch fueron los más difíciles tanto en el plano interno como externo.
En un Caribe todavía encendido por los rescoldos de la crisis de los misiles que puso al mundo al borde de un conflicto nuclear en el gran pulso mantenido por John F. Kennedy, Fidel Castro y Nikita Jruschov, las frágiles espaldas del nuevo presidente tuvieron que asumir los traumas de una sociedad todavía atenazada por las heridas físicas y morales del trujillismo. Todo ese gigantesco desafío no le hizo temblar nunca el pulso. En ese sentido Juan Bosch tuvo el mismo coraje político que Juan Pablo Duarte para amar a su patria por encima de todo, construir una sociedad solidaria y aceptar siempre los reveses de la incomprensión, el desprecio y la descalificación.
Se ha dicho que Juan Bosch, por el largo exilio en que vivió, nunca comprendió a su país para justificar el golpe que le derrocó. Quienes tantas veces han dicho esto no han comprendido ni comprenden el profundo significado de la lealtad a la patria. Quizás haya que vivir no uno sino varios exilios como Juan Pablo Duarte y Juan Bosch para amar y conocer precisamente, de manera más profunda, a la patria. Fue justo ese amor a la patria y a sus hombres y mujeres lo que motivó la acción de gobierno ejemplar de Juan Bosch. Sus ideas no podían ser más simples y sencillas: establecer un gobierno que se apoyase y reflejara de manera continua la voluntad mayoritaria del pueblo.
Líder del Partido Revolucionario Dominicano, uno de los partidos de mayor incidencia en el año 1962, quiso servir a su patria después de un largo exilio de cinco lustros. Un buen ejemplo de esa vocación de servicio fue ver cómo Bosch reconstruyó posteriormente su carrera política y se postuló como candidato a la presidencia para los períodos 1966, 1970, 1982, 1986, 1990 y 1994. Pero además fundó en 1973 el Partido de la Liberación Dominicana (PLD), que llegaría finalmente a gobernar bajo el liderazgo de Leonel Fernández. ¿Por qué no pudieron triunfar en 1963 las ideas de Juan Bosch?
El primer presidente elegido democráticamente en cuarenta años en unos comicios libres quiso desde un primer momento establecer cuatro prioridades fundamentales para su gobierno: 1ro. Respeto pleno a la independencia de los tres poderes del Estado: ejecutivo, legislativo y judicial, 2do. Respeto pleno a los derechos civiles y políticos de todos los ciudadanos, 3ro. Respeto pleno a la utilización honrada y eficiente de los fondos públicos y 4to. Respeto pleno a un régimen de igualdad de oportunidades para todos.
Es aquí donde encontramos la respuesta no al fracaso de su gestión sino a las razones de la conspiración que se urdió para derrocarle por todos aquellos que temieron por sus intereses particulares ante los firmes principios que desde un primer momento anunció el presidente como ideario de su gestión. Aparentemente el presidente contaba con una amplia experiencia de su largo exilio en Cuba, Costa Rica y Venezuela donde había meditado largamente sobre la situación política y económica del país y de toda la cuenca del Caribe. Tenía el respaldo del Congreso, de su partido, del pueblo y de los partidos de izquierda. Pero además contaba con el apoyo expreso de los líderes políticos caribeños así como con las simpatías iniciales de Estados Unidos.
Los primeros escollos pronto aparecieron: el recelo de las élites del país, la división de los sindicatos, las veladas acusaciones de que latía una amenaza comunista en el seno del propio gobierno y, finalmente, el brusco cambio de un férreo régimen dictatorial a un auténtico Estado democrático. De todos estos escollos el más importante, y el que nunca supo encauzar el presidente, fue el profundo recelo y luego distanciamiento con las élites del país que no podían asimilar su alejamiento de los resortes del poder por quien consideraban un auténtico advenedizo después de cinco lustros de exilio político. Siempre que se producía una crisis entre esta élite y el presidente, este último amenazaba con aplicar la aplanadora, su mayoría en el Congreso. De esta forma, se fue cerrando paulatinamente toda posibilidad de diálogo entre el presidente y sectores claves e influyentes de la sociedad.
El proyecto de la nueva Constitución que consagraba los derechos civiles y políticos además del derecho al trabajo, la vivienda, la educación y la salud junto a la expropiación por causa de interés social y la igualdad de los hijos naturales ante la ley propició las diferencias entre la Iglesia y los empresarios con el presidente. Bosch formó además un gobierno con gentes de clase media, origen provinciano y modesto, miembros del exilio, desconocidos para el país con las únicas excepciones de Silvestre Alba de Moya, secretario de Trabajo, y Andrés Freites Barreras, secretario de Relaciones Exteriores. Este gobierno trató desde un primer momento de mantener unas relaciones de equilibrio tanto con Washington como con Moscú mientras buscaba potenciar sus lazos con los países europeos.
La política económica defendida por Juan Bosch, que tuvo que asumir la herencia catastrófica del Consejo de Estado, se basó en la prudencia y la estabilización. El Fondo Monetario Internacional alabó precisamente esta disciplina en el gasto público que corrigió las desviaciones tanto en el presupuesto como en la balanza de pagos. Bosch logró reorganizar las finanzas públicas pero fracasó en la reactivación económica. La presión para que rectificara inmediatamente su política económica fue agobiante. Nadie quiso darle un mínimo plazo. En agosto y septiembre las presiones sobre Palacio fueron constantes. La respuesta del presidente siempre fue la misma: no habría cambios en la política económica.
La suerte del primer gobierno elegido democráticamente tras cuarenta años estaba ya echada. El 25 de septiembre de 1963 las Fuerzas Armadas y la Policía Nacional se levantaron en armas. El golpe derrocó a Juan Bosch, que fue apresado primero y luego deportado. Las razones de los mandos militares para su levantamiento se basaron en la incapacidad del gobierno para resolver los graves problemas del país, el incumplimiento de las promesas electorales y el apoyo expreso del presidente derrocado con el comunismo.
Aunque John F. Kennedy siempre miró con simpatía el régimen de Juan Bosch, influyentes miembros de su Administración le advirtieron sobre el peligro cierto de un dominó comunista en las aguas del Caribe. Después de Cuba, decían, la pieza de República Dominicana está ya madura. Sin embargo, Kennedy condenó el golpe y pidió el retorno a la constitucionalidad. Los militares buscaron primero un ciudadano independiente pero finalmente optaron por formar un triunvirato que Kennedy se negó a reconocer. Después del magnicidio de Dallas, el nuevo presidente, Lyndon B. Johnson, reconocería diplomáticamente al nuevo triunvirato formado por Emilio de los Santos, Ramón Tapia Espinal y Manuel Tavares Espaillat. El golpe no cerró la crisis sino que fue el detonante de un mayor conflicto al estar las fuerzas armadas divididas entre el Grupo de San Cristóbal, mandado por oficiales superiores, y el Grupo de San Isidro, dirigido por Elías Wessin y Wessin de la Fuerza Aérea. Desde septiembre de 1963 a abril de 1965 se vivió un clima de continua crisis y extrema tensión que estalló en un nuevo golpe el 24 de abril de 1965 para volver a restaurar la presidencia de Juan Bosch. El ejército se dividió entre la Junta de Reconstrucción Nacional, liderada por el coronel Pedro Bartolomé Benoit, y la Junta Constitucionalista presidida por el coronel Francisco Alberto Caamaño Deñó.
El golpe de abril degeneró en una guerra civil que tuvo como campo de batalla las calles de Santo Domingo. Ante la grave situación, y el avance de las tropas de Caamaño, el coronel Benoit pidió la intervención de las tropas de Estados Unidos abriendo la internacionalización de la crisis dominicana. La guerra de abril de 1965 concluyó con la mediación de la OEA y la firma de un Acto Institucional que reconocía aspectos importantes de la Constitución de 1963 al mismo tiempo que garantizaba los cargos de civiles y militares del bando constitucionalista. El único que se opuso a estos acuerdos, el general Wessin, fue extrañado del país.
Comenzó una compleja y tensa normalización que supuso al final la segregación, cancelación y exilio del coronel Caamaño y sus principales hombres. Finalmente, la guerra acabó con el acuerdo de organizar nuevos comicios en junio de 1966. Las elecciones del 1 de junio de 1966 tuvieron un significado histórico. Fueron fundamentalmente el duelo entre el conservador Joaquín Balaguer, al frente del Partido Reformista (PR) y el liberal Juan Bosch, como líder del Partido Revolucionario Dominicano (PRD). Para Balaguer era su vuelta a la escena política. Desde entonces el hombre que fue secretario y vicepresidente de Trujillo aspiraba a construir su propia carrera política, una carrera larga y tenaz para un hombre que siempre amó los pasillos del poder, fuera cual fuese el precio a pagar.
Para Juan Bosch era de nuevo la lucha de la dignidad, el rechazo a las injurias y calumnias pasadas, el amor y lealtad a su patria y la reivindicación de una oposición siempre tenaz para construir una nueva sociedad. Bosch resultaría derrotado. Su campaña fue testimonial ante el acoso sistemático y las amenazas de muerte. Pero no renunciaría a su vocación política primero en el PRD y luego al frente del PLD, la nueva formación política que el mismo fundó. Paradójicamente, dos grandes personalidades de la vida pública dominicana, como son Juan Pablo Duarte y Juan Bosch, vivieron el mismo paralelismo de tener que hacer enormes renuncias personales por amor y lealtad a su patria.
En el corazón de la cuenca del Caribe, la obra política de Juan Bosch siempre permanecerá como el momento histórico de un proyecto de cambio social, político y económico que marcó nuevas fronteras y objetivos que hoy permanecen como metas en la escena política del país. Ir arriba
. Ana Mitila Lora, periodista dominicana: Juan Bosch, el político que no dejó matar ni robar
El legado político de Juan Bosch no podría entenderse sin su contraparte Joaquín Balaguer. Y, más adelante, sin la figura de José Francisco Peña Gómez. La influencia del formidable trío político con sus grandezas y miserias proyecta su dominio al siglo XXI. No es hora de comparaciones ni recriminaciones. Es tiempo de recrear las ideas del inmenso Juan Emilio Bosch Gaviño. Después que sus restos mortales se habitúen al frío de la muerte lloverán los testimonios, vendrán las memorias de los que compartieron junto a él largos años, los análisis e interpretaciones que competirán con las que surgirán cuando Joaquín Balaguer entre también en la otra morada.
El 13 de enero de 1938, Bosch logró salir del agobio de la dictadura trujillista. El escritor y editor literario del LISTIN DIARIO fue autorizado a salir del país. El trujillato todavía no abrigaba sospechas sobre Bosch. Sólo Virgilio Díaz Ordóñez y Emilio Rodríguez Demorizi sabían que no volvería durante la dictadura. Bosch llegó a Puerto Rico sin el gusanillo de las ambiciones políticas.
