«Me puse al lado de los indios y me derrotaron. Me puse al lado de los negros y me derrotaron. Me puse al lado de los campesinos y me derrotaron. Me puse al lado de los obreros y me derrotaron. Pero nunca me puse al lado de los que me vencieron. ¡Esa es mi victoria!» [Darcy Ribeiro, intelectual y político brasileño]

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domingo, enero 17, 2021

Honrando a una extraordinaria mujer dominicana: la doctora Carolina de la Cruz Bassa

Fueron muchos los médicos, educadores, tecnólogos, químicos, enfermeros, científicos, etc., que perdieron sus vidas en el año 2020. Entre esos mártires figura la doctora Carolina de la Cruz Bassa: "Trabajadora, capaz, responsable, humana, entregada a sus pacientes y preocupada por la formación de los nuevos profesionales. Se ganó en la tierra la admiración de todos los que la conocimos y tuvimos el honor de tratarla"


Para quienes nos dejaron
El 3 de enero de 2020, en Iraq, Estados Unidos atacó un convoy iraní asesinando a Qasem Soleimani, comandante del grupo élite Quds de la Guardia Revolucionaria. El hecho, planificado por el Pentágono y la CIA (Central Intelligence Agency), y ordenado por el presidente Trump, se materializó violando todas las leyes internacionales (además de que se consumó sin que lo supiera el jefe de Estado iraquí).

En 1963, en República Dominicana, sin que se enterara el jefe de Estado dominicano, John F. Kennedy auspició una guerrilla haitiana, para derrocar a François Duvalier, que culminó con el golpe de Estado que depuso a Juan Bosch.

El cobarde asesinato del general Soleimani inició una cadena de infortunios que estremecieron al mundo. El magnicidio se convirtió en el umbral de un "año siniestro", calificativo que, desde Julio César, en la antigua Roma, hasta nuestros días, ha acompañado a los años bisiestos. El 2020 no sería la excepción; estuvo coronado por una pandemia que se ha extendido por todo el mundo, infectando a 95 millones de habitantes y quitándole la vida a más de 2 millones (al momento en que se escriben estas líneas: 17 de enero de 2021 @ 7:02 p.m.).

En orden cronológico, y por el reconocimiento que se otorga a políticos, religiosos, cantantes, músicos, artistas, deportistas y practicantes de otras actividades que suscitan emociones (orientadas a la parcialidad caribeña, razón por la que, salvo ciertas excepciones, no se mencionan íconos de otras disciplinas), partieron en el 2020: Buck Henry, Kobe Bryant, Kirk Douglas, Tony (Cabeza) Fernández, Hosni Mubarak, Ernesto Cardenal, Rafael Cancel Miranda, Alejandro Sieveking, Javier Pérez de Cuellar, Max Von Sydow, Joaquín Luis Ortega, Kenny Rogers, Ray Mantilla, Jenny Polanco, Sergio Rossi, Luis Eduardo Aute, Al Kaline, Dámaso García, Samantha Fox, Silvia Legrand, Ashley Cooper, Edén Pastora, Enio Morricone...

También fallecieron: Víctor Víctor, John Lewis, Ekaterina Alexandrovskaya, Jimmy Sierra, Tom Seaver, Lou Brock, Ruth Bader Ginsburg, Corine Rottschäfer, Joaquín Salvador Lavado Tejón (Quino), Bob Gibson, Ron Perranoski, Kenzō Takada, Whitey Ford, Joe Morgan, Tomás Herrera, Cano Estremera, Sean Connery, Juan Domingo Roldán, Diego Maradona, Valéry Giscard d'Estaing, Adriano Miguel Tejada, Tabaré Váquez, Dick (Richie) Allen, Paolo Rossi, John le Carré, Alejandro Grullón, Flavio Cotti, José Vicente Rangel, Vinico Franco, Carmen Quidiello viuda Bosch, Inés Moreno, K. C. Jones, George Blake, Phil Niekro, Tito (El Gallo) Rojas, Armando Manzanero, Pierre Cardin, Farah María (La Gacela de Cuba), Robert Hossein...

Miles más perecieron en territorios lejanos, con acentuada diferencia cultural, que también destacaron en esas disciplinas. En cambio, y sin haber recibido la retribución pública y la exposición con las que debieron ser honrados quienes se dedicaron a servir a la humanidad (desde disciplinas de compromiso con la salud, la educación, la información, la investigación, la alimentación y la vivienda), fueron más los médicos, educadores, agrónomos, campesinos, biotecnólogos, periodistas, químicos, terapeutas, enfermeros, científicos, obreros, psicólogos, ingenieros, etc., que perdieron sus vidas en ese fatídico año: unos por una pandemia de origen incierto y otros por enfermedades y accidentes.

