«Me puse al lado de los indios y me derrotaron. Me puse al lado de los negros y me derrotaron. Me puse al lado de los campesinos y me derrotaron. Me puse al lado de los obreros y me derrotaron. Pero nunca me puse al lado de los que me vencieron. ¡Esa es mi victoria!» [Darcy Ribeiro, intelectual y político brasileño]

Mentiras y crímenes del pentagonismo


Las mentiras a las que apela el pentagonismo para invadir naciones
y apropiarse de sus recursos; genocidio, destrucción y caos es el resultado final


Estados Unidos ha hecho de la mentira un arma de guerra desde comienzos del siglo XX. Es una tradición que iniciaría en 1848 con el incidente fronterizo que permitió al presidente James Polk atacar México y apoderarse de varios de los territorios que hoy forman parte de California, Utah, Nuevo México y Arizona. La explosión accidental -en 1898- del acorazado Maine (la prensa norteamericana de inmediato atribuiría a España la responsabilidad) y el hundimiento en 1915 por un submarino alemán del crucero británico Lusitania (transportaba armas, pero la misma prensa se encargaría nuevamente de mentir) sirvirían para movilizar la opinión pública estadounidense a favor de la entrada de Estados Unidos en la guerra contra España y Alemania respectivamente. La peor de todas las mentiras, que daría inicio al pentagonismo, fue la que el 6 de agosto de 1945 dijera por la radio el presidente Truman al anunciar la explosión de una bomba atómica en Hiroshima, ciudad que sería descrita como una 'base militar'...

.- Incidencia del falso testimonio y la gigantesca máquina de propaganda en la guerra de George H. W. Bush contra Irak en 1991
Tomado de Democracy Now!

.- La historia que no cuentan los libros de texto en Estados Unidos
Tomado de eldiario.es

.- La mentira, un arma de los Estados Unidos
Tomado de Temas: Cultura, Ideología, Sociedad

.- El gobierno de Arbenz y la guerra psicológica
Tomado de Centro de Medios Independientes

.- Cronología: intervenciones militares de EE.UU. en América Latina
Tomado de Red Voltaire

.- Estados Unidos ha invadido 70 países
Tomado de Plataforma Global Contra las Guerras

.- Los “documentos de Afganistán”: la criminalidad y el desastre de una guerra basada en mentiras
Tomado de World Socialist Web Site

.- Una exhibición revela el rol de Estados Unidos en el golpe militar contra Salvador Allende
Tomado de The New York Times

.- Documentos secretos de CIA muestran papel en golpe en Chile en 1973
Tomado de Hispan TV
.- Pablo Neruda no murió de cáncer, revela un análisis científico
Tomado de Hispan TV




TEMA: Irak
Mientras los medios masivos de comunicación conmemoran la vida de George H.W. Bush, analizamos el impacto duradero de la invasión a Irak en 1991 y la campaña de propaganda que la impulsó. Si bien la Guerra del Golfo técnicamente finalizó en febrero de 1991, la guerra de Estados Unidos contra Irak continuaría por décadas, primero en la forma de sanciones devastadoras y luego, a partir de 2003, con la invasión lanzada por George W. Bush. Miles de soldados y contratistas militares estadounidenses continúan en Irak actualmente. Un aspecto ampliamente olvidado de la guerra iniciada por Bush sénior es la extensa propaganda difundida dentro de Estados Unidos antes de la invasión. Para conocer más sobre el tema, vea nuestra conversación con el periodista John Rick MacArthur, con quien analizamos cómo los medios masivos estadounidenses contribuyeron a instalar socialmente la guerra contra Irak. MacArthur es presidente y editor de la revista Harper’s y autor del libro “Second Front: Censorship and Propaganda in the 1991 Gulf War” (Segundo frente: Censura y propaganda en la Guerra del Golfo de 1991).
Transcripción [Esta transcripción es un borrador que puede estar sujeto a cambios]

Amy Goddman y Juan González, periodistas independientes
fundadores de "Democracy Now!"
AMY GOODMAN: Esto es Democracy Now! democracynow.org, el Informativo de guerra y paz, somos Amy Goodman y Juan González.

JUAN GONZÁLEZ: Estados Unidos declaró un día de luto nacional por la muerte del expresidente George H.W. Bush, que falleció el viernes 30 de noviembre, a los 90 años de edad. Hoy, 5 de diciembre de 2018, las oficinas del Correo y otras agencias federales están cerradas por el funeral de Bush, que tendrá lugar en la catedral nacional de Washington. Los expresidentes Barack Obama, Bill Clinton, Jimmy Carter y George W. Bush, hijo del fallecido Bush, asistirán al servicio al igual que el presidente Donald Trump, quien no fue invitado a hablar en el acto. El exgobernador de Florida Jeb Bush explicó el motivo por el cual el presidente Trump no hablará en la ceremonia: “Sucede que se da una circunstancia única aquí. Mi hermano fue presidente. Tiene derecho de prioridad, como se suele decir”. Un segundo funeral se llevará a cabo el jueves en Houston, donde George H.W. Bush será enterrado. Aquí, mientras tanto, seguimos analizando el legado del 41º presidente de Estados Unidos. Bush ocupó la Oficina Oval durante un solo período, pero las consecuencias de su invasión a Irak en 1991 se sienten hasta el día de hoy. Si bien técnicamente la Guerra del Golfo finalizó en febrero de 1991, la guerra de Estados Unidos contra Irak continuaría durante décadas, primero en forma de devastadoras sanciones y luego, a partir de 2003, con la invasión lanzada por el hijo de George H.W. Bush, George W. Bush. Miles de soldados y contratistas militares estadounidenses continúan actualmente en Irak.

AMY GOODMAN: Vamos a adentrarnos ahora en un aspecto ampliamente olvidado de la guerra iniciada por Bush en Irak: la inmensa campaña de propaganda que se realizó en Estados Unidos antes de la invasión. El punto de partida fue la historia de una joven kuwaití llamada Nayirah. El 10 de octubre de 1990, esta joven de 15 años presentó un fascinante testimonio ante el Congreso estadounidense sobre los horrores vividos en Kuwait tras la invasión iraquí.

NAYIRAH AL-SABAH: Señor presidente y miembros del comité, mi nombre es Nayirah y acabo de salir de Kuwait. […] Mi hermana recorrió el desierto con mi sobrino de cinco días de edad en busca de un lugar seguro. No se podía conseguir leche para el bebé en Kuwait. A duras penas lograron salir cuando su auto quedó atrapado en las arenas del desierto y recibieron ayuda desde Arabia Saudí. Yo decidí quedarme porque quería hacer algo por mi país. La segunda semana después de la invasión me ofrecí como voluntaria en el hospital Al-Adan, junto con otras 12 mujeres que también querían ayudar. Yo era la voluntaria más joven. Las otras mujeres tenían entre 20 y 30 años. Estando allí, vi a los soldados iraquíes entrar al hospital con sus armas de fuego, sacar a los bebés de las incubadoras, llevarse las incubadoras y dejar a los bebés morir en el frío suelo. Fue horrible. No podía dejar de pensar en mi sobrino.

JUAN GONZÁLEZ: El testimonio de Nayirah fue retransmitido en todo Estados Unidos y significó un punto de inflexión en la opinión pública respecto al apoyo a la guerra. El presidente George H.W. Bush citó repetidamente este testimonio.

PRESIDENTE GEORGE H.W. BUSH: Había bebés en incubadoras y fueron sacados de las incubadoras, como una forma de destruir sistemáticamente a Kuwait.

AMY GOODMAN: Tres meses después del testimonio de Nayirah, el presidente George H.W. Bush lanzó la invasión de Irak. Pero resultó que las declaraciones de Nayirah no eran ciertas. Ningún grupo de derechos humanos o medio de comunicación pudo confirmar lo que ella dijo. También resultó que Nayirah no era una adolescente kuwaití cualquiera. Era la hija del embajador de Kuwait en Estados Unidos, Saud Nasser al-Sabah, y había sido entrenada por la empresa de relaciones públicas Hill & Knowlton, contratada por el gobierno de Kuwait. Nos acompaña ahora el periodista que dio a conocer públicamente la identidad de Nayirah, Rick MacArthur, presidente y editor de Harper’s Magazine, autor del libro: “Second Front: Censorship and Propaganda in the 1991 Gulf War” (El segundo frente: Censura y propaganda en la Guerra del Golfo de 1991). Y bueno, como decíamos, este fue un momento clave. Ahí tenemos a esta adolescente, esta niña, diciendo que había sido testigo de cómo los soldados iraquíes invadieron Kuwait y sacaron a los bebés de las incubadoras. Pero cuando dio su testimonio solo se la llamó por su nombre de pila, Nayirah, no se mencionó su nombre completo, Nayirah al-Sabah, algo que nos hubiera indicado que era la hija del embajador de Kuwait en EE.UU., que también testificó en esa misma audiencia.

JOHN R. MacARTHUR: Así es. Era todo parte del plan de propaganda. Se dijo que se mantenía su anonimato para protegerla y proteger a su familia de posibles represalias en Kuwait. Esa fue la versión que se contó oficialmente. Y claramente, nadie se molestó en intentar averiguar quién era realmente. Todo el mundo se tragó el anzuelo, con sedal y todo, aunque ya en ese momento hubo un par de investigadores de derechos humanos que empezaron a desconfiar. Yo me puse a indagar, ya después de la guerra, lamentablemente, y pude enterarme de lo que realmente había pasado, que fue que Hill & Knowlton la seleccionó como testigo convincente para contar esta atrocidad. Todo fue parte de una campaña para convertir a Saddam Hussein, al menos en el imaginario público, en Adolf Hitler. La idea era que no podrían venderle a la gente la Guerra del Golfo sin esto. En otras palabras, tuvieron que hacer trampa para ganar. Y eso es lo que me llama la atención de las elegías para George Bush. Ahora se lo presenta como un ejemplo de respetabildad e integridad de un sector ”WASP” (blanco, protestante, anglosajón) de la vieja escuela, cuando en realidad tenía un lado violento, un lado colérico, violento y despiadado. Y cuando lo vemos haciendo propaganda, utilizando la desinformación de Hill & Knowlton, vemos un lado bastante desagradable de este político. Y todavía hay… como dijo Juan, todavía estamos viviendo las consecuencias de haber ubicado tropas en Arabia Saudí, porque, a fin de cuentas, eso es lo finalmente activó a bin Laden.

JUAN GONZÁLEZ: Rick, la mayoría de la gente… ha pasado más de un cuarto de siglo y la mayoría de la gente ya no recuerda el clima social que se vivía en ese entonces. Pero había una importante oposición pública a que Estados Unidos invadiera Irak como forma de hacer retroceder la invasión de este país a Kuwait, y en el Congreso, los votos a favor y en contra para aprobar la acción militar estaban muy parejos, ¿cierto? Así que un testimonio como ese fue crucial.

John Rick MacArthur escribe para el periódico Le
Devoir (Montreal). Colabora con Spectator (UK),
Toronto Star, Le Monde y Le Monde Diplomatique.
Preside Harper's Magazine, revista de EE.UU. que
analiza tópicos financieros, políticos, artísticos y
literarios. En 1993 recibió el H. L. Mencken Writing
Award, del Baltimore Sun, por su exposición, en
The New York Times, de "Nayirah" (joven que se
observa en el vídeo), hija del diplomático kuwaití
que ayudó a falsificar la atrocidad acerca de la
incubadora de bebes iraquíes
JOHN R. MacARTHUR: Exactamente. Hay que recordar que en 1990, 1991, solo habían pasado… ¿cuántos? quince años desde la guerra de Vietnam. Y todavía había una sensación muy fea sobre el tema en el país, que en el Congreso estaba representada por senadores como John Kerry, en cuanto a que habíamos sido engañados para meternos en Vietnam, que había sido una guerra no declarada y que no íbamos a permitir otro engaño así, con otra guerra mentirosa, o basada en un pretexto falso. Así que estaba claro que Bush iba a tener que conseguir la autorización del Congreso para invadir… para liberar a Kuwait. Y bueno, la votación iba a ser muy ajustada. Terminó siendo 52 a 47. Hubiera sido 52 a 48 si Alan Cranston, senador por California, hubiera viajado a Washington para votar. Cranston dijo que hubiera ido a votar si el resultado era más ajustado. En ese momento estaba atravesando un tratamiento con quimioterapia en California. Y fue claro que, bueno, varios representantes y senadores citaron la atrocidad de las incubadoras de bebés, que era un dato falso ya que es algo que nunca sucedió, como motivo para votar a favor de la resolución que dio lugar a la Guerra del Golfo. En otras palabras, lo que dijeron fue: “Podríamos encontrar otras formas de sacar a Saddam Hussein de Kuwait, como sanciones económicas o negociaciones”. La sensación era que el conflicto era por el petróleo, que no se trataba de una cuestión de principios, aunque Bush lo planteara como una cuestión de derecho internacional. Pero finalmente esta gente dijo: “Si Saddam Hussein es realmente Hitler, si es realmente capaz de tener un ejército que comete masacres”… Y se llegó a hablar de cientos de bebés cuando Amnistía Internacional validó la historia.

AMY GOODMAN: Eso es…

JUAN GONZÁLEZ: Sí, recuerdo la portada…

JOHN R. MacARTHUR: La historia se fue inflando, se fue haciendo más y más grande.

AMY GOODMAN: Eso es muy importante…

JOHN R. MacARTHUR: Sí.

AMY GOODMAN: …el papel que jugó Amnistía Internacional.

JOHN R. MacARTHUR: Así es.

JUAN GONZÁLEZ: Así es.

AMY GOODMAN: No fue solo Nayirah.

JOHN R. MacARTHUR: No fue solo Nayirah. Human Rights Watch se tragó la historia. Aunque oficialmente se mantuvo neutral. Pero Amnistía Internacional de hecho dio la cifra de más de 300 bebés. En los hospitales de la ciudad de Kuwait no llegaba a haber tantas incubadoras. Ahora bien, volviendo sobre lo ocurrido vemos lo mal que actuaron los medios y la prensa en todo esto al no hacer preguntas.

JUAN GONZÁLEZ: Bueno, recuerdo que mi periódico, el New York Daily News, publicó un titular en primera plana que decía: “¡Mataron bebés!”

JOHN R. MacARTHUR: Sí, sí, sí.

JUAN GONZÁLEZ: O sea, los medios aceptaron esta historia sin cuestionamientos…

JOHN R. MacARTHUR: Claro.

JUAN GONZÁLEZ: …sin verificar para nada lo que se decía.

JOHN R. MacARTHUR: Y si Saddam Hussein es un asesino de bebés, bueno, desde un punto de vista racional la gente puede tener diferentes opiniones sobre cómo hacer cumplir las leyes internacionales o cómo evitar que un país invada otros países, pero asesinar bebés ya sobrepasa todos los límites. Y después de la guerra, no fui solo yo el que investigó esto. John Martin hizo un muy buen reportaje. Fue a todos los hospitales…

AMY GOODMAN: Para la cadena ABC.

JOHN R. MacARTHUR: Sí, para ABC News. Él hizo lo que un periodista debe hacer, aunque desafortunadamente demasiado tarde: entrevistó al personal de los hospitales, a los médicos. Hizo un trabajo muy completo. Nadie pudo mencionar una sola ocasión en la que soldados iraquíes hubieran arrancado bebés de las incubadoras y los hubieran asesinado. Hubo bebés muertos por negligencias y por el bombardeo estadounidense a Kuwait e Irak, ya que muchos empleados de los hospitales huyeron. Hubo víctimas. Hubo bebés que murieron, pero no por ser sacados de las incubadoras. Eso nunca sucedió.

JUAN GONZÁLEZ: Y creo que esto fue, como tú señalas, el lanzamiento de una nueva campaña… o un refuerzo en la intensidad de las campañas de propaganda de nuestro gobierno para tratar de justificar la guerra.

JOHN R. MacARTHUR: Así es. Y esto es algo que no ha sido analizado lo suficiente. Insisto, quedó instalada esta imagen de integridad y respetabilidad ”WASP” (blanca, protestante, anglosajona) de George Bush. Y bueno, también es el padre de George W. Bush, que fue incluso más allá con su campaña de propaganda para la guerra, anunciando un programa de Saddam para desarrollar una bomba atómica que nunca existió, o al menos no en el momento en que se dijo que estaba sucediendo. Quizás pudo haber tenido ambiciones de este tipo en algún momento, pero ciertamente no hubo un programa para desarrollar bombas atómicas en 2002 y 2003. Pero ahora ya nos hemos acostumbrado a debatir si debemos o no ir a una guerra en base a “fake news” —disculpen si estoy citando a Donald Trump— pero es tal la información falsa que ya no sabemos cómo discutir estos temas. Y el poder de declarar la guerra ya no está en manos del pueblo, casi se podría decir que ya no está en manos del Congreso. Es bastante… alguien me dijo en algún momento “¿Por qué Bush siquiera se molestó en pedir permiso al Congreso para invadir Irak en 1991?” Bueno, en aquel entonces, nuestro país todavía era gobernado con más apego a la Constitución. Y estaba el amargo recuerdo del Incidente del golfo de Tonkín y la guerra de Vietnam, el hecho de que fuimos a una guerra no declarada, en base a falsos pretextos.

AMY GOODMAN: Estamos hablando con Rick MacArthur, editor de Harper’s Magazine, autor de “Second Front: Censorship and Propaganda in the 1991 Gulf War” (Segundo frente: Censura y propaganda en la Guerra del Golfo de 1991). Tu libro comienza… el primer capítulo se llama “Cutting the Deal” (Cerrar el trato). Y empiezas citando una frase de Earl Shorris que dice: “Hay hombres a quienes les complace dar órdenes y hay hombres a quienes les complace recibir órdenes”. Realmente ahí se ve el comienzo del proceso del “periodismo incorporado” a la perspectiva oficial.

JOHN R. MacARTHUR: Así es.

AMY GOODMAN: Y cuéntanos acerca de esta reunión tan inusual que relatas, de una mañana agosto de 1990, ocho días después de que las fuerzas iraquíes invadieran Kuwait, donde los cuatro… bueno, los que en ese momento eran -el panorama mediático es tan diferente ahora— los cuatro editores en jefe en Washington de las principales cadenas de televisión de Estados Unidos. ¿Con quién fue que se reunieron?