A Juan Isidro Jiménez Grullón y Cotubanamá Henríquez se les atribuye el mérito de persuadirlo para que se enrolara en la lucha contra Trujillo. En su libro “Hostos, el sembrador”, relata la magnitud de la influencia hostosiana en su trayectoria: “El hecho más importante de mi vida hasta poco antes de cumplir 29 años fue mi encuentro con Eugenio María de Hostos, que tenía entonces casi 35 años de muerto en tierra dominicana... Hostos, apareció vivo ante mí a través de su obra, de sus cartas, que iban revelándome día tras día su intimidad. Tuve la fortuna de vivir en la entraña misma de uno de los grandes de América, de ver cómo funcionaba su alma, de conocer en sus matices más personales el origen de sus pensamientos. Hasta ese momento yo había vivido con una carga agobiante de ser útil a mi pueblo y a cualquier pueblo, sobre todo si era latino-americano, pero para ser útil a un pueblo hay que tener condiciones especiales, ¿y cómo podía saber cuáles condiciones eran esas y cómo se las formaba uno mismo si no las había traído al mundo, y cómo las usaba si las había traído? La respuesta a todas esas preguntas me las dio Hostos.
Si mi vida llegara ser tan importante que se justificara escribir sobre ella, habría que empezar diciendo: Nació en La Vega el 30 de junio de 1909, y volvió a nacer en San Juan de Puerto Rico a principios de 1938, cuando la lectura de los originales de Eugenio María de Hostos le permitió conocer qué fuerzas mueven el alma de un hombre consagrado al servicio de los demás”.
Pero si Hostos le reveló el camino de su vocación política, la Cuba de finales de los treintas y los inicios de los cuarentas lo curtió en el arte de la política en todos los frentes. Primero, por su privilegiada posición como hombre de confianza de Carlos Prío Socarrás, cuñado de Cotubanamá Henríquez. Bosch trabajó para Prío en su oficina de Senador y en la dirección del periódico “Siempre”. Esa experiencia, contaba Bosch, le permitió aprender qué es el poder político y cómo funciona la maquinaria del Estado.
Cuando Prío Socarrás ganó la Presidencia de Cuba, Bosch se convirtió en su principal asistente. El hecho favoreció su aspiración de imponerse sobre los demás líderes del exilio dominicano y a la circunstancia sumó su prestigio literario.
En segundo lugar, la Cuba donde hicieron vida centenares de exiliados dominicanos le enseñó el camino de la inevitable lucha por el poder y el control político del recién fundado Partido Revolucionario Dominicano (PRD) en 1939. Allí se inició la llamada “Guerra de los Juanes”, la lucha entre Bosch y el intelectual Juan Isidro Jiménez Grullón por el control de la recién fundada organización. Sus veinticuatro años de exilio y de periplo por Costa Rica, Venezuela, Chile, Puerto Rico, le sirvieron también de escuela política. Formó parte del exclusivo círculo de los grandes líderes demócratas de la época como el venezolano Rómulo Betancourt, el costarricense José Figueres y el puertorriqueño Luis Muñoz Marín. Fue profesor del Instituto Político que empezó a funcionar en Costa Rica en 1960, donde se formaron muchos de los principales dirigentes políticos de la América Latina de la época.
Ajusticiado el dictador Rafael Leónidas Trujillo se abrieron las avenidas de libertad en República Dominicana. Inicialmente, la movilización popular giró en torno a la destrucción de los remanentes trujillistas guiada por la Unión Cívica Nacional. Pero después que llegó la avanzada del PRD el 5 de julio de 1961 el escenario empezó a transformarse, sobre todo después que Bosch pisó tierra dominicana el 20 de octubre de ese año. El líder del PRD empezó sus discursos radiales en los que explicaba a los dos millones de azorados dominicanos que la sociedad estaba dividida entre los “tutumpotes” (la oligarquía trujillista y antitrujillista) y los hijos de “Machepa” (los pobres o el resto de la sociedad). Aquello, estiman los sociólogos, fue determinante en la formación de identidades democrático-populares, para la rápida consolidación del PRD como partido democrático de masas y para su victoria electoral de 1962 con el 59 por ciento de los votos.
La experiencia como Presidente de la República fue traumática. A los dos meses de su juramentación la Asociación de Industrias, creada en 1962 por los industriales más importantes del país, le exigió que definiera su política económica. Los empresarios, sectores de la Iglesia católica y la extrema derecha organizaron grandes concentraciones para protestar contra la supuesta infiltración comunista en su gobierno y en el país.
La sociedad dominicana no estaba preparada para asimilar a Bosch. En medio de las más ácidas críticas, en abril de 1963, concedió pasaporte a Joaquín Balaguer, asilado en Estados Unidos desde marzo de 1962 durante el gobierno del Consejo de Estado. En un mensaje a la nación tuvo que explicar que Balaguer era dominicano y como tal tenía derecho a un pasaporte. “Fui un exiliado y sé lo que es andar, como un huérfano, por esos mundos de Dios sin una identificación” (El Caribe, 25 de abril de 1963).
Su Gobierno fue un modelo de respeto a las libertades públicas y a la democracia. El 25 de septiembre fue derrocado. Meses después Balaguer y Bosch conspiraron para derrocar a Donald Reid Cabral y lo lograron en abril de 1965. El 24 de abril explotó la guerra civil. Los grupos izquierdistas y los seguidores de Bosch organizaron guerrillas urbanas. Tras tres días de intensos combates las fuerzas constitucionalistas, que propugnaban por la vuelta a la Constitución de 1963 y por el retorno de Bosch al poder, derrotaron a las tropas regulares del ejército.
Los Estados Unidos invadieron República Dominicana “para prevenir otra Cuba”, el 28 de abril de 1965. La guerra civil terminó después de cuatro meses de negociaciones. El sector que propugnaba por la celebración de nuevas elecciones impuso su criterio. Las elecciones fueron celebradas el 1 de junio de 1966 y Balaguer ganó, pese a los cuestionamientos. El golpe de Estado de 1963, la guerra de abril de 1965, la invasión de Estados Unidos y su derrota electoral, fueron determinantes en la evolución política del líder del PRD. En víspera de aprobarse la nueva Constitución de 1966, el 28 de noviembre, Bosch salió del país hacia Europa por tiempo indeterminado. Una fotografía de El Caribe captó la escena: José Francisco Peña Gómez, de 29 años, y a la sazón secretario general del PRD, despedía al líder que ostentaba el cargo de “asesor del PRD”. Desde Benidorm, España, Bosch propuso en 1967 que las fuerzas revolucionarias y democráticas del continente abandonaran su posición ideológica y establecieran dictaduras con apoyo popular, como tránsito hasta poder instaurar regímenes democráticos propios de la naturaleza social de cada país. Esa tesis y su obra “El Pentagonismo: sustituto del imperialismo”, revelan la radicalización de su pensamiento.
Analistas como Bienvenido Alvarez Vega sostienen que dicha tesis originó una confusión ideológica en las filas del PRD y el alejamiento de sus posibilidades de recobrar el poder. “Es muy probable, que en los años de nacimiento de la tesis de la dictadura con apoyo popular -la renuncia a la democracia representativa- comenzara Bosch su alejamiento ideológico del PRD, porque como dijo después, éste era incapaz de realizar los cambios que necesitaba el país”.
El desembarco guerrillero de Francisco Caamaño, héroe de la guerra de Abril de 1965, puso la tapa al pomo. Bosch, Peña Gómez y decenas de dirigentes del PRD y de la izquierda pasaron a la clandestinidad y fueron perseguidos por los servicios de inteligencia de Balaguer. Bosch negó que Caamaño fuera la persona que comandaba la aventura guerrillera. Cuando el coronel cayó asesinado por las huestes balagueristas, un escalofrío conmocionó a amplios sectores del PRD. El Coronel de Abril y sus muchachos fueron abandonados. Llegaron las recriminaciones, acusaciones y discusiones.
Cuando las diferencias superaron las coincidencias Bosch renunció del PRD y fundó el Partido de la Liberación Dominicana (PLD) el 15 de diciembre de 1973. El partido morado fue una verdadera escuela política. Al inicio funcionó como una logia y con tal mística que ganó el favor de círculos de intelectuales y apoyo en los sectores más sanos de la juventud de esos años. Firme y despacio, Bosch formó ideológicamente al PLD de acuerdo con sus principios. Basta verificar los votos obtenidos en los comicios en que fue candidato presidencial del PLD -1978, 1982, 1986, 1990, 1994- para observar como amplió su base de apoyo. La cúspide electoral la alcanzó en 1990 con 634,343 votos y su opositor, el oficialista Balaguer, obtuvo 638,248. Tres mil 905 cuestionados votos fueron la diferencia.
La indignación, la impotencia de no poder demostrar fehacientemente la comisión del fraude electoral, las deslealtades, amargaron y desquiciaron a Bosch, porque a diferencia de Balaguer, Bosch sí reflejaba sus sentimientos. El líder del PLD había desestimado la alianza con su antiguo seguidor Jacobo Majluta que obtuvo en esos comicios 123 mil votos, había despreciado el apoyo de Peña Gómez, quien obtuvo más de 400 mil votos. El 17 de mayo Peña Gómez, su antiguo y vilipendiado discípulo, no lo apoyó. Y desde el interior de su partido la inesperada actitud de Víctor Grimaldi, jefe de Cómputos del PLD, quien inconsultamente reconoció de inmediato la “victoria” de Balaguer lo hirió mortalmente.
La resaca postelectoral estalló el 15 de marzo de 1991 cuando Bosch volvió a protagonizar una crisis política en el segundo partido fundado por él cuando presentó su renuncia. El Siglo publicó al día siguiente su testimonio. “Bosch dijo que salió del PRD porque en ese partido no había posibilidad de que el pueblo fuera favorecido cuando llegara al poder”. En el PLD, relató, se han iniciado luchas grupales que él no puede admitir, razón por la que decidió renunciar a la presidencia del partido. Bosch argumentó que entre otras razones renunciaba porque el pueblo dominicano no tiene interés en que le solucionen sus problemas. “Lo único que persigue es dinero y por eso se van en yolas jugándose la vida para llegar a los Estados Unidos. Solamente el PLD ha estado luchando contra eso, pero el PLD también ha sido afectado por su formación social. En el PLD la mayoría de sus miembros son pequeños burgueses y se han dado cuenta que en el partido hay gente que han alcanzado posiciones, como senadores, diputados, regidores, síndicos y eso ha provocado una corriente de aprovechados, de oportunistas, buscadores de posiciones y de puestos públicos. Y esos han empezado a formar grupos y como yo no puedo presidir un partido en el que haya grupos, renuncié del PLD”.
El Bosch político, idealista como Ulises Francisco Espaillat o Pedro Francisco Bonó, podría ser blanco de críticas, lo que no tiene discusión es que su gran victoria fue la enseñanza política y democrática que legó al pueblo dominicano. Ir arriba
. Marcio Veloz Maggiolo, narrador, poeta, ensayista y crítico dominicano, sobre Juan Bosch
La muerte de Juan Bosch deja un enorme vacío en la vida política dominicana, y sin dudas, un hueco enorme en la literatura latinoamericana.