Partieron de cada rincón del planeta: de Colombia, Perú, Argentina, Bolivia, México, Canadá, Venezuela, Puerto Rico, Guatemala, Ecuador, República Dominicana... (América); de España, Francia, Italia, Alemania, Suiza, Suecia, Países Bajos, Polonia... (Europa); de Nigeria, Kenia, Etiopía, Uganda, Angola, Ruanda, Libia... (África); de Japón, China, Tailandia, Pakistán, India, Irán, Líbano, Jordania, Palestina... (Asia); de Rusia, Armenia, Turquía, Azerbaiyán... (Euroasia); de Australia, Nueva Zelanda, Palaos, Papúa Nueva Guinea, Samoa... (Oceanía).

Doctora Carolina de la Cruz Bassa
Entre esos mártires -con prolíficos conocimientos, ejercicio impoluto y trato humano- figura la doctora Carolina de la Cruz Bassa, fallecida el 18 de diciembre en un accidente -en Santo Domingo, República Dominicana-, una semana después de haber celebrado los 55 años de su natalicio.

Su muerte ha consternado a los pacientes -a quienes acogió con eficaz y cálida atención-; a los galenos con los que compartía labores y a los que la acompañaron en su formación; a los que recibieron sus enseñanzas; a amigos y relacionados; y, especialmente, a sus familiares: desde su padre -paradigma de muchas de sus virtudes-, hasta el más lejano de los primos y sobrinos. "Trabajadora, capaz, responsable, humana, entregada a sus pacientes y preocupada por la formación de los nuevos profesionales" fueron los decorosos testimonios con los que Carolina de la Cruz Bassa fue delineada en los medios por quienes la conocieron.

Era hija de Cristiana Bassa Elmudesi -quien en vida fuera una distinguida educadora del nivel secundario en San Pedro de Macorís- y del doctor Eros de la Cruz Sánchez -excepcional galeno, reconocido por la Sociedad Dominicana de Ortopedia como Padre de la Ortopedia Moderna-. Cursó sus estudios de medicina en la Universidad Nacional Pedro Henríquez Ureña (UNPHU), de la que salió investida con honores; en el hospital Salvador B. Gautier se formó en medicina interna. Como Directora de Residencias Médicas y Postgrado, en el Ministerio de Salud Pública, se enfocó en la determinación de las necesidades reales de los especialistas que requiere el país a fin de orientar las residencias médicas y cubrir el vacío que se observa en la mayoría de las provincias, en la formulación de alternativas para descongestionar la centralización en las grandes ciudades y en la diversificación de los programas para dar relevancia a disciplinas menos favorecidas.

Al momento de su partida, la doctora Carolina de la Cruz Bassa era directora del Departamento de Medicina del Centro de Diagnóstico, Medicina Avanzada y Telemedicina (CEDIMAT), a cargo de las especialidades de neumología, nutrición, reumatología, medicina interna, gastroenterología, plan ejecutivo de salud, endocrinología, nefrología, salud mental, alergología, neurología, hemato-oncología e infectología. "Era una gran profesional y mejor ser humano. Se ganó en la tierra la admiración de todos los que la conocimos y tuvimos el honor de tratarla...", fueron las palabras del doctor Plutarco Arias, actual ministro de Salud Pública, al enterarse de su deceso.

Dios le conceda a la doctora Carolina de la Cruz Bassa la vida eterna...

Nemen Hazim Bassa
San Juan, Puerto Rico
17 de enero de 2021

[En primera persona]
"Carolina fue una hija maravillosa y una hermana complaciente, siempre pendiente de nosotros. Era la madrina de mi hijo; lo colmaba de obsequios y mucho amor. Teníamos una relación especial. Cuando hablan de ella siento el mismo orgullo que cuando escucho hablar sobre mi padre"
Erito, Carolina, tío Eros, Fátima y Miguelito
Carolina era mi prima; de esas primas que estás obligado a amar. Poseía un envidiable carácter que, "en momentos muy especiales", adornaba con esas palabras que cuando se pronuncian de la forma en que ella lo hacía queda uno prendado, virtud que le fue transferida por su mamá, esa maravillosa tía de la que mi hija Yelena quedó fascinada (cuando apenas superaba su primer lustro) por la gracia con la que soltaba un "coño", expresión que nunca ha estado ausente en nuestras reuniones familiares.

