«A mí me inspira mi pueblo y su destino. A mí no me inspiran ni me preocupan el dinero y las riquezas. A mí me inspira, me seduce, el ejemplo de los hombres como Simón Bolívar, como San Martín, como Sucre, como Eugenio María de Hostos, como Máximo Gómez... de esos hombres libertadores que, como bien lo dice otro gigante de la América Nuestra, el Apóstol José Martí, “hacen pueblos y son más que hombres”» (Juan Bosch)

Hugo Chávez


"No habrá fuerza en el mundo capaz de
detener la Revolución socialista, pacífica y democrática"


Hugo Chávez: Yo creo que los primeros ciudadanos que deberían leer 'Hegemonía o Supervivencia. La estrategia imperialista de Estados Unidos', de Noam Chomsky, son los ciudadanos (hermanos y hermanas) de los Estados Unidos, porque la amenaza la tienen en su propia casa; el Diablo está en casa. El Diablo... el propio Diablo está en casa. Ayer vino el Diablo aquí, ayer estuvo el Diablo aquí, en este mismo lugar. ¡Huele a azufre todavía esta mesa donde me ha tocado hablar! Ayer, señoras y señores, desde esta misma tribuna, el Señor presidente de los Estados Unidos, a quien yo llamo 'El Diablo', vino aquí hablando como dueño del mundo. Un psiquiatra no estaría de más para analizar el discurso de ayer del presidente de los Estados Unidos. Como vocero del Imperialismo vino a dar sus recetas para tratar de mantener el actual esquema de dominación, de explotación y de saqueo a los pueblos del mundo. Para una película de Alfred Hitchcok estaría bueno, incluso yo propondría un título: 'La receta del Diablo'...

.- Cada vez más Chávez/Por Pedro de la Hoz

.- Carta de María Gabriela Chávez a su padre

.- Fidel Castro, conmovido, recuerda a su amigo Chávez con una hermosa canción


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.- ¡Hasta la Victoria Siempre, Hugo Chávez Frías!/Cubadebate

.- Hugo Chávez murió por la vida; por la vida de su Venezuela dorada y la Patria Grande/Rafael Correa, presidente de Ecuador

.- La demonización de Chávez/Por Eduardo Galeano


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.- Daniel Ortega: Chávez encarnó los principios de libertad, justicia y soberanía

.- Hugo Chávez

.- José Mujica sobre Hugo Chávez: "Dejó un vacío difícil de llenar"


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.- Biografía del Presidente Hugo Chávez Frías

.- Chávez fue un ferviente e incansable luchador por la unidad entre los pueblos latinoamericanos/Raúl Castro

.- Anticipo del libro de conversaciones de Ignacio Ramonet. Hugo Chávez y el "Caracazo"


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.- Evo Morales: “Con Hugo Chávez aprendí a luchar contra el imperio”

.- HUGO CHÁVEZ: Los que mueren por la vida. El ejemplo del desaparecido líder convoca a hacer irreversible la Revolución bolivariana

.- Hugo, en la lucha de nuestros pueblos… estás más vivo que nunca


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.- Chávez multiplicado

.- Un corazón universal

.- REFLEXIONES DE FIDEL CASTRO RUZ: Perdimos nuestro mejor amigo


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.- ¿Qué significa Chávez?/Por Ignacio Ramonet

.- ¡Gloria al bravo Chávez!/Por Atilio A. Boron

.- Hugo Chávez, el niño pobre de Sabaneta/Por Luis Hernández Navarro


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.- EVA GOLINGER/Chávez

.- Extraño "dictador" este Hugo Chávez/Por Eduardo Galeano

.- El enigma de los dos Chávez/Por Gabriel García Márquez (PREMIO NÓBEL DE LITERATURA)


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.- Discurso del Presidente Hugo Chávez Frías en la Sexagésima Asamblea General de la Organización de Naciones Unidas

.- Discurso del Presidente de la República Bolivariana de Venezuela, Hugo Chávez Frías, en la sexagésima primera Asamblea General de la Organización de Naciones Unidas

.- CONVERSACIÓN TELEFÓNICA SOSTENIDA POR EL COMANDANTE EN JEFE FIDEL CASTRO RUZ CON EL PRESIDENTE DE LA REPÚBLICA BOLIVARIANA DE VENEZUELA, HUGO CHÁVEZ FRÍAS. 14/04/2002 – 07:01 h


Cada vez más Chávez/Por Pedro de la Hoz

Mi amigo Hugo es quizás la película más personal de la documentalística de Oliver Stone. Aunque en esta vertiente de su obra fílmica haya seguido muchas veces el patrón de colocarse por delante como testigo de las historias que aborda, el filme estrenado por TeleSur al conmemorarse el primer año del fallecimiento de Hugo Chávez transparenta una implicación mucho más comprometida.


A diferencia de 'Al sur de la frontera', donde el célebre realizador norteamericano se coloca en el plano de investigador intencionado que trata de explicar desprejuiciadamente a su público qué es lo que está cambiando en la América Latina en el siglo XXI a partir del proceso bolivariano, en 'Mi amigo Hugo', desde el título mismo, hay una profesión de fe.

"Extraño a Hugo Chávez, extraño su espíritu y presencia", confiesa el cineasta, y casi está de más decirlo, puesto que desde las primeras imágenes, tomadas en el 2009 a la vista nocturna del Cuartel de la Montaña, donde reposan invictos los restos del mayor discípulo de Simón Bolívar, es perceptible una profunda carga emocional.


Esto no significa que Stone haya dejado a un lado su función pesquisadora para deslizarse por el camino más fácil de la hagiografía. Y no se trata solo de lo que haya dicho antes, durante y después del rodaje el realizador —una conclusión muy respetable es la que él mismo expresa en 'off' "Estuve muy preocupado de que existiera culto a la personalidad (... ); aunque todas las personas lo extrañan, han seguido adelante con independencia"—, sino de lo que se nos evidencia tanto a través del estilo desenfadado en el que transcurrieron los encuentros con el mandatario en vida como en la estética de 'making of' predominante en la grabación de los testimonios tras su partida.

El retrato de Chávez en el documental recorre la escala de su obra política pero también el rostro humano de hijo, padre, hermano y compañero. Vuelve el Chávez que canta y rompe el protocolo y toma café no se sabe cuántas veces al día y monta y se cae de una bicicleta y trabaja hasta el agotamiento y desafía poderes establecidos y se asoma al balcón de la Historia no para que los reflectores lo sigan, sino como uno más.

Un Chávez que trasciende las fronteras de su país —sensibles los testimonios de Correa, Mujica, Cristina y sobre todo Evo, quien recuerda una anécdota simpática y luminosa— y queda en la memoria de los pueblos del Sur.

Un Chávez satanizado hasta en la muerte, como lo revelan esas secuencias insertadas en el documental, cargadas de odio transmitidas por televisoras norteamericanas, las cuales constituyen una de las razones por las que el mundo, y particularmente en el que se mueve Stone, merece conocer cuál es el Chávez real.

Pero tal vez los pasajes más conmovedores de 'Mi amigo Hugo' sean aquellos en los que el líder de la Revolución bolivariana descubre su enfermedad e intuye el desenlace. Ese Chávez que confiesa haber llorado ante el espejo luego de que le comunicaran la implacable naturaleza de su dolencia y de inmediato se arma de valor para sobrepasar el ánimo a las dificultades; ese hombre que el 8 de diciembre del 2012, al despedirse, entona un himno de combate como para espantar el aura de la fatalidad, nos deja un mensaje elocuente sobre el verdadero sentido de la vida.

En un momento del documental, el Comandante Presidente, despojado de vanidad, le dice a Stone: "Ya ves, cada vez soy más Chávez". Y es, de otro modo, así. Cada vez más, acá, allá, aquí, Chávez crece.

Tomado de Granma

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Carta de María Gabriela Chávez a su padre


“¡5 de marzo! Un año y el dolor intacto. Contigo voy, padre maravilloso. Hasta el último día de mi vida extrañaré tus abrazos y tu amor! A un año de tu vuelo en libertad, sigues aquí, en el alma de tus hij@s y de tu aguerrido pueblo. Jamás te olvidaré. Jamás se me irá el dulce sabor de todo el amor que me diste. Gracias por haberme dado la vida. Gracias por seguirme acompañando en cada una de mis batallas. Te amo tanto y más, papito amado mío. Te amo, gigante de mi alma y de mi vida. Para siempre!”.

Tomado de Granma

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Fidel Castro, conmovido, recuerda a su amigo Chávez con una hermosa canción

“Nadie piensa que se ha ido, fue un momentico a la misa”, reza el tema musical


Fidel Castro Ruz compartió la canción “El regreso de un amigo”, compuesta por el cantautor Raúl Torres e interpretada por un grupo de artistas de la hermana nación, dedicada al Comandante de la Revolución Bolivariana Hugo Chávez.

Letra: Raúl Torres

En la despedida del amigo queda un adiós detenido
Palabras que se congelan, ganas de ya haberlas dicho
Lágrimas que no se lloran pa´ no aceptar que se ha ido
Pena convertida en gloria, amanecer extendido.

Para la partida de un amigo que nos devolvió la risa
No hay adiós definitivo, ni finales de cenizas
Tanto corazón dolido no se va creer la prisa
De la muerte que ha intentado manchar su roja camisa.

Toda la ternura de este amigo desparramada en la brisa
De un pueblo que habían dormido, de una América hecha trizas
Nadie piensa que se ha ido, fue un momentico a la misa
Y va a volver con Sandino, con el Che, Martí y Bolívar.

Ese rastro que dejó el amigo, ese antídoto de vida
Contra la sierpe que sueña a América dividida
El que levantó al mendigo y compartió su comida
Su manera de estar vivo nunca va a tener medida.

Todos los amigos del amigo tienen el alma bordada
Con las frases que nos dijo con campechana sonrisa
Nadie piensa que se ha ido, fue un momentico a la misa
Y va a volver con Sandino, con el Che, Martí y Bolívar.

Coro: Todos los amigos del amigo tienen el alma bordada...

Improvisaciones:

De un pueblo que se despierta de una América arrasada
La ternura de este amigo es la luz desparramada
Con las frases que nos dijo con su risa campechana
Seguiremos el camino del amigo junto al alba...

No hay adiós definitivo, ni finales de cenizas...

Editado, tomado de Correo del Orinoco

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¡Hasta la Victoria Siempre, Hugo Chávez Frías!/Cubadebate


Nació en Barinas como enjaezado sobre el lomo del caballo de Maisanta. Bebió de esa historia heroica que lo acompañó siempre. Salió a trotar por los llanos de Venezuela para hacerse hombre de su pueblo. Creció con esa savia de los humildes, de los que no piensan en sí sino en todos, de los que ven el sacrificio y el deber como destino, de los que sienten a la Humanidad como Patria.

Chávez se hizo militar, pero sobre todo se formó como revolucionario. Rescató a Bolívar del olvido y lo puso a luchar nuevamente por la libertad verdadera. Forjó pueblo y creó conciencia. Convirtió al socialismo en derecho y destino de su nación.

Lideró la batalla gigantesca por la Unidad de Nuestra América. Hizo de Venezuela estandarte de esa integración necesaria. Y tuvo en Cuba siempre a su Segunda Patria.

Hugo Chávez se nos ha ido físicamente pero sus ideas, su obra, su legado es inmortal. ¡Chávez vivirá eternamente, en su pueblo, en nuestros pueblos, en todos los que creemos y seguiremos luchando por un mundo de justicia y equidad!

¡Hasta la Victoria Siempre, Hugo Chávez Frías!

Tomado de Cubadebate

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Hugo Chávez murió por la vida; por la vida de su Venezuela dorada y la Patria Grande/Rafael Correa, presidente de Ecuador

Por Alejandro Álvarez T. (Editado por Nemen Hazim)

El martes 5 de marzo de 2013 fue un día extraño, de esos en los que intuyes que algo va a suceder. A lo lejos comenzaba a hacer su aparición el helicóptero que transportaba al presidente Rafael Correa. El mandatario comenzó el día sobrevolando las zonas afectadas por el fuerte temporal invernal, haciendo recorridos por albergues y hospitales, realizando encuentros con la gente...

En el cabildo de uno de los municipios visitados el presidente realizaría su habitual conversatorio con los periodistas; sin embargo, la actividad, debido al mal tiempo, no pudo completarse, por lo que el jefe de Estado pidió disculpas y se retiró del lugar.

Descendiendo en la base aérea, y aún en aire, a mi celular llegó un mensaje: "murió el comandante, a las 16:25". La extrañeza con la que iniciamos el día comenzaba a tener significado. Sentado a mi lado iba el subsecretario de Comunicación, a quien mencioné la lamentable noticia, y fue él que la pasó al presidente quien, moviendo la cabeza, pretendía negar la realidad. Era una reacción de consternación y dolor; su rostro expresaba pesar y sus ojos parecían proyectar los recuerdos vividos junto al amigo revolucionario.

Las actividades debían continuar, pero el presidente Correa no pudo finalizarlas. El retorno a Quito era prioritario para despedir a Chávez desde el palacio que lo acogió las ocasiones en que visitó Ecuador. De vuelta en el avión, al pie de la ventana de la segunda fila, la mirada de Rafael Correa se perdía en el firmamento, como que si en las nubes se formara el rostro del amigo, y la despedida iniciaba desde ese inmenso espacio sideral...

Parafraseando a Alí Primera, el jefe de Estado ecuatoriano dijo a los periodistas de los medios locales y agencias, en el Salón Amarillo, lo siguiente: "Los que mueren por la vida no pueden llamarse muertos; Hugo Chávez murió por la vida, por la vida de su Venezuela dorada y la Patria Grande. Desde el lugar donde te encuentres, querido Hugo, nuestro compromiso, hoy más que nunca, es no dar ni un paso atrás para cumplir con tus sueños, que son los sueños compartidos; los sueños de esa Venezuela libre, feliz, digna, soberana; de ese Ecuador equitativo, justo; de esa Bolivia, Cuba, Nicaragua, de esa Patria Grande como la soñaron nuestros libertadores...".

Luego de esas palabras se escuchó un prolongado y emotivo aplauso para aquel hombre que ya no tenía cáncer, que nada afectaba su cuerpo, porque ahora andaba por las calles de Latinoamérica hecho pueblo.

Hasta siempre, Comandante Hugo Rafael Chávez Frías...

Editado, tomado de El Ciudadano

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La demonización de Chávez/Por Eduardo Galeano

«Hugo Chávez es un demonio. ¿Por qué? Porque alfabetizó a 2 millones de venezolanos que no sabían leer ni escribir, aunque vivían en un país que tiene la riqueza natural más importante del mundo, que es el petróleo. Yo viví en ese país algunos años y conocí muy bien lo que era. La llaman la "Venezuela Saudita" por el petróleo. Tenían 2 millones de niños que no podían ir a las escuelas porque no tenían documentos. Ahí llegó un gobierno, ese gobierno diabólico, demoníaco, que hace cosas elementales, como decir "Los niños deben ser aceptados en las escuelas con o sin documentos". Y ahí se cayó el mundo: eso es una prueba de que Chávez es un malvado malvadísimo. Ya que tiene esa riqueza, y gracias a que por la guerra de Iraq el petróleo se cotiza muy alto, él quiere aprovechar eso con fines solidarios. Quiere ayudar a los países suramericanos, principalmente Cuba. Cuba manda médicos, él paga con petróleo. Pero esos médicos también fueron fuente de escándalos. Están diciendo que los médicos venezolanos estaban furiosos por la presencia de esos intrusos trabajando en esos barrios pobres. En la época en que yo vivía allá como corresponsal de Prensa Latina, nunca vi un médico. Ahora sí hay médicos. La presencia de los médicos cubanos es otra evidencia de que Chávez está en la Tierra de visita, porque pertenece al infierno. Entonces, cuando se lee las noticias, se debe traducir todo. El demonismo tiene ese origen, para justificar la máquina diabólica de la muerte.» (Eduardo Galeano).

Tomado de Rebelión

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Daniel Ortega: Chávez encarnó los principios de libertad, justicia y soberanía


El presidente de Nicaragua, Daniel Ortega, manifestó que Hugo Chávez continúa vivo en sus ideas, las que siguen presentes para luchar por la paz que tanto demanda la humanidad. El comandante Chávez "fue una expresión bien clara de lo que es el espíritu de los hermanos latinoamericanos y caribeños, en sus ansias de libertad, de justicia, y de soberanía".

"Él encarnó esos principios. Los encarnó y los llevó como un torrente a los pueblos de América Latina, de El Caribe, y a los pueblos del mundo. Por eso Chávez sigue vivo, porque sus ideas están presentes, su espíritu está con nosotros, y por eso digo que está luchando por la paz que tanto demanda la humanidad en estos tiempos: paz con justicia, paz universal, paz con soberanía", agregó el mandatario nicaragüense.

Ortega recordó la anécdota vivida con el presidente Chávez en Managua, donde el mandatario venezolano decidió romper el protocolo y entrar de manera imprevista a un medio de comunicación impreso, opositor al gobierno de Nicaragua. "Él quería conducir; íbamos para el aeropuerto y yo le decía: 'aquí queda tal edificio, aquí este otro edificio... ahí queda el diario La Prensa, el diario de oposición más duro que tenemos en Nicaragua', y entonces dio la vuelta y entró al diario. Aquello fue un alboroto; bajamos, los periodistas nos rodearon y él empezó a hablar con ellos. Es un reflejo de lo que era su capacidad para improvisar, de su espontaneidad, de la fuerza de su espíritu, de su ejemplo... que quedó encarnado en el pueblo. Y esa fuerza, hoy más que nunca, es una fuerza que nuestro pueblo demanda para seguir resistiendo, para seguir luchando y para seguir venciendo".

Editado, tomado de Agencia Venezolana de Noticias.

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Hugo Chávez

(Hugo Chávez Frías; Sabaneta de Barinas, 1954 - Caracas, 2013) Militar y político venezolano que fue presidente de Venezuela desde 1999 hasta su fallecimiento en 2013. La influencia de este político, acusado a menudo de populista, trascendió las fronteras de su país al propiciar el surgimiento en Latinoamérica de una nueva hornada de dirigentes de izquierdas, opuestos como él al neoliberalismo económico y a las injerencias estadounidenses y preocupados por las clases más desfavorecidas y las minorías indígenas.

Hugo Chávez realizó los estudios primarios y secundarios en Sabaneta y los superiores en la Academia Militar de Venezuela, donde obtuvo el grado de subteniente en 1975. Se licenció también en Ciencias y Artes Militares, rama Ingeniería, mención Terrestre. Ocupó diversos cargos en las Fuerzas Armadas de Venezuela, el último de los cuales sería el de comandante del Batallón de Paracaidistas Coronel Antonio Nicolás Briceño (1991-1992).

En diciembre de 1982 creó, con otros dos capitanes del Ejército de Tierra, el Movimiento Bolivariano Revolucionario-200, de orientación nacionalista e izquierdista. En 1989 el entonces presidente de Venezuela, Carlos Andrés Pérez, aplicó un plan de choque con medidas neoliberales bajo los auspicios del Fondo Monetario Internacional (FMI) para hacer frente a la grave crisis económica y financiera que afectaba al país en aquellos años. Las clases populares de Caracas se movilizaron masivamente contra el plan del gobierno, en un movimiento conocido como Caracazo. El presidente ordenó al ejército reprimir las manifestaciones, lo que provocó un fuerte descontento en el seno de las Fuerzas Armadas.

En 1992, Chávez lideró como comandante militar una intentona golpista para derrocar el gobierno de Carlos Andrés Pérez. Pese a ser acogido favorablemente por parte de la población, el golpe fracasó y Chávez fue detenido, juzgado y condenado a dos años de prisión en la cárcel de Yare (1992-1994). Ese mismo año otro grupo de militares descontentos protagonizó otro intento de golpe, que también fracasó; entre sus reivindicaciones se hallaba la puesta en libertad de Chávez. En mayo de 1993, el Parlamento destituyó al presidente Carlos Andrés Pérez, acusado de malversación de fondos públicos. Cumpliendo su promesa electoral, en 1994 el nuevo presidente, Rafael Caldera, acordó el sobreseimiento del proceso abierto contra Chávez.

Tras ser liberado, Chávez abandonó el ejército y entró de lleno en la lucha política; fundó el Movimiento V República (MVR) y comenzó a recorrer el país explicando sus propuestas. Enfrentado a la clase política que había dirigido el país en las últimas décadas, a la que acusaba de corrupción y traición a la patria, Chávez basó su discurso en la denuncia de la corrupción del sistema y de los principales partidos políticos. Si se tiene en cuenta que en los últimos cuarenta años el país, gracias al petróleo, había integrado en forma de divisas el equivalente a diecisiete planes Marshall, la acusación de corrupción, mala administración y malversación de fondos dirigida contra los partidos tradicionales resulta más que razonable. El 3% de la población de Venezuela constituía la clase alta, el 17% se situaba en una clase social media y el 80% restante se hallaba en la miseria o en la marginalidad.

Ante la caótica realidad del país, el discurso de salvación de Hugo Chávez contaba con la adhesión incondicional de amplias capas de población desesperada y empobrecida. Sus oponentes le acusaron de populismo y de vender esperanzas retóricas y vacías de contenido real, pero ello no haría más que acentuar la tendencia de Chávez a presentar una sociedad dividida en dos bandos, el pueblo por un lado y la oligarquía decadente por el otro, y a enfrentarse sin eludir crispaciones con los medios de comunicación, alineados en parte junto a la oposición, y con una de las principales instituciones del país: la Iglesia.

Al frente del Movimiento V República y con el apoyo de varios partidos de izquierdas, Chávez presentó su candidatura a las elecciones presidenciales del 6 de diciembre de 1998 y resultó elegido con el 56,2% de los votos, imponiéndose al candidato de consenso de los partidos tradicionales (COPEI y Acción Democrática). Siguiendo su programa, el nuevo presidente impulsó la elección de una Asamblea Constituyente encargada de redactar un nuevo texto constitucional, que más tarde sería aprobado en referéndum. Tras aprobarse en 1999 la nueva constitución, en julio de 2000 Chávez fue reelegido presidente de Venezuela para el período 2000-2006 con amplia diferencia sobre sus adversarios.

Dos años más tarde, el 11 de abril de 2002, el gobierno de Chávez fue objeto de una fallida asonada golpista cívico-militar que elevó a la presidencia a Pedro Carmona, el presidente de la patronal Fedecámaras. Prisionero por dos días en la Isla de la Orchila, Hugo Chávez fue repuesto en sus funciones gracias a la acción de fracciones del Ejército Nacional y de sus partidarios, y el país retornó al orden constitucional. La oposición organizó nuevas manifestaciones que desembocaron en una huelga general entre diciembre de 2002 y febrero de 2003. Los conflictos con la oposición no cesaron, y en agosto de 2004 Chávez hubo de hacer frente a un referendo revocatorio de su mandato presidencial, del que salió fortalecido al conseguir el 59% de los votos, y que lo habilitó para gobernar hasta finalizar su mandato. Dos meses más tarde, el partido de Chávez logró un triunfo rotundo en las elecciones regionales y locales de Venezuela.

Ante la posibilidad del recambio presidencial que ofrecían las elecciones de finales de 2006, la oposición logró sumar voluntades y nuclearse en torno a un único candidato, el socialdemócrata Manuel Rosales. Los comicios se realizaron el 3 de diciembre en un clima de total normalidad y con una participación del 70% del electorado; los venezolanos volvieron a dar su beneplácito a Chávez, quien se convirtió en presidente por tercera vez para el período 2007-2013 al obtener el 63% de los votos.

Durante su tercera gestión avanzó en la propuesta de profundizar en el denominado "socialismo del siglo XXI", para lo cual, entre otras decisiones, amplió el proceso de nacionalización de numerosas empresas de servicios. La reelección presidencial fue uno de los temas más candentes entre los expuestos a debate político durante el ejercicio 2007. En noviembre de ese año el parlamento venezolano aprobó un proyecto de reforma constitucional que contemplaba, entre otros aspectos, la eliminación de la autonomía del Banco Central, la reducción de la jornada laboral a seis horas y la creación de la presidencia vitalicia de la República. El proyecto fue sometido a referendo popular el 2 de diciembre y los resultados arrojaron, por la mínima, oposición al mismo.

Tras la derrota, Hugo Chávez mantuvo su intención de someter nuevamente a consulta popular una reforma constitucional que permitiese su permanencia en el poder. Así, los partidarios y los opositores de la misma se enfrentaron en una intensa campaña electoral que, a pesar de la radical polarización en la que se hallaba inmersa la sociedad venezolana, se llevó a cabo con normalidad y sin violencia. El 15 de febrero de 2009 tuvo lugar la nueva cita electoral, que con el 54% de los votos aprobó el carácter irrestricto del número de reelecciones presidenciales. Una vez hechos públicos los resultados, Chávez anunció su intención de postularse candidato a las presidenciales de 2012.

Los comicios presidenciales se celebraron el día 7 de octubre, y en ellos sólo dos figuras contaban con posibilidades de victoria: el presidente en funciones Hugo Chávez, candidato del Gran Polo Patriótico; y Henrique Capriles, representante de la Mesa de la Unidad Democrática, coalición en torno a la cual se aglutinó la casi totalidad de la oposición al chavismo. Las urnas confirmaron una vez más en el poder a Chávez, quien consiguió el 55,25% de los sufragios emitidos, frente al 44,13% de Capriles.

La clave de la que sería la última reelección de Chávez (para el mandato 2013-2019) radicó en los logros sociales de su gobierno, plasmados en la drástica reducción del analfabetismo, el incremento de estudiantes universitarios de extracción social popular, la ampliación de la cobertura sanitaria pública y la creación de mercados populares con artículos de primera necesidad a precios subvencionados por el Estado. Para la oposición, sin embargo, temas como la inseguridad ciudadana o la falta de garantías jurídicas continuaban estando pendientes de solución.

Tras el triunfo electoral, Chávez designó como vicepresidente de la República a Nicolás Maduro, quien venía desempeñando el cargo de ministro de Relaciones Exteriores, cartera en la que también fue ratificado. La decisión del mandatario se interpretó como la voluntad de depositar en Maduro la herencia de su liderazgo, teniendo en cuenta que la salud de Chávez se había deteriorado mucho desde que le fue diagnosticado un cáncer en junio de 2011.

El día previsto para su investidura (10 de enero de 2013), el mandatario no pudo estar presente en Caracas por hallarse en La Habana recibiendo tratamiento oncológico. Pese a los reclamos de la oposición, el Tribunal Supremo de Justicia entendió que, al no existir interrupción en el ejercicio del cargo, el gobierno en funciones podía continuar su gestión, y que era válido postergar la investidura, a la espera de que Chávez se hallara en condiciones de poder jurar su cargo en territorio venezolano. El vicepresidente Maduro permaneció al frente del gobierno, recibiendo directrices de su presidente desde Cuba.

Esta anómala situación duró apenas dos meses: Chávez falleció el 5 de marzo, sin llegar a ser investido presidente. El vicepresidente Maduro quedó al frente del ejecutivo de forma interina, hasta la celebración de nuevas elecciones. Las exequias de Chávez, a las que asistieron más de treinta jefes de Estado de todo el mundo, se prolongaron durante tres días; al término de las mismas se anunció que el cuerpo sería embalsamado y expuesto en un mausoleo, al que los venezolanos podrían acudir para rendir homenaje al líder.

Biografía tomada de Biografías y Vidas. Editada para el Foro de Nemen Hazim.

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José Mujica sobre Hugo Chávez: "Dejó un vacío difícil de llenar"


El mandatario de Uruguay recordó a Hugo Chávez como un amigo y “un hombre muy grande” que tuvo “gestos enormemente solidarios. Dejó un vacío difícil de llenar; como todo hombre importante dejó un vacío muy difícil de llenar. Del punto de vista real del Uruguay, nos ayudó en todo lo que pudo”.

Tuvo varios gestos enormemente solidarios. Sería bueno que el Clínicas no se olvidara, y varias cosas por el estilo”, en referencia a una ayuda del Gobierno venezolano a la remodelación del hospital Clínicas uruguayo. Mujica añadió que “además se abrió un mercado para algunas franjas de nuestra economía, como el sector lácteo, que no tiene parangón en el mundo. Es de lo mejor que se puede pedir. Más allá de ser presidente, considero que en lo particular se me fue un amigo que más de una vez sirvió en la consulta o para dar un consejo, con sus características, con su fervorosa personalidad y su alegría de vivir. Creo que en América lo sentimos mucho”.

"Tienen todo el derecho a opinar lo que les parezca, pero uno no viene por lo que les parece a ellos, uno viene para expresar la solidaridad con quien está pasando un momento muy difícil, enormemente difícil y en momentos de necesidad se acordó de mi pueblo, no nos dio la espalda. Y ese tipo de solidaridad que casi ni se practica en el mundo, es algo que hay que reconocer". El Comandante Hugo Chávez “era un profundo amigo de las luchas por la integración de América Latina, un soñador; esa gente que mira hacia adelante, ve las causas y tal vez minimiza los obstáculos, pero tiene confianza, cariño y credibilidad y lo infunde en el conjunto de los seres que lo rodean”.

Chávez fue uno de esos tipos excepcionales, capaz de transmitirse al corazón de miles de personas. Venezuela era un país que con abundancia de petróleo, importaba todo y es bravo de dar vuelta esa torta (pero) el corazón de Chávez tapaba todos los agujeros”, expresó.

¿Cómo no lo voy a extrañar? El tipo tenía un peso que no se establece por decreto. Su ausencia será siempre sentida por América Latina".

José "Pepe" Mujica expresó que extraña al líder de la Revolución Bolivariana, a quien catalogó como una persona "fuera de clase". "El comandante supremo de Venezuela, Hugo Chávez, tenía una influencia enorme en la región", dijo. "Sentimos un profundo pesar. Siempre se siente la partida física, pero cuando se trata de un militante de primera línea, el dolor tiene otra dimensión”.

El presidente uruguayo descartó que en América Latina haya una figura que pueda encarnar a corto plazo el símbolo que representó Hugo Chávez, el líder venezolano muerto a los 58 años por un cáncer. "La causa de la integración regional planteada por Chávez sigue vigente y marcó varios desafíos para Venezuela y el continente".

"Ser amigo no es sonreírse con afecto. Ser amigo es socorrerse cuando las papas queman. Y como Chávez, desde ese punto de vista, no ha existido nada parecido en la historia de América Latina. Uno entiende que él aplicó a su modo un latinoamericanismo militante y comprometido. Nos ha dado una lección, porque siempre se puede hacer algo por el más débil o los que están en peores circunstancias. Este es un legado que nos deja Chávez. Hemos perdido un amigo entrañable".

"Lo que queda vivo es la causa de Chávez. Lo esencial. Es una obra de integración. Y vamos a seguir caminando por ese camino, con contradicciones, marchas y contramarchas; pero no va a haber ninguna personalidad en el corto plazo que cumpla ese papel simbólico, porque cuando un árbol muy grande cae deja un vacío gigantesco. Hay hombres que simbolizan causas. Acá la causa permanece y hemos perdido el símbolo. Tal vez tengamos la madurez y lo podamos sobrellevar. Chávez hacía discursos largos... todo lo que quieran, pero en el fondo era la figura más alejada de lo que puede ser un dictador en América Latina. Basta abrir un diario de la oposición en Venezuela y uno se da cuenta que libertad es lo que sobra".

Editado, tomado de: BBC Mundo, Radio Mundial, Telesur, Taringa, El País, La Prensa

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Biografía del Presidente Hugo Chávez Frías

Hugo Rafael Chávez Frías nació el 28 de julio de 1954 en Sabaneta de Barinas, en los llanos de Venezuela. Era el hijo de un matrimonio de maestros de educación primaria —Hugo de los Reyes Chávez y Elena Frías—, y el segundo de seis hermanos. Su abuela india, Rosa Inés Chávez, cuidó de los dos hermanos mayores, y fue ella quien enseñó a leer y a escribir al pequeño Hugo, mientras el niño ayudaba a la economía familiar vendiendo dulces de lechosa (fruta bomba), conocidos como "arañas". Por eso se le conocía como el "arañero" de Sabaneta, nombre que da título al último libro publicado con anécdotas del Presidente.

En 1960 comenzó sus estudios primarios en el grupo escolar Julián Pino. Contaron las amigas de la abuela Rosa Inés que en su primer día de escuela a Hugo no le permitieron entrar, porque no tenía zapatos: "Llevaba unas alpargatitas viejas, las únicas que tenía. La abuela lloraba porque no le alcanzaban los dineros para comprarle zapatos", contó la tía de Chávez, Joaquina Frías, a los autores del libro Chávez Nuestro.

Estudió la secundaria básica en el Liceo Daniel Florencio O’Leary, del Estado de Barinas, y el 8 de agosto de 1971 ingresó en la Academia Militar de Venezuela, donde desarrolló su pasión por la historia de su país. En 1974 viajó a Perú para participar en las conmemoraciones por el 180 aniversario de la Batalla de Ayacucho y conoce al presidente Juan Velasco Alvarado.

En julio de 1975 se graduó con el grado de subteniente de Artillería, especializado en Ciencias y Artes Militares, en la rama de Ingeniería, mención terrestre. Se destacó por obtener las más altas calificaciones en los diversos cursos que realizó en el seno de las Fuerzas Armadas.

INICIOS EN LA POLÍTICA

El joven oficial Hugo Chávez fundó en 1982 el Movimiento Bolivariano Revolucionario 200 (MBR200), en alusión a los doscientos años del natalicio de Simón Bolívar, que se cumpliría un año más tarde. El 17 de diciembre de ese año, aniversario de la muerte de Simón Bolívar, bajo el Samán de Güere —que según la tradición, era el mítico árbol bajo cuya fronda acampó Simón Bolívar— juró reformar el ejército e iniciar una lucha para construir una nueva República. En 1989 observó con indignación cómo miles de manifestantes fueron masacrados por fuerzas del ejército en el Caracazo.

Al encomendársele la Comandancia de la Brigada de Paracaidistas "Coronel Antonio Nicolás Briceño", con base en Maracay, en 1991, escribió en secreto el Proyecto de gobierno de transición y el Anteproyecto Nacional "Simón Bolívar", programa que definiría su liderazgo entre los oficiales bolivarianos. A fines de ese año, los conjurados fijan fecha a la sublevación. A las 11:00 de la mañana del 4 de febrero de 1992 comenzó la rebelión con comandos operando simultáneamente en Maracaibo, Caracas, Valencia y Maracay. En uniforme de camuflaje y con boina roja, ese día aparece ante las cámaras para confirmar que "por ahora" no se habían logrado los objetivos del movimiento, por lo que asumía toda la responsabilidad y pedía a sus compañeros que retornasen a los cuarteles.