Maestro de la narrativa corta, le debemos más de lo que suponemos. Sus cuentos son y fueron modelo de gran importancia para grandes escritores. Maestro por antonomasia, Bosch produce un cambio radical en la mentalidad dominicana a partir de su llegada al país procedente del exilio al que lo confinó la era de Trujillo.
Introdujo un lenguaje político simple, didáctico, social y desconocido hasta ese momento. Nos hizo comprender que la sociedad de clases era real, y nos puso en camino de entender un país al que dedicó casi su obra completa.
En mi caso fui su compadre, porque el mismo me pidió bautizar uno de mis hijos. Lo quise como amigo y me sentí siempre orgulloso de su amistad por encima de todos los avatares de la política. Dejó entre los que le conocieron aquel verso del poeta Franklin Mieses Burgos que reza: "cuando la rosa muere, deja un hueco en el aire que no lo llena nada".Ir arriba
. Bruno Candelier, ensayista y narrador dominicano: Juan Bosch, semblanza literaria de un inmortal
Autor de más de medio centenar de obras de ficción y ensayo, y político activo que ha ocupado la Presidencia de la República Dominicana, Juan Bosch es un representante distinguido de la tradición latino-americana que ha llevado a sus literatos al ejercicio de la política. Narrador, "sociógrafo" y promotor de la cultura, este dominicano eminente es la más prestante figura de las letras dominicanas, escritor representativo de la narrativa hispanoamericana y uno de los más distinguidos hombres de letras de la lengua española.
Nacido en La Vega, República Dominicana, el 30 de junio de 1909, desde muy joven se consagró a la creación literaria, alcanzando en el cultivo del cuento el más alto grado de desarrollo de este género en su país, y una de las posiciones cimeras en la narrativa latino-americana. Juan Bosch forma, con Miguel Angel Asturias y Arturo Uslar Pietri, el tríptico de narradores caribeños precursores del Realismo mágico latinoamericano, y su narrativa representa uno de los más lúcidos logros del Criollismo americano y una de las expresiones fundamentales del Socio-realismo hispanoamericano. Bosch asume como materia de sus cuentos el mundo de sus propias vivencias.
Desde muy niño conoció contratiempos y vivió aventuras. Con apenas dos años su familia se embarca hacia Haití y al poco tiempo regresa a la patria, instalándose durante una temporada en las comunidades rurales de El Pino y luego en Río Verde. Su Padre, José Bosch, un albañil de origen catalán que termina dedicándose al comercio y a la compra y venta de productos agrícolas, había contraído nupcias con la puertorriqueña Angela Gaviño, y se habían radicado en La Vega a principios del siglo, pero aunque los progenitores de Juan Bosch eran extranjeros, inculcaron en sus hijos un amor entrañable por la tierra dominicana, una simpatía especial por los problemas de su pueblo, un interés genuino por la suerte de sus gentes.
Para llegar a lo que llegó, Bosch tuvo el contacto con su pueblo, viajó con su padre por distintos puntos del país, conoció las peripecias y los peligros de las revoluciones montoneras. Inició sus estudios en su ciudad natal, en el colegio ‘‘San Sebastián’’ que dirigía el padre Fantino Falcon, legendario en el Cibao por su obra de amor y su aureola de santidad franciscana, y al trasladarse a la Capital de la República continúa sus estudios hasta el tercero de bachillerato, pero los requerimientos existenciales hacen que abandone el bachillerato, que no lo pudo concluir, y se dedique a diversos trabajos. En su tiempo libre se dedica a la lectura de los grandes maestros del cuento -Guy de Maupassant, Rudyard Kipling, Leonidas Andreyev, Antón Chejov, Sherwood Anderson, Horacio Quiroga, y otros- y a cultivar él mismo el cuento. Antes de tener un dominio técnico y profesional del cuento -que a su juicio logró al concluir la redacción de ‘‘El río y su enemigo’’ en 1942- escribió cuentos de la calidad de ‘‘La mujer’’, que encabeza su primer libro, ‘‘Camino real’’, publicado en 1933, y que le abrió las puertas de la fama.
Juan Bosch pertenecía a una familia acomodada y era el segundo hijo del matrimonio formado por José Bosch Subirats, de origen catalán, y Angela Gaviño de Bosch, oriunda de Puerto Rico. Bosch no conoció en carne propia ni el hambre, ni la miseria, ni la soledad, pero las contempló en sus coterráneos, y como era desde niño sensible al dolor ajeno y como recibió desde el hogar un sentido de responsabilidad, disciplina y respeto a los demás y como se educó bajo el sistema hostosiano fundado en la moral y el trabajo, le dolía la situación calamitosa de la mayoría de sus semejantes. Estamos hablando de La Vega de principios de siglo, pues Bosch nació en ese pueblo cibaeño en 1909 y en los años subsiguientes aumentaría el dolor y la miseria con la repetición de las luchas montoneras, con la primera ocupación militar norteamericana y con los efectos de la Primera Guerra Mundial.
El padre de Juan Bosch vino al país como albañil y terminó dedicándose a la agricultura y al comercio. Las revoluciones montoneras trastornaron la paz de la familia Bosch-Gaviño, como se puede desprender de la lectura de ‘‘La Mañosa’’, que narra Juan Bosch desde la perspectiva de su casa, ubicada frente el camino real de una comunidad de campesinos pobres, cercana a su pueblo natal. En varias entrevistas Bosch ha confesado el dolor que en su alma de niño le causaban la indefensión de los campesinos desvalidos, la pobreza en que vivían y la ingenuidad y la ignorancia de tanta gente noble y buena. Esa realidad sociocultural nutrió su imaginación, concitó su vena creadora y se convirtió en la sustancia narrativa de sus cuentos, y Bosch lo ha sentido con tanta intensidad que para él fue ineludible recrear ese mundo que lo hirió en lo más hondo de su sensibilidad.
En sus cuentos y relatos hay un perfil socio-gráfico de la realidad social, material y cultural que sus ojos contemplaron y los labriegos aparecen caracterizados, más que por los trazos criollistas de su lenguaje y su entorno, por su comportamiento y sus actitudes cuyas circunstancias explican el destino de sus vidas y proyectos. Bosch recrea en sus cuentos, con un aliento telúrico palpable, con un dramatismo de honda compenetración afectiva y con una destreza de narrador auténtico las vivencias y experiencias que marcaron su vida desde niño, de manera que recuerdos y vivencias se volvieron obsesiones e impulsos que dieron sustancia a sus cuentos, pasión y motivo a su intuición, alas y aliento a su imaginación. Por esa compenetración emocional tan entrañable y auténtica que sintió el cuentista vegano traducen sus cuentos y novelas, como sus textos de ensayos socio-políticos, rasgos y perfiles del comportamiento del dominicano, de nuestras clases sociales y de nuestra idiosincrasia nacional. De ahí que la base del pensamiento de Juan Bosch hay que rastrearla en sus cuentos y relatos y novelas.
La sensibilidad humana en Juan Bosch tiene la doble particularidad de ser al mismo tiempo social y estética. Primeramente Bosch quiso ser escultor, y aunque ha cultivado la escultura como entretenimiento, abandonó ese arte porque a su través no podía expresar lo que realmente sentía, como lo comprobó parcialmente mediante la poesía, cuando lo hizo en romances y canciones, y plenamente en la narrativa, especialmente en cuentos y relatos mediante los cuales halló el canal expresivo adecuado a su temperamento artístico y a sus motivaciones sociales y estéticas. Fue en La Vega donde Bosch escribió sus primeros cuentos, de manera que cuando el autor de ‘‘Cuentos escritos antes del exilio’’ se traslada a la capital de la República Dominicana ya tenía su vocación definida, aunque no desarrollada. Desde los primeros años de la década del 30 hizo vida literaria en Santo Domingo y se integró a la famosa tertulia de ‘‘La Cueva’’, a la que acudían los mejores escritores de la época. Las tertulias que se realizaban en la casa del poeta Enrique Henríquez, atraían y congregaban a Fabio Fiallo, Ramón Marrero Aristy, Andrés Fco. Requena, Domingo Moreno, Tomás Hernández Franco, Manuel del Cabral, Héctor Incháustegui, Franklin Mieses Burgos, Sócrates Nolasco, Pedro René Contín Aybar, Abad Henríquez, Manuel Llanes, Octavio Guzmán Carretero y otros escritores e intelectuales, de manera que los mejores escritores de la generación literaria de esa década, a la cabeza de los cuales se hallaba Juan Bosch, hicieron de ‘‘La Cueva’’ la más famosa tertulia literaria del siglo XX.
Bosch procedía de la escuela hostosiana y tras su estancia en Puerto Rico conocería todas las obras de Eugenio María de Hostos y se haría un hostosiano integral. Literariamente se formó bajo la orientación directa de Federico García Godoy, en su Vega natal, y directamente también recibiría la orientación del eminente humanista Pedro Henríquez Ureña. Cuando Bosch parte al exilio ya tenía la categoría de cuentista: había publicado su primer libro, ‘‘Camino Real’’ (La Vega, R.D., Imprenta El Progreso, 1933) y su primera novela, ‘‘La Mañosa’’ (Santiago, R.D., Imprenta El Diario, 1936). Completaría su formación literaria en Cuba; desde la patria de Martí proyectaría su obra de cuentista, y estando en Venezuela, casi al término de su exilio de un cuarto de siglo y de su etapa activa como escritor de narraciones, elabora su teoría del cuento, de cómo debe hacerse un cuento. Se trata de ‘‘Apuntes sobre el arte de escribir cuentos’’, que dictara en 1958 a petición del Director de El Nacional de la Capital venezolana, el novelista Miguel Otero Silva, que publicara la Universidad Central de Venezuela y que serviría de prontuario estético a importantes narradores de nuestra América, entre ellos a Gabriel García Márquez y Julio Cortázar.
Bosch pertenece a la generación de escritores marcados por los efectos de la primera intervención militar norteamericana al país (1916-1924) y toma plena conciencia de su oficio de escritor desde los inicios de la dictadura de Rafael Trujillo, que se extendería desde 1930 hasta 1961. Su sensibilidad social llevó a Bosch a elegir el cuento como el medio para expresar lo que quería decir con relación a la miseria y la ignorancia en que vivían sus compueblanos y el dolor que esa situación le engendraba. Todos los cuentos de Bosch reflejan a un narrador con sensibilidad humana, preocupado por los problemas de los humildes, identificado con su desgracia o su infortunio. Pero las circunstancias en que vivía su pueblo bajo la dictadura de Trujillo hizo que el autor de ‘‘La Mañosa’’ aprovechara el embarazo de su mujer y consiguió la certificación médica de un mal cuyo diagnóstico correcto debía hacerse en Puerto Rico, y desde entonces, a finales de 1937, partió para un exilio que duraría 25 años.
En Puerto Rico trabajaría en la revisión de las obras completas de Eugenio María de Hostos en cuya edición trabajó en La Habana. La mayor parte de su largo exilio lo vivió Juan Bosch en Cuba, y fue en esa isla caribeña donde completó su formación cultural, consiguió su desarrollo literario y definió su vocación política, actividad a la que se dedicaría una vez cerrado el ciclo de su evolución literaria.