JOHN R. MacARTHUR: Bueno, fueron a la casa del príncipe Bandar, el operador político de Arabia Saudí en Estados Unidos. Era como el mayordomo que se encargaba de todo lo que pasara en relación con Arabia Saudí en Estados Unidos. Y era la persona a quien los medios acudían a pedir favores, a quien se le pedía ayuda, porque la Casa Blanca y el Pentágono habían decidido, desde el principio, que esto no iba a ser como Vietnam, en el sentido de no volver a permitir que los periodistas entraran donde quisieran, tomaran fotos de cadáveres, de edificios en llamas o helicópteros estrellándose. No permitir… porque había una idea… había una mirada revisionista que decía que EE.UU. perdió la guerra de Vietnam porque la gente estadounidense se había desmoralizado por todas las malas noticias que llegaban a través de los noticieros de la cadena CBS. Así que no se iba a permitir que eso volviera a suceder.

Y se tomó la decisión de agrupar a los periodistas y establecer criterios de censura. En otras palabras, se les enviaría al periodismo en grupos de cinco personas al frente de batalla, dondequiera que el Pentágono decidiera que era el frente de batalla ese día. Allí, en teoría, podrían tomar fotos y describir lo que estaba sucediendo, pero el informe iba a tener que ser compartido entre todos los medios presentes, no habría competencia, y sería examinado por los censores del Pentágono. Así que, obviamente, la gente estadounidense no vio nada en los medios. A los periodistas no se les permitió ver nada. Y fue un poco cómico, al final, ver a cientos de periodistas en Dhahran, que es donde estaba el centro de prensa, reciclando informes censurados del frente de guerra que no mostraban nada. Hubo dos o tres periodistas que hicieron un honorable trabajo, como Chris Hedges, Bob Simon de CBS, que se salieron del perímetro permitido, por así decirlo, y pudieron ver un poco más, pero fueron excepciones. Susan Sachs de Newsday también intentó hacer un buen trabajo.

AMY GOODMAN: ¿Y no es que fueron a la casa del embajador saudí enviados por el gobierno de Bush, aunque el Gobierno de Bush estaba enviando soldados a Arabia Saudí? Para que la prensa pudiera obtener permisos…

JOHN R. MacARTHUR: Sí, así es.

AMY GOODMAN: …dijeron: “Tienen que pedir permiso a Arabia Saudí”.

JOHN R. MacARTHUR: Bueno, esa era una forma de negociar con los saudíes para obtener favores. Pero seguía siendo el Pentágono quien decidía quién iba, dónde y cuándo. Pero la idea que circulaba en las cadenas de televisión era tratar de conseguir que el príncipe Bandar hiciera algo… hiciera algunos favores, allanara un poco el camino y pudiera usar su influencia en el gobierno de Bush para obtener un mejor acceso a la cobertura de la guerra que la competencia. Y esto nos trae de nuevo al presente. O sea, estamos en contubernio con Arabia Saudí desde hace ya un buen tiempo. Y la idea de que los medios de Estados Unidos estén pidiendo favores a un príncipe saudí, bueno, no es una imagen muy agradable. Y también expresa la hipocresía de los medios estadounidenses, tanto en aquel entonces como en la actualidad, con respecto a la Primera Enmienda constitucional. O sea, un grupo de medios y periodistas demandamos al Pentágono, como Sydney Schanberg, The Nation y Harper’s Magazine. Llevamos a juicio al Pentágono por esto, y perdimos. Por este mecanismo de censura. Pero en la mayor parte de los medios y periodistas, como Katharine Graham, Sulzberger, los directivos de las cadenas de noticias, no hicieron nada. Todo eso está en mi libro también. Allí pueden ver lo que dijeron al respecto.

AMY GOODMAN: Estamos hablando con Rick MacArthur, editor de Harper’s Magazine, autor de “Second Front: Censorship and Propaganda in the 1991 Gulf War” (El segundo frente: Censura y propaganda en la Guerra del Golfo de 1991). Estaremos de vuelta con él en un minuto.

George Herbert Walker Bush, presidente de EE.UU. en 1991 cuando, partiendo de
una mentira que la prensa se encargaría de sembrar en la mente del pueblo
norteamericano, el Pentágono decidió invadir Irak
[pausa]

AMY GOODMAN: Escuchábamos “Combat Rock” de Sleater-Kinney. Agradecemos a las y los estudiantes del Marymount College que están visitando nuestro programa. Esto es Democracy Now! democracynow.org, El Informativo de Guerra y Paz. Somos Amy Goodman y Juan González. Seguimos analizando el legado del presidente George H.W. Bush con respecto a la guerra, en particular la guerra de Irak. ¿Juan?

JUAN GONZÁLEZ: Bueno, Rick, quería preguntarte, continuando con lo que estábamos hablando, sobre cómo muchos de los grandes medios de comunicación aceptaron acatar los protocolos de censura del Pentágono durante la guerra. Irónicamente, esta fue la primera guerra televisada en vivo. Y cuando recordamos las fotos de los bombarderos atacando distintas partes de Irak y Kuwait, bueno, se ve la ironía de tener por un lado, esa censura y control sobre la prensa y por el otro, una guerra televisada, que hizo que el pueblo estadounidense se hiciera una idea de lo que eran las bombas guiadas desplegadas por Estados Unidos contra las fuerzas iraquíes.

JOHN R. MacARTHUR: Así es. Estrictamente hablando, no fue la primera guerra televisada. Se podría decir que Vietnam fue la primera guerra televisada. Pero…

JUAN GONZÁLEZ: En vivo. Transmitida en vivo por televisión.

JOHN R. MacARTHUR: Pero guerra televisada en vivo, sí, incluyendo las largas conferencias de prensa, si es que se las puede llamar así, dirigidas por Norman Schwarzkopf, el comandante general de las fuerzas aliadas, nombre con que se las promocionaba, que resultó ser brillante en el manejo de las relaciones públicas. Y lo que él comprendió fue que era mejor informar a los periodistas a través de una conferencia de prensa, pasando al mismo tiempo imágenes, de ser posible —algunas eran en tiempo real y otras eran grabaciones de video— que mostraban lo que presuntamente estaba haciendo el ejército, antes de que nadie pudiera verificarlo. Entonces, con gran inteligencia… o sea, suena muy a la vieja usanza. Él había hecho instalar un televisor en la sala de prensa de Dhahran que mostraba cómo presuntamente las bombas o misiles guiados impactaban siempre en el blanco, para dar a la gente… generar en la gente la sensación de que el ejército estadounidense era invencible.

AMY GOODMAN: Escuchemos al comandante del ejército de Estados Unidos a cargo del ataque a Irak, de quien estabas hablando.

JOHN R. MacARTHUR: Dale, claro.

AMY GOODMAN: El general Norman Schwarzkopf. En una conferencia de prensa el 31 de enero de 1991, explica cómo hace Estados Unidos para destruir los misiles Scud de Irak.

GEN. NORMAN SCHWARZKOPF: Anoche en el oeste de Irak, también atacamos y destruimos tres misiles Scud TEL con aviones de caza F-15, y siento que anoche evitamos un ataque con misiles contra Israel. Ahora, ciertamente, no puedo asegurar que no habrá más lanzamientos de misiles Scud. Nunca se puede garantizar eso. Pero puedo decir con bastante seguridad que cada vez es mayor nuestra habilidad para encontrarlos, y creo que esta grabación muestra muy bien nuestra habilidad para encontrarlos y destruirlos.

AMY GOODMAN: Ese era Norman Schwarzkopf, el general Norman Schwarzkopf.

JOHN R. MacARTHUR: Así es. Y de hecho, el día anterior habían mostrado imágenes de la Fuerza Aérea de Estados Unidos presuntamente destruyendo dispositivos móviles para el lanzamiento de misiles Scud. Porque en ese momento había una gran preocupación social y mucho miedo de que Irak atacara Israel. De hecho, lograron lanzar un par de misiles Scud a través de las barreras de defensa en Israel. Así que EE.UU. tenía que mostrar resultados. Tenían que mostrar que estaban eliminando los lanzadores de misiles Scud. Así que afirmaron haber eliminado 11 lanzamisiles. Después de la guerra, Scott Ritter y Mark Crispin Miller hicieron buen periodismo de investigación y refutaron eso, encontraron que no se había destruido ningún lanzador de misiles Scud. Ningún lanzador móvil de misiles Scud.

Pero el punto es que en ese momento, ante las imágenes en tiempo real que se les mostraban, la prensa, los medios de comunicación, no podían cuestionar nada de la versión oficial. Aquí está el video. Aquí están los generales con sus punteros. ¿Quién lo iba a cuestionar? No había nadie en el territorio, no había periodistas en el campo de batalla que pudieran verificar o contradecir esa versión. Incluso en las circunstancias de mayor libertad de prensa, no es fácil en tiempos de guerra, confirmar o refutar lo que dice el gobierno. Pero en esta guerra era directamente imposible. Así que la gente estadounidense recibía la imagen de una una guerra limpia, una guerra aséptica, donde cada ataque daba en el blanco previsto.

Una importante estadística a tener en cuenta es que el 93% de la carga explosiva utilizada para atacar Irak y Kuwait en la Guerra del Golfo fue a través de bombas convencionales no guiadas, la mayoría de ellas de la época de los bombarderos B-52 de Vietnam. Solo el 7% de la carga utilizada en los bombardeos fue utilizada en misiles guiados por láser, que es de lo que se estaba hablando en la conferencia de prensa recién citada. Así que es…

Norman Schwarzkopf [Comandante en Jefe del Mando Central de
Estados Unidos y Comandante de las Fuerzas de la Coalición en
la Guerra del Golfo Pérsico de 1991] y Colin Powell [Presidente
del Estado Mayor Conjunto durante la Guerra del Golfo y luego
Secretario de Estado]
JUAN GONZÁLEZ: Entonces, es posible decir que fue durante el mandato de Bush…

JOHN R. MacARTHUR: Sí.

JUAN GONZÁLEZ: O sea, que en el mandato de George Herbert Walker Bush, el Gobierno de Estados Unidos perfeccionó el control propagandístico sobre la cobertura mediática de la guerra.

JOHN R. MacARTHUR: Sí. Y no fue nada nuevo. En otras palabras, si analizamos la Primera Guerra Mundial, ahí ya circulaba la noticia de que los alemanes habían atacado con bayonetas a bebés belgas. O sea, se trata de un viejo truco de propaganda. Es decir, el tema la matanza de bebés se había utilizado antes. Pero en lo que se refiere a la sofisticación técnica y la capacidad de usar la tecnología de la comunicación más avanzada para alterar el funcionamiento democrático, manipular a la gente y hacerla sentir bien con respecto a la guerra, ahí Schwarzkopf desde el Mando Central de EE.UU., Pete Williams desde el Pentágono y el poder ejecutivo del presidente Bush hicieron algo revolucionario.

AMY GOODMAN: Nos quedan 30 segundos de programa, ¿puedes hacernos un comentario final con respecto a las reseñas que están publicando hoy los medios sobre la vida del presidente George H.W. Bush?

JOHN R. MacARTHUR: Bueno, estoy horrorizado. Ayer hubo una columna en el periódico The Wall Street Journal escrita por William McGurn con el título: “George Bush’s Wonderful Life” (La maravillosa vida de George Bush), que literalmente compara a Bush con el personaje George Bailey de la película “¡Qué bello es vivir!”, lo cual es una locura porque George Bailey es de alguna manera un populista que se opone al poder del Sr. Potter, a su banco y a otras instancias de poder. Pero George Bush no fue un amante de la paz. Nunca olvidaré a George McGovern, que fue piloto de un bombardero en la Segunda Guerra Mundial…

AMY GOODMAN: Nos quedan solo 15 segundos.

JOHN R. MacARTHUR: …George McGovern me dijo: “Bueno, la mayoría de nosotros cuando volvimos de la Segunda Guerra Mundial… la mayoría de quienes regresamos de la Segunda Guerra Mundial sentimos que había sido demasiado. Pero para Bush no fue demasiado, no le alcanzó con toda esa violencia”.

AMY GOODMAN: Aquí finaliza nuestro programa. Rick MacArthur es editor de Harper’s Magazine y autor del libro del libro “Second Front” (El Segundo Frente).

Reportaje traducido por Pamela Subizar.
Editado por Verónica Gelman y Democracy Now! en Español.
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Hace diez años, James Loewen explicó en el libro 'Patrañas que me contó mi profe' cómo los libros de texto dan una visión manipulada y mítica de la historia de EE.UU. para propagar un patriotismo sin espíritu crítico.

Ofrecemos un extracto de su última edición, publicada en España por Capitán Swing, en el que Loewen explica el caso del presidente Woodrow Wilson.
Woodrow Wilson lanza la primera bola en un partido de béisbol de 1916
Cuando les pregunto a mis alumnos universitarios qué recuerdan del presidente Wilson (1913-1921), me responden con entusiasmo. Dicen que condujo al país a regañadientes a la Primera Guerra Mundial y que después lideró, dentro y fuera de Estados Unidos, las iniciativas para crear la Sociedad de Naciones. Asocian a Wilson con causas progresistas como el sufragio femenino. Unos pocos recuerdan las redadas de Palmer que, en la época wilsoniana, se lanzaron contra los sindicatos izquierdistas. Pero mis alumnos no suelen conocer ni tampoco hablan de dos políticas antidemocráticas que aplicó Wilson: la segregación racial del Gobierno federal y sus intervenciones militares en otros países.

Estados Unidos intervino en Latinoamérica con más frecuencia durante la época de Wilson que en ninguna otra de nuestra historia. En 1914 enviamos tropas a México, a Haití en 1915, a la República Dominicana en 1916, a México de nuevo ese mismo año (y nueve veces más antes de finalizar la presidencia de Wilson), a Cuba en 1917 y a Panamá en 1918. Durante toda su administración, Wilson mantuvo fuerzas en Nicaragua y las utilizó para determinar qué presidente tenía ese país y para obligarle a aprobar un tratado que concedía trato de favor a Estados Unidos.

En 1917 Woodrow Wilson asumió poderes especiales al comenzar a mandar, en secreto, ayuda monetaria a los «blancos» durante la guerra civil rusa. Durante el verano de 1918 autorizó el bloqueo naval de la Unión Soviética y envió fuerzas expedicionarias a Murmansk, Arcángel y Vladivostok para contribuir a la derrota de la Revolución rusa.

Con el beneplácito del Reino Unido y Francia, y uniéndose en un mando conjunto con el ejército japonés, las fuerzas estadounidenses desembarcaron en Vladivostok para dirigirse hacia el lago Baikal con el fin de apoyar a fuerzas checas y blancas rusas que habían instaurado un gobierno anticomunista en Omsk. Después de mantener frentes en lugares tan occidentales como el Volga, las fuerzas blancas rusas se desintegraron a finales de 1919 y nuestras tropas acabaron abandonando Vladivostok el 1 de abril de 1920.

Pocos estadounidenses que no vivieran en esa época saben algo sobre nuestra «desconocida guerra con Rusia», por utilizar el título del libro escrito por Robert Maddox sobre ese desastre. Ni uno solo de los doce manuales de historia de los Estados Unidos de mi primera muestra lo menciona.

Sí lo hacen dos de los seis nuevos Boorstin y Kelley; por ejemplo, dicen: «Los Estados Unidos, con la esperanza de evitar que los arsenales de municiones cayeran en manos alemanas cuando la Rusia bolchevique dejara de combatir, aportaron unos 5,000 hombres a la invasión aliada del norte de Rusia desde Arcángel. Igualmente, Wilson envió casi 10,000 hombres a Siberia dentro de una expedición aliada».

Es posible, aunque seguramente difícil, que un estudiante estadounidense pueda inferir de ese fragmento que Wilson estaba interviniendo en la guerra civil rusa.

Por su parte, los libros de texto rusos conceden bastante espacio al episodio. Según Maddox: «La consecuencia inmediata de la intervención fue la prolongación de una sangrienta guerra civil, lo cual costó miles de vidas más y ocasionó una enorme destrucción a una sociedad ya de por sí maltratada. Y hubo también consecuencias de más larga duración. Los líderes bolcheviques tenían pruebas fehacientes... de que las potencias occidentales tratarían de destruir el régimen soviético en cuanto pudieran».

'Patrañas que me contó mi profe'
Esta agresión atizó las sospechas que durante la Guerra Fría motivaron a los soviéticos, que hasta la disolución de la URSS continuaron reclamando indemnizaciones por la invasión.

Las invasiones de Wilson en Latinoamérica son mejor conocidas que su aventura en Rusia. Los libros de texto sí se ocupan de algunas y resulta fascinante observar cómo sus autores intentan justificar esos episodios. Sería imposible que una descripción precisa de esas invasiones diera una imagen positiva de Wilson o de los Estados Unidos. Ahora sabemos que las intervenciones de Wilson en Cuba, la República Dominicana, Haití y Nicaragua prepararon el terreno para dictadores como Batista, Trujillo, los Duvalier y los Somoza, cuyos legados siguen vigentes.

Ya en la propia década de 1910 gran parte de las invasiones no fueron bien recibidas en nuestro país y provocaron un aluvión de críticas en el exterior. A mediados de 1920, los sucesores de Wilson dieron la vuelta a sus políticas en Latinoamérica. Los autores de los manuales de historia lo saben, porque un capítulo o dos después del de Wilson ensalzan nuestra «política de buena vecindad», la renuncia al uso de la fuerza en Latinoamérica por parte de los presidentes Coolidge y Hoover, extendida por Franklin D. Roosevelt (FDR).

En comparación, los libros de texto podrían calificar (pero no lo hacen) las acciones de Wilson en Latinoamérica de «política de mala vecindad». Sin embargo, al enfrentarse a cosas desagradables, los manuales de ayer y de hoy hacen lo imposible por sacar al héroe del aprieto, como en este ejemplo del antiguo Challenge of Freedom: «El presidente Wilson quería que los Estados Unidos cimentaran amistades con los países latinoamericanos. No obstante, le resultó difícil...».

Varios manuales echan la culpa de las invasiones a los países invadidos: «Wilson rehuía las políticas exteriores agresivas», afirma The New American Pageant. «La agitación política en Haití no tardó en obligar a Wilson a tragarse algunas de sus antiguas palabras antiimperialistas... A regañadientes envió a los infantes de marina a proteger vidas y propiedades americanas». Este fragmento es una pura y simple invención. Al contrario que en el caso de su secretario de Marina, que posteriormente se quejaría de que lo que Wilson «[me] obligó a hacer en Haití me resultó difícil de digerir», ninguna prueba documental sugiere que el presidente tuviera escrúpulo alguno en enviar tropas al Caribe.

Todos los libros de texto analizados mencionan que Wilson invadió México en 1914, pero defienden que las intervenciones no eran culpa del presidente. Según el Pageant de 2006: «Las llamadas a la intervención atronaban desde los labios de los patrioteros estadounidenses». Y continúa: «Sin embargo, el presidente Wilson se mantuvo firme ante los que exigían que pasara a la acción».

