"La democracia debe sustentarse, no en la igualdad del voto sino, en la justa valoración de un ejercicio consciente. Forzosamente, el valor intrínseco del sufragio del ignorante tiene que ser menor al del juicioso. En una legítima democracia, el voto de la ilustración tendría que ser cinco, diez o quince veces el del oscurantismo, en tanto se establece una escala que consigne los niveles de erudición"

7 de mayo de 2018

EL INESCRUPULOSO GOBIERNO PELEDEÍSTA NOS ESTÁ COBRANDO, A LOS DOMINICANOS DEL EXTERIOR, LA TARJETA DE TURISTA

El abuso de cobrar a los dominicanos la tarjeta de turismo

El lunes 30 de abril publicamos, por este mismo medio, "Digamos no a la villanía del gobierno al considerarnos turistas", un escrito con el que pretendimos denunciar la arbitraria medida implementada por la administración de Danilo Medina para cobrarnos 10 dólares por el impuesto que corresponde a la tarjeta de turista (que sólo atañe, como bien lo dice su nombre, a los naturales de otros países que escogen la República Dominicana para vacacionar). Decíamos que los dominicanos que residimos en el exterior "no somos turistas; somos nacionales con mucho más responsabilidad con la nación y con menos beneficio que los que viven en el solar... Aportamos a la economía dominicana más de cinco mil millones de dólares al año -lo que nos convierte en el mejor producto de exportación de un país permanentemente desvalijado- y no recibimos el más mínimo de los favores de parte de quienes nos expulsaron a patadas... Si los dominicanos que ingresamos al país validamos, sin ser turistas, el pago de los diez dólares de la tarjeta de turismo, estaríamos proporcionando al gobierno miles de millones de pesos que se convertirían en una extraordinaria fuente para financiar las primarias abiertas que buscan, en el PLD, cerrar el paso a Leonel Fernández y, en los demás partidos, facilitar el triunfo de los asociados y seguros adversarios de Danilo Medina en las elecciones de 2020...".

Si el decreto nos excluye, como podría llegarse a considerar después de un debatido análisis, ¿por qué no señala, con claridad meridiana, que los dominicanos del exterior estamos exentos de pagar la tarjeta de turista? Hubiese sido tan sencillo incluir la sentencia en una sola línea. Pero no; no podía faltar el clásico rollo -inflado con estúpidos considerandos, vistas y vistos típicos de la maraña "legal"- con que Ejecutivo y Congreso se han acostumbrado a legislar para complicarnos la existencia y sacarnos el mínimo centavo para satisfacer apetencias personales, no colectivas. Deliberadamente el dictamen apela a terminología confusa e imprecisa; existe una redacción malintencionada que ha llevado a las líneas aéreas a gravar todos los boletos que se emitan teniendo a República Dominicana como destino final. El gobierno lleva más de 20 días cobrándonos, de manera ilegal, un impuesto que no nos corresponde honrar; de manera ruin y perversa nos dice que tendremos "derecho al reembolso del valor pagado, el cual deberá requerirse ante las oficinas de la Dirección General de Impuestos Internos (DGII)".

La razón fundamental que arguyen los "ilustrados" que gobiernan para incluir el impuesto en el precio de los pasajes -bajo supuesta recomendación de la Organización de Aviación Civil Internacional (OACI)- es la de eliminar “las colas y retardos” que se forman en los aeropuertos con la recaudación de los diez dólares que cuesta la tarjeta de turista; como bien expresara un entrañable amigo en una reunión que sostuvimos en San Juan (capital de Puerto Rico) con el fin de definir el camino a seguir para llevar al gobierno a la 'legalidad' (¿recuerdan esta propuesta de aquellos años setenta?), "los turistas ya no harán filas cuando arriben a República Dominicana; las haremos nosotros, los pendejos dominicanos, y no en el aeropuerto sino en las oficinas de la DGII ubicadas sabe Dios donde". No sólo haremos las filas; además tendremos que gastar más de la cantidad a la que asciende el reembolso y perder por lo menos un día de los pocos que disponemos -en cada viaje- para visitar familiares y amigos o resolver alguno de los tradicionales problemas que siempre nos esperan (para lo que la Norma General 08-2018 de la DGII dispuso "plazos y condiciones... en los casos que aplique").