En Cuba publicó la mayoría de los cuentos que aparecen incluidos en los libros ‘‘Cuentos escritos en el exilio’’ (1962) y ‘‘Más cuentos escritos en el exilio’’ (1964), algunos de los cuales, como ‘‘El Socio’’ o ‘‘Los amos’’, han obtenido premios internacionales, coronándose su labor narrativa con el Premio Nacional que le otorgara el Estado dominicano por su novela ‘‘El oro y la paz’’ (1975), que había ideado en Cuba en 1956 tras su estancia en Bolivia, donde se desarrolla el tema de esa novela de carácter filosófico y que redactó en Puerto Rico, en 1964, durante un nuevo exilio que sufrió tras el derrocamiento de su gobierno en 1963.
El exilio de Bosch fue realmente fructífero desde el punto de vista intelectual, literario y político. Obras como ‘‘Hostos, el sembrador’’ (1939), ‘‘Cuba, la isla fascinante’’ (1955), ‘‘Judas Iscariote, el calumniado’’ (1955), ‘‘Trujillo: causas de una tiranía sin ejemplo’’ (1959), ‘‘Crisis de la democracia de América en la República Dominicana’’ (1964) o ‘‘David, biografía de un Rey’’ (1964) forman parte de su abundante y enjundiosa bibliografía sobre los más diversos temas biográficos, históricos y políticos. Los textos narrativos de Bosch reflejan un dramatismo intensamente humano con una pertinencia literaria aleccionadora y ejemplar por la maestría narrativa propia de un profesional de la escritura.
Juan Bosch inaugura para las letras dominicanas la Modernidad, y es el primer escritor dominicano en teorizar o formalizar el esquema de su propia producción de cuya práctica, conjuntamente con la de los grandes maestros que le precedieron, infiere las leyes y los principios del género del cuento, y lo que lo hizo con la literatura, lo repetiría, años después, con su propia práctica política, como ideólogo y teorizador de un quehacer que propone una pauta liberadora para la solución de la problemática social y cultural originalmente orillada y testimoniada en su ficción narrativa.Ir arriba
. Fernando Ureña Rib, pintor dominicano: Juan Bosch, Maestro de la narrativa latinoamericana
La aparente simplicidad, tanto del tono como del vocabulario, nos hace olvidar a veces la compleja y rica estructura secuencial de la narrativa del escritor dominicano Juan Bosch. La agudeza en esa simplicidad aparente es la fortaleza y la gracia de la marcha en esa narrativa ejemplar y en sus transiciones, su manera precisa de plantear el problema o la trama y lo intrincado e infranqueable de los aspectos desfavorables a la felicidad o a la paz del protagonista.
Juan Bosch hace sentir al lector el paso descansado y grave de sus personajes, lo amargo de su queja, el desprendimiento y la entrega del hombre sencillo que lucha contra un destino adverso e implacable. La realidad es observada desde la óptica del sufriente, del doliente, del desamparado que muchas veces se torna en el lector mismo, a quien le cede su puesto el protagonista olvidado, adusto y solitario. El tránsito, de lugar, de ánimo, de situaciones o parajes es continuo y a veces casi imperceptible, pero la narrativa de Bosch nos va asomando al paisaje interior del personaje, a las brumas que bordean el alma de los poderosos y de los pudientes y nos va arrastrando hasta mostrarnos y hacernos sufrir de sus viles maquinaciones.
Cada párrafo de un cuento de Juan Bosch es una aproximación, además, a la comprensión de las estructuras políticas y sociales de nuestros pueblos. En ellos se percibe, quizás muy sutilmente, esa primera vocación del escritor: La escultura. Juan Bosch me mostró con envidiable ternura, una cabeza que realizó en sus años juveniles. Al moldear la cabeza, el escultor va añadiendo pequeñas masas de dúctil arcilla y con la yema de los dedos va pulseando las formas, hasta encontrar el parecido del personaje. Este sistema parece ser aplicado a sus cuentos, porque no se nos da todo de golpe, sino gradualmente se especifican los contornos, se define el perfil y se presentan los rasgos distintivos de ese personaje.
Narrador y escultor, Juan Bosch permanece como un dechado de virtud, de rectitud moral, de sencillez y precisión. Ir arriba
. Julio Ortega, crítico, ensayista, profesor, poeta y narrador peruano, sobre Juan Bosch
El gigantesco e impecable Juan Bosch había refutado tantas veces a la muerte que no estábamos preparados para la suya. Por eso, nos conmueve lo inesperado, a pesar de su avanzadísima edad, de la noticia. Quizá, de otro modo, se había demorado entre nosotros para hacernos sentir mejor su ausencia.
Tratándose de Juan Bosch, un hombre que resumió la elocuencia gentil de su cultura dominicana, ninguna persuasión está descartada, mucho menos la de su memoria, anticipada por él como un memorial de la vida. Pero, al día siguiente de los tributos, nos quedan por mucho tiempo sus libros, especialmente esos cuentos de lenguaje pleno, luminoso y terrestre, donde la gente es mas humana gracias al lenguaje en que viven y conviven.
Muy al comienzo de todo, los cuentos de Juan Bosch nos enseñaron la dignidad de un cuento sobre nuestros pueblos, acrecentados por la fábula cotidiana pero heroica de su resistencia y persistencia. Nos enseñaron, se diría, a admitirnos en serio.Ir arriba
. Angel Guerra Cabrera, articulista mexicano: El legado de Juan Bosch
Hace unos días, a los 92 años de edad, moría Juan Bosch en República Dominicana, uno de los latinoamericanos más importantes de su generación. Destacado político por su oposición a la tiranía de Trujillo, fue también escritor de talla continental. Su narrativa ha sido valorada entre los antecedentes del realismo mágico y su labor ensayística produjo obras notables como De Cristóbal Colón a Fidel Castro, calificada de monumental por Gabriel García Márquez.
Bosch formó parte de la hornada de demócratas liberales integrada por Rómulo Betancourt, José Figueres y Luis Muñoz Marín. Pero al revés de ellos comprendió el punto de giro que significó la revolución cubana en la historia latinoamericana. Comenzó entonces una radicalización de su pensamiento político, estimulada después por los acontecimientos en su país, que lo llevaría a reconsiderar sus concepciones anteriores.
Llegó a plantear la ruptura con la dominación de Estados Unidos como la tarea principal a acometer por los pueblos al sur del río Bravo. La democracia representativa era un instrumento de esa dominación y debía ceder el paso a formas de democracia popular adecuadas a la realidad latinoamericana. En carta dirigida a Trujillo en 1961 se refería en estos términos a los efectos en la región del telúrico cambio social en Cuba: "Ya no somos tierras sin importancia que pueden ser mantenidas fuera del foco de interés mundial. Ahora hay que pensar en nosotros y elaborar toda una teoría política y social que pueda satisfacer el hambre de libertad, de justicia y de pan del hombre americano". Y en palabras proféticas continuaba: "La fuerza resultante de la suma de los tres factores mencionados va a actuar precisamente cuando comienza la crisis para usted; sus adversarios se levantan de una postración de 31 años en el momento en que usted queda abandonado a su suerte en medio de una atmósfera política y social que no ofrece ya aire a sus pulmones...''.
En efecto, Trujillo enfrentaría una profunda crisis económica y una resistencia popular ascendente. Tras largas décadas a su servicio, había dejado de ser útil a sus patrocinadores del norte, quienes temerosos de una revuelta social dieron luz verde a los trajines conspirativos de algunos de los mismos cómplices del tirano, que desembocaron en su asesinato. Pero la rebelión popular creció después de su muerte, enfilada a la derrota del régimen de opresión que había forjado.
Mediados los setentas, Bosch me relató en La Habana los prolegómenos y consecuencias del golpe de Estado que puso fin a su presidencia en 1963, a los siete meses de haberla asumido. De regreso a Dominicana del largo primer exilio había sido electo con una copiosa votación en los comicios posteriores al fin de la dictadura. Su efímero gobierno fue moderado en lo social, pero resueltamente opuesto a las presiones yanquis para que reprimiera las protestas sociales y la pujante izquierda y facilitara el territorio dominicano como base de acciones contra la Cuba revolucionaria. Esa conducta y la defensa del Estado laico unieron contra él a generales y dirigentes del trujillismo, a los empresarios y a la jerarquía católica, que con la inspiración de la CIA organizaron la asonada con el pretexto de evitar que surgiera "una nueva Cuba".
En 1965 el movimiento militar constitucionalista encabezado por el coronel Francisco Caamaño exigió el regreso de Bosch a la presidencia después de reducir con gran apoyo de masas al ejército trujillista. Como respuesta la isla fue agredida por 40 mil soldados estadounidenses, contra los que comandos populares dirigidos por Caamaño libraron épicos combates sin conocer la derrota, pero abrumados por la superioridad militar del invasor debieron aceptar una salida negociada y la convocatoria a nuevas elecciones en que tras un fraude fue electo Joaquín Balaguer, el nuevo hombre de Washington.
La invasión yanqui y la heroica resistencia de su pueblo, me confió Bosch, habían marcado definitivamente su visión del mundo. En ulteriores pláticas con él percibí una terquedad inconveniente en asuntos secundarios de alguien que abogaba a la sazón por unir en un proyecto común las fuerzas populares de su país. Pero lo que me cautivó de este hombre fueron su raigal decencia, su honestidad intelectual, su voluntad de renovación. Acaso el legado más valioso que deja a los latinoamericanos que hoy siguen pensando en un mundo alternativo como necesario y posible.Ir arriba
. Héctor Amarante, ensayista dominicano: Juan Bosch, la muerte durando
¿Qué muerte ha matado a este escritor? Aire durando. La muerte lenta, respetuosa, estuvo tratando de apagar su voz, pero no pudo. La voz quedó presente. Sus libros seguirán vivos. ¿Qué muerte matará esos cuentos, esos libros? El indio Manuel Sicuri repite entre los riscos de Los Andes: Hay muertos que van subiendo cuanto más su ataúd baja… Aire de Los Andes durando entre el Oro y la Paz.
Apenas ha muerto un ser humano, y su sudor, pero un Juan Bosch busca ahora la eternidad muriendo mientras abajo no le cabe a su muerte el hombre. La Muchacha de la Guaira entona un llanto y nos pregunta: ¿Por qué cosa muere un hombre? Y entre los cañaverales de la isla Encarnación Mendoza responde: Hay muertos que van subiendo cuanto más su ataúd baja.
Ha muerto Juan Bosch con su estatura parada, con sus ojos verdes mirando el valle de los caídos, y en las aguas del río de la muerte una gota de llanto desborda las riberas, en tanto el sinsonte y los canarios cubren de frutos sus alas. ¡Ay, sí, que hay muertos y éste no es uno de ellos!
Juan Bosch ha muerto en América, y en el mundo y sólo ahora nacen las raíces de sus luces y sus sombras, y colgadas a ellas unas manos y cientos de personajes novelescos y junto a ellos el narrador que fue, el escritor de ensayos, de libros de historia, y los hilos eternos de sus juicios y pensamientos. Las bibliotecas de la tierra tienen luto en sus rostros. La muerte no ha llegado, no existió nunca hasta tocar su piel.
