«A mí me inspira mi pueblo y su destino. A mí no me inspiran ni me preocupan el dinero y las riquezas. A mí me inspira, me seduce, el ejemplo de los hombres como Simón Bolívar, como San Martín, como Sucre, como Eugenio María de Hostos, como Máximo Gómez... de esos hombres libertadores que, como bien lo dice otro gigante de la América Nuestra, el Apóstol José Martí, “hacen pueblos y son más que hombres”» (Juan Bosch)

Juan Bosch: Recolección de escritos, cartas y alocuciones


Transcripción de discursos, cartas y escritos
de Juan Bosch no recopilados en páginas anteriores



¿Cómo y por qué fue posible que en veintidós años de dominación el pequeño, débil y casi inexistente pueblo dominicano conservara su unidad, se organizara para luchar y lograra, al cabo, surgir hecho república independiente? ¿Cómo fue posible que poco más de 100 mil seres, niños, mujeres, ancianos entre ellos, desperdigados a razón de menos de dos por kilómetro cuadrado en una tierra inculta, casi abandonada del todo a la naturaleza, sin comunicaciones entre sí ni con el mundo exterior, sin escuelas, sin industrias, respondieran a la llamada de la historia venciendo a una nación muchas veces más poderosa? Esto es lo que deberían preguntarse los opresores de Santo Domingo; si se lo preguntaran hallarían la respuesta en los hechos mismos. Los dominicanos han probado, en los últimos ciento cincuenta años, una capacidad combativa muy superior a cuanto pueda sospecharse. Además, al cabo de eras de opresión han surgido siempre bajo un aspecto mucho más avanzado de lo que nadie imaginara; instintivamente, ese pueblo ha aprendido profundamente cada lección de la historia y la ha aplicado con admirable energía. Nadie puede predecir cómo se comportará al final de esta feroz dictadura que hoy padece. Pero si hemos de juzgar el porvenir por el pasado, habremos de convenir en que esta guerra —que no es solo una guerra internacional, sino una revolución mundial llamada a transformar toda la faz de la tierra— tendrá sus repercusiones también en Santo Domingo y que de ellas muy bien puede salir el pueblo liberado para siempre, no exclusivamente de Trujillo, sino de toda clase dominante que de tan poca habilidad para regir al país ha estado dando pruebas fehacientes en los últimos años.

Crisis social no es crisis política
Santo Domingo en el siglo XVIII
En 1982 Bosch advirtió el peligro de las negociaciones con el FMI
Sobre la división de clases en la República Dominicana
Lección de Lenin para las izquierdas dominicanas

Carta abierta al presidente Ronald Reagan
Las izquierdas dominicanas se engañan a sí mismas
Las causas de los ataques de Santo Domingo en los siglos XVI y XVII
Bosch explica significado palabra burgués
Duarte y las clases sociales

De periódicos y periodismo
La España Boba y la Independencia Efímera 1809-1822
Bosch explica lo difícil de la situación financiera que halló en 1963 al asumir el cargo de Presidente
La ocupación francesa
Breve historia de la fundación del PLD

La Revolución Haitiana
La muerte de Trujillo: secreto develado
Carta escrita por Juan Bosch a Salvador Jorge Blanco
Salvador Allende en las memorias de Kissinger
Los métodos de trabajo

¿Qué es un partido de liberación nacional?
Organización y disciplina
Duarte, un hombre de FE
Cartas cruzadas con el cónsul de Trujillo en Curazao
De la Independencia Efímera a la Trinitaria

Perfil político de Pedro Santana
Cien años...
Carta al embajador Robert Yost
La Guerra de la Restauración no empezó el 16 de agosto
Planes y métodos

La clase dominante que no es clase gobernante
Carta abierta al presidente de la República (Joaquín Balaguer)
Las armas atómicas
Sobre la formación de la burguesía
El periódico y el partido

Breve historia de la oligarquía
No voy a morir en la mentira
27 de febrero de 1844: centenario de la República Dominicana
Dialéctica
Clases sociales en la República Dominicana

El desarrollo de las clases sociales en República Dominicana
27 de febrero: fundación de La República
Camboya y Vietnam
Sobre las relaciones de producción
La pequeña burguesía

LINKS: Acerca del Estado; Base teórica de los Métodos de Trabajo; Acumulación Originaria en la República Dominicana



Crisis social no es crisis política
Juan Bosch

La semana pasada debe ser bautizada con el nombre de La Semana Trágica Dominicana porque sólo así quedará distinguida en la historia nacional con la categoría que le da el hecho de que en tres de sus siete días hayan sido muertos y heridos de bala más de quinientas personas, entre ellas niños y mujeres, y varios miles fueron detenidas, todo ello en tiempo de paz, algo que no había ocurrido nunca en los muy largos años de la vida de nuestro pueblo; pero además de bautizada con ese nombre, La Semana Trágica Dominicana debe ser analizada en detalle, parte por parte, para sacar de ese análisis las lecciones que hay en el seno de todos los acontecimientos históricos, y en este artículo, que será corto para que lo que va a decirse en él llegue rápidamente a la conciencia de los lectores de VANGUARDIA, sentaremos algunas de las bases en que debe apoyarse ese análisis.

Por de pronto, que nadie se engañe en lo que se refiere a los sucesos de La Semana Trágica. Mucha gente, incluyendo algunos peledeístas, ha creído que ella fue una crisis política, o mejor dicho, el estallido de una crisis política; y no lo fue. Nosotros habíamos dicho montones de veces que la crisis económica en que nos hallábamos provocaría una crisis social y que a su vez la social generaría una crisis política. La económica veníamos padeciéndola desde hacía tiempo y la social se presentó ahora, es decir, la semana pasada, y lo hizo en forma de estallido, tal como se presenta ese tipo de crisis en las sociedades de escaso desarrollo clasista como es la nuestra.

Esa manera súbita, de reventazón que no se anuncia con tales o cuales síntomas sino que desde el primer momento tiene todas las apariencias de un acto de desesperación colectiva, es el producto de un estado de cólera individual multiplicado por miles y miles de personas que en un momento dado, y debido a estímulos externos, se contagian las unas a las otras de una necesidad violenta de actuar en contra de una autoridad dada, que en el caso que nos ocupa ha sido el gobierno de un partido que ha defraudado a las grandes masas populares en escasos seis años de ejercicio del poder público.

Debido a que esas grandes masas están compuestas en la República Dominicana mayormente por bajos pequeños burgueses pobres y muy pobres, y el bajo pequeño burgués de esas dos capas es un ser que lucha contra toda la sociedad, la crisis que estalló el lunes 23 de abril estaba agazapada en el alma de cada uno de ellos y al estallar lo hizo con la violencia acumulada en esas almas a lo largo de los seis años de defraudación que les hizo padecer el PRD.

Eso estaba previsto; lo había dicho repetidas veces la dirección del PLD, pero los auto proclamados líderes políticos dominicanos no se preguntaron nunca qué diferencia había entre una crisis social y una política y al estallar la primera creyeron que era la segunda.

La crisis social, que habíamos anunciado, generará una crisis política, y esta ha comenzado. Comenzó en medio de la social, pasó a agudizarse cuando empezaron a caer los muertos y los heridos en cantidades crecientes, pero sus efectos no se ven porque la forma en que esa crisis está manifestándose es subjetiva, no objetiva; es en un deterioro rápido del poder que el PRD había tenido sobre la voluntad política de las masas. A estas alturas, la casi totalidad de los líderes del PRD están desprestigiados y lo está el presidente de la República, lo que equivale a decir, el símbolo del poder perredeísta.

La Semana Trágica Dominicana ha sido el producto de una crisis social, no de una crisis política, pero la crisis política que ella debía provocar estaba en la entraña misma de la que se vivió en tres días de la semana pasada como está el ave del porvenir dentro del cascarón del huevo que pone una ave de su especie.

30 de abril, 1984.-

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Santo Domingo en el siglo XVIII

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En 1982 Bosch advirtió el peligro de las negociaciones con el FMI

El 23 de julio de 1982, respondiendo a preguntas de un periodista de El Nuevo Diario, el profesor Juan Bosch dijo que llegar a acuerdos con el Fondo Monetario Internacional era una manera de renunciar a la soberanía monetaria nacional y que eso será para acabar de hundirnos.

Reproducimos a continuación las preguntas y respuestas de esa entrevista hecha hace cerca de dos años.
P. — Profesor Bosch, queremos saber qué piensa la dirección del PLD de la posibilidad de que el Fondo Monetario le conceda al país un préstamo de los denominados STAND—BY y que nos diga si ese préstamo es necesario para salir de la crisis en que se halla la economía nacional.
Bosch: Negociar un préstamo de ese tipo, y nada menos que de 300 o 400 millones de dólares, con una institución como el Fondo Monetario Internacional, equivale a renunciar a la soberanía del Estado dominicano en materia monetaria, y como la moneda propia es un aspecto vital de la soberanía de cualquier Estado, con esa renuncia pasaríamos a acentuar la situación de dependencia económica que nos agobia, gracias a la cual somos, de hecho, una colonia norteamericana. En cuanto a si ese préstamo es necesario para salir de la crisis en que se halla el país debo decir que ningún préstamo, por cuantioso que sea, puede sacarnos de la crisis. Para hacerle frente a esta crisis se necesita un plan de acción, un programa, y fuera del PLD, aquí nadie ha pensado en elaborar ese plan; es más, nadie le ha puesto oídos a lo que acerca de ese problema ha estado diciendo el PLD desde hace más de tres años.
P. — ¿Por qué cree Ud. que recibir un préstamo del Fondo Monetario Internacional equivaldría a renunciar a nuestra soberanía en asuntos monetarios?
Bosch: Porque el Fondo Monetario es en esencia un órgano de las grandes firmas transnacionales financieras que a través suyo ejercen el monopolio del dinero en el mundo capitalista, y el dinero es una mercancía muy solicitada porque ninguna otra deja tantos beneficios como lo demuestra la rapidez con que los bancos acumulan fortunas de millones y millones. Si nosotros caemos en manos del Fondo Monetario Internacional, la política monetaria -y por tanto las actividades bancarias de nuestro país- pasará a ser dirigida por esa institución y no por el gobierno dominicano. Eso es lo que dice la experiencia de otros países que han negociado préstamos grandes con el Fondo. Es más, el Fondo nos pondría condiciones limitantes de nuestra soberanía hasta en la elaboración de los presupuestos nacionales, y están soñando los que creen otra cosa.
P. — Algunos Estados socialistas han recibido el tipo de préstamo del Fondo Monetario Internacional que se le quiere pedir ahora aquí a esa institución. ¿No cree Ud. que la República Dominicana puede hacer lo que hacen los Estados socialistas?
Bosch: De ninguna manera. En los Estados socialistas hay una concentración de poder público tan fuerte que ninguna medida de tipo internacional que se tome en cualquiera de ellos pone en peligro el ejercicio ilimitado de la soberanía nacional. En los países capitalistas el poder no está en el Estado sino en las clases que controlan el Estado, y en un país capitalista subdesarrollado como lo es la República Dominicana, esas clases son absolutamente dependientes de poderes no nacionales, entre los cuales se hallan en primera fila las grandes empresas financieras norteamericanas que monopolizan el mercado mundial del dinero. Ahí está el caso de Polonia, que debe 23 mil millones de dólares a bancos capitalistas y debido a que la economía polaca está en crisis no puede pagar esa deuda, pero los gobiernos de los países en que funcionan esos bancos no pueden meterle miedo al gobierno polaco para obligarlo a pagar porque en Polonia no hay grupos de poder ligados a esos gobiernos, con lo cual quiero decir que el gobierno de Polonia no corre peligro de que alguna fuerza interna se ponga al servicio de los países a que pertenecen los bancos que le han prestado esos 23 mil millones de dólares.
P. — ¿Descarta Ud. la posibilidad de que un préstamo del Fondo Monetario Internacional pueda ser obtenido sin condiciones onerosas ni imposiciones de graves repercusiones socioeconómicas y políticas?
Bosch: La descarto totalmente. Los reglamentos del Fondo impiden que pueda hacer préstamos del tipo STAND—BY, sobre todo si son grandes, como los haría el Banco Mundial o como los haría el Banco Interamericano de Desarrollo. El Fondo no puede competir con el Banco Mundial ni con el BID ni puede sentar un precedente peligroso para él, sobre todo si se lo impiden sus propias leyes.
P. — ¿Qué alternativas concretas recomendaría Ud. en vez de acudir al Fondo Monetario Internacional? ¿Cómo obtener los recursos que demanda la crisis económica dominicana?
Bosch: El PLD lo ha dicho numerosas veces, y en marzo de 1979, autorizado a hacerlo por el Comité Central del PLD, hablé con el presidente Guzmán para decirle que la crisis económica de Estado Unidos estaba siendo exportada a la República Dominicana; que esa crisis no iba a ser corta ni cosa parecida, y que el país tenía que tomar medidas para evitar sus consecuencias o al menos para mitigarlas o suavizarlas. La primera medida que le propuse fue renegociar la deuda externa del país y no cogerle dinero prestado ni a ningún banco comercial ni al Fondo Monetario aunque sí podía hacerlo con el Banco Mundial y con el BID, que prestan a plazos largos, con intereses bajos y sin condiciones, salvo que exigen que cada préstamo tenga una contrapartida en pesos dominicanos. El PLD le propuso también al gobierno la celebración de una reunión en la que estuvieran representados todos los partidos, los patronos y los obreros, para discutir la elaboración de un plan económico nacional, esto es, un programa que le permitiera al país enfrentar la crisis que el PLD veía venir, y durante todo el año 1979 estuvimos alertando acerca de ella; además propusimos medidas para aumentar los ingresos de dólares, como fue, por ejemplo, la de que en vez de vender en Suiza el oro y la plata como materia prima, que esos metales fueran depositados en el Banco Central para que sirvieran como reserva del peso nacional y que una parte de ellos fueran dedicados a fabricar joyas que se vendieran en dólares tanto aquí como en otros países. Al usar una parte del oro y de la plata en hacer joyas, ese oro y esa plata podían venderse ocho, diez y hasta doce veces más caros, pero no se nos oyó. Todo el mundo puso oídos sordos a lo que decía el PLD y ahora tenemos encima la crisis, una crisis mucho más seria de lo que se imagina la gente, y además llamada a prolongarse. Lo que puede pasarnos si nos ponemos en manos del Fondo Monetario Internacional es que acabemos de hundirnos.

LA SEMANA TRÁGICA: “MODELO DEMOCRÁTICO”

La Semana Trágica Dominicana ha dado la demostración más evidente de hasta dónde son capaces de llevar los perredeístas en el poder lo que Ronald Reagan calificó de “modelo democrático” en el hemisferio. Los contados dominicanos que disponen de los servicios internacionales de televisión por cable están hoy viendo los detalles de la matanza ordenada por el gobierno tal como los pasan en otros países de los cuales no pudieron informar varias emisoras y canales de televisión en el momento en que acontecían porque fueron clausurados por el gobierno. Radio Popular, La Voz del Trópico... fueron cerrados por el “modelo democrático” de que habló Reagan no hace poco al reunirse con el jefe del Estado dominicano, y otros muchos medios informativos del país recibieron presiones directas o indirectas para que se abstuvieran de difundir los hechos en toda su catastrófica magnitud. Consecuencia de esa mordaza impuesta es el hecho de que aún se desconocen detalles sumamente importantes sobre la Semana Trágica Dominicana, como es el número exacto de muertos y desaparecidos; en el primero de los casos, por ejemplo, hay agencias de prensa extranjeras que calculan en casi 200 los muertos, mientras el “modelo de democracia” reaganiana que nos gastamos los dominicanos encubre esa realidad bajo la apariencia de que solo hubo poco más de 50 muertos. El número de desaparecidos también se considera por encima del centenar, pero eso no importa para estos “modelos” democráticos, pues los muertos de La Semana Trágica Dominicana eran gente pobre y las personas de ese tipo son despreciadas por el PRD.
9 de mayo de 1984.-

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Sobre la división de clases en la República Dominicana

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Lección de Lenin para las izquierdas dominicanas
Juan Bosch

Todavía podían verse en muchas calles de la ciudad de Santo Domingo las manchas de la sangre derramada en la matanza de La Semana Trágica cuando el Frente de la Izquierda Dominicana (FID) les ordenó a sus centrales obreras —nada menos que cuatro y la CNTD, cuyos dirigentes, según las malas lenguas, cobran su trabajo en dólares— que decretaran una huelga general de 24 horas. ¿Para qué? ¿Qué fines podían perseguirse con un paro total limitado a un día en un país donde tal vez sólo funcionan durante 24 horas los servicios de electricidad y de agua, que no son de empresas privadas?

Nadie lo sabe porque los autores de la orden de paro no han dicho ni siquiera esta boca es mía, pero hay quienes piensan, y el autor de estas líneas cree que con buen juicio, que se trataba de ponerle un traje de victoria a un fracaso reciente, el del intento que habían hecho las mismas centrales, también siguiendo órdenes de los partidos que las dirigen, de presentarse ante la opinión pública nacional e internacional como los autores de los levantamientos populares de la Semana Trágica a pesar de que todos los dominicanos sabían que el llamado a huelga hecho por esos líderes sindicales no había provocado los levantamientos, que habían comenzado varias horas antes de tal llamado y prosiguieron todo un día después que los autores del llamado declararon determinada su supuesta huelga; o para decirlo de manera más clara: la acción de las masas había empezado en la mañana del 23 de abril y las centrales decretaron la huelga en la tarde de ese día y la dieron por terminada el 24, pero las movilizaciones populares y con ellas la matanza siguieron el 25, datos precisos y convincentes de que las masas actuaban por sí mismas y los líderes sindicales daban órdenes en un vacío social tan fuerte que podía tocarse con las manos.

Los que decretaron la huelga del 23 de abril no le han presentado al pueblo una sola prueba de que ellos fueron quienes organizaron los hechos de la Semana Trágica; de los muchos muertos de esos días no hay uno que haya sido reclamado por esas organizaciones, y lo mismo sucede en el caso de los heridos o los desaparecidos; esa falta de pruebas de su participación en los sucesos del 23, el 24 y el 25 de abril llevó a los líderes del FID a ordenarles a los dirigentes sindicales de sus partidos que decretaran la huelga general del 9 de mayo para tapar con el traje brillante de un éxito huelguístico el fracaso de la que se lanzó el 23 de abril y se suspendió el 24.

El que se tiene por el más importante de los dirigentes sindicales del Frente de la Izquierda Dominicana declaró, al terminar la mal llamada huelga general del 9 de mayo, que esa huelga había tenido un 80 por ciento de éxito, pero en ningún momento declaró qué quería decir con esas palabras. Una huelga tiene un determinado porcentaje de éxito según sea la cantidad de propósitos sindicales o políticos perseguidos por ella que se hayan alcanzado: por ejemplo, si fue declarada para obtener una alza de salarios de 2 pesos por día —como sería el caso si se pidiera que el salario subiera de 6 a 8 o de 8 a 10 pesos— y los patronos ofrecieran un alza de solo 1 peso podría decirse que alcanzo un éxito del 50 por ciento, esto es, la mitad de lo que se pretendía; o si lo que se pedía era vacaciones de un mes y se consiguió que los patronos aceptaran tres semanas, los líderes de la huelga podrían decir que obtuvieron el 75 por ciento de lo que demandaban los huelguistas. Pero en la huelga del 9 de mayo no se logró nada parecido porque ese paro se decidió no por motivos sindicales sino por razones políticas; para cubrir con una victoria política lograda en el terreno sindical lo que había sido una derrota sindical recibida en el terreno político.

FUE UNA POBLADA

Los líderes del frente de la Izquierda Dominicana encaran los acontecimientos con criterios formalistas; no saben ver los hechos políticos tales como ellos son: expresiones de procesos sociales impulsados por fuerzas sumamente completas que se debaten entre sí en luchas de unas contra otras y en un momento dado unas se les imponen a las otras o las otras se les imponen a la unas, y en determinados momentos partes de las unas se alían con partes de las otras o viceversa; y no lo saben porque su extracción social y la sociedad atrasada en que se han formado los impulsa a ser ellos mismos participantes inconscientes en esa lucha permanente a que acabamos de referirnos y sólo aciertan a perseguir en ella posiciones en que puedan destacarse y en consecuencia no han aprendido el arte de aislarse de la lucha para estudiar desapasionadamente, desde un puesto de neutralidad absoluta, cada uno de los acontecimientos que se dan en el país y en el mundo. Para darse a sí mismos categoría de grandes jefes esos líderes afirman que son leninistas, pero no tienen la menor idea de quien era Lenin y por qué razón paso a ser un arquetipo de revolucionario moderno.

Lenin no se dejaba confundir por ningún acontecimiento; podían confundirlo los hombres, o ciertos hombres, como lo hicieron Malinovsky y el padre Gapón, pero Lenin no estaba obligado a conocer la vida secreta de Malinovsky ni la del padre Gapón y los juzgaba por lo que habían hecho o estaban haciendo, no por lo que ni él ni ningún otro revolucionario sabía, esto es, que eran agentes de la policía política rusa. Lenin no se dejaba llevar por la apariencia de los hechos, sobre todo si estos eran importantes en el orden social o en el político; lo que hacía con ellos era estudiarlos detalladamente, como deben ser estudiados tanto los hechos de la naturaleza —seres vivos, plantas, aguas, los componentes de la Tierra, el espacio y los astros, los agentes químicos— como los de la sociedad humana. Lenin sabía que en medio de una revolución se presentaban crisis que no conducían a la toma del poder, y que esas crisis podían ser, y lo eran, diferentes entre sí; pero sabía algo más: sabía que en determinadas circunstancias las masas se sublevan de manera espontánea y que nada autoriza a creer que con esas sublevaciones comienzan las revoluciones.

Lo que sucedió en la República Dominicana los días 23, 24 y 25 de abril de este año fue un poblada, o para decirlo con más precisión, fueron varias pobladas debido a que lo que se hizo en la Capital se reprodujo en varios lugares del país porque el conjunto de circunstancias que provocó la de la Capital se daba también en todas partes del territorio nacional; y las pobladas no se organizan, no puede organizarlas nadie; estallan como trombas marinas donde menos se esperan y cuando se reúnen por azar las condiciones atmosféricas o sociales que las integran.

Poblada es una palabra que sumaron a la lengua española los pueblos de América Latina y su significado es “multitud, gentío, turba, populacho, en especial cuando está en actitud levantisca agresiva”, descripción bien precisa de lo que paso en nuestro país los días mencionados, pero también de lo que sucedió los días 20 y 21 de abril de 1917, hace nada menos que 67 años, en una tierra lejana que por esa época se llamaba Rusia y después pasó a llamarse Unión Soviética.

EL EJEMPLO DE LENIN

En Rusia estaba en marcha en abril de 1917 una revolución que había comenzado a fines de febrero con el derrocamiento del gobierno de los zares, que eran los equivalentes de los llamados emperadores. Los zares apoyaban su poder fundamentalmente en una nobleza terrateniente y militar pero en el país había una importante burguesía financiera, industrial, comercial y algún que otro burgués terrateniente, y fue esa burguesía la que a la caída del zar pasó a formar un Gobierno Provisional aunque aliada con sectores avanzados de la nobleza y con partidos de la pequeña burguesía. Lenin, que era el líder del partido llamado Bolchevique, había llegado a Rusia en ese mes de abril procedente de Suiza, donde vivía cuando el zarismo fue destronado, y Lenin dejó escrito el trabajo 'Las enseñanzas de la Revolución' en el que figura el estudio que él hizo del proceso revolucionario que iba a culminar seis meses después de su llegada al país en ese extraordinario acontecimiento político conocido en la historia con el nombre de la Revolución Rusa.

En la República Dominicana estalló el 23 de abril de este año una crisis social que adoptó la forma de una poblada y los líderes del FID, sin detenerse a analizarla, creyeron que se trataba de un levantamiento popular revolucionario y de inmediato adoptaron la decisión de lanzar en apoyo de ese supuesto levantamiento revolucionario una huelga que tuvieron que suspender al día siguiente, pero Lenin anotó cuatro crisis acaecidas en Rusia en medio de un proceso revolucionario que empezó con el derrocamiento del zarismo y terminó en la primera revolución del proletariado que llegaba al poder en la historia y no se dejó confundir por la idea de que una de esas cuatro crisis, o dos o todas ellas, conducía a la revolución que él iba a encabezar.

Las crisis que figuran en el mencionado trabajo de Lenin fueron la del 20 y el 21 de abril (1917), la del 9 y 10 de junio, la del 3 al 5 de julio y la del 27 al 31 de agosto. De la primera dijo que “El estallido se produjo de un modo espontáneo, sin que nadie lo preparase”; en cuanto a la segunda, refiere que su partido, el Bolchevique, preparaba una manifestación para el 9 de junio “a fin de dar expresión organizada al descontento y a la indignación crecientes de las masas”, pero la manifestación no se llevó a cabo porque a ella se oponían los demócratas constitucionalistas contrarrevolucionarios a los cuales se unían… "los eseristas y mencheviques", y los “bolcheviques… no tenían el menor deseo de lanzar en aquellos momentos a los obreros a la lucha desesperada contra los demócratas constitucionalistas...”; luego se refiere a “la ola revolucionaria que estalló espontáneamente en los días 3 y 4 de julio”, y volverá a ese episodio de las crisis que se daban dentro del proceso de la revolución diciendo: “La cólera de las masas… creció con mayor indignación al ser reanudada la guerra de rapiña (entre rusos y alemanes n. de j. b.). En los días 3 y 4 de julio estalló la indignación, a pesar de que los bolcheviques se esforzaron por contener la explosión.

Lo que llevó al gobierno del PRD a ordenar la matanza de La Semana Trágica Dominicana fue el miedo al comunismo, y ese miedo fue producto de la intervención del Frente de la Izquierda Dominicana en la poblada de abril en forma de una huelga decretada por las centrales obreras dirigidas por los partidos que componen el FID. Si sus líderes, que se proclaman leninistas, tuvieran la capacidad de análisis de los acontecimientos sociales que tenía Lenin, o siquiera una parte de ella, en esa ocasión no habrían confundido una poblada impulsada por una crisis social con el inicio de una revolución popular.

13 de mayo, 1984.-

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Carta abierta al presidente Ronald Reagan

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Las izquierdas dominicanas se engañan a sí mismas
Juan Bosch

Los que dirigen a los grupos de la izquierda dominicana tienen el hábito de engañarse a sí mismos y entre sí porque creen que ejerciendo las artes del engaño mantienen confundidos, y por tanto a su servicio, a los hombres y las mujeres afiliados a sus organizaciones. Que esos hombres y mujeres sean pocos no les quita el sueño a sus dirigentes; lo que ellos necesitan es contar con algunas bases porque sin ellas se les caerían los tarantines políticos de los cuales sacan sus medios de vida y con los cuales sostienen lo que es para ellos más importante: su posición en los niveles más altos de la pequeña burguesía nacional, una posición que se refleja exteriormente en centros de poder económico y político, que unas veces son sindicatos suecos o canadienses y otras veces son partidos políticos y gobiernos europeos.

Una prueba de la existencia del hábito a que nos hemos referido al comenzar este artículo es el instructivo que el Secretariado de la Dirección Nacional de la Central General de Trabajadores (CGT) envió a “todas las estructuras” de esa organización sindical el día 14 de este mes, es decir, un día después de haber escrito nosotros el articulo "Una lección de Lenin para las izquierdas dominicanas" que fue publicado en Vanguardia el día 16. La CGT era la central sindical más grande del país hasta el día 2 de diciembre de 1983, cuando de los 111 sindicatos y 6 federaciones que la formaban se separaron 72 sindicatos y 4 federaciones que adoptaron el nombre de Central General de Trabajadores (CGT Mayoritaria), pero los grupos de la izquierda nacional que dirigían la CGT antes de la división siguieron ignorando la existencia de la mayoría que se desprendió de ella por causas que hemos explicado en ocho artículos publicados en un folleto con el título de "Historia del Tercer Congreso de la CGT" del cual hasta hoy no han sido refutadas ni una línea ni dos palabras.

Esos grupos que dirigían la CGT cuando ella era la mayor organización sindical del país forman parte ahora del Frente de la Izquierda Dominicana (FID), en el que está el mayor número de los partidos marxistas—leninistas, o que se auto proclaman así, que figuran en la larga lista de nuestros “revolucionarios”, y la FID le da su apoyo a la CGT y la trata como si siguiera siendo lo que había sido antes del 2 de diciembre de 1983, pero además le da su apoyo a un conjunto de centrales sindicales en el cual se halla la 'Unión General de Trabajadores Dominicanos (UGTD)', dirigida por el Partido Revolucionario Dominicano (PRD), el partido de gobierno desde agosto de 1978, que no tiene nada de izquierdista, y más aún, cuyos líderes están embarrados hasta la coronilla con la sangre de las matanzas del pasado mes de abril; se halla la 'Central Unitaria de Trabajadores (CUT)', frente sindical del Partido Comunista Dominicano (PCD); se halla la 'CASC', siglas que cuando se fundó y durante varios años querían decir 'Confederación Autónoma de Sindicatos Cristianos' porque era la organización obrera del Partido Revolucionario Social Cristiano (PRSC) pero ahora no tiene definición política aunque se le achacan nexos muy estrechos con el Partido Reformista; y por último está la 'Confederación Nacional de Trabajadores Dominicanos (CNTD)', cuyos dirigentes, como dijimos en nuestro artículo de la semana pasada, cobran de señores de nacionalidad no dominicana según se afirma en círculos de los trabajadores.

UN LEVANTAMIENTO ESPONTÁNEO

Desde su primera línea el instructivo de la CGT minoritaria usa un lenguaje engañoso porque se dirige “A: Todas las Estructuras de la CGT”, así, con mayúsculas, tal como la hemos copiado; y es engañosa porque la palabra 'Todas' está escrita para dar la impresión de que se trata de muchas “estructuras”, de una poderosa organización obrera, a pesar de que los autores del instructivo saben que eso no es cierto ni cosa parecida. El tema de la comunicación es también pomposo, como debe ser todo lo que se hace con el fin de engañar a alguien, y está expresado así: “Asamblea Evaluativa del Movimiento de protesta y fijación de nuevas Jornadas de Luchas”, lenguaje con el cual quiere ocultarse la verdad, esto es, que lo que los autores del instructivo llaman “Movimiento de Protesta” fue organizado y publicitado ampliamente como huelga general llamada a durar 24 horas, pero en vista que fracasó como tal huelga ahora es rebautizada con el nombre de “Movimiento de protesta”, y en el texto del instructivo la palabra protesta aparece escrita con P mayúscula.

Entremos ahora en ese texto, que comienza diciendo: “El Secretario de la Dirección Nacional, reunido el pasado Sábado 12 de Mayo, evaluó el recién finalizado Movimiento de Protesta con el Paro del miércoles 9 de mayo y arribó a las siguientes conclusiones: …”. ¿Qué pretendieron los autores del párrafo que acabamos de copiar al usar las palabras “el recién finalizado Movimiento de Protesta con el Paro del miércoles 9 de mayo”? Darle a la fracasada huelga general del 9 de mayo el carácter de 'última' de las acciones que empezaron el 23 de abril; esto es, seguir confundiendo a la opinión nacional y a las de sus amigos de otros países con la mentira de que fueron esas centrales sindicales las que organizaron y llevaron a cabo el estallido de crisis social que conoció el país y conocieron otros países cuando la noticia de lo que estaba pasando aquí fue transmitida por las agencias de prensa mal informadas en lo que se refería no a los hechos en sí sino a la versión interesada de que los organizadores y autores de tal estallido habían sido las centrales sindicales que hemos mencionado.

En el artículo de la semana pasada copiamos frases de Lenin como aquellas de “El estallido se produjo de un modo espontáneo, sin que nadie lo preparase”, y lo decía refiriéndose a lo que él llamaba “la crisis” del 20 y el 21 de abril de 1917; y de otra crisis, la calificaba como “la ola revolucionaria que estalló espontáneamente en los días 3 y 4 de julio” y explicaba que ese estallido —que por algo usó Lenin el verbo estalló— se produjo “a pesar de que los bolcheviques se esforzaron por contener la explosión, a la que, naturalmente, tenían que esforzarse por imprimir[le] la forma más organizada que fuese posible”. (Puede parecer exagerado que habiendo copiado esos párrafos de artículos de Lenin la semana pasada lo hagamos otra vez a pesar del corto tiempo transcurrido desde que los publicamos en Vanguardia, pero no es exagerado si tomamos en cuenta que tenemos que machacar en el cerebro de los lectores ideas como las que estamos exponiendo para que se den cuenta de que si bien no nos cabe duda de que entre los izquierdistas dominicanos hay personas honestas, tampoco tenemos duda de que los que dirigen a los grupos de la izquierda de este país son propagandistas de sí mismos porque necesitan engañar a sus seguidores, aunque estos sean pocos, para mantener su posición privilegiada de líderes).

LOS QUE ENGAÑAN A SUS SEGUIDORES

El empeño de ciertos líderes izquierdistas de hacerse pasar por los organizadores, y por tanto los jefes, de los hechos de abril y el de declarar una huelga general con la cual creían que iban a provocar un levantamiento popular semejante a los de abril condujo a la prisión de miembros del Partido de la Liberación Dominicana, entre ellos del secretario general, el profesor Lidio Cadet, porque en la organización de la huelga terciaron obreros perredeístas que denunciaron la trama como un complot para derrocar al gobierno, que es también perredeísta, y condujo a la prisión y la persecución de muchos campesinos organizados cuyos dirigentes están políticamente controlados por partidos de los que forman el Frente de la Izquierda Dominicana.

La huelga fue un fracaso, aunque en esta oportunidad no vamos a ocuparnos de ese resultado de lo que habían planeado los líderes políticos de las centrales obreras que la decretaron. Lo que queremos señalar ahora es la falta de criterio de esos líderes; su obsesión en ver en un estallido espontáneo de las masas del pueblo una coyuntura revolucionaria que ellos debían aprovechar haciéndose pasar por los organizadores y los jefes de ese episodio, y lo que es peor, que creyeran que podían repetir ese estallido con solo anunciar una huelga general de 24 horas. ¿Dónde tienen la cabeza esos líderes? ¿Es que no han estudiado la historia de los movimientos revolucionarios y por no conocerla no saben qué sucedió en Francia, o mejor dicho en París, cuando el proletariado de la capital francesa perdió la batalla de la Comuna? ¿Es que consideran que cualquiera demostración de coraje popular, de decisión de lucha expresada espontáneamente, es el inicio de una revolución?

La Comuna fue un levantamiento espontáneo de los obreros de París y parte de los de Lyon, que alcanzó una gran categoría histórica debido a que de él sacaron lecciones muy útiles Marx, Engels y Lenin, pero le costó miles de vidas al pueblo de París, y de manera especial a sus trabajadores, porque cuando fracasó las fuerzas militares de la República hicieron una matanza descomunal, de miles de hombres y mujeres cuyos cadáveres llenaron las calles de París. La República, presidida por Luis Adolfo Thiers, acababa de surgir de otro hecho histórico: la derrota de Sedán, con la cual el emperador Napoleón Tercero perdió la guerra que mantenía con Prusia, lo que equivale a decir con Alemania. Para aniquilar a los obreros de París que estaban llevando a cabo la primera revolución proletaria de la etapa industrial del capitalismo se unieron la vencida República Francesa de Thiers y la vencedora Prusia de Guillermo de Prusia y Otto Bismarck, pues ante el peligro de que Francia pasara a ser un país comunista los gobiernos alemán y francés se unían como dos hermanos gemelos, que eso eran en verdad si los vemos desde el punto de vista de la lucha de clases dado que en uno y en otro gobernaba la misma clase aunque una hablara en lengua germánica y la otra en lengua francesa.

¿Por qué hemos dicho que la Comuna tenía que fracasar? Porque fue un levantamiento espontáneo, que no obedeció a un plan, a una organización, a una dirección, como sucedió con el estallido popular de La Semana Trágica, que no tuvo plan ni fue organizado ni contó con un liderazgo. Lo que pretendían los dirigentes políticos de la CGT minoritaria cuando bautizaron con el nombre de 'Paro' del miércoles 9 de mayo a la fracasada huelga de ese día era darle a su fracaso el carácter de 'última' de las acciones que habían empezado el 23 de abril, y ahora debemos aclarar que la palabra última no quería decir que a partir de ese día no habría otra acción, sino que esa era la última hasta el momento en que se escribió el instructivo del 14 de mayo, pues en el párrafo final de ese instructivo se anunciaban nuevas jornadas de lucha, lo que equivale a decir nuevas huelgas o algo parecido. Pero en la línea en que el instructivo dice 'Paro' del miércoles 9 de mayo hay un detalle demostrativo de los métodos de prestidigitación que siguen los líderes de la izquierda dominicana, y es el que desvirtúa con el uso de la palabra paro el significado de la palabra huelga, que fue la que se usó para convocar la acción llamada paro después que como tal huelga había sido un fracaso aplastante porque en ella no participó ni un solo obrero de industrias.

Veamos ahora las conclusiones a las que llegó el Secretariado de la Dirección Nacional de la CGT minoritaria cuando en su reunión del 12 de mayo evaluó “el recién finalizado Movimiento de Protesta con el Paro del miércoles 9 de mayo”. Esas conclusiones fueron, una, que el paro resultó “parcialmente exitoso”; dos, que “el llamado fue acatado por los choferes, comerciantes, el sector educativo y la ciudadanía en término general”; tres, que el paro “puso al desnudo la diferenciación entre los diferentes sectores alrededor del Movimiento”, y que eso “le ha permitido al Pueblo conocer y diferenciar entre sus amigos y sus enemigos”, y por último, que "Todas las fuerzas (PRD, PR, PLD, etc.) estuvieron en contra del Movimiento, lo que le ha permitido ver al pueblo que esas fuerzas son contrarias a sus luchas y demandas".

En realidad, lo que los autores de esas conclusiones llaman así no son tales conclusiones sino deseos de que lo hubieran sido. Por ejemplo, eso de que “El paro fue parcialmente exitoso” equivale a decir que fue parcialmente un fracaso porque lo que no es éxito es fracaso, y en consecuencia lo que es parcialmente exitoso es parcialmente un fracaso. En cuanto a que “El paro fue acatado por los choferes” debemos decir que si se trata de choferes públicos, esto es, los que manejan conchos o taxis, entre ellos la mayoría o son dueños de los vehículos o los alquilan a sus propietarios, de manera que de esos muy pocos son asalariados, y si se trata de los que conducen las guaguas de Onatrate, esos son asalariados de una empresa del Estado, pero los que manejan guaguas interurbanas se dividen entre asalariados y dueños, de manera que al hablar de una huelga o un paro de choferes de servicio público el que lo hace debe ser muy cuidadoso porque los móviles que llevan a esos choferes a una huelga pueden ser muy variados y hasta muy personales debido a que entre ellos abundan los pequeños burgueses de la capa baja, el tipo de pequeñoburgués más propenso a vivir paralizado por el miedo de caer en las filas del proletariado, a las que irían a dar muchos de ellos si en la huelga del 9 de mayo se repetían los hechos de La Semana Trágica en los cuales sus automóviles o minibuses podían ser apedreados o incendiados por los grupos de jóvenes que atacaban pequeños comercios y vehículos.

¿POR QUÉ MENCIONAN AL PLD?

En el párrafo en que los autores de la evaluación de la que estamos hablando se refirieron a los choferes mencionaron también a “comerciantes” sin decir si eran dueños de establecimientos típicos de la baja pequeña burguesía o lo eran de la mediana, porque en el caso de que fueran de esas dos capas de la pequeña burguesía comercial se explica que mantuvieran cerrados sus establecimientos, pero no en apoyo a la huelga decretada por las centrales sindicales sino por miedo a que les sucediera lo que les había pasado a los colegas suyos cuyos comercios fueron asaltados y saqueados en los días de La Semana Trágica; y lo mismo, exactamente lo mismo, decimos de eso que los dirigentes políticos de la CGT minoritaria denominan “el sector educativo y la ciudadanía”, esto es, los maestros de escuelas privadas y públicas y los padres de los estudiantes de esas escuelas, todos los cuales tenían miedo de que el 9 de mayo se repitiera la matanza que había conmovido al pueblo hacía apenas dos semanas.

Las conclusiones a que llegaron los evaluadores de la CGT minoritaria encargados de analizar el fracaso del día 9 de mayo y sus causas fueron modelos de subjetivismo, pero esa manera subjetiva de estudiar un problema o una posición alcanzó su punto más alto cuando los evaluadores dijeron que “El Paro puso al desnudo la diferenciación entre los diferentes sectores del Movimiento”, porque en esas trece palabras no sólo no se dice nada sino que además lo que está dicho se dice de manera tan confusa que no hay modo de entender qué fue lo que quisieron decir, y la confusión en que habían caído llegó a confundirnos tanto que creyeron que escribir palabras sin base y sin sentido era una forma de expresar una conclusión. Sólo así se explica que escribieran ese párrafo sin sentido con que terminaron sus “conclusiones”, el que afirma que “Todas las fuerzas (PRD, PR, PLD, etc.) estuvieron en contra del Movimiento”.

En primer lugar, nadie sabe qué significa Movimiento, escrito así, con mayúscula; si se trata de los planes o de las acciones que llevaban a cabo las centrales sindicales asociadas a la CGT minoritaria o si alude al estallido social del mes de abril, y desde luego, a quienes lo personificaron, aunque nos parece que ese trata de lo último por aquello de “Todas las Fuerzas… estuvieron en contra del Movimiento” porque así lo indica el pretérito del verbo estar expresado con la forma estuvieron. Si es como lo suponemos, entonces no hay duda de que lo que pretenden los líderes políticos del CGT minoritaria es pasar otra vez de contrabando la mentira de que el estallido de crisis social que se produjo en el país durante los días 23, 24 y 25 de abril fue obra de las centrales sindicales que forman los frentes de masas obreras de los partidos marxistas—leninistas unidos en el FID, frente de masas entre los cuales está la UGTD, que no tiene nada de marxista y mucho menos de leninista puesto que es la central sindical dirigida por el PRD, cuyos líderes cargan con la cuota más pesada de responsabilidad por la matanza de La Semana Trágica debido a que fueron ellos quienes le reclamaron al presidente de la República que sacara el Ejército de los cuarteles y lo lanzara a las calles con órdenes de ponerle fin a la protesta popular desatada en respuesta al alza de precios de alimentos y medicinas que había dispuesto el gobierno por imposición del Fondo Monetario Internacional.

Ahora bien, ¿Por qué se menciona, en eso que los líderes de la CGT minoritaria llaman conclusión de su análisis del llamado Movimiento, al Partido de la Liberación Dominicana (PLD) diciendo que estuvo en contra del tal Movimiento? ¿Fue que la dirección peledeísta se opuso a la mal hilvanada huelga del 9 de mayo o a la pretensión de organizar una para el Día del Trabajo o a la participación de masas populares en los hechos de La Semana Trágica?

EL DOMINGO SANGRIENTO

Naturalmente, los que dirigen la política de la CGT minoritaria no pueden responder la pregunta que acabamos de hacer si no es diciendo alguna mentira porque les resultaría muy difícil confesar que ellos no pueden dejar de acusar al PLD de cualquier cosa, y si la mentira fuera la de afirmar que el PLD estuvo “en contra del Movimiento”, como dicen ellos, y se les pidiera pruebas de lo que dijeran, se quedarían callados porque no podrían presentarlas, en cambio nosotros sí podemos presentar pruebas directas —nada menos que fotografías— de que varios días después de la matanza de La Semana Trágica esos líderes estuvieron visitando al Dr. Jorge Blanco, y no para echarle en cara los más de cien muertos a tiros de esa semana sino para negociar con él dizque mejoras salariales y medidas de ese corte, o dicho de otra manera, para hacerse propaganda ante los obreros, para presentarse ante ellos como personas que trabajan por el bienestar de los trabajadores y lo hacen nada menos que en el corazón mismo de la clase de los capitalistas, que eso vienen a ser, al fin y al cabo, el Palacio Nacional y los señores que lo habitan o trabajan en él, aunque, eso sí, se callaron el secreto de que quien les arregló la cita con el Dr. Jorge Blanco fue el máximo líder del PRD, el mismo partido al que ellos acusan en su instructivo del 14 de mayo de ser una de las “fuerzas” contrarias a las “luchas y demandas” del pueblo.

El partido de la Liberación Dominicana ni quitó rey ni puso rey en los hechos de La Semana Trágica ni en la anunciada huelga del Día del Trabajo, que quedó convertida en una orden de duelo general no cumplida ni siquiera por los que la propusieron; y en cuanto a La Semana Trágica, mal podía pensar la dirección del PLD en participar en acciones espontáneas del pueblo que se llevaron a cabo sin dirección de nadie, sin seguir un plan o aplicar un método, sin perseguir un fin conocido por todos sus militantes, pues si somos un partido organizado, con liderazgo respetado, no podemos lanzarnos a aventuras, a actuar sin saber por qué ni para qué, sólo porque personas a quienes no conocemos políticamente, cuyas ideas ignoramos, cuyos principios no se han hecho públicos, se han echado a las calles a ejecutar acciones que no tienen relación con nosotros.

Un partido como el PLD no puede dejarse dirigir por extraños. Los peledeístas nos hemos preparado para planear y dirigir la ejecución de nuestros planes, no para que nadie nos arrastre a darles apoyo a planes desconocidos. El Domingo Sangriento de San Petersburgo se conoce con ese nombre porque el 9 de enero de 1905 miles de rusos fueron muertos y heridos por la guardia zarista cuando desfilaban frente al palacio del Zar pidiendo alivio para su miseria, que era grande debido a que una fuerte crisis económica estaba afectando a obreros y desempleados de la capital de Rusia. El desfile era gigantesco y lo había organizado no un partido político sino un cura ortodoxo, el padre Gapón, y años después se supo que el padre Gapón era un agente de la política del Zar; un agente provocador que con la matanza de ese día hizo abortar cualquier intento de organizar una protesta efectiva las masas populares, porque la matanza del Domingo Sangriento aterrorizó a esas masas debido a que sus organizadores verdaderos sabían que pocos muertos indignan pero miles de ellos infunden terror, y se engañan a sí mismos los izquierdistas que no toman en cuenta lo que nos enseña la historia en episodios como el Domingo Sangriento de San Petersburgo.

23 de mayo, 1984.-

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Las causas de los ataques de Santo Domingo en los siglos XVI y XVII

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Bosch explica significado palabra burgués
1970

Dominicanos:

Los acontecimientos y los sucesos políticos de cada día hacen muy difícil que pueda explicarles a ustedes todo lo que se refiere a la Dictadura con Respaldo Popular; y sin embargo de eso es lo que quisiera hablarles porque estoy convencido de que por el camino que ha venido siguiendo nuestro país desde que se fundó la República no va a haber salida para este pueblo. En algunos aspectos las explicaciones serán difíciles, y ustedes tendrán que tener paciencia conmigo para entender lo que les diga; tendrán que seguir oyéndome aunque se aburran un poco, por lo menos de vez en cuando, porque para comprender nuestra historia y saber lo que somos habrá necesidad de decir cosas bastante cansonas. Por ejemplo, hoy pretendo hablarles de lo que somos cada uno de nosotros. Seguramente ustedes han oído varias veces la palabra “burgués”, pero me atrevo a apostar pesos contra cabos de cigarrillos a que pocas veces han oído explicación acerca de esa palabra.

¿Qué quiere decir en realidad eso de “burgués”? ¿Significa hombre rico, como piensan muchos? ¿Usamos los dominicanos esa palabra correctamente? ¿Es burgués todo el que tiene dinero? ¿Y qué quiere decir una persona cuando le dice a otra “pequeño burgués”? ¿Quiere decir “pequeño rico”, o “riquito” o “un poco rico”? Si no sabemos responder a esas preguntas no entenderemos de verdad lo que significa la Dictadura con Respaldo Popular, de manera que si ustedes me lo permiten voy a hablar hoy acerca de la palabra “burgués”.

Aunque todos los burgueses son ricos, no todos los ricos son burgueses. Un hombre puede tener un millón de pesos y no ser burgués, y aquí se usa llamar burgueses a señores que ni son ricos ni son burgueses. Ahora bien, en asuntos políticos la confusión es tan peligrosa como en otros campos. Si cerca de donde vive uno de ustedes hay un perro manso y uno bravo, y los dos son de la misma raza y del mismo color, es menester distinguir bien cuál de ellos es el bravo, porque quien se equivoque puede salir un día del error con un pedazo de pierna entre los colmillos del perro bravo, o puede suceder que por matar al perro bravo una persona mate al manso.

De acuerdo con la ciencia política, lo que cada persona es en la sociedad se conoce por la posición que esa persona ocupa en las relaciones de producción, pero decir eso y hablar en árabe es casi lo mismo, porque de cada diez mil personas quizás una sola sepa qué cosa es eso de las relaciones de producción. Sin embargo, voy a tratar de explicarlo con un ejemplo sencillo. Supongamos que un señor tiene una mata vieja y grande en el patio de su casa y quiere tumbarla, pero como no sabe tirar el hacha, y además no puede dedicarle un día a ese trabajo, contrata a un chiripero para que le tumbe el árbol. Entre el dueño de la casa y el chiripero se ha establecido una relación económica pasajera, puesto que el primero alquila al segundo para que le haga un trabajo que le reportará al chiripero dos pesos.

Así tenemos que entre todo aquel que paga un trabajo y el que hace el trabajo se establecen relaciones económicas, que pueden ser pasajeras y pueden ser más largas, como sucede, por ejemplo, en el caso de las relaciones entre una dueña de casa y su cocinera. Pero eso no llega a ser lo que se llama relaciones de producción. ¿Por qué? Porque al tumbar el árbol, el chiripero que hace el trabajo no está produciendo nada; está solamente realizando un trabajo, diríamos de limpieza, y el dueño de la casa, que lo que quiere es que le tumben la mata porque ya le ocupa mucho lugar en el patio o porque las raíces le están echando a perder una pared o porque el árbol es viejo y echa muchos charamicos, no va a sacar del trabajo de ese chiripero ningún beneficio en dinero. Pero la situación sería diferente si el dueño de la mata contrata al chiripero para que tumbe la mata y le raje el tronco en forma de leña porque el dueño piensa vender esa leña. En ese caso el chiripero trabaja para producir algo que va a venderse y va a dejarle una determinada cantidad de pesos al dueño de la mata; el chiripero, pues, ha pasado a ser un obrero productor de un artículo que va a ser consumido por otras personas, es decir, aquellas que comprarán la leña, y por esa razón lo que se ha establecido entre el dueño de la mata y el chiripero no es una simple relación económica sino una relación de producción.

Ahora bien, en esas relaciones de producción el dueño de la mata ocupa un lugar y el chiripero otro; el dueño era dueño del árbol y además será el dueño de la leña, mientras el chiripero era dueño solamente de su fuerza de trabajo, y él alquiló esa fuerza de trabajo al dueño de la mata por un día. Una vez terminado el trabajo, el dueño de la mata, que era también dueño de los dos pesos que cobró el chiripero, se quedó con la leña, y el chiripero se quedó sólo con los dos pesos. Como la leña sale de la mata, se dice que la mata es una materia prima, es decir, un primer material del que va a salir o sale otro, como salió la leña de esa mata. El algodón es una materia prima porque de él sale el tejido, la tela que usamos en nuestra ropa.