La acción militar fue acogida con júbilo por una parte considerable de la población, de manera que desde entonces la popularidad del Teniente Coronel de paracaidistas no hizo más que aumentar, al tiempo que el presidente Carlos Andrés Pérez se hundía en el descrédito. En la prisión de Yare escribió su célebre manifiesto Cómo salir del laberinto. Chávez fue liberado el 27 de marzo de 1994, tras el sobreseimiento de su causa. Símbolo del Movimiento Quinta República (MVR) fundado por Hugo Chávez.

El 14 de diciembre de 1994, el Comandante en Jefe Fidel Castro lo recibió en la capital cubana con honores de Jefe de Estado. Durante la visita, el líder venezolano ofreció una conferencia magistral en el Aula Magna de la Universidad de La Habana. Entre 1995 y 1997 recorrió Venezuela, explicando su proyecto político, que se basó, principalmente, en la necesidad de convocar a una Asamblea Nacional Constituyente que "refunde la República".

PRESIDENTE DE LA REPÚBLICA BOLIVARIANA DE VENEZUELA

El 19 de abril de 1997 inscribe su Movimiento V República (MVR) en el registro electoral. A mediados de 1998, Hugo Chávez ya era el primero en todas las encuestas y el 6 de diciembre de ese año es electo Presidente de Venezuela con el 56,5 % de los votos. Como Presidente electo, visitó La Habana el 17 de enero de 1999. Asumió el poder el 2 de febrero, y dos meses después convocó el Referéndum constituyente que fue aprobado por más del 81 % de la votación. El 23 de mayo inició su programa televisivo "Aló Presidente".

El 15 de diciembre de 1999, el gobierno del presidente Chávez impulsó un segundo Referéndum Constitucional que fue aprobado con más del 71 % de la votación popular, que resultó en la ratificación de la Constitución de Venezuela de 1999. El 30 de julio de 2000, ya con una nueva Constitución, se realizaron las elecciones generales para relegitimar todos los poderes.

En agosto visita varios países de la Organización de Países Exportadores de Petróleo (OPEP) con el fin de darle un papel más activo a la organización, en ese momento presidida por Venezuela. A finales de octubre de 2000 recibió en Caracas al Presidente cubano Fidel Castro, en visita oficial, donde ambos mandatarios firmaron un Acuerdo de Cooperación Integral.

El Congreso aprobó un Decreto Habilitante que le da poderes especiales al Presidente para aprobar un conjunto de leyes, incluyendo la Ley de Tierras, que impulsaba una Reforma agraria, una nueva Ley de Hidrocarburos y la Ley de Pesca. Si bien son aprobadas unas 49 leyes, la oposición dirigida principalmente por la patronal más importante del país Fedecámaras y la Confederación de Trabajadores de Venezuela (CTV), boicotean las leyes.

GOLPE DE ESTADO

El 9 de abril de 2002 la CTV y Fedecámaras anunciaron el paro general de 24 horas para apoyar a los gerentes de PDVSA. La oposición convocó el 11 de abril a una marcha que originalmente iba destinada y autorizada hasta la sede de PDVSA ubicada en Chuao, pero la manifestación fue desviada hacia el Palacio de Miraflores y francotiradores vestidos de paisanos tirotearon a los manifestantes. La mayoría de las víctimas eran partidarios chavistas. El Golpe de Estado se había desatado.

En horas de la madrugada del 12 de abril, Chávez fue secuestrado y transportado inicialmente a la base militar ubicada en Fuerte Tiuna, Caracas. Unas horas después, ese mismo día, se autojuramentó Pedro Carmona, presidente de Fedecámaras, como presidente interino. Acto seguido emitió un decreto que derogó las leyes habilitantes, disolvió el Parlamento, el Tribunal Supremo de Justicia, la Fiscalía, la Defensoría del Pueblo y se dio a sí mismo poderes por encima de la Constitución.

El sábado 13 de abril, desde horas de la mañana, muchos seguidores del Presidente Chávez comenzaron a manifestarse en Caracas. Los golpistas trasladaron al mandatario a una base naval en Turiamo, donde escribe una nota dirigida a los venezolanos expresando: "No he renunciado al poder legítimo que el pueblo me dio". De aquí, Chávez es enviado a la Isla La Orchila con la intención de sacarlo del país, pero el pueblo tomó el Palacio de Miraflores y en la madrugada del 14 de abril el Presidente retorna a Miraflores y se dirigió al pueblo, en un discurso memorable en el cual llama a la calma.

El 2 de diciembre de 2002 Fedecámaras y el grupo "Gente del Petróleo" (conformado por miembros de PDVSA), con el apoyo de diversos partidos políticos tradicionales, aglutinados en lo que llamaron Coordinadora Democrática, iniciaron un paro petrolero que se prorrogó hasta convertirse en una huelga indefinida. A mediados de enero de 2003, con Chávez al frente, el gobierno logró recuperar el control total de PDVSA. A partir de ese momento, toda la lucha política de la oposición se centró en la realización de un Referéndum para revocar al Presidente.

EXTRAORDINARIO RESPALDO EN LAS URNAS

El 3 de junio de 2004, el Consejo Nacional Electoral anunció que el mínimo de firmas necesarias se había recolectado y quedaba activado el Referéndum, que se realizó el 15 de agosto. El NO obtuvo una victoria aplastante, y no solo el Presidente se mantuvo en el poder, sino que las elecciones regionales que siguieron los votos favorecieron a gobernadores y alcaldes bolivarianos.

El 14 de diciembre de 2004 se funda la Alianza Bolivariana para los Pueblos de Nuestra América-Tratado de Comercio de los Pueblos o ALBA-TCP, por el acuerdo de Venezuela y Cuba, con la implicación personal de los presidentes de ambos países, que otorga prioridad a la relación entre las naciones adscritas al proyecto, en pie de igualdad y basándose en el diálogo subregional, abriendo campos de alianzas estratégicas entre los países latinoamericanos.

A partir de este año se concatenan en Venezuela numerosas batallas en las urnas, que consolidan el liderazgo del Presidente y su vocación democrática.

En las elecciones presidenciales de Venezuela para el periodo 2013-2019 que se llevaron a cabo el 7 de octubre de 2012 en Venezuela, el presidente bolivariano fue reelecto para un tercer mandato consecutivo con 55.08 % total de los votos válidos.

PROBLEMAS DE SALUD

El 9 de mayo de 2011, el Presidente suspendió una gira por Brasil, Ecuador y Cuba debido a una inflamación en la rodilla que le obligó a mantener reposo absoluto. Viajó a La Habana en junio de 2011, donde requirió de una intervención quirúrgica de urgencia. El 21 de febrero del 2012, anunció que, después de hacerse exámenes en La Habana, sería nuevamente intervenido, luego de haberse detectado una lesión en la misma zona donde le fue detectado el tumor cancerígeno que le había afectado el año anterior.

El 11 de diciembre de 2012 fue operado en La Habana y comenzó para él un delicado proceso postoperatorio. El 18 de febrero de 2013, el Presidente regresó a Caracas. En la tarde del martes 5 de marzo de 2013, el Vicepresidente de Venezuela Nicolás Maduro anunció el fallecimiento del líder bolivariano a las 4:25 p.m. (hora local).

DISTINCIONES Y CONDECORACIONES

El Presidente Hugo Chávez Frías recibió múltiples condecoraciones por parte de organizaciones, de altos mandos y de prestigiosas universidades a lo largo de su trayectoria como primer mandatario de la República Bolivariana de Venezuela. Se destacan, entre otras, la Condecoración Estrella de Carabobo, la Cruz de las Fuerzas Terrestres, la Orden Militar Francisco de Miranda, la Orden Militar Rafael Urdaneta y la Orden Militar Libertador.

Recibió en 2004 la Orden Carlos Manuel de Céspedes, de la República de Cuba.

En 2005 fue ganador del Premio Internacional José Martí de la UNESCO por su constante actuación a favor de la integración de los países de Latinoamérica y del Caribe, así como por su labor por preservar la identidad, las tradiciones culturales y los valores históricos de los países de la zona. El premio se lo entregó el líder cubano Fidel Castro.

Biografía tomada de Granma.

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Chávez fue un ferviente e incansable luchador por la unidad entre los pueblos latinoamericanos/Raúl Castro


"Lamentamos profundamente la ausencia física de uno de los grandes líderes de nuestra América, el inolvidable presidente venezolano Hugo Chávez", dijo Raúl Castro, quien recordó al Comandante Supremo de la Revolución, Hugo Chávez, como un ferviente e incansable luchador por la unidad entre los pueblos latinoamericanos y caribeños. “El presidente Hugo Chávez fue un ferviente, incansable luchador y promotor de la independencia, cooperación, solidaridad, integración y unidad latinoamericana y caribeña; y de la creación misma de la Comunidad de Estados Latinoamericanos y Caribeños”, expresó el jefe de Estado cubano.

Ha asegurado Raúl Castro que el pueblo venezolano “sabrá defender sus conquistas. Lo más importante es que en nuestros pueblos lo que logramos avanzar con la influencia de él en estos pocos años no retrocederá... entró por la puerta grande en la historia y nadie podrá cerrar esa puerta ni olvidar lo que ha sucedido. El pueblo venezolano sabrá defender sus conquistas y nosotros como hasta ahora estaremos junto a ellos rodilla en tierra", recalcó.

"Lo más importante es que Chávez se fue invicto, se fue invencible, se fue victorioso y eso ya nadie lo puede quitar, eso está clavado en la historia, introducido en la historia".

Editado, tomado de Granma, Cubadebate, Confidencial, Contrainjerencia.

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Anticipo del libro de conversaciones de Ignacio Ramonet. Hugo Chávez y el "Caracazo"

Podría decirse que se trata de un autorretrato de Hugo Chávez: sobre la base de dos centenares de horas de conversaciones grabadas, Ignacio Ramonet ha escrito un libro que ofrece el acceso más directo a la personalidad y al ideario del fallecido líder venezolano. A continuación, un fragmento del mismo.

Pocas personalidades de la historia reciente han tenido un impacto tan decisivo como Hugo Chávez (1954-2013). Elegido presidente de Venezuela en 1998, su mensaje y el ejemplo de las realizaciones de la Revolución Bolivariana despertaron a toda América Latina. La incapacidad de la clase política tradicional para canalizar la revuelta de "los de abajo" abrió el camino a dirigentes nuevos, de origen sindical, de la militancia social, de cuño militar o hasta guerrillero: Lula y Dilma en Brasil, Evo Morales en Bolivia, Rafael Correa en Ecuador, Néstor Kirchner y Cristina Fernández en Argentina, Tabaré Vázquez y Pepe Mujica en Uruguay, y tantos otros. Pero el primero fue Chávez.

En un libro revelador, fruto de cinco años de trabajo y más de doscientas horas de conversaciones, Ignacio Ramonet logra retratar a Chávez a través de sus propias palabras. ¿Quién era Chávez antes de convertirse en una personalidad pública universalmente conocida? ¿Cómo fue su infancia? ¿Cómo se formó? ¿Cuándo se inició en la política? ¿Cuáles fueron sus lecturas? ¿Qué influencias recibió? ¿Cuál era su visión geopolítica? ¿De qué corriente ideológica se reclamaba? Estas memorias dialogadas, centradas en la primera vida del presidente venezolano, clave y explicación de su posterior trayectoria, constituyen una obra de historia insoslayable para quien quiera entender el arranque del siglo XXI en América Latina y el mundo.

El libro se publicó en Venezuela el pasado 28 de julio, con ocasión del 59 aniversario del nacimiento de Hugo Chávez. En España y en el resto de América Latina estará en librerías a partir del próximo 17 de octubre. En el corto extracto que publicamos aquí, Chávez revela la importancia que tuvo, en su futura determinación política, la explosión social que se produjo en Caracas el 27 de febrero de 1989 conocida como el "Caracazo" y que el gobierno del presidente socialdemócrata Carlos Andrés Pérez reprimió con inaudita violencia, causando miles de muertos.

—Carlos Andrés Pérez, una vez reelegido, cambió de discurso.

—Totalmente. Casi de la noche a la mañana efectuó el "gran viraje". Asumió su cargo de Presidente el 4 de febrero de 1989. Y el 16 de febrero, ante la sorpresa de sus propios seguidores, declaró que le iba a aplicar inmediatamente al país, sin anestesia, una "terapia de choque" neoliberal exigida por el Fondo Monetario Internacional (FMI). Apoyándose en su ministro de Fomento, Moisés Naím, y su ministro de Planificación, Miguel Rodríguez Fandeo, y aconsejado por Jeffrey Sachs, uno de los grandes fanáticos entonces del ultraliberalismo, Carlos Andrés, ese día, anunció las ominosas medidas del "paquetazo neoliberal": liberalización del comercio, supresión del control de cambios, privatizaciones masivas de empresas públicas, recortes drásticos en los programas de ayuda social, fuertes aumentos de los precios de los productos y servicios de primera necesidad... De todas esas decisiones, las que peor le sentaron al pueblo fueron dos: el aumento de los precios de los productos derivados del petróleo, con la consiguiente subida –¡un cien por cien!– del precio de la gasolina; y el alza –¡un treinta por ciento!– de las tarifas del transporte público. Las clases populares, que tres meses antes habían votado por el socialdemócrata Carlos Andrés, acogieron este salvaje "plan de ajuste estructural" como una puñalada traicionera...

—¿Cuándo empiezan las protestas?

—En cuanto el gobierno aplica las medidas. O sea unos diez días más tarde. El domingo 26 de febrero, el Ministerio de Energía y Minas anuncia que el alza de los precios de la gasolina y el incremento de las tarifas de los transportes públicos entrarán en vigor a partir del día siguiente: lunes 27 de febrero. Un final de mes... Cuando los trabajadores ya no tienen un centavo... Fue la gota que derramó el vaso. A las 6 de la mañana de ese lunes, en Guarenas, municipio de la periferia de Caracas, los primeros trabajadores que debían tomar los autobuses para venir a la capital no aceptan el alza de los pasajes y se rebelan. Se enfrentan a los transportistas. Ahí comienza todo. La gente dice: "¡Basta!". Y es la explosión, el inicio de la revuelta: "¡No al FMI!". Los habitantes de una urbanización vecina, Menca de Leoni [hoy "27 de Febrero"], espoleados por la exasperación social, se suman a la insurrección de los viajeros. La furia popular se desata. Arden algunos autobuses. Las escasas fuerzas de policía se ven desbordadas. Los disturbios se extienden como reguero de pólvora por los cerros y zonas populares como El Valle, Catia, Antímano, Coche... Muchos almacenes y comercios son saqueados por un pueblo que tiene hambre. A primera hora de la tarde, el levantamiento se ha propagado al centro de Caracas y a varias ciudades del interior. Aquello no fue sólo un "Caracazo", fue un "Venezolanazo", porque la rebelión popular se extendió por todo el país. Ciertamente, su epicentro estuvo en Caracas, pero se extendió a Barquisimeto, Cagua, Ciudad Guyana, La Guaira, Maracay, Valencia, Los Andes... Preso del pánico, el gobierno decreta el toque de queda, activa el "Plan Ávila", que coloca la capital bajo ley marcial y custodia del Ejército, habilitando a los militares a que hagan fuego con armas de guerra contra los manifestantes civiles. Se reprime pues con la mayor brutalidad esa rebelión social, se cometen verdaderas masacres en los barrios pobres, repitiendo la consigna de Rómulo Betancourt: "¡Disparen primero, averigüen después!".

—¿Dónde estaba usted cuando estalla el "Caracazo"?

—Había pasado la noche en el Seconasede, en el Palacio Blanco, y, como le conté, amanecí con fiebre y malestares, fuertes dolores en las articulaciones. Mis hijos tenían lechina [rubéola] y yo ya me vine la víspera contagiado. El médico confirmó que era una enfermedad viral muy infecciosa, y que no podía quedarme. Me mandó a casa. Yo no tenía mando de tropa, ni sabía que la revuelta ya había empezado. Así que me fui primero a la Universidad y, como le dije, viendo que habían suspendido los cursos, me marché a mi casa. Residía entonces, con Nancy y mis tres hijos, Rosita, María y Huguito, en San Joaquín [estado de Carabobo, a unos 100 kilómetros de Caracas], acabábamos de comprarnos una modesta casita allá. Uno de mis vecinos y compañero del MBR-200, el mayor Wilmar Castro Soteldo, fue quien me dio la noticia: "¿Qué hacemos?", me preguntó. Pero aquello nos pillaba descoordinados. No se podía hacer nada.

—¿No lo habían previsto?

—Por supuesto. No teníamos ningún plan. Fue desesperante. Llegaba por fin el momento y la oportunidad que tanto habíamos esperado, y fuimos incapaces de entrar en acción. Recuerdo que hablé por teléfono con Arias Cárdenas y le dije: "El pueblo se nos adelantó. Salió primero". Ese despertar del pueblo nos pilló dispersos. No disponíamos siquiera de un sistema de comunicaciones para contactarnos entre miembros del Movimiento Bolivariano Revolucionario-200 (MBR-200). Sólo algunos pudieron hacer acciones a nivel individual para tratar de frenar la masacre. Varios oficiales que recibieron la orden de abrir fuego contra el pueblo se negaron, y ordenaron a sus tropas que no le disparasen a la gente. Pero fueron una minoría...

—¿Cuántas víctimas hubo?

—Nunca se supo. Corrió mucha sangre aquel día. La cifra oficial es de unos trescientos muertos, pero probablemente hubo varios miles, enterrados en fosas comunes, masacrados. Y no por un ejército invasor. Por nuestras propias fuerzas policiales y militares. Llegué a ver niños destrozados por los disparos de nuestros soldados. Incluso, en una clínica con personas en tratamiento mental, balearon a los pacientes. El gobierno mandó traer militares del interior del país y los utilizó como una tropa invasora, como si nuestro Ejército fuese la Fuerza Armada del Fondo Monetario Internacional. Muchos oficiales que participaron en la represión sintieron remordimiento y vergüenza. Se lo reprochaban mucho. Unas semanas después, en una reunión de oficiales, les recordé la conocida frase de Bolívar: "Maldito sea el soldado que vuelve las armas contra su pueblo". Sin poderme aguantar, les solté: "Nos ha caído la maldición de Bolívar. ¡Estamos malditos!".

—¿Fue muy fuerte el impacto en las Fuerzas Armadas?

—Nos dolió muchísimo. Marcó a nuestra generación; dejó huellas imborrables. En el seno de la Fuerza Armada fue donde ese "sacudón" tuvo, a largo plazo, el mayor impacto. Recuerdo que, meses más tarde, una noche, al entrar en el Palacio Blanco, un oficial se me acercó: "Mi mayor, me dijo, al parecer usted anda en un movimiento, y quiero ingresar en él". Por razones de seguridad, negué; pero le pregunté por qué deseaba adherir. El teniente me contó lo siguiente: "El 27 de febrero de 1989, me hallaba prestando seguridad en las inmediaciones de Miraflores y detuve a unos muchachos que estaban asaltando una panadería. Eran una docena, casi todos adolescentes. Los llevé presos. Dejé que se comieran el pan robado porque me confesaron que tenían hambre... Les di agua... Pasé con ellos varias horas conversando. Me contaron lo mal que vivían en los ranchos, la pobreza, el desempleo, el hambre... Me suplicaban: 'Teniente, ¡libérenos!'. No podía hacerlo, debía esperar órdenes. Llegó una brigada de la Disip para interrogarlos... Los entregué. Los montaron en una furgoneta y se los llevaron. Unas horas después, bajando por una calle vecina, me los encontré a todos: ametrallados, ejecutados...".

Aquel oficial quedó destrozado... Redactó un informe. Sus jefes le ordenaron que se callara, que no era problema suyo, que se trataba de meros delincuentes, y que había que salvar la democracia... Este oficial pertenecía a la Guardia Presidencial, o sea un militar de total confianza del aparato pero, a partir de ese día, estuvo más cerca de nosotros que del gobierno. El régimen se aprovechó del "Caracazo" para aterrorizar a los pobres y hacer un escarmiento. Para que no volvieran a amotinarse. Ese día, se cometió la mayor masacre de la historia de Venezuela del siglo XX. Ese día, la "democracia" venezolana perdió la máscara y reveló su rostro represor más odioso. Porque, luego de que la rebelión se hubo apagado, en los primeros días de marzo, el gobierno prosiguió su sistemático y criminal ejercicio de terrorismo de Estado. No debemos nunca desconocerlo. Era una dictadura disfrazada de democracia. Por eso digo a menudo que nos está prohibido olvidar.

—¿Hubo víctimas entre sus amigos militares?

—Sí, desgraciadamente, entre las víctimas también había compañeros nuestros. Y, entre ellos, Felipe Acosta Cárlez, uno de los fundadores del movimiento bolivariano, leal compañero y gran amigo. El 1° de marzo me dieron la noticia: "¡Mataron a Felipe Acosta Cárlez!". No está claro cómo murió; estoy convencido de que el Alto Mando y la Disip, sabiendo que era uno de los dirigentes de nuestro movimiento, aprovecharon la confusión reinante para tenderle una trampa y liquidarlo. Quizás, si yo no hubiese estado enfermo esa semana, la policía política me hubiera liquidado a mí también.

—¿Ahí es cuando usted le dedica un poema?

—Sí, ese mismo 1° de marzo, le escribí un poema. Aquella tragedia me enlutó el alma y mi pena se derramó sobre la hoja de papel. Aunque se lo dediqué a él, en realidad pensé en todas las víctimas. Pero a la vez, ese dolor actuó como un disparador. La explosión popular del "Caracazo" rompió la losa que encerraba a Venezuela en un sepulcro colectivo. Porque, por otra parte, si consideramos el panorama internacional, ese levantamiento popular fue admirable.

—¿En qué sentido?

—El "Caracazo" es, en mi opinión, el hecho político de mayor trascendencia del siglo XX venezolano. Y, en ese sentido, marca el renacimiento de la revolución bolivariana. Recuerde que, ese mismo año 1989, se hundía el muro de Berlín... y se levantó Caracas contra el FMI. Cuando en las esferas intelectuales internacionales se hablaba del "fin de la historia" y cuando aquí todo el mundo, ya no sólo políticamente sino también financiera y económicamente, estaba rendido ante el Fondo Monetario y el Consenso de Washington, se alzó una ciudad y todo un país. Con esa rebelión de los pobres, con esa insurrección de las víctimas seculares de la desigualdad y de la exclusión, con esa heroica sangre popular comenzaba una nueva historia en Venezuela. Porque, apenas diez años después, vendría nuestro gobierno bolivariano a proponer fórmulas alternativas... Venezuela se alzó a contracorriente de la ola neoliberal... Y nosotros, en el Ejército, entendimos que ya no podíamos dar marcha atrás. En lo personal, me dije: "Ahora no me voy del Ejército; aunque sólo seamos cinco los que le entremos a tiros a Miraflores una noche, de aquí no nos vamos callados". Lo mismo me dijeron los demás. Nuestro movimiento se relanzó, creció, pasó a la ofensiva, se consolidó... Reactivamos las reuniones... Aunque el gobierno también, a partir de ahí, comenzó a golpearnos duro y a presionarnos porque nos convertimos en una amenaza abierta y desafiante.

(Extractos del libro Hugo Chávez: mi primera vida. Conversaciones con Ignacio Ramonet, Debate, Barcelona, 2013. En librerías el 17 de octubre próximo) Ignacio Ramonet... Director de Le Monde diplomatique, edición española.

Tomado de Le Monde Diplomatique.

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Evo Morales: “Con Hugo Chávez aprendí a luchar contra el imperio”


El mandatario boliviano, Evo Morales, dijo que con el presidente venezolano Hugo Chávez aprendió a luchar "permanentemente contra el imperio, así como a perderle el miedo. Con él aprendí a luchar contra el imperio. Yo aprendí muchísimo de Hugo Chavez; trabajar, trabajar por el pueblo y luchar permanentemente contra el imperio, de esta manera, reivindicar a nuestros pueblos, luchar por la soberanía, no solamente de Venezuela y de Bolivia sino de toda América Latina", dijo el gobernante boliviano.

"Chávez fue solidario, antiimperialista... patriota. La tarea que nos dejó es una responsabilidad de todos y todas, especialmente de quienes seguimos luchando por la liberación de nuestros pueblos", expresó el presidente de Bolivia, Evo Morales. "Seguiremos en esta tarea de liberar a América Latina y el Caribe".

"El legado de Chávez es inolvidable y además su obra será por siempre y para siempre. La lucha seguirá mientras exista el capitalismo”, expresó el mandatario boliviano, recordando que todos los gobiernos de América del Sur y Latinoamérica aprendieron de Chávez que el capitalismo trae injusticia y desigualdad. “Y lo mejor que nos dejó como lección es que no hay que tener miedo al imperio”.

"Estamos en Venezuela no solamente para recordar el año del fallecimiento del compañero, del hermano Hugo Chávez, sino también para recordar su lucha por la unidad latinoamericana, su lucha por la democracia, su lucha por la paz, especialmente su lucha por la integración", dijo Morales. "Aún hay mucho dolor, hay profundo sentimiento por el hermano Hugo Chávez. Siempre nos acompañará; las tareas que nos deja son bastantes, la integración sobre todo, la unidad de toda América Latina y el Caribe".

Editado, tomado de La República, Aporrea, Caracol Radio

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HUGO CHÁVEZ: Los que mueren por la vida. El ejemplo del desaparecido líder convoca a hacer irreversible la Revolución bolivariana

Por: SUSADNY GONZÁLEZ Y MÓNICA BARÓ (inter@bohemia.co.cu)
(14 de marzo de 2013)

Hugo Chávez Frías. Algunos le adjudicaban poderes míticos para explicar su epopeya. Tal vez, insinúa García Márquez, un soplo mágico rigió sus actos, el signo benéfico de su bisabuelo Maisanta —guerrero legendario— y de sus próceres tutelares que lo respaldaron. Lo indudable es que a Hugo Chávez la inmortalidad lo cobija, aunque la inoportuna Parca (5 de marzo) haya ignorado su grandeza, con la concesión —eso sí— en lo que parecía ley inexorable para los redentores: se despidió desde la tierra que lo vio nacer, el 28 de julio de 1954 —cuánto soñara Bolívar con esa suerte—, junto al pueblo que pintó de rojo, el que rodilla en tierra se ha mostrado remiso a trocar lealtades.

Un día de 1982 despertó convencido de fundar, y fundó el Movimiento Bolivariano Revolucionario 200. “Hasta que no rompamos las cadenas que nos oprimen y oprimen al pueblo por voluntad de los poderosos”, fue el juramento, realizado bajo el Samán de Güere, árbol que dio sombra al Libertador, según reza la tradición. Una realidad empezaba a apabullarlo. Tomó conciencia de la necesidad de cambio, misión que dilucidó luego como la construcción de “nuestra segunda y definitiva independencia”.

Si bien reconoció que el acontecimiento culminante de su vida fue el Caracazo —la rebelión popular del 27 de febrero de 1989—, la conjura iniciática del 4 de febrero de 1992 fue su nudo gordiano. El peso de la crisis constituyó la fuerza motriz de aquel levantamiento cívico-militar contra el desacreditado gobierno de Carlos Andrés Pérez, el hombre que 17 años atrás le había entregado el sable de graduado de la Academia Militar, adonde entró con “un libro del Che debajo del brazo, y un guante en el otro”. Entonces esa era la vía expedita a las Grandes Ligas, a convertirse en el “látigo Chávez”. En la “casa de los sueños azules”, su alma máter, nació el cadete, se fraguó el teniente, el capitán, el comandante. “Allí viví muchas vidas”. Allí juró ante las tropas formadas no dar “descanso a mi brazo ni paz a mi alma hasta que no haya paz”.

Aquel acto lo ungió como héroe. Sin proponérselo, cuando desde los estudios de Venevisión asumía que “por ahora” no se habían conseguido los fines, pronunciaba el primero de los discursos de la campaña electoral que le abrió más tarde las puertas de la presidencia. El militar nacionalista llenó el vacío político dejado por el Caracazo y el desenmascaramiento de los viejos partidos (Acción Democrática y Copei). Nació una conexión espiritual entre los pobres de la tierra y el oficial del uniforme de camuflaje y la boina roja. Bajo su liderazgo se fue gestando una fuerza iluminada por la fórmula patriótica de Simón Rodríguez, Bolívar y Ezequiel Zamora, tres dioses de su Olimpo.

Tenemos Patria

Antes de entrar de lleno en la política pagó la insumisión con la cárcel, donde escribió su manifiesto Cómo salir del laberinto y de la que fue liberado el 27 de marzo de 1994. De la mano del Movimiento V República emprendió la contienda electoral. La victoria cantada (56.5 por ciento de los votos) llegó el 6 de diciembre de 1998. Detrás quedaban casi veinte elecciones en apenas diez años.

Comenzó sus palabras de asunción (2 de febrero de 1999) invocando a ese “que despierta cada cien años, cuando despiertan los pueblos”. Y no por una repetición protocolar. “Es una necesidad imperiosa para todos los venezolanos rebuscar atrás, en las llaves o en las raíces de nuestra propia existencia, la fórmula para salir de este laberinto”. Chávez juramentó sobre una agonizante -así la calificó- Constitución de la IV República. Con la convocatoria a la Asamblea Constituyente puso en marcha una “democracia directa y participativa”. Gracias a la refrendación multitudinaria, los venezolanos cuentan hoy con una de las cartas magnas más avanzadas del mundo. Esa, su “segunda Biblia”, devino su testamento político, aseveró Nicolás Maduro en la despedida. Un legado que tuvo a bien recomendar, con su pedagogía de la libertad, a ciudadanos que, como pocos en el orbe, pueden enorgullecerse de la lección aprendida.

Chávez conversa con dos soldados desde interior de un tanque de guerra. Logró incorporar a las Fuerzas Armadas al proyecto revolucionario.
(Foto:Cubadebate)

Y es que Chávez incentivó el estudio. Supo emplear, recuerda Néstor Kohan, la televisión y otros medios de información —era considerado el segundo político más influyente en la red— para desatar debates en los cuales nunca se cansaba de recomendar textos, de historia, marxistas, de la teoría de la dependencia… Reivindicó públicamente “autores malditos y endemoniados”, como el Che, Lenin, Trotsky y Rosa Luxemburgo. Dio un uso revolucionario a los medios públicos de comunicación. Del papel pasó a los hechos. En este ámbito, una audaz decisión fue poner las Fuerzas Armadas en función de la seguridad y el desarrollo nacionales.

Evidentemente, “su proyecto político contribuyó al empoderamiento de los más pobres y les hizo creer que ellos también podían llegar al poder y forjar sus propios destinos”, concluye uno de sus colaboradores. En ello radica, para no pocos observadores, la clave de la revolución profunda que moldeó. Cambio geológico, cuya importancia a veces resulta difícil de medir desde Europa, decía Santiago Alba Rico. “¿Ciudadanos? Ni siquiera sabíamos que éramos seres humanos”, citaba a una mujer de la barriada caraqueña 23 de enero, donde descansarán los restos del líder, en el Panteón Nacional del Cuartel de la Montaña. Su inclusivo discurso político dio visibilidad a los pueblos originarios, en cuyo imaginario Chávez encarna al “Cristo de los discriminados históricos”.

El Comandante de los milagros

Hugo Chávez con poncho y sombrero saluda a los habitantes de un pueblo originario de Latinoamérica. Su inclusivo discurso dio visibilidad a los pueblos originarios.

Tras el colapso de la institucionalidad “democrática” neoliberal, el presidente de la nación estratégicamente más importante del área delineó el sendero de los gobiernos progresistas. Rompió lanzas contra la aceptación del capitalismo salvaje. En eso estriba uno de sus aportes revolucionarios. “Volvió a poner en agenda una actitud de protesta, desaparecida para entonces en cualquier gobernante”, resume Renán Vega Cantor, desde Rebelión.

En 2004 anunció: “Voy al levantar las banderas del socialismo”. Irreverente, desenterró un concepto casi suprimido del léxico habitual. Y, a la par, precisó que su “socialismo del siglo XXI” buscaba distancia de los errores burocráticos y centralistas de las experiencias del siglo pasado. Pero, a todas luces, el “nuevo proyecto histórico de las mayorías” requería sobre todo extirpar la herencia de un modelo rentista petrolero, caracterizado por la desigual distribución de las riquezas, la falta de una revolución agraria y de una cultura tributaria, rasgos que, conforme a Alí Rodríguez, sumieron a Venezuela en el subdesarrollo.

Titánica faena la de recomponer una matriz desarticulada. Su imperativo: recuperar el control de la estatal petrolera Pdvsa. En febrero de 2007 completó el proceso de nacionalización del crudo y la creación de empresas mixtas para explotar la Faja del Orinoco —en un futuro próximo, entre las zonas de mayor producción en el mundo—, con participación mayoritaria (60 por ciento) de Pdvsa. En el entorno internacional Hugo Chávez devino entusiasta promotor del rediseño de la Organización de Países Exportadores del Petróleo (OPEP), lo cual derivó en la fijación de precios y duplicó el valor del barril en menos de un año.

A partir de entonces, el Ejecutivo incrementó el gasto social en más de 60 por ciento. Solamente de 2001 a 2009 se invirtieron 57 mil millones de dólares en programas que han beneficiado a cerca de 20 millones de ciudadanos. El líder de un continente descalzo, que de pequeño apenas tenía un par de alpargatas viejas, restituyó la dignidad a los excluidos. Esto se escribe fácil. Pero basta asomarse al raudal de cifras, pasmosas, para tener que alabar el espíritu infatigable de aquel reparador de sueños que, con apremiantes quehaceres, se propuso devolver la sonrisa a miles, la luz a quien no podía percibir aquel amanecer, la esperanza. Gesto que lo coronó como el “eterno comandante de los milagros”.

Para obtenerlo apeló a la solidaridad internacional, y devolvió el favor con hechos como un suministro permanente de recursos energéticos a Cuba y ayuda financiera al gobierno argentino. Gracias, por ejemplo, al método cubano de enseñanza Yo sí puedo, la Misión Robinson se transformó en una de las más importantes de la historia republicana de un país que en 2005 se erigía en el segundo del continente en erradicar el analfabetismo. A la educación, gratuita, se consigna más del seis por ciento del PIB.

Amparado en una Ley Habilitante, arrancó a los latifundistas tierras ociosas y arremetió contra la enquistada deuda habitacional. En 2011 -tras las violentas lluvias que dejaron a 100 mil personas sin hogar- se construyeron en apenas año y medio más de 300 mil casas, y, según rindió el estadista en el Consejo de Ministros, “para el período 2013- 2019 no debe quedar ni una sola familia venezolana sin vivienda digna”.