No, Juan Bosch, ella no te ha vencido, ahora ella ha dejado de ser, aunque sea por ese instante frío que puso sobre tu nombre. Entonces ahora entendemos la sabiduría de Compadre Mon: hay muertos que van subiendo cuanto más baja su ataúd. ¡Lágrimas y vida!Ir arriba
11 Diciembre 2009
Hay hechos pequeños y grandes en la práctica de la separación entre lo público y lo privado durante el ejercicio del poder político por parte de Juan Bosch en su primer gobierno constitucional de 1963.
Los datos están en el libro de Mildred Guzmán, “El Bosch que yo conocí”. Pero no por pequeños dejan de ser emblemáticos. El despido de su asistente personal Virgilio Gell, por comprobarse un caso de corrupción ascendente a $ 25.000 pesos, mediante tráfico de influencia.
Y grandes fueron el despido del Ministro de Industria y Comercio, Diego Bordas, por corrupción, así como el rechazo a la solicitud de ex presidente cubano Carlos Prío Socorrás para instalar en el país un campamento anticastrista. La firmeza de carácter de Bosch se impuso por encima de consideraciones de amistad e incluso del favor político que disfrutó Don Juan bajo el gobierno de Prío. Cuando este último vio que Bosch rechazó su oferta, le planteó otra peor: la compra de 4.000 toneladas de trigo en Canadá para ayudar a la revolución contra Castro. No hay que ser listo para adivinar que el dinero iría a parar a los bolsillos de Prío. Bosch rechazó la segunda oferta con el alegato de que el país tenía suficiente trigo. Ante esta posición, Prío salió del Palacio Nacional con el rabo entre las piernas y solo atinó a mascullar: “Juan ha cambiado mucho, ya es un comunista.” (Op. cit., pp-138-40) El otro gran hecho político fue la separación entre Estado e Iglesia, contenido en la Constitución de 1963 y que en la entrevista de Don Juan con Isaolim Mieses y Wilson Hernández (op. cit., pp. 121-23) explica, a partir de consideraciones históricas eruditas, cómo los intereses franceses en las colonias de Argelia, de Indochina y de países africanos que profesaban distintas religiones impusieron la separación entre Iglesia y Estado. También explica Don Juan el caso español después de Franco y se remonta a los orígenes de esa lucha en España con Francisco Giner, Sanz del Río y otros intelectuales, con lo cual nuestro político dominicano ratifica su posición prístina anterior incluso a la Constitución de 1963.
Pero en nuestro país, donde la fracción burguesa quedó atrapada por el frente oligárquico recompuesto por los norteamericanos después de la muerte de Trujillo, era imposible que tal fracción se planteara la separación entre Iglesia y Estado, tal como lo proclamaba la Constitución burguesa de 1963. Lo que Bosch llama el “atraso” mental, cultural, ideológico, unido a la ausencia de conciencia política, nacional y de clase, impedía –e impide todavía hoy- semejante planteamiento que implica la legitimación de una burguesía nacional independiente.
La herencia política de Don Juan, que según él era el partido, está hundida en el mismo “atraso” mental, cultural e ideológico, y en la misma ausencia de conciencia política, nacional y de clase de cada uno de sus miembros, y por esa razón no ha podido superar el pensamiento político de Don Juan y ha producido, a través de tres mandatos, el tipo de gobierno que su fundador estaba negado a encabezar en 1990, según se lo manifestó a Miguel Cocco.
Ahora me voy al punto de los adversarios y de la amistad. Primero, don Juan, conocedor a fondo de nuestra sociedad, respetó siempre a sus adversarios, sin importar el litoral político de donde proviniesen. Para el militante comunista que le abucheó, tuvo compasión por su ignorancia. A los periodistas pagados y no pagados les comprendió en los ataques que casi siempre dirigieron a su persona, no al político, pero incluso así Don Juan no se lo tomó personalmente. Todo lo analizaba políticamente, con su tesis de la inconsciencia política de la mayoría del pueblo dominicano. Él había teorizado el chisme como industria o deporte nacional, y así juzgaba los ataques personales, como lo atestiguan las consideraciones conceptuales de la carta que dirige a Víctor Livio Cedeño, a la sazón director del periódico El Sol, el 1 de octubre de 1979: “Como de todo hombre público, muy especialmente en países de composición social similar a la de la República Dominicana, de mí se han dicho y se dicen con frecuencia mentiras que en algunos casos tienen su origen en servicios secretos extranjeros y en otros son expresiones de pasiones políticas desviadas hacia ataques personales, y a menudo esas mentiras son impresas en periódicos. Tal sucedió, por ejemplo, cuando un señor llamado Ubi Rivas dijo en El Sol que el día 6 de mayo del año pasado yo había dormido en la casa de Ramón Font Bernard…” (pp. 314-315)
No hubo acusación política por mendaz que fuera, tanto en el ámbito nacional como en el extranjero en contra de Juan Bosch que él no la respondiera con una gran altura analítica. Por eso era un líder, un gran líder.
En el plano de la amistad, habría que comenzar un poco antes de su salida al exilio en 1938 para comprobar cómo don Juan hizo y mantuvo relaciones de amistad, más literarias y culturales que políticas, para esa época, con Mario Fermín Cabral, Vicente Tolentino Rojas, Emilio Rodríguez Demorizi, Ramón Marrero Aristy, Héctor Incháustegui Cabral (a quienes dirige la célebre carta antirracista luego de entrevistarse con ellos en La Habana y misiva sin la cual no puede leerse el cuento “Luis Pie”). Relaciones que don Juan recompuso una vez que llegó del exilio en octubre de 1961.
Don Juan mantuvo también intactas sus relaciones intelectuales boricuas hasta el día de su muerte. Y quizá fue una dicha que los grandes amigos que mantuvieron con él la fe en la democracia representativa: Betancourt, Figueres, Muñoz Marín, murieran primero que él, pues su ruptura con tal sistema luego del golpe de Estado de 1963 le llevó a una dolorosa pero necesaria separación.
Y, finalmente, los grandes amigos literarios que vinieron a los festejos del septuagésimo y octogésimo cumpleaños de don Juan en 1970 y 1980, de los cuales hay una relación detallada en el libro de Mildred en cuanto concierne al primer acontecimiento, pero extrañamente echada en falta en el último cumpleaños. Señalo como los grandes amigos de don Juan, más literarios que políticos, a Gabriel García Márquez, Miguel Otero Silva, Nicolás Guillén, Guayasamín, Raúl Rivero, Julio Le Riverand, Carmen Balcells, Manuel Maldonado Denis, José Emilio González y Ruth Vasallo, el francés Regis Debray y un personaje venezolano, extraño según Mildred: Oscar Guaramato, secretario personal de Otero Silva. Pero llamo a la atención que en el cuento “El hombre que lloró”, escrito antes de la caída del dictador Marcos Pérez Jiménez, aparece un personaje, junto a otro de apellido Muñoz, que ha caído en la lucha clandestina en contra de la dictadura. O fue simple coincidencia o fue una mala pasada de humor negro el hecho de que aparezca este Guaramato inmortalizado en una obra de ficción de don Juan. Ir arriba
. Juan Bosch, un ser para la libertad. Alfredo Matus Olivier -Academia Chilena de la Lengua-
"Nada menos que todo un hombre. Hombre cabal, hombre de pro. Vivió por la libertad; vivió para la libertad. Libertad y finalidad, esos bienes radicalmente humanos, que nos constituyen como personas. Señor de la dignidad, Juan Bosch dedicó su existencia a la defensa sin descanso de esos valores “intransables” de lo más verdadero, lo más puro, lo más limpio de lo humano". De este modo Alfredo Matus Olivier, en la Inauguración de la Conmemoración de los 100 años del Natalicio de Juan Bosch celebrada en la Sala América de la Biblioteca Nacional el 9 de junio de 2009, comenzó su discurso de homenaje al escritor y político dominicano.
Conmemoración en la que participaron junto a la Academia Chilena de la Lengua, la Universidad de Chile, la Pontificia Universidad Católica de Chile y la Universidad Austral de Chile, la Dirección de Bibliotecas, Archivos y Museos, la Fundación Salvador Allende, la Sociedad de Escritores, el periodista Manuel Cavieses, director de Punto Final, e intelectuales como Juan Pablo Cárdenas, Premio Nacional de Periodismo, Humberto Giannini, Premio Nacional de Humanidades y Marino Pizarro, Premio Nacional de Educación.
Nada menos que todo un hombre. Hombre cabal, hombre de pro. Vivió por la libertad; vivió para la libertad. Libertad y finalidad, esos bienes radicalmente humanos, que nos constituyen como personas. Señor de la dignidad, Juan Bosch dedicó su existencia a la defensa sin descanso de esos valores “intransables” de lo más verdadero, lo más puro, lo más limpio de lo humano.
Hidalguía de espíritu y corazón. Mucho de Quijote y mucho de Rodrigo Díaz de Vivar tenía este hidalgo dominicano. Mucho de don Quijote cuando, en el capítulo LVII de la Segunda Parte, enseñaba a Sancho: “La libertad, Sancho, es uno de los más preciosos dones que a los hombres dieron los cielos; con ella no pueden igualarse los tesoros que encierra la tierra ni el mar encubre; por la libertad así como por la honra se puede y debe aventurar la vida, y, por el contrario, el cautiverio es el mayor mal que puede venir a los hombres”.
Por la libertad y por la honra, Juan Bosch aventuró la vida y por ellas vivió el rigoroso cautiverio del exilio, de 24 años la primera vez que sale de su tierra. Uno de los grandes exiliados de la historia latinoamericana. Testimonio ético de primera magnitud. No puede haber modelo más oportuno en estas vigilias del Bicentenario. Ejemplo para los jóvenes en estas celebraciones, que ya se nos vienen encima, de nuestro Bicentenario, en ese proceso que se inicia en 1810 y que culmina con el Acta de Independencia de Chile, firmada por el Director Supremo, en el Cuartel Directorial de Talca, a 2 de febrero de 1818:
“…hemos tenido a bien, en ejercicio del poder extraordinario con que para este caso particular nos han autorizado los pueblos, declarar solemnemente, a nombre de ellos, en presencia del Altísimo, y hacer saber a la gran confederación del género humano, que el territorio continental de Chile y sus islas adyacentes, forman de hecho y por derecho, un Estado libre, independiente y soberano…”.Por eso estamos aquí. Por eso se constituyó un Comité Chileno para la celebración del Centenario de Juan Bosch, nacido en La Vega, el 30 de junio de 1909, uno de los intelectuales, uno de los políticos, uno de los humanistas más significativos de República Dominicana y de América Latina. Por eso se involucraron, en esta justo homenaje, y con auténtico entusiasmo, la Academia Chilena de la Lengua, la Universidad de Chile, la Pontificia Universidad Católica de Chile y la Universidad Austral de Chile, la Dirección de Bibliotecas, Archivos y Museos, la Fundación Salvador Allende, la Sociedad de Escritores, el periodista Manuel Cavieses, director de Punto Final, e intelectuales como Juan Pablo Cárdenas, Premio Nacional de Periodismo, Humberto Giannini, Premio Nacional de Humanidades y Marino Pizarro, Premio Nacional de Educación.