Con Carolina, Fátima, Erito y Miguelito -los hijos de tía Cristiana y tío Eros- compartía con más frecuencia, como con otros primos, cuando residía en República Dominicana. Acostumbraba a visitarlos cuando eran pequeños. Estudiaba yo en la UASD y muchos viernes, cuando salía de la universidad hacia San Pedro (a casa de mis padres), hacía escala para conversar con tía, deleitarme con su comida y, en ciertas ocasiones, cuando estaba presente, platicar con tío Eros, una persona encantadora, admirable. Cuando le avisaba, tía hacía, entre otras delicias, pollo y habichuela (el pollo que comía el abuelo Miguel, que con el tiempo fue generando "envidia" entre mis queridos primos), dos cosas en las que era insuperable. Ya grandes, aunque con menos frecuencia (por el trabajo, y luego por mi ausencia del país), disfrutaba visitarlos; me celaban porque el pollo (hecho al carbón, con mucho ajo), que terminaba siempre en risas y cordiales discusiones, "tía Cristiana lo hacía para mí".

No retengo nombres; ni direcciones ni lugares. Me fijo muy poco y no guardo en la memoria lo que quizás pueda ser útil en algún momento; sin embargo, desarrollé una virtud para otra cosa: observar una mujer. No recuerdo la edad que tenía Carolina cuando por primera vez me fijé en sus pies (tal vez dos o tres años antes de venir yo a vivir a Puerto Rico; quizás tenía 20 o 21 años). Esos hermosos y bien cuidados pies se grabaron en mi mente y se convirtieron en referentes; desde ese día, y cada vez que nos veíamos o conversábamos, por vía telefónica o escrita, acostumbré a llamarla "la mujer con los pies más hermosos del mundo".
Fátima (con su tierna mirada), Erito, mi hermosa y
adorable tía Cristiana (cargando a Miguelito), y
Carolina, ejerciendo su carácter...

Dios me puso cerca de Carolina en momentos importantes. Me referiré sólo a dos para no extenderme en este testimonio de veneración para con mi prima. Creo que para 1998, en San Pedro de Macorís -en casa de Carmencita, otra maravillosa prima-, los Bassa nos reunimos como acostumbrábamos a hacer cuando tía Carmen vivía (mamá de Carmencita y corazón de toda la familia). Después de conversar animadamente, le expresé a Carolina que estaba padeciendo de acidez, y que, incluso, había sentido ligeros dolores en el pecho. Me obligó a visitarla en La Plaza de la Salud [creo que así se llamaba (o se llama)], donde tenía su oficina, y me realizó un minucioso examen del que sólo quedó pendiente, para hacerse en Puerto Rico -porque decidí adelantar el viaje-, una endoscopía que al concretarse arrojó resultados nada halagüeños. Fui diagnosticado con esófago de Barrett, una afección en la que el revestimiento del esófago se daña por el reflujo ácido y puede degenerar en cáncer. La determinación de Carolina -mi ángel Carolina-, su testarudez, y tres coños, salvaron mi vida. Me vi precisado a viajar a Menphis, una ciudad de Tennessee, Estados Unidos, donde un médico alemán puso fin al achaque.

En septiembre de 2020 pudimos juntarnos en casa de Carmencita, que sigue viviendo en San Pedro (aunque ahora en Juan Dolio, no en la ciudad). Había viajado a Dominicana para ver a mi hija y Carolina fue la primera persona a la que llamé; pretendía que nos juntáramos para compartir y revivir los inolvidables momentos que hemos tenido como familia. Esa reunión, también, ayudaría a Yelena a recobrar la afición por sus tías [Caro, Fátima y Carmencita (su madrina)]. Entregada a su compromiso con los enfermos, olvidó llamar. Carmencita sugirió que la convenciera para que pudiera despejarse del agobio al que estaba sometida por la pandemia. De nuevo la llamé; al no responder, decidimos, mi hija y yo, irnos a Juan Dolio. Allí fuimos agradablemente sorprendidos por ella y la siempre dulce y cariñosa Fátima, sorpresa que Carmencita nos tenía reservada. Ese fin de semana, con tres de mis primas, mi compadre Ramón (esposo de Carmencita) y mi hija, fue uno adorable, entrañable...

Miguelito, el más pequeño de los hermanos de Carolina, la describe de manera sensible y espontánea; muchas de sus palabras están en las mentes y en las voces de quienes la amamos. "Carolina fue una hija maravillosa y una hermana complaciente, siempre pendiente de nosotros. Tía consentidora y madrina de mi hijo, lo llenaba de presentes y mucho amor. Me adoraba; teníamos una relación muy especial. Puedo decir que fui su debilidad y que no hubiera soportado que yo partiera primero... No comprendo el porqué de su partida; me dicen que más adelante lo sabré, pero lo dudo. Cuando hablan de ella siento el mismo orgullo que cuando escucho hablar de mi padre".