Evidentemente, Wilson no tardó en ordenar la entrada de las tropas en México, antes incluso de que el Congreso se lo autorizara. Walter Karp ha demostrado que esta idea de un Wilson renuente también contradice los hechos: la invasión, que fue idea suya desde el principio, disgustó tanto al Congreso como a la población estadounidense.

La intervención de Wilson fue tan escandalosa que líderes de las dos facciones enfrentadas en la guerra civil mexicana exigieron la retirada de las tropas de los Estados Unidos; al final, la presión de la opinión pública en los Estados Unidos y en todo el mundo indujo al presidente a retirarlas.

Los autores de manuales suelen utilizar otro recurso para describir nuestras aventuras en México: ¡dicen que Wilson ordenó la retirada de nuestras fuerzas, pero no concretan quién ordenó su entrada! Ofrecer la información utilizando una voz pasiva impersonal ayuda a aislar a los personajes históricos de sus propias acciones, nada heroicas y nada éticas.

Algunos libros no se limitan a omitir al autor, sino que omiten también la propia acción. La mitad de los manuales ni siquiera menciona la toma de Haití por parte de Wilson. Después de invadir el país en 1915, los infantes de marina estadounidenses obligaron a su parlamento a elegir como presidente al candidato preferido por nuestro gobierno.

Cuando Haití se negó a declarar la guerra a Alemania después de que lo hicieran los Estados Unidos, nosotros disolvimos su parlamento. A continuación, supervisamos la celebración de una especie de referéndum de aprobación de una nueva Constitución haitiana, menos democrática que la anterior. El resultado fue ridículo: se aprobó por 98,225 votos a favor frente a 768 en contra.

Como ha señalado Piero Gleijesus, «no es que los fervientes esfuerzos de Wilson por traer la democracia a esos pequeños países fracasaran, es que nunca lo intentó. Intervenía para imponer la hegemonía, no la democracia».

Un norteamericano posa junto a los cadáveres de insurgentes
haitianos muertos en un enfrentamiento con marines en 1915
Estados Unidos también atacó una orgullosa tradición haitiana, la posesión individual de pequeños huertos, que se remontaba a su revolución, para promover la creación de grandes plantaciones. Las tropas estadounidenses obligaron a campesinos encadenados a formar parte de brigadas de construcción de carreteras.

En 1919 los ciudadanos haitianos se sublevaron contra las tropas de ocupación de los Estados Unidos mediante una guerra de guerrillas que costó más de tres mil vidas, en su mayoría de haitianos. Esto es lo que aprenden los estudiantes que leen Pathways to the Present: «Los Estados Unidos entraron en Haití para reinstaurar la estabilidad, después de que una serie de revoluciones convirtieran el país en un lugar débil e inestable. Wilson… envió a las tropas estadounidenses en 1915. Los infantes de marina de los Estados Unidos ocuparon Haití hasta 1934».

Estas insulsas frases ocultan lo que hicimos, sobre lo cual George Barnett, general de ese cuerpo, se quejó a su superior en Haití: «Durante cierto tiempo se han venido produciendo asesinatos de indígenas prácticamente indiscriminados». Para Barnett, este violento episodio era «el más asombroso en su especie de los ocurridos en toda la historia del cuerpo de infantes de marina».

Durante las dos primeras décadas del siglo xx, Estados Unidos convirtió Nicaragua, Cuba, la República Dominicana, Haití y otros países en verdaderas colonias. Y, como ya hemos visto, Wilson tampoco limitó sus intervenciones a nuestro hemisferio. Su reacción ante la Revolución rusa consolidó la alianza de los Estados Unidos con las potencias coloniales europeas. Su administración fue la primera en obsesionarse con el espectro del comunismo, fuera y dentro del país. Wilson fue categórico al respecto. En Billings (Montana), de campaña por el oeste en busca de apoyos para la Sociedad de Naciones, lanzó esta advertencia: «Hay apóstoles de Lenin entre nosotros. No puedo ni imaginarme lo que supone ser un apóstol de Lenin. Significaría ser apóstol de la noche, el caos y el desorden».

Cuando ya la alternativa de los rusos «blancos» no existía, Wilson siguió negándose a reconocer diplomáticamente a la Unión Soviética. Contribuyó a prohibir su participación en las negociaciones de paz posteriores a la Primera Guerra Mundial y ayudó a derrocar a Béla Kun, el líder comunista que había llegado al poder en Hungría.

Su defensa de la autodeterminación y la democracia nunca pudo competir con sus tres férreos «ismos»: colonialismo, racismo y anticomunismo. En Versalles, un joven Ho Chi Minh apeló a Woodrow Wilson para que defendiera la autodeterminación de Vietnam, pero Ho tenía en contra esos tres principios. Wilson se negó a escuchar y Francia conservó el control de Indochina.

Parece que para Wilson la autodeterminación estaba bien, por ejemplo, para Bélgica, pero no para lugares como Latinoamérica o el Sudeste Asiático.

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Publicado: 22/10/2018
Autor:
Tomás Diez Acosta

Este artículo forma parte del dossier: La política por otros medios. Revisar (y entender) la Crisis de Octubre de 1962

A pesar de las investigaciones realizadas por cubanos, norteamericanos y rusos —cada uno desde sus ópticas—, los documentos oficiales secretos desclasificados en los últimos veinte años han desmentido los estereotipos formados. Pero como los resultados de estas investigaciones no han sido suficientemente divulgados, «seguimos siendo a los ojos de muchos en los Estados Unidos, y en otras partes del mundo, los que desencadenamos ese peligroso conflicto, al atrevernos a colocar cohetes con cargas nucleares a pocas millas de sus costas, para atentar contra su seguridad».

De ahí que escribí estas líneas que titulé: «La mentira, un arma de los Estados Unidos».

El 22 de octubre de 1962, a la siete de la tarde, el presidente de los Estados Unidos, John F. Kennedy, anunció al mundo que los soviéticos, de manera secreta, súbita y clandestina, estaban instalando ba­ses de misiles ofensivos en Cuba, cuyo objetivo afirmó: «no pue­de ser otro que montar una fuerza de ata­que nuclear contra el he­misferio occiden­tal», [lo que] «cons­tituye una evidente ame­naza a la paz y a la se­guridad de todos los ame­rica­nos» (Kennedy, 1968).

Con estas palabras de Kennedy se iniciaba la más grave crisis de la época de la guerra fría, que presa­gió el fin de la humanidad ante el uso de las armas nucleares. Fue un discurso meticulosamente preparado para manipular y confundir tanto a la opinión pública estadounidense como a la del planeta ante las ilegales medidas militares que había ordenado.

¿Qué justificación había para imponer a Cuba un bloqueo naval? ¿Acaso los Estados Unidos había sido agredido? No. ¿Cuba había hecho algo ilegal que violara el derecho internacional? No. ¿Acaso, la instalación de los cohetes soviéticos produjo un cambio significativo en el balance estratégico? No. ¿Por qué Estados Unidos se sentía amenazado por los cohetes instalados en la Isla? ¿Acaso la situación de la URSS con respecto a los cohetes estadounidenses instalados en Turquía y de todas las bases que la rodeaban no era similar o peor? Una respuesta lógica y realista diría que sí.

Entonces, ¿por qué estalló una crisis que estuvo a punto de convertirse en una guerra nuclear de consecuencias impredecibles para toda la humanidad?

El engaño y la mentira con que fue presentado el problema más la campaña mediática que la continuó crearon pánico y terror dentro de la población de los Estados Unidos, además de que justificaron cualquier acción de orden militar que implicara eliminar el peligro de un primer golpe nuclear. Lograron que los sentimientos se impusieran a la razón, lo que impidió, de inmediato, hallar una explicación coherente de las causas del porqué esas armas estaban en suelo cubano.

Los orígenes del conflicto entre los Estados Unidos y la Unión Soviética, el más peligroso de la guerra fría, hay que buscarlos en la derrota sufrida por el gobierno estadounidense en las arenas de Playa Girón. Ese fracaso no significó el abandono del derrotero político de confrontación seguido hasta entonces, y la idea de destruir la Revolución Cubana por cualquier medio se convirtió en la obsesión de muchos políticos y funcionarios de alto nivel de ese gobierno, y en especial del presidente Kennedy y su hermano Robert Kennedy. La guerra sucia contra Cuba continuó y con ese propósito se elaboraron nuevos planes agresivos y se intensificaron las acciones encubiertas y subversivas.

En noviembre de 1961, la Administración estadounidense aprobó un nuevo proyecto anticubano denominado Operación Mangosta, cuya ejecución se extendería a lo largo de todo el año 1962. En este proyecto se incluyeron todas las formas posibles de agresión: bloqueo económico, aislamiento político-diplomático, subver­sión interna, intentos de asesinatos de líderes cubanos –en especial de Fidel Castro–, guerra psico­lógica y, finalmente, invasión militar.

Desde temprano los efectos de su aplicación comenzaron a sentirse: el 31 de enero de 1962, el gobierno revolucionario cubano fue expulsado de la Organización de Estados Latinoamericanos (OEA); el 3 de febrero de ese año, el presidente Kennedy firmó el Decreto Nº 3447 que puso en vigor la 27 Resolución Federal Nº 1085, la cual oficializó el Bloqueo económico, comercial y financiero, denomina­do eufemísticamente «Embargo sobre el Comercio con Cuba», mantenido durante 55 años.

En ese contexto de Mangosta, en 1962 se registraron cuarenta y cinco infiltraciones de carácter relevante en el territorio cubano con el propósito de abastecer de armas y explosivos a las bandas armadas y organizaciones contrarrevolucionarias; realizar sabotajes; buscar información de inteligencia sobre posibles zonas para futuros alzamientos, así como datos de las instalaciones de las Fuerzas Armadas Revolucionarias (FAR) y de la presencia militar soviética en la Isla; tratar de unificar el movimiento contrarrevolucionario en el interior del país; introducir medios de comunicación; fomentar nuevas redes de espionaje; y entrenar e instruir agentes en guerra de guerrilla, comunicaciones, inteligencia, sabotaje y guerra psicológica (Valdés-Dapena, 2002: 74-5).

Desde el inicio de la Operación Man­gos­ta intensifica­ron las actividades de las bandas armadas contrarrevolucionarias en todo el país. Solo en las montañas de El Escambray, en la región central del país, estas bandas crecie­ron de 42, en el mes de marzo, a 79 en septiembre. De enero a agosto de 1962 los actos de sabotaje alcanzaron la ci­fra de 5,780; de ellos, 716 dañaron grandes objetivos económicos y socia­les (Diez, 2012: 152).

A partir de abril de ese año, acorde con los planes de contingencia para la invasión a la Isla, se efectuaron un conjunto de ejercicios y entrenamientos militares para el adiestramiento de las posibles fuerzas participantes. Entre estos se destacó el ejercicio militar denomi­nado Landphibex 1/62 (Ejercicio Anfibio del Atlántico 1/62), efectuado a finales de abril. La maniobra dispuso de un poderoso dispositivo militar, inte­grado principalmen­te por 4 portaaviones, más 50 buques de com­bate, incluidos submarinos, y la participación de unos 40,000 in­fantes de marina, quienes desem­barcaron en la «isla enemiga» y to­maron una cabeza de playa (Diez, 2012: 133).[1] A media­dos de mayo, parte de esas tropas ejecutaron en Onslow Beach, en el Estado de Carolina del Norte, otro ejercicio similar denominado Demolition (Demoli­ción) (133).

En agosto de 1962, la fuerza aérea participó en el ejercicio Swift Strike II (Golpe Rápido), desarrollado en Caro­lina del Norte y del Sur, con el objetivo de entrenar a las unidades en el apoyo aéreo a las tro­pas. Tomaron parte cuatro divisiones del ejér­cito, seis escuadrones de cazas tácticos y dos escuadrones de reconocimiento aéreo. En septiembre se desarrolló otro gran ejercicio militar deno­mi­nado Jupiter Spring (Primavera de Júpiter), que consistía en desem­barcos aéreos con efectivos de tres divisiones del 18 Cuerpo Aerotranspor­tado, principal unidad élite de los Estados Unidos para ese tipo de operaciones (133).

En ese período nuevas tropas te­rrestres, nava­les y aéreas reforzaron las fuerzas que integraban el Comando del Atlántico.

Todo esto en medio de una descomunal campaña de propaganda internacional contra la Revolución cubana y sus principales líderes. En este contexto se ejecutó la operación de guerra psicológica «Peter Pan», basada en la mentira de que la Revolución eliminaría la patria potestad, que indujo a la salida del país de más de 14 mil niños, sin sus padres. Algunos de sus ejecutores han confesado cómo la hicieron, siguiendo instrucciones de la CIA, pero Washington no lo ha reconocido todavía. Creo que algo similar trataron de hacer en Venezuela.

Fueron tan claras las evidencias de que Estados Unidos preparaba la agresión militar directa a Cuba, que el ex secretario de Defensa Robert McNamara, en enero de 1989, durante la Conferencia Tripartita de Moscú sobre la Crisis de Octubre, dijo: «Si yo fuera un dirigente cubano hubiera pensado que Estados Unidos estaba preparando la invasión», y agregó, de manera justificativa, «pero no teníamos la intención de invadir a Cuba» (Blight y Welch, 1990: 329-30).

Precisamente a esa apreciación llegó el gobierno cubano y tomó medidas para elevar la capacidad defensiva del país, así como crear un sistema de seguridad nacional que disuadiera a los Estados Unidos de sus intenciones agresivas. A esa conclusión arribó también la dirección soviética -en momentos en que los estadounidenses ponían operativos los misiles Júpiter en Turquía, lo cual le sirvió de argumento a la propuesta soviética de desplegar cohetes de alcance medio e intermedio en Cuba-.

Por estas razones se hace imposible analizar las causas de la Crisis de Octubre de 1962, sin tener en cuenta la Operación Mangosta. No obstante, para muchos —en particular en los Estados Unidos— la causa de esa crisis radicaba fundamentalmente en los cohetes soviéticos desplegados en la Isla y no se preguntan las razones del porqué estaban instalados allí, y el derecho de Cuba a poseer el armamento que estimara conveniente para su defensa frente a las amenazas a que estaba sometida.

Más de 5,000 acciones de sabotaje y actos terroristas
se cometieron contra Cuba en menos de 10 meses
como parte de Mangosta
Quizás un tema para el estudio de la psicología o las mentalidades de los estadistas estadounidenses que condujeron a la crisis, fuera que para ellos estaba perfectamente establecido, y se asumía sin conflicto ético, el criterio de que Mangosta era un derecho, y la no invasión a Cuba, una concesión que se hacía a la URSS.

¿A qué se debe esto? La respuesta está en el irrespeto o el no reconocimiento de los principios de la igualdad jurídica, de autodeterminación y soberanía de los Estados por las grandes potencias, en especial del gran vecino del norte, que bajo burdas mentiras ha intervenido en muchos países del mundo y de América Latina.

Por otro lado, ante las amenazas de agresión exterior hay que afirmar que el derecho a la defensa, recogido en la Carta de las Naciones Unidas, no es único y exclusivo de los países ricos o poderosos, sino de todos los pueblos del planeta.

Ese derecho es violado constantemente por las grandes potencias que se sienten por encima de los demás Estados, solo léase con detenimiento, después de cincuenta y cinco años, el arrogante discurso pronunciado recientemente por el presidente Donald Trump en las Naciones Unidas.

Si se revisa la inmensa cantidad de documentos desclasificados de la administración estadounidense sobre la Crisis de los misiles, no se encontrará una sola referencia a los derechos del pueblo cubano; no aparece la menor intención por analizar las razones de la parte cubana y jamás se analiza la moralidad de la política que siguieron los Estados Unidos sobre Cuba antes y durante el transcurso de la crisis. Da la impresión de que la Isla es concebida como un pedazo de tierra sobre el cual estaban emplazados unos cuantos cohetes soviéticos.

Ello se manifiesta en algunos de los libros escritos sobre el tema que hablan sobre los «problemas de comunicación» entre las dos grandes potencias, como si Cuba no hubiera sido parte del conflicto. En esos textos se desconoce y no se analiza que la administración estadounidense no hizo un solo intento por comunicarse directamente con el gobierno cubano, aun a riesgo de que un cálculo equivocado desencadenara la guerra ni tampoco permitió que participara en ninguna negociación de la crisis, hasta el punto de que el gobierno cubano tuvo que hacer una declaración por separado ante el Consejo de Seguridad de Naciones Unidas, porque esta se negó a trabajar en un documento tripartito.

Asimismo, hubo problemas de comunicación entre la dirección soviética y la cubana. ¿Por qué no se le comunicó a la dirección cubana el contenido de los mensajes de los días 26, 27 y 28 de octubre entre Nikita Jruschov y Kennedy (Diez, 2012: 255-60) y no se pidió su opinión antes de llegar a un entendimiento con los Estados Unidos? ¿Por qué la URSS no propició un espacio a los diplomáticos de la Isla para participar de forma directa en las negociaciones? ¿Por qué no respetó el derecho soberano de Cuba al dar garantía de verificación in sito de la salida de las llamadas armas ofensivas?

Daba la impresión, como fue, que Jruschov había decidido que los cubanos no formaran parte de las negociaciones, el líder soviético temía por el ímpetu de Fidel. De nuevo la mentira y la tergiversación de los hechos. La actitud asumida por Cuba —en defensa su soberanía— de no dejarse inspeccionar fue presentada a la prensa internacional como una posición belicista que entorpecía una salida negociada de la crisis.

Ocurrió todo lo contrario, a pesar de ese trato discriminatorio y de no aceptar los términos del acuerdo, el gobierno cubano no puso obstáculo a la salida de los cohetes y para ello les dio facilidades a las autoridades militares soviéticas.

El tratamiento dado a Cuba durante la crisis no fue un caso aislado, ha sido una práctica habitual de los poderosos a lo largo de la historia, es reflejo de una ideología de colonizador que no está superada y que tiene sus bases globales en un orden social y económico injusto, expresada con tonos descarnados a nivel político, especialmente en los conflictos, y su raíz en las políticas dirigidas a mantener la dominación y el poder hegemónico de las grandes potencias sobre el resto del planeta.

John F. Kennedy/35.º Presidente de los Estados Unidos; Fidel Castro/Primer Ministro de
la República de Cuba; y Nikita Jrushchov/Primer Secretario del Comité Central del
Partido Comunista de la Unión Soviética y Presidente del Consejo de Ministros de la
Unión Soviética [Crisis de los Misiles, octubre de 1962]
Por suerte para la humanidad, la crisis no devino en una guerra nuclear, sino que las dos superpotencias llegaron a hacer arreglos entre ellas. Pero estos arreglos, al no tener en cuenta los «cinco puntos»[2] propuestos por Fidel, no brindaron una solución que propiciara una paz verdadera en el Caribe, pues las agresiones de los Estados Unidos contra Cuba continúan hasta el presente y aún se mantienen latentes las posibilidades reales de una agresión militar directa.