Todo lo que sirve para ser transformado en algo que la gente usa es materia prima, pero pasa a ser materia prima sólo cuando se usa para sacar de ahí un producto de uso. La mata del hombre pasó a ser materia prima nada más cuando el chiripero rajó el tronco para convertirlo en leña, porque antes el árbol estaba en el patio de adorno y no era materia prima, aunque podía serlo, como resultó serlo cuando lo tumbaron y lo rajaron en pedazos para leña. En el ejemplo que están ustedes oyendo el dueño de la mata resultó ser el dueño de la materia prima y además el dueño de los dos pesos que recibió el chiripero y por último quedó siendo el dueño de la leña. Para completar el ejemplo, supongamos que ese señor era también el dueño del hacha que usó el chiripero, y eso nos permitirá decir que, en esas relaciones de producción que se establecieron entre los dos hombres de que estamos hablando, uno era el dueño de la materia prima, es decir, la mata; era el dueño del instrumento de producción, es decir, del hacha; y era el dueño del dinero, es decir, los dos pesos que recibió el chiripero; y que el otro era dueño solamente de su fuerza de trabajo, a cambio de la cual recibió dos pesos.

Pues bien, tal como está organizada la sociedad en nuestro país y en todos los países llamados capitalistas, al primero le tocaba ser, y acabó siendo, el dueño del producto terminado, que en este ejemplo es la leña. Y resulta que el dueño del producto terminado es el que se queda con los beneficios de lo que se produce, y el que trabaja para hacer el producto recibe sólo un salario o jornal a cambio de su trabajo. Si llevamos ese ejemplo al de una persona que tuviera cien hombres trabajando para cortar esos pinos y hacer tablas con ellos, estaríamos hablando de un burgués; ese dueño del pinar es un burgués y los que cortan los pinos y hacen las tablas son obreros.

Tenemos, entonces, que es burgués aquella persona que es propietaria de bienes con los cuales se hacen los productos que consumen los demás, y esos bienes que sirven para hacer o fabricar productos de consumo son las materias primas, las máquinas y el dinero; pero es burgués solamente si además de tener todo eso paga salarios, jornales o sueldos a una cantidad de hombres que trabajan para él. Si tiene hombres son los trabajadores, obreros o empleados. Si tiene materias primas, máquinas y dinero y no usa el trabajo de los obreros, o lo que es lo mismo, si no paga salarios, no es burguesa. ¿Por qué? Porque entonces no está ocupando un lugar determinado en las relaciones de producción debido a que su dinero, sus máquinas y sus materias primas no están siendo usados en producir algo.

Así, pues, si a uno de ustedes le dicen que fulano de tal es un burgués porque tiene una buena casa y un carro, pregunte cuántos obreros trabajan para él, y si le dicen que ninguno, entonces puede decir con seguridad que no es un burgués. Ser rico, o vivir como rico, no significa ser burgués, y les pido que tengan esto presente, y que traten de no olvidarlo, porque quien no comprenda estas cosas no podrá entender por qué hay que establecer en nuestro país el Gobierno de la Dictadura con Respaldo Popular. Hay personas que viven como los ricos y sin embargo no son burgueses, y hay personas que durante algún tiempo ganan poco dinero y sin embargo son burgueses, por ejemplo, el dueño de una fábrica de cualquier cosa puede estar durante años ganando poco dinero, porque su producto no se vende bien, y sin embargo será un burgués.

Lo que determina si una persona es burgués o no lo es no es su forma de vida; es el papel que ocupa en las relaciones de producción. Las relaciones de producción son las que se establecen entre dos tipos de personas socialmente diferentes: de un lado, los burgueses, que son los dueños de los medios de producción, y del otro lado los obreros, o proletarios o asalariados, que son aquellos que no aportan a la producción ni dinero ni materias primas ni máquinas, sino sólo su fuerza de trabajo. Por el lugar que ocupa cada quien en las relaciones de producción se determina a qué clase pertenece una persona. El que se halla en el primer grupo, esto es, entre los dueños de los medios de producción, es burgués; el que se halla en el grupo de los que venden su fuerza de trabajo por un jornal o salario, es obrero. En el mundo moderno, las dos clases principales son la burguesía y el proletariado; esto es, la clase formada por los burgueses y la clase formada por los trabajadores u obreros.

Es posible que ustedes hayan oído decir alguna vez que yo traje a Santo Domingo la lucha de clases, y es posible que a partir de hoy ciertas personas digan que estoy instigando en este país la lucha de clases por que les explico a ustedes qué cosa son las clases. Pero en ese caso ustedes deben responder que si un médico ve un enfermo de paludismo y le dice a la familia de ese enfermo que su mal es paludismo, la familia no tiene ningún derecho a decir que ese médico inventó el paludismo o lo llevó a la casa del enfermo. El paludismo estaba en el cuerpo del enfermo antes de que el médico fuera a verlo, y la división de clases existía en este país mucho antes de que yo volviera en 1961 del exilio. Hace ahora 2,300 años que un sabio llamado Aristóteles habló de las clases en la sociedad, de manera que como ustedes pueden ver, los que me acusan de haber traído a este país el tema de las clases, están un poquito atrasados; tienen solo 2,300 años de atraso.

Desde luego, estoy hablándoles a ustedes del problema de las clases de una manera muy simple, pero el asunto es complicado, y si ustedes no se aburren, de cuando en cuando seguiré hablándoles de esto hasta que lleguemos a ver todos los tipos de burgueses que hay en la República Dominicana. Hasta ahora sólo les he puesto el ejemplo de lo que se llama burguesía industrial y de los obreros industriales, y les he puesto ese ejemplo de burguesía y proletariado en general, es decir, en el mundo, no en nuestro país, pues nuestro país es un caso particular y en consecuencia hay que verlo con ojos dominicanos. Por ejemplo, aquí el burgués más grande no es una persona; es el Gobierno, que tiene las industrias más importantes, como son los ingenios de azúcar, la fábrica de cemento, la de vidrio, la de harina de trigo, una parte de La Manicera, y no menciono más para no cansarles, y tiene el Banco Central, el Banco Agrícola, el Banco de Reservas; y como el Gobierno es el burgués más grande, es el que emplea más trabajadores.

La burguesía comenzó a formarse en Europa hace varios cientos de años, y ya era fuerte en varios países europeos, cuando llegaron aquí los españoles. La aparición y el desarrollo de la burguesía significó un gran paso de avance para la humanidad, que no habría llegado al punto de civilización en que se encuentra hoy si no hubiera aparecido la burguesía. En los tiempos en que ella apareció, las ciudades más grandes de Europa eran muy chiquitas y las más grandes no tenían más de dos o tres mil habitantes. Esas ciudades tenían murallas para defenderse de los enemigos que querían atacarlas, así como la ciudad de Santo Domingo tenía murallas para defenderse de los enemigos de España que se aparecían de vez en cuando por aquí. La Puerta del Conde y la de San Gil y la de Santa Bárbara eran puertas para que la gente pudiera salir de las murallas hacia fuera o para que pudieran llegar a la Capital los campesinos y la gente que vivía fuera de ella, y esas murallas capitaleñas, que iban de Santa Bárbara, por la Calle Juan Isidro Pérez, hasta frente al cuartel de los bomberos, y de ahí hasta la Misericordia, eran en muchos aspectos una copia de las que habían en las ciudades europeas desde hacía setecientos y ochocientos años.

En aquella lejana época, esas pequeñas ciudades de Europa se llamaban burgos, y hoy hallamos esa palabra en los nombres de grandes ciudades, como Edimburgo, que está en Escocia, Inglaterra; en Hamburgo, el gran puerto alemán; en Luxemburgo, capital del ducado del mismo nombre, y en Burgos, la vieja ciudad española. De esa palabra burgo salió la palabra burgués debido a que las primeras burguesías se formaron en las pequeñas ciudades europeas. La palabra salario, que significa el pago que recibe el obrero por su trabajo, salió de la palabra sal y se formó mucho antes que la de burgués, allá en los tiempos de Roma. Su origen se halla en que a los trabajadores campesinos se les pagaba su trabajo con sal, y de sal salió salario.

Antes de que existiera la burguesía no había sistema capitalista: había otro que se llaman feudal, y fue la burguesía que al cabo de varios cientos de años de luchas a muerte acabó con el sistema feudal y estableció el capitalista. Para establecer el sistema capitalista, la burguesía llevó a cabo revoluciones terribles, algunas de ellas muy sangrientas, por donde podemos ver que los burgueses que se alarman con la idea de que haya revoluciones y consideran que las revoluciones son crímenes gigantescos están escupiendo para arriba sin darse cuenta que se les cae en la cara. Por ejemplo, hace algún tiempo, poco después de venir a este país, el actual embajador de los Estados Unidos hizo un discurso y dijo que los cambios de su país y de Inglaterra se habían logrado pacíficamente, sin revoluciones; pero sucede que en Inglaterra la burguesía produjo una revolución tan sangrienta que hasta al rey le cortaron la cabeza y todavía hoy cuando uno viaja por aquel país puede ver las ruinas de las iglesias que fueron destruidas por la revolución, y sucede además que los ingleses han llevado la guerra y la muerte a muchos otros países, entre ellos a la India y al África y al propio Estado Unidos, cuando este fue colonia inglesa, y en esas actividades de conquista causaron muertes a centenares de miles. Es más, tan pronto tomó el poder en Inglaterra, esa revolución inglesa mandó una expedición a nuestro país con ideas de quedarse con él; fue la expedición de Penn y Venables, que por suerte resultó derrotada antes de tomar la Capital, y como fracasó aquí se dirigió a Jamaica, que antes era una isla española y desde entonces pasó a ser inglesa.

En cuanto a los Estados Unidos, la burguesía de la parte del norte del país llevó a cabo una guerra contra la oligarquía esclavista del Sur que ha sido una de las más sangrientas y más importantes de los tiempos modernos; esa guerra comenzó el 12 de abril de 1861 y terminó al comenzar el mes de abril de 1865; es decir, duró cuatro años y costó miles, miles y miles de vidas, entre ellas la del presidente Abraham Lincoln, el libertador de los esclavos, autor de algunas palabras que repetí ayer; muchas ciudades fueron destruidas. Además, Estados Unidos ha llevado la muerte a muchos lugares del mundo, como está haciéndolo desde hace años en Vietnam y como está haciéndolo ahora en Camboya. De manera que el señor embajador norteamericano no conoce bien la historia de su país, pues no es verdad que allí se ha hecho una revolución sin sangre; al contrario, ha costado mucha sangre norteamericana y más aún de otros pueblos.

Pero nada en la vida es solamente malo y solamente bueno; nada hay tan malo que no deje algo bueno y nada tan bueno que no tenga algo malo. La burguesía ha producido mucha sangre, pero también ha producido las transformaciones y los avances más importantes conocidos en la humanidad. La burguesía comenzó a formarse cuando todo lo que se fabricaba lo hacía el hombre a mano, y de ahí nace la palabra manufactura, que quiere decir hecho a mano, y con los capitales que acumuló, y con la formación de lo que se llama un mercado comprador, esto es, la costumbre y los medios para que más gente comprara cosas, la burguesía provocó la aparición de la industria hecha a máquina, la ampliación de la ciencia y muchos pasos progresistas del género humano. La burguesía fue una necesidad histórica, y gracias a su aparición, ampliación y fortalecimiento la humanidad dio pasos de avance gigantescos, es más, sin ella no se hubiera creado la clase obrera, y sin la existencia de la clase obrera no habría hoy países socialistas.

Yo no sé si mañana podré seguir hablando de este tema o si tendré que hablar de otra cosa, porque eso dependerá de lo que suceda hoy y mañana por la mañana en el país, pero mi propósito es hablar la próxima vez que pueda de la burguesía y de la pequeña burguesía dominicanas. Pero no quiero terminar estas palabras de hoy sin decirles que en nuestro país la burguesía nacional es poco numerosa y es económica y social y políticamente débil, y que, en lo que se refiera a la Dictadura con Respaldo Popular, no se le quitará ni un pelo.

No es verdad, como dicen los ultra izquierdistas de este país, que la Dictadura con Respaldo Popular va a ser el Gobierno de la burguesía dominicana, pero tampoco es verdad, como dicen los defensores de la oligarquía, que va a acabar con los burgueses criollos. El que tiene razón, aún sin conocer bien el asunto, es el pueblo, este pueblo tan inteligente e ideas tan claras. El pueblo sabe que la Dictadura con Respaldo Popular es una idea formada para su beneficio, y por eso le da su apoyo. Pero de eso hablaremos otro día. Por ahora dejemos ese tema, tan importante pero tan aburrido. Ahora quiero decirles unas palabras sobre otro asunto, un asunto que probablemente les interese más porque se relaciona con la situación actual del país.

Hay mucha gente que está preocupada porque no he dicho qué debe hacer el pueblo ahora mismo para salir del atolladero en que nos han metido la aspiración reeleccionista del Dr. Balaguer y el acuerdo a que llegaron con el los partidos de oposición. Pero quiero decirles que no se alarmen. Nosotros, es decir, el PRD, no podemos transformar el actual estado de cosas pero podemos modificarlo, y de eso pueden esta todos ustedes completamente seguros. La situación de hoy no es la misma de hace tres semanas, y la de fines de este mes no será la misma que la de hoy. Nosotros no somos brujos, pero somos un partido demasiado grande y tenemos en nuestras filas a los hombres más capaces y más brillantes de este país, mejorando lo presente, como dice el pueblo; y con esos hombres y con la fuerza del pueblo vamos a salir todos, ustedes y nosotros, a un camino más claro y más firme. Tengan fe y echen p'alante, que nunca es más negra la noche que cuando va a amanecer.

Hasta mañana, si Dios quiere, dominicanos.

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Duarte y las clases sociales

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De periódicos y periodismo
Juan Bosch

Aunque en la República Dominicana ha habido periódicos desde hace más de un siglo, el periódico como negocio ha venido a desarrollarse de manera apreciable a partir de los últimos treinta años, y más propiamente, desde 1961; y si en los pocos años que han pasado desde 1961 el negocio de vender noticias se ha desarrollado en el aspecto económico, en cambio ha tenido poco desarrollo en el aspecto de la profesionalidad de quienes los dirigen, que en la mayor parte de los casos son sus dueños. Puede decirse que el bajo nivel de progreso que ha tenido en el país la división del trabajo ha impedido que se haya establecido una distinción clara entre la posesión de los bienes de producción que sirven para hacer y poner a la venta un periódico y el oficio de periodista, y por esa razón hallamos al frente de la confección de casi todos los periódicos a los propietarios de las maquinarias, el papel y los edificios que se usan para fabricar el producto llamado periódico. Esos propietarios consideran que el producto de su industria es suyo, no de quienes lo compran, y como es suyo hacen con él lo que les da la gana; algo parecido a un fabricante que metiera en el artículo que produce lo que a él le parece bueno, no lo que el público desea comprar.

Si comparamos la situación de los periódicos y sus propietarios en la República Dominicana con la de países capitalistas donde la división del trabajo ha llegado a niveles muy altos (caso de Inglaterra, de Francia, de los Estados Unidos) vemos que los dueños de los periódicos ingleses, franceses y norteamericanos son capitalistas que en su mayoría no han entrado nunca en las salas de redacción o de máquinas de sus periódicos, o son accionistas que ni siquiera saben cuál es la dirección del periódico donde tienen su dinero invertido, o son capitalistas especializados en el negocio editorial, esto es, que tienen una gran parte de sus capitales, y tal vez todos, invertidos en periódicos y revistas, pero a lo mejor no saben ni redactar una carta, mucho menos escribir un artículo; tienen talento para saber qué busca el público en un periódico y sin embargo no saben cómo se hace eso que le gusta al público. En tales países la dirección de un periódico se confía al llamado editor y la administración a un equipo de especialistas en la materia, los dueños o los accionistas cobran cada año sus beneficios y no tienen la menor intervención en la política editorial.

En el caso del negocio periodístico, cuando este tiene los caracteres que tiene en la República Dominicana, ¿qué es lo que denuncia de lejos el atraso de un país? Lo denuncia el hecho de que el dueño del periódico que al mismo tiempo lo dirige, es un capitalista porque tiene dinero pero no lo es desde el punto de vista de su desarrollo social e intelectual. En esos aspectos actúa y piensa dentro de los cortos límites de un negocio pequeño, que funciona para servir a muy poca gente; digamos, un ventorrillo que se maneja con criterio y métodos propios de un vecindario de diez o doce familias. Así, por ejemplo, los propietarios de algunos periódicos dominicanos ni siquiera han pensado nunca que como dueños de los medios de producción de esos artículos que son los periódicos que ellos hacen, tienen derecho, dentro del sistema en que vivimos, a los beneficios que dé ese negocio, pero que nada los autoriza a meterles de contrabando a los compradores de esos artículos sus problemas personales, sus odios o sus amores, sus pasiones o sus miedos. Sus asuntos privados son suyos y al público que da su dinero a cambio de noticias no le importa para nada la vida privada de los dueños de las máquinas, los edificios y el papel que se usan en hacer ese artículo que él compra para estar informado de los asuntos que le interesan, así como no le importa para nada la historia personal del dueño de la fábrica de jabón que él consume o el color de la res cuya carne va a comerse a mediodía.

En la medida en que los propietarios del negocio de publicar periódicos se estancan, se retrasa el desarrollo de los periodistas que no reciben de esos propietarios ni el estímulo ni el ejemplo ni las enseñanzas que deberían recibir para convertirse en periodistas completos; y aclaramos que la palabra completos en este caso no significa que sean capaces de escribir con igual capacidad sobre lo divino y sobre lo humano; al contrario, en el sentido moderno el periodista completo es el que se especializa y estudia tan a fondo y tan detalladamente la especialidad a que se dedica que llega a ser un maestro en esa materia. Con periodistas especializados en cada una de las actividades importantes de la sociedad, un periódico puede informar de manera adecuada y seria sobre los problemas que más interesan a los lectores. Por ejemplo, sólo para escribir los editoriales, The New York Times tiene diez periodistas a sueldo y dos bajo contrato.

Veamos un ejemplo de periodismo subdesarrollado: el de un periódico que le ha servido al lector dominicano toneladas de informaciones sobre la SIP. ¿Qué es la SIP para el lector de ese país? De mil lectores, tal vez uno sabe qué es la SIP y a novecientos noventa y nueve ni siquiera les interesa saberlo; pero al dueño de ese periódico sí le interesa la SIP, le interesa muchísimo, y como le interesa a él, les mete a sus lectores SIP por los ojos y SIP por los oídos, y en fin de cuentas viene a suceder que los que compran ese periódico han pagado a lo largo de los años varios pesos por un tipo de información que ni les va ni les viene.

Nosotros tenemos título de periodista de la Escuela de Periodismo de La Habana y trabajamos en Cuba para los diarios Informaciones y El Crisol y para la revista Bohemia, que tiraba 500 mil ejemplares a la semana, y además dirigimos el diario Siempre sin que nuestro nombre figurara en el directorio de esa publicación porque no éramos cubanos; quien figuraba como director, aunque sólo fue tres veces a la imprenta era el Dr. Carlos Prío Socarrás. Por el hecho de haber trabajado como periodistas conocimos bien las ideas y los hábitos de la gente que hacía periodismo en Cuba y recordamos que los directores de periódicos cubanos decían y repetían constantemente que el periodista no es noticia, pero aquí son noticia casi diaria ciertos periodistas propietarios, sobre todo los que están ligados a la SIP y hacen de la SIP noticia de primera plana, y sucede que la SIP es una asociación de negociantes y nada más, de manera que no se justifica que todo el que se mueve alrededor de ella arrastre una cola de publicidad como no se les hace a empresarios de la categoría de un Henry Ford III o un David Rockefeller, que pueden comprar cien 'SIPS' con lo que les sobra del dinero que destinan a dar propinas.

Otro síntoma del atraso del país que se manifiesta a través de los periódicos es el hábito de usar la publicación propia en responder a planteos que se hacen en privado, algo parecido a que un militar o un policía use el arma que lleva a la cintura por razones de su función pública en resolver los asuntos de tipo personal que se le presentan. A cualquier planteamiento que se le hace en privado, el dueño del periódico responde públicamente, en un editorial, en un artículo con firma o en una columna de la redacción, y se vale del privilegio de ser dueño de un órgano de información pública para dar su versión personal, que en todas partes del mundo se considera deformada, interesada y contraria a la verdad, de un asunto que no le fue planteado en público; y le vende al lector, que compra el periódico para recibir información de carácter general, un asunto personal que el lector no tiene por qué comprar y el vendedor no tiene derecho a imponerle. Esa es una violación grosera de las normas comerciales más elementales que sólo puede darse en un país como la República Dominicana, donde todavía no se ha formado la clase que establece las reglas por las cuales se guía la sociedad.

Al hablar de normas comerciales debemos aclarar que en la sociedad capitalista esas normas deben ser las burguesas, que se basan en fundamentos morales burgueses, que no estamos aspirando a que la sociedad actual sea regida según las normas socialistas. Pero todavía no hay normas de conducta burguesas, y eso es lo que explica que algunos de los dueños de periódicos dominicanos no se han dado cuenta de que lo que ellos tienen y manejan es un negocio como cualquier otro, y que el hecho de que en su negocio el papel se use en imprimirles palabras y no en envolver jabón no les da categoría de seres privilegiados, que nacieron con el don divino de establecer sus propias reglas para beneficio suyo y perjuicio de los demás.

23 de diciembre de 1977.-

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La España Boba y la Independencia Efímera 1809-1822

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Bosch explica lo difícil de la situación financiera que halló en 1963 al asumir el cargo de Presidente

Este es el primer discurso pronunciado por el profesor Juan Bosch después de su juramentación como presidente de la República el 27 de febrero de 1963. Apareció publicado en la edición del diario El Caribe del día siguiente con el título “Presidente Bosch dice es complicada actual situación financiera del país”.
Dominicanos:

Al hacernos cargo de la presidencia de la República el día 27 de febrero tuvimos que dedicar algún tiempo para atender a los visitantes ilustres que estuvieron entre nosotros en ocasión de la toma de posesión. Como ustedes saben la cortesía es necesaria entre los hombres y entre los pueblos. Aquí se reunieron tres presidentes latinoamericanos, el vicepresidente de los Estados Unidos, el primer ministro de Jamaica, el gobernador de Puerto Rico, un grupo de gobernantes que no se ha reunido en ninguna otra ocasión de inauguración presidencial, es decir, en ningún caso en que un presidente haya tomado posesión en toda América. Pero el tiempo que dedicáramos a atender a estos visitantes y despedirlos con los honores del caso, si bien nos ha impedido atender debidamente a todos los amigos dominicanos que han querido vernos, no nos ha impedido sin embargo atender problemas fundamentales de la Nación.

Empezamos pues pidiendo excusas a los muchos amigos que han tratado de vernos en estos días. Me refiero a amigos dominicanos y les rogamos que tengan calma. El pueblo debe observar que nosotros no estamos haciendo nombramientos. Exclusivamente hemos nombrado a los secretarios de Estado y algunos muy pocos funcionarios como dos o tres subsecretarios y el gobernador del Banco Central, porque no queremos hacer una remoción de personal en la administración pública. Queremos ir seleccionando a los hombres que han de servir en este país cuidadosamente.

Opiniones contrarias

Sabemos que ha habido algunas opiniones en cuanto a algunos de los funcionarios designados, algunas opiniones contrarias, pero todos deben comprender que es imposible que tres millones de habitantes se pongan de acuerdo todos sobre una misma persona, sobre si conviene o no conviene llevar a una persona a determinada posición pública. En relación con este punto quiero advertir al pueblo dominicano que yo he sido elegido para gobernar este país, y que como gobernante elegido por el pueblo tengo una gran responsabilidad, y es la responsabilidad de gobernar bien y honestamente. Parte de esa responsabilidad es la libertad absoluta para designar los colaboradores en el Gobierno. Esa libertad significa responsabilidad. Cuando nosotros escogemos a un colaborador lo hacemos tomando en cuenta los más altos intereses del país, la conveniencia superior del Gobierno, y no obedecemos a ninguna insinuación de ninguna persona y deseamos advertir a los amigos dominicanos, a los compañeros que desean posiciones en este gobierno que dejen en libertad al Presidente de la República para que sea él quien designe a sus colaboradores y que no se presente nadie aduciendo títulos o méritos suficientes para una posición o reclamando una posición porque él desea estar en esa posición.

En este gobierno los puestos no son para los hombres sino los hombres para los puestos. Se escogerá a cada quien no solamente según su honestidad sino también lo reclamen los intereses políticos del momento. El presidente de la República no puede tener amigos ni sentimientos ni debilidades. Si un enemigo personal nuestro reúne las condiciones necesarias para ir a un cargo, ese enemigo personal nuestro irá a ese cargo. Si un hermano nuestro no reúne todas las condiciones necesarias para ir a un cargo, un hermano nuestro no irá a un cargo, por mucho que lo queramos y por mucho que él desee estar en el puesto.

Los cargos públicos en la República Dominicana, en este Gobierno, no se darán como premio; nadie puede venir aquí a ocupar una posición recibiendo un premio porque luchó o porque trabajó, todos tienen que venir a servir los intereses del pueblo dominicano. Estamos pues designando a nuestros colaboradores muy despaciosamente, porque la mayor atención la estamos poniendo en la organización del país. Al tomar el poder nosotros hemos encontrado una situación financiera muy complicada. ¿Qué quiere decir una situación financiera complicada? ¿Qué quiere decir una contabilidad mala en cuanto a los recursos en moneda que tiene el Estado? Una contabilidad mala también en cuanto a los demás recursos del Estado y sobre esto hablaremos en otra ocasión.

Respaldados por dólares

Por ejemplo nosotros podemos tener en este momento en circulación unos ciento dos millones de pesos, unos ciento cuatro millones de pesos. De acuerdo con la ley de nuestra moneda cada dos pesos dominicanos deben estar respaldados por un dólar americano, y ese dólar americano debe estar en las arcas del Banco Central. De manera que si tenemos ciento cuatro millones de pesos dominicanos circulando, el Banco Central deberá tener en este momento en sus arcas cincuenta y dos millones de dólares. No tenemos esos cincuenta y dos millones de dólares. Tenemos en el Banco Central solamente algo más de doce millones de dólares. Ahora bien, el país y, por lo tanto el Banco Central, que tiene un poco más de doce millones de dólares como reserva, tiene más de cincuenta y cinco millones de dólares de deudas, de deudas que debemos pagar en este mismo año, deudas que están vencidas en mayor parte, eso quiere decir que no tenemos doce millones de dólares de reserva, sino que tenemos por lo menos cuarenta y tres millones de déficit, un déficit por lo menos de cuarenta y tres millones de dólares. Insistimos en decir por lo menos porque no hay cifras exactas todavía. Pueden ser cuarenta y tres millones, pueden ser cuarenta y cinco millones, pueden ser cuarenta y siete millones. No hay cifras exactas, ni en el caso de los dólares ni otros casos.

Ahora bien ¿qué importancia tiene para nosotros deber tantos millones de dólares? Pues la siguiente: La República Dominicana compra en el extranjero muchos artículos que necesita para que su pueblo coma, para que su pueblo vista, para hacer casas, para oír radio, para ver televisión, para tener medicinas. Nuestra industria, como ustedes saben, no está bastante desarrollada y sin embargo nosotros consumimos muchos productos de la industria extranjera. Ahora mismo mientras estoy hablando con ustedes estoy viendo sobre este escritorio varios artículos que han sido comprados en el extranjero, los micrófonos a través de los cuales les habló, un vaso de Coca Cola con hielo y un platito. Ese platito es extranjero, el vaso es extranjero, la Coca Cola es extranjera y el hielo probablemente se hace en un refrigerador extranjero.

Hay un timbre, hay una pluma, hay una lámpara y todo esto lo compramos en el extranjero y lo compramos con dólares. Esos dólares vienen a la República Dominicana a cambio de los productos que nosotros vendemos en el extranjero, a cambio de nuestra azúcar, de nuestro cacao, de nuestro tabaco, de nuestro café, de nuestros cueros, de nuestras mieles, de nuestra bauxita, de nuestra sal, de nuestro yeso. Es decir que vendemos en el extranjero y cobramos en dólares y con los dólares que recibimos del extranjero debemos comprar en el extranjero los productos que nosotros necesitamos tener del extranjero.

Ahora bien, no tenemos dólares para comprar nada en el extranjero, más aún estamos debiendo cincuenta y cinco millones de dólares por lo menos y es muy probable que esa cifra sea mucho más alta en este momento, que esa cifra se acerque a los sesenta millones, y sólo tenemos doce millones de dólares en el Banco Central. La diferencia -de cuarenta y tres o de cincuenta millones o cuarenta y ocho millones, si es que esta es la cifra verdadera, y nunca está por debajo de cuarenta y tres millones- que necesitamos para comprar en el extranjero ¿cómo la podemos obtener? La necesitamos urgentemente, porque hasta mediados de año y especialmente a partir del mes de abril cuando empezamos a tener café y cacao y hasta mediados de año cuando comenzamos a cobrar los azúcares que exportamos no empezamos a recibir dólares.

No tenemos dólares

Así pues en este momento no tenemos dólares para comprar en el extranjero ni siquiera el bacalao y el arenque que necesita nuestro pueblo. Pero más aún, una gran parte de la deuda que nosotros tenemos con el exterior es deuda de productos que ya hemos comprado y no hemos pagado. Productos que comerciantes dominicanos trajeron al país, que vendieron y no han sido pagados a los vendedores extranjeros que los vendieron. ¿Por qué no han sido pagados? El comerciante dominicano que trae productos de los Estado Unidos o de Inglaterra paga al Banco Central el precio, el valor de esos productos en pesos dominicanos y el Banco Central toma dólares de los que se depositan a causa de nuestra venta en el exterior, y paga dólares en el extranjero. Recibe pesos nacionales del comerciante dominicano y paga dólares al que le vendió al comerciante dominicano. Probablemente 30 millones de dólares por concepto de facturas de mercancías ya vendidas por los comerciantes dominicanos y de seguros y fianzas, están siendo debidos por el Banco Central a nuestros acreedores extranjeros. ¿Y qué sucede si nosotros no les pagamos a esos acreedores extranjeros? Pues que esos comerciantes extranjeros no nos pueden seguir vendiendo. Porque un comerciante que vende 10,000 dólares de bacalao, para que esos 10,000 dólares sean pagados en el momento mismo en que el bacalao llega a la aduana de la Capital o de Puerto Plata o de otro puerto del país, si tiene que esperar tres meses, o cinco meses o seis meses para cobrar sus 10,000 dólares, está perdiendo ese dinero, porque esos 10,000 dólares pagan intereses, ese comerciante extranjero que nos vendió el bacalao y que no ha cobrado en dólares, a pesar de que el importador dominicano le pagó en pesos al Banco Central, ese comerciante extranjero está perdiendo dinero, y se niega a seguir vendiendo bacalao.

Si no podemos importar los productos que el pueblo consume, especialmente los de primera necesidad, el precio de esos productos subirá en la República Dominicana. Si sube el precio de esos productos, el pueblo y especialmente los trabajadores, tendrán un nivel de vida más caro, es decir, necesitarán más dinero para alimentarse, para vestir y, como es claro, reclamarán más altos salarios para poder pagar esos precios caros y si no se les dan salarios, irán a la huelga.

Vean ustedes qué interés tiene para la República que nosotros dispongamos de dólares para comprar lo que nuestro país necesita a fin de que nuestro país pueda comprar lo que consume a un precio bajo. Si no hay dólares suficientes, el resultado en dos o tres meses será una ola de huelgas pidiendo más salarios. Y si los salarios se suben, los productos se suben más, los productos que nosotros producimos para vender en el extranjero serán cada vez más caros, hasta que llegará el momento que en el extranjero no se comprarán los productos dominicanos debido a que son tan caros, que no podrán competir con productos de otros países, y si no vendemos nuestros productos en el extranjero, no tendremos dólares.

Por donde quiera que se vea esta situación es difícil, y el Gobierno tiene que afrontarla y resolverla. Para resolverla, reunimos hace tres días aquí en nuestro despacho al gobernador del Banco Central, al administrador del Banco de Reservas y a los gerentes de los cuatro bancos comerciales extranjeros que hay en este país y les propusimos que facilitaran unos cuantos millones de dólares a cuenta del azúcar y las mieles que tiene el Río Haina en almacenes. Si además de esos millones de dólares que les pedimos a los bancos, obtenemos que de los 22,750,000 que el Gobierno de los Estados Unidos acordó devolver a la República Dominicana de las retenciones que se hicieron sobre los azúcares del año 1961, si de esos 22 millones 750,000 obtenemos, decimos, que se nos faciliten algunos millones de dólares, podremos comenzar a solucionar esta situación, podemos comenzar a pagar parte de las deudas comerciales que tenemos con el exterior, y al comenzar a pagar esas deudas comerciales comenzarán a venir los productos que nosotros necesitamos.

Pero eso no basta, es necesario evitar que se sigan gastando dólares, es necesario evitar que los bancos den dólares a las personas que van a solicitarlos, cuando esos dólares no son estrictamente necesarios. Porque debemos equilibrar la situación en lo que resta de este año. Nuestras deudas en dólares, el alto déficit que tenemos en dólares debe ser pagado en lo que resta de este año, a fin de que la situación monetaria dominicana se equilibre y podamos entonces comprar con más libertad y vender con más seguridad. Por tanto, el viernes pasado ordenamos a los bancos, a los gerentes de los bancos aquí presentes que no se diera más dinero en dólares para viajes al exterior. Antes se daban 250 dólares a todo el que iba a solicitarlo para viajar, y de eso llegó a hacerse un negocio, porque hubo organizaciones hechas aquí para mandar gentes a Puerto Rico a fin de que trajeran artículos que vendían libremente después en la calle perjudicando el comercio establecido. El que desee viajar de ahora en adelante debe comprar los dólares en la calle. A nosotros no nos importa el precio que tome el dólar en la calle, lo que nos importa es que los dólares que entren al país por razón de nuestras exportaciones, sean usados en una forma inteligente, sean debidamente controlados para que podamos cubrir este altísimo déficit en dólares.

Gasta muchos dólares

Pero como no basta con tomar medidas solamente referentes al dólar, es necesario completarla con medidas sobre las finanzas públicas del país. También el gobierno gasta muchos dólares en el exterior en servicios, en diplomáticos, en adquisición de material y de repuestos. El Gobierno maneja las finanzas públicas, maneja el presupuesto de la Nación, ¿y qué es el presupuesto de la Nación? El presupuesto de la Nación es la suma de dinero que los dominicanos pagan directa o indirectamente al Gobierno para que el Gobierno pueda pagar a sus empleados, a los policías, a los jueces, a los senadores, a los diputados, a los secretarios de Estado, a los subsecretarios, para que el Gobierno, en un palabra, pueda pagar sus gastos. Los gastos no solamente de su personal, sino también los gastos de obras, como carreteras, hospitales, puertos, caminos, luz eléctrica.

El presupuesto de la República se calcula todos los años sobre la base de las entradas probables debido a los impuestos y todos los dominicanos pagan directamente o indirectamente el impuesto. El dominicano más pobre que enciende un cigarrillo, está pagando impuesto sobre cigarrillo sin darse cuenta. El dominicano más pobre que compra un túnico, un traje para su mujer en un campo lejano de Nagua, está pagando impuesto indirecto sobre la tela de ese túnico, de ese traje sin él darse cuenta, y todos los impuestos, los paga directamente e indirectamente el pueblo, los impuestos que paga la gente que sabe que los paga y lo que paga la gente que no se da cuenta de que los paga van todos al Gobierno; para el gobierno a su vez pagar personas, servicios y otros.

Presupuestos Similares

El presupuesto del gobierno es similar al presupuesto de una familia. Si una familia recibe doscientos pesos mensuales y no controla los gastos de esos doscientos pesos. Si gasta en un mes 225 y en otro 250 y en otro mes 240, y en otro mes 210, ¿de dónde sale la diferencia de los 25, de los 40, de los 10? Seguramente el dueño de la casa vende muebles, empeña la ropa, adquiere obligaciones que en algún momento tendrá que cumplir, es decir, la familia va perdiendo lo que tiene poco a poco, para completar el dinero que está gastando más allá del que recibe, igual ocurre con el Gobierno de la República. El Gobierno de la República no debe gastar más dinero que el que recibe.

En el año 1962 se calculó que el presupuesto de la República debía ser de 126 millones de pesos. Sin embargo, se gastaron 180 millones de pesos, es decir, 54 millones más de lo que se había calculado. Pero además de esos 180 millones, el Gobierno ha dejado deudas. Hasta este momento no sabemos a cuánto alcanzan estas deudas. Por de pronto podemos asegurar que solamente al Banco de Reservas el Gobierno le adeuda 12 millones de pesos. Por esa razón el Banco de Reservas está necesitando con urgencia que se le busque dinero. Esos 12 millones de pesos han sido prestados al Banco de Reservas por diversas dependencias del Gobierno y una parte directamente por el Poder Ejecutivo. Con esas deudas sobre sus hombros el presupuesto de la República para este año no puede mantenerse tal como se había calculado. Es necesario rebajarlo. Pero además es necesario rebajarlo porque a través del presupuesto, el Gobierno debe equilibrar la economía nacional.

Al tomar el poder, nosotros hemos encontrado sueldos demasiado altos por un lado, y sueldos demasiado bajos por otro lado. Los sueldos demasiado altos eran los menos, los sueldos demasiado bajos son los más. Ahora bien, ¿qué sucede cuando en un país como el nuestro 50, 70, 80 ó 100 familias disponen de 2,000 pesos mensuales, de 1,500 pesos mensuales, de 1,000 pesos mensuales, mientras la gran mayoría no dispone sino de 70?; pues sucede que esas 70, 80 ó 100 que reciben desde 1,000 hasta 2,000 pesos mensuales encarecen los demás.

Por ejemplo, la presencia en la capital de la República de 80 ó 100 familiares que han estado recibiendo en el último año de 2,000 pesos para arriba en puestos del gobierno y de las entidades autónomas ha encarecido enormemente el alquiler en este país, porque si una persona gana 2,000 pesos necesita una casa, y está en condiciones de dar los 500, ¿por qué otro dueño de otra casa, un poco peor que la que se alquiló en 500 pesos, va a alquilarla por menos de 450 pesos si ha visto que a su amigo, o a su vecino, o a su conocido le han pagado 500 pesos por una casa que tiene tres habitaciones?, ¿por qué no va él a pedir 450 pesos por una casa que tiene dos habitaciones? Lo pide, y aparece otra persona que gana más de 2,000 pesos que también paga esos 450 porque necesita la casa. Es decir, los que reciben más dinero son los que encarecen la vida, y en el gobierno había muchas personas que ganaban demasiado dinero.

Para rebajar el presupuesto, nosotros hemos tomado en cuenta estos factores. En primer lugar, no cancelar puestos, sino los indeseables. Dejar el mayor número de gente trabajando. En segundo lugar, rebajar los sueldos superiores a 500 pesos. El sábado nos dedicamos a la tarea de rebajar esos sueldos superiores a los 500 pesos, junto con el ministro de Finanzas y el director de Presupuesto. Y hoy tenemos aquí el decreto, mediante el cual se obtiene una rebaja de 187,145 pesos mensuales, solo en esos puestos superiores a 500 pesos.

Rebajas y supresiones

Comenzamos nosotros mismos por rebajarnos nuestro sueldo. De ahora en adelante el Presidente de la República ganará mil quinientos pesos, los secretarios de Estado ganarán mil pesos en vez de dos mil; los subsecretarios de Estado ganarán 700 pesos en vez de 800 pesos. Observen ustedes que antes el secretario de Estado ganaba dos mil pesos y el subsecretario ochocientos, es decir que había entre el secretario y el subsecretario una diferencia de mil doscientos pesos a favor del secretario de Estado, y que ahora el secretario de Estado gana mil pesos y el subsecretario setecientos, de manera que hay sólo una diferencia de trescientos pesos a favor del Secretario de Estado.


Hemos suprimido muchos cargos innecesarios y lujosamente pagados que no tenían razón de ser. El decreto es largo y probablemente la mayoría de ustedes lo verán publicado mañana en la prensa si es que hay tiempo de que aparezca mañana. Pero queremos decir que las rebajas por cargos suprimidos, por cargos innecesarios, en el Poder Ejecutivo, en la secretaría de Estado de la Presidencia, en la secretaría de Estado de Finanzas, en la secretaría de Estado de Agricultura, en la secretaría de Estado de Salud y Previsión Social, en la secretaría de Estado de Administración, Control y Recuperación de Bienes, en la secretaría de Estado de Relaciones Exteriores, incluyendo las embajadas y los consulados alcanzan a RD$65,740; que la rebaja de sueldos y gastos alcanza a RD$107,185; que RD$3,800 se refieren a jubilaciones que fueron concedidas entre el ocho de noviembre y el 21 de febrero por Decreto, porque hay algunas que son por ley y esas no fueron rebajadas, y RD$420 a rebajas de una jubilación (que hacen en total RD$4,220 por jubilaciones).

En el artículo cuatro del Decreto que dice que las economías obtenidas en los gastos públicos a partir del presente decreto, y que ascienden a RD$177,145 mensuales, estarán disponibles en sus respectivas apropiaciones de gastos para ser utilizadas en su oportunidad mediante leyes de transferencia en aquellos servicios públicos de alto interés nacional que carezcan de recursos. Queremos informar al pueblo que esta rebaja es la primera pero no la última, vamos a ir gradualmente rebajando los altos sueldos y especialmente los gastos innecesarios, no solamente en los grandes gastos sino también en los pequeños gastos. Por ejemplo nuestro pueblo no tiene una idea de cuánto gasta el gobierno en hojas de papel timbrado que se usan todos los días en las oficinas como vasitos para tomar agua, hemos ordenado a todos los secretarios de Estado que pidan a los empleados públicos llevar cada uno un vaso de su propiedad para tomar agua.

No se imaginan ustedes cuánto se gasta en las cinco o seis hojas para hacer borradores y además en las hojas de papel carbón que se usan para hacer borradores en maquinilla; no se imaginan cuánto papel de más se gasta por hacer oficios a dos espacios en vez de hacerlo a un espacio. Al final de año esos gastos suman muchos miles de pesos y generalmente son dólares, dólares porque el papel carbón y el papel de carta y el papel de copia se compra en el extranjero, son dólares que nosotros necesitamos para comprar artículos de los que el pueblo consume.

El pueblo no puede darse cuenta de cuánto se gasta por ejemplo en la reparación de su automóvil, según los informes que se me han dado, solamente la Presidencia gastó el año pasado más de cien mil pesos en reparaciones de automóviles. Desde hace unos días los altos funcionarios del Gobierno usan placa privada, no placa oficial, el Presidente de la República usa placa privada, porque hay que pagarle los impuestos al Estado. El hecho de ser Presidente de la República o secretario de Estado no da privilegios para no pagar impuestos. Todos tenemos que pagar impuestos, porque todos tenemos que mantener a este gobierno funcionando, trabajando para la defensa del pueblo.

Hemos ordenado un inventario en cada una de las secretarías de Estado. Estos inventarios no se han podido hacer. Todavía nadie sabe en el gobierno cuáles son los bienes del gobierno, todavía no ha sido posible saber de cuántos automóviles dispone el gobierno, y en qué manos están; todavía no ha sido posible saber siquiera de cuántas tierras dispone el gobierno y en qué manos están. Se ignoran incluso cuáles son los muebles en cada oficina propiedad del gobierno, cuáles están en uso en las oficinas y cuáles están fuera de las oficinas. Todo eso se aclarará debidamente y estamos trabajando día y noche para lograr hacer un inventario de los bienes del país. Cuando se publique el decreto, que es demasiado largo para que yo pueda leérselo por radio, sobre supresión de cargos inútiles y rebajas en los sueldos, el país se asombrará de la cantidad de puestos inútiles y de los altos salarios, de los altos sueldos que se estaban pagando.

El caso universitario

Todavía no hemos hecho economía, sino en las secretarías de Estado, pronto empezaremos a hacer economías en los departamentos autónomos, en las empresas donde por lo visto el ejemplo de sueldos de miles de pesos que dio el gobierno se sirvió con notable entusiasmo. Ustedes conocen el caso de la Universidad Autónoma de Santo Domingo donde algunos profesores se han puesto sueldos superiores a dos mil quinientos pesos. La Universidad Autónoma de Santo Domingo tiene en el presupuesto actual ocho millones de pesos, esos ocho millones de pesos no son necesarios. Con tres millones de pesos la Universidad puede mantenerse.

Las autonomías en general han sido usadas para que los beneficiarios de ellas se pongan a sí mismos altos salarios, altos sueldos. Mientras tanto los empleados de setenta pesos y de menos de setenta pesos no han conseguido mejoría en su situación. No podemos permitir que eso continúe. La Universidad de Santo Domingo está produciendo escándalo no solamente en nuestro país sino fuera de nuestro país. No se puede concebir en ninguna parte que un alto centro de estudios aproveche la autonomía que se le ha dado con fines de que se supere -culturalmente-, se organice, se discipline, para establecer privilegios a favor de unos cuantos. Por tanto, he dado las órdenes del caso para que no se sitúe más dinero en favor de la Universidad Autónoma de Santo Domingo. Y lo hago cumpliendo con el artículo 55 de la Constitución de la República que me obliga a velar por la buena inversión de los fondos públicos. Esperamos que la propia Universidad resuelva sus problemas o que ellos sean resueltos mediante ley del Congreso en armonía con los estudiantes y los profesores universitarios que protestan del uso indebido que se ha hecho de la autonomía universitaria, pero mientras tanto informamos al país que sólo los empleados administrativos y de sueldos bajos de la Universidad recibirán sus cheques mensuales, porque no podemos admitir que el pueblo de la República Dominicana trabaje para pagar sueldos lujosos de catedráticos, ni para pagar sueldos lujosos de funcionarios públicos de ninguna naturaleza, de ningún género.

No es posible que unos pocos se beneficien de lo que es de todos, mientras la gran mayoría sufre a causa de esos privilegios que tienen esos pocos. Nuestra faena es larga, nuestro trabajo va a ser pesado y desagradable, vamos a herir muchos intereses particulares, pero estamos aquí para defender el interés general de la nación, el interés general del pueblo. Para eso hemos sido elegidos y este deber lo cumpliremos hasta el último momento. Nuestra aspiración es equilibrar el Presupuesto de tal manera que podamos mejorar lo antes posible los sueldos de los que ganan menos, todavía por hoy eso no es posible, pero los funcionarios públicos de pequeños sueldos pueden descansar tranquilos, primero porque no serán removidos de sus cargos y segundo porque tan pronto esté terminada esta tarea de liberación del Presupuesto, esta tarea de economía necesaria para el país, procederemos a mejorar su situación en la medida de lo posible.

Es muy probable que en estos próximos días tengamos que dirigirnos a ustedes, con más frecuencia de lo que hemos hecho en los últimos tiempos y ojalá podamos instaurar la costumbre de hablar todos los días al pueblo. Por ahora nos espera nuestra labor que no termina aunque caiga la noche.

Hasta pronto, dominicanos, si Dios quiere.

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La ocupación francesa

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Breve historia de la fundación del PLD
Juan Bosch

El Partido de la Liberación Dominicana empezó a ser concebido, aunque todavía sin nombre, cuando el autor de estas páginas era aún presidente del PRD, el único presidente que tuvo ese partido hasta el 18 de noviembre de 1973, día en que presenté renuncia, no ya a la presidencia de tal organización sino a la condición de perredeísta. A la presidencia había renunciado antes, pero esa renuncia no fue aceptada y tuve que seguir con la pesada carga que conllevaba, al menos para mí, la dirección de un partido que para la mayoría de sus miembros —y eran varios cientos de millares— significaba no un conglomerado político destinado a resolver los problemas del pueblo dominicano sino una organización humanitaria que debía proporcionarles a sus afiliados medicinas y médicos cuando ellos o sus familiares enfermaban, ataúdes y entierros cuando morían, dinero para pagar la renta de la casa si estaban desempleados; eso, en cuanto a lo que pensaban y creían las masas perredeístas, que en cuanto a sus dirigentes en varios niveles, la mayor parte de ellos perseguían fines individuales en dinero y en ascensos económicos y sociales obtenidos a través de cargos públicos o de tráfico de influencias cuando el partido conquistara el poder del Estado.

El proceso de concebir y formar un partido distinto al PRD fue largo y debía iniciarse en la práctica con una selección de los perredeístas que tuvieran sensibilidad social en el grado necesario para luchar, no con el propósito de alcanzar posiciones personales sino para sacar a las grandes masas del pueblo de la situación de miseria, ignorancia y atraso general en que vivían –y siguen viviendo-, y el punto clave de ese proceso estaba en la respuesta a la pregunta de cómo hacer esa selección; qué métodos seguir para llevarla a cabo de tal manera que se hiciera con base en juicios objetivos.

La respuesta apareció cuando a fines del año 1969, estando en París, fueron concebidos en conjunto los círculos de estudios y el material para esos círculos. En esos días yo había empezado a leer a Marx y Engels, pero no tenía idea de que Lenin había creado círculos de estudios marxistas, esto es, círculos en los cuales grupos de obreros rusos estudiaban las obras de Marx. Lo que yo planeaba no era eso; era formar dentro del PRD grupos que estudiaran la historia nacional expuesta desde el punto de vista del materialismo histórico y por tanto de la lucha de clases, para lo cual contaba con un antecedente, el libro Composición Social Dominicana que todavía no se había publicado pero estaba escrito desde el mes de noviembre del año anterior —1968—. El primer folleto destinado a los círculos fue redactado al comenzar el mes de agosto de 1970 y en él explicaba la división de clases en el país a partir de la conquista española; el segundo estaba dedicado a estudiar qué cosa eran las relaciones de producción para determinar a qué clase pertenecía una persona dada; el tema del tercero era la formación de la burguesía a nivel mundial. En total, esos folletos fueron diez, el último de los cuales fue escrito en agosto de 1972.

Líneas Políticas Distintas

Los círculos, que al quedar fundado el PLD iban a llamarse Círculos de Estudios —así, con mayúsculas—, comenzaron a ser organizados en el PRD a fines de 1970 pero en número muy pequeño, y al mismo tiempo empezó a funcionar uno de alto nivel, en el que tomaban parte un grupo de dirigentes del mismo partido seleccionados personalmente por mí entre aquellos a quienes les atribuía condiciones de inteligencia, cultura, honestidad en la lucha política y patriotismo suficientes para encabezar el nuevo partido cuando llegara el momento de abandonar el PRD, y debo decir que no todos ellos pasaron al PLD y que entre los que pasaron al PLD fueron pocos los que se mantuvieron en él. Mientras tanto, en las bases perredeístas la selección de los que debían acompañarnos en el nuevo partido iba produciéndose de manera natural, sin saltos, al compás del desarrollo de los círculos. Los mejores hombres y mujeres de los que formaban esos círculos de las bases del PRD sobresalían entre sus compañeros del partido debido a las transformaciones que iban operándose en ellos, cuyos efectos se podían apreciar de manera objetiva.

Unos y otros, ellos y nosotros, estábamos avanzando en ese proceso, cuyo destino final no conocía ninguno de los que participaban en él, cuando al comenzar el mes de febrero de 1973 llegó al país, a la cabeza de un pequeño número de guerrilleros, el coronel Francisco Alberto Caamaño, que había sido el jefe militar de la Revolución de 1965, y el día 5 de ese mes comenzó una persecución policial que llevó a la clandestinidad, por un lado, al autor de esta breve historia de la fundación del PLD, y por el otro, al secretario general del PRD, pero debo advertir que no fuimos a la clandestinidad juntos aunque sí al mismo tiempo, y que si mantuvimos relaciones mediante correspondencia entre los primeros días de febrero y el mes de mayo, fueron relaciones muy tirantes porque la presencia en el país de la guerrilla del coronel Caamaño fue un detonante que iba a sacar a la superficie las distintas líneas políticas que seguíamos el secretario general del PRD y yo, que era su presidente.

