«Me puse al lado de los indios y me derrotaron. Me puse al lado de los negros y me derrotaron. Me puse al lado de los campesinos y me derrotaron. Me puse al lado de los obreros y me derrotaron. Pero nunca me puse al lado de los que me vencieron. ¡Esa es mi victoria!» [Darcy Ribeiro, intelectual y político brasileño]
Ing. Nemen Hazim
Graduado Magna Cum Laude (MCL) en la Universidad Autónoma de Santo Domingo (UASD - 28/10/1977). Estudios complementarios en Estados Unidos, República Dominicana, Puerto Rico, Cuba, Argentina y Uruguay. En República Dominicana fue Ayudante de Profesor en la UASD; Profesor y Director de las Escuelas de Ingeniería Eléctrica e Ingeniería Mecánica en la Universidad Central del Este (UCE); y Gerente de Turbinas de Gas y Motores Diésel en la Corporación Dominicana de Electricidad (CDE). En Puerto Rico fue Encargado de Proyectos en Caribbean Electrical Industrial Services Corporation (CEISCO) y Co-dueño de Ingeniería Eléctrica y Mecánica (INGELMEC)...

Revolución Rusa


El primer Estado socialista


Olga Fernández Ríos/CUBADEBATE: Mucho tiene que ver la Revolución de Octubre de 1917 en Rusia con las actuales búsquedas de un mundo mejor al que millones de seres humanos aspiran por haber provocado una transformación revolucionaria de largo alcance, más allá de las fronteras rusas – más tarde soviéticas-, y por ser la primera experiencia de desconexión del dominio capitalista e imperialista. Los méritos de ese importante acontecimiento se multiplican si se tienen en cuenta las condiciones económicas de la Rusia de principios del siglo XX, país inmenso semifeudal, con millones de analfabetos y solo con algunos bolsones de desarrollo industrial. A ello se une que al derrocar la reaccionaria monarquía zarista y emprender el cambio revolucionario debió enfrentar la agresión económica y militar de prácticamente todas las potencias capitalistas de la época. En aquellas difíciles condiciones la revolución provocó una colosal transformación socioeconómica, política y cultural a favor de los intereses de las mayorías desposeídas y excluidas de riquezas y derechos. Fue una experiencia de búsqueda y descubrimiento de un cambio cultural y civilizatorio y, como muchos reconocen, fue un huracán de esperanzas, no solo para Rusia y para las repúblicas soviéticas que más tarde fueron conformándose, sino para los trabajadores del mundo empeñados en lograr una mejor distribución de la riqueza y el cese de la explotación, junto con la dignificación del trabajo. La Gran Revolución Socialista de Octubre revolucionó el mundo, motivó la implementación de fórmulas organizativas para enfrentar al capital y como una oleada se fueron multiplicando partidos comunistas, sindicatos, movimientos obreros y campesinos, junto con organizaciones de mujeres en defensa de sus derechos, a la vez que creció el enfrentamiento al colonialismo y al neocolonialismo. Aquella revolución impregnó de nuevos bríos la lucha popular en nuestro continente, gestada desde fines del siglo XIX cuando el imperialismo norteamericano – como había avizorado José Martí-, se expandía con botas injerencistas y usurpadoras de riquezas naturales. En ese contexto la clase obrera crecía en algunos países de mayor desarrollo industrial bajo el influjo de ideas revolucionarias, marxistas en muchos casos, anarquistas en otros, que traían los inmigrantes europeos que llegaban a tierra latinoamericana y caribeña. Fueron ideas y acciones revolucionarias que después de 1917 se multiplicaron. Mucho tuvo que ver la revolución de 1917 en Rusia con las conquistas sociales obtenidas por amplias masas populares a lo largo del siglo XX y con las capacidades patrióticas e internacionalistas desarrolladas en los pueblos de las repúblicas soviéticas que, junto con el Ejército Rojo, fueron decisivos en el enfrentamiento y derrota del fascismo. También tuvo mucho que ver con las razones que llevaron a que la URSS se convirtiera en la segunda potencia mundial, a devenir factor de equilibrio que posibilitó mejores condiciones para el logro de la independencia de muchos países coloniales. Aquel inmenso país fue el que envío el primer hombre, la primera mujer y el primer latinoamericano al espacio, lo que no es simple simbolismo, sino muestra de desarrollo científico y tecnológico a favor de la paz. El propio capitalismo no pudo eludir los impactos de la revolución y se vio obligado a adaptarse a un nuevo contexto en el que le aparecía un fuerte rival que más tarde condujo a la bipolaridad. Las tesis y acciones reformistas a favor del llamado 'Estado de Bienestar' en las formaciones del capitalismo europeo fue uno de esos impactos, al igual que la política del llamado New Deal (1933-1938) adoptada por el Presidente de Estados Unidos Franklin Delano Roosevelt. Fue una revolución genuina con incalculable valor histórico y político, que no puede subestimarse por las desviaciones que en algún momento alejaron a dirigentes y sectores de la sociedad soviética de las bases conceptuales y políticas de la revolución y de las honestas raíces marxistas de los ideales y acciones de Vladimir I. Lenin y de otros líderes de aquella gesta...

.- La Revolución Rusa
(Tomado de Historia y Biografías)

.- La Revolución Rusa. "Una interpretación crítica y libertaria". Análisis
(Tomado de alasbarricadas.org)

.- Causas y antecedentes de la Revolución Rusa. Documental Rusia (1861-1917)
(Tomado de Miraquetv Social/YouTube)

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.- Lenin, Vladimir Ilich
(Tomado de Félix Rodríguez Sanjurjo/YouTube)

.- Las Revoluciones Rusas de 1917. La URSS
(Tomado de Historiasiglo20.org)

.- El Mundo Comunista
(Tomado de Historiasiglo20.org)

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.- La Revolución Rusa en 7 minutos
(Tomado de Academia Play/YouTube)

.- 1917: La Revolución Rusa
(Tomado de xavier f/YouTube)

.- Los 10 días que estremecieron al mundo: La Revolución Rusa de 1917
(Tomado de Road To Freedom/YouTube)

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.- 1917: El año de las dos revoluciones en Rusia
(Tomado de Félix Rodríguez Sanjurjo/YouTube)

.- "Ellos se atrevieron": La Revolución Rusa de 1917
(Tomado de insurgenteamericano/YouTube)



La Revolución Rusa

Introducción

El proceso revolucionario que se inicia en el Imperio zarista en 1905 y culmina en octubre de 1917 constituye uno de lo fenómenos más importantes del siglo XX. La transformación fue grandiosa. Un Imperio mastodóntico, gobernado por un autócrata, se transformó en república federal socialista; una sociedad de campesinos empobrecidos se elevó a la condición de gran potencia industrial.

Al representar la primera experiencia de revolución social se convirtió en el modelo de todos los revolucionarios de la centuria: China, Cuba, bastantes países europeos y africanos intentarían reproducir los pasos de los soviets rusos. Miles de libros y varias generaciones de historiadores, politólogos, economistas, sociólogos, ensayistas se han ocupado del gran acontecimiento.

¿Fue el cambio un accidente, un golpe de fortuna para unos revolucionarios profesionales que aprovecharon las circunstancias propicias de la Primera Guerra Mundial? ¿Se trató de un proceso meticulosamente preparado? ¿O simplemente debe ser considerado el resultado fatal de los errores del zarismo, un sistema político que permanecía de espaldas a los cambios del mundo?

El proceso derivó en una dictadura, en el momento en que Stalin, a la muerte de Lenin, se convirtió en el conductor supremo de la Revolución. ¿Se trató de una desviación del proceso? Así se había interpretado, y en abono de esta hipótesis se recogían advertencias de Lenin acerca de las tendencias autocráticas de Stalin. Pero no es un tema definitivamente resuelto. Documentación publicada recientemente, después de la apertura de los archivos soviéticos, muestra que un similar designio dictatorial albergaba Lenin, aunque la enfermedad no le permitiera materializarlo.
Idea General de la Situación Antes de la Revolución
· En el siglo XIX Europa Oriental (Turquía, Rusia, Austria) tenía un economía netamente agraria con una relación laboral de tipo feudal.

· No había industrias, por lo tanto la burguesía industrial casi no existía.

· Los grandes terratenientes dueños de extensas zonas de tierras fértiles explotaban a los campesinos.

· Políticamente Rusia era un imperio conducido por un zar, dueño de un poder absoluto, con decisiones únicas sin cuestionamientos.

· Los campesinos que conformaban un 85% de la población vivían en condiciones de extrema pobreza, al intenso frío se sumaba el hambre y las pestes debido a su debilidad.

· Los campesinos comenzaron a organizarse para tratar de rebelarse contra este sistema injusto y opresor. El gobierno ruso percibía esta inconformidad popular y decidió iniciar una serie de reformas: a) Social: abolió la servidumbre y b) Económico: permitió la entrada de capitales extranjeros para la instalación de industrias, que en realidad fueron muy pocos.

· A pesar de estas medidas las gente no mejoró su estándar de vida y siguió pasando por las mismas penurias.

· Los campesinos también recibieron el apoyo de una gran masa de estudiantes y a partir de 1880 comenzaron a fortalecerse para luchar contra el poder del zar Nicolás.

· Dentro de la oposición había dos opiniones enfrentadas: a) los que deseaban un país capitalista como el resto de Europa occidental, con tendencias liberales. Y b) una gran mayoría con una política de tipo socialista (los campesinos, obreros y soldados).

· En 1905 Rusia pierde la guerra con Japón, y el país se encuentra en una situación de debilidad política, por lo tanto la oposición aprovecha para crear una revuelta en San Petersburgo, denunciando la incompetencia del monarca.

· Como medida de reacción el zar reprime a los manifestantes y dispara en las puertas del Palacio de Gobierno, matando a más de cien hombres y mujeres. También se rebelan los marineros del acorazado Potemki. De igual manera el zar acepta las quejas y acepta la creación de una especie de parlamento, llamado Duma, que debía trabajar en combinación con el zar, pero cuando éste fue presionado automáticamente la disolvió.

· De esta manera las primeras reformas liberales fracasaron, pues el zar ni los nobles estaban dispuestos a ceder sus derechos y privilegios.

· Además Rusia había entrado en la primer Guerra Mundial y su economía estaba estancada debido a los costos de la guerra y a que los hombres debieron dejar sus tierras para alistarse como soldados.

· No había comida, combustible, materia prima, etc.

La Revolución de Octubre: el triunfo bolchevique

Desarrollo de los acontecimientos
El zar había abandonado el trono, víctima de su propio mal juicio. La nave del Estado se inclinaba de modo peligroso bajo el liderazgo de Aleksandr Kerensky, antiguo revolucionario, y su gobierno provisional se tambaleaba. Lenin, cuyas esperanzas de revolución habían ido disminuyendo durante la interminable guerra mundial, consideró que era el momento de tomar el poder.

Las décadas de incompetencia zarista ya habían hecho estragos en Rusia; la Primera Guerra Mundial la destrozó completamente. En 1917, la escasez de comida y la inflación de la época de guerra devoraba los ingresos de los trabajadores de la ciudad (200.000 de ellos salieron a las calles de Petrogrado en febrero para protestar). Una milicia hambrienta y helada ofrecía una resistencia dudosa. Cuando las huelgas y los disturbios llenaron la ciudad, Nicolás abdicó y finalizó así la dinastía Romanov de tres siglos de antigüedad.

Tras la abdicación de Nicolás II, en Rusia surgió un dualismo , el Gobierno Previcional (de mayoría burguesa), y por otro el Soviet de Petrogrado, al que se subordinaron los demás soviets que se organizaron rápidamente en las provincias.

Entre las primeras disposiciones del Gobierno Provisional (de Aleksandr Kerensky) se encontraban: el establecimiento de la libertad de prensa y asociación, el reconocimiento del derecho a huelga, la amnistía para los presos políticos y exiliados, la anulación de las discrepancias religiosas, el arresto de la familia imperial y las elecciones para una futura Asamblea Constituyente.

Sin embargo, el grupo bolchevique estaba descontento ya que las medidas instauradas no eran tan revolucionarias como las que él preconizaba. Lenín, quien estaba exiliado, regresó y obtuvo un gran apoyo en las ciudades mediante la consigna: “Todo el poder a los Soviets”. Contaba con la colaboración de dos figuras importantes para el futuro de Rusia; León Trotsky (1879-1940) y José Dzugashvili (1879-1953) llamado Stalin.

A pesar de que en esos momentos los bolcheviques sólo representaban una minoría, Trotsky fue nombrado (setiembre de 1917) presidente del Comité Ejecutivo de los Soviets al proclamarse la República. Entonces se preparó el golpe de Estado para destituir a los mencheviques.e implantar el sistema sostenido por Lenin y sus adeptos.

A fines de octubre surgió la ocasión esperada. Las reformas propuestas no se habían llevado a cabo. La tensión fue creciente; el Gobierno Provisional, disuelto; Kerensky debió huir. Se constituyó el Consejo de los Comisarios del Pueblo, un órgano gubernativo encabezado por Lenin.

De acuerdo con las primeras medidas adoptadas por el gobierno bolchevique, se firmó con Alemania el Tratado de Brest-Litovsk, que puso fin a las hostilidades. Mientras tanto, el zar Nicolás y la familia imperial quedaron prisioneros en Rusia. En julio de 1918, todos fueron asesinados.
DISPOSICIONES TOMADAS DESPUÉS DE LA REVOLUCIÓN DE OCTUBRE

1- Transferencia de la propiedad de la tierra a los campesinos.

2- Reconocimiento del derecho de regentear las fábricas a los obreros.

3- Firma de una paz inmediata.
Disolución de la Asamblea Constituyente en la que los bolcheviques eran minoría.

Establecimiento de la Cheka, organismo encargado de la represión (terror rojo).

Ejecuciones en masa de aristócratas, burgueses y miembros del clero. Se desconoce el número de víctimas.
Contexto Económico-Social De Esa Época
· El zar con todo el poder político.

· Una elite de terratenientes con todas sus tierras que explotaban a los campesinos.

· Un burguesía industrial sumamente débil.

· Pocos obreros y no agremiados.

· Algunos campesinos ricos, con algo de tierras.

· Muchos soldados descontentos y sin trabajo.
Los más perjudicados eran:
· Los campesinos explotados.

· Los soldados sin trabajo.

· Los obreros con sueldos de miseria.
Los tres grupos se organizaron formando soviets, los soviets de soldados, los de campesinos y los de obreros, y se organizaron en toda la nación para crear lo que fue la primera revolución socialista del mundo, en 1917.

Luego de la revolución, el zar abdicó, y nuevamente las ideas liberales tomaron fuerza; se creo el gobierno de la Duma, formada por demócratas, socialistas, revolucionarios, y se trataron de implementar medidas políticas, como la división de poderes, la soberanía popular, libertad religiosa, de prensa, etc., pero no se logró ejercer el poder de manera efectiva. El parlamento decidió continuar la guerra mundial, medida que le generó un hondo y popular rechazo.

Los soviets, dirigidos por Lenin, que estaba exiliado, forman el partido de los bolcheviques y promueven la idea de "todo el poder es para los soviets" -"pan, tierra y trabajo"-. Se rebelan tomando el Palacio de Invierno, asumiendo a partir de este momento todo el poder; se forma el Consejo de Comisarios del Pueblo, dirigido por Lenin, que de inmediato comenzó a dar respuesta a la gente que tan miserablemente vivía.
. Por decreto se puso en manos de campesinos la tierra de los terratenientes.

· Los dueños de las fábricas mantuvieron su propiedad pero la producción fue manejada y controlado por los obreros.

· Se negoció la guerra y se puso fin a las acciones bélicas, perdiéndose gran parte de territorio ruso frente a Alemania, mismo que al finalizar la guerra fue recuperado.

· El nuevo gobierno estaría formado por obreros y campesinos.

