Usamos cookies para brindar un mejor servicio. OK Más información

.- Biografías

Los grandes personajes históricos; la historia de la vida de aquellos que de una u otra forma incidieron en los cambios que ha vivido la humanidad...

Jesús o Cristo: Predicador judío fundador de la religión cristiana, a quien sus seguidores consideran el hijo de Dios. El nombre de Cristo significa en griego «el ungido» y viene a ser un título equivalente al de Mesías



BIOGRAFIAS I

NOTA: Las biografías han sido tomadas de Planeta Sedna (http://www.portalplanetasedna.com.ar) y Biografías y Vidas (http://www.biografiasyvidas.com). Muchas han sido editadas y adaptadas para el blog

. Jesús o Jesucristo/Jesús de Nazaret

***

. Eugenio María de Hostos
. José Martí
. Winston Churchill
. George Washington

***

. Thomas Jefferson
. Joseph Stalin
. Adolf Hitler
. Cristóbal Colón

***

. Nicolás Maquiavelo
. Isaac Newton
. Albert Einstein
. Pablo Neruda



Jesús o Jesucristo/Jesús de Nazaret

Combatiente revolucionario y auténtico defensor de los pobres. “No practiquen la religión delante de la gente sólo para que los vean, si lo hacen así, su Padre, que está en el cielo, no les dará ningún premio. Cuando ayuden a los necesitados, no lo publiquen a los cuatro vientos, como lo hacen los hipócritas en las iglesias y en las calles, para que la gente hable bien. Les aseguro que con eso ya tienen su premio. Cuando ayuden a los necesitados, no se lo cuenten a los amigos íntimos, háganlo en secreto, su Padre les dará su premio”.

Jesús o Jesucristo

Jesús o Cristo: predicador judío y figura central del cristianismo, a quien sus seguidores consideran el Hijo de Dios. El término «Cristo» significa «el ungido» en griego, equivalente a Mesías.

Según los Evangelios, nació en Nazaret en el seno de una familia humilde, hijo de José y María. Su nacimiento está rodeado de elementos considerados milagrosos dentro de la tradición cristiana, como la anunciación y la adoración de los pastores y de los magos de Oriente. Su infancia transcurrió con normalidad en Nazaret, donde trabajó junto a su padre.

Hacia los treinta años inició su vida pública tras ser bautizado por Juan el Bautista en el río Jordán. A partir de entonces, recorrió Palestina predicando un mensaje centrado en el amor al prójimo, el perdón, la humildad y la esperanza de vida eterna. Reunió a un grupo de discípulos, entre ellos los doce apóstoles, y enseñó mediante parábolas y acciones que, según sus seguidores, incluían milagros.

Su mensaje tuvo gran acogida entre los sectores más humildes, pero también generó tensiones con las autoridades religiosas judías, a quienes criticó por su hipocresía. Su creciente popularidad y la interpretación de sus palabras como una amenaza política llevaron a su arresto.

Jesús fue juzgado y condenado a morir crucificado por orden del gobernador romano Poncio Pilatos. Según la tradición cristiana, murió en la cruz, y al tercer día resucitó y se apareció a sus discípulos antes de ascender al cielo.

Tras su muerte, sus seguidores difundieron su enseñanza por el mundo mediterráneo. Figuras como Pedro y Pablo de Tarso fueron clave en la expansión del cristianismo, que con el tiempo se convirtió en una religión de alcance universal.

Desde una perspectiva histórica, la información sobre su vida procede principalmente de los Evangelios, textos de carácter religioso. Aunque existen pocas fuentes externas, la mayoría de los estudiosos coincide en la existencia histórica de Jesús y en su influencia decisiva en la historia de la humanidad.

Ir Arriba
Ir a BIOGRAFÍAS I


Eugenio María de Hostos

Eugenio María de Hostos nació en Mayagüez en 1839 y murió en Santo Domingo en 1903. Realizó sus estudios primarios en San Juan, Puerto Rico. Cursó el bachillerato en España, en la Universidad de Bilbao, y estudió Leyes en la Universidad Central de Madrid.

Siendo estudiante en España, luchó en la prensa y en el Ateneo de Madrid por la autonomía y la libertad de los esclavos de Cuba y de Puerto Rico. Publicó «La peregrinación de Bayoán», donde, a través de una ficción novelesca, critica el régimen colonial español en América.

De 1871 a 1874 realizó una campaña a favor de la independencia de Cuba y Puerto Rico a través de varios países: Colombia, Perú, Chile, Argentina y Brasil. Al visitar estos países, se identificaba con los problemas locales y luchaba por resolverlos. En Chile publicó su «Juicio crítico de Hamlet» y, además, abogó por la instrucción científica de la mujer y formó parte de la Academia de Bellas Letras de Santiago. En Argentina inició el proyecto de la construcción del ferrocarril trasandino; la primera locomotora que subió a los Andes se llamó «Hostos» en su honor. En Brasil escribió sobre lo extraordinario de la naturaleza de ese país.

En 1875, en Puerto Plata, República Dominicana, dirigió «Las Tres Antillas». El sueño de Hostos consistía en la creación de la «Confederación Antillana». En 1877, en Caracas, publicó la biografía del cubano Francisco Vicente Aguilera e inició su labor pedagógica, dedicándose a la enseñanza en un colegio. En 1879 se estableció en Santo Domingo, donde tuvo bajo su responsabilidad la redacción de la «Ley de Normales», y en 1880 fundó la Escuela Normal. Durante esta etapa impartió clases de carácter pedagógico y enseñó diversas ciencias, además de dictar cátedras de Derecho Constitucional, Internacional y Penal, así como de Economía Política en el Instituto Profesional.

Durante nueve años consecutivos se dedicó a esta labor pedagógica, para la cual fue autor de los textos utilizados. Publicó «Lecciones de Derecho Constitucional», que fueron premiadas en 1887. También publicó «Moral social», una de sus obras más conocidas y elogiadas por la crítica. En 1888 retornó a Chile; en 1890 fue director del Liceo Miguel Luis Amunátegui en Santiago, creado con el propósito de implantar su sistema de enseñanza. Además, impartía la cátedra de Derecho Constitucional en la universidad, colaboraba con centros culturales y, durante ocho años de intensa labor, se dedicó al periodismo y a la literatura.

El chileno Guillermo Matta, ante la Cámara Nacional de su país, señaló que «Hostos es el extranjero de más vasta cultura intelectual que ha venido a Chile después de Bello».

Al producirse en Puerto Rico el cambio de soberanía en 1898, luchó para que el gobierno de Estados Unidos permitiera al pueblo puertorriqueño decidir su futuro político mediante un plebiscito. Este fue el objetivo principal de la «Liga de Patriotas», organización que también perseguía fines pedagógicos, culturales y cívicos. En 1899, como parte de esta gestión, integró una comisión que viajó a Washington para exponer las necesidades del país y presentar diversas peticiones.

Los integrantes de la comisión se entrevistaron con el presidente de turno y, al regresar a Puerto Rico, Hostos presentó a la Comisión Civil Americana los fundamentos del gobierno civil que proponía para la isla. Ese mismo año fundó el Instituto Municipal en Mayagüez. Poco después comprendió el fracaso de la Liga de Patriotas, ya que el pueblo no respondía de forma unánime a sus objetivos.

Decepcionado, retornó a Santo Domingo, donde dirigió el Colegio Central y la Inspección General de Instrucción Pública. Colaboró en el desarrollo cultural de la República Dominicana hasta su muerte en 1903. En 1905, en Santo Domingo, se publicó en su honor un volumen de alrededor de cuatrocientas páginas que incluye su biografía y diversos artículos sobre su figura. La obra de Hostos abarca el campo de las ciencias morales y políticas, y ha sido recopilada en veinte volúmenes por el gobierno de Puerto Rico, en una edición dirigida por el profesor dominicano Juan Bosch.

Ir Arriba
Ir a BIOGRAFÍAS I


José Martí

José Martí, por su pensamiento político radical y su vasta obra literaria, es considerado una de las figuras más importantes de América Latina y el Caribe. Nació en La Habana en 1853, en el seno de una familia humilde, hijo de los españoles Mariano Martí y Leonor Pérez. Desde joven mostró inquietudes intelectuales y patrióticas, influido por su maestro Rafael María de Mendive.

Inició sus estudios en La Habana y muy temprano participó en actividades políticas. En 1869 publicó sus primeros escritos y, ese mismo año, fue condenado a prisión por sus ideas independentistas. Tras sufrir trabajos forzados, fue deportado a España en 1871, donde estudió Derecho y Filosofía y Letras, y denunció la situación colonial de Cuba en su obra «El presidio político en Cuba».

Durante los años siguientes residió en varios países como México, Guatemala y Venezuela, donde desarrolló una intensa labor intelectual como escritor, periodista y docente. En esta etapa escribió obras literarias, impartió clases y participó en debates culturales. Posteriormente se estableció en Nueva York, desde donde organizó el movimiento independentista cubano y colaboró con numerosos periódicos de América.

Martí fundó el Partido Revolucionario Cubano en 1892, con el objetivo de lograr la independencia de Cuba y Puerto Rico. Su pensamiento político se basaba en la justicia social, la unidad latinoamericana y la autodeterminación de los pueblos. Paralelamente, desarrolló una destacada obra literaria que incluye poesía, ensayos, crónicas y teatro, considerada fundamental en el modernismo hispanoamericano.

En 1895 regresó a Cuba para incorporarse a la lucha independentista. Ese mismo año, el 19 de mayo, murió en combate en Dos Ríos. Su figura representa la unión entre pensamiento y acción, y su legado político y literario lo convierte en uno de los grandes referentes de la historia y la cultura latinoamericana.

Además de su labor política, Martí dejó una extensa producción periodística y literaria, en la que abordó temas sociales, culturales y políticos de su tiempo. Sus escritos, caracterizados por su estilo claro y profundo, continúan siendo objeto de estudio y admiración en todo el mundo.

Su vida y obra reflejan un compromiso constante con la libertad y la dignidad humana, así como una visión crítica de la realidad americana, lo que lo consolida como una de las figuras más trascendentes del pensamiento hispanoamericano.

Ir Arriba
Ir a BIOGRAFÍAS I


Winston Churchill

(Winston Leonard Spencer Churchill; Blenheim Palace, 1874 - Londres, 1965) Político británico, considerado una figura clave del siglo XX. Fue primer ministro del Reino Unido durante la Segunda Guerra Mundial y destacó por su liderazgo frente a la Alemania nazi, así como por su influencia como orador, escritor y estadista.

Nació en el seno de una familia aristocrática y se formó en la Academia Militar de Sandhurst. Participó como militar y corresponsal en diversos conflictos del Imperio británico antes de iniciar su carrera política, en la que ocupó importantes cargos a lo largo de varias décadas.

Durante la Segunda Guerra Mundial, encabezó el gobierno británico y se convirtió en símbolo de resistencia frente al nazismo. Sus discursos y su capacidad de liderazgo fueron decisivos para mantener la moral del pueblo británico en uno de los momentos más críticos de su historia.

Sin embargo, su trayectoria también ha sido objeto de fuertes críticas. Durante su mandato como primer ministro, en el contexto de la Segunda Guerra Mundial, tuvo responsabilidad en la gestión de la hambruna de Bengala de 1943, en la India británica, que provocó la muerte de millones de personas. Diversos historiadores señalan que sus políticas, decisiones sobre el suministro de alimentos y prioridades de guerra agravaron la crisis, así como sus actitudes despectivas hacia la población india.

Tras la guerra, perdió las elecciones de 1945, aunque volvió a ser primer ministro entre 1951 y 1955. En 1953 recibió el Premio Nobel de Literatura por sus obras históricas y memorias. Falleció en Londres en 1965.

La figura de Churchill sigue siendo objeto de debate: reconocido por su papel en la derrota del nazismo, pero también cuestionado por su actuación en el contexto del imperialismo británico y sus consecuencias en territorios coloniales como la India.

Ir Arriba
Ir a BIOGRAFÍAS I


George Washington

George Washington nació el 22 de febrero de 1732 en Virginia y murió en 1799. Fue militar, terrateniente y el primer presidente de los Estados Unidos. Pertenecía a una familia acomodada y, aunque tuvo una educación formal limitada, adquirió una sólida formación práctica como agrimensor y administrador de tierras.

Inició su carrera militar durante los conflictos entre británicos y franceses en América del Norte, donde ganó experiencia y reconocimiento. Más adelante, ante las tensiones entre las colonias y Gran Bretaña, se alineó con la causa independentista. En 1775 fue nombrado comandante del ejército continental y lideró a las colonias durante la Guerra de Independencia, enfrentando numerosas dificultades hasta lograr la victoria decisiva en 1781.

Tras la independencia, desempeñó un papel fundamental en la organización del nuevo país. Presidió la Convención Constitucional de 1787 y fue elegido primer presidente en 1789. Durante sus dos mandatos estableció precedentes clave para el funcionamiento del gobierno, promovió la estabilidad económica, fortaleció las instituciones y defendió la neutralidad en política exterior.

Durante su gobierno también enfrentó conflictos internos, como la Rebelión del Whisky, que reprimió para afirmar la autoridad federal. Su administración buscó equilibrar posturas políticas enfrentadas, especialmente entre figuras como Thomas Jefferson y Alexander Hamilton.

Washington fue un importante propietario de tierras y esclavos, lo que refleja las contradicciones de su época y es objeto de análisis crítico en la actualidad. En 1797 decidió no continuar en el poder, sentando un precedente democrático, y regresó a su hacienda en Mount Vernon.

Murió en 1799. Su figura es considerada esencial en la fundación de los Estados Unidos, tanto por su liderazgo militar como por su papel en la consolidación del nuevo Estado.

Ir Arriba
Ir a BIOGRAFÍAS I


Thomas Jefferson

Tercer presidente de los Estados Unidos de América (Shadwell, Virginia, 1743 - Monticello, Virginia, 1826). Thomas Jefferson pertenecía a la aristocracia de grandes hacendados del sur, condición que complementó con su formación como abogado. Sus inquietudes intelectuales lo acercaron a la Ilustración y a las ideas liberales, lo que lo llevó a distanciarse de la religión tradicional.

Inició su vida política en Virginia en 1769, defendiendo la tolerancia religiosa y la educación pública. Ante el conflicto con Gran Bretaña, apoyó los derechos de las colonias y publicó «Breve análisis de los derechos de la América británica» (1774). Durante la Guerra de Independencia, fue delegado en el Congreso Continental y redactó el borrador de la Declaración de Independencia (1776), donde proclamó principios como la igualdad, la libertad y el derecho de los pueblos a gobernarse.

Fue gobernador de Virginia (1779-1781), miembro del Congreso y embajador en Francia (1785-1789). Posteriormente, ocupó el cargo de secretario de Estado bajo la presidencia de George Washington. En este periodo se enfrentó a Alexander Hamilton, defendiendo un modelo basado en la autonomía de los estados y en una república de pequeños propietarios.

Jefferson fue presidente entre 1801 y 1809. Durante su mandato consolidó el sistema político estadounidense y promovió la expansión territorial. En 1803 impulsó la compra de Luisiana a Francia, duplicando el tamaño del país, y apoyó expediciones como la de Lewis y Clark hacia el oeste.

Esta expansión refleja también su visión de un país en crecimiento, pero con un claro afán expansionista que ignoró en gran medida a las poblaciones indígenas y facilitó su desplazamiento. Aunque defendía ideales de libertad e igualdad, fue propietario de esclavos y no logró avanzar de manera decisiva en la abolición de la esclavitud, lo que evidencia las contradicciones de su pensamiento y de su época.

Tras dejar la presidencia, se retiró a Monticello, donde se dedicó a sus intereses intelectuales y fundó la Universidad de Virginia en 1819. Murió en 1826. Su legado combina aportes fundamentales al pensamiento político moderno con aspectos controvertidos relacionados con la expansión territorial y la esclavitud.

Ir Arriba
Ir a BIOGRAFÍAS I


Joseph Stalin

(Iósif Vissariónovich Dzhugashvili, conocido como Stalin; Gori, Georgia, 1879 - Moscú, 1953) Dirigente soviético y figura central en la historia del siglo XX. Nacido en una familia humilde, se formó en un seminario del que fue expulsado por sus ideas revolucionarias. Desde joven se integró en la lucha contra el régimen zarista, uniéndose al ala bolchevique liderada por Lenin.

Participó activamente en el movimiento revolucionario hasta el triunfo de la Revolución de 1917. Tras la muerte de Lenin en 1924, consolidó su poder dentro del Partido Comunista y se convirtió en el principal dirigente de la Unión Soviética. Defendió la construcción del socialismo en un solo país y promovió una profunda transformación económica y social mediante la industrialización acelerada y la planificación estatal.

Durante su gobierno, la Unión Soviética pasó de ser un país agrario a una potencia industrial, con avances significativos en educación, ciencia y organización estatal. Este proceso estuvo acompañado de enormes sacrificios humanos, derivados de políticas represivas, purgas internas y la colectivización forzosa, que causaron sufrimiento y millones de víctimas.

En el contexto internacional, Stalin desempeñó un papel decisivo en la derrota de la Alemania nazi durante la Segunda Guerra Mundial, liderando la resistencia soviética en la llamada Gran Guerra Patria. Tras la victoria, la URSS emergió como una de las principales potencias mundiales e impulsó la expansión de modelos socialistas en Europa del Este.

Su figura sigue siendo profundamente controvertida: para algunos, representa la construcción de un proyecto socialista y la lucha contra el fascismo; para otros, encarna un régimen autoritario marcado por la represión. Su legado refleja tanto la aspiración de transformación social como las contradicciones y costos humanos de ese proceso en la búsqueda de un mundo distinto.

Ir Arriba
Ir a BIOGRAFÍAS I


Adolf Hitler

Máximo dirigente de la Alemania nazi (Braunau, Austria, 1889 - Berlín, 1945). Hijo de un aduanero austriaco, su infancia transcurrió en Linz y su juventud en Viena. La formación de Adolf Hitler fue escasa y en gran medida autodidacta. En Viena (1907-1913) fracasó en su aspiración de ser pintor, vivió en condiciones precarias y desarrolló ideas nacionalistas y prejuicios racistas y antisemitas.

En 1913 se trasladó a Múnich y combatió en el ejército alemán durante la Primera Guerra Mundial (1914-1918). Tras la derrota, se involucró en la política defendiendo un nacionalismo radical y rechazando la República de Weimar, a la que acusaba de haber traicionado a Alemania al aceptar el Tratado de Versalles.

Se unió a un pequeño partido ultraderechista que luego transformó en el Partido Nacionalsocialista Alemán (NSDAP). Su ideología combinaba nacionalismo extremo, antisemitismo, anticomunismo y rechazo a la democracia liberal. Tras un fallido golpe de Estado en 1923, fue encarcelado, periodo en el que escribió «Mi lucha», donde expuso sus ideas.

Aprovechando la crisis económica y social de Alemania, el nazismo ganó apoyo popular. En 1933, Hitler fue nombrado canciller y rápidamente instauró una dictadura, eliminando las instituciones democráticas y concentrando el poder en su persona como Führer.

Su régimen se caracterizó por la represión, la persecución política y el racismo institucionalizado. Promulgó las leyes de Núremberg y llevó a cabo el genocidio sistemático de millones de judíos y otros grupos durante el Holocausto.

En política exterior, impulsó una expansión agresiva que condujo a la Segunda Guerra Mundial en 1939. Tras años de victorias iniciales, Alemania fue derrotada por las fuerzas aliadas. En 1945, con Berlín cercada, Hitler se suicidó.

Su figura representa uno de los regímenes más destructivos de la historia, responsable de una guerra mundial y de crímenes masivos sin precedentes.

Ir Arriba
Ir a BIOGRAFÍAS I


Cristóbal Colón

Descubridor de América para Europa (Génova?, 1451 - Valladolid, 1506). Cristóbal Colón fue un navegante que, al servicio de los Reyes Católicos, llegó en 1492 a tierras ya habitadas por numerosos pueblos indígenas. No descubrió un territorio vacío, sino que inició el contacto sostenido entre Europa y el continente americano, habitado desde hacía milenios.

De origen probablemente italiano, se formó como marino y comerciante. Tras establecerse en Portugal, adquirió conocimientos de navegación y geografía. Influido por ideas de su tiempo, defendió la posibilidad de llegar a Asia navegando hacia el oeste, basándose en cálculos erróneos que reducían el tamaño real de la Tierra. Su proyecto fue rechazado en Portugal y, tras varias gestiones, aceptado en Castilla en 1492.

Ese mismo año partió del puerto de Palos con tres naves —la Niña, la Pinta y la Santa María— y, tras una escala en Canarias, cruzó el Atlántico hasta llegar a una isla del Caribe el 12 de octubre. Durante este primer viaje exploró también Cuba y La Española, donde dejó un pequeño asentamiento. Convencido de haber llegado a Asia, regresó a España.

Realizó tres viajes más entre 1493 y 1504, en los que recorrió diversas islas del Caribe y parte de la costa continental, como Trinidad y la desembocadura del Orinoco, así como zonas de Centroamérica. Su gobierno en La Española estuvo marcado por conflictos, abusos y descontento entre colonos e indígenas, lo que llevó a su destitución y regreso a España como prisionero, aunque luego fue liberado.

Colón murió sin reconocer que había llegado a un continente desconocido para los europeos. Sus expediciones, sin embargo, marcaron el inicio de la expansión europea en América, con consecuencias profundas: la colonización, la explotación de recursos y poblaciones indígenas, el colapso demográfico de estas por enfermedades y violencia, y una transformación global en lo económico, político y cultural.

Su figura es hoy objeto de debate: mientras algunos resaltan su papel en la apertura de rutas oceánicas, otros subrayan que sus viajes dieron inicio a un proceso de conquista y dominación que afectó gravemente a los pueblos originarios.

Ir Arriba
Ir a BIOGRAFÍAS I


Nicolás Maquiavelo

(Florencia, 1469-1527) Escritor y estadista florentino. Nacido en el seno de una familia noble empobrecida, Nicolás Maquiavelo vivió en Florencia en tiempos de Lorenzo y Pedro de Médicis. Tras la caída de Savonarola (1498), fue nombrado secretario de la Segunda Cancillería, encargada de los asuntos exteriores y de la guerra de la ciudad, cargo que ocupó hasta 1512 y que le llevó a realizar importantes misiones diplomáticas ante el rey de Francia, el emperador Maximiliano I y César Borgia, entre otros.

Su actividad diplomática desempeñó un papel decisivo en la formación de su pensamiento político, centrado en el funcionamiento del Estado y en la psicología de sus gobernantes. Su principal objetivo político fue preservar la soberanía de Florencia, siempre amenazada por las grandes potencias europeas, y para conseguirlo creó la milicia nacional en 1505. Intentó, sin éxito, propiciar el acercamiento de posiciones entre Luis XII de Francia y el papa Julio II, cuyo enfrentamiento terminó con la derrota de los franceses y el regreso de los Médicis a Florencia (1512). Como consecuencia de este giro político, Maquiavelo cayó en desgracia, fue acusado de traición, encarcelado y levemente torturado (1513). Tras recuperar la libertad, se retiró a una casa de su propiedad en las afueras de Florencia, donde emprendió la redacción de sus obras, entre ellas su obra maestra, “El príncipe” (Il principe), que terminó en 1513 y dedicó a Lorenzo de Médicis (aunque solo sería publicada después de su muerte).

En 1520, el cardenal Julio de Médicis le confió varias misiones y, cuando se convirtió en papa con el nombre de Clemente VII (1523), Maquiavelo pasó a ocupar el cargo de superintendente de fortificaciones (1526). En 1527, las tropas de Carlos I de España tomaron y saquearon Roma, lo que trajo consigo la caída de los Médicis en Florencia y la marginación política de Maquiavelo, quien murió poco después de ser apartado de todos sus cargos.

La obra de Nicolás Maquiavelo se adentra por igual en los terrenos de la política y la literatura. Sus textos políticos e históricos son deudores de su experiencia diplomática al servicio de Florencia, como “Descripción de las cosas de Alemania” (Ritrato delle cose della Alemagna, 1532). En “Discursos sobre la primera década de Tito Livio” (Discorsi sopra la prima deca di Tito Livio, 1512-1519) esbozó, anticipándose a Vico, la teoría cíclica de la historia: la monarquía tiende a la tiranía, la aristocracia se transforma en oligarquía y la democracia en anarquía, lo que conduce de nuevo a la monarquía.

En “El príncipe”, obra inspirada en la figura de César Borgia, Maquiavelo describe distintos modelos de Estado según su origen (la fuerza, la perversión, el azar) y deduce las políticas más adecuadas para su pervivencia. Desde esa perspectiva, analiza el perfil psicológico que debe tener el príncipe y dilucida cuáles son las virtudes humanas que deben primar en su tarea de gobierno. Concluye que el príncipe debe aparentar poseer ciertas cualidades, ser capaz de fingir y disimular, y subordinar todos los valores morales a la razón de Estado, encarnada en su persona.

El pensamiento histórico de Nicolás Maquiavelo quedó plasmado fundamentalmente en dos obras: “La vida de Castruccio Castracani de Lucca” (1520) e “Historia de Florencia” (Istorie fiorentine, 1520-1525). Entre sus trabajos literarios se cuentan variadas composiciones líricas, como “Las decenales” (Decennali, 1506-1509) o “El asno de oro” (L'asino d’oro, 1517), pero sobre todas ellas destaca su comedia “La mandrágora” (Mandragola, 1520), sátira mordaz de las costumbres florentinas de la época. “Clizia” (1525) es una comedia en cinco actos, de forma aparentemente clásica, que se sitúa en la realidad contemporánea que Maquiavelo tanto deseaba criticar.

Ir Arriba
Ir a BIOGRAFÍAS I


Isaac Newton

Isaac Newton nació el 25 de diciembre de 1642 (4 de enero de 1643, según el calendario gregoriano), en la pequeña aldea de Woolsthorpe, en Lincolnshire. Tras la muerte de su padre, su madre se casó con el reverendo Barnabas Smith y lo dejó al cuidado de su abuela, hecho que marcó su carácter. A los doce años ingresó en la King’s School de Grantham, donde destacó primero por su habilidad mecánica y luego por su rendimiento académico.

En 1661 fue admitido en el Trinity College de Cambridge. Allí recibió una formación tradicional basada en la filosofía aristotélica, pero pronto se interesó por la investigación científica y comenzó a desarrollar ideas propias en matemáticas y física. Durante la epidemia de peste de 1665-1666 regresó a Woolsthorpe; esos años fueron los más fecundos de su vida, pues elaboró las bases del cálculo, la teoría de la luz y las primeras ideas sobre la gravitación universal.

De regreso a Cambridge, fue elegido miembro del Trinity y en 1669 sucedió a Isaac Barrow en la cátedra de matemáticas. En 1672 ingresó en la Royal Society, donde presentó sus estudios sobre la luz, demostrando que la luz blanca está compuesta por distintos colores. Estas ideas generaron polémicas, especialmente con Robert Hooke, lo que lo llevó a retrasar la publicación de algunas de sus investigaciones.

En 1687 publicó su obra fundamental, Philosophiae naturalis principia mathematica, en la que formuló las leyes del movimiento y la ley de la gravitación universal, estableciendo las bases de la física clásica. También desarrolló el cálculo infinitesimal de manera independiente a Leibniz, lo que dio lugar a una larga controversia sobre la prioridad del descubrimiento.

Además de sus trabajos científicos, Newton dedicó gran atención a la alquimia y a los estudios teológicos, mostrando un interés profundo por comprender el orden del universo. En 1705 fue nombrado caballero. Murió el 20 de marzo de 1727, tras una enfermedad renal, dejando un legado fundamental que transformó la ciencia moderna.

Ir Arriba
Ir a BIOGRAFÍAS I


Albert Einstein

Albert Einstein nació en la ciudad bávara de Ulm el 14 de marzo de 1879. Fue el hijo primogénito de Hermann Einstein y de Pauline Koch, judíos ambos, cuyas familias procedían de Suabia. Al año siguiente se trasladaron a Múnich, donde el padre se estableció, junto con su hermano Jakob, como comerciante en las novedades electrotécnicas de la época.

El pequeño Albert fue un niño quieto y ensimismado, que tuvo un desarrollo intelectual lento. El propio Einstein atribuyó a esa lentitud el hecho de haber sido la única persona que elaborase una teoría como la de la relatividad: «un adulto normal no se inquieta por los problemas que plantean el espacio y el tiempo, pues considera que todo lo que hay que saber al respecto lo conoce ya desde su primera infancia. Yo, por el contrario, he tenido un desarrollo tan lento que no he empezado a plantearme preguntas sobre el espacio y el tiempo hasta que he sido mayor».

En 1894, las dificultades económicas hicieron que la familia (aumentada desde 1881 por el nacimiento de una hija, Maya) se trasladara a Milán; Einstein permaneció en Múnich para terminar sus estudios secundarios, reuniéndose con sus padres al año siguiente. En el otoño de 1896 inició sus estudios superiores en la Eidgenössische Technische Hochschule de Zúrich, donde fue alumno del matemático Hermann Minkowski, quien posteriormente generalizó el formalismo cuatridimensional introducido por las teorías de su antiguo alumno. El 23 de junio de 1902 empezó a prestar sus servicios en la Oficina Confederal de la Propiedad Intelectual de Berna, donde trabajó hasta 1909. En 1903 contrajo matrimonio con Mileva Marić, antigua compañera de estudios en Zúrich, con quien tuvo dos hijos: Hans Albert y Eduard, nacidos respectivamente en 1904 y en 1910. En 1919 se divorciaron, y Einstein se casó de nuevo con su prima Elsa.

En 1905 publicó cinco trabajos en los Annalen der Physik: el primero de ellos le valió el grado de doctor por la Universidad de Zúrich, y los cuatro restantes acabaron por imponer un cambio radical en la imagen que la ciencia ofrece del universo. De estos, el primero proporcionaba una explicación teórica, en términos estadísticos, del movimiento browniano, y el segundo daba una interpretación del efecto fotoeléctrico basada en la hipótesis de que la luz está integrada por cuantos individuales, más tarde denominados fotones; los dos trabajos restantes sentaban las bases de la teoría especial de la relatividad, estableciendo la equivalencia entre la energía E de una cierta cantidad de materia y su masa m, en términos de la famosa ecuación E = mc², donde c es la velocidad de la luz, que se supone constante.

El trabajo de Einstein lo situó inmediatamente entre los más eminentes físicos europeos, pero el reconocimiento público del verdadero alcance de sus teorías tardó en llegar; el Premio Nobel de Física, que se le concedió en 1921, lo fue exclusivamente «por sus trabajos sobre el movimiento browniano y su interpretación del efecto fotoeléctrico». En 1909 inició su carrera como docente universitario en Zúrich, pasando luego a Praga y regresando de nuevo a Zúrich en 1912 para ser profesor del Politécnico, donde había realizado sus estudios. En 1914 pasó a Berlín como miembro de la Academia de Ciencias prusiana. El estallido de la Primera Guerra Mundial lo forzó a separarse de su familia, que se encontraba entonces de vacaciones en Suiza y ya no volvió a reunirse con él.