Desde mí vuelta al país tras haber pasado más de tres años en Europa me enfrenté al desorden y a la confusión ideológica que hacían estragos en el PRD. Al mismo tiempo, su secretario general actuaba como un maoísta convencido y agente dentro del partido de la tesis de golpe de Estado revolucionario que mantenía el MPD y como partidario del socialismo democrático, que para él estaba personificado en esos días en el Partido Socialdemócrata de Suecia, pero también era un ferviente propagandista de lo que él llamaba “los liberales de Washington”, esto es, del grupo del Partido Demócrata encabezado por Edward Kennedy, William Fulbright, Hubert H. Humphrey, de los cuales decía el secretario general perredeísta que “… en un país tan dominado por los Estados Unidos como la República Dominicana, Frank Church o William Fulbright resultaban aliados mucho más efectivos que Fidel Castro o Mao Tse Tung”, y a seguidas daba como argumento válido para mantener esa posición que lo decía “porque un pronunciamiento de estas grandes figuras de la revolución mundial en nuestro favor es usado como pretexto por los reaccionarios dominicanos para justificar la represión de los revolucionarios”; y naturalmente, si se lleva ese argumento hasta sus últimas consecuencias hay que convenir en que para la humanidad habría sido muy provechoso que nunca hubieran nacido ni Carlos Marx ni Federico Engels ni Vladimir Lenin ni Mao Tse Tung ni Ho Chi Minh ni Fidel Castro, porque las revoluciones qué ellos propagaron o dirigieron costaron millones de vidas de revolucionarios y de no revolucionarios de varios países.

Las Ideas Propias

Ese criterio del secretario general del PRD apareció en un artículo titulado 'Mis Relaciones con Caamaño' publicado en el penúltimo número de la revista Política: Teoría y Acción, que había empezado a salir en el mes de mayo de 1972 y se mantuvo saliendo hasta el número correspondiente a abril de 1973, si bien ése pudo circular en junio, pues dada la escasez de miembros del PRD capacitados para dirigir una publicación de su tipo, era imposible hacerla desde la clandestinidad en que me hallaba; y he dedicado este párrafo a la revista Política: Teoría y Acción, que tenía el carácter de órgano de difusión teórica del PRD, por dos razones; la primera de ellas, para llamar la atención hacia el hecho de que en sus 12 números, cada uno presentado en volúmenes de 100 páginas, sólo apareció un artículo del secretario general, y eso, debido a que se lo pedí y le señalé el tema sabiendo, como sabía, que él iba a aprovechar la ocasión para hablar de sí mismo, cosa que nunca dejó de hacer cuando se le presentaba la oportunidad de hablar o escribir para consumo público.

Quien lea hoy la colección de los 12 ejemplares de Política: Teoría y Acción que se publicaron en ésa su primera etapa, si lo hace ejerciendo alguna capacidad de análisis, se dará cuenta, sin mucho esfuerzo, de que lo que se decía en esa revista no expresaba ni de lejos las aspiraciones o las ideas del perredeísmo, y eso tiene su explicación: era que la revista se hacía con el fin de alimentar teóricamente a los perredeístas que tuvieran las condiciones indispensables para pasar al nuevo partido cuando llegara la hora de la división

El PRD no era una organización política como la necesitaba el país; era un agrupamiento de hombres y mujeres la mayoría de los cuales perseguían fines suyos y nada más. En el artículo del secretario general de ese partido a que me he referido antes, que apareció en Política: Teoría y Acción —el número 11, correspondiente al mes de marzo de 1973— hallamos palabras que son una confesión en gran medida ingenua, puesto que fue dicha de manera espontánea; son estas: “Dentro del PRD tenía mis ideas propias sobre la revolución y he tenido una concepción propia sobre la política de aliados en el campo internacional”.

Esas palabras reflejaban la actitud del perredeísmo. En el PRD quien tenía “ideas propias” sobre los problemas nacionales o internacionales, y esas “ideas propias” expresaban a su vez aspiraciones muy personales: de sus autores, unos aspiraban a hacerse ricos al favor del poder político cuando el PRD llegara a gobernar; otros buscaban desesperadamente notoriedad que les significara ascensos sociales, y ser amigo conocido de Edward Kennedy y sus compartes proporcionaba una fuerte carga de notoriedad en un pequeño país del Tercer Mundo como es la República Dominicana.

Con un partido cuyo secretario general pensaba de tal manera no se podía ir a ninguna parte porque ese secretario general representaba cabalmente a la gran mayoría de los perredeístas; él era un bajo pequeño burgués de origen muy pobre que estaba impulsado por una vehemente necesidad de trepar hacia las alturas en que se hallaban las personas importantes del país, y la gran masa de seguidores del partido eran miembros de su misma capa social y tenían las mismas aspiraciones que él. Un año después, el 16 de mayo de 1974, iban a celebrarse elecciones y sin ninguna duda yo sería escogido por el PRD candidato a la Presidencia de la República, ¿pero qué podía hacer yo, si resultaba elegido presidente, con una base política tan pobre, compuesta de hombres y mujeres que carecían en absoluto de capacidad para ejecutar planes de gobierno pero tenían en abundancia los deseos y las dotes necesarias para usar el poder político en actividades de provecho personal?

No Había Clase Obrera

Cuando terminó la clandestinidad ya el secretario general del PRD había pasado a ser, como dijo él mismo, “un astro con luz propia”, aunque lo cierto es que esa luz le llegaba del Sol norteamericano, desde donde recibía todo el apoyo necesario para imponer en el partido la línea política que había expuesto en la revista Política: Teoría y Acción en la frase dedicada a los “liberales de Washington”. Antes de salir a la luz pública, es decir, mientras se hallaba en la clandestinidad, el secretario general perredeísta mantenía correspondencia con sus amigos de Estados Unidos, pero además había recibido en el lugar donde se hallaba oculto a uno de esos amigos a quien se abrazó desesperadamente cuando ese amigo lo visitó a solicitud suya.

Una vez en la vida pública, la actitud del secretario general del PRD fue de ruptura conmigo, expuesta abiertamente y a veces con insolencia, hasta que el día 18 de noviembre —1973— decidí que había llegado el momento de abandonar el PRD para dedicarme a fundar un partido nuevo, que fuera nuevo en todo aunque las personas que debían formarlo en sus primeros tiempos procedieran del PRD. Ahora bien, crear un partido que fuera nuevo en todo basando su militancia en las diferentes capas de la pequeña burguesía, ¿no sería reproducir el PRD?

Eso creyeron algunos de los fundadores del PLD, pero con una modificación: el PLD debía ser un PRD de gente nueva, y detrás del líder que abandonaba al PRD se irían las masas perredeístas. La demostración de que las masas perredeístas no seguían al PLD fue lo que en realidad impulsó a los seguidores del primer secretario general del PLD a abandonar las filas del Partido; y lo que los convenció de eso fueron las elecciones de 1978. Un grupo pequeño de miembros del Partido que desertaron de él casi al mismo tiempo que los seguidores del secretario general lo hicieron porque creyeron que la defección del Dr. Antonio Abreu y sus secuaces era producto de una lucha de personalismos, pero lo cierto fue que el Dr. Abreu y sus parciales habían pasado del PRD al PLD convencidos de que el PLD era un PRD visto desde el ángulo de la cantidad de masas que seguirían al líder renunciante del PRD, y cuando se dieron cuenta de que no había sucedido lo que ellos pensaban abandonaron el PLD.

Si el desprendimiento del PRD pasaba a ser una reproducción del PRD nuestra salida del PRD no tendría ninguna justificación. Lo que teníamos que hacer los que habíamos abandonado el PRD era construir un partido nuevo, pero como dije ya, nuevo en todos los aspectos. Ahora bien, ¿cómo hacerlo en un país donde el escaso desarrollo económico se reflejaba en un escaso desarrollo social que a su vez se manifestaba en una proliferación asombrosa de pequeños burgueses de todas las capas?

Había una sola manera de crear el partido nuevo que la historia dominicana demandaba, y era formando un tipo de organización que impidiera, por la sola virtud de su existencia, que los vicios propios de la pequeña burguesía florecieran dentro del partido con el vigor con que florecían en la sociedad. Forzosamente, el partido tenía que hacerse con un material humano muy frágil, y ése era la pequeña burguesía porque en el país no había una clase obrera capaz de organizarse...

Apareció la Fórmula

En las capas de la pequeña burguesía, y no sólo en la República Dominicana sino en cualquier país capitalista, sobre todo si es del Tercer Mundo, hay un tanto por ciento apreciable de hombres y mujeres de inclinaciones revolucionarias y por tanto partidarios del progreso social y político, pero la práctica diaria de sus vidas forma en la mayor parte de ellos hábitos que les impiden desarrollar esas inclinaciones y con frecuencia tales hábitos se convierten en una segunda naturaleza destructora de las tendencias progresistas. El peor de esos hábitos es el de la competencia porque hace de cada pequeño burgués un ser solitario en lucha contra todas aquellas personas en quienes ve competidores.

Un buen ejemplo del pequeño burgués competitivo es el artesano, y lo es cuanto más domina su oficio. El artesano tiene, por imposición de sus condiciones materiales de existencia, el hábito de trabajar él, y nadie más que él, una obra cualquiera en todas sus etapas, y ello produce efectos mentales y sicológicos de aislamiento tan fuertes que el que los sufre acaba siendo, primero, un solitario desde el punto de vista productivo, y después un competidor en todo lo que haga, y en ese camino llega a tales extremos que si no avanza hacia el nivel de los burgueses —la gran aspiración de todos los pequeños burgueses no revolucionarios—, en su empeño de sobrepasar a cuantos hagan el mismo tipo de artículos que él hace, alcanzará extremos de maestría en su oficio.

En oposición al caso del artesano, el obrero puro, es decir, el obrero fabril o industrial, es producto de condiciones materiales de existencia que van formándolo minuto a minuto y día a día como miembro de una asociación humana en la que nadie ejecuta por sí solo todas las etapas que hay que llenar para terminar una pieza de las máquinas que se fabrican en la planta en que él labora o la totalidad de las partes que forman un zapato si el establecimiento en que él sirve hace zapatos. No importa cuál sea la mercancía que produzca una instalación industrial, lo que se hace en ella se fabrica por partes, de manera que el obrero Luis Jiménez hace una parte del zapato, José García hace otra parte y Ramón Núñez hace otra, y todas esas partes son ensambladas en la etapa final de la producción por varios compañeros que trabajan en otro departamento. Esa es la razón de que el obrero no desarrolle una propensión a la competencia, porque la forma de producción en la cual toma parte se refleja en su conducta a tal punto que el obrero no concibe la vida como un ejercicio permanente de competencia contra los demás seres humanos, y es que el hombre —ya lo dijo Marx— es hecho por su trabajo en la misma medida en que él hace ese trabajo.

He usado muchas palabras para explicar la fragilidad del material humano pequeño burgués cuando se trata de organizarlo en un partido como el PLD para que el lector comprenda qué difícil era hallar en el PRD candidatos a miembros del nuevo partido pues lo que se requería era dar con pequeños burgueses capaces de luchar contra los vicios propios de su capa social, y para crear la atmósfera apropiada a la lucha contra esos vicios había que inventar un tipo de organización especialmente montada tomando en cuenta la naturaleza social de los que iban a formarla; pero buscando y rebuscando en el fondo de la mente apareció la fórmula, y fue esta: en oposición al PRD, que era un partido de personas dedicadas a competir entre sí, el partido nuevo debía organizarse a base de organismos, no de individuos, y para modelar a los candidatos a ser miembros de esos organismos había que crear los círculos de estudios en los cuales esos candidatos estudiaran y trabajaran en tareas políticas. Por esa razón los círculos de estudios empezaron a ser formados en 1970 y el nuevo partido se formaría tres años después.

La Conferencia Salvador Allende

Ya lo dije antes: la salida del PRD de los que iban a fundar el PLD tuvo lugar el 18 de noviembre de 1973 y la fundación del Partido se llevó a cabo el 15 de diciembre de ese año, día en que se reunió el congreso fundador bautizado con el nombre de Juan Pablo Duarte, y para esa fecha ya el pueblo se dedicaba, como sucede todos los años a celebrar las festividades de Noche Buena y Año Nuevo, de manera que lo que hicimos en el resto del mes de diciembre y en la primera mitad de enero de 1974 fue muy poco cosa, ya partir de mediados de enero hasta fines de abril el trabajo que llevamos a cabo los peledeistas se limitó a tareas organizativas y a preparar la Conferencia Salvador Allende, que celebramos en la primera quincena de mayo. En esa conferencia discutieron dos temas: la creación de métodos de trabajo del PLD y la de sus estructuras orgánicas, dos aspectos de la vida del Partido que estaban llamados a jugar un papel muy importante en su porvenir inmediato.

Hay quienes creen que la unidad de los miembros de un partido viene dada por su ideología. Sin duda ése es un factor muy importante en el mantenimiento de la unidad pero no es decisivo. Por ejemplo, del marxismo salió la socialdemocracia y de esta la socialdemocracia reformista de Berenstein, la socialdemocracia bolchevique, que acabaría llamándose marxismo-leninismo, y la menchevique, el trotskismo, el maoísmo, el titoísmo, el albanismo, y por último el eurocomunismo, que rechaza la dictadura del proletariado, principio clave del marxismo según lo entendía Lenin.

Es muy difícil mantener unidas a personas que ejecutando una misma tarea la hagan de manera diferente aunque su ideología política o religiosa o de cualquier otro tipo sea común para todas ellas; y como yo sabía eso, porque lo había observado en mis estudios de la historia humana, y como además tenía la experiencia de lo que pasaba en el PRD, donde la falta de métodos de trabajo había sido sustituida con un desorden permanente y colosal, propuse en la Conferencia Salvador Allende que se crearan métodos de trabajo para el PLD que estuvieran basados en un principio que debía practicarse en todos los casos: el de partir de lo particular hacia lo general para volver de lo general a lo particular, lo que significaba que los métodos adoptados serían seguidos por todos los niveles del Partido pero también por todos los organismos peledeístas a lo largo del o de los territorios donde se hallara o hallaran.

Contando con la ideología nada más es muy difícil mantener unidos a los hombres y las mujeres que se organizan para un fin dado; es necesario sumarle a la sustancia unificadora de tipo ideológico la aplicación de métodos propios en la realización de las tareas que son comunes a todos los miembros de la organización. A lo largo de la historia, por lo menos de la historia que conocemos como propia, que es la de los pueblos europeos y la de los de América a partir de la Conquista, hallamos que los ejércitos, las religiones, o mejor sería decir los sacerdocios religiosos, las profesiones y los oficios; la mayoría de las actividades sociales, en fin, siguen métodos que crean vínculos muy fuertes entre aquellos que los practican, esto es, entre aquellos que son compañeros de ideas y de trabajo.

En cuanto a las estructuras orgánicas, la Conferencia Salvador Allende terminó con estas palabras, que me tocó decir: “…las otras ideas generales que se han expuesto (aquí) pueden proporcionar algún tipo de reforma de las estructuras orgánicas, pero partiendo del principio de que las estructuras orgánicas que nos demos ahora deben ser consideradas como pasajeras porque solamente la práctica diaria nos dirá si esas estructuras serán buenas o serán malas…”. A partir de ese momento —11 de mayo de 1974— comenzó la construcción del Partido de la Liberación Dominicana, una etapa diferente a la de su fundación, porque una cosa es sembrar la semilla de un árbol y otra es proporcionarle al nacer, cuando todavía está a pulgadas de altura de la tierra, los elementos nutritivos que necesita para convertirse en lo que deberá ser.

El PLD ha llegado a sus diez años de vida con el vigor de un árbol sano y de su décimo aniversario en adelante le toca una tarea gigantesca que deberá cumplir si aspira a tener un puesto en la historia del país y de América.

15 de diciembre de 1983.-

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La Revolución Haitiana

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La muerte de Trujillo: secreto develado

Juan Bosch

El 28 de marzo de este año se celebró en el Museo Nacional de Historia y Geografía una mesa redonda dedicada a analizar, mediante testimonios de personas que de manera directa o indirecta estuvieron envueltas en la conjura organizada para dar muerte a Rafael Leónidas Trujillo, los informes que aparecen en un libro de reciente publicación según los cuales el Gobierno de Estados Unidos, concretamente en los años en que fue presidido por Dwight Eisenhower y John F. Kennedy, tomó parte en esa conjura proporcionándoles a sus jefes armas y apoyo político.

El libro se había puesto en circulación pocos días antes; su título es Los Estados Unidos en el Derrocamiento de Trujillo, obra de Víctor Grimaldi, un periodista joven que sabe distinguir cuándo una noticia tiene valor aunque sea servida al público muchos años después de haber sucedido el hecho descrito en ella. Pero además de tener esa capacidad Grimaldi es intelectual y personalmente serio, como lo demuestra el hecho de que su libro provocara la mesa redonda a que se refiere el párrafo anterior de estas líneas.

En la mesa redonda del 28 de marzo participaron los historiadores Euclides Gutiérrez y Emilio Cordero Michel, que no fueron miembros del grupo de los conjurados aunque uno de ellos, Euclides Gutiérrez, conoció de manera directa muchos detalles de otros planes destinados a matar a Trujillo y los expuso en la mesa redonda, y por su parte, Emilio Cordero Michel había seguido con interés profesional, pero también por razones políticas honorables, todo aquello que se había dicho con anterioridad acerca de las actividades llevadas a cabo por los conjurados.

De lo que dijo Euclides Gutiérrez surge una constelación de anticipaciones de la conjura, de manera que, cuando se pasa a leer lo que contaron en la mesa redonda Manuel de Ovín Filpo y Miguel Ángel Bissié, el lector está preparado para oír la historia de lo que sucedió el 30 de mayo de 1961 porque sabe que el propósito de matar a Trujillo databa de varios años; lo que no se sabía de manera detallada era lo que vino a revelar el libro de Víctor Grimaldi, confirmando por los testimonios de Manuel de Ovín Filpo y Miguel Ángel Bissié: que los gobiernos de Eisenhower y Kennedy participaron en la conjura.

De Ovín Filpo contó en la mesa redonda que en enero de 1960 le oyó decir al general Juan Tomás Díaz: “Yo he hecho contacto con la Embajada Americana y me han prometido que están dispuestos a ayudarnos en todo cuanto sea necesario”.

Ni De Ovín Filpo ni Bissié se refirieron al coronel Reed, sobre cuyas actividades antitrujillistas escribí en la revista ¡Ahora! en julio de 1969, y de quien he venido a saber ahora que se llamaba Lear B. Reed y vino al país en 1958 como jefe de Estación de la CIA. Cordero Michel no lo menciona cuando se refiere al plan de matar a Trujillo mientras estuviera en el Hipódromo Perla Antillana, “al que asistía regularmente”, dice él, y explica que quien se propuso llevar a cabo esa acción fue Antonio de la Maza, que “se planteó eliminarlo en el Hipódromo… al que (Trujillo) asistía regularmente, y para ello se solicitaron los fusiles con mirillas telescópicas; (pero) Trujillo misteriosamente dejó de asistir a las carreras de caballo y hubo que buscarse otra posibilidad”.

He aquí como contaba yo en el 1969 ese episodio: “El encargado de realizar ese trabajo fue un coronel retirado de apellido Reed, quien llegó a Santo Domingo y se puso en contacto con algunos comerciantes importadores de artículos norteamericanos e ingleses. A través de uno de esos comerciantes, Reed alquiló una casa en las vecindades del Hipódromo Perla Antillana; desde esa casa se dominaba el palco donde se sentaba Trujillo cuando iba a presenciar alguna carrera. En esa ocasión el dictador iba a ser cazado con un rifle de mira telescópica, pero el plan fracasó porque Trujillo dejó de ir al hipódromo”.

El comerciante que gestionó el alquiler de la casa desde cual iba a dispararse contra Trujillo fue Antonio Martínez Francisco. Martínez Francisco me contó ese episodio al que nadie se refirió en la mesa redonda celebrada en el Museo de Historia Nacional y Geografía, y además me dijo que él, actuando a nombre de Reed, habló con el general Rodríguez Reyes para que este encabezara un complot cuyos fines serían dar muerte a Trujillo. El general Rodríguez Reyes no aceptó participar en un plan de esa naturaleza y Reed y sus amigos dominicanos temieron que Rodríguez Reyes los denunciara, pero no sucedió así. Rodríguez Reyes iba a morir dos años después sin haber mencionado nunca el plan que le propuso Martínez Francisco.

Los trabajos de Reed en la República Dominicana se prolongaron hasta muy avanzado el año 1960. En ese tiempo el coronel retirado norteamericano conoció a mucha gente, y de una manera o de otra fue conectando a esa gente, de modo que cuando salió del país ya estaba prácticamente formado el núcleo de lo que iba a ser el sector llamado a dirigir a la oligarquía nacional en el campo político. Lo que podríamos llamar ‘el plan Reed’ operaba a favor de una ola antitrujillista que estaba siendo estimulada por la crisis económica que se había desatado en los Estados Unidos en 1957, se había profundizado en Santo Domingo debido a los gastos suntuosos de la Feria de la Paz y se agravó a causa del bloqueo del régimen trujillista acordado en San José de Costa Rica en agosto de 1960. En el orden político la crisis se manifestaba al nivel de todas las capas sociales. La juventud de la mediana y la alta pequeña burguesía, impresionada por el asesinato de los invasores del 14 de junio, se organizaba clandestinamente, la escasa burguesía nacional estaba asustada por la magnitud de la crisis económica; los obreros y los campesinos pobres sufrían por la falta de trabajo y el encarecimiento de la vida; una parte de la baja pequeña burguesía y del proletariado de las ciudades comenzó a ser organizada por los líderes del MPD, que habían llegado de Cuba. Trujillo reaccionó con violencia ante esa ola de actividades contra su régimen que se extendía por todo el país, mató a centenares de luchadores, entre ellos a las hermanas Mirabal; llenó de presos la cárcel de La Victoria, inició la persecución del sacerdocio católico; apretó de manera despiadada las tuercas de su régimen, cuya estabilidad confió a la maquinaria de terror que dirigía Johnny Abbes García.

El coronel Reed se fue del país, y al mismo tiempo que él se fue a los Estados Unidos algunos de los oligarcas que habían estado trabajando con él. Pero el plan norteamericano no quedó abandonado. La Radio Swan fue puesta a la orden de algunos dominicanos; periódicos y revistas de Norteamérica recibieron instrucciones de destacar las noticias desfavorables a Trujillo; algunos jóvenes de los que trabajaban en Santo Domingo contra Trujillo fueron protegidos por funcionarios consulares de Estados Unidos y sacados del país cuando se tuvieron pruebas de que Abbes García había ordenado su detención… Esta situación duró, por lo menos, hasta el día en que el Gobierno norteamericano abandonó completamente el plan de organizar el asesinato de Trujillo.

Ese abandono se decidió en el Gobierno de John F. Kennedy, que tenía apenas tres meses de establecido cuando el Consulado norteamericano en Santo Domingo recibió las metralletas M-3 calibre 45 (Grease-guns, especifica Cordero Michel), que según el mismo Cordero Michel “fueron recibidas… en Santo Domingo el día 19 de abril y nunca fueron entregadas a los conjurados”.

Naturalmente que no podían ser entregadas a los conjurados. Tres días antes de llegar esas armas al Consulado de los Estados Unidos Fidel Castro había proclamado la victoria de playa Girón y con ella la de la "revolución socialista y democrática de los humildes con los humildes y para los humildes", y al referirse a los bombardeos hechos a las bases aéreas de La Habana, Santiago de Cuba y San Antonio de los Baños, que habían tenido lugar el día 15, el jefe de la Revolución Cubana respondía en ese discurso a los esfuerzos que hacía el embajador norteamericano en las Naciones Unidas, Adlai Stevenson, para presentarlos como hechos por aviadores cubanos diciendo: “¿Quiere el señor Presidente de los Estados Unidos que nadie tenga derecho a llamarlo mentiroso? ¡Presente ante las Naciones Unidas los pilotos y los aviones que dice!…, al Gobierno imperialista de los Estados Unidos no le quedará más remedio que confesar que los aviones eran suyos, que las bombas eran suyas, que las balas eran suyas, que los mercenarios fueron organizados, entrenados y pagados por él, que las bases estaban en Guatemala y que de allí partieron a atacar nuestro territorio, y que los que no fueron derribados fueron allí a salvarse en las costas de los Estados Unidos, donde han recibido albergue”.

Refiriéndose al fracaso padecido en Cuba por el Gobierno de Kennedy, Cordero Michel dijo en la mesa redonda del 28 de marzo que “el Departamento de Estado estaba aterrorizado ante la posibilidad de que la desaparición física de Trujillo creara un vacío de poder”, y explica entre paréntesis que esa era la expresión utilizada por el Departamento de Estado para justificar el hecho de que estando en Santo Domingo las metralletas M-3 calibre 45, se dio la orden de no entregárselas a los conjurados; y lo que había dicho yo en 1969 era lo siguiente: “La invasión de Cuba había terminado en el fracaso de Bahía de Cochinos y era altamente peligroso sumarle a ése un nuevo fracaso en la explosiva zona del Caribe. En el caso de Bahía de Cochinos Kennedy había salvado la cara diciendo que él cargaba con la responsabilidad de los hechos, ¿pero cómo hubiera podido salvarla de nuevo si Trujillo salía inesperadamente diciéndole al mundo que había descubierto un complot para matarlo y presentaba pruebas de que ese complot estaba dirigido desde Washington? ¿No había sido una acción similar —la de que él había tratado de matar a Rómulo Betancourt, presidente de Venezuela— la que se había usado para acordar en la Reunión de Costa Rica el bloqueo de la República Dominicana? Dada la naturaleza policíaca del Gobierno de Trujillo la conjura podía ser descubierta en cualquier momento y la Casa Blanca podía quedar ante el mundo como un nido de mentirosos empedernidos que al mismo tiempo organizaba expediciones contra Fidel Castro porque era comunista y planes de asesinato de Trujillo porque era un fanático anticomunista”.

Naturalmente, al ordenar que no se entregaran las metralletas enviadas al país para que las usaran los conjurados del 30 de mayo, el Departamento de Estado no podía revelar la razón de esa orden, que no estaba justificada porque de los testimonios ofrecidos en la mesa redonda del 28 de marzo surge con meridiana claridad la convicción de que los representantes en el país de la CIA, la Embajada y el Consulado de Estados Unidos y los miembros de la conjura organizada para matar a Trujillo llegaron al acuerdo de que a la muerte del dictador el país pasaría a ser gobernado, y el ejército encabezado, por hombres previamente aceptados por el Gobierno norteamericano.

Es posible que eso no lo supieran todos los conjurados, porque estos no eran sólo los mencionados en la mesa redonda. Había otros cuyos nombres nunca se han dado a la publicidad, como por ejemplo el grupo encargado de darle al país la noticia de la muerte de Trujillo y de la instalación de un nuevo gobierno. En ese grupo, los hermanos Manuel y José Tapia Brea, asistidos por Ángel Severo Cabral, escribieron el manifiesto en que se daría la noticia, y el manifiesto seria leído a través de la estación de radio La Voz Trópico por una de las tres personas señaladas para esa tarea, que eran el Dr. Rafael Acosta García, Carlos Vélez Santana y William Pimentel.

De los que formaban el grupo —esa especie de célula como dijo en la mesa redonda De Ovín Filpo— hay a vivos, y aunque el campo de sus actividades en la conjura era muy limitado, quizá tuvieron conocimiento de detalles que todavía no han salido a la luz, y de ser así, los resultados de la mesa redonda del 28 de marzo habrían sido más amplios para beneficio de la historia del episodio conocido por el Pueblo dominicano con el nombre de la Gesta del 30 de Mayo.

De todos modos, la mesa redonda convocada para analizar el libro de Víctor Grimaldi dejó establecido de manera indudable lo que se había dicho a medias y nunca con base en documentos del Gobierno de Estados Unidos. Ahora, después de esa mesa redonda, a nadie puede quedarle la menor duda de que tal como lo creían algunas personas, el papel de Estados Unidos en la muerte de Rafael Leónidas Trujillo fue decisivo.

Ese papel había sido desde el punto de vista documental un secreto bien guardado, pero el secreto ha sido develado, y a partir de su develamiento a nadie puede quedarle la menor duda de que cuando conviene a sus intereses, Estados Unidos no vacila en matar por razones políticas, y digo matar en frío, no en una guerra, sino en una acción encubierta dirigida a la eliminación física de una persona, un hecho que condenan sus leyes, esas leyes que aplican los jueces norteamericanos a los hombres y las mujeres de su país.

22/28 de mayo, 1985.-

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Carta escrita por Juan Bosch a Salvador Jorge Blanco

Carta escrita por Juan Bosc... by on Scribd

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Salvador Allende en las memorias de Kissinger
Juan Bosch

En el primer tomo —el único publicado hasta ahora— de su libro 'Mis años en la Casa Blanca', Henry Kissinger dedica 31 páginas a contar, a su manera, los acontecimientos de Chile que iban a culminar con el asesinato del presidente Salvador Allende. Esas 31 paginas (653—683) cubren todo un capítulo que su autor título 'El Otoño de las Crisis: Chile', y empiezan refiriéndose a las elecciones del 4 de septiembre de 1970 diciendo que en ellas “Salvador Allende Gossens alcanzó una pluralidad en la elección presidencial… con un pobre 36.2 por ciento del voto popular”.

¿Qué lo llevó a comenzar el capítulo sobre Chile de esa manera?

La intención de impresionar desde el primer momento a sus lectores con el argumento de que la victoria electoral de la Unidad Popular que llevó al poder a Allende no fue legítima porque no fue ganada por más de la mitad de los votos emitidos, lo que nos conduce de la mano a darnos cuenta, desde que leemos las primeras líneas de ese capítulo, de que en lo que se relaciona con Chile el exsecretario de Estado del presidente Nixon no escribió en realidad sus memorias sino su defensa, y lo que se propuso al relatar lo que hizo en el caso chileno fue deformar la verdad a fin de que sus lectores lo absolvieran de los años de sufrimiento y de humillación que sus hechos, y los de su gobierno, provocaron en la patria de Pablo Neruda y Orlando Letelier (Aunque hay una edición en lengua española -'Mis Memorias', Editorial Atlántida, S.A. Buenos Aires, 1979-, el autor ha preferido usar la edición en inglés de 'Little, Brown and Company, Boston', para estar seguro de que la traducción de las ideas y las intenciones de Kissinger no serán desviadas.

Una condena anticipada

Por si el absurdo argumento de la cantidad de votos de la Unidad Popular no bastara, ese abogado de sí mismo que es el señor Kissinger trató de justificar su conducta con Chile alegando que las elecciones chilenas tuvieron efecto “justo cuanto Moscú y El Cairo rechazaban nuestras protestas por las violaciones del cese el fuego del Medio Oriente; Jordania temía un movimiento inminente de las tropas de Iraq contra el rey (Hussein); una fuerza naval soviética se dirigía a Cuba. El 8 de septiembre, día en que un comité de varios departamentos empezó a discutir los acontecimientos de Chile, varios aviones habían sido secuestrados en el Medio Oriente y una flotilla soviética se acercaba al puerto de Cienfuegos. Seis días después, el 14 de septiembre, cuando iba a ser tratado (el caso de) Chile, la situación de Jordania se había deteriorado, y aviones Mig cubanos interceptaron un U-2 que trataba de fotografiar Cienfuegos y la misión (que llevaba) tuvo que ser abandonada. En los días que siguieron nuestro gobierno pondero los sucesos de Chile no en forma aislada sino contra el fondo de la invasión de Jordania por Siria y nuestros esfuerzos para forzar a la Unión Soviética a desmantelar su instalación de servicio nuclear submarina en el Caribe. La reacción (contra Chile) debe ser vista en ese contexto”. (Itálicas mías, J.B.).

¿A quién está dirigida esa amplia e innecesaria explicación, y sobre todo sus últimas palabras?

La respuesta a esa pregunta se percibe en las líneas que siguen en la misma página (654), que son estas: “En cualesquiera circunstancias, la elección de Allende era un desafío a nuestros intereses nacionales. Nosotros no podíamos reconciliarnos fácilmente con (la existencia de) un segundo Estado comunista en el Hemisferio Occidental. Estábamos persuadidos de que pronto (ese Estado) estaría estimulando líneas políticas antiamericanas, atacando la solidaridad hemisférica, haciendo causa común con Cuba, y más temprano o más tarde, estableciendo relaciones estrechas con la Unión Soviética. Lo más doloroso de todo eso era que Allende representaba una rotura de la larga historia democrática de Chile porque él había llegado a la presidencia no mediante una auténtica expresión de la voluntad mayoritaria (del pueblo) sino gracias a que lo favoreció una casualidad del sistema político chileno. Treinta y seis por ciento del voto popular difícilmente podía ser un mandato para (llevar a cabo) la transformación irreversible de las instituciones políticas y económicas de Chile que Allende estaba determinado a efectuar...”.

El jefe de la política exterior de los Estados Unidos, un país que se declaraba a sí mismo como el líder mundial de la democracia representativa, consideraba que ningún país en el mundo podía aceptar como principio democrático —y además, constitucional— que en el caso de que en unas elecciones se presentaran tres candidatos presidenciales las ganara el que obtuviera más del 33.33 por ciento de la votación. Eso no podía suceder. De acuerdo con las leyes de la verdadera, de la auténtica democracia que es nada más una, la que inventaron los autores de la Constitución de los Estados Unidos, sólo son legítimas las elecciones en que dos partidos se disputan el poder. Y sobre todo, era inconcebible e imperdonable que esa violación de los principios que gobiernan el funcionamiento de la democracia capitalista sirviera para llevar al poder a hombres que no fueran sirvientes sumisos de los intereses yanquis. Por tal razón esa parte del capítulo dedicado a Chile en Mis Años en la Casa Blanca terminaba con estas palabras: “Dos administraciones (gobiernos) norteamericanos habían llegado a la misma conclusión. Dos gobiernos habían juzgado que un gobierno de Allende en Chile iría contra los fundamentales intereses nacionales de los Estados Unidos. Nuestra conclusión en 1970 era sustancialmente la misma”. Y como esos dos gobiernos habían sido los de Kennedy y Johnson, y el último había cesado de ser presidente al comenzar el año 1969, tenemos que el gobierno de Allende, que iba a iniciar su mandato a fines de 1970, nació condenado a muerte con una anticipación de por lo menos dos años, y esa condena fue ratificada por Kissinger y Nixon a quienes la humanidad había designado por una mayoría abrumadora de votos para que juzgaran a los gobiernos vivos y muertos del mundo y les aplicaran las sentencias que les parecieran convenientes.

Es indignante leer a Kissinger

Aclaremos, sin embargo, que si a pesar de esa condena anticipada Salvador Allende se hubiera apresurado a enviarles a Kissinger y Nixon un mensaje en el que les asegurara que la Unidad Popular mantendría una política favorable a los intereses nacionales y mundiales de los Estados Unidos, Allende habría sido mantenido en el poder contra viento y marea bajo el argumento de que de acuerdo con la Constitución chilena había obtenido una mayoría legitima de votos sobre sus adversarios; porque así es de arbitraria la posición de los altos funcionarios -de un Estado como el norteamericano- que justifican hasta el crimen basándose en que su deber es defender “los intereses nacionales de los Estados Unidos”, que son únicamente los intereses de una oligarquía de multibillonarios.

Leer después de cerca de siete años del asesinato de Allende lo que ha escrito Kissinger sobre los acontecimientos que iban a desembocar en el crimen del 11 de septiembre de 1973 es algo que deja el ánimo lleno de amargura y de cólera, porque a través de esa lectura se adquiere conciencia clara de que el destino de pueblos como los latinoamericanos depende de hombres asombrosamente ignorantes que manejan poderes enormes concentrados -en aparatos demoledores- cuyos mecanismos ponen en juego sin la menor conciencia de las fuerzas que desatan. Kissinger era un pobre diablo, aprendiz de brujo que ni siquiera se enteraba de por qué actuaba como lo hacía. Dice él (pág. 656): “Lo que nos preocupaba acerca de Allende era su proclamada hostilidad hacia los Estados Unidos y su patente intención de crear en efecto otra Cuba. Era su explícito programa y su claro propósito de largo alcance de establecer una dictadura irreversible y un permanente desafío a nuestra posición en el hemisferio occidental. Y en el mes de Cienfuegos no era absurdo tomar seriamente las implicaciones militares de otro aliado soviético en la América Latina. Nuestra preocupación con Allende estaba basada en la seguridad nacional, no en (asuntos) económicos”. (Itálicas mías, J.B.).

El poder Yanqui y la muerte de Allende. ¿Cómo debemos entender ese párrafo?

Si lo que Kissinger llama preocupación autorizaba al gobierno de Nixon a deshacerse de Allende a cualquier costo, incluyendo su eliminación física, que fue lo que se hizo, entonces, ¿con que derecho los Estados Unidos se proclaman a sí mismos los campeones mundiales de la democracia? ¿Es que la democracia puede recurrir al crimen cuando considera que está en peligro eso que se llama la seguridad nacional, antes aún de que los hechos hayan demostrado la existencia de tal peligro?

Kissinger afirma que entre 1962 y 1964 los gobiernos de Kennedy y Johnson habían contribuido con más de 3 millones de dólares a la campaña política de Eduardo Frei que en esos años era el oponente de Allende en la lucha por alcanzar la presidencia de Chile, y después dice que en 1968 Johnson había puesto a disposición de los adversarios de Allende varios cientos de miles de dólares para que los partidos opuestos a la Unidad Popular ganaran las elecciones de legisladores que se celebraron en marzo de 1969, y además agrega que la ayuda norteamericana a Chile en los años del gobierno de Frei “totalizó por encima de 1 billón de dólares, el programa con el más alto per cápita, por mucho, en la América Latina”, y explica que eso se hizo “para fortalecer las fuerzas democráticas opuestas a Allende”.

El colmo de ese iluminante capítulo de las memorias de Kissinger aparece en la página 683, en un párrafo que dice así: “El mito de que Allende era un demócrata ha sido asiduamente prohijado y no es verdad. El hecho es que varias medidas del gobierno de Allende fueron declaradas inconstitucionales y fuera de la ley por la Suprema Corte de Justicia chilena el 26 de mayo de 1973, por la Contraloría General el 2 de julio de 1973 y por la Cámara de Diputados el 22 de agosto de 1973”. Naturalmente, al terminar de leer ese párrafo el lector común tiene que preguntarse cómo podría el señor Kissinger explicar que no fue democrático un gobierno en el cual la Suprema Corte de Justicia, la Contraloría General y la Cámara de Diputados, que eran partes muy importantes del aparato estatal chileno, actuaban con toda libertad frente al poder Ejecutivo del Estado.

Lo que se saca en claro de la lectura del capítulo que el autor de 'Mis Años en la Casa Blanca' dedicó a Chile es que los asesinos de Salvador Allende se atrevieron a liquidarlo físicamente porque tenían tras sí el abrumador poderío norteamericano, y que en su afán de ocultar la verdad, esa serpiente llamada Henry Kissinger acabó tragándose su propia cola.
13 de marzo de 1983.-

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Los métodos de trabajo

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¿Qué es un partido de liberación nacional?

Juan Bosch

(I)

En la República Dominicana hay gente que confunde a los partidos de liberación nacional con los partidos comunistas, y lo que es peor, hay comunistas que propagan la tesis de que un partido de liberación nacional es reaccionario o de derechas porque no es comunista. Esa argumentación recibe fuerzas del hecho de que en algunos países de la región del Caribe, como son Guatemala y Costa Rica, hay partidos llamados de Liberación Nacional que no se diferencian en nada de los tradicionales al estilo del Liberal y el Conservador de Colombia, o de los que se hacen llamar socialdemócratas —estos es, socialistas, si bien agregan a esa palabra la de democráticos—, como el PRD de nuestro país, cuyos líderes hablan un lenguaje revolucionario pero son sirvientes de burguesías nacionales retrogradas y lacayos vergonzantes de todos los gobiernos norteamericanos.

El tipo se sociedad en que vivimos los dominicanos crea una atmósfera favorable para el trabajo de los que se dedican a confundir en el orden político a personas que no tienen una idea clara de la diferencia que hay entre el PLD y el PCD; y crea esa atmósfera porque el nuestro es un país típico de los llamados del Tercer Mundo, o sea, de los que no pertenecen al grupo de capitalismo desarrollado, al estilo de Estados Unidos, Japón, Alemania, Francia, ni a los del sistema socialista, y lo que les da carácter a los países del Tercer Mundo es un escaso desarrollo capitalista del cual surge como fruto natural un escaso desarrollo social que a su vez se refleja en un débil desarrollo político.

El débil desarrollo político que tenemos en nuestro país impide que muchos dominicanos se den cuenta de lo que es en realidad la sociedad en que vivimos, que se hagan cargo de que aunque todos los libros políticos que nos llegan de otros mundos afirmen que los hombres y las mujeres se dividen en dos clases antagónicas, que son la burguesía y el proletariado, en la República Dominicana, como en todo el Tercer Mundo, no se ha llegado todavía a esa etapa porque la división en clases es producto del desarrollo capitalista y en los países del Tercer Mundo no se ha alcanzado aún el grado de desarrollo capitalista necesario para que la división en clases acabe concentrándose en capitalistas de un lado y obreros del otro, y lo que es más importante, ni nuestros burgueses ni nuestros proletarios tienen todavía conciencia política de lo que son, razón por la cual los primeros piensan, sienten y actúan como si fueran parte de la burguesía norteamericana, y los segundos no están en absoluto conformes con la idea de que son obreros; la generalidad aspira a que sus hijos sean médicos, arquitectos, ingenieros, esto es a que su descendencia entre en los círculos burgueses aunque sea en condición de parientes pobres.

Fundación del Viet Minh

Los capitalistas de los países del Tercer Mundo son pocos y además dependientes; dependen del capitalismo de las que fueron sus metrópolis, y no puede ser de otra manera porque su condición de debilidad intrínseca, que es relativa en el orden económico pero es absoluta en el orden político, no les permite desarrollarse en ningún sentido. Por esa razón la burguesía de tales países no forma partidos políticos organizados para luchar por la independencia sino que, al contrario, apoya a los que se pliegan a los intereses del capital extranjero, y, en el caso concreto de América Latina, son servidores del capital norteamericano y por tanto de los gobiernos de Estados Unidos.

En lo que se refiera a los obreros, hacen reclamos en el terreno económico y llegan en ese camino a participar en huelgas, pero como carecen de conciencia política no se organizan en partidos comunistas salvo en el caso de los de países que tienen desarrollo industrial, como sucede en Argentina y Brasil; y debemos entender que los partidos comunistas deben estar formados por masas obreras, aunque tengan un número limitado de pequeños burgueses en sus filas, y de no ser así no serán realmente partidos proletarios.

Ahora bien, los partidos comunistas del Tercer Mundo no pueden llevar a cabo luchas de liberación nacional porque su condición de partidos de la clase obrera limita de manera determinante su capacidad para aglutinar las diferentes fuerzas sociales que intervienen en ese tipo de luchas. Eso lo supieron o lo adivinaron a tiempo Ho Chi Minh, Fidel Castro, Carlos Fonseca Amador y Mengistu Haile Mariam, el primero de los cuales se había hecho comunista en el año 1920, y había formado en enero de 1930 el Partido Comunista de Indochina, que fue organizado para llevar el comunismo no sólo a lo que hoy es Vietnam sino también Camboya y Laos, y disolvió ese partido para formar en 1944 la Liga para la Independencia de Vietnam, que paso a ser conocida en todo el mundo con las palabras Viet Minh.

En Relatos de Vietnam, libro publicado en Buenos Aires en marzo de 1973 autorizado por Vo Nguyen Giap, que fue el gran jefe militar de la guerra contra los ejércitos norteamericanos, se cuenta (en la página 145) que “Cuando hubo que elegir un nombre capaz de unir a las masas en el seno de un Frente Nacional Unido, separamos el adjetivo 'anti imperialista' por ser demasiado duro…”. Se adoptó finalmente la expresión “Liga para la Independencia de Vietnam”. Sin embargo, en ese libro no se menciona un detalle muy importante para comprender por qué Ho Chi Minh disolvió el Partido Comunista de Indochina: Se trata de la Declaración de Independencia de Vietnam, leída por el mismo Ho Chi Minh en la plaza Ba Dinh de Hanói el 2 de septiembre de 1945. En ese documento tan importante para la historia de Vietnam Ho Chi Minh copio a la letra por lo menos un párrafo de la Declaración de Independencia de los Estados Unidos, cosa que no habría podido hacer si hubiera hablado a nombre nada más del Partido Comunista de Indochina o de Vietnam, en el caso de que este hubiera existido; que no existía porque el partido que representaba dentro de la Liga para la Independencia de Vietnam o Viet Minh a los comunistas de Vietnam era el Partido de los Trabajadores.

Además del Viet Minh, que operaba en Vietnam del Norte, en Vietnam del Sur se creó el Frente de Liberación de Vietnam del Sur, que al quedar organizado en diciembre de 1960 hizo público un manifiesto en el que llamaba a la unión de los obreros, campesinos y trabajadores de la zona sur de Vietnam; a los intelectuales, a los industriales y comerciantes, a las minorías nacionales, a los soldados y oficiales (de los ejércitos del Sur) que fueran patriotas; a los jóvenes y las jóvenes, a los vietnamitas que residían en países extranjeros, y nada menos que a las personas notables, lo que equivalía a decir mandarines o nobles del reinado de Bao Dai, que había sido emperador del país (llamado entonces Annam) hasta el 1945, esto es, hasta quince años antes.

Programa del Frente de Liberación

El Partido Comunista Dominicano y sus aliados han estado lanzando durante meses duras críticas al Partido de la Liberación Dominicana porque este no llevó a las elecciones de este año un programa socialista. Naturalmente, si esos partidos nos condenan ante la opinión pública porque no presentamos un programa socialista en las elecciones recién pasadas es porque ellos sí llevaron un programa que sin la menor duda habrían envidiado los Partidos Comunistas de Alemania del Este, Hungría, la Unión Soviética y hasta la República Popular de Corea. Pero las críticas que nos hacen debieron hacérsela al Frente de Liberación de Vietnam del Sur, que por el hecho de llevar adelante una guerra en la que desde los primeros días se mostró ante el mundo como mejor dotado para la acción que la conjunción de sus enemigos, entre los cuales estaba el poderío militar más grande de la tierra, disponía de libertad policía para enarbolar un programa radical, y sin embargo su programa no podía ser más comedido.

¿Qué le ofrecía a su pueblo, en esa guerra, el Frente de Liberación de Vietnam del Sur?

Paz, independencia, democracia; ¡arroz y ropa!, reunificación del país. Esas son nuestras aspiraciones, las más profundas y las más apremiantes”, decía el manifiesto del Frente (página 19 de Front National de Liberación du sud Vietnam, Documents. Edition Giai Phong, December 1968). En las páginas siguientes ofrecía en detalle esos mismos puntos en esta forma: "I: Derrota del régimen colonial disfrazado por los imperialistas americanos y la dictadura de Ngo Ding Diem, su agente , (y) establecimiento de un Gobierno de Coalición Nacional y Democracia. II: Instauración de un régimen progresista y democrático con libertad de opinión, de prensa, de reunión, sindical y de movimientos o circulación así como libertad de creencias. (Aquí sigue un párrafo que dice así: “Todos los partidos y todas las organizaciones patrióticas sin distinción de tendencia política serán libres para ejercer sus actividades”).

En materia económica, lo que ofrecía el Frente Nacional de Liberación de Vietnam del Sur no podía ser más grato a los empresarios y propietarios del país, porque si bien anunciaba que los monopolios económicos de los “imperialistas americanos” y sus agentes serian abolidos y confiscados, también afirmaba que se ayudaría a industriales y la artesanía, ofrecería la desaparición de todos los impuestos a la producción, la protección a los que fabricaban artículos nacionales, la limitación de las importaciones de mercancías que podían producirse en el país y reducir los impuestos de importancia para las maquinarias y las materias primas así como ayudar a la agricultura y a los agricultores, estimular e impulsar los intercambios económicos entre las ciudades y los campos, entre las llanuras y las regiones montañosas y desarrollar el comercio con otros países “sin distinción de (su) régimen político”.

Podríamos llenar varias páginas con párrafos extraídos de ese y de un segundo programa del Frente Nacional de Liberación de Vietnam del Sur que se hizo público durante los años de la guerra, en los cuales no se dice nada, pero absolutamente nada que se relacione, siquiera, con propósitos socialistas ni con nada que se les pareciera. ¿Por qué fueron tan cuidadosos en esa materia los lideres políticos de esa gran epopeya que fue la guerra por la independencia de Vietnam? Porque en esa larga lucha debía contar, necesariamente, con el apoyo del mayor número de los diferentes sectores sociales de Vietnam del Norte y de Vietnam del Sur, que en sociedades del Tercer Mundo, como era entonces el pueblo de Ho Chi Minh, no se reducen a los dos consabidos de burguesía y proletariado; pero además porque en este tipo de sociedades de capitalismo tardío, y por tardío escasamente desarrollado, el proletariado tiene muy poca conciencia política de clase, como le sucede también a la burguesía, y por esa razón es una tontería insigne contar solo con él para llevar a cabo las muy complejas tareas que requiere la lucha por la liberación nacional.

Ho Chi Minh, 'El Liquidador'

Los hechos nos dicen que Ho Chi Minh supo distinguir a tiempo que para llevar adelante la lucha por la liberación de su pueblo hacía falta organizar un instrumento político diferente, y mucho más complejo que el Partido Comunista de Indochina. Lo que no sabemos es si llego a esa conclusión estudiando en detalle las posibilidades de acción que tenía por delante o si la adopto de manera instintiva. Pudo haber llegado lo mismo por la primera vía que por la segunda porque la política es a la vez una ciencia y un arte y los que traen al mundo la genialidad política pueden adoptar decisiones de importancia excepcional impulsados por su instinto, y no hay duda de que Ho Chi Minh tuvo los atributos de un genio político.

Cuando disolvió el Partido Comunista de Indochina cayó sobre Ho Chi Minh un diluvio de acusaciones que le hacían los Partido Comunistas de toda la región asiática, incluyendo entre esos partidos el de China, pero también se le acusaba en la Unión Soviética. Se le adjudicó el sobrenombre de 'El Liquidador'. En esos días China, la Unión Soviética y los países que tenían colonias en la zona, como era el caso de Inglaterra y de Francia, estaban pasando por una de las peores épocas de la historia humana, la de la guerra que les hacían Alemania, Italia y Japón, y es posible que entre los Partidos Comunistas de Asia se difundiera la creencia de que al disolver el partido que había fundado, Ho Chi Minh se había convertido en un desertor. Pero si sucedió así, los acusadores no tardaron en rectificar porque Ho Chi Minh estaba llamado a convertirse a la vuelta de pocos años en una de las grandes figuras de la historia del siglo XX.

29 de septiembre de 1982.-


(II)

Lo que ha venido a ser conocido desde hace algunos años como un partido de Liberación Nacional se llamó en Vietnam, allá por al 1944, Liga Para la Independencia de Vietnam; se llamó en Vietnam del Sur Frente de Liberación de Vietnam del Sur; se llamó en Cuba Movimiento 26 de Julio y en Nicaragua Frente Sandinista de Liberación Nacional.

En el artículo anterior explicamos qué eran la Liga Para la Independencia de Vietnam y el Frente de Liberación de Vietnam del Sur, y lo hicimos presentando unos pocos ejemplos de lo que podría ser calificado de posición política de esas dos organizaciones en relación con los problemas económicos y sociales de Vietnam del Norte y Vietnam del Sur y también en relación con Estados Unidos, que les hizo una guerra larga y despiadada a las dos porciones del antiguo Annam; y en ningún momento dijeron esas organizaciones vietnamitas que para los años de la guerra o para después tenían un programa socialista o algo que pudiera ser tomado como tal.