· A partir de este momento se comenzaría a formar el estado socialista.
Para este camino había dos vías: una, establecer medidas duras que produzcan los cambios necesarios para llegar al régimen socialista y, otra, aplicar medidas moderadas que al final llevarían a la construcción definitiva de las ideas marxistas. Lenin era partidario de esta última opción y ese fue el camino seguido. Se nacionalizaron los bancos, el transporte -ferrocarriles y barcos- y las grandes empresas; además, se repudió la deuda externa. Inicialmente convivían dos sistemas: uno que permitía la propiedad privada de algunos bienes y otro que los nacionalizaba.

Esta revolución socialista asustó al mundo occidental, de orientación capitalista, por lo que países como Inglaterra y Francia apoyaron al ejército blanco, comandado por generales zaristas, para que se rebelaran contra el nuevo régimen, evitando de esta manera que el socialismo se expandiera hacia occidente poniendo en peligro al capitalismo.

El ejército blanco estaba apoyado por la burguesía industrial y los terratenientes, que fueron los perjudicados de este sistema. Trosky, segundo de Lenin, organizó el ejército rojo apoyado por el resto del país, y logró incorporar más de 3,000,000 de soldados. Este numeroso ejército le dio la victoria definitiva a los bolcheviques, en una guerra civil que duró tres años y que terminó con la muerte de más de 7,000,000 de ciudadanos. Se impuso el régimen de Partido Unico, el bolchevique, que comenzó a llamarse comunista, y que prohibió la disidencia interna.

El gobierno ruso nacionalizó todas las empresas y obligó a los campesinos a entregar el excedente de su producción agrícola: se confiscaban los granos, y de esta manera se aseguraba el pan a toda la población rusa. La producción cayó notablemente ya que los campesinos se negaron a producir más de lo que consumían. Estas medidas se conocen como 'Comunismo de Guerra'.

Terminada la guerra civil, y con una difícil situación económica, Lenin aplica unas leyes conocidas como en Nueva Política Económica (NEP) y trata de recomponer la economía. Para ello:
· Suspende la confiscación de granos.

· Permite la venta de los excedentes de producción.

· Cobra un nuevo impuesto en relación de la riqueza de cada campesino

· Permite que cualquier ciudadano instale una pequeña empresa, ya que las grandes siguen en manos del estado.
En pocos años la economía se recupera y algunos campesinos, como los kulaks, dueños de tierras extensas, se enriquecen. Algunos conductores del socialismo no aceptan estas diferencias y dicen que estas medidas (del NEP) eran de tipo capitalista, por lo que atrasan la construcción del socialismo; uno de los que no aceptan estas diferencias es Trotsky.

En 1922 Lenin sufre un ataque de apoplejía que lo obliga a abandonar el poder, y comienza una lucha interna entre algunos de los líderes del partido; se crea un triunvirato formado por Stalin-Kamanev-Zinovied... Mientras, Trotsky se exilia en México, donde es asesinado mas tarde por orden de Stalin (Lenin escribió sobre Stalin, en su testamento, que "es un hombre no muy confiable para continuar con el régimen comunista debido a su carácter intolerante, cruel y violento... debe ser sustituido por alguien más leal, afable y atento").

Como el precio del grano bajó, los campesinos especularon y retuvieron los granos, generando una situación de desabastecimiento nacional. Stalin, no de acuerdo con esto, abandona el NEP y cambia el rumbo de la economía. Expropió las tierras a los kulaks, considerados enemigos del socialismo, y los exterminó; por otra parte, organizó a los campesinos en granjas. Para acelerar este proceso de colectivización les prometió tecnología agropecuaria (en solo 6 años todas las tierras estaban colectivizadas). Por otro lado, planifica minuciosamente el desarrollo industrial y propone triplicar la producción de máquinas pesadas, quintuplicar la energía eléctrica y aumentar considerablemente la superficie cultivada. Sabía que esta era la única forma de hacer funcionar el socialismo.

Como instrumento de fuerza para controlar y dominar al pueblo, Stalin se apoyó en su Ejercito Rojo e instaló los 'gulags', campos de concentración donde eran encarcelados y condenados a trabajos forzados todos los opositores.

Todas estas medidas se estipularon en el plan quinquenal, que tuvo un éxito único, pero que costó el sacrificio y vida de millones de rusos. Todos los disidentes fueron perseguidos, encerrados o asesinados -cerca de 3,000,000 de habitantes-. No había familia numerosa que al menos no tuviese un hijo muerto o encarcelado por el sistema político.

Stalin gobernó desde 1927 hasta 1953 y consolidó un régimen sumamente duro y autoritario; no toleró ningún tipo de oposición hacia el oficialismo. En 1933 comienza una purga contra todo sospechoso de oposición, acusándolo de antisoviético; elimina así a millones de ciudadanos rusos, incluyendo a revolucionarios de 1917, entre los que contaban Kamamev y Zinoviev. Stalin deseaba consolidar el comunismo en Rusia para más tarde extenderlo al resto del mundo, en una agenda que había bautizado como 'Socialismo en un solo país'. Para otros, era necesario cuanto antes traspasar las fronteras con estas ideas socialistas.

Stalin obligó al culto nacional a su imagen. Con una política de miedo popular pudo concentrar todo el poder político de Rusia, adueñándose de todos los organismos e instituciones de control del Estado. Su consolidación hizo que aquellos revolucionarios de 1917, con tendencias liberales y democráticas, abandonaran su lucha en pos de lograr imponer políticamente sus propósitos.

La Destalinización
La destalinización empezó apenas éste murió. Primero se anunció que no existió una conjura de sus médicos. En junio 1953 fue arrestado Beria, jefe de la KGB, el servicio secreto ruso, temido de todos; fue ejecutado. El que usó con mas éxito la destalinización fue Nikita Khrushchev, nuevo secretario del partido. En 1956 denunció en un discurso las aberraciones de Stalin y liberó a millones de prisioneros de los campos de trabajos forzados.
El comienzo de la distensión
Los fines de Leonid Brezhnev, que había sustituido a Krushchev, y logrado iniciar un miniculto a la personalidad -mediados de los años setentas-, eran regularizar las relaciones con occidente y obtener los beneficios del comercio mundial, pero sin ceder un en la estructura comunista de la sociedad, de forma tal que se evitara la pérdida del control social o económico. Después que Brezhnev murió, en 1982, hubo dos sucesores que gobernaron la URSS -un año cada uno- y luego, en la primavera de 1985, llegó Mijaíl Gorbachov, un hombre joven con grandes cambios a realizar.
La perestroika de Mijaíl Gorbachov
La idea de la reestructuración de Gorbachov era mantener una doctrina comunista con una estructura económica similar al capitalismo. Ciertos partidos socialistas de Europa ya habían dado ejemplos al respecto. Con su 'Glasnost' buscaba hacer un país lógico de uno retórico.

La tarea necesitaba mucha valentía; se adentraba en situaciones políticas y económicas muy difíciles. Sus reformas, aunque no contemplaban el fin alcanzado, fueron resistidas por el partido comunista, que trató de tomar el poder en agosto de 1991, estando Boris Yeltsin en el poder (el partido fue declarado fuera de la ley).

En diciembre, los líderes de Rusia, Ucrania y Bielorrusia declararon una Unión de Estados Independientes que reemplazaría la URSS. Gorbachov dimitió hacia fines de año, terminando con los 74 años de la URSS. Boris Yeltsin renunció como presidente en diciembre de 1999. Sin él, las transformaciones hacia el capitalismo no hubiesen prosperado.

Hacia fines de marzo del 2000, Vladimir Putin, que había sido primer ministro de Yeltsin, fue elegido presidente con mayoría de votos contra el candidato del partido comunista. Putin, en una alocución, prometió luchar contra la corrupción con la ayuda de sus ex camaradas de la antigua KGB.
Cronología
Fecha/ Acontecimientos

1917 - Febrero/Manifestación por conmemoración del día de la mujer obrera
1917 - Febrero - julio/Modelo burgués de revolución con asamblea constitucional
1917 - Abril/Lenin llega a Rusia desde Alemania
1917 - Julio/Gobierno de Kerensky
1917 - Julio - octubre/Levantamientos de bolcheviques y zaristas
1917 - Octubre/Revolución bolchevique, congreso de los soviets. Toma del palacio de invierno
1917 - Diciembre/Firma de la paz de Brest Litovsk. Rusia pierde Ucrania, Estonia, Letonia, Lituania
1918 - 1921/Guerra civil
1919 - Creación de la III internacional Komintern
1918 - 1919/Intento revolucionario
1919 - 1923 Primeros congresos de la Internacional comunista... Su auge.
1929 - Crisis económica mundial
1939 - 2º Guerra Mundial
1943 - Stalin decreta la abolición de la Komintern
1944 - Stalin decreta la disolución del Partido Comunista de EE.UU.
1945 - Alianza de la URSS y EE.UU./Fin de la guerra

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La Revolución Rusa. "Una interpretación crítica y libertaria"
(Enviado por Gavroche)

Introducción

La revolución rusa fue fruto de un amplio y profundo movimiento de masas. No la hizo ni la dirigió ningún individuo o partido, sino que fue una tempestad popular que lo arrolló todo a su paso, superando a todas las organizaciones e instituciones existentes. Fue una revolución propulsada desde abajo hacia arriba, que produjo órganos de poder obrero y de democracia directa como los soviets o consejos de delegados obreros.

Los soviets surgieron en 1905 como amalgama de organizaciones muy diversas del proletariado revolucionario: comités de huelga, cajas de resistencia y ayuda mutua, comités de barrio, comisiones representativas y diputados de obreros (y más tarde también de campesinos y soldados) elegidos como representantes en el Consejo/Soviet de una ciudad o comarca. Tanto los eseristas de izquierda (SR, Partido social-revolucionario) como los anarquistas participaban en los soviets, impulsándolos como la organización revolucionaria del proletariado y único instrumento capaz de derrocar al Estado zarista y ejecutar una profunda revolución social. La diferencia entre eseristas de izquierda y anarquistas radicaba en que los primeros querían apoderarse del poder estatal y los segundos destruirlo.

El anarquista Volin fundó en 1905 el primer soviet; pero Lenin en 1917 supo obtener la mayoría en esos organismos y cabalgar la oleada revolucionaria para convertir al partido bolchevique en la dirección (prescindible y manipuladora) de un movimiento popular de características y aliento libertarios. Sin embargo, los militantes anarquistas, aunque muy activos e incómodos en determinadas luchas, eran sólo un pequeño grupo, desorganizado y sin influencia, que salvo raras excepciones no obtuvieron representación en los soviets.

Según el historiador Pierre Broué, la socialdemocracia rusa, ya escindida desde 1903 entre bolcheviques y mencheviques, por cuestiones organizativas, hizo tres análisis distintos de la naturaleza del proceso revolucionario iniciado en 1905: el de Plejanov (menchevique), el de Lenin (bolchevique) y el de Trotsky (independiente).

Para Plejanov la revolución sólo podía ser burguesa. El Estado dejaría de ser dirigido por la nobleza feudal para pasar a manos de la burguesía. La clase obrera sólo jugaba el papel de aliado de la burguesía. Consolidada ésta, los trabajadores seguirían la vía democrática y parlamentaria, para ir adquiriendo gradualmente mayores cuotas de poder, hasta llegar a instaurar por fin el socialismo nacional en un incierto y lejano futuro.

Lenin admitía el carácter burgués de la revolución, pero negaba que hubiera de ser dirigida por la burguesía, demasiado débil para enfrentarse a la nobleza. Planteó la alianza de obreros y campesinos como la vía capaz de imponer un poder revolucionario, que realizaría una profunda reforma agraria sin superar aún las estructuras capitalistas. Con el desarrollo y consolidación del capitalismo en la atrasada Rusia, el proletariado incrementaría su número y se fortalecería hasta que llegase el momento de tomar el poder y empezar a construir el socialismo.

La posición de Trotsky, distinta de bolcheviques y mencheviques, consideraba que los obreros ya estaban capacitados para tomar el poder, y se diferenciaba de la de Lenin en que consideraba que la ausencia de condiciones objetivas para iniciar el socialismo serían suplidas por el carácter permanente de la revolución, que permitiría saltarse las etapas intermedias, consideradas por los marxistas como imprescindibles para pasar de la revolución burguesa a la socialista.

Lenin se adhirió a la posición de Trotsky con las llamadas Tesis de Abril, enfrentándose a la inmensa mayoría de bolcheviques, que sostenían el carácter exclusivamente burgués de la Revolución de Febrero (de 1917).

De 1905 a la Primera Guerra Mundial

La guerra ruso-japonesa fue un inmenso desastre bélico y económico, desencadenante de una protesta popular que se transformó en la primera etapa del proceso revolucionario ruso.

El 3 de enero de 1905 se inició la huelga en la fábrica Putilov de San Petersburgo. El domingo día 9 (“Domingo sangriento”) las tropas zaristas dispararon sobre una multitud pacífica e indefensa, encabezada por el pope Gapón, que intentaba entregar un memorial de quejas al zar, produciendo centenares de muertos y miles de heridos. La huelga se extendió a todo el país durante dos meses.

En junio se produjo el motín de los marineros del acorazado Potemkin en el puerto de Odesa; en octubre la revuelta de las tripulaciones de Kronstadt; y en noviembre la sublevación de once buques en la base naval de Sebastopol.

En San Petersburgo surgieron los primeros soviets, de corta duración. El gobierno zarista respondió con una brutal represión. Ante la amenaza de huelga general, Nicolás II prometió convocar la Duma.

En junio de 1906 se reunió la I Duma (Parlamento ruso), de mayoría cadete (KD o Partido Constitucional Democrático), con la intención de implantar un auténtico régimen parlamentario fundamentado en una reforma agraria capaz de crear una clase media campesina (los kulaks).

El nuevo primer ministro Piotr Stolypin impulsó un plan de reformas encaminadas al surgimiento de un proletariado agrícola, que a su vez incrementaría la influencia de los partidos socialistas en la II Duma (de febrero a junio de 1907)

El movimiento revolucionario, iniciado en 1905, se desplazó de las ciudades a las aldeas campesinas. La permanente agitación social provocó una modificación retrógrada del sistema electoral, con la que fue elegida la III Duma (1907-1912), de composición y vocación autocrática, conocida como parlamento de “los señores, popes y lacayos”. El zafio campesino siberiano Rasputín ejerció una nefasta influencia en la zarina, desacreditando al zarismo, incluso entre sus más fieles adeptos.

Stolypin fue asesinado en 1911, sucediéndole unos ineficaces primeros ministros, que encontraron en la IV Duma una asamblea dócil, poco dada a las reformas e incapaz de hacer concesiones a las agitaciones obreras de 1912. El reformismo zarista, demasiado timorato, se había saldado con un rotundo fracaso.

La Primera Guerra Mundial

Rusia no estaba preparada para una guerra de desgaste como la que se planteó en 1914. El ejército zarista carecía de armamento moderno, medios de transporte adecuados, cuadros de mando eficientes, tácticas apropiadas, una red logística, etcétera; sólo contaba con una inmensa masa de soldados dirigidos por una oficialidad inepta, captada entre la corrupta nobleza.

Fueron movilizados cerca de quince millones de hombres, conscientes de su escasa valía militar, considerados mera carne de cañón por una oficialidad brutal. El número de muertos, heridos y prisioneros rusos fue aproximadamente de cinco millones y medio de hombres. La cifra de desertores aumentaba incesantemente, extendiendo el descontento y las ideas revolucionarias.

Tras el éxito inicial de la ofensiva rusa en Galitizia (1914), que obligó a los austríacos a retroceder a los Cárpatos, las deficiencias técnicas del ejército ruso, la ineptitud del mando y el caos burocrático provocaron el desplome del frente, permitiendo que los alemanes ocuparan las provincias imperiales de Polonia y Lituania (1915).

