«A mí me inspira mi pueblo y su destino. A mí no me inspiran ni me preocupan el dinero y las riquezas. A mí me inspira, me seduce, el ejemplo de los hombres como Simón Bolívar, como San Martín, como Sucre, como Eugenio María de Hostos, como Máximo Gómez... de esos hombres libertadores que, como bien lo dice otro gigante de la América Nuestra, el Apóstol José Martí, “hacen pueblos y son más que hombres”.» Juan Bosch

11 de mayo de 2010

Comentarios al capítulo III del libro "Trujillo, mi padre en mis memorias", de Angelita Trujillo (III de VII)

"Todo laurel es precedido por una cuota de sudor" (III de VII)


Pretende Angelita -¡reina de pacotilla!, como la define Tomasina Cabral, heroína sobreviviente del régimen trujillista-, en este tercer capítulo, hacer una exposición detallada de las obras que hizo su padre en los primeros diez años, resaltando la reconstrucción de la ciudad de Santo Domingo luego del paso del ciclón San Zenón (3 de septiembre de 1930), 19 días después de su investidura como Presidente de la República Dominicana.

Sobre el desarrollo capitalista alcanzado por la nación dominicana bajo la dictadura de su progenitor han hablado y escrito muy claramente Juan Bosch, Euclides Gutiérrez Félix y otros intelectuales que no han sido mezquinos a la hora de enjuiciar a Trujillo acerca de ese tema. Decíamos sobre el dictador, el 24 de octubre del 1994, en un artículo titulado “Trujillo, el oligarca-burgués”, que “Así como ejerció el poder para doblegar al pueblo, así como pudo constituirse en el dueño absoluto de la República Dominicana, así también supo sembrar el capitalismo industrial, después del enorme atraso que revela la historia dominicana”.

Lo que Angelita no señala en su libro son los muertos, las torturas... los procedimientos con los que enriqueció y el despotismo con el que gobernó al pueblo dominicano, características fundamentales sobre las que Trujillo cimentó ese desarrollo. En la página 112 (Capítulo III, 1ra Edición, 2009) la autora de "Trujillo, mi padre en mis memorias" analiza a los caudillos que actuaban con "grupos de elementos armados... hombres rurales de mentalidad montonera" que se formaron para combatir al yanqui invasor y degeneraron en “maleantes, criminales conocidos como Gavilleros (sic) , para adentrarnos en el ambiente de los dos primeros muertos con nombre que aparecen en esta historieta de “amor y ficción”: el general Cipriano Bencosme, que "muere en la página 114" y el general Desiderio Arias, "que lo hace en la 118".

El escenario, cincelado a su conveniencia, le sirve para encubrir “los muertos que no murieron”. Como justificación a la obra de su padre, señala que “…la acción de construir, no es fácil, implica carácter, firmeza y devoción al ideal que se ambiciona… Desafortunadamente, en la vida, las cosas buenas no vienen en bandeja de plata. Todo laurel es precedido por una cuota de sudor” (Págs. 119 y 120).

Las víctimas de los primeros años de la dictadura los encierra en esta frase: “De ahí el cupo de bajas con que pagarían los recalcitrantes y obstinados, ante la impostergable pacificación del país” (palabras emitidas por una ferviente religiosa -recipiente de un deferente trato de los curas- que con una hostia y un padre nuestro recibe, inexplicablemente, el perdón por su complicidad en el holocausto al que su "amado y tierno padre" sometió a haitianos y dominicanos). Al despotismo, a las torturas y a los asesinatos Angelita los llama carácter, devoción y firmeza.

Seguimos la búsqueda por la “cuota de sudor” que aportó la autora para tanta riqueza y opulencia. Decir que “en la vida, las cosas buenas no vienen en bandeja de plata” es una expresión de burla. ¿Cómo se hicieron los 800 millones de dólares que ella y su familia sacaron del país? ¿De dónde salieron los “laureles sin cuota de sudor” de la familia Trujillo? Este tercer capítulo concluye en la página 193 y no hemos encontrado aún una justificación -transparente y legal, propia del trabajo productivo, honrado y decente- para su fortuna. Sorpresivamente, en la página 130 expone que “en el Estado Dominicano (sic) no se concibe que un político se enriquezca en el poder”. Por lo tanto, ¿cómo puede explicar la enorme fortuna de su padre?

