«Me puse al lado de los indios y me derrotaron. Me puse al lado de los negros y me derrotaron. Me puse al lado de los campesinos y me derrotaron. Me puse al lado de los obreros y me derrotaron. Pero nunca me puse al lado de los que me vencieron. ¡Esa es mi victoria!» [Darcy Ribeiro, intelectual y político brasileño]
Ing. Nemen Hazim
Graduado Magna Cum Laude (MCL) en la Universidad Autónoma de Santo Domingo (UASD - 28/10/1977). Estudios complementarios en Estados Unidos, República Dominicana, Puerto Rico, Cuba, Argentina y Uruguay. En República Dominicana fue Ayudante de Profesor en la UASD; Profesor y Director de las Escuelas de Ingeniería Eléctrica e Ingeniería Mecánica en la Universidad Central del Este (UCE); y Gerente de Turbinas de Gas y Motores Diésel en la Corporación Dominicana de Electricidad (CDE). En Puerto Rico fue Encargado de Proyectos en Caribbean Electrical Industrial Services Corporation (CEISCO) y Co-dueño de Ingeniería Eléctrica y Mecánica (INGELMEC)...

2019-06-13

A propósito de Venezuela... "El Pentagonismo, Sustituto del Imperialismo", Capítulo VII - 'El pentagonismo y América Latina', de Juan Bosch

Venezuela, Siria, Libia, Irak... Manifestación pentagonista 50 años
después del profesor Bosch haber concebido tan extraordinaria obra.

"El Pentagonismo, Sustituto del Imperialismo"
Capítulo VII, 'El pentagonismo y América Latina'
"En la República Dominicana habían fracasado también a un tiempo las tropas nativas y los oficiales y sargentos de la misión militar de Estados Unidos, que les dieron órdenes de combatir a la revolución con todos los medios a su alcance. Sin esas órdenes, y sin contar con la seguridad de que tendría todo el respaldo pentagonista, los militares dominicanos no se hubieran lanzado a combatir un movimiento que tenía el más sorprendente apoyo de pueblo."

Vietnam y América Latina son los dos sitios del mundo donde se ejerce con mayor intensidad el poder pentagonista. A primera vista puede parecer exagerado que se compare la situación de América Latina con la de Vietnam; pero no se exagera. Vietnam está luchando con las armas en la mano contra el pentagonismo y América Latina se mantiene, por lo menos en conjunto, en estado de docilidad; y eso hace toda la diferencia. Pero el control que ha logrado establecer el pentagonismo en América Latina es similar al que tenían en Vietnam antes de que comenzara la lucha contra el régimen de Diem, y dondequiera que se pierda ese control el pentagonismo actuará igual que en Vietnam.

Ya tenemos la prueba en el caso de la República Dominicana. En Vietnam, cuando el ejército indígena pentagonizado quedó material y moralmente desbandado por las fuerzas del Vietcong –entre finales de 1964 y principios de 1965–, fue sustituido por las fuerzas expedicionarias pentagonistas, que en poco tiempo se acercaron al medio millón; en la República Dominicana, cuando el ejército pentagonizado del país resultó aniquilado por el levantamiento de abril de 1965, fue sustituido por la infantería de marina norteamericana, que en pocos días desembarcó más hombres que los que tenían antes de la revolución las fuerzas armadas dominicanas.

En Vietnam, frente a las guerrillas del Vietcong, habían fracasado no sólo los ejércitos indígenas, compuestos por más de 600,000 hombres, sino además la enorme misión militar norteamericana que los instruía, organizaba y dirigía. Esa misión contaba a finales de 1964 con más de 10,000 oficiales y clases. En la República Dominicana habían fracasado también a un tiempo las tropas nativas y los oficiales y sargentos de la misión militar de Estados Unidos, que les dieron órdenes de combatir a la revolución con todos los medios a su alcance. Sin esas órdenes, y sin contar con la seguridad de que tendría todo el respaldo pentagonista, los militares dominicanos no se hubieran lanzado a combatir un movimiento que tenía el más sorprendente apoyo de pueblo.