Por eso estamos aquí. Por eso hoy inauguramos este ciclo de conmemoraciones a una de las figuras más sobresalientes de Latinoamérica. Figura testimonial, trayectoria brillante de entrega a las causas más nobles de nuestros pueblos: testigo de la libertad en uno de los contextos más duros de las dictaduras latinoamericanas: la de Rafael Leónidas Trujillo, en República Dominicana; la de Fulgencio Batista, en Cuba; la de Anastasio Somoza, en Nicaragua; y la de Marcos Pérez Jiménez, en Venezuela, precursoras de otras tiranías de las zonas australes de nuestro continente. Sobre ellas escribirá con agudeza crítica “Póker de espanto en el Caribe”. Autodidacta de inteligencia superior, que llegó a la Primera Magistratura de la República Dominicana, con apoyo popular masivo, había realizado una notable carrera literaria, distinguiéndose como poderoso narrador de cuentos, de prosa sencilla, idioma vigoroso y directo, enraizado en la realidad social dominicana.
Había desarrollado el ensayo y el periodismo, politólogo en el compromiso activo, en la observación y el análisis de las circunstancias concretas de nuestros pueblos, comprometido con la vida inmediata de la gente y los procesos sociales y políticos que las envuelven. No solo teoría y observación de los fenómenos, sino acción y militancia, había creado el Partido Revolucionario Dominicano (PRD), de radical antitrujillismo y, más tarde, el Partido de Liberación Dominicana. Y había publicado ese clásico del ensayo sociopolítico “El pentagonismo, sustituto del imperialismo”. Según Armando Hart Dávalos, este texto es profético, y “una pieza maestra de esas que hacen o deben hacer historia”. Había escrito sobre el gran educador puertorriqueño Eugenio María de Hostos, otro exiliado ilustre, en cuyas ideas pedagógicas se había imbuido Había actuado en las tablas y ejercido el periodismo radial de contenido educativo. Y, todo hay que decirlo, había sido eximio bailador antillano de danzón.
Juan Bosch llega a Chile en 1954 y se queda en el país hasta fines de 1955. Después de permanecer en Santiago, vendedor de baterías en la calle Arturo Prat, se radica un tiempo en Molinos de Niebla. En Santiago participa en la vida teatral en auge, en las faenas culturales en boga y en una de las más famosas tertulias literarias de la época, la de la vieja librería Nascimento. Todavía nos emociona abrir esa modesta primera edición de su libro de cuentos “La muchacha de la Guaira”, editada por Nascimento, de gruesas páginas amarillentas y portada de características líneas verdes, cuya reedición hoy presentamos.
Aquí en Chile publica, además, “Cuba, la isla fascinante”, “Judas Iscariote, el calumniado”, “El indio Manuel Sicuri” y “Cuento de Navidad” e inicia la escritura de “David, la biografía de un rey”, obras escritas, terminadas o iniciadas en Santiago y Niebla. Obras publicadas en las prestigiosas editoriales Nascimento, Universitaria, Prensa Latinoamericana, Ercilla. No es raro, pues, que en este Comité del Centenario participen con tanto convencimiento y compromiso, dos las principales universidades de Santiago y una de las del sur, la de Valdivia y su Niebla colindante. En Santiago conoce y hace amistad con intelectuales de la talla de Manuel Rojas, José Santos González Vera, Volodia Teitelboin, Mariano Latorre, Luis Durán, Joaquín Gutiérrez y del crítico Alone. Este severo crítico literario de El Mercurio había escrito: “Este sí que es un cuentista hecho y derecho, antiguo y moderno, de tomo y lomo, cuentista por los cuatro costados, que no necesita definiciones ni defensas, un verdadero narrador…”.
Asimismo entabla fructíferos lazos con figuras políticas de la estatura de Salvador Allende y Clodomiro Almeyda. Más tarde, a través del periódico Vanguardia, denunció los abusos de la dictadura de Pinochet y alentó las luchas por la libertad. No puede estar más ligado a Chile, este latinoamericanista ilustre comprometido con nosotros, nuestra historia, nuestra cultura y nuestro ser social.
Juan Bosch nos conecta con República Dominicana y con el Caribe. Y, a través de ellos, con toda Hispanoamérica. Juan Bosch nos comunica con un momento significativo de nuestra historia y cultura nacionales, el de la década de los cincuenta. Pero, como ha dicho Rosario Carcuro, de la familia chilena de Bosch, hace pocos días, en los inicios de estos homenajes, realizado en la Universidad Austral: “No es por un mecanismo puramente nostálgico, casi decadente, este meterse a desentrañar figuras del pasado”. En dicha ocasión, se preguntaba esta distinguida profesora: ”…¿a qué obedece este acto que recuerda y conmemora a Juan Bosch y que estamos realizando aquí, en la Universidad Austral de Chile, y otros que se realizarán durante todo el año en curso? …De lo que se trata, simplemente, es de hacer un gesto de amarrar la historia con la historia. Para no perder ni una hilacha, ni una hebra del gran tapiz de la memoria. Juan Bosch es un gran escritor del Caribe. Un narrador fascinante que cruza a zancadas los grandes territorios de la sequía, la desesperanza y el hambre. También es un político, un organizador, un luchador por la democracia…”.
Amarrar la historia con la historia, en eso andamos. Juan Bosch, este antillano por antonomasia, de nación y vocación, es un hombre total, sin mutilaciones ni parcialidades, sin componendas ni medias tintas. No se quedó con la última palabra. Como ha escrito Humberto Giannini: “la incomunicación, la intolerancia y la injusticia social tienen que ver con el intento de quedarse con la última palabra". Una lengua con manos, que diría el juglar de Medinaceli. Coherencia total de palabra (lengua) y acción (mano).
Ejemplo para la juventud, en el sentido primigenio de la palabra ejemplo, del eximere latino “sacar”, “extraer”, “exprimir”; es mucho lo que la juventud puede sacar y extraer de esta existencia sin opacidades, de esta reserva espiritual para las nuevas épocas que todos anhelamos. Pensamiento, palabra y vida consecuentes. Por eso es que la Academia Chilena se ha sumado, con ahínco, a este homenaje, no para la nostalgia sino para las premoniciones de la esperanza. Porque la Academia está allí donde hay algún soplo de espíritu que vivifique la palabra verdadera.
La palabra verdadera de Bosch es la palabra neta, la palabra que late, la voz de la lealtad, de la fidelidad y la nobleza, lengua con manos, la del caballero de fiar. Su prosa exhibe un castellano de lealtades, de compromisos con el hombre primero. Prosa robusta, natural, sin adiposidades. Escribió mucho y lo hizo bien, porque, como dice bellamente Giannini: “La escritura, en su recogimiento original, es un tiempo para el otro, en la asunción completa de su ausencia”. La de Juan Bosch es prosa rotunda empapada en la vida nueva, la que se proyecta en el futuro solidario de los pueblos, el de la libertad y la dignidad.Ir arriba
. Pedro de la Hoz, periodista cubano: "Juan Bosch, narrador de pura estirpe"
Cuando Juan Bosch llegó en 1939 por primera vez a Cuba, a los 30 años de edad, ya había causado inquietud en el panorama literario de Santo Domingo. Más aún que Indios, apuntes históricos y leyendas (1935), una monografía lírica dedicada a promover la olvidada y desaparecida contribución aborigen a la identidad dominicana, su novela La mañosa (1936) había desatado un vendaval por su propuesta subversiva por su ímpetu social y su declarada intención política. No en balde esa novela fue subtitulada por el propio Bosch como "novela de las revoluciones".
Con el paso del tiempo, La mañosa se ha convertido en un hito de obligada referencia en la literatura dominicana y caribeña del siglo XX. Desde el punto de vista compositivo, el texto se emparenta con una zona de la narrativa latinoamericana en boga por esa época, es decir, la producción del venezolano Rómulo Gallegos, el colombiano José Eustaquio Rivera, el mexicano Mariano Azuela, que heredaban del realismo crítico europeo de la centuria anterior los instrumentos para presentar relaciones telúricas y confrontaciones sociales.
En su novela Bosch realiza un muy serio intento por explicar la incapacidad política de la frágil burguesía nacional emergente y la irrupción del caudillismo, que en su país tendría como fuerza gravitatoria un nombre tristemente célebre: Leónidas Trujillo. La mañosa ha sido reivindicada en los últimos años como una pieza clave, según el ensayista Eugenio García Cuevas, "para entender y explicar la temprana vinculación del autor con el liberalismo revolucionario dominicano que no era excluyente de los sectores populares ni como novela de crisis histórica de la pequeña burguesía nacionalista y liberal de los años treinta".
Sin embargo, y pese a que muchos años después, en 1975, diera a conocer otra novela, El oro y la paz, sus más bruñidas armas literarias las dedicó al cuento. Un buen momento para los lectores cubanos se debió a Casa de las Américas, que editó en 1983 una excelente antología de sus narraciones cortas. Mas, para ser precisos, el conocimiento del cuentista Juan Bosch por nuestros lectores comenzó desde mucho antes: durante su larga estancia habanera, casi siempre una vez al mes, la revista Bohemia, de la cual era colaborador de planta, publicó narraciones suyas. Una selección de estos fueron reunidos en el volumen Ocho cuentos (1948) en una tirada costeada por el propio autor. Y antes, en 1941, la Imprenta A. Ríos, también de la capital cubana, había publicado Dos pesos de agua. Fue con Luís Pie, uno de los cuentos escritos entre nosotros, que ganó el Premio Alfonso Hernández Catá, uno de los más prestigiosos galardones literarios que se concedía en Cuba y que tuvo gran resonancia en el ámbito hispanoamericano hacia la medianía del siglo XX.
Sus narraciones cortas cumplen con los principios enunciados en el famoso decálogo de Horacio Quiroga. Se hacen notar por la economía de medios de expresión y los puntos de giro sorpresivos, que sustancian una estética realista y una prospección social incisiva. Para un lector cubano leer hoy los cuentos de Juan Bosch puede resultar una experiencia tan útil y vivificante como volver a las páginas de nuestros Onelio Jorge Cardoso y Luís Felipe Rodríguez: en ellos habita el fulgor de las palabras en su batalla por apresar realidades sociales en sus momentos más críticos, dramáticos y definidores. Ir arriba
El Juan Bosch que había llegado del exilio para correr como candidato a la Presidencia de la República, inmediatamente después del ajusticiamiento de Rafael Leónidas Trujillo, era un hombre cincuentón, de aventajada estatura, canoso. Pocas personas recordaban que de joven había sido rubio. De ojos verdes, mirada penetrante y manos grandes, fuertes, acogedoras. A todo el que saludaba lo percibía inmediatamente; fumador empedernido. Sólo consumía Cremas sin filtro. Tenía los dedos de la mano derecha estropeados por la nicotina.