No puede, pero Juan Bosch sí: “…la dictadura fue el instrumento usado por Trujillo para monopolizar la vida económica nacional. La clave de esa edificación militar, política y económica que esclaviza a Santo Domingo está en la falta de conciencia moral en el autor y beneficiario de la obra… Su energía le ha servido para esclavizar y envilecer al pueblo: su sentido de la autoridad con el consecuente don de mando, para organizar un sistema de terror; su don de organizador, para crear un régimen despótico; su actividad mental y física y su dedicación al trabajo, para establecer un sistema de explotación económica y sumisión política como pocas veces ha visto el mundo… Para Trujillo, sólo cuenta él; la satisfacción de sus deseos, el aumento constante de sus caudales, de su poderío político y de su figuración. Todo cuanto le sea útil a esos fines, es bueno; todo cuanto se oponga a ellos, es malo… Con esa naturaleza moral, y una energía tremenda para imponerla por encima de todos los principios sociales, Rafael Leonidas (sic) Trujillo convirtió a la República Dominicana en su empresa económica” (Trujillo, causas de una tiranía sin ejemplo, Págs. 148-149, 9na Edición, 2002, Editora Alfa y Omega, Santo Domingo, RD).

La explicación dada por el profesor Bosch es contundente pero, la misma autora, con las palabras que reconoce la grandeza de Juan Pablo Duarte, desnuda a su progenitor. A Duarte lo define como “hombre generoso, honrado y recto, (que, NH) prefirió el destierro a derramar la sangre de los dominicanos como un medio de dominar a sus enemigos” (Pág. 134). Entonces, ¿cómo definiría a Trujillo -su padre-, que prefirió torturar, desaparecer, matar, derramar la sangre de los dominicanos y usarla para crear su enorme fortuna?

Para engrandecer la obra material del déspota Angelita recoge discursos, citas, cartas y relatos de intelectuales, pero olvida haber llamado "industria antitrujillista" a la cantidad de libros que “reconocen el heroísmo de los actores del 30 de mayo y que relatan la historia de robos, torturas y crímenes sobre los que su 'adorado padre' ejerció el poder por más de 30 años”, tal y como señalamos en los comentarios al capítulo I.

Hemos encontrado una “industria protrujillista” que le sirve de sostén en la elaboración de la "composición" que se propuso concluir después de la muerte del profesor Juan Bosch y del doctor Joaquín Balaguer. Del último usa 3 libros de consulta y referencia -de los más de 60 que refleja la bibliografía- y del primero ninguno, pero sí cartas laudatorias a Trujillo (haciendo lo mismo que los asalariados y comprometidos con el neotrujillismo).

Los años parecen haber moldeado a “La Princesa Angelita” a imagen y semejanza del monstruo que fue su padre. Acude a unos párrafos de una carta que Américo Lugo escribió a Trujillo -en la que rehúsa “un empleo como historiógrafo del Gobierno” (Pág. 127)- para justificar que la que Juan Bosch redactó en enero del 1936 fue escrita con “sinceridad y libre voluntad”. Muy similar a actuaciones que vemos, en el país y en el exterior, de dominicanos ensañados en manchar su figura.

Si la carta fue escrita con “sinceridad y libre voluntad”, ¿por qué Angelita no se sirve de las obras en las que el profesor Bosch analiza las ejecuciones, el carácter y el temperamento de su padre? Para ella, y los que igual actúan, Juan Bosch escribió: "Póker de espanto en el Caribe"; "El PLD, un partido nuevo en América"; "Crisis de la democracia de América en la República Dominicana"; "Trujillo, causas de una tiranía sin ejemplo"; "La fortuna de Trujillo"; "Las dictaduras dominicanas"; "Composición Social Dominicana" y muchas más en las que el déspota es escrutado. Si las expresiones eran tan sinceras, ¿por qué Juan Bosch se marchó del país ocho días después de haber alabado a Trujillo en una actividad proselitista en Boca Chica?