Contra el sentir generalizado de la comunidad académica berlinesa, Einstein se manifestó por entonces abiertamente antibelicista, influido por las doctrinas pacifistas de Romain Rolland. En el plano científico, su actividad se centró, entre 1914 y 1916, en el perfeccionamiento de la teoría general de la relatividad, basada en el postulado de que la gravedad no es una fuerza, sino un campo creado por la presencia de una masa en el continuo espacio-tiempo. La confirmación de sus previsiones llegó en 1919, al fotografiarse el eclipse solar del 29 de mayo; The Times lo presentó como el nuevo Newton, y su fama internacional creció, obligándolo a multiplicar sus conferencias de divulgación por todo el mundo y popularizando su imagen de viajero de tercera clase con un estuche de violín bajo el brazo.

Durante la década siguiente, Einstein concentró sus esfuerzos en hallar una relación matemática entre el electromagnetismo y la atracción gravitatoria, empeñado en avanzar hacia el que, para él, debía ser el objetivo último de la física: descubrir las leyes comunes que habrían de regir el comportamiento de todos los objetos del universo, desde las partículas subatómicas hasta los cuerpos estelares. Tal investigación, que ocupó el resto de su vida, resultó infructuosa y acabó por acarrearle cierto distanciamiento respecto del resto de la comunidad científica.

A partir de 1933, con el acceso de Hitler al poder, su situación se vio agravada por la necesidad de renunciar a la ciudadanía alemana y trasladarse a Estados Unidos, donde pasó los últimos veinticinco años de su vida en el Instituto de Estudios Avanzados de Princeton, ciudad en la que murió el 18 de abril de 1955.

Einstein dijo una vez que la política posee un valor pasajero, mientras que una ecuación vale para toda la eternidad. En los últimos años de su vida, la frustración por no hallar la fórmula que revelase el secreto de la unidad del mundo se vio acompañada por su implicación en asuntos políticos. En 1939, a instancias de los físicos Leo Szilard y Paul Wigner, y convencido de la posibilidad de que los alemanes estuvieran en condiciones de fabricar una bomba atómica, se dirigió al presidente Roosevelt instándole a emprender un programa de investigación sobre la energía atómica.

Tras las explosiones de Hiroshima y Nagasaki, se unió a los científicos que buscaban impedir el uso futuro de la bomba y propuso la formación de un gobierno mundial a partir del embrión constituido por las Naciones Unidas. Sin embargo, sus propuestas para evitar las amenazas de destrucción individual y colectiva, formuladas en nombre de una singular combinación de ciencia, ética y compromiso social, encontraron escaso eco tanto en la política como en parte de la comunidad científica.

Ir Arriba
Ir a BIOGRAFÍAS I


Pablo Neruda

Diseminada en miles de versos ha quedado para la posteridad la biografía, íntima y pública, secreta y militante, del gran poeta chileno Pablo Neruda. Nos legó además la crónica de sus días agitados y viajeros en unas memorias líricas tituladas Confieso que he vivido, y sobre su figura han escrito numerosos amigos, su viuda Matilde Urrutia y centenares de críticos e historiadores.

Nacido en 1904 en Parral con el nombre de Ricardo Eliecer Neftalí Reyes Basoalto, Neruda se sintió durante toda su vida profundamente enraizado en su tierra chilena, pese a haber llevado una existencia de viajero incansable. En Temuco cursó sus estudios y en 1917 publicó su primer artículo. Allí conoció a Gabriela Mistral, quien influyó decisivamente en su formación literaria. Debido a la oposición de su padre a su vocación, adoptó el seudónimo de Pablo Neruda.

Tras trasladarse a Santiago para estudiar pedagogía en francés, comenzó a integrarse en círculos literarios y publicó sus primeros libros: Crepusculario (1923) y Veinte poemas de amor y una canción desesperada (1924), obra que le dio reconocimiento internacional. A partir de entonces, su vida combinó la creación literaria con la actividad diplomática, que lo llevó a destinos como Birmania, Ceilán, Singapur y más tarde España.

En Madrid, durante la década de 1930, desarrolló una intensa actividad cultural y trabó amistad con Federico García Lorca. El estallido de la Guerra Civil española y el asesinato de Lorca marcaron profundamente su evolución, acentuando el compromiso político de su poesía, como se refleja en España en el corazón.

De regreso a Chile, continuó su labor política y fue elegido senador. Su denuncia de la represión durante el gobierno de González Videla lo obligó a exiliarse en 1949. Durante ese periodo escribió Canto general (1950), una de sus obras más importantes. Tras regresar a Chile en 1952, vivió años de intensa actividad cultural y personal, junto a Matilde Urrutia.

En 1970 apoyó la candidatura de Salvador Allende y fue nombrado embajador en Francia. En 1971 recibió el Premio Nobel de Literatura. Dos años más tarde, tras el golpe militar del 11 de septiembre de 1973, murió en Santiago, profundamente afectado por la situación política de su país. Sus funerales se convirtieron en una de las primeras manifestaciones de resistencia contra la dictadura.

Ir Arriba
Ir a BIOGRAFÍAS I


BIOGRAFIAS II

NOTA: Las biografías han sido tomadas de Planeta Sedna (http://www.portalplanetasedna.com.ar) y Biografías y Vidas (http://www.biografiasyvidas.com). Muchas han sido editadas y adaptadas para el Foro

. Fidel Castro
. Ernesto "CHE" Guevara
. Carlos Marx
. Federico Engels


***

. Vladimir Lenin
. Ho Chi Minh
. Mao Tse-tung
. Napoleón Bonaparte


***

. Simón Bolívar
. José de San Martín
. Francisco de Miranda
. Emiliano Zapata


***

. Martin Luther King
. Mahatma Gandhi
. Nelson Mandela
. Yasser Arafat


***

. Madre Teresa de Calcuta
. Alejandro Magno
. Julio César
. Platón


***

. Aristóteles
. Hernán Cortés
. Leonardo da Vinci
. Salvador Allende


Ir Arriba
Ir a BIOGRAFÍAS II


Fidel Castro

Patriota y revolucionario cubano, ejemplo de dignidad, honestidad y valor. «A los pueblos muchas veces les hablan de democracia los mismos que la están negando en su propio suelo; a los pueblos les hablan de democracia los mismos que la escarnecen, los mismos que se la niegan, y los pueblos no ven más que contradicciones por todas partes. Y por eso nuestros pueblos han perdido la fe, que se hace tan necesaria en instantes como este para salvar al continente para el ideal democrático, mas no para una democracia teórica, no para una democracia de hambre y miseria, no para una democracia bajo el terror y la opresión, sino para una democracia verdadera, con absoluto respeto a la dignidad del hombre, donde prevalezcan todas las libertades humanas bajo un régimen de justicia social, porque los pueblos de América no quieren ni libertad sin pan ni pan sin libertad».

Nació el 13 de agosto de 1926 en Birán, antigua provincia de Oriente, Cuba. A partir de 1945 se vinculó activamente a las luchas políticas estudiantiles en la Universidad de La Habana. En 1947 formó parte de la expedición organizada para luchar contra la tiranía trujillista en la República Dominicana.

Participó junto al pueblo colombiano en la insurrección popular de abril de 1948 en Bogotá. En 1950 obtuvo los títulos de doctor en Derecho Civil y licenciado en Derecho Diplomático. Fue miembro del Partido del Pueblo Cubano (Ortodoxo).

A partir de 1948 denunció enérgicamente la corrupción, el abandono oficial y el gangsterismo prevalecientes en el país. Tras el golpe de Estado de 1952, organizó y entrenó a un grupo de jóvenes, al frente de los cuales asaltó el 26 de julio de 1953 los cuarteles de Santiago de Cuba y Bayamo. Sufrió prisión durante 22 meses y, poco después de su excarcelación, fundó el Movimiento 26 de Julio.

En julio de 1955 partió al exilio para organizar en México la insurrección armada popular contra la dictadura batistiana. El 2 de diciembre de 1956 desembarcó en Cuba al frente del destacamento expedicionario llegado a bordo del yate Granma e inició la guerra revolucionaria en la Sierra Maestra. Dirigió la lucha de las fuerzas rebeldes y del Movimiento 26 de Julio en todo el país durante los 25 meses de guerra.

Al concluir la lucha revolucionaria, victoriosa, el 1 de enero de 1959, asumió las funciones de comandante en jefe de las Fuerzas Armadas. El 13 de febrero de 1959 fue nombrado primer ministro del Gobierno Revolucionario. Dirigió y participó en todas las acciones emprendidas en defensa del país y de la Revolución, en especial la derrota de la invasión organizada por la Agencia Central de Inteligencia de los Estados Unidos en Playa Girón en abril de 1961.

Condujo al pueblo de Cuba en los días dramáticos de la Crisis de Octubre de 1962. En nombre del poder revolucionario proclamó el 16 de abril de 1961 el carácter socialista de la Revolución cubana. Ocupó el cargo de secretario general de las Organizaciones Revolucionarias Integradas y el de secretario general del Partido Unido de la Revolución Socialista de Cuba. Desde la constitución del Comité Central del Partido Comunista de Cuba, en octubre de 1965, ocupó los cargos de primer secretario y miembro del Buró Político, ratificados en sucesivos congresos.

Fue elegido diputado a la Asamblea Nacional del Poder Popular en sus sucesivos períodos desde su creación en 1976 y, hasta 2008, fue ratificado como presidente del Consejo de Estado y presidente del Consejo de Ministros. Presidió misiones oficiales cubanas en numerosos países y participó en diversas cumbres internacionales.

Entre 1979 y 1983 ostentó la condición de presidente del Movimiento de Países No Alineados. Recibió numerosas condecoraciones y distinciones académicas honorarias en América Latina y Europa.

Ha promovido a escala mundial la lucha del Tercer Mundo contra el orden económico internacional vigente, en particular contra la deuda externa y el despilfarro de recursos derivado de los gastos militares.

Ha encabezado los esfuerzos del pueblo cubano por enfrentar los efectos del bloqueo económico impuesto por los Estados Unidos y las consecuencias del derrumbe de la comunidad socialista europea, promoviendo la resistencia durante el llamado período especial.

A lo largo de los años de la Revolución, impulsó y dirigió la lucha del pueblo cubano por la consolidación del proceso revolucionario, su avance hacia el socialismo, la unidad de las fuerzas revolucionarias, las transformaciones económicas y sociales, el desarrollo de la educación, la salud, el deporte, la cultura y la ciencia, así como la defensa del país y una activa política exterior.

«El proyecto político de Fidel Castro traspasa las fronteras de Cuba y tiene vigencia en Latinoamérica. Fidel es un ideólogo extremadamente importante… El presidente de la nación antillana debe sentir una gran satisfacción al ver lo que ocurre en el continente americano con las sucesivas victorias de líderes populares» (Ignacio Ramonet).

Ir Arriba
Ir a BIOGRAFÍAS II


Ernesto "CHE" Guevara

¡Hasta la victoria, siempre! "Sean capaces de sentir en lo más profundo cualquier injusticia cometida contra cualquiera, en cualquier parte del mundo, pues es la cualidad más linda de un revolucionario".

"Hay que llevar la guerra hasta donde el enemigo la lleve: a su casa, a sus lugares de diversión; hacerla total. Hay que impedirle tener un minuto de tranquilidad, un minuto de sosiego fuera de los cuarteles, y aun dentro de los mismos; atacarlo dondequiera que se encuentre, hacerlo sentir una fiera acosada por cada lugar que transite. Crear dos, tres, muchos Vietnam".

Revolucionario iberoamericano (Rosario, Argentina, 1928 - La Higuera, Bolivia, 1967). Ernesto Che Guevara nació en una familia acomodada de Argentina, donde estudió Medicina. Su militancia izquierdista lo llevó a participar en la oposición contra Perón; desde 1953 viajó por Perú, Ecuador, Venezuela y Guatemala, descubriendo la miseria dominante entre las masas de Iberoamérica y la omnipresencia del imperialismo norteamericano en la región, y participando en múltiples movimientos contestatarios, experiencias que lo inclinaron definitivamente hacia la ideología marxista.

En 1955, Ernesto Che Guevara conoció en México a Fidel Castro y a su hermano Raúl, que preparaban una expedición revolucionaria a Cuba. Guevara trabó amistad con ellos, se unió al grupo como médico y desembarcó con la expedición en Cuba en 1956.

Instalada la guerrilla en la Sierra Maestra, Guevara se convirtió en lugarteniente de Fidel y mandó una de las dos columnas que salieron de las montañas orientales hacia el oeste para conquistar la isla. Participó en la decisiva batalla por la toma de Santa Clara (1958) y finalmente entró en La Habana en 1959, poniendo fin a la dictadura de Batista.

El nuevo régimen revolucionario concedió a Guevara la nacionalidad cubana y lo nombró jefe de la Milicia y director del Instituto de Reforma Agraria (1959); luego, presidente del Banco Nacional y ministro de Economía (1960) y, finalmente, ministro de Industria (1961).

Buscando un camino hacia la independencia real de Cuba, se esforzó por la industrialización del país, ligándolo a la ayuda de la Unión Soviética —una vez fracasado el intento de invasión de la isla por Estados Unidos y clarificado el carácter socialista de la Revolución cubana (1961)—. En aquellos años, Guevara representó a Cuba en varios foros internacionales, en los que denunció frontalmente el imperialismo norteamericano.

Su inquietud de revolucionario profesional, sin embargo, lo llevó a abandonar Cuba en secreto en 1965 y marchar al Congo, donde luchó en apoyo del movimiento revolucionario en marcha, convencido de que solo la acción insurreccional armada era eficaz contra el imperialismo.

Relevado ya de sus cargos en el Estado cubano, el Che volvió a Iberoamérica en 1966 para impulsar una revolución que esperaba fuera de ámbito continental. Valorando la posición estratégica de Bolivia, eligió aquel país como centro de operaciones para instalar una guerrilla que pudiera irradiar su influencia hacia Argentina, Chile, Perú, Brasil y Paraguay.

Al frente de un pequeño grupo intentó poner en práctica su teoría, según la cual no era necesario esperar a que las condiciones sociales produjeran una insurrección popular, sino que podía ser la propia acción armada la que creara las condiciones para que se desencadenara un movimiento revolucionario (“Guerra de guerrillas”, 1960; “Recuerdos de la guerra revolucionaria”, 1963). Sin embargo, su acción no prendió en las masas bolivianas; por el contrario, aislado en una región selvática donde padeció la agudización de su dolencia asmática, fue delatado por campesinos locales y cayó en una emboscada del ejército boliviano en la región de Valle Grande, donde fue herido, apresado y posteriormente ejecutado.

Ir Arriba
Ir a BIOGRAFÍAS II


Carlos Marx

Padre del socialismo científico. "Los proletarios no tienen nada que perder con una revolución comunista, como no sean sus cadenas. Tienen, en cambio, un mundo entero que ganar". Filósofo, historiador, sociólogo, economista, escritor, pensador socialista y activista revolucionario alemán (Tréveris, Prusia occidental, 1818 - Londres, 1883).

Karl Marx procedía de una familia judía de clase media. Estudió en las universidades de Bonn, Berlín y Jena, doctorándose en Filosofía por esta última en 1841. Desde esa época, el pensamiento de Marx quedaría asentado sobre la dialéctica de Hegel, si bien sustituyó el idealismo de este por una concepción materialista, según la cual las fuerzas económicas constituyen la infraestructura que determina, en última instancia, los fenómenos «superestructurales» del orden social, político y cultural.

En 1843 se casó con Jenny von Westphalen, cuyo padre inició a Marx en el interés por las doctrinas racionalistas de la Revolución francesa y por los primeros pensadores socialistas. Convertido en un demócrata radical, Marx trabajó algún tiempo como profesor y periodista; pero sus ideas políticas le obligaron a dejar Alemania e instalarse en París en 1843.

Estableció una duradera amistad con Friedrich Engels, que se plasmaría en la estrecha colaboración intelectual y política de ambos. Fue expulsado de Francia en 1845 y se refugió en Bruselas; por fin, tras una breve estancia en Colonia para apoyar las tendencias radicales presentes en la Revolución alemana de 1848, pasó a llevar una vida más estable en Londres, donde desarrolló desde 1849 la mayor parte de su obra escrita.

Su dedicación a la causa del socialismo le hizo sufrir grandes dificultades materiales, superadas gracias a la ayuda económica de Engels. Marx partió de la crítica a los socialistas anteriores, a los que calificó de «utópicos», si bien tomó de ellos muchos elementos de su pensamiento (de autores como Saint-Simon, Owen o Fourier); tales pensadores se habían limitado a imaginar cómo podría ser la sociedad perfecta del futuro y a esperar que su implantación resultara del convencimiento general y del ejemplo de unas pocas comunidades modélicas. Por el contrario, Marx y Engels pretendían hacer un «socialismo científico», basado en la crítica sistemática del orden establecido y el descubrimiento de las leyes objetivas que conducirían a su superación; la fuerza de la Revolución (y no el convencimiento pacífico ni las reformas graduales) sería la forma de acabar con la civilización burguesa.

En 1848, a petición de una liga revolucionaria clandestina formada por emigrantes alemanes, Marx y Engels plasmaron tales ideas en el “Manifiesto Comunista”, un panfleto de retórica incendiaria situado en el contexto de las revoluciones europeas de 1848. Posteriormente, durante su estancia en Inglaterra, Marx profundizó en el estudio de la economía política clásica y, apoyándose fundamentalmente en el modelo de David Ricardo, construyó su propia doctrina económica, que plasmó en “El Capital”; de esa obra monumental solo llegó a publicar el primer volumen (1867), mientras que los dos restantes los editaría después de su muerte su amigo Engels, poniendo en orden los manuscritos preparados por Marx.

Partiendo de la doctrina clásica, según la cual solo el trabajo humano produce valor, Marx denunció la explotación patente en la extracción de la plusvalía, es decir, la parte del trabajo no pagada al obrero y apropiada por el capitalista, de donde surge la acumulación del capital. Criticó hasta el extremo la esencia injusta, ilegítima y violenta del sistema económico capitalista, en el que veía la base de la dominación de clase que ejercía la burguesía.

Sin embargo, su análisis aseguraba que el capitalismo tenía carácter histórico, como cualquier otro sistema, y no respondía a un orden natural inmutable, como habían pretendido los clásicos: igual que había surgido de un proceso histórico por el que sustituyó al feudalismo, el capitalismo estaba abocado a hundirse por sus propias contradicciones internas, dejando paso al socialismo. La tendencia inevitable al descenso de las tasas de ganancia se iría reflejando en crisis periódicas de intensidad creciente hasta llegar al virtual derrumbamiento de la sociedad burguesa; para entonces, la lógica del sistema habría polarizado a la sociedad en dos clases contrapuestas por intereses irreconciliables, de tal modo que las masas proletarizadas, conscientes de su explotación, acabarían protagonizando la Revolución que daría paso al socialismo.

En otras obras suyas, Marx completó esta base económica de su razonamiento con otras reflexiones de carácter histórico y político: precisó la lógica de lucha de clases que, en su opinión, subyace en toda la historia de la humanidad y que hace que esta avance a saltos dialécticos, resultado del choque revolucionario entre explotadores y explotados, como trasunto de la contradicción inevitable entre el desarrollo de las fuerzas productivas y el encorsetamiento al que las someten las relaciones sociales de producción.

También indicó Marx el sentido de la Revolución socialista que esperaba, como emancipación definitiva y global del hombre (al abolir la propiedad privada de los medios de producción, que era la causa de la alienación de los trabajadores), completando la emancipación meramente jurídica y política realizada por la Revolución burguesa (que identificaba con el modelo francés); sobre esa base, apuntaba hacia un futuro socialista entendido como realización plena de las ideas de libertad, igualdad y fraternidad, como fruto de una auténtica democracia. La «dictadura del proletariado» tendría un carácter meramente instrumental y transitorio, pues el objetivo no era el reforzamiento del poder estatal con la nacionalización de los medios de producción, sino el paso, tan pronto como fuera posible, a la fase comunista en la que, desaparecidas las contradicciones de clase, ya no sería necesario el poder coercitivo del Estado. Marx fue, además, un incansable activista de la Revolución obrera.

Tras su militancia en la diminuta Liga de los Comunistas (disuelta en 1852), se movió en los ambientes de los conspiradores revolucionarios exiliados, hasta que, en 1864, la creación de la Asociación Internacional de Trabajadores (AIT) le dio la oportunidad de impregnar al movimiento obrero mundial de sus ideas socialistas. Retirado de la actividad política, Marx siguió ejerciendo su influencia a través de sus discípulos alemanes, quienes crearon en 1875 el Partido Socialdemócrata Alemán, grupo dominante de la Segunda Internacional que, bajo inspiración decididamente marxista, se fundó en 1889.

Ir Arriba
Ir a BIOGRAFÍAS II


Federico Engels

Coautor de obras fundamentales para el nacimiento de los movimientos socialista, comunista y sindical. "El Estado no es más que un mecanismo de opresión de una clase por otra, lo mismo si se trata de una democracia que de una monarquía".

"La clase obrera británica se va aburguesando cada vez más, de suerte que esta nación, la más burguesa de todas, parece tender a crear eventualmente una aristocracia burguesa y un proletariado burgués".

Pensador y dirigente socialista alemán (Barmen, Renania, 1820 - Londres, 1895). Nació en una familia acomodada, conservadora y religiosa, propietaria de fábricas textiles. Sin embargo, desde su paso por la Universidad de Berlín (1841-42), se interesó por los movimientos revolucionarios de la época; se relacionó con los hegelianos de izquierda y con el movimiento de la Joven Alemania.

Enviado a Inglaterra al frente de los negocios familiares, conoció las míseras condiciones de vida de los trabajadores de la primera potencia industrial del mundo; más tarde plasmaría sus observaciones en su libro “La situación de la clase obrera en Inglaterra” (1845).

En 1844 se adhirió definitivamente al socialismo y entabló una duradera amistad con Karl Marx. En lo sucesivo, ambos pensadores colaborarían estrechamente, publicando juntos obras como “La Sagrada Familia” (1844), “La ideología alemana” (1844-46) y el “Manifiesto Comunista” (1848).

Aunque corresponde a Marx la primacía en el liderazgo socialista, Engels ejerció una gran influencia sobre él: lo acercó al conocimiento del movimiento obrero inglés y atrajo su atención hacia la crítica de la teoría económica clásica. Fue también él quien, gracias a la desahogada situación económica de la que disfrutaba como empresario, aportó a Marx la ayuda económica necesaria para mantenerse y escribir “El Capital”; e incluso publicó los dos últimos tomos de la obra después de la muerte de su amigo.

Engels tuvo también un protagonismo propio como teórico y activista del socialismo, a pesar de lo contradictoria que resultaba su doble condición de empresario y revolucionario: participó personalmente en la Revolución alemana de 1848-50; fue secretario de la Primera Internacional obrera (la AIT) desde 1870; y publicó escritos tan relevantes como “Socialismo utópico y socialismo científico” (1882), “El origen de la familia, la propiedad privada y el Estado” (1884) o “Ludwig Feuerbach y el fin de la filosofía clásica alemana” (1888).

Tras la muerte de Marx en 1883, Engels se convirtió en el líder indiscutido de la socialdemocracia alemana, de la Segunda Internacional y del socialismo mundial, salvaguardando lo esencial de la ideología marxista, a la que él mismo había aportado matices relativos a la desaparición futura del Estado, a la dialéctica y a las complejas relaciones entre la infraestructura económica y las superestructuras políticas, jurídicas y culturales.

En los últimos años de su vida se alejó de sus primitivas concepciones revolucionarias y abrió la puerta a un socialismo más reformista, vía que seguiría, después de la muerte de Engels, su colaborador Eduard Bernstein y que acabaría por imponerse entre los socialdemócratas.

Ir Arriba
Ir a BIOGRAFÍAS II


Vladimir Lenin

Ejecutor de las teorías marxistas en la formulación de la sociopolítica y la economía en la Rusia de principios del siglo XX. «Marx y Engels llamaban método dialéctico al método científico en sociología, consistente en que la sociedad es considerada un organismo vivo en constante desarrollo, para cuyo estudio es necesario hacer un análisis objetivo de las relaciones de producción...».

En las últimas décadas del siglo XIX, el abismo existente entre el zar Alejandro III, defensor del absolutismo bizantino de sus antepasados, y la clase cultivada se había agravado hasta tal punto que la lucha contra el zarismo había llegado a ser, entre los rusos cultos, un deber y un honor. La oposición política y el movimiento revolucionario crecían bajo el empuje de una «intelligentsia» que hacía acólitos en las escuelas, en las fábricas, los periódicos y las oficinas.

Seis años después de la muerte de su antecesor, Alejandro II, precisamente el 1 de marzo de 1887, un grupo de jóvenes nihilistas intentó acabar con la vida del zar. El atentado fracasó y los terroristas fueron apresados. Entre los condenados a muerte figuraba Alexander Uliánov, el hermano mayor del futuro Lenin. Al enterarse por la prensa de que el grupo había sido ahorcado en San Petersburgo, el muchacho recibió una impresión indeleble que, con el tiempo, se transformaría en la más firme y decidida oposición al zarismo. Pero ya entonces, con la lucidez de un visionario, resumía la situación en esta frase de condena a los métodos del terrorismo individual: «Nosotros no iremos por esta vía. No es la buena».

Vladimir Ilich Uliánov, conocido como Lenin, nació el 22 de abril de 1870 en el seno de una familia típica de la intelectualidad rusa de fines del siglo XIX. Era el cuarto de los seis hijos habidos de Ilia Uliánov y María Alexandrovna Blank, quienes se habían establecido el año anterior a su nacimiento en Simbirsk, a orillas del Volga. El ambiente estudioso de la casa, donde no faltaba una buena biblioteca, propiciaba el desarrollo del sentido del deber y la disciplina. Vladimir seguía el ejemplo de su hermano mayor: era un muchacho perseverante y tenaz, un alumno asiduo y metódico que obtenía las mejores notas y destacaba en el ajedrez.

A los catorce años comenzó a leer libros «prohibidos» —Rusia vivía entonces bajo la más negra represión y la lectura de los grandes demócratas era considerada un delito—. En Kazán inició sus estudios de Derecho en la universidad imperial, uno de los focos de mayor oposición al régimen autocrático. El mismo año de su ingreso, 1887, Vladimir fue detenido por participar en una manifestación de protesta contra el zar. Cuando uno de los policías que lo custodiaban le preguntó por qué se mezclaba en esas revueltas, por qué se daba cabezazos contra un muro, su respuesta fue: «Sí, es un muro, cierto, pero con un puntapié se vendrá abajo».

Expulsado de la universidad, se dedicó por entero a las teorías revolucionarias: comenzó a estudiar las obras de Marx y Engels directamente del alemán y leyó por primera vez «El capital», lectura decisiva para su adhesión al marxismo ortodoxo. Ya en sus primeros escritos defendió el marxismo frente a las teorías de los «naródniki», los populistas rusos.

En mayo de 1889, la familia se trasladó a la provincia de Samara, donde, después de muchas peticiones, Lenin obtuvo la autorización para examinarse en leyes como alumno libre.

Tres años después, se graduó con las más altas calificaciones y comenzó a ejercer la abogacía entre artesanos y campesinos pobres. Ya en esa época, en el grupo marxista del que formaba parte, le decían «El Viejo» por su vasta erudición y su frente socrática, precozmente calva. El rostro, de corte algo mongólico, con los pómulos anchos y los ojos de tártaro, entrecerrados e irónicos, el porte robusto y el poderoso cuello le daban el aspecto de un campesino. Abogado sin pleitos, Lenin se inscribió en las listas de instructores de círculos obreros, llamados «universidades democráticas».

Organizó bibliotecas, programas de estudio y cajas de ayuda con el objetivo de enseñar los métodos de la lucha revolucionaria, para formar así cuadros obreros, propagandistas y organizadores de círculos socialdemócratas, con miras a la formación de un futuro partido. Para ello necesitaba contar con el apoyo de los grupos marxistas emigrados, dirigidos por Grigori Plejánov, y en abril de 1895 viajó al extranjero, decidido a estudiar el movimiento obrero de Occidente. Pasó unas semanas en Suiza, luego visitó Berlín y París, donde tuvo como interlocutores a Karl Liebknecht y Paul Lafargue. Al regresar, fue detenido junto con su futuro rival, Julij Martov, por la Ojrana, la policía secreta del zar.

En la cárcel, Lenin se puso rápidamente a trabajar. Se comunicaba con el exterior a través de su hermana Ana y de Nadezhda Krúpskaya, una estudiante adherida al círculo marxista que, para poder visitarlo en la prisión, había declarado ser su novia. Más tarde, en 1898, un año después de ser deportado a la Siberia meridional, cerca de la frontera con China, contrajo matrimonio con Nadezhda en una ceremonia religiosa. En el destierro, la pareja llevó una vida ordenada, sin sobresaltos, que le permitió a Lenin terminar de redactar su primera obra fundamental, «El desarrollo del capitalismo en Rusia», en la que sostiene que el país semifeudal avanza decididamente hacia el capitalismo industrial.

Después de casi mil días en Siberia, a poco de comenzar el siglo y con treinta años de edad, Lenin iniciaba su primer exilio en Suiza. Allí, reunido con Martov, puso en marcha un proyecto largamente acariciado: la publicación de un periódico socialdemócrata de alcance nacional. El primer número de «Iskra» (La Chispa) vio la luz el 21 de diciembre de 1900, con un editorial de Lenin encabezando la primera página.

En sus andanzas entre Múnich y Ginebra fue cuando se convirtió en el líder de los marxistas rusos, sobre todo después de la publicación del libro «¿Qué hacer?», una de sus obras más importantes, en la que reclamaba la necesidad de una organización de revolucionarios profesionales y sintetizaba la idea del partido como vanguardia de la clase obrera. Fue justamente la polémica desatada en torno a cómo estructurar el partido lo que provocó profundas divergencias en el II Congreso del Partido Obrero Socialdemócrata Ruso, inaugurado por Plejánov en julio de 1903. En él se consumó la ruptura entre Martov y Lenin. Desde entonces, los partidarios de este último se llamaron «bolcheviques», por mayoría, frente al grupo de los «mencheviques», minoritarios. Y desde entonces el partido de cuadros profesionales, centralizado y disciplinado, fue el pilar básico del bolchevismo.

La revolución de 1905, que había estallado en San Petersburgo tras el «domingo sangriento», sorprendió a Lenin en Suiza. La presión de las masas obligó al decadente régimen zarista a hacer algunas concesiones liberales: los bolcheviques actuaban en la legalidad, lo que permitió a Lenin regresar a Rusia en octubre de ese año para ponerse al frente de sus partidarios. Pero las esperanzas de nuevos levantamientos no se concretaron y, ante los intentos de la policía por detenerlo, a fines del verano siguiente Lenin huyó a Finlandia.

El proceso insurreccional había sido un fracaso y el gobierno de los zares volvió a endurecer sus métodos, hasta liquidar totalmente las conquistas logradas por la revolución. Sumida en el pesimismo y las rencillas internas, la fracción bolchevique se resintió con la derrota, hasta tal punto que viejos militantes la abandonaron. Huyendo de la policía, Lenin pasó de Finlandia a Ginebra, donde comenzó su segundo exilio, que habría de prolongarse hasta 1917. En aquella época hicieron su aparición el insomnio y los dolores de cabeza que habrían de perseguirlo el resto de su vida.