Hubo un momento, pues, en que la situación de Vietnam y la de un país latinoamericano fueron similares; sólo se diferenciaban en el número de hombres empleados en la lucha, pero no en los métodos ni en la ferocidad. Es más, la ciudad de Santo Domingo fue bombardeada desde el aire y desde el mar, de manera continua e implacable –sobre todo en lo que toca al bombardeo aéreo– en los primeros días de la revolución, y el bombardeo fue especial y enérgicamente ordenado por la misión militar norteamericana; pero si eso fuera poco, recordemos que la ciudad fue bombardeada mes y medio después por las baterías de morteros de las fuerzas norteamericanas, lo que equivale a los bombardeos aéreos sobre Hanoi. Vietnam es un laboratorio de pruebas, y todo lo que el pentagonismo ha probado en Vietnam lo aplicará a su hora en América Latina.

Los dos países que hoy se llaman Vietnam del Norte y Vietnam del Sur eran parte de un solo país, Indochina, colonia de Francia. Bajo la dirección política de Ho Chi Minh se inició hacia el año 1940 un movimiento armado contra los franceses, que acabó triunfando en el norte del país hacia el mes de mayo de 1954. El día 8 de ese mes, el ejército francés, sitiado en Dien Bien Phu, tuvo que rendirse.
“Poco a poco, los líderes de las finanzas y de la industria sobredesarrollada de Estados Unidos iban dándose cuenta de que a medida que crecía la intervención de su país en Vietnam sus negocios se expandían y sus beneficios aumentaban con mayor rapidez.”
Hasta entonces la única intervención norteamericana en Indochina era que Estados Unidos daba dinero y equipos a los franceses para que sostuvieran la guerra. Pero ya comenzaba a formarse el pentagonismo, aunque sin darse cuenta de que iba a ser pentagonismo. Ya unos cuantos banqueros, industriales y políticos norteamericanos pensaban que ellos debían ser los herederos del imperio colonial inglés y francés, y ya tenían convencido al presidente Eisenhower de que si Indochina caía en manos del comunismo éste se extendería por todo Asia y Estados Unidos acabaría ahogado por una marea comunista mundial. El senador McCarthy aterrorizaba a los liberales de Estados Unidos y mientras tanto el pentagonismo avanzaba sin que nadie se diera cuenta. Así, al producirse la derrota de Francia en Indochina Estados Unidos estaba listo para pasar a ocupar el lugar de los franceses; y como no era posible ocupar ese lugar en el Norte del país, que estaba dominado por las fuerzas victoriosas de Ho Chi Minh, inventaron la división de Indochina en dos países, Vietnam del Norte, que quedó en manos de Ho Chi Minh y de sus partidarios, y Vietnam del Sur, que poco después fue puesto bajo el gobierno de Ngo Dinh Diem.

Ngo Dinh Diem proclamó la República de Vietnam del Sur el 26 de octubre de 1955 y se nombró él mismo presidente; dos meses después comenzaban en todas partes la persecución, la prisión, la tortura y la muerte de los que habían combatido contra los franceses en la región del sur. Mientras tanto, Estados Unidos, que respaldaba en todo a Diem, entraba en posesión del aparato militar, burocrático y político que había creado Francia, empezaron a equipar el ejército indígena que había servido a los franceses y ahora servía a Diem y acabaron organizándolo y dirigiéndolo a través de “consejeros”. En poco tiempo Estados Unidos entregó al ejército de Vietnam del Sur desde buques de guerra y aviones hasta zapatos y aspirinas.

A mediados de 1957 comenzaron a formarse guerrillas contra el gobierno de Diem, lo que dio lugar a un aumento de las medidas represivas y también a un aumento de la ayuda norteamericana al gobierno. Poco a poco, los líderes de las finanzas y de la industria sobredesarrollada de Estados Unidos iban dándose cuenta de que a medida que crecía la intervención de su país en Vietnam sus negocios se expandían y sus beneficios aumentaban con mayor rapidez. Precisamente Estados Unidos había tenido una recesión económica en 1957 y la recuperación coincidió con el reforzamiento de la ayuda a Diem, en 1958; desde ese año, las ganancias de las grandes firmas norteamericanas han sido constantes y crecientes [Ver Apéndice II, al final de este libro.].