Aún con el inmenso desafío de completar un Sistema Nacional Único de Salud, el programa de atención primaria -recibe el apoyo de miles de galenos cubanos- ha salvado alrededor de 1.4 millones de vidas. Pero no cejaron él y sus seguidores. La nación aceleró el desarrollo económico en todos los campos. En medio del descalabro planetario desafió la mayoría de pronósticos y despidió el 2012 con un crecimiento de 5.5 por ciento del PIB, entre los más altos, con tendencia para 2013 a igualar o superar la marca, tras su reciente ingreso en el Mercosur. Otra razón para concordar en que “podría continuar al ritmo actual o incluso superior durante muchos años”. La venezolana es la cuarta economía de Latinoamérica, solo detrás de los gigantes Brasil, México y Argentina.

El incremento es directamente proporcional al bienestar de los conciudadanos. Desde el arribo del Comandante al Palacio de Miraflores hasta 2012 se han generado cuatro millones de empleos formales, según el Instituto Nacional de Estadística. Sus éxitos han sido reconocidos por organismos como la Cepal, uno de cuyos informes explica que se redujo la pobreza en alrededor del 44 por ciento, lo cual ha permitido al país casi cumplir los Objetivos del Milenio trazados para 2015 por la ONU, y ocupar en su Índice de Desarrollo Humano el lugar 61, entre 176 naciones, con un alza de siete escaños en apenas una década.

La derecha arremete

Chávez junto a un grupo de familiares y seguidores en el barcón de Miraflores. El pueblo lo reeligió presidente el 7 de octubre de 2012. Internet.

Nadie con sensatez puede disputarle a Chávez una de las hazañas más antimperialistas de este siglo: sepultar el ALCA y con ella los planes gringos de un mercado para sus inversiones en Nuestra América. Pocos como él desnudaron la hipocresía sobre la que el Goliat del norte pretende asentar su legitimidad. Con ese “filoso y fulminante sentido del humor que desarmaba los acartonamientos del protocolo” –describe Atilio Borón- se robó titulares de prensa, por sus controversias con dirigentes occidentales.

Sus frases “menos diplomáticas”, como las tildan puristas y timoratos, bien valdrían un cuaderno. Desde las dos secretarias de Estado norteamericanas, Condolezza Rice y Hillary Clinton, el premier británico Anthony Blair, su par mexicano Vicente Fox, hasta la mismísima reina de Inglaterra, Isabel II, recibieron el aluvión de su ingenio, “la gracia criolla de un venezolano puro” -remata el Gabo-. Particularmente incisivo fue con su enemigo declarado George W. Bush. Memorable devino aquella intervención ante la Asamblea General de Naciones Unidas en 2006 cuando, al referirse a “Míster Danger”, que había comparecido en el mismo lugar el día anterior, expresó: El diablo estuvo aquí; huele a azufre. Claro, esta no era sino otra manera de defender la soberanía patria frente a la primera potencia y sus cofrades. Así lo entendió Fidel -a quien, en apasionada y legítima reverencia, el líder morocho llamó padre de los revolucionarios de este continente-: “el solo hecho de promoverla ante las narices del imperio no era tarea fácil, y si lo ha logrado fue siguiendo -como el propio Chávez dice- ‘el juego político’ de la democracia burguesa”.

¿Entonces? La desestabilización. Desde 2002, asegura un redactor de la digital Argenpress, Washington desembolsó a la oposición venezolana cien millones de dólares, de los cuales alrededor de la mitad garantizaría la inestabilidad durante el pasado año electoral. Cuántas veces rescatado por las masas, desde aquel abril de 2002, cuando se lanzaron a las calles y, junto con la Fuerza Armada, frustraron el intento de ruptura. Tozudos, los adversarios de dentro y de fuera lo sometieron a la prueba del sabotaje petrolero y al paro patronal. La consagración definitiva de los venezolanos llegó el 10 de enero de 2013. Hicieron suya la consigna del propio conductor: “Chávez ya no soy yo. Chávez es un pueblo. Chávez somos millones”. Porque, como reza la máxima del canciller Elías Jaua, “ser chavista implica una conexión amorosa con un líder político que no nos ha traicionado”.

Los cuatro desplantes presidenciales propinados a la derecha en las urnas revalidaron una verdad incómoda: Chávez había llegado para quedarse. Incluso luego de su “resurrección milagrosa” —a raíz de la pertinaz enfermedad—, el jefe del Gran Polo Patriótico propinó un “knock out fulminante” a la recalcitrante burguesía, personificada en el candidato de la Casa Blanca, Henrique Capriles. Y lo revalidaron con el triunfo del PSUV en 20 de los 23 estados.

Chávez en cuadro apretado

La integración de América Latina fue otro de los desvelos de Chávez. Como ferviente estudioso del pensamiento crítico producido en la región y confeso aprendiz consagrado a la continuación de la obra de Simón Bolívar, percibió temprano que la independencia de un país no puede ser un camino solitario. Si los pueblos hermanados por historia, tierra y cultura no avanzan juntos, en condiciones de equidad y respeto a sus diferencias, nunca podrán convocar las fuerzas necesarias para romper radicalmente sus dependencias. Los conflictos bilaterales transferidos de gobierno en gobierno dividen y debilitan. El gran tablero geopolítico del mundo exige cada vez con mayor vehemencia un juego basado en relaciones armoniosas y justas. “La unión es la que nos falta para completar la obra de nuestra regeneración”, providenciaba el Libertador desde la Jamaica de 1815, y desde la Venezuela del siglo XXI, un adalid con el pueblo por único linaje encararía el desafío.

Pero cuando este se juramentó como presidente en 1999, ya conocía que en una pequeña isla había un pueblo consciente del peligro de las soledades para sueños emancipadores y un líder que encontraba inspiración para sus rebeliones en la poesía de un visionario decimonónico que, además de promover la independencia de su patria, reanimó con la laboriosidad de una hormiga la historia de la integración. “Es la hora del recuento, y de la marcha unida, y hemos de andar en cuadro apretado, como la plata en las raíces de los Andes”. Había alertado en 1891 aquel poeta con estatura de héroe llamado José Martí, al conjugar como nuestra a la América, varias décadas después del prócer venezolano. Debió ser por eso, entre otras razones, que Chávez no tardó en hacerse amigo de Fidel y de Cuba -cuando todavía al mundo no le inquietaba demasiado lo que hiciera-, ni tampoco en consolidar esos vínculos, desde el instante en que la voluntad nacional lo situó al frente del Gobierno.

Raúl Castro y Hugo Chávez se saludan. La Patria Grande fue uno de los desvelos de Chávez.

Una de las primeras ocurrencias que generó esa amistad, seguramente con la complicidad de Bolívar y Martí desde los balcones de la historia, fue la creación, en diciembre de 2004, de la actual Alianza Bolivariana para los Pueblos de Nuestra América-Tratado de Comercio de los Pueblos (ALBA-TCP). Aunque tres años atrás, en el contexto de la III Cumbre de Jefes de Estado y de Gobierno de la Asociación de Estados del Caribe –en la isla de Margarita-, Chávez había propuesto enfrentar el neoliberalismo con una alternativa de integración que se apuntalara más con políticas sólidas que con economías vulnerables, no fue sino en La Habana donde la tenacidad de ambos mandatarios dio el impulso decisivo al anhelo de unidad. El ALBA comenzó así a insinuarse en América Latina, con una Declaración Conjunta que establece la solidaridad como principio cardinal en la construcción de la Patria Grande.

Meses más tarde, el mundo se sorprendió al constatar que ese mecanismo incipiente no era una jugarreta inofensiva. Por noviembre de 2005, en la IV Cumbre de las Américas, efectuada en Mar del Plata, el presidente venezolano colocó en jaque a Estados Unidos al neutralizar su proyecto neocolonialista del ALCA. Sobre este suceso, el politólogo argentino Atilio Borón, en un texto donde justiprecia la labor del Comandante a raíz de su desaparición física, rememora: “Si Fidel fue el estratega general de esta larga batalla, la concreción de esta victoria habría sido imposible sin el protagonismo del líder bolivariano, cuya elocuencia persuasiva precipitó la adhesión del anfitrión de la Cumbre de Presidentes de las Américas, Néstor Kirchner; de Luiz Inacio Lula da Silva; y de la mayoría de los jefes de Estado allí presentes, al principio poco propensos -cuando no abiertamente opuestos- a desairar al emperador en sus propias barbas. ¿Quién si no Chávez podría haber volcado aquella situación?”.

En la época que transcurre, las luminosidades del ALBA resultan ya inextinguibles. Los valores de solidaridad, cooperación genuina, complementariedad y respeto a la soberanía de cada país, que rigen las relaciones y el intercambio en ese espacio plural, constituyen el garante principal de su crecimiento.

La Alianza ha alcanzado una legitimidad sin precedentes en América Latina y el Caribe. Sus esfuerzos en aras de la integración de los pueblos -de carácter estratégico para la independencia- no solo han incentivado el desarrollo social de la región sino que también han articulado un frente de resistencia a los planes de dominación imperialista, y reducido el nivel de influencia de Estados Unidos.

Fidel Castro y Hugo Chávez en un saludo fraternal frente a la imagen de Bolívar. Bajo la égida del Libertador ambos líderes construyeron los sueños emancipadores.

Pero el Comandante Presidente no limitó su labor de unificación a las instituciones generadas en su mandato. Desde los primeros años de su gestión demostró interés en incorporarse al Mercado Común del Sur (Mercosur), instituido en 1991 por Argentina, Brasil, Paraguay y Uruguay, y al que su país había solicitado ingresar antes de 1999. No obstante, a pesar de que los Jefes miembros rubricaron en 2006 un protocolo de adhesión para la república emergente, el Congreso paraguayo se oponía porfiadamente a permitir semejante propulsión en el bloque.

La inserción de la economía bolivariana extendería el accionar del Mercosur desde el Caribe al estrecho de Magallanes, propiciando la convergencia de las inmensas cuencas de los ríos Orinoco, Amazonas y La Plata, y catapultando el potencial energético. El intercambio comercial entre Venezuela y los participantes, que en 2012 ascendió a ocho mil 500 millones de dólares –a despecho del cerco paraguayo-, registraría un incremento notable. Sin mencionar la multiplicación de las experiencias sociales en la zona. No era raro entonces que el Partido Colorado, que dominaba los escaños parlamentarios, fuera tan intransigente en impedir la entrada de Hugo Chávez. Sin embargo, en junio de 2012, con una trastada muy poco original, ellos mismos crearían las condiciones para que el líder de camiseta roja anotara a favor de Latinoamérica.

La trampa cometida contra el gobierno de Fernando Lugo repercutió en el escenario del Mercosur. Gran parte de los derechos y deberes de Paraguay fueron suspendidos, en virtud de una regulación interna. Hasta que realizara elecciones presidenciales su opinión en el terreno no contaba. Su necedad quedó así obsoleta y, en una jugada magistral acorde con las reglas, Venezuela se sumó a la asociación, causando gran estupor en sus detractores.

Otra de las coaliciones alternativas a la que contribuyó Chávez fue la Unión de Naciones Sudamericanas (Unasur), surgida en 2007 para escudar a las economías autóctonas contra los embates de la crisis originada en Estados Unidos y Europa.

Paulatinamente, la Unasur fue convirtiéndose en un cónclave estratégico para la sustentabilidad y perdurabilidad de los recursos naturales de los que disponen sus 12 integrantes. En fechas recientes, el secretario general del organismo, Alí Rodríguez Araque, reconoció el rol del presidente venezolano en el proceso de integración, y precisó que “Chávez impactó a las naciones” al emprender el proyecto de Simón Bolívar.

Pero quizá la más formidable de las estocadas bolivarianas a la estrategia norteamericana ocurrió en la recién celebrada I Cumbre de la Comunidad de Estados de América Latina y el Caribe (Celac), que reunió en Santiago de Chile a sus 33 miembros para discutir sobre sus destinos, sin la usual presencia acechante de Estados Unidos. Si bien en el espacio, concertado apenas en diciembre de 2011 en Caracas, confluyen diversas visiones del desarrollo social y existen desencuentros respecto a ciertas temáticas, es innegable que supone un punto de giro en la historia regional y significa un avance esperanzador para la construcción de la patria común.

Aunque Chávez no pudo asistir a la cita, por su estado de salud, en un mensaje que envió a sus homólogos recordó que en el 2013 se conmemoran el Bicentenario de la Campaña Admirable y los 160 años del natalicio de José Martí, y afirmó que “el espíritu de la unidad ha vuelto con toda su fuerza”. Es “el espíritu de nuestros Libertadores y Libertadoras -precisaba- que ha reencarnado en los Pueblos de Nuestra América Latino Caribeña; es el espíritu en el que confluyen muchas voces para hablar con una sola voz”. Y agregó que hoy somos ejemplo “de unidad en la diversidad, en función de la justicia, el bienestar social y la felicidad”.

No se equivocaba. Su obra de integración no estremeció solamente las instancias gubernamentales, sino que creó también vínculos afectivos entre los pueblos, gracias a los proyectos de intercambio, cooperación y solidaridad. Más que unir países, Chávez unió personas. A mujeres y hombres de todas partes que actualmente se reconocen y sienten de manera diferente, como parte de una patria que definitivamente se ha hecho más grande.

¡Chávez vive, la lucha sigue!

Investidura de Nicolás Maduro como presidente de Venezuela. Nicolás Maduro, su heredero político, asume el desafío de hacer irreversible la Revolución.

El chavismo está a las puertas de una elección anticipada (14 de abril), con el desafío de hacer irreversible la Revolución. “Asumimos su herencia, sus retos, su proyecto”, se comprometió Nicolás Maduro, a quien Chávez otorgó el aval de heredero político, en su última declaración, el 8 de diciembre.

“Afortunadamente esta Revolución no depende de un hombre, hemos pasado etapas nosotros y hoy tenemos un liderazgo colectivo que se ha desplegado por todas partes”, subrayó el mandatario, a quien, con torva intención, los detractores le endilgaron la etiqueta de caudillo.

“Es uno de los líderes jóvenes de mayor capacidad para continuar con su mano firme, con su mirada, con su corazón de hombre del pueblo, con su don de gente, con su inteligencia, con el reconocimiento internacional que se ha ganado, con su liderazgo, al frente de la Presidencia de la República dirigiendo, junto al pueblo siempre y subordinado a los intereses del pueblo, los destinos de esta patria”, fue la sugerencia, que no imposición.

Una impresión semejante proviene del general de ejército Raúl Castro: “Yo regresé seguro, muy seguro de que los nuevos dirigentes van a tener éxito”, pues “fueron educados por Chávez, los enseñó a reinterpretar la historia”. Objetivo que Maduro, recién juramentado Presidente Encargado, ratificó cuando, al inscribir su candidatura para las venideras elecciones, blandió el mismo programa de la Revolución para el sexenio 2013-2019, “de gran valor histórico y político, sustentado en una lúcida mirada al presente y al futuro desde la historia, el pensamiento y la ética humanistas de raíz indolatinoafricana y universal”, según diversos expertos.

Se sabe: Venezuela no es la misma de hace 20 años. “Tenemos un pueblo, tenemos una Fuerza Armada, la unidad nacional. Tenemos Patria”, había enfatizado, rotundo, antes de partir hacia La Habana, el Presidente Supremo.

Lo cierto es que el vocativo “Chávez” resuena por toda la geografía y “ha dejado de hacer referencia a un cuerpo, a una persona, para convertirse en millones”, articulados en torno al horizonte de no retorno. Tras la infausta noticia, Evo Morales sufría consciente de que “no volveremos a escuchar la palabra de ese hermano solidario”. El Presidente boliviano contaba en entrevista con Telesur de una particular llamada: “¿Qué hacemos ahora, Fidel?” Y el Comandante, con su proverbial sapiencia, le contestó: “No te preocupes, los pueblos no se van a doblegar”.

Algo que corroboró Raúl en el homenaje póstumo. Conmovido, se declaró satisfecho de ver cómo se va proyectando la continuidad de la gran obra de aquel que “se fue invicto, invencible”. Como repetiría el cantautor Alí Primera, “la tristeza de mi pueblo será convertida en fuerza”. Porque ellos siguen guiando. Porque en sí “los que mueren por la vida no pueden llamarse muertos”.

Tomado de la revista Bohemia.

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Hugo, en la lucha de nuestros pueblos… estás más vivo que nunca


El ex presidente de Paraguay, Fernando Lugo: "Estoy seguro que el compañero Hugo ha sido el que más ha deseado estar aquí presente (...) pero ¿quién dice que él está ausente?, ahí lo veo a él, en las mujeres, en los jóvenes, en los campesinos... Chávez está aquí presente, Chávez se metió en lo profundo del corazón de su pueblo, en lo profundo del corazón de América Latina y el Caribe". Lugo aseguró que la Revolución Bolivariana no tiene retroceso y que está en buenas manos "porque está en manos del pueblo venezolano". "El mandatario no está ausente, está en todas las caras de su pueblo”, expresó.

Fernando Lugo afirmó que el jefe del Estado venezolano, Hugo Chávez, ya no es solo un patrimonio nacional sino que “es patrimonio de Latinoamérica y el Caribe”. En un breve discurso, indicó que Chávez “se metió en lo profundo del corazón de su pueblo y el de América Latina” y destacó que la Revolución Bolivariana que emprendió “no tiene retroceso

Estoy seguro de que el compañero Hugo es el que más ha querido estar en este sitio, pero ¿quién dice que no lo está? veo tantos carteles que dicen que 'yo soy Chávez' y sé que está aquí; está en todas las caras de su pueblo”, exclamó ante un pueblo emocionado que le aplaudía. Aseguró que pese a la ausencia del mandatario, “la Revolución está en buenas manos porque está en manos del pueblo venezolano que hoy garantiza los cambios de esta patria”.

En Venezuela, "está instalada una guerra mediática, pero nadie puede negar el liderazgo del presidente. Chávez tiene una trayectoria que nadie puede negar. Ha instalado un modelo diferente, es una persona sensible, que siente lo que siente el pueblo, lo capta y lo entiende", declaró Lugo. "Hay una matriz de liderazgo, un modelo de liderazgo que está naciendo y uno que se resiste a morir. Hay un nuevo paradigma de liderazgo en América Latina, con un gran ingrediente: las demandas sociales que habían sido postergadas", señaló el expresidente paraguayo.

Venezuela "cambia con o sin Chávez, lo mismo que Paraguay: con o sin Lugo. Estos procesos son irreversibles; Venezuela no vuelve atrás jure o no jure, esté enfermo o no esté enfermo el presidente, porque el pueblo venezolano eligió a un líder para regir los destinos de ese país", subrayó.

"Hugo, en la lucha de nuestros pueblos… estás más vivo que nunca", manifestó el político, y añadió que "los que mueren por la vida no pueden llamarse muertos".

Editado, tomado de Telesur

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Chávez multiplicado

Por MÓNICA BARÓ SÁNCHEZ Y E. MONTES DE OCA (inter@bohemia.co.cu)
(14 de marzo de 2013)

El pueblo con boinas rojas junto al cortejo fúnebre. Impresionante despedida de amor brindó el pueblo.

Desde que Nicolás Maduro lo confirmó, algo ocurrió en el corazón de Venezuela. Un estallido con una onda expansiva inmensurable. Había muerto el arañero que vendió dulces y frutas en una carretilla para aportar al salario enjuto de sus padres. El teniente coronel que apareció en televisión para admitir sin titubeos el revés de un movimiento que intentara subvertir el poder. El mandatario electo que dialogaba con la gente como su vecino de toda la vida. Un hombre con el coraje para hacer lo que creyó y sintió justo, en el momento exacto.

A las cinco de la tarde del martes 5 de marzo -hora aproximada en que se conoció la noticia- el calendario abrió un espacio en el tiempo para un hito histórico. Cuando los alrededores del Hospital Militar Doctor Carlos Arvelo, de Caracas, donde transcurrieron sus últimas horas, empezaron a colorearse de rojo, se estaba asistiendo al comienzo de una de las exequias presidenciales más extraordinarias. "La calle es del pueblo, no de la oligarquía". "Todos somos Chávez". "El pueblo, unido, jamás será vencido". "Yo soy Chávez". "El pueblo lo dice y tiene razón: aquí el que manda es Chávez y la Revolución". "Chávez vive, la lucha sigue". Volaban las consignas de centenares de ciudadanos, que expresaban su determinación a continuar la obra donde el estadista dejara la vida.

En la noche, la avalancha de dolor continuaba creciendo. Mujeres, jóvenes, ancianos, trabajadores, estudiantes, habitantes de diversas barriadas, empuñaban con ímpetu solemne afiches y banderas que aludían a la revolución. Militares, guardias nacionales y policías bolivarianos acompañaban las manifestaciones. “Somos tan chavistas como ustedes y aquí estamos”, aseguraban.

Unas notas espontáneas surgidas en algún recodo de la multitud produjeron un instante de silencio. La voz popular clamaba Gloria al bravo pueblo, himno nacional que a esas horas alcanzaba singular connotación. Minutos después, el jefe del Comando Estratégico Operacional de la Fuerza Armada Nacional Bolivariana, Wilmer Barrientos, con megáfono en mano y sobre una camioneta, advirtió: "Esta Fuerza Armada nunca más será aquella que apuntó sus fusiles contra el pueblo. Aquí están los soldados de Hugo Chávez, listos para defender el país".

Difícil hubiera sido imaginar par de décadas atrás que en plena Sudamérica -tan oprimida por dictaduras- un militar se declarara con entera honestidad al servicio de sus conciudadanos.

Alrededor de la media noche, Maduro, sin disimular su aflicción, declaró que el líder dejaba un gran vacío y que ninguna persona podía igualársele. “Solo somos Chávez si estamos unidos”, sentenció. Y es que precisamente la unidad constituyó la premisa vital del presidente durante sus 14 años de mandato, y sus seguidores la heredan como un desafío para el futuro. No en vano ese ha sido el concepto de orden en las expresiones nacionales ante la ardua coyuntura.

Procesión hasta Fuerte Tiuna

Con el sol de las 10:00 de la mañana del miércoles, el féretro partió del hospital rumbo a la academia militar donde se le rendiría tributo postrero. Desde la avenida de San Martín hasta Fuerte Tiuna, una caravana que únicamente obedecía a su conciencia y sensibilidad se desbordó para escoltar al conductor de la Revolución bolivariana en su último viaje por la ciudad capital. “Esta vez el rojo no se concentró en una marea sólida, compacta -cuenta una reportera-. Más bien se dispersó por las calles como gotas de un rocío infinito”.

Caracas semejaba un volcán en erupción. Las cornetas de las motos se confundían con consignas de lucha. "¡Se ve, se siente, Chávez sigue presente!". No se trataba de una despedida fúnebre, sino de un hasta siempre curtido de coraje. Con pañuelos, pancartas, lemas, lágrimas, sudor, sonrisas y flores, se enviaba a la comunidad internacional un mensaje rotundo: la revolución proseguía.

A vivo canto acompañó al guía su gente, la misma que revocó el golpe contra su Gobierno en 2002, la misma que en las urnas le confió su porvenir. La pieza musical de su más reciente victoria electoral, en voces donde se marcaba el duelo, resonó en el camino definitivo de Chávez. "Adelante, Comandante, ponte al frente con honestidad, comienza a amanecer en Latinoamérica. Paso firme hacia adelante, pisa fuerte con rotundidad, cuando un pueblo se sabe organizar es un pueblo sabio y libre".

A las cinco de la tarde con 40 minutos, tras peregrinar ocho kilómetros en poco más de siete horas, una ola escarlata arribó a la Academia Militar en Fuerte Tiuna y el vehículo que transportaba al cuerpo se detuvo. A la capilla ardiente, de entrada resguardada por un regimiento, no se pudo acceder de inmediato, pero tres gigantescas pantallas reproducían lo que acontecía en el interior. Maduro y el presidente de la Asamblea Nacional, Diosdado Cabello, homenajeaban a un compañero; y las hijas del Jefe de Estado, a un padre entrañable.

En la calle, la fila de quienes ansiaban ver a Chávez empezó a crecer. Miles bordeaban el recinto y cientos más venían acercándose. “Ahí nadie decía estar cansado, nunca se escuchó decir que era tarde y mejor era irse, mucho menos que la cola era muy larga y quizás lo más conveniente era regresar a casa y ver a Chávez por televisión”, informó una periodista. El presidente se encontraba difundido entre todos. Podía descubrirse en camisetas, cintas para el cabello, afiches, colgantes, pero, especialmente, en historias y declaraciones individuales.

En la madrugada, ya muchos se habían despedido del héroe. Tras tan larga espera, el tiempo frente al féretro resultaba demasiado fugaz para acabar de aceptar la realidad. “Fuerza, integridad y grandeza es una injusta (y hasta indigna) manera de describir lo que su rostro proyecta…”, valoraba una colega.

“Una fila a la derecha y otra a la izquierda se desplazaban por la iluminada y espaciosa capilla, que a pesar de su grandeza era acogedora y llena de espiritualidad. Una vez ante el féretro, la gente se encuentra con la última imagen del Comandante: dolor otra vez, dolor hasta el final, flaqueza de los que pasaban y se quedaban con esa última imagen. ‘¡Arriba, Comandante!, ¡levántate!, ¡Vivirás y vencerás!, ¡Te amamos!’, se escuchaba en el recinto como gritos de emoción”.

A la salida, muchos se quedaban sentados, quizás para reponerse de la conmoción del ritual. Dos trozos blancos de tela fueron colocados con el fin de que escribieran mensajes a su dirigente. Y la hilera se extendía aún más. Solo una nueva consigna surgida en el fragor podía explicar aquello: “Chávez no murió; se multiplicó”.

Ceremonia oficial

Guardia de honor junto al féretro. Raúl encabezó la primera guardia de honor, junto a otros dignatarios de la Celac.

A las 11:00 de la mañana del viernes 8 de marzo, cuando más de dos millones de ciudadanos ya habían transitado por la capilla ardiente, se realizó la ceremonia oficial en la Casa de los Sueños Azules de la Academia Militar. En ella, el Presidente Encargado reiteró el compromiso colectivo: "Comandante, puede irse en paz; seguiremos construyendo la Patria grande; seguiremos junto a nuestro pueblo, con nuestras Fuerzas Armadas, con nuestra Constitución. Seguiremos protegiendo a los más pobres. Su misión está cumplida, la lucha continúa".

Con voz a ratos quebrada, el orador señaló que "no ha habido un líder más atacado, injuriado, vilipendiado. Jamás se mintió tanto sobre un hombre. Pero no pudieron ni las mentiras ni el odio porque aquí está. No pudieron porque el Comandante tenía el escudo más poderoso: su pureza, su verdad, su amor que lo salvó de la infamia". Infamia enorme a que fueron sometidos los próceres de Venezuela, muchos de los cuales murieron en soledad y en aciagas circunstancias. Pero en esta ocasión, remarcó, se cumplió la profecía de Fidel: “"Hugo, cuando tengamos que irnos será con nuestro pueblo". Sí, porque "aquí está con su pueblo. Hemos roto el maleficio de la traición a la Patria".

Maduro levanta la espada, junto al féretro. La espada de Libertador, en buenas manos.

Con el mismo ardor, Maduro bosquejó un futuro similar al concebido por el redentor: "Sus palabras, sus acciones, su pueblo, los oprimidos, los nietos de los esclavos, todos somos su testamento vivo. Su testamento es también la Constitución, aprobada y discutida por el pueblo, ella es la carta de todos los venezolanos, porque Venezuela es para todos".

Y ello se logrará con recursos como las “cinco tareas escritas con su letra: mantener y consolidar la independencia conquistada en 14 años de luchas; construir nuestro socialismo diverso, democrático; convertir a Venezuela en una potencia dentro de la potencia latinoamericana que estamos forjando; construir un mundo de equilibrio, sin imperios de ningún tipo; y contribuir a la preservación de la vida en el planeta".

Líderes y amigos rinden homenaje póstumo a Chávez.

En la cita, que congregó a más de 50 delegaciones y una treintena de jefes de Estado y de Gobierno, Nicolás Maduro colocó sobre el féretro de Chávez la réplica de la espada de Simón Bolívar.

Seguidamente, se efectuó el tributo de los jefes de Estado y de Gobierno. Como destacaron los medios, el Presidente cubano y de la Comunidad de Estados Latinoamericanos y Caribeños (Celac), Raúl Castro, fue el primero que llamaron a realizar la guardia de honor, junto a Evo Morales, Bolivia; Daniel Ortega, Nicaragua; Rafael Correa, Ecuador; Ralph Gonsalves, San Vicente y las Granadinas; Sebastián Piñera, de Chile; Laura Chinchilla, Costa Rica, y Roosevelt Skerrit, Dominica.

Si en otros sitios del mundo un acto como este hubiera representado el colofón del homenaje póstumo a un estadista, en el caso “del hombre que dedicó su vida a los pobres”, como reconoció en la oración ecuménica monseñor Mario Moronta, no se puede hablar de culminación, porque días después de las exequias el pueblo parecía no concebir la terminación del desfile ante los restos de quien ya trascendió el imaginario de su país y se sembró en la historia universal.

Tomado de la revista Bohemia.

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Un corazón universal

Por MÓNICA BARÓ SÁNCHEZ y EDUARDO MONTES DE DE OCA (inter@bohemia.co.cu)
(14 de marzo de 2013)

Raúl poniendo una flor ante un gran retraro de Chávez. Antes de partir hacia Caracas, Raúl rindió tributo al Presidente amigo en Santiago de Cuba (Estudios Revolución).

En ardua porfía por una vida ofrendada a los humildes, el martes 5 de marzo moría Hugo Chávez, “el mejor amigo que tuvo el pueblo cubano a lo largo de su historia”, como lo consideró en públicos renglones el líder histórico de la Revolución Cubana.

Menos de 24 horas después, el orbe conocía una Declaración del Gobierno Revolucionario de Cuba que ponderaba la vida del hermano, y juraba eterna lealtad a su legado, a los ideales de unidad de las fuerzas de vanguardia y de integración de esa América nombrada Nuestra por un iluminado.

Larguísima fila en la Plaza de la Revolución. Los cubanos desfilaron durante horas para el homenaje póstumo (Leyva).

El miércoles 6, desde el Tercer Frente Oriental Doctor Mario Muñoz Monroy, en la celebración del aniversario 55 de ese ariete bélico de la Revolución, el primer vicepresidente de los consejos de Estado y de Ministros, Miguel Díaz-Canel, ratificaba en su alocución conmemorativa: “Ha muerto un justo”. “Que viva Chávez” Al día siguiente, Raúl, llegado de la cercana serranía, se sumaba al tributo póstumo de Santiago de Cuba, y su imagen era captada cuando depositaba una flor en memoria del otro comandante del continente. Mientras, altos funcionarios, como el vicepresidente José Ramón Machado Ventura, firmaban el libro de condolencia dispuesto en la embajada de Caracas en La Habana.

Luego, un pueblo espontáneo en el dolor por el deceso de quien no vacilaba en la solidaridad con su segunda patria –Cuba y Venezuela solo se pueden separar geográficamente aseguraba-, desfilaba durante horas, en todas las provincias del país. Al capitalino memorial a Martí, a primera hora, había acudido una nutrida representación de dirigentes, congregados en una guardia de honor que representaba el sentir de millones de cubanos en vigilia respetuosa hasta entrada la noche.

Díaz-Canel y Machado Ventura encabezan la guardia de honor. Máximas autoridades cubanas en guardia de honor (Foto: Roberto Suárez).

Y no era para menos. Como sentenció Fidel, “nos cabe el honor de haber compartido con el líder bolivariano los mismos ideales de justicia social y de apoyo a los explotados. Los pobres son los pobres en cualquier parte del mundo”.

Allende el archipiélago

Los mensajes y demostraciones de afecto provenientes de Latinoamérica y el mundo constituyen una evidencia palpable de su grandeza. Pero lo que ha conmocionado no es tanto su muerte, como la entrega de su vida a las causas justas.

Para el gobernante iraní Mahmud Ahmadineyad fue “un líder valeroso, sabio y revolucionario" que simbolizó “la resistencia contra el imperialismo”.

La presidenta de Argentina, Cristina Fernández, quien lo consideraba compañero y amigo, declaró que “hombres como Chávez no mueren, se siembran”. Y remarcó que uno de sus grandes méritos consistió en “romper una estructura cultural y mental de muchísimos compatriotas que creían que no era posible otra Venezuela”.

Fila accediendo a la Base del Monumento a José Martí, para rendir tributo a Chávez. Cuba no olvidará al líder bolivariano (Foto: Anaray Lorenzo).

Al panegírico se unieron los presidentes de Ecuador, Rafael Correa: “Cuando se juzgue el momento histórico que le tocó vivir y protagonizar, el mundo entero reconocerá por unanimidad la grandeza de este hombre valiente"; Dilma Rousseff, Brasil: “El deceso de Chávez dejará un gran vacío en la región”; Evo Morales, Bolivia: "Un hermano solidario, un compañero revolucionario, un latinoamericano que luchó por su patria, por la patria grande, como también hizo Simón Bolívar"; José Mujica, Uruguay: “Cuando se trata de un militante de primera línea, de alguien que alguna vez definí como 'el gobernante más generoso que haya conocido', el dolor tiene otra dimensión"; y Daniel Ortega, Nicaragua: “Estamos entregados de lleno a seguir librando estas batallas, a darles continuidad a los sueños de Bolívar, a los sueños de Sandino, a los sueños de Martí, a los sueños de Fidel, a los sueños de Hugo Rafael Chávez Frías".

El mandatario colombiano, Juan Manuel Santos, puntualizó que los avances “claros y concretos” en las negociaciones con las FARC en la búsqueda de la paz en gran medida son “gracias a la dedicación y compromiso sin límites del Presidente Chávez y del Gobierno de Venezuela”.

Sebastián Piñera, jefe de Estado de Chile, comunicó que, no obstante las divergencias, siempre apreció “la fuerza y el compromiso con la que el presidente Chávez luchaba por sus ideas. Quiero decir que él fue un hombre profundamente comprometido con la integración de América Latina”.

Pero no solo en los estadistas emergió la congoja. Luiz Inácio (Lula) da Silva resultó certero al apuntar: “Chávez era un hombre 80 por ciento de corazón y 20 por ciento de razón, como creo que deben ser todos los grandes hombres del mundo”.

La presidenta de la asociación Madres de Plaza de Mayo, Hebe de Bonafini, precisó que “no solo se va un compañero, se va un insustituible. Uno de esos hombres que nacen cada tanto. Que no se repiten”.

Al decir del politólogo argentino Atilio Borón, “el líder bolivariano dio vuelta a una página en la historia venezolana y, ¿por qué no?, latinoamericana. Desde hoy se hablará de una Venezuela y Latinoamérica anterior y de otra posterior a Chávez, y no sería temerario conjeturar que los cambios que impulsó y protagonizó como muy pocos en nuestra historia llevan el sello de la irreversibilidad”.

En The Hollywood Reporter, el actor Sean Penn aseguró que “la gente de Estados Unidos ha perdido un amigo que nunca supo que tenía.

