«Me puse al lado de los indios y me derrotaron. Me puse al lado de los negros y me derrotaron. Me puse al lado de los campesinos y me derrotaron. Me puse al lado de los obreros y me derrotaron. Pero nunca me puse al lado de los que me vencieron. ¡Esa es mi victoria!» [Darcy Ribeiro, intelectual y político brasileño]

18 de junio de 2016

Danilo Medina: bravucón con la OEA y arrodillado ante el imperio

RD$57.5 millones (más de un millón de dólares) invirtió el gobierno dominicano para que la OEA se disculpara por un crimen que no cometió


El presidente dominicano no se debe atosigar. Sus asesores deben tener presente que pensar y actuar correctamente son virtudes ajenas a él. Hay que ser muy sinvergüenza para buscar pose de patriota con un discurso de nacionalismo barato, reclamando que la OEA pida perdón por validar la invasión de Estados Unidos a República Dominicana en 1965 cuando hace apenas horas había decretado tres días de duelo por la muerte de Antonio Imbert, el traidor que por orden del imperio se prestó a derrocar a Bosch y que dos años más tarde sería hecho presidente, por las tropas invasoras yanquis, de la facción entreguista contra la que luchó Caamaño.

«El canciller dominicano insistió en la solicitud a la Organización de Estados Americanos (OEA) de pedir disculpas al país a través de una resolución por el apoyo brindado a Estados Unidos en la invasión ocurrida en 1965. “Se hace necesario para el pueblo dominicano cerrar este capítulo y muy bien le corresponde a la OEA colaborar en este sentido...”».

Las palabras de Danilo Medina y su canciller son simulación, teatro y bravuconería de barrio, recursos con los que el peledeísmo perverso mancilla la dignidad del pueblo dominicano.

11 de junio de 2016

Imbert, la prensa dominicana y el PLD: antivalores que deforman la sociedad

Antonio Imbert, héroe de barro. Este hombre, maligno y perverso, que circunstancialmente se vio envuelto en el tiranicidio -por lo que Trujillo le hizo a Segundo, su hermano; no por ningún sentimiento patriótico-, ha sido honrado con tres días de duelo por la plaga peledeísta que gobierna


[Nota: ¿Barreras o Barrera?]

Los padres dominicanos tienen la obligación de explicar a sus hijos que lo que este inmoral gobierno fomenta es la inversión de valores. Deben explicarles que al decretarse tres días de duelo por la muerte de un golpista lo que hace la canalla que administra el Estado es honrar valores contrarios a la dignidad de la naturaleza humana a cambio del saqueo al erario que la clase dominante le permite por hacer de lacaya.

Padres e hijos deben conocer la esencia del manifiesto de los militares que derrocaron, el 25 de septiembre de 1963, a Juan Bosch, el único presidente honesto y verdaderamente democrático que ha tenido este país en más de un siglo.

2 de junio de 2016

Antonio Imbert: héroe, golpista y traidor

Juan Tomás Díaz fue el organizador del grupo para sacar a Trujillo del poder; Antonio de la Maza el que planteó matarlo. En los ensayos con vehículos realizados a mediados de mayo Antonio Imbert Barreras no participó. El 30 de mayo era el conductor del automóvil que perseguía el de Trujillo


[Nota: ¿Barreras o Barrera?]

La prensa dominicana ha publicado -en todos los medios que le dan sustancia, no sólo en las letrinas sino también en los que, fingiendo agendas vanguardistas, aspiran alcanzar esa valoración-, un documento que Antonio Imbert Barreras, primero héroe, después golpista y finalmente traidor, escribió porque "no sabía cuál sería el final que le depararía Dios Nuestro Señor" por haber participado en la conjura que acabó con la vida del tirano Rafael Trujillo.

El escrito es tan poco original que no aporta nada nuevo a lo que ya se conocía. Muerto su autor, único de los conjurados que permanecía vivo, el estéril legado se convierte en un acto calculado que sólo busca el reconocimiento de un liderato que no tuvo. El general Juan Tomás Díaz fue “el motor y organizador de esos hombres”, pero el primero del grupo en proponerse matar a Trujillo fue Antonio de la Maza, que se había planteado “eliminarlo en el hipódromo, al que el dictador asistía regularmente”. Antonio Imbert Barreras fue de los últimos en ingresar al grupo y lo hizo en marzo de 1961, a dos meses de que se materializara el hecho.