Hace un cuarto de siglo que la guerra fría finalizó. ¿Hoy el planeta es más seguro que veinticinco años atrás? No. Las crisis y los conflictos armados en el mundo tienden a aumentar, con sus graves consecuencias humanas y ecológicas. No ha cesado la política de las grandes potencias, especialmente de los Estados Unidos, tendentes a imponer por la fuerza a los países del llamado tercer mundo sus esquemas políticos y económicos, lo que ha creado como nunca antes grandes desigualdades. La estrategia estadounidense de la guerra global contra el terrorismo no es más que la máscara, como históricamente ha hecho esa superpoten­cia, para cubrir sus objetivos geopolíticos de dominación mundial y poner bajo su control los cada vez menos recursos energéticos e hidráulicos del planeta.

Hoy en día se presentan nuevas variables: el predominio militar de una superpotencia que tiene en la producción de armamentos una de sus principales fuentes de riquezas. Baste decir que el Congreso de los Estados Unidos acaba de aprobar el presupuesto de defensa más grande en la historia de esa nación. ¿Qué justifica este monumental empeño? ¿Acaso los Estados Unidos está en guerra?

Hoy son frecuentes las guerras de intervención y crece el peligro de un conflicto nuclear que puede poner en riesgo la sobrevivencia humana. El uso de la mentira y la manipulación mediática continúa siendo una práctica de los gobernantes estadounidenses que recurren a ellas constantemente para justificar sus fechorías.

Esa práctica en la política tiene su antecedente desde el surgimiento de ese país. A modo de recordación. Con la manipulación y el engaño, en la primera mitad del siglo XIX, le arrebataron a México la mitad de su territorio, desde Texas hasta California. En el caso de Cuba, en 1898 explotó el acorazado Maine en la bahía de La Habana; hoy se sabe que fue por un defecto técnico, pero culparon a los españoles para entrar en una guerra, cuando prácticamente estaba ganada por los cubanos y la situación de crisis política y económica de España era tal que estaba en juego la Corona.

Por cierto, la Declaración Conjunta del Congreso para entrar en esa contienda decía reconocer que «el pueblo de la Isla de Cuba es y de derecho debe ser libre e independiente». Después de tres años de ocupación militar abandonaron la Isla con la imposición de la Enmienda Platt y obligaron a la naciente República a otorgar de forma indefinida territorios para una Base Naval que actualmente ocupan en Guantánamo. No olvidar que se quedaron con Puerto Rico y Filipinas.

Sería muy largo hablar de los pretextos empleados por el naciente imperio estadounidense para sus intervenciones a lo largo de la primera mitad del siglo XX, en México, Centro América y el Caribe. En la otra mitad de ese siglo lograron involucrar a los países de la OEA y TIAR [Tratado Interamericano de Asistencia Recíproca, NH] en la intervención en 1965 a la República Dominica, y en 1989, en Panamá, con el pretexto de combatir el narcotráfico.

En agosto de 1964, quién no recuerda «el incidente del Golfo de Tonkín» para justificar su escalada militar en la guerra de Vietnam que fue el conflicto bélico más sangriento de la segunda mitad de esa centuria. Por otro lado, aún se recuerda con estupor el cuento de la enfermera de la sala de neonatología de un hospital en Kuwait para realizar la primera intervención militar en Irak.

En las dos primeras décadas del actual siglo los ejemplos de manipulación sobran. En algunas obras de destacados investigadores norteamericanos, como Noam Chomsky y otros, han llegado a plantear que los servicios de inteligencia de la administración George W. Bush conocían del plan contra las torres gemelas del World Trade Center, pero permitieron su ejecución para desencadenar la guerra en Medio Oriente, empezando por la ocupación de Afganistán. La mentira de las armas químicas de destrucción masiva en Irak, para ocupar y destruir ese país. O durante el mandato de Barack Obama, como parte de su smart power, la intervención y destrucción de Libia y la guerra en Siria.

El 31 de julio de 1964 el USS Maddox llegó al Golfo de Tonkin, un trozo
de mar resguardado al este por tierra firme china y la isla de Hainan, del
mismo país, y al oeste por las costas de Vietnam del Norte. Su misión
era recolectar inteligencia para compartirla con las tropas de Vietnam
del Sur. La tarde del 2 de agosto 2 lanchas torpederas P-4 de la marina
norvietnamita se acercaron a menos de 10 kilómetros y dispararon sus
torpedos, pero el Maddox los evitó. Sólo una bala de las ametralladoras
vietnamitas golpeó al destructor causando daños menores.
La administración Trump trata de modificar el acuerdo nuclear con Irán, logrado después de un largo proceso negociador que culminó en 2015. Es alarmante la guerra de amenazas entre el mandatario estadounidense y el líder de la República Popular Democrática de Corea, Kim Jong Un. Pero más preocupante lo es el despliegue de tropas y armamento estadounidense en la península coreana y la reacción norcoreana. Un pequeño error de cálculo o de cualquier tipo puede llevar al estallido de un artefacto atómico.

Las grandes potencias, como los Estados Unidos y sus aliados de la OTAN, acuden cada vez más a la mentira para desestabilizar gobiernos progresistas legítimamente constituidos, violando los principios de convivencia entre los Estados, establecidos en la Ley Internacional. Mientras, los organismos internacionales, regulados por mecanismos antidemo­crá­ti­cos y obsoletos, en ocasiones han devenido instrumentos intervencionistas.

Los procesos que acontecen en América Latina son evidente expresión de estos planes colonizadores. Las campañas contra la corrupción, por derechos humanos y democráticos, la farsa de Odebrecht y otras escusas son empleados para desacreditar a gobernantes latinoamericanos contrarios o molestos para el imperio.

Muestra de ello es lo que sucede, en la República Bolivariana de Venezuela, donde intereses políticos, económicos y pro imperialistas internos —en concordancia con los planes intervencionistas de los Estados Unidos— tratan de paralizar el proceso revolucionario y popular iniciado por Hugo Chávez y continuado por Nicolás Maduro. El gobierno estadounidense, sobre la base de mentiras, lanza constantes amenazas y aplica injustas sanciones a Venezuela.

A nosotros —los cubanos— esto no nos sorprende. Hemos vivido cerca de seis décadas enfrentando las mentiras, manipulaciones y, más que eso, las agresiones de todo tipo de las doce administraciones que han acontecido. Hoy nuevamente acuden a nuevas, burdas y mentirosas patrañas para hacer retroceder los avances alcanzados en la normalización de las relaciones con la anterior administración de Obama. El cuento ahora son los supuestos «ataques acústicos». No hay prueba de nada, no aparecen los equipos que los ocasionan, ni los nombres de los enfermos, ni el daño específico que han sufrido, ni el crédito de los médicos que los han atendido.

Según algunos medios de prensa, entre ellos El Nuevo Herald, los expertos que examinaron a los diplomáticos estadounidenses pertene­cen a la Universidad de Miami. ¡Qué casualidad! En esa universidad fun­ciona el denominado Instituto de Estudios Cubanos y Cubanoamericanos, fundación dedicada a fabricar profesionalmente mentiras, noticias falsas o matrices de opinión contra Cuba.

Hoy corren tiempos difíciles de contradicciones e inseguri­dades. Los efectos del cambio climático son cada vez más devastadores originados por los abusos al planeta provocado por el llamado progreso capitalista, Pero estas realidades no deben suscitar una actitud pesimista ante el futuro. La historia demuestra que las causas nobles y justas han triunfado, no importa cuán poderosas son las fuerzas que se opongan. El ejemplo del pueblo cubano durante los días de la Crisis de los Misiles así lo demuestra, pues enfrentó el peligro del extermino nuclear, no se dejó amedrentar y defendió con firmeza y valor sus principios de igualdad jurídica, autodeterminación y soberanía.

Referencias
Blight, J.G. y Welch, D. A. (1990) On the Brink. Americans and Soviets reexamine the Cuban Missile Crisis. 2da. Edición. Nueva York: The Noonday Press, 329-30.

Diez Acosta, T. (2012) Peligros y Principios. La Habana: Casa Editorial Verde Olivo.

Kennedy, R. F. (1968) «Texto del Discurso del presidente Kennedy el 22 de octubre de 1962». En: Trece Días (La Crisis en Cuba). Barcelona/Buenos Aires/México DF/ Bogotá: Editores Plaza y Janes S.A., 129-36.

Valdés—Dapena, J. (2002) Operación Mangosta. Preludio de la invasión directa a Cuba. La Habana: Editorial Capitán San Luis, 74-5.

[1] La región escogida para el desembarco fue Islas de Vieques, al este de Puerto Rico.


[2] No está de más recordarlos:
1) - Cese del bloqueo económico y de todas las medidas de presión comercial y económica que ejercen los Estados Unidos en todas las partes del mundo con­tra Cuba.
2) - Cese de todas las actividades subversivas, lanza­mientos y desembarcos de armas y explosivos por aire y mar, organiza­ción de invasiones mercena­rias, filtra­ción de espías y saboteado­res, accio­nes todas que se llevan a cabo desde el territorio de los Estados Unidos y de algunos países cómplices.
3) - Cese de los ataques piratas que se llevan a cabo desde bases existentes en Estados Unidos y en Puerto Rico.
4) - Cese de todas las violaciones del espacio aéreo y naval por aviones y navíos de guerra norteamerica­nos. Y
5) - Retirada de la Base Naval de Guantánamo y devolu­ción del territorio cubano ocupado por los Estados Unidos
.

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POR REDACCIÓN Centro de Medios Independientes (CMI)
HISTORIA — 9 SEP, 2014

Colaboración, para el CMI Guatemala, de Silvina M. Romano [Becaria postdoctoral del Programa de Becas Posdoctorales de la UNAM, Centro de Investigaciones sobre América Latina y el Caribe (CIALC) UNAM. Doctora en Ciencia Política por el Centro de Estudios Avanzados y la Facultad de Derecho y Ciencias Sociales de la Universidad Nacional de Córdoba (UNC). Licenciada en Historia y Licenciada en Comunicación por la UNC]
La manipulación consciente e inteligente de los hábitos y opiniones organizados de las masas es un elemento importante de la sociedad democrática. Los que manipulan este mecanismo oculto de la sociedad constituyen un gobierno invisible que es la verdadera fuerza que gobierna este país […] es la minoría inteligente la que necesita hacer un uso continuo y sistemático de la propaganda” (E. Bernays)
La guerra psicológica organizada para derrocar a Árbenz es un tema bastante conocido, ya sea porque el operativo de la CIA fue exitoso gracias a la aplicación de tal estrategia, o porque esta herramienta fue utilizada en los posteriores golpes de Estado cívico-militares durante la denominada “guerra fría”. Sin embargo, considero que vale la pena reincidir en el tema, pues la guerra psicológica no fue anulada junto con la caída del muro de Berlín, sino que, muy por el contrario, se ha fortalecido en el marco de la “globalización” y el avance del neoliberalismo (como otra de las caras del imperialismo).

Cuando se leen los documentos que dan cuenta de la creación de la CIA y las funciones que debía cumplir dicho organismo, la guerra psicológica aparece como una de las actividades más importantes en la lucha contra el expansionismo soviético. Implicaba la utilización de diferentes tipos de propaganda y acciones en contra del comunismo, abiertas o encubiertas, y programas de información nacionales e internacionales. Esto se justificaba porque había que enfrentar aquellas “actividades inspiradas por el bloque soviético que constituyan una amenaza a la paz y a la seguridad mundial, o que estén destinadas a desacreditar y vencer a Estados Unidos en su esfuerzo por promover la paz mundial” (FRUS, Psychological and Political Warfare 1945-1950. Doc. 257). [FRUS se refiere a “Foreign Relations of the United States”. Se trata de los documentos desclasificados del Departamento de Estado estadounidense sistematizados por la Oficina del Historiador de dicho Departamento]. Es importante tener en cuenta que uno de los objetivos de este tipo de guerra es la influencia, control o infiltración en los medios de comunicación, penetrando entonces en cuestiones culturales.

Esta guerra, en particular la implementada a través de los medios masivos de comunicación, es parte hoy por hoy, del denominado “soft power” (en general celebrado, pues en apariencia es más “benévolo” que el poder militar) [Se trata de recurrir a otros medios diferentes a los militares para lograr los objetivos de política exterior por medio de la atracción en lugar de la coerción. Algunas de las herramientas este tipo de poder son la diplomacia, la asistencia económica y las comunicaciones (Nye, 2011)] que es utilizado no sólo por el gobierno estadounidense (y de los demás países centrales en decadencia), sino ampliamente difundido como herramienta entre las elites latinoamericanas (o más bien transnacionales) como factor necesario y decisivo para garantizar la “estabilidad” de las sociedades del continente, es decir, garantizar la estabilidad de la estructura de poder imperante.

No es casualidad que el objetivo de la guerra psicológica sea influir en “los corazones y las mentes”, pues finalmente se trata de la herramienta clave para la concreción de la hegemonía [Desde una concepción gramsciana de hegemonía, las herramientas del poder blando, como la asistencia o la diplomacia, forman parte esencial en la promoción de un consenso a favor de la democracia capitalista (Ver: Roelofs, 2007)] operando por medio de la instalación de ciertas premisas, asociadas especialmente a lo ideológico, que permean en lo que la gente “piensa que la realidad es” (más allá de lo que, en efecto, esté ocurriendo en el día a día). Tampoco es casualidad que su objetivo último sea el de alentar el consumo como eje de la vida de los sujetos y las comunidades. Esto se debe a que, para garantizar la extracción de excedentes, parte del asunto es crear necesidades, mercados, y en última instancia, definir estilos de vida (Prado, 1957) como lo son aquellos vinculados con la “cultura del consumo” (Furtado, 1974). De este modo, se utilizan herramientas para moldear el consumo por medio de parámetros que, en la mayoría de los casos, no tienen ningún contacto con las raíces de la cultura local (Furtado, 1971: 154). Para instalar modos de vida acordes a esta extracción de excedentes, es necesario eliminar otros que difieran o se nieguen a poner al mercado al centro de la razón de ser del sistema y de la vida cotidiana.

Ante este escenario, resulta interesante revolver un poco el pasado y prestar atención al modo en que se organizó esta guerra, el impacto que tuvo, y la toma de conciencia posterior con respecto a la utilización de esta estrategia como herramienta de desestabilización. Los medios masivos operaron como principales actores en esta guerra, tanto los diarios y revistas, como los programas de radio, en Guatemala y Estados Unidos (pues se trataba de una batalla con dos frentes: había que convencer a los guatemaltecos que Árbenz era comunista, pero más aún, había que lograr un cierto grado de “consenso” en casa, pues cualquier guerra, psicológica, material, de poder blando o de intervención militar, requiere de presupuesto).

De hecho, el operativo en contra de Árbenz “combinaría acciones psicológicas, económicas, diplomáticas y paramilitares (…) La CIA hizo obligatorio el adiestramiento en guerra psicológica para los nuevos agentes, quienes estudiaron el texto de Paul Linebarger, Psychological warfare” (Cullather, 2002:7). Para lograr estos objetivos se llevaron a cabo “Operaciones subrepticias usando contactos dentro de la prensa, la radio, la iglesia, el Ejército y otros elementos organizados susceptibles a los rumores, los panfletos, las campañas con afiches y otras campañas subversivas” (Ibid, 42).

Los medios masivos de mayor alcance como Time, Life, Newsweek, etc. comenzaron a publicar artículos sobre Guatemala. A pesar de las diferencias en las publicaciones, los artículos se orientaban a señalar que el gobierno de Arbenz era comunista, que Castillo Armas era un héroe, que la UFCO [United Fruit Company] era uno de los mejores inversores en el extranjero, que Estados Unidos debía salvar al gobierno enviándole ayuda. El mismo efecto tuvieron las publicaciones de Daniel James y Ronald Schneider, denunciando el comunismo en Guatemala y por lo tanto, justificando la necesidad de ayudar al gobierno “liberacionista” (Jonas, 1974: 82-83). Esto permite visualizar de algún modo el alcance y la intervención a nivel cultural como parte de la guerra psicológica, dentro y fuera de Estados Unidos.

La sistemática propaganda impulsada desde Estados Unidos, era notada por Arbenz y sus funcionarios, tal como figura en uno de los informes del Departamento de Estado “el presidente Arbenz piensa que la prensa estadounidense ha generado una imagen falsa de Guatemala, pues da la impresión de que el gobierno guatemalteco es comunista, cuando no lo es” (FRUS, US Department of State Guatemala. 1952-1954 Doc. 5.) Lo mismo planteaba el ministro de Relaciones Exteriores, Torriello, que en una reunión con funcionarios estadounidenses se refirió a “la violenta propaganda en contra de Guatemala que él estaba viendo en las revistas y diarios estadounidenses, que, según él, estaban incentivadas por un interés particular de los Estados Unidos” (FRUS, US Department of State Guatemala. 1952-1954 Doc. 10).

A medida que el gobierno profundizaba las medidas reformistas, desde los sectores opositores locales y con la ayuda de los gobiernos dictatoriales limítrofes y los Estados Unidos, se alentaba la lucha contra el comunismo al que –supuestamente- estaba adhiriendo el régimen de Arbenz. Es así que en pleno operativo de desestabilización, se instaló la “radio liberación” y su programa “La voz de la liberación” para fomentar el descontento y la disidencia con respecto al gobierno de turno.

La radio operaba desde la base de la CIA en Miami Opa Locka y “La voz de la liberación” comenzó a transmitirse el 1 de mayo de 1954. “Los locutores, afirmando estar hablando desde las ‘profundidades de la selva’, exhortaban a los guatemaltecos a oponerse al comunismo y al régimen de Arbenz y apoyar a la liberación comandada por el Coronel Castillo Armas” (Cullather, 2002: 80). Los siguientes extractos muestran una aproximación al tipo de discurso que se imponía desde la radio: “Atención Guatemala, atención guatemaltecos: radio liberación en 2420 k onda corta (…) Todo Guatemalteco debe tener en su lucha contra el comunismo, por símbolos: Dios patria y libertad” (“Hearts and minds” en “This american life” radio show, 30 de noviembre de 2001). “Contra el comunismo, contra los vicios del pasado, por una democracia verdadera, radio liberación operando con su transmisor clandestino desde un lugar secreto en la Rca. De Guatemala” (Ibid)

Los programas se emitieron desde mayo a julio de 1954 y aproximadamente el 80-90% de los fueron grabados en Miami y luego transmitidos desde Nicaragua. El equipo estaba conformado por cuatro hombres y dos mujeres que mezclaban anuncios y editoriales con música grabada. El objetivo era “intimidar a los comunistas y a sus simpatizantes e incitar a la mayoría apática a actuar (…) una transmisión encaminada a provocar pánico al estilo de Orson Wells”. El principal target era el Ejército. El slogan de la radio era: Trabajo, Pan y Patria (Cullather, 2002: 81).