La vida errante de los exiliados lo llevó a París, donde él y Nadezhda soportaron duras estrecheces económicas que los obligaban a dar clases o a escribir reseñas para ganar algo de dinero, en medio de numerosas dificultades. La dureza de aquellos días en la capital francesa se vio en parte aliviada por la presencia de Inés Armand, una militante parisiense, inteligente y feminista, a la que se dice que lo unió un profundo amor. Fruto de su segundo exilio es la obra publicada en 1909, «Materialismo y empiriocriticismo», en la que Lenin expone sus reflexiones filosóficas fundamentales, en un intento de culminar la teoría del conocimiento marxista.

Pasada la etapa de la más dura reacción, que se extendió hasta 1911, comenzaron a llegar noticias alentadoras de San Petersburgo. Una huelga iniciada en los yacimientos del Lena fue bárbaramente reprimida, lo que originó un gran descontento y una huelga general. Lenin presentía que se acercaba una ola de efervescencia revolucionaria y abandonó París en junio de 1912 para instalarse más cerca de sus partidarios, en Cracovia. Allí lo visitaban los diputados bolcheviques para informarle sobre la situación interna y pedirle instrucciones.

En marzo de ese mismo año había aparecido el primer número de «Pravda» (La Verdad), diario obrero que Lenin dirigía desde el exterior y que pronto gozó de una gran difusión. Así, mientras las grandes potencias ultimaban sus preparativos para la Primera Guerra Mundial, entre los proletarios rusos crecía la influencia de Lenin.

El estallido de la Primera Guerra Mundial supuso un giro decisivo en la historia del socialismo. Lenin denunció de inmediato el apoyo de los partidos socialdemócratas a los créditos de guerra, calificando el conflicto como una «conflagración burguesa, imperialista y dinástica».

A comienzos de 1917, el agotamiento general desembocó en un amplio movimiento revolucionario que derribó al régimen zarista y dio paso a un gobierno provisional. Poco después, Lenin regresó a Petrogrado y llamó a profundizar la revolución bajo la consigna «Todo el poder para los soviets».

En octubre de 1917, los bolcheviques tomaron el poder. Lenin asumió la jefatura del gobierno y emprendió la construcción del nuevo Estado socialista. Tras años de guerra civil y enormes dificultades económicas, impulsó la Nueva Política Económica (NEP) como medida transitoria para la reconstrucción del país.

En sus últimos años, su salud se deterioró gravemente. Aun así, continuó interviniendo en la vida política mediante escritos y orientaciones. El 21 de enero de 1924, una hemorragia cerebral puso fin a su vida, dejando una profunda huella en la historia del movimiento revolucionario mundial.

Ir Arriba
Ir a BIOGRAFÍAS II


Ho Chi Minh

Nguyen That Thanh, o Nguyen Ai Quoc, líder revolucionario vietnamita (Hoang Tru, 1890 - Hanói, 1969). Nacido en la Indochina francesa, emigró a la metrópoli en 1912. En París se convirtió en militante del Partido Socialista francés. Cuando la Revolución rusa escindió a los socialistas de todo el mundo, se alineó con el grupo que fundó el Partido Comunista Francés (1920). Se trasladó a China, donde organizó la Juventud Revolucionaria, reclutando entre los exiliados el núcleo humano necesario para impulsar una revolución anticolonial en Indochina (1924); sobre aquella base fundó más tarde el Partido Comunista Indochino (1930).

Condenado a muerte por las autoridades coloniales francesas, hubo de huir y refugiarse en la Unión Soviética (1931). En 1938 entró en contacto con Mao Zedong en China, desde donde pasó a Vietnam en 1941, para participar en la lucha contra Japón y contra la Francia de Vichy, en el marco de la Segunda Guerra Mundial (1939-45). Fue entonces cuando fundó el Vietminh (Liga para la Independencia de Vietnam).

Tratando de formar un frente amplio tanto contra los japoneses como contra Francia, recabó el apoyo del dirigente nacionalista chino Chiang Kai-shek, pero este desconfió de él y lo hizo apresar.

Liberado en 1943, tomó el mando de la insurrección nacional vietnamita contra los franceses, adoptando el nombre de guerra de Ho Chi Minh («el que ilumina»). En 1945 vio reconocida formalmente la independencia de la República Democrática de Vietnam, pero, al terminar la guerra, los vencedores decidieron en la Conferencia de Potsdam dividir Vietnam en dos zonas: la República Democrática de Vietnam al norte, dominada por el Vietminh, y una zona de ocupación británica en el sur.

En 1946, Gran Bretaña entregó a Francia su zona de ocupación, coyuntura que aprovechó el gobierno francés para negarse a reconocer al nuevo Estado independiente del norte e intentar recuperar por la fuerza el control de sus antiguas colonias de Indochina. El Vietminh hubo de sostener una nueva guerra en la que terminó triunfando, obligando a Francia a reconocer la existencia en Indochina de cuatro Estados independientes: Laos, Camboya, Vietnam del Sur y Vietnam del Norte, este último bajo el gobierno de Ho Chi Minh, quien estableció un régimen socialista alineado con la Unión Soviética, impulsó una profunda reforma agraria y se esforzó por impedir la corrupción y el abuso de poder.

Prosiguió su lucha revolucionaria por la reunificación de Vietnam, prestando apoyo desde el norte al movimiento guerrillero comunista del sur (Vietcong), que se enfrentaba a una dictadura sostenida por la ayuda militar de Estados Unidos. Desde 1957, la insurrección masiva del campesinado contra el gobierno títere del sur hizo recaer el peso de la guerra sobre el ejército norteamericano, que utilizó su abrumadora superioridad en medios para masacrar cruelmente a la población civil, sin poder impedir la derrota final frente a la estrategia guerrillera del Vietcong.

Desde 1968, el presidente norteamericano Lyndon Johnson abrió negociaciones de paz con Vietnam del Norte, que se completarían bajo el mandato de Richard Nixon. Sin embargo, el líder y fundador del movimiento, Ho Chi Minh, murió antes del fin de la guerra, sin llegar a ver la retirada estadounidense (1973), el hundimiento militar de Vietnam del Sur (1975) y la reunificación del país bajo un régimen comunista (1976). En su honor, las autoridades vietnamitas pusieron el nombre de Ciudad Ho Chi Minh a la antigua capital de Vietnam del Sur, Saigón (1975).

Ir Arriba
Ir a BIOGRAFÍAS II


Mao Tse-tung

(Hunan, China, 1893 - Pekín, 1976) Político y estadista chino nacido en el seno de una familia de trabajadores rurales. En el medio donde transcurrió su infancia, la educación escolar solo era considerada útil en la medida en que pudiera ser aplicada a tareas como llevar registros y otras propias de la producción agrícola, por lo que, a la edad de trece años, Mao Tse-tung hubo de abandonar los estudios para dedicarse de lleno al trabajo en la granja familiar.

Sin embargo, el joven Mao dejó la casa paterna y entró en la Escuela de Magisterio en Changsha, donde comenzó a tomar contacto con el pensamiento occidental. Más tarde se enroló en el Ejército Nacionalista, en el que sirvió durante medio año, tras lo cual regresó a Changsha y fue nombrado director de una escuela primaria. Luego trabajó en la Universidad de Pekín como bibliotecario ayudante y leyó, entre otros, a Bakunin y Kropotkin, además de tomar contacto con dos hombres clave para la revolución socialista china: Li Dazhao y Chen Duxiu.

El 4 de mayo de 1919 estalló en Pekín la revuelta estudiantil contra Japón, en la que Mao Tse-tung tomó parte activa. En 1921 participó en la creación del Partido Comunista y, dos años más tarde, al formar el partido una alianza con el Partido Nacionalista, Mao quedó como encargado de Organización. De regreso en su Hunan natal, entendió que el sufrimiento de los campesinos era la fuerza que debía promover el cambio social en el país.

Sin embargo, la alianza con los nacionalistas se quebró; los comunistas y sus instituciones fueron diezmados y la rebelión campesina, reprimida. Junto a un numeroso contingente de campesinos, Mao huyó a la región montañosa de Jiangxi, desde donde dirigió una guerra de guerrillas contra Jiang Jieshi, jefe de sus antiguos aliados. El Ejército Rojo, nombre dado a las milicias del Partido Comunista, logró ocupar alternativamente distintas regiones rurales del país.

En 1930, la primera esposa de Mao fue asesinada por los nacionalistas, tras lo cual contrajo nuevo matrimonio con He Zizhen. Al año siguiente se autoproclamó la nueva República Soviética de China, de la que Mao fue elegido presidente, y desafió al comité de su partido a abandonar la burocracia de la política urbana y centrar su atención en el campesinado.

Pese a las victorias de Mao en la primera época de la guerra civil, en 1934 Jiang Jieshi consiguió cercar a las tropas del Ejército Rojo, tras lo cual Mao emprendió lo que se conoció como la Gran Marcha, desde Jiangxi hasta el noroeste chino. Entre tanto, los japoneses habían invadido el norte del país, lo que motivó una nueva alianza entre comunistas y nacionalistas para enfrentarse al enemigo común.

Tras la Segunda Guerra Mundial, se reanudó la guerra civil, con la victoria progresiva de los comunistas. El 1 de octubre de 1949 se proclamó oficialmente la República Popular de China, con Mao Tse-tung como presidente. Si bien al principio siguió el modelo soviético para la instauración de una república socialista, con el tiempo fue introduciendo importantes cambios, como el de dar más importancia a la agricultura que a la industria pesada.

A partir de 1959 dejó su cargo como presidente de China, aunque conservó la presidencia del partido, desde la que promovió una campaña de educación socialista en la que destacó la participación popular masiva como única forma de lograr un verdadero socialismo. Durante este período, conocido como la Revolución Cultural Proletaria, Mao logró desarticular y luego reorganizar el partido gracias a la participación de la juventud, a través de la Guardia Roja. Su filosofía política como estadista quedó reflejada en su libro «Los pensamientos del presidente Mao».

Ir Arriba
Ir a BIOGRAFÍAS II


Napoleon Bonaparte

Napoleón Bonaparte nació el 15 de agosto de 1769 en Ajaccio, capital de la actual Córcega, en una familia numerosa de ocho hermanos. Los méritos escolares de Napoleón en matemáticas facilitaron su ingreso en la Escuela Militar de Brienne. De allí salió, a los diecisiete años, con el nombramiento de subteniente y un destino de guarnición en la ciudad de Valence. Su agitada etapa juvenil discurrió entre idas y venidas a Francia, la vorágine de la Revolución —cuyas explosiones violentas conoció durante una estancia en París— y los conflictos independentistas de Córcega. Instalado con su familia en Marsella, malvivió entre grandes penurias económicas que a veces lo situaron al borde de la miseria.

Con el grado de capitán, adquirió un amplio renombre con ocasión del asedio de Tolón, en 1793, al sofocar una sublevación contrarrevolucionaria apoyada por los ingleses; el plan de asalto propuesto a unos inexperimentados generales fue suyo, y la ejecución también. En reconocimiento a sus méritos, fue ascendido a general de brigada. Se le destinó a la comandancia general de artillería en el ejército de Italia y viajó en misión especial a Génova. Napoleón se encargó de reprimir una de las temibles insurrecciones de las masas populares de París a finales de 1795, a la que se sumaron los monárquicos con sus propios fines desestabilizadores. Realizó una operación de cerco y aniquilamiento a cañonazos que dejó la capital anegada en sangre.

Antes de partir a Italia en 1796 para dirigir la guerra contra los austríacos y piamonteses, se casó con Josefina de Beauharnais. Trituró el Piamonte en menos de dos semanas y repelió a los austríacos más allá de los Alpes. Sus campañas de Italia pasarían a ser materia obligada de estudio en las academias militares durante innumerables promociones. Tanto o más significativas que sus victorias aplastantes en Lodi, en 1796, y en Arcole y Rívoli, en 1797, fue su reorganización política de la península italiana, que llevó a cabo refundiendo las divisiones seculares y los viejos estados en repúblicas de nuevo cuño dependientes de Francia.

Napoleón mostraba una amenazadora propensión a ser la espada que ejecuta, el gobierno que administra y la cabeza que planifica y dirige: tres funciones en una misma naturaleza de inigualada eficacia. El 19 de mayo de 1798 embarcó rumbo a Alejandría y, dos meses después, en la batalla de las Pirámides, dispersaba a la casta de guerreros mercenarios que explotaban el país en nombre de Turquía —los mamelucos—, para internarse luego en el desierto sirio. Pero todas sus posibilidades de éxito se vieron truncadas por la destrucción de la escuadra francesa en Abukir por Nelson, el émulo inglés de Napoleón en los escenarios navales.

Se decidió a regresar a Francia en el primer barco que pudo sustraerse al bloqueo de Nelson; recaló de paso en su isla natal y nadie se atrevió a juzgarlo por deserción y abandono de sus tropas. En pocas semanas organizó el golpe de Estado del 18 de Brumario con la colaboración de su hermano Luciano, quien lo ayudó a disolver la Asamblea Legislativa del Consejo de los Quinientos, en la que figuraba como presidente. Era el año 1799. El golpe barrió al Directorio, a su antiguo protector Barras, a las cámaras, a los últimos clubes revolucionarios, a todos los poderes existentes e instauró el Consulado: un gobierno provisional compartido en teoría por tres titulares, pero que en la realidad no fue más que una cobertura de su dictadura absoluta, sancionada por la nueva Constitución napoleónica del año 1800, aprobada bajo la consigna de «la Revolución ha terminado».

La nueva Constitución restablecía el sufragio universal que había recortado la oligarquía sucesora de Robespierre. La oposición a su gobierno fue desmantelada mediante represiones a derecha e izquierda. El secuestro y ejecución de un príncipe emparentado con los Borbones depuestos, el duque de Enghien, el 20 de marzo de 1804, fue el corolario para el ofrecimiento de la corona imperial que le hizo el Senado al día siguiente.

La ceremonia de coronación se llevó a cabo el 2 de diciembre en Notre Dame, con la asistencia del papa Pío VII; aunque Napoleón se ciñó la corona a sí mismo y después se la impuso a Josefina, el pontífice se limitó a pedir que celebraran un matrimonio religioso en un sencillo acto que se ocultó celosamente al público. Una nueva Constitución, ese mismo año, afirmó aún más su autoridad omnímoda. La historia del Imperio es una recapitulación de sus victorias sobre las monarquías europeas, aliadas en repetidas coaliciones contra Francia y promovidas, en último término, por la diplomacia y el oro ingleses.

En la batalla de Austerlitz, de 1805, abatió la tercera coalición; en la de Jena, de 1806, anonadó al poderoso reino prusiano y pudo reorganizar todo el mapa de Alemania en la Confederación del Rin, mientras que los rusos eran contenidos en Friedland, en 1807. Al reincidir Austria en la quinta coalición, volvió a destrozarla en Wagram en 1809. Nada podía resistirse a su instrumento de choque, la Grande Armée (el «Gran Ejército»), ni a su mando operativo que, en sus propias palabras, equivalía a otro ejército invencible.

En todas partes, los derechos feudales eran abolidos junto con las particularidades económicas, aduaneras y corporativas; se creaba un mercado único interior, se implantaba la igualdad jurídica y política según el modelo del Código Civil francés y se establecía una administración centralizada y uniforme, así como la libertad de cultos y de religión, o la libertad de no tener ninguna. Con estas y otras medidas se reemplazaban las desigualdades feudales.

La obra napoleónica, que liberó fundamentalmente la fuerza de trabajo, es el sello de la victoria de la burguesía y puede resumirse en una de sus frases: «Si hubiera dispuesto de tiempo, muy pronto hubiese formado un solo pueblo y cada uno, al viajar por todas partes, siempre se habría hallado en su patria común». Los únicos Estados que quedaban a resguardo eran Rusia y Gran Bretaña, cuya hegemonía marítima había asentado de una vez por todas Nelson en Trafalgar, arruinando los proyectos mejor concebidos del emperador. Contra esta última había ensayado el bloqueo continental, cerrando los puertos y rutas europeos a las manufacturas británicas.

El bloqueo también condujo, en 1808, a invadir Portugal y España. Los Borbones españoles fueron desalojados del trono en beneficio de su hermano José, y la dinastía portuguesa huyó a Brasil. Ambos pueblos se levantaron en armas y comenzaron una doble guerra de independencia que los dejaría destrozados durante muchas décadas, pero diezmaron a una parte del «Gran Ejército» en una guerra de guerrillas que se extendió hasta 1814. La otra parte del ejército fue tragada por las inmensidades rusas.

En la campaña de 1812 contra el zar Alejandro I, Napoleón llegó hasta Moscú, pero en la obligada retirada perecieron casi medio millón de hombres entre el frío del invierno ruso, el hambre y el continuo hostigamiento del enemigo. Toda Europa se levantó entonces contra el dominio napoleónico, y el sentimiento nacional de los pueblos se rebeló, dando soporte al desquite de las monarquías; incluso en Francia, fatigada de la interminable tensión bélica y de una creciente opresión, la burguesía resolvió desembarazarse de su amo.

La batalla resolutoria de esta nueva coalición, la sexta, se libró en Leipzig en 1813: la «Batalla de las Naciones», una de las grandes y raras derrotas de Napoleón. Fue el prólogo de la invasión de Francia, la entrada de los aliados en París y la abdicación del emperador en Fontainebleau, en abril de 1814, forzada por sus propios generales.

Las potencias vencedoras le concedieron la soberanía plena sobre la minúscula isla italiana de Elba y restablecieron en su lugar a los Borbones, arrojados por la Revolución, en la figura de Luis XVIII. Desembarcó en Francia con solo un millar de hombres y, sin disparar un solo tiro, en un nuevo baño triunfal de multitudes, volvió a hacerse con el poder en París. Pero fue derrotado en junio de 1815 por los vigilantes Estados europeos en Waterloo y puesto nuevamente en la disyuntiva de abdicar.

Así concluyó su segundo período imperial, que por su corta duración se ha llamado el de los Cien Días (de marzo a junio de 1815). Se entregó a los ingleses, que lo deportaron a un remoto islote africano, Santa Elena, donde sucumbió lentamente a las iniquidades de un tétrico carcelero, Hudson Lowe. Antes de morir, el 5 de mayo de 1821, escribió el Memorial de Santa Elena, en el que se describió a sí mismo tal como deseaba que lo viera la posteridad.

Ir Arriba
Ir a BIOGRAFÍAS II


Simón Bolívar

Simón Bolívar nació en Caracas el 24 de julio de 1783. Venezuela era entonces una Capitanía General del Reino de España, en cuya población se manifestaban las diferencias existentes entre la oligarquía española, dueña del poder; la clase mantuana o criolla; los terratenientes —en su mayoría— y los estratos bajos de pardos y esclavos. Los mantuanos, a pesar de los privilegios que tenían, habían desarrollado un sentimiento particular del «ser americano» que los invitaba a la rebeldía. Esta era la clase a la cual pertenecían los padres de Bolívar, quienes dejaron en herencia una gran fortuna.

Entre los valles de Aragua y la ciudad de Caracas discurrió la infancia y parte de la adolescencia del joven Simón. Combinaba sus estudios en la escuela de primeras letras de la ciudad con visitas a la hacienda de la familia. A los quince años de edad, por mediación de un tío, «ministro del Tribunal de la Contaduría Mayor del Reino» ante el rey Carlos IV, fue nombrado «subteniente de Milicias de Infantería de Blancos de los Valles de Aragua». Mientras esto sucedía, tuvo la suerte de formarse con los mejores maestros y pensadores de la ciudad: Andrés Bello, Guillermo Pelgrón y Simón Rodríguez. Fue este último, sin embargo, quien logró calmar por instantes el ímpetu nervioso y rebelde del niño, alojándolo como interno en su casa por orden de la Real Audiencia.

En 1799 llega Bolívar a Madrid y, a pesar de seguir sus estudios, el ambiente de la ciudad le seducía: frecuentaba los salones de lectura, baile y tertulia, y observaba maravillado la corte del reino desde los jardines de Aranjuez. Conoció a María Teresa Rodríguez del Toro, con quien se casó el 26 de mayo de 1802 en la capilla de San José, en el palacio del duque de Frías. Se trasladaron a Caracas, donde María Teresa moriría pocos días después de fiebre amarilla. Bolívar, desilusionado, decidió alejarse y regresó a Europa, contagiándose de las ideas liberales y de la literatura que inspiraron la Revolución Francesa.

El caraqueño Francisco de Miranda, desde Estados Unidos y las Antillas, preparaba una invasión que dibujaba la noción de independencia. Simón Rodríguez se hallaba en Viena; Bolívar, al enterarse, corrió en su búsqueda. Posteriormente, el maestro se trasladó a París y, en compañía de Fernando Toro, emprendieron un viaje cuyo destino final era Roma.

Cruzaron los Alpes caminando hasta Milán, donde se detuvieron el 26 de mayo de 1805 para presenciar la coronación de Napoleón, a quien Bolívar admiraría siempre. Bolívar se enteró de las fallidas expediciones libertadoras de Francisco de Miranda y regresó a Caracas a mediados de 1807, tras una corta estancia en Estados Unidos, para retomar su antigua vida de hacendado. Más tarde se incorporó a las actividades conspirativas, al estallar la revuelta el 19 de abril de 1810.

Las noticias del reino anunciaban la invasión de España por las tropas de Napoleón y el secuestro del rey y de su hijo Fernando. La situación era propicia para que el conde de Tovar presentara al gobierno un proyecto para crear una junta de gobierno adscrita a la Audiencia de Sevilla. Los criollos demandaban participación política. En un comienzo, las autoridades se mostraron reacias al proyecto, pero posteriormente, ante el vacío de poder que se había creado, decidieron pactar con los conspiradores. Bolívar, enterado de la situación, abrió las puertas de «la cuadra de Bolívar» para incorporarse a las reuniones. Se negó categóricamente a participar en el proyecto de la coalición; para él, debía clamarse por la emancipación absoluta.

La revuelta caraqueña daba inicio al proceso de Independencia de Venezuela. Se creó una Junta Suprema de Venezuela en la que Bolívar fue nombrado «coronel de Infantería». Le fue asignada la tarea de viajar a Londres, en compañía de Andrés Bello y Luis López Méndez, en busca de apoyo para el proyecto del nuevo gobierno. Ante la neutralidad de los ingleses y, a pesar de su frustración, encontró el impulso que le faltaba para decidirse a entregar su alma y su vida por la idea de la emancipación absoluta de toda América.

La pieza clave de esta circunstancia la halló en la figura de Francisco de Miranda, ideólogo y visionario de la Independencia de América, quien ya había ideado un proyecto para la construcción de una gran nación llamada «Colombia». Bolívar se empapó de las ideas de este hombre y las reformuló a lo largo de una campaña que duraría veinte años. Regresó a Caracas convencido de la misión que decidió atribuirse. Miranda no tardaría en seguirlo; su figura era algo mítica entre los criollos, tanto por el largo tiempo que pasó en el exterior como por su participación en la Independencia de Norteamérica y en la Revolución Francesa. Casi nadie lo conocía, pero Bolívar, convencido de la utilidad de este hombre para la empresa que se iniciaba, lo introdujo en la Sociedad Patriótica de Agricultura y Economía (creada en agosto de 1810).

Ganados ambos a la idea de proclamar una independencia absoluta para Venezuela, instaron a los miembros de la Sociedad a pronunciarse a favor de ello ante el Congreso Constituyente de Venezuela, reunido el 2 de marzo de 1811. Fue a propósito de ello que Bolívar dictó su primer discurso memorable: «Pongamos sin temor la piedra fundamental de la libertad suramericana. Vacilar es perdernos».

El 5 de julio de 1811 el Congreso declaró la Independencia de Venezuela y se aprobó la Constitución Federal para los estados de Venezuela. La Primera República se perdió como consecuencia de las diferencias de criterios entre los criollos y de los resentimientos entre castas y clases sociales. Una guerra civil iba a desatarse de inmediato; Bolívar tomaría conciencia del carácter clasista de la guerra y reflexionaría sobre ello a lo largo de todas sus proclamas políticas. En esta oportunidad le tocó defender la República desde Puerto Cabello, pero las fuerzas del otro bando eran superiores.

El 25 de julio se produjo la capitulación del generalísimo Francisco de Miranda; esta acción llenó de ira a Bolívar, quien, al enterarse de los planes de Miranda de abandonar el territorio, participó en su arresto en el puerto de La Guaira: «Yo no lo arresté para servir al rey, sino para castigar a un traidor». La estrategia de Bolívar fue entonces huir hacia Curazao, desde donde partió a Cartagena. Su intención, arropada en el manto de un discurso deslumbrante, era encontrar apoyo en las fuerzas neogranadinas para emprender en Venezuela la reconquista de la República. Los vecinos lo acogieron otorgándole el rango de capitán de Barrancas. Libró unas cuantas batallas, incluso desobedeciendo órdenes, y bajo el mismo procedimiento emprendió su arremetida hacia Venezuela.

Se inició en mayo de 1813 la Campaña Admirable, gesta que consistió en la reconquista de los territorios del occidente del país y, en forma simultánea, los de Oriente, a cargo de Santiago Mariño, hasta entrar triunfalmente en Caracas en agosto del mismo año. A su paso por Mérida lo llamaban «El Libertador», y con ese nombre fue ratificado por la municipalidad de Caracas, que lo nombró, además, capitán general de los Ejércitos de Venezuela. La polarización de los bandos que intentó Bolívar no fue suficiente para mitigar las diferencias existentes entre los ejércitos de pardos y negros frente a la gesta emancipadora.

La furia de los ejércitos llaneros, al mando del asturiano José Tomás Boves, obligó al éxodo de Caracas en julio de 1814. La República cayó nuevamente. Había que repensar la situación. Después de un corto pero victorioso tránsito por la Nueva Granada, fue nombrado general de división. Marchó hacia Jamaica en mayo de 1815 y ya en Kingston se dedicó a divulgar, a través de una copiosa correspondencia con personalidades de todo el mundo, la intención de la guerra que se estaba librando en el territorio de la América meridional. Hasta entonces, el mundo solo conocía la versión de los realistas. De estos documentos, el más famoso es la Carta de Jamaica. En ella reproduce el panorama de todas las luchas que se llevaban simultáneamente en América, especula acerca del futuro del territorio y adelanta la idea de la unión colombiana. Y es que la escritura fue un capítulo importante en la vida de Bolívar.

El poder que ejercía su pluma, puede decirse, le garantizó gran parte de sus triunfos. Revolucionó el estilo de la prosa, haciendo de su letra el reflejo vivo de sus pasiones, pensamientos y acciones. Desde Jamaica preparaba la nueva estrategia para Venezuela, cuya reconquista tardaría seis años en conseguirse: «Las expediciones se iniciaron en Margarita, continuaron en dirección hacia Guayana… luego hasta Valencia, para sellar la independencia definitiva en Carabobo, el 24 de junio de 1821».

Proclamó la libertad de los esclavos, ofreció tierras a cambio de lealtad militar y se encargó de la reconstrucción política de la región: convocó un Congreso en Angostura en febrero de 1819, donde pronunció un célebre discurso en el cual instó a los representantes a proclamar una constitución centralista y la creación de la Gran Colombia. El sur se encontraba en la mira de Colombia, es decir, de Bolívar. La liberación y adhesión de Quito y Guayaquil resultaban fundamentales para mantener la hegemonía de Colombia en el continente. Ello fue logrado, desde el punto de vista militar, en la batalla de Pichincha y, desde el punto de vista político, por las negociaciones adelantadas por Sucre y Bolívar en la región.

La jornada de Independencia, sin embargo, terminaría en Perú con las batallas de Junín y Ayacucho, en 1824. El valor estratégico que tenía la liberación y conquista de este territorio por parte del ejército Libertador era promover la salida definitiva de los españoles del territorio americano. Pero, además, se trataba del triunfo de la ideología bolivariana republicana sobre la propuesta de construir una monarquía en los territorios del sur, defendida por la oligarquía peruana y secundada aparentemente por José de San Martín, «Libertador del Sur» y «Protector» de aquellas tierras.

Bolívar anhelaba para el Alto Perú su reivindicación definitiva como tierra incaica frente a la devastadora clase dominante limeña. En ese territorio, después de la batalla de Ayacucho, se construyó una nación con el nombre de Bolívar (Bolivia). Sucre quedó al mando y Bolívar regresó a rendir cuentas al Congreso colombiano; corría el año 1826.

Abogó por la edificación de un Estado centralista que lograra cohesionar aquello que, en virtud de la heterogeneidad racial, cultural y geográfica, no resistía la perfección de una federación. Todo fue inútil. Las pugnas caudillistas y nacionalistas vencieron y procedieron a la separación de Venezuela y Ecuador de la Gran Colombia. Murió solo y defenestrado de los territorios que había libertado el 17 de diciembre de 1830.

Ir Arriba
Ir a BIOGRAFÍAS II


José de San Martín

José de San Martín nació el 25 de febrero de 1778 en Yapeyú, actual provincia de Corrientes, República Argentina. Fue el quinto hijo de Juan de San Martín, español de nacimiento y teniente gobernador del departamento perteneciente al Virreinato del Río de la Plata, y de Gregoria Matorras, sobrina del conquistador del Chaco Jerónimo Matorras.

A los diez años, José de San Martín se trasladó con su familia a España e ingresó al Seminario de Nobles de Madrid, tras el ascenso de su padre y su destino a Málaga. En 1789 inició su carrera militar en el Regimiento de Murcia, donde combatió en África (Melilla y Orán). Fue herido en 1791 durante el sitio de Orán.

Participó en diversas campañas y fue ascendiendo por su actuación en combate. En 1808, durante la invasión napoleónica a España, combatió contra los franceses y fue distinguido por su desempeño en la batalla de Bailén, lo que le valió nuevos ascensos y reconocimientos.

En 1812 viajó a Buenos Aires, donde se integró al proceso independentista. Se le reconoció el grado de teniente coronel y organizó el Regimiento de Granaderos a Caballo. Ese mismo año contrajo matrimonio con María de los Remedios de Escalada.

En 1813 obtuvo su primera victoria en el combate de San Lorenzo. Posteriormente, asumió el mando del Ejército del Norte y luego fue designado gobernador de Cuyo, donde organizó el Ejército de los Andes con el apoyo del pueblo.

En 1817 cruzó la cordillera de los Andes y logró la victoria en Chacabuco, asegurando la independencia de Chile junto a Bernardo O’Higgins. En 1818 consolidó el triunfo en Maipú.

En 1820 emprendió la expedición al Perú. Tras una serie de acciones militares y políticas, proclamó la independencia peruana el 28 de julio de 1821 y fue nombrado Protector del Perú, cargo al que renunció en 1822.

Retirado de la vida pública, viajó a Europa. En 1824 partió definitivamente hacia Francia, donde vivió sus últimos años. Falleció el 17 de agosto de 1850 en Boulogne-sur-Mer.

Ir Arriba
Ir a BIOGRAFÍAS II


Francisco de Miranda

Precursor del movimiento de emancipación de Hispanoamérica (Caracas, 1750 - San Fernando, Cádiz, 1816). Era hijo de un comerciante canario que había hecho fortuna en Venezuela. Francisco de Miranda estudió en la Universidad de Caracas y se alistó en el ejército español en 1771. Combatió en el norte de África, en las Antillas y en la intervención contra Gran Bretaña durante la Guerra de Independencia de los Estados Unidos (1780-81).