Y desde el mismo centro de la injusticia, René González, uno de los Cinco, envió una carta en nombre suyo y sus cuatro hermanos donde escribió: “Pareciera que el precio de ser tan bolivariano es el de extinguirse como el Libertador, como el volcán que todo lo incendia para luego apagarse de súbito. Pero queda la montaña, esa materia que fue lava ardiente, y que tras la extinción de la llama se convierte en faro, que nos señala inequívocamente el horizonte al que un día llegaremos para rendirnos a sus pies en perpetuo homenaje, las cadenas rotas y el haz martiano de naciones libres como ofrenda”.

Como para liquidar cualquier vestigio de duda sobre el impacto universal de su figura, la Asamblea General de la ONU reconoció la trayectoria de Chávez, y el secretario general, Ban Ki-moon, se refirió a él como “uno de esos líderes que hizo la diferencia en su país, en la región y en el mundo”. Acotó que “será recordado por su habilidad para conectar en un nivel humano con los más vulnerables”.

Tomado de la revista Bohemia.

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REFLEXIONES DE FIDEL CASTRO RUZ: Perdimos nuestro mejor amigo

Nos cabe el honor de haber compartido con el líder bolivariano los mismos ideales de justicia social y de apoyo a los explotados. Los pobres son los pobres en cualquier parte del mundo
(11 de marzo de 2013)

El 5 de marzo, en horas de la tarde, falleció el mejor amigo que tuvo el pueblo cubano a lo largo de su historia.

Una llamada por vía satelital comunicó la amarga noticia. El significado de la frase empleada era inconfundible.

Aunque conocíamos el estado crítico de su salud, la noticia nos golpeó con fuerza. Recordaba las veces que bromeó conmigo diciendo que cuando ambos concluyéramos nuestra tarea revolucionaria, me invitaría a pasear por el río Arauca en territorio venezolano, que le hacía recordar el descanso que nunca tuvo.

Nos cabe el honor de haber compartido con el líder bolivariano los mismos ideales de justicia social y de apoyo a los explotados. Los pobres son los pobres en cualquier parte del mundo.

“Déme Venezuela en qué servirla: ella tiene en mí un hijo”, proclamó el Héroe Nacional y Apóstol de nuestra independencia, José Martí, un viajero que sin limpiarse el polvo del camino, preguntó donde estaba la estatua de Bolívar.

Martí conoció el monstruo porque vivió en sus entrañas. ¿Es posible ignorar las profundas palabras que vertió en carta inconclusa a su amigo Manuel Mercado víspera de su caída en combate?: “estoy todos los días en peligro de dar mi vida por mi país, y por mi deber —puesto que lo entiendo y tengo ánimos con que realizarlo— de impedir a tiempo con la independencia de Cuba que se extiendan por las Antillas los Estados Unidos y caigan, con esa fuerza más, sobre nuestras tierras de América. Cuanto hice hasta hoy, y haré, es para eso. En silencio ha tenido que ser, y como indirectamente, porque hay cosas que para lograrlas han de andar ocultas…”.

Habían transcurrido entonces 66 años desde que el Libertador Simón Bolívar escribió: “… los Estados Unidos parecen destinados por la Providencia para plagar la América de miserias a nombre de la Libertad”.

El 23 de enero de 1959, 22 días después del triunfo revolucionario en Cuba, visité Venezuela para agradecer a su pueblo, y al gobierno que asumió el poder tras la dictadura de Pérez Jiménez, el envío de 150 fusiles a fines de 1958. Dije entonces:
“… Venezuela es la patria de El Libertador, donde se concibió la idea de la unión de los pueblos de América. Luego, Venezuela debe ser el país líder de la unión de los pueblos de América; los cubanos respaldamos a nuestros hermanos de Venezuela.
“He hablado de estas ideas no porque me mueva ninguna ambición de tipo personal, ni siquiera ambición de gloria, porque, al fin y al cabo, la ambición de gloria no deja de ser una vanidad, y como dijo Martí: 'Toda la gloria del mundo cabe en un grano de maíz'.
“Así que, por tanto, al venir a hablarle así al pueblo de Venezuela, lo hago pensando honradamente y hondamente, que si queremos salvar a la América, si queremos salvar la libertad de cada una de nuestras sociedades, que, al fin y al cabo, son parte de una gran sociedad, que es la sociedad de Latinoamérica; si es que queremos salvar la revolución de Cuba, la revolución de Venezuela y la revolución de todos los países de nuestro continente, tenemos que acercarnos y tenemos que respaldarnos sólidamente, porque solos y divididos fracasamos.”
¡Eso dije aquel día y hoy, 54 años después, lo ratifico!

Debo solo incluir en aquella lista a los demás pueblos del mundo que durante más de medio siglo han sido víctimas de la explotación y el saqueo. Esa fue la lucha de Hugo Chávez.

Ni siquiera él mismo sospechaba cuán grande era.

¡Hasta la victoria siempre, inolvidable amigo!

Marzo 11 de 2013

Fuente: Revista Bohemia.

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¿Qué significa Chávez?/Por Ignacio Ramonet

El presidente de Venezuela Hugo Chávez falleció el 5 de marzo de 2013. Enfermo de cáncer desde 2011, el comandante bolivariano tuvo que someterse de pronto, en diciembre pasado, a una nueva intervención quirúrgica cuando acababa de ganar, de manera arrasadora, la elección presidencial de octubre de 2012 y que se disponía a asumir su nuevo mandato a partir del 10 de enero de 2013.

Hace apenas unas semanas, en Caracas, con ocasión del 14º aniversario de su primera toma de posesión, Ignacio Ramonet dibujaba el siguiente perfil biográfico del presidente Hugo Chávez.

En su primer discurso de toma de posesión, el 2 de febrero de 1999, año llamado precisamente y simbólicamente 'Año de la Refundación de la República', el presidente Hugo Chávez ya avisó a aquellos que teniendo oídos no querían oír.

Decía el nuevo Presidente: "Este día, no es un día más; esta transmisión de mando presidencial no es una transmisión de mando presidencial más. No, es la primera transmisión de mando de una época nueva: es el abrir la puerta hacia una nueva existencia nacional". "En Venezuela –añadía Chávez–, se respiran vientos de resurrección". Y proponía retomar el viejo sueño bolivariano de realizar un proyecto de desarrollo integral para Venezuela empezando por lo que él llamó la transición transformadora que, en realidad, ya definía como una verdadera revolución. Y Chávez –es muy importante– puntualizó que él tenía "la certeza de que nosotros le vamos a dar cauce pacífico y cauce democrático a esa revolución".

Ese día, ese primer día de la era neobolivariana, de lo que hay que llamar la "era Chávez", el nuevo Presidente explicó muy claramente que, aunque él deseaba ardientemente la unión, no estaba dispuesto a pagar cualquier precio por una falsa unión. Y declaró: "¿Unirnos a los que quieren conservar esto tal cual está? ¿Buscar consenso con los que se oponen a los cambios necesarios? Yo digo hoy, como Bolívar: ¡Es una traición! Y si alguien debe tener claro eso, es éste que está aquí hablándoles a ustedes, porque yo estoy aquí no por mí, yo estoy aquí por un compromiso; yo no soy causa, soy consecuencia".

Y, por si algunos no lo hubiesen entendido, volvió a repetir: "Yo prefiero la muerte antes que la traición; así lo declaro ante el mundo y lo declaro ante Venezuela: no hay marcha atrás en la revolución política que tenemos que impulsar y que claman las calles del pueblo de toda esta tierra de Bolívar".

Desde el primer día pues, el Presidente Chávez lo repitió y lo machacó para que nadie se llamase a engaño: "No hay marcha atrás en la revolución política" que estaba empezando. Insistió una vez más: "Este proceso lleva su ritmo, y su marcha. No podemos frenarlo, mucho menos desviarlo de cauce para que dé vuelta sobre sí mismo y se hunda de nuevo. No lo vamos a permitir. Hasta donde yo pueda, no lo voy a permitir".

Y sobre América Latina, ya anunciaba, con su visión estratégica de largo alcance: "Yo seré un pregonero y un acelerador, hasta donde pueda, de los procesos de integración. Es momento de retomar el sueño de unión entre nosotros; de plantearnos una moneda para la América Latina y el Caribe para la próxima década; busquemos y luchemos por ella. De plantearnos una Confederación de naciones de esta parte del Mundo; de plantearnos una unidad que vaya mucho más allá del intercambio comercial. La unidad va mucho más allá, es mucho más completa, mucho más profunda, es la unidad de lo que estuvo unido una vez".

No hay peor sordo que el que no quiere oír. Y muchos, a pesar de la meridiana claridad del proyecto expuesto hace exactamente 14 años por Chávez, a pesar de su claridad evangélica, o no oyeron lo que dijo, o no prestaron atención, o pensaron que eran palabras huecas, de pura retórica.

El Presidente Chávez ha contado muchas veces, con su genio coloquial y su arte de la narración, cómo, en los primeros meses de su mandato, se le acercaron obsequiosamente los grandes empresarios, las grandes fortunas, los que se pensaban "dueños naturales" de este país, para proponerle toda suerte de regalos y tentaciones –carros, apartamentos, negocios– como habían hecho con tantos presidentes anteriores. Creyendo que Chávez sería uno más de esos que tienen doble discurso y doble moral. ¡Qué error! ¡Qué craso y gigantesco error cometieron esos miserables que piensan que todo se compra y se vende en este mundo, hasta las conciencias! ¡Pero se rompieron los dientes contra una voluntad incorruptible!

Con un látigo moral, Chávez los expulsó de Miraflores, como Cristo expulsó a los mercaderes del Templo. "Incorruptible" así le llamaban a Robespierre durante la Revolución francesa. Y eso descubrieron los oligarcas inmorales de este país: "Chávez, el Incorruptible".

Y, a partir de ahí, cuenta Chávez, esos oligarcas empezaron a conspirar. "No lo podemos comprar, entonces lo vamos a derrocar". Ese fue, a partir de ese momento, el plan de la oligarquía, de la burguesía. Ahi empezaron, con el apoyo del imperialismo, las conspiraciones, los ataques, las campañas mediáticas de demonización, la preparación de los golpes de Estado, los sabotajes...

Poco hombres han producido un cambio copernicano tan radical en la historia de su país –y respetando escrupulosamente la democracia– como Hugo Chávez. 'Copernicano' viene de Copérnico, ese sabio polaco que fue el primero en demostrar que, contrariamente a lo que afirmaba la Iglesia, y contrariamente a la impresión que tenemos, el Sol no da vueltas alrededor de la Tierra, sino todo lo contrario: es la Tierra la que da vueltas alrededor del Sol. Chávez, como Copérnico, demostró que este país estaba "patas arriba" –como dice nuestro amigo Eduardo Galeano– y decidió ponerlo sobre sus pies firmes que son los pies del pueblo.

El éxito fundamental del presidente Chávez es la refundación de la nación venezolana –"¡Tenemos Patria!"– gracias a un verdadero modelo democrático y político al servicio de los intereses de las mayorías populares. Porque la revolución bolivariana está reorganizando la sociedad en sus estructuras fundamentales.

Desde Fidel Castro, no había surgido en América Latina un líder tan arrollador, tan transformador, tan movilizador, tan seductor, tan creador, tan revolucionario como Hugo Chávez. Estos 14 años, no sólo han transformado copernicanamente Venezuela, sino toda América Latina, lo cual ha influenciado y cambiado el curso de la política internacional en el mundo. ¡Estos son los 14 años que cambiaron el mundo!

Estos 14 años se pueden calificar ya de "Edad de Oro" de América Latina. Nunca América Latina conoció, en sus dos siglos de historia, un período tan importante de democracia, de justicia social y de desarrollo. Nunca tantos gobiernos progresistas gobernaron al mismo tiempo en tantos países latinoamericanos. Eso es absolutamente inédito. Durante decenios, la simple perspectiva de que un gobierno progresista, democráticamente elegido, llevase a cabo cambios estructurales para reducir las desigualdades y las injusticias, bastaba para que fuese derrocado. Los ejemplos abundan: Guatemala 1954, Brasil 1964, República Dominicana 1965, Chile 1973, Perú 1975, etc.

Por eso, en muchas naciones latinoamericanas, la única vía que le quedó a los defensores de la justicia social, fue la vía de las armas y de las guerrillas.

Hugo Chávez que, con otros compañeros, participó en la gloriosa rebelión de la dignidad del 4 de febrero de 1992, fue el primer gran líder progresista –desde Salvador Allende– que apostó por la vía democrática y alcanzó el poder. Esto es algo fundamental. No se entiende quién es Chávez si no se entiende el carácter profundamente democrático de su opción progresista. Su voluntad de someter regularmente, periódicamente, al veredicto del pueblo cada uno de los avances de la revolución bolivariana. La apuesta de Chávez es el "socialismo democrático". Esa voluntad suya y esa confianza en la inteligencia colectiva de los ciudadanos le conducen a asociar al pueblo a todas las decisiones de la revolucion bolivariana.

En eso y en su concepcion de la "unión cívico-militar", la unión del pueblo y de las fuerzas armadas, Chávez, ha dicho Fidel Castro, revoluciona la revolucion latinoamericana.

Hoy, en Venezuela, mejoran las estructuras, el nivel de vida, se crea empleo, se da educación, se cuida la salud, se difunde la cultura, se erradica el analfabetismo, progresan las ciencias, se avanza hacia la soberanía alimentaria... Las nacionalizaciones y las intervenciones del Estado en la economía son utilizadas para mejorar los niveles de vida de la mayoría de la población. Igual ocurre en América Latina, donde los gobiernos neoprogresistas están trabajando bien. Están consolidando el Estado de bienestar, en el mismo momento en que este Estado de bienestar está siendo destruido por los gobiernos neoliberales en Europa. Aquí, ahora se sabe que la pobreza no es una fatalidad.

En estos últimos 14 años, más de 50 millones de personas han salido de la pobreza en América Latina. Gracias a estas políticas redistributivas que Venezuela y la Revolucion bolivariana fueron las primeras en impulsar. Jamás se había visto eso: 50 millones de personas salir de la pobreza e integrarse a las clases medias en tan poco tiempo. Por eso, como siempre lo ha dicho el Presidente Chávez, no hay que temerle a la democracia. Al contrario, la consulta democrática sólo puede consolidar unas políticas orientadas a darle al pueblo "la mayor suma de felicidad posible". Estos gobiernos latinoamericanos, mientras sigan fieles a los lineamientos del "socialismo democrático", tienen por delante muchos decenios de mantenimiento en el poder, con lo cual garantizan que no hay marcha atrás, que los tiempos de las oligarquías no volverán. Eso se terminó para siempre.

Por eso, no es ninguna sorpresa que el Presidente Chávez tenga tantos enemigos burgueses, y tan amplio apoyo popular, y haya ganado casi todas las contiendas electorales de los últimos catorce años. Hay que recordar que, antes de que Chávez fuera elegido por primera vez en diciembre de 1998, Venezuela había celebrado únicamente quince elecciones nacionales durante los cincuenta años anteriores. Es decir: ¡menos que las que se han hecho en estos 14 años! Un dato poco conocido y que los opositores al Presidente Chávez deberían meditar.

El modelo bolivariano en el que el Estado tiene un papel importante en cuanto a la dirección de la economía, en el que se orienta la economía hacia las necesidades sociales de la mayoría y en el que se recibe el respaldo democrático de estas políticas, da lecciones de cómo una democracia social puede refundarse.

Como un huracán, como un ciclón, como un tifón indomable, el verbo de Chávez y el ejemplo de las realizaciones de la revolución bolivariana han despertado toda América Latina. Y ha surgido aquí la más brillante generación de líderes excepcionales de la historia. La incapacidad de la clase política tradicional para canalizar la revuelta de los menos favorecidos abrió el camino a dirigentes nuevos, de origen sindical, militante social, militar o hasta guerrillero.

Esa afirmación molesta a veces a algunos movimientos altermundialistas o anticapitalistas o incluso marxistas, quienes se aferran a aquello de que "no hay ni Dios, ni rey, ni tribuno". Insisten en la 'dirección colectiva' y creen con devoción en la 'espontaneidad popular'. Sin embargo, el papel central del "líder carismático" salta a la vista. Porque cataliza en él las voluntades de millones de ciudadanos anónimos que participan en los "procesos de cambio". Cuba no habría resistido sesenta años a la agresión estadounidense sin Fidel Castro. Y, en Venezuela, está claro que la revolución bolivariana no sería lo que es sin el presidente Hugo Chávez.

Esto lo ha reconocido el propio Fidel Castro que declaró: "Hace mucho tiempo albergo la más profunda convicción de que, cuando la crisis llega, los líderes surgen. Así surgió Bolívar cuando la ocupación de España por Napoleón y la imposición de un rey extranjero crearon las condiciones propicias para la independencia de las colonias españolas en este hemisferio. Así surgió José Martí, cuando llegó la hora propicia para el estallido de la Revolución independentista en Cuba. Y así surgió Chávez, cuando la terrible situación social y humana en Venezuela y América Latina determinaba que el momento de luchar por la segunda y verdadera independencia había llegado".

Nunca, en ningún continente, en ninguna circunstancia, se vio surgir una generacion de líderes tan inauditos, tan populares, tan rompedores como esta que reúne nada menos que a Lula y Dilma en Brasil, a Evo Morales en Bolivia, a Rafael Correa en Ecuador, a Néstor Kirchner y Cristina Fernández en Argentina, a Tabaré Vázquez y Pepe Mújica en Uruguay... Y tantos otros...

Desde la histórica toma de posesión de Hugo Chávez aquel 2 de febrero de 1999, Venezuela abrió el camino y, a pesar de las campañas de terror mediático, más de una decena de Presidentes progresistas han sido elegidos por voto popular en base a programas que anuncian transformaciones sociales de gran amplitud, redistribución más justa de la riqueza e inclusión de los sectores sociales hasta entonces marginados o excluidos. Bajo el liderazgo de Hugo Chávez, Venezuela ha conocido enormes progresos en cuanto a desarrollo económico, desarrollo social, justicia social, empoderamiento popular y democracia. Y por eso ha recibido la admiración y el respeto de los progresistas de todo el mundo.

Cuando en el resto del mundo –y muy particularmente en Europa–, las izquierdas, alejadas de las clases populares y comprometidas con el modelo neoliberal causante de la crisis actual, parecen agotadas y desprovistas de ideas, en Suramérica, estimuladas por la poderosa energía de los movimientos sociales, los nuevos "socialismos del siglo XXI" desbordan de creatividad política y social.

Estamos asistiendo a un renacimiento, a una verdadera refundacion de ese continente y al segundo acto de su emancipación, iniciada hace dos siglos por Simón Bolívar y los Libertadores.

Aunque muchos europeos (hasta de izquierdas) lo sigan ignorando –a causa de la colosal muralla de mentiras que los grandes medios de comunicación dominantes han edificado para ocultarlo–, Suramérica se ha convertido en la región más progresista del planeta. Donde más cambios se están produciendo en favor de las clases populares y donde más reformas estructurales están siendo adoptadas para salir de la dependencia y del subdesarrollo.

Removida en sus cimientos por vientos de esperanza y de justicia, Suramérica ha dado un rumbo nuevo al gran sueño de integración de los pueblos, no sólo de los mercados. Además del Mercosur que agrupa a los 260 millones de habitantes de Brasil, Argentina, Paraguay, Uruguay y Venezuela, una realización muy innovadora para favorecer la integración es la Alianza Bolivariana para los Pueblos de nuestra América (ALBA). Sus miembros han conseguido una estabilidad que les ha permitido consagrarse a la lucha contra la pobreza, la miseria, la marginalidad, el analfabetismo, para asegurar a los ciudadanos educación, salud, vivienda y empleo digno. Han obtenido asimismo, gracias al proyecto Petrosur, una mayor cohesión energética y también un aumento significativo de su producción agrícola para avanzar hacia la soberanía alimentaria. Gracias a la creación del Banco del Sur y de una Zona Monetaria Común (ZMC), progresan igualmente hacia la creación de una moneda común, el sucre, como lo anunció el Presidente Chávez hace hoy 14 años, cuando nadie lo imaginaba.

Varios Gobiernos suramericanos, el 9 de marzo de 2009, dieron un paso más que parecía inconcebible: decidieron constituir el Consejo de Defensa Suramericano (CDS), un organismo de cooperación militar creado a través de la Unión de Naciones Suramericanas (Unasur), organización fundada en Brasilia en mayo de 2008. Y luego, en 2011, lo más espectacular: el nacimiento de la "Comunidad de Estados Latinoamericanos y Caribeños", la CELAC. Como dijo Chávez en su discurso inaugural del 2 de diciembre de 2011: "La unidad entre nuestros pueblos, entre nuestros Estados, nuestras Repúblicas, nuestros gobiernos es el único camino. Aceptando y respetando nuestras diferencias. Sin permitir que la cizaña venenosa vaya a impedir, una vez más, el esfuerzo unitario. La unidad hay que construirla, pero es necesario batallar todos los días contra mil dificultades... Porque ese es el camino que Bolívar nos señaló cuando dijo: 'Sólo la Unión nos falta para completar la obra de nuestra regeneración. El día que logremos esa unidad, entonces construiremos en este Nuevo Mundo, la madre de las Repúblicas y la reina de las Naciones'".

Aunque odiosas campañas de propaganda pretenden que en la Venezuela bolivariana los medios de comunicación están controlados por el Estado, la realidad –verificable por cualquier testigo de buena fe– es que tal afirmacion es falsa. Tan falsa como la falsa foto del Presidente Chávez que publicó el diario "El País" de Madrid la semana pasada en su portada.

La gran fuerza de Chávez es que su acción concierne ante todo lo social (salud, alimentación, educación, vivienda), que es lo que más interesa a los venezolanos humildes. Lo cual explica el inmenso apoyo popular del que goza Chávez.

He sido testigo, en diversas ocasiones, del increíble fervor que puede suscitar el Presidente. He tenido la oportunidad de acompañarle, dando saltos por toda Venezuela, a grandes mítines de masas y a pequeñas fiestas bolivarianas, a reuniones de cuadros y a desfiles de ejércitos, a conferencias de prensa y a encuentros con estudiantes, con campesinos, con mujeres, con indígenas, con obreros... Con el pueblo de Venezuela en toda su diversidad.

Una vez, por ejemplo, me invitó a asistir a una operación sorpresa a orillas del lago de Maracaibo. El motivo era la toma de control por el Estado de unas cuarenta empresas de marinería, especializadas en servicios a las plataformas petroleras instaladas en el lago, y que utilizaban unos terminales a lo largo de toda la costa donde operaban trescientas grandes lanchas. Planificada con minuciosidad casi militar, la operación necesitaba el factor sorpresa para evitar que los propietarios sabotearan el material y hundieran las lanchas. Ocho mil trabajadores con contratos provisionales eran explotados por esas empresas; recibían salarios míseros y debían pagar incluso la comida, los medicamentos y hasta las reparaciones de algunas máquinas...

Chávez les anunció que, a partir de ese momento, la revolución recuperaba los terminales y las lanchas; ponía fin a su situación de atropello y que todos ellos pasaban a ser "trabajadores fijos" de la plantilla de PDVSA... El asombro de los operarios, sorprendidos por la súbita nacionalización, se tornó en entusiasmo. Y cuando el Presidente añadió que los 500 millones de dólares de beneficios que realizaban esas empresas se quedarían allí, convertidos en escuelas, viviendas para los trabajadores, clínicas, proyectos ecológicos, etc., y que esos recursos serían administrados por los trabajadores mismos en el marco del poder comunal... la explosión de júbilo fue inenarrable.

"¡Llegó la revolución! ¡Viva Chávez!", gritaban. Algunos veteranos trabajadores, con el rostro marcado por largos años de esfuerzos, vertían lágrimas de emoción... Rodeado por un ruidoso enjambre de gente entusiasta, Chávez subió al remolcador Canaima. Se puso a hablar con el capitán, Simón, veinte años de experiencia surcando el lago. "Hasta el día de hoy, le dijo, esta lancha era de un capitalista; ahora es del pueblo, y la revolución te la confía".

Luego, a la sombra de una carpa roja, se dirigió a los cientos de operarios allí reunidos, algunos con sus esposas e hijos: "Mi alma, les confesó, es el alma del pueblo. Los que quieran patria, vengan conmigo. Cristo declaró: 'A Dios lo que es de Dios, al César lo que es del César', y yo os digo: '¡Al pueblo lo que es del pueblo!'. Paso a paso, vamos dándole vida a la transición al socialismo. Cada día el pueblo tendrá más poder. Cada día seremos más libres. Esto es un acto de independencia." Cuando terminó de hablar, los que le oían se pusieron a gritar: "¡Así! ¡Así! ¡Así es que se gobierna!".

Una mujer se distinguía por la energía de sus vivas a la revolución. El Presidente lo notó, la invitó a tomar la palabra, le preguntó cómo se llamaba, si tenía familia... Ella salió del público, joven, vestida con buen gusto, se identificó: "Nancy Williams, 29 años, tengo un solo hijo, estoy casada, pero si usted quiere me divorcio...".

En otra ocasión, en Vargas, en la inauguración de un hospital, una señora de edad pidió la palabra: "Me llamo Inocencia Pérez", dijo con emoción. "Lo bendigo y lo encomiendo a San Miguel Arcángel. El día que le dieron el golpe [11 de abril de 2002] fui desde aquí a Caracas a pie para defenderlo. Tanto andé que los pies me echaban sangre...".

Testimonios como éste, los hay a millones. Porque millones de personas humildes lo veneran como a un santo. Chávez repite con calma: "Me consumiré al servicio de los pobres". Una vez, la escritora Alba de Céspedes le preguntó a Fidel Castro cómo podía haber hecho tanto por su pueblo: educación, salud, reforma agraria, etc., y Fidel, simplemente, le contestó: "Con gran amor."

Chávez es igual: ha transformado y refundado Venezuela con dos herramientas principales: el socialismo democrático y su "gran amor".

Tomado de Le Monde Diplomatique

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¡Gloria al bravo Chávez!/Por Atilio A. Boron

Comandante Hugo Chávez Frías, in memoriam

Con profundo dolor comparto esta reflexión sobre el fallecimiento de Hugo Chávez Frías, un hombre que marcó un antes y un después en la historia de América Latina y el Caribe.

Cuesta muchísimo asimilar la dolorosa noticia del fallecimiento de Hugo Chávez Frías. No puede uno dejar de maldecir el infortunio que priva a Nuestra América de uno de los pocos “imprescindibles”, al decir de Bertolt Brecht, en la inconclusa lucha por nuestra segunda y definitiva independencia. La historia dará su veredicto sobre la tarea cumplida por Chávez, aunque no dudamos que será muy positivo. Más allá de cualquier discusión que legítimamente puede darse al interior del campo antiimperialista –no siempre lo suficientemente sabio como para distinguir con claridad amigos y enemigos- hay que partir reconociendo que el líder bolivariano dio vuelta una página en la historia venezolana y, ¿por qué no?, latinoamericana. Desde hoy se hablará de una Venezuela y Latinoamérica anterior y de otra posterior a Chávez, y no sería temerario conjeturar que los cambios que impulsó y protagonizó como muy pocos en nuestra historia llevan el sello de la irreversibilidad. Los resultados de las recientes elecciones venezolanas –reflejos de la maduración de la conciencia política de un pueblo- otorgan sustento a este pronóstico. Se puede desandar el camino de las nacionalizaciones y privatizar a las empresas públicas, pero es infinitamente más difícil lograr que un pueblo que adquirió conciencia de su libertad retroceda hasta instalarse nuevamente en la sumisión. En su dimensión continental, Chávez fue el protagonista principal de la derrota del más ambicioso proyecto del imperio para América Latina: el ALCA. Esto bastaría para instalarlo en la galería de los grandes patriotas de Nuestra América. Pero hizo mucho más.

Este líder popular, representante genuino de su pueblo con quien se comunicaba como nunca ningún gobernante antes lo había hecho, sentía ya de joven un visceral repudio por la oligarquía y el imperialismo. Ese sentimiento fue luego evolucionando hasta plasmarse en un proyecto racional: el socialismo bolivariano, o del siglo veintiuno. Fue Chávez quien, en medio de la noche neoliberal, reinstaló en el debate público latinoamericano -y en gran medida internacional- la actualidad del socialismo. Más que eso, la necesidad del socialismo como única alternativa real, no ilusoria, ante la inexorable descomposición del capitalismo, denunciando las falacias de las políticas que procuran solucionar su crisis integral y sistémica preservando los parámetros fundamentales de un orden económico-social históricamente desahuciado. Como recordábamos más arriba, fue también Chávez el mariscal de campo que permitió propinarle al imperialismo la histórica derrota del ALCA en Mar del Plata, en Noviembre del 2005. Si Fidel fue el estratega general de esta larga batalla, la concreción de esta victoria habría sido imposible sin el protagonismo del líder bolivariano, cuya elocuencia persuasiva precipitó la adhesión del anfitrión de la Cumbre de Presidentes de las Américas, Néstor Kirchner; de Luiz Inacio “Lula” da Silva; y de la mayoría de los jefes de estado allí presentes, al principio poco propensos –cuando no abiertamente opuestos- a desairar al emperador en sus propias barbas. ¿Quién si no Chávez podría haber volcado aquella situación? El certero instinto de los imperialistas explica la implacable campaña que Washington lanzara en su contra desde los inicios de su gestión. Cruzada que, ratificando una deplorable constante histórica, contó con la colaboración del infantilismo ultraizquierdista que desde dentro y fuera de Venezuela se colocó objetivamente al servicio del imperio y la reacción.

Por eso su muerte deja un hueco difícil, si no imposible, de llenar. A su excepcional estatura como líder de masas se le unía la clarividencia de quien, como muy pocos, supo descifrar y actuar inteligentemente en el complejo entramado geopolítico del imperio que pretende perpetuar la subordinación de América Latina. Supeditación que sólo podía combatirse afianzando –en línea con las ideas de Bolívar, San Martín, Artigas, Alfaro, Morazán, Martí y, más recientemente, el Che y Fidel- la unión de los pueblos de América Latina y el Caribe. Fuerza desatada de la naturaleza, Chávez “reformateó” la agenda de los gobiernos, partidos y movimientos sociales de la región con un interminable torrente de iniciativas y propuestas integracionistas: desde el ALBA hasta Telesur; desde Petrocaribe hasta el Banco del Sur; desde la UNASUR y el Consejo Sudamericano de Defensa hasta la CELAC. Iniciativas todas que comparten un indeleble código genético: su ferviente e inclaudicable antiimperialismo. Chávez ya no estará entre nosotros, irradiando esa desbordante cordialidad; ese filoso y fulminante sentido del humor que desarmaba los acartonamientos del protocolo; esa generosidad y altruismo que lo hacían tan querible. Martiano hasta la médula, sabía que tal como lo dijera el Apóstol cubano, para ser libres había que ser cultos. Por eso su curiosidad intelectual no tenía límites. En una época en la que casi ningún jefe de estado lee nada -¿qué leían sus detractores Bush, Aznar, Berlusconi, Menem, Fox, Fujimori?- Chávez era el lector que todo autor querría para sus libros. Leía a todas horas, a pesar de las pesadas obligaciones que le imponían sus responsabilidades de gobierno. Y leía con pasión, pertrechado con sus lápices, bolígrafos y resaltadores de diversos colores con los que marcaba y anotaba los pasajes más interesantes, las citas más llamativas, los argumentos más profundos del libro que estaba leyendo. Este hombre extraordinario, que me honró con su entrañable amistad, ha partido para siempre. Pero nos dejó un legado inmenso, imborrable, y los pueblos de Nuestra América inspirados por su ejemplo seguirán transitando por la senda que conduce hacia nuestra segunda y definitiva independencia. Ocurrirá con él lo que con el Che: su muerte, lejos de borrarlo de la escena política agigantará su presencia y su gravitación en las luchas de nuestros pueblos. Por una de esas paradojas que la historia reserva sólo para los grandes, su muerte lo convierte en un personaje inmortal. Parafraseando al himno nacional venezolano: ¡Gloria al bravo Chávez! ¡Hasta la victoria, siempre, Comandante!

Tomado de Cubadebate

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Hugo Chávez, el niño pobre de Sabaneta/Por Luis Hernández Navarro

Hugo Chávez fue un personaje de carne y hueso sacado de la más fantasiosa novela de Gabriel García Márquez. Niño pobre de Sabaneta (capital del estado de Barinas) que juró no traicionar su infancia de escasez y precariedad, aprendió desde muy pronto a sembrar y vender golosinas. Hijo de maestros de primaria que creció con su abuela Rosa Inés y otros dos de sus hermanos, vivió en una casa de palma, con pared y piso de tierra, que se inundaba con la lluvia. Menor que soñaba con ser pintor y que traía en el alma la fantasía de jugar beisbol en las Grandes Ligas, se nutrió toda su vida de sus orígenes humildes.

De la mano de su abuela, a la que llamaba Mamá Rosa, aprendió a leer y escribir antes de entrar a primer grado. Al lado de ella supo de las injusticias de este mundo y conoció la estrechez económica y el dolor, pero también la solidaridad. De los labios de ella, extraordinaria narradora, recibió sus primeras lecciones de historia patria, mezclada con leyendas familiares.

El niño Hugo Chávez viajó por el mundo a través de las ilustraciones y las historias que leyó en cuatro tomos grandes y gruesos de la Enciclopedia Autodidacta Quillet, obsequio de su padre. En sexto grado fue escogido para dar un discurso al obispo González Ramírez, el primero en llegar a su pueblo. Desde entonces le encontró el gusto a hablar en público y a los demás el interés por escucharlo.

Su ídolo fue Isaías Látigo Chávez, pítcher en las Grandes Ligas. Nunca lo vio, pero lo imaginaba al escuchar los partidos en la radio. El día que su héroe murió en un accidente de aviación, al joven Hugo, de 14 años de edad, se le vino el mundo encima.

Para ser como el Látigo, el muchacho de monte entró al ejército. Gracias a sus cualidades de pelotero se le abrieron las puertas de la Academia Militar en 1971. Cuatro años después se graduó como subteniente y licenciado en ciencias y artes militares, con un diploma en contrainsurgencia, con una brújula que marcaba como su norte el rumbo del camino revolucionario.

Su toma de conciencia fue un proceso largo y complejo, en el que se combinaron lecturas, conocimiento de personajes claves y acontecimientos políticos en América Latina. En uno más de los episodios de realismo mágico que marcaron su vida, en 1975, en un operativo el subteniente Chávez encontró en la Marqueseña, Barinas, un Mercedes Benz negro escondido en el monte. Al abrir el maletero con un destornillador se topó con un arsenal subversivo compuesto por libros de Carlos Marx y Valdimir Ilich Lenin, que comenzó a leer.