El tabaco marcó una generación de líderes latinoamericanos. Fidel Castro fumaba habanos y Juan Bosch sólo cigarrillos; y los dos decidieron dejar de fumar. Uno y otro entendieron que había que predicar con el ejemplo y abandonaron el vicio.
La radio resultó un vehículo idóneo para la época. El político hablaba a través del programa “Tribuna Democrática” y su voz, con un mensaje nuevo y distinto para los dominicanos, resultaba agradable, convincente y cautivadora. Hablaba y tenía plena conciencia porqué lo hacia. El dominicano era un pueblo con una deuda social inmensa y un atraso político impresionante. Cada alocución, cada discurso escrito y expuesto, igual que todas las conferencias que dictaba en distintos escenarios del país, tenían como meta educar, ensanchar el horizonte cultural y político de los dominicanos. No importaba qué dijera; siempre era interesante escucharlo. Nadie le decía Juan Bosch, a la hora de abordarlo directamente, aunque ese era su nombre. A lo sumo la primera frase hacia él era "Don Juan" o simplemente "Profesor Bosch", con mucho respeto y condescendencia.
No era habitual escuchar en sus labios el “yo”, tampoco que hablara de sí mismo. Una vez, inevitablemente, lo hizo; y habló de él, pero para citar un consejo que recibió de Pedro Henríquez Ureña, a quien conoció en República Dominicana cuando era un alto funcionario público.
El hijo de la poetisa Salomé Ureña tenía 47 años y el autor de La mañosa contaba con 23 años de edad. Entonces el humanista y maestro buscó con cuidado las palabras para transmitirle la idea que quería comunicarle; y le sugirió que hiciera una poda a su nombre y lo usara siempre de manera invariable. Muchos años después lo explicó de la forma siguiente: "Si el nombre con que se me conoce es de dos sílabas, se lo debo a Pedro Henríquez Ureña porque un buen día, cuando yo andaba por los veinte y tres años, el ilustre ensayista me aconsejó que no siguiera usando la E que aparecía en cada uno de los cuentos que publicaba en Bahoruco, la revista de Horacio Blanco Fombona, metida y seguida de un punto entre las palabras Juan y Bosch".
El consejo le sirvió para hacer historia. Explicó que Henríquez Ureña entonces era el Superintendente General de Enseñanza; y que todavía la alta dirección de la educación pública dominicana no estaba encabezada por un secretario de Estado. Juan Bosch habló con él en la casa de la calle El Conde donde vivía con su hermano, el doctor Rodolfo Henríquez Laurazón, que había venido de Cuba, donde la única universidad del país, la de La Habana, había sido cerrada por la dictadura de Gerardo Machado. "En esa ocasión, que no era la primera, fui a verlo para llevarle dos cuentos que don Pedro quería mandar a revistas literarias del Continente, una de ellas la bien conocida Repertorio Americano que publicaba en la capital de Costa Rica el cuentista Joaquín García Monge, y los dos cuentos iban firmados por Juan Bosch en vez del "Juan E. Bosch", que había sido el nombre usado por mí hasta ese día.
El profesor recordaba que una semana antes, "el maestro de la lengua que era Pedro Henríquez Ureña me había preguntado, en ocasión en que nos hallábamos en el Café Paliza, de la calle El Conde, qué quería decir esa E que aparecía entre Juan y Bosch. "Es que yo me llamo Juan Emilio", le respondí, y pasé a explicarle que como no me gustaba el último nombre usaba solo su inicial; y en la ocasión en que me aconsejaba, poco después, que no usara más la E me dijo: "Olvídese de esa E, que para lo único que le sirve a usted es para confundir a sus lectores", y a seguidas inquirió: "¿Para qué pone usted una letra sola en medio de un nombre tan sonoro como Juan y su apellido, que se pronuncia sin ningún esfuerzo?". Y remachó lo que estaba diciendo con estas palabras: "En cambio, es muy fácil recordar un nombre de dos sílabas, por ejemplo, Juan Bosch, como era fácil de recordar Mark Twain".
La historia de su vida daría un vuelco. El nombre usado por él hasta ese día murió. Entonces, gracias a Pedro Henríquez Ureña nació otra vez, como hombre, escritor y político; y se llamó, eternamente, Juan Bosch.Ir arriba
Hoy conmemoramos y celebramos también el 99 aniversario del nacimiento de Juan Bosch, fundador y líder histórico del Partido de la Liberación Dominicana que hoy tiene bajo su responsabilidad como partido que gobierna la nación, de hacer realidad por encima de todas las circunstancias o inconvenientes que puedan presentarse, el objetivo para el cual fue creado por quien en el transcurso de los años que han transcurrido desde antes de su muerte hasta el presente, ha sido el más grande maestro político de América. Juan Bosch fue también, fundador y máximo dirigente, líder ejemplar e inigualable del PRD, organización política que jugó desde el exilio importante papel desde 1939 en la lucha contra la dictadura de Rafael Trujillo Molina.
Trujillo y Juan Bosch son los dos personajes históricos más importantes que influyeron en la vida de nuestro pueblo en el transcurso del siglo XX. Joaquín Balaguer, que por largo tiempo influyó y desempeño las funciones de presidente de la República, con más autoridad a partir de 1966, es un personaje de gran relevancia de nuestra historia. En el transcurso de los 100 años que transcurrieron entre 1900 y el año 2000, otros dominicanos alcanzaron perfiles extraordinarios, como fue el caso de Máximo Cabral, héroe, mártir y prócer de La Barranquita, que cayó en combate defendiendo la soberanía frente a las tropas invasoras de los Estados Unidos. En el largo período de la dictadura trujillista docenas de hombres y un número reducido de mujeres ofrendaron sus vidas por la libertad.
Los expedicionarios de Junio de 1949 y los de Constanza, Maimón y Estero Hondo de Junio de 1959, estos últimos llamados por sus merecimientos "La Raza Inmortal", son los verdaderos precursores de la democracia que en gloriosa y ejemplar inmolación abrieron el camino hacia la libertad, de la cual goza nuestro pueblo y que con incuestionables dificultades logramos mantener. Los sargentos de la Aviación Militar Dominicana, fusilados en 1959; Patria, María Teresa y Minerva y todos los que antes y después de ellos combatieron la dictadura de Trujillo, son héroes y heroínas, que junto a Manolo Tavárez Justo y los compañeros que participaron en la Insurrección de diciembre de 1963, aportaron con su sacrificio por el bienestar y la salud de la República, una cuota humana, valiente, heroica y sublime, que debe ser recordada con gratitud permanente.
Juan Bosch que jugó tan importante papel como líder y maestro del pueblo dominicano, tuvo siempre presente en el registro de su memoria esa cuota de sacrificios extraordinarios, que en tan breve período de tiempo aportaron dos generaciones de dominicanos, que vino a cerrar con broche de heroísmo patriótico, a partir del 24 de abril de 1965 el ciclo más importante de la historia contemporánea de la República. Y partiendo de la realidad de esos episodios y de esos ejemplos, abandonó Bosch en 1973 las filas del PRD, convencido de que esa fuerza política, que él junto a otros había fundado en 1939, había cumplido su papel histórico convirtiéndose en una empresa política de negocios en la cual la mayoría de sus integrantes solamente buscan ascenso y riqueza.
Juan Bosch comprendió con su extraordinaria sensibilidad que un pueblo valiente, aguerrido y noble como el dominicano, necesitaba una fuerza política organizada sobre la base del estudio, la disciplina y el trabajo; y que una fuerza con esas características debía convertirse en el instrumento de lucha que debe guiar a la nación por el camino correcto, de esperanzas, que con su ejemplo y autoridad cerraría definitivamente el camino malo. Fue Juan Bosch el maestro, "El Viejo", como cariñosa y respetuosamente le llamábamos sus compañeros, subalternos y seguidores, quien actuó en el escenario de América, Europa, Asia y África, como representante de los pueblos del Tercer Mundo, defensor de Cuba, Nicaragua y Vietnam victimas, en aquellos momentos, de las agresiones imperialistas.
Como invitado especial permanente del Tribunal Bertrand Russell, denunció y advirtió al mundo de la aparición en los Estados Unidos, del pentagonismo como fase superior del imperialismo; más de veinte años después Vietnam, Afganistán e Irak, le dan toda la razón a este estratega y visionario, que vivió al servicio de su pueblo y de todos los pueblos. ¡Qué grande fuiste y eres maestro! ¡Eterno e imborrable será tu recuerdo! Siempre ejemplar tu conducta como patriota, escritor y líder, que te han convertido en un símbolo, una bandera de la dignidad nacional y ejemplo que debe ser seguido por las generaciones presentes y futuras de esta América y del mundo. ¡Te fuiste, pero seguirás siendo eternamente el presidente moral de la República Dominicana!
Fuente: Euclides Gutiérrez Félix/El Nacional
7/7/2008Ir arriba
Augurar el advenimiento de una generación que recoja su legado
No tuvo la gloria efímera del poder tradicional dominicano. Tampoco la acarició razón por la cual nunca estuvo dispuesto a ofrendar sus principios y planteamientos programáticos en el altar del pragmatismo para reinar en esta sociedad, porque su vanidad y aristocracia eran otras, la de la estirpe de los rebeldes aferrados a convicciones fruto de la inteligencia, la sensibilidad humana y la razonabilidad.
Juan Bosch Gaviño nació hace un siglo para la trascendencia del insigne sembrador, no para formar parte del abultado número de los que transitan por la infinita levedad del poder individual construido a base de concesiones a la mediocridad, al clientelismo, el rentismo, a la repartición patrimonialista y a la dominación económica, política y cultural. Por todo eso, desde antes de su desaparición física hace ocho años, ya el profesor Bosch había inscrito su nombre en la tabla de los líderes más insignes y queridos de la historia nacional, desde Juan Pablo Duarte, a Gregorio Luperón, desde Ulises Espaillat a Francisco Caamaño, Manolo Tavárez y Francisco Peña Gómez. Todos ellos están unidos por la circunstancia de no haberse doblegado y mantener fidelidad a los valores que en sus respectivas circunstancias representaron.
Entre los múltiples orgullos de Bosch, de carácter social, estaba el haberse mantenido erguido y firme en un territorio colocado en la ruta no sólo de los huracanes sino también de imperios, de piratas y filibusteros, y en un tiempo marcado por guerras frías y calientes generadoras de tiranos y por intervenciones políticas y militares sin límites.
Ser humano de exquisita sensibilidad, desde temprana edad mostró su vocación por las letras, dejando una amplia bibliografía de primera categoría y trascendencia internacional tanto en el relato como en la historiografía y la interpretación social. Juan Bosch es símbolo y estandarte de las cuatro décadas que siguieron a la decapitación de la tiranía de Trujillo, contra la que luchó desde el exilio durante un cuarto de siglo. Maestro de la generación de los sesenta que recibió de él los cimientos de la libertad y la democracia, del compromiso social, de la ética y la moral, tanto en la función pública como en la vida personal.