La posterior ofensiva rusa de Brusilov en Bukovina y Galitizia, terminó con unas terribles pérdidas de muertos y heridos, que dieron paso a los primeros síntomas de descontento generalizado en el ejército zarista (1916).

Los soldados carecían de armas y de botas, imprescindibles en el duro clima ruso. Los suministros escaseaban y apareció el hambre. En este contexto, la disciplina militar tendía a quebrarse. Los desertores se contaban ahora por millares. Las divisiones sólo existían sobre el papel, porque en realidad no eran más que una multitud desorganizada, mal alimentada y mal equipada, enferma, indisciplinada y peor dirigida.

El despotismo de los oficiales sobre la tropa era intolerable por su crueldad y corrupción. Algunos mandos habían llegado a vender la madera y el alambre de espino necesarios para construir las trincheras.

En octubre de 1916 el saldo bélico era de un millón ochocientos mil muertos, dos millones de prisioneros de guerra y un millón de desaparecidos. La guerra desembocó en un caos económico. La hambruna azotó a la población y las huelgas se generalizaron. El gobierno respondió enviando a los huelguistas al frente. Se extendió el descontento popular. Los obreros revolucionarios de las ciudades llevaron su protesta a los soldados, que en su gran mayoría habían sido reclutados entre los sumisos campesinos. La rebelión prendió con rapidez entre esos soldados-campesinos. Se organizaron soviets de obreros, soldados y campesinos, y en el ejército sólo se hablaba ya de paz y del reparto de la tierra. Los motines eran habituales.

La Revolución de Febrero de 1917

La falta de pan y todo tipo de suministros, las largas colas y el frío fundamentaron las protestas populares en Petrogrado. La falta de materias primas en las industrias provocó el despido de millares de proletarios. Como la mayoría de los hombres jóvenes habían sido reclutados, las mujeres alcanzaban el cuarenta por ciento de los trabajadores industriales.

El día internacional de la mujer, el 23 de febrero (8 de marzo, en el calendario gregoriano que se sigue en Occidente), se iniciaron las protestas. Las mujeres de la barriada obrera de Viborg, reunidas en asamblea, se declararon en huelga. Las lúdicas manifestaciones de la mañana se hicieron, por la tarde, masivas y broncas, con la incorporación de los obreros metalúrgicos. Se gritaba “¡Pan, paz y libertad!” y “¡Abajo el zar!” Los enfrentamientos con la policía mostraron cierta indecisión por parte de los cosacos, no habituados a la represión de motines urbanos. La izquierda, incluidos los bolcheviques (mayoritarios en Viborg), habían aconsejado no ir a la huelga y aguardar. Todos los partidos se vieron sorprendidos por la fuerza del movimiento. Al día siguiente, ciento cincuenta mil obreros se manifestaron en las calles, y los cosacos, las tropas más leales al régimen zarista, empezaron a verse desbordados. En algunos lugares se negaron a disparar, o lo hicieron por encima de las cabezas. La autoridad zarista se resquebrajaba. La ciudad estaba paralizada. En la plaza Znamenskaya se produjo un enfrentamiento de los cosacos contra la odiada policía zarista, en defensa de una multitud amenazada.

La escuadra del Báltico se sublevó y los marineros de Kronstadt fusilaron a cientos de oficiales. La huelga, iniciada por las obreras el día 23, se había convertido el 24 en huelga general y luego en la insurrección del día 25. El zar incrementó la represión. La ciudad estaba tomada militarmente. El domingo 26, al mediodía, se produjo una matanza en la plaza Znamenskaya, donde más de cincuenta personas murieron bajo los disparos de un destacamento de reclutas novatos del regimiento Volynsky. Tras la matanza una muchedumbre furiosa asaltó juzgados, comisarías y prisiones, liberando a los presos.

Las masas populares consiguieron el apoyo de varios cuarteles del ejército, que se enfrentaron a la policía. Los partidos de izquierda, mencheviques, social-revolucionarios y bolcheviques, se pusieron al frente del movimiento y, junto a los regimientos sublevados, se apoderaron de toda la ciudad. El motín generalizado de la guarnición militar del día 27 convirtió los motines y la insurrección de los días anteriores en una revolución. El 28 la bandera roja ondeaba sobre la prisión-fortaleza de San Pedro y San Pablo. Los policías eran perseguidos y linchados en la calle. Ese mismo día (28) en el ala izquierda del Palacio de Táuride se constituyó el Soviet de Petrogrado, mientras en el ala derecha se reunía la Duma, perfilándose ya físicamente, en el mismo edificio, dos centros rivales de poder.

El zar, reunido con sus asesores, intentó enfrentarse a la revolución con un cambio de gobierno. Pero la lentitud del zar resultó fatal para la autoridad establecida. Burguesía, generales y gran parte de la nobleza aconsejaron al zar la abdicación en favor de su hijo o de su hermano. Pero cuando el zar accedió, ya era demasiado tarde. El pueblo ruso exigía la república.

En febrero de 1917 se planteó una situación de “doble poder”. En oposición al Estado burgués, los soviets surgían como un gobierno alternativo de la clase obrera. El 1 de marzo se publicó la Orden número 1 del Soviet de Petrogrado, que impulsaba la elección de representantes de la tropa en el Soviet, penalizaba el maltrato de los oficiales, limitando los abusos de autoridad, al tiempo que urgía a los soldados insurrectos a reconocer de forma prioritaria la autoridad del Soviet sobre la Duma.

Nicolás II abdicó al día siguiente. Las negociaciones entre el Soviet y la Duma acordaron la formación de un Gobierno Provisional, en el que el príncipe Lvov detentaba el cargo de primer ministro. Cuando se anunció el nombre de Lvov al gentío, un soldado expresó su sorpresa: “¿lo único que hemos hecho es cambiar a un zar por un príncipe?” (Figes, p. 385).


De febrero a octubre de 1917

El Gobierno Provisional

El poder de la calle, el poder real, lo detentaban los soviets, pero no tenían intención alguna de hacerse con el gobierno y asumir todo el poder. Así se planteó lo que Trotsky calificó como “la paradoja de Febrero”, esto es, que una revolución que había ganado las calles dio paso a un gobierno constituido en los salones. Del pacto del Soviet de Petrogrado con la Duma surgió un gobierno provisional republicano, que estaba formado mayoritariamente por cadetes (KD, Partido constitucional democrático) y algunos representantes de los eseristas (SR, Partido socialista revolucionario) de derecha, como Kerenski. La composición social del nuevo gobierno había pasado de la nobleza a la burguesía liberal.

Los soviets habían puesto en libertad a los presos políticos y organizado los abastecimientos. También habían disuelto a la policía política zarista, legalizado a los sindicatos, organizado a los regimientos adictos a los soviets, etcétera, sin esperar ningún decreto. El Gobierno se limitó a ratificar las decisiones tomadas por los soviets, que no habían tomado directamente el poder porque existía una mayoría de mencheviques y eseristas que “no consideraban en absoluto la posibilidad de exigir un poder que la clase obrera aún no está capacitada para ejercer” (Broué, El partido bolchevique, p. 114), de acuerdo con los análisis previos de esos partidos sobre la naturaleza del proceso revolucionario ruso.

Los bolcheviques, dirigidos por Kamenev y Stalin, apoyaban estos dogmas. En el órgano bolchevique Pravda se produjo un giro radical cuando, a mediados de marzo, Stalin tomó la dirección del periódico, puesto que empezaron a publicarse numerosos artículos que defendían la idea de continuar la guerra: “Los bolcheviques adoptan en lo sucesivo la tesis de los mencheviques según la cual es preciso que los revolucionarios rusos prosigan la guerra para defender sus recientes conquistas democráticas frente al imperialismo alemán” (Broué, p. 115). En la Conferencia del 1 de abril, los bolcheviques aprobaron la propuesta de Stalin de “apoyar al Gobierno Provisional”, así como la posibilidad de una fusión entre bolcheviques y mencheviques (Carr, tomo 1, pp. 92-93).

Estas posiciones políticas chocaban con la voluntad popular, que exigía el fin inmediato de la guerra y de sus penalidades. Las declaraciones del ministro de exteriores Miliukov de respetar los compromisos bélicos con los aliados y continuar la guerra hasta la victoria final, provocaron el 20 y 21 de abril algaradas y manifestaciones, que desembocaron en una crisis de gobierno que se saldó con la dimisión de Miliukov y la constitución de un gobierno de coalición entre cadetes, eseristas y mencheviques, con amplia mayoría de estos dos últimos. Kerenski obtuvo el ministerio de Guerra. El nuevo gobierno fue muy bien visto por los aliados, que habían comprendido la relación de fuerzas existente en Rusia y deseaban un gobierno fuerte, capaz de mantener a Rusia en la guerra.

Las Tesis de Abril

Lenin, contrariado por lo que consideraba una política suicida y catastrófica del partido bolchevique, escribió en marzo desde Zurich las llamadas “Cartas desde Lejos”, en las que detallaba el programa bolchevique para pasar a la segunda fase de la revolución: transformar la guerra imperialista en guerra civil, ningún apoyo al Gobierno Provisional, neta diferenciación con los mencheviques, expropiación de los latifundios, armamento de los trabajadores para formar una milicia obrera y preparar de inmediato la revolución proletaria: todo el poder del Estado debía pasar a los Soviets.

Los bolcheviques del interior, que no aceptaban las novedosas posiciones del lejano Lenin, sólo publicaron la primera de las cuatro cartas. Lenin y el resto de exiliados revolucionarios rusos en Suiza examinaron todas las posibilidades existentes para regresar rápidamente a su país. Como los aliados les negaban los visados, aceptaron regresar a Rusia cruzando el territorio alemán. Las autoridades alemanas pensaban que los revolucionarios rusos conseguirían crear una situación caótica, que aceleraría la derrota rusa. Lenin y sus acompañantes atravesaron Alemania en un tren “sellado”. Más tarde, los enemigos de Lenin y de los bolcheviques utilizaron este episodio para acusarles de ser espías alemanes.

Lenin llegó el 3 de abril de 1917 a la estación de Finlandia, en Petrogrado. Sus posiciones, conocidas como Tesis de Abril, fueron incomprendidas y rechazadas por la mayoría de dirigentes bolcheviques. El día 7 las publicó en un breve artículo (“Las tareas del proletariado en la presente revolución”) en el que tácitamente abrazaba la teoría de la revolución permanente de Trotsky. Afirmaba que era imposible acabar con la guerra sin vencer antes al capitalismo, por lo que era necesario pasar “de la primera etapa de la revolución, que entregó el poder a la burguesía, dada la insuficiencia tanto de la organización como de la conciencia proletarias, a su segunda etapa, que ha de poner el poder en manos del proletariado y de los sectores más pobres del campesinado”. Afirmó además que los bolcheviques se ganarían a las masas “explicando pacientemente” su política: “No queremos que las masas nos crean sin más garantía que nuestra palabra. No somos charlatanes, queremos que sea la experiencia la que consiga que las masas salgan de su error”. La misión de los bolcheviques, señalaba, era la de estimular la iniciativa de las masas. De estas iniciativas había de surgir la experiencia que diera a los bolcheviques la mayoría en los soviets: entonces habría llegado el momento en que los soviets podrían tomar el poder e iniciar la construcción del socialismo. Las tesis de Lenin introdujeron de forma inesperada y brutal un rudo debate en el seno del partido bolchevique. Pravda se vio obligada a publicar una nota en la que Kamenev advertía que “tales tesis no representan sino la opinión particular de Lenin”. Lenin se apoyó en los cuadros obreros para enfrentarse a la dirección del partido. Poco a poco consiguió algunos adeptos, como Zinoniev y Bujarin, y la oposición frontal de otros, como Kamenev.

El 24 de abril se convocó una Conferencia Extraordinaria, presidida por Kamenev, quien con Ríkov, y otros dirigentes, defendían las posiciones que el mismo Lenin había planteado en 1906. Kamenev llegó a afirmar que “es prematuro afirmar que la democracia burguesa ha agotado todas sus posibilidades”. Lenin respondió que aquellas ideas eran antiguas fórmulas que los viejos bolcheviques “han aprendido ineptamente en lugar de analizar la originalidad de la nueva y apasionante realidad”, para finalizar recordando a Kamenev la célebre frase de Goethe: “Gris es la teoría, amigo mío, y verde el árbol de la vida”. Aunque salió vencedor en las tesis políticas fundamentales, su victoria no era total, ya que, de los nueve miembros de la dirección, cuatro eran contrarios a sus tesis.

Trotsky había llegado a Rusia el 5 de mayo, siendo inmediatamente invitado a entrar en la dirección del partido. El VI Congreso del partido bolchevique se inició el 26 de julio, sin la presencia de Lenin, que había pasado a la clandestinidad, ni la de Trotsky, detenido en las “jornadas de julio”. Fue un congreso de fusión de varias pequeñas organizaciones con el Partido bolchevique, que agrupaba ahora a ciento setenta mil militantes, de los que cuarenta mil eran de Petrogrado. La dirección elegida era fiel reflejo de la relación de fuerzas presentes: de los veintiún miembros, dieciséis pertenecían a la vieja fracción bolchevique. Lenin, Zinoviev y Trotsky fueron los más votados. El triunfo de las Tesis de Abril era, ahora, total. El camino de la insurrección ya estaba libre de obstáculos internos (Broué, pp.116-126).

Los bolcheviques habían arrebatado el programa de los eseristas de izquierda y de los anarquistas: “Todo el poder para los soviets”, con el único objetivo de dirigirlo.

De julio a octubre

La dualidad de poderes se deslizó rápidamente hacia un enfrentamiento social, sin más alternativa que la continuidad de la guerra, como defendían nobleza y burguesía, o la paz inmediata, exigida por las clases populares. Lenin había señalado en mayo que “el país estaba mil veces más a la izquierda que los mencheviques y cien veces más que los bolcheviques”. Soldados, obreros y campesinos estaban cada vez más radicalizados, porque sufrían directamente las consecuencias de la guerra.

Pero el Gobierno Provisional prosiguió su aventura bélica, cediendo a la presión de los aliados y al patriotismo ruso, ordenando una ofensiva, dirigida por Brusilov, que terminó en catástrofe militar y deserciones masivas. La orden de trasladar los destacamentos de Petrogrado al frente provocó una sublevación de los soldados, a la que se sumaron los obreros. Las manifestaciones populares del 3 y 4 de julio culminaron con la ocupación de Petrogrado por las masas, que exigían la destitución del gobierno, todo el poder a los soviets, la nacionalización de la tierra y la industria, el control obrero, pan y paz.

Los cadetes aprovecharon la crisis para dimitir y Kerenski asumió la presidencia de un gobierno formado ahora sólo por eseristas y mencheviques. Los bolcheviques, tras una campaña de propaganda contra el gobierno, en la que reclamaban todo el poder para los soviets, consideraron prematura la insurrección, aunque ésta se produjo en las principales ciudades y, sobre todo, en la capital, Petrogrado.

Los bolcheviques fueron desbordados y se mostraron incapaces de detener el movimiento insurreccional. Llegaron a ser abucheados. Tras diez días de movilizaciones la insurrección se extinguió, sin un claro vencedor. Ahora se aceptó el llamamiento de los bolcheviques para regresar al trabajo.

El Gobierno Provisional acusó a los bolcheviques de los incidentes, y a Lenin de ser un espía alemán, sacando a la luz la historia del tren sellado. Algunos regimientos neutrales se pasaron al bando gubernamental y muchos obreros, mencheviques y eseristas, estaban confusos ante las calumnias. En esta coyuntura, favorable al gobierno, se inició la represión contra los bolcheviques. Se prohibió su prensa, se asaltaron sus locales. Trotsky y Kamenev fueron detenidos. Lenin se exilió en Finlandia. Los cuadros bolcheviques pasaron a la clandestinidad.