En la forja de sus actitudes políticas influyó, decisivamente, su hermano mayor Adán, militante del Movimiento de Izquierda Revolucionaria (MIR). También su participación en un experimento educativo de las fuerzas armadas llamado Plan Andrés Bello, preocupado por brindar a los militares una formación humanista. De la misma manera, fue clave en su formación política el descubrimiento de Simón Bolívar y la voracidad intelectual de Chávez, que lo condujo a leer cuanto documento encontró sobre la biografía y el pensamiento del prócer. Más adelante sería definitiva en él la influencia de Fidel Castro, a quien trató como si fuera su padre.

El derrocamiento de Salvador Allende en 1973 le provocó un gran desprecio hacia los militares de la cuña de Augusto Pinochet, tan extendidos en América Latina. Por el contrario, el conocimiento de la obra del panameño Omar Torrijos y del peruano Juan Velasco Alvarado le mostró la existencia de otro tipo de fuerzas armadas de vocación nacionalista y popular, tan diferentes de los gorilas formadas en la Escuela de las Américas.

Rebelde ante el atropello, descubrió en servicio los abusos y la corrupción de sus mandos, y como pudo los enfrentó. “Yo vine a Palacio por primera vez –contaba Chávez– a buscar una caja de whisky para la fiesta de un oficial”. Para removerlos, en el aniversario de la muerte de Simón Bolívar en 1982, un pequeño grupo de oficiales del cuerpo castrense, entre los que se encontraba Chávez, hizo el juramento de Samán de Güere, en el que fundaron el Movimiento Bolivariano Revolucionario 200 (MBR200).

Casi siete años más tarde se produjo un levantamiento espontáneo de los barrios pobres de Caracas en contra de las medidas de austeridad del gobierno de Carlos Andrés Pérez. El caracazo fue sofocado a sangre y fuego. La rebelión popular dio un gran impulso al movimiento de los militares bolivarianos.

En 1992, Chávez y sus compañeros se levantaron en armas. La asonada fracasó y Chávez fue a prisión. Frente a los medios de comunicación asumió la responsabilidad. Su popularidad y ascendencia política a partir de entonces fueron en ascenso. Al salir libre su presencia política creció aceleradamente ante el colapso del sistema político tradicional. En las elecciones presidenciales de 1998 triunfó con votación de 56 por ciento. A partir de ese momento nadie lo pudo parar. Una y otra vez ganó casi todos los comicios y referendos en los que participó, al tiempo que sobrevivió milagrosamente a un golpe de Estado y un paro petrolero.

A lo largo de los casi 15 años que condujo el Estado venezolano, el teniente coronel refundó su país, lo descolonizó, hizo visibles a los invisibles, redistribuyó la renta petrolera, abatió el analfabetismo y la pobreza, elevó increíblemente los índices de sanidad, incrementó el salario mínimo e hizo crecer la economía. Al mismo tiempo, y en la pista internacional, fortaleció el polo de los países petroleros por sobre las grandes compañías privadas, descarriló el proyecto de un área de libre comercio para las Américas impulsado desde Washington, creó un proyecto alternativo de integración continental y sentó las bases para un socialismo acorde al nuevo siglo.

Hugo Chávez fue un formidable comunicador, un incansable contador de historias, un educador popular. Sus relatos, herencia de los cuentos que Mamá Rosa le obsequiaba en su infancia, mezclaban historia patria, lecturas teóricas, anécdotas personales, con frecuencia en tiempo presente. En todas ellas el sentido del humor estaba presente. “Si tu mujer te pide que te eches por la ventana –jugaba jocoso– es hora de que te mudes a la planta baja...”

Sus narraciones seguían el modelo clásico de las sonatas musicales, en el que dos temas contrastantes se desarrollan en tonalidades vecinas. En sus discursos echaba mano por igual de la poesía y el canto. “Yo canto muy mal –se justificaba–, pero, como dijo aquel llanero, Chávez canta mal, pero canta bonito”, para, a continuación, interpretar una canción ranchera o una balada.

Antimperialista, antineoliberal, comenzó a hacer el milagro de construir los cimientos de la utopía en un país que imaginariamente estaba más cerca de Miami que de La Habana. Llanero de pura cepa, fabulador incansable, Chávez soñó revivir el ideal socialista cuando muy pocos querían hablar de él. Y lo hizo, para no traicionar nunca su infancia de niño pobre de Sabaneta.

Tomado de Red Voltaire

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EVA GOLINGER/Chávez

La primera vez que conocí a Hugo Chávez fue en las Naciones Unidas en Nueva York, en enero de 2003 / Salió un hombre más grande que la vida con un inmenso corazón lleno de pueblo, latiendo patria. Salió un ser humano con una enorme capacidad de persistir y mantenerse de pie frente a los más poderosos obstáculos.
La primera vez que conocí a Hugo Chávez fue en las Naciones Unidas en Nueva York, en enero de 2003. Me preguntó mi nombre, como si estuviéramos charlando entre amigos apenas conociéndose. Cuando le dije “Eva”, me respondió, “Eva, ¿sí?”. “Sí, Eva”, le dije. “¿Sabes que mi hermano se llama Adán?”, me dijo, y continuó: “Mi mamá quería que yo fuera hembra para ponerme Eva ¡y mira que salí yo!”. Se rió con esa risa suya, tan sincera y pura que siempre contagia a todos los que la escuchan.

Salió él. Chávez, hasta a sí mismo se subestimaba.

Salió un hombre más grande que la vida con un inmenso corazón lleno de pueblo, latiendo patria. Salió un ser humano con una enorme capacidad de persistir y mantenerse de pie frente a los más poderosos obstáculos.

Hugo Chávez soñó lo imposible y lo logró. Asumió la responsabilidad de las grandes y difíciles tareas que quedaban pendientes desde la época de la independencia, lo que Simón Bolívar no podía lograr por las fuerzas adversas en su contra. Chávez lo cumplió y lo hizo realidad. La Revolución Bolivariana, la recuperación de la dignidad venezolana, la justicia social, la visibilidad y el poder del pueblo, la integración latinoamericana, la soberanía nacional y regional, la verdadera independencia, la realización del sueño de la Patria Grande y mucho, mucho más. Todos estos son logros de Chávez, aquel hombre que salió así.

"Salió un hombre más grande que la vida con un inmenso corazón lleno de pueblo, latiendo patria. Salió un ser humano con una enorme capacidad de persistir y mantenerse de pie frente a los más poderosos obstáculos".
Hay millones de personas alrededor del mundo que ven en Hugo Chávez una extraordinaria inspiración. Chávez alza la voz sin temblar ante los más poderosos, dice las verdades –lo que otros temen decir- no se arrodilla nunca ante nadie, anda con firme dignidad, la cabeza en alto, siempre con el pueblo por delante y la visión y sueño de la patria próspera, justa y feliz. Chávez nos ha regalado a todos una fortaleza colectiva para combatir las desigualdades, las injusticias, para construir patria y para creer que un mundo mejor no es sólo un sueño, es una realidad alcanzable.

Chávez, un hombre que podría andar con los más ricos y poderosos del mundo, prefiere estar con los más necesitados, sintiendo sus dolores, abrazándolos y buscando como puede mejorar sus vidas.

Recuerdo un cuento que Chávez contó una vez, o varias veces, como suele hacer. Andaba en su caravana, por allí por los llanos en esos caminos largos y planos que parecen seguir hasta el infinito. De repente apareció un perro en la orilla de la vía, caminando cojo con una pata herida. Chávez dio órdenes para parar su caravana y salió a recoger el perro. Lo abrazó y dijo que lo tenían que llevar a un veterinario. “¿Cómo podemos dejarlo aquí, solito y herido?”, preguntó. “Es un ser, es una vida, hay que cuidarlo”, dijo, demostrando su sensibilidad. “¿Cómo podemos llamarnos socialistas sin importar la vida de los demás? Hay que amar, hay que cuidar a todos, incluyendo a los animales, que son unos inocentes”, recordó.

Cuando echó ese cuento me hizo llorar. Lloré porque amo a los animales y son tan maltratados por tantos, hacía tanta falta que alguien como él, Chávez, dijera algo así para despertar conciencias sobre la necesidad de cuidar a los que cohabitan con nosotros en este planeta. Pero también lloré porque allí Chávez confirmó lo que yo ya sabía, lo que yo sentía, pero que a veces uno duda de sí mismo. Allí Chávez confirmó que en el fondo, es un ser sencillo, sensible y amoroso. Un ser al que le duele el corazón cuando ve un perrito herido. Un ser que no solamente siente, sino actúa. Así salió él.

Cuando Chávez llegó a la presidencia de Venezuela el país andaba cojo. Él había visto sus heridos y sabía que tenía que hacer todo lo que podía para ayudarla. Llevó a Venezuela entre sus brazos, apretadita, buscando como mejorarla. Entregó todo de él –su sudor, alma, fuerza, energía, inteligencia y amor– para convertirla en dignidad, desarrollo, soberanía, patria. La atendió día y noche, nunca dejándola sola. Encontró su belleza, su fortaleza, su potencial y su grandeza. La ayudó a crecer, fuerte, hermosa, visible y feliz. Impulsó su renacimiento y llenó su pulso de fuerza y pasión, de poder popular y pueblo digno.

Chávez ha entregado todo de él sin pedir nada a cambio. Hoy, Venezuela crece y florece, gracias a su entrega, gracias a su dedicación, gracias a su amor.

Menos mal que salió así, Chávez.

Tomado de SiBCI (Sistema Bolivariano de Comunicación e Información)

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Extraño "dictador" este Hugo Chávez/Por Eduardo Galeano

Extraño dictador este Hugo Chávez. Masoquista y suicida: creó una Constitución que permite que el pueblo lo eche, y se arriesgó a que eso ocurriera en un referéndum revocatorio que Venezuela ha realizado por primera vez en la historia universal. No hubo castigo. Y esta resultó ser la octava elección que Chávez ha ganado en cinco años, con una transparencia que ya hubiera querido Bush para un día de fiesta. Obediente a su propia Constitución, Chávez aceptó el referéndum, promovido por la oposición, y puso su cargo a disposición de la gente: “Decidan ustedes”.

Hasta ahora, los presidentes interrumpían su gestión solamente por defunción, cuartelazo, pueblada o decisión parlamentaria. El referéndum ha inaugurado una forma inédita de democracia directa. Un acontecimiento extraordinario: ¿Cuántos presidentes, de cualquier país del mundo, se animarían a hacerlo?. Y ¿cuántos seguirían siendo presidentes después de hacerlo?.

Este tirano inventado por los grandes medios de comunicación, este temible demonio, acaba de dar una tremenda inyección de vitaminas a la democracia, que en América Latina, y no sólo en América Latina, anda enclenque y precisada de energía.

Un mes antes, Carlos Andrés Pérez, angelito de Dios, demócrata adorado por los grandes medios de comunicación, anunció un golpe de Estado a los cuatro vientos. Lisa y llanamente afirmó que “la vía violenta” era la única posible en Venezuela, y despreció el referéndum “porque no forma parte de la idiosincrasia latinoamericana”. La idiosincrasia latinoamericana, o sea, nuestra preciosa herencia: el pueblo sordomudo.

Hasta hace pocos años, los venezolanos se iban a la playa cuando había elecciones. El voto no era, ni es, obligatorio. Pero el país ha pasado de la apatía total al total entusiasmo. El torrente de electores, colas enormes esperando al sol, a pie firme, durante horas y horas, desbordó todas las estructuras previstas para la votación. El aluvión democrático hizo también dificultosa la aplicación de la prevista tecnología último modelo para evitar los fraudes, en este país donde los muertos tienen la mala costumbre de votar y donde algunos vivos votan varias veces en cada elección, quizá por culpa del mal de Parkinson.

“¡Aquí no hay libertad de expresión!”, claman con absoluta libertad de expresión las pantallas de televisión, las ondas de las radios y las páginas de los diarios. Chávez no ha cerrado ni una sola de las bocas que cotidianamente escupen insultos y mentiras. Impunemente ocurre la guerra química destinada a envenenar a la opinión pública. El único canal de televisión clausurado en Venezuela, el canal 8, no fue víctima de Chávez sino de quienes usurparon su presidencia, por un par de días, en el fugaz golpe de Estado de abril del año 2002. Y cuando Chávez volvió de la prisión, y recuperó la presidencia en andas de una inmensa multitud, los grandes medios venezolanos no se enteraron de la novedad.

La televisión privada estuvo todo el día pasando películas de Tom y Jerry. Esa televisión ejemplar mereció el premio que el rey de España otorga al mejor periodismo. El rey recompensó una filmación de esos días turbulentos de abril. La filmación era una estafa. Mostraba a los salvajes chavistas disparando contra una inocente manifestación de opositores desarmados. La manifestación no existía, según se ha demostrado con pruebas irrefutables, pero se ve que este detalle no tenía importancia, porque el premio no fue retirado.

Hasta ayercito nomás, en la Venezuela saudí, paraíso petrolero, el censo reconocía oficialmente un millón y medio de analfabetos, y había cinco millones de venezolanos indocumentados y sin derechos cívicos. Esos y otros muchos invisibles no están dispuestos a regresar a Nadalandia, que es el país donde habitan los nadies. Ellos han conquistado su país, que tan ajeno era: este referéndum ha probado, una vez más, que allí se quedan.

Tomado de Página 12

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El enigma de los dos Chávez/Por Gabriel García Márquez (PREMIO NÓBEL DE LITERATURA)

Carlos Andrés Pérez descendió al atardecer del avión que lo llevó de Davos, Suiza, y se sorprendió de ver en la plataforma al general Fernando Ochoa Antich, su ministro de Defensa. "¿Qué pasa?", le preguntó intrigado. El ministro lo tranquilizó, con razones tan confiables, que el Presidente no fue al Palacio de Miraflores sino a la residencia presidencial de La Casona. Empezaba a dormirse cuando el mismo ministro de Defensa lo despertó por teléfono para informarle de un levantamientio militar en Maracay. Había entrado apenas en Miraflores cuando estallaron las primeras cargas de artillería.

Era el 4 de febrero de 1992. El coronel Hugo Chávez Frías, con su culto sacramental de las fechas históricas, comandaba el asalto desde su puesto de mando improvisado en el Museo Histórico de La Planicie. El Presidente comprendió entonces que su único recurso estaba en el apoyo popular, y se fue a los estudios de Venevisión para hablarle al país. Doce horas después el golpe militar estaba fracasado. Chávez se rindió, con la condición de que también a él le permitieran dirigirse al pueblo por la televisión. El joven coronel criollo, con la boina de paracaidista y su admirable facilidad de palabra, asumió la responsabilidad del movimiento. Pero su alocución fue un triunfo político. Cumplió dos años de cárcel hasta que fue amnistiado por el presidente Rafael Caldera. Sin embargo, muchos partidarios como no pocos enemigos han creído que el discurso de la derrota fue el primero de la campaña electoral que lo llevó a la presidencia de la República menos de nueve años después.

El presidente Hugo Chávez Frías me contaba esta historia en el avión de la Fuerza Aérea Venezolana que nos llevaba de La Habana a Caracas, hace dos semanas, a menos de quince días de su posesión como presidente constitucional de Venezuela por elección popular. Nos habíamos conocido tres días antes en La Habana, durante su reunión con los presidentes Castro y Pastrana, y lo primero que me impresionó fue el poder de su cuerpo de cemento armado. Tenía la cordialidad inmediata, y la gracia criolla de un venezolano puro. Ambos tratamos de vernos otra vez, pero no nos fue posible por culpa de ambos, así que nos fuimos juntos a Caracas para conversar de su vida y milagros en el avión.

Fue una buena experiencia de reportero en reposo. A medida que me contaba su vida iba yo descubriendo una personalidad que no correspondía para nada con la imagen de déspota que teníamos formada a través de los medios. Era otro Chávez. ¿Cuál de los dos era el real?

El argumento duro en su contra durante la campaña había sido su pasado reciente de conspirador y golpista. Pero la historia de Venezuela ha digerido a más de cuatro. Empezando por Rómulo Betancourt, recordado con razón o sin ella como el padre de la democracia venezolana, que derribó a Isaías Medina Angarita, un antiguo militar demócrata que trataba de purgar a su país de los treintiséis años de Juan Vicente Gómez. A su sucesor, el novelista Rómulo Gallegos, lo derribó el general Marcos Pérez Jiménez, que se quedaría casi once años con todo el poder. Éste, a su vez, fue derribado por toda una generación de jóvenes demócratas que inauguró el período más largo de presidentes elegidos.

El golpe de febrero parece ser lo único que le ha salido mal al coronel Hugo Chávez Frías. Sin embargo, él lo ha visto por el lado positivo como un revés providencial. Es su manera de entender la buena suerte, o la inteligencia, o la intuición, o la astucia, o cualquiera cosa que sea el soplo mágico que ha regido sus actos desde que vino al mundo en Sabaneta, estado Barinas, el 28 de julio de 1954, bajo el signo del poder: Leo. Chávez, católico convencido, atribuye sus hados benéficos al escapulario de más de cien años que lleva desde niño, heredado de un bisabuelo materno, el coronel Pedro Pérez Delgado, que es uno de sus héroes tutelares.

Sus padres sobrevivían a duras penas con sueldos de maestros primarios, y él tuvo que ayudarlos desde los nueve años vendiendo dulces y frutas en una carretilla. A veces iba en burro a visitar a su abuela materna en Los Rastrojos, un pueblo vecino que les parecía una ciudad porque tenía una plantita eléctrica con dos horas de luz a prima noche, y una partera que lo recibió a él y a sus cuatro hermanos. Su madre quería que fuera cura, pero sólo llegó a monaguillo y tocaba las campanas con tanta gracia que todo el mundo lo reconocía por su repique. "Ese que toca es Hugo", decían. Entre los libros de su madre encontró una enciclopedia providencial, cuyo primer capítulo lo sedujo de inmediato: Cómo triunfar en la vida.

Era en realidad un recetario de opciones, y él las intentó casi todas. Como pintor asombrado ante las láminas de Miguel Angel y David, se ganó el primer premio a los doce años en una exposición regional. Como músico se hizo indispensable en cumpleaños y serenatas con su maestría del cuatro y su buena voz. Como beisbolista llegó a ser un catcher de primera. La opción militar no estaba en la lista, ni a él se le habría ocurrido por su cuenta, hasta que le contaron que el mejor modo de llegar a las grandes ligas era ingresar en la academia militar de Barinas. Debió ser otro milagro del escapulario, porque aquel día empezaba el plan Andrés Bello, que permitía a los bachilleres de las escuelas militares ascender hasta el más alto nivel académico.

Estudiaba ciencias políticas, historia y marxismo al leninismo. Se apasionó por el estudio de la vida y la obra de Bolívar, su Leo mayor, cuyas proclamas aprendió de memoria. Pero su primer conflicto consciente con la política real fue la muerte de Allende en septiembre de 1973. Chávez no entendía. ¿Y por qué si los chilenos eligieron a Allende, ahora los militares chilenos van a darle un golpe? Poco después, el capitán de su compañía le asignó la tarea de vigilar a un hijo de José Vicente Rangel, a quien se creía comunista. "Fíjate las vueltas que da la vida", me dice Chávez con una explosión de risa. "Ahora su papá es mi canciller". Más irónico aún es que cuando se graduó recibió el sable de manos del presidente que veinte años después trataría de tumbar: Carlos Andrés Pérez.

"Además", le dije, "usted estuvo a punto de matarlo". "De ninguna manera", protestó Chávez. "La idea era instalar una asamblea constituyente y volver a los cuarteles". Desde el primer momento me había dado cuenta de que era un narrador natural. Un producto íntegro de la cultura popular venezolana, que es creativa y alborazada. Tiene un gran sentido del manejo del tiempo y una memoria con algo de sobrenatural, que le permite recitar de memoria poemas de Neruda o Whitman, y páginas enteras de Rómulo Gallegos.

Desde muy joven, por casualidad, descubrió que su bisabuelo no era un asesino de siete leguas, como decía su madre, sino un guerrero legendario de los tiempos de Juan Vicente Gómez. Fue tal el entusiasmo de Chávez, que decidió escribir un libro para purificar su memoria. Escudriñó archivos históricos y bibliotecas militares, y recorrió la región de pueblo en pueblo con un morral de historiador para reconstruir los itinerarios del bisabuelo por los testimonios de sus sobrevivientes. Desde entonces lo incorporó al altar de sus héroes y empezó a llevar el escapulario protector que había sido suyo.

Uno de aquellos días atravesó la frontera sin darse cuenta por el puente de Arauca, y el capitán colombiano que le registró el morral encontró motivos materiales para acusarlo de espía: llevaba una cámara fotográfica, una grabadora, papeles secretos, fotos de la región, un mapa militar con gráficos y dos pistolas de reglamento. Los documentos de identidad, como corresponde a un espía, podían ser falsos. La discusión se prolongó por varias horas en una oficina donde el único cuadro era un retrato de Bolívar a caballo. "Yo estaba ya casi rendido, -me dijo Chávez-, pues mientras más le explicaba menos me entendía". Hasta que se le ocurrió la frase salvadora: "Mire mi capitán lo que es la vida: hace apenas un siglo éramos un mismo ejército, y ése que nos está mirando desde el cuadro era el jefe de nosotros dos. ¿Cómo puedo ser un espía?". El capitán, conmovido, empezó a hablar maravillas de la Gran Colombia, y los dos terminaron esa noche bebiendo cerveza de ambos países en una cantina de Arauca. A la mañana siguiente, con un dolor de cabeza compartido, el capitán le devolvió a Chávez sus enseres de historiador y lo despidió con un abrazo en la mitad del puente internacional.

"De esa época me vino la idea concreta de que algo andaba mal en Venezuela", dice Chávez. Lo habían designado en Oriente como comandante de un pelotón de trece soldados y un equipo de comunicaciones para liquidar los últimos reductos guerrilleros. Una noche de grandes lluvias le pidió refugio en el campamento un coronel de inteligencia con una patrulla de soldados y unos supuestos guerrilleros acabados de capturar, verdosos y en los puros huesos. Como a las diez de la noche, cuando Chávez empezaba a dormirse, oyó en el cuarto contiguo unos gritos desgarradores. "Era que los soldados estaban golpeando a los presos con bates de béisbol envueltos en trapos para que no les quedaran marcas", contó Chávez. Indignado, le exigió al coronel que le entregara los presos o se fuera de allí, pues no podía aceptar que torturara a nadie en su comando. "Al día siguiente me amenazaron con un juicio militar por desobediencia, -contó Chávez- pero sólo me mantuvieron por un tiempo en observación".

Pocos días después tuvo otra experiencia que rebasó las anteriores. Estaba comprando carne para su tropa cuando un helicóptero militar aterrizó en el patio del cuartel con un cargamento de soldados mal heridos en una emboscada guerrillera. Chávez cargó en brazos a un soldado que tenía varios balazos en el cuerpo. "No me deje morir, mi teniente"... le dijo aterrorizado. Apenas alcanzó a meterlo dentro de un carro. Otros siete murieron. Esa noche, desvelado en la hamaca, Chávez se preguntaba: "¿Para qué estoy yo aquí? Por un lado campesinos vestidos de militares torturaban a campesinos guerrilleros, y por el otro lado campesinos guerrilleros mataban a campesinos vestidos de verde. A estas alturas, cuando la guerra había terminado, ya no tenía sentido disparar un tiro contra nadie". Y concluyó en el avión que nos llevaba a Caracas: "Ahí caí en mi primer conflicto existencial".

Al día siguiente despertó convencido de que su destino era fundar un movimiento. Y lo hizo a los veintitrés años, con un nombre evidente: Ejército bolivariano del pueblo de Venezuela. Sus miembros fundadores: cinco soldados y él, con su grado de subteniente. "¿Con qué finalidad?" le pregunté. Muy sencillo, dijo él: "con la finalidad de prepararnos por si pasa algo". Un año después, ya como oficial paracaidista en un batallón blindado de Maracay, empezó a conspirar en grande. Pero me aclaró que usaba la palabra conspiración sólo en su sentido figurado de convocar voluntades para una tarea común.

Esa era la situación el 17 de diciembre de 1982 cuando ocurrió un episodio inesperado que Chávez considera decisivo en su vida. Era ya capitán en el segundo regimiento de paracaidistas, y ayudante de oficial de inteligencia. Cuando menos lo esperaba, el comandante del regimiento, Ángel Manrique, lo comisionó para pronunciar un discurso ante mil doscientos hombres entre oficiales y tropa.

A la una de la tarde, reunido ya el batallón en el patio de fútbol, el maestro de ceremonias lo anunció. "¿Y el discurso?", le preguntó el comandante del regimiento al verlo subir a la tribuna sin papel. "Yo no tengo discurso escrito", le dijo Chávez. Y empezó a improvisar. Fue un discurso breve, inspirado en Bolívar y Martí, pero con una cosecha personal sobre la situación de presión e injusticia de América Latina transcurridos doscientos años de su independencia. Los oficiales, los suyos y los que no lo eran, lo oyeron impasibles. Entre ellos los capitanes Felipe Acosta Carle y Jesús Urdaneta Hernández, simpatizantes de su movimiento. El comandante de la guarnición, muy disgustado, lo recibió con un reproche para ser oído por todos:

"Chávez, usted parece un político". "Entendido", le replicó Chávez.

Felipe Acosta, que medía dos metros y no habían logrado someterlo diez contendores, se paró de frente al comandante, y le dijo: "Usted está equivocado, mi comandante. Chávez no es ningún político. Es un capitán de los de ahora, y cuando ustedes oyen lo que él dijo en su discurso se mean en los pantalones".

Entonces el coronel Manrique puso firmes a la tropa, y dijo: "Quiero que sepan que lo dicho por el capitán Chávez estaba autorizado por mí. Yo le di la orden de que dijera ese discurso, y todo lo que dijo, aunque no lo trajo escrito, me lo había contado ayer". Hizo una pausa efectista, y concluyó con una orden terminante: "¡Que eso no salga de aquí!".

Al final del acto, Chávez se fue a trotar con los capitanes Felipe Acosta y Jesús Urdaneta hacia el Samán del Guere, a diez kilómetros de distancia, y allí repitieron el juramento solemne de Simón Bolívar en el monte Aventino. "Al final, claro, le hice un cambio", me dijo Chávez. En lugar de "cuando hayamos roto las cadenas que nos oprimen por voluntad del poder español", dijeron: "Hasta que no rompamos las cadenas que nos oprimen y oprimen al pueblo por voluntad de los poderosos".

Desde entonces, todos los oficiales que se incorporaban al movimiento secreto tenían que hacer ese juramento. La última vez fue durante la campaña electoral ante cien mil personas. Durante años hicieron congresos clandestinos cada vez más numerosos, con representantes militares de todo el país. "Durante dos días hacíamos reuniones en lugares escondidos, estudiando la situación del país, haciendo análisis, contactos con grupos civiles, amigos. "En diez años -me dijo Chávez- llegamos a hacer cinco congresos sin ser descubiertos".

A estas alturas del diálogo, el Presidente rió con malicia, y reveló con una sonrisa de malicia: "Bueno, siempre hemos dicho que los primeros éramos tres. Pero ya podemos decir que en realidad había un cuarto hombre, cuya identidad ocultamos siempre para protegerlo, pues no fue descubierto el 4 de febrero y quedó activo en el Ejército y alcanzó el grado de coronel. Pero estamos en 1999 y ya podemos revelar que ese cuarto hombre está aquí con nosotros en este avión". Señaló con el índice al cuarto hombre en un sillón apartado, y dijo: "¡El coronel Badull!".

De acuerdo con la idea que el comandante Chávez tiene de su vida, el acontecimiento culminante fue El Caracazo, la sublevación popular que devastó a Caracas. Solía repetir: "Napoleón dijo que una batalla se decide en un segundo de inspiración del estratega". A partir de ese pensamiento, Chávez desarrolló tres conceptos: uno, la hora histórica. El otro, el minuto estratégico. Y por fin, el segundo táctico. "Estábamos inquietos porque no queríamos irnos del Ejército", decía Chávez. "Habíamos formado un movimiento, pero no teníamos claro para qué". Sin embargo, el drama tremendo fue que lo que iba a ocurrir ocurrió y no estaban preparados. "Es decir -concluyó Chávez- que nos sorprendió el minuto estratégico".

Se refería, desde luego, a la asonada popular del 27 de febrero de 1989: El Caracazo. Uno de los más sorprendidos fue él mismo. Carlos Andrés Pérez acababa de asumir la presidencia con una votación caudalosa y era inconcebible que en veinte días sucediera algo tan grave. "Yo iba a la universidad a un postgrado, la noche del 27, y entro en el fuerte Tiuna en busca de un amigo que me echara un poco de gasolina para llegar a la casa", me contó Chávez minutos antes de aterrizar en Caracas. "Entonces veo que están sacando las tropas, y le pregunto a un coronel: ¿Para dónde van todos esos soldados? Porque los que sacaban de Logística no están entrenados para el combate, ni menos para el combate en localidades. Eran reclutas asustados por el mismo fusil que llevaban. Así que le pregunto al coronel: ¿Para dónde va ese pocotón de gente? Y el coronel me dice: A la calle, a la calle. La orden que dieron fue esa: hay que parar la vaina como sea, y aquí vamos. Dios mío, ¿pero qué orden les dieron? Bueno Chávez, me contesta el coronel: la orden es que hay que parar esta vaina como sea. Y yo le digo: Pero mi coronel, usted se imagina lo que puede pasar. Y él me dice: Bueno, Chávez, es una orden y ya no hay nada qué hacer. Que sea lo que Dios quiera".

Chávez dice que también él iba con mucha fiebre por un ataque de rubéola, y cuando encendió su carro vio un soldadito que venía corriendo con el casco caído, el fusil guindando y la munición desparramada. "Y entonces me paro y lo llamo", dijo Chávez. "Y él se monta, todo nervioso, sudado, un muchachito de 18 años. Y yo le pregunto: Ajá, ¿y para dónde vas tú corriendo así? No, dijo él, es que me dejó el pelotón, y allí va mi teniente en el camión. Lléveme, mi mayor, lléveme. Y yo alcanzo el camión y le pregunto al que los lleva: ¿Para dónde van? Y él me dice: Yo no sé nada. Quién va a saber, imagínese". Chávez toma aire y casi grita ahogándose en la angustia de aquella noche terrible: "Tú sabes, a los soldados tú los mandas para la calle, asustados, con un fusil, y quinientos cartuchos, y se los gastan todos. Barrían las calles a bala, barrían los cerros, los barrios populares. ¡Fue un desastre! Así fue: miles, y entre ellos Felipe Acosta". "Y el instinto me dice que lo mandaron a matar", dice Chávez. "Fue el minuto que esperábamos para actuar". Dicho y hecho: desde aquel momento empezó a fraguarse el golpe que fracasó tres años después.

El avión aterrizó en Caracas a las tres de la mañana. Vi por la ventanilla la ciénaga de luces de aquella ciudad inolvidable donde viví tres años cruciales de Venezuela que lo fueron también para mi vida. El presidente se despidió con su abrazo caribe y una invitación implícita: "Nos vemos aquí el 2 de febrero". Mientras se alejaba entre sus escoltas de militares condecorados y amigos de la primera hora, me estremeció la inspiración de que había viajado y conversado a gusto con dos hombres opuestos. Uno a quien la suerte empedernida le ofrecía la oportunidad de salvar a su país. Y el otro, un ilusionista, que podía pasar a la historia como un déspota más.

Gabriel García Márquez

Tomado de Red Voltaire.

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Discurso del Presidente Hugo Chávez Frías en la Sexagésima Asamblea General de la Organización de Naciones Unidas

Excelencias, amigas y amigos, muy buenas tardes:

El propósito original de esta reunión ha sido desvirtuado totalmente. Se nos ha impuesto como centro del debate un mal llamado proceso de reformas que relega a un segundo plano lo más urgente, lo que los pueblos del mundo reclaman con urgencia, como lo es la adopción de medidas para enfrentar los verdaderos problemas que obstaculizan e impiden los esfuerzos de nuestros países por el desarrollo y por la vida.

Cinco años después de la Cumbre del Milenio, la cruda realidad es que la gran mayoría de las metas diseñadas, pese a que eran ya de por sí modestísimas, no serán alcanzadas. Pretendimos reducir a la mitad los 842 millones de hambrientos para el año 2015. Al ritmo actual la meta se lograría en el año 2215; a ver quién de nosotros estaría allí para celebrarlo, si es que la especie humana logra sobrevivir a la destrucción que amenaza nuestro medio ambiente.

Habíamos proclamado la aspiración de lograr en el 2015 la enseñanza primaria universal. Al ritmo actual la meta se alcanzará después del año 2100; preparémonos para celebrarlo. Esto, amigas y amigos del mundo, nos lleva de manera irreversible a una amarga conclusión: las Naciones Unidas han agotado su modelo, y no se trata simplemente de proceder a una reforma, el siglo XXI reclama cambios profundos que sólo son posibles con una refundación de esta organización. Esto no sirve, hay que decirlo, es la pura verdad.

Esas transformaciones, a las que desde Venezuela nos referimos, tienen para nosotros dos tiempos: el inmediato -el de ahora mismo- y el de los sueños -el de la utopía-; el primero está marcado por los acuerdos lastrados por el viejo esquema. No le rehuimos, y traemos, incluso, propuestas concretas dentro de ese modelo en el corto plazo... Pero el sueño de esa paz mundial, el sueño de un nosotros que no avergüence por el hambre, la enfermedad, el analfabetismo, la necesidad extrema, necesita –además de raíces– alas para volar.

Necesitamos alas para volar, sabemos que hay una globalización neoliberal aterradora, pero también existe la realidad de un mundo interconectado que tenemos que enfrentar no como un problema sino como un reto; podemos, sobre la base de las realidades nacionales, intercambiar conocimientos, complementarnos, integrar mercados, pero al tiempo debemos entender que hay problemas que ya no tienen solución nacional. Ni una nube radioactiva, ni los precios mundiales, ni una pandemia, ni el calentamiento del planeta o el agujero de la capa de ozono son problemas nacionales.

Mientras avanzamos hacia un nuevo modelo de Naciones Unidas que haga cierto y suyo ese nosotros de los pueblos, hay cuatro reformas urgentes e irrenunciables que traemos a esta Asamblea: la primera, la expansión del Consejo de Seguridad tanto en sus categorías permanentes como en las no permanentes, dando entrada a nuevos países desarrollados y a países en desarrollo. La segunda, la necesaria mejora de los métodos de trabajo para aumentar la transparencia y no para disminuirla, para aumentar el respeto y no para disminuirlo, para aumentar la inclusión. La tercera, la supresión inmediata -seguimos diciéndolo desde hace seis años desde Venezuela- del veto en las decisiones del Consejo de Seguridad; ese vestigio elitista es incompatible con la democracia, incompatible con la sola idea de igualdad y de democracia. Y en cuarto lugar el fortalecimiento del papel del Secretario General: sus funciones políticas en el marco de la diplomacia preventiva debe ser consolidado. La gravedad de los problemas convoca a transformaciones profundas; las meras reformas no bastan para recuperar el nosotros que esperan los pueblos del mundo. Más allá de las reformas reclamamos desde Venezuela la refundación de las Naciones Unidas, y como bien sabemos en Venezuela, por las palabras de Simón Rodríguez, el Robinson de Caracas, o inventamos o erramos.