En diciembre de 1960 se formó el Frente Nacional de Liberación de Vietnam del Sur y la guerra de guerrillas empezó a convertirse en una guerra más amplia. Al tomar posesión de la presidencia de Estados Unidos –en enero de 1961–, John F. Kennedy halló creada una situación en la que su país estaba comprometido hasta un punto del que no podía retornar. La posición de Kennedy en Vietnam se agravaba con el fracaso de Bahía de Cochinos. Así, pues, en el mes de mayo de 1961, el vicepresidente Johnson, enviado por Kennedy a Saigón, declaró conjuntamente con Ngo Dinh Diem que la “independencia y la integridad territoriales del Vietnam son brutal y sistemáticamente violadas por agentes comunistas y por fuerzas del norte” [Cita tomada de Wilfred Burchett, en su libro Vietnam: la Segunda Resistencia, Barcelona, Ediciones de Materiales, S.A., 1967.]. Obsérvese que en ese documento de los gobiernos de Vietnam del Sur y Estados Unidos se dice “del Norte”; no se menciona el gobierno de Ho Chi Minh. Sin embargo, ahí comenzó Vietnam del Norte a ser implicado en la guerra. Bajo el gobierno de Kennedy, pues, empezaron a echarse las bases legales del ataque a Vietnam del Norte. Kennedy, debilitado ante el sector militar por su fracaso en Bahía de Cochinos –que se le atribuyó a él, debido a que se negó a autorizar el uso de aviones de combate contra Cuba– fue cediendo terreno en Vietnam. En diciembre de ese mismo año el Departamento de Estado publicó un Libro Blanco en que se acusaba a Hanoi de estar dirigiendo las guerrillas del sur.

A partir de ese momento comenzó a perfilarse el pentagonismo como una fuerza que iba a tomar en la primera oportunidad la dirección de la política exterior norteamericana, tras los bastidores del gobierno civil. En febrero de 1962 Estados Unidos establecía en Saigón el Mando de Asistencia Militar en Vietnam, bajo la dirección de un general –Paul D. Harkins– y con 4,000 “consejeros”. Este número aumentaría a medida que se intensificara la guerra de guerrillas y se desmoronaba el enorme ejército de tierra, mar y aire que habían organizado los norteamericanos con naturales del país. La insurrección se extendió a todas partes, estalló en Saigón en forma de manifestaciones, suicidios de monjes por el impresionante método de darse fuego, protestas masivas, conspiraciones y golpes de Estado. El embajador Cabot Lodge pidió a Diem que renunciara y éste se negó. El problema quedó resuelto con el derrocamiento del dictador y su muerte a tiros, mientras huía, ocurrida al comenzar el mes de noviembre de 1963, 20 días antes de que Kennedy fuera inmolado en Dallas.

Los repetidos cambios de gobierno en Saigón, el envío de más equipos, más “consejeros” militares y más dinero de Estados Unidos a Vietnam del Sur; los viajes de inspección de McNamara, del general Taylor, de delegados del presidente Johnson, no mejoraron la situación. Durante todo el año de 1964 las fuerzas de Vietnam del Sur siguieron desmoronándose, negándose a combatir, desertando, mientras la campaña de propaganda anticomunista crecía en intensidad, tanto en Vietnam como en Estados Unidos.

Al mismo tiempo que todo eso, aumentaba el poder del pentagonismo. A mediados de 1964 el poder civil norteamericano se plegó a la tesis pentagonista de que había que expandir la guerra. El secretario de Estado Rusk lo dijo en el mes de mayo con esas mismas palabras. En los últimos días de ese año la guerra de guerrillas se había convertido en una guerra general. En el llamado Informe Mansfield [El Informe Mansfield fue elaborado por un grupo de senadores norteamericanos encabezado por el señor Mike Mansfield, que estuvo en Vietnam y en otros países asiáticos en el año 1965. El Informe fue presentado a la Comisión de Asuntos Exteriores del Senado, que preside el senador Fulbright.] se declaró abiertamente que “en los primeros meses de 1965 se produce el derrumbamiento total de la autoridad del gobierno de Saigón”, y se afirmó que debido a esa situación, “como respuesta a la llamada de las autoridades de Saigón, llegó gran número de tropas de combate de Estados Unidos”. También a la República Dominicana se enviaron tropas a petición de una junta militar que la embajada norteamericana había formado apresuradamente sólo con ese fin.