Carolina y Miguelito
No sé cuántas veces me he preguntado por qué Carolina; por qué debe partir una persona que vino a este mundo a servir al prójimo, una persona extraordinaria, "hija maravillosa y hermana complaciente, siempre pendiente de nosotros". Quizás las experiencias de vida me proporcionan la información necesaria para decirle a mi querido primo que nunca lo sabrá, que nunca lo sabremos. Como creyentes, debemos pedir al Todopoderoso que nos permita reencontrarnos con ella, aunque en un universo diferente al terrenal que necesariamente nos tocará recorrer. Espero que Miguelito haya tenido la oportunidad de decirle a Caro, muchas veces, lo orgulloso que estaba de ella, y que esos sentimientos de amor y admiración los profese continuamente a Fátima, a Erito y a tío Eros, de quien no tengo palabras para describir lo que ha significado para todos sus sobrinos y del que me regocijo en sentir el mismo orgullo cuando escucho mencionar su nombre.

A Carolina debemos mantenerla viva en todas las reuniones de familia; por lo que fue, por lo que hizo y por lo que seguirá haciendo por cada uno de nosotros, porque sus recuerdos nos harán mejores, nos acercarán sin importar distancias, y nos animarán, con lágrimas y sonrisas, a honrar esa forma de vida que la hizo tan especial. Erito, su hermano mayor, me premió con uno de sus poemas favoritos, que con toda seguridad leyó, comentó y disfrutó con Fátima y tío Eros, con quienes compartía la exposición de la belleza y la sensibilidad artística de la palabra, y con toda seguridad condimentaba con uno de esos términos que pronunciaba con pletórica gracia. El poema se titula "Queda Prohibido"; su autor es Alfredo Cuervo Barrero, de Portugalete, una villa del País Vasco al norte de España, no el galardonado escritor chileno Pablo Neruda como se ha argumentado en muchos medios.
¿Qué es lo verdaderamente importante? / Busco en mi interior la respuesta, / y me es tan difícil de encontrar.

Falsas ideas invaden mi mente, / acostumbrada a enmascarar lo que no entiende, / aturdida en un mundo de falsas ilusiones, / donde la vanidad, el miedo, la riqueza, / la violencia, el odio, la indiferencia, / se convierten en adorados héroes.

Me preguntas cómo se puede ser feliz, / cómo entre tanta mentira se puede vivir, / es cada uno quien se tiene que responder, / aunque para mí, aquí, ahora y para siempre:
Queda prohibido llorar sin aprender, / levantarme un día sin saber qué hacer, / tener miedo a mis recuerdos, / sentirme solo alguna vez.

Queda prohibido no sonreír a los problemas, / no luchar por lo que quiero, / abandonarlo todo por tener miedo, / no convertir en realidad mis sueños.

Queda prohibido no demostrarte mi amor, / hacer que pagues mis dudas y mi mal humor, / inventarme cosas que nunca ocurrieron, / recordarte sólo cuando no te tengo.

Queda prohibido dejar a mis amigos, / no intentar comprender lo que vivimos, / llamarles sólo cuando les necesito, / no ver que también nosotros somos distintos.

Queda prohibido no ser yo ante la gente, / fingir ante las personas que no me importan, / hacerme el gracioso con tal de que me recuerden, / olvidar a toda la gente que me quiere.

Queda prohibido no hacer las cosas por mí mismo, / no creer en mi dios y hacer mi destino, / tener miedo a la vida y a sus castigos, / no vivir cada día como si fuera un último suspiro.

Queda prohibido echarte de menos sin alegrarme, / olvidar los momentos que me hicieron quererte, / todo porque nuestros caminos han dejado de abrazarse, / olvidar nuestro pasado y pagarlo con nuestro presente.

Queda prohibido no intentar comprender a las personas, / pensar que sus vidas valen más que la mía, / no saber que cada uno tiene su camino y su dicha, / pensar que con su falta el mundo se termina.

Queda prohibido no crear mi historia, / dejar de dar las gracias a mi familia por mi vida, / no tener un momento para la gente que me necesita, / no comprender que lo que la vida nos da, también nos lo quita.

En Carolina, "la muerte perderá su dominio" (frase con la que Dylan Thomas hizo poesía), precepto que me guía al colofón de esta evocación: un poema que escribí en 2012 y que cristalizo, de manera personal, para honrarla...
Recuerda que esa pequeña acción, que va construyendo poesías con el devenir de la vida, sembrando árboles y esperanzas en tierras secas, ilumina tus temores, aclara tus dudas, aún en los más oscuros rincones, en los más difíciles momentos.

Recuerda que esa pequeña acción, que alegra y abraza el alma, que llena de esperanzas lugares vacíos y olvidados, toca tu conciencia despertando sentimientos hermosos y sublimes, que al espejo te gritan: ¡estás viva!
José Nemen Hazim Bassa
San Juan, Puerto Rico
17 de enero de 2021
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