Pero el fenómeno más importante se estaba produciendo en las zonas rurales. Los campesinos no sólo habían dejado de creer en las promesas de reforma de los socialistas en los distintos gobiernos provisionales, sino que influidos por el llamamiento de los bolcheviques a la acción directa y la ocupación de la tierra, generalizaron en todo el país la ocupación de fincas. Los cadetes regresaron al gobierno y exigieron duras medidas para restablecer el orden. Kerenski, sin embargo, fue incapaz de establecer el orden social y la disciplina militar. La represión de los cosacos en las zonas rurales aproximó irremisiblemente a campesinos y bolcheviques, porque éstos sostenían la consigna de “paz, pan y tierra”.

En agosto, Kerenski convocó una Conferencia Nacional, que agrupaba a fuerzas políticas, sociales, económicas y culturales de todo el país, con el fin de conseguir “un armisticio entre el capital y el trabajo” (Broué, p. 128). Los bolcheviques boicotearon la Conferencia, que fracasó sin remedio: sólo quedaba el golpe de estado militar.

Burguesía, nobleza, aliados y Estado Mayor promovieron un golpe de estado, que había de dirigir el general Kornilov, hasta entonces hombre de plena confianza de Kerenski. Kornilov se dirigió el 25 de agosto a Petrogrado, al mando de las tropas cosacas. Kerenski destituyó a Kornilov, aunque siguió manteniendo con él unas confusas negociaciones, mientras cadetes y mencheviques abandonaban el gobierno. Kerenski, caricatura de un nuevo zar, se marchó al frente como medio para esquivar los problemas. Mientras tanto, en un Petrogrado abandonado por el Gobierno Provisional, los soviets organizaron la defensa contra la amenaza de Kornilov. Los marineros de Kronstadt liberaron a los bolcheviques detenidos, Trotsky entre ellos, y el partido abandonó la clandestinidad. Sus cuadros y militantes consiguieron de inmediato una mayoría aplastante en la guarnición militar y en las fábricas.

Trotsky obtuvo de nuevo la presidencia del Soviet de Petrogrado y formó el Comité Militar Revolucionario, un órgano del Soviet que fusionaba las tropas con la recién creada Guardia Roja, compuesta por grupos de obreros armados. Kornilov y sus cosacos ni siquiera pudieron llegar a Petrogrado. Los ferroviarios se negaron a hacer circular los trenes que transportaban las tropas golpistas, o los llevaron a otros destinos. Los propios soldados se amotinaron en cuanto conocieron su misión.

El 3 de septiembre Kornilov desistía del golpe de estado y se entregaba al Gobierno. El intento golpista había invertido la situación a favor de los bolcheviques. Las asambleas de soldados arrestaban, y a veces ejecutaban, a los oficiales sospechosos de simpatizar con la kornilovada, y aprobaban resoluciones a favor del poder soviético y de la paz.

Octubre

El 31 de agosto el Soviet de Petrogrado reclamaba todo el poder para los soviets, y el 9 de septiembre condenaba toda política de coalición con la burguesía. El 13 de septiembre Lenin envió dos cartas al Comité Central (CC) del Partido bolchevique en las que planteaba que las condiciones para la toma del poder ya habían madurado suficientemente. Pero la mayoría del CC, capitaneada por Zinoviev y Kamenev, se oponía aún a la definitiva insurrección proletaria. Creían que las condiciones seguían tan inmaduras como en julio.

Trotsky apoyaba la insurrección si se la hacía coincidir con el Congreso de los Soviets, que proyectaba reunirse a finales de octubre. Lenin sólo obtuvo el apoyo del joven Smilga, presidente del Soviet de Finlandia.

El 10 de octubre, Lenin, disfrazado con peluca y gorra, y afeitada la perilla, llegó a Petrogrado desde su exilio finlandés, con el fin de arrancar al CC, como sucedió por diez votos contra dos (Zinoviev y Kamenev), una resolución favorable a la insurrección, para la que se iniciaron inmediatamente los preparativos (Broué, pp. 126- 134; Figes, pp. 456-507).

La Revolución de Febrero de 1917 había derrocado al zar e instaurado las libertades democráticas y una república burguesa. Pero el proceso revolucionario ruso no se detuvo aquí y quiso llegar hasta el final, para arrebatar el poder a la burguesía e instaurar el poder obrero de los soviets. Los preparativos de la insurrección nunca fueron secretos para nadie. Kamenev y Zinoviev llegaron a denunciarlo en la prensa. El Comité Militar Revolucionario (CMR), encargado de la insurrección en Petrogrado, organizó toda la operación. Por otra parte, la insurrección de Octubre no se produjo en realidad por una decisión tomada por el CC del Partido bolchevique, sino como rechazo del Soviet a la orden del gobierno Kerensky de enviar al frente a dos tercios de la guarnición de Petrogrado.

El gobierno burgués pretendía, otra vez, alejar a las tropas revolucionarias de Petrogrado, y sustituirlas por batallones contrarrevolucionarios. Las Jornadas de Octubre empezaron sólo unas semanas después de la kornilovada, contra el nuevo intento de aplastar la revolución, obligando al proletariado a tomar medidas insurreccionales para defenderla. Las fuerzas con las que contaba el CMR no eran numerosas, pero sí absolutamente decisivas: la Guardia Roja, los marineros de la flota del Báltico, la guarnición de la ciudad y los barrios obreros. En la insurrección tomaron parte activa unos treinta mil hombres. No fue necesario el levantamiento de los barrios obreros, que permanecieron tranquilos; ni el asalto a los cuarteles militares, porque ya habían sido ganados para la revolución antes de la insurrección.

La fecha de la insurrección se fijó para la noche del 24, porque el 25 de octubre se reunía el Congreso de los Soviets. Esa noche se detuvo a toda la oficialidad que no reconociera la autoridad del CMR, se ocuparon las comisarías de policía, las imprentas, los puentes, los edificios oficiales, se establecieron controles en las calles más importantes, se adueñaron del banco estatal, de las estaciones ferroviarias, del telégrafo, de las centrales telefónica y eléctrica. En sólo trece horas Petrogrado estaba en manos de los soldados y obreros revolucionarios a las órdenes del Soviet.

A las 10 de la mañana del 25 sólo quedaba en poder del Gobierno su propia sede, el Palacio de Invierno, que estaba sitiado desde hacía días. Al anochecer del día 25 el crucero Aurora disparó una salva que daba la orden de asalto al Palacio de Invierno. Lenin quería anunciar a la asamblea del Congreso de los Soviets la caída del Gobierno Kerenski. Las tropas que defendían el Palacio resistieron hasta que se les dio la oportunidad de huir. Al final, el Palacio de Invierno se rindió en la madrugada del 26 de octubre, tras un asalto conjunto de marineros, soldados y obreros. El Gobierno Provisional, que se había reunido para organizar la resistencia en la capital, fue detenido; pero Kerenski huyó, en un coche requisado en la embajada norteamericana.

Entre el 28 de octubre y el 2 de noviembre la insurrección obrera triunfó también en Moscú, y tras dos o tres semanas se había extendido prácticamente a toda Rusia. Esa misma madrugada del 26 de octubre, el II Congreso de los Soviets, con una amplia mayoría bolchevique, eligió un gobierno revolucionario, compuesto mayoritariamente por bolcheviques y eseristas de izquierda, y aprobó los primeros decretos del nuevo gobierno. Lenin fue elegido presidente del Consejo de Comisarios del Pueblo. Se decretó la paz, y se pactó un alto el fuego inmediato en todos los frentes. Trotsky, que había sido nombrado Comisario de Asuntos Exteriores, fue quien llevó el peso de las negociaciones con Alemania.

El 2 de diciembre se firmó el armisticio y el 4 de marzo de 1918 la paz, llamada de Brest-Litovsk, que provocó una agria polémica entre quienes querían firmar la paz a cualquier precio, como medio de defender el nuevo Estado soviético, y los que proponían extender la guerra revolucionaria a Europa, lo que estuvo a punto de provocar una escisión en el partido bolchevique. Ucrania quedaba abierta al saqueo de los austríacos y alemanes.

Se decretó la confiscación de los latifundios y la entrega de las tierras a los soviets campesinos, el control obrero de la industria y la nacionalización de la banca. Se reconocieron los derechos de las nacionalidades, incluyendo el derecho a la autodeterminación y la libertad de separarse. El nuevo gobierno soviético, que no fue reconocido por los aliados, tenía además en su contra la radical oposición de todo el espectro político restante, desde la extrema derecha zarista hasta los mencheviques. El estallido de una guerra civil, con intervención de las potencias extranjeras, fue inevitable sólo algunos meses más tarde.

El régimen bolchevique

Los bolcheviques se encontraron políticamente aislados. Los mencheviques seguían considerando que la toma del poder por un partido obrero era una locura, puesto que las “condiciones objetivas” impedían ir más allá de las tareas propias de una revolución burguesa: se trataba de desarrollar las libertades democráticas. Los eseristas de derecha oscilaban entre pedir a los bolcheviques un suicidio político, esto es, la expulsión de Lenin y Trotsky, o la confrontación armada. Los eseristas de izquierda se enfrentaron con los bolcheviques a causa de las discrepancias existentes sobre la cuestión de disolver, o no, la Asamblea Constituyente. En este Parlamento, elegido por sufragio universal, los bolcheviques eran una minoría. Los eseristas de izquierda estaban mal representados, porque el Partido Socialrevolucionario había designado a los candidatos antes de la anunciada escisión del ala izquierda, que era mayoritaria en las bases y en el campo. Ante la negativa de la Asamblea Constituyente a aprobar la Declaración de Derechos del Pueblo Trabajador y Explotado (aprobada por los soviets), los bolcheviques la abandonaron, y a continuación, un destacamento de guardias rojos entró en el hemiciclo y dio por terminadas las sesiones. Era el fin de la democracia parlamentaria en Rusia. Se iniciaba una peligrosa confusión y entrelazamiento entre la burocracia del aparato estatal y los cuadros del partido bolchevique.

La guerra civil y el comunismo de guerra (1918-1921)

La guerra civil empezó con el levantamiento, en mayo de 1918, de la Legión Checoslovaca, formada por unos cincuenta mil soldados, con mandos franceses. Marcharon hacia el oeste, y en poco tiempo llegaron al Volga. El éxito de la operación decidió a los aliados a intervenir, con el objetivo de ahogar la revolución y restaurar el régimen zarista. En junio, tropas anglo-francesas desembarcaron en Murmansk y en Arkangel. En agosto, los aliados desembarcan cien mil hombres en Vladivostok, con el pretexto de ayudar a la Legión Checoslovaca. En el Sur el general zarista Denikin organizó un ejército de voluntarios con material y suministros británicos: había nacido la Guardia Blanca.

En septiembre, Trotsky, creador del Ejército Rojo, obtuvo el primer éxito soviético con la derrota de los checos y la reconquista de Kazán. En 1919 los franceses se apoderaron de Odesa y Crimea; los ingleses se adueñaron de los pozos petrolíferos del Cáucaso y el Don. El suelo ruso estaba ocupado además por tropas norteamericanas, polacas, alemanas, austríacas y serbias. La situación era desesperada. Se había consumado el plan de Clemenceau de cercar a los bolcheviques. Pero las disensiones entre los aliados y la nulidad política de los generales de la Guardia Blanca, incapaces de hacer concesiones de autonomía a las nacionalidades (cuestión que interesaba a los cosacos) y de tierra a los campesinos, para obtener su apoyo, permitieron que el Ejército Rojo resistiera durante los treinta meses que duró la guerra civil. Finalmente, la oleada revolucionaria que agitaba Europa y los éxitos militares de los rojos consiguieron la firma de un nuevo armisticio.

La guerra civil había dejado el país en ruinas. El comercio privado había desaparecido (Broué, pp. 163-170). Las medidas del llamado “comunismo de guerra” nacían pues de las propias necesidades de la guerra. Para alimentar a las ciudades sitiadas y al ejército se requisaban las cosechas. Los campesinos pobres fueron organizados contra los kulaks. No había ingresos fiscales, ya que la administración había desaparecido. La emisión descontrolada de papel moneda disparó la inflación. El hambre y las epidemias asolaron las ciudades, centro de la revolución. Los salarios se pagaban en especie. Los obreros industriales fueron desplazados a los frentes de batalla. El terror de la policía política hizo su inevitable aparición, con la fundación de la Checa en abril de 1918, cebándose especialmente en los mencheviques, eseristas y anarquistas: ya nada iba a ser igual. La producción industrial cayó en picado. La producción de acero y de hierro era mínima. Casi las tres cuartas partes de las vías férreas habían sido inutilizadas. La superficie cultivada se había reducido en una cuarta parte. Los kulaks sacrificaban el ganado y escondían sus cosechas para evitar su requisa.

En este contexto, se produjo la revuelta de Kronstadt, una base naval cercana a Petrogrado de gran tradición soviética y bolchevique. En marzo de1921, Trotsky asumió la represión del alzamiento de la marina de Kronstadt, que había sido durante la revolución de 1917, en palabras del propio Trotsky, “el orgullo y la gloria de la revolución”. Fue también en este mes, en el X Congreso del Partido, que prohibía la existencia de corrientes y tendencias en el seno del partido bolchevique, cuando Lenin propuso la “Nueva Política Económica” (NEP). Aparecieron numerosos focos de alzamiento campesino.

El partido decidió cambiar su política económica, pero la represión armada de amplios sectores de la población, indudablemente revolucionarios, constituyó un punto de inflexión contrarrevolucionaria irreversible de la revolución soviética. No en vano la aplastada Kronstadt se había sublevado en defensa del eslogan “soviets sin bolcheviques” (Brinton, pp.137-144; Mett pp.39-116).

Capítulo aparte merecería el anarquista ucraniano Makhno y la experiencia de las comunas de Ucrania desde 1918 hasta 1921, donde se implantaron con éxito medidas socio-económicas libertarias y los principios pedagógicos de Ferrer Guardia. El Ejército Negro ucraniano combatió al Ejército Blanco zarista en alianza con el Ejército Rojo bolchevique, constituyendo el Territorio Libre de Ucrania. Tras nueve meses de combates contra el Ejército Rojo, a fines de 1921 los anarquistas fueron derrotados y Makhno tuvo que exiliarse, mientras los bolcheviques entraban en las aldeas ucranianas provocando matanzas entre los campesinos, con el objetivo de exterminar el menor recuerdo y simpatía por la reciente experiencia libertaria.


Estalinismo y capitalismo de Estado

La Nueva Política Económica (1921-1927)


La llamada NEP impuso una serie de medidas económicas extraordinarias, motivadas por las catastróficas consecuencias de la guerra, y puso las bases de un capitalismo de Estado ruso. Para aumentar la productividad se decidió fomentar la iniciativa privada, prohibida en 1917, y permitir la rentabilidad de las pequeñas empresas agrícolas y comerciales. Se eliminó la requisa forzosa y se devolvieron gran parte de las tierras a los kulaks, creándose un mercado libre interior. Al mismo tiempo, el Estado creaba las grandes granjas estatales: los sovjós, y las cooperativas de explotación agraria: los koljós. Se desnacionalizaron las empresas de menos de veinte trabajadores, autorizándose la liberalización de salarios y las primas de producción en las empresas privadas. Se autorizó la presencia de técnicos extranjeros. Se fijó un impuesto en “especie” y se autorizaron, bajo control estatal, las inversiones extranjeras. El sistema estatal estaba dirigido por el Soviet Supremo de Economía.

La NEP trajo cierta estabilidad y permitió recuperar los niveles de producción anteriores a la guerra. Pero en el camino los soviets se habían vaciado de contenido y la revolución había perecido. La NEP finalizó en 1927, con el nacimiento del primer plan económico quinquenal, que priorizaba la industria pesada sobre la producción de artículos de consumo.