Ese “gran número de tropas” de que habla el Informe Mansfield, es lo que se ha llamado “la escalada de Vietnam”; comenzó con 3,500 hombres enviados el 8 de febrero (1965) sólo para defender la base norteamericana de Da Nag, según se declaró oficialmente, así como en Santo Domingo se desembarcaron el 28 de abril de ese mismo año 400 hombres “sólo para garantizar las vidas de los ciudadanos de Estados Unidos”, según declaró el presidente Johnson; en mayo la cifra había subido a 45,000 –una cantidad ligeramente más alta que la que en ese mes había sido enviada a la República Dominicana– y en diciembre se acercaba a los 200,000, incluidos en ese número unos 21,000 surcoreanos y algunos cientos de otros “aliados” –así como en la República Dominicana había, también para el mes de diciembre, soldados brasileños, hondureños, nicaragüenses y paraguayos.

Si se observa con cuidado la evolución de los sucesos de Vietnam y se relacionan con los de América Latina –sobre todo con los de Cuba y la República Dominicana–, se obtiene la impresión de que el momento decisivo para la formación del pentagonismo –su paso de la juventud a la madurez, podríamos decir– se halla en los tres años del gobierno de Kennedy. Hay indicios de que durante el año de 1964, bajo la presión de lo que acontecía en Vietnam del Sur, el pentagonismo elaboró planes ya definidamente pentagonistas, y al comenzar el año de 1965 estaba listo para desatar su poderío armado en cualquier lugar del mundo. A esa altura, el pentagonismo tenía el control de la política internacional de Estados Unidos; los departamentos del gobierno civil dedicados al campo internacional estaban a su servicio y el Presidente de la República se veía en el caso de acceder a sus demandas. En ese momento el pentagonismo era como un joven tigre listo a lanzarse sobre su presa y sujeto apenas con un hilo de seda. Eso es lo que explica la violencia de la reacción norteamericana –la "overreaction", como se dijo en ocasión de la intervención militar en Santo Domingo– en sus actuaciones exteriores a partir de los primeros días de 1965. No debemos olvidar que el primer envío de soldados norteamericanos a Vietnam en calidad de combatientes, no de “consejeros”, fue hecho al comenzar el mes de febrero de ese mismo año.

El New York Times cree que el presidente Johnson vino a doblegarse a las presiones militares a mediados de 1967 y se lamenta de ello; pero un estudio cuidadoso de lo que ha estado sucediendo en Estados Unidos en los últimos años indica que las sospechas del New York Times son tardías. En un editorial del día 1 de septiembre de 1967, el afamado periódico norteamericano llega a la orilla de la verdad; la bordea y se alarma. Sin embargo, es muy difícil que un ciudadano de Estados Unidos acepte en su conciencia esa siniestra verdad. De todos modos, el editorial, publicado bajo el título de “Generales Fuera de Control” [ “Generals Out of Control”, editorial, New York Times, Nueva York, 1o. de septiembre de 1967.] es tan importante que nos parece necesario reproducirlo aquí. Dice así: [Me he esforzado en hacer una traducción cuidadosa, pero de todos modos ofrezco el texto original, en inglés, en un apéndice al final de este trabajo. JB].
“Ya no hay una política nacional de Estados Unidos para el país y para el resto del mundo. Hay dos políticas, o mejor dicho, dos esferas distintas de poder, una para el país y otra para el extranjero, una doméstica y otra internacional. El presidente Johnson tiene el control de la política doméstica, pero a cambio de que deje el control de la internacional al pentagonismo.”
«La campaña pública de algunos de los más altos generales del país en favor de más bombardeos de Vietnam del Norte –una campaña que les ha proporcionado ahora una victoria inicial en el Senado– ha levantado serios desacuerdos acerca de si el control de la defensa y de la política exterior debe ser civil o militar.

«El espectáculo del general Greene, el comandante del Cuerpo de Marina, que tomó una tribuna de la Legión Americana para decirle al país que la guerra de Vietnam es más importante que las destructoras turbulencias de las ciudades americanas, es la última y la más grotesca de las distorsiones del papel tradicional de los militares en la vida norteamericana.

«Dos días antes, el representante de la Marina en la Junta de Jefes de Estado Mayor emergió de una comparecencia a puerta cerrada ante el Subcomité senatorial de Investigaciones de Preparaciones para reclamar el bombardeo de otras cuatro bases de (aviones) Mig en Vietnam del Norte. En la propia comparecencia la declaración del general Greene criticó como una ayuda a Hanoi la lentitud del Gobierno en aprobar una lista aumentada de blancos para los bombardeos.