En la reunión de enero de este año 2005 estuvimos en el Foro Social Mundial en Porto Alegre; diferentes personalidades allí pidieron que la sede de Naciones Unidas saliera de Estados Unidos si es que continúan las violaciones a la legalidad internacional por parte de ese país. Hoy sabemos que nunca existieron armas de destrucción masiva en Irak; el pueblo estadounidense siempre ha sido muy riguroso con la exigencia de la verdad a sus gobernantes... los demás pueblos del mundo también: nunca hubo armas de destrucción masiva y sin embargo, y por encima de Naciones Unidas, Irak fue bombardeado, ocupado y aún continúa ocupado. Por eso proponemos a esta Asamblea que Naciones Unidas salga de un país que no es respetuoso con las propias resoluciones de esta Asamblea.

Algunas propuestas han señalado a una Jerusalén convertida en ciudad internacional como una alternativa. La propuesta tiene la generosidad de proponer una respuesta al conflicto que vive Palestina, pero quizás tenga aristas que hagan difícil llevarlo a cabo. Por eso traemos aquí otra propuesta, anclada en la Carta de Jamaica, que escribió Simón Bolívar, el gran Libertador del Sur, en Jamaica, en 1815, hace 190 años. Ahí propuso Bolívar la creación de una ciudad internacional que sirviera de sede a la idea de unidad que planteaba. Bolívar era un soñador: soñó lo que son hoy nuestras realidades. Creemos que ya es hora de pensar en la creación de una ciudad internacional ajena a la soberanía de ningún Estado, con la fuerza propia de la moralidad de representar a las Naciones del mundo, pero esa ciudad internacional tiene que reequilibrar cinco siglos de desequilibrio.

La nueva sede de Naciones Unidas tiene que estar en el Sur, ¡el Sur también existe!, dijo Mario Benedetti. Esa ciudad que puede existir ya, o podemos inventarla, puede estar donde se crucen varias fronteras o en un territorio que simbolice al mundo; nuestro continente está en disposición de ofrecer ese suelo sobre el que se pueda edificar el equilibrio del universo del que habló Bolívar en 1825.

Señoras, señores: enfrentamos hoy una crisis energética sin precedentes en el mundo, en la que se combinan peligrosamente un imparable incremento del consumo energético, la incapacidad de aumentar la oferta de hidrocarburos y la perspectiva de una declinación en las reservas probadas de combustibles fósiles. Comienza a agotarse el petróleo. Para el 2020 la demanda diaria de petróleo será de 120 millones de barriles, con lo cual, incluso sin tener en cuenta futuros crecimientos, se consumiría en 20 años una cifra similar a todo el petróleo que ha gastado la humanidad hasta el momento, lo cual significará, inevitablemente, un aumento en las emisiones de dióxido de carbono que, como se sabe, incrementa cada día la temperatura de nuestro planeta.

Katrina ha sido un doloroso ejemplo de las consecuencias que puede traer al hombre ignorar estas realidades. El calentamiento de los océanos es, a su vez, el factor fundamental detrás del demoledor incremento en la fuerza de los huracanes que hemos visto en los últimos años. Valga la ocasión para transmitir una vez más nuestro dolor y nuestro pesar al pueblo de Estados Unidos, que es un pueblo hermano de los pueblos de América también, y de los pueblos del mundo.

Es práctica y éticamente inadmisible sacrificar a la especie humana invocando de manera demencial la vigencia de un modelo socioeconómico con una galopante capacidad destructiva. Es suicida insistir en diseminarlo e imponerlo como remedio infalible para los males de los cuales es, precisamente, el principal causante. Hace poco el señor Presidente de Estados Unidos asistió a una reunión de la Organización de Estados Americanos a proponerle a América Latina y al Caribe incrementar las políticas de mercado, la apertura de mercado, es decir, el neoliberalismo, cuando esa es precisamente la causa fundamental de los grandes males y las grandes tragedias que viven nuestros pueblos. El capitalismo neoliberal, bajo el consenso de Washington, lo que ha generado es mayor grado de miseria, de desigualdad; y una tragedia infinita a los pueblos de este continente.

Ahora más que nunca necesitamos, señor Presidente, un nuevo orden internacional; recordemos que la Asamblea General de las Naciones Unidas, en su sexto período extraordinario de sesiones celebrado en 1974 -algunos de los que están aquí no habían nacido o estaban muy pequeños-, hace 31 años, adoptó la declaración y el programa de acción sobre un nuevo Orden Económico Internacional. Junto con el plan de acción la Asamblea General adoptó el 14 de diciembre de aquel año 1974 la Carta de Derechos y Deberes Económicos de los Estados que concretó el Nuevo Orden Económico Internacional, siendo aprobada por mayoría aplastante de 120 votos a favor, 6 en contra y 10 abstenciones (esto era cuando se votaba en Naciones Unidas, porque ahora aquí no se vota, ahora aquí se aprueban documentos como este, documento que yo denuncio a nombre de Venezuela, como nulo e ilegal). Se aprobó violando la normativa de las Naciones Unidas: ¡no es válido este documento!, habrá que discutir este documento -el Gobierno de Venezuela lo va a dar a conocer al mundo-, pero nosotros no podemos aceptar la dictadura abierta y descarada en las Naciones Unidas. Estas cosas son para discutirlas y para eso hago un llamado muy respetuoso a mis colegas los Jefes de Estado y a los Jefes de Gobierno.

Ahora me reunía con el presidente Néstor Kirchner y bueno, yo sacaba el documento; este documento fue entregado cinco minutos antes, ¡sólo en inglés!, a nuestros delegados, y se aprobó con un martillazo dictatorial, que denuncio ante el mundo como nulo e ilegítimo. Señor Presidente, si nosotros vamos a aceptar esto, estamos perdidos, ¡apaguemos la luz y cerremos las puertas... cerremos las ventanas! ¡Sería lo último!... que aceptemos una dictadura aquí en este salón.

Ahora más que nunca –decíamos– requerimos retomar cosas que se quedaron en el camino, como la propuesta aprobada en esa Asamblea en 1974 de un Nuevo Orden Económico Internacional. El Artículo 2 del texto de aquella carta confirma el derecho de los Estados de nacionalizar las propiedades y los recursos naturales que se encontraban en manos de inversores extranjeros, proponiendo igualmente la creación de carteles productores de materias primas. La Resolución 3.201 de mayo de 1974 expresó la determinación de trabajar con urgencia para establecer un Nuevo Orden Económico Internacional basado –oiganme bien, os ruego– en la equidad, la igualdad soberana, la interdependencia, el interés común y la cooperación entre todos los Estados, cualesquiera que sean sus sistemas económicos y sociales, que corrija las desigualdades y repare las injusticias entre los países desarrollados y los países en desarrollo, y asegure a las generaciones presentes y futuras la paz, la justicia y un desarrollo económico y social que acelere a ritmo sostenido. Cierro comillas; estaba leyendo parte de aquella Resolución histórica de 1974.

El objetivo del Nuevo Orden Económico Internacional era modificar el viejo orden económico concebido en Breton Woods. Creo que el Presidente de Estados Unidos habló aquí durante unos 20 minutos el día de ayer, según me han informado; yo pido permiso, Excelencia, para terminar mi alocución. El objetivo del Nuevo Orden Económico Internacional era modificar el viejo orden económico concebido en Breton Woods en 1944, que tendría vigencia hasta 1971, con el derrumbamiento del sistema monetario internacional. Sólo buenas intenciones; ninguna voluntad para avanzar por ese camino... y nosotros creemos que ese era, y sigue siendo, el camino.

Hoy reclamamos desde los pueblos, en este caso el pueblo de Venezuela, un nuevo orden económico internacional, pero también resulta imprescindible un nuevo orden político internacional; no permitamos que un puñado de países intente reinterpretar impunemente los principios del Derecho Internacional para dar cabida a doctrinas como la Guerra Preventiva, ¡vaya que nos amenazan con la guerra preventiva!, y la llamada ahora Responsabilidad de Proteger, pero hay que preguntarse ¿quién nos va a proteger?, ¿cómo nos van a proteger?

Yo creo que uno de los pueblos que requiere protección es el pueblo de Estados Unidos, demostrado ahora dolorosamente con la tragedia de Katrina: no tiene gobierno que lo proteja de los desastres anunciados de la naturaleza, si es que vamos a hablar de protegernos los unos a los otros; estos son conceptos muy peligrosos que van delineando el imperialismo, van delineando el intervencionismo y tratan de legalizar el irrespeto a la soberanía de los pueblos. El respeto pleno a los principios del Derecho Internacional y a la Carta de las Naciones Unidas deben constituir, señor Presidente, la piedra angular de las relaciones internacionales en el mundo de hoy, y la base del nuevo orden que propugnamos.

Permítanme una vez más, para ir concluyendo, citar a Simón Bolívar, nuestro Libertador, cuando habla de la integración del mundo, del Parlamento Mundial, de un Congreso de parlamentarios; hace falta retomar muchas propuestas como la bolivariana. Decía Bolívar en Jamaica, en 1815, ya lo citaba; leo una frase de su Carta de Jamaica: qué bello sería que el istmo de Panamá fuese para nosotros lo que el de Corinto para los griegos; ojalá que algún día tengamos la fortuna de instalar allí un augusto congreso de los representantes de las repúblicas, de los reinos, a tratar y discutir sobre los altos intereses de la paz y de la guerra, con las naciones de las otras tres partes del mundo.

Esta especie de corporación podrá tener lugar en alguna época dichosa de nuestra regeneración. Urge enfrentar de manera eficaz, ciertamente, al terrorismo internacional, pero no usándolo como pretexto para desatar agresiones militares injustificadas y violatorias del Derecho Internacional, que se han entronizado como doctrina después del 11 de septiembre. Sólo una estrecha y verdadera cooperación, y el fin de los dobles raseros que algunos países del Norte aplican al tema del terrorismo, podrán acabar con este horrible flagelo.

Señor Presidente: en apenas 7 años de Revolución Bolivariana el pueblo venezolano puede exhibir importantes conquistas sociales y económicas. Un millón 406 mil venezolanos aprendieron a leer y a escribir en año y medio. Somos 25 millones aproximadamente y, en escasas semanas, el país podrá declararse libre de analfabetismo. Tres millones de venezolanos antes excluidos por causa de la pobreza fueron incorporados a la educación primaria, secundaria y universitaria.

Diecisiete millones de venezolanos y venezolanas –casi el 70% de la población- reciben, por primera vez en la historia, asistencia médica gratuita incluidos los medicamentos y, en unos pocos años, todos los venezolanos tendrán acceso gratuito a una atención médica por excelencia.

Se suministran hoy más de 1 millón 700 mil toneladas de alimentos a precios módicos a 12 millones de personas, casi la mitad de los venezolanos; un millón de ellos lo recibe gratuitamente, de manera transitoria. Estas medidas han generado un alto nivel de seguridad alimentaria a los más necesitados.

Señor Presidente: se han creado más de 700 mil puestos de trabajo, reduciéndose el desempleo en 9 puntos porcentuales, todo esto en medio de agresiones internas y externas que incluyeron un golpe militar facturado en Washington, un golpe petrolero también facturado en Washington y conspiraciones, calumnias del poder mediático y la permanente amenaza del imperio y sus aliados, que hasta estimulan el magnicidio. El único país donde una persona se puede dar el lujo de pedir el magnicidio de un Jefe de Estado es Estados Unidos, como ocurrió hace poco con un reverendo llamado Patt Robertson, muy amigo de la Casa Blanca: pidió públicamente ante el mundo mi asesinato y anda libre, ¡ese es un delito internacional!... ¡terrorismo internacional!

Pues bien, nosotros lucharemos por Venezuela, por la integración latinoamericana y por el mundo. Reafirmamos aquí en este salón nuestra infinita fe en el hombre, hoy sediento de paz y de justicia para sobrevivir como especie. Simón Bolívar, padre de nuestra Patria y guía de nuestra Revolución, juró no dar descanso a su brazo, ni reposo a su alma, hasta ver a la América libre. No demos nosotros descanso a nuestros brazos, ni reposo a nuestras almas hasta salvar la humanidad.

Señores, muchísimas gracias.

Hugo Chávez Frías
19 de septiembre de 2005

Corregida la transcripción, tomada de Red Voltaire

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Discurso del Presidente de la República Bolivariana de Venezuela, Hugo Chávez Frías, en la sexagésima primera Asamblea General de la Organización de Naciones Unidas

Señora Presidenta, Excelencias, Jefes de Estado, Jefes de Gobierno y altos representantes de los gobiernos del mundo: Muy buenos días a todos y a todas. En primer lugar quiero invitarles, con mucho respeto, a quienes no hayan podido leer este libro, a que lo leamos. Noam Chomsky, uno de los más prestigiosos intelectuales de esta América y del mundo; Chomsky, uno de sus más recientes trabajos: “Hegemonía o Supervivencia. La estrategia imperialista de Estados Unidos”. Excelente trabajo para entender lo que ha pasado en el mundo del siglo XX, lo que hoy está pasando y la más grande amenaza que se cierne sobre nuestro planeta: la pretensión hegemónica del Imperialismo Norteamericano, que pone en riesgo la supervivencia misma de la especie humana. Seguimos alertando sobre ese peligro y haciendo un llamado al propio pueblo de los Estados Unidos y al mundo para detener esta amenaza que es como la propia espada de Damocles.

Yo pensaba leer algún capítulo pero por respetar el tiempo más bien lo dejo como una recomendación. Se lee rápido. Es muy bueno señora Presidenta; seguramente usted lo conoce. Está publicado en inglés, en alemán, en ruso, en árabe seguramente. Miren, yo creo que los primeros ciudadanos que deberían leer este libro son los ciudadanos hermanos y hermanas de los Estados Unidos, porque la amenaza la tienen en su propia casa, el Diablo está en casa. El Diablo, el propio Diablo está en casa.

Ayer vino el Diablo aquí, ayer estuvo el Diablo aquí, en este mismo lugar. ¡Huele a azufre todavía esta mesa donde me ha tocado hablar! Ayer, señoras y señores, desde esta misma tribuna, el Señor presidente de los Estados Unidos, a quien yo llamo “El Diablo”, vino aquí hablando como dueño del mundo. Un psiquiatra no estaría de más para analizar el discurso de ayer del presidente de los Estados Unidos. Como vocero del Imperialismo vino a dar sus recetas para tratar de mantener el actual esquema de dominación, de explotación y de saqueo a los pueblos del mundo. Para una película de Alfred Hitchcok estaría bueno, incluso yo propondría un título: “La receta del Diablo”.

Es decir, el Imperialismo norteamericano, y aquí lo dice Chomsky con una claridad meridiana y profunda, está haciendo desesperados esfuerzos por consolidar su sistema hegemónico de dominación. Nosotros no podemos permitir que eso ocurra, no podemos permitir que se instale la dictadura mundial, que se consolide la dictadura mundial. El discurso del Presidente “tirano” mundial, lleno de cinismos, lleno de hipocresía, es la hipocresía imperial, el intento de controlar todo. Ellos quieren imponernos el modelo democrático como lo conciben, la falsa democracia de las élites, y además un modelo democrático muy original, impuesto a bombazos, a bombardeos y a punta de invasiones y de cañonazos.

¡Vaya qué democracia! Habría que revisar las tesis de Aristóteles y de los primeros que hablaron por allá en Grecia de la democracia a ver qué modelo de democracia es ese, el que se impone a punta de marines, de invasiones, de agresiones y de bombas.

Dice el presidente de los Estados Unidos ayer, en esta misma sala lo siguiente, cito: “Hacia dónde quiera que usted mira, oye a extremistas que le dicen que pueden escapar de la miseria y recuperar su dignidad a través de la violencia, el terror y el martirio”.

Adondequiera que él mira ve extremistas. Yo estoy seguro que te ve a ti, hermano, con ese color, y cree que eres un extremista. Con este color. Evo Morales, que vino ayer, el digno presidente de la Bolivia es un extremista. Por todos lados ven extremistas los imperialistas. No, no es que somos extremistas, lo que pasa es que el mundo está despertando y por todos lados insurgimos los pueblos. Yo tengo la impresión, señor dictador imperialista, que usted va a vivir el resto de sus días con una pesadilla, porque por dondequiera que vea vamos a surgir nosotros, los que insurgimos contra el imperialismo norteamericano, los que clamamos por la libertad plena del mundo, por la igualdad de los pueblos, por el respeto a la soberanía de las naciones. Sí, nos llaman extremistas, insurgimos contra el Imperio, insurgimos contra el modelo de dominación.

Luego, el señor presidente vino a hablarles, así lo dijo: “Hoy quiero hablarles directamente a las poblaciones del Oriente Medio. Mi país desea la paz”. Esto es cierto, si nosotros nos vamos por las calles del Bronx, si nosotros nos vamos por las calles de Nueva York, de Washington, de San Diego, de California, de cualquier ciudad, de San Antonio, de San Francisco y le preguntamos a la gente en las calles, a los ciudadanos estadounidenses, ¿este país quiere la paz?

La diferencia está en que el gobierno de este país, de Estados Unidos, no quiere la paz, quiere imponernos su modelo de explotación y de saqueo y su hegemonía a punta de guerras; esa es la pequeña diferencia. Quiere la paz y ¿qué está pasando en Irak? ¿Y qué ha pasado en el Líbano y en Palestina? ¿Y qué ha pasado en cien años en América Latina y en el mundo y ahora con las amenazas contra Venezuela y las nuevas amenazas contra Irán?

Le habló al pueblo del Líbano: “Muchos de ustedes –dijo- han visto como sus hogares y sus comunidades quedaron atrapadas en el fuego cruzado”. ¡Vaya qué cinismo! ¡Vaya qué capacidad para mentir descaradamente ante el mundo! Las bombas en Beirut, lanzadas con precisión milimétrica ¿son fuego cruzado? Creo que el Presidente está pensando en las películas del oeste cuando se disparaba desde la cintura y alguien quedaba atravesado en el fuego cruzado.

¡Fuego imperialista! ¡Fuego fascista! ¡Fuego asesino! Y fuego genocida el del Imperio, y de Israel contra el pueblo inocente de Palestina y el pueblo del Líbano. Esa es la verdad. Ahora dicen que sufren, que estamos sufriendo porque vemos sus hogares destruidos. En fin, el presidente de los Estados Unidos vino a hablarles a los pueblos.

Yo traje, señora Presidenta, unos documentos, porque estuve esta madrugada viendo algunos discursos y actualizando mis palabras. “Al pueblo de Irán le digo, al pueblo del Líbano le digo, al pueblo de Afganistán le digo”... Y uno se pregunta: así como el Presidente de los Estados Unidos le dice ‘le digo’ a esos pueblos, ¿qué le dirían esos pueblos a él? Si esos pueblos pudieran hablar, ¿qué le dirían?

Yo se los voy a recoger porque conozco la mayor parte del alma de esos pueblos; los pueblos del sur, los pueblos atropellados dirían: ¡Imperio Yankee, go home! Ese sería el grito que brotaría por todas partes, si los pueblos del mundo pudieran hablarle a una sola voz al Imperio de los Estados Unidos.

Por eso, señora Presidenta, colegas, amigas y amigos, nosotros el año pasado vinimos aquí a este mismo salón como todos los años y los últimos ocho, y decíamos algo que hoy está confirmado plenamente y yo creo que aquí casi nadie en esta sala pudiera pararse a defenderlo, a defender el sistema de Naciones Unidas.

Aceptémoslo con honestidad, el sistema de Naciones Unidas nacido después de la Segunda Guerra Mundial colapsó, se desplomó, no sirve. ¡Ah bueno!, para venir acá a dar discursos, a vernos una vez al año, sí; para eso sí sirve, y para hacer documentos muy largos y hacer buenas reflexiones y oír buenos discursos como el de Evo ayer, como el de Lula. Sí, para eso sirve y muchos discursos, el que estábamos oyendo ahora mismo del Presidente de Srilanka y de la Presidenta de Chile. Pero nos han convertido, a esta Asamblea, en un órgano meramente deliberativo, meramente deliberativo sin ningún tipo de poder para impactar de la más mínima manera la realidad terrible que vive el mundo.

Por eso nosotros volvemos a proponer, Venezuela vuelve a proponer aquí hoy, este día 20 de septiembre, que refundemos las Naciones Unidas. Y nosotros hicimos el año pasado, señora Presidente, cuatro modestas propuestas que consideramos de necesidad impostergable para que las asumamos. Bueno, los Jefes de Estado, los Jefes de Gobierno, nuestros embajadores, nuestros representantes... y las discutamos.

Primero, la expansión —ayer lo decía Lula aquí mismo— del Consejo de Seguridad tanto en sus categorías permanentes como en las no permanentes, dando entrada a nuevos países desarrollados y a países subdesarrollados, del Tercer Mundo, como nuevos miembros permanentes. Eso en primer lugar.

En segundo lugar, la aplicación de métodos eficaces de atención y resolución de los conflictos mundiales; métodos transparentes, de debate, de decisiones.

Tercero: nos parece fundamental la supresión inmediata —y eso es un clamor de todos— de ese mecanismo antidemocrático del veto, el veto en las decisiones del Consejo de Seguridad. Vaya un ejemplo reciente: el veto inmoral del gobierno de los Estados Unidos permitió libremente a las fuerzas israelíes destrozar el Líbano, delante de todos nosotros, evitando una resolución en el Consejo de Seguridad de Naciones Unidas.

Y en cuarto lugar necesario es fortalecer, decimos siempre, el papel, las atribuciones del Secretario General de Naciones Unidas. Ayer nos daba un discurso el Secretario General prácticamente de despedida, y reconocía que en estos diez años el mundo lo que ha hecho es complicarse y que los graves problemas del mundo -el hambre, la miseria, la violencia, la violación a los derechos humanos- lo que han hecho es agravarse. Esto es consecuencia terrible del colapso sobre el sistema de Naciones Unidas y de la pretensión imperialista norteamericana.

Por otra parte, Señora Presidenta, Venezuela decidió hace varios años dar esta batalla por dentro de Naciones Unidas, reconociendo Naciones Unidas como miembro que somos, con nuestra voz, con nuestras modestas reflexiones. Una voz independiente somos, para representar la dignidad y la búsqueda de la paz, la reformulación del sistema internacional, para denunciar la persecución y las agresiones del hegemonismo contra los pueblos del planeta.

Venezuela, de esa manera, ha presentado su nombre. Esta patria de Bolívar ha presentado su nombre y se ha postulado para un puesto como Miembro No Permanente del Consejo de Seguridad. Vaya usted a saber, el gobierno de los Estados Unidos ha iniciado una agresión abierta, una agresión inmoral en el mundo entero para tratar de impedir que Venezuela sea elegida libremente para ocupar una silla en el Consejo de Seguridad. Le tienen miedo a la verdad. El Imperio tiene miedo a la verdad, a las voces independientes, acusándonos de extremistas. ¡Ellos son los extremistas!

Yo quiero agradecer aquí a todos aquellos países que han anunciado su apoyo a Venezuela, aun cuando la votación es secreta y no es necesario que nadie lo anuncie, pero yo creo que la agresión abierta del Imperio Norteamericano aceleró el apoyo de muchos países, lo cual fortalece moralmente a Venezuela, a nuestro pueblo, a nuestro gobierno.

El MERCOSUR, por ejemplo, en bloque, ha anunciado su apoyo a Venezuela; nuestros hermanos del MERCOSUR. Venezuela ahora es miembro pleno del MERCOSUR con Brasil, Argentina, Uruguay, Paraguay, y muchos otros países de América Latina... El CARICOM en pleno anunció su apoyo a Venezuela. La Liga Árabe en pleno anunció su apoyo a Venezuela; agradezco muchísimo al mundo árabe, a nuestros hermanos de Arabia, esa Arabia profunda, a nuestros hermanos del Caribe. La Unión Africana... casi toda Africa anunció su apoyo a Venezuela, y países como Rusia, como China y muchos otros del Planeta. Muchísimas gracias a nombre de Venezuela, a nombre de nuestro pueblo y a nombre de la verdad, porque Venezuela al ocupar un puesto en el Consejo de Seguridad va a traer la voz no sólo de Venezuela, traerá la voz del Tercer Mundo, la voz de los pueblos del planeta. Ahí estaremos defendiendo la dignidad y la verdad.

Más allá de todo esto, señora Presidenta, creo que hay razones para que seamos optimistas. Irrenunciablemente optimistas, diría un poeta, porque más allá de las amenazas, de las bombas, de las guerras, de las agresiones, de la guerra preventiva, de la destrucción de pueblos enteros, uno puede apreciar que se está levantando una nueva era, como canta Silvio Rodríguez, “la era está pariendo un corazón”. Se levantan corrientes alternativas, pensamientos alternativos, juventudes con pensamiento distinto.

Se demostró ya, en apenas una década, que era totalmente falsa la tesis del Fin de la Historia, totalmente falsa la instauración del Imperio Americano, de la paz americana, la instauración del modelo capitalista, neoliberal que lo que genera es miseria y pobreza. Es totalmente falsa la tesis; se vino abajo. Ahora hay que definir el futuro del mundo. Hay un amanecer en el planeta y se ve por todas partes: por América Latina, por Asia, por África, por Europa, por Oceanía. Quiero resaltar esa visión de optimismo para que fortalezcamos nuestra conciencia y nuestra voluntad de batalla por salvar al mundo y construir un mundo nuevo.

Venezuela se suma a esa lucha y por eso somos amenazados. Ya Estados Unidos planificó, financió e impulsó un golpe de estado en Venezuela. Y Estados Unidos sigue apoyando movimientos golpistas en Venezuela y contra Venezuela, sigue apoyando al terrorismo. Ya la Presidenta Michelle Bachellet recordaba hace unos minutos el terrible asesinato del ex canciller chileno Orlando Letelier. Yo sólo agregaría lo siguiente, los culpables están libres. Y los culpables, de aquel hecho donde murió también una ciudadana estadounidense, son norteamericanos, de la CIA, terroristas de la CIA.

Pero además, hay que recordar en esta sala que dentro de pocos días también se cumplirán 30 años, igualmente, de aquel hecho terrorista horripilante de la voladura del avión cubano, donde murieron 73 inocentes, un avión de Cubana de Aviación ¿Y dónde está el más grande terrorista de este continente y quién asumió la voladura del avión cubano como autor intelectual? Estuvo preso en Venezuela unos años, se fugó allá por complicidad de funcionarios de la CIA y del gobierno venezolano de entonces. Está aquí viviendo en Estados Unidos, protegido por este gobierno, y fue convicto y confeso. El gobierno de los Estados Unidos tiene un doble rasero y protege el terrorismo.

Estas reflexiones son para decir que Venezuela está comprometida en la lucha contra el terrorismo, contra la violencia, y se une a todos los pueblos que luchan por la paz y por un mundo de iguales. He hablado del avión cubano: Luis Posada Carriles se llama el terrorista; está protegido aquí, como protegidos están aquí grandes corruptos que se fugaron de Venezuela, un grupo de terroristas que allá pusieron bombas contra embajadas de varios países y asesinaron gente durante el golpe de Estado. Secuestraron a este humilde servidor y lo iban a fusilar, sólo que Dios metió su mano y un grupo de buenos soldados y un pueblo que se fue a las calles... y de milagro estoy aquí.

Ellos están aquí protegidos por el gobierno de Estados Unidos, los líderes de aquel golpe de Estado y de aquellos actos terroristas. Yo acuso al gobierno de Estados Unidos de proteger el terrorismo y de tener un discurso totalmente cínico.

Hablemos de Cuba... venimos de La Habana, venimos felices de La Habana. Estuvimos allá varios días y allí se puede ver el nacimiento de una nueva era, la Cumbre del Grupo de los 15, la Cumbre del Movimiento de los No Alineados, con una resolución histórica, un documento final. No se asusten, no lo voy a leer todo, pero aquí hay un conjunto de resoluciones tomadas en discusión abierta y con transparencia entre más de 50 Jefes de Estado. La Habana fue la capital del Sur durante una semana. Hemos relanzado el Grupo de Los No Alineados, el Movimiento de los No Alineados, y si algo puedo pedir yo aquí a todos ustedes, compañeros y hermanos y hermanas, es que le pongamos mucha voluntad para fortalecer el Grupo de Los No Alineados, importantísimo para el nacimiento de la nueva era, para evitar la hegemonía y el Imperialismo. Y además, ustedes saben que hemos designado a Fidel Castro Presidente del Grupo de los No Alineados para los próximos tres años y estamos seguros que el compañero Fidel Castro va a llevar la batuta con mucha eficiencia. Para los que querían que Fidel muriera, frustrados quedaron y frustrados quedarán porque Fidel ya está uniformado nuevamente de verde olivo y ahora no sólo es el Presidente de Cuba sino el Presidente de Los No Alineados.

Señora Presidenta, queridos colegas, presidentes, ahí nació un movimiento muy fuerte, el del Sur. Nosotros somos hombres y mujeres del Sur, nosotros somos portadores, con estos documentos, con estas ideas, con estas críticas, con estas reflexiones (ya cierro mi carpeta y el libro me lo llevo). No olviden que lo recomiendo mucho, con mucha humildad; tratamos de aportar ideas para la salvación de este planeta, para salvarlo de la amenaza imperialista y para que ojalá pronto, en este siglo, no muy tarde, podamos verlo nosotros; que puedan vivirlo mejor nuestros hijos y nuestros nietos... un mundo de paz bajo los principios fundamentales de la Organización de Naciones Unidas, relanzada y reubicada.

Creo que a Naciones Unidas tenemos que ubicarla en otro país, en alguna ciudad del sur... Ustedes saben que mi médico personal se tuvo que quedar encerrado en el avión; el Jefe de mi seguridad se tuvo que quedar encerrado en el avión; no les permitieron venir a Naciones Unidas. Otro abuso y atropello, Señora Presidenta, que pedimos desde Venezuela quede registrado como atropello personal del Diablo. ¡Huele a azufre, pero Dios está con nosotros! Un buen abrazo y que Dios nos bendiga a todos.

Muy buenos días.

Hugo Chávez Frías
20 de septiembre de 2006

Corregida la transcripción, tomada de Blog Chávez, corazón de mi patria

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CONVERSACIÓN TELEFÓNICA SOSTENIDA POR EL COMANDANTE EN JEFE FIDEL CASTRO RUZ CON EL PRESIDENTE DE LA REPÚBLICA BOLIVARIANA DE VENEZUELA, HUGO CHÁVEZ FRÍAS. 14/04/2002 – 07:01 h

“…Padre, le dije, ¿eres o no eres o quién eres? Y mirando el Cuartel de la Montaña, dijo: ‘Despierto cada cien años cuando despierta el pueblo’.”

Esa fue la respuesta del Libertador de América a la atrevida pregunta de Pablo Neruda tras el estallido de la Guerra Civil Española, cuando los propios obreros españoles lograron impedir que los fascistas se apoderaran del Cuartel de la Montaña de Madrid.

Esos recuerdos acudían a mi mente ante los hechos que estaban ocurriendo en la hermana República Bolivariana de Venezuela. En nuestra patria solitaria, la Revolución había estallado hacía muchos años, y estábamos enfrascados en una contienda desigual y casi inconcebible contra el imperio más poderoso que había conocido la humanidad.

De repente suena el teléfono del cuarto, solo para situaciones de urgencia; la llamada procedía de la oficina de Hilda Castro, la viuda de Tamargo, el primer taquígrafo que conocí en mi vida tras el triunfo de la Revolución en enero de 1959. Habían transcurrido ya 43 años.

En esa parte de los documentos revisados comienza la transcripción de Hilda, que publico de manera íntegra:
PDTE. CHÁVEZ.- …Heroína María, Fidel. (al parecer yo lo había llamado a él héroe un segundo antes)

CMDTE. EN JEFE.- ¡Ah, esa es la campeona, caramba! ¡Qué historia! ¡Qué historia!

PDTE. CHÁVEZ.- (Se ríe) ¡Esto no tiene nombre, Fidel!

CMDTE. EN JEFE.- Yo ahora estaba meditando, no me podía dormir. Me iba a dormir y no me podía dormir, cuando me suena un timbrecito ahí, y ya… ¡Qué cosa!

PDTE. CHÁVEZ.- ¡Qué día, Fidel! Estoy que… ¡es una cosa increíble, increíble! Yo todavía estoy procesando cosas. Y los muchachos… Porque yo estaba aislado; me llevaron, cuando salí de aquí, esa madrugada, como dos horas después que hablamos. Pues, entonces, por fin, como lo hablamos, yo dije:
—“No, yo no voy a renunciar. Voy preso, pues.”
Entonces, me voy, voluntariamente. Hablé con los muchachos, que son —como tú sabes— unos guerreros, y les dije:
—“No se pongan a cometer locuras. Bueno, vamos a prisión y esto no ha terminado.”
Porque no tenía yo ya cartas que jugar. Otras unidades leales, pero estaban lejos, ¿ve? Las que estaban sólidas, sobre todo la Brigada de Pa­racaidistas en Maracay. Baduel me llamó.

CMDTE. EN JEFE.- No, y no podían moverla, Hugo, porque se arma una batalla, ni siquiera una guerra civil.

PDTE. CHÁVEZ.- Sí, sí, exactamente. Yo le dije…

CMDTE. EN JEFE.- Yo he oído decir que ya querían venir y tú les dijiste que no.

PDTE. CHÁVEZ.- No, yo le dije:
—“Mantén tu posición.”
Y me llamaron unos muchachos de Maracaibo, allá en Occidente, de Tanques, y me dijo Alcalá:
—“Aquí está mi batallón de tanques listo en columnas, y todos mis oficiales y tropas. ¡Patria o Muerte! Me voy a tomar Maracaibo.”
Le dije:
—“No. Mantén tu posición. Me basta que mantengas la posición moral, de combate, pero mantén tu posición física también. Eso sí, artillado y listo, por si acaso te ataca la fuerza aérea, o alguna cosa.”
Y eso se fue multiplicando a nivel de los Comandantes de los Batallones de Tanques, de Infantería, un Batallón de Selva por allá en la selva. Empezaron a decir que no reconocían al supuesto gobierno este nuevo, ilegítimo. Y Baduel se convirtió en el eje, y otros generales leales se fueron para allá. Muchos de los muchachos míos que se quedaron sueltos por ahí, se concentraron en Maracay. Yo estaba haciendo un plan después que hablé contigo. La única alternativa que me quedaba era irme a Maracay. Pero tú sabes que esas son como casi dos horas por tierra. Y entonces, bueno, no teníamos la seguridad de que pudiéramos llegar allá.