El triunfo de la burocracia

A causa de las calamidades, penurias y destrucciones de la guerra civil, el aislamiento de la revolución rusa tras el fracaso de la revolución internacional, la muerte de numerosos militantes bolcheviques, el caos económico, el hambre que había producido millones de muertos, y una miseria generalizada; pero sobre todo gracias a la identificación realizada entre Partido y Estado, surgió una burocracia que se afianzó en el triunfo de la contrarrevolución política, y la costosa y salvaje industrialización impuesta por el triunfante capitalismo de Estado.

En 1922, Lenin ya había advertido los peligros de esta estatificación. La burocracia había vaciado de significado y contenido a los soviets, los sindicatos, las células y comités del partido, sometidos al aparato estatal y a las directrices contrarrevolucionarias. A partir de 1923, Stalin encarnó esta nueva burocracia del Partido-Estado que dirigía una brutal contrarrevolución política.

El pronóstico elemental de los bolcheviques en 1917 había sido que, dado el atraso económico de Rusia, una revolución obrera victoriosa sólo podía sobrevivir con la extensión internacional de una revolución que había de ser de ámbito mundial, dando su primer paso concreto en Alemania. En caso contrario, la revolución rusa fracasaría. En 1924, la burocracia adoptó la teoría del “socialismo en un sólo país” y el culto a la personalidad del momificado Lenin, como los dos ejes sobre los que levantar la nueva ideología estalinista. La burocracia rusa, abandonado ya todo disfraz, aparecía dispuesta a aplastar definitivamente cualquier oposición. El estalinismo deformó grotescamente el concepto de lo que era el socialismo, vació de contenido los soviets, suprimió el menor atisbo de democracia obrera, impuso una dictadura personal sobre el partido, y del partido sobre el país, construyendo un régimen totalitario.

La burocracia necesitaba aniquilar a todos los cuadros de la dirección bolchevique que hizo la revolución de octubre, ya que la mistificación de su propia naturaleza contrarrevolucionaria era una de las características del estalinismo. Así, a lo largo de los años treinta se produjeron numerosas purgas, que condenaron al exterminio y la ignominia a cientos de miles de opositores, ficticios o reales, de cualquier ideología, y entre ellos a los propios bolcheviques, y sobre todo a sus principales dirigentes.

Trotsky fue asesinado en agosto de 1940 en México por Ramón Mercader, agente estalinista español que ejecutó las órdenes de Stalin. En la guerra civil española los estalinistas encabezaron la contrarrevolución en el seno del campo republicano, eliminando física y políticamente a anarquistas, poumistas y disidentes.

En agosto de 1939 se firmó un pacto entre Hitler y Stalin para invadir Polonia. Al fin de la Segunda Guerra Mundial, el Ejército Rojo ocupó media Europa, estableciendo regímenes totalitarios, satélites de la Unión Soviética, que se desmoronaron rápidamente tras la caída del muro de Berlín en octubre de 1989.

Estos regímenes estalinistas vivieron diversas insurrecciones obreras y populares, como la de Berlín en 1947, Hungría en 1956 o Checoslovaquia en 1968. El derribo del muro de Berlín, en octubre de 1989, fue el principio del fin de la Unión Soviética y de todos los Estados estalinistas.

Características internacionales del estalinismo

Las características de la contrarrevolución estalinista fueron:

a) Terrorismo policíaco incesante, omnipresente y casi omnipotente.

b) Imprescindible falsificación de su propia naturaleza, y de la naturaleza de sus enemigos, especialmente de los revolucionarios.

c) Explotación de los trabajadores mediante un capitalismo de Estado, dirigido por el Partido-Estado, que militarizó el trabajo.

Los estalinistas no han sido nunca un sector reformista del movimiento obrero, sino que siempre han sido el partido de la contrarrevolución y de la represión feroz del movimiento revolucionario. Con el estalinismo no ha sido posible nunca colaboración alguna, sólo la lucha sin cuartel. El estalinismo, siempre y en todo lugar, ha encabezado y guiado las fuerzas contrarrevolucionarias, encontrando su fuerza en la idea de unidad nacional, en la práctica de una política de orden, en su lucha por establecer un gobierno fuerte, en una política económica basada en las nacionalizaciones, en la penetración de los militantes del partido estalinista en el aparato de Estado, y sobre todo disfrazando su naturaleza reaccionaria en el seno del movimiento obrero (Munis, pp. 158-290).


Conclusiones

La grandeza del Octubre Rojo radica en que fue la primera revolución proletaria de la historia, la primera vez en la que el proletariado tomó el poder, derrocando el gobierno de la burguesía. Una revolución comunista sólo podía ser mundial, y fracasó en Rusia cuando se produjo la derrota del proletariado revolucionario en Alemania y la revolución soviética quedó aislada. Este aislamiento, unido a las catástrofes de la guerra civil, el caos económico, la miseria y el hambre, magnificaron los terribles errores de los bolcheviques, entre los que destacaba la identificación entre Partido y Estado, que condujeron al triunfo inevitable de la contrarrevolución estalinista, desde el seno del propio partido bolchevique que había impulsado la revolución soviética de Octubre de 1917.

En Rusia, el proceso revolucionario iniciado en 1905, obtuvo su primer éxito con la revolución democrática de febrero de 1917, que derrocó al zar e instauró una república democrática, pero no se quedó a medio camino y llegó hasta el final con la insurrección de octubre de 1917 en Petrogrado, en la que los soviets tomaron el poder, desplazando a la burguesía del aparato estatal.

La contrarrevolución estalinista fue de carácter político, y se encarnó en el monopolio del poder por el propio partido bolchevique, en las medidas de nacionalización y concentración económica estatal (capitalismo de Estado) y en la transformación del Partido bolchevique en un Partido-Estado, que destruyó toda oposición política e ideológica, reprimió duramente movimientos y grupos proletarios, indudablemente revolucionarios, y persiguió hasta el exterminio físico a quienes manifestaron la menor disidencia, ya fuera dentro o fuera del partido único.

Lejos de ser un banal golpe de Estado, como mienten los voceros de la clase dominante, la revolución de octubre fue uno de los puntos culminantes alcanzado por la humanidad en toda su historia. Por primera vez la clase obrera tuvo el valor y la capacidad de tomar el poder, arrebatándoselo a los explotadores, e iniciar la revolución proletaria mundial. Aunque la revolución pronto iba a ser derrotada en Berlín, Munich, Budapest y Turín, aunque el proletariado ruso y mundial tuvo que pagar un precio terrible por su derrota: el horror de la contrarrevolución, otra guerra mundial, y toda la barbarie sufrida bajo los estados estalinistas; la burguesía todavía no ha sido capaz de borrar la memoria y las lecciones de este formidable acontecimiento.

Bibliografía

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Volin: La revolución desconocida. 2 vol. Campo Abierto, 1977

Agustín Guillamón
Publicado en Catalunya números 189-192 (febrero/mayo 2017)
Catalunya es el órgano en catalán de la CGT

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Causas y antecedentes de la Revolución Rusa. Documental Rusia (1861-1917)

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Lenin, Vladimir Ilich

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Las Revoluciones Rusas de 1917. La URSS

Introducción

La revolución rusa fue uno de los acontecimientos clave de la historia del siglo XX. La primera guerra mundial sometió a tensiones brutales a la sociedad rusa y provocó la revolución que acabó con la autocracia zarista. Tras una efímera experiencia liberal, en noviembre de 1917 triunfó la primera revolución comunista de la historia.

Lenin dirigió con mano de hierro al nuevo estado soviético a través de un período de horror y calamidades. La primera guerra mundial, la revolución y la guerra civil golpearon duramente al tejido social ruso.
La sociedad del antiguo imperio ruso zarista nunca volvió a ser la misma. Los cambios emprendidos por la revolución transformaron radicalmente la economía y la sociedad soviéticas.

Stalin, su sucesor, concluyó la construcción de la dictadura comunista. La economía fue centralizada por el Estado y el poder político quedó en manos del dictador que controlaba férreamente al partido comunista y a la sociedad soviética. El terror estalinista configuró uno de los grandes regímenes totalitarios del siglo XX.


1. El Imperio Zarista: la difícil modernización de una autocracia

La autocracia zarista gobernaba un enorme país atrasado en el que la industrialización solo había alcanzado a algunos núcleos urbanos. La ineficacia de la monarquía absoluta se reflejó de forma abrupta cuando, ante la sorpresa de todo el mundo, Japón derrotó, en 1905, a la que aún se consideraba una gran potencia europea. Ese mismo año, una revolución fallida sacudió los cimientos del régimen zarista y puso en evidencia la inestabilidad de las bases en que se sustentaba.

En 1914 el imperio zarista era una gran potencia que se extendía por veintidós millones de kilómetros cuadrados a lo largo de Europa y Asia y contaba con ciento setenta millones de habitantes.

Desde 1905, Rusia vivió importantes transformaciones económicas. Aunque los campesinos analfabetos seguían siendo la mayoría de la población del imperio, las reformas de Sergei Witte, ministro del zar Nicolás II, favorecieron una intensa industrialización en unos pocos núcleos industriales urbanos y el nacimiento de un proletariado pobre y combativo.

Esta sociedad en transformación chocaba con una autocracia en la que el poder absoluto del Zar se sustentaba en la todopoderosa Ojrana, la policía política.

Diversos grupos clandestinos luchaban contra la monarquía rusa. Entre ellos, destacaba un pequeño grupo de marxistas revolucionarios dirigidos por Lenin, seudónimo de Vladimir Illich Uliánov. Conocidos como los bolcheviques, representaban una facción del Partido Socialdemócrata Ruso en la que confluía una visión radical de marxismo con la disciplina propia de una organización clandestina.

En ese contexto, la guerra mundial fue especialmente dañina para Rusia. En un país atrasado, el esfuerzo bélico (a mediados de 1915 los rusos habían sufrido más de dos millones de bajas) y la escasez de alimentos y combustible derrumbaron la moral de guerra de la población. Rusia se convirtió en el caldo de cultivo perfecto para la agitación revolucionaria.

Al descontento social, se le unió la impopularidad del zar Nicolás II, que se había puesto personalmente al frente del ejército ruso y que era considerado por la población como el responsable máximo de la catástrofe de la guerra.

La situación terminó por estallar en marzo de 1917.


2. El primer acto de la revolución: marzo de 1917

En marzo de 1917, febrero en el antiguo calendario juliano, las protestas espontáneas de la población de Petrogrado (la actual San Petersburgo), nueva denominación de la ciudad de San Petersburgo, derivaron en una insurrección revolucionaria. En muy pocos días la autocracia zarista se derrumbó. Dos poderes contrapuestos: el gobierno provisional liberal burgués y los Soviets de obreros y soldados pugnarán por el poder en los meses posteriores. Mientras, la tragedia de la guerra mundial seguía golpeando al pueblo ruso.

La miseria y la falta de alimentos en el duro invierno ruso desencadenaron una serie de huelgas espontáneas en las fábricas de Petrogrado. El 12 de marzo las tropas enviadas a reprimir las protestas confraternizaron con los huelguistas. En tres días, del 12 al 15 de marzo, tres acontecimientos marcaron el fin del zarismo:
La Duma o Parlamento nombró un Gobierno Provisional encargado de convocar elecciones a una Asamblea Constituyente.

En Petrogrado se constituyó un Soviet de Trabajadores y Soldados controlado por los partidos obreros (mencheviques, bolcheviques y socialistas revolucionarios).

El zar Nicolás II abdicó en su hermano Miguel, quien rechazó el trono. La dinastía Romanov llegaba a su fin y se proclamaba la República.
Durante los seis meses siguientes, Rusia vivió una situación de “doble poder”. Dos instituciones pugnaron por dominar una situación caótica marcada por la guerra, la crisis económica y el derrumbamiento de las instituciones políticas.

Por un lado, el Gobierno provisional controlado por los liberales moderados con el Partido Cadete como principal apoyo. Este gobierno estableció las libertades políticas, pero decidió esperar a que la Asamblea Constituyente que debía elegirse abordara las cuestiones de mayor importancia. Por otro lado, los Soviets que surgieron por toda Rusia y que estaban dominados por los mencheviques y los socialistas revolucionarios. Aunque tenían un gran apoyo popular, los mencheviques renunciaron a tomar el poder. Dudaban de que Rusia estuviera madura para emprender una revolución social radical.

Rápidamente se vio que este sistema de poder dual funcionaba de una manera contradictoria e inefectiva. Mientras que el Gobierno Provisional proclamaba su intención de mantener a Rusia en la guerra contra los Imperios Centrales, los Soviets emitían su primera ley, orden número 1, que afirmaba que los soldados solo tenían que obedecer a sus oficiales cuando sus órdenes coincidieran con las directrices de los Soviets.

La guerra continuaba y los desastres y privaciones que padecía el pueblo ruso fueron minando la fortaleza de las posturas más moderadas. Llegaba el tiempo de los extremistas.

Hacia mediados de julio, los soldados, hartos de una guerra que parecía no tener fin, empezaron a desertar masivamente. El frente ruso se desmoronó. Al mismo tiempo los campesinos ocupaban la tierra de los terratenientes, los obreros comenzaban a tomar el control de algunas fábricas y, en medio del general desconcierto, las nacionalidades no rusas (polacos, lituanos, estonios, ucranios…) pugnaban por liberarse del dominio ruso.
El gobierno provisional quedó en manos de Alexander Kerensky, un socialista revolucionario que mantuvo su compromiso con la Entente en la guerra.

Sólo los bolcheviques parecían tener respuesta a la crisis general. Su eslogan era muy simple: “Paz, Tierra y Pan”. Una minoría disciplinada y organizada consiguió tomar la iniciativa mientras las opciones más moderadas y los nostálgicos del zarismo fracasaban en su búsqueda del poder.


3. La revolución bolchevique: noviembre de 1917

La situación excepcional de la guerra, el derrumbamiento del aparato del estado con deserciones masivas de soldados, el descrédito de las opciones más moderadas y el activismo disciplinado de los bolcheviques explica como una minoría marxista radical consiguió hacerse con el poder en las capitales rusas en noviembre de 1917.

Tras muchas dudas por parte de los dirigentes bolcheviques, Lenin se decidió a actuar. Su partido controlaba en ese momento el Soviet de Petrogrado y Trotsky, el otro gran líder bolchevique, que dirigía el denominado Comité Militar Revolucionario, dio la orden de asaltar el poder a la Guardia Roja, una milicia de soldados revolucionarios controlada por el partido de Lenin.

El golpe de estado del 7 de noviembre fue un éxito. El gobierno provisional fue destituido y sus miembros huyeron o fueron arrestados. Lenin se puso al frente de un gobierno de los Comisarios del Pueblo basado en un partido de doscientos mil miembros que proclamaba su dominio sobre un estado de más de ciento setenta millones de habitantes.

El Congreso de los Soviets reunido en aquel momento decidió apoyar el golpe de estado y aceptar el nuevo gobierno. Muchos mencheviques y socialistas revolucionarios protestaron y dimitieron antes de aprobar un golpe de estado ilegal. Trotsky les despidió así: “Sois unos penosos individuos aislados; estáis corruptos; ya no pintáis nada. Marchad ahora mismo a donde pertenecéis, ¡al vertedero de la historia!”.

Nada más llegar al poder, el nuevo ejecutivo aprobó dos decretos con los que buscaba el apoyo de las clases trabajadores:
Decreto de la paz, en el que se proponía a todos los contendientes una inmediata paz sin anexiones ni reparaciones. De hecho, los bolcheviques firmaron el armisticio con Alemania en diciembre de ese año.