«El Jefe de Estado Mayor del Ejército, General Johnson, se unió a la insurrección al reclamar el bombardeo del puerto de Haiphong y otros puntos fuera de límite en Vietnam del Norte. Él estuvo en desacuerdo con su jefe civil, el Secretario McNamara, quien le dijo al Subcomité que esos bombardeos no impedirían las operaciones de guerra de Hanoi en el Sur, sino que podrían ser costosas en bajas americanas e implicarían grave peligro de conflictos con Rusia y China.

«Antes aún, un tercer miembro de la Junta de Jefes (del Estado Mayor), el general McCornell, de la Fuerza Aérea, le dijo al Subcomité que sin el bombardeo se necesitarían 800,000 soldados más, en Vietnam del Sur. La naturaleza imaginaria de esas “estadísticas” quedó claramente revelada en los estimados oficiales de (el servicio de) inteligencia que entregó el Sr. McNamara la semana pasada. Ellos demuestran que el volumen de los suministros de guerra procedentes de Vietnam de norte que van a Vietnam del Sur está “significativamente por debajo de 100 toneladas al día, cantidad que podría ser transportada en unos pocos camiones”.

«Sin embargo, el presidente Johnson, con su antena dirigida más a las elecciones de 1968 que a cualesquiera expansiones del frente de batalla, estaba evidentemente tan preocupado con las comparecencias ante el Subcomité que se rindió ante los militares antes de que comenzaran las sesiones (del Subcomité). El primero de los deponentes –el almirante Sharp, comandante del Pacífico, quien también había manifestado su deseo de más bombardeos (sobre Vietnam del Norte)– llevó (al Subcomité) la promesa del presidente de que otro grupo de blancos para bombardeos había sido puesto fuera de la lista de los prohibidos. La capitulación del presidente no evitó que el Subcomité insistiera ayer en un mayor aumento de los bombardeos para clausurar el puerto de Haiphong y para golpear otros blancos, aun si eso significa guerra con China.

«Esta no ha sido la primera rendición del gobierno a la presión militar. La campaña pública llevada a cabo por el general Westmoreland en la primavera pasada en pos de más tropas de infantería produjo su viaje a Estados Unidos, su controvertido ataque a los que no estaban de acuerdo con él y a negociaciones abiertas con el presidente que terminaron con el anuncio del mes pasado de que 45,000 soldados más serían enviados a Vietnam.

«Después de dos años y medio de escalamiento en Vietnam, de un aumento (de tropas) a 500,000 soldados y un nivel de bombardeo superior al de Europa en la guerra mundial segunda, la situación militar en Vietnam del Sur no es hoy mejor que cuando comenzó la entrada de norteamericanos en combate directo. El escalamiento norteamericano ha sido respondido por los comunistas y la contienda ha sido llevada a un nivel más alto de lucha, bajas y destrucción.

«Inmediatamente, la responsabilidad por este trágico error de cálculo corresponde al presidente más que a ninguna otra persona. Los líderes militares que le aconsejaron (el escalamiento) –y que han fallado lastimosamente en producir algunos dividendos militares para esta colosal inversión– son ahora los principales oponentes de otro receso en los bombardeos, un paso indispensable para abrir negociaciones con Hanoi para una solución política.