La Liga Para la Independencia de Vietnam tenía ya nueva años de lucha cuando Fidel Castro se lanzó el 26 de julio de 1953 a asaltar en Santiago de Cuba el cuartel Moncada al frente de unos 150 jóvenes que no estaban organizados sobre bases estatutarias ni alrededor de una definición ideológica. Lo que tenía ese grupo era el propósito de sacar del poder a Fulgencio Batista, que lo había tomado mediante un golpe militar hacía un año y tres meses y medio. El propio Fidel Castro lo diría en 1963 con estas palabras: “Empecé a organizar las primeras células de acción, con la esperanza de trabajar junto con los líderes del partido (el Revolucionario Cubano Ortodoxo, de cuya juventud era líder, n. d j. b.) que estuvieran dispuestos a cumplir con el deber elemental de luchar contra Batista…

El asalto al cuartel Moncada, que costó vidas valiosas, tiene importancia histórica porque a pesar de que sus autores fueron derrotados no quedó como un hecho aislado sino que pasó a ser el punto de partida para una carrera revolucionaria que iniciaría en el Nuevo Mundo la era del socialismo, pero debemos dejar claro en la mente del lector que ni Fidel Castro ni ninguno de los compañeros que fueron con él a ese asalto estaban pensando o habían pensado antes en hacer una revolución socialista, y ni siquiera el mismo Fidel lo pensaría cuando tres años y medio después encabezó el desembarco del Granma, hecho con el cual iba a comenzar la etapa final de la Revolución Cubana.

Esa revolución no enarboló un programa socialista ni cosa parecida. Antes bien, de acuerdo con declaraciones del propio Fidel, al ir al asalto del cuartel Moncada en julio de 1953 él estaba pensando en reponer en Cuba la Constitución de 1940, y cuando se internó en la Sierra Maestra en diciembre de 1956 llevaba el mismo propósito. Ahora bien, la Constitución cubana de 1940 era más o menos similar a la dominicana de 1963, lo que es una manera de decir que la de Cuba era de ideología burguesa en la misma medida en que lo era la de nuestro país.

En la Revolución Cubana hay una lección que deberían estudiar a conciencia los llamados marxistas—leninistas de la República Dominicana, y de manera especial los que están organizados en el PCD. Esa lección es la siguiente:

Una Lección Para Comunistas Criollos

El partido de los comunistas cubanos, que según creemos recordar se llamaba todavía Socialista Popular (PSP), se había ido a la clandestinidad desde el momento en que Batista dio el cuartelazo del 10 de marzo de 1952, y el día del asalto al cuartel Moncada algunos de sus líderes estaban de visita en Santiago de Cuba, entre ellos su secretario general, Blas Roca, su líder sindical, Lázaro Peña, y Carlos Rafael Rodríguez. Como era natural que sucediera, los tres fueron arrestados y acusados de ser cómplices de la acción que habían llevado a cabo Fidel Castro y sus seguidores sin que ellos tuvieran la menor idea de lo que iba a suceder. El partido Socialista Popular no tenía nada que ver con los hechos del 26 de julio y su dirección iba a decirlo así en una declaración que hizo publicar los días 5 y 10 de agosto en el Daily Worker, el periódico que publicaba en Nueva York el Partido Comunista de los Estados Unidos, porque no podía publicarlo en Cuba.

En esa declaración los líderes comunistas cubanos dejaron escrita la lección a que aludimos hace un momento, condensada en las palabras que vamos a copiar inmediatamente: El partido de los comunistas cubanos “formula la necesidad de crear un frente unido de las masas contra el gobierno (de Batista) para conseguir una salida democrática para la situación cubana, la restauración de la Constitución de 1940, derechos civiles, elecciones generales, y el establecimiento de un gobierno del Frente Democrático Nacional con un programa de independencia nacional, paz, democracia y reforma agraria”.

La lección que Para los auto llamados marxistas—leninistas dominicanos hay en las líneas que acabamos de reproducir es tan clara que no necesita que se le añadan explicaciones, pero, como tal vez no todos los que deberían asimilarla están en condiciones que hacerlo por desconocimiento de la realidad cubana de aquellos años, nos parece oportuno preguntar por qué cree el lector que en ese momento el partido de los comunistas de Cuba se olvidó del programa socialista, que para los comunistas dominicanos equivaldría a olvidar de respirar; se olvidó de la revolución proletaria contra la burguesía y la dictadura del proletariado para levantar en alto sólo la bandera de la liberación nacional, que es lo que significaba el programa de gobierno del Frente Democrático Nacional que pedían en la declaración publicada por el Daily Worker.

¿Fue esa actitud, por casualidad, una improvisación de los comunistas de Cuba?

No. Los comunistas de Cuba sabían que en la situación política en que se hallaba el mundo desde hacía años, muy semejante, por cierto, a la actual, con la diferencia de que ahora hay riesgo de una guerra nuclear, un partido como el suyo, de un país pequeño y débil, tenía que comportarse como los que ahora se llaman partido de liberación nacional. Lo sabían a tal punto que no usaban el nombre de Partido Comunista de Cuba o Cubano, como sin duda les habría gustado llamarlo, sino el de Partido Socialista Popular; lo sabían de manera tan cabal que desde 1937 o 1938 se las habían arreglado para conseguir que el coronel Fulgencio Batista dejara la jefatura del ejército y se dedicara a la actividad política, y habían tomado parte en las elecciones de 1940 hechas para redactar una Constitución, en las que sacaron varios diputados, entre ellos su secretario general, Blas Roca, lo que significa que varios miembros de su partido participaron en la redacción de esa Constitución de 1940 que años después, en el 1953, querían reponer Fidel Castro por su parte y el PSP por la suya.

Para que no quede la menor duda

Como es posible que al leer lo que acabamos de decir algún miembro del PCD ponga en duda que el partido de los comunistas cubanos contribuyó a redactar una Constitución burguesa, nos adelantamos a decir que sus diputados no sólo participaron en la elaboración de esa Constitución sino que sus militantes votaron en las elecciones que se celebraron en el mismo año de 1940 para elegir presidente, senadores, diputados y concejales o regidores de los ayuntamientos del país; que su candidato presidencial fue Fulgencio Batista y que algunos de sus líderes fueron ministros sin Cartera en el gobierno que Batista encabezó entre 1940 y 1944, un gobierno, por otra parte, que no fue parecido al que presidió el antiguo jefe militar cubano en los años 1952—1958. El último fue una dictadura de mala ley y el primero se ajustó a los mandatos de la Constitución que Fidel Castro y el PSP querían reponer en Cuba.

Como apéndice de lo que hemos dicho queremos agregar que en las elecciones de 1944 el Partido Socialista Popular llevo de candidato presidencial al Dr. Carlos Saladrigas, que era el candidato de Batista, lo que indica que la asociación política de los comunistas cubanos con Fulgencio Batista duró varios años sin que eso perjudicara el crédito del PSP y de sus líderes, porque lo que ellos hicieron a lo largo de esos años lo hicieron para servirles a su partido y a Cuba, no para servirse a sí mismos, y eso lo sabía en Cuba todo el que tenía criterio político y no vivía, como le pasa a tantos comunistas dominicanos, preso de emociones pequeño burguesas o de intereses personales.

30 de septiembre, 1982.-


(III)

Cuando el autor de esta miniserie de artículos llego a Cuba, en enero de 1939, el partido de los marxistas—leninistas de aquel país tenía el nombre de Unión Revolucionaria Cubana (URC), pero todo el mundo llamaba comunistas tanto a sus miembros como a sus simpatizantes. El nombre fue cambiado, si la memoria no nos falla, poco antes de las elecciones de 1944 por el de Partido Socialista Popular (PSP), pero los cubanos siguieron llamando a los afiliados y seguidores del PSP comunistas a secas. No recordamos ni un solo caso de alguien que les dijera a Juan Marinello, Blas Roca, Carlos Rafael Rodríguez, Lázaro Peña o Nicolás Guillén urcistas o penepeístas sino comunistas, con lo que dejamos dicho que el pueblo de Cuba identificó siempre a los marxistas—leninistas de su país como comunistas sin importarle para nada el nombre oficial del partido en que militaban; y no podía haber lugar a confusiones porque en la tierra de José Martí no hubo en ningún momento dos organizaciones políticas de izquierdas marxistas—leninistas sino una sola, la de los comunistas, no importaba que llevara el nombre de Unión Revolucionaria Cubana o el de Partido Socialista Popular.

Ahora bien, dado el hecho de que todo el mundo en Cuba llamaba comunista a sus miembros y simpatizantes, el Partido Socialista Popular no habría podido encabezar una lucha guerrillera contra la dictadura de Batista ni contra cualquier otro gobierno porque la masa del pueblo no le habría dado su apoyo a esa lucha. En varias ocasiones los líderes comunistas cubanos adoptaron programas de liberación nacional, pero la adopción de programas de ese tipo no le confería a su partido el carácter de uno de liberación nacional. Por ejemplo, en el año 1939 Blas Roca, hablando en nombre de Unión Revolucionaria Cubana, dijo: “Luchamos por la unidad del pueblo de Cuba, por la unidad de los revolucionarios y por un gran frente nacional unido; para lograr una Asamblea Constituyente libre y soberana; para establecer la democracia, con igualdad de derechos para los negros y las mujeres; para ayudar a los desempleados, proteger a los campesinos contra los desahucios, aplicar las leyes sociales, aumentar la educación, salvar a miles de deudores de una ley de revaluación de las hipotecas, defender la economía del país…”.

Además de las declaraciones de ese tipo, que se produjeron más de una vez en otras ocasiones y con otras palabras, los comunistas mantuvieron alianzas políticas con Batista pero también con adversarios de Batista como los “auténticos” (el Partido Revolucionario Cubano), hecho que no alarmaba en Cuba a nadie, pero una cosa eran esas alianzas circunstanciales y otra muy diferente habría sido un levantamiento guerrillero comunista, diferencia que sabían apreciar muy bien los líderes del PSP.

Un levantamiento guerrillero habría tenido resultados fatales para el PSP porque lo habría aislado de las grandes masas y lo habría congelado en ese aislamiento. Dicho en pocas palabras, el PSP no habría podido hacer de ninguna manera lo que hizo Fidel Castro, primero con el ataque al cuartel Moncada y después con la actividad guerrillera en la Sierra Maestra. Es más, la ayuda que el general Lázaro Cárdenas le prestó en México a los asaltantes del Moncada para que pudieran volver a Cuba a internarse en la Sierra Maestra no habría podido dársela a los comunistas cubanos porque se le habría opuesto la opinión pública mexicana.

Comunismo y antiimperialismo

Lo que el lector acaba de ver acerca de lo que habría hecho la opinión publica de México no es una suposición gratuita o un argumento absurdo destinado a convencerlo con razones extravagantes. La ideología burguesa está sembrada en pueblos como el francés, el inglés o el norteamericano en la conciencia de la mayoría de las personas, y al decir en la conciencia estamos diciendo en su inteligencia, pero en las grandes masas de los pueblos dependientes, lo mismo los asiáticos que los latinoamericanos, esa ideología tiene sus raíces no en la inteligencia y por tanto no en la conciencia sino en el instinto, lo que significa que esos pueblos reaccionan de manera instintiva, y no por razonamiento, contra lo que ellos creen que pone en peligro de destrucción el sistema de vida capitalista.

¿Por qué, entonces, hacen revoluciones como la de Cuba, la de Nicaragua, la de Etiopía?

Las hacen porque al mismo tiempo que reaccionan instintivamente contra el peligro de aniquilamiento del sistema de vida capitalista se dan cuenta, también instintivamente, de que los ricos de sus países forman con los grandes ricos extranjeros frentes políticos, económicos y militares que los explotan y les impiden disfrutar de las ventajas que ese sistema de vida les proporciona a las gentes de esos grandes centros extranjeros de poder, y están en disposición de apoyar a quienes luchan por destruir esos frentes siempre que la lucha no sea dirigida por un partido comunista porque se les ha hecho creer desde antes de que aprendieran a hablar que comunismo significa esclavitud, hambre, pobreza, opresión política, atraso; en fin, lo mismo, sino peor, que ellos conocen por la experiencia, de manera que para ellos comunismo no quiere decir cambio favorable de vida sino todo lo contrario.

Lo que acabamos de decir es una verdad comprobada por acontecimientos históricos recientes pero que no ha entrado todavía en el mundo de los valores aceptados por muchos líderes y militantes comunistas. En los países dependientes no se desarrolla tanto la conciencia proletaria como la antiimperialista, y la conciencia antiimperialista no tiene que ser necesariamente anti capitalista. La conciencia anti capitalista o proletaria se desarrolla en los países dependientes más entre los pequeños burgueses que entre los obreros, en cambio la antiimperialista se desarrolla lo mismo entre pequeños burgueses que entre los trabajadores y los campesinos y en muchos casos también entre algunos burgueses. En la India el antiimperialismo quería decir lucha contra Inglaterra; en Vietnam quería decir lucha contra Francia y contra Japón, y cuando Estados Unidos ocupó el lugar que habían abandonado Japón y Francia, la lucha se convirtió en anti norteamericana. Pero hay que ver con claridad qué perseguía el pueblo de Vietnam en su larga guerra contra tres poderes coloniales. Lo que perseguía no era que Vietnam pasara a ser un país comunista, y sus líderes, que sabían lo que ese pueblo pensaba, no le ofrecieron nunca el Estado comunista sino la derrota de Francia, de Japón y de Estados Unidos.

Poca conciencia proletaria

La razón de que la conciencia proletaria se desarrolle en los países dependientes menos que la antiimperialista está en el tardío y a menudo débil desarrollo del proletariado en esos países dependientes. La existencia del proletariado es un producto directo de la existencia del capitalismo, y para desarrollarse el capitalismo requiere el desarrollo numérico del proletariado. Por esa razón en la medida en que el capitalismo se desarrolla se desarrolla también el proletariado, y por eso a un capitalismo escasamente desarrollado le corresponde necesariamente un proletariado pobre en cantidad y débil en conciencia de clase. En un país como la República Dominicana, de escaso desarrollo capitalista, no hallamos obreros marxistas y mucho menos marxistas—leninistas. Los marxistas—leninistas dominicanos son pequeños burgueses que debido a la naturaleza individualista propia de la pequeña burguesía se organizan en grupos políticos opuestos que se tratan como si fueran enemigos de clases enfrentado en luchas antagónicas.

Los frutos del capitalismo tardío son muchos y muy variados, y no solo en el terreno económico. En nuestro país hallamos casos notables de desviaciones sociopolíticas, como por ejemplo el de un partido comunista que no tiene en sus filas obreros, al menos conocidos, y sin embargo le dedica mucho esfuerzo a la formación de pequeña burguesía profesional, lo que parece poco coherente con la posición irreductible de acusar de derechista a cualquiera fuerza de izquierda que no enarbole en todas las circunstancias un programa socialista que en buena lógica debe ser el de un partido de base proletaria. A mediados de este año, ese partido (el Comunista Dominicano o PCD) declaró que en la Unión Soviética había unos 800 jóvenes dominicanos becados para estudiar carreras de las llamadas universitarias, y todos habían sido enviados por el PCD.

Marxismo y capitalismo tardío

Aunque esos detalles no figuran en la declaración, se sabe que los estudiantes enviados a la Unión Soviética son reclutados entre los 70 mil que hay en la Universidad Autónoma de Santo Domingo, de los cuales unos 69 mil deben proceder de las diferentes capas de la pequeña burguesía y 68 mil deben ser miembros de las capas bajas, baja pobre y baja muy pobre para las cuales ir a estudiar sin costo alguno a un país extranjero equivale a sacarse un premio gordo, pero no reciben ese premio por razones políticas sino por motivos económicos dado que el estudio en la República Dominicana les significa tanto a ellos como a sus parientes cercanos gastos que la mayoría no puede cubrir.

Es muy raro que uno de esos estudiantes reclutados en los pasillos de la UASD sea militante o simpatizante del PCD, pero la dirección de ese partido cree que los favorecidos con viajes de estudios a la Unión Soviética quedan convertidos automáticamente en cuadros marxistas—leninistas, y no se da cuenta de que la naturaleza social de un profesional pequeño burgués que ejercerá su profesión en un medio capitalista, y sobre todo en un medio capitalista de escaso desarrollo, llevara a la mayor parte de ellos hacia otras direcciones. Ahora bien, al distribuir becas de estudios en la forma en que lo hace la dirección del Partido Comunista Dominicano se reproduce a sí mismo dado que ella está compuesta por pequeños burgueses que siguen alimentando ideas y aspiraciones pequeño burguesas.

En ningún momento se ha detenido esa dirección del PCD a pensar que lo que le corresponde a un partido comunista es crear una fuerte base obrera, no contar con un nutrido número de profesionales pequeños burgueses; pero esa deformación del marxismo es muy propia de los países en que el capitalismo se estableció tardíamente llevado por grandes potencias imperialistas que impusieron allí la dependencia económica, política y militar, y con ella todo lo que esa categoría arrastra en el orden de lo subjetivo.

5 de octubre, 1982.-


(IV)

Habíamos dicho que en Cuba el partido de liberación nacional se llamó Movimiento 26 de Julio y no fue el partido comunista, que por esos años de 1950 y tantos se conocía con el nombre de Partido Socialista Popular. Ahora bien, en cuanto a definición ideológica, ¿Qué era el Movimiento 26 de Julio?

La expedición del Granma pisó tierra cubana al comenzar el mes de diciembre de 1956 y el 17 de febrero de 1957 Fidel Castro le decía a Herbert Matthews, el conocido periodista de The New York Times que había subido a la Sierra Maestra Para entrevistarse con él: “Puede estar seguro de que no tenemos ninguna animosidad hacia los Estados Unidos y el pueblo (norte) americano…. Estamos luchando por una Cuba democrática y por el final de la dictadura. No somos antimilitaristas… porque sabemos que los soldados son (hombres) buenos y que también lo son muchos de sus oficiales”.

Esas palabras formaban el núcleo central de las que The New York Times puso a correr por el mundo en el reportaje que había escrito Matthews, el cual fue publicado junto a una foto muy difundida del periodista y Fidel Castro. En las manos de Fidel se veía, en esa foto, un fusil telescópico cuyo cañón apuntaba hacia el cielo, y sin duda que ese cañón difundía un mensaje mucho más efectivo en la tarea de ganarle adeptos a la guerrilla de la Sierra Maestra que todo lo que pudiera decir Matthews en su artículo, detalle en el que seguramente no se fijaron entonces los partidarios a rajatabla del 'ideologismo' supuestamente revolucionario.

Fidel Castro no habló en esa ocasión ni siquiera del imperialismo, cosa que le reprochó el Partido Socialista Popular, que por su lado tenía razón cuando decía que en la lucha contra la dictadura batistiana había que unir a obreros, campesinos, pequeña burguesía y burguesía nacional, y en ningún momento se refirió a la necesidad de que el joven líder del Movimiento 26 de Julio se definiera ideológicamente.

Entre los guerrilleros que combatieron en la Sierra Maestra los hubo norteamericanos, como aquel William o Willie Morgan a quien hubo que fusilar después de la victoria porque se le probó que había tomado parte en un plan de ataque a Cuba respaldado por Trujillo; pero la presencia de Morgan en las filas de las guerrillas tenía un valor táctico que un jefe revolucionario no podía ignorar y mucho menos despreciar.

Fue a fines de 1957 cuando Fidel Castro se refirió por primera vez a la política exterior del 26 de Julio, y lo hizo en un documento que envió a los autores del Pacto de Miami, en el cual figuraban algunos seguidores del 26 de Julio sin que la dirección del Movimiento hubiera autorizado esa participación. En ese documento Castro se quejaba de que los autores del Pacto de Miami no tomaron en cuenta la intervención extranjera en la política cubana, pero no pasaba de ahí, y en cambio decía que el gobierno que sería llevado al poder por la revolución “estará regulado por la Constitución de 1940, garantizará todos los derechos reconocidos en ella, y se mantendrá al margen de todo partidarismo político”.

El Pacto de Caracas

El Partido Socialista Popular cubano no condenaba lo que el Partido Comunista Dominicano, de haber sido el PSP de Cuba, habría calificado sin la menor duda de carencia o falta de definición ideológica. Al contrario, un sector del PSP, el que tenía como vocero a Carlos Rafael Rodríguez, opinaba que no debía hacerse propaganda antinorteamericana y además decía que Fidel Castro haría bien en ofrecerles a los auténticos de Grau y de Prío Socarrás posiciones en el gobierno que el 26 de Julio iba a establecer cuando derrotara las fuerzas de Batista; y por su parte, en mayo de 1958, cuando apenas le faltaban siete meses para entrar en La Habana, Fidel le hacía al periodista norteamericano Jules Dubois, conocido por su extremismo derechista con el sobrenombre de “coronel Dubois”, una declaración concebida en estos términos: “El 26 de Julio nunca ha hablado de socialismo o de nacionalizar las industrias… desde el principio hemos proclamado que luchábamos para poner en vigor nuevamente la Constitución de 1940”; y a esas palabras agregaba estas: Nosotros estableceremos “garantías, derechos y obligaciones para todos los elementos que participan en la producción, incluidos la empresa libre y el capital invertido”.

Dos meses después el 26 de Julio firmaba en Caracas un pacto con numerosas organizaciones políticas y personalidades de todas las tendencias excepto los partidarios de que la lucha contra la dictadura batistiana se llevara a cabo mediante elecciones, que eran el Partido Socialista Popular, los auténticos de Grau y un grupo dirigido por Carlos Márquez Sterling. Entre los que firmaron ese pacto estaban Carlos Prío Socarrás, José Miró Cardona, Antonio de Varona, Ángel Cofiño, José Pardo Llada, Justo Carrillo, la mayoría de los cuales han muerto en el exilio, y entre las bases del acuerdo estaban las siguientes: Un gobierno provisional de poca duración “que conducirá… al procedimiento plenamente constitucional y democrático; un plan para garantizar el castigo de los culpables; los derechos de los trabajadores; el cumplimiento de los compromisos internacionales; y el progreso económico y político del pueblo cubano”.

Aunque no se haya dicho, por lo menos en documentos que hayan quedado para la historia de la revolución en su etapa guerrillera, Fidel Castro no debió ser ajeno a los acuerdos de Caracas porque desde hacía dos o tres meses había comunicación rápido—telefónica entre la Sierra Maestra y la capital de Venezuela, y la reunión de tantas y tan diferentes representaciones políticas cubanas en Caracas tenía demasiada importancia en los planes del jefe de esa revolución para que, pudiendo estar al día de lo que se trataba en ella, no hiciera nada por saberlo de manera directa e inmediata. En esa reunión se le reconoció a él la jefatura militar que ejercía de hecho en toda Cuba, y la presidencia provisional de la República -en el gobierno que iba a formar la revolución tan pronto triunfara- al Dr. Manuel Urrutia, que no tenía antecedentes políticos partidaristas conocidos pero que era el candidato de Castro Para ese cargo.

Estrategia y táctica

Fidel Castro llegó a La Habana el día 8 de enero de 1959. El pueblo habanero lo aclamaba como no lo había hecho ni quiera con los héroes de la guerra de 1895, cosa que se explica porque en más de medio siglo la población de la capital cubana se había más que doblado; y sin embargo esas aclamaciones, que tenían el significado de un plebiscito descomunal mediante el cual se le concedía una autoridad política prácticamente ilimitada, no sacaron de quicio al joven vencedor de las fuerzas militares batistianas, como lo demuestra el hecho de que en ningún momento cometió el error de olvidar que lo que él encabezaba era una revolución de liberación nacional no una revolución proletaria. Esa revolución de liberación nacional podía acabar transformándose, en el curso de su desarrollo, en una proletaria, pero en ese momento era de liberación nacional y no podía ser otra cosa.

A pesar de su juventud, en Fidel Castro se habían dado ya, y habían madurado, las condiciones del [hombre] estratego pero también las del táctico, y sabía, a nuestro juicio, no de manera consciente sino instintivamente, que ni el estratego debe confundir la estrategia con la táctica ni el táctico debe confundir la táctica con la estrategia; o dicho de otro modo, que la táctica no puede sustituir a la estrategia sin producir efectos muy dañinos ni la estrategia puede sustituir a la táctica sin causar graves males. Tanto la estrategia como la táctica son dos conceptos que corresponden lo mismo a la actividad militar que a la política; cada una reclama un tiempo propio para operar, y si los conceptos y los tiempos se confunden o se sustituyen entre sí, el resultado es fatal lo mismo para el jefe militar que para el jefe político, que en el caso de Fidel Castro se resumían en su persona.

Sobre Caamaño y el Che

Quince años después de su llegada a La Habana Fidel Castro aludió, y por cierto de una manera muy fina, a los errores que cometieron el Che Guevara y Francisco Alberto Caamaño, uno en Bolivia y el otro en nuestro país, porque no supieron distinguir entre estrategia y táctica; y lo dijo en una conversación que sostuvo el año 1974 con Kirby Jones y Frank Mankiewicz, el primero de los cuales había pasado en Santo Domingo los hermosos y a la vez trágicos días de la Revolución de Abril. En esa ocasión Castro habló así, según aparece en la versión española del libro 'With Fidel. A Portrait of Castro and Cuba':
Francisco Caamaño era muy parecido al Che. Ambos eran luchadores valientes, intrépidos y llenos de energía. Caamaño regreso a la República Dominicana porque creía en el pueblo, porque tenía confianza en el pueblo… sin embargo, algunos luchadores revolucionarios dejaron que su entusiasmo por la causa afectara su capacidad para tomar decisiones tácticas….

Eso es lo que no pueden perdonarnos, que estamos ahí, en sus narices, ¡y que hayamos hecho una revolución socialista en las propias narices de los Estados Unidos! ¡Y que esa revolución socialista la defenderemos con esos fusiles! ¡Y que esa revolución socialista la defenderemos con el valor con que ayer nuestros artilleros aéreos acribillaron a balazos a los aviones agresores!

¡Compañeros obreros y campesinos, esta es la revolución socialista y democrática de los humildes, con los humildes y Para los humildes!”.
Para terminar ese discurso Fidel gritó tres vivas:
"¡Viva la clase obrera! ¡Vivan los campesinos! Viva la revolución socialista!"
11 de octubre, 1982.-


(V)

En Nicaragua hay un gobierno revolucionario que no está encabezado por un presidente de la República sino por los comandantes que forman la Dirección Nacional del Frente Sandinista de Liberación Nacional. Esos comandantes dirigían las columnas guerrilleras que tomaron Managua, la capital del país, el 20 de julio de 1979, al día siguiente de haberla abandonado Anastasio Somoza Debayle, el último de los varios herederos políticos que tuvo el fundador de la dictadura somocista.

El nombre de Sandino quedó estrechamente vinculado a la lucha del pueblo nicaragüense contra Anastasio Somoza García y sus herederos desde que la dirección de esa lucha, que duró nada menos que cuarenta y tres años, pasó de los viejos políticos conservadores y liberales contemporáneos del primer Somoza (entre los cuales había algunos más viejos que él) a una generación nueva que aplicaba al estudio de la historia ideas y métodos con los cuales pudo analizar desde puntos de vista más justos los acontecimientos de su país y a los actores que dirigieron esos acontecimientos. Gracias al empleo de tales ideas y tales métodos la nueva generación de combatientes anti-somocistas pudo conocer quién era Sandino, al que los jefes militares de la intervención norteamericana y los viejos políticos nicaragüenses acusaban de ser un bandido y un asesino sin entrañas.

Esa nueva generación, que empezó a incorporarse a la lucha contra la dictadura después de la muerte de Anastasio Somoza García, ocurrida más de veinte y tres años después de la muerte de Sandino, descubrió mediante las ideas y los métodos modernos de análisis de la historia que Sandino, el héroe de la guerra de liberación nacional llevaba a cabo contra los interventores militares norteamericanos, era la contraparte de Somoza y por tanto representaba para Nicaragua todo lo opuesto de la que representaba el dictador. Esa oposición venía dada en muchos aspectos, de los cuales el más llamativo era el hecho de que mientras Sandino se convirtió en un héroe nacional, y en una figura internacional, combatiendo a los ocupantes extranjeros del país, Somoza, de funcionario civil del gobierno nicaragüense títere que era, pasó a ser jefe de la Guardia Nacional porque así lo dispuso el ministro (nombre que se les daba entonces a los embajadores) de Estados Unidos en Managua; y estando en ese cargo ordenó a unos cuantos de sus oficiales que mataran a Sandino, como en efecto lo hicieron, en la noche del 21 de febrero de 1933. El teniente Abelardo Cuadra, que estuvo en la reunión en que se ordenó el crimen, nos contó que al llegar al cuartel donde lo esperaban los oficiales convocados por él, Somoza dijo estas palabras: “Vengo de la Embajada (en esos tiempos se decía Legación) y el embajador (ministro) me ha dicho que hay que matar a Sandino”.

Al comparar ese mensaje tan vil con el que Sandino les transmitía a sus soldados y oficiales (“Yo quiero patria libre o morir”), los jóvenes que se enfrentaban a la dictadura somocista tenían necesariamente que sentir por Sandino una admiración tan grande como grande era el desprecio que les merecía Somoza.

Creación del FSLN

Porque su imagen pública era la antítesis de la de Somoza y sus herederos, y porque la dictadura somocista se había creado y sostenido durante años y años con el apoyo norteamericano, Sandino y el sandinismo se convertían de manera natural en la fuerza política alrededor de la cual se unirían todos los anti-somocistas; y decimos de manera natural basándonos en hechos concretos, como por ejemplo la participación en la lucha armada contra el somocismo de personajes sandinistas, como el general Ramón Raudales y el coronel Santos López (este último había tomado las armas, para combatir bajo el mando de Sandino, a la ocupación norteamericana de 1925, cuando apenas tenía 12 años) y que ya en el año 1958 los combatientes anti-somocistas de Las Segovia, la región montañosa del norte del país, bautizaron sus guerrillas con el nombre de Frente Revolucionario Sandino.

Durante los cinco años que siguieron a la muerte de Anastasio Somoza García el movimiento anti-somocista estuvo burbujeando aquí y allá, y en esa época se formaron las primeras células comunistas, pero la corriente comunista no llegó a cuajar en un partido porque los jóvenes que empezaron a formarse como líderes del movimiento tuvieron el acierto de intuir que el sandinismo podía ser más atractivo que el comunismo para las masas nicaragüenses porque esas masas conocían, por lo menos de oídas, los hechos de Sandino y las circunstancias en que habían sido asesinado por Somoza. Los abanderados de esa posición fueron Carlos Fonseca Amador, Tomas Borge, Silvio Mayorga, Santos López y Faustino Ruiz, que habían logrado organizar el Frente de Liberación Nacional y en junio de 1961 lo transformaron en Frente Sandinista de Liberación Nacional, aunque el cambio de nombre tardó dos años en hacerse público. Dieciséis años después de haberse dado a conocer la existencia de ese frente, entraban en Managua los comandantes y los soldados de la revolución llevando en alto la bandera roja y negra que Sandino había hecho ondear en la guerra contra los ocupantes norteamericanos de su país.

A lo largo de esos dieciséis años las fuerzas sandinistas fueron nutriéndose con hombres y mujeres que procedían de varias clases y capas sociales, y dentro de esa variedad de clases y capas sociales había, como es natural, varias posiciones políticas; pero unas y otras podían convivir porque el Frente Sandinista de Liberación Nacional no era un partido comunista. Un partido comunista es fundamentalmente una organización de la clase obrera, y aunque en él puede haber algunos que otros pequeños burgueses y hasta algún que otro burgués, formarán en sus filas a título de que compartan no sólo la ideología sino también todas las características propias de la clase obrera, y así debe ser porque la meta estratégica, o dicho de otro modo, la razón de ser de un partido proletario es hacer la revolución proletaria; pero la finalidad de los partidos o frente de liberación nacional es lo que dicen sus nombres; o sea, conquistar, por las buenas o por las malas, la independencia nacional, y para conseguir este propósito es indispensable lograr la unidad de todos los sectores sociales que necesiten, reclamen y luchen por la real, efectiva y verdadera independencia de su patria.

Cuando murió Carlos Fonseca Amador (que desempeñaba la jefatura militar y política de la revolución y cayó el 7 de noviembre de 1976 en el combate de Zinica), ya el movimiento revolucionario había dejado de llamarse anti-somocista y había pasado a llamarse sandinista, lo que indica que a esa altura de la lucha la revolución desbordaba los límites que tenía antes de fundarse el Frente Sandinista de Liberación Nacional y creaba metas que irían más allá del derrocamiento del régimen somocista. Eso era de esperarse porque como sucede en toda obra humana, las revoluciones obedecen a procesos regidos por leyes que impulsan el desarrollo de cuanto contiene en su seno fuerzas vivas, y en virtud de esas leyes, sólo lo que ha muerto deja de moverse.

Etiopía Tikdem

Hablemos ahora de Etiopía, que tiene un carácter singular entre los Estados debido a que es el más antiguo del mundo, para decirlo de otra manera, el que al día de hoy tiene más tiempo de establecido aunque a lo largo de los siglos que se le atribuyen ha cambiado de apariencia pero ha seguido siendo una organización estatal salvo en los pocos años (de 1935 a 1941) en que su territorio fue ocupado por un poder extranjero, la Italia fascista.

Etiopía fue hasta el año 1974 una monarquía que preservó muchas características feudales aunque después de la ocupación italiana el capitalismo se extendió por varios lugares del país, como por ejemplo la capital (Adís Abeba) y sus alrededores y la zona marítima (costas del mar Rojo). En febrero de 1974 se produjo un movimiento revolucionario que estalló en los cuarteles militares y abolió la monarquía. En diciembre de ese año el llamado Gobierno Militar Provisional de Etiopía hizo pública una declaración que tiene interés político de excepción porque la revolución etiópica, como sabe todo el mundo, acabó convirtiéndose en pocos años en una revolución socialista sin que en sus orígenes pueda hallarse la acción abierta o clandestina de un partido comunista. Es más, dentro de los militares que dirigieron el levantamiento de 1974 había tal disparidad de ideas que no tardaron en lanzarse unos contra otros en luchas que al fin fueron dominadas por una corriente encabezada por el coronel Mengistu Haile Mariam, quien hasta poco antes había estado desempeñando en Washington las funciones de agregado militar de su país.

El carácter de levantamiento militar y las luchas entre sectores militares que tuvo la revolución etíope en sus primeros cuatro años se explican porque el origen profundo de ese movimiento se hallaba en la contradicción entre las fuerzas feudales que estaban instaladas en el aparato del Estado y las corrientes capitalistas que se expandían en el cuerpo social; y lo que llama la atención de ese movimiento es que sus organizadores o jefes, o por lo menos los más avanzados de ellos, lo enmarcaron dentro de las líneas de una revolución de liberación nacional, que ellos llamaron Etiopía Tikdem y según el manifiesto de Etiopía Tikdem publicado, como dijimos hace un momento, en diciembre de 1974, “La filosofía política debe surgir de la cultura y del suelo de Etiopía; y debe, además, emanar de las aspiraciones de las amplias masas (del pueblo); no debe ser importado del extranjero como un decorativo articulo comercial”.

La frase que acabamos de copiar puede servirle hasta a un partido fascista, pero la que le seguía dejaba ver con claridad cuál era la intención de los jefes de Etiopía Tikdem, porque esa decía así: “También debe ser una filosofía que acerque a Etiopía a sus vecinos progresistas, comprometidos con la equidad y la justicia humana, así como con las amplias masas de la humanidad”.

Y si ese párrafo no es suficiente para hacernos una opinión correcta de lo que era Etiopia Tikdem, lean a seguidas algunos de los llamados “principios fundamentales del actual movimiento”:
Todos los etíopes, sin importar su religión, lengua, sexo o filiación local, vivirán juntos en igualdad, fraternidad, armonía y unidad bajo el amparo de su patria. Etiopía se convertirá en un país en el cual prevalecerán la justicia, la igualdad y la libertad”.

La idolatría desmedida del lucro particular, que ha encadenado a nuestro pueblo a la pobreza y que tanto ha humillado a nuestro país a los ojos del mundo, será erradicada. En o adelante, los intereses de la comunidad serán los más importantes”.

El hombre (etíope) trabajará para mantenerse a sí mismo y a su comunidad. Se le dará al trabajo humano, por consiguiente, un lugar respetado en el marco de nuestra sociedad. Por el contrario, la explotación y el parasitismo serán modos de vida condenables”.

Así, en ese lenguaje que el Partido Comunista Dominicano hubiera condenado por derechista, se escribió el documento fundamental de Etiopía Tikdem, y dejamos al lector que opine con entera libertad acerca de qué es un partido de liberación nacional, lo mismo en Etiopía que en Cuba o en Nicaragua.

14 de octubre, 1982.-

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Organización y disciplina

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Duarte, un hombre de FE
Juan Bosch

Para medir el papel de Duarte en la historia de nuestro pueblo tenemos que hacer con la imaginación un viaje hacia atrás por el tiempo que nos lleve a la capital dominicana de 1838, año de la fundación de la Trinitaria. Por esos días en Santo Domingo no debían vivir más de 3 mil personas, entre las cuales las mayores de 18 años no podían pasar de 1 mil 800, y en proporción a la de su capital era la población del país. Sólo quien tuviera una fe de esas que mueven montañas podía pensar que con una base humana tan escuálida podía llevarse a cabo una lucha que culminara en la fundación de un nuevo Estado en la América Latina.

Duarte tuvo esta fe, y también la capacidad política indispensable para reclutar y organizar seres humanos y para percibir, de manera instintiva, cuales, entre los que reclutaba, podían ejecutar los actos que conducirían a la creación del Estado que él había concebido.

Fue Juan Pablo Duarte quien ideó como debía quedar organizada y como debía funcionar La Trinitaria, y fue él quien atinó a darse cuenta de que entre los escasos pobladores de Santo Domingo de Guzmán había hombres como Francisco del Rosario Sánchez y Matías Ramón Mella, que además de sentimientos patrióticos tenían las condiciones necesarias para convertir en hechos un sueño que parecía irrealizable.

Santo Domingo, 23 de enero de 1983.-

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Cartas cruzadas con el cónsul de Trujillo en Curazao

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De la Independencia Efímera a la Trinitaria
Juan Bosch

El día primero de diciembre de 1821, el gobernador español de la provincia de Santo Domingo, don Pascual Real, “tan ingenuo como poco precavido”, como lo calificó Víctor Garrido sin tomar en cuen­ta que una persona ingenua es necesariamente poco precavida, “amaneció traicionado y preso, con la bandera colombiana on­deando en las astas públicas”, y en cambio el Dr. José Núñez de Cáceres, que hasta ese momento había sido Auditor de Guerra de la provincia y juez del Juzgado de Letras (leyes) de la ciudad de San­to Domingo, amaneció convertido por decisión suya en presidente de lo que él llamó Estado Indepen­diente de Haití Español, pero un Estado que tenía existencia nada más en los deseos del auto titulado presidente y en las de Manuel Carbajal, Juan Vicente Moscoso, Antonio Martínez Valdés, L. Juan Nepomuceno de Arredondo, Juan Ruiz, Vicente Mancebo y Manuel López Umeres, todos los cuales firmaron con Núñez de Cáceres el acta de la supuesta independen­cia nacional que se conocería en la Historia con el calificativo de efímera.

En la comunicación enviada al gobierno de España para noti­ficarle que la provincia de Santo Domingo había dejado de ser te­rritorio español se le pasaba una breve, pero sentida cuenta de la conducta que mantuvo la ex metrópoli con la que había sido la primera de sus posesiones en el Nuevo Mundo, y se le decía que los gobiernos españoles se acor­daban de Santo Domingo “para despachar patentes de grados su­periores a los europeos (españo­les de España, no del país, n. de jb.), conferirles los primeros pues­tos militares, destinar a esta plaza militares ociosos sin cuerpos ni compañías (o sea, sin tropas, n. de jb) organizar los dispendiosos ra­mos de artillería e ingenieros, re­cargar sueldos sobre las exhaus­tas rentas de esta Provincia, para estas y otras medidas que de día en día llevan rápidamente a su ex­terminio… doce largos años no han sido bastantes a enviar los au­xilios militares que se han pedido con tanta urgencia y de que hay tan absoluta falta de menos para recompensar los sacrificios de los valientes y liberales que derrama­ron su sangre y dieron sus bienes para rescatar el suelo patrio de la dominación francesa…”.

A lo que se alude en el párrafo copiado es al abandono en que España mantuvo a la provincia de Santo Domingo en los doce años transcurridos desde que se lleva cabo el movimiento conocido con la denominación de la Reconquista, que había culminado en la batalla de Palo Hincado y la toma de la capital del país tras la rendición de las armas francesas —episodio ocurrido doce años antes, en el 1809—, y de paso se aluda también al hecho de que los situados o envíos de dinero que debían llegar anualmente desde México y Caracas dejaron de hacerse hacía once años. Ante esa situación la Diputación Provincial se había rígido al rey de España para decirle, en comunicación fechada el 16 de enero de 1821, que desde “once años ha… permanecen en el mismo estado de espera, desnudos, hambrientos y perdidos todo sus bienes”, los que llevaron a cabo la guerra de la Reconquista, “sin que en este tiempo de espera haya(n) visto otra cosa que desembarcar empleados (que llegaban de España) y conferir puestos (públicos) a personas que si han contribuido en otra parte (de los territorios españoles de América) con sus servicios no son de absoluta necesidad en el estado de penuria en que se encuentra toda la isla”. (Debo advertir que la expresión “toda la isla” era incorrecta puesto que una parte de ella estaba ocupada por la República de Haití, que a esa fecha tenía dieciocho años de establecida; y aclaro que las expresiones puestas entre paréntesis son mías. Nota de jb).

Levantamientos y juntas

Las causas materiales del movimiento político llamado por nuestros historiadores la Independencia Efímera están dichas en los párrafos de la comunicación de la Diputación Provincial enviada al rey de España copiados arriba y en la parte de la que se le envió al gobierno español para notificarle que la provincia de Santo Domingo había dejado de ser territorio de nuestra antigua metrópoli. Estas causas se resumen en pocas palabras: el país que veinte y tres años después pasaría a llamarse República Dominicana se hallaba en estado de miseria tan agudo que padecían todas las capas sociales y la miseria llevó a mucha gente del pueblo a comparar lo que sucedía en Santo Domingo con lo que sucedía en Haití, donde la actividad económica se reflejaba en hechos como el que describe en su 'Estudios de la Historia de Haití' B. Ardouin (París, 1860, tomo 9) cuando refiere (pág. 22) que el 13 de mayo de 1821 -seis meses y medio antes la de la declaración de Independencia Efímera— los comerciantes haitianos de Puerto Príncipe organizaron un círculo de comercio o sociedad por acciones, y que el día 24, siguiendo ese ejemplo, los de la región del norte instalaron una Cámara Comercial en Cabo Haitiano.

No se sabe cómo llegaban a Santo Domingo las noticias de las mudanzas económicas de Haití, pero no hay duda de que llegaban porque de no ser así no se explicarían los levantamientos de militares dominicanos que se declaraban partidarios de unión con Haití, como el de Andrés Almarante, comandante de Dajabón, el de Diego Polanco, comandante de Monte Cristi, que le escribió al jefe militar de Cabo Haitiano diciéndole que “el pueblo de San Fernando de Monte Cristi ha juzgado oportuno enarbolar la bandera haitiana y lo hemos consentido”, hecho que se anticipó en quince días a la acción de Núñez de Cáceres y sus compañeros, y sin duda también se anticipó el levantamiento de Dajabón, que fue anterior al de Monte Cristi, pero no quedó constancia de cuándo ocurrió. Lo que se sabe, porque lo dice Ardouin, es que una comunicación enviada a Boyer por Almarante está fechada el 15 de noviembre, de decir, el mismo día que a del comandante Diego Polanco.

La noticia de lo que había sucedido en Santo Domingo el 1 de diciembre llegó a Puerto Plata en menos de dos semanas porque allí se formó una junta que puso en las astas la bandera haitiana y el 13 de diciembre solicitó el respaldo del general Antonio López Villanueva, comandante de la fortaleza de aquella ciudad, en su repudio de lo que habían hecho Núñez de Cáceres y los que firmaron con él su declaración de independencia.

En Santiago se formó otra junta, a la que se refiere Ardouin llamándola “provisional”. Esa junta envió a Haití tres delegados —Juan Núñez Blanco, José María Salcedo y Fernando Morel de Santa Cruz, que debía ser familiar muy cercano del que fuera importante personaje de la Iglesia Católica de Cuba—, y entre los asuntos que debían tratar con el presidente Boyer uno era “Que la Constitución de la República de Haití nos gobierne en lo adelante”, y otro, que “la deseamos con la libertad de los esclavos”, tema que no figuraba en el acta de la independencia levantada por Núñez de Cáceres y sus compañeros.

De la Independencia Efímera a La Trinitaria

El Consejo Municipal de Puerto Plata le envió a Boyer otra comunicación llevada por José María Roxas... y firmada por Joaquín Bidos, Luis Rodríguez Plantes y Francisco Antonio del Campo, y en ella le pedían “en nombre de esta pacífica jurisdicción todo lo que pueda convenir al bienestar de sus habitantes, a su seguridad personal y a la conservación de sus propiedades”; por su parte, el general López Villanueva respondió a la junta puertoplateña diciéndole que había dado orden de que “se enarbolara la bandera haitiana” y llamaba a Boyer “un hombre por excelencia filántropo”.

El movimiento que pedía la unión de dominicanos y haitianos bajo el gobierno de Boyer se extendía como fuego en un pinar; en él pasó a participar La Vega, cuyo comandante militar, Juan Ramón, le escribió a Boyer diciéndole que esa ciudad, “vecina de Santiago ha imitado su ejemplo y enarbolado, con toda la solemnidad consiguiente, la bandera de su respetable gobierno de usted”, y el 14 de enero hacían lo mismo grupos de Cotuí y San Francisco de Macorís, de San Juan de la Maguana, de Neiba, de Azua, entre cuyos firmantes aparecía nada menos que Pablo Báez, alcalde (síndico) que era de la vieja ciudad y padre de Buenaventura. Hasta Samaná llegó la ola de las adhesiones y peticiones, todas redactadas en forma tan parecidas que dejan la impresión de que eran escritas siguiendo un modelo enviado desde Haití.

Ardouin fue un historiador que puede figurar entre los más esmerados y laboriosos de América, pero era un idealista que achacaba los hechos históricos a pasiones o deseos de los personajes que encabezaban esos hechos. El capítulo III del tomo 9 de su libro está dedicado a relatar el movimiento que los dominicanos hemos bautizado con el nombre de Independencia Efímera pero escrito desde el punto de vista haitiano, y desde ese ángulo Ardouin no podía no podía explicarse las causas materiales de ese episodio de la historia dominicana que fue al mismo tiempo un episodio de la de Haití porque le abrió las puertas a la incorporación de la antigua provincia española al Estado haitiano, y visto con la perspectiva que proporciona al estudio de la historia, ese episodio condujo, veintidós años más tarde, a la creación de la República Dominicana, o dicho de otro modo, condujo, dieciséis años después, a la fundación de La Trinitaria.

Para Ardouin, la Independencia Efímera tuvo su origen en resentimientos de José Núñez de Cáceres contra el gobierno español porque no se le concedió la petición, que hizo repetidas veces, del cargo de oidor de la Audiencia de Quito, capital de Ecuador, explicación que muchos años después iba a mantener Américo Lugo. Pero lo que dicen las contadas descripciones de la situación de miseria en que vivían los dominicanos de esos años es otra cosa; dicen que Núñez de Cáceres actuó como lo hicieron los comandantes de armas de Dajabón, de Monte Cristi, de Santiago, de Cotuí, de La Vega, de Neiba, de Samaná, sólo que en forma diferente porque la posición que él desempeñaba en el tren de la burocracia española lo colocó en una altura a la que no llegaban esos comandantes.

El 9 de febrero de 1822, esto es, dos meses y nueve días después de haber sido declarada la Independencia Efímera, hacía su entrada en la capital de la porción oriental de la isla Jean Pierre Boyer. La Independencia Efímera había sido efímera pero no llegó a ser independencia... Pero como la historia es un proceso que no se detiene, del fracaso de la Independencia Efímera saldrían los acontecimientos que produjeron la necesidad de crear La Trinitaria y llevarla hasta el momento en que sus hombres enmendaron el yerro cometido por José Núñez de Cáceres.

26 de enero de 1986.-

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Perfil político de Pedro Santana

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Cien Años...
Juan Bosch

En febrero de 1944 se cumplieron cien años de la independencia de la República Dominicana. Con motivo de tan sentida efeméride para los dominicanos, Juan Bosch, a la sazón residente en Cuba, escribió un artículo para la Gaceta del Caribe, que se editaba en ese hermano país. El artículo, titulado “Cien años…”, vio la luz en la edición del mes de marzo del mencionado año.

Con motivo de conmemorarse el 26 de enero pasado el bicentenario del natalicio de Juan Pablo Duarte, ideólogo de la independencia nacional, y en este mes de febrero el 169 aniversario de nuestro nacimiento como república, reproducimos para los lectores de Vanguardia del Pueblo el artículo “Cien años…”, que dejamos inmediatamente a disposición de los lectores del vocero escrito del Comité Central del PLD después de dejar constancia de que lo hemos tomado del libro Juan Bosch en Cuba, editado de manera conjunta por la Fundación Global Democracia y Desarrollo (Funglode) y la Cátedra Juan Bosch de la Universidad de La Habana, con el trabajo en calidad de compilador del historiador Luis F. Céspedes Espinosa.
El 27 de febrero se cumplió el primer centenario de haber aparecido en el mundo de las naciones independientes la República Dominicana. Las circunstancias han querido que tan significativo aniversario se conmemore cuando menos libres, a lo largo de su historia, han sido los dominicanos.

Agobiados por la dictadura, los ojos de esa patria antillana escudriñan ahora en la vida pasada de su pueblo, buscando enseñanza que les comuniquen mayor fe en el porvenir. ¿Y qué hallan?

Hallan que en cien años de vida republicana, el pequeño país que se reparte con Haití —entre Cuba y Puerto Rico— la isla que Colón llamó Española, se ha debatido con admirable tesón y ha luchado sin desmayo por mantener, en medio de las mayores adversidades, su independencia y su libertad, unas veces abatidas por extranjeros, otras veces por nacionales traidores, otras por estos de acuerdo con aquellos. La lección que se desprende de la historia dominicana es impresionante para los hijos de la indomable república y funesta para quien la oprime al cumplirse su primer centenario: porque de ella salta a la vista que, perdidos en su pequeñez económica, social, geográfica, los dominicanos han luchado contra fuerzas gigantescas y las han vencido, muchas veces cuando parecía inútil y sin la menor esperanza de triunfo. La lección de la historia enseña, sobre todo, algo que Trujillo y sus secuaces no han visto: que todo acontecimiento importante ocurrido en el mundo, a menudo en los parajes más apartados de la República Dominicana, ha influido allí de manera decisiva, ya a favor del pueblo, ya en su daño, según la dirección de aquellos acontecimientos, cuándo y dónde se produjeron.

Por ejemplo, todas las guerras europeas de los siglos XVI, XVII y XVIII resonaron en Santo Domingo, la mayor parte de las veces haciendo cambiar de metrópoli la colonia, llevando a sus tierras o llevándose de ellas inmigraciones o emigraciones que enriquecían o empobrecían al país; dejando en cada caso un aporte económico o cultural o institucional, siempre importante, para bien o para mal, en la vida del naciente pueblo.