Decreto de la tierra, estableciendo la expropiación de los terratenientes y el reparto de la tierra entre los campesinos.
Lenin trataba así de afianzar su poder. No pudo evitar en contra de su voluntad que se celebrasen las prometidas elecciones a la Asamblea Constituyente. El resultado fue claro. Los bolcheviques solo consiguieron un cuarto de los diputados en una asamblea donde los socialistas revolucionarios eran mayoritarios. La respuesta del gobierno de los Comisarios del Pueblo fue fulgurante: la Guardia Roja disolvió la Asamblea el 5 de enero de 1919. En adelante, el gobierno de Lenin basó la legitimidad de su gobierno en los Soviets, controlados férreamente por los bolcheviques. Se trataba de justificar la dictadura comunista y presentarla como una democracia basada en los Soviets.

Desde un principio, los comunistas, como empezaban a ser denominados los bolcheviques, fueron estableciendo las bases de la dictadura. En diciembre de 1917, antes de la disolución de la Asamblea, un decreto había creado la Checa, la policía política, dirigida por Felix Dzerzhinsky. Las demás fuerzas políticas, incluyendo a mencheviques y socialistas revolucionarios, fueron prohibidas y perseguidas.


4. La guerra civil y el comunismo de guerra

El establecimiento del nuevo régimen no fue una tarea sencilla. Rusia se vio envuelta en una guerra civil en la que el gobierno de Lenin tuvo que defenderse de una coalición nacional e internacional antibolchevique. En parte por necesidad, en parte por convicción ideológica, el gobierno de Lenin aplicó una nueva política económica: el “comunismo de guerra”. En medio de la guerra civil se inició una transformación radical de la economía y la sociedad rusas.

Inmediatamente después de llegar al poder, el gobierno comunista tuvo que hacer frente a un ataque militargeneralizado. Tres fuerzas principales se enfrentaron al gobierno de Moscú, la nueva capital del país:
El Ejército Blanco: una abigarrada coalición de todos los opositores al bolchevismo en la que predominaron diversos generales zaristas.

Fuerzas de la Entente (británicas, francesas, norteamericanas, japonesas) enviadas con la esperanza de derrocar a los comunistas y conseguir que Rusia volviera a la lucha contra los Imperios Centrales. Aunque mandaron pequeños ejércitos expedicionarios, la intervención extranjera se basó en la ayuda a los “generales blancos”.

Fuerzas del recién creado estado polaco que se enfrentaron al nuevo estado soviético en la guerra ruso-polaca (1918-1921).
El gobierno bolchevique tuvo que tomar medidas extraordinarias. León Trotsky se puso al frente del Ejército Rojo, al que consiguió organizar con férrea disciplina. En adelante, el ejército y la Checa emprendieron la destrucción sistemática del enemigo.

A la vez que en Rusia estallaba la guerra civil, la guerra mundial entraba en su última fase. Para hacer frente al conflicto interno, Lenin tuvo que plegarse a los Imperios Centrales. En marzo de 1918, firmó la Paz de Brest-Litovsk que certificaba la pérdida de importantes territorios del antiguo imperio zarista.

Alemania y sus aliados no pudieron disfrutar por mucho tiempo de su victoria en el frente oriental. Las ofensivas franco-británicas y estadounidenses en el frente occidental llevaron en noviembre de 1918 a la derrota de los Imperios Centrales.

Acabada la Gran Guerra, las fuerzas expedicionarias extranjeras enviadas a Rusia retornaron a sus países. En adelante, el Ejército Rojo centró todas sus energías en derrotar a un Ejército Blanco, desorganizado y minado por las divisiones internas. Finalmente, en 1921, los comunistas, que en algún momento solo controlaron la región en torno a Moscú, pudieron proclamar su triunfo en la guerra civil. Al año siguiente nacía la Unión de Repúblicas Socialistas Soviéticas (URSS), nuevo estado dirigido por el Partido Comunista.

Durante la guerra, los bolcheviques aplicaron un nuevo modelo económico que surgió de las necesidades bélicas y de sus propias convicciones ideológicas. Poco después de iniciada la Guerra Civil y la invasión extranjera, se instauró el “comunismo de guerra” (1918-1921). En medio del marasmo económico causado por la Primera Guerra Mundial, la Revolución y el conflicto entre “rojos” y “blancos”, el objetivo del “comunismo de guerra” no era otro que el de asegurar que unos mínimos de producción agrícola e industrial llegarían a las empresas y los consumidores urbanos. Se trataba, simplemente, de la supervivencia del nuevo régimen y no de una estrategia económica deliberada. Ahora bien, el “comunismo de guerra” no dejaba de expresar los prejuicios del bolchevismo frente a la economía de mercado y a la propiedad privada.

En la agricultura, el “comunismo de guerra” consistió básicamente en la requisa de alimentos a los campesinos para abastecer al Ejército Rojo y a las ciudades. El sector industrial fue nacionalizado en su mayor parte y sometido a estrictas regulaciones por parte de organismo estatales no muy distintos de los creados durante la Primera Guerra Mundial. La inflación se disparó espectacularmente: el nivel de precios llegaría a ser 16.800 veces mayor que en 1914. El dinero desapareció como instrumento de los intercambios a favor del racionamiento y el trueque.

En medio de esta situación caótica, el nuevo régimen introdujo una serie de importantes reformas sociales. Alexandra Kollontai, Comisaria del Pueblo para la Asistencia Pública, promovió la construcción de “palacios para la protección de la maternidad y los niños”. Entre 1918 y 1920, el gobierno de Lenin aprobó el matrimonio civil, legalizó el divorcio y permitió la interrupción del embarazo. Kollontai promovió la creación de una agencia, la Zhenotdel, el primer organismo gubernamental para la situación femenina de la historia, que envió delegados a todas las regiones de Rusia explicando el nuevo orden social. A menudo, especialmente en las zonas más atrasadas, los miembros de la agencia fueron brutalmente asesinados por hombres indignados que se negaban a aceptar cualquier tipo de liberación de sus mujeres e hijas.

Otro aspecto destacado de la política social comunista fue la activa campaña de alfabetización iniciada por la Comisión Extraordinaria para la Liquidación del Analfabetismo. Para entender la labor de esta Comisión hay que tener en cuenta que, al empezar la primera guerra mundial, sólo la mitad de los niños entre 8 y 12 años asistían a la escuela. Este fue, sin duda, uno de los grandes logros de la revolución.


5. El nuevo estado soviético

La Rusia surgida de la guerra civil era un país destrozado y hambriento. La rebelión de los marinos, célebres por su apoyo a los bolcheviques, de la base naval de Krondstadt en marzo de 1921 mostró a Lenin el alcance del descontento popular. La respuesta del gobierno comunista fue un giro importante en la política económica, la NEP. La liberalización controlada de la economía permitió la recuperación económica.

La guerra civil había supuesto una verdadera tragedia para un país que había sufrido anteriormente una guerra mundial y una revolución. Los efectos perniciosos del “comunismo de guerra” agravaron aún más el coste humano y económico para el nuevo estado comunista.

Esta terrible situación interna se inscribía en un contexto internacional decepcionante para los bolcheviques. Lenin y sus seguidores habían siempre considerado que la revolución en Rusia sólo se salvaría si se extendía a los países más desarrollados de Europa. Sin embargo, sus sueños de una revolución mundial se desvanecieron pronto. El fracaso de los espartaquistas en Alemania y de los comunistas de Bela Kun en Hungría hicieron evidente en 1919 que la revolución soviética rusa debía seguir su camino por sí misma, sin aliados externos.

El “comunismo de guerra” no desapareció totalmente cuando concluye el conflicto civil y la intervención occidental. Sin embargo, la crisis agrícola de 1921 alcanzó una intensidad tal que hizo peligrar el apoyo de los trabajadores industriales y los habitantes de las ciudades al bolchevismo. Un sector del campesinado ya venía manifestando su oposición a un modelo económico de excepción que les ofrecía poco o nada a cambio de sus productos. La repuesta de los dirigentes soviéticos consistió en una marcha atrás a favor del mercado y de la propiedad privada. En marzo de 1921 se inició la Nueva Política Económica (NEP), que se mantuvo en vigor hasta 1928.

Las nuevas directrices económicas autorizaban a los campesinos a vender su producción a particulares o a organismos estatales. Se permitió también el comercio privado, por lo general al por menor. El comercio exterior se recuperó, aunque nunca volvería a alcanzar los niveles de preguerra. La reorientación económica alcanzó también a la moneda y las finanzas públicas. Una especie de patrón oro fue introducido en 1922. Por su parte, la reducción del gasto estatal y el aumento de los impuestos también contribuyeron a la estabilización de los precios. Las empresas industriales de mayores dimensiones permanecieron en poder del Estado, pero sus directivos fueron alentados a gestionarlas siguiendo algunos criterios típicamente capitalistas. Los principales bancos continuaron estatalizados.

Los resultados no se hicieron esperar. Los niveles de producción de los sectores agrícola e industrial eran en 1927 o 1928 como los de preguerra. Ahora bien, pese a cierto retorno al mercado, la economía de los años veinte era distinta a la del último zarismo. Los mecanismos mediante los cuales se efectuaba la producción, el intercambio y la distribución presentaban importantes novedades. La sociedad era más igualitaria. El emprendedor, grande o pequeño, individual o colectivo, había visto reducirse sus posibilidades de influir en las actividades económicas y de beneficiarse de ellas. El Estado contaba con mayor poder en los ámbitos político y económico. La economía había disminuido su apertura al exterior (menos comercio y ninguna inversión extranjera). En esas condiciones, la industrialización debería transcurrir por vías no transitadas con anterioridad.


6. La sucesión de Lenin

Tras el fracaso del “comunismo de guerra”, la NEP permitió la recuperación económica del país. Lenin, sin embargo, no pudo verlo. Tras sufrir un atentado en 1918, su salud se deterioró rápidamente y murió en enero de 1924. La lucha por su sucesión entre los dirigentes bolcheviques se saldó con el triunfo de Stalin. Trotsky, su principal oponente, tuvo que abandonar el país.

Uno de los grandes problemas de cualquier dictadura es como regular la sucesión en el poder. Lenin era la única persona cuya autoridad era unánimemente aceptada en la dirección comunista. Tras su muerte, Liev Trotsky y Iósif Stalin, dos personajes bien diferentes, se enfrentaron por el control del partido comunista y del estado soviético.

Trotsky (Liev Davidovich Bronstein) era un magnífico orador, un importante intelectual y un enérgico organizador que había conseguido que el Ejército Rojo saliera victorioso en la guerra civil. Su egocentrismo y arrogancia contrastaban con la astucia y el espíritu calculador de su rival. Stalin (Iósif Vissarionovich Dzhugashvili) era georgiano y su oratoria en ruso, su segunda lengua, no era especialmente brillante. Sin embargo, siempre había sido fiel a Lenin y desde 1917 se había dedicado al trabajo organizativo en el partido. Era una labor mucho menos brillante que la de Trotsky, pero mucho más práctica. La nueva burocracia que dominaba el estado soviético, los apparatchiks, estaba bajo su férreo control y éste será finalmente el factor determinante que le lleve al poder.

En 1922, el diario oficial del partido, la Pravda (“Verdad”), publicaba una breve noticia anunciando el nombramiento de Stalin como Secretario General del Partido Comunista. Ese cargo, en principio anodino y burocrático, se convirtió en el centro del poder en la Unión Soviética hasta su disolución en 1991.

Al morir Lenin, Stalin empezó a construir una verdadera “religión” secular: el leninismo. El mejor ejemplo del nuevo culto a Lenin fue el que la ciudad de San Petersburgo o Petrogrado cambiara su nombre a Leningrado, la ciudad de Lenin.

Apoyándose en ese vínculo con el pasado,Stalin venció fácilmente en su pugna con Trotsky. Era mejor organizador, más hábil en manipular la opinión, y, sobre todo, contó con el pleno apoyo del aparato del partido. Trotsky, que había sido privado de sus cargos políticos y militares en 1925, fue finalmente expulsado de la Unión Soviética en 1929. Para esa fecha, Stalin había establecido su dictadura.


7. La dictadura de Stalin

Stalin puso a prueba la resistencia del tejido social de la Unión Soviética. Asentado en su control del aparato del partido comunista, lanzó al país a un proceso acelerado de industrialización y a la colectivización forzosa de la agricultura. Los sacrificios por los que tuvo que pasar la población solo se pudieron imponer mediante el establecimiento de una brutal dictadura totalitaria en la que todo tipo de oposición fue eliminado.

La batalla política entre Stalin y Trotsky se había centrado en dos puntos clave. La política económica, la NEP, la posibilidad de que el experimento soviético triunfase sin que la revolución se extendiera a los países europeos más desarrollados.


Para Trotsky la NEP había significado un “paso atrás” en la construcción del socialismo. Mientras tanto, Stalin se había alineado con los dirigentes más moderados del partido y había defendido la nueva política económica lanzada por Lenin en 1921.

Tras expulsar a Trotsky del partido en 1927, Stalin cambió abruptamente de bando: la NEP estaba superada y había que avanzar a marcha forzada hacia una sociedad comunista industrializada. Alejándose de las teorías trostkistas de la necesidad de la “revolución mundial”, Stalin proclamó la posibilidad de construir “el socialismo en un solo país”. Toda la maquinaria del estado y todo el pueblo soviético tuvieron que someterse a ese objetivo.

7.1. Los planes quinquenales y la colectivización de la agricultura

Para el zarismo, industrializar Rusia había sido un objetivo deseable y a favor del cual no dejaron de hacerse esfuerzos que obtuvieron algunos logros. En la visión de los dirigentes comunistas, influidos por el pensamiento marxista, la industrialización revestía una mayor importancia. Les iba en ello la supervivencia de un régimen que se enfrentaba a la hostilidad internacional y que no renunciaba a extender el comunismo al resto del mundo. Pero resultaba que la economía soviética seguía siendo mayoritariamente agrícola, campesina y rural.

En 1927-1928, una profunda crisis agrícola –los campesinos vendieron al Estado una cantidad muy pequeña de alimentos- fue aprovechada por Stalin para poner fin a una NEP que no permitía el avance de la industrialización con la rapidez deseada por el sector dominante del partido bolchevique y de la que probablemente siempre desconfió. Se inicia así una nueva fase de la historia económica de la URSS: la industrialización acelerada mediante la planificación central.

En esencia, el giro de la política económica soviética se plasmó en la elaboración por parte del organismo central de planificación (Gosplan) del Primer Plan Quinquenal (1928-1932). El Plan establecía las prioridades económicas del Estado, a cuya consecución se sometían las decisiones de empresas e individuos. La prioridad máxima no fue otra que el rápido crecimiento de la industria productora de bienes de capital (carbón, petróleo, hidroelectricidad, hierro, acero, maquinaria, etc.) y, en menor medida, de armamento. Este objetivo se basó en una pieza clave: la colectivización forzada de las explotaciones agrarias. Mediante el recurso sistemático a la violencia, la propiedad privada, a la que se hizo responsable de los problemas de abastecimiento, desapareció del sector agrario soviético y fue sustituida por grandes granjas estatales. Los campesinos se vieron forzados a integrarse en ellas o a emigrar a las ciudades y a lo centros industriales emergentes. La colectivización forzosa vino acompañada de la desaparición física, del internamiento en campos de trabajo y del exilio interior de millones de personas. Además, la desarticulación del sistema agrario de la NEP contribuyó decisivamente a la hambruna de 1933, a causa de la cual fallecieron millones de ciudadanos soviéticos. El sector agrario soviético se resintió durante décadas de los defectos intrínsecos al colectivismo y de la baja prioridad asignada por los planificadores a la producción agrícola y ganadera.