CMDTE. EN JEFE.- Era imposible, era imposible.

PDTE. CHÁVEZ.- No, no. Nos hubieran parado en la carretera, y a lo mejor se arma una batalla ahí, ¡quién sabe qué hubiera pasado! Así que, por eso, decidí entregarme. Me llevaron a cinco sitios. Me movieron de un lado para otro. Me presionaron para que firmara la renuncia. Yo dije:
—“No, yo no renuncio. Yo soy preso. Soy preso, y listo. Y enjuícienme.”
Me llevaron a medianoche por allá, a un apostadero naval, y resulta que a las dos horas ya tenía ganados a casi todos los sargentos, porque son comandos de estos, paracaidistas y todo, ¿no?

CMDTE. EN JEFE.- Eso fue aquel día, eso fue el viernes.

PDTE. CHÁVEZ.- ¿Eh?

CMDTE. EN JEFE.- ¿El viernes?

PDTE. CHÁVEZ.- No, eso fue antier, el jueves por la noche.

CMDTE. EN JEFE.- El jueves. ¡Ah, eso fue…! Pero tú estabas en Palacio.

PDTE. CHÁVEZ.- No, eso fue el viernes, perdón.

CMDTE. EN JEFE.- Sí, a las 03:50 fue que tú saliste, del viernes, antes del amanecer.

PDTE. CHÁVEZ.- Correcto. Entonces, ahí me movieron por tres lugares ese mismo día. Y por fin decidieron —como ya la gente se estaba agolpando… Yo estaba por allá en el Regimiento de Policía Militar, preso, y la celda donde yo estaba queda como a un kilómetro de la salida del Fuerte Tiuna, y ya se oían los gritos de la gente. Porque la gente sabía que yo estaba ahí, ¿no? Yo llamé de allí, hablé con María, hablé con María Isabel y con la familia:
—“Díganles que estoy aquí en Fuerte Tiuna.”
Y la gente empezó a irse para allá, a aglomerarse. Pero miles de personas, a gritar consignas, sin miedo…

CMDTE. EN JEFE.- ¿A qué hora del viernes?

PDTE. CHÁVEZ.- Eso fue ya en la tarde del viernes.

CMDTE. EN JEFE.- Claro. ¿Y cómo pudiste hablar con María y con el Ministro de Educación y de Trabajo?

PDTE. CHÁVEZ.- Los militares… Un militar me prestó un teléfono celular.

CMDTE. EN JEFE.- ¿En dónde? ¿En ese momento? ¿Allí en el Fuerte Tiuna?

PDTE. CHÁVEZ.- En el Fuerte Tiuna me prestaron un teléfono y empecé a hacer algunas llamadas: a mis hijos, a María Isabel… Y les pedí que hablaran con el mundo; que yo no había renunciado. Ahí fue cuando María te llama…

CMDTE. EN JEFE.- A las 10 y dos minutos me llama María. El viernes.

PDTE. CHÁVEZ.- En la noche.

CMDTE. EN JEFE.- No, por la mañana.

PDTE. CHÁVEZ.- ¡Ah!

CMDTE. EN JEFE.- A las 10 y dos minutos me llama. Y es cuando yo le propongo que si ella estaba dispuesta a hablar ella misma. Dice:
—“Sí, ¡qué no haría yo por mi padre!”
Entonces le preparé inmediatamente para que hablara con Randy el periodista, y a las 12:40 lo disparamos al aire. Cuando lo disparamos al aire, se lo entregamos a las agencias y también a la CNN. Entonces la CNN empezó a darlo y cada media hora sacaba la noticia.

PDTE. CHÁVEZ.- ¿Y cuánto tiempo habló María?

CMDTE. EN JEFE.- Bueno, puede ser que ella habló… Fueron seis minutos. Hizo una historia muy bien, en seis minutos.

PDTE. CHÁVEZ.- ¡Ah, no, pero esa es la heroína!

CMDTE. EN JEFE.- No, no, pero sí. Pero fue fenomenal, porque esta gente…

PDTE. CHÁVEZ.- No, eso fue muy, muy importante.

CMDTE. EN JEFE.- Entonces ya Felipe fue como a las 4 de la tarde, en que estaba asediada la Embajada nuestra. Pero allí ha sido… La querían asaltar. Hubo un momento… Bueno, la orden tenía que ser, primero, disparos… Tenían que defenderse, porque los mataban a todos, y había 5 mujeres y un niño, y 17 compañeros allí. Fue muy tensa…

PDTE. CHÁVEZ.- Dicen que les quitaron hasta la luz y el agua.

CMDTE. EN JEFE.- Fue muy tensa. Les quitaron la luz, les quitaron el agua, no se podían mover, y hasta, bueno, estuvieron a punto de asaltarla. Ese fue el momento más crítico. Habría perturbado eso terriblemente. Porque de abrir una balacera…

PDTE. CHÁVEZ.- Germán estaba ahí, ¿no?

CMDTE. EN JEFE.- Germán se portó… ¡Y toda la gente se portó… pero como unos héroes de verdad! Allí. Porque estaban cercados. Una multitud. Romaní y toda la gusanera aquella. ¡Si tú ves qué discurso pronunciaba! Porque a aquellos los transmitían. Las cadenas esas transmitían todo.

PDTE. CHÁVEZ.- Claro, lo transmitían todo.

CMDTE. EN JEFE.- Y se pasaron todo el día calumniando y calumniando, y hablando de la renuncia, la renuncia y la renuncia. Entonces, ellos edificaron todo su andamiaje sobre la base de la renuncia. Ahí fue donde se embarcaron p’al diablo.

PDTE. CHÁVEZ.- (Se ríe) Sí, porque empezaron a difundir un texto que yo no quise firmar, cuando me reuní allá en el Fuerte Tiuna con los generales traidores estos, que estaban comprados por la oligarquía de acá y otros sectores más. Entonces, bueno, me llevaron. Cuando empieza la gente a aglomerarse en Fuerte Tiuna, ya en la tarde…

CMDTE. EN JEFE.- ¿A qué hora hubo unos disparos allí? Porque hubo unos disparos. Ya anocheciendo, o de noche ya.

PDTE. CHÁVEZ.- Sí. Hubo unos disparos. Parece que fue al aire.

CMDTE. EN JEFE.- Sí, porque la gente estaba acumulándose y estaba bajando de las lomas.

PDTE. CHÁVEZ.- Anjá.

CMDTE. EN JEFE.- Sí.

PDTE. CHÁVEZ.- Entonces, ahí me llevan, en helicóptero, ya de noche, ha­cia un apostadero naval que queda co­mo a hora y media de Caracas en helicóptero. Yo no sabía para dónde me llevaban. Entonces, bueno, me monté en el helicóptero, y me llevan a un apostadero naval, donde estaba un grupo de comandos de la Marina.

CMDTE. EN JEFE.- Sí, Riuma…

PDTE. CHÁVEZ.- ¿Eh?

CMDTE. EN JEFE.- Tiene un nombre… Yo lo vi ayer por la mañana, porque un amigo, una gente de ustedes se lo dice a la AFP. Me refiero al viernes, ¿no? No, al sábado por la mañana. Se lo dice a la AFP, que a ti te han llevado para un lugar, y da el nombre allí; dice: a 100 km de Caracas, en dirección a Miranda más o menos. Y da el nombre del lugar donde estás.

PDTE. CHÁVEZ.- Turiamo.

CMDTE. EN JEFE.- Turiamo, exactamente. De eso yo me entero cuando termino un acto por la mañana, en que metimos duro, ¿no? Entonces, ya yo iba saliendo del acto, y me informan que ha salido un cable que indica el lugar donde tú estás. Allá. Entonces, llamé allá. Tus padres habían oído a María. Por la noche, por la CNN, vieron todo. Entonces, tu mamá manda un recado. Nos llama, quiere hablar conmigo, porque quiere hacer una declaración ella también. Entonces, yo la llamé primero a la Gobernación, pero me dejaron tres teléfonos y estaban en la residencia, allí donde estuvimos comiendo el pescado aquel.

PDTE. CHÁVEZ.- Sí. (Se ríe)

CMDTE. EN JEFE.- Entonces, estaba ella con muy buen ánimo. Pero allí me doy cuenta —porque hablé también con tu padre, y le pregunté cómo estaban las cosas... La relación con la jefatura militar estaba muy bien; se había reunido. Y entonces allí, el de Sabaneta también, muy activo. Ya ellos habían hecho contacto allá también con la gente de los paracaidistas, y tenían el control allí de la situación, y se organizó muy bien. Entonces, ya empiezan las primeras noticias. Yo, cuando terminé de hablar con ellos ya, llamé a María —era alrededor de las 10, 10 y tanto—, a ver qué noticias tenía, y yo le doy la información de que te habían llevado para esa base.

PDTE. CHÁVEZ.- Correcto. Ahí estuve esa noche. Ahí, bueno, descansé un rato; hablé con los muchachos, los comandos… Porque ellos son muchachos de comandos paracaidistas, aunque son de la Marina, y entonces resulta que me los voy ganando, me los voy ganando, van cogiendo confianza. Y en la mañana resulta que uno me propone salir de ahí, es decir, tomar la base esa y rescatarme, y salir de ahí hacia Maracay por tierra —porque el helicóptero no lo teníamos cerca, estaba en el apostadero, donde sí ellos lo tenían bajo control... Entonces, a mí me pusieron en una bahía con una unidad de comandos de unos 100 hombres; pero ellos me dijeron —un grupo de oficiales y sargentos—, me dijeron:
—“Mire, mi Comandante, estamos dispuestos a irnos de aquí con usted. Detenemos aquí a algunos oficiales que no están con nosotros, y nos vamos a Maracay, porque está mi general Baduel haciéndose fuerte allá, la gente en la calle, en Caracas la gente está en la calle. Así que, vámonos de aquí.”
Bueno, estaban haciendo el plan ya, y al rato llegan…

CMDTE. EN JEFE.- ¿Y por dónde hubieran llegado a Maracay ustedes?

PDTE. CHÁVEZ.- Por carretera, porque esa zona queda cerca de Maracay, queda como a dos horas de Maracay por tierra.

CMDTE. EN JEFE.- Pero, ¿Maracay está al este o al oeste de Caracas?

PDTE. CHÁVEZ.- Maracay está al suroeste de Caracas, y forma —con el lugar donde yo estaba— como un triángulo casi que equilátero entre…

CMDTE. EN JEFE.- Sí. Pero entonces la base esa, ¿está en la zona de Miranda, o al oeste de Maiquetía?

PDTE. CHÁVEZ.- No, al oeste de Maiquetía, en el estado de Carabobo, yendo hacia…

CMDTE. EN JEFE.- ¿La base esa?

PDTE. CHÁVEZ.- Turiamo, sí.

CMDTE. EN JEFE.- Claro, ahora entiendo, ahora entiendo.

PDTE. CHÁVEZ.- Y es del estado de Aragua, Turiamo está en Aragua, cuya capital es Maracay. Ellos cometieron un error allí, porque me llevaron al estado de Aragua.

CMDTE. EN JEFE.- Te llevaron cerca de donde estaban los paracaidistas.

PDTE. CHÁVEZ.- ¡Cerca! No se dieron cuenta de eso. Entonces yo ahí me sentía más sólido, y los muchachos listos. Ahora, ¿qué pasa? En Maracay no sólo fue Baduel. Otro general que estaba conmigo aquí en el Palacio, García Mon­to­ya, resulta que él fue el que también me recomendó entregarme. Me dice:
—“No, usted tiene que preservar la vida. No­sotros nos encargamos aquí de la resistencia. Así que entréguese, pida garantías, y bueno, nosotros pendientes de exigir que le respeten la vida”.
Por una parte me estaban sacando a mí preso, y por la otra él se fue a Maracay, porque él es muy amigo de Baduel, y allá él, que es General de División, organiza el Comando de la Resistencia y la Dignidad. Y empieza ese comando, y los muchachitos míos de aquí, los jovencitos que tú conoces, se fueron para allá también, para Maracay, que queda como a hora y media de Caracas. Se fueron, se les escaparon a los jefes aquí, a los que asumieron. Aquí tenían un plan ya. Unos se quedaron en el sótano escondidos.

CMDTE. EN JEFE.- Creo que Martínez estaba por allí también, ¿no?

PDTE. CHÁVEZ.- Sí, Martínez estaba. Todos estaban allí. Martínez…

CMDTE. EN JEFE.- Yo hablé con el general ese que tú dices.

PDTE. CHÁVEZ.- ¿García Montoya?

CMDTE. EN JEFE.- Sí, yo hablé primero con Baduel —porque todo eso me comunicó María. Me comunicó primero con el que estaba de Jefe de Comando, el que estaba de Comandante de la Fuerza Armada, Lucas...

PDTE. CHÁVEZ.- ¡Ah, Lucas, Lucas! ¿Hablaste con él?

CMDTE. EN JEFE.- Sí. Ella me comunica con él. Era el período en que tú estabas en Orchila, ya a esa hora; eso fue por la tarde, a primera hora de la tarde más o menos. Yo le comuniqué. Entonces, después María me dice que Baduel quiere hablar también, y me dio los teléfonos. Era muy difícil, se cortó dos veces la comunicación... y entonces, a través de María, pude… Ella me dijo que Baduel quería hablar conmigo. Entonces, hablé con Baduel un rato, y estábamos en la enorme preocupación de dónde tú estabas y de presionarlos no fuera a ser que en la desesperación hicieran cualquier cosa, ¿tú entiendes? Entonces, él me pone con ese general, este que estaba allí.

PDTE. CHÁVEZ.- García Montoya.

CMDTE. EN JEFE.- Montoya. Y entonces él pide también que ellos querían hacer una declaración pública. Entonces, hablando conmigo ahí, yo le puse para grabarle la conversación, y le dije que la hiciera: ¡pam! Y entonces hizo un discurso dirigido a la opinión pública mundial y todo. Inmediatamente la pasamos a la televisión y se la entregamos también a todas las estaciones aquí, un discurso que él hizo. ¡Figúrate!, tú no sabías lo que estaba pasando por acá, ¿no?

PDTE. CHÁVEZ.- No, yo no sabía nada de eso. Claro, yo intuía la reacción popular y militar, pero me preocupaba, porque eso pudiera haber generado hasta una guerra civil. Pero resulta que…

CMDTE. EN JEFE.- No, Baduel y el otro tenían una posición muy clara —yo se la elogié—; estaban indecisos de si salir o no. Y entonces, yo decía: no, no conviene que haya combate. Les di mi opinión, pero ya ellos tenían pensado precisamente eso. Entonces, sí yo hablé…

PDTE. CHÁVEZ.- Creo que dieron un ultimátum a esta gente de aquí de Caracas para que yo apareciera, si no, iban a venir sobre Caracas los paracaidistas.

CMDTE. EN JEFE.- Sí, pero el problema es que lo que hizo el general y lo que hizo Baduel —los dos— fue la táctica de no moverse, y apelaron a todas las unidades. Entonces, hablaron en ese mensaje que hicieron, que nosotros transmitimos a todas partes.

PDTE. CHÁVEZ.- Sí, eso se convirtió… Ellos convirtieron el Comando de los Paracaidistas en el Comando de la Resistencia. Entonces, fueron llamando a las unidades, a generales, a comandantes, y me dicen que tenían un cuadro en la pared. Y entonces, uno de los muchachos, de los míos acá, de los tenientes, tomando notas, y el general llamando y llamando:
—“Miren, ustedes con quién están, defínanse.”
Entonces:
—“No, que estamos indecisos.”
Entonces empezaban a hablarles, a decirles, y se fueron ganando poco a poco a toda la oficialidad otra vez, explicándoles que yo no había renunciado, que eso era una gran mentira, que esa era una traición, que estaban entregándole el país otra vez a FEDECÁMARAS, a los empresarios, a los Adecos, a los Copeianos —por­­que esos hicieron una fiesta aquí ayer...

CMDTE. EN JEFE.- Sí.

PDTE. CHÁVEZ.- Vinieron aquí al Palacio e hicieron unas fiestas.

CMDTE. EN JEFE.- Sí, sí, si los pescaron ahí. (Riéndose) Los pescaron ahí adentro a los ministros.

PDTE. CHÁVEZ.- Aquí tienen a unos presos, pero al fulano presidente este, y a todo el… El negro Churio… ¿Te acuerdas de Churio?

CMDTE. EN JEFE.- Sí.

PDTE. CHÁVEZ.- Churio, el Mayor, ese muchacho es el jefe de los comandos míos. Ellos estaban en el sótano, y entonces… ¡Menos mal que no lo hicieron! Porque ellos, cuando estaban juramentando al supuesto presidente este, querían tomarlos de rehenes, hacer una toma de rehenes allí en el salón grande.

CMDTE. EN JEFE.- (Se ríe)

PDTE. CHÁVEZ.- Es que aquí es para escribir un libro, Fidel.

CMDTE. EN JEFE.- No, no, se puede hacer un libro.

PDTE. CHÁVEZ.- Un libro para la historia, mira, porque… Tú que tienes muchos más años que yo en esto; yo no recuerdo un ejemplo parecido…

CMDTE. EN JEFE.- No, no hay nada parecido, no hay nada, nada, nada parecido.

PDTE. CHÁVEZ.- Yo no quería creerlo. Mira, Fidel, yo anoche estaba allá, estaba por allá con los muchachos de la bahía de Turiamo —porque allá hace mucho calor—, y entonces les dije:
—“Bueno, déjenme salir un rato para allá, yo no me voy a escaparme de aquí.”
Y me puse a hablar con ellos. ¡Ah!, esa es otra cosa que me sirvió mucho, Fidel: hablar con los soldados, oírles sus quejas, los sargentos. Entonces, se quejan mucho de los jefes que han tenido en estos años con mi gobierno; que los han olvidado, ¡coño!, que ellos tienen problemas económicos, tienen allá las instalaciones muy viejas, les faltan recursos para el entrenamiento, para el mantenimiento de las armas. Entonces, me empezaban a contar todas esas cosas, ¿no? Y eso es una lección. Yo no puedo olvidarme de esos muchachos y contar sólo con los altos mandos y lo que a uno le dicen. Hay que meterse hasta abajo, y oírlos a ellos, sus problemas. Fue una noche muy bonita, que yo incluso les dije:
—“Miren, si a mí llegan a condenar y a degradarme, les voy a pedir a los que me condenen y me degraden que me pongan de soldado raso a servir aquí en esta unidad; me quedo con ustedes aquí de soldado raso —porque yo lo estaba disfrutando mucho—, yo lo que soy es un soldado en verdad como tú” (un tipo que anda por ahí).
Vienen estos muchachos, y entonces ellos me hicieron un café allá, y me dejaron solo; se fueron allá y se pusieron un poco más lejos. Me quedé yo pensativo ahí, y me puse a mirar al cielo, y entonces yo digo:
—“No, yo estoy seguro de que esa siembra de tantos años en el pueblo, esas organizaciones populares que hemos estado empujando, organizando, impulsando —los Círculos Bolivarianos; los partidos, el MBR, el PPT, el MAS, el PCV, toda esa gente—, esa gente no se puede quedar quieta, porque si esa gen­te no hace nada, ¡coño!, es que no merecen esta vaina, no merecen una revolución todavía.

CMDTE. EN JEFE.- Sí, pero estaban engañados, confundidos p’al diablo, des­concertados con la campaña que hicieron.

PDTE. CHÁVEZ.- Sí, sí. Claro. Y además, a mí me cortaron la señal del canal del Estado, y unos traidores militares entonces tomaron el canal mío allá en la estación, y yo no tenía cómo comunicarme con el pueblo.

CMDTE. EN JEFE.- No, te dejaron incomunicado.

PDTE. CHÁVEZ.- Eso me indica que yo debo instalar en el Palacio un equipo de transmisión de una planta aquí mismo, aquí mismo en el Palacio. Son cosas de las que ahora yo estoy sacando conclusiones, voy a… Claro, estoy aquí todavía —como te dije— estupefacto, que todavía estoy evaluando esta cosa, este huracán y este contra huracán así. Fue todo tan rápido, que yo no creía creer. Todavía estoy aquí…

CMDTE. EN JEFE.- Es que ya, ayer viernes, desde por la mañana, era un río de gente para allá, hacia Palacio. Y rodearon el Fuerte Tiuna también. Había más de 100 mil gente.

PDTE. CHÁVEZ.- Todo, todo eso. Hicieron cadenas humanas y trancaron las carreteras en casi todo el país. Trancaron las carreteras. Pero sin violencia. Esta noche fue que se desataron unos saqueos aquí en Caracas, pero ya…

CMDTE. EN JEFE.- ¿Fue mucho o no? Porque todo el mundo estaba hablando… Quiero decir, la misma gente tuya, por la televisión, estaban hablando y hablando contra eso. Y después tú ha­blaste, que fue muy bueno el discurso tuyo, ¡excelente!

PDTE. CHÁVEZ.- ¿Tú lo oíste?

CMDTE. EN JEFE.- Sí, ¡cómo no!

PDTE. CHÁVEZ.- Ahí estuve…

CMDTE. EN JEFE.- Estabas tú ecuánime, bien, reflexivo. Me pareció excelente. A todos los que estábamos ahí. Estuviste hablando una hora aproximadamente.

PDTE. CHÁVEZ.- Sí, más o menos. Correcto. Entonces, luego que terminé esa cadena, salí al balcón del pueblo. Estaba la gente concentrada afuera, y no se querían ir hasta que yo no saliera, pues.

CMDTE. EN JEFE.- ¡Ah!, ¿lograste saludar?

PDTE. CHÁVEZ.- ¡Claro!, yo salí al balcón del pueblo, después de la alocución, y ahí estuve con ellos.

CMDTE. EN JEFE.- ¡Ah!, pues yo creía que se había acabado todo, y en­tonces…

PDTE. CHÁVEZ.- No, no. Yo salí al balcón. Lo que pasa es que…

CMDTE. EN JEFE.- ¿Y eso salió por televisión también?

PDTE. CHÁVEZ.- No estoy seguro, Fidel. A lo mejor sí. No estoy seguro. Vi unas cámaras allá abajo, pero no sé si estaban transmitiendo. Fue muy rápido en verdad, fue muy rápido. Yo me pasé ahí unos minutos, porque…

CMDTE. EN JEFE.- No, si esa gente llevaban ahí… ¡desde por la mañana estaba esa gente ahí!

PDTE. CHÁVEZ.- Todo el día. Yo les hacía señas de que se fueran a dormir, y no…

CMDTE. EN JEFE.- Oye, pero cercaron el Fuerte Tiuna ese, ¡una multitud enorme!

PDTE. CHÁVEZ.- Sí, allí fue un cura, un cura que vino por ahí ahora, que es cura militar. Me dijo que había como unas 50 mil personas trancando, que no podían salir los militares del Fuerte Tiuna. Entonces ahí es cuando comienzan —fí­­jate en la cosa—, es cuando llega un helicóptero allá a Turiamo. Ya los muchachos estaban preparando la operación, pero yo tenía dudas, ¿no?, porque yo les dije:
—“Pero aquí no hay un teléfono por allí, que yo pueda hablar con Baduel?”.
—“No, allí no hay señal de teléfono— me dijeron.
—“Entonces así no podemos salir ahí, sin una planificación con él, es difícil, porque puede haber un encuentro en el camino, y entonces se arma una batalla y un combate”.
Pero estábamos pensándolo. Yo estaba pensándolo en serio, porque está más cerca de Maracay —Y yo como conozco tanto Maracay y los paracaidistas, yo conozco… y ellos también, pues...

CMDTE. EN JEFE.- Ahora, esos dos, Montoya y Baduel, actuaron con mucha inteligencia. Fueron inteligentes. Mucha inteligencia política.

PDTE. CHÁVEZ.- Ellos son muy inteligentes, de los más brillantes amigos, y hombres de aplomo, de inteligencia… Y ahora, bueno, han despuntado como líderes militares y políticos también, con esa acción, porque ellos convirtieron a Maracay en la segunda… Pero tú sabes que esa es la principal plaza del país, porque, además el General de la base aérea donde están los aviones de combate F-16, todos, tomó la base y se puso leal a la Revolución.

CMDTE. EN JEFE.- Sí, ya tenían aviación, lo tenían todo ya, tanques, aviones, y la infantería.

PDTE. CHÁVEZ.- ¡Ah!, y los tanques de Valencia, donde está el General Rangel, que fue aquí jefe de la Casa Militar, y yo los visité hace apenas como 10 días, estuve con ellos allá. Mira, pero me contaban ahorita los muchachos —¡una cosa impresionante, Fidel!…
(Se dirige a su hijo) —“Hugo, consígueme…” Aquí está Huguito, te manda saludos, pronto va para allá.

CMDTE. EN JEFE.- Sí, sí, ya hablé con él.

PDTE. CHÁVEZ.- Va a estudiar. Hablaste con él ya.

CMDTE. EN JEFE.- Sí, sí le pregunté cuándo venía.

PDTE. CHÁVEZ.- Parece que va a ser ingeniero.

CMDTE. EN JEFE.- (Se ríe) Yo hablé con él y con Rosa.

PDTE. CHÁVEZ.- Mira, aquí está Rosita, te manda un beso. Y Hugo dice que el plan sigue en pie. Así me dijo.

CMDTE. EN JEFE.- Sí.

PDTE. CHÁVEZ.- Él hace muchos planes, lo que pasa es que casi ninguno funciona. (Se ríen)

CMDTE. EN JEFE.- Pero parecía embullado. Con este último parecía embullado.

PDTE. CHÁVEZ.- Este parece que sí va a funcionar. Entonces, fíjate… Pero es que han pasado detalles de los muchachos aquí…

CMDTE. EN JEFE.- ¡Cuéntame! Yo estoy desesperado por que tú me cuentes. ¡Cuéntame!

PDTE. CHÁVEZ.- Pero es que son cuentos para escribir no sé cuántos libros. Mira, me dijo uno de los muchachos ahorita, que ellos fueron a la Academia Militar, ¿no? Ellos andaban moviéndose por ahí. Los cadetes… Resulta que yo hace como dos semanas fui a darle una conferencia al Quinto Año, el último año ya para graduarse de Subtenientes, ¿no? Y, bueno, yo con ellos hablo mucho y les cuento cosas; bueno, a esos muchachitos uno los va formando. Y llegaron allá, y los cadetes estaban tomando la Escuela Militar, chico, y el Alférez Mayor tenía la llave de todos los parques y dijo:
—“No entrego nada.”

CMDTE. EN JEFE.- No tenían armas. (Se ríe) Estaban sin armas.

PDTE. CHÁVEZ.- No, las tenían en el parque, pero él tenía todas las llaves, listo por si acaso había que sacar. Entonces, toman la Escuela Militar, toman el edificio del Comando del Ejército, y aquellos generales entonces —me imagino— dando carreras, no encontraban dónde meterse. ¡Los muchachos buscándolos, chico! Todos están presos. Los pusieron presos los militares subalternos, ¡a todos esos traidores! ¡Una lección de honor, chico, que a mí me…!

CMDTE. EN JEFE.- ¿Cuándo fue eso?

PDTE. CHÁVEZ.- Eso fue hoy, después del mediodía.

CMDTE. EN JEFE.- ¡Ah!, hoy al mediodía. ¡Ah, sí!

PDTE. CHÁVEZ.- Sí, y se llevaron allá —allá lo tienen— al fulano presidente de transición, preso allá en el Fuerte Tiuna. ¡Los muchachos! Junto con ese poco de generales.

CMDTE. EN JEFE.- ¿Y esa escuela está cerca del Fuerte Tiuna?

PDTE. CHÁVEZ.- Está dentro de la Escuela. Allá adonde fuimos el día de la toma de posesión, allá en el patio grande aquel. Esa es la Escuela Militar. Ahí tienen presos ahí al lado, cerca de ahí, en el Fuerte, al fulano presidente este y sus ministros.

CMDTE. EN JEFE.- A Mussolini, un Mussolini. (Se ríen) Porque cuando ha­bló —yo lo vi cuando tomó posesión—, se parecía a Mussolini.

PDTE. CHÁVEZ.- Lanzaron un decreto eliminando la Asamblea, eliminando el Ministerio de Justicia, eliminando los…

CMDTE. EN JEFE.- ¡Oye, pero, qué barbaridad! Ellos ayudaron, ¿sabes? Ellos ayudaron también, porque hicieron unos disparates del cará.

PDTE. CHÁVEZ.- Sí, no, ellos pusieron la cómica. Y además, teniéndome a mí preso sin renunciar. ¡Imagínate tú! Rompiendo con todo. ¿Cuál democracia? Decían que por rescatar la democracia. De esa manera, ¿quién les va a creer? Hasta los Estados Unidos tuvieron que rectificar hoy. Hoy en la tarde emitieron un comunicado rectificando la vaina. Pero, fíjate, para terminar de contarte. Me llegan a buscar a Turiamo, un helicóptero.
—“Mire —me dijo un Al­mirante—, mire, Presidente…”
Cuando me dijo “Presidente”, yo dije:
—¡Ay, papaíto!”
—“Mire, Presidente, que me mandaron a custodiarlo, y además, que vayamos a la Orchila, para que esté…”
La Orchila es al norte, tú has ido a la Orchila; te la pasabas allá…

CMDTE. EN JEFE.- Sí, yo he ido ahí. ¿A cuántos kilómetros está?

PDTE. CHÁVEZ.- De Turiamo está…

CMDTE. EN JEFE.- No, de la costa, de la costa.

PDTE. CHÁVEZ.- Está como a 100 kilómetros. Entonces, yo le digo:
—“Pero, bueno, Almirante, ¿para qué me viene usted a buscar aquí? Ya yo estoy aquí acostumbrándome con estos soldados aquí, estoy preso aquí, no se preocupe por mí.”
—“No, que allá está mejor, para que esté en la casa presidencial”.
Le dije:
—“No, chico, no me hace falta, yo me siento bien aquí.”
—“No, pero, mire, es que quieren hablar con usted”.
Yo, tanteando, porque eso era signo de debilidad, pues. Pero yo tanteándolo, ¿no?, a ver hasta dónde. Entonces, yo le digo:
—“Pero, ¿qué quieren hablar conmigo? Si ya, cuando teníamos que hablar, no quisieron hablar, les hice una serie de condiciones, propuestas.”
—“No, no, pero es que ya ellos quieren… ahora sí, porque ya la cosa está más clara, quieren que usted se vaya para Cuba”.
Entonces yo le digo:
—“Mira…”

CMDTE. EN JEFE.- Sí, no quisieron aceptarlo aquella noche, ¿eh?

PDTE. CHÁVEZ.- Anjá, eso le dije yo: Le digo:
—“Mira, yo, incomunicado como estoy, no sé nada de lo que está pasando, tengo un poco de compañeros presos” —porque ya yo sabía que sacaron al Ministro del Interior, a Rodríguez Chacín, lo sacaron esposado de su casa, al gobernador Blanco de la Cruz lo sacaron de la Gobernación, al diputado Tareck, se lo llevaron siendo diputado, preso y todo—; entonces yo le digo:
—“Mira, no hay condiciones para que yo tome una decisión. Yo no puedo salir del país, de ninguna manera, dejando gente mía presa. Yo no tengo comunicación con nadie…”

CMDTE. EN JEFE.- ¿Y a qué hora fue eso?

PDTE. CHÁVEZ.- Eso fue hoy, o sea, ayer sábado, ya como a las 2 de la tarde.

CMDTE. EN JEFE.- Sigue.

PDTE. CHÁVEZ.- Entonces, de todos modos yo le dije:
—“Mira, yo puedo ir, pero llama allá y dile a quien te mandó —un Almirante que había sido nombrado Ministro de Defensa, que está preso ahorita—, dile al Almirante que yo voy sin condiciones. Yo no…”
—“No, porque quieren que usted fir­me la renuncia, y al firmarla usted, lo mandamos para Cuba”.
Le dije:
—“No, yo así no puedo firmar renuncia ni puedo salir del país, pero entiendo que allá tenemos un teléfono y podemos comunicarnos, así que me interesa que vayamos allá para tener alguna información. Y diles que se muevan ellos para allá, y allá conversamos, para ver qué es lo que ellos plantean.”
Y así lo hicimos. Entonces, otro detalle bonito: cuando yo estoy vistiéndome ya, entra un soldado, chico, un cabo, entra al cuartico donde yo estaba. Y yo lo veo y me dice:
—“Mire, mi Comandante, yo soy el cabo Rodríguez, yo soy de Sabaneta.”
Un muchacho de Sabaneta que estaba por ahí, de allá de mi pueblo. Y le digo:
—“Muchacho, ¿y qué haces tú aquí?”
—“Yo soy de la familia Rodríguez, pariente de su tío Antonio Chávez” —que él era Rodríguez también...
—¡Carajo! ¿Y qué haces tú aquí, muchacho?
Yo tenía años que no lo veía, y él llegó ahí escondido, porque él no tenía permiso para entrar a mi celda, ¿no? Aprovechó que yo pedí café, y se metió con el que llevó el café, el cocinero. Entonces, me dice:
—“Mire, mi Comandante, ¿usted renunció?”
Yo le dije:
—“No, ni voy a renunciar”. Entonces, se para firme y saluda, y me dice:
—“Entonces, ¡usted es mi Presidente! ¡No vaya a renunciar! —me dice—, que lo vamos a sacar a usted de esa vaina.”
Entonces, yo le digo:
—“Bueno, okey, me quedan dos minutos aquí. Te voy a pedir un favor.”
—“Lo que usted me diga.”
—“Te voy a hacer un papel, una nota, para que tú…
(Se dirige a otra persona) —“Buenas, Pedro, saludos. Saluda a tus viejos, Pe­dro. Okey.”
Estoy aquí con Pedro, el novio de mi hija Rosa.
(De nuevo se dirige a Pedro) —“Vaya, vaya a descansar, Pedro.”

CMDTE. EN JEFE.- ¡Ah, sí, sí! (Se ríe)

PDTE. CHÁVEZ.- Entonces, él se llevó a los muchachos y los dejó por ahí…

CMDTE. EN JEFE.- Sí, estaban allá en su casa.

PDTE. CHÁVEZ.- Estaban por allá protegidos.

CMDTE. EN JEFE.- El jueves por la noche, y después se fueron para allá para donde está Reyes.

PDTE. CHÁVEZ.- Sí, estaban allá. Entonces, el muchacho… Yo escribo rápidamente allí, y él me dijo:
—“Mire, yo no puedo estar aquí un minuto más. Escriba lo que va a escribir, y me deja el papelito en el basurero —en una cesta de papeles, una papelera—, meta el papelito allá abajo, que yo lo busco.”
(El Comandante se ríe) ¡Fíjate la faena! Entonces, yo escribo un comunicado a mano, corto:
—“Al pueblo venezolano y a quien pueda interesar.”