«Los chispazos del debate en el Congreso sobre la resolución del Golfo de Tonkin han hecho hincapié en el socavamiento de los requisitos constitucionales para (asegurar) el control legislativo sobre el poder para hacer la guerra. Ahora está tomando cuerpo un socavamiento similar en el balance constitucional que supuestamente coloca a los militares bajo la dirección civil. Las afirmaciones del senador Mansfield de que es el Secretario McNamara quien realmente habla en nombre del gobierno están pobremente respaldadas por los hechos. Sólo el señor Johnson puede ejercer las prerrogativas presidenciales que le acuerda la Constitución y restaurar el control civil sobre la política nacional.»
«La República Dominicana fue sometida a los métodos que se habían practicado en Vietnam. El pequeño país antillano fue vietnamizado. Pero a su vez Vietnam fue dominicanizado, porque en Vietnam se aplicaron experiencias obtenidas en Santo Domingo. A tal extremo es esto verdad que se nombró embajador en Saigón al señor Ellsworth Bunker, sólo porque a juicio del pentagonismo había tenido un éxito resonante en la República Dominicana [como embajador]. Cada vez que el gobierno del coronel Caamaño se negaba a aceptar un punto de las negociaciones con los Estados Unidos -que supuestamente eran llevados por la OEA-, la capital dominicana era sometida a un ataque. Lo que se buscaba no era “llevar al coronel Caamaño a la mesa de negociaciones”, puesto que ya se estaba negociando; lo que se buscaba era llevarlo a aceptar los términos pentagonistas. La menor resistencia en aceptar esos términos costaba vidas dominicanas, como después las negativas de Ho Chi Minh a negociar costaría vidas en Hanoi, en Haiphong y en otras ciudades de Vietnam del Norte. Se trata de las negociaciones entre el león suelto y el mono amarrado...»
En las últimas palabras de ese editorial del New York Times está la clave de la confusión del editorialista. Ya no hay una política nacional de Estados Unidos para el país y para el resto del mundo. Hay dos políticas, o mejor dicho, dos esferas distintas de poder, una para el país y otra para el extranjero, una doméstica y otra internacional. El presidente Johnson tiene el control de la política doméstica, pero a cambio de que deje el control de la internacional al pentagonismo. Por eso tiene que capitular –como dice el New York Times ante los militares. El presidente Johnson, y cualquier otro presidente que se hallara en su lugar, así como el que le suceda, no podría ejercer el poder sobre la política interior norteamericana si se opusiera al pentagonismo en la política exterior. Los poderes para dirigir ésta han pasado al pentagonismo. Por eso “el balance constitucional que supuestamente coloca a los militares bajo la dirección civil” no funciona ya en Estados Unidos.

La historia de los acontecimientos de Vietnam ha sido hecha aquí con ciertos detalles, pero muy sucintamente, sólo para que los métodos del pentagonismo sean conocidos en América Latina. Esta importante región del mundo estuvo durante más de un siglo padeciendo las agresiones del imperialismo, y al quedar éste sustituido por el pentagonismo, pasó a ser un objetivo de primera categoría para ese engendro del capital sobredesarrollado. La República Dominicana, por ejemplo, fue sometida a los métodos que se habían practicado en Vietnam. El pequeño país antillano fue vietnamizado. Pero a su vez Vietnam fue dominicanizado, porque en Vietnam se aplicaron experiencias obtenidas en Santo Domingo. A tal extremo es esto verdad que se nombró embajador en Saigón al señor Ellsworth Bunker, sólo porque a juicio del pentagonismo había tenido un éxito resonante en la República Dominicana [En una visita que me hizo el embajador Bunker en la primera semana de julio de 1966, mientras yo estaba en Santo Domingo, le dije que él no tardaría en ser enviado a Vietnam como sucesor de Cabot Lodge. Desde el año anterior (1965) yo estaba elaborando la tesis de este trabajo –que expuse al escritor uruguayo Hiber Conteris, quien publicó su meollo en la revista Marcha, de Montevideo, a finales de 1965– y presumía que el pentagonismo usaría en Vietnam las experiencias adquiridas por el señor Bunker en el caso dominicano. En esta ocasión acompañaban al embajador Bunker dos funcionarios del Departamento de Estado, que se sonrieron al oírme. Uno de ellos se llama Harry Shlaudeman.]. Cada vez que el gobierno del coronel Caamaño se negaba a aceptar un punto de las negociaciones con los Estados Unidos -que supuestamente eran llevados por la OEA-, la capital dominicana era sometida a un ataque. Lo que se buscaba no era “llevar al coronel Caamaño a la mesa de negociaciones”, puesto que ya se estaba negociando; lo que se buscaba era llevarlo a aceptar los términos pentagonistas. La menor resistencia en aceptar esos términos costaba vidas dominicanas, como después las negativas de Ho Chi Minh a negociar costaría vidas en Hanoi, en Haiphong y en otras ciudades de Vietnam del Norte. Se trata de las negociaciones entre el león suelto y el mono amarrado, que de todos modos no conducen a nada para el país agredido por el pentagonismo. Por ejemplo, el punto clave de los acuerdos de Santo Domingo, que era la reintegración de los militares constitucionalistas, no se cumplió, y ni la OEA ni los Estados Unidos se han preocupado por eso.