El crecimiento de la industria pesada y su redistribución espacial hacia el este resultó, sin embargo, muy rápido. La creación de unidades productivas de enormes dimensiones frecuentemente sacrificó la eficiencia económica en aras de la consecución de las ambiciosas cifras de producción fijadas en el Plan. Mucho menos brillantes fueron los resultados de la industria de bienes de consumo duradero (vivienda) o no (calzado, vestido, etc.). El desequilibrio entre la industria pesada y la ligera y el sector agrario es coherente con el objetivo último del Plan. Éste consistió básicamente en una gigantesca transferencia de recursos desde el consumo de la población a la inversión. El consumo per cápita de la población soviética era, especialmente en el caso del campesinado, todavía menor en 1940 que en 1928. Se favorecía así el avance acelerado de una industrialización volcada en la producción de bienes de capital y armamento. Los negativos efectos de este modelo de crecimiento económico sobre el bienestar de la población fueron compensados parcialmente con el aumento del gasto social (educación, sanidad, etc.).

El Segundo Plan Quinquenal (1933-1937) estableció objetivos más realistas. La maduración de las inversiones llevadas a cabo en los años precedentes permitió un crecimiento económico espectacular. En 1935 se abolieron las cartillas de racionamiento. A partir de 1934, el empeoramiento del clima político internacional (ocupación japonesa de Manchuria en 1931 y ascenso al poder de Hitler en Alemania en 1933) se tradujo en una gran expansión de la industria armamentística. La imposición de la industrialización acelerada por Stalin exigió la depuración del aparato económico bolchevique. Las “purgas” de Stalin afectaron a buena parte de los cuadros económicos y directivos empresariales. A la finalización del Segundo Plan Quinquenal, unos 2,7 millones de personas se encontraban en los diferentes campos de trabajo forzado bajo control del Gulag. Se estima que su contribución, seguramente infravalorada, equivalía al 1,2% del producto industrial.

7.2. El estalinismo: una dictadura totalitaria

Stalin no hubiera podido nunca llevar a la práctica un programa económico con tan terribles costes sociales sin mantener un control férreo de la sociedad y el estado soviético.

Desde un principio, su política se basó en la aplicación del terror generalizado contra todos sus reales o supuestos enemigos. Los “trostkistas”, los campesinos contrarios a la colectivización, los partidarios de la NEP, en fin, cualquier persona “socialmente peligrosa” fue perseguida de forma sistemática.

Una característica específica del estalinismo es la importancia de la represión dentro del propio partido comunista. El partido se convirtió en un instrumento absolutamente dócil a la voluntad del dictador mediante una serie de “purgas” que acabaron con cualquier tipo de oposición al líder.

¿Por qué tuvieron lugar esas oleadas de terror arbitrario sobre el propio partido comunista? El poder en la URSS residía en el partido comunista y este partido estaba organizado jerárquica y verticalmente. Al frente estaba el Comité Central, subordinado al Politburó (oficina política), que, a su vez, estaba bajo la autoridad absoluta del Secretario General, Stalin. Manteniendo el terror sobre la organización del partido, Stalin consiguió centralizar completamente el poder en sus manos.

Las “grandes purgas”, también conocidas como los procesos de Moscú, se iniciaron en 1934, tras el asesinato de Sergei Kirov, jefe del partido en Leningrado (San Petersburgo) y uno de los hombres de confianza de Stalin. En los años siguientes una ola de terror barrió la URSS. El mundo asistió atónito al espectáculo de una serie de juicios-farsa en la que muchos viejos dirigentes bolcheviques confesaban los peores crímenes contrarrevolucionarios. Tras ser drogados, torturados e intimidados, los miembros de la “vieja guardia bolchevique” confesaban que llevaban años conspirando contra la revolución.

Los datos son expresivos. En 1939, el 70 por ciento de los miembros del Comité Central del partido en 1934 habían sido purgados. Entre los oficiales de las fuerzas armadas, el 90 por ciento de los generales fueron ejecutados o deportados a campos del Gulag. Para asentar su poder, Stalin destruyó una gran parte de la dirección del partido, de la administración civil y del ejército, debilitando de forma importante al país.
Las purgas tuvieron su colofón en el asesinato de Trotsky en México en 1940 a manos de un agente de la NKVD, el español Ramón Mercader. Pocos años antes, durante la guerra civil española, la persecución estalinista había llevado a la “desaparición” de Andreu Nin, líder del POUM, partido donde se agruparon los seguidores de Trotsky en nuestro país.

La represión no afectó sólo a los miembros del partido. La sociedad soviética en su conjunto sufrió las consecuencias de la dictadura. El año 1937 se convirtió en un siniestro símbolo del sistema de terror estalinista. En la memoria de muchos soviéticos el “Treinta y Siete” sobresalió por la magnitud de la represión. En la “purga” de 1937-1938, más de un millón setecientas mil personas fueron arrestadas por acusaciones de índole política. El número de personas “purgadas” de sus cargos superó los dos millones. Se calcula que más de 700.000 soviéticos fueron ejecutados.
Como consecuencia lógica de la concentración de poder en manos de Stalin, en la URSS se instituyó un verdadero “culto a la personalidad” del líder. La figura de Stalin fue sometida a una continua adulación, a una verdadera adoración, en todos los estamentos de la sociedad soviética.

7.3. Una sociedad modelada por el terror

La sociedad soviética que termina de configurarse en los años treinta fue una sociedad puesta al servicio de los objetivos económicos del Estado y de la ideología comunista.

La población siguió siendo mayoritariamente rural. El campesinado vivía en unas condiciones muy difíciles (solo el 10 por ciento de los koljoses, las granjas colectivas, disponían de electricidad) y, tras el desastre de la colectivización, tuvo que soportar una fuerte presión por parte de los agentes del gobierno para que dedicaran más esfuerzo al trabajo en los campos colectivos.

En las ciudades, la creciente clase obrera sufrió las consecuencias de la política de planificación e industrialización forzada. Para cumplir los objetivos de los planes quinquenales, las condiciones de trabajo se endurecieron enormemente. En muchas industrias, las jornadas de siete horas seis días a la semana se convirtieron en jornadas de ocho horas todos los días de la semana.

Aunque la constitución de 1936 proclamaba que la URSS era una sociedad sin clases, la verdad era muy diferente. Por encima de las clases trabajadores se situó la burocracia del partido comunista. Formada por aproximadamente catorce millones de personas, los cargos comunistas acapararon la gestión del estado y de la economía. Esta nueva clase social percibía sueldos de entre 4 y 20 veces superiores a los obreros y disponía de diversos privilegios, como raciones suplementarias de alimentos obtenidos en tiendas especiales o apartamentos más amplios que el resto de los ciudadanos soviéticos.

La burocracia obtenía estos privilegios a cambio de una sumisión absoluta a Stalin. Las “purgas” de los años 30 probaron que nadie estaba libre de sospecha y que cualquiera estaba a merced de los aparatos de represión.

La sociedad que surge del estalinismo retornó a los valores sociales tradicionales ensalzando las nociones de jerarquía y autoridad. En la escuela obligatoria, pública y gratuita se fomentó el respeto a los maestros; en la familia se reforzó la autoridad de los padres; en el ejército se ensalzaron las nociones de jerarquía, obediencia y disciplina.

Las duras condiciones sociales y los avances en la liberación de la mujer en los años veinte provocaron un fuerte descenso de la natalidad. La reacción de Stalin fue acabar con la legislación permisiva de los años veinte y volver a un modelo de familia tradicional. La familia volvió a convertirse en la célula social clave que debía inculcar a los jóvenes las ideas de disciplina y trabajo duro. En 1936 el aborto fue ilegalizado y se pusieron más trabas al divorcio.

Finalmente, el internacionalismo revolucionario de los inicios de la revolución fue sustituido por el patriotismo ruso. El ejército especialmente dejó de ser contemplado como el instrumento de la revolución y se convirtió en el defensor de la patria y del régimen soviético.


8. Conclusión

A fines de los años treinta, cuando la última de las grandes purgas había llegado a su fin, la Rusia soviética entraba en su tercera década de existencia.

La Revolución de 1917 había creado el primer sistema económico socialista basado en la planificación central. Esta alternativa al capitalismo resultó extraordinariamente eficaz para la industrialización acelerada de una economía agraria, como era la de la Rusia zarista.

Desde finales de los años veinte, sin reparar en costes y eliminado cualquier disidencia, el Estado soviético se entregó a la movilización de los ingentes recursos necesarios para modernizar en breve plazo la economía de la URSS. La política de industrialización acelerada había llevado a un rápido crecimiento del sector secundario y nuevas ciudades industriales surgieron a lo largo del país. Los campesinos expulsados de la tierra por la colectivización engrosaban una creciente clase obrera.

El coste social, sin embargo, había sido brutal. Millones murieron por la represión o por el hambre. Centenares de miles, quizá millones, sufrían en los campos de concentración del Gulag.

Stalin culminó en los años treinta la construcción de una de las grandes dictaduras totalitarias del siglo XX. Esta dictadura se estableció en un país, Rusia, con una cultura política autocrática. El absolutismo y la tiranía habían caracterizado al estado ruso desde su emancipación de los Mongoles en el siglo XV.

Con ese pasado histórico detrás, Lenin y el propio Trotsky demostraron muy pronto su capacidad de suprimir brutalmente cualquier oposición a la revolución. La dictadura soviética fue la consecuencia lógica de una teoría, la marxista, convertida por Stalin en marxismo-leninismo, que queriendo en principio liberar a las clases más humildes de su explotación, se había transformado en la doctrina oficial de un régimen totalitario.

El estado soviético iba a enfrentarse a principios de la década de los cuarenta a la prueba más dura de su existencia: la agresión de la Alemania nazi. Stalin y el pueblo soviético, aliado con las potencias democráticas anglosajonas, tuvo un papel clave en la derrota del III Reich y la Unión Soviética se convirtió en 1945 en una de las dos grandes superpotencias mundiales. Las siguientes décadas estuvieron marcadas por la influencia en el mundo del estado alumbrado por Lenin en 1917.

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EL Mundo Comunista

Introducción

Si la primera guerra mundial fue determinante en el triunfo de la primera revolución comunista, la segunda fue clave para la expansión del comunismo por el mundo. En 1945, Stalin y la URSS tenían un gran prestigio: el Ejército Rojo había derrotado a Hitler y había ocupado gran parte de la Europa central y oriental. En esas zonas que la URSS había “liberado” se impusieron rápidamente dictaduras calcadas a la soviética. Las nuevas “democracias populares” mostraban el triunfo del comunismo en parte de Europa.

No fue, sin embargo, en Europa donde la expansión comunista llegó más lejos. El triunfo del ejército comunista de Mao Zedong en la reavivada guerra civil china permitió que el país más poblado del mundo se uniera al bloque soviético en 1949. No sólo fue China, Corea del Norte y Vietnam del Norte establecieron regímenes inspirados al modelo diseñado por Stalin en la URSS.

La muerte de Stalin desencadenó cambios en la URSS. La “desestalinización” propiciada por Jrushchov no consiguió que se emprendiera ninguna reforma estructural en el bloque soviético. Si que sirvió, sin embargo, para hacer estallar las crecientes tensiones entre Moscú y Beijing. Durante los años sesenta los dos gigantes comunistas se distanciaron y terminaron enfrentándose en el teatro mundial.

El fracaso económico, la esclerosis política y el desafío militar norteamericano propiciaron la perestroika de Gorbachov. El proceso de reformas que inició en 1985 acabó con el fin del comunismo en Europa y la desintegración de la URSS.

A principios del siglo XXI, China es un modelo híbrido y difícil de definir en el que se combina la dictadura burocrática comunista y la economía de mercado. Pocos regímenes comunistas “ortodoxos” quedan ya en el mundo. Corea del Norte y la Cuba de Fidel Castro son las excepciones.

1. La URSS y las democracias populares

El comunismo es una ideología política europea. Nació con la obra de Carlos Marx, un intelectual alemán del siglo XIX, y la primera revolución comunista triunfó en Rusia, un país cuyo centro de gravedad se halla en nuestro continente. Tras la segunda guerra mundial, el triunfante Ejército Rojo extendió el sistema soviético a la Europa central y oriental.

1.1. La fase final del estalinismo (1945-1953) y el nacimiento de las "democracias populares"

Durante los años treinta, Stalin instauró un sistema totalitario basado en el control de la población y la represión contra cualquier disidencia. La economía soviética se fundamentó en una ineficaz agricultura colectivizada, la planificación económica centralizada y la primacía de la industria pesada.

Durante la guerra mundial, a fin de suscitar la unidad patriótica contra el invasor alemán, la represión disminuyó y miles de prisioneros fueron liberados. La victoria de 1945 llevó el culto a la personalidad de Stalin a su punto culminante, era el "Padre de la Victoria".

Sin embargo, el viejo dictador volvió muy pronto a sus prácticas de terror sobre un país que salió muy dañado de la guerra. Las primeras dificultades de la posguerra, como el hambre de 1946, desencadenaron deportaciones masivas. Más de dos millones y medio de personas fueran detenidas en corto tiempo y muchos marcharon a los campos del Gulag.

Cuando murió en 1953, Stalin preparaba una nueva purga en el partido comunista contra una “conjura de médicos” al servicio de “las potencias imperialistas”.

Las "democracias populares"

El estallido de la guerra fría precipitó el establecimiento de las “democracias populares” (dictaduras comunistas) en las zonas de Europa central y oriental ocupadas por el Ejército Rojo.

Exceptuando en Albania y Yugoslavia, donde la triunfante guerrilla comunista autóctona llevó a los comunistas directamente al poder, las autoridades soviéticas de ocupación impusieron las dictaduras en un corto período que culminó en 1948 con el golpe de Praga.

La construcción de los regímenes de las democracias populares siguió etapas similares en todos los países. Tras la "desnazificación" –purga de los colaboradores del Eje que afectó esencialmente a las clases másacomodadas-, se formaron gobiernos de “Frente Nacional” en los que los comunistas se reservaron los ministerios clave. En pocos meses, los demás partidos fueron prohibidos y se estableció la dictadura comunista al estilo soviético. Polonia, la República Democrática de Alemania, Checoslovaquia, Hungría, Rumania y Bulgaria se convirtieron en “estados-satélite” de la URSS.

Mientras tanto, en el terreno económico, los soviéticos establecieron un verdadero sistema de dominación. En Alemania y sus aliados del Eje se desmontaron y transfirieron a la URSS fábricas completas y productos de todo tipo. En todas las “democracias populares” se estableció, con alguna ligera variable, el modelo económico implantado por Stalin en la URSS. Mediante la firma de acuerdos bilaterales entre la URSS y las “democracias populares”, las actividades económicas se organizaron siguiendo las directrices y los intereses de Moscú,

Los nuevos países comunistas vivieron una oleada de purgas durante los últimos años de la dictadura de Stalin (1948-1952). Cualquier intento de iniciar una "vía nacional" al socialismo que no siguiera al pie de la letra el modelo soviético fue acusado de "desviacionista" y tildado de "trostkista" o "titista", en alusión al líder yugoslavo Tito. La realidad fue que aproximadamente un cuarto de la militancia comunista, muchas veces los militantes más veteranos y con mayor experiencia de lucha, fueron juzgados, encarcelados o ejecutados. La represión se convirtió en adelante el rasgo esencial de unas "democracias populares" que no tenían nada de democracias ni de populares.

1.2. La URSS de Jruschov a Gorbachov (1953-1991)


Tras un corto período de transición, Nikita Jruschov se hizo con el cargo de secretario general del PCUS y, por consiguiente, con el poder en la URSS. El período de Jruschov (1953-1964) se caracterizó por una serie de deshilvanadas reformas que mitigaron los aspectos más brutales de la dictadura soviética.