CMDTE. EN JEFE.- Sí, ese salió por la televisión.

PDTE. CHÁVEZ.- Bueno, chico, entonces yo dejo…

CMDTE. EN JEFE.- Que no he renunciado, y para siempre…

PDTE. CHÁVEZ.- “No he renunciado, ¡para siempre!”. Y firmé la página. Entonces, yo dejo esa vaina en la papelera, y llegan a buscarme, agarro mis cosas, y me voy. Y, bueno, yo no supe más de ese papel. Yo dije:
—“Bueno, ese muchacho, ojalá que pueda hacer algo, pero ahí no hay ni fax…” Eso es una zona inhóspita, chico; eso es un comando allá de Marina, lejos, de comandos que entrenan y se tiran en paracaídas. Ahí no hay ni teléfono, ni llega la televisión ni hay fax ni eso. Unos galpones ahí —tú sabes—, de esas unidades de combate que están por ahí metidas en la montaña; una montaña, una bahía montañosa. Resulta que, cuando yo llego aquí, ¡eso recorrió el mundo, chico! Ese papel, el muchacho lo agarró, yo no sé cómo hizo para salir de aquella montaña, y dos horas después estaba mandando fax a diestra y siniestra (Se ríen), como una ametralladora. Y aquí todo el mundo carga ese fax en la mano como… Ahí lo cargan, y tuve que firmar no sé cuántos ahí. Además de que tiene la firma, le metí otra firma a la gente que pidió le firmara.

CMDTE. EN JEFE.- ¡Qué cosa!

PDTE. CHÁVEZ.- Y ese fax, me dicen que recorrió el mundo. Pero, fíjate tú qué capacidad de respuesta, ¡vale!

CMDTE. EN JEFE.- Sí, sí.

PDTE. CHÁVEZ.- ¡Una cosa impresionante! Ahora, llego a la Orchila, Fidel, un vuelo en helicóptero como de una hora, y al rato llega la Comisión.

CMDTE. EN JEFE.- ¿Quiénes fueron allí? ¿Quiénes fueron?

PDTE. CHÁVEZ.- El Cardenal de la Iglesia Católica, uno, que fue uno de los firmantes del decreto napoleónico-mussoliniano ese ridículo que firmaron. Ellos pretendían que con ese decreto írrito iban a borrar de plano una lucha de años, sobre todo la Constituyente, y querían eliminar las 48 leyes habilitantes de un solo plumazo, y que la República no se llamara más Bolivariana, y que no le vendieran más petróleo a Cuba.

CMDTE. EN JEFE.- Eso tiene su historia a contar.

PDTE. CHÁVEZ.- Una vaina… ¡Eso es para la historia, chico! Esta oligarquía insensata, imbécil e ignorante, no se da cuenta. Ellos se creen su propia mentira, de tanto repetirla, y terminan despreciando la realidad. Entonces, vienen…

CMDTE. EN JEFE.- ¿Y quién más fue con el Obispo?

PDTE. CHÁVEZ.- Llegó el Cardenal este; un general, pero que es un Fiscal militar, que no tiene ninguna autoridad ni mando…

CMDTE. EN JEFE.- ¿Del Fuerte Tiuna?

PDTE. CHÁVEZ.- Del Ejército, sí, del Fuerte Tiuna. Y un coronel, que es uno de los que impulsó esta conspiración, que es abogado, enviado, porque es muy amigo de los generales, compañero de ellos. Bueno, nos sentamos a conversar, pues. Llevaban la renuncia lista.

CMDTE. EN JEFE.- ¿Y qué propusieron?

PDTE. CHÁVEZ.- Bueno, que yo firmara la renuncia —imagínate— con fecha atrasada, con un membrete y como un decreto presidencial. Bueno, “en el día de hoy…”

CMDTE. EN JEFE.- Aunque ya ni eso los salvaba ya. Ellos estaban derrotados a esa hora ya.

PDTE. CHÁVEZ.- Sí, no, ya estaban haciendo un esfuerzo supremo. Pero me estaban montando una trampa para sacarme del país. Porque me dijeron:
—“No, ahí está el avión listo. Y, bueno, te vas a Cuba, pues.”
Yo les dije:
—“No, yo así no puedo, sin información fidedigna de lo que está pasando en el país, yo ni voy a firmar la renuncia —no tengo previsto renunciar—, y mucho menos voy a salir del país. Búsquenme un teléfono para hablar con el Presidente Castro, para coordinar con la familia. ¿Cómo ustedes creen que yo voy a salir del país y dejar a mis hijos, mi mujer, por ahí regados, mis compañeros en prisión?”
—“No, no, que ya los soltamos a todos, no hay ningún preso.”
—“Yo quiero hablar con ellos, yo quiero hablar con Diosdado, quiero hablar por teléfono con Bernal, quiero hablar con Rodríguez Chacín. Sólo si ustedes me permiten un teléfono para hablar con ellos, que me digan, me den información fidedigna, yo pudiera pensar en alguna actividad. Mientras tanto, no me muevo de aquí. Y si me van a dejar preso, me llevan otra vez a Turiamo. Yo no quiero estar preso en esta casa lujosa. No, me llevan a mi prisión…”

CMDTE. EN JEFE.- Pero ellos tenían un avión ahí, creo que tenían un avión ya.

PDTE. CHÁVEZ.- Allí ya tenían un avión, Fidel. Incluso, yo mandé a investigar lo siguiente, porque José Vicente me dijo ahorita que había un avión norteamericano en la Orchila.

CMDTE. EN JEFE.- Creo que hasta hablaron, tuvieron que hablar con Shapiro ahí. Investiga bien hasta donde puedas, porque había hasta la idea de llevarte a Estados Unidos. Corrió ese rumor también.

PDTE. CHÁVEZ.- Bueno, y entonces, allá en la pista, yo vi el avión, de siglas… Claro, un avión privado, pero de siglas norteamericanas.

CMDTE. EN JEFE.- Era norteamericano.

PDTE. CHÁVEZ.- Entonces, fíjate todo lo que estaban planeando ahí, ¡quién sabe si hasta llevarme a Estados Unidos, o quién sabe a dónde!

CMDTE. EN JEFE.- Ese rumor corrió con fuerza. El rumor. Y a nosotros no llegó nada, nada. Y lo que me pidieron de allí de Palacio —que ya estaba tomado— es que hiciéramos una declaración allí. Hicimos una declaración de inmediato y la divulgamos, de que eso era una mentira más, y que si te llevaban por la fuerza a Cuba, en el avión más rápido que tuviera nuestra línea aérea regresarías de inmediato a Caracas, que te estaba esperando el pueblo. (Se ríen) Hicimos esa declaración.

PDTE. CHÁVEZ.- Pues yo, sin saber nada de eso, les dije algo parecido:
—“Miren, si ustedes me llevan a Cuba y me están mintiendo, y yo allá me entero entonces de que sí hay gente presa, o de que el pueblo está en las calles, y que la…”
Porque entonces me estaban engañando:
—“No, no, la situación militar está totalmente controlada.”
Les digo:
—“¿Seguro?”

CMDTE. EN JEFE.- ¿Controlada por ellos, decían?

PDTE. CHÁVEZ.- Sí, decían ellos para engañarme. Entonces, les pregunté:
—“¿Y qué pasa con el General Baduel?”
—“No, no, no, ya él aceptó, él está en su cuartel tranquilo.”

CMDTE. EN JEFE.- ¡Qué hijos de puta son!

PDTE. CHÁVEZ.- Sí.
—“No estoy tan seguro, ponme un teléfono para yo ha­blar con Baduel. Sólo después que me ex­pliquen, yo pudiera considerar.”
Y entonces, ganando tiempo, les hice otro texto…

CMDTE. EN JEFE.- Eso es discutiendo con la Comisión.

PDTE. CHÁVEZ.- Discutiendo con la Comisión. Entonces, les dije:
—“Miren, no, yo no voy a firmar nada.”
Entonces después estaban nerviosos, porque parece que Baduel amenazó con irse con unos comandos de paracaidistas en helicópteros que tenía allá, a la Orchila, a rescatarme, si yo no aparecía.

CMDTE. EN JEFE.- Tenía un plan ya, lo tenía.

PDTE. CHÁVEZ.- Ah, sí.

CMDTE. EN JEFE.- Tenía el plan de tomar aquello, sí.

PDTE. CHÁVEZ.- Entonces, me dijo el Almirante… Desplegaron posiciones de combate allá en la Orchila. Había un grupo pequeño, en verdad, pero, bueno, son comandos también, muchachos muy bien entrenados. Entonces, el Almirante se me acerca y me dice:
—“Mire, no vaya a firmar nada. Lo más seguro es que venga Baduel a rescatarlo. Si él viene, aquí no va a haber resistencia, aquí nos iremos con él, y parece que vamos a Miraflores” —me dijo el Almirante, el que estaba conmigo desde Turiamo.

CMDTE. EN JEFE.- Sí.

PDTE. CHÁVEZ.- Bueno, entonces, aquella gente… La situación cambió totalmente. Me ponen a José Vicente por teléfono —ahí sí apareció el teléfono—, llaman a José Vicente y, bueno, entonces, ¡lo increíble! Yo no quería creer:
—“¿Dónde estás tú, José Vicente?”
—“No, aquí en el Ministerio de la Defensa, que ya lo rescatamos. (Se ríen)

CMDTE. EN JEFE.- Es la primera noticia que tú tienes de toda la situación.

PDTE. CHÁVEZ.- Es la primera noticia que yo tengo, la de José Vicente. Lo demás eran puras informaciones, contrainformaciones, muchas dudas. No, ¡coño!, pero yo decía:
—“No puede ser que tan rápido hayan retomado…”
Bueno, y le pregunto:
“¿Y dónde está el supuesto presidente?”
Me dice:
—“No, está preso, aquí lo tenemos preso, y un poco de generales presos.” (El Comandante se ríe)
—“Pero, ¿es que acaso hubo muertos, hubo batalla?”
—“No, no, ni un tiro, chico, ni un tiro. Una reacción fulminante del pueblo, de la juventud militar, y esta gente corrió como gaticos a esconderse. Los agarramos y ahí están presos la mayoría.”

CMDTE. EN JEFE.- Y ellos… ¿Con qué pretexto lograste que te dejaran hablar con Rangel?

PDTE. CHÁVEZ.- No, porque ya a esas alturas… Ya la Comisión que fue a buscarme cambió totalmente de actitud, y se sentaron allá calladitos los tres, y el Almirante es el que me informa, el Almirante que me estaba cuidando, que me trajo… Él es el Jefe de la Aviación Militar de la Marina. Me llamó aparte y me dijo:
—“Mire, Presidente, no vaya a firmar nada, no caiga en la trampa. Parece que usted va para Miraflores otra vez esta noche.”
Entonces el hombre empezó a pasarme información, pues, que él estaba obteniendo de su comando. Así que entonces yo me puse fuerte otra vez y empecé a hablar como Presidente, y ellos de una vez: Presidente p’acá, Presidente p’allá.

CMDTE. EN JEFE.- ¿Y cuándo te dieron el teléfono?

PDTE. CHÁVEZ.- Ese teléfono me lo dieron como a la medianoche más o menos, cuando hablé con José Vicente, y después hablé con el Gobernador Blanco de la Cruz, y me pasaron a otro Gobernador:
—“¡No, jodas, aquí está el pueblo en la calle!”
Blanco de la Cruz retomó la Gobernación, él estaba enconchado; se declaró en resistencia en el Táchira y llamó al pueblo a la calle. Y aquel pueblo en la calle… acordonaron la Gobernación de donde lo habían sacado a él a empujones, la Policía, la parte de la Policía que se pasó, entonces, bueno, me dijo… (cambio de cara)
—…Caracas.
Bueno, al ratico nos vinimos. Hablé también con Baduel, hablé con García Montoya, hablé con otros generales que estaban con Rangel allí, y entonces, bueno, llegaron cuatro o cinco helicópteros. Los de Baduel llegaron, llegaron los de Baduel llenos de paracaidistas de allá de Maracay.

CMDTE. EN JEFE.- ¡No me digas! (Se ríe)

PDTE. CHÁVEZ.- Y los Carajos. Los Carajos tienen un lema ahora, que es “Lealtad hasta la muerte”. ¡No, jodas, chico! Entonces, se unieron los comandos de la Marina, los comandos de la Fuerza Aérea, los comandos de los Paracaidistas, y nos vinimos en el vuelo triunfal de retorno, y aterrizamos aquí en Miraflores, donde estaba aquel pueblo en la calle…

CMDTE. EN JEFE.- ¿Tú no pasaste por Maracay?

PDTE. CHÁVEZ.- No, pero salgo mañana para allá.

CMDTE. EN JEFE.- ¿Vinieron directo de Orchila para…?

PDTE. CHÁVEZ.- Yo tenía que llegar a Palacio, porque tú sabes que es el símbolo del poder.

CMDTE. EN JEFE.- Sí, sí.

PDTE. CHÁVEZ.- Y había mucha gente.

CMDTE. EN JEFE.- No, pero por una noticia que le dieron a Germán, desde allí de Palacio… Porque hubo mucha confusión, incluso en un momento se dijo que tú estabas herido, y hasta la teoría de que te habían ido a rescatar y habías sido herido. También se habló mucho —eso sí— de que tu habías sido golpeado. Se regó mucho, sí.

PDTE. CHÁVEZ.- Había mucho temor, porque también… No, que le desprendieron el hígado, que no sé qué cosa…

CMDTE. EN JEFE.- ¡Eso también! Que el golpe era en el hígado. Pero tu propia gente por allí estaba con todas esas confusiones. Esas bolas se regaron. Y María se puso terriblemente afectada por el mediodía por la noticia esa.

PDTE. CHÁVEZ.- Pero, ¿tú sabes? Ahora me estoy enterando de que esas noticias eran echadas a rodar por los muchachos míos, que estaban haciendo entonces por teléfono una campaña psicológica, ¿no?, para que la gente, bueno, como que se enardeciera más, ¿no? Que está herido, que lo golpearon, y entonces:
—“¡Qué aparezca, qué aparezca, qué aparezca!”
Entonces, aquella presión del pueblo:
—“¡Qué aparezca, qué aparezca Chávez!”
No sé qué más. Y, bueno, eso hace que cambien las cosas. Bueno, llegué aquí y aquí estoy.

CMDTE. EN JEFE.- Sí, esa parte la vi yo por la televisión, cuando tú llegaste. Y unas imágenes impresionantes, las caras de la gente, la alegría, ¡algo nunca visto, Chávez! Es como para hacer cuadros, pinturas, cuando allí las cámaras sacaban a la gente detrás de una reja. ¡Unas fotos impresionantes! Hay que hacer una película de eso, algo, porque es… Bueno, ¿y cuándo regresaron la Comisión de los tres?

PDTE. CHÁVEZ.- No, esos vinieron junto conmigo.

CMDTE. EN JEFE.- ¡Ah, vinieron contigo! Es increíble lo que tú cuentas, ¡es increíble! Ahora, tienes que investigar qué idea tenían. Pon a alguien que averigüe para dónde te querían llevar. Hay un momento en que hablaron de Santo Domingo, pero ahí había algo en eso, en lo del avión.

PDTE. CHÁVEZ.- No, ahí había algo extraño, sin duda, porque entonces, es una vaina muy extraña…

CMDTE. EN JEFE.- Porque con Cuba no habló nadie, que yo sepa, ni pidió permiso para ningún avión. Tienes que averiguar. Pon a alguien que te investigue qué plan tenían, para dónde te querían llevar.

PDTE. CHÁVEZ.- Sí. Ya yo mandé a investigar eso, pero mañana voy a seguirlo para tener claro eso, a ver hasta dónde es cierto el plan de llevarme a los Estados Unidos.

CMDTE. EN JEFE.- Sí, porque eso es degradante. Hay una perfidia en el engaño que te hicieron, ¡del carajo!

PDTE. CHÁVEZ.- Sí.

CMDTE. EN JEFE.- ¡Fue tremendo!

PDTE. CHÁVEZ.- Utilizando al Cardenal, tú sabes:
—“No, que yo soy el que va a garantizar la cosa, y que se cumpla…”

CMDTE. EN JEFE.- ¡No me digas!

PDTE. CHÁVEZ.- Le digo:
—“Tengo razones para dudar de usted también, si yo lo vi a usted ayer firmando el acta esa de Mussolini. ¡Qué vergüenza —le dije— para la Iglesia, Monseñor, usted, que aparenta que habla de democracia, firmando un decreto eliminando Con­greso, Asamblea, Gobernadores, Poder Judicial, Fiscal…”
Por cierto, que unas declaraciones que dio el Fiscal Isaías Rodríguez fueron…

CMDTE. EN JEFE.- Fueron decisivas. Pero como a las cinco de la tarde, las cuatro… Antes, antes, alrededor de las tres.

PDTE. CHÁVEZ.- Fue un rayo de luz.

CMDTE. EN JEFE.- Sí, sí, ese hombre fue valiente, oye, y utilizó una argumentación excelente, p’al diablo. Y muy sereno.

PDTE. CHÁVEZ.- Valiente.

CMDTE. EN JEFE.- ¡Ah!, pero no lo dejaron terminar. Lo engañó seguramente la televisión, porque empezó a hablar pero no lo dejaron terminar tampoco, ni a Lara lo dejaron terminar.

PDTE. CHÁVEZ.- Pero dijo lo que tenía que decir ahí en el momentico. Él dijo:
—“¿Dónde está la renuncia del Presidente? Yo quiero verla firmada. Y si acaso existiera…

CMDTE. EN JEFE.- Tiene que ser el otro. Y la renuncia tiene que ser ante la Cámara —dijo él—. Argumentos muy sólidos.

PDTE. CHÁVEZ.- Anjá. Entonces, el Vicepresidente es el que tiene que asumir la Presidencia. Pero yo quiero ver la renuncia del Presidente. Me parece que él no ha renunciado. ¡Oiga, aquello dio la vuelta al mundo! Eso fue el primer día. Eso fue un rayo de luz.

CMDTE. EN JEFE.- Sí, eso fue el viernes, alrededor de…

PDTE. CHÁVEZ.- Bueno, yo me voy a Maracay. Voy a Maracay mañana. No vamos a hacer Aló Presidente, porque aquí se perdieron hasta los equipos. Esta gente llegan robando. Se llevaron las cámaras, se llevaron unos equipos, saquearon esto aquí, la parte de telecomunicaciones. Se robaron un poco de cables, saquearon aquí… ¿Cómo sería? En un día saquearon aquí cosas…

CMDTE. EN JEFE.- ¿Qué pasaría si están un mes ahí? (Se ríen)

PDTE. CHÁVEZ.- Acaban con todo esto. En un día se perdieron equipos. Entonces, vamos a hacer allá, en el comando de los Paracaidistas, donde está Baduel, una rueda de prensa. Estoy invitando a toda la prensa, porque hoy no quise responder preguntas por el tiempo, y porque tenía que salir a hablarle al pueblo al balcón. Entonces les dije que mañana, al mediodía, allá en el comando de Paracaidistas, porque ahora eso se convierte en un símbolo de la contra… Yo le llamo a esto la contra-contrarrevolución.

CMDTE. EN JEFE.- ¡Y de la lealtad y de la audacia, de la inteligencia, de todo ahí! Ellos estaban perdidos desde que una sola unidad se levantara, porque no tenían fuerzas, porque no hubieran obedecido para atacar a sus compañeros allí. Ellos engañaron… Yo me di cuenta desde el momento en que estaba una unidad, y más una unidad como esa, que no tenían fuerza ya para reprimirla. Estaban perdidos ya desde ese momento.

PDTE. CHÁVEZ.- Sí, es lo que llaman el país virtual. Ellos creían que de esa manera, con una campaña mediática y de manera virtual, iban a desconocer a un país real, combativo —que tú sabes cómo está este pueblo…

CMDTE. EN JEFE.- Sí. Y que los soldados iban a combatir entre sí para defender al tipejo ridículo ese que habían puesto ahí en la Presidencia.

PDTE. CHÁVEZ.- Sí.

CMDTE. EN JEFE.- Creían que iban a morir los soldados e iban a atacar a sus compañeros para esa cosa.

PDTE. CHÁVEZ.- Pero fue una cosa, Fidel, bueno, para hacer historia. Ya yo te mandaré…

CMDTE. EN JEFE.- Hay que reunir todos los datos. Nosotros vamos a reunir todo lo que tenemos, y reúne tú por allá lo que tú tengas.

PDTE. CHÁVEZ.- Sí, y ahora eso, bueno, hay que leerlo con atención, y darle un impulso nuevo al proceso revolucionario. Tú sabes que yo decía… el día que salí, por supuesto muy triste, ¿no? ¡Carajo! Allá encerrado solo.

CMDTE. EN JEFE.- Oye, la amargura que nosotros teníamos aquí no era menor que la tuya allá. ¡Era terrible la amargura!

PDTE. CHÁVEZ.- ¿Sabes qué? Yo como… a lo mejor, si al final... Yo decía:
—“Bueno, si tengo que salir al final de Venezuela, pues, me tengo que ir a Cuba. No hay…”

CMDTE. EN JEFE.- Yo pensaba —co­mo te hablaba— que esto sería para más tarde, ¿sabes?

PDTE. CHÁVEZ.- Sí.

CMDTE. EN JEFE.- No podía pensar en una cosa tan fulminante.

PDTE. CHÁVEZ.- No, yo también.

CMDTE. EN JEFE.- Yo dije:
—“Tienes que preservarte, y tienes que preservar hasta esa gente que son los más leales.”

PDTE. CHÁVEZ.- Claro, si yo pensaba también que, bueno, a lo mejor unos meses, a finales de año… uno tenía tiempo de organizar —tú sabes— una reacción de los patriotas. Pero esta gente… Yo les dije hoy:
—“¡Coño!, pero no me dieron tiempo ni de descansar un día encerrado en una celda. Me sacaron muy rápido.”
(Se ríe) ¡Qué cosa tan impresionante, vale! Vamos a recoger evidencias y cosas, imágenes…

CMDTE. EN JEFE.- Yo voy a reunir todo, todo, todo. Porque hice amigos allí, bueno, con toda esa gente a los que…

PDTE. CHÁVEZ.- Claro que tenemos ahora que estar mucho más pendientes… La Inteligencia nuestra, por ejemplo, es muy mala, vale, ¡muy mala! Y los altos mandos militares se portaron muy mal, ¡muy mal! Me taparon cosas. Yo di unas órdenes ahí que, o no se cumplieron, o se cumplieron a medias, o como ellos más o menos las evaluaban. Los tenían presionados estos fascistas. Y entonces, bueno, la tendencia esa era a no tomar decisiones.

CMDTE. EN JEFE.- Te pusieron a la defensiva. Más con el truco de poner militares. Todo fue muy bien pensado por parte de ellos, poner a los militares a hacer declaraciones, a hacer declaraciones. Y fíjate que a favor tuyo, de ustedes, que ni uno solo de esos fue preso.

PDTE. CHÁVEZ.- ¿Quién?

CMDTE. EN JEFE.- De los que hicieron declaraciones. Algo que está a favor de ustedes como argumento es que ninguno de aquellos que hicieron declaraciones, que eran actos subversivos, conspirativos, ninguno de ellos fue preso. Es decir, a diferencia de lo que ellos hicieron en las 48 horas o menos, en 24 horas, la paciencia que han tenido ustedes, como argumento, como prueba de la diferencia que hay entre la humanidad y la generosidad de la Revolución Boliva­riana y lo que los fascistas hicieron en 24 horas.

PDTE. CHÁVEZ.- Así es.

CMDTE. EN JEFE.- ¡Es increíble! Disolvieron el Poder Judicial, el Par­la­mento, se apoderaron de todos los go­biernos, de casi todas las alcaldías.

PDTE. CHÁVEZ.- Yo dije:
—“¡Pobrecito este hombre! Si a mí me cuesta tanto gobernar, con tantos problemas, teniendo nada más que el Poder Ejecutivo, ¿cómo se hará este pobre hombre echándose encima todos esos poderes?”
Pero, en verdad, ellos fueron muy torpes, ¡torpes! Ansias de poder…

CMDTE. EN JEFE.- Y se habrían fajado entre ellos inmediatamente. A los tres días estaban fajados entre sí todos ellos.

PDTE. CHÁVEZ.- No, ya estaban, ya estaban fajados unos contra otros, Generales… Que si el cargo… Entonces, unos que aspiraban a ser jefes y no los pusieron, se pusieron bravos y se fueron, no vinieron al acto. La gente de la CTV tampoco vino, porque quería ser este señor Ortega no sé si Vicepresidente o algo así, y no quisieron. Entonces, empezaron ellos a pelear y a desmoronarse muy rápido. Pero de verdad que es una jornada para la historia, ¡vale!

CMDTE. EN JEFE.- No, ¡inolvidable! Mira, yo he vivido…

PDTE. CHÁVEZ.- ¡Increíble, inolvidable! Una cosa que hay que ahora darle el tratamiento que se debe, y sobre todo, proyectar ese caso al mundo para que se vea… Porque se ha demostrado, Fidel… Lo que te decía: que yo anoche, el día que salí, el día que salí —un poco triste, por supuesto—, allá en la celda decía:
—“¡coño!, parece que es verdad que una revolución pacífica es casi imposible, ¿no?, porque ¡cuántos esfuerzos!”
Estaba en ese tipo de reflexiones, como dudando, ¿no?, dudando. Y dije:
—“Bueno, pero yo estoy seguro de que ese pueblo no se va a quedar así, ni esos militares jóvenes, sobre todo.”
¡Pero reaccionaron de inmediato! Yo saliendo preso, y ya ellos estaban conspirando contra lo que quedó por aquí. (Se ríe) Se metieron en el Palacio y se escondieron por allí en pasillos, en sótanos, hicieron grupos, se comunicaban entre ellos con los cuarteles. Y, bueno, aquello reventó y tomó cuerpo en todo el país.

CMDTE. EN JEFE.- ¡Como hormiguitas trabajaron ellos! Se movieron por todas partes.

PDTE. CHÁVEZ.- ¡Y con un coraje! Bueno, pensaron hacer, incluso… Me dijo uno de los muchachos de la Marina que está aquí conmigo:
—“Mire, estábamos haciendo un plan, cuatro de nosotros por ahí, para agarrar al viejo este, a Mussolini, y llevárselo para allá para Catia, la zona populosa donde hay como tres millones de personas, las zonas más pobres, y entonces decir: “bueno, vamos a cambiarlo. Hasta que no nos traigan a Chávez no soltamos a este viejito de aquí.”
Gracias a Dios que no hizo falta eso, ¿no? Y todo terminó como ya tú sabes. Lo que pasa es que ahora hay que comenzar a reestructurar muchas cosas, a revisar muchas cosas, ¿no? Correctivos.

CMDTE. EN JEFE.- Muy bien, pues. ¡Me alegro, caramba, que pases un día…! Me alegro que hayas suspendido también eso, porque pienso que tú debías descansar, ¿no? Yo no sé cómo te la ibas a arreglar, pero por suerte se llevaron los equipos esos. (Se ríe)

PDTE. CHÁVEZ.- No, pero voy a ir a Maracay. Tengo que ir allá, y después voy a visitar algunas guarniciones que se mantuvieron leales, algunos pueblos.

CMDTE. EN JEFE.- Oye, tú no sabes qué conmoción produjo eso aquí en el pueblo. Es cuando yo he podido ver hasta qué grado te quiere la gente aquí. ¡Una verdadera conmoción!

PDTE. CHÁVEZ.- Me imagino la tristeza que sentirían.

CMDTE. EN JEFE.- Oye, ¡tú no sabes! Yo pocas veces en mi vida he estado tan amargado como al otro día. Yo quería… Tú sabes que yo siempre he sido optimista y todo, y seguimos en la pelea, porque apenas me levanté al poco rato, me llamó al otro día… Yo estoy durmiendo dos o tres horas, y ese día me acosté también como a las seis; a las nueve me despierto y me pongo a hacer cosas, y a las 10 y dos minutos me llamó María. Así fue.

PDTE. CHÁVEZ.- No, incluso, ¿sabes qué? Yo estaba pensando:
—“¡Cónchale!, si yo tengo que llegar a Cuba, con qué cara llego yo allá.”

CMDTE. EN JEFE.- Sí, sí.

PDTE. CHÁVEZ.- ¡Oye!

CMDTE. EN JEFE.- Bueno, tú sabes que tú llegabas y un avión a toda velocidad iba para allá. (Chávez se ríe) Claro, en el avión, pero fueron… Hay que investigar bien por qué hicieron toda esa porquería. Porque para mandarte a ti… Sí, por qué hicieron esa porquería, porque hay que pensar cosas peores, intenciones peores.

PDTE. CHÁVEZ.- Sí, yo estoy seguro. Había unas intenciones oscuras, porque yo estoy seguro de que para Cuba no me iban a llevar, estoy seguro. Lo que pasa es que el plan no les dio tiempo, porque fue tan rápido el plan de reacción patriótica, bolivariana… Y yo fui ganando tiempo, ganando tiempo, el documento, que sí, que no, que búsquenme el teléfono. Ganando tiempo, porque yo los veía a ellos en condiciones de debilidad, ¿tú sabes? Por los ojos, ¿no?, en los ojos, se consultaban cosas. Y apurados, estaban muy apurados porque yo firmara un documento. Y yo dándoles larga, dándoles larga, hasta que el Almirante me di­ce:
—“No vaya a firmar nada, que por ahí como que viene Baduel al rescate.”
Y entonces, ahí me dieron a mí, pues, los aires de la victoria. Pero, claro, esto no es victoria. Yo pienso que esto más bien es una lección, una lección, porque hay que ajustar cosas, hay que tomar unas decisiones que no se han tomado y que…

CMDTE. EN JEFE.- ¿Y dónde está el General que estaba allí en el Fuerte, el que estaba de Jefe del Ejército?

PDTE. CHÁVEZ.- ¡Ah!, ese está preso allá en el Fuerte.

CMDTE. EN JEFE.- Él debe saber el plan.

PDTE. CHÁVEZ.- ¡Claro!

CMDTE. EN JEFE.- Hay que tratar de que se franqueen. Y el otro… Los que te visitaron allá deben saberlo también.

PDTE. CHÁVEZ.- Sí. Ahora yo mañana, pues, comienzo a enterarme, a buscar más detalles y a tomar decisiones.

CMDTE. EN JEFE.- Okey.

PDTE. CHÁVEZ.- Bien, hermano.

CMDTE. EN JEFE.- ¿Y tú crees que te puedas dormir ahora, con la excitación que has vivido hoy?

PDTE. CHÁVEZ.- ¡Oye! Tengo que dormir un rato. Pero es una excitación maravillosa, como que embriaga.

CMDTE. EN JEFE.- Sí, sí. ¡Es increíble!

PDTE. CHÁVEZ.- Es una cosa como un… Ando embriagado, bueno, de amor de ese pueblo, pero sobre todo, Fidel, este es un mensaje de compromiso, es un compromiso con ese pueblo que salió a la calle, sin armas ni nada. Claro, apoyados por los patriotas militares…

CMDTE. EN JEFE.- Pero ellos empezaron por la mañana, desde temprano iba un río para allá de gente, y rodearon el Fuerte. Porque ya había mucha gente. Bueno, ¡un millón de felicidades! ¡Te lo mereces!

PDTE. CHÁVEZ.- Bueno, hermano, ¡qué gusto haberte oído!

CMDTE. EN JEFE.- Oye, parece que una mano divina te lleva a ti.

PDTE. CHÁVEZ.- Bueno, el pueblo, chico. Dios y el pueblo y, ¿cómo es que tú dices?, ¡Ave María Purísima! (El Co­mandante se ríe) ¡Ave María Purísima, cómo pasó esto!

CMDTE. EN JEFE.- ¡Tremendo!

PDTE. CHÁVEZ.- Pero ahora tenemos que fortalecernos. Saludos te mandan Rosita y Hugo, que está aquí, ya se durmió la nieta. Estamos todos aquí.

CMDTE. EN JEFE.- ¡Qué bien! ¡Qué sean muy felices!

PDTE. CHÁVEZ.- Dale un saludo a Felipe y a todos.

CMDTE. EN JEFE.- Ellos han estado todos, todos, todos, en esto.

PDTE. CHÁVEZ.- No, yo me imagino qué sufrimiento. Te prometo… Ahorita me llamó Khadafi por ahí, muy alegre también. Te prometo que haré todo lo que pueda para no darte otro susto y otra tristeza.

CMDTE. EN JEFE.- ¡Bien! Junto con la tristeza hemos tenido el privilegio de ser testigos de la cosa más extraordinaria que podía imaginarse.

PDTE. CHÁVEZ.- Bien. Y yo de vivirla. Espero verte pronto, ¿eh?

CMDTE. EN JEFE.- Sí. Tenemos que vernos. ¡Bien!

PDTE. CHÁVEZ.- Bueno, Fidel.

CMDTE. EN JEFE.- Para hablar de todo este tema. Es lo más importante, es lo que nos interesa.

PDTE. CHÁVEZ.- Así es.

CMDTE. EN JEFE.- Okey

PDTE. CHÁVEZ.- Recibe un abrazo, hermano, un abrazo.

CMDTE. EN JEFE.- Un abrazo.

PDTE. CHÁVEZ.- ¡Hasta la victoria siempre!

CMDTE. EN JEFE.- ¡Hasta la victoria siempre!

PDTE. CHÁVEZ.- Un abrazo, hermano.
Bolívar cumplió. Más de cien años después, reencarnado en Chávez, fue fiel al compromiso de volver cuando despierta, esta vez más que nunca, la conciencia del pueblo venezolano.

Por mi parte, no deseaba ocupar un milímetro de las páginas del Granma. Por ello solicité se publicara un tabloide para acompañar al Órgano Oficial de nuestro Partido.


Fidel Castro Ruz
Marzo 27 2014

Tomada de Cubadebate

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Ing. Nemen Hazim
Graduado Magna Cum Laude (MCL) en la Universidad Autónoma de Santo Domingo (UASD - 28/10/1977). Estudios complementarios en Estados Unidos, República Dominicana, Puerto Rico, Cuba, Argentina y Uruguay. En República Dominicana fue Ayudante de Profesor en la UASD; Profesor y Director de las Escuelas de Ingeniería Eléctrica e Ingeniería Mecánica en la Universidad Central del Este (UCE); y Gerente de Turbinas de Gas y Motores Diésel en la Corporación Dominicana de Electricidad (CDE). En Puerto Rico fue Encargado de Proyectos en Caribbean Electrical Industrial Services Corporation (CEISCO) y Co-dueño de Ingeniería Eléctrica y Mecánica (INGELMEC)...