Bosch reconoce de forma muy clara por qué alabó a Trujillo: “La manera segura de evitar que cayera sobre una familia el peso del terror era haciendo público un sentimiento trujillista que se expresaba a toda hora, en cualquier sitio y por cualquier motivo” (Juan Bosch, Las dictaduras dominicanas, Pág. 169, 1ra Edición, 1988, Editora Alfa y Omega, Santo Domingo, RD). Ese sentimiento no podía ser real, ni en Bosch ni en ningún otro que por necesidad de preservar su vida y la de su familia hablase o escribiese a favor del dictador o del régimen. En las páginas 182 y 183 Angelita Trujillo muestra la arenga que pronunció “con su peculiar oratoria” Juan Bosch en Boca Chica, el 5 de enero del 1938, aupando la reelección del "Generalísimo", como forma de validar, con el prestigio y el intelecto del escritor y político, el despotismo con el que su padre gobernó la nación. ¡Cuán equivocados están ella y sus serviles con semejante presunción! ¡Juan Bosch se marchó del país, junto a su esposa e hijo, para convertirse en el principal opositor al criminal más grande que ha parido América!

Es curioso que en la obra “Trujillo, mi padre en mis memorias” la autora no incluya, hasta la conclusión de este tercer capítulo, una sola cita, arenga, carta u otra manifestación escrita que se exprese en contra del régimen. Lo traemos a colación por lo de la “sinceridad y libre voluntad” que adjudica a las palabras laudatorias del profesor Bosch a Trujillo, pero, ¿acaso alguien podía criticar o contradecir al régimen? Por lo que Angelita expone en las páginas 151 y 152, del periodista y profesor Luis Padilla, reportero del Listín Diario para la fecha, resulta cuesta arriba pensar que alguien pudiese hacerlo. Citamos: “El editor del periódico, Arturito Pellerano, había ordenado la publicación de un editorial que trataba el pavoroso problema del analfabetismo. Al anochecer... le fue entregado un número de teléfono con instrucciones de llamar de inmediato al Jefe de Estado (sic).

El lector debe hacer un ejercicio de empatía con el editor del Listín Diario para saber lo que sintió cuando Trujillo tronó del otro lado del teléfono. Después de la arenga de cómo denunciar un mal, el Sr. Pellerano tuvo que escuchar de la boca de Trujillo: “Hágame el favor de no ocuparse más de este asunto, a menos que sea para sugerir el remedio más factible, dentro de las posibilidades del erario”; lenguaje usado por el déspota, de acuerdo a lo que plasma la autora, quien concluye el párrafo con las siguientes palabras del periodista Padilla: “Y cortó bruscamente la comunicación sin esperar respuesta”. (¡Sin comentarios!).

La industria protrujillista que ella misma, sin proponérselo, ha permitido sea descubierta, no se limita a la escritura y venta de libros; va más allá. Existe un fin ulterior, mayúsculo: el retorno al poder de la familia Trujillo, y para ello se van creando, muy sutilmente, infraestructuras de comunicación y propaganda a las que sirven los mismos familiares -a través de fundaciones y otros mecanismos-, los favorecidos del oprobioso régimen, los hijos y sobrinos de Trujillo no reconocidos y muchos dominicanos pertenecientes a la baja pequeña burguesía, que, por escalar socialmente de capas, se prestan a hacerle el juego a la oligarquía. "... Hay un sector adscrito al frente oligárquico que le sirve de instrumento nacional de poder y al mismo tiempo aspira a integrarse en él al nivel más alto..." (Juan Bosch, "Dictadura Con Respaldo Popular", Pág. 154, 4ta Edición, 1991, Editora Alfa y Omega, Santo Domingo, RD).