Uno de los protagonistas del movimiento “liberacionista”, Lopez Villatoro, en el marco de sus declaraciones frente al Congreso Estadounidense a favor del gobierno de Castillo Armas, se explayaba sobre el éxito de la radio que él y sus compañeros habían utilizado para desestabilizar a Arbenz: “Creo que los programas de radio fueron muy efectivos en términos de guerra psicológica. Hay gente que piensa que la radio clandestina contribuyó un 80% a nuestra victoria” (Congreso de los Estados Unidos, 1954: 101). Ante esta aseveración, algunos de los presentes en la sesión preguntaron sobre los gustos de los latinoamericanos: “¿Qué tipo de programas piensa Ud. que le gustaría escuchar a la gente de América Latina? ¿Prefieren programas de música, noticieros, o que sean del tipo de asesoramiento, por ejemplo en agricultura?” (Ibid. 105).

En las mismas sesiones frente al Comité Anticomunista del Congreso Estadounidense, participó un director de cine, Leo Carrillo, que abrió la discusión sobre la importancia de la cultura en la guerra psicológica, planteando qué tipos de películas y actores podría promover Hollywood de acuerdo a las “necesidades” del público “panamericano”. Decía el cineasta: “Provengo de la industria del cine (…) no sé si exista alguna otra industria en el mundo tan importante como esa, porque nosotros manufacturamos el producto más importante, que es la felicidad” (Ibid, 245).

En este punto es interesante retomar la relación entre lo ideológico (ámbito por excelencia de la guerra psicológica) y lo material (incluida la fuerza física). Uno de los miembros de la asociación de estudiantes “El Derecho[Varios de los miembros de esta asociación, ya derrocado Arbenz, organizaron el periódico opositor El Estudiante (motivo que provocó el exilio de varios) y luego de Lanzas y Letras, revista política y cultural de amplio reconocimiento a nivel latinoamericano (Romano, 2012)] de la Universidad de San Carlos, que fue obligado a salir al exilio, ante mi pregunta sobre el protagonismo de lo ideológico y/o de lo material en la guerra fría, según su vivencia, respondió: “Las dos cosas. Ideológica y material. Ideológica por ejemplo, tiene una parte de búsqueda de convencimiento de las cosas. La patraña más grande hay que instrumentarla para que se crea (…) El hacer creer a la gente determinadas cosas. Entonces, en Guatemala se dio como cierto que los comunistas mataban a los niños para hacer jabón. Cosa más ilógica no puede haber, pero en Guatemala lo creía la gente” (Balcárcel, 2012).

Justamente debido a lo “que creía la gente”, no era asunto simple saber qué era montaje y qué era cierto (objetivo clave del espionaje y contraespionaje). El mismo integrante de la asociación “El Derecho”, expresa con respecto a la presencia de Estados Unidos: “Nosotros en Guatemala no sabíamos que existía la CIA, entonces nosotros culpábamos de todo el ataque al FBI, ‘el FBI tiene tal plan’ y en fin…” (Balcárcel, 2012). Esto coincide con la desinformación y confusión con respecto a la localización de la radio “liberacionista”; “estábamos seguros de que funcionaba desde la embajada estadounidense en la ciudad de Guatemala” (Ibid). Otro integrante de la misma agrupación de la Facultad de Derecho aseguraba que sabían que estaba la CIA, pero “nosotros no decíamos ‘la Cía’, era la embajada, y ahí en la embajada había un grupo militar de los EE.UU., así se llamaba ‘Grupo Militar de los EEUU’ para la estrategia…” (Móbil, 2012). Sin intenciones de generalizar, estas opiniones dejan pensar sobre la confusión que había en el momento, sobre todo considerando que la mayoría no tenía información sobre los cambios institucionales en Estados Unidos en materia de seguridad nacional, en particular lo ocurrido con la Ley de Seguridad Nacional de 1947 y el National Security Council 68.

El Che Guevara, que presenció la invasión apoyada por Estados Unidos, le escribía a su madre sobre la situación en Guatemala, comentando que al parecer, el ataque de los mercenarios no era multitudinario: “El peligro no está en el total de tropas que han entrado actualmente al territorio pues esto es ínfimo, ni en los aviones que no hacen más que bombardear casas de civiles y ametrallar algunos; el peligro está en cómo manejan los gringos (aquí los yanquis) a sus nenitos de las Naciones Unidas…” (Cambranes, 2004: 218)

Este señalamiento del Che, remite a que Arbenz decidió enfrentar la injerencia externa por medios legales, acudiendo a los organismos internacionales, dando un ejemplo de integridad y de respeto a las instituciones del “Estado de Derecho”, por cierto, el pilar del liberalismo. Sin embargo, fue en ese momento en que se vislumbró con enorme claridad el triunfo de la guerra psicológica, pues “la prensa internacional y un público escéptico, rechazaron las acusaciones de Arbenz, considerándolas una estratagema política, como una manifestación del miedo y la incertidumbre que reinaban en los círculos gubernamentales” (Cullather, 2002: 59).

Vale resaltar, no obstante, que la presión psicológica no era suficiente, había que quebrar al ejército, pues el “soft power” solo adquiere verdadero “poder” cuando cuenta con el respaldo del poder militar (hard power). Desde el inicio de la campaña en contra de Arbenz se sabía que “El ejército (6,000 hombres) es el único elemento organizado en Guatemala capaz de alterar la situación política de forma rápida y decisiva” (FRUS, Departamento de Estado, Guatemala 1952-1954, doc. 15); así es que la CIA organizó las operaciones psicológicas de modo de condicionar al ejército en contra del gobierno, objetivo que se logró con creces, pues finalmente el ejército de Guatemala estaba aterrorizado porque sabía que detrás de Castillo Armas estaba Estados Unidos (Gleijeses, 1991: 336-338). Uno de los integrantes de “El Derecho”, asegura: “Quebraron la moral del ejército, que les hicieron creer que si ellos no colaboraban, iban a sufrir una guerra tremenda, punitiva, muy sangrienta” (Móbil, 2012).

Arbenz fue advertido sobre una posible traición de las FF.AA., pues los oficiales pensaban que “los americanos están amenazando a Guatemala por Usted y sus amigos comunistas” (Cullather, 2002: 101). Tal como señalaba Gregorio Selser el 21 de junio de 1954: “en Gualán, departamento de Zacapa, se libra el primer encuentro entre mercenarios y fuerzas gubernamentales; estas últimas parecen atacadas de una invencible pereza, la traición ha incubado en su seno” (Selser, 2009: 101). Es decir, no hubo unanimidad en el ejército para defender al gobierno de turno.

A esto se sumó el hecho de que si bien las fuerzas mercenarias eran pocas y desorganizadas, los ataques aéreos en la ciudad de Guatemala lograron dar la impresión de una verdadera y “gran” guerra. Eso quedó en la memoria, tal como lo cuenta un entrevistado: “Claro, claro… y entonces vi… vi una cosa que me quedó así… vi a mi abuelo, a mi abuelo que era policía, que desde la casa tiraba con su pistola a los aviones… claro, evidentemente… me marcó para toda la vida” (Sandoval, 2012).

Y es que la diferencia entre instalar sistemáticamente la idea de un ataque, de una guerra y el modo en que se produce en los hechos, forman parte de una misma estrategia de utilización de la fuerza. Nick Cullather, en una entrevista realizada en un programa de radio estadounidense destacaba: “Me resulta muy difícil separar la noción de fuerza y la de propaganda, porque generalmente la propaganda siempre se apoya en el uso de la fuerza. Cuando los alemanes estaban atacando a los franceses en la frontera, primero pusieron sirenas de bombarderos, porque las bombas en sí no afectarían demasiado a las tropas francesas, pero las sirenas, las sirenas sí los hicieron correr… Entonces, eso es fuerza o es propaganda? Pienso que la gente de la CIA dirá que es propaganda, pero otra gente dirá que es solo otra de las variantes de la fuerza militar” (Cullather, 2001)

De este modo, el objetivo de la propaganda es que la gente vea sólo una parte de los procesos en lugar del todo. Esto se materializa en la atomización y la fragmentación de los colectivos (Barsamian y Chosmky, 2001: 28-30). En Guatemala, la guerra psicológica fue exitosa al lograr quebrar, disgregar a los grupos de apoyo al presidente Arbenz. Esta desunión era fomentada por la creación/exageración de un escenario de caos e incertidumbre, que tuvo como corolario la invasión armada y el enorme impacto de la invasión aérea.

Reflexiones finales

Según algunas visiones, el gobierno hizo “poco o nada” para contrarrestar la propaganda estadounidense; a pesar de que probablemente no se contaba con los medios suficientes como para enfrentarse a la UFCO, parece que faltó decisión política para tomar las medidas necesarias a los fines de enfrentarse a esta guerra encubierta (García Añoveros, 1987: 102).

Con respecto a esta reflexión, supongo que debemos atender a dos cuestiones. La primera es que la campaña de la CIA fue, en efecto, exitosa no sólo para buena parte de la población, sino para dejar claro (convencer) a las FF.AA. e incluso a Arbenz, que si bien la oposición podía estar poco organizada, todo estaba respaldado por Estados Unidos, la única potencia militar Occidental por excelencia. Por otra parte, es difícil reprochar la falta de “inventiva” del gobierno para enfrentarse a la campaña mediática, cuando a los gobiernos de Joao Goulart y a Salvador Allende (por mencionar solo algunos casos), quienes ya conocían –en mayor o menor medida- lo sucedido en Guatemala, sufrieron estrategias de desestabilización similares. Tendríamos que preguntarnos también, sobre el éxito actual de los medios de comunicación en América Latina y el mundo, en su campaña contra Hugo Chávez en Venezuela, catalogado de “dictador”, “terrorista”, líder del “eje del mal”, etc. y las acciones de desinformación y confusión implantadas por la prensa venezolana e internacional, en el contexto de la delicada situación de salud de este mandatario.

Después de todo, y tal como lo remarcaba un funcionario estadounidense con respecto al modo en que se implementó la política contrainsurgente en Guatemala “En política, es igualmente importante establecer cómo son las cosas y cómo piensa la gente que son las cosas” (National Security Archive, US policy in Guatemala, 1966-1996, Doc 8).

El objetivo último de la guerra psicológica es el consumo, imponer (tal cual se ha logrado) el mito del “american way of life”, objetivo sintetizado por José Antonio Móbil: “El Plan piloto tenía también un plan psicológico sobre la población de Guatemala, comenzar a transformar nuestra sociedad borrándole testimonios históricos, acostumbrándola a la manera que hacen los norteamericanos, que ni siquiera en Puerto Rico lo hacen así, aquí en Guatemala se cantan las canciones norteamericanas, se celebra el Halloween, el día de gracias y una serie de cosas que ha ido suplantando… parecen cosas insignificantes, pero le diré: suplantando nuestras tradiciones, la navidad ya no es de nacimiento ni de figuritas, sino que es de un árbol navideño nevado, donde no cae nieve nunca… Los jóvenes de ahora ya no quieren celebrar como se celebraba hace 40 años, sus aniversarios natales y sus fiestas, sino que tienen que hacerlo en lugares de comidas rápidas como Mc Donalds…”.

A pesar del éxito de las operaciones psicológicas hasta la actualidad, lo que sí logró la revolución del ’44, y sobre todo el gobierno de Jacobo Arbenz, fue incentivar la lucha del pueblo por sus derechos.

Ernesto Che Guevara y su esposa Hilda Gadea en 1955
El pueblo llora, Guatemala, pero cree.
Llora pero sabe que el porvenir es fiel
.
(Che Guevara, en Cambranes, 2004: 227)

Termina texto de CMI

Palabras del Che Guevara en Guatemala:
Insertado por NH

Este es un país donde uno puede dilatar los pulmones y henchirlos de democracia. No te diré que es un país que respire abundancia ni mucho menos, pero hay posibilidades de trabajar honradamente y si consigo salvar cierto burocratismo un poco incómodo, me voy a quedar un tiempo aquí.

El único país que vale la pena en Centroamérica es este (Guatemala). Naturalmente todos los regímenes pierden de cerca, y aquí también se comenten arbitrariedades y robos, pero hay un clima de auténtica democracia. (Carta a su madre de diciembre de 1953)

América será el teatro de mis aventuras con un carácter mucho más importante que lo que hubiera creído: realmente creo haber llegado a comprenderla y me siento americano con un carácter distintivo de cualquier otro pueblo de la tierra.

Laburé en Puerto Barrios en la descarga de toneles de alquitrán ganando 2.63 por 12 horas de laburo. Trabajaba de 6 de la tarde a 6 de la mañana y dormía en una casa abandonada a orillas del mar. (Carta a su madre de abril de 1954)

En Guatemala podría hacerme muy rico (…) Hacer eso sería la más horrible traición a los dos yos que se me pelean dentro, el 'socialudo' y el viajero. (Carta a su madre del 10 de mayo de 1954)
Bibliografía
1- Balcárcel, José Luis. Entrevista realizada por la autora en mayo de 2012, ciudad de México.

2- Barsamian, David y Chomsky, Noam (2001) Propaganda and the public mind Cambridge: South End Press.

3- Cambranes, Julio C (2004) La presencia viva del Che Guevara en Guatemala. Costa Rica: Editora Cultural de Centroamérica.

4- Congreso de los Estados Unidos, Comité sobre la Agresión Comunista de la Cámara de Diputados, Subcomité sobre América Latina, septiembre-octubre 1954.

5- Cullather, Nick (2002) PBSUCCESS. La operación encubierta de la CIA en Guatemala 1952-1954. Guatemala: AVANCSO.

6- Cullather, Nick (2001). Entrevista realizada en el marco del programa de radio «Hearts and minds» en «This american life» radio show, 30 de noviembre http://www.thisamericanlife.org/radio-archives/episode/200/hearts-and-minds.

7- FRUS, Psychological and Political Warfare 1945-1950. Doc. 257 «Memorandum From the Executive Secretary of the National Security Council (Souers) to Director of Central Intelligence Hillenkoetter. Washington, December 17, 1947).

8- FRUS, US Department of State Guatemala. 1952-1954 Doc. 5.

9- FRUS, US Department of State Guatemala. 1952-1954 Doc. 10.

10- FRUS, US Department of State, Guatemala 1952-1954, doc. 15.

11- Furtado, C. (1974) El mito del desarrollo económico y el futuro del tercer mundo. Buenos Aires: Ediciones Periferia.

12- Furtado, C. (1971) El poder económico: Estados Unidos y América Latina. Buenos Aires: CEAL.

13- García Añoveros, Jesús (1987) Jacobo Arbenz. Colección Protagonistas de América. Madrid: Quorum.

14- Gleijeses, Piero (1991) Shattered hope. The Guatemalan revolution and the United States 1944-1954. Estados Unidos: Princeton University Press.

15- «Hearts and minds» en «This american life» radio show, 30 de noviembre de 2001http://www.thisamericanlife.org/radio-archives/episode/200/hearts-and-minds.

16- Jonas, Susanne (1974) «‘Showcase’ for counterrevolution» in Jonas, Susanne y Tobis, David (eds) And so victory is born even in the bitterest hours. North American Congress on Latin America.

17- Móbil, José Antonio. Entrevista realizada por la autora en marzo de 2012, ciudad de Guatemala.

18- National Security Archive, US policy in Guatemala, 1966-1996, National Security Archive Electronic Briefing Book No. 11, Doc 8, Departamento de Estado, Guatemala y el antiterrorismo, 29 de marzo de 1968.

19- Nye, Joseph (2011) «The war on soft power» Foreign Policy, April (2011). http://www.foreignpolicy.com/articles/2011/04/12/the_war_on_soft_power.

20- Prado Jr., Caio, (1957), Esboço dos Fundamentos da Teoria Econômica. Río de Janeiro: Editorial Brasiliense.

21- Roelofs, Joan (2007) «Foundations and collaboration» Critical Sociology, nº 33, pp. 479-504.

22- Romano, Silvina M. (2012) «Los Wikileaks ‘olvidados’: documentos desclasificados del Departamento de Estado y el Derrocamiento de gobiernos latinoamericanos». Revista Ibeorforum, año VII, nº 13, enero-junio, Universidad Iberoamericana, MéxicoDF, pp. 128-172.

23- Sandoval, Miguel Angel. Entrevista realizada por la autora en marzo de 2012 en la ciudad de Guatemala.

24- Schlesinger, Stephen y Kinzer, Stephen (1987) Fruta amarga. La CIA en Guatemala. México: Siglo XXI.

25- Selser, Gregorio (2009) Cronología de las intervenciones extranjeras en América Latina. Tomo IV. México: CAMENA, Archivo Gregorio Selser, UACM-CEIICH-UNAM.

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ARCHIVOS | CARACAS (VENEZUELA) | 26 DE MAYO DE 2005

La siguiente es una cronología de las intervenciones y creación de bases militares que los EE.UU. han hecho en distintos países de América Latina. Puesto así, año por año, da idea de la magnitud de la política imperialista a través de la utilización de la fuerza militar, no solo para anexar territorios sino también socios, cómplices a sus planes de dominación.

- 1823: La Doctrina Monroe declara que América Latina se considera "esfera de influencia" para Estados Unidos.

- 1846: Estados Unidos emprende una guerra contra México, país que finalmente es forzado a ceder al vecino del norte la mitad de su territorio, incluidos los hoy poderosos y ricos Estados norteamericanos de Texas y California.

- 1854: La marina yanqui bombardea y destruye el puerto nicaragüense de San Juan del Norte. El ataque ocurrió después de un intento oficial de poner impuestos al yate del millonario norteamericano Cornelius Vanderbilt, quien había conducido su nave a dicho puerto. El bombardeo facilitó el camino a William Walker.

- 1855: El aventurero estadounidense William Walter, operando en interés de los banqueros Morgan y Garrison, invade Nicaragua y se proclama presidente. Durante sus dos años de gobierno invadiría también a los vecinos países de El Salvador y Honduras, proclamándose igualmente jefe de Estado en ambas naciones. Walker restauró la esclavitud en los territorios bajo su ocupación.

- 1898: Los Estados Unidos declaran la guerra a España en el momento en que los independentistas cubanos tenían prácticamente derrotada a la fuerza militar colonial. Las tropas norteamericanas ocupan la Isla de Cuba, desconocen a los patriotas y España se ve obligada a ceder a Estados Unidos los territorios de Puerto Rico, Guam, Filipinas y Hawái.