Tras innumerables vaivenes, que se traducían en acuerdos y desacuerdos, en guerras por territorios casi despoblados en la montañosa isla del trópico, Francia y España llegaron a un entendido definitivo en la Paz de Basilea (1777), y debido a él la isla fue repartida en más de 50 mil kilómetros de la parte oriental, la colonia española de Santo Domingo; en menos de 20 mil kilómetros de la parte occidental, la colonia francesa de Haití. La primera quedó vegetando, punto menos que olvidada por su metrópoli; en la segunda levantó Francia una factoría de proporciones colosales, mantenida con el trabajo de cientos de miles de negros esclavos, llevados en incesantes corrientes desde el África. Cuando se produjo la Revolución francesa, Haití tenía ya 600 mil esclavos manejados por 30 mil blancos y era la colonia más próspera del mundo, con mayor producción ella sola —sin una mina en su suelo— que todo el resto de la América española, con sus yacimientos de oro, plata y piedras preciosas. La colonia española de Santo Domingo, sin embargo, tenía para entonces escasamente 60 mil habitantes, algo más de uno por kilómetro cuadrado; su comercio, sus industrias y sus comunicaciones con el mundo y su interior, eran casi inexistentes. Sobre este escenario, sobrecargado en un extremo de la isla y descargado en el otro, iba a operar, enérgicamente, la Gran Revolución.

La caída del rey en Francia dejó virtualmente en el aire a sus delegados en Haití. Apoyados por los enriquecidos colonos, esos delegados se rebelaron contra la autoridad revolucionaria; buscó esta apoyo en el pueblo —mulatos y negros libres, franceses pobres y algunos idealistas de la clase dominante— y el pueblo respondió.

Resultado: la convulsión más frenética imaginable y, a su sombra, la revolución más completa que conoce la historia. Aparecieron notables líderes mulatos y negros que, una vez con prestigio, y autoridad concedida por la República en pago de servicios o porque los necesitaba, lo aprovecharon en soliviantar a las masas esclavas contra sus antiguos amos. Al cabo de largos años de sangre y exterminio, la antigua colonia se hizo república, una república negra, la única en el mundo —aún hoy— que mantuvo una guerra de independencia —colonia contra metrópoli—; racial —negros y mulatos—; social —la clase explotada contra la privilegiada—, todo esto a un tiempo y sin teoría previa.

Mientras ese proceso se desenvolvía, la parte española sufría invasiones haitianas bajo la bandera francesa, invasiones haitianas bajo la bandera de la nueva república y, finalmente, cesión a Francia por parte de España. Cuando hacia 1808 parecía haberse normalizado la vida en la isla, el panorama era este: Haití, independiente; Santo Domingo, en manos de las tropas napoleónicas. La vieja colonia española en América había padecido a mares. Toussaint Louverture había proclamado, para justificar la primera invasión haitiana, que la isla era “una e indivisible”, y con esa doctrina cubrieron sus invasiones Dessalines y Cristóbal, a cuyo paso quedaban degolladas las poblaciones dominicanas, ardiendo las ciudades, y huyendo por los bosques millares de personas. Como en el origen de esos males estaba Francia, los colonos de Santo Domingo odiaban a Francia. Así, cuando un dominicano del pueblo, Juan Sánchez Ramírez, organizó la lucha contra los franceses para devolver la colonia a España, halló tal calor en las masas —además de apoyo en los españoles de Puerto Rico—, que no le fue difícil emprender la obra. Su ejército, formado por campesinos ganaderos y antiguos oficiales criollos de los regimientos coloniales españoles, se enfrentó al francés, mandado por el Gobernador Militar en la sabana de Palo Hincado. Juan Sánchez Ramírez había dicho, poco antes de comenzar la batalla, “Pena de la vida al soldado que volviere la cara atrás; pena de la vida al tambor que tocare retirada y pena de la vida al oficial que la mandare, aunque fuere yo mismo”; y no tuvo que aplicar la terrible ley. Los franceses fueron derrotados; su jefe se suicidó; la capital de la colonia fue sitiada por tierra; la escuadra inglesa de las Antillas la bloqueó por mar. Santo Domingo volvió a se española. ¿Por qué no libre, mejor? Porque “Haití está ahí y si no nos ampara un poder más fuerte que él, se nos echará encima”, decía Sánchez Ramírez, nombrado Capitán General después de su hazaña.

Eso pensaban todos los dominicanos; pero al cabo de los años algunos se dijeron que el poder amparador no tenía que ser necesariamente España, y ni siquiera europeo; que podría ser americano. Así, en 1821, la colonia se declaró independiente de España y se colocó bajo el amparo de Colombia, como protectorado. Se cometió el grave error de no consultar este paso con Bolívar. Cuando, hecha ya la independencia, una comisión encargada de poner los sucesos en conocimiento del Libertador llegó a Bogotá, era tarde: enterados del error, los haitianos habían invadido, tomado posesión de la Capital y de todo el territorio de la isla, a la que declararon otra vez “una e indivisible”. Durante veintidós años —de 1822 a 1844— gobernarían en la antigua colonia española.

¿Cómo y por qué fue posible que en veintidós años de dominación, el pequeño, débil, casi inexistente pueblo dominicano conservara su unidad, se organizara para luchar y lograra al cabo, surgir hecho república independiente? ¿Cómo fue posible que poco más de 100 mil seres, niños, mujeres, ancianos entre ellos, desperdigados a razón de menos de dos por kilómetro cuadrado en una tierra inculta, casi abandonada del todo a la naturaleza sin comunicaciones entre sí ni con el mundo exterior, sin escuelas, sin industrias, respondieran a la llamada de la historia venciendo a una nación muchas veces más poderosa?

Esto es lo que deberían preguntarse los opresores de Santo Domingo; si se lo preguntaran hallarían la respuesta en los hechos mismos. Los dominicanos han probado, en los últimos ciento cincuenta años, una capacidad combativa muy superior a cuanto pueda sospecharse. Además, al cabo de eras de opresión han surgido siempre bajo un aspecto mucho más avanzado de lo que nadie imaginara; instintivamente, ese pueblo ha aprendido profundamente cada lección de la historia y la ha aplicado con admirable energía. Nadie puede predecir cómo se comportará al final de esta feroz dictadura que hoy padece. Pero si hemos de juzgar el porvenir por el pasado, habremos de convenir en que esta guerra —que no es solo una guerra internacional, sino una revolución mundial llamada a transformar toda la faz de la tierra— tendrá sus repercusiones también en Santo Domingo y que de ellas muy bien puede salir el pueblo liberado para siempre, no exclusivamente de Trujillo, sino de toda clase dominante que de tan poca habilidad para regir al país ha estado dando pruebas fehacientes en los últimos años.

También en los primeros tiempos de la dominación haitiana los dominicanos parecieron dispuestos a tolerar. Excepto pequeñas rebeliones, rápidamente ahogadas en sangre, nada ocurría. Dieciséis años después de haberse iniciado la invasión, es decir, en 1838, algunos jóvenes empezaron a organizarse para la lucha. Sus fines eran libertar al país de los haitianos y fundar una república. Cuando emprendieron la tarea, aquellos propósitos parecían sueños de ilusos. Los iniciadores fueron tres: Juan Pablo Duarte —a quien se llama Padre de la República—, Francisco del Rosario Sánchez y Ramón Mella; este, abuelo de Julio Antonio Mella, el malogrado líder cubano.

Duarte, Sánchez y Mella se organizaron secretamente, sobre la base celular; cada célula estaba integrada por tres personas y la asociación se llamó la Trinitaria. Durante cinco años los trinitarios trabajaron tan hábil y cautelosamente que los haitianos no tuvieron noticias de su existencia, a pesar de que se extendían rápidamente. Cuando la tuvieron y empezaron la persecución, poco pudieron hacer. Duarte huyó del país, Sánchez se escondió y se corrió la noticia de que había muerto. Al producirse en Haití la revolución llamada de la Reforma, los trinitarios la apoyaron, buscando así aliados en el enemigo. Al principio de 1844 los conspiradores se sintieron suficientemente fuertes y enviaron correos a todo el país anunciando la proximidad de la rebelión. Desde Curazao, Duarte escribió a sus familiares ordenándoles vender todas las propiedades y entregar el dinero a la causa. La enorme fe de aquellos hombres, una fe casi injustificada, es un ejemplo conmovedor y una lección enérgica para la actual generación dominicana.

Observando, al cabo de cien años, los hechos, parece increíble lo que aquellos hombres hicieron. Pues es lo cierto que en Santo Domingo no había aparentemente elementos con qué fundar y mantener una república independiente. ¿Cuándo se ha visto formar una república en un país pobre, ignorante, casi despoblado, desligado del mundo? Se necesita un valor inapreciable para no temer el porvenir.

Los trinitarios no le temieron. Ordenada la rebelión, en la noche del 27 de febrero de 1844 salieron, de los lugares que circundaban la Capital, columnas hacia esta. A media noche, la antigua Puerta del Conde, en las murallas de la ciudad, estaba repleta de conjurados. Ramón Mella disparó el primer trabucazo republicano; la nueva bandera trepó el mástil, y en medio de la oscuridad su blanca cruz resplandecía como un símbolo de esperanza. Como el fuego en un camino de pólvora, la rebelión se extendió velozmente a todo el país, y cuando, días después, el gobierno haitiano reaccionaba y enviaba dos poderosos ejércitos —uno por el Norte, sobre Santiago de los Caballeros, y otro por el Sur, sobre Santo Domingo—, los dominicanos estaban marchando, a pie y a caballo, hacia el Oeste, a defender su joven república. El 19 de marzo, los haitianos fueron vencidos en Azua; el 30 del mismo mes, en Santiago. La República Dominicana quedaba consolidada por el momento, pero tendría que luchar durante once años, en la frontera, para no perecer. Luchó y venció. Aún hizo más, porque veinte años más tarde lucharía también contra España, en la sangrienta guerra de la Restauración, y contra España iba a resultar vencedora; y en 1916 contra los norteamericanos, que la ocuparon durante ocho años.

Esas batallas por supervivir como república han ido aparejadas con un constante forcejeo por su libertad interior. Actualmente lo mantiene. ¿Quién duda de que al cabo logrará sus fines? Sólo los opresores, en todos los tiempos, ciegos para ver la realidad y sordos a las lecciones de la historia, son capaces de no comprender que un pueblo tan indomable tiene en sí mismo los elementos necesarios para alcanzar cuantas victorias crea necesarias y cuantos fines se proponga. El fin que más persistentemente ha perseguido el pueblo dominicano ha sido su libertad.

Esta lección de los últimos cien años, la lección que debería aprender Trujillo; la que, por desdicha, tendrá que aprender un día entre sangre dominicana, lágrimas dominicanas, ruinas dominicanas. La aprenderán así él y todos los que, en el país y fuera de él, sostienen su régimen de oprobio, baldón del centenario de la República, que debería ser celebrado por el pueblo libre que soñaron los fundadores trinitarios.

La otra lección admirable que deja este centenario, ignorada también por la tiranía de Trujillo, es la actitud que, después de haber terminado la guerra con Haití, en 1855, mantuvo el pueblo dominicano hacia su vecino y antiguo dominador. Ningún resquemor quedó en la población de la nueva República hacia la de sus viejos opresores. La convivencia dominico-haitiana —dos pueblos en apariencia antagónicos en una pequeña isla— fue siempre magnífica y enaltecedora, sobre todo para los dominicanos. La dictadura de Trujillo la manchó ordenando matanzas de haitianos y tratando de sembrar, después, el odio hacia Haití en el corazón del pueblo.

En este secular aniversario de la República, ¿qué sienten los dominicanos contra sus vecinos? Confiemos todos que la esperanza de seguir conviviendo cordialmente; una esperanza honda, acaso demasiado íntima, porque hacerla pública sería desatar las iras de Trujillo. Que ella llegue a ser realidad; habrá de constituir el silencioso pero elocuente castigo de un pueblo al hombre que desvirtúa su genio nacional, que es generoso, humano, respetuoso de la libertad ajena, tanto como celoso de la suya.

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Carta al embajador Robert Yost

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La Guerra de la Restauración no empezó el 16 de agosto
Juan Bosch

La gran mayoría de los domini­canos cree que la guerra contra el poder español restablecido en el país el 18 de marzo de 1861 co­menzó el 16 de agosto de 1863, y no fue así. Sin tomar en cuenta el amotinamiento de San Francisco de Macorís, con el que se preten­dió evitar que la bandera española fuera izada allí cinco días después de haber sido proclamada la ane­xión a España, fueron varias las acciones de armas llevadas a cabo para impedir la Anexión, o para re­conquistar la independencia, y la que empezó el 16 de agosto de 1863 fue la última de ellas.

La primera de esas acciones se dio en Moca donde José Contre­ras, Cayetano Germosén, José Ma­ría Rodríguez e Inocencio Reyes tomaron la Comandancia de Ar­mas el 19 de mayo de 1861, esto es, cuarenta días después del amotinamiento de San Francisco de Macorís. A fines de ese mes de mayo Francisco del Rosario Sán­chez tomó el Cercado mien­tras un grupo encabezado por Ca­bral y Pina tomaba Las Matas de Farfán. Como se sabe, Sánchez fue fusilado, y con él varios de sus compañeros de armas, el 4 de julio de 1861, a los tres meses y medio de haber sido proclamada la Ane­xión.

Las protestas armadas contra la Anexión que se hicieron en 1861 no tuvieron apoyo popular. ¿Por qué? Porque las masas del pueblo, que en esa época y aún más de cincuenta años después eran mayoritariamente campesinas, esperaban que al pasar a poder de Es­paña ellas alcanzarían el nivel de bienestar que conocían los pue­blos de Cuba y Puerto Rico y no tenían idea de lo que era la escla­vitud africana porque esa infamia había sido abolida en el país hacía cuarenta años. En una carta que le envió al general Santana su sobri­no Manuel seis días antes de que fuera proclamada la Anexión, el sobrino decía: (Con la anexión a España) “nos veremos librados de esta condi­ción de pobreza y calamidades, y puedo decirte que nunca podría ser mejor recibida la anexión que ahora, puesto que el pueblo de­seaba cualquier cambio que pudie­ra mejorar su situación… todo el mundo ha manifestado el mayor entusiasmo y contento desde que se les explicó claramente las ven­tajas que derivará la República en­tera y cada individuo en particular (de la Anexión); todos han jurado con la mayor buena fe aceptar con júbilo el arreglo espléndido que convierta a la República en una Provincia de España… Te aseguro que aquí (Hato Mayor), en el Sei­bo y también en Higüey por lo que me dijo el general Miches, to­dos declaran que hubieran desea­do que se izara la bandera (espa­ñola) antes…”.

Las capas más altas de la po­blación se llenaron de ilusiones con la idea de que el país iba a prosperar y con él los comercian­tes y muchos militares, y les trans­mitían esa creencia a los artesanos de los pueblos y a los campesinos con los que mantenían relaciones económicas, es decir, los que iban a los pueblos a vender sus frutos, y en 1862 esas ilusiones se mantenían a pesar de que no se habían visto señales de que se da­rían los cambios esperados. Al contrario, las señales eran som­brías.

Racismo y planes

En el caso de los militares, por ejemplo, que eran hombres de ac­ción y habían combatido, primero contra Haití, luego en las luchas entre Santana y Báez, y en los úl­timos tiempos en la revolución de los cibaeños contra Báez, sus ilu­siones fueron groseramente burla­das por la realidad en dos aspec­tos: el racial y el económico.

Los militares y los empleados públicos que España mandaba a su nuevo territorio antillano no llega­ban al país desde España sino des­de Puerto Rico y Cuba. En esas dos islas había esclavitud, y como se sabe los esclavos eran negros africanos, lo que llevaba a los mi­litares y empleados españoles traí­dos a Santo Domingo (nombre que se le había dado a la Repúbli­ca Dominicana a partir del mo­mento en que fue proclamada la Anexión, pero era el que se había usado en los siglos XVII y XVIII) a pensar que el negro era un ser inferior, y sucedía que en nuestro país abundaban los negros y los hijos de negros de color más cla­ro —los llamados en Cuba mulatos— que en las guerras contra Haití y las de santanistas y baecistas habían ascendido a generales y coroneles, y como el país era muy pobre, hacían trabajos de po­bres; de manera que había dos causas para que los militares españoles humillaran a los militares dominicanos, y a veces la humilla­ción era muy cruel como lo dice el general José La Gándara en 'Anexión y Guerra de Santo Do­mingo'; una era que los oficiales y soldados del ejército español, “así como los empleados que España mandó a su nueva Antillas, estaban acostumbrados a considerar la ra­za negra y los mestizos como una raza anterior y no se recataron en manifestarlo”, y era frecuente que les dijeron a los negros domi­nicanos, aunque estos fueran mili­tares, que si estuvieran en Cuba o en Puerto Rico los venderían como esclavos.

El mismo La Gándara dijo en el libro mencionado que un gene­ral de división dominicano tenía un sueldo de 60 pesos si estaba en la lista de los oficiales activos y de 30 si estaba en la de los pasi­vos; un general de brigada recibía 50 ó 25; un coronel, 40 ó 20; un teniente coronel, 30 ó 15; un capitán, 20 ó 10; un teniente, 15 ó 7.50; un subteniente, 10 ó 5, y explica que “los militares do­minicanos siguieron sintiéndose humillados cuando comparaban su situación con la de los milita­res españoles”.

Además de la animadversión que el gobierno español creó en los militares dominicanos envian­do a Santo Domingo militares que llegaban de Cuba y de Puerto Rico deformados por un racismo ofen­sivo y agravando la situación con una diferencia exorbitante entre los sueldos que ganaban los ofi­ciales españoles y los que ganaban los oficiales dominicanos, se apli­caron muchas otras medidas que incrementarían el recelo de los na­turales del país en todo lo que tu­viera que ver con medidas dispues­tas por los funcionarios públicos que España enviaba a Santo Do­mingo.

José Gabriel García dice que en los primeros meses de 1862 se hi­cieron muchos planes: construir un muelle en la Capital, instalar faros en varios lugares de las cos­tas, construir un ferrocarril de La Vega hasta Almacén de Yuna (hoy, Villa Riva), canalizar el Yuna y el Yaque del Norte, este último desde Guayubín hasta la bahía de Manzanillo; establecer un banco de crédito “para el desarro­llo de los recursos elementales de progreso”, siembras de algodón y café y caminos carreteros.

Levantamientos en febrero, 1863

Nada de eso se hizo; al contra­rio, lo que hicieron las autoridades españolas fue tomar medidas que irritaron a la capa de los que diri­gían entonces a la sociedad domi­nicana, que eran los comerciantes importadores, pero al mismo tiempo irritaban con otras medi­das a campesinos y artesanos, y como Santana había renunciado a seguir siendo el jefe político y mi­litar del país, los militares santanistas abandonaron, si es que la tenían, toda esperanza de que Santana pusiera en ejecución pla­nes que mejoraran su situación. Lo dicho explica que al comenzar el año 1863, en la madrugada del 3 de febrero, un grupo de neiberos asaltaran, como lo hicieron, la comandancia de Armas del lugar y prendieron al jefe militar del puesto, el general Domingo Lasala.

La acción de Neiba no pasó de ahí porque el alcalde de Neiba (hoy se diría el síndico) hizo preso al jefe del movimiento, pero su­cedía que en el Cibao estaba en marcha una conspiración mucho más seria que la de Neiba, organi­zada con dos centros de mando; uno en Sabaneta, población que ahora lleva el nombre de Santiago Rodríguez, con ramificaciones en Guayubín, Monte Cristi, San José de las Matas y Puerto Plata, y el otro en Santiago de los Caballe­ros. Es probable que desde Santia­go de los Caballeros fueran envia­das órdenes o propuestas a Moca, La Vega y San Francisco de Macorís, porque las autoridades es­pañolas sabían que iba a haber un levantamiento.

El levantamiento debía llevarse a cabo el 27 de febrero de ese año 1863, bajo la jefatura en la región liniera de Santiago Rodríguez mientras en Santiago de los Caba­lleros los jefes eran los miembros del Ayuntamiento y algunas per­sonas prominentes al servicio de España, dice Pedro M. Archam­bault en su 'Historia de la Res­tauración', aunque los que en rea­lidad actuaron fueron otros: Ra­món Almonte, los comandantes Vidal Pichardo y Carlos de Lora, y agrega Archambault: “…en su mayor parte (eran) elementos obreros”, palabras que yo comen­to en 'La Guerra de la Restaura­ción' diciendo (Pág. 89) que “ha­ce muy pocos años -en el 1960 y tantos- en la República Do­minicana se les llamaba obreros a todos los que se ganaban la vida con tareas manuales aunque no le vendieron a nadie su fuerza de trabajo. Por ejemplo, ese Ramón Almonte que figura en la obra de Archambault entre los jefes del movimiento de Santiago era sastre…”.

Los planes del levantamiento en la Línea Noroeste fracasaron en Guayubín porque uno de los conjurados que estaba en la casa de una querida bebiendo ron fue saludado por un soldado español que lo llamó paisano, a lo que respondió ofendido diciéndole que “Dentro de cinco días uste­des sabrán lo que les viene enci­ma”, palabras amenazantes que llegaron rápidamente a los oídos del jefe del puesto militar español de Guayubín quien mandó pren­der en el acto a su autor, pero el autor cruzó el río e informó de la situación al coronel Lucas Evan­gelista de Peña, que vivía en El Po­cho; de Peña convocó a los cam­pesinos del lugar y en la noche del 21 de febrero, dieciocho días des­pués del levantamiento de Neiba, atacó Guayubín. Al amanecer del 22 se levantó en Sabaneta Santia­go Rodríguez; en la noche de ese día se dio el levantamiento en Monte Cristi y el día 24 se pro­ducía el de Santiago de los Caba­lleros.

El último fue masivo y se llevó a cabo en dos días. En el del día 24 participaron unos ochocientos hombres que tomaron la cárcel vieja y pusieron a los presos en libertad, pero además se dirigieron al fuerte San Luis, donde se halla­ba la guarnición española, con in­tenciones de tomarlo, pero fueron interceptados por un destacamen­to español que les hizo cinco muertos y dieciséis heridos; en el del día 25 mil cuatrocientos hom­bres muchos de los cuales llevaban banderas dominicanas circunvala­ban la ciudad pero no la atacaron porque el levantamiento había si­do liquidado con la prisión de las autoridades municipales.

La última etapa

En Guayubín fue atacado el fuerte de Manga el día 2 de marzo y para esa fecha muchos de los conjurados de Guayubín y Monte Cristi habían cruzado la frontera haitiana y se internaron en el país vecino. Los días 3 y 5 los españo­les atacaron Sabaneta de donde salió Santiago Rodríguez con al­gunos de sus compañeros para irse a Haití. Allí, manteniéndose en contacto permanente con los par­tidarios de la lucha contra España se reunieron Santiago Rodríguez, Benito Monción, José Cabrera, con la ayuda de amigos haitianos y la de un sastre santomeño lla­mado Humberto Marsán, que hizo la bandera dominicana destinada a ser estrenada al comenzar la gue­rra de la Restauración, y valién­dose de campesinos y aventureros de la región fronteriza se dedicaron a pasar armas, municiones y pólvora de contrabando hacia el lado dominicano y a la vez pasa­ban hombres dominicanos hacia Haití.

En la noche del 15 de agosto Santiago Rodríguez y José Cabre­ra salieron de Haití por el lugar llamado David; iban al mando de ochenta hombres y su plan era llegar a Sabaneta. Por su parte, Benito Monción, llevando la bandera que había hecho Marsán, se dirigió a Guayubín mientras Pedro Antonio Pimentel fue a tomar po­siciones entre el Paso de Macabón y Dajabón.

José Gabriel García refiere que a “Benito Monción le amaneció con su gente en el Cerro de las Pa­tillas, a la vista de Dajabón”, y su­cedía que ese mismo día 16, a las 6 de la mañana, salía de Dajabón hacia Guayubín el comandante español, jefe del batallón San Quintín y gobernador de Santiago, Manuel Buceta, hombre tan duro que en el Cibao, durante muchos años, se decía de todo el que fuera mal visto por ejercer el poder con exceso que era “Más malo que Buceta”.

José Gabriel García, que no ha­cía ninguna afirmación sin haber comprobado lo que iba a decir con el testimonio de uno o varios actores del episodio que se propo­nía relatar, asegura que los prime­ros disparos de la guerra de la Res­tauración sonaron a las nueve de la mañana del 16 de agosto. Esos disparos salieron de fusiles de los hombres comandados por Pimen­tel que se hallaban en el paso de Macabón, pero a la vez que los de Pimentel disparaban de frente los de Benito Monción lo hacían en la retaguardia de los españoles, pero hay que aclarar que esos disparos fueron los primeros de la última etapa de la guerra, que comenzó ese día.

García dice que Buceta aban­donó el camino de Guayubín y to­mó el de Castañuelas con el pro­pósito de dirigirse a Monte Cristi, y Monción y Pimentel, que ha­bían reunido sus fuerzas, lo per­siguieron hasta Castañuelas, donde dejaron descansando a la infante­ría mientras Pimentel seguía la persecución con la caballería, va­liéndose, dice García, “de hachos encendidos para poder ver las hue­llas que dejaban” en la oscuridad de la noche los hombres de Buce­ta, y cuando se dio cuenta de que Buceta se proponía volver a Gua­yubín le mandó un expreso a Monción para pedirle que se le uniera, cosa que sucedió a media noche, y al amanecer del día 17 alcanzaron la columna española, la atacaron y la derrotaron, con lo cual evitaron, sin darse cuenta de lo que hacían, que las fuerzas de “Guayubín, aumentadas con los soldados de Buceta, pudieran re­sistir la embestida dominicana que iba a tener efecto el día 18, cuan­do Guayubín fue tomado por fuerzas del general Juan Antonio Polanco, hermano del general Gas­par Polanco”.

El 16 de agosto comenzó la etapa final de la guerra de la Res­tauración y por cierto lejos de Santiago, en la región de la Línea Noroeste, y además, entre los que combatieron ese día no se hallaba Gregorio Luperón a quien la in­mensa mayoría de los dominica­nos considera como el iniciador de esa guerra. Luperón empezó a participar en la guerra dos semanas después, al comenzar el mes de septiembre, cuando llegó a Santiago proce­dente de un campo de La Vega llamado La Jagua donde estaba residiendo desde hacía varios me­ses.

19 de agosto, 1986.-

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Planes y métodos
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La clase dominante que no es clase gobernante
Juan Bosch

La tesis de que la clase dominante dominicana no ha llegado a ser todavía clase gobernante ha quedado demostrada de manera irrefutable en los primeros días de este mes de enero con varios hechos, de los cuales sobresalen dos porque son ejemplos que pueden ser apreciados objetivamente por todos los que observan con cierto detenimiento la vida pública del país; y estamos refiriéndonos a la designación como director general de Aduanas y Puertos del ingeniero electromecánico Pedro Porrello Reynoso, que hasta ocho días antes había sido el secretario de Educación y Bellas Artes, y a la escandalosa muestra de improvisación que ha dado el gobierno nacional a la hora de poner en ejecución el papel que le tocaba desempeñar como firmante del Acuerdo de San José.

Por sí solo, el nombramiento de secretario de Estado de Educación en favor de Porrello Reynoso fue una demostración de que el país no tiene una clase gobernante porque el nuevo ministro no tenía antecedente alguno, ni político ni técnico, que justificara su designación para ese cargo, uno de los más importantes, desde varios puntos de vista, que hay en el aparato del Estado. Pero haberlo llevado a esa posición puede haber sido un error si no hubiera sido, como fue, resultado del hecho de que la falta de una clase gobernante hace muy difícil escoger altos funcionarios que llenen a cabalidad los requisitos que demandan las funciones que van a desempeñar.

A la hora de buscar un sustituto del Dr. Castaños Espaillat para ocupar la jefatura de la escuela dominicana, el presidente Guzmán no lo encontró y echó mano del ingeniero Porrello como hubiera podido hacerlo con otra persona tan desconocida y tan incompetente como Porrello, y eso explicaba que lo pusiera en la alta y delicada posición en que lo puso, ¿pero qué explica que ocho o diez días después de haberlo destituido y de haber nombrado en su lugar a una persona que no tiene mejores condiciones que Porrello haya decidido designar a Porrello director general de Aduanas y Puertos, y sobre todo, cómo puede nadie explicar que Porrello haya aceptado esa nueva posición para la cual no tiene, hasta donde se sepa, ninguna clase de preparación?

Pasar de buenas a primeras de la Secretaría de Estado de Educación a la dirección general de Aduanas y Puertos es una manera de dar un salto en el vacío y al mismo tiempo descender en forma vertiginosa ante la opinión pública, pero ese salto y ese descenso no afectan para nada al ingeniero Porrello debido a que él no tiene noción de lo que le ha pasado; y no la tiene porque no forma parte de una clase gobernante cuyos miembros tendrían, en caso de existir, conciencia de cuál es su papel social y por tanto tendrían también ese tipo de dignidad formal, sino sustancial, que es propio de las personas que ocupan posiciones más altas que el común de los mortales.

En cuanto a la solicitud del gobierno para que el de Venezuela retirara su negativa a seguirle vendiendo a la República Dominicana petróleo reconstituido en la misma cantidad y en las mismas condiciones que lo hacía antes de que nuestro país firmara el Acuerdo de San José -en virtud del cual debíamos empezar el 1 de enero a recibir diariamente 14 mil barriles de crudo mexicano y 14 mil del reconstituido venezolano en vez de los 28 mil del último que nos vendía Venezuela-, el hecho de firmar un acuerdo con dos países que habían sido visitados por el presidente de la República para negociar ese acuerdo y pedir después que no se pusiera en vigor demuestra que el gobierno dominicano no tiene idea de lo que significa la firma de un jefe de Estado o de los que legítimamente lo representan al pie de un documento que lo compromete con otros Estados; y esa ignorancia de lo que es una obligación a nivel de Estados contraída sin que hayan mediado presiones de ninguna especie sólo se explica si aceptamos que los hombres de Estado que actúan así no forman parte de una clase gobernante.

¿Cuánto tiempo necesita una clase dominante para convertirse en clase gobernante? No lo sabemos, pero la velocidad a que marcha hoy la historia hace difícil que la clase dominante dominicana pueda convertirse en clase gobernante antes de que le toque desaparecer por desaparición del sistema que le ha dado vida.

1 de enero de 1981.-

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Carta abierta al presidente de la República (Joaquín Balaguer)

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Las armas atómicas
Juan Bosch

Los días 3 y 4 de este mes estuvimos hablando a través de La Voz del PLD (el programa de radio del Partido) de lo que podía significar para el mundo la declaración que había hecho el día 2 el presidente de la Unión Soviética, Leónidas Breznev, y lo hicimos porque nos pareció que al pueblo dominicano había que explicarle de manera detallada las razones de esa declaración, aunque los detalles estuvieran limitados por el tiempo de que podíamos disponer en La Voz del PLD; lo hicimos y hemos recibido numerosas peticiones de que dijéramos en VANGUARDIA del Pueblo lo que habíamos dicho en el programa de radio del Partido porque son muchos los compañeros que quieren tener esas palabras en letra de imprenta. Vamos a complacer las peticiones que se nos han hecho así nos veamos en el caso de reducir lo que dijimos en La Voz del PLD porque en VANGUARDIA no disponemos para el tema de más espacio que esta página.

La Segunda Guerra Mundial

Lo que propuso el día 2 de noviembre Leónidas Breznev fue la destrucción gradual de todas las armas atómicas que hay en este momento almacenadas en varios países, entre los cuales están la propia Unión Soviética, Estados Unidos, Inglaterra, Francia, China, la India, y según se dice, hasta el pequeño pero agresivo Israel. Es más, dado el grado de avance industrial a que han llegado países pequeños de Europa y el Japón, cualquiera de ellos podría fabricar en poco tiempo una bomba atómica, y se asegura que hasta un corto número de personas podrían hacerla en un laboratorio privado y usando métodos de trabajo artesanales, aunque se trataría, naturalmente, de bombas de limitado poder de destrucción. Es verdad que adquirir los materiales que se necesitan para fabricar una bomba atómica no es fácil, pero ya se sabe que Israel robó los que le hacían falta para hacer la suya y lo mismo podrían hacer, según se teme, grupos terroristas de ésos que están dejando a ciertos gobiernos europeos sin aire que respirar.

La palabra atómica se refiere a la energía que producen los átomos de que están constituidos todos los cuerpos, pero no todos los átomos de todas las materias pueden usarse en fabricar bombas, así como no todas las bombas hechas a base de átomos se hacen con la misma materia ni siguiendo los mismos métodos. Las primeras que se fabricaron fueron hechas a base de dos minerales, el uranio 235 y el plutonio, y ésas fueron también las primeras que se tiraron sobre lugares poblados, pero después se fabricó la de hidrógeno, que ha sido probada pero no lanzada contra seres humanos; y recientemente el presidente Cárter pidió fondos para que los Estados Unidos fabriquen la bomba de neutrones, que está llamada a ser muchas veces más peligrosa que la de hidrógeno así como esta resultó ser miles de veces más poderosa que la atómica.

El explosivo más fuerte que se conoció hasta el siglo pasado fue la pólvora, y la pólvora quedó superada por la dinamita, hecha a base de nitroglicerina, pero a su vez la dinamita quedó superada por el trinitrotolueno o TNT, que fue el que se usó en las bombas aéreas que los aviones ingleses y norteamericanos lanzaron sobre Alemania en la Segunda Guerra Mundial. Las bombas de TNT tenían un enorme poder mortal, pero ese poder no era suficiente para asegurarles a los aliados (Inglaterra, la Unión Soviética y los Estados Unidos) la victoria sobre sus enemigos.

La guerra había comenzado con el ataque alemán a Polonia, que tuvo lugar al comenzar el mes de septiembre de 1939, y se mantuvo como guerra europea, o sea, llevada a cabo por países de Europa, hasta el día 7 de diciembre de 1941, cuando el Japón entró en ella bombardeando la flota norteamericana que se hallaba en la bahía de Pearl Harbor, que queda en la pequeña isla de Oahu, la cual es parte de un archipiélago o grupo de islas conocido con el nombre de Hawái. En esa misma isla de Oahu está Honolulú, capital del Estado norteamericano de Hawái. El bombardeo de Pearl Harbor provocó la participación en la guerra de los Estados Unidos, que respondió atacando territorios ocupados por los japoneses en varios lugares del Pacífico, de manera que la guerra pasó de europea que era a mundial porque se extendió a Asia y a América, y desde antes de extenderse a América se llevaba a cabo también en África debido a que los países envueltos en la contienda tenían colonias en ese continente. Esa es la razón de que se le llamara Segunda Guerra Mundial, palabras que sirven para distinguirla de la Primera Guerra Mundial, que había tenido lugar en los años 1914—1918 y se había llevado a cabo también en Europa, Asia, África y en las islas de Oceanía, con participación de los Estados Unidos y Canadá.

Atómicas y de hidrógeno

Para vencer a sus enemigos (el llamado Eje Roma—Berlín—Tokio, formado por Italia, Alemania y Japón), los aliados necesitaban armas mucho más poderosas que las bombas de TNT, y el gobierno de los Estados Unidos, encabezado entonces por Franklin Delano Roosevelt, dedicó miles de millones de dólares y sus mejores hombres de ciencia a fabricar la bomba atómica, cuya potencia sería tan superior a las de TNT que la primera de ellas equivalía a 20 mil toneladas de TNT, o sea, a 400 mil quintales del más poderoso explosivo que había conocido la humanidad. Esa bomba fue tirada sobre la ciudad japonesa de Hiroshima, puerto de mar situado en la isla de Honshu, la mayor de las islas que componen el Japón, y mató en un instante a 92 mil 167 personas y dejó heridas a 37 mil 425, la tercera parte de ellas gravemente. Esos números significan más de 129 mil bajas, cantidad superior a las que había habido en las más grandes y sangrientas batallas de la historia mundial y más del doble de los muertos que tuvieron los Estados Unidos en Vietnam en seis largos años de guerra.

El lanzamiento de la bomba que se conoce con el nombre de Bomba de Hiroshima dio principio a la Era Atómica. Por primera vez los inventores, que habían logrado reproducir en una cámara fotográfica el ojo humano, en un refrigerador el clima de los países fríos y en un computador el cerebro del hombre, habían alcanzado a reproducir el Sol para usarlo con fines militares; y a partir de ese momento Estados Unidos se convertiría en el poder militar más grande de la Historia porque en la Historia aquél que ha llegado a tener las armas más mortíferas y más destructoras ha sido el más potente.

La bomba atómica había sido fabricada por los norteamericanos en secreto total, pero en el punto a que había llegado el desarrollo de las ciencias era imposible que la capacidad para dominar los átomos quedara monopolizada por los Estados Unidos, y eso es lo que explica que la Unión Soviética pudiera probar su primera bomba atómica en el mes de octubre de 1951, hecho que desató en los Estados Unidos el miedo al comunismo que se había acumulado durante muchos años, y dio inicio a la llamada carrera atómica, la más costosa y la más peligrosa que ha conocido el género humano porque el que tiene un arma, sea hombre o país, acaba usándola, y la única manera segura de que no la use es no teniéndola.

A la posesión de la bomba atómica por parte de los soviéticos respondieron los norteamericanos fabricando la bomba de hidrógeno, que pasó a ser de 2 mil 500 a 3 mil 500 veces más potente que la que se había tirado en Hiroshima, y por eso se le llamó la súper-bomba. La bomba de hidrógeno fue algo tan monstruoso que cuando se lanzó una, en calidad de prueba, en una pequeña isla del océano Pacífico, la isla desapareció y en el lugar que ella ocupaba quedó una profundidad marina de unos 60 metros.

Alto a la locura

Naturalmente que si los soviéticos habían sido capaces de fabricar su bomba atómica también serían capaces de fabricar su bomba de hidrógeno, y así fue. Para el mes de agosto de 1953 los soviéticos hacían explotar una bomba de hidrógeno, a lo cual respondieron los Estados Unidos con otra que tenía un poder explosivo igual a un mínimo de 12 millones y un máximo de 14 millones de toneladas de TNT, o sea, que era de 6 mil a 7 mil veces más poderosa que la bomba atómica qué había hecho en Hiroshima más de 129 mil bajas y había destruido más de 46 mil viviendas y edificaciones en un instante. Teóricamente, la súper-bomba yanqui tenía capacidad para matar a más de 600 millones de personas si las hallaba reunidas en un espacio relativamente pequeño. Pero como había que esperar que los soviéticos podrían hacer una tan poderosa como la norteamericana porque ya conocían el secreto de su fabricación y tenían los medios para hacerla, los Estados Unidos se han dedicado a inventar una que supere a la de hidrógeno y en estos momentos pretenden hacer la de neutrones que podrá matar a los habitantes de una gran ciudad, y naturalmente de varias grandes ciudades, sin destruir sus edificios. ¿Pero qué sucederá cuando los soviéticos respondan con su bomba de neutrones?

La carrera de competencia para ver quién podía matar más enemigos en el menor tiempo posible fue acompañada del desarrollo de medios de transporte para las bombas, y a estas alturas tanto los Estados Unidos como la Unión Soviética tienen miles de grandes cohetes con los cuales pueden lanzar sobre cualquier lugar del mundo bombas de tanto poder mortal que la mente humana no alcanza siquiera a imaginárselo. Puede decirse, sin caer en exageraciones, que entre los Estados Unidos y la Unión Soviética disponen de bombas suficientes para aniquilar en pocas horas todas las formas y toda la cantidad de vida que hay en el planeta llamado Tierra, y el género humano está en peligro de que eso suceda hasta por efectos de un error.

Las palabras del presidente de la Unión Soviética podrían disipar el peligro de una guerra atómica si todo el que se interesa por la suerte de la humanidad hiciera el esfuerzo que esté a su alcance para que los gobiernos que tienen armamento atómico acepten la propuesta del señor Breznev, porque sólo la desaparición de ese tipo de armamento puede impedir que se use un día, y ese día sería el último del hombre. Por eso nos pareció tan importante el discurso del presidente Breznev, que es de hecho una proposición para darle un alto a la locura atómica.

9 de noviembre de 1977.-

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Sobre la formación de la burguesía

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El periódico y el Partido
Juan Bosch

Este número de Vanguardia del Pueblo que estás leyendo, compañero o simpatizante peledeísta, es el 24 y con él nuestro Partido ha llegado a un punto importante en la larga marcha que le espera para lograr su desarrollo; y creemos que ha alcanzado un punto muy importante porque un periódico político que sale con la seguridad y se distribuye con la regularidad de Vanguardia en un país donde la mayor parte de las actividades humanas son improvisadas (lo mismo en el mundo oficial que en la vida privada), no podría cumplir un año de vida si por detrás de él, sosteniéndolo con decisión y con métodos apropiados, no hubiera una organización capaz de hacerlo y una organización capaz de llevarlo a las manos de los millares de compañeros y simpatizantes que lo reciben cada 15 días.

Ahora bien, esas dos organizaciones (la que hace Vanguardia y la que lo distribuye) se complementan y vienen a ser en fin de cuentas el Partido mismo, de manera que la vida de Vanguardia del Pueblo está determinada por la existencia del Partido. Vanguardia existe porque el Partido existe, y Vanguardia se ha convertido en la voz del Partido porque dice lo que el Partido piensa, y no sólo lo que el Partido piensa sino que lo dice como el Partido quiere que sea dicho, y lo hace teniendo en cuenta al mismo tiempo el fondo de lo que el Partido quiere decir y la forma en que el Partido quiere que se diga. En Vanguardia del Pueblo no se improvisa; en Vanguardia del Pueblo no se acepta el emocionalismo característico de la pequeña burguesía de los países subdesarrollados; en Vanguardia del Pueblo no se habla para la pequeña burguesía que vive en un mundo de teorías huecas y de palabras seleccionadas para una minoría de sabios o seudo sabios. Vanguardia del Pueblo es un instrumento político que tiene para nuestro Partido el mismo valor y rinde la misma utilidad que un serrucho en las manos de un carpintero, un bisturí en las manos de un cirujano o una máquina calculadora en las de un contable.

Haber planteado eso y ver de manera objetiva, sin hacernos ilusiones, que al cabo de un año lo que se planeó se ha desarrollado tal como se pensó es muy estimulante para la dirección del Partido, porque ese hecho nos demuestra, también en forma objetiva y sin ilusiones, que tal como ha llevado a cabo ese plan el Partido puede llevar a cabo otros, lo que a su vez nos lleva a una conclusión válida: que el Partido es una organización capaz de hacer de manera satisfactoria lo que se proponga. ¿Y por qué razones el Partido es capaz de hacer bien lo que se proponga? Porque sus miembros, sus cuadros, sus líderes; sus militantes a todos los niveles tienen conciencia clara del papel que juegan hoy y que jugarán mañana en la vida del país, y esa claridad de conciencia los hace, naturalmente, hombres y mujeres responsables, que no descuidan sus deberes.

Del Nº 1 de Vanguardia del Pueblo se tiraron 8 mil ejemplares que fueron distribuidos entre 60 comités, 2 departamentos del Partido y Fuerza Estudiantil de Liberación (FEL) y se vendieron en 33 ciudades y pueblos y 29 secciones rurales. En el artículo titulado “El Periódico y el Partido” que salió en el Nº 2 decíamos que en la gran mayoría de esos lugares la venta de Vanguardia había sido instantánea, y explicábamos que casi todos los “organismos informaron que se habían quedado por debajo de la realidad al hacer sus cálculos de venta para el primer número del periódico, y muchos de ellos pidieron para el Nº 2 el doble de los que habían pedido para el primero, y algunos pidieron más del doble”. Y decíamos: “Bonao pasa de 75 ejemplares del primer número a 150 de este; Hato Mayor, de 25 a 50; Higüey, de 45 a 100; La Romana, de 50 a 100; San Pedro de Macorís, de 200 a 400; Haina, de 50 a 100; Santiago, de 500 a 1,200; el Comité Gregorio Luperón, de 200 a 500; el José Martí, de 250 a 450; el Juan Núñez, de 420 a 800; el Sandino, de 300 a 500”. Y explicábamos: “El FEL, en cambio, recibirá menos que del Nº 1, y no porque no vendiera los 1,000 que había vendido (que los vendió, y de prisa), sino porque algunos de sus comités violaron la norma de venderles Vanguardia del Pueblo sólo a los miembros del PLD y a sus simpatizantes, y los organismos felistas que violaron esa norma no recibirán el Nº 2 de manera que para el FEL no habrá aumento de ejemplares; al contrario, habrá disminución. De 1,000 que recibió del primer número recibirá sólo 600 del segundo”.

De ese segundo número se tiraron 12 mil ejemplares y para diciembre estábamos ya en 16 mil. Del Nº 1 los Comités Intermedios del Distrito vendieron 3 mil ejemplares y del Nº 23, 7,368.

Ya dijimos que el Nº 1 fue vendido en 33 ciudades y pueblos y 29 secciones rurales; y en un aumento gradual de lugares donde pasó a venderse, para el Nº 7 estaba vendiéndose en 46 ciudades y pueblos y 72 secciones rurales y el Nº 20 había pasado a ser vendido en 51 ciudades y pueblos y 80 secciones rurales. En esas tres etapas se pasó de 63 lugares de venta a 118 y a 131. Como en todo el país hay 22 Comités de Distribución, todavía no han llegado al Comité Nacional de Distribución los informes de los Comités de Distribución sobre el aumento de los lugares de venta de los periódicos números 21, 22 y 23, pero los cálculos preliminares indican que para este número aniversario, los sitios de venta de Vanguardia deben ser alrededor de 140, y de ser así, al cumplir el primer año de vida nuestro periódico ha sobrepasado el doble de los lugares donde se vendió el primer número.

Esos mismos cálculos indican que contando la venta de este número aniversario, en un año se habrán vendido 356 mil ejemplares de Vanguardia del Pueblo y se habrán hecho circular fuera del país cerca de 5 mil ejemplares no vendidos; y por último, sin tornar en cuenta los organismos que hacen y distribuyen Vanguardia del Pueblo, que incluyen desde el Departamento de Prensa y el Comité de Dirección del periódico hasta el Centro de Distribución para enviarles Vanguardia a personalidades y Partidos amigos del extranjero, hay más de 600 organismos que se ocupan de la venta y el cobro de Vanguardia en el país; organismos que van desde Comités Intermedios y Municipales hasta Núcleos de Trabajo y Círculos de Estudios. ¿Cómo se ha llegado, en un país como la República Dominicana, donde ni siquiera el gobierno hace planes de ninguna especie, a conseguir que más de 600 organismos de un Partido se ocupen de la venta y el cobro del periódico de su organización? Creando, probando y mejorando métodos adecuados de trabajo.

En el Nº 8 de Vanguardia, en un artículo titulado precisamente “El Número 8”, decíamos estas palabras: “Nadie ha visto nuestro periódico vendiéndose en la calle ni en puestos de periódicos o revistas, y resulta que el esfuerzo de vender Vanguardia del Pueblo está desarrollando política y organizativamente a todos los peledeístas que lo venden, y si alguien quiere averiguar cuántos son esos peledeístas que haga un cálculo muy simple y se imagine cuántas personas tienen que intervenir en la venta de 14 mil ejemplares (que eran los que se vendían para el mes de noviembre del año pasado) de un periódico que se lleva directamente a las manos y a las casas de los miembros, simpatizantes y amigos del Partido. Eso no se hace ni con 100 ni con 200 ni con 300 personas”.

Y efectivamente, así era entonces y así es ahora, cuando, como es natural, los números de Vanguardia que se venden son más que para la época en que se publicó ese artículo. La creación, la prueba sobre el terreno de la práctica diaria y el mejoramiento de los métodos de trabajo significan muchos esfuerzos de toda índole que se malgastan y se pierden antes de dar con el método correcto. Por ejemplo, entre las razones que tuvo el Partido para crear Vanguardia del Pueblo hubo una de mucho peso, que fue la de hacer propaganda a la formación de los Comités Patrióticos y Populares. Esa propaganda debía ser a base de fotografías de los Comités que se fueran formando, pero sucede que corrientemente de diez fotografías de Comités que toma un fotógrafo sólo tres y a veces sólo dos pueden publicarse, porque las restantes han sido mal informadas, se hicieron con poca luz y no se ven detalles de las caras de las personas o uno, dos, nueve y hasta quince Comités se quedaron esperando el fotógrafo que no pudo salir a tiempo porque empezó a llover, o las fotos se tomaron y no salieron porque el rollo en que estaban se veló cuando lo sacaron de la cámara o porque la cámara tuvo una avería y le entró luz. Muchos, pero no docenas sino centenares de Comités Patrióticos y Populares han sido fotografiados al formarse y esas fotos no han podido salir en Vanguardia debido a que quedaron impropias para salir en un periódico. Para ese problema los organismos que hacen el periódico no han hallado todavía solución, y realmente no es fácil hallarla porque hacer fotógrafos en un país donde no hay escuelas especializadas en esa materia es una tarea más ingrata de lo que pueden ustedes imaginarse. Es una tarea ingrata y además muy costosa, porque los ensayos fotográficos cuestan dinero: las cámaras son equipos caros; los rollos de películas, el papel de revelar y el material para el revelado son todos caros, especialmente en estos tiempos de inflación.

Como ustedes pueden ver por el caso de la fotografía de los Comités Patrióticos y Populares, crear, probar sobre el terreno de la práctica diaria y mejorar métodos de trabajo no asegura siempre buenos resultados en países como la República Dominicana, porque no siempre depende de las condiciones humanas nada más el buen éxito en la aplicación de un método de trabajo; a veces depende también de aparatos mecánicos, de instrumentos que no se consiguen con facilidad; y a veces sucede que aunque luchemos contra el medio, contra las circunstancias que nos rodean con el ánimo de superarlas, ese medio y esas circunstancias son tan atrasados que no se cuenta con qué superar las dificultades que se presentan. Ese es el caso, por ejemplo, de la falta en nuestro país de una escuela para formar fotógrafos.

La falta de ambiente apropiado para hacer buenos fotógrafos ha sido determinante en el hecho de que hayamos fracasado en el empeño de hacer de Vanguardia del Pueblo un periódico con más material fotográfico, y naturalmente nos referimos a material fotográfico de tipo político, como es el caso de las fotografías de los Comités Patrióticos y Populares. Pero eso no significa ni que nos hayamos dado por derrotados ni que no hayamos tenido triunfos en otros campos; por ejemplo, en el campo concreto del periodismo entendido como una carrera que va desde el dominio de la lengua y del estilo político (porque hay un estilo político así como hay un estilo literario y otro científico y otro lírico y muchos más) hasta el conocimiento de la técnica de hacer un periódico en el taller.

En las escuelas de periodismo de la República Dominicana se les enseña a los estudiantes a escribir en estilo periodístico, y dentro del estilo periodístico, la manera de cada especialidad o particularidad; por ejemplo, cómo se hace un reportaje, cómo se hace un análisis, cómo se hace una información, cómo se hace un comentario, cómo se hace un artículo, cómo se hacen los títulos. Pero no se les enseña cómo se hace un periódico. En las nuevas generaciones de periodistas dominicanos hay un gran número que no conoce ni siquiera cuáles son los signos que se usan internacionalmente, o por lo menos en los países que escriben con las letras del alfabeto latino, para corregir pruebas de imprenta; hay muchísimos que jamás han entrado en un taller de imprenta y no se imaginan siquiera cuáles son las cosas que se hacen en el taller para convertir en un periódico los artículos que ellos escriben y los avisos que envían de las agencias de publicidad. Y nosotros teníamos que convertir a los compañeros que hacen Vanguardia en periodistas que supieran escribir artículos, comentarios, análisis, y que supieran distinguir los tamaños y los nombres de cada una de las diferentes letras que se usan en un periódico (que en el lenguaje del oficio de impresor se llaman tipos), y especialmente en un periódico como Vanguardia del Pueblo; que aprendieran a escribir sabiendo de antemano qué tamaño iba a tener su artículo en el periódico y en qué página iba a aparecer ese artículo y hasta en cuál lugar de esa página.