Luego se instaló como comerciante en Cuba, pero fue procesado por contrabando y lectura de libros prohibidos en 1783, porque, efectivamente, Miranda era seguidor de los enciclopedistas y los filósofos ilustrados, cuyo ideario político liberal había adoptado.

Antes de ser desterrado al norte de África, consiguió huir y se lanzó, por lo que le quedaba de vida, a luchar contra la dominación colonial española en su país. Recorrió Europa y Estados Unidos defendiendo la causa de la independencia hispanoamericana, a imagen de lo que habían hecho las antiguas colonias británicas del continente. Su pertenencia a la masonería le facilitó el contacto con las personalidades más relevantes del mundo, a través de las logias europeas y americanas.

Durante su estancia en Francia se adhirió a la Revolución —que lo nombró general— y prestó sus servicios para la conquista francesa de los Países Bajos (1792-93), pero perdió el empleo por un conflicto con Dumouriez. Fue perseguido por el Comité de Salvación Pública durante el Terror (1793) y se salvó de la guillotina por la caída de Robespierre. Luego presidió una junta de representantes de las colonias españolas de América (fundada en París en 1797), que respaldó su campaña en busca de apoyos internacionales.

En 1806 regresó a Venezuela, habiendo conseguido promesas de ayuda por parte de la zarina Catalina II de Rusia, el presidente estadounidense Jefferson y, sobre todo, el Joven Pitt, primer ministro de Gran Bretaña, de cuyos intereses geoestratégicos se convirtió en agente.

Miranda pretendía formar un único Estado hispanoamericano independiente desde el Misisipi hasta la Tierra del Fuego, para el cual había proyectado una constitución, ideado un nombre —Colombia— e incluso diseñado una bandera (la actual de Colombia, Venezuela y Ecuador). Pero su primer intento de desembarcar en Ocumare fue rechazado por el capitán general de Venezuela, y un segundo desembarco en Coro no despertó la adhesión que esperaba por parte de los criollos, por lo que regresó a Europa en busca de refuerzos (1807).

La invasión de España por las tropas de Napoleón en 1808 creó en las colonias americanas una situación de desconcierto y vacío de poder, que los independentistas aprovecharon para lanzar su revolución con más garantías de éxito: Miranda fundó el periódico El Colombiano, desde el cual coordinó los movimientos revolucionarios que estallaron simultáneamente, y con características semejantes, en toda Hispanoamérica en 1810; en aquel año regresó a Venezuela, a instancias de Bolívar y de la junta revolucionaria formada en Caracas.

Un Congreso proclamó la independencia de Venezuela al año siguiente, adoptando una Constitución inspirada en la de los Estados Unidos. Miranda fue puesto al frente del ejército rebelde y se proclamó dictador para detener el contraataque español (1812). Pero fue derrotado y capituló sin consultar a sus propios compañeros en ese mismo año. Desacreditado por sus errores políticos y militares, y enfrentado tanto a los republicanos radicales como a los terratenientes conservadores, fue arrestado por Bolívar y entregado a los realistas, que lo enviaron preso a España, donde murió.

Ir Arriba
Ir a BIOGRAFÍAS II


Emiliano Zapata

(San Miguel Anenecuilco, México, 1879 - Morelos, 1919) Revolucionario agrarista mexicano. Hijo de una humilde familia campesina, Emiliano Zapata trabajó como peón y aparcero y recibió una escasa instrucción escolar. Tenía veintitrés años cuando apoyó a la Junta de Cuautla en sus reivindicaciones por los ejidos de Morelos, su estado natal. La persecución desatada contra la Junta por el régimen porfirista lo llevó a Cuernavaca y luego a México como caballerizo del ejército. De regreso en Morelos, Emiliano Zapata retomó la defensa de las tierras comunales y, en 1909, fue designado jefe de la Junta de Ayala. Al frente de un pequeño grupo armado, ocupó las tierras del Hospital y las distribuyó entre los campesinos.

Mientras el gobernador de Morelos, representante de los intereses de los terratenientes, enviaba fuerzas contra él, Genovevo de la O se sublevó en Cuernavaca. En el curso de los dos años siguientes, otros campesinos se levantaron en armas, entre ellos Tepepa, Merino y el maderista Torres Burgos, con quienes se alió Zapata. En marzo de 1911 se adhirió al Plan de San Luis Potosí, proclamado por Madero y, a la muerte de Torres Burgos, fue designado «jefe supremo del movimiento revolucionario del Sur». Tras la caída de la dictadura de Porfirio Díaz, pronto aparecieron las discrepancias entre Zapata, quien reclamaba el inmediato reparto de las tierras de las haciendas entre los campesinos, y Madero, que, por su parte, exigía el desarme de las guerrillas. Por fin, Zapata aceptó el licenciamiento y desarme de sus tropas, con la esperanza de que la elección de Madero como presidente abriera las puertas a la reforma.

Elegido este en 1911 y, ante el fracaso de nuevas conversaciones, Zapata elaboró en noviembre del mismo año el Plan de Ayala, en el que declaraba a Madero incapaz de cumplir los objetivos de la revolución y anunciaba la expropiación de un tercio de las tierras de los terratenientes a cambio de una compensación, si se aceptaba, y por la fuerza en caso contrario. Quienes se adhirieron al plan, que eligieron jefe de la revolución a Pascual Orozco, enarbolaron la bandera de la reforma agraria como prioridad y solicitaron la renuncia del presidente.

Las fuerzas gubernamentales obligaron a Zapata a retirarse a Guerrero, pero el asesinato de Madero en febrero de 1913, por orden de Huerta, cambió la situación. Zapata rechazó la oferta de Huerta de unirse a sus fuerzas y apoyó a los constitucionalistas de Carranza contra los huertistas. Nombrado jefe de la revolución en detrimento de Orozco, que había sido declarado traidor, consiguió derrotar a Huerta (1913).

En la Convención de Aguascalientes de octubre de 1914 se concretó la alianza de Zapata y Pancho Villa, representantes del revolucionarismo agrario, contra Carranza, de tendencia moderada. Si bien ambos entraron poco después en la capital, su incapacidad política para dominar el aparato del Estado y las diferencias que surgieron entre los dos caudillos, a pesar de que Villa había aceptado el Plan de Ayala, alentaron la reacción carrancista.

Perseguido por Pablo González, Zapata se hizo fuerte en Morelos, mientras que Villa era derrotado en el norte. El aporte de algunos intelectuales, como Díaz Soto y Gama y Pérez Taylor, dio solidez ideológica al movimiento agrarista, lo que permitió a los zapatistas organizar administrativamente el espacio que controlaban. En este sentido, el gobierno de Zapata creó comisiones agrarias, estableció la primera entidad de crédito agrario en México e intentó convertir la industria del azúcar de Morelos en una cooperativa. William Gates, enviado de Estados Unidos, destacó el orden de la zona controlada por Zapata frente al caos de la zona ocupada por los carrancistas.

Sin embargo, la guerra proseguía; en 1917, las tropas de Carranza derrotaron de nuevo a Villa en el norte. Ante la amenaza que Zapata suponía para el gobierno federal, el coronel Jesús Guajardo, que dirigía las operaciones gubernamentales contra él, traicionó y asesinó al líder agrarista tras atraerlo a un encuentro secreto en la hacienda de Chinameca, en Morelos.

Ir Arriba
Ir a BIOGRAFÍAS II


Martin Luther King

Un día antes de ser asesinado, Martin Luther King pronunció el que sería su último discurso, donde prácticamente se despedía de la gente como si supiese que estaba llegando al final de su vida. Cuando Luther King se dirigió al público, dijo: "He subido a la cima de la montaña y he alcanzado a ver la tierra prometida". Con estas palabras aseguraba la igualdad de derechos que existiría entre negros y blancos, igualdad que no podría ver junto a ellos.

Aunque Luther King no vería realizado el objetivo por el que había luchado mientras vivió, es a él a quien se le da el crédito de haber logrado la igualdad de los derechos civiles en Estados Unidos. Por eso, el sacrificio de su vida no fue en vano. Lo cierto es que pocos hombres en la historia han tenido el privilegio de sacrificar su vida por una causa, y la altura de estos hombres está al nivel de Juan el Bautista, Moisés, Rodrigo Díaz de Vivar y el más grande de todos: Jesús.

Martin Luther King nació el 15 de enero de 1929 en Atlanta, Georgia. Creció en una relativa prosperidad y asistió a la escuela Yonge Street Elementary en Atlanta. Desde niño, por su condición de negro, tuvo que sufrir humillaciones por parte de la gente blanca y se cuestionaba la razón de que las cosas fueran de esta forma. King no era el tipo de hombre que se dejaba humillar fácilmente y siempre mantenía su posición con dignidad, lo que le hizo ganar la reputación de hombre honorable y con dotes de liderazgo.

Quiso seguir los pasos de su padre como predicador de la iglesia bautista y siempre lo acompañaba a los cultos, donde aprendió a explotar su talento en la oratoria. King fue a la Universidad Morehouse College y después fue a Massachusetts para realizar sus estudios de posgrado en la Universidad de Boston, donde obtuvo en 1955 el grado de Ph.D. Durante esta época aprendió sobre las doctrinas revolucionarias no violentas de Mahatma Gandhi.

1954 fue el año en que King sobresalió como pastor bautista en una iglesia en Montgomery, Alabama. Sus sermones no solo eran sobre plegarias de fe, sino también sobre la injusticia racial que se vivía en Estados Unidos en ese entonces. Sus discursos cada vez se hicieron más populares, convirtiendo esta iglesia en la más frecuentada por la sociedad negra del distrito. Ese mismo año, la Corte Suprema de los Estados Unidos terminó con la segregación escolar que había sido ley durante años, lo que trajo conflictos en las ciudades del sur del país, debido a que las autoridades estatales no acataban la orden constitucional emanada del más alto tribunal del país.

Una reconocida dama de la sociedad negra, llamada Rosa Parks, fue arrestada en un autobús por negarse a ceder su asiento a un hombre blanco, lo que originó una serie de protestas en la comunidad y permitió que King emergiera como el representante de la lucha por los derechos civiles.

Al mismo tiempo que los negros estaban boicoteando los autobuses que violaban la orden de la Suprema Corte, la casa de King fue incendiada y su esposa y su pequeña hija salvaron la vida milagrosamente. King fue arrestado bajo los cargos de impedir el flujo de la libre empresa. La batalla llegó hasta la Suprema Corte estatal, que eliminó los cargos, lo que constituyó su primera victoria. El incidente del boicot a los autobuses de Montgomery había sido todo un éxito y había llegado a la primera plana de los periódicos nacionales, y con ello la figura de Martin Luther King. Este suceso marcó el inicio de la lucha por los derechos civiles, y King y sus seguidores depositaron su fe en las cortes para que revocaran las injustas leyes de segregación.

Las autoridades sureñas seguían sin acatar la orden constitucional. En 1963, tres eventos hicieron de los derechos civiles un tema de interés público y prepararon el escenario para la realización de la marcha más grande en la historia de los Estados Unidos. Primero, las constantes represiones a las que eran sometidos los negros en Birmingham, la ciudad más industrializada del sur. Los policías atacaban a los negros con perros y agua a presión. Cuando estas imágenes fueron transmitidas por la televisión nacional, el pueblo quedó consternado y esto trajo consigo un segundo evento: el discurso televisivo del presidente John F. Kennedy, el 10 de julio, en el que mostraba su interés por apoyar la nueva legislación de derechos civiles, recomendando al Congreso que sancionara la ley mediante la cual negros y blancos tendrían los mismos derechos. El tercer evento ocurrió pocas horas después del discurso presidencial, cuando un líder negro fue asesinado en Birmingham.

El 28 de agosto de 1963 se llevó a cabo una marcha frente al Monumento a Lincoln, en Washington; este fue el día en que muchos norteamericanos pudieron observar por primera vez la poderosa elocuencia de Martin Luther King. La marcha se desarrolló de forma pacífica y ordenada. La ciudad de Washington cerró sus puertas ese día y a la marcha asistieron más de doscientas mil personas, incluyendo un tercio de blancos. También asistieron numerosos congresistas y senadores que apoyaban la integración racial.

El asesinato de Kennedy frustró las esperanzas de King con respecto a un cambio en la política norteamericana. Las intenciones de Lyndon Johnson no parecían ser las de su antecesor. Era el primer sureño en ocupar la Casa Blanca en cien años. Sin embargo, firmó el 2 de julio de 1964 una ley histórica mediante la cual se abolían las restricciones de la antigua ley. Al poco tiempo se permitió a los negros el derecho al voto. Ese mismo año, Luther King recibió el Premio Nobel de la Paz, siendo el más joven y el segundo negro en recibirlo.

Sin embargo, a partir de 1966, el poder de King se erosionó debido a la impaciencia de la sociedad negra por disfrutar de sus derechos. Estaba en contra de la guerra de Vietnam, lo que le creó un distanciamiento con el gobierno. Ante esta situación, el presidente Johnson ordenó al director del FBI, Edgar Hoover, desacreditarlo y fue partícipe de un plan para tratar de involucrarlo con movimientos marxistas. Sin embargo, no pudieron vincularlo con esta corriente, pero encontraron pruebas de que cometía adulterio, lo que afectó su imagen posteriormente. King no renunció a su lucha pacifista ni a su interés por mejorar las condiciones de vida de los afroamericanos: viajó a Memphis, Tennessee, para apoyar una huelga de los recolectores de basura, que terminó en disturbios.

Murió por la violencia contra la cual siempre luchó. La lucha de Martin Luther King tuvo un final trágico: el 4 de abril de 1968 fue asesinado en Memphis, cuando estaba de pie en el balcón del motel donde se alojaba, por James Earl Ray. Mientras se celebraban sus funerales en una iglesia de Atlanta, una ola de violencia se extendió por todo el país. Ray, detenido por la policía, se reconoció autor del asesinato y fue condenado con pruebas circunstanciales. Años más tarde se retractó de su declaración y, con el apoyo de la familia King, pidió la reapertura del caso y la celebración de un nuevo juicio.

Ir Arriba
Ir a BIOGRAFÍAS II


Mahatma Gandhi

Entre los grandes teóricos que modificaron la configuración política e ideológica del mundo en el siglo XX, figura este hombre de austeridad inflexible y absoluta modestia, que se quejaba del título de Mahatma (‘Gran Alma’) que le había dado, contra su voluntad, el poeta Rabindranath Tagore. En un país en que la política era sinónimo de corrupción, Gandhi introdujo la ética en ese dominio a través de la prédica y el ejemplo. Vivió en una pobreza sin paliativos, jamás concedió prebendas a sus familiares y rechazó siempre el poder político, antes y después de la liberación de la India. Este rechazo convirtió al líder de la no violencia en un caso único entre los revolucionarios de todos los tiempos.

Mohandas Karamchand Gandhi nació el 2 de octubre de 1869 en un remoto lugar de la India, en la ciudad costera de Porbandar, del distrito de Gujarat. Este era entonces un mosaico de minúsculos principados cuyos gobernantes tenían un poder absoluto sobre la vida de sus súbditos. Su padre, Karamchand Gandhi, era el primer ministro de Porbandar y pertenecía a la casta de los banias, mercaderes de proverbial astucia y habilidad en el comercio. Su madre, llamada Putlibai, procedía de la secta de los pranamis, quienes mezclaban el hinduismo con las enseñanzas del Corán. En la formación espiritual de Mohandas, que sentía un ilimitado amor por sus padres, además de la adoración a la diosa Visnú que profesaba la familia, concurrieron una serie de culturas y credos amalgamados: el hindú, el musulmán y el jain.

Ejemplo típico de tardía genialidad, Mohandas fue un adolescente silencioso, retraído y poco brillante en los estudios, que pasó sin llamar la atención por las escuelas de Rajkot. Como sus calificaciones no mejoraron en el instituto, la familia decidió enviarlo a Londres para seguir los cursos de abogacía del Inner Temple, cuyas exigencias eran menores que las de las universidades indias. Con miedo y excitación, el muchacho se embarcó en Bombay en septiembre de 1888. Tenía diecinueve años y acababa de ser padre por primera vez.

En Londres vivió tres años, entre 1888 y 1891, período en el que se produjo uno de los hechos más determinantes de su vocación: el descubrimiento de Oriente a través de Occidente. En efecto, en la capital inglesa comenzó a frecuentar a los teósofos, quienes lo iniciaron en la lectura del primer clásico indio, el Bhagavad Gita, al que llegaría a considerar «el libro por excelencia para el conocimiento de la verdad». También allí entró en contacto con las enseñanzas de Cristo y, durante un tiempo, se sintió tan atraído por la ética cristiana que dudó entre esta y el hinduismo. De esa época son sus intentos de sintetizar los preceptos del budismo, el cristianismo, el islamismo y su religión natal, a través de lo que señaló como el principio unificador de todos ellos: la idea de renunciación.

En estos años decisivos para su formación intelectual leyó a Tolstói, en quien más tarde encontraría la guía para el perfeccionamiento de la práctica y la teoría de la no violencia. Cuando regresó a la India con el título de abogado, lo hizo con sus señas de identidad orientales: había ido en busca de la sabiduría occidental y retornaba con el secreto que había hecho sabios a los hindúes.

Al volver a Porbandar, encontró a su familia desintegrada: la madre había muerto poco antes y los Gandhi habían perdido toda influencia en la corte principesca. Como abogado no halló muchas perspectivas, ya que su primera actuación profesional terminó en un humillante fracaso. Entonces, una factoría comercial musulmana le ofreció un contrato para atender un caso de la empresa en Durban, y Gandhi no dejó pasar la oportunidad. Se embarcó hacia Sudáfrica en 1893.

Terminado su trabajo, se enteró de la existencia de un proyecto de ley para retirar el derecho de sufragio a los hindúes. Decidió entonces aplazar la partida un mes para organizar la resistencia de sus compatriotas, y ese mes se convirtió en veintidós años.

Durante esa larga etapa de su vida, su mayor preocupación fue la liberación de la comunidad india, y en ella fue dando forma a las armas de lucha que más tarde utilizaría en su país. En los primeros años, convencido de las buenas intenciones del colonialismo británico, abrió un bufete para defender a sus compatriotas ante los tribunales en Johannesburgo y se propuso articular un movimiento dedicado a la agitación por medios legales. Fundó el periódico "The Indian Opinion" para aglutinar a la comunidad india y, como instrumento de agitación legal, creó el Congreso Indio de Natal. Sus simpatías anglófilas lo llevaron, durante la guerra contra los bóers, a organizar el Cuerpo Indio de Ambulancias, acción que mereció duras críticas por parte de los nacionalistas indios.

A partir de 1904, después de leer la crítica del capitalismo contenida en "Unto the Last", de John Ruskin, modificó su estilo de vida y pasó a llevar una sencilla existencia comunitaria en las afueras de Johannesburgo, donde fundó una comuna llamada Tolstói. En esa época bosquejó la teoría del activismo no violento, que puso en marcha por primera vez para oponerse a la ley de registro. Esta ley obligaba a todos los indios a inscribirse en un registro especial con sus huellas dactilares. Gandhi ordenó a sus compatriotas que no se inscribieran, que comerciaran en las calles sin licencia y, más tarde, que quemaran sus tarjetas de registro frente a la mezquita de Johannesburgo. Como muchos de sus seguidores, fue a parar a la cárcel varias veces, pero el movimiento de resistencia civil obtuvo varios éxitos.

A finales de 1913 partió definitivamente de Sudáfrica con su mujer y sus hijos. Llegó a la India en 1915 como un verdadero héroe, con la aureola de sus campañas en el extranjero. A poco de llegar, en la ciudad de Ahmedabad, fundó una comunidad casi monástica en la que estaban prohibidas las vestimentas extranjeras, las comidas con especias y la propiedad privada. Sus miembros se dedicaban únicamente a dos trabajos materiales: la agricultura, para obtener el sustento, y el tejido a mano, para procurarse el abrigo.

En esos primeros años, Gandhi abandonó toda agitación política a fin de apoyar los esfuerzos bélicos de Gran Bretaña en la Primera Guerra Mundial, llegando incluso al reclutamiento de soldados para el ejército inglés.

Su entrada en la política india no se produjo hasta febrero de 1919, cuando la aprobación de la Ley Rowlatt, que establecía la censura y señalaba duras penas para cualquier sospechoso de terrorismo o sedición, le abrió los ojos acerca de las verdaderas intenciones de los imperialistas ingleses en su país. Gandhi pasó entonces a encabezar la oposición a la ley. Organizó una campaña de propaganda a nivel nacional mediante la no violencia, que comenzó con una huelga general. Esta pronto se extendió a todo el país y las protestas se sucedieron en las principales ciudades, donde se registraron algunos focos de violencia pese a la insistencia del líder en el carácter pacífico de las manifestaciones.

Gandhi se convirtió en el líder nacionalista indiscutido, alcanzando la presidencia del Congreso Nacional Indio —partido fundado por Alan Octavius Hume en 1885—, que él supo convertir en un instrumento efectivo en pro de la independencia. Se pusieron en marcha las grandes campañas de desobediencia civil, que iban desde la negativa masiva a pagar impuestos hasta el boicot a las autoridades. Miles de indios llenaron las cárceles y el propio Gandhi fue detenido en marzo de 1922. Diez días más tarde comenzaba «el Gran Juicio», en el que el Mahatma se declaró culpable y consideró la sentencia a seis años de prisión como un honor, con lo que la sesión terminó con una reverencia mutua entre juez y acusado.

Cuando salió de la cárcel —una apendicitis hizo que las autoridades coloniales lo liberaran en 1924—, encontró que el panorama político se había modificado en su ausencia. Gandhi decidió entonces retirarse de la política para vivir como un anacoreta, en absoluta pobreza y buscando el silencio como fuerza regenerativa. Se convirtió en esos años en el jefe espiritual de la India, en el dirigente religioso de fama internacional que muchos occidentales en busca de la paz espiritual trataban como un gurú.

Su retiro finalizó de manera brusca en 1927, cuando el gobierno británico nombró una comisión encargada de la reforma de la Constitución en la que no participaba ningún nativo. A la cabeza de la lucha política, Gandhi consiguió que todos los partidos del país hicieran el boicot a dicha comisión. La victoria del movimiento animó al Congreso a declarar la independencia de la India el 26 de enero de 1930, y se encargó al Mahatma la dirección de la campaña de no violencia para llevar a la práctica la resolución, que terminó con un pacto de compromiso entre Gandhi y el virrey de Su Majestad británica, en virtud del cual se legalizaba la producción de sal y se liberaba a miles de presos detenidos durante las movilizaciones. Por otra parte, Gandhi fue enviado a Londres para participar en la conferencia que discutía los pasos a seguir para establecer un gobierno constitucional en la India. La presencia del Mahatma en Inglaterra, al margen de la gran acogida popular que le dispensaron los barrios londinenses, no supuso resultados favorables para la causa y, al regresar a su país, se encontró con que Nehru y otros líderes del Congreso se hallaban una vez más en prisión.

Varias veces en su vida, Gandhi recurrió a los ayunos como medio de presión contra el poder, como forma de lucha espectacular y dramática para detener la violencia o llamar la atención de las masas. Desde la prisión de Yervada, donde había sido confinado nuevamente, realizó un «ayuno hasta la muerte» en contra de la celebración de elecciones separadas de hindúes y parias, lo que obligó a todos los líderes políticos a acudir junto a su lecho de prisionero para firmar un pacto con el consentimiento inglés.

El estallido de la Segunda Guerra Mundial fue el motivo de que Gandhi, una vez más, retornara al primer plano político. Su oposición al conflicto bélico era absoluta y no compartía la opinión de Nehru y otros líderes del Congreso, proclives a apoyar la lucha contra el fascismo. Pero la decisión del virrey de incorporar el subcontinente a los preparativos bélicos de Gran Bretaña sin consultar con los políticos locales clarificó las aguas, provocando la dimisión en masa de los ministros pertenecientes al Congreso.

Tras la toma de Rangún por los japoneses, Gandhi exigió la completa independencia de la India para que el país pudiera escoger libremente sus decisiones. Al día siguiente, el 9 de agosto de 1942, fue arrestado junto a otros miembros del Congreso, lo que produjo una sublevación en masa de los nativos, seguida por una serie de revueltas violentas en todo el territorio indio. Esta fue la última prisión del Mahatma y quizá la más dolorosa, porque desde su presidio en Poona se enteró de la muerte de su mujer, Kasturbai. Era ya un anciano frágil y debilitado cuando salió en libertad en el año 1944.

Finalizada la guerra y tras la subida al poder de los laboristas en Inglaterra, Gandhi desempeñó un papel fundamental en las negociaciones que llevaron a la liberación. Sin embargo, su postura opuesta a la partición del subcontinente nada pudo contra la determinación del líder de la Liga Musulmana, Jinnah, defensor de la separación de Pakistán. Dolido por lo que consideró una traición, en 1946 el Mahatma vio con horror cómo los antiguos fantasmas indios resurgían durante la celebración del nombramiento de Nehru como primer jefe de gobierno, lo que fue pretexto de violentos disturbios motivados por la pugna entre hindúes y musulmanes.

Gandhi se trasladó a Noakhali, donde habían comenzado los enfrentamientos, y caminó de pueblo en pueblo, descalzo, tratando de detener las masacres que acompañaron a la partición en Bengala, Calcuta, Bihar, Cachemira y Delhi. Pero sus esfuerzos solo sirvieron para acrecentar el odio que sentían por él los fanáticos extremistas de ambos pueblos: los hindúes atentaron contra su vida en Calcuta y los musulmanes hicieron lo propio en Noakhali. Durante sus últimos días en Delhi, llevó a cabo un ayuno para reconciliar a las dos comunidades, lo cual afectó gravemente su salud. Aun así, apareció de nuevo ante el público unos días antes de su muerte.

El 30 de enero de 1948, cuando al anochecer se dirigía a la plegaria comunitaria, fue alcanzado por las balas de un joven hindú. Murió como un verdadero Mahatma, con la palabra Rama («Dios») en sus labios. Como dijo Einstein: «Quizá las generaciones venideras duden alguna vez de que un hombre semejante fuese una realidad de carne y hueso en este mundo».

Ir Arriba
Ir a BIOGRAFÍAS II


Nelson Mandela

Nelson Mandela nació el 18 de julio de 1918. Renunció al derecho hereditario a ser líder de una tribu y optó por estudiar Derecho, ingresando en 1944 al Congreso Nacional Africano (ANC), un movimiento creado para luchar contra la opresión y la marginación de los negros. Sobresalió como líder de la Liga de la Juventud del Congreso, enarbolando un socialismo antirracista, nacionalista y antiimperialista. Para 1952, Mandela presidía el ANC en el norte de Sudáfrica, convirtiéndose en uno de los principales líderes del movimiento. Sus actividades le llevaron a la cárcel en varias ocasiones.

En 1962 viajó por varios países africanos en busca de fondos para el movimiento y realizando labores de propaganda y, a su regreso, fue detenido, condenado a cadena perpetua (12 de junio de 1964) y confinado en la Prisión Central de Pretoria hasta 1982, desde donde fue transferido a la prisión de la isla de Robben, a unos 12 kilómetros de Ciudad del Cabo. «He buscado el ideal de una sociedad libre y democrática, en la que todas las personas vivan juntas en armonía e igualdad de oportunidades…», expresaba Nelson Mandela en ese momento.

A mediados de los años ochenta se le ofreció la libertad a cambio de instalarse en uno de los “bantustanes”, oferta que Mandela rechazó. La continua lucha llevada a cabo por el Congreso Nacional Africano y la solidaridad internacional en contra de la segregación llevaron al presidente Frederik de Klerk a poner fin al “apartheid” y a la liberación definitiva de Nelson Mandela, a quien convirtió en su principal aliado en el proceso de democratización. Ambos compartieron el Premio Nobel de la Paz el 10 de diciembre de 1993.

Las elecciones de 1994 convirtieron a Mandela en el primer presidente negro de Sudáfrica, con una votación del 62,6 %. Desde la presidencia implementó una política de integración y reconciliación nacional, con la finalidad de crear «una nueva Sudáfrica donde todos fueran iguales y trabajaran juntos para conseguir la seguridad, la paz y la democracia del país».

La nueva Constitución que se promulgó durante su mandato resaltaba los ideales de libertad, igualdad y justicia social a los que aspiraba la gran mayoría de la nación. Su liderazgo, basado en el conocimiento de las estructuras internas de la sociedad sudafricana, se manifestó en todo momento. Como señala Jorge Plejánov en “El papel del individuo en la Historia”: «Sabemos ahora que los individuos ejercen una gran influencia en el destino de la sociedad, pero sabemos que esa influencia está determinada por la estructura interna de aquella y por su relación con otras sociedades».

Su dedicación al conocimiento de los males que padecía el 76 % de la población le llevó a interpretar las aspiraciones de ese amplio sector marginado, asentado en reservas regidas por una falsa independencia, experiencia imprescindible para su formación como líder y básica para la obtención de las reivindicaciones en las que fundamentó su lucha. En Mandela recayeron las esperanzas de un pueblo que, si bien avanzó en derechos políticos bajo su presidencia, se mantenía rezagado en lo social y en la distribución de la riqueza.

En los primeros meses de su gobierno no cobraba salario y, cuando lo hizo, impulsó un proyecto de ley para reducir su sueldo y el de los demás funcionarios de su gabinete. El sistema político funcionó, y el Congreso Nacional Africano hizo compatible su ideología con el sistema capitalista, planificando una política monetaria antiinflacionaria, con disciplina fiscal y presupuestos equilibrados. Fue austero en su gestión y un trabajador incansable en la búsqueda de soluciones a los problemas sociales. A su salida se logró cierto equilibrio entre el desarrollo socioeconómico de la población negra y la permanencia del control financiero en manos de la población blanca.

Mandela anunció en julio de 1996, a pesar de faltarle casi cuatro años para concluir su mandato, que no optaría a la reelección —permitida por la Constitución— y propuso que el vicepresidente asumiera el liderazgo del partido y del Gobierno. La transferencia de la presidencia del Congreso Nacional Africano y la proclamación del candidato presidencial se produjeron el 18 de diciembre de 1997.

Mbeki, el único vicepresidente que permanecía en el cargo, ejerció como jefe del Gobierno, mientras Mandela se alejaba progresivamente del poder y dedicaba gran parte de su tiempo a la actividad internacional y a su papel simbólico como “padre de la patria”. En 1999 se despidió de su pueblo con mensajes de carácter moral, calificando a la sociedad sudafricana como una «sociedad enferma, incapaz de librarse de las lacras de la violencia y el sectarismo».

Ir Arriba
Ir a BIOGRAFÍAS II


Yasser Arafat

Yasser Arafat (1929-2004), líder que decidió luchar durante 40 años en diferentes guerras, resistencias, pactos y labores para conseguir un Estado independiente palestino y la ansiada paz en el Medio Oriente. «Cerró sus ojos y su gran corazón se detuvo. Se fue con Dios, pero aún está junto a su pueblo» (Tayeb Abdel Rahim, su asistente personal).

Nació el 4 de agosto de 1929 en El Cairo, Egipto. Fue el quinto de siete hermanos y su verdadero nombre era Muhammad Abd al-Rahman ar-Rauf al-Qudwah al-Husayni. Su padre fue un comerciante textil, con algunos ancestros egipcios; su madre provenía de una prominente familia palestina de Jerusalén. Estudió ingeniería en la Universidad Rey Faud I (conocida después como Universidad del Cairo). Allí comenzó su vida política, presidiendo la Asociación de Estudiantes Palestinos (entre 1952 y 1956).