- 1901: Las fuerzas norteamericanas de ocupación hacen incluir en la Constitución de la nueva República de Cuba la infame Enmienda Platt, mediante la cual Estados Unidos se arrogaba el derecho de intervenir en los asuntos cubanos cada vez que estimara conveniente. Cuba también fue forzada al arrendamiento en perpetuidad de un pedazo del territorio nacional para el uso de la Marina de Guerra estadounidense: La Base Naval de Guantánamo.

- 1903: Estados Unidos "estimula" la segregación de Panamá, que entonces era parte de Colombia, y adquiere derechos sobre el Canal de Panamá. Años después, el ex presidente Teodoro Roosevelt -el real segregador de Panamá-diría: "Yo tomé la Zona del Canal mientras el Congreso debatía". A Colombia se le pagó posteriormente la ridícula suma de $25 millones en compensación.

- 1904: Se promulga en Panamá la Constitución Nacional. Tiene un apartado que contempla la intervención militar norteamericana cuando Washington lo crea necesario. Inmediatamente se inicia la construcción del Canal de Panamá. Más adelante, Estados Unidos llenará la zona de bases militares y en 1946 fundará la tristemente célebre Escuela de las Américas, por cuyas aulas pasarán casi todos los dictadores de América Latina.

- 1904: La infantería de marina estadounidense desembarca en República Dominicana para sofocar un levantamiento armado opositor. Un año después, a propósito de la intervención en ese país, el Presidente Teodoro Roosevelt declara que Estados Unidos sería "el gendarme" del Caribe.

- 1906: Las inversiones norteamericanas en Cuba, que en 1885 representaban 50 millones de pesos cubanos, alcanza la cifra de 200 millones. En agosto de ese año estalla una insurrección contra el presidente títere Estrada Palma, quien solicita la intervención militar de EE.UU. Los norteamericanos desembarcan y designan como interventor a William Taft.

- 1907: República Dominicana: Estados Unidos consiguió que el gobierno dominicano le otorgara la recaudación de los ingresos aduanales, estatus que se mantendría por 33 años consecutivos.

- 1908: Tropas norteamericanas intervienen en Panamá. En la próxima década lo hará cuatro veces más.

- 1910: Los marines yanquis ocupan Nicaragua para sostener el régimen de Adolfo Díaz.

- 1911: México: Para "proteger" a ciudadanos norteamericanos, el presidente William Taft ordena el desplazamiento de 20 mil soldados a la frontera sur y ocho buques de guerra frente a las costas de California.

- 1912: Los marines norteamericanos invaden Nicaragua y dieron comienzo a una ocupación que se mantendría casi continuamente hasta 1933. Ese mismo año (1912) el Presidente Taft declara: "No está distante el día en que tres estrellas y tres franjas en tres puntos equidistantes delimiten nuestro territorio: una en el Polo Norte, otra en el Canal de Panamá y la tercera en el Polo Sur. El hemisferio completo de hecho será nuestro en virtud de nuestra superioridad racial, como es ya nuestro moralmente".

- 1914: La Marina de Estados Unidos bombardea la ciudad portuaria de Veracruz, un ataque aparentemente motivado por la detención de soldados norteamericanos en Tampico. El gobierno mexicano se disculpa, pero el presidente Woodrow Wilson ordena que la armada ataque a Veracruz. Cien soldados mexicanos, varios cadetes de la Escuela Naval y grupos civiles resisten con heroísmo. Hay 300 muertos. Los ocupantes permanecen durante varios meses.

- 1915: Los marines ocupan Haití para "restaurar el orden". Se establece un protectorado que permanecerá hasta 1934. El secretario de Estado William Jennings Bryan, al informar sobre la situación haitiana comentó: "Imaginen esto: negros hablando francés".

- 1916: Marines ocupan la República Dominicana y permanecen allí hasta 1924

- 1918: En Panamá los marines ocupan la provincia de Chiriquí, para "mantener el orden público".

- 1924: La infantería de marina USA invade a Honduras para "mediar" en un enfrentamiento civil. Un militar hondureño asume el gobierno provisional. Honduras ocupa el primer lugar mundial en la exportación de bananas, pero las ganancias son para la United Fruit Company.

- 1925: Tropas del Ejército norteamericano ocupan la ciudad de Panamá para acabar con una huelga y mantener el orden.

- 1926: Estados Unidos decide crear en Nicaragua una Guardia Nacional. Augusto César Sandino se propone crear un ejército popular para combatir a los ocupantes extranjeros.

- 1927: En Nicaragua un capitán de los marines yanquis conmina a Sandino para que se rinda. El rebelde responde: "Yo quiero patria libre o morir". Estados Unidos realiza entonces el primer bombardeo aéreo en América Latina. Ataca la aldea El Ocotal. Mueren 300 nicaragüenses por las bombas y ametralladoras yanquis.

- 1930: En República Dominicana comienza la dictadura de Rafael Leónidas Trujillo, un militar surgido de la Guardia Nacional, fomentada y entrenada por Estados Unidos.

- 1933: Estados Unidos abandona Nicaragua y deja el control del país a Anastasio Somoza y su Guardia Nacional.

- 1934: En Nicaragua es asesinado César Augusto Sandino, quien había depuesto las armas. El asesinato fue ordenado por Somoza, con la complicidad del embajador norteamericano Arthur Bliss Lane.

- 1941: En Panamá es depuesto el presidente Arias por un golpe militar liderado por Ricardo Adolfo de la Guardia, quien primero consultó su plan con el Embajador de Estados Unidos. El Secretario de Guerra Henry Stimson declaró al respecto: "Esto fue un gran alivio para nosotros, porque Arias había sido muy problemático y muy pro-Nazi".

- 1946: Estados Unidos abre en Panamá la tristemente célebre Escuela de las Américas, para la formación de los militares del hemisferio. Allí se formaron los principales protagonistas de las dictaduras militares en Brasil, Argentina, Uruguay, Chile, Centroamérica y en otros países.

- 1947: Estados Unidos comienza a imponer paulatinamente el Tratado Interamericano de de Asistencia Recíproca (TIAR).

- 1952: En Cuba, con la anuencia y agrado del gobierno de Estados Unidos, el general Fulgencio Batista produce el derrocamiento de Carlos Prío Socarrás e inaugura una sangrienta tiranía.

- 1954: La CIA orquesta el derrocamiento del gobierno democráticamente electo de Jacobo Árbenz en Guatemala. Un poeta guatemalteco describió el gobierno de Árbenz como "años de primavera en un país de eterna tiranía". Siguieron casi 40 años de violencia y represión que culminaron en la política de "tierra arrasada" de los años 80. Más de 150,000 personas perdieron la vida.

- 1956: En Nicaragua el poeta Rigoberto López Pérez mata al dictador Anastasio Somoza, que llevaba 20 años en el poder con apoyo de Estados Unidos. El presidente Franklin Delano Roosevelt lo había definido así: "Es un hijo de puta, pero es nuestro hijo de puta". Su hijo Anastasio Somoza Debayle prolongó la dinastía tiránica durante varios años más.

- 1960: El presidente Eisenhower autoriza la realización en gran escala de acciones encubiertas para derribar el gobierno de Fidel Castro, quien había llegado al poder en enero de 1959 e inició de inmediato una obra revolucionaria de extraordinario alcance social y apoyo popular. Las acciones encubiertas incluían el asesinato del líder cubano, la creación de bandas contrarrevolucionarias y el sabotaje a los principales sectores de la economía isleña.

- 1961: Fuerzas mercenarias reclutadas, organizadas, financiadas y dirigidas por Estados Unidos invaden Cuba por Bahía de Cochinos (Playa Girón). En menos de 72 horas son derrotadas en lo que constituyó la primera gran derrota militar del imperialismo yanqui en América Latina.

La CIA cocina un golpe de Estado contra el presidente electo de Ecuador J. M Velazco Ibarra, quien se había demostrado demasiado amistoso con Cuba.

- 1964: El presidente de Brasil Joao Goulart, quien se proponía llevar a cabo una reforma agraria y nacionalizar el petróleo, es víctima de un golpe de estado apoyado y promovido por Estados Unidos.

- 1965: Estados Unidos envía miles de efectivos a República Dominicana para reprimir un movimiento que intentaba restaurar en el poder al anteriormente derrocado presidente progresista y democráticamente electo Juan Bosch [quien fuera objeto, el 25 de septiembre de 1963, de un golpe de Estado encabezado por John F. Kennedy, NH].

- 1966: Estados Unidos envía armas, asesores y Boinas Verdes a Guatemala, para implementar una llamada campaña contrainsurgente. En un informe del Departamento de Estado reconocía que: "para eliminar a unos pocos cientos de guerrilleros habrá que matar quizás a 10 mil campesinos guatemaltecos".

- 1967: Un grupo de Boinas Verdes fueron enviados a Bolivia para ayudar a encontrar y asesinar a Ernesto Che Guevara.

- 1968: la CIA, organiza una fuerza paramilitar considerada como la precursora de los tenebrosos "Escuadrones de la Muerte".

- 1971: El diario The Washington Post confirma que la Agencia Central de Inteligencia (CIA) había intentado asesinar en varias oportunidades al líder de la revolución cubana Fidel Castro. Años después, y en la medida que los documentos secretos de la CIA eran desclasificados, se ha sabido que los intentos se cuentan por decenas y los planes por centenares.

- 1973: Los militares toman el poder en Uruguay, apoyados por Estados Unidos. La subsiguiente represión alcanzaría elevadísimas cifras de población encarcelada por razones políticas.

Un golpe de Estado instigado y organizado por Estados Unidos derroca al gobierno electo del Presidente Salvador Allende en Chile, y se instala en el poder el General Augusto Pinochet, quien encabeza una cruenta y larga tiranía.

- 1976: Asume el poder una dictadura militar en Argentina. Años después se desclasificaron en Estados Unidos casi 5,000 documentos secretos que revelaron la estrecha colaboración y el apoyo otorgado desde los más altos niveles del poder en Washington a los militares argentinos, responsables de la muerte de al menos 30,000 argentinos, una gran parte de ellos jóvenes estudiantes y trabajadores. Recientemente, el Departamento de Estado de EE.UU. ha desclasificado documentos que implican directamente al antiguo secretario de Estado Henry Kissinger y otros altos responsables norteamericanos en los crímenes cometidos por la dictadura argentina, que puso en marcha una campaña de asesinatos, torturas y "desapariciones" tras asumir el poder. Kissinger estuvo involucrado en las operaciones del llamado Plan Cóndor, una red de cooperación para capturar y ejecutar opositores políticos en Argentina, Brasil, Chile, Uruguay, Paraguay y Bolivia.

- 1980: Estados Unidos incrementa la asistencia masiva a los militares de El Salvador que se enfrentan a las guerrillas del FMLN. Los escuadrones de la muerte proliferan; el Arzobispo Romero es asesinado por terroristas de derecha; 35 mil civiles son muertos entre 1978 y 1981. La violación y asesinato de 4 monjas por sicarios de los militares hace que el gobierno yanqui suspenda la ayuda militar (por un mes).

- 1981: La Administración Reagan inicia la guerra de los "contra" para destruir el gobierno sandinista en Nicaragua.

La CIA avanza en la organización de los "contras" en Nicaragua. Habían comenzado el año anterior con un grupo de 60 antiguos guardias de Somoza. Cuatro años después llegarían a agruparse en la "contra" casi 12 mil ex guardias. De los 48 jefes militares más importantes de la "contra", 46 habían sido oficiales de la Guardia Nacional. Estados Unidos también avanzó en la guerra económica contra Nicaragua y en las presiones ejercidas por el Fondo Monetario Internacional y el Banco Mundial.

El general Omar Torrijos, presidente de Panamá, muere en un accidente aéreo. Desde entonces ha existido la sospecha de que la CIA tuvo que ver con el desastre, debido al nacionalismo patriótico de Torrijos y a las relaciones amistosas que su gobierno sostenía con Cuba.

Tropas imperialistas durante la invasión de Granada
- 1983: Se produce la invasión de cinco mil infantes de marina de Estados Unidos a la pequeña isla caribeña de Granada. Las tropas yanquis entraron poco después de que una conspiración había sacado del poder a Maurice Bishop, un líder izquierdista y nacionalista.

- 1989: Estados Unidos invade Panamá para arrestar a quien fuera su protegido, Manuel Noriega. La operación dejó no menos de 3 mil bajas civiles.

- 1990: Estados Unidos interviene masivamente en el proceso electoral de Nicaragua a través de acciones encubiertas y también públicas. Washington consolidó abiertamente la coalición de oposición, aunque tales prácticas son ilegales según la ley estadounidense.

- 2000: Como parte de la "Guerra a las Drogas", Estados Unidos lanza el Plan Colombia, un programa de ayuda masiva civil y militar a un país que quizás tenga el peor récord de derechos humanos en el hemisferio. El financiamiento de Estados Unidos para este Plan es de 1,300 millones, de los cuales el 83 por ciento está destinado al gasto militar. El Plan Colombia después se ha subsumido en la "Guerra contra el Terrorismo".

- 2002: Estados Unidos apoyó y financió a los elementos que organizaron el fallido golpe de Estado del 11 de abril en Venezuela [contra Hugo Chávez].

Cronologías que han servido de base:
- Mark Rosenfelder: U.S. Interventions in Latin America, 1996
- Roberto Bardini: Tropas extranjeras y maniobras militares. Inmunidad es impunidad, 7 de Julio de 2003
Fuentes utilizadas por ambos autores:
- Black, George. The Good Neighbor . Pantheon Books, New York: 1988. Highly recommended. An often amusing history of U.S. attitudes toward its southern neighbors.

- Burns, E. Bradford. Latin America: A concise interpretive history . 4th ed. Prentice-Hall, Englewood Cliffs: 1986. Not only what the U.S. does to Latin America, but what Europe and the Latin Americans do to Latin America.

- Chomsky, Noam. Year 501: The Conquest Continues . South End Press, Boston: 1993. Packed with documentation.

- Galeano, Eduardo. Century of the Wind and Faces & Masks . Pantheon Books, New York: 1988. (Originally published as Memoria del fuego II, III: El siglo del viento, Las caras y las mascaras .) Vignettes from history, from a master Latin American novelist. As history, take it with a grain of salt.

- Gleijeses, Piero. Shattered Hope: The Guatemalan Revolution and the United States, 1944-1954 . Princeton, Princeton NJ: 1991. The definitive study of the Arévalo/Arbenz administrations and the U.S. coup.

- Kwitny, Jonathan. Endless Enemies: The Making of an Unfriendly World . Congdon & Weed, New York: 1984. By a former Wall Street Journal reporter.

-Patricia Galeana, Cronología Iberoamericana 1803-1992, Fondo de Cultura Económica, México, 1993

- Gastón García Cantú, Las invasiones Norteamericanas en México, Editorial Era, México, 1974.

- Gregorio Selser, Cronología de las Intervenciones Extranjeras en América Latina (1776-1945), coedición de las universidades Nacional Autónoma de México, Obrera de México, Autónoma Metropolitana-Atzcapozalco

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Por Gideon Polya
Fuente: US has invaded 70 nations, MWC News, 5/07/2013

El 4 de julio es el día de la independencia de Estados Unidos y se conmemora la Declaración de Independencia del 4 de julio de 1776. Uno de sus pasajes más importantes dice: “Sostenemos que estas verdades son autoevidentes, que todos los hombres son creados iguales, que son dotados por su Creador de ciertos derechos inalienables, que entre estos están la vida, la libertad y la búsqueda de la felicidad”.

Lamentablemente, el racismo norteamericano ha violado seriamente la proposición de que “todos los hombres son creados iguales” y la peor forma de racismo es la invasión de otros países. Desde su creación, EE.UU. ha invadido unos 70 países, y, desde 1945, alrededor de cincuenta. El mundo necesita declarar una transición del 4 de julio como el día de la independencia de EE.UU. al 4 de julio como día de la independencia respecto a Estados Unidos.

He aquí una lista de países invadidos por fuerzas de EEUU (navales, terrestres y aéreas) desde su creación siguiendo un orden de mayores a menores incidentes. Este catálogo está basado en el trabajo del estudioso norteamericano Dr. Zoltan Grossman, “From Wounded Knee to Libya: a century of U.S. military interventions” [1], el libro de Gideon Polya "Body Count: Global Avoidable Mortality Since 1950" (que incluye una breve historia de todos los países desde los tiempos neolíticos) [2] y el libro de William Blum, "Rogue State" [3]. Esta lista incluye casos de despliegue violento de fuerzas de EE.UU. dentro del país (por ejemplo, contra manifestantes, mineros, etc.) y bombardeos y operaciones militares a escala pequeña, así como evacuaciones militares de estadounidenses y casos específicos de amenazas explícitas de empleo de armas nucleares. La lista no incluye las operaciones US Marine Barbary War de 1801-1805 contra los piratas bereberes de Marruecos, Argelia, Túnez y Libia, y tampoco toma en consideración las operaciones secretas de EE.UU. en prácticamente todos los países del mundo.
(1) Pueblos indios americanos (de 1776 en adelante, genocidio de los indios americanos; 1803, Compra de Luisiana; 1844, ilegalización de los indios del este del Mississippi; 1861 en adelante, genocidio de California; 1890, masacre de los indios lakota).

(2) México (1836-1846; 1913; 1914-1918; 1923).

(3) Nicaragua (1856-1857; 1894; 1896; 1899; 1907; 1910; 1912-1933; 1981-1990).

(4) Fuerzas estadounidenses desplegadas contra norteamericanos (1861-1865, Guerra Civil; 1892; 1894; 1898; 1899-1901; 1901; 1914; 1915; 1920-1921; 1932; 1943; 1967; 1968; 1970; 1973; 1992; 2001).

(5) Argentina (1890).

(6) Chile (1891; 1973).

(7) Haití (1891; 1914-1934; 1994; 2004-2005).

(8) Hawái (1893-).

(9) China (1895-1895; 1898-1900; 1911-1941; 1922-1927; 1927-1934; 1948-1949; 1951-1953; 1958).

(10) Corea (1894-1896; 1904-1905; 1951-1953).

(11) Panamá (1895; 1901-1914; 1908; 1912; 1918-1920; 1925; 1958; 1964; 1989-).

(12) Filipinas (1898-1910; 1948-1954; 1989; 2002-).

(13) Cuba (1898-1902; 1906-1909; 1912; 1917-1933; 1961; 1962).

(14) Puerto Rico (1898-; 1950).

(15) Guam (1898-).

(16) Samoa (1899-).