Formar periodistas que conocieran el oficio de escribir y además cómo se hace materialmente un periódico, eso fue para nosotros un fin, y un fin que logramos alcanzar; pero ese fin, una vez alcanzado, pasaba a ser un punto de partida hacia otro fin: el fin superior de hacer un periódico político que tuviera características muy definidas en varios aspectos. Triunfamos en el propósito de formar periodistas que supieran hacer un periódico y triunfamos también en el propósito de hacer un periódico político con características propias, tan propias que lo hicieran inconfundible entre todos los periódicos del país y además entre todos los periódicos políticos que conocíamos en los países de nuestra lengua.

Las características de Vanguardia del Pueblo, es decir lo que le da un carácter que no tienen otros periódicos ni políticos ni no políticos son varias; unas de fondo y otras de forma, pero bien entendido que entre la forma y el fondo hay siempre una relación estrecha.

Por de pronto, Vanguardia del Pueblo es un periódico combativo, porque en todas sus páginas y en todo lo que en él se publica se combate contra los males que sufre el país y contra las causas de esos males; además, Vanguardia del Pueblo es un periódico informativo porque informa a sus lectores dándoles noticias de tipo político, social y económico que no les dan otros periódicos. Generalmente, la condición de combativo y la de informativo están unidas de manera estrecha en todo lo que se publica en Vanguardia del Pueblo; en todo y en cada caso particular. Pues nuestro periódico no se limita a dar una información sino que esa información es presentada en forma de denuncia; en la denuncia se halla la condición de combativo, y en la información la condición de informativo que tiene el periódico. Pero Vanguardia del Pueblo no es nada más combativo e informativo; es también un periódico formativo porque en cada número hay material útil para la formación política de sus lectores; para su formación ideológica y también para su formación práctica.

Así pues, tenemos que las características que podríamos llamar de fondo de Vanguardia del Pueblo son tres: es combativo, es informativo y es formativo. En cuanto a las características que podríamos llamar o formales o de forma (y repetimos que para nosotros hay siempre una relación muy estrecha entre fondo y forma, de manera que no pueden separarse en ningún caso el fondo y la forma, si bien en muchas ocasiones lo que salta a la vista es la forma mientras el fondo permanece oculto o más o menos oculto y en otras ocasiones lo que primero se advierte es el fondo), en Vanguardia del Pueblo la que más llama la atención en el primer momento es su apariencia; la manera en que el periódico está hecho, una manera que lo presenta en todos los números como si fuera cada uno la copia exacta del número anterior, y sin embargo no es nunca la copia del número que le antecedió; y lo curioso es que los lectores de Vanguardia del Pueblo lo saben; saben que el número que están leyendo se parece mucho al que había leído dos semanas antes pero no es exactamente igual. Por otra parte, nadie confunde a Vanguardia del Pueblo con otro periódico. En lo que se refiere a su presentación, el periódico del PLD es totalmente inconfundible.

Otra característica formal, o que se refiere a la forma (haciendo la salvedad que hemos hecho ya dos veces en lo que se relaciona a la forma y el fondo) es el estilo literario. Lo que se publica sin firma en Vanguardia del Pueblo es escrito por muchas personas y además toca muchos temas diferentes, y sin embargo el estilo es uno solo; a tal extremo es uno solo que algunos lectores creyeron que el periódico del PLD era la obra de una sola persona. Y ese estilo tiene características muy definidas, porque al mismo tiempo es irónico y serio; porque responde a la necesidad de combatir e informar y a la vez de formar, y por esa razón en Vanguardia del Pueblo las cosas se dicen de tal manera que pueda entenderlas todo el mundo; que al combatir e informar el periódico pueda también formar conciencia porque debido a su lenguaje llano el pueblo no se confunde al leerlo.

El primer artículo (en orden de posición en la primera página) del primer número de Vanguardia del Pueblo se titulaba “Golpeando la Puerta” y decía así:
"Vanguardia del Pueblo golpea la puerta de cada militante y de cada simpatizante del Partido de la Liberación Dominicana (PLD) para decirles:

"Aquí estoy. Vengo a traerte el mensaje del Partido para que se lo lleves a todos los dominicanos a quienes conoces y tratas. No seré un órgano al servicio de los intereses generales, como se usaba decir de los periódicos hace tiempo; seré órgano del PLD al servicio del PLD; seré la voz de un Partido político, de los intereses de ese Partido y de sus opiniones, y por esa razón seré sectario. Diré lo que el PLD me mande decir, y nada más; diré lo que le convenga al PLD, y nada más. Pero estoy seguro de que lo que le convenga al PLD será lo que le convenga a la República Dominicana. Puesto que los enemigos de la República son los del PLD, esos serán los míos, y como a enemigos los trataré. Por eso seré sectario, palabra que significa seguidor intransigente de una idea.

"Vanguardia del Pueblo golpea la puerta de cada militante y de cada simpatizante del Partido de la Liberación Dominicana (PLD) para decirles:

"Llévame donde tus amigos, donde tus conocidos, y haz que me compren. No me regales, porque soy el producto del trabajo de muchos peledeístas y en mí se halla la esencia del pensamiento del Partido. Véndeme y diles a los que me compren que si pueden pagar por mí más de diez centavos, que lo hagan, porque no soy un periódico comercial, que va a sacar dinero de anuncios; soy un periódico político, en el que aparecerán nada más noticias e ideas políticas, y eso no deja dinero; al contrario, cuesta dinero, de manera que el que dé por mí más de diez centavos estará ayudando a sostenerme y por tanto estará ayudando al Partido.

"Y a los que me compren, pídeles que me lean; diles que si no me han de leer que no me compren; explícales que el PLD no es una empresa comercial sino una organización política; que mi fin no es hacer dinero; es conquistar simpatizantes que puedan ser más tarde militantes; es hacer servidores abnegados y sacrificados de la Patria, y como vocero del PLD tengo una misión patriótica que cumplir: la de llevar las ideas del Partido a todos los hogares dominicanos donde se les rinde culto a la dignidad humana, a las libertades del pueblo y a los que luchan por la independencia nacional."
Y después de hablar así, Vanguardia del Pueblo se inclina virilmente y dice:
"Aquí estoy y aquí me quedo, compañero, para ayudarte a luchar por una República Dominicana libre".
Eso fue dicho hace un año y se ha cumplido al pie de la letra, y seguirá cumpliéndose muchos años más; todos los que le toque vivir, porque Vanguardia del Pueblo no es ahora un periódico comercial, pero no lo será nunca, nunca, nunca. Nuestra misión es combatir, informar y formar: combatir en defensa del pueblo, informar al pueblo y formar la conciencia política del pueblo. Estamos cumpliendo esa hermosa tarea, y la cumpliremos hasta el último día de nuestra vida con amor y con fe.

¡Y que viva Vanguardia del Pueblo en su primer aniversario!

26 de julio de 1975.-

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Breve historia de la oligarquía

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No voy a morir en la mentira
Juan Bosch

El ex presidente de la República Dominicana, autor de numerosos libros, figura de gran prestigio en la vida pública latinoamericana, Juan Bosch, ligado estrechamente a nuestra patria por vínculos personales y afectos sentimentales donde vivió durante 19 años, se encuentra de visita en nuestro país respondiendo a una invitación del Partido Comunista de Cuba. El distinguido político e intelectual que ha escrito "Cuba, la isla fascinante", terminada en 1955; "De Cristóbal Colón a Fidel Castro", "Pentagonismo, sustituto del imperialismo", "Composición social dominicana", "Breve historia de la oligarquía", "Crisis de la democracia de América en la República Dominicana" y muchas otras más, accedió con placer a la entrevista de Bohemia, publicación donde colaborara durante algunos años.

Esta es la primera visita a Cuba del político dominicano después del triunfo de la Revolución. Bosch, que es presidente del Partido de la Liberación Dominicana, hizo el viaje acompañado de su esposa Carmen Quidiello y de Manuel Espinal, miembro del CC del PLD.

Bosch marchó de Cuba en 1958 debido a la persecución de que era objeto por parte de la tiranía. Aquí trabajó de vendedor de productos farmacéuticos, escribió dos programas para la antigua CMQ: “Forjadores de América” y “Memorias de una dama cubana”; vendía personalmente los libros que escribía y buscaba anuncios para la revista Bohemia. Con 65 años, completamente blanco en canas, pero lleno de optimismo y con una enorme fe en el futuro, Juan Bosch va respondiendo pausadamente, pero con agilidad, las interrogantes que le formulaba el periodista en el transcurso de la entrevista celebrada en la residencia número uno de protocolo.

Antes de preguntarle, Bosch comenzó a hablar de sus impresiones de nuestra patria, de la Cuba que había conocido y la que estaba conociendo. Lleno de sinceridad nos dijo:

Presencia de la libertad
—Juan Bosch (JB): Lo que más me ha impresionado es la presencia de la libertad, una libertad completamente auténtica, que me permite acercarme a un soldado, hacerle numerosas preguntas y él me las conteste en forma humana y simple. Esta es una Cuba tan hermosa como lo era antes, pero con dos diferencias, una dulzura que sólo se encontraba en la vida privada y ahora la hay también en la vida pública, y una Cuba que está siendo transformada de una manera colosal, colosal en todos los órdenes. He visitado distintas escuelas. En una de ellas, en Jagüey Grande, uno de los muchachos que me atendió, de doce años, muestra una madurez política equivalente a 20 años. Es un avance muy grande. De los hijos de estos muchachos nacerá una generación completamente distinta de la que yo conocí. Cuando hayan pasado 25 años, Cuba estará en una posición de avance y progreso que nosotros en América Latina no vamos a poder alcanzar en largo tiempo. Nos han dejado atrás, se nos van cien años adelante. Esta es una Revolución Socialista muy avanzada, muy avanzada. Es también producto del avance que tenía el pueblo cubano.
Una razón histórica

Gran conocedor de la historia de Cuba, Juan Bosch entra a analizar por qué, en su opinión, es en Cuba donde se produce la primera Revolución Socialista en el continente americano.
—JB: La Revolución Socialista de Cuba tiene una razón histórica. Cuba fue el país que se adelantó a todos los países de América Latina de habla española en el desarrollo capitalista. En un capitalismo anómalo, diría Carlos Marx, porque era un capitalismo que se desarrollaba sin burguesía y sin proletarios. Se desarrollaba con oligarquía y esclavos, pero era capitalismo porque producía para el mercado capitalista. Esos oligarcas adquirieron la técnica de producción de los burgueses. Los esclavos no eran proletarios, pero producían tal vez más que los proletarios ya que eran explotados de una manera muy salvaje. Y eso significaba una acumulación mucho más rápida de capital. Y eso explica que Cuba tuviera, a principios del siglo XIX, un economista de la categoría de Arango y Parreño que no lo tuvo ningún país de América Latina. Eso es lo que posibilita que Cuba tenga ferrocarril antes que cualquier país de habla española, incluyendo a España; y eso es lo que hace que capitales cubanos intervengan en la creación de los primeros bancos españoles. Cuba se adelanta a la metrópoli. Avanza más allá de España. El desarrollo capitalista cubano produce, a su vez, el desarrollo de una intelectualidad en el siglo XIX que comienza por el poeta Heredia, las poetisas Pérez Zambrana, Gertrudis Gómez de Avellaneda; sigue con Plácido hasta culminar en José Martí, uno de los grandes poetas de la lengua española, además de un gran revolucionario, un gran político. Esta cualidad superior se refleja también en el desarrollo de un pueblo superiormente dotado para la producción. El mismo fenómeno alcanza consecuentemente a lo político, producto del desarrollo económico y ese desarrollo político es el que provoca que en Cuba surja en 1925 un partido comunista, uno de los primeros en América. ¿Sabe lo que significa, si uno vuelve la historia hacia atrás, encontrar un paisito que se llama Cuba, perdido por ahí, que ya en esa época tiene un partido comunista con líderes de la categoría de Julio Antonio Mella, que no era solo un hombre de acción sino también un teórico? Hay un desarrollo político que en 1868 provoca la guerra de los Diez Años y el país se mantiene en un estado revolucionario constante, hasta que al fin ese estado de cosas culmina con la Revolución triunfante del 1º de enero de 1959. Esta Revolución Socialista es el pináculo de un proceso revolucionario que, a su vez, es un producto de un desarrollo político superior al de otros países. Fidel Castro no ha caído del cielo. Él encarna el último episodio de un proceso político que va en ascenso.
Tres genios políticos

Juan Bosch se queda pensativo. Pasa la mano derecha por su cabellera color nieve. Cruza los pies. Y comienza a hablar un poco más lento.
—JB: América Latina ha dado tres genios políticos: Toussaint Louverture, Simón Bolívar y Fidel Castro; y debo decir que es mucho dar, porque los genios políticos no surgen así por así. Humboldt había previsto parte de eso cuando, a principios del siglo XIX, después de un recorrido por América, comentó que los dos lugares más politizados eran Caracas y La Habana, es decir, Venezuela y Cuba. Bolívar y Fidel surgen como genios políticos de sus pueblos. Nadie se forma en el vacío. Todos los hechos de un pueblo tienen una base en la cual se fundamentan. Toussaint Louverture aparece en escena como producto de una gran convulsión, la revolución haitiana, la más compleja de la historia moderna, que fue al mismo tiempo una guerra social, de esclavos contra amos, una guerra racial, de negros contra blancos, de liberación, de colonia contra metrópoli, nacional, contra poderes extranjeros. Incluso una guerra civil entre los negros del norte y los mulatos del sur. Todo a un tiempo. Fue una guerra espantosa, producto de la tremenda contradicción existente en la sociedad haitiana donde 500,000 esclavos trabajaban para 30,000 blancos y mulatos. Los métodos capitalistas más adelantados de la época explotando con el mayor salvajismo el trabajo humano.
Crisis histórica del imperialismo

La entrevista se interrumpe algunos minutos. El compañero Mario Kuchilán, viejo amigo de Juan Bosch, ha llegado a saludarlo. Se abrazan. Comienzan a conversar y a recordar. Hace más de treinta años, cuando Bosch escribió uno de sus primeros libros, "Ocho cuentos", puso en uno de los ejemplares la siguiente dedicatoria: “A Kuchi, de Juan”. Ahora Kuchilán le obsequia su "Fabulario" con una dedicatoria similar: “A Juan, de Kuchi”. Todos reímos. Luego proseguimos.
—JB: Los americanos ya están metidos en la caída final del sistema capitalista. No hablo de una crisis de días, ni de meses ni de pocos años; se trata de una crisis que comenzó en la primera guerra mundial. La crisis final del capitalismo se caracteriza por su incapacidad para resolver la última y la más importante contradicción del sistema capitalista; es que la producción está socializada y comenzó a ser socializada con la revolución industrial a fines del siglo XVIII: que avanzó en el XIX y que en este siglo ha llegado a su nivel más alto. La producción individual ha desaparecido. El consumo está socializado, la producción está socializada por las grandes industrias, por el proletario anónimo que no sabe para quién produce y el consumo socializado por las grandes masas de consumidores. Pero la propiedad de los bienes de producción sigue siendo individual, y esa producción no tiene solución dentro del sistema capitalista. No se resuelve ni con cañones ni con bombas atómicas ni con la guerra. Sólo se resolverá con la desaparición del sistema. En medio de estas contradicciones del capitalismo, el socialismo avanza y se desarrolla cada día más. De 80 millones de habitantes que tenía Rusia en 1917 a los 1,300 millones de personas que viven en el mundo en la actualidad bajo este sistema, el socialismo ha ido ganándole terreno al capitalismo y a medida que avanza lo va arrinconando. Estamos en medio de una ruptura histórica, del cambio de una sociedad por otra, como pasó cuando el capitalismo sustituyó al feudalismo, cuando el feudalismo sustituyó la sociedad esclavista. Exactamente lo mismo.
Hace una pausa. Bebe un vaso de jugo. Comenta sonriente que son muy sabrosas las naranjas cubanas. Retorna al hilo de la conversación.
—JB: Debido a que estamos en esa ruptura histórica se equivocaron con Fidel, también se equivocaron con Ho Chi Minh y se seguirán equivocando más, más y más. Esta crisis económica es el reflejo de una gran crisis, de la crisis sin solución; la crisis en el terreno político es algo fenomenal que no se conocía en la historia de los Estados Unidos. Hay un vicepresidente que no fue elegido por el Pueblo, que lo nombró un hombre; al presidente lo nombró otro hombre. Y resultó que Nixon, elegido por el mayor número de votos que recuerda la historia, tuvo que renunciar convicto de delincuencia. Y antes, su propio vice se vio precisado también a abandonar el cargo por robo de fondos públicos. Por otra parte, Johnson tuvo que renunciar a la reelección, acorralado ante una minoría política, porque los Estados Unidos habían sufrido una derrota militar a manos del pueblo vietnamita. Antes habían asesinado a Robert Kennedy y también al presidente Kennedy, al que cazaron como un pato. Y está también la crisis moral. Nadie puede imaginar siquiera la cantidad de millones de jóvenes norteamericanos que viven drogados, víctimas de una crisis moral gigantesca. Todo ello evidencia una sociedad que ha entrado en una etapa de degeneración. Ellos lucharán como una fiera para evitar que surjan nuevos estados socialistas en América, pero por mucho que luchen han entrado en un terreno del que no pueden salir. ¿Cuánto tiempo va a durar esa situación? Eso no lo sé, ni me importa. Esta lucha la pierden ellos, lo mismo esté vivo que muerto. Y voy a disfrutar la victoria lo mismo muerto que vivo, pues la estoy disfrutando desde ahora.
Estoy contento de todo lo que ha pasado

Juan Bosch fue durante toda una vida un abanderado de la democracia burguesa. Hoy, al cabo de los años, ha tomado conciencia de que el camino es otro. El interés periodístico nos lleva a indagar cuándo, cómo y por qué de esa transformación en sus concepciones, en sus ideas.
—JB: En el momento de la intervención norteamericana en Santo Domingo comencé a pensar que había estado equivocado. Nunca creí que los Estados Unidos pudieran mandar tropas para aplastar un pueblo que sólo quería establecer una sociedad democrática representativa a la manera americana. Entonces me dije: bueno, yo he estado equivocado hasta ahora. Los comunistas han dicho siempre que los imperialistas no permiten el desarrollo de los pueblos y yo pensaba que ellos estaban equivocados, pero el equivocado era yo. La lección más fuerte, más viva, me la dieron los soldados norteamericanos al desembarcar en mi país. Y como estoy en la lucha política, no para servirme sino para servir a mi pueblo, comprendí que por ese camino no podía seguir sirviendo al Pueblo. Entonces comencé a meditar y a estudiar. Y, bueno, estoy muy contento de todo lo que ha pasado porque al fin y al cabo, no voy a morir en la mentira.
Razones económicas

En otra parte de la conversación el ex presidente dominicano comenta el voto de Santo Domingo en la reciente reunión de Quito, favorable al levantamiento de sanciones contra Cuba.
—JB: El voto dominicano se explica por razones económicas. El gobierno de Santo Domingo es dueño de todos los centrales azucareros del país, menos dos. El alza del azúcar este año le permite compensar el gasto originado por el aumento del precio del petróleo. Al Gobierno le interesa llegar a un entendimiento con los países productores de azúcar que permita mantener el alto precio de este producto y sabe que no se puede llegar a un entendimiento, no se puede crear una organización de productores de azúcar, dejando fuera a Cuba. El voto favorable se origina en la necesidad, si no de llegar a un entendimiento con Cuba por lo menos a la de no ser un país beligerante contra Cuba, porque Cuba, como productor de azúcar, es más importante que Santo Domingo. Ahora, eso no es un pecado. Así es como actúan los países del sistema capitalista, por razones económicas.
Estados Unidos debe ser expulsado de la OEA

Entramos en el tema del bloqueo a nuestra patria. El profesor Juan Bosch, expresa:
—JB: Mantener a Cuba fuera de la comunidad de naciones latinoamericanas es un disparate que solo se le puede ocurrir a un político norteamericano. La tesis de nuestro partido es que quien debe ser expulsado de la OEA son los Estados Unidos. Porque fue Eisenhower quien decidió la caída de Arbenz, porque bajo la dirección del presidente John F. Kennedy fue organizada la invasión de Playa Girón; porque se metieron en Chile y son responsables de la muerte de Allende y de los miles de chilenos que han sido asesinados. Estados Unidos ha violado todos los acuerdos interamericanos.

Revista Bohemia: ¿Y la invasión de Santo Domingo?
—JB: Bueno, la invasión a mi patria no la menciono porque hicieron ver que estaba respaldada por la OEA. Sólo he querido destacar aquellos casos en que los presidentes norteamericanos intervinieron directamente y así lo reconocieron públicamente después. Yo estaba seguro que el pueblo cubano iba a aguantar la gran prueba. No sólo no pudieron tumbar a Fidel sino que ni siquiera lo debilitaron. También sabía que para obtener la libertad que hoy tienen, los cubanos iban a hacer sacrificios, que los harían y que saldrían triunfantes. Así ha sido.
La gran penitencia

Juan Bosch está casado con una cubana, santiaguesa: Carmen. Sus dos hijos son cubanos y también tiene una nieta cubana. Ahora habla de los que un día abandonaron a su patria.

—JB: Yo no soy cubano, soy dominicano. Viví en Cuba durante 19 años. Me hubiera sentido muy mal si no hubiera podido visitar nuevamente este bello país. En una ocasión, en París, encontré a tres estudiantes cubanos que iban para Inglaterra y me expresaron que ellos no les perdonaban a sus padres que los hubieran sacado de Cuba y que tenían la esperanza de volver algún día a su tierra natal. Y la gran penitencia de esos que un día se fueron es saber que nunca más podrán volver a ver estas palmeras, esta tierra, este cielo. Esa es su gran penitencia. Cuando mi campaña presidencial me pidieron que atacara a Cuba. También cuando la Crisis de Octubre solicitaron que firmara un documento de condena a Cuba. En todo momento me negué a atacar al gobierno cubano. Siendo presidente en un acto que se estaba celebrando en el hotel Embajador, un cubano, de manera grotesca, me dijo que iba a tumbar a Fidel Castro. Le respondí que yo no tenía que tumbar a Fidel, que yo no era el que lo había puesto ahí, que ese era un problema de los cubanos, que fuera a Cuba a resolverlo y no tratara de hacerlo desde aquí con palabras. Y comencé mi período presidencial con una situación violenta con un antiguo amigo cubano que se presentó en la reunión de presidentes que asistían a mi toma de posesión a plantear una condena a Cuba. Me levanté y le dije: “Tu presencia aquí es desagradable, has venido a hacer declaraciones políticas sin autorización de nadie. Aquí no se va a resolver el problema de Cuba. Esa no es mi intención ni mi papel. Ni yo tengo que meter al pueblo dominicano en ese problema”. Y así fue. Todo eso explica por qué el gobierno que presidía duró sólo siete meses.
Es dos de enero de 1975. La Revolución acaba de cumplir su 16 aniversario. Juan Bosch ha tocado diversos e interesantes temas en el transcurso de la entrevista. Finalmente, recalca:
—JB: Esta es una gran revolución socialista. Profundamente humana…

16 de febrero de 1975.-

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27 de febrero de 1844: centenario de la República Dominicana

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Dialéctica
Juan Bosch

P.- Compañero presidente, como de lo que Ud. dijo en su mensaje al Comité Central del PLD el 23 de noviembre sólo le hemos hecho preguntas sobre la parte de ese mensaje que se refería a la política nacional, y usted habló también en ese mensaje del PLD y de la política de alianzas del PLD, queremos que antes de su salida hacia Europa nos responda a los dos temas que no se tocaron en la entrevista que salió en el No. 9, y ojala que lo haga con la mayor amplitud posible porque así tal vez podríamos sacar de ese mensaje tres entrevistas, una que se publicó en el No. 9 de nuestro periódico y otras dos que se publicarían en el No. 10 y en el No. 11, mientras usted este por Europa.
Bosch.- Bueno, para eso tendría que ampliar bastante lo que dije en la Quinta Reunión Ordinaria del Comité Central, aunque me esforzaría en no cambiar absolutamente en lo más mínimo los conceptos que expresé en esa reunión... Puedo repetir palabra por palabra todo lo que dije ese día consultando las notas de la compañera Socorro. Por ejemplo, después que estuve hablando de la política nacional y de sus pequeñeces dije lo siguiente: “Frente a este panorama quiero llamar la atención de ustedes hacia un hecho que a mí me parece muy importante, porque tal como ocurre en todos los fenómenos de la vida las leyes de la dialéctica operan también en la actividad política, y operan de tal forma que frente a un pueblo dirigido por incapaces, a un gobierno que no se da cuenta de lo que está sucediendo es el país y en el mundo, hay un grupo de hombres y mujeres que está trabajando para el porvenir y la mayoría de esos hombres y mujeres están reunidos en el Partido de la Liberación Dominicana. De manera que la respuesta dialéctica al atraso de esa gente, a su falta de comprensión de la realidad histórica es la existencia de este Partido, y no solo su existencia, que al fin y al cabo existir por el mero hecho de existir sería algo de poca importancia; la respuesta dialéctica en realidad está en el desarrollo del PLD, porque el PLD está desarrollándose en la misma medida en que degeneran el gobierno y otros partidos llamados dizque revolucionarios; y se desarrolla de manera tan completa que ese desarrollo sólo se explica como un resultado legítimo de la lucha que se genera y se mantiene en el seno de una sociedad que está, a su vez, en medio de un proceso de desarrollo”.

Eso dije en nuestra Quinta Reunión, y ahora debo aclarar que al decir que la sociedad dominicana estaba en un proceso de desarrollo no estaba refiriéndome al desarrollismo de que hablan el Dr. Balaguer, el embajador Hurwicht y los partidarios del sistema; hablo del desarrollo que se da en el seno de un conglomerado humano como producto de las luchas de fuerzas opuestas. El concepto revolucionario de desarrollo no es igual al que tienen Balaguer y sus seguidores o el presidente Ford y el liberal McGovern. Para ellos desarrollo es el fortalecimiento económico, militar y político de las clases y los grupos dominantes en los Estados Unidos y en los países satélites de los Estados Unidos, aunque todos los días se mueran de hambre millones de personas en el mundo entero. Si esas minorías dominantes, que aumentan hora por hora la riqueza norteamericana, amplían su poderío económico, militar y político (el de ellas y el de los Estados Unidos), eso es desarrollo. El concepto de desarrollo que estoy usando en esta conversación contigo es el mismo al que me referí en el mensaje al Comité Central del PLD: hablé entonces y hablo ahora de desarrollo como proceso de transformación; hablo de desarrollo como una marcha de miles de siglos que nos ha traído a los seres humanos desde la animalidad en que vivíamos antes aun de vivir en las cuevas o cavernas, hasta el nivel en que nos hallamos hoy y el nivel en que estaremos dentro de 200 o 300 años.
P.- Compañero Juan, usted ha dicho varias veces que todos los procesos tienen que ser vistos en desarrollo; es más, ha explicado algunas veces, por lo menos en conversaciones privadas, que el que no ve un proceso social o económico o político en desarrollo no puede ser líder; y naturalmente nosotros entendemos que eso quiere decir que en un desarrollo de cualquier aspecto hay varios procesos. ¿Usted podría explicarnos eso?
Bosch.- Sí, claro. Como acabas de decir, en todo desarrollo hay una suma y hasta una suma de sumas de procesos, y esas sumas pueden ser tan variadas y tan complejas que una vida entera podría ser corta para estudiar todos los procesos de un desarrollo determinado. ¿Qué dirías tú si esta tarde al llegar a tu casa te encontraras en el patio con una mata de mangos parida, a pesar de que estás viviendo en esa casa hace 20 años y nunca viste en el patio ni siquiera una semilla de mango, mucho menos una mata, y menos aún parida?; lo lógico es que le preguntes a alguien si llevaron esa mata y la sembraron ahí después que saliste de tu casa, digamos, después de mediodía, porque lo único que podría explicarte a ti la existencia de una mata de mangos parida en el patio de tu casa sería un trasplante hecho por medios mecánicos en dos o tres horas. Y si tu papá y tu mamá te responden que nadie llevó la mata de ninguna parte; que esa mata salió de la tierra a las tres de la tarde y empezó a crecer y a las cuatro y media ya tenía más de diez metros y a las cinco comenzó a echar flores y a las cinco y media las flores empezaron a convertirse en mangos, la reacción tuya será pensar que tu papá y tu mamá creen que tú eres un nenito o que los dos están locos o que tú estás dormido y soñando con que en el patio de tu casa hay una mata de mangos parida.

¿Y por qué creerás esas cosas, o todas juntas o una de ellas? Porque aunque tú no tuvieras la menor idea de lo que es el desarrollo como resultado de la lucha de los contrarios, aunque jamás hubieras pensado que el desarrollo de algo (sea material, intelectual, moral, social o político) es el producto de la suma de muchos procesos, la vida (no ningún libro, no ningún maestro sino la vida misma) te enseñó que cada mango tiene adentro una semilla, y que una semilla de mango sufre un proceso que la convierte en una matita muy pequeñita, y que esa matita, que durante un tiempo está dentro de la semilla en la cual ha nacido, crece alimentándose de lo que la semilla tiene adentro, y para que siga creciendo hay que enterrarla y pasa a sufrir otro proceso que le permite echar raíces debajo de la tierra y ramitas y hojas fuera de la tierra, porque sin eso no podría crecer, es decir no podría pasar a cumplir el proceso que sigue, que es el del crecimiento para los lados y hacia arriba; y ese crecimiento, esto es, ese nuevo proceso, lo hace tomando alimentos de la tierra, del agua y del aire, así como cuando estaba en la semilla se alimentaba de lo que tenía la semilla adentro; y cuando ha pasado el tiempo (algunos años), y la mata está gruesa y alta, empieza a echar flores. Del corazón de esas flores van a salir unos botoncitos que a su vez van a crecer alimentándose de las flores, de manera que estas acabarán desapareciendo para darles vida a los botones, y eso es otro proceso. De esos botones, unos fueron tumbados por la brisa y otros crecieron hasta convertirse en mangos chiquitos; es decir, ahí se produjo otro proceso, el del paso de botones a manguitos, pero todavía falta el proceso en que los manguitos crecen y maduran, y de verdes y lechosos pasan a tener colores y a ser dulces.

¿Cuántos mangos dio esa mata en esa cosecha? Tal vez 400, tal vez 500, pero observa que todos salieron de un solo mango, del mango que alguien se comió y en vez de botar la semilla la usó para sembrarla; y ahí tienes tú todo el desarrollo de ese mango, que pasó a ser semilla, y de ahí pasó a ser una matita, y de ahí a ser una mata, y de ahí a florecer y echar botones y tener mangos. Ahí tienes tú un desarrollo en el que se cumplieron varios procesos; es decir, una suma de procesos dio un desarrollo natural que se produce millones y millones de veces donde quiera que hay mangos. Los mangos a los que acabo de referirme pueden pasar por otros procesos, pero no a la fruta que llamamos mango sino en otra esfera, en otro terreno; en el terreno de los hechos sociales, pues o se los come la familia dueña de la mata o lo tumban los tigueritos del barrio a palos o se venden en el mercado o hacen dulces con ellos.

¿Crees que he explicado lo que quise decir cuando afirmé hace un rato que en un desarrollo dado, cualquiera que sea, hay una suma de procesos? ¿Sí? Pues bien, repito lo que tú mismo has recordado que he dicho más de una vez: el que no es capaz de ver intelectualmente, en su cerebro, que todos los procesos son partes de determinados desarrollos; o lo que es lo mismo, el que no ve el desarrollo como un fenómeno que se cumple a través de varios procesos sucesivos, es decir, que van siguiendo uno al otro; ese no puede dirigir políticamente a nadie. Ahora bien, los procesos que se van sumando para dar un desarrollo determinado se cumplen, se realizan, se llevan a cabo a base de la lucha de los contrarios, y en el terreno concreto de la actividad política nacional, el desarrollo del PLD es la respuesta dialéctica, la de lo nuevo que representa al porvenir a lo viejo que representa el pasado, al estado de miseria moral e intelectual en que se ahoga la gente que gobierna este país y a la penosa incapacidad de los partidos, especialmente a una mayoría de los partiditos de izquierda.
P.- Compañero presidente, usted ha mencionado hoy varias veces la palabra dialéctica. Ahora mismo acaba de pronunciarla, y a nosotros nos parece que en los círculos revolucionarios dominicanos hay confusión en lo que se refiere a ella. ¿Usted podría explicar para los lectores de VANGUARDIA del Pueblo qué significado tiene la palabra dialéctica?
Bosch.- Bueno, trataré de hacerlo, pero con la salvedad de que se trata de un tema bastante complicado. En primer lugar, debe entenderse que cada vez que hablo de dialéctica me refiero a la dialéctica materialista, a la que Federico Engels describió como la ciencia que estudia la evolución de la naturaleza, la sociedad humana y el pensamiento.

Ahora bien, una cosa es la Dialéctica como ciencia, tal como describió Engels, y otra cosa es la dialéctica como método para investigar los fenómenos naturales, o la sociedad humana, o el pensamiento del hombre. Según entiendo yo (y si estoy equivocado pido que se me rectifique), como método de investigación la dialéctica es lo que nos permite identificar o descubrir a los contrarios que luchan en cada proceso, o mejor dicho, en el caso concreto de cada proceso... La dialéctica como método de investigación es lo que nos permite saber cómo llevan los contrarios su lucha hacia adelante, o cómo la llevaron en un pasado histórico determinado. La dialéctica como método de investigación permitió a Marx y a Engels darse cuenta de que los contrarios en la lucha social y política de su tiempo y del porvenir eran y serían los obreros y los capitalistas, pero también permitió ver que en el siglo XVIII los contrarios en lucha habían sido los señores feudales y los burgueses.

Creo que lo más importante en el uso (correcto, desde luego) de la dialéctica como método de investigación es que nos permite hacer una definición clara del proceso de transformación que estamos estudiando o en el que estamos trabajando, y al mismo tiempo nos permite hacer un análisis de la lucha de los contrarios en los momentos diferentes que forman en conjunto, por un lado, la totalidad del proceso, y por el otro, la suma de los procesos que a su vez darán forma a un hecho histórico. En pocas palabras, el método dialéctico de investigación, si es usado correctamente, nos permite comprender los acontecimientos históricos en toda su riquísima complejidad y a la vez nos permite comprender, también en toda su complejidad, un proceso limitado que sea parte de un acontecimiento histórico; nos permite ver a un tiempo cómo lo grande y lo pequeño se relacionan entre sí, qué son los dos y a la vez a cada uno como parte del otro; nos permite, en fin, ver lo que se ve y ver lo que no se ve, y como muy a menudo lo que no se ve es más importante que lo que se ve, el método dialéctico de investigación nos orienta con precisión hacia la verdad.

Si te basta con lo que he dicho, me sentiré satisfecho de haber respondido a tu pregunta; pero si no te basta tendré que pedirte que no sigamos con ese tema que es demasiado abstracto (o elevado, para decirlo con las palabras del pueblo) y puede cansar a los lectores.
P.- Está bien, profesor. Sigamos entonces con lo que usted dijo del Partido en la Quinta Reunión Ordinaria del Comité Central.
Bosch.- Según las notas de la compañera Socorro, lo que dije fue que a pesar de que no tiene un año de fundado, el PLD es un partido, y lo es no sólo en términos cualitativos sino también en términos cuantitativos; es decir, que tenemos una cualidad dada, que es el fruto de nuestra posición ideológica o política, y además de la seriedad con que aplicamos nuestros métodos de trabajo; pero también somos una cantidad dada, un número de peledeístas lo suficientemente grande para que nos hagamos sentir como partido en todo el país.

Y ahora que me he referido a las notas de la compañera Socorro me veo en el caso de ampliar esas palabras con otras que no dije en el mensaje, y esa ampliación consiste en explicar que cuando hablaba de calidad estaba refiriéndome a una cualidad, a la cualidad de lo nuevo; porque lo que nosotros estuvimos representando durante un tiempo en el PRD era algo nuevo en el PRD; algo distinto a lo que era el PRD; representábamos una posición nueva ante la vida y por tanto ante la política, mientras que la generalidad de los que dirigían al PRD representaban lo viejo, lo antiguo; representaban ideas atrasadas. Algunos de ellos hablaban de cosas nuevas pero actuaban siguiendo ideas viejas. En la generalidad de esos dirigentes no había la menor inquietud por las ideas nuevas y ni siquiera por los hechos viejos. Peña Gómez, por ejemplo, dijo que él había hecho que una convención del PRD (no recuerdo cuál) aprobara provisionalmente como tesis del Partido la de la Dictadura con Respaldo Popular, pero jamás leyó el libro donde expuse esa tesis; hablaba de su antiimperialismo, pero creía que los liberales de Washington eran luchadores contra el imperialismo. Cuando volví al país en abril de 1970 en el PRD, que había acordado no ir a las elecciones, se hablaba de ir al poder el 16 de agosto, es decir, el día que constitucionalmente debe haber cambio de gobierno, y con eso se le hacía creer al pueblo que, o se iría a elecciones, o se tomaría el poder por otra vía, pero exactamente el 16 de agosto. Nunca se le explicó al pueblo que aquí no podíamos salir del balaguerato a través de elecciones porque los yanquis habían organizado en este país un matadero electoral igual al de Vietnam del Sur, y tan pronto como el grupo partidario de lo nuevo dejó el PRD para formar el PLD, el PRD se lanzó a la campaña electoral de 1974 asegurándole al pueblo de manera enfática que Balaguer iba a perder las elecciones... En varios mensajes al Comité Ejecutivo Nacional del PRD hablé de la lucha entre lo nuevo y lo viejo que estaba llevándose a cabo dentro del partido, y esos dirigentes, encabezados por Peña Gómez, no entendieron ni jota. Era como hablarles en árabe. Y naturalmente llegó el momento en que sucedió lo que tenía que suceder; que lo nuevo se separó de lo viejo y formó el PLD. Llegó un momento en que dentro del PRD no podíamos convivir los partidarios de lo nuevo y los partidarios de lo viejo porque dentro del partido había una lucha de clases y los partidarios de lo viejo eran los jefes ideológicos y los representantes en el PRD de los sectores de la derecha nacional no balaguerista o no wessinista, pero derecha al fin, y como derecha tenía una cosa en común con el balaguerismo o el wessinismo: su estrecho nexo con los que gobiernan en los Estados Unidos. Peña Gómez, por ejemplo, decía por radio, cada vez que tenía que mencionar al embajador yanqui: “El caballeroso embajador Meloy”.

Peña Gómez, caudillo político de las derechas dentro del PRD, propagaba dentro del partido una tesis que confundía a toda la gente políticamente inculta que simpatizaba con el PRD. La tesis era que los liberales de Washington eran enemigos del imperialismo y amigos de nuestro pueblo y de los pueblos explotados, y como al mismo tiempo atacaba a la Gulf and Western, mucha gente creía que lo que él decía era correcto porque él era un antiimperialista, como lo demostraban sus ataques a la Gulf and Western. Ni ese señor ni los que creían en lo que él decía se daban cuenta de que el imperialismo no podría sostenerse en el poder político si no pudiera mostrarle al mundo las caras de los liberales de Washington, a quienes se les permite hacer alguna pequeña protesta, pero jamás atacar el fondo de los hechos del imperialismo. En otra ocasión conté cómo reaccionó lleno de indignación Robert Kennedy, el hermano de John y de Edward, cuando en Indonesia una joven dijo que el capitalismo norteamericano era explotador. Y Robert Kennedy era liberal, como lo era su hermano John F., que inició la guerra de Laos, lanzó la invasión de Bahía de Cochinos y amplió la intervención militar yanqui en Vietnam. El liberal Edward Kennedy -como el liberal William Fullbright (todos santos de la devoción del joven Peña Gómez)- le dio su voto a Lyndon Johnson para que convirtiera la intervención norteamericana en Vietnam en la guerra criminal de la historia. Sin la existencia de los liberales, el gobierno norteamericano no podría seguir siendo imperialista; tendría que dar un paso más allá y convertirse en fascista. Los liberales son los aliados más útiles del imperialismo, pero el caudillo de las derechas del PRD creía que eran los enemigos del imperialismo metidos dentro del sistema. La dialéctica como método de investigación no le servía para nada a Peña Gómez, entre otras razones porque nunca la estudió, y por eso pudo decir con el mayor desparpajo en la página 10 del No. 11 de la revista Política esta frase que no tiene desperdicio: “…y nosotros nos reiteramos en nuestra firme convicción de que la mejor manera de combatir los peores elementos del imperialismo en nuestro país es usando la cuña del mismo árbol intervencionista, …usando en nuestro favor la influencia de distinguidas figuras norteamericanas, que por razones distintas de las nuestras, que tienen que ver con la política americana, se oponen al intervencionismo”. (Y uno tiene que preguntar si se oponen en la forma en que se opusieron los tres hermanos Kennedy a la intervención en Vietnam, en Laos y a la invasión de Bahía de Cochinos). “Desde entonces aprendí que en un país tan dominado por los Estados Unidos como la República Dominicana, Frank Church o William Fullbright resultan aliados mucho más efectivos que Fidel Castro o Mao Tse Tung”; y explicó la idea tan estrambótica alegando que eso se debe a que “un pronunciamiento de estas grandes figuras de la revolución mundial en nuestro favor es usado como pretexto por los reaccionarios dominicanos para justificar la represión de los revolucionarios”. Desde luego, ese argumento tendría más fuerza expresado de esta manera: “para que los reaccionarios no reprendan a los revolucionarios, la solución perfecta es que los revolucionarios abandonen sus ideas y sus actividades revolucionarias”; de esa manera hubiera desaparecido el peligro de que los reaccionarios de nuestro país usaran los pronunciamientos de Mao Tse Tung o de Fidel Castro para reprimir a los revolucionarios, y además hubiera desaparecido la necesidad de “aprender” y de proclamar que para nuestro país Frank Church y William Fullbright resultan aliados supuestamente revolucionarios cuando la realidad es que fortalecen, en todos los campos, las posiciones de las derechas dominicanas; y las fortalecen porque esas palabras, escritas a principios de 1973, fueron hechas buenas y válidas en octubre de 1974 cuando su autor viajó a Washington acompañado de un largo séquito para reunirse con Frank Church, William Fullbright y cuanto títere con cabeza apareciera en Washington disfrazado de liberal.
P.- Compañero Juan, usted estaba hablando de lo nuevo en el PLD y nosotros quisiéramos que nos diera un ejemplo concreto de algo nuevo que pudiera ser reconocido por los lectores de VANGUARDIA.
Bosch.- ¿Un ejemplo concreto para los lectores de VANGUARDIA?: precisamente la existencia de VANGUARDIA, que no habría podido existir en el PRD. Un día de estos haré la historia de cómo la derecha del PRD boicoteó la revista Política, y créanme que es una página vergonzosa pero a la vez muy interesante porque enseña mejor que nada la forma de actuar de lo viejo ante el empuje de lo nuevo. En cambio, a VANGUARDIA dentro del PLD nadie la boicotea. En ese mensaje al Comité Central del que tanto hemos hablado hoy dije lo siguiente: “El periódico pone cada 15 días a los miembros del Partido en contacto con 15 o 16 mil personas. VANGUARDIA informa, pero también forma políticamente a los que lo leen. Nuestro periódico está localizando en cada lugar del país a la gente que tiene más sensibilidad para captar lo nuevo y más decisión para luchar contra lo viejo. VANGUARDIA busca a los simpatizantes del PLD donde quiera que estén porque ellos, al enterarse de que el PLD tiene un periódico, salen a buscarlo y dan con él hasta en una cueva. VANGUARDIA está contribuyendo a organizar al pueblo, porque la existencia del periódico ha hecho más fácil el trabajo de organizar Comités Patrióticos y Populares”... Empezamos la publicación de VANGUARDIA en la primera quincena de agosto tirando 8 mil, y para el 9 íbamos por 16 mil, y eso, a pesar del esfuerzo que hacemos para que el periódico sea vendido sola y únicamente a los miembros, los simpatizantes y los amigos del Partido. Si el periódico avanza, si se vende más, y se vende sólo dentro de los límites del peledeísmo, no puede haber dudas de que al mismo tiempo están sucediendo estas dos cosas: que el periódico es cada día mejor y por eso atrae más la atención, y que cada día hay más simpatizantes del PLD que lo compran.

Eso, en pocas palabras, indica que lo nuevo, expresándose a través de VANGUARDIA, se fortalece cada día, pero que cada día también atrae más gente, de manera que si nosotros dimos un salto cualitativo cuando rompimos con el PRD, ahora estamos avanzando en el terreno de lo cuantitativo, es decir, cada día somos más. Y esto, por cierto, es un buen ejemplo del movimiento dialéctico que hallamos en la naturaleza, en la sociedad, en el hombre y en su manera de pensar. Cuando estábamos en el PRD éramos muchos, pero entre esos muchos fuimos pocos los que dimos el salto hacia otra cosa, hacia ideas y actitudes nuevas, y ahora esas ideas y esas actitudes nuevas atraen cada vez a más personas; es decir, vamos en camino de ser otra vez muchos, pero muchos distintos a los muchos que éramos en el PRD. Es así, siguiendo ese proceso, cómo la humanidad avanza hacia adelante, y avanza y avanza de manera inexorable, palabra que quiere decir que nada la vence, nada la detiene, nada la hará volver atrás.

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Clases sociales en la República Dominicana

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El desarrollo de las clases sociales en República Dominicana
Juan Bosch

Esta entrevista con el profesor Juan Bosch fue enviada por el Compañero Manny Espinal desde España, pero de su lectura se desprende que fue hecha en Cuba...

P.- Compañero presidente, en la entrevista que hicimos en México usted terminó diciendo algo que es muy importante para la formación teórica de los peledeístas, especialmente de los jóvenes del PLD, y por esa razón creemos que esas palabras suyas deben ser ampliadas para que se comprendan mejor. Lo que usted dijo fue que en la República Dominicana hay poco desarrollo clasista y que los miembros de los grupos marxistas, o esos grupos, son tan poco desarrollados como lo son las clases y las capas sociales de las que ellos proceden, o mejor dicho, de la que proceden los miembros y los líderes de esos grupos, y que eso es lo que explica que esos grupos y partidos se hallen dominados por personas y no estén en realidad sirviendo los mejores interese de clases, capas sociales y organizaciones. Digo estas palabras sacándolas de las suyas, de las que usted dijo al terminar la entrevista que le hice en México, y lo que le propongo es que haga una explicación lo más amplia posible de esas palabras.
Bosch.- En primer lugar, hablemos del poco desarrollo clasista de nuestro pueblo. El desarrollo clasista escaso, pobre o limitado de un pueblo se debe, naturalmente, al escaso, pobre o limitado desarrollo capitalista de ese pueblo; y esto necesita una explicación: en el sistema capitalista, las clases se van desarrollando al mismo tiempo que se desarrolla el capitalista de ese pueblo; y esto necesita a su vez una explicación: en el sistema capitalista, las clases se van desarrollando al mismo tiempo que se desarrolla el capitalismo. No es que las clases aparezcan antes que el capitalismo ni es que el capitalismo aparezca antes que las clases; van desarrollándose y promueven o provocan el desarrollo del sistema. Así pues, podemos decir que donde no hay capitalistas no hay capitalismo y donde no hay capitalismo no hay capitalistas. Es más, en un país puede haber capitalismo y no haber burguesía ni proletariado. Eso estuvo sucediendo en muchos países de la América Latina hasta el siglo pasado, y estuvo también pasando en una parte de los Estados Unidos, en la región del Sur, hasta el siglo pasado. Por eso se explica que Carlos Marx dijera en cierta ocasión, allá por el 1853, que en esa fecha todavía en los Estados Unidos no había definición de clases, y hay que tomar en cuenta que ya para 1853 los Estados Unidos eran potencia, no mundial, pero una potencia; por ejemplo, para ese año ya le habían arrebatado a México Texas, Nuevo México, California y habían tomado Ciudad México; le habían comprado a Francia La Luisiana y todo el territorio central cuya capital era New Orleans; le habían comprado a Rusia lo que hoy es el Estado de Alaska. Es más, para la época en que Marx decía esas palabras que acabo de repetir, los Estados Unidos habían hecho la guerra contra los piratas de Argel, en el Mediterráneo y en aguas africanas.
P.- Compañero Juan, ¿usted podría explicar esas palabras de que en un país puede haber capitalismo y no haber burguesía ni proletariado? Creo que esa explicación es necesaria porque sin ella muchos compañeros lectores de VANGUARDIA van a caer en una tremenda confusión.
Bosch.- Los mejores ejemplos de que en un país puede capitalismo y no haber ni burguesía ni proletariado son los de Brasil, Cuba y el Sur de los Estados Unidos, para no mencionar a Haití, que está en nuestra propia isla. En esos países (y en varios más de América, que no nombro para no hacer una lista interminable) hubo durante siglos capitalismo, pero no había ni burgueses ni obreros; su capitalismo era, como dijo Carlos Marx, anómalo, palabra con la que quiso decir que se trataba de algo fuera de lo normal; y lo dijo precisamente por lo que he repetido varias veces en esta entrevista, porque era un capitalismo sin burgueses y sin proletariado. ¿Y cómo se explica que haya, o hubiera habido en esa época, durante varios siglos, en algunos países de América, un capitalismo anómalo, es decir, fuera de lo normal; un capitalismo sin burgueses y sin obreros? Pues se explica porque los capitalistas de esos años empleaban a parte de su capital en comprar esclavos, y los esclavos no eran obreros; los esclavos eran una propiedad de sus amos, una propiedad igual que lo eran los caballos, las reses, las tierras y los ingenios de azúcar o las siembras de algodón. Los esclavos y los obreros son dos cosas distintas. El obrero vende su fuerza de trabajo y el burgués se la compra con una determinada cantidad de dinero que se llama salario o jornal; pero para que suceda eso, es decir, para que el obrero acepte venderle al patrono Fulano de Tal (que puede ser una persona o una compañía) su fuerza de trabajo, tiene que haber entre él y el patrono un entendimiento, un trato, un acuerdo, que podemos resumir en pocas palabras: “Tú trabajas para mí tantas horas en tales y cuales tareas o tipos de trabajo y yo te pago tanto mensual o quincenal o por día”. Si al trabajador le conviene esa proporción acepta; si no le conviene, dice que en esas condiciones no puede trabajar; que si se le pagara medio peso más por día sí… Bueno, el caso es que el obrero trata con su patrón, negocia con él, pero el esclavo no. El esclavo era traído a América a la fuerza; lo cogían en su tierra como se coge un tigre o un elefante o un león, y lo traían a América a venderlo, y el capitalista, dueño de un ingenio de azúcar o de una siembra o plantación de algodón o de café o de cacao, lo compraba como se compra un caballo o un buey, y lo ponía a trabajar a la buena o a la mala, y si lo consideraba necesario, lo apaleaba o mandaba a apalearlo, o le ponían cepos en los pies; y comía lo que al amo quería, no lo que quería el, y lo vestían como quería el amo, no como él quería; y lo mandaban a dormir a tal hora y a levantarse a tal otra. Como puede verse había diferencias enormes entre el esclavo y lo que es un obrero. Este último vende su fuerza de trabajo y nada más que eso; no vende su cuerpo. El esclavo, desde luego, tampoco vendía su cuerpo porque él no iba a venderse para que lo trajeran a estos países; a él lo cogían como a una fiera y lo vendían como si fuera un caballo. Fíjate que el esclavo no vendía su fuerza de trabajo. A él lo vendían entero, como un animal... El esclavo y el obrero trabajaban para enriquecer al dueño o al patrono, es decir, al capitalista; el dueño de esclavos y el burgués trabajaban para enriquecerse con el trabajo de los esclavos y los obreros... Por eso Marx llamó oligarcas a los capitalistas que compraban esclavos y burgueses a los capitalistas que compraban (o compran) fuerza de trabajo, la fuerza de trabajo de los obreros (únicamente su fuerza de trabajo y nada más).

