30 de mayo de 2010

Comentarios al capítulo V del libro "Trujillo, mi padre en mis memorias", de Angelita Trujillo (V de VII)

"Los padres no mueren porque continúan viviendo en cada uno de sus hijos" (V de VII). Tan desmesurado fue el terror de su padre que hubo “personas que al verse frente a mi papá sentían una impresión tan fuerte, que momentáneamente perdían la voz, y otros que llegaron inclusive a desmayarse…”. Se puede concluir, por el empeño de la autora, que los desmayos y la pérdida de la voz obedecían al carácter “agradable, dulce y amoroso” de su progenitor



En este capítulo de "Trujillo, mi padre en mis memorias" la autora intenta alcanzar el “non plus ultra” en lo que concierne a amor paternal. Afana por hacer una narración novelesca en la que resalta, con frecuencia poco común, un amor familiar que luce no haber existido nunca; la desesperación que exhibe en su intención de transmitir al lector esta sensación lleva al menos versado a presumir lo contrario.

Es el comportamiento natural de la baja pequeña burguesía, clase que le proporcionó esos vicios que, con los millones y todas “las madames” con las que se crio, no ha podido dejar. Vicios que brotan en forma natural en su pretensión por presentar un Rafael Trujillo tierno y amoroso cuando es sabido por todos del poco tiempo que dedicó a su familia y de la cantidad de mujeres (solteras y casadas; niñas, jóvenes y maduras) abusadas y violadas que hoy reflejan la realidad en los hijos no reconocidos, agrupados en torno a la descarada voluntad de la "reina de pacotilla" por sustanciar el proyecto de retornar y retomar el poder en una República Dominicana por la que murieron -vilmente asesinadas por las manos de su padre- Patria, Minerva y María Teresa Mirabal, “Las Mariposas” de Pedro Mir y Julia Álvarez.
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