Sembrador de sueños, llegó al poder en 1963 predicando la justicia social y auspició la Constitución más avanzada de nuestra historia. Por su terco aferramiento a los valores éticos y morales y por ser coherente con los planteamientos programáticos que ofertó a la sociedad dominicana, fue desplazado rápidamente del gobierno. Aunque su liderazgo fue ratificado y ampliado con la revolución constitucionalista de 1965 que quiso lavar el golpe de Estado de 1963, nunca pudo volver a gobernar, pues se negó sistemáticamente a las concesiones y transfiguraciones que los poderes tradicionales le exigían.
Juan Bosch tuvo las capacidades y fuerzas de voluntad para ser fundador y arquitecto de dos de los partidos más trascendentes de la historia nacional, especialmente del último, que quiso esculpir a su imaginación perfeccionista, pero tropezando una y otra vez con los vicios de la pequeña burguesía, trepadora y ambiciosa que él diagnosticó en sus estudios y ensayos sociales.
Más allá de los discursos que abundan en estos días de celebración del centenario del nacimiento del profesor Bosch, la insatisfacción con la gestión de sus herederos es bastante relevante. Ninguno de sus dos criaturas políticas ha hecho honor a sus principios y proyectos programáticos y más bien se han dedicado a reproducir las prácticas de dominación política, cultural y económica que él denunció y combatió. Esta sociedad tiene una deuda con la memoria de don Juan Bosch Gaviño. Hay que augurar el pronto advenimiento de una nueva generación de políticos que recoja su legado y la traduzca en erradicación de la corrupción, descomposición y anomia social que carcomen el alma de la sociedad dominicana.
Fuente: Juan Bolívar Díaz/www.hoy.com.do
27 Junio 2009Ir arriba
El alcalde de San Juan, Capital de Puerto Rico, anunció hoy que la biblioteca Carnegie, la más importante de la isla, llevará el nombre del ex –presidente y fundador del Partido de la Liberación Dominicana (PLD), profesor Juan Bosch.
El anuncio del alcalde Jorge Santini Padilla fue hecho en una ofrenda floral en la Plaza de los Héroes -en la Avenida Ponce de León-, el 27 de febrero, con motivo del l66 aniversario de la Independencia dominicana.
Santini Padilla dijo que fue en la Biblioteca Carnegie donde el profesor Juan Bosch hizo la recopilación de los originales de Eugenio María de Hostos, sobre quien escribió importantes obras, entre ellas Hostos, el Sembrador y Mujeres en la vida de Hostos.
"Si mi vida llegara a ser tan importante que se justificara algún día escribir sobre ella, habría que empezar diciendo: nació en la Vega, República Dominicana, el 30 de junio de 1909, y volvió a nacer en San Juan de Puerto Rico a principios de 1938, cuando la lectura de los originales de Eugenio María de Hostos le permitió conocer qué fuerzas mueven, y cómo la mueven, el alma de un hombre consagrado al servicio de los demás", diría Juan Bosch, después de la lectura de las obras de Hostos.
“Lo menos que podemos hacer, en reconocimiento a ese ilustre y siempre recordado hombre de la historia, es ponerle su nombre a la Biblioteca Carnegie”, dijo Santini Padilla, llenando de jubilo a los dominicanos que participaron en la ofrenda floral.
Expresó que la biblioteca será objeto de una total remodelación, para convertirla en la más moderna e importante de Puerto Rico, en honor, no solamente de Eugenio María de Hostos sino, del profesor Juan Bosch, cuyo nombre le será colocado.
“Una vez reconstruida, la llave de esa importante Biblioteca la tendrá el profesor Juan Bosch”, expreso el alcalde de San Juan. Ir arriba
. UNESCO aprueba la creación del "Premio Juan Bosch a la Investigación en Ciencias Sociales"
El 27 de abril 2009, la 181º Sesión del Consejo Ejecutivo de la UNESCO aprobó la creación del “Premio Juan Bosch para la Promoción de la Investigación en Ciencias Sociales en América Latina y el Caribe”, propuesto por iniciativa de la delegación de la República Dominicana y aprobado con el apoyo de todos los países de América Latina y el Caribe (GRULAC), muy particularmente por Cuba, Venezuela y Costa Rica, donde el Profesor Juan Bosch vivió exiliado y que históricamente han estado ligados a la experiencia democrática dominicana.
Este premio recompensará cada dos años la mejor tesis de investigación en Ciencias Sociales que contribuya de manera excepcional a mejorar el conocimiento y la comprensión sobre las problemáticas cruciales de la sociedad contemporánea, y a reforzar el aporte de las Ciencias Sociales en la búsqueda de soluciones a los problemas actuales. De esta forma, constituirá una motivación a la juventud de la región y favorecerá el intercambio intelectual y el diálogo entre América Latina y el Caribe.
La Embajadora de la República Dominicana ante la UNESCO resaltó la vida ejemplar del profesor Juan Bosch, quien mediante su obra sociopolítica realizó aportes valiosos al estudio de los procesos sociales y políticos de la República Dominicana y de la Región de América Latina y del Caribe.
Igualmente resaltó el relevante aporte a las letras y la conducta patriótica, cívica, honesta, valiente y militante, como gobernante y líder, que avalan al profesor Juan Bosch como símbolo de la dignidad, siendo un gran orgullo para nuestros pueblos y un ejemplo a seguir para las generaciones presentes y futuras.Ir arriba
Alberto Despradel Cabral recopiló 18 cartas que le enviara Juan Bosch a José Francisco Peña Gómez entre el 1970 y 1972. Mi amiga y colega Peggy Cabral me regaló un ejemplar, y el mismo día, tras leer el índice y la presentación, interné mis ojos entre sus líneas poniendo más interés en algunas páginas amarillas, destacadas a propósito por ser copias fieles escritas a máquina y a mano. Me concentré con una manuscrita fechada en Santo Domingo el día 20 de noviembre de 1970, y en ella, además de redescubrir, por su sencillez y apego al ejercicio de la solidaridad, las condiciones excepcionales del fundador de las dos organizaciones más grandes del país, encontré respuesta a una pregunta que me he venido haciendo desde principios de los años 80.
Pues resulta que un día que no puedo precisar, estando yo de servicio en la casa del profesor Juan Bosch, en la César Nicolás Penson, se me ocurre preguntarle al desmontarse del vehículo en que llegó junto a Juan Pichardo, su chofer: “Si Carlos Marx dice que la lucha de clases es el motor de la historia y afirma que luego del socialismo se construirá el comunismo donde no habrá clases sociales, ¿cuál será entonces el motor de la historia?".
Sus ojos azules y bruñidos armonizaron con una leve sonrisa que sirvió de antesala para bromear: "¡Juan, no sabía que en tu familia había intelectuales!". Juan Pichardo, El Primo, como le digo, rió a carcajadas. Acto seguido el líder morado me pidió que le acompañara y me llevó a su biblioteca; allí me mostró los tomos de Obras Escogidas de Carlos Marx y Federico Engels y me dijo que estaban a mi disposición e instruyó a Mildred Guzmán para que me permitiera entrar a consultar los libros cuando yo lo requiriera.
Me dejó solo y como un niño con un juguete nuevo, y sin leer nada comencé a hojear los tomos y a descubrir las notas a mano que tapizaban las páginas; a leerlas para saber qué cosas escribía mi líder. Pero al abandonar aquel pequeño cuarto lleno de libros y algunos cuadros sencillos con las caras de los hombres que debí consultar, comencé a preguntarme por qué don Juan no me respondió y me puso a hundirme en sus libros. Con el tiempo pensé que no tenía la respuesta.
Tras leer la carta a que me referí al principio comprendí porqué don Juan me lanzó en brazos de aquellos libros, pues en el penúltimo párrafo le dice a Peña: “Es absolutamente indispensable que además de las materias de tu especialidad dediques siquiera una hora diaria, 'truene, llueva o ventée', a fortalecerte ideológicamente, pero no leyendo todo lo que te caiga cerca, sino de manera metódica. Tienes que estudiar cuidadosamente a Marx y a Engels y buscarte cualquier material complementario en el orden histórico y en el sociológico que te ayuden a comprender a sus autores. No leas por ahora intérpretes de ellos dos. LIMÍTATE A LEER DE LA FUENTE NATURAL (Mayúsculas mías)”. Aquí está la respuesta.Ir arriba
"Tradicionalmente, las revoluciones las han perdido los más fuertes. Las trece colonias americanas eran más débiles que Inglaterra, y le ganaron la revolución de Independencia; el pueblo francés era más débil que la monarquía de Luis XVI y le ganó la revolución del siglo XVIII; Bolívar era más débil que Fernando VII, y le ganó la revolución de América del Sur; Madero era más débil que Porfirio Díaz y le ganó la revolución de 1910; Lenin era más débil que el gobierno ruso, y le ganó la revolución de 1917. Todas las revoluciones triunfantes a lo largo de la historia, sin una sola excepción; han sido más débiles que los gobiernos combatidos por ellas". "¿Qué pasaría en Nicaragua si no hubiesen asesinado a Augusto César Sandino (...)?, ¿qué pasaría en República Dominicana si no hubieran derrocado a don Juan Bosch (...)?, ¿qué estaría pasando en Chile si no hubieran asesinado al compañero Salvador Allende (...)?; ¿qué pasaría en Colombia si no hubiesen asesinado a Jorge Eliécer Gaitán (...)?, ¿qué pasaría si nos hubiesen dejado ser libres de verdad?... Seguramente otra seria la historia de nuestra América".
Presidente de la República Bolivariana de Venezuela
18 de noviembre de 2005
(...) Nosotros luchamos porque hubiera elecciones libres en Nicaragua... El pueblo nicaragüense se vino desesperanzando... Hubo un momento (en, nh) que yo comprendí que teníamos que cambiar de rumbo y entonces me hice un periplo por la América Latina... En todas partes recibí una contestación negativa... El único que contestó afirmativo fue el presidente Juan Bosch de República Dominicana. Fue en la toma de posesión cuando me dijo que con el mayor de los gustos me apoyaba (27 de febrero de 1963, nh). Dijo además que no sólo armas me iba a dar, sino gente... (A los siete meses menos dos días de esa histórica conversación Juan Bosch fue derrocado por un golpe de Estado -25 de septiembre de 1963-, nh).
Otrora líder máximo del Partido Conservador
De "El Nuevo Diario", Nicaragua.
7 de enero de 2001
(...) La reivindicación que Jorge Luis Borges hace de Judas (Iscariote, nh) en uno de sus relatos coincide enteramente con la tesis del escritor dominicano Juan Bosch, quien en su libro de 1955 "Judas Iscariote el calumniado", revisa la tradición evangélica sobre el personaje, presentándolo como víctima de una interpretación errónea de los hechos... A la Iglesia le corresponde redargüirse, como lo ha hecho en otras ocasiones, reconociendo el sentido dogmático del acto fiel sine qua non del discípulo vil y marginado por oscuras interpretaciones...
De "El Nuevo Diario", Nicaragua
8 de Abril de 2009

