Lo que acabo de decir explica por qué en los países de América donde la producción se hacía a base de esclavos había capitalismo pero no había burguesía ni había obreros o proletariado. Lo que había era un sistema de explotación basado en la existencia de una oligarquía esclavista, pero ese sistema de explotación era ya capitalista; no era igual al de la oligarquía esclavista de la Antigüedad, por ejemplo, al que había en el impero romano, porque en la época de Roma no existía todavía el capitalismo; en cambio, en el siglo pasado, y en el anterior (es decir, el XVIII) y desde mucho antes, el modo de producción de los países de Europa y de América era el capitalista. ¿Crees que ya quedó aclarado ese punto de la existencia de capitalismo sin burgueses y sin proletario?
P.- Sí, ese punto quedo aclarado, pero falta por aclarar el anterior, el del poco desarrollo clasista del pueblo dominicano.
El de su poco desarrollo clasista y la cola que eso trae o producen las organizaciones marxistas, porque en realidad, en esto es donde está la sustancia de lo que dejé dicho al terminar la entrevista anterior. Pero antes que nada debo aclarar, como es lógico, lo que se refiere al escaso, pobre o limitado desarrollo clasista del pueblo dominicano y a las causas de ese pobre desarrollo. Ya dije que las clases y el sistema se van desarrollando conjuntamente, porque los dos se influyen a la vez; el avance del capitalismo produce un desarrollo de los capitalistas y también del proletariado, y el desarrollo de esas dos clases tiene como resultado un desarrollo del capitalismo. Por esa razón en un país donde los capitalistas son poco desarrollados podemos asegurar que el capitalismo no está desarrollado; y lo mismo sucede en lo que se refiere a la clase obrera. ¿Qué quiere decir, por ejemplo, que en la República Dominicana haya tanta gente sin trabajo? O mejor dicho, ¿qué se deduce de eso? Pues se deduce que hay poco desarrollo capitalista; hay pocas industrias, hay pocas oportunidades de trabajo para la población. Y, por supuesto, si hay pocas industrias es porque hay pocos capitalistas o por lo menos pocos que empleen sus capitales en industrias, bancos, empresas de transporte, minería, y en general en las actividades de la producción al nivel del capitalismo actual. No mencionemos el caso de los capitalistas extranjeros que vienen a explotar la riqueza de la tierra nuestra y el trabajo de nuestro pueblo, que pagan el trabajo de nuestros obreros cinco y hasta diez veces más barato que el trabajo de los obreros de sus países de origen, o traen braceros de Haití para pagar el trabajo humano más barato todavía. Precisamente, en el uso de la fuerza de trabajo barata se basa la creación de las zonas francas, que operan a base de capital norteamericano dedicado a producir artículos que van a ser vendidos en los Estados Unidos a precios más bajos que esos mismos artículos si fueran hecho en los Estados Unidos. ¿Por qué? Porque los que trabajan en las zonas francas dominicanas son mujeres y hombres de nuestro país que cobra, digamos, dos pesos diarios mientras un trabajador yanqui en su país cobra más de dos pesos y medio por hora; no el día de trabajo sino por cada hora de trabajo.

No hablemos de esos casos; hablemos del caso de los capitalistas dominicanos que prefieren invertir su dinero en casas de alquiler o en casa de comercio o en compra y venta de terrenos; es decir, en negocios que emplean poco mano de obra. Esos son capitalistas no desarrollados, que además operan o actúan en un país donde en términos generales el sistema capitalista, el capitalismo en su conjunto, es poco desarrollado porque es dependiente del gran capitalismo mundial; produce principalmente para completar el proceso industrial y financiero del capitalismo extranjero, sobre todo del norteamericano. Y en un país capitalista de desarrollo escaso, pobre o limitado, el desarrollo de las clases sociales que son típicas del sistema capitalista resulta también escaso, pobre o limitado, porque ya está dicho: las clases y el sistema se van desarrollando conjuntamente; las clases y el sistema se influyen a la vez.

Tú sabes que los pueblos tienen historia y prehistoria, y la prehistoria es la etapa anterior a la historia conocida, a la que es conocida porque está escrita. Pues bien, en el caso del capitalismo dominicano, este comenzó con Trujillo, y más bien en los últimos 15 años Trujillo, y lo demás es prehistoria. Ahí se halla la explicación de nuestro escaso, pobre y limitado desarrollo capitalista; la explicación del escaso, del limitado y del pobre desarrollo clasista de nuestro pueblo.
P.- Perdóneme, compañero presidente, pero creía que usted iba a hablar del efecto que tiene en los grupos marxistas de nuestro país el, como dice usted, escaso, limitado y pobre desarrollo clasista.
Bosch.- Claro que sí, sólo que antes tenía que explicar los orígenes del problema en nuestro pueblo, porque sólo sabiendo por qué y cómo se da ese problema en el pueblo dominicano podremos saber por qué y cómo se da en los grupos marxistas, o en casi todos, sino en todos. Pero hay algo más, sólo sabiendo qué produce eso en nuestro país, de dónde sale nuestro limitado desarrollo clasista; sólo analizando los orígenes de ese problema podemos darnos cuenta de dónde sale, en países de evolución histórica parecida a la del nuestro, ese fenómeno social que algunos llaman caudillismo en vez de llamarlo como se llama propiamente, que es caudillaje. El caudillo es el producto de una sociedad de escaso, pobre y limitado desarrollo clasista (por lo menos en la sociedad capitalista), es el producto de un escaso, pobre y limitado desarrollo del capitalismo. Donde hay desarrollo clasista (como consecuencia de que hay desarrollo capitalista) no puede haber caudillos; hay representantes de clases que tienen que actuar sometidos a estas y no como sometedores de ellas. Nixon quiso actuar como caudillo, no como un representante obediente de la clase dominante de los Estados Unidos: quiso colocarse por encima de esa clase, que es una sola aunque esté políticamente dividida en republicanos y demócratas, y esa clase (demócratas y republicanos juntos) lo echó del poder, pero con condiciones, con la condición de que no se le pudiera perseguir judicialmente, porque eso habría sentado o establecido un antecedente muy peligroso para la estabilidad de la clase; es decir, la clase dominante no puede presentar a los ojos de su pueblo, y menos del mundo, y muchos menos en términos históricos, el ejemplo de haber condenado a prisión, como a un delincuente cualquiera, a uno de los suyos que llegó a la presidencia del país y fue reelegido por el número más grande de votos que había recibido ningún otro candidato presidencial en 200 años; y recordemos que tampoco fue preso el vicepresidente Spiro Agnew ni fue condenado por ningún juez a pesar de que todos los norteamericanos sabían que había robado fondos públicos. En los Estados Unidos hay actualmente, aunque no lo hubiera en el 1853, un desarrollo clasista tan completo (y hablo en lo que se refiere a desarrollo de clases, no a conciencia política, que es una cosa diferente), que ese desarrollo impide de manera natural la formación de un caudillo. En cambio, entre nosotros, la falta de desarrollo clasista no solamente ha permitido sino que ha favorecido la formación de caudillos, y no de uno sino de varios, desde Juan Sánchez Ramírez hasta Balaguer. Y de ese fenómeno no escapan los grupos marxistas, aunque haya alguna que otra excepción, porque para escapar de él los líderes y los miembros de esos grupos tendrían que tener una conciencia política muy desarrollada; tan desarrollada que ese desarrollo sustituyera en sus mentes, en sus ideas y hasta en sus sentimientos, el desarrollo clasista que no tenemos.
P.- Entonces, compañero Juan, ¿usted cree que el desarrollo de la conciencia política puede conseguirse aún en una sociedad sin suficiente desarrollo clasista?; y me parece algo más, me parece que usted cree que el desarrollo de la conciencia política puede ser un sustituto para la falta de desarrollo clasista.
Bosch.- Eso es lo que he querido decir. Pero es bueno que todos entendamos lo que quiero decir al hablar de desarrollo de la conciencia política, porque muy bien podría suceder que alguno por ahí crea que la conciencia política se desarrolló leyendo libros y aprendiéndose de memoria todo lo que dicen esos libros o repitiendo como cotorras lo que dijeron sus autores, digamos, por ejemplo, hombres como Marx y como Engels. Sí, hay que leer esos libros, pero hay que leerlos e incorporar las ideas que se exponen en ellos a nuestro mundo interior, es decir, a nuestra manera de pensar, de sentir y de actuar. Hay que leerlos de tal manera que sustituyamos con lo que ellos nos enseñan lo que no puede enseñarnos nuestra sociedad, que precisamente por ser poco desarrollada en el orden clasista no puede proporcionarnos muchísimas enseñanzas que otras sociedades más desarrolladas les dará a sus pueblos mediante la práctica diaria de la vida.

Para ampliar lo que acabo de decir podría referirme a ejemplos diferentes; a unos de orden que podríamos llamar material y a otros de orden intelectual, moral y espiritual. Un ejemplo de orden material sería el de la facilidad, la naturalidad con que se forman en sociedades de alto desarrollo clasista ciertas agrupaciones, como por ejemplo los sindicatos obreros. En Suecia, en Francia, en Inglaterra, en los Estados Unidos no le permitirían a un sindicato afiliarse a una central o confederación marxista, pero le permiten ir a una huelga para reclamar mejores salarios, y sobre todo a los obreros se les permite formar sindicatos. Esos obreros tienen desarrollo clasista; saben que son obreros y que como tales disfrutan de derechos sociales, y los reclaman, y a veces los reclaman con violencia; y los patronos capitalistas, que también tienen desarrollo clasista, aunque en el terreno político sean más atrasados que los burros, respetan los derechos sociales de clase de los obreros, aunque en el origen político no respeten ninguno.
P.- ¿Pasa aquí algo parecido a eso?
Bosch.- No señor; aquí no pasa nada parecido a eso. Aquí el obrero que habla de mejores salarios es sacado de su trabajo a toda velocidad, aunque en la empresa donde trabaja haya un sindicato y aunque él sea dirigente de ese sindicado. De manera que como podemos ver, la práctica diaria le enseña a un obrero norteamericano que él tiene derechos sociales y que puede reclamarlos hasta haciendo huelgas, y le enseña a un obrero dominicano que él no tiene el menor derecho social y que si pretende siquiera reclamar uno de ellos lo botan de su trabajo inmediatamente.

Si eso se da en la sociedad dominicana en el terreno de las actividades sociales, ya podemos imaginarnos lo que pasa en el de las actividades políticas. En el orden de las actividades políticas la sociedad dominicana lo único que nos enseña mediante la práctica diaria es que los que se dedican a luchar por los derechos del pueblo y por la revolución son perseguidos, son torturados, son exiliados o son asesinados. En una sociedad como la nuestra, ampliar, profundizar y refinar la conciencia política requiere no solo mucho estudio; requiere también que el que se dedica a la actividad política incorpore lo que estudia a su vida misma, a su manera de sentir y de pensar, a su manera de actuar; y para lograr eso hay que vivir en un estado de vigilancia perpetua; de vigilancia de uno mismo sobre sus ideas, sobre sus actos, a fin de mantener esas ideas, esos sentimientos y esos actos en el nivel apropiado para el desarrollo constante de una conciencia política real, auténticamente revolucionaria.

¿Qué le pasa al que no establece esa vigilancia permanente sobre sí mismo? Pues le pasa que sin que se dé cuenta, va siendo arrastrado días tras día por la corriente social propia de la clase o la capa a la que pertenece; de una corriente social que en un país de escaso desarrollo clasista se dirige inevitablemente hacia un punto muerto que se llama caudillaje, aunque algunos sociólogos de nuestro país lo llamen caudillismo. Eso es lo que está pasando en la mayoría de los grupos marxistas de nuestro país, y eso es lo que explica que en vez de estar sirviendo los mejores intereses de clases, de capas y hasta de organizaciones marxistas, estén siguiendo las emociones de sus líderes, que generalmente son emociones propias de la pequeña burguesía...

1 de febrero de 1975.-

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27 de febrero: fundación de La República

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Camboya y Vietnam
Juan Bosch

Vamos a entrar inmediatamente en el tema que los ha traído a ustedes aquí esta noche, porque supongo que ustedes han venido por el tema y no por mí. Desde luego, hay una justificada preocupación, y también un justificado entusiasmo por lo que está pasando en Vietnam. Es más, debo decir que hoy, no estando yo en casa, se recibió una llamada de México para felicitarme por los acontecimientos de Vietnam, y esa llamada me emocionó porque no era de ningún desconocido, era de mi hija Barbarita.

Estos acontecimientos de ahora comenzaron el lunes día 10 de marzo, es decir, hace tres semanas, día en que cayó en poder de las fuerzas del Gobierno Provisional Revolucionario de Vietnam del Sur la ciudad de Ban Me Thuot (que está en este mapa). Es este punto negro que les señalo. Observen que Ban Me Thuot está lo suficientemente cerca de Saigón (la capital de Vietnam del Sur) como para justificar la preocupación de su gobierno (Ban Me Thuot es una ciudad montañosa donde iban a pasar sus fines de semana los ricos de Saigón). Esa ciudad cayó inesperadamente sin que el gobierno de Vietnam del Sur lo sospechara y sin que lo esperaran ni siquiera remotamente los servicios de contraespionaje norteamericanos, que como ustedes se imaginaran abundan en Vietnam más que la verdolaga en los campos dominicanos.

La caída de Ban Me Thuot precipitó la caída de dos provincias que quedan al norte de la de Dak Lak, y son estas que ven ustedes aquí y aquí; una se llama Pleiku y la otra Kontum. Los habitantes de Ban Me Thuot, los de Kontum, y especialmente las guarniciones militares de esa provincias huyeron hacía el este buscando la protección de la región de la costa, es decir, la orilla del mar, que es donde están las grandes fuerzas militares y sobre todo las grandes bases construidas por los norteamericanos (la base de Cam Ranh está en este punto). Ahora bien, la fuga de los ejércitos de la provincia de Dak Lak, de la de Pleiku y de la de Kontum hacia el mar precipitó a su vez la fuga de los soldados de otras provincias que están en la orilla del mar, como sucedió en Quang Tri, donde se halla Hue, la antigua capital de Vietnam, país que como veremos a su tiempo se llamaba el Imperio Annamita, no Vietnam. Da Nang es la segunda ciudad en población de Vietnam del Sur y además es una ciudad que está bien defendida desde el punto de vista militar porque su puerto fue preparado por los norteamericanos a fin de que les sirviera de base para las operaciones de sus barcos y sus submarinos, que podían llegar, mantenerse y salir de allí sin correr riesgos. Por eso los soldados de las provincias vecinas de Da Nang huyeron hacia esa ciudad.

Todo eso lo precipitó la caída de Ban Me Thuot; en esa caída se originó algo así como la disolución de las fuerzas armadas de Vietnam del Sur, que hasta ese día eran de un millón cien mil soldados, con armamento tan bueno que se considera que fuera de China ningún país del Asia tenía el poderío aéreo, para mencionar solo ese aspecto, de Vietnam del Sur.

Ban Me Thuot cayó un lunes cuando mil 200 zapadores (es decir hombres que son capaces de pasar por la rendija de una puerta, entrenados para atacar al enemigo con granadas y armas de demolición) sorprendieron a la tropa del gobierno de Saigón. La noticia de la caída de Ban Me Thuot provocó la fuga de los soldados de Pleiku y Kontum, como creo haber dicho hace poco. El viernes día 14, el presidente títere Nguyen Van Thieu ordenó la evacuación inmediata, es decir el abandono de las provincias de Pleiku y Kontum; pero esa orden estaba cumplida de hecho antes de ser dada. En Pleiku había una importante base aérea, y el martes 18 el gobierno de Van Thieu declaró que por razones tácticas los aviones de esa base habían salido de allí y ese mismo día el gobierno admitió que Ban Me Thuot había caído en manos del ejército revolucionario de Vietnam del Sur.

Antes de entrar en la materia con la amplitud que el tema amerita debemos advertirles que los que se dejan llevar por los cables de la United Press y de la Associated Press pueden confundirse y creer que el levantamiento que está dándose en este momento en Vietnam del Sur es el producto de una invasión hecha desde Vietnam del Norte, porque se habla solamente de tropas de Vietnam del Norte, de divisiones de Vietnam del Norte, de brigadas de Vietnam del Norte y nada de eso es cierto. En Vietnam del Sur hay un movimiento revolucionario organizado, que fue organizado hace muchos años, al mismo tiempo que se organizó en lo que hoy se llama Vietnam del Norte, y ese movimiento ha mantenido sus fuerzas armadas en Vietnam del Sur durante todos estos años y fue reconocido en el acuerdo de paz de París que se firmó en enero de 1973, y además se le reconoció su derecho a mantener sus tropas en el territorio donde estuvieran el día de la firma del armisticio, y son esas fuerzas revolucionarias de Vietnam del Sur las que están definiendo ahora mismo la situación en Vietnam del Sur. Eso no significa que Vietnam del Norte no esté ayudando a la gente de Vietnam del Sur, porque nosotros, que estamos a una distancia tan grande de Vietnam y que no somos gobierno, si pudiéramos hacerlo, a esta hora estaríamos ayudándolos también.

Permítanme ahora que les dé una explicación sobre esta charla. La verdad es que el Partido había resuelto que había que dar por lo menos tres charlas sobre lo que está sucediendo en Vietnam del Sur, pero se nos atravesó en el camino la Semana Santa, y al atravesársenos en el camino la Semana Santa nos encontramos con que este Centro Masónico, que es el único lugar de Santo Domingo que puede acoger tantas personas como las que hay aquí esta noche, había comprometido el día de mañana, jueves, para un acto, y por esa razón tuvimos que reducir las charlas a dos, que se darían una hoy y otra pasado mañana viernes. Pero la verdad es que no estoy seguro de que pueda desenvolver este tema en dos charlas nada más, porque los acontecimientos actuales tienen que ser explicados desde sus origines, y si no, no vamos a comprenderlos; y los orígenes, de estos acontecimientos de Vietnam, es decir, los más inmediatos, los más cercanos, no son esos de que he estado hablando; no se limitan a la toma de una ciudad de la región montañosa de Vietnam del Sur ocurrida el día 10 del mes pasado. Esos acontecimientos vienen de mucho más atrás, y para explicarlos tenemos antes que explicar muchas cosas; tenemos que explicar, por ejemplo, que es la Indochina.


Indochina es esta región que ustedes ven en este mapa; esta región desde aquí hasta aquí. Fíjense que aquí hay dos penínsulas a la vez; una que es esta, la mayor, la península de Indochina propiamente, y otra que sale de esa y se llama península de Malasia. Esa península de Indochina es la tercera península partiendo desde África hacia el este. La primera península, la más cerca al África, está separada de África solamente por el canal de Suez y el mar Rojo; es la península de Arabia, la de los países petroleros que han sido tan importantes en la creación del problema mundial del petróleo. Le sigue inmediatamente a la derecha la península de la India, que es esta de aquí; y la tercera península es esta, que se llamó Indochina porque quedaba situada entre la India, que estaba aquí, y la China que estaba aquí. Como ustedes saben, los hombres viven en la tierra y la modifican no solamente porque le hacen canales o porque destruyen ciudades sino también porque forman naciones nuevas. Por ejemplo, actualmente la India no llega hasta aquí porque ahora en ese sitio hay un país nuevo que se llama Bangladesh. La gran guerra mundial segunda, la de 1939—1945, causó enormes transformaciones en el mundo, especialmente en el Asia. Una de las grandes transformaciones fue que de ese gigantesco país llamado la India se formaron dos; la India al sur y Pakistán al norte. Pakistán era parte de la India, y Pakistán a su vez nació dividido en dos partes, Pakistán del Oeste y Pakistán del Este. Ese Pakistán del Este se rebeló, como ustedes recordaran, hará dos o tres años, y constituyó la República de Bangladesh. Cuando no existía Bangladesh la India llegaba hasta aquí, y la China y la India llegaban hasta aquí, y entonces pasó a llamarse Indochina porque era una península que partía exactamente del lugar donde se reunían la India y China.

La historia de la península de Indochina, desde el punto de vista que nos interesa esta noche, comenzó en realidad en el siglo XVIII, cuando los franceses se establecieron aquí, en la parte sur de Vietnam del Sur. Por entonces esa parte se llamaba Cochinchina. Ahí establecieron los franceses en el siglo XVIII, es decir, antes de la Revolución Francesa, sus primeros enclaves comerciales, y por cierto que lo hicieron con la ayuda de los españoles, que como estaban cerca, en las Filipinas, negociaban con la Cochinchina (las Filipinas quedan relativamente muy cerca de Vietnam).

Indochina empezó a ser colonizada por los ingleses a principios del siglo XIX. Allá por el 1820 y tantos comenzaron los ingleses a colonizar esta parte de Indochina que hoy se llama Birmania y antes se llamaba Burma, que tiene frontera con China y que como ustedes ven es un país que penetra hasta la península de Malasia; y comenzaron también a colonizar esta otra parte que se llamaba hasta hace poco Siam y hoy se llama Tailandia, y que entra también en la península de Malasia y aquí hace frontera con los Estados Federales de Malasia. Esos países (Burma, Siam y Malasia) fueron protectorados ingleses.

Los franceses, que se habían establecido en la Cochinchina en el siglo XVIII, comenzaron a extender su dominación política en forma de protectorado cuando aquí estaba comenzando la guerra Restauradora, allá por el 1863; empezaron a extenderse por esta región de Indochina que hoy está formada por Vietnam del Norte, Vietnam del Sur, Laos y Camboya; y por esto todos estos territorios que les señalo pasaron a llamarse Indochina Francesa. La parte norte, casi todo lo que hoy se llama Vietnam del Norte, se llamaba entonces Tonkín. En el centro, desde aquí más o menos hasta aquí, estaba el reino de Annam, cuya capital era Hue. Hanoi era la capital de Tonkín, pero Hue era la capital del reino de Annam; ahí era donde vivía el rey o emperador de todo ese territorio que hoy son Vietnam del Norte y Vietnam del Sur; y aquí, en el extremo sur quedaba la Cochinchina, cuya capital era Saigón. Al oeste de la Cochinchina se encontraba Camboya, y como veremos en la charla del viernes, este país tiene una importancia enorme en los acontecimientos que están ocurriendo en Vietnam, porque fue en Camboya donde Henry Kissinger cometió el primero de sus grandes errores políticos, que fue tumbar el gobierno de Norodom Sihanouk; ese error fue anterior al primero de sus aciertos, y lo cometió sin que el mundo se enterara porque para esa época todavía no era secretario de Estado de los Estados Unidos aunque ya era el consejero número uno de Nixon en política exterior; pero de ese punto hablaremos con más detalles el viernes. Aquí queda el país de Laos, que como ustedes ven está encerrado entre los dos Vietnam, Camboya, Tailandia y Birmania. Cuando los franceses pasaron a gobernar esa región de Indochina que luego se llamaría Indochina Francesa, el nombre de Laos era el de reino de Luang Prabang. En este sitio que marco ahora está la ciudad de Luang Prabang, donde vive el rey de Laos. Esa es la capital política de Laos, y hacia el sur, en ese punto, está la ciudad de Vientián, que es la capital administrativa del reino de Laos.

Laos era un país casi deshabitado. Hoy mismo es probable que en su enorme territorio, que es por lo menos cinco veces el de la República Dominicana, no haya más de cuatro millones de habitantes, y entre esos habitantes hay tribus que están viviendo en una edad de miles de años atrás. Camboya fue incorporado al protectorado francés en 1863—1864; Annam vino a quedar incluida en ese protectorado hacia el año 1886 porque en Annam hubo muchos levantamientos que hicieron difícil la toma de posesión del país por parte de Francia, que había iniciado la conquista de Annam al mismo tiempo que la de Camboya. Tonkín había caído bajo la autoridad francesa hacia el 1874 y Cochinchina antes. Pero Laos no cayó con tanta rapidez. Laos vino a ser parte del protectorado francés en el año 1893.

Debo explicar qué para afirmar su posición en Indochina, esto es, para llegar a formar la Indochina Francesa, los franceses tuvieron que negociar políticamente con los chinos y con los ingleses. Con los chinos negociaron el Tratado de Tien-tsin, firmado el 9 de junio de 1885, y dos años después quedó constituida la Unión de Indochina Francesa, que se reafirmó con la campaña militar llevada a cabo en Laos por el coronel Panneguin entre los años 1886 y 1893 y la convención o el acuerdo de Francia e Inglaterra del día 15 de enero de 1896. Esos tratados o acuerdos eran necesarios para legalizar el apoderamiento de todos esos países por parte de Francia porque los chinos habían sido los más viejos poseedores del territorio que hoy llamamos vietnamita y por tanto se consideraban con derechos políticos sobre él, derechos a los que renunciaron en favor de Francia en el Tratado de Tien—tsin; y en cuanto a Inglaterra, esta quería hacer avanzar las fronteras de Burma y de Siam (recuerden que Burma es el actual Birmania y Siam la actual Tailandia. Es fácil acordarse de Siam porque es muy conocido un tipo de gato muy bonito, de color crema y orejas y hocico negros que se llama gato siamés). Iba diciendo que los ingleses querían llevar las fronteras de Siam hacia el este del río Mekong, y el río Mekong es de mucha importancia para toda la península de Indochina. Ese río nace en China, baja y entra en el territorio de Laos, pasa por Luang Prabang, la ciudad donde vive el rey de Laos, después baja y comienza a marcar la frontera de Laos con Siam o Tailandia. Los ingleses querían que la frontera de Siam estuviera del lado izquierdo del río; los franceses se oponían y al fin obtuvieron de los ingleses que aceptaran que el río Mekong marca la frontera.

El Mekong es muy importante, primero porque moja las tierras de Laos; segundo, porque atraviesa Camboya y pasa por Phnom Penh, la capital de este último país (que por cierto es una ciudad muy agradable y muy bella) y entonces entra en lo que es Vietnam del Sur y forma el Delta del Mekong. Esas tierras del Delta del Mekong son las más ricas de la región; son las tierras arroceras, y quiero pedirles a ustedes que no se rían ni se sonrían, pero debo informarles que el presidente títere Nguyen Van Thieu, hace unos seis años más o menos (en el 1969) hizo una reforma agraria repartiendo las tierras arroceras del Mekong entre los campesinos de la región y esas tierras les fueron compradas a sus propietarios a los cuales se les pagaron 400 millones de dólares. Un funcionario de un país de cuyo nombre no quiero acordarme, como decía Cervantes para no mencionar el lugar donde había nacido Don Quijote, tuvo que ver con esa reforma, con esa compra de las tierras arroceras y su reparto entre los campesinos del Delta del Mekong, y ese funcionario está aquí, en la República Dominicana, trabajando en la embajada de su país en este país desde hace dos o tres años (el Delta del Mekong fue uno de los lugares donde comenzó la lucha por la independencia de Vietnam contra el dominio francés, después que los franceses volvieron a ocupar el país una vez que terminó la guerra mundial de 1939—1945, y que los campesinos del Delta del Mekong fueron de los más heroicos combatientes del Gobierno Provisional de Vietnam del Sur en la ofensiva del Tet, que tuvo lugar en el mes de febrero de 1968...

Íbamos diciendo que por el Traslado de Tien—tsin, que se firmó el 9 de julio de 1885, los chinos aceptaron el protectorado de Francia sobre esos tres países: el formado por Tonkín, Annam y Cochinchina; el reino de Luang Prabang que hoy se llama Laos, y Camboya, que dentro de poco se llamará Kampuchea (y si ustedes quieren hacemos un paréntesis para explicarles por qué se llamará dentro de poco Kampuchea. Es que Kampuchea es el verdadero nombre de esta tierra. Los que nacen allí, los que mueren allí le llaman Kampuchea, aunque los más cultos le llaman khmer porque ese fue el nombre del imperio que hubo en Camboya hace muchos siglos. Lo que pasó fue que cuando los franceses ocuparon ese territorio le cambiaron el nombre porque lo afrancesaron: probablemente le llamaron Cambochea en vez de Kampuchea... Pero ahora, en este momento en que los verdaderos hijos del pueblo de Kampuchea están tomando posesión de su patria por primera vez en más de un siglo, ese país va a llamarse Kampuchea y nosotros debemos saludarlo con ese nombre de Kampuchea. Pero falta algo que agregar, y es que el gobierno de nuestro país reconoció al actual gobierno de Camboya, el del traidor Lon Nol, y yo quisiera saber qué es lo que va a hacer el gobierno de este país con ese embajador cuando Camboya pase a ser Kampuchea.

El acuerdo final de Francia con los ingleses para delimitar las fronteras de Burma y Siam con Laos fue posterior, naturalmente, a la toma de Laos por parte de Francia, que se hizo en el año 1886. A partir de ese año quedó establecida la unidad geográfica que los franceses llamarían, desde 1887, la Unión de la Indochina Francesa. Esa Unión era un conjunto de estados y de semi-estados muy difícil de gobernar, sumamente difícil de gobernar. ¿Por qué? Porque Francia dejó en sus puestos a los gobernantes naturales de esos pueblos y se propuso gobernar a través de ellos. Así, por ejemplo, en Camboya había un rey, que se llamaba por cierto Norodom y el actual jefe del gobierno revolucionario de Camboya en el exilio es descendiente de aquel rey Norodom; y hablo del príncipe Norodom Sihanouk, que era el jefe de Estado de Camboya con el título de rey, y siendo rey por herencia renunció al título y se quedó como jefe de Estado y primer ministro con el título de príncipe y el tratamiento de sandech, palabra que quiere decir monseñor en la lengua kampucheana (y digo lengua kampucheana para que nos vayamos acostumbrando desde ahora a decir las cosas como deben decirse).

En Camboya había un rey y en Hue estaba el emperador de Annam, y en Tonkín había una autoridad annamita, pero autónoma, y una asamblea de mandarines que gobernaba esa región; algo parecido pasaba en Cochinchina, y en Laos, que como hemos dicho era entonces el reino de Luang Prabang, había otro rey. Los reyes, como sucede actualmente con el de Laos, cumplían funciones ceremoniales y religiosas. Todas esas autoridades fueron dejadas en sus cargos por los franceses, que en algunos casos limitaron sus poderes. Lo que hicieron los franceses fue gobernar a través de esas autoridades mediante un funcionario francés, generalmente un militar, llamado residente general. El residente general era una especie de rey de reyes o rey de emperadores, y por debajo de él se hallaban otros residentes que gobernaban ciudades de importancia; por ejemplo, había uno de Hanoi, había uno en el puerto de Haiphong, había otro en Saigón.

Por todo eso que he dicho las relaciones que había entre Francia y los diversos países de la Indochina Francesa eran muy difíciles. Pero es bueno que tengamos en cuenta que esa diversidad y esa dificultad en las relaciones políticas que mantenía Francia con sus territorios de Indochina explican en cierta medida los actuales acontecimientos. ¿Por qué? Porque Francia no pudo en ningún momento establecer sobre la Indochina un gobierno realmente unitario, y al no poder hacer eso lo que hizo fue apoyarse en una minoría de cada uno de los países indochinos que estaban bajo su autoridad. En sentido general, esa minoría estaba formada por terratenientes a los cuales los franceses fueron convirtiendo en católicos hasta que llegó el momento en que ser católicos en la Indochina Francesa era un manera de identificarse con una clase social, la de los terratenientes, y también con los dominadores extranjeros que eran los franceses. Esto debemos tenerlo presente porque a la hora de explicar el levantamiento de 1945, que fue organizado bajo la dirección de Ho Chi Minh, hay que tomar en cuenta esa circunstancia debido a que ese levantamiento fue en gran medida una rebelión contra las minorías católicas y terratenientes.

De todas maneras, a partir de 1897, que fue cuando se afirmó el poder francés en Indochina, la situación fue más o menos tirante, y diecisiete años después, en el año 1914, estalló la primera guerra mundial, y esa primera guerra mundial afectó profundamente a Francia y a todos los países capitalistas que tenían imperios coloniales.

Vamos a ver si es posible que me haga entender de ustedes en esto que voy a decirles. La Indochina Francesa era una posesión de Francia como Siam, Burma y Malasia eran posesiones inglesas. En ese momento, China era una colonia de casi todos los grandes países capitalistas y hasta de algunos que no se hallaban en el número de los grandes. Había ciudades chinas, como Shangai, donde tenían ejércitos propios los franceses, los austriacos; hay nada más faltaban los dominicanos. Cuando estalló la guerra en la metrópoli, es decir, en el país que gobernaba en la Indochina Francesa, esa guerra tenía necesariamente que afectar a los países que formaban la Indochina Francesa; pero no los afectó en forma visible, porque en política hay cosas que se ven y cosas que no se ven, como me han oído decir tantas veces. En esa guerra sucedió un hecho trascendental, un hecho que hasta ahora no han estudiado los historiadores, y fue que en esa guerra, por primera vez en la historia, el sistema capitalista piso el terreno de la única contradicción que ese sistema no puede superar.

El sistema capitalista ha podido superar hasta ahora todas las contradicciones menos una, y esa una se presentó en la primera guerra mundial. ¿Cuál es esa contradicción? La de que la producción de los artículos que consume la humanidad llegó a ser para el tiempo del estallido de esa guerra una producción socializada, es decir, una producción que realiza o ejecuta la sociedad, y el consumo de esa producción llegó también a ser socializado, esto es, realizado por la sociedad. Vamos a dar el ejemplo de nuestro país. Hace unos veinte años, treinta o cuarenta años, si yo quería una camisa me la hacía la señora que vivía en frente de mi casa, y me la hacía a la medida; y los zapatos me los hacía a la medida el señor Lara y después que él murió me los hacía un haitiano llamado Hueso. Eso no era ni producción socializada ni consumo socializado; eso era producción personal que hacía un artesano para una persona, que en ese caso era yo. Hoy, cuando necesito una camisa, voy a una tienda y pregunto si tienen camisas número 16 ½ de cuello y 33 de manda de tal color; y compro esa camisa sin saber quién la fabricó, así, como la persona que la fabricó no sabía para quien la hacía, y además puede haber sido no una sola persona sino muchas las que intervinieron en su fabricación; una porque manejó las cuchillas con que se cortan las telas, otra porque cosió las mangas, otra porque unió las mangas con el cuerpo de la camisa, otra porque puso los botones. Fíjense que diversas personas intervienen en la fabricación de una camina que va a comprar una persona desconocida, o mejor dicho, se trata de miles de camisas que comprarán miles de personas; porque de esta camisa que tengo yo en este momento deben haberse hecho 5 mil o 10 mil para 5 mil o 10 mil personas; y eso es una producción socializada para un consumo socializado. Ahí no hay contradicción: la producción es social y el consumo es social. La contradicción se presenta en otro punto.

La contradicción que no puede superar el sistema capitalista está en otro punto: en que los dueños de los bienes de producción, lo mismo los que sirven para producir camisas que los que producen automóviles, aviones, zapatos, motoniveladoras, barcos, es decir, todo lo que se fabrica y todo lo que se consume hoy en el mundo, incluyendo las armas; esos bienes de producción son de personas privadas. Eso equivale a decir que los beneficios que dejan la producción socializada y el consumo socializado van a poder de personas privadas, y por esa razón se presenta para la humanidad una contradicción que no tiene solución dentro del sistema capitalista. En el momento histórico en que esa contradicción se hizo patente en la sociedad moderna fue durante la primera guerra mundial, la de 1914—1918. Hasta ese momento no se había hecho presente la crisis generada por esa contradicción, y se manifestó entonces porque la guerra de 1914—1919 fue una guerra en la que intervinieron todos los países poderosos del mundo, esto es, los países de más alto desarrollo capitalista, y en todos ellos hubo que fabricar trajes, zapatos, cañones, carabinas, municiones, gorras, para todos los soldados sin distinguir a ninguno entre ellos. Es más. Aunque era muy niño entonces, recuerdo que los ejércitos norteamericanos que combatían en Francia dijeron que no pelearían el día de Thanksgiving, en noviembre de 1917, si no les llevaban los pavos que acostumbraban comer ese día en los Estados Unidos, y hubo que enviarles apresuradamente barcos cargados de pavos, de manera que hasta los pobres pavos fueron despachados como producto socializado para el consumo socializado de los soldados norteamericanos en una guerra socializada en la producción y en el consumo, pero que no estaba socializada en lo que se refiere a los beneficios que recibían los dueños de los bienes que producían lo que se consumía en esa guerra.

En ese momento histórico, en el momento en que apareció en la historia materializada en grandes proporciones esa contradicción que no tiene solución posible dentro del mundo capitalista, apareció el Estado que podía resolver esa contradicción, el único que podía resolverla; el Estado socialista, en el cual la producción y el consumo serían socializados, pero también serían socializados los bienes de producción y los beneficios obtenidos con ellos; apareció en ese momento, repito, el primer Estado socialista de la humanidad. Ese Estado fue la Unión Soviética, establecida en la antigua Rusia justamente un año antes de que terminara la guerra. Observen que esas no son casualidades históricas. La historia, señores, no juega a la casualidad. Hay que tomar en cuenta lo que acabo de decir para comprender la cadena de hechos que vino después, esa cadena de la cual es parte, precisamente, lo que está sucediendo ahora en Vietnam.

Ahora son aquí las 9 y cuarto de la noche del día 2 de abril y en Saigón son las 9 y cuarto de la mañana del día 3 porque nosotros estamos precisamente en los antípodas de ellos. ¿Ustedes saben qué quiere decir palabra de antípodas? Quiere decir que ellos tienen los pies puestos en dirección opuesta adonde los tenemos nosotros. Nosotros tenemos los pies para abajo y ellos para arriba, o al revés, pero eso sí, en la misma dirección. Cuando mi hermano y yo éramos niños nos decían que si nos poníamos a hacer un hoyo íbamos a salir a la China y una vez mi hermano estaba haciendo un hoyo y encontró la cabeza de un muñequito que para esa época venían de Alemania con cabeza, bracitos y piernas de loza y el cuerpo (vientre y muslos y antebrazos) de tela con aserrín; y al encontrar la cabecita mi hermano salió corriendo y me gritaba; “!Juanito, Juanito, encontré un chino, encontré un chino!”. ¿Y por qué creía que había encontrado un chino? Porque como estaba haciendo un hoyo creyó que había llegado a la China.

Pues bien, estando situados, como lo estamos, en los antípodas de Vietnam, a nosotros tiene que preocuparnos lo que está pasando allá porque este mundo es uno solo y al fin y al cabo el destino que ellos tengan será nuestro destino. En este momento no podríamos decir con seguridad lo que está pasando en Vietnam porque lo que pasa allí es como cuando se rompe la tubería de un acueducto y el agua sale sin control, y en Vietnam el régimen capitalista han perdido el control político y el control militar, y nadie en ese régimen sabe en definitiva lo que está pasando. Pero de todas maneras lo que está pasando es parte de un fenómeno general que está dándose en todo el mundo.

Decíamos que mientras se llevaba a cabo la guerra mundial del 1914—1918, la mayor parte de la cual se libró en territorio francés a tal extremo que la ciudad de París fue bombardeada varias veces, y no por aviones sino por cañones (un gran cañón alemán llamado el Berta, sin que sepamos por qué le pusieron ese nombre en vez de haberle puesto el Berto o Alberto, lo cual da una idea de lo cerca de la capital de Francia que estuvieron los alemanes), estalló la revolución en Rusia. Eso sucedió en noviembre de 1917 y la guerra mundial terminó en noviembre de 1918; y en el 1919, como reacción contra la revolución rusa surgió en Italia el fascismo, un movimiento formado en las entrañas de la baja pequeña burguesía empobrecida por la guerra cuyo creador fue Benito Mussolini, antiguo miembro del Partido Socialista Italiano. Fíjense en los chistes que hace la historia: Mussolini fue bautizado con el nombre de Benito en homenaje a Benito Juárez, y ese hombre que llevaba el nombre de un gran luchador por las libertades de América y era además miembro del Partido Socialista Italiano, fue el fundador del fascismo en Italia, y lo fundó como una respuesta de la baja pequeña burguesía de ambiciones capitalistas, no socialistas; una respuesta de la baja pequeña burguesía empobrecida de mentalidad capitalista al movimiento revolucionario marxista que había triunfado en Rusia.

El fascismo nació como un sistema de gobierno totalitario, esto es, un régimen de autoridad absoluta. El socialismo establecido en la Unión Soviética era también un régimen de autoridad total, pero para cumplir fines diferentes de los que perseguía el fascismo. De manera que el fascismo tomó el aspecto formal del socialismo (que entonces se llamaba comunismo), pero su propósito no era hacer una revolución sino mantener la sociedad establecida; incluso iba mucho más allá puesto que pretendía resucitar nada más y nada menos que el Imperio Romano, idea totalmente loca porque no puede resucitarse, y es más, no hay nada establecido que pueda perdurar de manera indefinida porque todo camina segundo por segundo hacia la muerte. Yo estoy aquí de pie hablándoles a ustedes y ustedes están sentado oyéndome, ustedes sentados y yo parado, ustedes callados y yo hablando, todos estamos caminando hacia la muerte, en todo el universo. De manera que si todo muere y marcha hacia la muerte sin cesar, es una locura querer resucitar lo que está muerto, como estaba muerto el Imperio Romano desde hacía siglos.

El nombre de fascismo que se le dio al movimiento de Benito Mussolini era de origen romano, porque en tiempos de Roma las autoridades civiles del imperio iban precedidas por dos funcionarios que llevaban cada uno una hacha envuelta en pedazos de madera redondos, y esas hachas envueltas en pedazos de madera se llamaban 'fasces' en la lengua de los romanos, que era la lengua latina, y de la palabra 'fasce' salió el nombre de fascismo, pues la 'fasce' romana fue el símbolo del partido fundado por Mussolini. Es bueno aclarar que en muchas cosas los grupos fascistas bautizados con el nombre de Fascios di Combattimento se parecían bastante a eso que después se llamó aquí La Banda, con la diferencia de que el fascismo tenía una apariencia de ideología y una organización de partido político que no tenía La Banda.

El fascismo tomó el poder en Italia en el año 1922 de la manera más fácil, haciendo una marcha desde todos los pueblos de Italia hacia Roma; una marcha de hombres uniformados con camisas y boinas negras que no tuvieron que pisar en el camino ni un lagarto. Como en toda Europa había la crisis económica que había dejado tras sí la guerra, y la inestabilidad social y política eran el resultado de esa crisis, en toda Europa, y naturalmente también en Italia, había huelgas, y la burguesía italiana vio en el fascismo la fuerza que podía contener esa huelgas y le aconsejó al rey Víctor Emmanuel III, que era un hombrecito del tamaño de media botella, que nombrara a Benito Mussolini jefe de gobierno a Italia, cargo que ejerció hasta que en el año 1945 entraron las tropas norteamericanas y Mussolini cayó preso; luego fue sacado de la cárcel por los alemanes y huyó, y al fin el movimiento italiano de la Resistencia lo hizo prisionero y lo fusiló.

Todo eso es otra historia pero lo importante es que tengamos en cuenta que ya en el 1919 se había creado una respuesta pequeño burguesa, pero aliada a la burguesía, a la revolución rusa, y que esa respuesta —el Partido Fascista— tomó el poder en el año 1922, y ese hecho creó todo un esquema político que iba a tener pronto categoría histórica porque el triunfo fascista de Italia dio pie para la formación del partido fascista de Alemania, que fue fundado por Adolf Hitler y que se llamó nacista o nazi en vez de fascista; y todo eso, como ustedes pueden apreciar, fue consecuencia de la guerra de 1914—1918. Ahora bien, en el año 1929 estalló la gran crisis económica del mundo capitalista, y esa crisis de 1929, que seguramente ninguno de ustedes conoció porque me parece que ninguno de los que están esta noche es tan viejo como yo, fue de proporciones tan grandes que afectó a todo el mundo, al mundo entero. Esa más, para que nos demos cuenta de que afectó a todos los países diré que la crisis estalló a fines de octubre de 1929 y ya el 23 de febrero de 1930, es decir, cuatro meses después, caía aquí el gobierno de Horacio Vásquez y el 16 de agosto de ese año subía al poder Trujillo, y hechos similares pasaron en casi todos los países de la América Latina.

Ese año de 1930 comenzó con la crisis arrollando en todas partes y llevándose por delante todo lo que encontraba, y en Alemania esa crisis produjo lo que podríamos llamar el matrimonio del nacismo con la gran crisis moral de la derrota que había sufrido el país en la guerra de 1914—1918 y llevó a Hitler al poder en el año 1933. Y hay que tener en cuenta que el nacismo no era el fascismo a la italiana porque al fin y al cabo los italianos hacen las cosas con una actitud pagana. A mí me decía un poeta italiano que en Italia lo único serio que hay es el Vaticano y que cuando Italia sea comunista el Papa será el primer secretario general del Partido. En realidad, los italianos disfrutaban (desde luego hablo en sentido general) de la bufonería de Mussolini y sus seguidores, y levantaban los brazos cuando Mussolini pronunciaba sus discursos y hacia sus marchas, pero no tenían el sentido trágico de un pueblo como el alemán, que había llegado tarde al desarrollo capitalista, y además Mussolini era bufón pero no loco, como lo era Hitler, y eso tiene cierta importancia a la hora de distinguir al fascismo del nacismo. De todos modos, el fascismo italiano pasó a ser en Alemania el nacismo, y el nacismo sí fue realmente un régimen totalitario, con ambiciones de poderío mundial, cosa que no se le ocurrió nunca a Mussolini. Lo que hizo Mussolini fue caer en la aventura de Etiopía, de la cual hablaremos algún día porque me parece que los sucesos de Etiopía, como los de Portugal, van a requerir por lo menos una charla cada uno.

Bueno, el caso es que Francia, naturalmente, no se podía salvar, y no se salvó, de la crisis de 1929, y esa crisis tenía que reflejarse inmediatamente en Indochina, en esos territorios que Francia dominaba y gobernaba en el Sudeste Asiático. Los efectos de la crisis iban a sentirse más rápidamente en la Indochina francesa por la agitación política que habían provocado en esos territorios al mismo tiempo el final de la guerra mundial y el auge del comunismo que había triunfado en Rusia y se manifestaba en China. Para entonces ya tenía unos cuarenta años de edad Nguyen Ai Quoc. Ninguno de ustedes sabe en este momento quién era Nguyen Ai Quoc, y sin embargo todos lo saben, porque Nguyen Ai Quoc, señores, es una de las figuras más extraordinarias que ha dado la humanidad; una figura que no puede mencionarse si no es de pie y con profundo respeto. Nguyen Ai Quoc fue el primer nombre de guerra de Ho Chi Minh.

Ese Nguyen Ai Quoc fue hijo de un hombre que alcanzó a ser mandarín. Los mandarines correspondían a un estrato de la burocracia annamita; un estrato, porque había muchos, entre ellos desde los familiares en primer grado del emperador hasta los que eran funcionarios públicos. Yo conocí en Hanoi a un primo hermano del emperador Bao Dai, que desde luego era mandarín, pero mandarín del nivel más alto... Cuando lo conocí era miembro de un comité especial en el cual estaban representados sectores sociales y políticos y hasta culturales, pues el rector de la Universidad de Hanoi era miembro de ese comité. El padre de Nguyen Ai Quoc fue nombrado secretario del ministerio de Ritos del palacio imperial de Hue, pero no le gustaba ser mandarín; decía que “El mandarinato es la esclavitud de la esclavitud”.

En 1980 Nguyen Ai Quoc fundo el Don Duong Cong San Dan (Partido Comunista de la Indochina) cuyo programa tenía diez puntos que eran los siguientes:

1: Derrocar el imperialismo, el feudalismo y la burguesía reaccionaria en el Vietnam;

2: Conquistar la independencia completa de Indochina;

3: Formar un gobierno de obreros, campesinos y soldados;

4: Nacionalizar la banca y demás empresas imperialistas y ponerlas bajo el control del gobierno proletario;

5: Confiscar las concesiones agrícolas y otras propiedades de los imperialistas y de los burgueses reaccionarios para distribuirlas entre los campesinos pobres;

6: Aplicar la jornada de trabajo de ocho horas;

7: Abolir los empréstitos obligatorios, el impuesto personal y las inicuas cargas fiscales que pesan sobre los pobres;

8: Otorgar libertades democráticas al pueblo;

9: Extender la enseñanza a todas las personas;

10: Realizar la igualdad entre hombre y la mujer.

Con el andar de los años ese Partido Comunista de la Indochina iba a cambiar de nombre o mejor dicho iba a desaparecer porque en el año 1941 Ho Chi Minh, que se había dado cuenta de que como líder de un partido comunista no iba a poder conseguir la unidad de los annamitas, los tonkineses y los cochinchinos para hacer la guerra de liberación contra los japoneses y los franceses, fundó una organización llamada Vietnam Doc Lap Dong Minh, palabras que significan Liga por la independencia de Vietnam, y que se abrevian reuniendo la primera sílaba de la primera palabra Viet, de (Vietnam), y la última palabra (Minh), que pasó a ser el nombre del ejército popular que fue organizado para llevar a cabo la revolución. El jefe de ese ejército iba a ser el genio de la guerra Vo Nguyen Giap, que hasta el año anterior había sido profesor de historia en una escuela francesa en Hanoi.

Por cierto, es bueno que ustedes sepan que Ho Chi Minh fue duramente atacado en los centros mundiales del comunismo, y especialmente en la Unión Soviética y en la China, y se le puso el sobrenombre de El Liquidador porque según decían sus acusadores, había liquidado el Partido Comunista de Indochina al cual había pertenecido durante varios años; y resulta que ese liquidador, como podemos ver ahora con suficiente perspectiva histórica, ha liquidado en su país al imperio más poderoso que ha conocido la humanidad. ¡Qué clase de liquidador!, ¿eh?.

Pero nos hemos ido lejos, pues de lo que habíamos empezado a hablar era de la crisis económica del mundo capitalista que había empezado a fines de octubre de 1929 y se extendía por todas partes causando grandes conmociones políticas, y una de esas conmociones fue producida por esa crisis injertada en el fascismo, y muy especialmente el fascismo alemán, que como dijimos se llamaba nacismo y estaba encabezado por Adolf Hitler. Hitler llegó al poder en el 1933, y en el 1936 pasó a ocupar la Renania. ¿Y que era la Renania? Era una región que quedaba —y queda— entre el Rhin y Francia, en la cual se hallaban grandes industrias de hierro y acero, y por esa razón había sido desmilitarizada mediante el tratado de Versalles, con el cual había quedado liquidada la guerra mundial de 1914—1918 (y de paso vayan viendo ustedes todo lo que se desprendió de esa guerra). De acuerdo con el tratado de Versalles Alemania no podía ocupar ese territorio, ni Francia tampoco, lo que quiere decir que ese lugar era territorio neutral, pero Hitler lo ocupó inesperadamente, con tanques de guerra y tropas, y con ese paso se preparó para comenzar la segunda guerra mundial, la de 1939—1945.

