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Extraños valores...

La norteamericana, sociedad de extraña moral. Mientras Clinton hace lo que es una “costumbre” en la mayoría de los seres humanos adultos -incluyendo los de su país-, su pueblo, su sistema, y su prensa convierten un problema de faldas en algo monstruoso, reacción que no manifiestan frente al genocidio contra el pueblo iraquí o frente al criminal bloqueo al que tienen sometido al pueblo cubano...

[En razón del "escándalo Lewinsky", que surgió por una relación sexual entre el presidente de los Estados Unidos, Bill Clinton, y una hermosa becaria de 22 años de la Casa Blanca llamada Monica Lewinsky]

Mientras el presidente de los Estados Unidos Bill Clinton hace acopio de la ecuanimidad y la sensatez requeridas en este determinado momento del acontecer político internacional -dos virtudes de tal magnitud conjugadas en uno de los tantos jefes de Estado que ha tenido la nación más poderosa del planeta Tierra-, la violación de una disposición legal propia de una “sociedad manipulada por la hipocresía” podría inducir a que tales “cualidades” se inviertan hacia una salida no deseada por parte del mandatario norteamericano en lo que respecta a los dos tópicos de mayor relevancia internacional de estos tiempos: la crisis de Irak, con la negativa de su gobierno -que por derecho propio le corresponde- a que los lugares considerados de seguridad nacional sean inspeccionados por los que conforman el grupo que representa la Organización de las Naciones Unidas (ONU), y la eliminación del bloqueo a Cuba.

Es muy preocupante que en el mismo momento en que se busca una solución diplomática a la situación de Irak y el Jefe de la Iglesia Católica está de visita en Cuba reuniéndose con Fidel Castro para buscar soluciones alternas a los problemas del embargo y de la neo liberalización económica -tal y como quedó plasmado por las últimas palabras pronunciadas por el Papa al momento de su despedida en el Aeropuerto Internacional José Martí de La Habana, el 25 de este mes-, se dé a conocer a la luz pública la noticia de que el presidente Clinton cometió adulterio, como si esto fuera el fin de la humanidad.

Como la sociedad norteamericana tiene unos valores extraños, de repente el “escándalo” en que se encuentra envuelto el jefe del Estado norteamericano está a punto de separarlo de tan prominente posición, salvo que haga dos cosas muy importantes que en nada afectan la moral, ni las costumbres, ni las leyes, ni el sentimiento de los paisanos norteamericanos: que ordene el uso de su aparatosa fuerza de guerra contra el pueblo iraquí, y que su voluntad para terminar de una vez y por siempre con un “embargo inaceptable” -tal y como lo definió Su Majestad Juan Pablo II- se vea doblegada por las “negociaciones” en el más alto nivel del Pentágono.

En lo que respecta a Irak, la muerte de cientos de miles de iraquíes elevaría sustancialmente la popularidad del gobernante de turno; la experiencia ha enseñado que esta sería la manifestación del pueblo estadounidense frente a tal genocidio. Sólo habría que sentarse frente al televisor -sintonizar CNN, FOX o NBC- y ver los resultados de las encuestas en la misma medida en que las bombas cumplen su cometido en Irak. Los números que arrojarían esas encuestas serían altamente favorables al presidente Clinton, quien de seguro aumentaría su “credibilidad” ante el pueblo en forma significativa; la estupidez del problema de faldas -convertida en una nueva agresión contra Irak-, quedaría subordinada al período posterior al que ejerce la actual administración.

Con Cuba la situación se torna un poco más difícil. La universalización dada al problema del embargo por las expresiones del Papa -sumado a la opinión pública mundial- ha obligado a los estrategas pentagonistas del sistema capitalista más desarrollado del mundo a pensar en soluciones a su favor, diferentes a las tomadas en el conflicto creado por las avionetas que invadieron el espacio aéreo cubano, y que fueron derribadas en un momento en que se veía cierto grado de acercamiento entre ambos gobiernos -cubano y norteamericano-. La situación actual es preocupante y es la que más importancia reviste en lo que respecta al escándalo en que han sumergido al presidente Clinton. En un momento crucial, con la hipocresía de más peso, someten al presidente al dilema de la renuncia; y con esta se lograría la prolongación del embargo.

Mientras Clinton hace lo que es una “costumbre” en la mayoría de los seres humanos adultos -incluyendo los de su país-, su pueblo, su sistema y su prensa convierten un problema de faldas en algo monstruoso, reacción que no manifiestan frente al genocidio contra el pueblo iraquí o frente al criminal bloqueo al que tienen sometido al pueblo cubano.

¿EXTRAÑOS VALORES o un sistema que va más allá de sus intereses?

Ing. Nemen Hazim
San Juan, Puerto Rico
27 de enero de 1998

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