Una vez que concluyó sus estudios, fue teniente segundo en el ejército egipcio durante la crisis del Canal de Suez. Luego se trasladó a Kuwait y trabajó un tiempo como ingeniero, hasta que creó su propia empresa.

A finales de la década de los cincuenta, Arafat fundó, junto con Abu Jihad, Jaled el Hassan y Abu Yiad, el movimiento Al-Fatah (reconquista), que reclamaba el territorio palestino ocupado por Israel. Este movimiento fue el componente principal de la Organización para la Liberación de Palestina (OLP).

La primera acción de Al-Fatah (1964) fue el ataque a una estación de bombeo de un asentamiento paramilitar israelí. A partir de esa fecha empezó la auténtica lucha para la reconquista de las tierras ocupadas, ya que, tras la derrota de los árabes en la Guerra de los Seis Días (1967), renació con fuerza la OLP. En la primavera de ese mismo año, apenas tres años después de su primera operación militar contra Israel, la directiva de Al-Fatah abrió un segundo frente: el de la concertación diplomática.

En febrero de 1969, Arafat pasó a presidir ambas formaciones, simbolizando desde entonces las aspiraciones palestinas a la posesión de un Estado propio, frente a las ambiciones territoriales de Israel y de sus vecinos árabes. Durante ese tiempo, sobrevivió a multitud de atentados y ejerció un papel moderador frente a las tendencias árabes radicales. Confinado en el Líbano tras los dramáticos acontecimientos del «Septiembre Negro» de 1970, que llevaron a la expulsión de la guerrilla palestina desde Jordania, trató de ampliar los contactos políticos con Occidente. Sin embargo, al observar la seguidilla de derrotas, se dio cuenta de que era imposible llevar a cabo operaciones militares exitosas contra el ejército israelí, por lo que volvió a apostar por la vía diplomática. En efecto, en 1974, la OLP renunció a la estrategia de la lucha armada a cambio de un escaño de observador en las Naciones Unidas (ONU), en virtud del reconocimiento de la organización como legítima representante del pueblo palestino.

El ataque israelí al Líbano, entre 1982 y 1985, privó a la OLP de las bases desde las cuales había organizado sus acciones armadas contra Israel (Beirut) y obligó a Arafat a refugiarse con su organización en Túnez. El protagonismo de la lucha palestina pasó entonces al interior, a las poblaciones de los territorios ocupados, que desde 1987 crearon un clima de rebelión permanente contra las autoridades israelíes, conocido como Intifada (levantamiento popular surgido en los territorios de Gaza y Cisjordania).

Ese mismo año, meses después del inicio de la primera intifada, Arafat intentó capitalizar ese movimiento proclamando simbólicamente la creación de un Estado palestino independiente. Pero las sucesivas derrotas militares de los árabes acabaron por convencerlo, a raíz de la desaparición de la Unión Soviética y de la Guerra del Golfo a inicios de la década de los noventa, de la necesidad de llegar a un entendimiento con Israel.

A partir de ese momento, Arafat asumió el papel de mediador entre regímenes árabes progresistas y conservadores, como entre Siria y Arabia Saudita, o entre Irak y Kuwait. El 13 de diciembre de 1988, Arafat aceptó la resolución de la ONU y renunció a «todo acto de terrorismo en todas sus formas, incluido el terrorismo de Estado».

Así fue como, en 1991, Israel abrió por primera vez la discusión con un líder de la OLP; pero, al estallar la guerra del Golfo y oponerse Arafat a la invasión por parte de EE. UU., se paralizaron las reuniones por la paz, que más tarde se reanudarían con la Conferencia de Paz de Oriente Medio, celebrada en Madrid y luego en Washington. En esos años, sectores de la población palestina lo criticaron por emplear la vía negociadora. Finalmente, el objetivo se logró el 13 de diciembre de 1993, con la firma de los acuerdos de Oslo entre Arafat, Rabin y Bill Clinton, donde se reconoció la autonomía palestina y el reconocimiento mutuo entre Israel y la OLP.

El 1 de julio de 1994, Arafat, o Abu Amar (nombre de guerra), regresó a la Franja de Gaza para dirigir la Autoridad Nacional Palestina (ANP). Ese mismo año recibió el Premio Nobel de la Paz, junto con Yitzhak Rabin y Shimon Peres. En 1996 fue elegido presidente de la ANP y, en 1999, inició nuevas negociaciones con el primer ministro israelí Ehud Barak.

A mediados del año 2000 fracasó la cumbre de Camp David, lo que provocó el desencanto palestino y el estallido de la segunda Intifada. La elección de Ariel Sharon en 2001 intensificó la violencia y llevó al confinamiento de Arafat en su cuartel general en Ramala. A pesar de ello, siguió siendo un símbolo de resistencia para su pueblo.

A finales de 2004, tras más de dos años confinado, Arafat enfermó y entró en coma. Murió el 11 de noviembre de 2004, a los 75 años, en París. Fue enterrado en Ramala sin ver cumplido su sueño de un Estado palestino independiente.

Dedicó su vida a la causa palestina y se convirtió en un símbolo de la lucha por la autodeterminación de su pueblo.

Ir Arriba
Ir a BIOGRAFÍAS II


Madre Teresa de Calcuta

(Agnes Gonxha Bojaxhiu; Skopje, actual Macedonia, 1910 - Calcuta, 1997) Religiosa albanesa, nacionalizada india. Nacida en el seno de una familia católica albanesa, la profunda religiosidad de su madre despertó en ella su vocación de misionera a los doce años. Siendo aún una niña, ingresó en la Congregación Mariana de las Hijas de María, donde inició su actividad de asistencia a los más necesitados. A los dieciocho años, abandonó para siempre su ciudad natal y viajó hasta Dublín para profesar en la Congregación de Nuestra Señora de Loreto. Como quería ser misionera en la India, embarcó hacia Bengala, donde cursó estudios de magisterio y eligió el nombre de Teresa al profesar. Ejerció como maestra en la St. Mary's High School de Calcuta hasta 1948, año en que obtuvo la autorización de Roma para dedicarse al apostolado en favor de los pobres.

En 1950, la Madre Teresa de Calcuta fundó la Congregación de las Misioneras de la Caridad, aprobada en 1965 por Pablo VI. Las integrantes de esta congregación, que debían sumar a los votos tradicionales el de la dedicación a los «más pobres de entre los pobres», lograron una rápida implantación en la India y en otros casi cien países del mundo; por su parte, la fundadora se movilizó contra el aborto y la eutanasia, en consonancia con la doctrina pontificia de Juan Pablo II.

En 1972, la Madre Teresa de Calcuta recibió el Premio de la Fundación Kennedy y, en 1979, el Premio Nobel de la Paz, cuya dotación económica donó a los pobres. En 1986 recibió la visita de Juan Pablo II en la Nirmal Hidray o Casa del Corazón Puro, fundada por ella y más conocida en Calcuta como la Casa del Moribundo. Tras superar numerosos quebrantos de salud, falleció el 5 de septiembre de 1997, víctima de un paro cardíaco. Miles de personas de todo el mundo se congregaron en la India para despedir a la «Santa de las Cloacas». Fue beatificada en 2003 por Juan Pablo II.

Ir Arriba
Ir a BIOGRAFÍAS II


Alejandro Magno

Para la historia de la civilización antigua, las hazañas de Alejandro Magno supusieron un torbellino de tales proporciones que aún hoy puede hablarse, sin paliativos, de un antes y un después de su paso por el mundo. Aunque su legado —la extensión de la cultura helénica hasta los confines más remotos— se vio favorecido por diversas circunstancias, su biografía es una auténtica epopeya y el ejemplo de cómo algunos hombres descuellan sobre sus contemporáneos para alimentar la imaginación de las generaciones venideras.

En la segunda mitad del siglo IV a. C., Macedonia inició su expansión bajo el mando de Filipo II, quien perfeccionó la táctica militar de la falange. Alejandro nació en Pela en 356 a. C., hijo de Filipo II y de Olimpias. Desde joven recibió una formación rigurosa y, bajo la tutela de Aristóteles, adquirió una sólida educación en filosofía, política y literatura, desarrollando una especial admiración por la Ilíada.

Desde temprana edad destacó por su carácter y valor. A los dieciséis años ya ejercía como regente y participaba en campañas militares. En la batalla de Queronea (338 a. C.) demostró su talento estratégico, ganándose el respeto del ejército. Tras el asesinato de su padre en 336 a. C., asumió el trono y consolidó su poder en Grecia, sofocando rebeliones como la de Tebas.

En 334 a. C. inició la conquista del Imperio persa. Cruzó el Helesponto y venció en el Gránico, Issos y Gaugamela, derrotando definitivamente a Darío III. En su avance conquistó ciudades clave, fundó Alejandría en Egipto y se proclamó hijo de Amón. Su dominio se extendió desde Grecia hasta Egipto y Persia, y continuó hasta la India, donde enfrentó al rey Poros.

A pesar de sus éxitos, el desgaste de sus tropas lo obligó a regresar en 326 a. C. Durante el retorno sufrió grandes pérdidas. Ya en Babilonia, intentó consolidar un imperio que integrara culturas orientales y griegas, promoviendo matrimonios mixtos y adoptando costumbres persas.

La muerte de su amigo Hefestión lo afectó profundamente, y poco después, en 323 a. C., Alejandro murió en Babilonia a los treinta y tres años. Su imperio se fragmentó tras su fallecimiento, pero su figura perduró como símbolo de conquista, ambición y grandeza histórica.

Ir Arriba
Ir a BIOGRAFÍAS II


Julio César

Cayo Julio César: militar y político cuya dictadura puso fin a la República en Roma (Roma, 100-44 a. C.). Procedente de una de las más antiguas familias del patriciado romano, los Julios, fue educado esmeradamente con maestros griegos.

Julio César pasó una juventud disipada, en la que empezó muy pronto a acercarse al partido político «popular», al cual le unía su relación familiar con Mario. Se ganó el apoyo de la plebe subvencionando fiestas y obras públicas y fue acrecentando su prestigio en los diferentes cargos que ocupó: cuestor (69), edil (65), gran pontífice (63), pretor (62) y propretor de la Hispania Ulterior (61-60). De regreso a Roma, consiguió un gran éxito político al reconciliar a los dos líderes rivales, Craso y Pompeyo, a los que unió consigo mismo mediante un acuerdo privado para repartirse el poder formando un triunvirato y así oponerse a quienes dominaban el Senado (60). Al año siguiente fue elegido cónsul (59), y las medidas que adoptó vinieron a acrecentar su popularidad: repartió lotes de tierra entre veteranos y parados, aumentó los controles sobre los gobernadores provinciales y dio publicidad a las discusiones del Senado. Pero su ambición política iba más allá y, buscando la base para obtener un poder personal absoluto, se hizo conceder por cinco años el control de varias provincias (Galia Cisalpina, Narbonense e Iliria).

El triunvirato fue fortalecido por el Convenio de Luca (56), que aseguraba ventajas para cada uno de sus componentes; pero respondía a un equilibrio inestable que habría de evolucionar hacia la concentración del poder en una sola mano. Craso murió durante una expedición contra los partos (53) y la rivalidad entre César y Pompeyo no encontró freno una vez muerta Julia, la hija de aquel casada con este (54). Entretanto, César se había lanzado a la conquista del resto de las Galias, que no solo completó, sino que aseguró lanzando dos expediciones a Britania y otras dos a Germania, cruzando el Rin. Con ello llegó a dominar un vasto territorio que aportaba a Roma una obra comparable a la de Pompeyo en Oriente.

El prestigio y el poder alcanzados por César preocuparon a Pompeyo, elegido cónsul único en Roma en medio de una situación de caos por las luchas entre mercenarios (52). Conminado por el Senado a licenciar sus tropas, prefirió enfrentarse a Pompeyo, a quien el Senado había confiado la defensa de la República como última esperanza de salvaguardar el orden oligárquico tradicional.

Tras pasar el río Rubicón —que marcaba el límite de su jurisdicción—, César inició una guerra civil de tres años (49-46) en la que resultó victorioso: conquistó primero Roma e Italia; luego invadió Hispania; y finalmente se dirigió a Oriente, donde se había refugiado Pompeyo. Persiguiendo a este, llegó a Egipto, donde aprovechó para intervenir en una disputa sucesoria de la familia faraónica, tomando partido en favor de Cleopatra («Guerra Alejandrina», 48-47).

Asesinado Pompeyo en Egipto, César prosiguió la lucha contra sus partidarios. Primero hubo de vencer al rey del Ponto, Pharnaces, en la batalla de Zela (47), que definió con su famosa sentencia veni, vidi, vici («llegué, vi y vencí»); luego derrotó a los últimos pompeyanos que resistían en África (batalla de Tapso, 46) y a los propios hijos de Pompeyo en Hispania (batalla de Munda, cerca de Córdoba, 45). Vencedor en tan larga guerra civil, acalló a los descontentos repartiendo dádivas y recompensas durante las celebraciones que organizó en Roma por la victoria.

Una vez dueño de la situación, acumuló cargos y honores que fortalecieron su poder personal: cónsul por diez años, prefecto de las costumbres, jefe supremo del ejército, pontífice máximo (sumo sacerdote), dictador perpetuo y emperador con derecho de transmisión hereditaria, si bien rechazó la diadema real que le ofreció Marco Antonio. El Senado fue reducido a un mero consejo del príncipe. Estableció así una dictadura militar disimulada por la apariencia de acumulación de magistraturas civiles.

Julio César murió asesinado en una conjura dirigida por Casio y Bruto, que le impidió completar sus reformas; no obstante, dejó terminadas algunas, como el cambio del calendario (que se mantuvo hasta el siglo XVI), una nueva ley municipal que concedía mayor autonomía a las ciudades o el reasentamiento como agricultores de las masas italianas proletarizadas. Todo apuntaba a transformar Roma de la ciudad-estado que había sido en cabeza de un imperio que abarcara la práctica totalidad del mundo conocido, al tiempo que se transformaba su vieja constitución oligárquica en una monarquía autoritaria de tintes populistas; dicha obra sería completada por su sobrino-nieto y sucesor, Octavio Augusto.

Ir Arriba
Ir a BIOGRAFÍAS II


Platón

Filósofo griego (Atenas, 427-347 a. C.). Nacido en el seno de una familia aristocrática, abandonó su vocación política por la Filosofía, atraído por Sócrates. Siguió a éste durante veinte años y se enfrentó abiertamente a los sofistas (Protágoras, Gorgias…). Tras la muerte de Sócrates (399 a. C.), se apartó completamente de la política; no obstante, los temas políticos ocuparon siempre un lugar central en su pensamiento, y llegó a concebir un modelo ideal de Estado. Viajó por Oriente y el sur de Italia, donde entró en contacto con los discípulos de Pitágoras; luego pasó algún tiempo prisionero de unos piratas, hasta que fue rescatado y pudo regresar a Atenas.

Allí fundó una escuela de Filosofía en el 387, situada en las afueras de la ciudad, junto al jardín dedicado al héroe Academo, de donde procede el nombre de Academia. La escuela, una especie de secta de sabios organizada con sus reglamentos, residencia de estudiantes, biblioteca, aulas y seminarios especializados, fue el precedente y modelo de las modernas instituciones universitarias. En ella se estudiaba e investigaba sobre todo tipo de asuntos, dado que la Filosofía englobaba la totalidad del saber, hasta que paulatinamente fueron apareciendo —en la propia Academia— las disciplinas especializadas que darían lugar a ramas diferenciadas del saber, como la Lógica, la Ética o la Física. Pervivió más de novecientos años, hasta que Justiniano la mandó cerrar en el 529 d. C., y en ella se educaron personajes de importancia tan fundamental como Aristóteles.

A diferencia de Sócrates, que no dejó obra escrita, los trabajos de Platón se han conservado casi completos, y se le considera por ello el fundador de la Filosofía académica (a pesar de que su obra es fundamentalmente un desarrollo del pensamiento socrático). La mayor parte están escritos en forma de diálogos, como los de La República, Las Leyes, El Banquete, Fedro o Fedón. El contenido de estos escritos es una especulación metafísica, pero con evidente orientación práctica. El mundo del verdadero ser es el de las ideas, mientras que el mundo de las apariencias que nos rodean está sometido a continuo cambio y degeneración. Igualmente, el hombre es un compuesto de dos realidades distintas unidas accidentalmente: el cuerpo mortal (relacionado con el mundo sensible) y el alma inmortal (perteneciente al mundo de las ideas, que contempló antes de unirse al cuerpo). Este hombre dual solo podría conseguir la felicidad mediante un ejercicio continuado de la virtud para perfeccionar el alma; y la virtud significaba, ante todo, la justicia, compendio armónico de las tres virtudes particulares que correspondían a los tres componentes del alma: sabiduría de la razón, fortaleza del ánimo y templanza de los apetitos. El hombre auténtico será, para Platón, aquel que consiga vincularse a las ideas a través del conocimiento, acto intelectual —y no de los sentidos— consistente en que el alma recuerde el mundo de las ideas del cual procede.

Sin embargo, la completa realización de este ideal humano solo puede realizarse en la vida social de la comunidad política, donde el Estado da armonía y consistencia a las virtudes individuales. El Estado ideal de Platón sería una república formada por tres clases de ciudadanos —el pueblo, los guerreros y los filósofos—, cada una con su misión específica y sus virtudes características: los filósofos serían los llamados a gobernar la comunidad, por poseer la virtud de la sabiduría; los guerreros velarían por el orden y la defensa, apoyándose en su virtud de la fortaleza; y el pueblo trabajaría en actividades productivas, cultivando la templanza.

Las dos clases superiores vivirían en un régimen comunitario donde todo (bienes, hijos y mujeres) pertenecería al Estado, dejando para el pueblo llano instituciones como la familia y la propiedad privada; y sería el Estado el que se encargaría de la educación y de la selección de los individuos en función de su capacidad y sus virtudes, para destinarlos a cada clase. La justicia se lograría colectivamente cuando cada individuo se integrase plenamente en su papel, subordinando sus intereses a los del Estado.

Platón intentó plasmar en la práctica sus ideas filosóficas, aceptando acompañar a su discípulo Dión como preceptor y asesor del joven rey Dionisio II de Siracusa; el choque entre el pensamiento idealista del filósofo y la cruda realidad de la política hizo fracasar el experimento por dos veces (367 y 361 a. C.). Sin embargo, sus ideas siguieron influyendo —por sí o a través de su discípulo Aristóteles— sobre toda la historia posterior del mundo occidental: su concepción dualista del ser humano o la división de la sociedad en tres órdenes funcionales serían ideas recurrentes del pensamiento europeo durante siglos. Al final de la Antigüedad, el platonismo se enriqueció con la obra de Plotino y la escuela neoplatónica.

Ir Arriba
Ir a BIOGRAFÍAS II


Aristóteles

Aristóteles nació en el año 384 a. C. en una pequeña localidad macedonia cercana al monte Athos llamada Estagira, de donde procede su sobrenombre, el Estagirita. Su padre, Nicómaco, era médico de la corte de Amintas III, padre de Filipo y, por tanto, abuelo de Alejandro Magno. Nicómaco pertenecía a la familia de los Asclepíades, que se reclamaba descendiente del dios fundador de la medicina y cuyo saber se transmitía de generación en generación. Esto hace pensar que Aristóteles fue iniciado de niño en los secretos de la medicina y de ahí le vino su afición por la investigación experimental y la ciencia positiva. Huérfano de padre y madre en plena adolescencia, fue adoptado por Proxeno, al cual pudo mostrar años después su gratitud adoptando a un hijo suyo llamado Nicanor.

En el año 367, es decir, cuando contaba diecisiete años de edad, fue enviado a Atenas para estudiar en la Academia de Platón. No se sabe qué clase de relación personal se estableció entre ambos filósofos, pero, a juzgar por las escasas referencias que hacen el uno del otro en sus escritos, no cabe hablar de una amistad imperecedera. Lo cual, por otra parte, resulta lógico si se tiene en cuenta que Aristóteles iba a iniciar su propio sistema filosófico fundándolo en una profunda crítica al platónico. Ambos partían de Sócrates y de su concepto de eidos, pero las dificultades de Platón para insertar su mundo eidético, el de las ideas, en el mundo real obligaron a Aristóteles a ir perfilando términos como «sustancia», «esencia» y «forma», que le alejarían definitivamente de la Academia. En cambio, es absolutamente falsa la leyenda según la cual Aristóteles se marchó de Atenas despechado porque Platón, a su muerte, designase a su sobrino Espeusipo para hacerse cargo de la Academia. En su condición de macedonio, Aristóteles no era legalmente elegible para ese puesto.

A la muerte de Platón, ocurrida en el 348, Aristóteles contaba treinta y seis años de edad, había pasado veinte de ellos simultaneando la enseñanza con el estudio y se encontraba en Atenas, como suele decirse, sin oficio ni beneficio. Así que no debió de pensárselo mucho cuando supo que Hermias de Atarneo, un soldado de fortuna griego que se había apoderado del sector noroeste de Asia Menor, estaba reuniendo en la ciudad de Axos a cuantos discípulos de la Academia quisieran colaborar con él en la helenización de sus dominios. Aristóteles se instaló en Axos en compañía de Xenócrates de Calcedonia, un colega académico, y de Teofrasto, discípulo y futuro heredero del legado aristotélico.

El Estagirita pasaría allí tres años apacibles y fructíferos, dedicándose a la enseñanza, a la escritura (gran parte de su Política la redactó allí) y a la reproducción, ya que primero se casó con una sobrina de Hermias llamada Pitias, con la que tuvo una hija. Pitias debió de morir muy poco después y Aristóteles se unió a otra estagirita, de nombre Erpilis, que le dio un hijo, Nicómaco, al que dedicaría su Ética. Dado que el propio Aristóteles dejó escrito que el varón debe casarse a los treinta y siete años y la mujer a los dieciocho, resulta fácil deducir qué edades debían tener una y otra cuando se unió a ellas.

Tras el asesinato de Hermias, en el 345, Aristóteles se instaló en Mitilene (isla de Lesbos), dedicándose, en compañía de Teofrasto, al estudio de la biología. Dos años más tarde, en el 343, fue contratado por Filipo de Macedonia para que se hiciese cargo de la educación de su hijo Alejandro, a la sazón de trece años de edad. Tampoco se sabe mucho de la relación entre ambos, ya que las leyendas y las falsificaciones han borrado todo rastro de verdad. Pero, de ser cierto el carácter que sus contemporáneos atribuyen a Alejandro (al que tachan unánimemente de arrogante, bebedor, cruel, vengativo e ignorante), no se advierte rasgo alguno de la influencia que Aristóteles pudo ejercer sobre él. Como tampoco se advierte la influencia de Alejandro sobre su maestro en el terreno político, pues Aristóteles seguía predicando la superioridad de las ciudades estado cuando su presunto discípulo estaba poniendo ya las bases de un imperio universal.

Poco después de la muerte de Filipo, Alejandro hizo ejecutar a un sobrino de Aristóteles, Calístenes de Olinto, a quien acusaba de traidor. Conociendo el carácter vengativo de su discípulo, Aristóteles se refugió un año en sus propiedades de Estagira, trasladándose en el 334 a Atenas para fundar, siempre en compañía de Teofrasto, el Liceo, una institución pedagógica que durante años habría de competir con la Academia platónica, dirigida en ese momento por su viejo camarada Xenócrates de Calcedonia.

Los once años que median entre su regreso a Atenas y la muerte de Alejandro, en el 323, fueron aprovechados por Aristóteles para llevar a cabo una profunda revisión de una obra que, al decir de Hegel, constituye el fundamento de todas las ciencias. Aristóteles fue un prodigioso sintetizador del saber, tan atento a las generalizaciones que constituyen la ciencia como a las diferencias que no solo distinguen a los individuos entre sí, sino que impiden la reducción de los grandes géneros de fenómenos y las ciencias que los estudian. Como él mismo dice, los seres pueden ser móviles e inmóviles, y al mismo tiempo separados (de la materia) o no separados. La ciencia que estudia los seres móviles y no separados es la física; la de los seres inmóviles y no separados, la matemática; y la de los seres inmóviles y separados, la teología.

La amplitud y la profundidad de su pensamiento son tales que fue preciso esperar dos mil años para que surgiese alguien de talla parecida. Durante ese período, su autoridad llegó a quedar tan establecida e incuestionada como la que ejercía la Iglesia, y tanto en la ciencia como en la filosofía todo intento de avance intelectual ha tenido que empezar con un ataque a cualquiera de los principios filosóficos aristotélicos. Sin embargo, el camino seguido por su pensamiento hasta alcanzar su actual preeminencia es tan asombroso que, aun descontando lo que la leyenda haya podido añadir, parece un argumento de novela de aventuras.

Con la muerte de Alejandro, en el 323, se extendió en Atenas una oleada de nacionalismo (antimacedonio) desencadenada por Demóstenes, hecho que le supuso a Aristóteles enfrentarse a una acusación de impiedad. No estando en su ánimo repetir la aventura de Sócrates, Aristóteles se exilió a la isla de Calcis, donde murió en el 322. Según la tradición, Aristóteles le cedió sus obras a Teofrasto, el cual se las cedió a su vez a Neleo, quien las envió a casa de sus padres en Esquepsis sólidamente embaladas en cajas y con la orden de que las escondiesen en una cueva para evitar que fuesen requisadas con destino a la biblioteca de Pérgamo.

Años después, los herederos de Neleo se las vendieron a Apelicón de Teos, un filósofo que se las llevó consigo a Atenas. En el 86 a. C., en plena ocupación romana, Sila se enteró de la existencia de esas cajas y las requisó para enviarlas a Roma, donde fueron compradas por Tiranión el Gramático. Las obras fueron sufriendo sucesivos deterioros hasta que, en el año 60 a. C., fueron adquiridas por Andrónico de Rodas, el último responsable del Liceo, quien procedió a su edición definitiva. A él se debe la invención del término «metafísica», título bajo el que se agrupan los libros VII, VIII y IX y que significa, sencillamente, que van a continuación de la física.

Con la caída del Imperio romano, las obras de Aristóteles, como las del resto de la cultura grecorromana, desaparecieron hasta que, bien entrado el siglo XIII, fueron recuperadas por el árabe Averroes, quien las conoció a través de las versiones sirias, árabes y judías. Del total de 170 obras que los catálogos antiguos recogían, solo se han conservado 30, que ocupan unas 2.000 páginas impresas. La mayoría procede de los llamados escritos «acroamáticos», concebidos para ser utilizados como tratados en el Liceo y no para ser publicados. En cambio, todas las obras publicadas en vida del propio Aristóteles, escritas para el público general en forma de diálogos, se han perdido.

Ir Arriba
Ir a BIOGRAFÍAS II


Hernán Cortés

Conquistador español de México (Medellín, Badajoz, 1485 - Castilleja de la Cuesta, Sevilla, 1547). Procedente de una familia de hidalgos de Extremadura, Hernán Cortés estudió brevemente en la Universidad de Salamanca. En 1504 pasó a las Indias recién descubiertas por Colón y se estableció como escribano y terrateniente en La Española (Santo Domingo). Participó en la expedición a Cuba de 1511 como secretario del gobernador Diego Velázquez, con quien emparentó al casarse con su cuñada, y que lo nombró alcalde de la nueva ciudad de Santiago.

En 1518 Diego Velázquez confió a Hernán Cortés el mando de una expedición a Yucatán; sin embargo, el gobernador desconfiaba de Cortés, a quien ya había encarcelado en una ocasión acusado de conspiración, y decidió relevarlo del encargo antes de partir. Advertido Cortés, aceleró la partida y se hizo a la mar antes de recibir la notificación (1519). Con once barcos, unos seiscientos hombres, 16 caballos y 14 piezas de artillería, Hernán Cortés navegó desde Santiago a Cozumel y Tabasco; allí derrotó a los mayas y recibió —entre otros regalos— a la india doña Marina, que le serviría como amante, consejera e intérprete durante toda la campaña.

Desobedeciendo órdenes expresas del gobernador Velázquez, fundó en la costa del golfo de México la ciudad de Villa Rica de la Veracruz. Allí tuvo noticias de la existencia del imperio azteca en el interior, cuya capital se decía que guardaba grandes tesoros, y se aprestó a su conquista. Para evitar la tentación de regresar, que amenazaba a muchos de sus hombres ante la evidente inferioridad numérica, Hernán Cortés hundió sus naves en Veracruz. Logró la alianza de algunos pueblos indígenas sometidos a los aztecas, como los toltecas y tlaxcaltecas. Tras saquear Cholula, llegó a la capital azteca, Tenochtitlán, donde fue recibido pacíficamente por el emperador Moctezuma, que se declaró vasallo del rey de Castilla.

Tuvo que dejar la ciudad a su lugarteniente Alvarado para hacer frente a las tropas de Pánfilo de Narváez, enviadas por el gobernador Velázquez para castigar su rebeldía y devolverlo a Cuba; Cortés los derrotó en Cempoala y consiguió que se uniese a él la mayor parte del contingente (1520). Cuando regresó a Tenochtitlán, encontró una gran agitación indígena contra los españoles a causa de los ataques realizados a sus creencias y símbolos religiosos y de la matanza de sus nobles por Alvarado para desbaratar una supuesta conspiración. Hizo prisionero a Moctezuma e intentó que este mediara para calmar a su pueblo, sin lograr otra cosa que la muerte del emperador. Finalmente, Cortés se vio obligado a abandonar Tenochtitlán en la llamada «Noche Triste» (30 de junio de 1520), en la que su pequeño ejército resultó diezmado. Refugiado en Tlaxcala, siguió luchando contra los aztecas —ahora bajo el mando de Cuauhtémoc—, a los que derrotó en la batalla de Otumba; y, finalmente, cercó y tomó Tenochtitlán (1521). Destruida la capital azteca, reconstruyó en el mismo lugar (una isla en el centro de un lago) la ciudad española de México. Dominado el antiguo imperio azteca, lanzó expediciones hacia el sur para anexionar los territorios de Yucatán, Honduras y Guatemala.

Los detalles de la conquista de México, así como los argumentos que justificaban las decisiones de Hernán Cortés, fueron expuestos en las cuatro Cartas de relación que envió al rey. En 1522 fue nombrado gobernador y capitán general de Nueva España (nombre que dieron los conquistadores al territorio mexicano). Sin embargo, la Corona española —ya en manos de Carlos I— practicó una política de recorte de los poderes de los conquistadores para controlar más directamente las Indias; funcionarios reales aparecieron en México enviados para compartir la autoridad de Cortés hasta que, en 1528, este fue destituido y enviado a la Península.

En España salió absuelto de todas las acusaciones e incluso fue nombrado marqués del Valle de Oaxaca, además de conservar el cargo honorífico de capitán general, aunque sin funciones gubernativas. De vuelta a México en 1530, todavía organizó algunas expediciones de conquista, como las que incorporaron a México la Baja California (1533 y 1539). Regresó nuevamente a España y se instaló en un pueblo cercano a Sevilla, donde reunió una tertulia literaria y humanística. El conquistador de México, impulsado por un gran fervor religioso —aparte de la ambición de honores y riquezas común a todos los conquistadores—, fue un hombre culto y con preocupaciones morales inusuales en su entorno (como la de plantearse si era legítimo esclavizar a los indios).