En la inmediata posguerra, el esfuerzo económico de la URSS se orientó necesariamente a la reconstrucción de un país devastado. A la muerte de Stalin, Jruschov impulsó un programa reformista en el terreno económico. Las reformas afectaron principalmente al sector agrario y pretendían, mediante una suavización de la excesivamente rígida planificación económica estalinista, aumentar la producción de alimentos con la consiguiente mejora del nivel de vida de la población. Para ello se autorizó a los campesinos a aumentar la producción privada, se incrementaron los pagos en dinero a los “koljoses” o granjas colectivas y se invirtió más en el sector agrario. Jruschov lanzó la “Campaña de tierra vírgenes”. Se inició en 1954 y consistió en la puesta en cultivo de una amplia superficie (probablemente más de 300.000 km2) de tierras vírgenes en la región rusa de Altay y en el actual Kazastán mediante la utilización masiva de maquinaria agrícola moderna. Para ello fue necesario poner en marcha una abultada corriente migratoria que alteró sustancialmente la composición étnica de la zona. La primera cosecha fue un éxito espectacular. Sin embargo, las dificultades no tardaron en aparecer: en la década de los sesenta, el monocultivo triguero repetido acabó erosionando el suelo y lo convirtió en improductivo. Pocos años después de iniciada la campaña, la URSS se veía obligada a efectuar grandes importaciones de grano canadiense a fin de superar el déficit interno. Otras medidas reformistas en la agricultura, como la reorganización de los “koljoses”, se saldaron también con fracasos.

En la industria, la principal novedad consistió en el intento de descentralizar la toma de decisiones mediante la creación de Consejos Económico Regionales dotados de cierta autonomía en la planificación económica. A fin de hacer frente a la crisis de la vivienda, se fomentó la construcción residencial de apartamentos prefabricados de reducidas dimensiones que paliaron, pero no resolvieron el problema.

La comunidad internacional fue sorprendida, en 1957, por la demostración de poder técnico y económico representada por el lanzamiento con éxito del primer satélite artificial, el Sputnik 1. La economía soviética dedicó voluminosos recursos a la carrera espacial, un objetivo que no era ajeno a la guerra fría, pues los cohetes que ponían en órbita a los Sputniks servían también como misiles balísticos intercontinentales.

Jruschov impulsó el relanzamiento del CAME (Consejo de Ayuda Mutua Económica), una organización económica que, bajo el liderazgo de la URSS, se había fundado en 1949 con la finalidad de incrementar las relaciones económicas dentro del bloque socialista.

Jruschov ha pasado a la historia por su política de “desestalinización”. El momento clave tuvo lugar durante el XX Congreso del PCUS en febrero de 1956. Allí, Jruschov pronunció un discurso secreto en el que criticaba la figura de Stalin. El discurso rápidamente se filtró a la opinión pública y en la URSS se abrió un periodo de mayor libertad de expresión marcado por la vuelta a casa de centenares de miles de prisioneros del Gulag (sistema de campos de concentración soviéticos). No obstante, el régimen siguió siendo básicamente el mismo: la dictadura del partido, el sistema de planificación económica centralizada, la represión y la ausencia de libertad siguieron siendo los rasgos definitorios del sistema soviético.

Pese al carácter precario de sus reformas, para muchos miembros de la nomenklatura o elite del Partido Comunista, Jruschov había ido muy lejos. Sus errores en política exterior, especialmente la crisis de los misiles en Cuba, precipitaron su caída. Mientras estaba de vacaciones en 1964, una reunión especial del Politburó del PCUS le destituyó “por su salud deteriorada”.

A Jruschov le sucedió en la secretaría general del PCUS Leonid Breznev, quién dirigió al país durante los largos “años de estancamiento” (1964-1982).

Hasta comienzos de los años sesenta, un observador bienintencionado podía tener alguna confianza en las proclamas de Jruschov acerca de la victoria final de la economía socialista sobre la capitalista. Ciertamente, la URSS era el principal productor mundial de petróleo, carbón, mineral de hierro y cemento. Ello, en buena medida, gracias a su gran extensión territorial y a su enorme dotación de recursos naturales. Con más de 200 millones de habitantes y, no sin algún esfuerzo, la Unión Soviética mantenía la carrera espacial y armamentística con EEUU. Aunque incurriendo en costes económicos, sociales y ecológicos muy elevados, la planificación había sido capaz de industrializar a la URSS en un plazo relativamente corto y convertirla en una potencia política y militar. Sin embargo, la asignación de recursos mediante la planificación centralizada se reveló incapaz de favorecer la transición hacia una economía más sofisticada y, en particular, de ofrecer satisfacción a las crecientes demandas de bienes y servicios de consumo de la población soviética.

Entre 1946 y 1964, el crecimiento del producto per cápita de la URSS fue ligeramente superior al de los países capitalistas europeo-occidentales. También creció bastante más que el de los EEUU, lo cual no debe sorprender dado la gran diferencia entre los niveles de partida: el producto per cápita norteamericano era casi tres veces mayor que el de la URSS. Sin embargo, entre 1964 y 1982, la economía soviética no sólo creció menos que la de Europa Occidental sino que apenas superó el crecimiento de los EEUU. Así, a comienzos de los años ochenta, las diferencias económicas entre la URSS y los países capitalistas más desarrollados seguían siendo enormes. Los logros económicos soviéticos se centraban en los sectores más próximos al esfuerzo bélico (energía nuclear y aeroespacial, principalmente) pero su extensión al resto del aparato productivo tropezaba con múltiples obstáculos que el inmovilismo de los “años de estancamiento” no intentó abordar en profundidad.

A comienzos de los años ochenta, los problemas económicos del socialismo resultaban evidentes.

En el terreno político, con Breznev llega al poder la voluntad de la nomenclatura de evitar cualquier tipo de cambio que pudiera causar inestabilidad en el sistema. Se vuelve a la ortodoxia comunista en su plenitud: Stalin vuelve a ser considerado “un destacado líder del partido”, la represión contra los disidentes se recrudece y la libertad de expresión desaparece totalmente.

Dos diarios, Pravda (“Verdad”) e Izvestia (“Noticias”) fueron los agentes de propaganda del partido y del gobierno, respectivamente. En sus artículos se podía leer la “verdad oficial” en la URSS. Una broma cínica se repetía por el país: ni en Pravda hay noticias, ni en Izvestia se puede leer algo que sea verdad.

Dos eminentes intelectuales, el físico Andrei Sájarov, y el escritor Alexandr Solzhenitsyn, ejemplifican la represión de los disidentes en la época de Brezhnev. Sájarov tuvo un papel decisivo en el programa nuclear soviético y Solzhenitsyn fue el autor de “Un día en la vida de Ivan Denisovich” y “Archipiélago Gulag”, obras clave para comprender la represión estalinista. Bajo Breznev, la KGB, el servicio secreto soviético, no dudó en enviar a disidentes que no aceptaban la “verdad oficial” soviética a hospitales psiquiátricos.

Tras un largo período de progresivo deterioro de su salud, Breznev moría en noviembre de 1982. Dejaba una URSS con una economía en franco declive, incapaz de competir con el desafío militar lanzado por el presidente norteamericano Reagan, y con un grupo dirigente formado por ancianos incapaces de emprender las reformas que la URSS necesitaba urgentemente. A Breznev le sustituyó Yuri Andrópov, antiguo jefe de los servicios secretos, que murió en febrero de 1984. A Andrópov fue sucedido por un anciano y gris burócrata, Konstantin Chernenko, que falleció en marzo de 1985.

En esos momentos era ya imposible ocultar la necesidad de profundas reformas en la URSS. Tras la muerte de Chernenko, un “joven” de cincuenta y cuatro años, Mijaíl Gorbachov, fue elegido secretario general del PCUS. Nadie podía anticipar en ese momento la magnitud de los cambios que iba a desencadenar su acción política.

1.3. Las “democracias populares” (1953-1989)

Los regímenes comunistas en Europa central y oriental se caracterizaron por una gran inestabilidad. El hecho de ser percibidos por la mayor parte de la población como sistemas políticos “impuestos” por el Ejército Rojo, el bajo nivel económico de la mayor parte de la población y la falta de libertades explican la fragilidad política de las “democracias populares” y la brutal represión que tuvieron que aplicar la URSS y los partidos comunistas para mantener las dictaduras.

Las revueltas se sucedieron a lo largo de este período:
. En 1953, las protestas surgidas por las duras condiciones económicas a las que se veían sometidos los obreros berlineses se extendieron a la mayor parte de la República Democrática Alemana, la Alemania comunista. El ejército soviético, que ocupaba el país, reprimió duramente la rebelión.

. En 1956, animados por la desestalinización promovida por Jruschov, sendos movimientos de reforma triunfan en Polonia y Hungría. Mientras que el líder polaco Gomulka cedió prudentemente ante las exigencias soviéticas y evitó el enfrentamiento, Imre Nagy en Hungría se puso al frente de una revolución democrática. Los tanques soviéticos pusieron fin con enorme violencia a la rebelión.

. En 1968, el líder comunista reformista checoslovaco Dubcek trata de aplicar un “socialismo con rostro humano”. La “primavera de Praga” fue un corto período de libertad interrumpido por la invasión de las tropas del Pacto de Varsovia en agosto de ese año.

. A partir de la década de los setenta, Polonia se convierte en el centro de la contestación. En 1980, una gran oleada de huelgas fuerza al gobierno a reconocer un sindicato independiente, Solidaridad, dirigido por Lech Walesa. Ante las amenazas soviéticas, el propio ejército polaco interviene y se establece en 1981 un gobierno militar comunista dirigido por el general Jaruzelski.
La permanencia del sistema comunista en las “democracias populares” se basó durante más de cuarenta años en la imposición militar soviética. Cuando, en la segunda mitad de los ochenta, la presión de Moscú se alivió, las “democracias populares” cayeron una tras otra.

En el plano económico, el socialismo en Europa Oriental arroja un balance general más bien pobre y desigual. Si lo primero es atribuible al ineficiente sistema económico implantado a imitación de la URSS, lo segundo tiene raíces más profundas que se adentran en la historia anterior a la Segunda Guerra Mundial. El nivel de desarrollo económico de los países de Europa Oriental era muy heterogéneo: mientras que el producto per capita de Checoslovaquia, Hungría y, especialmente, las regiones alemanas que constituirían la Republica Democrática Alemana no desentonaba del de sus vecinos industrializados, Rumania y Bulgaria eran, junto con Albania, los países más pobres de Europa. Éstos, aunque, a comienzos de la década de 1980, habían acortado distancias respecto a unos y otros, seguían siéndolo poco antes de la caída del bloque socialista. La evolución económica de los países de Europa central y oriental contrasta no tanto con la de los europeos occidentales más desarrollados –sus respectivos crecimientos entre 1950 y 1980 son muy semejantes- sino con la de una cierta Europa tradicionalmente un tanto periférica económicamente (España, Finlandia, Grecia, Irlanda, Italia y Portugal): su crecimiento fue sustancialmente mayor.

Además de al atraso de partida de alguno de sus miembros y a la gravedad de los problemas intrínsecos al modelo de planificación central, el crecimiento económico del bloque socialista no fue mayor debido a su escasa integración en la expansiva economía internacional de esas décadas. Pese a la existencia del CAME, algunos países socialistas aprovecharon el mejoramiento del clima político internacional de finales de los setenta para estrechar relaciones económicas con Occidente. Para poder mantener los intercambios, un buen número de ellos se endeudaron y tuvieron dificultades posteriormente para devolver los préstamos. Así, a una fase de crecimiento económico comparativamente rápido a mediados de los setenta, gracias al acceso a petróleo barato soviético al amparo del CAME, sucedió otra de estancamiento que amplio las diferencias entre las economías socialistas y las occidentales. La disolución del bloque socialista coincidió con una coyuntura poco favorable de las economías del centro y este de Europa, lo que no hizo sino agravar los ya de por sí serios problemas de la transición.


2. El fin de los regímenes comunistas y la desintegración de la URSS

Cuando Mijaíl Gorbachov accedió al liderazgo en la URSS, en marzo de 1985, había una consciencia general de que el país no podía seguir en una situación que había pasado del estancamiento al declive. Habíaque hacer algo y Gorbachov se lanzó a un ambicioso programa de reformas que pronto se vino a conocer con el término ruso de Perestroika (reestructuración).

. En muy pocos años, Gorbachov introdujo cambios muy atrevidos:
. Reformas parciales tendentes a introducir elementos de la economía de mercado y a integrar más plenamente la economía soviética en la internacional. Entre ellas, cabe destacar: abandono de la planificación central; concesión a las empresas de mayor capacidad decisoria acerca de los niveles de producción y de autonomía financiera; autorización de la propiedad cooperativa fuera del sector agrario; bienvenida a la inversión extranjera en forma de empresas mixtas; flexibilización de las regulaciones del comercio exterior.

. Instauración de la Glasnost (transparencia), que permitió mayor libertad de expresión en los medios de comunicación.

. Reforma del sistema electoral que devino en el acceso de algunos disidentes, como Andrei Sájarov, al parlamento soviético.
Todas estas reformas, aunque atrevidas, fueron concebidas por Gorbachov como medidas para reformar el sistema comunista, nunca como una ruptura radical con el régimen instaurado por Lenin en 1917. En contra de sus deseos, Gorbachov, atrapado entre los conservadores que añoraban los tiempos de Breznev y los reformistas que le pedían más cambios, desencadenó un proceso que muy pronto se le fue de las manos.

El punto clave fue la composición multinacional del estado soviético. A partir de 1988 se desarrollaron fuertes movimientos nacionalistas en las diferentes repúblicas que conformaban la URSS. Las demandas iban desde una cierta autonomía cultural hasta la pura y simple independencia.

Mientras tanto, en las “democracias populares” las reformas de Gorbachov y su promesa de no intervenir militarmente en ningún caso desencadenaron un vasto movimiento democrático. La pionera fue Polonia, donde en 1988 se instauró el primer gobierno no comunista desde la segunda guerra mundial. En 1989, en un espectáculo que dejó atónito al mundo, las dictaduras comunistas en la Europa central y oriental cayeron una tras otra. El momento clave, que se convirtió en el símbolo del fin del bloque soviético, fue la caída del Muro de Berlín el 9 de noviembre de 1989.

La huída de los “estados-satélite” del bloque soviético y las crecientes demandas nacionalistas en la URSS –en 1990 Lituania proclamó su independencia- movilizaron a las fuerzas conservadoras partidarias de la vuelta a la ortodoxia comunista. Al mismo tiempo, las fuerzas liberales, que pedían a Gorbachov más y más rápidas reformas, consiguieron un importante triunfo al ser elegido presidente de la República Socialista Soviética de Rusia, Borís Yeltsin, el principal líder reformista.

Ante la impotencia de Gorbachov, el choque definitivo no se hizo esperar. En agosto de 1991, las fuerzas conservadoras del partido, el KGB y el ejército dieron un golpe de estado e hicieron prisionero a Gorbachov en su residencia veraniega del Mar Negro. Sin embargo, la falta de unidad en el ejército y las acciones de protesta popular en Moscú lideradas por Borís Yeltsin hicieron fracasar la intentona golpista.

El golpe militar frustrado precipitó la prohibición del Partido Comunista de la Unión Soviética, el instrumento político que había aglutinado a la URSS durante décadas, y fue la señal de alarma que precipitó la huida precipitada de todas las repúblicas de una Unión Soviética que ya no interesaba a nadie.

El 8 de diciembre, los líderes de Rusia, Ucrania y Bielorrusia acordaron la denominada Declaración de Belovezhskaya Pusha: las tres repúblicas eslavas abandonaban la URSS. El 21 de diciembre, en un encuentro celebrado Almá Atá, ocho de los doce repúblicas restantes de la URSS (Estonia, Letonia, Lituania y Moldavia habían optado por la independencia pura y simple) siguieron el ejemplo de Rusia, Ucrania y Bielorrusia.

Impotente y abandonado por casi todos, Gorbachov dimitió como Presidente de la URSS el día 25 de diciembre de 1991. La bandera roja soviética fue arriada en el Kremlin de Moscú. Había acabado un experimento histórico que había marcado la historia del siglo XX.

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