En Santo Domingo se desató el terror “anticomunista” que se había aplicado en Vietnam del Sur en los tiempos de Diem. En los días que siguieron a la intervención pentagonista en Santo Domingo se descubrió un cementerio de víctimas de ese terror. Según un estimado conservador, las matanzas de la parte norte de la capital dominicana, ocurridas en el mes de mayo, alcanzaron a unas 2,000. A esas matanzas se les llamó “operación limpieza”, hecha, al parecer, con autorización de la OEA, por tropas dominicanas bajo dirección norteamericana. Nunca se le dio publicidad a la ola de crímenes que se extendió por todo el país después de haber terminado la negociación entre el gobierno del coronel Caamaño y la OEA, esto es, inmediatamente después que se estableció el gobierno provisional encabezado por el doctor García Godoy. Esa ola de sangre seguía azotando el pequeño país antillano en agosto de 1967.

Aniquilados por ella han caído en la República Dominicana oficiales, clases y soldados constitucionalistas y muchos han tenido que huir al extranjero; han desaparecido o han sido asesinados líderes de los partidos que defendieron la constitucionalidad; se volaron empresas privadas de partidarios o simpatizantes del constitucionalismo, como los talleres de la revista ¡Ahora! y la ferretería de Guerra Hermanos; centenares y centenares de hombres han sido brutalmente golpeados, heridos, torturados; en el mes de mayo de 1967 fue quemado con una granada de fósforo vivo un senador del Partido Revolucionario Dominicano que había sido constitucionalista ferviente [Se trata del senador por la provincia de Pedernales, Pablo Casimiro Castro. Las quemaduras fueron tan graves que el senador Castro fue dado de alta afinales de agosto (1967). Dos miembros de su partido que le acompañaban fueron también quemados. El crimen fue parte de la campaña de terror organizada para liquidar físicamente a los constitucionalistas, a quienes se acusa, como debía esperarse, de ser comunistas.].

De todos esos crímenes, ninguno, sin embargo, fue planeado con tanta maldad como el ataque al Matún. El Matún es un hotel que está en las afueras de la ciudad de Santiago de los Caballeros, la segunda en importancia de la República Dominicana. El día 19 de diciembre (1965) el coronel Caamaño, acompañado por la plana mayor de la oficialidad constitucionalista, visitó Santiago para rendir homenaje a la memoria de un héroe de la lucha, el coronel Rafael Fernández Domínguez –el verdadero iniciador del movimiento– que estaba enterrado en esa ciudad. Fernández Domínguez había sido muerto por las fuerzas norteamericanas el 19 de mayo. Con motivo de la visita de los oficiales constitucionalistas se reunieron en el Matún varios cientos de personas, mujeres y niños entre ellos. Cuando todos estaban sentados a la mesa del comedor tomando el desayuno, comenzó un ataque al hotel con fusiles automáticos, ametralladoras de emplazamiento –calibre .50– y tanques pesados.

La batalla del Matún duró seis horas, y si no hubo allí una matanza salvaje se debió a la fabulosa sangre fría y la superior capacidad militar de los oficiales constitucionalistas, que tuvieron sólo dos muertos –uno de ellos el coronel Juan Lora Fernández, un militar de excepción– y dos heridos. Las bajas de los atacantes llegaron a 98 entre muertos y heridos.

El asalto al Matún se planeó como un crimen masivo y sin duda en todo el continente no se ha organizado nada similar después que terminaron las matanzas de indios del siglo pasado en Estados Unidos. Sin embargo, la noticia se falseó en forma escandalosa. En un cable de la AP se dijo que el ataque comenzó cuando los constitucionalistas emplazaron en el techo del Matún una ametralladora calibre .50, lo que era físicamente imposible; en otros despachos se dijo que los oficiales constitucionalistas habían atropellado a algunos policías, y que éstos, en represalia, atacaron el Matún. La verdad es que la fracasada “operación Matún” se planeó con tiempo –pues se sabía públicamente que los jefes constitucionalistas visitarían la ciudad de Santiago en esa fecha– y su finalidad era liquidar de un solo golpe el liderazgo militar y civil de la revolución. La “operación Matún” fue la copia antillana de las muchas que se realizan constantemente en Vietnam para liquidar focos del Vietcong.
“El pentagonismo ha establecido en Estados Unidos una esquizofrenia gubernamental, un poder doble; el del gobierno civil y el del pentagonismo. Las fuerzas armadas norteamericanas obedecen a este último. Las fuerzas armadas latinoamericanas -con excepciones muy contadas- obedecerán también al poder pentagonista, no a sus gobiernos nacionales. Ahora bien, los ejércitos de Estados Unidos no tienen ninguna actividad de guerra dentro de Estados Unidos; su campo de acción está fuera de su país, y por tradición –y porque eso es lo que deja beneficios al pentagonismo– seguirán actuando en el exterior por lo menos hasta el momento en que una gran derrota afuera los obligue a tomar el poder en su propio país. El caso de los ejércitos latinoamericanos es el opuesto. Su actividad militar no es externa; sus hombres no combaten fuera de sus países. Por tradición –y porque su fuente de beneficios ha sido siempre el país propio– los soldados latinoamericanos están preparados únicamente para ser los ocupantes militares de sus países.”
Ahora bien, lo que el pentagonismo aprendió en Vietnam y mejoró en la República Dominicana, y lo que aprendió en la República Dominicana y mejoró en Vietnam, va a ser puesto en práctica en otros países de América Latina, sobre todo en aquellos donde haya movimientos guerrilleros.