Ir Arriba
Ir a BIOGRAFÍAS II


Leonardo da Vinci

Leonardo da Vinci (1452-1519), uno de los exponentes del Renacimiento, fue pintor, escultor, arquitecto, ingeniero y científico. Se destacaba por su profunda pasión por el conocimiento y la investigación. Se constituyó en un claro innovador en el campo de la pintura, dando lugar a la evolución del arte italiano durante más de un siglo después de su muerte. Por otra parte, también se destacó en el campo de la ciencia; sus investigaciones en las áreas de anatomía, óptica e hidráulica anticiparon muchos avances de la ciencia moderna.

Leonardo di ser Piero da Vinci, hijo natural e ilegítimo de ser Piero da Vinci (un notario florentino), nació el 15 de abril de 1452 en una casa de Anchiano —a tres kilómetros del pueblo toscano de Vinci—. Fue criado en la casa de su abuelo paterno y ser Piero arregló que la madre, una campesina llamada Caterina, se casara con un aldeano vecino, mientras que él se casó con otra mujer. Tanto Leonardo como su padre se mudaron a Florencia, donde el joven recibió la más exquisita educación que la ciudad —centro artístico e intelectual de Italia— podía ofrecer. Además, tuvo acceso a valiosos libros de la biblioteca familiar y de amigos de su padre.

A los 15 años, su padre lo envió como aprendiz al taller de Andrea del Verrocchio, el artista más importante de Florencia, escultor, pintor y orfebre. Allí Leonardo cultivó su apasionada preocupación por la calidad y su interés en expresar la movilidad vital de la figura humana. Estas tempranas preocupaciones se convirtieron en elementos importantes en la formación artística de Leonardo, quien se inició en diversas actividades, desde la pintura de retablos y tablas hasta la elaboración de grandes proyectos escultóricos en mármol y bronce. En esta etapa de su formación, también estudió anatomía humana, participando en la disección de cadáveres de criminales en la facultad de medicina. Entonces no existían la refrigeración o la conservación con formol y los cuerpos se descomponían muy rápido, por lo que Leonardo trabajaba velozmente, realizando observaciones y apuntes, movido por su gran curiosidad. A su vez, estas investigaciones en el área de la anatomía le permitieron conocer las proporciones físicas de las personas, logrando figuras de asombrosa exactitud al representar la figura humana (cuyo “ideal” siempre buscó).

Finalizada la etapa de su formación, Leonardo formó parte del gremio de pintores de Florencia. A los 20 años ya era maestro independiente (con un estilo propio y original), aunque permaneció como asistente en el taller de Verrocchio, interesándose mucho por descubrir nuevas técnicas para trabajar al óleo. Su reputación crecía y los encargos aumentaban. Se dice que su talento era tal que Verrocchio decidió ya no pintar más. A los 30 años, movido por la búsqueda de nuevos retos y mejores ingresos, se trasladó a Milán, donde entró al servicio de Ludovico Sforza, duque de Milán y embajador de Florencia. Leonardo había escrito una carta al duque en la que ofrecía sus servicios como pintor, escultor y arquitecto, además de ingeniero, inventor e hidráulico. Afirmaba que podía construir puentes portátiles, que conocía las técnicas para realizar bombardeos, construir barcos y vehículos acorazados, cañones, catapultas y otras máquinas de guerra.

Las principales preocupaciones de da Vinci se centraban en las leyes del movimiento y la propulsión. Sus esfuerzos estaban depositados en el estudio de la ingeniería militar, donde desarrolló métodos para disparar catapultas y desviar ríos, sirviendo al duque como ingeniero y arquitecto en sus numerosas empresas militares.

Su estudio en Milán estaba lleno de actividad con sus aprendices y estudiantes, para los cuales escribió los textos que más tarde agruparía en su “Tratado de la Pintura”. Su obra más importante del periodo milanés son las dos versiones de la “Virgen de las Rocas”, donde aplica el esquema de composición triangular que encierra a la Virgen, el Niño, San Juan y el ángel. A su vez, durante dos años trabajó en su obra maestra “La Última Cena”, pintura mural para el refectorio del monasterio de Santa Maria delle Grazie, en la que recrea un tema tradicional de manera completamente nueva. En lugar de mostrar a los doce apóstoles aislados, los presenta agrupados de tres en tres, dentro de una dinámica composición. Sin embargo, su empleo experimental del óleo sobre yeso seco provocó problemas técnicos que condujeron a un progresivo deterioro.

Su mayor encargo fue el monumento ecuestre en bronce a tamaño colosal de Francesco Sforza, padre de Ludovico, para su ubicación en el patio del castillo Sforzesco, en el que Leonardo trabajó durante 16 años. Sin embargo, en diciembre de 1499, la familia Sforza fue expulsada de Milán por las tropas francesas. Leonardo dejó la estatua inacabada y esta fue destruida por los arqueros franceses. Ante la invasión de Milán por las tropas de Francia, da Vinci regresó a Florencia y comenzó a desempeñarse como ingeniero militar. No obstante, también continuó sus estudios de anatomía realizando múltiples disecciones, mejorando y perfeccionándose. Luego viajó un año a Roma y entró al servicio de César Borgia, hijo del papa Alejandro VI. En este lugar realizó trabajos como arquitecto e ingeniero mayor de Borgia. En este sentido, Leonardo supervisó las obras en las fortalezas de los territorios papales del centro de Italia, viajó con su ejército y diseñó un puente para cruzar el golfo de Estambul (que no llegó a construirse), pero que hoy en día es considerado perfectamente viable por los ingenieros modernos. A su vez, fue miembro de la comisión de artistas encargados de decidir sobre el adecuado emplazamiento del David de Miguel Ángel en Florencia.

Durante su segundo periodo florentino, pintó varios retratos, pero el único que se ha conservado es el de la “Mona Lisa”, el más famoso de toda la historia de la pintura, también conocido como “La Gioconda”. Esta pintura recibe esta denominación al identificarse a la modelo del retrato como Lisa Gherardini, esposa de Francesco del Giocondo. Sin embargo, se han construido varias hipótesis sobre su verdadera identidad, incluyendo la teoría de que es un autorretrato del artista. Incluso, muchos expresan que Leonardo sentía una gran predilección por esta pintura, ya que la llevaba consigo en todos sus viajes. Luego regresó a Milán, donde fue nombrado pintor de la corte de Luis XII de Francia, quien residía por entonces en esa ciudad italiana. Allí trabajó como pintor e ingeniero. Además, en esta época retomó sus estudios de anatomía, urbanismo, óptica e ingeniería hidráulica.

Durante seis años, Leonardo organizó su vida entre Milán y Florencia. Luego se estableció por tres años en Roma bajo el mecenazgo de Giuliano de Médici, pariente del papa León X. Por ese entonces, se alojaba en el Palacio del Belvedere en el Vaticano, residencia del papa, ocupándose fundamentalmente de experimentos científicos y técnicos. La única prohibición que le impuso el papa para sus estudios de anatomía y fisiología humana fue disecar cadáveres, lo que limitaba considerablemente las investigaciones. Aunque apartado de la bulliciosa vida social y artística del Vaticano, dominada por Rafael y sus seguidores, era reconocido y honrado por sus logros.

A la muerte de Giuliano de Médici, aceptó la invitación del rey Francisco I de Francia para trasladarse a su corte de Fontainebleau, donde se desempeñaría como “Primer Pintor, Ingeniero y Arquitecto del Reino”, dedicándose también a realizar estudios arquitectónicos para los castillos reales. El rey de Francia era un incondicional admirador de Leonardo, quien había diseñado para su coronación un asombroso león mecánico, por lo que le proporcionó todas las comodidades y lujos posibles. En sus últimos años vivió en el castillo de Clos-Lucé, donde murió el 2 de mayo de 1519, a los 67 años, en brazos del propio rey de Francia (según cuenta la leyenda). Fue enterrado en la iglesia de San Valentín en Amboise. En su testamento legó todos sus manuscritos, dibujos, instrumentos, libros, ropa y dinero a su alumno favorito, Francesco Melzi. A otro discípulo, Salai, le dejó las pinturas que conservaba en su estudio, incluyendo la “Mona Lisa”, que posteriormente fue comprada por el rey Francisco I en doce mil francos. Da Vinci dejó un proyecto inacabado para un “Tratado de la Pintura”, que fue recogido por Melzi.

Da Vinci dejó una serie de legados y, aunque gran parte de su producción pictórica quedó inacabada, fue un artista extremadamente innovador e influyente. En consideración de su legado pictórico, se señala que al comienzo de su trayectoria su estilo era similar al de Verrocchio, pero poco a poco evolucionó hacia un estilo más libre, de modelado más suave, en el que incluyó efectos atmosféricos. En su estudio conocido como “El Hombre de Vitruvio”, da Vinci realizó una visión del hombre como centro del universo, al quedar inscrito en un círculo y un cuadrado. El cuadrado es la base de toda la arquitectura clásica, mientras que el uso del ángulo de 90 grados y la simetría son bases grecolatinas de la arquitectura. En este estudio anatómico buscó la proporcionalidad del cuerpo humano, el canon clásico o ideal de belleza, la famosa “proporción áurea”, siguiendo los estudios del arquitecto romano Vitruvio, quien vivió en el siglo I a. C.

Leonardo vivió en una época en la que el estudio de los clásicos estaba en plena vigencia; sin embargo, tuvo dificultades para aprender latín y griego, los idiomas cultos y la llave de acceso a la cultura filosófica neoplatónica que dominaba Italia y parte de Europa. Escribió la mayor parte de sus textos en toscano, un dialecto florentino. Además, escribía al revés, de derecha a izquierda, pudiendo leerse su escritura solo a través de un espejo. La explicación más aceptada es que, como era zurdo, se le dificultaba escribir de izquierda a derecha sin manchar la tinta.

Tras su muerte, Leonardo se convirtió en el paradigma del “hombre del Renacimiento”, dedicado a múltiples investigaciones científicas y artísticas. Un creador en todas las ramas del arte, un descubridor en la mayoría de los campos de la ciencia y un innovador en el terreno tecnológico, Leonardo merece por ello el título de Homo universalis. En este sentido, fue pintor, escultor, ingeniero, arquitecto, físico, biólogo, inventor de juegos de salón y utensilios de cocina, geólogo, cartógrafo, autor de tratados de óptica, diseñador de jardines, decorador de interiores, músico, astrónomo y urbanista. En cada una de estas facetas sus capacidades asombraron a sus contemporáneos. Tenía una excelente voz como cantante y era un virtuoso ejecutante de la lira, pero a la vez era tan fuerte que era capaz de doblar con los dedos la herradura de un caballo. Se dice que era muy guapo, por lo que sirvió de modelo, cuando era joven, para el David de Verrocchio y, de viejo, para el Platón de Rafael.

Leonardo comprendió y utilizó el auténtico método experimental un siglo antes de que Francis Bacon lo sistematizara y de que Galileo lo pusiera en práctica. Sostuvo que la verdadera ciencia se basa en la observación y que, si puede aplicarse a ella el razonamiento matemático, puede lograrse mayor certeza, lo que hoy en día es uno de los pasos fundamentales del método científico. En sus cuadernos dejó constancia de la importancia que concedía al método en la investigación, adelantándose a autores de la Modernidad como Descartes. Se puede observar que los preceptos que establece en su método no difieren de las modernas definiciones del método científico.

Da Vinci consideraba la mecánica como la más noble de las ciencias, puesto que por medio de ella realizan sus acciones todos los cuerpos que poseen movimiento. En este sentido, previó el principio de inercia —que después Galileo demostró experimentalmente— y demostró la ley de la palanca por el método de las velocidades virtuales, un principio ya enunciado por Aristóteles y utilizado más tarde por Galileo. Incluso se interesó por la hidrodinámica, estudiando las corrientes de agua y la propagación de las olas sobre la superficie. Sus estudios versaron sobre las olas en el agua, las ondas del aire y las leyes del sonido, adelantándose a la moderna teoría ondulatoria de la luz.

En el campo de la astronomía, afirmó que la Tierra es uno de tantos astros y que refleja la luz del Sol igual que la Luna. Acercándose a consideraciones geológicas y geográficas, explicó que nuestro planeta lleva grabadas las huellas de su historia, anteriores a toda reseña escrita. Los fósiles que se encuentran en las altas montañas continentales se produjeron en el agua del mar. De esta forma, expresó que han tenido que producirse cambios en la corteza de la Tierra: “tienen que haberse levantado las montañas para ocupar nuevas posiciones”. Para estas conclusiones se sirvió de conchas marinas encontradas tierra adentro para apoyar la teoría de Alberto de Sajonia sobre la formación de las montañas.

Leonardo descubrió cómo la sangre recorre constantemente todo el cuerpo humano, llevando el alimento a cada una de sus partes y retirando los desechos, adelantándose así al descubrimiento de Harvey sobre la circulación de la sangre. Estudió los músculos del corazón e hizo dibujos de las válvulas que parecen demostrar que conoció su funcionamiento.

Por otra parte, en sus investigaciones urbanísticas, realizó un plano del sistema de desagües de una ciudad modelo y la construcción de esta en dos niveles: uno para peatones y otro para vehículos. Por la calle superior no debería pasar ningún vehículo; para los carros y las cargas estaba reservada la calle inferior.

Desarrolló los principios del vuelo, realizando más de 100 dibujos que ilustraban sus teorías. Hizo un diseño para la fabricación de una máquina voladora, el ornitóptero, un modelo dotado de alas giratorias equipado con amortiguadores para conseguir un suave aterrizaje. Aunque nunca se construyó, el helicóptero moderno está basado en ese concepto. El primer paracaídas fue diseñado por Leonardo da Vinci, quien estaba convencido de su utilidad para cuando se construyeran las máquinas voladoras.

Entre sus inventos también cuentan las máquinas de guerra, tales como el tanque blindado, dotado de una coraza en forma de cono, las embarcaciones sumergibles o submarinos, los trajes y equipos de aire para buzos de combate, fusiles de repetición, granadas y morteros. Aunque Leonardo aborrecía la guerra, a la que llamó “locura bestial”, no podía sustraerse a ella, ya que en su época Italia estaba constantemente en guerras entre los distintos estados.

También fue precursor de los modales civilizados —que se conocerían en las cortes del siglo XVII—. En este sentido, introdujo el uso de la servilleta en la mesa, considerando que se trataba de una medida higiénica y práctica, aunque fue adoptada plenamente tiempo después. Ejerció un gran influjo sobre sus contemporáneos y, como amigo de príncipes y estadistas, llegó a conocer también a todos los principales sabios de su tiempo. Es indiscutible que, a través de ellos, se salvaron algunas de sus ideas, que años después contribuirían a promover el nuevo desarrollo de la ciencia. Si tuviéramos que elegir un representante que encarnase en sí el verdadero espíritu del Renacimiento, habríamos de escoger la figura de Leonardo da Vinci.

Ir Arriba
Ir a BIOGRAFÍAS II


Salvador Allende

(Salvador Allende Gossens; Valparaíso, 1908 - Santiago de Chile, 1973). Perteneció a una familia de clase media acomodada. Estudió medicina y formó parte de grupos de tendencia izquierdista. Participó en la elección parlamentaria de 1937 y salió elegido diputado por Valparaíso. Fue ministro de sanidad del gabinete de Pedro Aguirre Cerda entre 1939 y 1942. A partir de entonces se convirtió en líder indiscutible del partido socialista.

En 1952, 1958 y 1962 se presentó a las elecciones presidenciales. En la primera ocasión fue temporalmente expulsado del partido por aceptar el apoyo de los comunistas. En 1958, con el apoyo socialista y comunista, quedó en segundo lugar tras Jorge Alessandri.

En 1964 fue derrotado por Eduardo Frei Montalva, que propugnaba un programa de "revolución en libertad", cuyos puntos sustantivos eran la reforma agraria, el establecimiento de un programa destinado a incrementar la participación de la ciudadanía, la chilenización del cobre y la realización de una reforma educacional. Eduardo Frei obtuvo el 56,9% de los votos, en tanto que Salvador Allende lograba el 38,93% del total.

Las críticas que desde un comienzo surgieron hacia el gobierno de Frei tuvieron su origen en la naturaleza de las medidas a tomar. En paralelo con el avance de importantes medidas sociales, el panorama político durante el gobierno de Frei Montalva fue muy polarizado.

Las elecciones parlamentarias de 1969 mostraron la nueva situación política del país, en tanto sus resultados apuntaron a perfilar tercios irreconciliables, en gran medida debido a la disminución del apoyo al centro político y el fortalecimiento de las opciones de izquierda y de derecha. Esta situación se reflejaría con mayor claridad en las elecciones presidenciales de 1970, marcadas por el enfrentamiento de proyectos de sociedad antagónicos e imposibles de conciliar. En ellas resultó victoriosa la alianza de comunistas, socialistas, sectores del radicalismo y el MAPU en la llamada Unidad Popular, que estaba encabezada por Allende, con el 36,3% de los sufragios.

El estrecho margen de diferencia con los votos recibidos por los otros dos candidatos, Jorge Alessandri por la derecha y Radomiro Tomic por la Democracia Cristiana, obligó a que la elección de Allende fuera ratificada por el Congreso, en el que se enfrentó a una fuerte oposición. Por fin, el 24 de octubre de 1970, tras lograr el apoyo del Partido Demócrata Cristiano con la firma de un Estatuto de Garantías Democráticas que se incorporaría al texto constitucional, Salvador Allende fue proclamado presidente.

Desde la fecha de comienzo del mandato (el 3 de noviembre), las dificultades que el nuevo gobierno debió enfrentar fueron inmensas. Ya antes de la asunción presidencial se realizaron intentos por abortar el proceso, el más grave de los cuales terminó con el asesinato, por parte de un comando de ultraderecha apoyado por la CIA, del comandante en jefe del Ejército, general René Schneider, que era un decidido partidario de la subordinación del poder militar al civil.

A pesar de ello, la Unidad Popular, una vez en el gobierno, emprendió la realización de su plan de acción, el cual ponía énfasis en la profundización de las medidas reformistas iniciadas por la administración anterior. Así, se amplió el volumen de tierras expropiadas y se inició la socialización de importantes empresas hasta entonces en manos privadas, las cuales pasaron a ser dirigidas por cooperativas de trabajadores asesorados por funcionarios proclives al Gobierno. Además, se concretó la nacionalización del cobre, sin pago de indemnizaciones a las empresas norteamericanas, lo cual significó el enfrentamiento con los Estados Unidos, quienes a partir de ese momento apoyaron abiertamente a los grupos opositores al gobierno socialista.

Esta oposición se estructuró en distintos frentes; en lo político, en un parlamento en el cual representantes de derecha y democratacristianos actuaban unidos; en el plano de lo ilegal, en los grupos de carácter terrorista que dinamitaron torres de alta tensión y líneas férreas. A pesar de esta rígida oposición, el gobierno de Allende contó con un apoyo importante por parte de la ciudadanía, en particular de los sectores populares, que se veían directamente beneficiados. En efecto, el Estado subsidiaba gran parte de los servicios básicos, además de apoyar a organizaciones de trabajadores, campesinos y pobladores urbanos en sus demandas de participación.

Una serie de problemas vinieron a polarizar aún más a la sociedad chilena bajo la presidencia de Allende, en gran medida debido a causas económicas. La inflación se hizo incontrolable, ya que las alzas salariales y los gastos del Estado fueron financiados con emisión de circulante sin base de sustentación en la producción, la cual se vio disminuida y contraída como consecuencia del bloqueo iniciado por los Estados Unidos y el permanente conflicto que vivían muchas empresas, en virtual paralización permanente por la falta de recursos.

Este clima de desabastecimiento y crisis, azuzado por los distintos sectores políticos, se tradujo en numerosas movilizaciones a favor y en contra del gobierno de Allende. Ante tal situación, el presidente decidió tomar, ya en 1973, medidas que sirvieran como vehículos de diálogo y negociación con la oposición democratacristiana, tales como el ingreso de importantes figuras militares al gabinete, representadas por el comandante en jefe, general Carlos Prats, y la oferta de realizar un plebiscito para consultar a la ciudadanía en torno a la continuidad del régimen o la convocatoria a nuevas elecciones.

A estas medidas siguió un endurecimiento en las posiciones más radicales de la izquierda, que proponían al primer mandatario el cierre del Congreso y la utilización de facultades extraordinarias para gobernar. La derecha y algunos sectores de la Democracia Cristiana consideraron la situación insoluble, por lo que decidieron, de forma más o menos abierta, recurrir al recurso del golpe de Estado militar contra el presidente Allende.

Finalmente, el 11 de septiembre de 1973, el general Augusto Pinochet encabezó un golpe militar, durante el cual bombardeó el Palacio de La Moneda, sede del gobierno. El presidente Allende rechazó las exigencias de rendición y murió en combate en el palacio presidencial.

Ir Arriba
Ir a BIOGRAFÍAS II


BIOGRAFIAS III

NOTA: Las biografías han sido tomadas de Planeta Sedna (http://www.portalplanetasedna.com.ar) y Biografías y Vidas (http://www.biografiasyvidas.com). Muchas han sido editadas y adaptadas para el Foro

. Mahoma
. Buda
. Martin Lutero



Mahoma

El estudio de la vida de Mahoma se basa en las narraciones que ofrece la tradición musulmana. Mahoma nació en La Meca, en aquellos tiempos una pequeña localidad rodeada de desierto en la parte occidental de la península arábiga, a pocos kilómetros del mar Rojo. Pertenecía al clan Hashim, de la tribu de los Quraish, y su padre, Abd Allah, murió antes de que él naciera, por lo que el huérfano fue acogido por su abuelo Abd al-Muttalib, jefe de los Hashim.

Fue criado por una nodriza beduina llamada Halima, esposa de un pastor saudí, que sintió pena al verlo tan desvalido; el niño quedó huérfano de madre a los seis años de edad. Contaba doce años cuando se enroló por primera vez en la caravana de su tío, tomando a su cargo el cuidado de los camellos. Con su tío, Mahoma llegó a adquirir gran experiencia en la conducción de caravanas por el desierto, pero la falta de recursos le impidió independizarse. A los veinticinco años se casó con Jadicha, una viuda rica que le permitió dedicarse a su oficio y hacer buenos negocios. De los quince años que siguieron a esta unión no se sabe nada.

Hacia el año 610, Mahoma tuvo las primeras revelaciones. Tenía por costumbre retirarse a orar y meditar en una cueva del monte Hira, y en ocasiones solía pernoctar allí una o dos noches. En una de las primeras ocasiones tuvo la visión de un ser glorioso que en un primer momento identificó como Dios, y en otra visión posterior pensó que se trataba del arcángel Gabriel. Este ser glorioso le conminó a transmitir el Corán. Las revelaciones divinas se repetirían a lo largo de su vida con cierta frecuencia, y tanto Mahoma como sus discípulos se las aprendían de memoria. La versión definitiva que se conoce del Corán, es decir, la que reúne la totalidad de revelaciones que recibió Mahoma, es posterior al año 650, unos veinte años después de la muerte del profeta.

Mahoma empezó a predicar su doctrina tres años más tarde, hacia el 613. Entretanto, se habían producido las primeras conversiones. Su esposa Jadicha fue la primera y le apoyó en los momentos de crisis al experimentar las primeras visiones; ella, y particularmente Waraqa, le convencieron del carácter profético de tales experiencias. Algunos testimonios dicen que el primer varón converso fue el liberto Zaid ibn Harita, mientras que otros apuntan que fue su primo Alí. Entre los primeros conversos se encontraba su amigo y también mercader de La Meca, Abu Bakr, quien prestó gran ayuda al islam, especialmente cuando ya se había constituido el Estado islámico.

En sus predicaciones, Mahoma se inclinaba hacia un monoteísmo basado en la creencia en un Dios lleno de bondad y todopoderoso, que juzgará a cada uno según su actuación; el hombre debe mostrar gratitud a Dios y reconocer su dependencia respecto a él. El reconocimiento de la omnipotencia divina se contrapone a la actitud de los grandes mercaderes, convencidos de que su riqueza se lo permite todo; para Mahoma, la vida del hombre debía basarse en hacer lo necesario para alcanzar el paraíso. La generosidad y el respeto a los débiles eran los puntos esenciales en los que insistían sus primeras predicaciones.

Inicialmente, el islam se presentó como una continuación del cristianismo y del judaísmo, religiones que Mahoma conocía. Con la predicación pública se iniciaron las críticas hacia el monoteísmo profesado por Mahoma, y pronto tuvo lugar una primera confrontación con los árabes politeístas. El Dios único de Mahoma se podía adorar en la Kaaba (edificio de La Meca construido, según el Corán, por Abraham, y que contiene la piedra negra que Gabriel le dio a Isaac), pero no así en otros tres santuarios consagrados a otros dioses y diosas en los alrededores de la ciudad.

Las razones de la enemistad creciente de la oligarquía comercial de La Meca hacia el profeta hay que buscarlas en los ataques de Mahoma al modo de vida de los ricos, en la negación de su omnipotencia y, sobre todo, en la posibilidad de que la predicación le otorgara una personalidad política suficiente para ponerse al frente de la ciudad en un futuro más o menos próximo. Ello podría perjudicar a los principales mercaderes que, de hecho, imponían sus puntos de vista y gobernaban la ciudad gracias a su riqueza, experiencia comercial y pertenencia a los clanes superiores, a pesar de que La Meca estuviese regida por una asamblea integrada por los jefes de todos los clanes.

Ir Arriba
Ir a BIOGRAFÍAS III


Buda

Es creencia común considerar que los santos llevaban una vida eremítica de lucha y sacrificio en busca de la paz interior, y así era, efectivamente, en la India que Buda conoció, unos quinientos años antes de Cristo. La idea de la purificación a través del sufrimiento era usual entre hombres ya maduros o ancianos, horrorizados y confusos ante la perversidad de sus contemporáneos. Con frecuencia, abandonaban a sus familias y se refugiaban en las montañas, cubiertos de harapos y con un cuenco de madera como única posesión, que usaban para mendigar comida. Antes de convertirse en Buda, que significa "el Iluminado", Siddharta Gautama también practicó estas disciplinas corporales abnegadamente, pero no tardó en comprobar que eran inútiles.

Siddharta Gautama nació probablemente en el año 558 antes de Cristo en Kapilavastu, ciudad amurallada del reino de Sakya, situada en la región meridional del Himalaya, en la India. Siddharta creció rodeado de lujo: tenía tres palacios, uno de invierno, otro de verano y un tercero para la estación de las lluvias. De sus años de estudio solo se sabe que asombró a sus maestros por sus rápidos progresos, tanto en letras como en matemáticas. Siddharta tuvo un hijo llamado Rahula, que se convertiría muchos años después en uno de sus principales discípulos.

Según la tradición, durante sus salidas furtivas a la ciudad, en las que era acompañado por un cochero, se produjeron los llamados «cuatro encuentros». En cierta ocasión, al salir por la puerta oriental del palacio, se encontró con un anciano; en otra, al salir por la puerta meridional, vio a un enfermo; cuando lo hizo por la puerta occidental, vio un cadáver, y otro día, al cruzar la puerta septentrional, se encontró con un religioso mendicante. La vejez, la enfermedad y la muerte indicaban el sufrimiento inherente a la vida humana; el religioso, la necesidad de hallar un sentido. Ello lo llevaría a dejar atrás los muros del palacio en el que se había desarrollado la mayor parte de su vida.

A los veintinueve años, Siddharta abandonó a su familia. Su meta era Magadha, estado floreciente del sur, donde se estaban produciendo cambios culturales y filosóficos. Al ver que lo encontrado no llenaba sus expectativas, marchó a Sena, una aldea junto al río Nairanjana, donde constató la reglamentación del control de la mente, la suspensión de la respiración, el ayuno total y una dieta severa; disciplinas todas ellas penosas y dolorosas.

Tras años de austeridades y mortificaciones que no le procuraron la iluminación, Siddharta resolvió abandonar el ascetismo, recibiendo, por el paso dado, las críticas de sus cinco compañeros. Según todos los indicios, Siddharta alcanzó la iluminación en la ciudad de Gaya, cerca de Sena, y en ella se levantaría un templo en su honor. Siddharta pasaba largas horas de meditación a la sombra de una higuera sagrada que más tarde sería bautizada con el nombre de Bodhi o «Árbol de la Iluminación». Estando en trance, la luz acudió en su auxilio y le permitió ver con radiante claridad la intrincada cadena de causas y efectos que regulan la vida, así como el camino para alcanzar la salvación y la liberación.

Siddharta había comprendido que los sufrimientos humanos están íntimamente ligados a la naturaleza de la existencia, al hecho de nacer, y que, para escapar a la rueda de las reencarnaciones, era necesario superar la ignorancia y prescindir de pasiones y deseos. La caridad era una forma de desear la salvación de todos los hombres y la de uno mismo.

En los primeros momentos tuvo dudas acerca de si debía predicar la verdad que había alcanzado. Su primer sermón tuvo lugar al cabo de un mes en Sarnath, cerca de Benarés, ante sus cinco antiguos compañeros y el hijo de un rico comerciante de Benarés. Cuando consideró que sus discípulos estaban convenientemente preparados, los envió a predicar la nueva verdad por toda la India.

Buda continuó predicando durante cuarenta y cinco años. Visitó varias veces su ciudad natal y recorrió el valle del Ganges, levantándose cada día al amanecer y recorriendo entre veinticinco y treinta kilómetros por jornada, enseñando generosamente a todos los hombres sin esperar recompensa ni distinción alguna. No era un agitador y jamás fue molestado ni por los brahmanes, a los que se oponía, ni por gobernante alguno. Las gentes, atraídas por su fama y persuadidas de su santidad, salían a recibirlo, se agolpaban a su paso y sembraban su camino de flores.

En los últimos años de su vida, Siddharta sufrió duros reveses. El rey Bimbisara fue destronado por su propio hijo y el trono de los sakyas fue usurpado por Vidudabha, hijo del rey Pasenadi, protector también del budismo. Parece que intentaba retornar a su ciudad natal cuando le sobrevino la muerte. Tenía ochenta y un años de edad y se encontraba muy débil, pero siguió predicando su doctrina hasta los últimos momentos.

El ascetismo de Buda provenía de las antiguas religiones, pero es evidente que su propósito no era tranquilizar a sus semejantes presentándoles una nueva deidad o renovando ritos anteriores, sino hacer a cada uno consciente de su radical soledad y enseñarle a luchar contra los males de la existencia. Al sustituir las liturgias y sacrificios por la contemplación del mundo, Buda otorgó una importancia suprema a algo muy parecido a la oración individual y privada, valorando por encima de todo la meditación, ensalzando el recogimiento y situando el corazón del hombre en el centro del universo.

Lo que más sorprende de Buda es el sereno llamamiento que hace a la razón y a la experiencia de cada hombre: "No creas en cualquier cosa porque te enseñen el testimonio escrito de un viejo sabio. No creas en cualquier cosa porque provenga de la autoridad de maestros y sacerdotes. Cualquier cosa que esté de acuerdo con tus propias experiencias y que, después de una ardua investigación, se manifieste conforme a tu razón y conduzca a tu propio bien y al de todas las cosas vivientes, acéptala como la verdad y vive de acuerdo con ello".