Maritza Francisco, comunicadora dominicana y productora del espacio 'Revista 2000 Internacional', quien no ha descansado en la lucha que ha emprendido para que este gravamen no tengamos que pagarlo los dominicanos (gracias a la valiosa información que le fuera suministrada por una íntegra y servicial amiga), se comunicó con 'jetBlue Airways' señalándole que el "impuesto es para los turistas que arriban a la República Dominicana; no debe ni puede incluirse en los boletos que compran los dominicanos porque, aún se hayan naturalizado y posean pasaporte americano, no pierden su nacionalidad...". Sugirió a la aerolínea que haga "los arreglos de lugar para que en el formato de venta aparezca una pestaña o ventanilla donde se consigne la nacionalidad de quien esté comprando un boleto" e incluyó el código de un pasaje suyo en el que aparece el "Tourism Tax", que no le "corresponde pagar porque (es, NH) dominicana residente de los EE.UU.". Concluye su correo electrónico esperando que se le "reembolse dicho cargo y cese la inclusión del importe de la tarjeta de turista en la emisión de los boletos a los dominicanos que viajan a su país".

De manera ágil 'jetBlue' respondió a la comunicadora con el texto que mostramos a continuación, que transcribimos fielmente con los errores que pueda contener: "En efecto, el gobierno Dominicano ha declarado que se cargue a los clientes extranjeros el impuesto de turista al comprar el boleto y ya no al llegar al aeropuerto como se había estado haciendo hasta este punto. Nosotros no podemos hacer reembolso de dicho impuesto y usted tendrá que comunicarse directamente con el gobierno Dominicano para su reembolso. Aunque apreciamos su idea, el hecho de que los clientes tengan la opción de pagar $10 adicionales a la tarifa por un impuesto acarrearía problemas adicionales; muchos clientes optarían por mentir y no pagarlo en línea y de igual manera tendríamos que verificar y comprobar qué documentos son válidos o certeros, algo que no es responsabilidad de JetBlue y que legalmente tendría que ser supervisado. Por esta razón, cualquier cliente que desee un reembolso, tendrá que solicitarlo directamente al gobierno Dominicano".

Hemos querido publicar este segundo reclamo sustentado en pruebas más que evidentes; de igual forma, el cónsul quisqueyano en San Juan recibió, de parte de un grupo de ciudadanos preocupados con esta violación, copias de varios boletos comprados por dominicanos (que incluyen el impuesto por concepto de la tarjeta de turista) para iniciar una disquisición "por los caminos oficiales". Seguiremos siendo reiterativos; solicitamos a la dirección de este medio que se haga eco, no sólo con publicar nuestro grito sino, como lo ha venido realizando históricamente con todo lo que perjudica al pueblo dominicano: editorializando o ejecutando un trabajo de periodismo investigativo (que, en este caso, desnude la maldad envuelta en la ordenanza de marras). Es muy evidente que, con el decreto, la administración peledeísta está jugando al pendejismo que nos arropa desde que Joaquín Balaguer asesinó los últimos hombres que parimos como sociedad. El gobierno está partiendo de una premisa que, en tanto concierne a sus propios intereses, la práctica cotidiana lo ha llevado a arrogarse: ninguno de nosotros se va a embarcar en solicitar un reembolso por haber pagado un impuesto cuyas gestiones remontarán los 10 dólares (además de que la gran mayoría no sabe que lo está pagando).

No es posible que los dominicanos en Puerto Rico, que somos los menos, seamos los únicos envueltos en esta lucha; los que residen en Estados Unidos (Nueva York, Massachusetts, Pensilvania, La Florida, New Jersey...), España, Venezuela, Chile, Argentina, Suiza, Italia, Alemania... no pueden permanecer impasibles ante este abuso. Es hora de que los dominicanos que viven en esos lugares, que son millones, se unan a nuestra causa para poner freno a este nuevo atropello contra la diáspora.

Terminaremos igual que como lo hicimos en el escrito anterior: "El fin del decreto no es evitar 'las colas y retardos' en los aeropuertos; es ingresar más dinero al erario para hacer lo que han venido haciendo: robarlo y destinarlo a la compra de elecciones. La vileza que reviste este decreto produce náuseas... Las dictaduras no sólo asesinan y coartan libertades, también saquean los recursos de sus ciudadanos de manera burda y descarada".

Nemen Hazim
San Juan, Puerto Rico
7 de mayo de 2018