Una de las mejorías de los métodos usados en Vietnam y refinados en Santo Domingo consiste en que los crímenes políticos –los asesinatos de reales o supuestos comunistas– no se achaquen al gobierno; que los cometan grupos seleccionados de militares o policías y que el presidente proteste públicamente de esos crímenes y dé a entender en alguna forma que no puede perseguir a los autores; así el terror se difunde porque el pueblo se siente indefenso y al mismo tiempo el gobierno no resulta culpable. Esto estaba practicándose en Guatemala –y repitiéndose en la propia República Dominicana– en el 1967. Otros de los recursos pentagonistas es la celebración de “elecciones”; y a los gobiernos “elegidos” se les somete –como en Vietnam, la República Dominicana y Guatemala– a un pentagonismo indígena y por tanto subdesarrollado.

Esto requiere una explicación. El pentagonismo ha establecido en Estados Unidos una esquizofrenia gubernamental, un poder doble; el del gobierno civil y el del pentagonismo. Las fuerzas armadas norteamericanas obedecen a este último. Las fuerzas armadas latinoamericanas -con excepciones muy contadas- obedecerán también al poder pentagonista, no a sus gobiernos nacionales. Ahora bien, los ejércitos de Estados Unidos no tienen ninguna actividad de guerra dentro de Estados Unidos; su campo de acción está fuera de su país, y por tradición –y porque eso es lo que deja beneficios al pentagonismo– seguirán actuando en el exterior por lo menos hasta el momento en que una gran derrota afuera los obligue a tomar el poder en su propio país. El caso de los ejércitos latinoamericanos es el opuesto. Su actividad militar no es externa; sus hombres no combaten fuera de sus países. Por tradición –y porque su fuente de beneficios ha sido siempre el país propio– los soldados latinoamericanos están preparados únicamente para ser los ocupantes militares de sus países. Esto es lo que les halaga, esto es lo que les gusta. Al colocarlos en el plano de obedecer órdenes del pentagonismo y no de sus gobiernos nacionales, se les estimula en lo que es su inclinación hacia el atropello de su propio pueblo; en consecuencia, esos ejércitos establecerán la esquizofrenia pentagonista, pero no en la esfera internacional, sino en el orden doméstico de cada país latinoamericano. El resultado será, desde luego, una precipitación en tiempo y en intensidad, de la poderosa corriente revolucionaria que agita a América Latina.

Por otra parte, el pentagonismo indígena subdesarrollado que ya está comenzando a funcionar en los países latinoamericanos ayudará a intensificar el descrédito galopante en que ha caído la democracia en la región. En poco tiempo más la palabra democracia será en Iberoamérica sinónimo de crímenes, robo, brutalidad y persecución. Ya hay países latinoamericanos donde los que ejercen el terror se llaman a sí mismos demócratas y llaman comunistas a todos los que repudian sus salvajadas, así se trate de sacerdotes católicos.

La República Dominicana, el primero de los países de América Latina que cayó bajo el poder pentagonista, es uno de ellos.

Transcripción de «El Pentagonismo, Sustituto del Imperialismo.
Capítulo VII - 'El pentagonismo y América Latina'
»: Nemen Hazim
San Juan, Puerto Rico
13 de junio de 2019