El imperio como enfermedad moral...
Durante décadas, Washington logró presentar su violencia como orden y su caos como libertad. Pero todo imperio, al envejecer, empieza a creer su propia propaganda, a creer sus propias mentiras. Ahí comienza la decadencia. La potencia que se proclamaba indispensable terminó siendo previsible; la que hablaba de valores universales los suspendió porque ahora estorban...