(17) Honduras (1903; 1907; 1911; 1912; 1919; 1924-1925; 1983-1989).

(18) República Dominicana (1903-1904; 1914; 1916-1924; 1965-1966).

(19) Alemania (1917-1918; 1941-1945; 1948; 1961).

(20) Rusia (1918-1922).

(21) Yugoslavia (1919; 1946; 1992-1994; 1999).

(22) Guatemala (1920; 1954; 1966-1967).

(23) Turquía (1922).

(24) El Salvador (1932; 1981-1992).

(25) Italia (1941-1945).

(26) Marruecos (1941-1945).

(27) Francia (1941-1945).

(28) Argelia (1941-1945).

(29) Túnez (1941-1945).

(30) Libia (1941-1945; 1981; 1986; 1989; 2011).

(31) Egipto (1941-1945; 1956; 1967; 1973; 2013).

(32) India (1941-1945).

(33) Birmania (1941-1945).

(34) Micronesia (1941-1945).

(35) Papúa Nueva Guinea (1941-1945).

(36) Vanuatu (1941-1945).

(37) Austria (1941-1945).

(38) Hungría (1941-1945).

(39) Japón (1941-1945).

(40) Irán (1946; 1953; 1980; 1984; 1987-1988).

(41) Uruguay (1947).

(42) Grecia (1947-1949).

(43) Vietnam (1954; 1960-1975).

(44) Líbano (1958; 1982-1984).

Invasión a Irak de las tropas imperialistas norteamericanas
(45) Irak (1958; 1963; 1990-1991; 1990-2003; 1998; 2003-2011).

(46) Laos (1962; 1971-1973).

(47) Indonesia (1965).

(48) Camboya (1969-1975; 1975).

(49) Omán (1970).

(50) (-)

(51) Angola (1976-1992).

(52) Granada (1983-1984).

(53) Bolivia (1986).

(54) Islas Vírgenes (1989).

(55) Liberia (1990; 1997; 2003).

(56) Saudi Arabia (1990-1991).

(57) Kuwait (1991).

(58) Somalia (1992-1994; 2006).

(59) Bosnia (1993-).

(60) Zaire (Congo) (1996-1997).

(61) Albania (1997).

(62) Sudán (1998).

(63) Afganistán (1998; 2001-).

(64) Yemen (2000; 2002-).

(65) Macedonia (2001).

(66) Colombia (2002-).

(67) Pakistán (2005-).

(68) Siria (2008; 2011-).

(69) Uganda (2011).

(70) Mali (2013).

(71) Níger (2013).
El coste humano de estas intervenciones estadounidenses ha sido enorme. Un importante componente de las muertes relacionadas con las guerras o el dominio es el de las muertes evitables debidas a las privaciones impuestas violentamente. Desde 1950, la ONU ha proporcionado datos demográficos detallados que han permitido calcular estas muertes evitables, año tras año, para cada país. Las muertes evitables en el periodo 1950-2005 totalizan 1,300 millones en todo el mundo, 1,200 millones en países no europeos y 600 millones en países musulmanes, siendo esta última carnicería 100 veces más grande que la provocada por el Holocausto judío de la Segunda Guerra Mundial (5-6 millones de judíos asesinados, uno de cada seis por privaciones) [4, 5] o el “olvidado” holocausto bengalí de la Segunda Guerra Mundial, en el que los británicos, con la complicidad australiana, mataron deliberadamente de hambre a 6-7 millones de indios por motivos estratégicos [6]. En la actualidad, 18 millones de personas mueren, de forma evitable, cada año en el mundo desarrollado de la Nave Espacial Tierra, con EE.UU. al timón.

He aquí un resumen de la mortalidad evitable posterior a 1950 en relación con la población de 2005 (ambas cifras en millones) y expresadas como un porcentaje para cada país ocupado por EE.UU. después de 1945. El asterisco indica una importante ocupación, realizada por más de un país, en la era posterior a la Segunda Guerra Mundial (así, por ejemplo, el Reino Unido y EE.UU. han sido importantes ocupantes de Afganistán, Irak y Corea, dejando de lado a muchos otros participantes menores en estos conflictos). Los datos son de Estados Unidos:
EEUU [8.455m/300.038m = 2.8%],

Afganistán* [16.609m/25.971m = 64.0%],

Camboya* [5.852m/14.825m = 39.5%],

República Dominicana [0.806m/8.998m = 9.0%],

Estados Federados de Micronesia [0.016m/0.111m = 14.4%],

Grecia* [0.027m/10.978m = 0.2%],

Granada* [0.018m/0.121m = 14.9%],

Guam [0.005m/0.168m = 3.0%],

Haití* [4.089m/8.549m = 47.9%],

Irak* [5.283m/26.555m = 19.9%],

Invasión de EE.UU. a Corea
Corea* [7.958m/71.058m = 11.2%],

Laos* [2.653m/5.918m = 44.8%],

Panamá [0.172m/3.235m = 5.3%],

Filipinas [9.080m/82.809m = 11.0%],

Puerto Rico [0.039m/3.915m = 1.0%],

Somalia* [5.568m/10.742m = 51.8%],

Islas Vírgenes [0.003m/0.113m = 2.4%],

Vietnam* [24.015m/83.585m = 28.7%],

TOTAL = 82.193m/357.651m = 23.0%.
Así, en el periodo 1950-2005, ha habido 82 millones de muertes evitables producto de privaciones (mortalidad evitable, exceso de muertes, exceso de mortalidad, muertos que no tenían que haberse producido), asociadas con países ocupados por EE.UU. en el periodo posterior a 1945. Sin embargo, EE.UU. ha subcontratado una gran cantidad de violencia con el estado terrorista, racista y sionista de Israel:
Apartheid de Israel [0.095m/6.685m =1.4%],

Egipto* [19.818m/74.878m = 26.5%],

Jordania* [0.630m/5.750m = 11.0%],

Líbano [0.535m/3.761m = 14.2%],

Territorios Palestinos Ocupados* [0.677m/3.815m = 17.7%],

Siria* [2.198m/18.650m = 11.8%],

TOTAL = 23.858m/106.854 = 22.3%.
La agresión israelí ha estado asociada en el periodo 1950-2005 con 24 millones de muertes evitables en los países que ha atacado u ocupado violentamente, una carnicería similar a la causada por los nazis alemanes en Rusia durante la Segunda Guerra Mundial.

Este análisis no toma en cuenta la desestabilización promovida por EE.UU. en prácticamente todos los países de la Tierra. Una expresión visible de esta desestabilización es la presencia de fuerzas estadounidenses en centenares de bases repartidas por todo el mundo. Así, la dictadura de Bahréin, apoyada por la ocupación de Arabia Saudí, no está incluida en la lista anterior, pero tiene una importante base militar estadounidense.

Según el geógrafo canadiense Jules Dufour, «EE.UU. ha establecido su control sobre 191 gobiernos que son miembros de la ONU. La conquista, ocupación y supervisión de las diferentes regiones del mundo están apoyadas en una red de bases e instalaciones militares que cubre todo el planeta (continentes, océanos y espacio exterior). Todo esto pertenece al funcionamiento de un extenso imperio, cuyas dimensiones exactas no son siempre fácilmente reseñables. Las principales fuentes de información sobre estas instalaciones militares (por ejemplo, C. Johnson, el NATO Watch, la Red Internacional para la Abolición de las Bases Militares Extranjeras) revelan que EE.UU. opera y/o controla entre 700 y 800 bases militares en todo el mundo. […] El mapa de 2002 de Hugh d’Andrade y Bob Wing, titulado “Tropas y bases militares de EE.UU. en el mundo. El coste de la ‘guerra permanente’”, confirma la presencia de efectivos militares de EE.UU. en 156 países. Las fuerzas armadas de EE.UU. tienen bases en 63 países. Desde el 11 de septiembre de 2001, se han construido flamantes bases militares en siete países. En total, hay 255,065 efectivos militares estadounidenses desplegados en todo el mundo. Estas instalaciones incluyen un total de 845,441 edificios y equipamientos diferentes. La superficie ocupada es de unos 121,405 metros cuadrados. Según Gelman, que examinó los datos oficiales del Pentágono de 2005, EE.UU. tiene un total de 737 bases en el extranjero. Si a estas les sumamos las bases militares sitas en territorio estadounidense, la superficie total ocupada por las bases militares de EE.UU., tanto dentro como fuera del país, es del orden de 2,202,735 hectáreas, lo que hace que el Pentágono sea uno de los más grandes terratenientes del mundo (Gelman, J., 2007)» [7].

¿Cómo ha padecido tu país la historia del imperio racista y genocida de EEUU?

Mi país, Australia, uno de los más ricos y más pacíficos del mundo, es popularmente conocido como el País Afortunado, debido a su buena suerte. Sin embargo, desde que EE.UU. derrotó a Japón en la Segunda Guerra Mundial [6], Australia ha sustituido su fidelidad al Reino Unido por una nueva lealtad a EE.UU. y se ha convertido en el País Lacayo Americano. [N. del T.: el autor hace un juego de palabras entre País Afortunado, Lucky Country, y País Americano Lacayo, American Lackey Country, más aún si se tiene en cuenta que lucky y lackey se pronuncian prácticamente igual].

Alarmado por la guerra de Vietnam, el gobierno reformista del laborista Whitlam (1972-1975) prometió salir de Vietnam y abolir el racismo, además de buscar claridad sobre el papel de Australia en el terrorismo nuclear norteamericano. Whitlam fue expulsado del poder por un golpe de estado apoyado por la CIA en 1975 [3]. Un acobardado Partido Laborista (alias Partido Lacayo Australiano) se dio cuenta rápidamente que la única forma de volver al poder era adoptando una política de “todo con EE.UU.”, así que los líderes laboristas se convirtieron en amigos íntimos de EE.UU. Cuando en la campaña electoral de 2004 el líder de la oposición laborista Mark Latham prometió retirar las tropas australianas de Irak “por navidades”, fue fustigado y vetado públicamente por el embajador norteamericano, perdió las elecciones y, desde entonces, ha sido insultado y ridiculizado por los parlamentarios y los principales medios de comunicación australianos, lacayos de EE.UU., pro sionistas y belicistas.

Más de 2 mil niños palestinos han sido asesinados por las tropas sionistas
en los últimos 18 años
En 2010, el muy popular primer ministro laborista Kevin Rudd desató las iras de EE.UU. al proponer la destrucción de las cosechas de opio afganas protegidas por EE.UU., que fueron destruidas por los talibanes en 2000-2001 pero que las fuerzas estadounidenses restauraron, hasta alcanzar el 93 por ciento del comercio mundial en 2007. Este opio ha matado a más de un millón de personas en todo el mundo desde 2001 (incluyendo 200,000 estadounidenses, 50,000 iraníes, 18,000 británicos, 10,000 canadienses, 8,000 alemanes y 4,000 australianos) [8]. Kevin Rudd también provocó las iras de los sionistas racistas al protestar suavemente por la falsificación a gran escala de pasaportes australianos por parte de Israel con el fin de perpetrar actos de terrorismo de Estado, secuestros, asesinatos, robos y encarcelamiento de australianos en aguas internacionales.

El 24 de junio de 2010 Kevin Rudd fue depuesto por un golpe de estado orquestado por los sionistas y una compañía minera extranjera, con la aprobación de EE.UU. La sucesora de Rudd, la pro sionista y sumisamente pro estadounidense Julia Gillard, decidió rápidamente permitir el establecimiento de 2,500 marines norteamericanos en Darwin, con sugerencias de bases para barcos equipados con armas nucleares, aviones no tripulados y aviones de combate de EE.UU. WikiLeaks reveló que dos de los conspiradores del golpe de estado eran “agentes” de EE.UU. que informaban regularmente a la embajada de ese país sobre asuntos internos del gobierno laborista. El desastroso y extremadamente impopular gobierno de Gillard [9] ha sido recientemente reemplazado por un nuevo gobierno del laborista Rudd y parece que este ha aprendido la lección y se ha desplazado notablemente hacia la derecha para contentar a los poderes económicos, los neocons norteamericanos y el lobby sionista (no ha tenido muchas opciones: el 70 por ciento de los lectores de periódicos australianos leen los medios del ultraderechista australiano convertido en ciudadano estadounidense Rupert Murdoch).

Referencias
.- Dr. Zoltan Grossman, “From Wounded Knee to Libya: a century of U.S. military interventions”.
.- Gideon Polya, “Body Count. Global avoidable mortality since 1950”, ahora disponible gratuitamente en la Web.
.- William Blum, “Rogue State”.
.- Martin Gilbert, “Jewish History Atlas”.
.- Martin Gilbert, “Atlas of the Holocaust”.
.- Gideon Polya, “Jane Austen and the BlackHole of British History. Colonial rapacity, holocaust denial and the crisis in biological sustainability”, ahora accesible gratuitamente en la Web.
.- Jules Dufour, “The world-wide network of US military bases”, Global Research.
.- “Afghan Holocaust Afghan Genocide”.
.- Gideon Polya, “100 reasons why Australians must reject Gillard Labor”, Countercurrents, 24 junio 2013.
.- Gideon Polya, “One million Americans die preventably annually in USA”, Countercurrents, 18 febrero 2012.
Traducción: Javier Villate

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11 diciembre 2019
Bill Van Auken

La publicación el lunes en el Washington Post de entrevistas con altos oficiales estadounidenses y comandantes militares sobre la guerra de casi dos décadas de EE. UU. en Afganistán ha ofrecido una condena a la criminalidad y fracaso abyecto de una intervención imperialista basada en mentiras.

El Post obtuvo entrevistas inéditas después de una batalla legal de tres años bajo la Ley de Libertad de Información. A pesar de que inicialmente no eran un secreto, el Gobierno de Obama procedió a clasificar los documentos después de que el diario intentó obtenerlos. Las entrevistas fueron realizadas entre el 2014 y 2018 como parte de un proyecto de “Lecciones aprendidas” iniciado por la oficina del Inspector General Especial para la Reconstrucción de Afganistán (SIGAR, todas las siglas en inglés). El proyecto fue diseñado para analizar los fracasos de la intervención afgana para no repetirlos en la próxima invasión y ocupación ilegales de un país oprimido por parte del imperialismo estadounidense.

El director de SIGAR, John Sopko, le admitió abiertamente al Post que las entrevistas son evidencia irrefutable de que “se le ha mentido constantemente al pueblo estadounidense” sobre la guerra en Afganistán.

Aldeanos afganos rezan sobre la tumba de unan de las 16 víctimas del tiroteo de
un soldado estadounidense en el distrito Panjwai de la provincia Kandahar al sur
de Kabul, Afganistán, el sábado 24 de marzo de 2012 (AP Photo/Allauddin Khan)
Lo que emerge de las entrevistas con más de 400 oficiales militares, fuerzas especiales, funcionarios de la Agencia para el Desarrollo Internacional (USAID) y asesores de alto rango tanto de los comandantes estadounidenses como de la Casa Blanca, es un sentido de fracaso combinado con amargura y cinismo. Aquellos que participaron no esperaban que sus palabras se hicieran públicas.

Douglas Lute, un teniente general retirado del Ejército que sirvió como el “zar de guerra” en Afganistán bajo los Gobiernos de George W. Bush y Barack Obama, dijo a los entrevistadores gubernamentales en 2015: “Si el pueblo estadounidense supiera de la magnitud de esta disfunción… 2,400 vidas [de estadounidenses] perdidas. ¿Quién dirá que esta guerra fue en vano?”.

Stephen Hadley, el asesor de seguridad nacional de la Casa Blanca bajo Bush, fue incluso más explícito en su admisión de la debacle del imperialismo estadounidense en Afganistán y otras partes. Les dijo a los entrevistadores de SIGAR que Washington no tienen ningún “modelo postestabilización que funcione”, añadiendo que esto no solo fue comprobado en Afganistán, sino también en Irak. “Siempre que tenemos una de estas cosas, es un juego de rejuntar piezas. No tengo ninguna confianza de que, si lo hiciéramos de nuevo, lo haríamos mejor”.

Ryan Crocker, quien sirvió como el principal oficial de Washington en Kabul bajo Bush y Obama, le comentó a SIGAR que “Nuestro proyecto principal, lamentablemente y sin querer, por supuesto, puede que haya sido el desarrollo de una corrupción masiva. Una vez que llega al nivel que vi cuando estuve ahí, es o bien increíblemente difícil o totalmente imposible repararla”.

Esta corrupción estuvo alimentada por los vastos gastos del Gobierno estadounidense en la supuesta reconstrucción de Afganistán —$133 mil millones, es decir, más de lo que Washington gastó, ajustado por la inflación, en todo el Plan Marshall para la reconstrucción de Europa Occidental después de la Segunda Guerra Mundial—. Como lo dejan claro las entrevistas, este dinero fue en gran medida a los bolsillos de los políticos y contratistas corruptos de Afganistán para financiar proyectos que el pueblo afgano ni necesitaba ni quería.

El antiguo encargado del Fondo Nacional para la Democracia (NED) de EE. UU. en Afganistán dijo en su entrevista que los afganos con los que trabajó “favorecían un enfoque socialista o comunista porque así es como recordaban las cosas la última vez que el sistema funcionaba”, es decir, antes de la insurgencia islamista respaldada por la CIA en los años ochenta que derrocó el Gobierno respaldado por la Unión Soviética y que desató una prolongada guerra civil que cobró más de un millón de vidas. También culpó el fracaso de la reconstrucción estadounidense en un “apego dogmático a los principios de libre mercado”.

Un coronel del Ejército que asesoró a tres altos comandantes de EE. UU. en Afganistán manifestó en su entrevista que, para 2006, el Gobierno títere de EE. UU. en Kabul se había “autoorganizado en una cleptocracia”.

El personal militar estadounidense involucrado en lo que supuestamente era una misión central de entrenar a las fuerzas de seguridad afganas para que combatieran solos y defendieran el corrupto régimen respaldado por EE. UU. en Kabul dio evaluaciones mordaces.

Un oficial de fuerzas especiales dijo a los entrevistadores que la policía afgana -que sus tropas estaban entrenando- era [horrenda, NH]..., estimando que una tercera parte de los reclutas eran “drogadictos o talibanes”. Otro asesor de EE. UU. dijo que los afganos con los que trabajaba “apestaban a combustible para aviones” porque era lo estaban contrabandeando desde la base para venderlo en el mercado negro.

Ante el continuo fracaso en frenar la insurgencia en Afganistán y crear un régimen y ejército viables y patrocinados por EE. UU., los oficiales estadounidenses mintieron. Todo presidente y sus comandantes militares, desde Bush a Obama y Trump, ha insistido en que ha habido “progreso” y que EE. UU. estaba ganando la guerra, o, como Trump lo dijo durante su viaje relámpago en que llegó y se fue de Afganistán para el Día de Acción de Gracias, “ha sido victorioso en el campo de batalla”.