Ir Arriba
Ir a BIOGRAFÍAS III


Martín Lutero

Iniciador de la Reforma (período de dos siglos de la historia del cristianismo de amplia repercusión europea, origen de las Iglesias protestantes y de la Contrarreforma), rechazó la autoridad del papa y debilitó el poder de la Iglesia. La abolición del purgatorio, de donde las almas eran liberadas con misas; el rechazo de la doctrina de las indulgencias, que mermaría de manera considerable los ingresos del papa; y, sobre todo, la doctrina de la predestinación, que independiza el alma de la acción de los clérigos después de la muerte (a lo que hay que añadir el reconocimiento de todo príncipe protestante como jefe de la Iglesia de su país), obligan a presentar la Reforma como una gran revolución de las naciones menos civilizadas contra el dominio intelectual de Roma.

Martín Luder nació en la noche del 10 al 11 de febrero de 1483 en Eisleben, en Turingia, región dependiente del electorado de Sajonia (actual Alemania). Andando el tiempo y, recién conquistado el título de doctor, Martín cambiaría el apellido Luder por el de Lutero, derivándolo de Lauter, que en alemán antiguo significa "claro, límpido, puro". Era el primogénito de los nueve hijos de Hans Luder, minero, hijo de campesinos y buen católico, y de Margarethe Ziegler, mujer trabajadora, muy piadosa y devota, que inculcó en su hijo una piedad tan sombría que dejó en su alma una profunda tristeza.

Al año del nacimiento, contrataron al padre en una explotación de minas de cobre de Mansfeld y la situación de la familia, precaria en extremo, mejoró un poco, sin llegar a ser en modo alguno boyante. El 17 de julio de 1501 se inscribió en la Facultad de Filosofía de la Universidad de Erfurt, contrariando por primera vez a su padre, que quería hacerle estudiar leyes. El 29 de septiembre del año siguiente se licenció como bachiller, primer grado de la universidad. A los veintidós años era proclamado maestro de filosofía. A partir de ese momento se dedicaría con tesón al estudio de la teología y con pasión a la Sagrada Escritura.

Con el objeto de estudiar teología y ocupar una cátedra en una de las muchas universidades alemanas regidas por los agustinos, en 1508, su amigo y consejero espiritual, Johan von Stanpitz, a la sazón vicario general de los agustinos, le mandó a la Universidad de Wittenberg para estudiar un curso sobre la ética aristotélica. En 1509, Lutero obtuvo el título de Baccalaureus Biblicus, que le concedía el derecho de practicar la exégesis bíblica públicamente. Por aquel tiempo, un viejo fraile agustino le recomendó la consoladora lectura de San Pablo, en cuyo estudio se enfrascó ávidamente para deducir de él las primeras simientes de su dramática disidencia con la ortodoxia religiosa. En la Epístola a los romanos de San Pablo halló respuesta a sus angustias sobre la salvación, entendiendo que el hombre encuentra su justificación en la gracia de Dios, generosamente otorgada por el Creador con independencia de sus propias obras.

En 1510, Lutero realizó un viaje a Roma en compañía de otro agustino para presentar al general de su orden ciertas quejas sobre la estricta observancia de la regla monástica. El resultado y las impresiones del viaje no pudieron ser más nefastos: crearon en él una definitiva aversión a Roma, al ambiente de corrupción y relajación del clero romano, a la decadencia en la que había caído todo el Vaticano y al exceso de boato y riqueza que ostentaba la Santa Sede, con prelados y papas más pendientes de los aspectos materiales que de los espirituales.

De regreso a Wittenberg, se doctoró en teología el 18 de octubre de 1512, aunque en su obra demuestra el enorme desapego que sintió por la filosofía y la teología escolástica imperantes en su época. Comenzó a impartir clases en la universidad y, con sus estudios, acabó de conformar y pulir la que sería su piedra angular teológica: la justificación por la fe, según la cual el cristiano podía salvarse no por sus propios esfuerzos o méritos, sino por el don de la gracia de Dios, aceptada tan solo por la fe en Cristo, el Salvador.

También llegó a otra conclusión sumamente importante para el futuro de su reforma: había que someterse por completo a las Sagradas Escrituras y rechazar cualquier otra interpretación proveniente del exterior. Los Evangelios habían sido inspirados directamente por Dios; ninguna interpretación podía ser fiable por sí misma. Sospechar de la autoridad del papa como jefe supremo de la Iglesia y como persona infalible fue el siguiente paso. Fue entonces cuando transformó su apellido y empezó a pensar en sí mismo como el «hombre de la Providencia llamado a iluminar la Iglesia con un gran resplandor».

Ir Arriba
Ir a BIOGRAFÍAS III


BIOGRAFIAS IV

NOTA: Las biografías han sido tomadas de Planeta Sedna (http://www.portalplanetasedna.com.ar) y Biografías y Vidas (http://www.biografiasyvidas.com). Muchas han sido editadas y adaptadas para el Foro

. Wolfgang Amadeus Mozart
. Johann Strauss

***

. Ludwig van Beethoven
. Yanni

***

. ABBA



Wolfgang Amadeus Mozart

Wolfgang Amadeus Mozart nació en Salzburgo, actual Austria, en 1756 y murió en Viena en 1791. Genio absoluto e irrepetible, autor de una música que aún hoy conserva intacta toda su frescura y su capacidad para sorprender y emocionar, Mozart ocupa uno de los lugares más altos del panteón de la música.

Franz Joseph Haydn manifestó en una ocasión al padre de Mozart, Leopold, que su hijo era «el más grande compositor que conozco, en persona o de nombre». El otro gran representante de la trinidad clásica vienesa, Beethoven, también confesaba su veneración por la figura del músico salzburgués, mientras que el escritor y músico Hoffmann consideraba a Mozart, junto a Beethoven, el gran precedente del romanticismo, uno de los pocos que había sabido expresar en sus obras aquello que las palabras son incapaces de insinuar siquiera. Son elogios elocuentes acerca del reconocimiento de que gozó Mozart en su época y que su misteriosa muerte, envuelta en un halo de leyenda romántica, no ha hecho sino incrementar.

Hijo del violinista y compositor Leopold Mozart, Wolfgang Amadeus fue un niño prodigio que a los cuatro años ya era capaz de interpretar melodías sencillas y de componer pequeñas piezas. Junto a su hermana Nannerl, cinco años mayor que él y también intérprete de talento, su padre lo llevó de corte en corte y de ciudad en ciudad para que sorprendiera a los auditorios con sus extraordinarias dotes. Múnich, Viena, Frankfurt, París y Londres fueron algunas de las capitales en las que dejó constancia de su talento antes de cumplir los diez años. No por ello descuidó Leopold la formación de su hijo: esta proseguía con los mejores maestros de la época, como Johann Christian Bach, el menor de los hijos del gran Johann Sebastian, en Londres, o el padre Martini en Bolonia.

Es la época de las primeras sinfonías y óperas de Mozart, escritas en el estilo galante de moda, poco personales, pero que nada tienen que envidiar a las de otros maestros consagrados. Todos sus viajes acababan siempre en Salzburgo, donde los Mozart servían como maestros de capilla y conciertos de la corte arzobispal.

Mozart decidió abandonar en 1781 la situación de servidumbre para intentar subsistir por sus propios medios, como compositor independiente, sin más armas que su inmenso talento y su música. Fracasó en el empeño, pero su ejemplo señaló el camino a seguir a músicos posteriores, a la par que los cambios sociales introducidos por la Revolución Francesa; Beethoven o Schubert, por citar solo dos ejemplos, ya no entrarían nunca al servicio de un mecenas o un patrón. Tras afincarse en Viena, la carrera de Mozart entró en su período de madurez. Las distintas corrientes de su tiempo quedan sintetizadas en un todo homogéneo, que, si por algo se caracteriza, es por su aparente tono ligero y simple, apariencia que oculta un profundo conocimiento del alma humana.

Las obras maestras se sucedieron: en el terreno escénico surgieron El rapto del serrallo y La flauta mágica, partitura con la que sentó los cimientos de la futura ópera alemana, y las tres óperas Las bodas de Fígaro, Don Giovanni y Così fan tutte, en las que superó las convenciones del género.

No hay que olvidar la producción sinfónica de Mozart, en especial sus tres últimas sinfonías, en las que anticipó algunas de las características del estilo de Beethoven, ni sus siete últimos conciertos para piano y orquesta, o sus cuartetos de cuerda, sus sonatas para piano o el inconcluso Réquiem. Todas sus obras de madurez son expresión de un mismo milagro. Su temprana muerte constituyó, sin duda, una de las pérdidas más dolorosas de la historia de la música.

Ir Arriba
Ir a BIOGRAFÍAS IV


Johann Strauss

Johann Strauss II (en alemán: Johann Strauß Sohn, Johann Strauß hijo) (25 de octubre de 1825, St. Ulrich, Viena - 3 de junio de 1899, Viena) fue un compositor austriaco conocido especialmente por sus valses, como El Danubio Azul.

Hijo del compositor Johann Strauss I y hermano de los compositores Josef Strauss y Eduard Strauss, Johann II es el más famoso de la familia Strauss. Fue conocido en su vida como "el rey del vals" y a él se debe en gran medida la popularidad del vals en la Viena del siglo XIX. Revolucionó el vals, elevándolo de una danza campesina a una forma de entretenimiento apta para la corte imperial de los Habsburgo. Sus obras gozan de mayor popularidad que las de sus predecesores, como su padre y Josef Lanner. Algunas de sus polcas y marchas son también muy conocidas, así como su opereta Die Fledermaus (El murciélago).

Johann Strauss II (así llamado para diferenciarlo de su padre, el también compositor Johann Strauss) formó parte de la dinastía de músicos que convirtió esta modalidad de baile en un símbolo de Viena. Niño prodigio, compuso su primer vals cuando solo contaba seis años. No obstante, su dedicación a la música encontró la firme oposición de su progenitor, por lo que hubo de tomar lecciones de violín y composición en secreto. A los diecinueve años fundó su propia orquesta, que compitió en éxito con la de su padre. A la muerte de este en 1849, ambas orquestas se unieron en una sola bajo la dirección del joven Strauss.

Aclamado en todo el mundo, en 1863 fue nombrado director de la música de baile de la corte de Viena. Ese mismo año se consagró a la composición de operetas, con títulos como El murciélago (1874) y El barón gitano (1885). El bello Danubio azul (1867), Rosas del sur (1880), El vals del emperador (1889) y Voces de primavera (1883) son algunos de sus valses más populares. Johann Strauss II decidió apoyar a los revolucionarios, como lo ponen de manifiesto los títulos de dos obras de este período: los valses Freiheitslieder (Canciones de libertad), op. 52, y Burschenlieder (Canciones de los jóvenes), op. 55, así como las marchas Revoluciones de marzo, op. 54, y la agitada Marcha de los estudiantes, op. 56. Esta decisión demostró serle desfavorable profesionalmente, ya que la realeza austriaca le negó dos veces la codiciada posición de K.K. Hofballmusikdirektor (Director Musical del Baile de la Corte), cargo que había sido otorgado a su padre.

Por otra parte, el joven Strauss también fue apresado por las autoridades vienesas por interpretar en público La Marsellesa, avivando los sentimientos revolucionarios, aunque más tarde fue absuelto. Poco después de su absolución, compuso la polca Geißelhiebe (Latigazos), op. 60, que contiene elementos de La Marsellesa en su trío, como respuesta musical a su detención. Strauss padre, en cambio, se mantuvo leal a la monarquía y compuso su Marcha Radetzky, op. 228, dedicada al mariscal Joseph Radetzky von Radetz, que pasaría a ser su composición más conocida.

El joven Strauss compuso también una serie de marchas patrióticas dedicadas al emperador Francisco José I, como la Kaiser Franz-Josef Marsch (Marcha del emperador Francisco José), op. 67, y la Kaiser Franz Josef Rettungs-Jubel-Marsch (Marcha de júbilo por la salvación del emperador Francisco José), op. 126, probablemente para congraciarse con el nuevo monarca tras la Revolución de 1848.

Finalmente, superó la fama de su padre y se convirtió en uno de los compositores de valses más populares de su época, viajando por Austria, Polonia y Alemania con su orquesta. Era habitual que el público asistiera a una sola representación antes de que se trasladara rápidamente a otro lugar. Realizó giras por Rusia (actuando en Pavlovsk), Gran Bretaña (en el Covent Garden), Francia, Italia y, más tarde, en los años setenta del siglo XIX, a los Estados Unidos, donde participó en el Festival de Boston por invitación de Patrick Gilmore y dirigió el célebre "Monster Concert" con más de mil músicos, interpretando su vals El Danubio Azul, op. 314, entre otras piezas de gran éxito.

Entre las piezas de baile más populares de este período destacan los valses Sängerfahrten, op. 41; Liebeslieder (Canciones de amor), op. 114; Nachtfalter (Mariposa nocturna), op. 157; Accelerationen (Aceleraciones), op. 234; y las polcas Annen, op. 117, y Tritsch-Tratsch, op. 214. A pesar de la menor popularidad de sus operetas, muchas piezas extraídas de ellas fueron muy bien recibidas, como el Vals Cagliostro, op. 370; el vals Oh, hermoso mayo, op. 375; Rosas del sur, op. 388; y el Vals del beso, op. 400.

Johann Strauss II murió de neumonía en Viena el 3 de junio de 1899, a la edad de 73 años, y fue sepultado en el Zentralfriedhof (Cementerio Central de Viena). Al momento de su muerte se encontraba trabajando en su ballet Aschenbrödel (Cenicienta). Su música sigue interpretándose regularmente en el Concierto de Año Nuevo de la Orquesta Filarmónica de Viena, tradición continuada por directores como Willi Boskovsky, Herbert von Karajan, Riccardo Muti y, en la actualidad, André Rieu con su «Johann Strauss Orkest».

Ir Arriba
Ir a BIOGRAFÍAS IV


Ludwig van Beethoven

Nació en Bonn, actualmente Alemania, en 1770, y murió en Viena en 1827. Compositor alemán, nacido en el seno de una familia de origen flamenco. Su padre, ante las evidentes cualidades para la música que demostraba el pequeño Ludwig, intentó hacer de él un segundo Mozart, aunque con escaso éxito.

La verdadera vocación musical de Beethoven no comenzó en realidad hasta 1779, cuando entró en contacto con el organista Christian Gottlob Neefe, quien se convirtió en su maestro y fue quien le introdujo en el estudio de Bach, músico al que Beethoven siempre profesaría una profunda devoción. Miembro de la orquesta de la corte de Bonn desde 1783, en 1787 Ludwig van Beethoven realizó un primer viaje a Viena con el propósito de recibir clases de Mozart. Sin embargo, la enfermedad y el posterior deceso de su madre le obligaron a regresar a su ciudad natal pocas semanas después de su llegada.

En 1792 Beethoven viajó de nuevo a la capital austriaca para trabajar con Haydn y Antonio Salieri, y se dio a conocer como compositor y pianista en un concierto que tuvo lugar en 1795 con gran éxito. Su carrera como intérprete quedó bruscamente interrumpida a consecuencia de la sordera que comenzó a afectarle a partir de 1796 y que, desde 1815, le privó por completo de la facultad auditiva.

Los últimos años de la vida de Beethoven estuvieron marcados también por la soledad y una progresiva introspección; pese a lo cual, prosiguió su labor e incluso fue la época en que creó sus obras más impresionantes y avanzadas. La tradición divide la carrera de Beethoven en tres grandes períodos creativos o estilos, y si bien el uso los ha convertido en tópicos, no por ello resultan menos útiles a la hora de encuadrar su legado.

La primera época abarca las composiciones escritas hasta 1800, caracterizadas por seguir de cerca el modelo establecido por Mozart y Haydn y el clasicismo en general, sin excesivas innovaciones ni rasgos personales. A este período pertenecen obras como el célebre Septimino o sus dos primeros conciertos para piano.

Un segundo estilo abarca desde 1801 hasta 1814, período este que puede considerarse de madurez, con obras plenamente originales en las que Ludwig van Beethoven hace gala de un dominio absoluto de la forma y la expresión (la ópera Fidelio, sus ocho primeras sinfonías, sus tres últimos conciertos para piano y el Concierto para violín).

La tercera etapa comprende hasta la muerte del músico y está dominada por sus obras más innovadoras y personales, incomprendidas en su tiempo por la novedad de su lenguaje armónico y su forma poco convencional; la Sinfonía n.º 9, la Missa solemnis y los últimos cuartetos de cuerda y sonatas para piano representan la culminación de este período y del estilo de Ludwig van Beethoven. En estas obras, Beethoven anticipó muchos de los rasgos que habrían de caracterizar la posterior música romántica e, incluso, la del siglo XX.

La obra de Ludwig van Beethoven se sitúa entre el clasicismo de Mozart y Haydn y el romanticismo de Schumann o Brahms. No cabe duda de que, como compositor, señala un antes y un después en la historia de la música y refleja, quizá como ningún otro —a excepción de su contemporáneo Francisco de Goya—, no solo el cambio entre el gusto clásico y el romántico, entre el formalismo del primero y el subjetivismo del segundo, sino también entre el Antiguo Régimen y la nueva situación social y política surgida de la Revolución Francesa. Efectivamente, en 1789 cayó la Bastilla y con ella toda una concepción del mundo que incluía el papel del artista en su sociedad. Siguiendo los pasos de su admirado Mozart, Ludwig van Beethoven fue el primer músico que consiguió independizarse y vivir de los encargos que se le realizaban, sin estar al servicio de un príncipe o un aristócrata, si bien, a diferencia del salzburgués, él consiguió triunfar y ganarse el respeto y el reconocimiento de sus contemporáneos.

Ir Arriba
Ir a BIOGRAFÍAS IV


Yanni

Yanni Chrysomallis: músico, autor, intérprete y compositor griego, nacido en Kalamata el 14 de noviembre de 1954. Su música reúne los géneros orquestal, instrumental y lírico. De niño dominaba el piano, aunque no cursó lecciones para este instrumento; en su tiempo libre interpretaba canciones del momento.

Vivió en su Grecia natal hasta los 14 años y, tiempo después, a los 18, se estableció en los Estados Unidos. En su juventud fue un buen nadador, llegando a romper un récord nacional en Grecia. Estudió psicología y obtuvo la titulación en la Universidad de Minnesota. Como psicólogo realizó trabajos acerca de Sigmund Freud, de quien es admirador. Su música, de carácter instrumental y melódico, es de tipo orquestal.

Sus temas se han utilizado como bandas sonoras para el cine, la televisión, el teatro y los Juegos Olímpicos. La expresividad de sus melodías en el teclado y la instrumentación ha generado su consideración dentro de lo que se denomina el Efecto Mozart. Su mayor éxito comercial se produjo con la presentación de su álbum y video "Yanni Live at the Acropolis", filmado en septiembre de 1993 en el teatro de Herodes Atticus, con 2.000 años de antigüedad, en Atenas, y editado en 1994.

El concierto, situado en un entorno arquitectónico protegido por las entidades culturales de este patrimonio milenario, fue autorizado de forma extraordinaria y exclusiva por las autoridades griegas, debido a las implicaciones del sonido. Este fue su primer álbum en directo y utilizó una compleja orquesta, además de sus propios intérpretes. Bajo la supervisión del director Shardad Rohani y la Orquesta Filarmónica Real, realizó un concierto magistral. Tal como expresó Rohani al final del concierto: «la más mágica interpretación jamás oída». El concierto fue retransmitido en Estados Unidos por el Public Broadcasting Service (PBS) y rápidamente se convirtió en uno de los programas de mayor popularidad.

"Yanni Live at the Acropolis" es uno de los videos musicales más vendidos de todos los tiempos. Se vendieron más de 10 millones de copias. Composiciones como "One Man’s Dream", "Until the Last Moment" y "Nostalgia" son versiones mejoradas de producciones anteriores que reflejan su madurez. Estas composiciones, junto con piezas como "If I Could Tell You", "Walk in the Rain" o "Highland", han situado al autor entre los principales compositores contemporáneos.

Su producción lo sitúa entre los grandes compositores musicales de su tiempo. Con motivo del quincuagésimo aniversario de la República Popular China, fue el primer músico occidental en actuar en la Ciudad Prohibida. Este concierto está recogido en el álbum “Tribute”, junto con interpretaciones en el Taj Mahal de la India. Contó con prestigiosos músicos internacionales, al igual que en el concierto anterior. Pocos compositores utilizan en sus conciertos una instrumentación tan variada y compleja.

En el año 2000 publicó su duodécima producción, “If I Could Tell You”, con la que volvió a cautivar a su público con nuevos ritmos, influido por su gira por Asia oriental. En 2003 reapareció con el álbum “Ethnicity”, de estilo más variado, que incorpora instrumentos poco conocidos.

Posteriormente realizó una gira mundial titulada "Yanni Live World Tour", recorriendo Estados Unidos y Canadá. Tras varios años sin publicar un directo, regresó en 2006 con una nueva producción grabada en vivo en Las Vegas. Ese mismo año presentó "Yanni Live! The Concert Event" y su correspondiente DVD.

En 2008 volvió a los estudios con el proyecto “Yanni Voices”, que integra voces, incluidas interpretaciones en español. También compuso una pieza dedicada a su madre, "Felitsa", fallecida el 20 de mayo de 2006 en Kalamata.

En febrero de 2003, coincidiendo con el lanzamiento de “Ethnicity”, publicó su autobiografía “Yanni in Words”, coescrita con David Rensin, en la que relata su infancia en Grecia, sus años de formación en Minnesota, su trayectoria como artista internacional y aspectos de su proceso creativo, así como su relación con la actriz Linda Evans.

Ir Arriba
Ir a BIOGRAFÍAS IV


ABBA

Eurovisión con la canción Waterloo. A partir de ese momento, sus discos se situaron en las listas de los más vendidos en Europa. El cuarteto estaba formado por dos parejas sentimentales: Benny Andersson con Anni-Frid Lyngstad (mejor conocida como Frida) y Björn Ulvaeus con Agnetha Fältskog. El nombre "ABBA" es un acrónimo formado por la primera letra del nombre de cada miembro (Agnetha, Björn, Benny, Anni-Frid).

ABBA ganó popularidad internacional empleando melodías pegadizas, letras simples y un sonido propio, caracterizado por las armonías de las voces femeninas, el talento musical masculino y un increíble efecto especial conocido como "muro de sonido", creado por el productor norteamericano Phil Spector, consistente en la grabación de múltiples pistas de acompañamiento superpuestas, hasta lograr un sonido compacto y muy bien acabado. Al crecer su popularidad, el grupo viajó por Europa, Australia y Estados Unidos, y sus grabaciones tuvieron un gran impacto musical, lo que lo llevó a convertirse en el más exitoso de la compañía discográfica “Universal Music Group”. Sin embargo, en la cima de la popularidad, ambos matrimonios se disolvieron, y los cambios en sus relaciones se reflejaron inmediatamente en la música, generando al principio temas tan importantes como The Winner Takes It All.

A finales de 1978, Björn y Agnetha anunciaron su ruptura sentimental, iniciando, aunque lentamente, el declive del grupo. Luego vino el divorcio de la otra pareja, y esta vez la situación se hizo insostenible para mantener en pie el grupo, por lo que decidieron tomar un “descanso” que se ha extendido hasta el presente. Pese a esto, permanecieron fijos en las listas radiofónicas, y ABBA es ahora uno de los grupos con más ventas mundiales, habiendo vendido casi 400 millones de discos.

ABBA fue el primer grupo pop europeo en experimentar el éxito en países de habla inglesa fuera de Europa, principalmente Australia, Nueva Zelanda, Sudáfrica, Canadá y, en menor medida, Estados Unidos. La popularidad de sus miembros abrió las puertas a otros artistas europeos. Su música ha sido cantada en todo el mundo por grandes artistas y ha sido la base para el sensacional musical ¡Mamma Mia! ABBA se disolvió en 1981, no sin antes publicar Super Trouper, uno de sus mejores trabajos, en el que demuestra su madurez profesional, incluyendo varios temas de desamor y tristeza.

El grupo realizó su última aparición pública en 2008, en el estreno de la película ¡Mamma Mia!, protagonizada por Meryl Streep y, además, por Pierce Brosnan, Colin Firth, Stellan Skarsgård y Julie Walters.

Décadas después, ABBA sorprendió al mundo con su regreso. En 2021 publicaron el álbum Voyage y lanzaron un innovador espectáculo en Londres que celebra más de 50 años de trayectoria: ABBA Voyage. En este concierto, los integrantes aparecen como avatares digitales —los llamados «ABBAtars»— acompañados por una banda en vivo, recreando su imagen de los años setenta mediante tecnología de última generación. El espectáculo, presentado en una estructura hexagonal desmontable, construida específicamente para este show en el Parque Olímpico Reina Isabel de Londres, ha sido un éxito rotundo de público y crítica, marcando un hito en la historia de la música en vivo y demostrando la vigencia del grupo más de medio siglo después de su creación.

Benny Andersson (Estocolmo, Suecia, 16 de diciembre de 1946), cantante y compositor sueco, integrante del grupo ABBA. Sus inicios en la música se dieron en su entorno familiar, como intérprete del acordeón. Entre sus influencias juveniles estuvieron Phil Spector, The Beach Boys, The Beatles y Elvis Presley. En 1964 formó el grupo The Hep Stars, en el que permaneció hasta 1969 y que fue conocido como “los Beatles suecos”. Posteriormente integró el grupo ABBA. Con una de sus integrantes, Frida (Anni-Frid Lyngstad), se casó el 6 de octubre de 1978; ella fue su segunda esposa, después de Christina Grönvall, madre de sus dos primeros hijos. Se separó de Frida en 1981. Junto a Björn Ulvaeus, produjo el musical ¡Mamma Mia! (1999) y ha continuado activo como compositor y productor musical.

Anni-Frid Lyngstad nació en Ballangen, cerca de Narvik, Noruega, cinco meses después de finalizar la Segunda Guerra Mundial. Sin saberlo, fue parte de un programa nazi destinado a promover la llamada “raza aria”, que consistía en seleccionar mujeres en países ocupados consideradas “aptas” para tener hijos. Debutó a los 11 años en una actuación a beneficio de la Cruz Roja. Dos años después comenzó a trabajar como vocalista en un grupo de baile y, durante una década, continuó colaborando con distintas formaciones. Consiguió su primer trabajo como cantante de jazz a los trece años. Participó y ganó el concurso New Faces en 1967; como parte del premio, apareció esa misma noche en un programa de la televisión nacional. Era el 3 de septiembre de 1967, día en que Suecia cambió la circulación de vehículos de la izquierda a la derecha, por lo que las autoridades fomentaron que la población permaneciera en casa viendo la televisión.

La actuación de Frida fue vista en toda Suecia, lo que le valió un contrato con EMI Suecia y la publicación de su primer disco. Poco a poco comenzó a ser conocida en todo el país. Grabó su primer álbum en 1971, producido por Benny Andersson, sentando así las bases de ABBA. Se casó con Benny el 6 de octubre de 1978 y se divorció tres años más tarde, en 1981. En febrero de 1982, Frida comenzó la grabación de su primer álbum en inglés (Something’s Going On), producido por Phil Collins.

En 1992 se casó con el príncipe Heinrich Ruzzo Reuss von Plauen (24 de mayo de 1950 – 29 de octubre de 1999). Su matrimonio le confirió el derecho a titularse Su Alteza Serenísima, la princesa Anni-Frid Reuss von Plauen, lo que le abrió las puertas de la corte real sueca, dado que su marido era amigo de la infancia del rey Carlos XVI Gustavo. En la actualidad, la princesa Anni-Frid Reuss von Plauen se dedica a obras de caridad relacionadas con la prevención de drogas y la protección del medio ambiente.

Björn Kristian Ulvaeus nació en Gotemburgo, Suecia, el 25 de abril de 1945. A los 17 años, Björn formó una banda de jazz que adquirió notoriedad al participar en un concurso de la radio sueca. El grupo ganó seguidores de todo tipo, desde adolescentes hasta personas adultas. Un día, en 1966, durante una gira por Suecia, Björn y sus amigos conocieron al grupo de rock and roll sueco Hep Stars, el más popular del país, del que formaba parte Benny Andersson. Björn y Benny comenzaron a escribir música juntos y, ocasionalmente, Benny tocaba con los Hootenanny Singers, como se conocía la agrupación de Björn.

Un día de 1968, Björn encendió la radio y escuchó una hermosa voz femenina que hizo que fuera a la tienda de discos y comprara el sencillo interpretado por Agnetha Fältskog. Björn se enamoró de la voz sin saber que Agnetha era una de sus grandes admiradoras. Se conocieron en 1969 en Gotemburgo. En muy poco tiempo se comprometieron y se mudaron a un pequeño apartamento en Estocolmo. Björn y Agnetha comenzaron a trabajar juntos, realizando su primera grabación: “El amor comienza de esta forma”.

En 1970, Björn, Agnetha, Benny y Frida hicieron su primera presentación juntos. Al comienzo del período de ABBA, Björn componía la música junto con Benny y ambos escribían la letra. Björn era “el chico listo” del grupo, quien no temía enfrentarse a las cámaras ni a la prensa. A finales de los años setenta, Björn y Agnetha decidieron separarse. Tras el fin de ABBA, Björn se convirtió en una especie de portavoz, hablando acerca de la trayectoria del grupo para la prensa sueca y del mundo. Junto con Benny Andersson y Tim Rice escribió el musical Chess en 1984. El musical se presentó en Londres durante dos años (1986-1988) y después se trasladó a Broadway en 1988. Poco tiempo después, Björn decidió dar un nuevo impulso a los éxitos de ABBA, creando un musical basado en varias canciones con una historia ligera. El musical fue titulado ¡Mamma Mia! y tuvo su estreno en Londres el 6 de abril de 1999. Björn comenzó a aparecer en los estrenos de ¡Mamma Mia! junto a Anni-Frid Lyngstad.

Agnetha Fältskog (5 de abril de 1950, Jönköping, Suecia). Es fundadora de ABBA, junto con Björn Ulvaeus, Benny Andersson y Anni-Frid Lyngstad. Creció en una familia de músicos, llegando a componer su primera canción a los cinco años, “Dos pequeños trols”. A los 16 años empezó su carrera como artista y, en 1967, a los 17, alcanzó la cima del panorama musical sueco gracias a su propia composición “Estaba tan enamorada”. En 1972 interpretó a María Magdalena en la versión sueca del exitoso musical Jesucristo Superstar.

El 6 de julio de 1971, Agnetha contrajo matrimonio con Björn Ulvaeus, con quien tuvo dos hijos, Linda y Christian. En 1978, Björn y Agnetha se separaron, aunque accedieron a permanecer en ABBA hasta tres años más tarde, cuando el grupo se disolvió.

Agnetha es una de las figuras más admiradas de Suecia y es considerada “la nueva Garbo”. Tiene una marcada aversión a la prensa, por lo cual rara vez aparece en público. Agnetha no es solo la rubia de ABBA: es la cantante más activa tras la disolución del célebre cuarteto sueco. Ya cantaba y grababa antes de conocer a su marido y futuro socio creativo, Björn Ulvaeus, y continuó haciéndolo cuando su matrimonio y el grupo terminaron, a comienzos de los años ochenta.

En una interpretación para la cual no existen adjetivos justos (¿celestial?), selló el final de su historia de amor y éxito con The Winner Takes It All, una de las mejores canciones pop de todos los tiempos. Haga lo que haga, Agnetha es una mujer que merece el respeto de todos; mantiene el decoro necesario para reconocer a aquellos músicos que, en sus palabras, “me han inspirado y dejado profundas huellas en mi alma y mi corazón. Esta es la banda sonora de un tiempo perdido, al cual regreso con las fuerzas poderosas de la música”.