Los grandes poderes mundiales que en la guerra de 1914—1918 formaron el frente llamado los Aliados (es decir, Inglaterra, Francia, los Estados Unidos, Italia, el Japón) creían que detrás de la ocupación de la Renania vendría el rearme alemán, y que ese rearme estaba dirigido contra la Unión Soviética, que era, por esa época, el único país socialista del mundo; y todos los grandes países capitalistas soñaban con la destrucción de la Unión Soviética, de manera que como Hitler se había puesto un traje de hierro anticomunista desde que comenzó su actividad política, el hecho de que Alemania, bajo el mando de Hitler, pudiera rearmarse para atacar a la Unión Soviética les parecía a esos antiguos aliados lo mejor que podía pasar en el mundo.

Los aliados se quedaron tranquilitos, pues, cuando Hitler desconoció el tratado de Versalles y ocupó militarmente la Renania, y se quedaron tranquilos, aunque un poco menos esta vez, cuando pasó a ocupar Austria y anexionó ese país a Alemania y cuando ocupó los Sudestes en el 1938 y el resto de Checoslovaquia en el 1939; pero de buenas a primeras, al comenzar el mes de septiembre de ese año, los ejércitos alemanes entraron en Polonia, con lo que empezó la segunda guerra mundial.

Debo aclarar que Austria, Checoslovaquia, Hungría, parte de Polonia, gran parte de lo que hoy es Yugoslavia y hasta de Italia habían formado, antes de terminar la primera guerra mundial, el enorme imperio de Austria—Hungría. Después de la paz de Versalles, allá por el 1919, gran parte de ese imperio desapareció y quedó limitado a lo que pasó a llamarse Austria, un pequeño país situado entre Italia, Suiza, Hungría, Yugoslavia y Alemania. Mientras Hitler avanzaba por esos territorios, los aliados no se sentían preocupados porque creían que iba camino de la Unión Soviética; y efectivamente, así parecía ser. Pero cuando entró en Polonia la situación cambió para los aliados, porque aunque Polonia estaba en el camino de la Unión Soviética, sucedía que el gobierno polaco era anti soviético y muy dependiente de Inglaterra y de Francia, a tal extremo que la toma de Polonia por parte de las tropas nazis provocó el inicio de la gran guerra mundial de 1939—1945, que comenzó el 3 de septiembre, esto es, dos días después de la entrada de los alemanes en Polonia.

Para que podamos darnos cuenta de lo que fue esa guerra y de lo importante que ha sido en la historia del mundo, debemos partir de ciertos hechos, como por ejemplo, el conocimiento de la conducta de los seres humanos. ¿Por qué los seres humanos se conducen o se comportan en tal o cual forma? Y hay que responder a esa pregunta para poder explicar por qué los alemanes fueron tan feroces en esa guerra; por qué destruyeron de manera total, o casi total, porque demolieron la ciudad de Varsovia, la hermosa capital de Polonia; por qué hicieron matanzas de millones de judíos; por qué creyeron que iban a dominar el mundo por lo menos durante mil años; en fin, debemos saber que esa conducta de los nacistas alemanes, o mejor diremos del pueblo alemán porque el pueblo alemán era mayoritariamente partidario del hitlerismo, no era una conducta formada a través de la educación en la escuela o en el hogar.

Los seres humanos, señores, se comportan, o aprenden a comportarse de manera inconsciente, según sean las presiones que reciben, determinadas por el lugar que ocupan en las relaciones de producción. El partido nazi alemán como el partido fascista italiano como la oficialidad menor del ejército japonés de aquella época eran de origen bajo pequeño burgués, y especialmente bajo pequeño burgués pobre y a menudo muy pobre, y sucede que el bajo pequeño burgués pobre no tiene un lugar determinado en las relaciones de producción; no es obrero ni es propietario de industrias. Los bajos pequeños burgueses medianos y altos tienen pequeñas industrias, pequeños negocios, industrias medianas y negocios medianos, pero el bajo pequeño burgués pobre o muy pobre -ese bajo pequeño burgués que salió de la guerra de 1914—1918 empobrecido por las destrucciones que provocó la guerra y por los años que pasó en las trincheras en vez de estar trabajando, ese bajo pequeño burgués pobre y muy pobre que formó el esqueleto del fascismo en Italia, la fuerza del nacismo en Alemania y la oficialidad de menor graduación de los ejércitos japoneses en los años de la gran crisis desatada en octubre de 1929- no tenía en las relaciones de producción ni siquiera el lugar indeterminado que tenían los dueños de industrias y negocios medianos, es decir, los medianos y altos pequeños burgueses. No eran obreros, no eran capataces, no eran técnicos, no eran profesionales y tenían una necesidad violenta de acceder social, política, militar y económicamente; y eso llevó al partido fascista de Italia, al partido nazista de Alemania y a los oficiales militares japoneses de baja graduación a aliarse con los grandes capitales de sus respectivos países; no con los capitales mediano ni con la llamada burguesía liberal que históricamente empezaba entonces a declinar, sino con los grandes capitales que necesitaban adueñarse de una manera firme de la parte del mundo que todavía no había sido repartida entre los grandes imperios, o de aquellas partes del mundo que habiendo sido repartidas entre los grandes imperios no estaban siendo debidamente explotadas.

Hay una curiosa coincidencia entre Alemania, Italia y Japón, una coincidencia histórica que tal vez explica el hecho de que de ellos tres salieran las fuerzas que iban a desatar y a extender por el mundo la gran guerra de 1939—1945,. Y es que esos tres países fueron los últimos, de entre los importantes, en llegar al capitalismo moderno, los últimos en organizarse políticamente de acuerdo con el sistema capitalista porque se conservaron hasta la mitad del siglo XIX (y el Japón hasta más tarde, hasta el 1880 y tantos) organizados como países de hábitos feudales, de artesanado feudal y además divididos en pequeños estados.

El estado, que es la sociedad organizada, depende como es lógico del tipo de sociedad que lo puebla o lo forma, y el estado alemán, italiano y japonés fueron tres estados que se militarizaron rápidamente, sobre todo después que los fascistas, los nacistas y la oficialidad joven japonesa encontraron el apoyo de los grandes capitales de sus países respectivos. Esos grandes capitales eran pocos en número, pero poderosos en dinero, en técnica y en influencias. Así, en los países fascistas, como Italia, Alemania y Japón, se reunieron los elementos sociales que hacían falta para formar estados y sociedades extremadamente crueles, que iban a llevar la guerra a límites inhumanos, como no se sospechó que podía llegar a ser en la mitad del siglo XX; y como esa guerra iba a destruir de hecho el estado francés, y la Indochina dependía de Francia, esa guerra estaba llamada a tener serias consecuencias en Indochina, tan serias que todavía hoy las estamos viendo, aunque todo indica que ya están llegando a su final.

La alianza entre la baja pequeña burguesía de origen pobre y muy pobre y los grandes capitales organizados para llevar a cabo conquistas mundiales, y ejecutada sobre el estado de crisis general en que se encontraba el mundo capitalista a causa de la llamada gran depresión que había empezado en el 1929, fue lo que desató la guerra de 1939. Los japoneses habían empezado la guerra asiática en 1932 con la ocupación de Manchuria y la habían profundizado en 1937 con el ataque a China, y la ocupación de gran parte de ese país, y los italianos habían ocupado Etiopía en el 1935, pero lo que dio principio a la guerra mundial fue, como dijimos antenoche, el ataque de los nazis a Polonia. También dijimos que los grandes países capitalistas dejaban actuar a Hitler porque entendían que su plan era atacar a la Unión Soviética, y la Unión Soviética era la preocupación de los poderes capitalistas de aquella época porque era el único Estado socialista que había en el mundo. Pero sucedió que la Unión Soviética se adelantó a los hechos celebrando un tratado con Hitler y en virtud de ese tratado Polonia quedó dividida entre la Unión Soviética y Alemania y la primera se comprometió a proporcionarle a la segunda ciertas materias primas y la segunda se comprometió a no atacar a la primera. A causa de ese tratado, Alemania consideró que quedaba con la espalda cubierta (y al decir la espalda queremos decir el oriente o el este) y entonces se lanzó a atacar el resto de Europa, y atacó a Francia, a Bélgica, a Holanda, a Noruega, y tomó posesión de esos países. Pero lo que nos interesa ahora para poder comprender la historia de Indochina y especialmente lo que está pasando en estos momentos en Vietnam y en Camboya no es lo que Alemania hizo en Noruega, en Holanda o en Bélgica sino lo que hizo en Francia. ¿Por qué? Porque Francia era el poder metropolitano, es decir, el poder que mandaba desde lejos en Vietnam, que entonces era, como hemos explicado, la suma de Tonkín, Annam, Cochinchina, y en Camboya y en el reino de Luang Prabang o Laos.

¿Qué fue lo que hizo Alemania en Francia? Pues que ocupó casi todo el país pero dejó funcionando en el sur un gobierno, el del mariscal Pétain [que no lo confunda nadie con Petán, que no era mariscal (José Arsimendy, hermano del dictador Trujillo conocido por el pueblo dominicano con el apodo de Petán. Por el simple hecho de ser hermano del dictador, Petán Trujillo alcanzó los rangos más altos en el ejército dominicano, pero no el de mariscal, que no existe en la organización militar del país)].

Sucedía lo siguiente: que en esa alianza de que hemos hablado de la baja pequeña burguesía pobre y muy pobre que dio vida al fascismo y los grandes capitales, una alianza hecha para dominar el mundo y para explotar las partes del mundo que todavía no habían sido explotadas por el gran capitalismo mundial o lo eran de manera insuficiente; en esa alianza no figuraba la burguesía tradicional; esa burguesía tradicional, que podemos calificar como burguesía media, quedó fuera de tal alianza, y en esa burguesía tradicional hubo unos sectores que se inclinaron a favor del fascismo y otros que se inclinaron contra él. El mariscal Pétain y un grupo de políticos franceses que representaban al sector de la burguesía media que se inclinaba hacia el fascismo formaron ese gobierno francés favorable a los planes de Hitler, mientras que De Gaulle y otros militares y políticos del sector de la burguesía media opuesta al fascismo decidieron combatir a Hitler. Eso quiere decir que la guerra no fue una simple guerra de grandes potencias para dividirse el mundo colonial sino que fue al mismo tiempo una guerra de tipo ideológico dentro de los diversos sectores capitalistas. A partir de la baja pequeña burguesía, que fue la creadora del fascismo y del nacismo y del movimiento japonés de conquista del Asia, hubo divisiones en todos los niveles de los sectores capitalistas, incluyendo los grandes capitalistas aliados que se opusieron a los grandes capitalistas partidarios del fascismo; y eso puede apreciarse claramente en el caso de Francia, donde un sector de la burguesía tradicional apoyó a los nazis y siguió a Pétain.

El gobierno del mariscal Pétain se trasladó a Vichy, ciudad que queda en el sur del país, y Hitler tomó París y no intento tomar Vichy. Ahora bien, el gobierno de Vichy mantuvo la autoridad francesa sobre todo el imperio colonial francés que estaba extendido en África, en América (donde tenía la Martinica, Guadalupe, la Guayana Francesa y el archipiélago de Saint—Pierre—et—Miquelón, cerca del Canadá); en Asia, donde poseía y sigue poseyendo varias islas conocida por sus bellezas y atractivo turístico, como es el caso, por ejemplo de Tahití, y en la Indochina Francesa, es decir, aquí, en esta parte de este mapa donde podemos distinguir lo que hoy es Vietnam y Laos y Camboya. En el imperio colonial francés no entró un soldado alemán. En ese imperio siguió gobernando Francia a través del gobierno títere de Vichy.

Ahora bien, el 7 de diciembre de 1941 el Japón entró en esa segunda guerra mundial. Es lástima que no tengamos aquí un mapa que nos permita seguir la línea del ataque japonés a los territorios que tenían los aliados en el Asia, pero no era fácil tener ese mapa porque hubiéramos tenido que cubrir toda esta pared de mapas y con la cantidad de gente que está rodeándome yo no podría moverme para llegar a esos mapas. De todos modos podemos decir que aquí queda China y que al este de China están las islas japonesas, está el Japón llamado también, sobre todo en esos años, el Imperio del Sol Naciente. En esta dirección hay una península que es la de Corea y al sur de Corea y del Japón quedan las islas Filipinas, y más al sur, a bastante distancia, está Hawái. Hawái era un grupo de islas pobladas por gentes pacíficas que los bondadosos y pacíficos misioneros norteamericanos tomaron en el año 1898 gracias a que viajaban en barcos de guerra armados con buenos cañones, y después que las tomaron, con sus santas biblias y otros artículos más convincentes que las biblias porque son más mortíferos, lograron quedarse en Hawái y en las islas que la rodean, y allí están todavía. Por cierto, ustedes oirán decir muchas veces que los Estados Unidos jamás han conquistado territorios ajenos, pero Hawái fue conquistado por ellos, lo mismo que Texas, Nuevo México y California. En Hawái hay una isla llamada Oahu y en esa isla hay una bahía llamada Pearl Harbour, y en ese lugar estaba concentrada la flota norteamericana del Pacífico, es decir los buques de guerra que tenían ellos en el Pacífico, y los Japoneses iniciaron su actuación en la guerra mundial atacando por el aire a la flota que estaba en Pearl Harbour. Eso sucedió el 7 de diciembre de 1941.

Demos ahora un pequeño salto atrás para explicar que los japoneses, que no usaban la Biblia y por tanto no tenían por qué ser más santos que los norteamericanos, hacía tiempo que estaban adueñándose de territorio asiático. En el 1895 le habían quitado a China la isla de Formosa, la actual Taiwán rebautizaba por los norteamericanos con el nombre de China Nacionalista; en el 1905 habían derrotado a los rusos en la batalla de Puerto Arturo y en el 1910 se habían apoderado de Corea; en el 1932 habían conquistado Manchuria, un país situado entre Rusia y China del cual habían salido los emperadores manchúes que gobernaban en China; y para 1941 los japoneses se hallaban en China, adonde habían entrado en son de guerra desde 1937 y habían hecho y seguían haciendo barbaridades incalificables. Cuando atacó a los Estados Unidos en Hawái al finalizar el año 1941, ya el Japón estaba listo para lanzarse a la conquista de toda el Asia y entre los territorios que ocupó estuvo precisamente la Indochina Francesa; entró por Tonkín, ocupó Annam y la Cochinchina; entró por la península de Malasia, luego en Indonesia por Sumatra. Al lado de Sumatra está Java, una isla que se parece mucho a la de Cuba, y después Borneo, que es una isla muy grande, casi casi un continente; todos esos territorios y muchas islas pequeñas forman el país llamando Indonesia. Indonesia está entre los países más ricos y más poblados del mundo. Los japoneses entraron en Indonesia, que era parte del imperio holandés, y empezaron a repartirse por todas las islas vecinas y llegaron a tantas islas que todavía ahora están apareciendo en algunas de esas islas soldados japoneses de los que tomaron parte en la guerra que no se enteraron de que la guerra había terminado en el año 1945 y han venido a enterarse ahora. El año pasado aparecieron dos en dos islas distintas de las Filipinas y se supone que todavía quedan en otros lugares algunos que no se han enterado de que la paz se hizo hace treinta años.

¿Qué hicieron los japoneses para conseguir respaldo de las masas asiáticas, el respaldo que necesitaban para mantenerse en esos países que habían conquistado militarmente? Algo tenían que hacer porque por mucha que fuera su fuerza militar era imposible tener la cantidad de soldados que necesitaban para dominar con la fuerza nada más a cientos de millones de personas en territorios tan diferentes y sobre todo en miles de islas diseminadas en el océano Pacífico y en el Índico. En China los japoneses actuaron con una violencia increíble; en ese país los japoneses hicieron cosas comparables con las que hicieron los nazis en Polonia y en los lugares donde había judíos, pero en otros países de Asia tuvieron una conducta diferente. Por ejemplo, en lo que hoy es Vietnam (es decir, Tonkín, Annam y Cochinchina) no tuvieron que luchar contra nadie porque el ejército francés no les hizo resistencia; al contrario, colaboró con ellos y colaboraron con ellos también los funcionarios civiles franceses. Como dijimos antes, en los países atacados por los nazis, los italianos y los japoneses hubo al mismo tiempo una guerra ideológica, y una parte de la población de esos países, encabezada por la parte pro—nazi (o pro—fascista) de la burguesía media, ayudó a los nazis, a los italianos y a los japoneses, situación que se vio con toda claridad en los territorios que hoy forman el país llamado Vietnam (y hablo de Vietnam del Norte y Vietnam del Sur juntos, porque los dos forman un solo país). Ahí, en Vietnam, lo más importante para los militares y los funcionarios civiles franceses era que se mantuviera la situación social y económica que Francia había creado allí; es decir, que los terratenientes, y especialmente los católicos, siguieron manteniendo el control del país. Quien se enfrentó a los japoneses no fue el ejército francés; fue el Viet Minh, tal como les explicamos antenoche, y el Viet Minh se enfrentó a los japoneses con actos de sabotaje y hasta con algunas actividades militares.

Al finalizar el mes de julio, Vo Nguyen Giap, el antiguo maestro de historia francesa, que dirige el comité revolucionario de la región de Cao Bang en el Tonkín, propone la insurrección militar del Viet Minh contra japoneses y franceses y Giap va a entrevistarse con Ho Chi Minh, en el mes de septiembre, en una cueva, llamada la gruta de Pac Bo, donde vive el líder de la revolución vietnamita porque sus seguidores no querían exponerlo a caer en manos de los franceses o de los japoneses. Ho Chi Minh dice que todavía no ha llegado el momento del levantamiento general, y es en diciembre de 1944 cuando acepta que comience la propaganda armada para la liberación de Vietnam. Ho Chi Minh iba a salir de las cuevas donde vivía para entrar en Hanoi, pero volvió a residir en ellas varias veces entre 1947 y 1954.

Las autoridades francesas decidieron limpiar de revolucionarios la región de Cao Bang y prepararon una expedición que debía salir para esa región el 12 de marzo de 1945, pero sucedió que tres días antes, es decir el 9 de marzo, el ejército japonés hizo presos a todos los franceses que tenían rangos en el ejército o en la administración civil; y al día siguiente la dirección del Viet Minh acuerda que el fascismo japonés ha pasado a ser el enemigo número uno de la revolución vietnamita y que por esa razón hay que aliarse a los franceses para derrotar a los japoneses. Es más, en ese momento, cuando los Estados Unidos estaban en guerra contra el Japón, Ho Chi Minh aconsejó que se aceptara también la ayuda norteamericana para derrotar a los japoneses.

El movimiento revolucionario comenzó a extenderse por todas partes y empezaba la derrota mundial del fascismo. Al comenzar el mes de mayo las tropas soviéticas habían ocupado Berlín, la capital de Alemania, y Hitler se había suicidado; Mussolini había sido fusilado por los guerrilleros de su país en julio de ese año y el 6 de agosto los norteamericanos dejaron caer en Hiroshima, Japón, la primera bomba atómica que se usó en el mundo. Ho Chi Minh ordenó entonces la insurrección general y se produjo el levantamiento de la población de Hanoi, que tuvo lugar el 19 de agosto (1945), y tras ese levantamiento quedó proclamada, el 2 de septiembre, la existencia de la República de Vietnam (la palabra Vietnam quiere decir El Lejano Sur). Yo estuve en el lugar donde el hombre que hasta poco antes se había llamado Nguyen Ai Quoc leyó la proclamación de la República del Lejano Sur. Era la primera vez que en la historia de Indochina aparecía ese nombre de República del Lejano Sur, porque hasta ese momento la región de Hanoi, donde Ho Chi Minh leía la declaración de independencia, se llamaba Tonkín, como explique varias veces antenoche, y la parte central se llamaba Annam y esta parte del Sur se llamaba Cochinchina, y para ir de Tonkín a Annam o de Cochinchina a Tonkín había que tener pasaporte como si se tratara de países extranjeros a pesar de que Tonkín, Annam y Cochinchina eran territorios coloniales franceses. Digo que yo estuve en el lugar donde Ho Chi Minh leyó la declaración de independencia y no puedo evitar recordar con emoción el sitio porque yo llegué a Hanoi con la pena enorme de no poder conocer a Ho Chi Minh, que había muerto poco antes.

Ho Chi Minh, según me contaba un amigo suyo y me confirmó después el embajador cubano en Camboya, recordaba nuestra tierra; recordaba el puerto de Santo Domingo y decía que se llamaba Ozama, pues él hablaba palabras en español que había aprendido mientras viajaba por el mar Caribe como pinche de cocina, esto es, como ayudante de cocinero de un barco mercante que hacía la ruta del Caribe, y ese barco tocaba en Santo Domingo y en La Habana. Mi mala suerte no quiso que lo conociera; que conociera a ese gigante de la historia que vivió humildemente pues fue un hombre humilde. Tengo una fotografía de él que le fue tomada por sorpresa, porque a él no le agradaba que lo retrataran cuando hacía esas cosas. ¿Y qué era lo que hacía en el momento en que le tomaron esa fotografía de que hablo? Pues estaba agachado, dándole comida con su propia mano a un niño del pueblo, metiéndole el mismo una cucharita en la boca. Tengo otra fotografía de él que me fue dada por la persona que se la hizo, y en ella aparece Ho Chi Minh en el momento en que iba a montarse en un caballo. Esa foto le fue tomada poco antes de la derrota francesa de Dien Bien Phu, lo que quiere decir que debe haber sido hecha en enero o febrero de 1954, y entonces Ho Chi Minh vivía en la cueva a que me he referido dos o tres veces esta noche. El amigo fue con una patrulla militar revolucionaria a buscar a Ho Chi Minh porque se había ganado una batalla muy importante y se habían hecho varios miles de prisioneros franceses que iban a pasar por un camino en el cual había una casa en una pequeña altura y mandaron a buscar a Ho Chi Minh para que desde esa casa pudiera el ver el desfile de los prisioneros.

Los revolucionarios vietnamitas no querían que Ho Chi Minh viviera cerca de donde se combatía porque consideraban que si tenían la mala suerte de perder un líder de su categoría difícilmente iban a encontrar quien lo sustituyera; creían que era más fácil sustituir una división de soldados de la revolución que a un hombre como Ho Chi Minh y por eso lo mantenían viviendo lejos de los lugares donde se combatía; y como para el autor de la fotografía era un hecho importante ese viaje de Ho Chi Minh, lo retrató en el momento en que iba a montarse en el caballo, y como hacía muy pocas semanas que el gran líder había muerto cuando yo estuve en Vietnam, al darme la foto su autor me la entregó diciéndome: “Consérvela porque está relacionada con un episodio que le voy a contar a usted y que nunca se lo conté a nadie porque había cosas que él no quería que se contaran, y si yo hubiera contado la que le voy a relatar a usted ahora Ho se habría disgustado conmigo”. (Debo aclarar que la persona que me habló así era más o menos de la edad de Ho Chi Minh y muy viejo amigo suyo).

Y lo que él me contó fue que llevaron a Ho Chi Minh al lugar por donde iban a pasar los prisioneros franceses, y entre ellos había un muchacho que iba desnudo de la cintura para arriba, y en ese momento estaba lloviendo, estaba cayendo una lluvia fina; y entonces Ho Chi Minh bajó corriendo al camino y se quitó la chaqueta que aparece en la foto y corrió y corrió al lado de la columna de los prisioneros hasta que alcanzó al muchacho y sin que este se diera cuenta de nada le puso la chaqueta sobre los hombros. Al terminar de contar eso, el amigo de Ho Chi Minh me dijo: “Yo no sé si ese francés vive o está muerto, no sé en qué parte del mundo estará ahora; lo que sí sé es que él no supo nunca y seguramente no lo sabe hoy que quien le puso una chaqueta para protegerlo de la lluvia fue Ho Chi Minh”.

Ahora vamos a volver a la lucha del pueblo. El 19 de agosto se llevó a cabo el levantamiento de Hanoi y el 2 de septiembre se proclamaba la República del Lejano Sur, pero desde el 25 de agosto del año anterior París había caído en manos de las fuerzas del general De Gaulle, y esas fuerzas, que representaban políticamente a la burguesía francesa tradicional, defensora de lo que había sido Francia antes de caer en manos de Hitler (es decir, un imperio con colonias en varias partes de la tierra), se negaron a aceptar la libertad de Vietnam y se endurecieron en su actitud cuando De Gaulle les devolvió en 1946 el gobierno que había estado ejerciendo de manera provisional. Ho Chi Minh y el Viet Minh hicieron todos los esfuerzos para evitar la guerra con los franceses; Ho Chi Minh fue a Francia y estuvo allí varios meses tratando de negociar un acuerdo de independencia pacífica y a largo plazo. Pero fue imposible lograr el acuerdo. El 20 de diciembre de 1946, él y Vo Nguyen Giap consiguieron huir de Hanoi y volvieron a la llamada Región Alta del antiguo Tonkín donde pasarían a dirigir una guerra que iba a durar varios años, hasta que el poder de Francia en Vietnam quedó destruido en la batalla de Dien Bien Phu.

Esa guerra la hicieron los franceses con el apoyo de la Gran Bretaña y de China. China se hallaba entonces en medio del proceso revolucionario que llevaban a cabo los comunistas dirigidos por Mao Tse—Tung contra las fuerzas reaccionarias del Kuomintang encabezadas por Chiang Kai—shek. Gran Bretaña y China (la China de Chiang Kai—shek) eran entonces los dos países más importantes de Asia, porque Francia tenía el poder en Indochina, pero Inglaterra y China lo tenían en la India, Birmania, Malasia y China; y Gran Bretaña y China, así como también Francia, controlaban, junto con los Estados Unidos, a las Naciones Unidas, que habían sido fundadas en San Francisco de California en junio de 1945, y desde el momento pasaron a ostentar el poder de vetar cualquier medida que se tomara en los territorios del Asia.

La guerra comenzó en Vietnam al finalizar el año 1946 y en ella se reveló el genio militar Vo Nguyen Giap, aquel pequeño y joven profesor de historia de Francia de quien nadie podía esperar que iba a ser un gran guerrero; pero esas son las sorpresas que da la historia. Mao era poeta y Ho Chi Minh era también poeta, y los dos se convirtieron en grandes revolucionarios y en grandes líderes de sus pueblos y de la humanidad.

La guerra de independencia de Vietnam fue llevada a cabo no solamente contra Francia, sino también contra Inglaterra y China que desembarcaron hombres en Vietnam para ayudar a los franceses, y desde 1952, bajo el gobierno de Harry Truman, los Estados Unidos empezaron a intervenir en esa guerra, y mientras públicamente se proclamaban los campeones mundiales en favor de la libertad de los pueblos colonizados, en privado le daban ayuda a Francia. La primera ayuda fue de 10 millones de dólares, pero dos años después esa ayuda pasaba de mil 400 millones; y además -según consta en los Papeles del Pentágono-, el Consejo Nacional de Seguridad, que es la autoridad más alta de los Estados Unidos en materia de política exterior, cuyos acuerdos tiene que cumplir todo el mundo, desde el presidente de la República para abajo, había establecido con toda claridad que los Estados Unidos no podían aceptar de ninguna manera el triunfo del Viet Minh en Vietnam porque ese sería un triunfo del comunismo internacional.

¿Qué acontecimiento había llevado a los gobernantes norteamericanos a afirmar oficialmente que no podían aceptar el triunfo del Viet—Minh en Vietnam? Lo que había pasado era que desde el año 1949 Chiang Kai—shek había perdido la guerra en China y China había pasado a ser un país socialista, y China tenía (y tiene) frontera con Vietnam, esta frontera que ustedes pueden ver en este mapa; y además de tener esa frontera terrestre, tiene frontera marítima, todo este mar que se llama precisamente Mar del Sur de la China y baña las costas chinas y también las de Vietnam. Y debido a esos hechos geográficos los gobernantes norteamericanos consideraron que la victoria del Viet Minh en Vietnam significaría la expansión del comunismo chino hacia la Indochina Francesa, y se inventaron una teoría asombrosa, que acaba de ser repetida ahora por el presidente Ford y por el secretario de Estado Kissinger, y estoy refiriéndome a la llamada teoría del dominó. ¿Qué quería decir la teoría del dominó? Pues quería decir nada más y nada menos que si Vietnam caía en manos de los comunistas caerían también en manos de los comunistas todos los países que quedaban hacia el oeste de Vietnam, hasta llegar a Europa, y todos los países que le quedaban al este, incluyendo el Japón. ¿De dónde sacaron esa idea tan descabellada? Pues la sacaron del hecho de que cuando se ponen las fichas de dominó paradas una al lado de la otra, si se le da un golpe a la de adelante todas las que le siguen se caen. Yo admito que en una escuela de retrasados mentales haya un grupo de ellos que acepten la teoría del dominó, pero quisiera que alguien me dijera que rayos tienen que ver [esas fichas] con los países, su historia y sus problemas.

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Sobre las relaciones de producción

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La pequeña burguesía
Juan Bosch

P.- Compañero presidente, usted ha estado hablando mucho en estos días; dio una conferencia, aunque no le guste esta palabra, en el Club Cultural Los Nómadas de Los Mina el 12 de octubre; dos semanas después hizo la historia de algunos de sus libros en el Centro Cultural Dominicano y dos días después empezó en ese mismo lugar un cursillo sobre la crisis económica mundial, pero todavía no ha terminado de explicar para los lectores de VANGUARDIA del Pueblo lo que dijo en San Cristóbal acerca de nuestra baja pequeña burguesía y su relación con la educación. Por esa razón vamos a hacerle unas preguntas sobre ese tema. Por ejemplo, usted dijo en San Cristóbal, y lo repitió al responder las preguntas que le hicimos para el número 6 de VANGUARDIA, que el bajo pequeño burgués pobre y muy pobre de la República Dominicana no tiene ningún lugar en las relaciones de producción. ¿Se refería usted a las relaciones de producción aquí, en nuestro país, o en todas partes?
Bosch.- Aquí, en nuestro país, y si no recuerdo mal en esa entrevista, que salió hace ahora menos de dos semanas y por eso tengo fresco en la memoria lo que dije en ella, expliqué que en otros países, como Inglaterra y Francia, no hay ese tipo de bajo pequeño burgués pobre y muy pobre que tenemos aquí; que tal vez lo hay en países dependientes, y creo que mencioné entre ellos a Honduras y a Bolivia. Es aquí donde la gente de esa capa social (que no aparece descrita en los tratados de Sociología europeos o norteamericanos porque ellos no la conocen debido a que no la hay en sus sociedades) no tiene lugar alguno en las relaciones de producción; es decir, la sociedad no les reconoce un lugar en las relaciones de producción. Si les reconociera un lugar en ellas, en la educación que dan las escuelas dominicanas habría materias dedicadas a darles a los niños y a los jóvenes de esas capas algunos conocimientos, alguna preparación, algún entrenamiento que los capacitara para hacer un trabajo provechoso para la sociedad. ¿Sabes adónde van a parar los jóvenes de esas capas, especialmente si son campesinos? A la guardia, a la policía y a los servicios de caliesaje; los que no quieren ser ni guardias ni policías ni calieses ponen un tarantín para vender lo que sea, o, como expliqué en el número pasado de VANGUARDIA, consiguen una carretillita y se hacen plataneros o paleteros; y ahora van a la Universidad Autónoma porque no tienen que pagar transporte para ir a las clases y porque allí pueden comer barato. Creo que para el año académico que empezó el día primero de este mes hay unos 30 mil estudiantes inscritos en la UASD, y de ellos posiblemente 25 mil son miembros de las capas pobre y muy pobre de la pequeña burguesía.
P.- Así es, compañero presidente; pero también es verdad que de esas capas sociales salen muchos revolucionarios. Los partidos revolucionarios de nuestro país están formados casi en su totalidad por bajos pequeñas burgueses de las capas pobre y muy pobre.
Bosch.- Sí, pero hay más en los partidos que no son revolucionarios. Mira, nosotros no nos damos cuenta, porque tenemos ojos en la cara y no vemos, de la enorme cantidad de hombres y mujeres de todas las edades y todas las razas que en nuestro país son bajos pequeños burgueses pobres y muy pobres, y tampoco nos damos cuenta de lo que eso significa social, económica y políticamente para el país. Vamos a hablar, por ejemplo, del caso de la mujer dominicana. En tu casa y en la mía y en las de todos los pequeños burgueses de las capas alta y media y en las de muchos de los de la capa baja hay una cocinera y cuida los niños y arregla la casa y lava la ropa. Pues bien, todas esas cocineras y niñeras o lavanderas y sirvientas proceden de los sectores pobre y muy pobre de la baja pequeña burguesía, y todas son trabajadoras pero no obreras, es decir, son trabajadoras no productivas porque ninguna de ellas le vende su fuerza de trabajo a un patrón.
P.- ¿Cómo? ¿Pero entonces la cocinera de mi casa, que hace la comida de seis personas, no está vendiéndonos a nosotros su fuerza de trabajo? ¿El trabajo que ella hace no beneficia a toda la familia?
Bosch.- Mira, vamos a aclarar las cosas. El trabajo que ella hace es beneficioso para ustedes pero no desde el punto de vista que sería el trabajo de esta señora que cocina en tu casa si en vez de cocinar trabajara en un taller de tu familia haciendo camisas. Cocinando para ti, tu papá, tu mamá y tus hermanos, esta señora no les proporciona a ustedes plusvalía, no contribuye a enriquecerlos, y por esa razón su trabajo no es productivo. Para ser productivo, el trabajo de una persona tiene que producir todos los días el salario de ella, los gastos generales de la empresa o fábrica donde trabaja, es decir, lo que vale la fábrica, lo que valen las materias primas, lo que vale la propaganda de lo que produce esa fábrica, lo que cuesta la administración de la empresa, siempre, desde luego, en proporción a lo que esa persona está produciendo, pues si la fábrica produce 10 mil pares de zapatos y esa persona de quien estamos hablando produce 10 pares, ella tendrá que producir también todos los días una ganancia al patrón, es decir, una plusvalía. Y la cocinera de tu casa no produce nada de eso porque tu casa no es una empresa industrial. Ella no produce diariamente su salario, es decir, no lo reproduce, no produce diariamente una plusvalía porque ustedes consumen lo que ella hace. El beneficio que ella les proporciona es de carácter muy personal y subjetivo. En la división de trabajo de la familia ella realiza un trabajo especializado, que es el de cocinar, y eso les deja tiempo a tu mamá y a tus hermanas para hacer otras cosas o para pasear o para estudiar, y a cambio de ese trabajo que ella hace ustedes le dan habitación y comida y quizá otras atenciones, pero no les venden a otras personas el producto del trabajo de ella, no reciben plusvalía de ella. ¿Y cuantas mujeres que trabajan, como ella, en servirles a otras personas, no a un patrón que comercia con el trabajo ajeno, crees tú que hay en la República Dominicana?
P.- No lo sé, pero debe ser muy grande.
Bosch.- Muy grande no; es grandísimo, porque la señora que cocina en tu casa recibe un salario de tu mamá o de tu papá (pues supongo que el que lo paga es tu papá, aunque quien le entrega el dinero a fin de mes es tu mamá), pero hay cientos y cientos de miles que trabajan tanto o más que la cocinera de tu casa y no reciben ningún salario. Esas son las que les cocinan a los maridos y a los hijos, es decir, a los maridos y a los hijos de ellas, o las que cuidan a los viejos de las familias y a los niños y a los enfermos. ¿Quién sabe cuántas son? En este país nadie lo sabe porque aquí no hay organización oficial, o del Estado, que se ocupe de recoger esos datos. Es más, te aseguro que ahora mismo, en este mismo momento, no hay un solo dominicano que sepa cuántas cocineras pagadas hay en el país; y tal vez ni siquiera hay quien pueda decir con certeza cuántas mujeres trabajan en fábricas. Y sin embargo esos datos son necesarios, muy necesarios si aspiramos a conocer nuestra sociedad tal como ella es, no como alguna gente se imagina que es. Por ejemplo, hay una enorme diferencia, hablando en términos de sociología, no ya en términos económicos, entre una cocinera y una obrera; es más, hay una enorme diferencia entre una mujer que trabaja de cocinera en una casa de familia y esa misma mujer si pasa a trabajar de obrera en un taller donde fabrican camisas de hombre.
P.- ¿Es la diferencia que explicó usted hace un rato: que la cocinera no le está vendiendo a nadie su fuerza de trabajo porque no le proporciona plusvalía al dueño de la casa donde cocina, y la obrera si le proporciona todos los días plusvalía al patrón?
Bosch.- No. Eso ya lo dije, bien o mal, pero lo dije. Hablo de otra cosa. Lo que voy a decir es que la obrera de una fábrica de camisas o de cualquier otro producto es, sociológicamente hablando, un ser social, una persona que está produciendo para la sociedad. Ya hablé de este asunto en las tres conferencias sobre la crisis económica mundial que mencionaste al comenzar la entrevista, y entonces expliqué que cuando esa mujer hace una camisa, o la parte de la camisa que le toca hacer, no sabe quién se la va a poner; no se imagina qué hombre es el que va a comprarla. Su trabajo, pues, no está destinado a una persona conocida, a una persona que es así y asá; es un trabajo destinado a la sociedad, a alguien que es un ser humano, un ser social, uno que usa camisas. Como es natural, la naturaleza social del trabajo que hace esa trabajadora, esa camisera, la convierte intelectual y emocionalmente en un ser social. Aunque sea de un campo muy apartado y no tenga letras, como dice la gente del pueblo, el hecho de que trabaje para la sociedad y no para una persona que ella conoce, de una persona cuya cara y cuyo tamaño ella pueda reproducir en su imaginación; ese hecho la convierte en un ser social, y eso sucede como estoy diciéndotelo aunque la obrera no llegue a darse cuenta de ello. En cambio, la mujer que cocina en tu casa, o la que cocina para su marido y sus hijos, no es un ser social en el sentido en que lo es la camisera; es, si acaso, un ser familiar. Trabaja para una familia, la tuya o la suya, y desde el momento en que llega al mercado a comprar los víveres y las verduras que va a cocinar ese día ya sabe para quién van a ser los platos. “Esa yuquita le va a gustar a don Luis”, piensa la cocinera de tu casa; o si es la que cocina para su marido y sus hijos, pensará; “Déjame ver cómo le consigo un aguacatico a Ramoncito, que le gusta tanto…”. Y al hacer un plato está pensando en la persona que se lo va a comer; ya conoce los gustos de cada quien en la casa; sabe que a Fulano no se le puede poner mucha sal y a Mengano no le gusta la carne muy cocinada. Su tipo de trabajo hace que sea una persona dependiente de la gente a quien le sirve, y como es natural, sus preocupaciones tienen el tamaño de la familia para la que trabaja.
P.- Profesor, pero eso es usted está diciendo tiene una gran importancia desde el punto de vista político.
Bosch.- Claro que la tiene, ¿y por qué crees que lo digo? Si no tuviera importancia política no hablaría de eso. La importancia es en varios niveles, pero el que debe interesarnos, como miembros que somos de un Partido revolucionario, es el de la dependencia ideológica de las mujeres que trabajan para una familia, aunque sean sus propias familias. Esa dependencia ideológica es lo que las mantiene en un estado perpetuo y generalizado de retraso político. Si la mujer dominicana, y de países parecidos al nuestro, no se incorpora masivamente a la lucha política, hay que buscar la explicación en el hecho de que la gran mayoría de ellas no ha pasado todavía de ser dependiente. Las grandes mayorías de las mujeres dominicanas no son todavía seres sociales porque aún no han llegado a ocupar un lugar en la producción para la sociedad. Hay una minoría de mujeres de todas las capas de la pequeña burguesía, incluyendo las capas pobres y muy pobre de la baja, que piensa y siente en términos sociales, no familiares; y esa minoría, naturalmente, no es dependiente en el orden ideológico. Nosotros tenemos muchos ejemplos de mujeres así en el PLD y tú mismo puedes seguramente recordar en este momento no menos de cien, si te lo propones. Imagínate durante un minuto que a una de esas mujeres peledeístas que no son políticamente dependientes le dice el marido, o el novio, o el hermano o el papá: “Te prohíbo que sigas yendo al Partido”. En ese mismo instante se produce un conflicto, o comienza a producirse un conflicto entre el hombre que dijo esas palabras y la compañera a quien se las dijo. Y suponte que un patrón, el patrón de la camisera que he estado mencionado, le dice el día antes de unas elecciones (si nos figuramos que en este país hay elecciones propiamente dichas y no mataderos electorales): “Mira, mañana vas a votar por Mengano y por Perencejo”. Ese patrón estaría perdiendo el tiempo, porque una mujer a quien la naturaleza de su trabajo ha convertido en un ser social es una persona políticamente independiente, y lo es también en otros aspectos, en sentimiento y con sus opiniones. En cambio, la cocinera de una familia está esperando que el dueño de la casa le diga por quien va a votar porque ella no tiene posiciones tomadas en nada que sea de carácter social; tiene posiciones tomadas en lo que se relacione con la familia para la cual trabaja, y si trabaja para su familia, hará lo que le mande su marido o le mande alguno de sus hijos o hará aquello que a juicio de ella es lo que su marido o sus hijos quisieran que ella hiciera.
P.- ¿Entonces, compañero presidente, el carácter de una persona, digamos de una mujer, cambia si cambia la posición de ella en las relaciones de producción?
Bosch.- Cambia la manera de sentir y de actuar, no digo de una mujer, hasta la de un pueblo cambia si hay cambios en la posición de las gentes en las relaciones de producción. Pon a una mujer al frente de una empresa capitalista y a su marido en un empleo público y verás como al cabo de cierto tiempo la mujer es la jefa de la casa. ¿Por qué sucede eso? Pues porque la mujer pasa a ser la jefa o el jefe debido a que desarrolla capacidad de mando, capacidad para tomar decisiones, y desarrolla todas las condiciones de carácter y de mente que acompañan a esa capacidad, y mientras tanto el marido no las ha desarrollado porque en su trabajo de empleado público o burócrata no se ponen en función esas condiciones o cualidades. No hay sino que fijarse en la manera de actuar de las mujeres de un país como la República Dominicana para darse cuenta de que son diferentes. ¿Qué es lo que las hace diferentes? ¿Es que las de Francia, Alemania, Suecia o los Estados Unidos pertenecen a una raza superior a la de las mujeres dominicanas? Nada de eso; es que las de esos países que acabo de mencionar han pasado a ser seres sociales porque intervienen en la producción social mientras las de aquí, en su inmensa mayoría, no han pasado de ser seres familiares, y por lo tanto mujeres ideológicamente y socialmente dependientes de una familia, de la familia para la cual trabajan, que muy bien puede ser, y es, en la mayoría de los casos, su propia familia. Y para acabar de responder tu pregunta te diré que si la cocinera de tu casa pasara a ser cocinera de un restaurante o un hotel o una fonda, en un tiempo dado, digamos un año o dos años o tres años, su manera de ser cambiaría porque ella pasaría de ser un ser dependiente a ser un ser social. Tú dirás que cómo se explica ese cambio si esa mujer no dejó de ser cocinera, y yo te diría que siguió siendo cocinera, pero cambió su naturaleza social porque en vez de cocinar para ti, para tu papá, para tu mamá y tus hermanos pasó a cocinar para desconocidos; antes hacía la comida dedicándole un plato a tu papá, cuyos gustos conocía muy bien, y además tenía interés afectivo, sentimental en que tu papá se sintiera satisfecho con ese plato y con la sazón del pescado, al que le daba exactamente el punto que le gusta a tu papá; pero ahora, en el restaurante, cocina para cincuenta personas distintas a quienes no conoce, cuyos gustos ignora; cocina para una clientela anónima, es decir, para la sociedad, y le da a la comida una sazón buena para todo el mundo. En pocas palabras, de trabajadora improductiva que era en tu casa pasó a ser trabajadora productiva en una empresa a la que tiene que proporcionarle todos los días los gastos de producción de la comida que hace y además una plusvalía, un beneficio; cambió su posición en las relaciones de producción y eso determina que haya un cambio sustancial en su actitud ante la vida. Cuando ese cambio se generaliza, es decir, si en vez de ser la cocinera de tu casa, nada más, la que ha cambiado en su manera de ser porque cambió su posición en las relaciones de producción, se produjera el mismo tipo de cambio en el caso de todos los dominicanos, o de la mayoría de los dominicanos, habría un cambio en la manera de sentir, de actuar, de pensar de todo nuestro pueblo.
P.- ¿Y qué relación tiene eso que acaba usted de decir con la existencia de la baja pequeña burguesía pobre y muy pobre?
Bosch.- Una relación muy estrecha, de causa a efecto, o para decirlo de manera más simple para que lo entienda la gente que va a leer esta entrevista, aquí tenemos una proporción muy grande de bajos pequeños burgueses pobres y muy pobres (y esa es la causa) y eso tiene resultados; entre ellos, que hay muchísimas mujeres de esas capas sociales, que por ser miembros de la baja pequeña burguesía pobre y muy pobre, carecen de un lugar determinado en las relaciones de producción, lo que equivale a decir que la sociedad no tiene para ellas un lugar en esas relaciones y por eso la sociedad no las prepara, no las capacita para producir porque no hay lugar para ellas en la producción, y entonces esas mujeres se acogen a lo único que tienen a la mano, que es el trabajo de cocinera, de sirvientas, de niñeras; o hacen ese trabajo en una casa ajena o lo hacen en la suya. De paso quiero preguntarte algo: ¿Tú sabes si aquí hay escuelas para enseñar a esas mujeres a cocinar, a tender una cama, a cuidar a un niño? ¿No lo sabes? Pues yo puedo decírtelo: no hay. Las mujeres del pueblo que trabajan como cocineras, sirvientas, niñeras, no aprenden en ninguna parte; aprenden de oídas, es decir, mirando lo que hacen otras. Por otra parte, debo aclarar que la existencia de tanta baja pequeña burguesía pobre y muy pobre en nuestro país es también un efecto de una causa, un resultado de un hecho anterior (o tal vez sería mejor decir de la falta de un hecho anterior), que es el poco desarrollo clasista del pueblo dominicano, y ese poco desarrollo clasista a su vez se debe al atraso económico en que hemos estado viviendo durante cuatro siglos. En el año 1937, que es como decir el mes pasado porque menos de cuarenta años es como un mes en la historia de un país, todos los establecimientos industriales de la República Dominicana, con la excepción de los ingenios de azúcar, que eran 14, tenían 9 mil 20 empleados y obreros y aprendices, y los empleados y los trabajadores de los ingenios eran en su gran mayoría extranjeros; yanquis y puertorriqueños los empleados, y cocolos y haitianos los trabajadores. Desde luego, si no había oportunidad de trabajo para los que iban llegando a la edad de trabajar, ¿qué sucedía? Que la gran mayoría de los hombres y las mujeres se quedaban sin ocupar puestos de obreros en las relaciones de producción, y mientras tanto la población crecía, y dentro de la población lo que crecía era la baja pequeña burguesía pobre y muy pobre, que procedía más que nada de la mediana y la baja pequeña burguesía de los campos. ¿Cómo, o mejor dicho, por qué procedía de esas capas campesinas? Porque el campesino dueño de 100 tareas, o de 50 o de 30, se moría y les dejaba a 8 o 10 hijos esas tierras, que repartidas tocaba a 3, 5, 10 tareas, y en esos años la tierra dominicana era muy barata, era baratísima, de manera que los hijos pasaban a trabajar sus tareítas o las vendían, y en los dos casos, si no cambiaban de posición en las relaciones de producción, si no hallaban trabajo de obreros o no pasaban a bajos o medianos pequeños burgueses, caían en la baja pequeña burguesía pobre y muy pobre, y estas dos capas se multiplicaron tanto bajo el gobierno de Trujillo y se han seguido multiplicando tanto desde la muerte de Trujillo, que actualmente el país está siendo ahogado por ellas; es decir, la sociedad dominicana está siendo ahogada por un mar agitado de bajos pequeños burgueses pobres y muy pobres. Entre otras cosas, eso es lo que explica que desde la muerte de Trujillo la Universidad Autónoma haya pasado a tener diez veces el número de estudiantes a pesar de que desde entonces se han establecido en el país dos universidades y la escuela de medicina se San Pedro de Macorís. La gran mayoría de los estudiantes de la UASD procede de las dos capas de bajos pequeños burgueses de que estamos hablando. Y eso, que no cuento el altísimo número de bajos pequeños burgueses pobres y muy pobres que se han ido a vivir a New York y a Puerto Rico.
P.- Profesor, pero el tema de esta entrevista y de la anterior quedó desviado porque el interés de hacérselas estaba en que nos hablara en ellas de la escuela hostosiana, o de Hostos, que fue de lo que usted habló en San Cristóbal en su charla sobre "Educación y Clases Sociales en la República Dominicana".
Bosch.- Sí, lo que estás diciendo es así, y yo comprendí desde el primer momento que lo querías era que hablara de lo que dije en San Cristóbal. Pero sucede que lo que he dicho hoy y lo que dije en San Cristóbal ha sido ampliar el punto referente a la baja pequeña burguesía pobre y muy pobre de nuestro país y su relación con la educación. ¿Por qué lo he hecho así? Porque es absolutamente necesario que se comprenda que la sociedad dominicana no tiene un lugar en las relaciones de producción para la baja pequeña burguesía pobre y muy pobre, que es donde se halla colocado el mayor número de dominicanos, y especialmente de dominicanos jóvenes; que no lo tiene ni para los sectores campesinos, y además que esas capas sociales no adquieren ningún tipo de educación en el medio social en que se forman. Tampoco en sus casas o en las calles se les enseña nada que les sirva para trabajar...

La escuela hostosiana, como expliqué en San Cristóbal, fue una escuela concebida y dirigida como un todo que iba desde el primer año de primaria hasta el último del bachillerato en un proceso de desarrollo o evolución coherente, integral. En esa escuela todo lo que se enseñaba tenía una relación con lo que iba a enseñarse después y especialmente tenía una relación con la sociedad que Hostos creyó que debía formarse en el país, que era naturalmente la sociedad burguesa, y sucedió que cuando la escuela hostosiana fue desmantelada, cuando fue desmontada no quedó sustituida con ninguna otra. El autor oficial del desmantelamiento de la escuela hostosiana fue el Dr. Joaquín Balaguer, que al ocurrir el desmantelamiento era secretario de Educación Pública y Bellas Artes, y desde luego a él le cabe la responsabilidad no solamente de haber dirigido ese desmantelamiento sino también la de no haber puesto en el lugar de la escuela hostosiana nada que pudiera sustituirla. La fuerza que presionó para que se destruyera la escuela hostosiana fue la congregación jesuita del país, dirigida entonces, a lo menos públicamente, por el padre Losada (y si no era ese apellido era uno muy parecido), y el argumento que se usó para ejecutar esa lamentable hazaña fue el de que la de Hostos era una “escuela sin Dios”, acusación que se le había hecho a principios de este siglo pero que se había disipado ya para el 1940 y tantos, porque para entonces nadie hablaba de “escuela sin Dios”. Es verdad que la escuela hostosiana era laica, no atea como se ha dicho, pero eso respondía a la concepción de una escuela para crear una sociedad burguesa, sólo que en un país de tan poco desarrollo clasista, y por tanto social y político, era imposible darse cuenta de que entre una escuela laica y una atea había una diferencia como de aquí a la luna.

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Ing. Nemen Hazim
Graduado Magna Cum Laude (MCL) en la Universidad Autónoma de Santo Domingo (UASD - 28/10/1977). Estudios complementarios en Estados Unidos, República Dominicana, Puerto Rico, Cuba, Argentina y Uruguay. En República Dominicana fue Ayudante de Profesor en la UASD; Profesor y Director de las Escuelas de Ingeniería Eléctrica e Ingeniería Mecánica en la Universidad Central del Este (UCE); y Gerente de Turbinas de Gas y Motores Diésel en la Corporación Dominicana de Electricidad (CDE). En Puerto Rico fue Encargado de Proyectos en Caribbean Electrical Industrial Services Corporation (CEISCO) y Co-dueño de Ingeniería Eléctrica y Mecánica (INGELMEC)...