"Suavemente" nos lleva Angelita a la matanza de haitianos, y de forma burda e irrespetuosa usa la historia para, con los ejemplos que da, justificar el exterminio de 3 mil haitianos, según una contabilidad que adopta del Dr. Euclides Gutiérrez -6 mil según el profesor Juan Bosch, 18 mil según el propio Trujillo, 25 a 30 mil según otros historiadores-, ó 45 mil según la prensa internacional, que ella describe lo hacía “con el único interés de desacreditar el gobierno”. Plantea, como posible solución al cruce de haitianos por la frontera, lo siguiente: “¿Qué tal si a todos los ilegales se les invita a subirse en un vehículo de transporte y retornarlos (sic) a su país, apelando al uso de la fuerza, si fuera necesario?”. Y a seguidas, para justificar el resentimiento, el odio y la violencia que heredó como "las más preciadas virtudes" de su progenitor, expresa: “... parecía ser la más viable y efectiva para lograr una solución definitiva al problema territorial dominico-haitiano” (Pág. 169).

Los miles de haitianos masacrados por orden de su padre los despacha con estas palabras: “Son hechos de la vida real, frecuentes en los noticieros que trae el televisor. Escenas que aún al corazón más duro le humedece los ojos”. O con estas: “…lo cierto es que cuando se emplea la fuerza, ocurren los excesos, el hombre no puede desprenderse de su instinto de conservación ni de su parte animal. Ojalá y fuera posible entresacar la cizaña del trigo, para confiar la fuerza militar únicamente, a gentil hombres (sic). (Pág. 170).

Lo que ella no puede explicar es la composición de esa fuerza militar: “…campesinos sin tierra, que sirven a la fuerza armada por un sueldo, y que por tanto no solo están obligados por la disciplina militar, sino que son también económicamente dependientes, de manera que Trujillo los usó como subordinados y los explotó como esclavos” (Juan Bosch, Trujillo, causas de una tiranía..., Pág. 144). Ni tampoco las verdaderas razones por las que el genocida de su padre procedió tal y como lo hizo: “En un viaje hecho a Haití pocos meses antes, el tirano enamoró a una joven haitiana a quien se proponía llevar a Santo Domingo. Cuando el presidente haitiano… lo supo fue a visitar a su colega para pedirle que dejara en paz a la joven, pues era parte de una familia muy conocida en Haití y su fuga podría tener malas consecuencias en las relaciones de los dos gobiernos. Trujillo, débil de carácter, accedió. Pero uno o dos días después, ya de vuelta en su país, comenzó a sentir celos del gobernante de Haití y a irle cobrando un odio que fue creciendo irresistiblemente, tanto que al fin ese odio requería convertirse en hechos que le crearan una situación difícil al presidente vecino. Así, cierto día, hallándose en fiesta en las cercanías de la frontera, el volcán que llevaba dentro estalló, y dio la monstruosa orden” (Juan Bosch, Las dictaduras..., Págs. 172-173).

Las cosas son como son, no como uno quiere que sean. Angelita no podrá, por más que pretenda, mostrar a su padre como una persona tierna, dulce y amorosa. Trujillo fue un criminal de primera magnitud; un hombre rencoroso, lleno de odio, confabulador, degenerado... violador de niñas, “atributos” con los que tendrá que cargar mientras en el mundo quedemos seres humanos comprometidos con la verdad.

Tomasina Cabral: con estos comentarios al tercer capítulo del libro de la "reina de pacotilla", como usted define a Angelita Trujillo, pretendemos honrar su heroísmo. Las palabras que el Listín Diario usa para describirla, “mujer valiente y forjadora de ideales patrióticos”, nos llevan a reverenciar su estatura dentro de todos los que, con enorme sacrificio, ayudaron a forjar una República Dominicana de libertades. Reciba Ud. nuestro reconocimiento.

CONTINUAREMOS CON LOS COMENTARIOS AL CAPÍTULO IV...

Ing. Nemen Hazim
San Juan, Puerto Rico
10 de mayo del 2010