"The Winner Takes It All"

I don't wanna talk
About the things we've gone through
Though it's hurting me
Now it's history
I've played all my cards
And that's what you've done too
Nothing more to say
No more ace to play

The winner takes it all
The loser standing small
Beside the victory
That's her destiny

I was in your arms
Thinking I belonged there
I figured it made sense
Building me a fence
Building me a home
Thinking I'd be strong there
But I was a fool
Playing by the rules

The gods may throw a dice
Their minds as cold as ice
And someone way down here
Loses someone dear
The winner takes it all
The loser has to fall
It's simple and it's plain
Why should I complain.

But tell me does she kiss
Like I used to kiss you?
Does it feel the same
When she calls your name?
Somewhere deep inside
You must know I miss you
But what can I say
Rules must be obeyed

The judges will decide
The likes of me abide
Spectators of the show
Always staying low
The game is on again
A lover or a friend
A big thing or a small
The winner takes it all

I don't wanna talk
If it makes you feel sad
And I understand
You've come to shake my hand
I apologize
If it makes you feel bad
Seeing me so tense
No self confidence
But you see
The winner takes it all
The winner takes it all...


Ir Arriba
Ir a BIOGRAFÍAS IV


BIOGRAFIAS V

GANSTERES AMERICANOS

NOTA: Las biografías han sido tomadas de Planeta Sedna (http://www.portalplanetasedna.com.ar) y Biografías y Vidas (http://www.biografiasyvidas.com). Muchas han sido editadas y adaptadas para el Foro

.- Bonny y Clyde/Historia sobre la famosa pareja de gánsteres durante la depresión económica

.- Al Capone/El más famoso gánster de los Estados Unidos

***

.- John Dillinger/El enemigo número 1 de los años treintas en los Estados Unidos

.- Lucky Luciano/El padre del crimen organizado, tal como se conoce hoy en día. Fue el cerebro del auge del tráfico de heroína

***

.- Frank Costello/Ocupó uno de los puestos más altos del mundo del crimen. Controló el imperio del juego en los EE. UU. y tuvo una influencia política como ningún otro jefe de La Cosa Nostra



Bonnie y Clyde / Historia sobre la famosa pareja de gánsteres durante la Depresión económica

El Sur en los años treinta era una época diferente: Bonnie y Clyde no eran las únicas personas que rompían la ley y que despertaban nuestra atención. Fue una época de depresión económica y frustración que incrementó los delitos. Estos dos amantes del crimen hicieron suyo aquel mandamiento utilizado en otros momentos por quienes adoraban «vivir peligrosamente». Esta era la única meta, la única diversión de Bonnie y Clyde. Y así lo admitieron ellos mismos —o, al menos, Bonnie Parker— cuando ella escribió una especie de poema póstumo (para ser publicado tras su muerte) que un diario de Dallas imprimió, efectivamente, bajo el título de Historia de Bonnie y de Clyde. La publicación y, por lo tanto, la muerte de sus protagonistas ocurrieron en la primavera de 1934.

Clyde Barrow nació el 24 de marzo de 1909, el cuarto de una familia de ocho hijos, en una granja de las afueras de Telico, en el sudeste de Dallas. Bonnie Parker nació el 1 de octubre de 1910, segunda de tres hijos; su padre era albañil. Eran familias humildes, que vivían con dificultades y que sufrieron los efectos de una intensa depresión económica. Sus primeros años fueron, sobre todo a las puertas de la adolescencia, similares a los de otros delincuentes: robos de coches, asaltos a tiendas, peleas entre bandas, detenciones, correccionales e interrogatorios en comisarías.

Clyde salió de cada encierro con ambiciones más firmes y de mayor alcance. Su siguiente ascenso en la escala del delito lo llevó al atraco de oficinas bancarias, en un ejercicio de «precalentamiento» para el crimen, ya que no vivía en una miseria que justificara, en parte, sus latrocinios. En esas estaba, trabajando a su aire, cuando se cruzó en su camino Bonnie Parker, una mujer nada corriente que llamaba la atención por su atractivo y su espectacular cabellera pelirroja. Era una mujer amante de las sensaciones fuertes, con una necesidad constante de vivir intensamente, apasionada por los automóviles y las armas, y atraída por personas, como ella, ávidas de riesgo.

En diciembre de 1926, Clyde fue acusado por primera vez de haber robado un automóvil. Cuatro años después, en marzo de 1930, fue condenado a cumplir 14 años de prisión por hurtos menores y robo de autos. Escapó de la cárcel con la ayuda de Bonnie, que logró introducir armas en su celda, pero fue arrestado poco tiempo después en Ohio. No pasó más de dos años en prisión, siempre visitado por Bonnie. Consiguió la libertad condicional en febrero de 1932. Clyde regresó a su casa en Dallas y se reunió con Bonnie. Su intención era abandonar la delincuencia y vivir del trabajo. Bonnie soñaba con ser cantante y poeta. Clyde viajó a Massachusetts para trabajar en la construcción, pero solo resistió unas semanas. Su destino ya estaba marcado: la delincuencia sería su camino.

Una vez que comprobaron que estaban hechos el uno para el otro, decidieron formar su propia banda de malhechores, de carácter casi familiar, integrada por el hermano de Clyde, Buck; la esposa de este, Blanche; y otros tres individuos: Hamilton, Jones y Methvin. Con su organización iniciaron sus acciones; una de las más espectaculares tuvo lugar en Joplin (Misuri), donde, por primera vez, tuvieron que hacer frente a un cerco policial del que lograron escapar tras un intenso tiroteo, con un saldo de tres policías muertos. Durante el resto de 1933 se sucedieron las persecuciones y los delitos en diversos estados, no siempre con éxito. Estos gánsteres actuaban de forma rudimentaria, más por impulso que por cálculo; no tenían la organización ni la sangre fría de los grandes mafiosos del país.

Fueron cercados nuevamente en Platte City, donde resultó herido Buck Barrow. Lograron huir hasta Iowa, donde también fueron perseguidos. En esta ocasión, Buck murió y su esposa Blanche fue detenida. Bonnie y Clyde escaparon, no sin antes matar a varios policías que los perseguían. A comienzos de 1934, interceptaron un furgón policial que transportaba a cinco presos; detuvieron el vehículo, mataron al guardián y liberaron a los reclusos. Posteriormente, asaltaron un banco sin éxito y, en Texas, asesinaron a dos policías que les habían solicitado la documentación. Otros dos agentes murieron en Oklahoma.

El 22 de mayo de 1934 fueron cercados y se les conminó a rendirse; la respuesta fue la esperada: abrieron fuego. Murieron en el enfrentamiento. El informe forense indicó que cada uno de los cuerpos había recibido más de 50 impactos de bala, y el automóvil presentaba 167 orificios. Uno de los policías, Ted Hinton, escribió: “Abrí la puerta del auto y vi a la muchacha en medio de la sangre, pero aún olía a perfume y su peinado no se había arruinado. Sobre el piso del Ford estaban la pistola con la que Bonnie había alcanzado a disparar, un mapa de carreteras de Luisiana y el sándwich a medio comer que la bella Bonnie masticaba”. Poco después, un periódico publicó el poema enviado por Bonnie Parker, que comenzaba: «Un día de estos, caerán codo con codo…».

Ir Arriba
Ir a BIOGRAFÍAS V


Al Capone/El más famoso gánster de los Estados Unidos

Su nombre era Alfonso Gabriel Capone. Vivió siempre al margen de la ley; aprovechando la prohibición de la venta de alcohol en EE. UU., armó un grandioso negocio clandestino con el que consiguió una importante fortuna. En 1931 fue detenido por evadir el pago de impuestos, ya que nunca se pudo demostrar su participación en otros hechos delictivos. Nació el 17 de enero de 1899 en Brooklyn (EE. UU.), hijo de emigrantes italianos. Su padre sabía leer y escribir y había conseguido trabajo en una tienda, y su madre cosía para ayudar a llegar a fin de mes.

A los 5 años comenzó el colegio público y le costó adaptarse a las normas severas de disciplina y estudio. Siempre hubo prejuicios hacia los inmigrantes italianos, por lo que le fue difícil su relación con otros compañeros. De todas maneras, fue un buen alumno hasta sexto grado cuando, por un altercado con un maestro, fue expulsado del colegio. La familia se mudó a Garfield Place. En el nuevo barrio conoció a un delincuente llamado Johnny Torrio y comenzó a trabajar para él, ganando día a día su confianza, aprendiendo los secretos de esta actividad y relacionándose con otras bandas, iniciando una vida de pequeños robos, apuestas ilegales, vandalismo y peleas. También trabajó en una fábrica de municiones y fue considerado un gran trabajador.

En 1917, Frankie Yale (Francesco Ioele) abrió el bar “Harvard Inn” en Coney Island y contrató a Al como barman, siguiendo el consejo de Torrio. Al era apreciado tanto por su jefe como por los clientes, hasta el día en que dijo un piropo fuera de lugar a una chica y su hermano, que iba con ella, se levantó y le golpeó. Aunque intentó defenderse, le propinaron varias puñaladas, algunas en la cara. Las cicatrices de estas heridas le valieron el alias de “Scarface” (cara de cicatriz). Al se convirtió en el protegido de Yale, un hombre violento que enseñó al joven a llevar un negocio a base de violencia.

En 1918, Capone se casó con Mae Coughlin, una chica irlandesa, con quien tuvo ese mismo año un hijo, Albert “Sonny” Francis Capone. Johnny Torrio fue el padrino. La pareja vivió en Brooklyn durante un año. Capone aún formaba parte de la banda comandada por Frankie Yale y se dice que cometió al menos dos asesinatos cuando fue enviado a Chicago en 1919. Luego se mudó a Baltimore, donde trabajó como contable.

Mientras tanto, en Chicago, “Big Jim” Colosimo, quien fuera el jefe más importante de la prostitución, fue asesinado por Frankie Yale para robarle el negocio, pero nunca lo consiguió, ya que Torrio se adelantó y tomó el control. Al volvió a Chicago y reinició sus actividades delictivas junto a su amigo Torrio, quien estaba al frente de miles de prostíbulos y bares clandestinos. Al se convirtió rápidamente en socio de Torrio y se unió al imperio criminal. Compró una casa en Prairie Avenue y se instaló allí con su mujer, su hijo, su madre y sus hermanos.

En 1923, un nuevo alcalde, William Dever, quiso reformar la organización municipal. Torrio decidió alejarse por un tiempo y viajó a Italia, quedando Al Capone con el control total del negocio y conquistando la ciudad sin grandes obstáculos. La creación de más negocios ilegales y los problemas con otras bandas criminales terminaron en una guerra que ocasionó la muerte de 135 personas. Los peores enemigos de Al eran “Hymie” Weiss y Bugs Moran. Dos semanas después de que este dúo fallara en una tentativa de asesinato, Torrio volvió a Chicago y acabó en un hospital tras ser atacado. Poco tiempo después fue encarcelado y, tras salir, decidió retirarse, dejando todo en manos de Capone, quien comenzó a consolidar su poder.

Capone se volvió amable y caritativo y comenzó a interesarse por la política. Dos enemigos declarados, Billy McSwiggin y “Klondike” O’Donnell, salieron de copas al bar Cicero, regenteado por Al, lo que fue considerado un insulto territorial, por lo que los hombres de Capone los mataron a tiros. Todos sabían quién era el responsable de esta masacre, pero no se presentaron pruebas para acusarlo.

Capone desapareció durante el verano y no hubo manera de encontrarlo, a pesar de que se inició una investigación exhaustiva. Comenzó a ganarse una reputación de benefactor entre la comunidad italiana, ya que empleaba a numerosos inmigrantes para sus negocios de contrabando. Llegó a pensar en retirarse de la vida criminal; se entregó a las autoridades, pero como la policía no tenía suficientes pruebas, quedó en libertad.

Más tarde organizó una conferencia por la paz en la que pidió a los contrabandistas el cese de la violencia, lo que tuvo éxito durante dos meses. También abrió un comedor de beneficencia para quienes habían perdido su empleo a causa de la depresión.

Frankie Yale traicionó a Capone en un negocio de whisky y fue asesinado poco después. Al, junto a su aliado McGurn, planeó eliminar a la banda de Moran. El 14 de febrero, hombres disfrazados de policías ejecutaron a varios contrabandistas en un garaje. Este episodio se conoció como la “Matanza de San Valentín”. Capone estaba en Florida y nunca fue acusado directamente.

Tras estos hechos, se organizó una gran operación judicial contra él. En marzo de 1931 fue acusado formalmente de evasión de impuestos. Finalmente, el 17 de octubre de 1931 fue declarado culpable y el 24 de octubre condenado a once años de prisión, además de multas económicas.

En 1934 fue trasladado a la prisión de Alcatraz, donde perdió todos sus privilegios. Antes de casarse, Capone había contraído sífilis, enfermedad que deterioró gravemente su salud durante su encarcelamiento. Su esposa lo acompañó hasta el final. El 21 de enero de 1947 sufrió un derrame cerebral y murió tres días después, a causa de una neumonía.

Ir Arriba
Ir a BIOGRAFÍAS V


John Dillinger/El enemigo número 1 de los años treinta en los Estados Unidos

John Dillinger, el delincuente más buscado de los años treinta, fue muerto a la salida del cine “Biograph”, después de haber visto *Drama en Manhattan*, protagonizada por Clark Gable. Ese edificio, el del “Biograph”, existe aún, lo mismo que los árboles de un bosque cercano, allí, en Chicago, donde pueden verse los huecos de las balas de uno de sus episodios con el FBI. En su momento, Dillinger fue temido y admirado. Miembro de una clase media que empezaba a empobrecer, se especializó en robos de bancos. Había nacido en 1903 en Indianápolis, en el hogar de un tendero viudo que abandonó a sus hijos a su suerte hasta que, en 1912, contrajo segundas nupcias.

En 1915, el pequeño John (12 años) ya encabezaba una pandilla de golfillos autobautizados como «los doce sinvergüenzas», lo que le llevó, por primera vez, ante un tribunal de menores. Cuando estuvo de nuevo en la calle, participó en una violación junto a otros niños (tenía entonces 13 años), y con 16 años abandonó las aburridas aulas de la escuela y se decidió por la mecánica, para la que parecía bien dispuesto. A los 20 se alistó en la Marina, aunque desertó muy pronto. Su ídolo por entonces era el bandido Jesse James. Se casó a los 21 años, acontecimiento que coincidió con su primera pelea con un policía, lo que lo llevaría a estar entre rejas durante diez años. Su esposa pidió el divorcio.

En la cárcel fue un alumno aventajado y entusiasta de un personaje siniestro —y con poderes que parecían irresistibles— que engatusó al joven preso: se trataba de Harry Pierpont. En 1933 salió de la cárcel y descubrió un país diferente, azotado por la gran crisis iniciada en 1929 y que aún continuaba. Le acobardó la posibilidad de unirse a los más de cuatro millones de parados producidos por los momentos difíciles que se vivían en Estados Unidos y en todo el mundo por la recesión. Así que, ya sin duda alguna, eligió una profesión arriesgada pero con buenos resultados económicos inmediatos: la de gánster.

A partir de ahí, y hasta su muerte, inició y desarrolló una carrera frenética que lo convertiría en una leyenda en vida. Comenzó con un atraco a un banco y siguió con el robo a dos supermercados, una tienda de 24 horas y una fábrica. Al final, cayó y de nuevo fue encerrado, pero Pierpont le facilitó la huida.

Junto a su «padrino», reanudó sus aventuras al margen de la ley, haciendo que medio país lo persiguiera en enloquecidas carreras de automóviles que los llevaban de un estado a otro, de una capital a una aldea perdida, de Indiana a Wisconsin y de allí a Illinois, para quedarse en Chicago. Allí, el 15 de enero, disparó sobre un policía llamado O’Maley, a quien mató.

De nuevo fue detenido en Tucson (Arizona), donde ingresó otra vez en prisión, de la que volvió a escapar tras dejar en su celda, maniatados, a una docena de agentes. En su afán por huir otra vez, robó un coche y cruzó la frontera de otro estado, lo que lo convirtió en un delincuente federal y obligó al FBI a intervenir en su persecución. Para entonces, la prensa y todo el país lo habían bautizado como «el enemigo público número 1».

Se le unió Baby-Face Nelson, quien, a su vez, llegó acompañado por Horace Van Meter. Juntos robaron varios bancos y lograron escapar utilizando a rehenes como escudos humanos. En Saint Paul, Dillinger pensó que estaba a salvo junto a su amante Billie Frechette, pero el FBI estuvo a punto de capturarlo. Resultó herido en una pierna, logró huir y se ocultó en casa de su padre.

Una nueva reyerta con los agentes se produjo en La Petite Boheme, un albergue en el que descansaban Dillinger y los suyos. Sorprendidos por la policía, fueron cercados. Se inició un tiroteo en el que sus compinches lograron escapar, pero dejaron atrás a las mujeres que les acompañaban, que fueron detenidas.

La creciente fama del gánster hizo cada vez más difícil que alguien lo ayudara. Su cabeza tenía precio: 10.000 dólares. Dillinger acudió a un cirujano plástico para cambiar su rostro y continuó con sus atracos. Cada vez más acorralado, huyó con su última amante, Polly Hamilton, hasta Chicago, donde alquilaron un apartamento con nombre falso.

La dueña los denunció, y la policía rodeó la zona con un gran despliegue. Sin saberlo, Dillinger y Polly acudieron al cine Biograph. Al salir, fueron sorprendidos por los agentes. Sin tiempo para sacar su arma, Dillinger cayó acribillado por una lluvia de balas a la puerta del cine.

Junto a su cadáver, la multitud se arremolinó; algunos llegaron incluso a mojar pañuelos en su sangre. Desde ese momento, comenzó a circular la leyenda de que aquel cuerpo no era el suyo y que el verdadero «enemigo público número 1» había logrado escapar una vez más.

Ir Arriba
Ir a BIOGRAFÍAS V


Lucky Luciano/Padre del crimen organizado y cerebro del auge del tráfico de heroína

Lucky Luciano (Salvatore Lucania). Nació el 24 de noviembre de 1897 en Sicilia, Italia. Falleció el 26 de enero de 1962, en Nápoles, Italia. Se le considera el padre del crimen organizado tal como se conoce hoy en día. Fue el cerebro del gran auge del tráfico de heroína en la posguerra.

Nació en Lercara Friddi, una ciudad siciliana conocida principalmente por sus minas de azufre. Su familia emigró a los Estados Unidos en 1907. A su llegada a la isla de Ellis, punto de recepción de los emigrantes, las autoridades sanitarias le diagnosticaron viruela, enfermedad que le dejaría marcado el rostro de por vida. Tras pasar la preceptiva cuarentena, Luciano empezó a vivir con su familia en un barrio judío de Nueva York, y se dice que allí conoció a quienes más tarde serían sus socios: Meyer Lansky y Bugsy Siegel.

En 1911 fue detenido por primera vez por robo, pasando sus primeros meses en un correccional. En 1915 ya tenía su propia banda en East Harlem. A los 18 años fue sentenciado a seis meses por vender heroína y morfina. A la salida del reformatorio comenzó su carrera criminal en la banda “Five Points Gang”, con Frank Costello.

Hacia 1920, Luciano ya conocía a muchos de los peces gordos de la mafia, incluyendo a Vito Genovese y a Frank Costello, y se dedicaba con ahínco al negocio del alcohol en la época de la prohibición en las áreas de Nueva York y Filadelfia. Eran tales sus conexiones que importaba directamente whisky de Escocia y Canadá, y ron del Caribe. También controlaba el negocio del juego.

Gracias a esta banda conoció a Al Capone. Comenzó su propio negocio de prostitución con Joe Adonis como socio a principios de la década de 1920, y en 1925 ya controlaba a la mayoría de las prostitutas con sede en Manhattan. En 1927 ya era considerado un hombre millonario. Usaba como método la narcoprostitución, es decir, hacía a las prostitutas adictas a la heroína y les pagaba con droga.

Pronto, Luciano se unió a la banda de Joe Masseria, que era por entonces el don más poderoso de Nueva York. Sin embargo, esta asociación duró muy poco, ya que ambos tenían puntos de vista divergentes a la hora de manejar los negocios. Masseria era un “bigotudo” (Mustache Pete, en el original) que deseaba preservar los viejos ideales de la mafia siciliana, tales como el “honor”, la “tradición”, el “respeto” y la “dignidad”. En cambio, Luciano era un “joven turco” que pertenecía al grupo de los nuevos mafiosos que querían un cambio radical en el orden establecido (turco en relación con la mafia judía, especialmente Meyer Lansky, ya que por esos días Palestina era parte del Imperio otomano).

El grupo no quería trabajar con nadie que no fuese siciliano o, al menos, italiano. Luciano y los “jóvenes turcos” pensaban, en cambio, que lo importante era ganar dinero sin que importasen los orígenes de los socios. Le parecía sorprendente, por ejemplo, que se refiriesen a Frank Costello como el “sucio calabrés”.

Un día de 1929, Luciano fue obligado a entrar en un coche a punta de pistola por tres hombres. Fue golpeado, marcado en la cara con una navaja y, finalmente, abandonado en una playa de la bahía de Nueva York. Su socio Lansky averiguó que el secuestro y la tortura habían sido ordenados por Salvatore Maranzano, enemigo de Masseria. Debido a este incidente, Luciano resolvió que estaba en el bando equivocado, decidiendo deshacerse finalmente de Masseria y tomar el control de la banda.

Esta guerra transcurrió de 1928 a 1931 entre familias rivales y finalizó cuando Masseria fue asesinado en un restaurante de Coney Island. Los asesinos eran hombres de Luciano: Bugsy Siegel, Vito Genovese y Joe Adonis. Tras este hecho, Luciano tomó el control de la banda e hizo las paces con Maranzano, quien lo nombró su mano derecha.

Maranzano convocó a una reunión a las cinco familias de Nueva York, en el Bronx, garantizando la paz. Durante la reunión se autoproclamó "jefe de jefes" o "capo di tutti i capi", lo que significaba que cada don habría de compartir los beneficios con él.

Como Maranzano sabía que la única forma de mantener su poder era eliminando a aquellos que pudieran arrebatárselo, Luciano se convirtió de facto en su primer objetivo. Este se enteró de los planes de su jefe por medio de Lansky y decidió adelantarse a los hechos. Para tal fin, organizó un grupo de sicarios que, disfrazados de policías, ejecutaron a su jefe. Este grupo entró en la oficina de Maranzano, quien creyó que estaba siendo arrestado; según el informe policial, dejaron su cuerpo cosido a balazos. En su huida, el grupo se encontró con Mad "Dog" Cull, el asesino que tenía la orden de matar a Luciano, quien sufrió la misma suerte.

Luciano se había salido con la suya y estaba en la cumbre del poder: tenía participación en numerosos negocios por todo el territorio de los Estados Unidos. Pronto organizó La Comisión, de la que eran miembros los más importantes jefes de la mafia norteamericana, siendo él mismo el líder sin discusión. A La Comisión acudían los don y miembros relevantes de las “cinco familias” de Nueva York, el grupo de Chicago, “la oficina” de Nueva Jersey y las familias criminales de Kansas, Los Ángeles y Detroit.

Al mismo tiempo, reorganizó su propia familia nombrando a Vito Genovese como su segundo y a Frank Costello consigliere. Caporegimes suyos eran Michael Coppola, Anthony Strollo, Joe Adonis y Anthony Carfano, mientras que Lansky y Siegel cumplían la función de consejeros especiales. Luciano organizó La Comisión con los máximos ejecutivos de la mafia, convirtiéndose en su líder indiscutido. La Comisión era el equivalente de la mafia a la Corte Suprema y manejaba todas las disputas entre gánsteres. Fue considerada la innovación más importante de Luciano.

Si un individuo era un mafioso independiente, su don tenía que acudir ante La Comisión para delimitar responsabilidades y asuntos de honor. La Comisión estaba constituida por representantes de las cinco familias de Nueva York, la familia criminal de Filadelfia, la familia criminal de Búfalo y el Chicago Outfit de Al Capone; más tarde, se añadieron las familias criminales de Detroit, Los Ángeles y Kansas. Todos los jefes tenían el mismo poder y, supuestamente, valían un voto, pero en realidad Luciano era el primero entre iguales.

El reinado de Luciano fue relativamente breve, ya que muy pronto sufriría el acoso del fiscal especial Thomas E. Dewey. En 1936, Dewey consiguió una acusación formal contra Luciano por proxenetismo. Luciano se fugó a Hot Springs (Arkansas), pero finalmente fue encarcelado. Aun desde la prisión, Luciano continuó al mando de los negocios de la familia a través de su segundo, Vito Genovese, quien en 1937 tuvo que huir a Nápoles para evitar ser encausado por asesinato, ocupando Costello su lugar.

A Luciano le fue propuesto un trato por el gobierno de los Estados Unidos: a cambio de su ayuda en la invasión aliada en Sicilia, le ofrecieron la deportación a Italia. Ya en Roma, se enteró de que la marcha de sus negocios andaba de capa caída, lo que le hizo reunirse urgentemente con Siegel, a quien hizo asesinar meses más tarde debido a las sospechas de que este robaba dinero de la familia con la excusa de financiar su hotel-casino, el Flamingo Las Vegas. Tiempo después, Luciano fue visto en La Habana y las autoridades norteamericanas lo deportaron a Italia.

La Conferencia de La Habana de 1947 fue un histórico encuentro de la mafia estadounidense y líderes de la Cosa Nostra en La Habana, Cuba. Supuestamente fue organizada por Charles "Lucky" Luciano; la conferencia se celebró para discutir asuntos políticos, normas de actuación e intereses de negocio. A la conferencia acudieron delegaciones representando a las familias del crimen de todos los Estados Unidos. Se celebró durante la semana del 22 de diciembre de 1946 en el Hotel Nacional. Se considera este encuentro como el más importante desde la conferencia de Atlantic City de 1929.

Una vez en Italia, Luciano se estableció en Nápoles, donde era una celebridad, especialmente entre turistas y marineros norteamericanos. Allí pensó escribir sus memorias e incluso que se realizara una película sobre su vida, pero, en el momento de reunirse con un productor de cine, justo antes de estrecharle la mano en el aeropuerto de Nápoles, se llevó la mano al pecho y falleció de un infarto. Sus restos fueron finalmente enterrados en la cripta familiar de los Lucania en Nueva York, el país que siempre añoró y que consideraba su verdadero hogar. Durante años, el Buró Federal de Narcóticos trató infructuosamente de construir un caso contra Luciano por tráfico de drogas desde Europa.

Ir Arriba
Ir a BIOGRAFÍAS V


Frank Costello/Ocupó uno de los puestos más altos del mundo del crimen, controlando el juego

Frank Costello —nacido Francesco Castigliaro—: 26 de enero de 1891 - 18 de febrero de 1973. Fue un mafioso italoestadounidense que ascendió a los puestos más altos del mundo del crimen, controlando un vasto imperio del juego a lo largo de los Estados Unidos y ejerciendo una influencia política como ningún otro jefe de la Cosa Nostra.

Apodado el "Primer Ministro del Hampa", se convirtió en uno de los más poderosos e influyentes jefes de la mafia en la historia estadounidense. Nació en Lauropoli, Calabria, Italia, en 1891. En 1895, a la edad de cuatro años, se embarcó hacia los Estados Unidos junto con su madre y su hermano Edward. La familia estaba ansiosa por reunirse con el padre, quien había emigrado varios años antes. Viviendo en el East Harlem de Nueva York, el hermano mayor de Francesco, Eddie, lo introdujo en actividades de bandas. Con 13 años, Francesco se había convertido en miembro de una banda local y había comenzado a usar el nombre de Frankie. Continuó cometiendo pequeños crímenes y fue a la cárcel por asalto y robo en 1908 y 1912.

En 1915, con 24 años, volvió a prisión durante diez meses por portar un arma. Justo antes de ir a la cárcel, Frank Castiglia se había casado con Lauretta Giegerman, una joven judía que era hermana de un amigo suyo muy cercano. Tras ser puesto en libertad, el joven Frank decidió emplear su inteligencia para prosperar en el mundo del hampa. Soslayando el uso de la violencia como camino hacia el éxito y la riqueza, no volvió a ser encarcelado en los siguientes 37 años.

Tras su salida de prisión en 1916, comenzó a trabajar con Ciro Terranova, un poderoso mafioso del East Harlem. Frank se convirtió en miembro de una banda que controlaba el juego, la extorsión, el robo y los narcóticos en Manhattan y el Bronx. Mientras trabajaba para la banda de Terranova, Castiglia conoció y formó equipo con Lucky Luciano, entonces conocido como Salvatore Lucania, líder siciliano de la banda del Lower East Side de Manhattan. Los dos italianos congeniaron inmediatamente. Juntos, y con otros jóvenes italianos —Vito Genovese y Gaetano Lucchese— y asociados judíos como Meyer Lansky y Benjamin Siegel, la banda se vio envuelta en todo tipo de actos reñidos con la ley.

El éxito de los jóvenes italianos les permitió diversificarse y hacer negocios con líderes criminales judíos e irlandeses de la época, incluyendo a Arnold Rothstein, Arthur Flegenheimer, Owney Madden y William Dwyer. Rothstein llegó a ser mentor de Castiglia, Luciano, Lansky y Siegel mientras dirigían el negocio del contrabando con el llamado “barón de la cerveza del Bronx”. En 1922, Castiglia, Luciano y sus asociados italianos más cercanos se unieron a la mafia siciliana, conducida por Joe Masseria, un capo de la mafia italiana. Hacia 1924, Frank Castiglia se había convertido en un cercano colaborador de los jefes irlandeses de Hell's Kitchen, Dwyer y Madden. Frank estuvo involucrado en sus operaciones de contrabando de alcohol. Esto motivó que Castiglia cambiara su apellido por uno cuya sonoridad fuese más irlandesa: Costello.

En 1926, Bill Dwyer fue declarado culpable de sobornar a un oficial de los guardacostas y fue sentenciado a dos años de cárcel. Tras esto, Costello asumió el control de las operaciones junto con Owney Madden. Esto causó fricciones entre Madden y el teniente de Dwyer, Charles Higgins.

Frank Costello murió como un hombre retirado. En sus últimos años se rodeó de personas ajenas al círculo de la mafia; destacó su amistad con el actor Anthony Quinn hasta el final de sus días. En sus honras fúnebres le acompañaron no más de 50 personas; la mayoría no tenía relación con el mundo del crimen ni de la mafia.

Ir Arriba
Ir a BIOGRAFÍAS V
La falacia de la democracia

Mientras el voto del intelecto tenga el mismo peso que el de la ignorancia, la democracia no será más que un instrumento falaz al servicio del capitalismo, destinada a acrecentar la riqueza de oligarcas y burgueses, y a perpetuar a la mayoria de la población mundial en la indigencia cognitiva y material. Bajo esta farsa, y con los grandes consorcios mediáticos confabulando en su infame labor de desinformar, las mayorías quedan condenadas a subsistir bajo la mentira impuesta por las minorias.
Ing. Nemen Hazim Bassa
12 de febrero de 1997
San Juan, Puerto Rico

Entradas más visitadas, leídas o compartidas en los últimos días...