Los mentirosos en la Casa Blanca y el Pentágono exigieron que aquellos en el terreno en Afganistán alimentaran las mentiras. “Las evaluaciones, por ejemplo, eran totalmente desconfiables, pero reforzaban que todo lo que hacíamos estaba bien y nos volvimos un cono de helado que se lame a sí mismo”, le indicó a SIGAR un asesor sobre contrainsurgencia del Ejército que trabajaba con los comandantes afganos.

Un oficial del Consejo Nacional de Seguridad explicó que todo revés se interpretaba como una señal de “progreso”: “Por ejemplo, ¿los ataques empeoraban? ‘Eso es porque hay más blancos para dispararles, así que más ataques son un falso indicador de inestabilidad’. Luego, tres meses después, ¿los ataques siguen empeorando? ‘Es porque los talibanes se están desesperando, así que es un indicador de que estamos ganando’”. El propósito de estas mentiras era justificar el continuo despliegue de tropas estadounidenses y la continua masacre en Afganistán.

En la actualidad, esta masacre tan solo se sigue intensificando. Según las Naciones Unidas, el año pasado hubo 3,804 civiles afganos asesinados en la guerra, el número más alto desde que la ONU comenzó a registrarlas hace una década. Los ataques aéreos de EE. UU. también están alcanzando un récord, matando a 579 civiles en los primeros 10 meses de este año, una tercera parte más que en 2018.

Las mentiras expuestas por las entrevistas de SIGAR han sido reproducidas por la obediente prensa corporativa, la cual le ha dado una atención mínima a la guerra más larga en la historia de EE. UU. La exposición más extensa de los crímenes de guerra de EE. UU. en Afganistán se produjo en 2010, con base en unos 91,000 documentos secretos filtrados por la valiente denunciante del Ejército de EE. UU., Chelsea Manning, y entregados a WikiLeaks. Julian Assange, el fundador de WikiLeaks, está actualmente en la prisión de máxima seguridad en Londres enfrentándose a una extradición a EE. UU. bajo cargos en la Ley de Espionaje que conllevan una posible cadena perpetua o peor, por el “crimen” de exponer estos crímenes de guerra. Manning está encarcelada en un centro de detención federal en Virginia por rehusarse a rendir testimonio contra Assange.

El 9 de octubre de 2001, dos días después de que Washington lanzara su guerra de 18 años contra Afganistán y en medio del furor de la propaganda bélica del Gobierno estadounidense y la prensa corporativa, el World Socialist Web Site publicó una declaración intitulada, “Por qué nos oponemos a la guerra en Afganistán”. Expuso como una mentira el argumento de que era una “guerra por justicia y por la seguridad del pueblo estadounidense contra el terrorismo” e insistió en que “la acción en marcha de Estados Unidos es una guerra imperialista” en la que Washington busca “establecer un nuevo marco político bajo el cual pueda ejercer su control hegemónico” tanto en Afganistán como en la región más amplia de Asia Central, “el hogar de los segundos yacimientos más grandes de petróleo y gas natural en el mundo”.

El WSWS declaró en ese momento:
Estados Unidos se encuentra en un punto de inflexión. El Gobierno admite que ha emprendido una guerra de una magnitud y duración indefinidas. Lo que sucede es la militarización de la sociedad estadounidense ante un recrudecimiento de la crisis social.

La guerra afectará profundamente las condiciones de la clase obrera estadounidense e internacional. El imperialismo amenaza a la raza humana al principio del siglo veintiuno con la repetición a una escala más horrenda de las tragedias del siglo veinte. Más que nunca, el imperialismo y sus depredaciones suscitan la necesidad de la unidad internacional de la clase obrera y la lucha por el socialismo”.
Estas advertencias han sido plenamente confirmadas por los eventos criminales y trágicos de los últimos 18 años, incluso mientras el Washington Post se ve obligado a admitir el fracaso de esta sórdida intervención en Afganistán que apoyó previamente.

La debacle estadounidense en Afganistán es solo el preludio de un estallido mucho más peligroso del militarismo estadounidense, según Washington gira su estrategia global de la “guerra contra el terrorismo” a la preparación de una guerra contra las “grandes potencias” rivales, en primera instancia las potencias nucleares de China y Rusia.

La oposición a la guerra y la defensa de los derechos democráticos —planteadas más agudamente en la lucha por liberar a Julian Assange y Chelsea Manning— deben estar guiadas por una estrategia global que vincule conscientemente esta lucha con el estallido de las luchas sociales de la clase obrera internacional contra la explotación capitalista y la opresión política.

(Artículo publicado originalmente en inglés el 10 de diciembre de 2019).

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Por Pascale Bonnefoy
17 de octubre de 2017

En la exhibición "Secretos de Estado", en el Museo de la Memoria
y los Derechos Humanos de Chile, se puede escuchar una
conversación telefónica entre Nixon y Kissinger (Tomas Munita
para The New York Times)
SANTIAGO — Un viejo teléfono de disco suena insistentemente.

Los visitantes de la nueva exposición en el Museo de la Memoria y los Derechos Humanos en Santiago que levantan el auricular escuchan a dos hombres quejándose amargamente por los lamentos de los medios liberales sobre el golpe militar que había derrocado a Salvador Allende, el presidente socialista de Chile, cinco días antes.

Pero no se nota nuestra participación esta vez”, dice uno.

Nosotros no lo hicimos”, responde el otro. “Es decir, los ayudamos”.

La conversación tuvo lugar un domingo de mañana, en septiembre de 1973, entre el expresidente Richard Nixon y su asesor de seguridad nacional, Henry Kissinger. Ambos estaban hablando de fútbol… y del violento derrocamiento de un gobierno elegido democráticamente a 8,000 kilómetros de donde estaban ellos.

Para la exposición, dos actores hispanohablantes recrearon la llamada telefónica grabada con base en una transcripción desclasificada.

La oportunidad de escuchar la llamada es parte de “Secretos de Estado. La historia desclasificada de la dictadura chilena”, una exposición que ofrece a los visitantes una experiencia envolvente de la intervención de Washington en Chile y su relación de diecisiete años con la dictadura militar del general Augusto Pinochet.

Un documento ampliado e iluminado dramáticamente establece el tono de la muestra en la entrada. Es un informe presidencial con fecha del 11 de septiembre de 1973, el día del golpe. Sus párrafos están censurados por completo; cada palabra ha sido oscurecida.

Una galería subterránea iluminada con sutileza guía a los visitantes a través de un laberinto de documentos —informes presidenciales, reportes de inteligencia, cables y memorandos— que describen operaciones secretas y reuniones de inteligencia llevadas a cabo en Chile por parte de Estados Unidos desde los años de Nixon hasta la presidencia de Reagan.

Peter Kornbluh curó la exhibición, que incluye documentos y
memorandos redactados por la CIA. “La importancia de tener
estos documentos es que las nuevas generaciones de chilenos
pueden verlos
”, dijo (Tomas Munita para The New York Times)
Hay una arco narrativo que es muy dramático cuando juntas estos documentos”, dijo Peter Kornbluh, el curador de la exposición, analista sénior en el Archivo de Seguridad Nacional en Washington y director de su Proyecto de Documentación de Chile. “Han proporcionado revelaciones y han sido titulares; han sido utilizados como evidencia en acusaciones de derechos humanos y ahora están contribuyendo al veredicto de la historia”.

En la exposición están a la vista documentos que revelan intercambios secretos acerca de cómo prevenir que el Congreso de Chile ratificara la victoria de Allende en 1970, planes de operaciones encubiertas para desestabilizar su gobierno e informes acerca de un oficial militar chileno que informaba al gobierno estadounidense del próximo golpe y también pedía ayuda.

Hay un cable de la CIA a sus funcionarios en Santiago después de una operación fallida en octubre de 1970 para evitar que Allende tomara el cargo, lo cual hizo ese noviembre. La CIA proporcionó armas para el plan, lo cual dio como resultado el asesinato del comandante en jefe del ejército, el general René Schneider, y la agencia después envió dinero para ayudar a algunos de los conspiradores a escapar del país.

La estación ha hecho un trabajo excelente de guiar a los chilenos a un punto hoy en día en el que una solución militar es por lo menos una opción para ellos”, dice el cable, en el que se elogia a los oficiales, aunque su complot fue frustrado.

La exposición incluye solo una pequeña muestra de los 23,000 documentos acerca de Chile que la administración de Clinton desclasificó entre 1999 y 2000 en respuesta a las peticiones internacionales de evidencia relacionadas con los crímenes de Pinochet. El antiguo dictador chileno fue arrestado en Londres en octubre de 1998 y esperó su extradición a España para enfrentar un juicio por cargos de violaciones a los derechos humanos durante su mandato.

Puesto que muchos otros países europeos también buscaron la extradición de Pinochet con base en el principio de la jurisdicción universal, Kornbluh, el curador, dirigió una campaña para convencer a la Casa Blanca de publicar registros clasificados que podrían servir en un posible juicio contra Pinochet.

Documentos sobre Chile de 1968 a 1991 provenientes de siete agencias gubernamentales estadounidenses, algunos de ellos fuertemente censurados, se publicaron como parte del Proyecto de Desclasificación de Chile del Departamento de Estado de Estados Unidos. La mayoría se desclasificó meses después de que Pinochet fuera enviado a casa desde Londres por razones humanitarias, pero aún a tiempo para contribuir con nuevas investigaciones judiciales en Chile.

En la exhibición pueden verse copias de primeras planas de docenas de periódicos
durante la era de Augusto Pinochet (Tomas Munita para The New York Times)
Los registros de la exposición también describen a Pinochet, rastrean la información de inteligencia en torno a la represión brutal patrocinada por el Estado y detallan cómo el gobierno de Reagan dejó a Pinochet a su suerte en 1988, pues temían una mayor radicalización de la oposición.

Estos documentos nos han ayudado a reescribir la historia contemporánea de Chile”, dijo Francisco Estévez, director del museo. “Esta exposición es una victoria en la lucha contra el negacionismo, los esfuerzos de negar y relativizar lo sucedido en dictadura”.

El Museo de la Memoria y los Derechos Humanos abrió en 2010 durante el primer periodo de la presidenta Michelle Bachelet y ofrece una reconstrucción cronológica del gobierno de diecisiete años de Pinochet a través de artefactos, grabaciones, cartas, videos, fotografías, obras de arte y otros materiales. Cerca de 150.000 personas visitan el museo cada año y un tercio de ellos son grupos de estudiantes, dijo Estévez.

El Archivo de Seguridad Nacional donó una selección de 3,000 documentos desclasificados al museo hace varios años, mientras que el Departamento de Estado proporcionó al gobierno chileno copias de toda la colección. Sin embargo, los chilenos casi no los han visto.

Ver en un pedazo de papel, por ejemplo, que el presidente de Estados Unidos haya ordenado a la CIA que derrocara como medida preventiva a un presidente democráticamente electo en Chile todavía es sorprendente”, dijo Kornbluh. “La importancia de tener estos documentos en el museo es que las nuevas generaciones de chilenos en realidad los vean”.

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Militares chilenos durante el golpe de Estado de 1973 contra el
expresidente Salvador Allende
11 de noviembre de 2017

Documentos secretos desclasificados de la Agencia Central de Inteligencia de EE.UU. (CIA) revelan los apoyos de Washington a la Junta Militar de Pinochet.

Los archivos secretos del asesinato de John Kennedy (expresidente de EE.UU.) recién desclasificados en Estados Unidos, según recoge el autor y analista de renombre Peter Kornbluh para el Centro de Investigación Periodística de Chile (CIPER Chile), aportan nuevos datos de la colaboración de la CIA para destituir a Salvador Allende y consolidar el régimen militar. Los documentos revelan que la CIA contó entre sus agentes chilenos con, al menos, un líder del DC (Partido Demócrata Cristiano) dos directivos de El Mercurio y un alto oficial del Ejército.

Exigen que se revelen secretos sobre la dictadura en Chile.
Defensores de los derechos humanos denunciaron enérgicamente la
continuidad del secreto de los archivos sobre la dictadura en Chile
También indican que la DC envió a Venezuela a tres militantes para entrenarse en explosivos y comunicaciones clandestinas. Además aportan un dato inédito: la compra de una estación de radio –US$25,000– para hostigar al gobierno de la Unidad Popular (UP).

Fueron mencionados por sus nombres de código: “FUBRIG-1”, “FUBRIG-2”, “FUERMINE-5”, “FUBARGAIN-1” y “FUPOCKET-1”. Bajo esas chapas se ocultaban cinco personalidades chilenas que actuaban como importantes agentes de la CIA poco después del golpe de Estado de 1973, según cables de la agencia de inteligencia estadounidense recientemente desclasificados en Estados Unidos.

Dos de ellos eran directivos del diario El Mercurio, otro ocupaba una de las máximas jerarquías de los mandos militares, el cuarto era un importante dirigente del Partido Demócrata Cristiano y el quinto pertenecía al mundo político. Todos apoyaban a la CIA en la consolidación del régimen cívico militar encabezado por Augusto Pinochet.

En septiembre de 1974, luego de que The New York Times revelara las operaciones encubiertas de la CIA –a través de un reportaje de Seymour Hersh y otros que siguieron– para desestabilizar el gobierno de Salvador Allende y asistir a los generales en la toma del poder, la estación de la CIA en Santiago contactó a cinco de sus agentes chilenos para discutir las reacciones provocadas por esas filtraciones.

También les preocupaba cómo mantener fuera del alcance público los secretos que compartían. La serie de reuniones se realizó entre el 8 y el 10 de septiembre y dieron paso a extensos informes enviados al cuartel general en Estados Unidos.

La CIA financió secretamente huelgas sindicales y gremiales en Chile por más de 18 meses, antes de que el Presidente Salvador Allende fuera derrocado, revelaron fuentes de inteligencia estadounidenses”, así se iniciaba el impactante reportaje de Hersch en el The New York Times, en septiembre de 1974.

En el mismo reportaje, Hersch dice que sus fuentes le informaron que la mayoría de los “US$8 millones autorizados por la CIA para actividades clandestinas en Chile”, fueron utilizados en 1972 y 1973 para proveer de fondos y apoyo logístico a los huelguistas anti Allende. Entre ellos, se cita a los camioneros que participaron en el paro nacional del sector que duró 26 días (1972), “dañando la economía chilena y provocando la primera de una serie de crisis laborales para el presidente Allende”.

En otro acápite del extenso reportaje de Hersch, se dice que parte del financiamiento de la CIA fue al diario El Mercurio, “el principal medio opositor en Chile”. Una de las fuentes de Hersch le dijo: “Era la única fuerza política seria entre los diarios y las estaciones de TV en Chile”.

Dinero de la CIA para la DC

FUERMINE-5”, uno de los agentes activos de la CIA dentro de la Democracia Cristiana, “tomó con tranquilidad las noticias sobre la revelación de US$9 mil para un viaje de los líderes del PDC. Mientras movía su cabeza sobre esa filtración, él cree que a menos que la revelación genere una investigación especifica no les causará problema”.

El “viaje” fue un tour de relaciones públicas europeo realizado por líderes democratacristianos en octubre de 1973. Un “Truth Squad” –según la CIA– que incluyó a Enrique Krauss, Pedro Jesús Rodríguez, Juan Hamilton y Juan de Dios Carmona, para defender la necesidad del golpe de Estado, y fue financiado por la agencia de inteligencia estadounidense.

En el mismo cable ya citado se lee a continuación que “FUERMINE-5” cree que “los fondos que pasaron por sus manos fueron aproximadamente US$4,000, los que fueron cambiados en el mercado libre en vez de hacerlo al cambio fijado por la estación de la CIA. El siente que eso ayudará a ocultar apropiadamente la identificación incluso dentro del PDC sobre el origen de estos fondos”.

Otro de los agentes chilenos –“FUERMINE-1” – expresó su alivio en esas reuniones de que sus identidades no hubieran sido reveladas. Pero hizo ver su preocupación por el “momento excepcionalmente malo” en que aparecieron estas filtraciones. Y ello, porque según lo registra el cable desclasificado, “coincidió exactamente con la llegada de Eduardo Frei a Estados Unidos” (Frei Montalva era el dirigente máximo del PDC y expresidente de Chile).

No solo información se compartió en esas reuniones. Hubo también sospechas. “FUERMINE-1” se preguntaba “si eso [la revelación] había sido deliberada”, reportó la CIA desde Santiago, según se lee en el cable secreto del 12 de septiembre de 1974.

FUBARGAIN-1”, un alto oficial militar que se reunió con la CIA en Santiago el 10 de septiembre, también hizo explícitas sus sospechas: “La mayoría de los oficiales chilenos vio las revelaciones y el momento en que se hicieron como un intento deliberado de un sector del gobierno de Estados Unidos (aunque del Poder Legislativo) de dañar deliberadamente a la Junta y lanzar falsamente dudas sobre su independencia y rol en el derrocamiento de Allende”.

Chile condena a prisión a 76 agentes de Pinochet.
Un juez chileno ha sentenciado este martes a penas de cárcel a un
total de 76 exagentes por secuestrar a un hombre durante la dictadura
de Augusto Pinochet (1973-1990)
Pero lo más importante fue que en esa reunión este agente reveló a la CIA la reacción del general Augusto Pinochet cuando fue informado de la filtración: “El 10 de septiembre, ‘FUBARGAIN-1’ dijo que el general Pinochet no parecía muy alterado”, pero comentó en su presencia que la filtración “parecería ser una tontera que había que hacer”.

En ese mismo cable se lee: “Por primera vez en nuestra relación con ‘Furbargain-1’ él mostró su descontento sobre el creciente sentimiento de incomprensión hacia el gobierno de Chile por parte del gobierno de Estados Unidos. Dijo que otros altos oficiales que han viajado a Estados Unidos y están más familiarizados con ese gobierno, podrían parcialmente entender las actuales actitudes y acciones del gobierno de Estados Unidos. Sin embargo, la mayoría de los oficiales jóvenes (junior) están molestos y preocupados sobre lo que ellos sienten como el fracaso de Estados Unidos de ser un ‘buen amigo’ de Chile a pesar de los importantes sacrificios realizados aquí en la lucha mundial contra el comunismo”.

La CIA y El Mercurio

Dos de los agentes encubiertos de la CIA en Santiago que participaron de esas reuniones –“FUBRIG-1” y “FUBRIG-2” –, expresaron su preocupación por “las implicancias de los efectos de las revelaciones”.

Otro cable desclasificado, fechado en septiembre de 1974, muestra que en la estación de la CIA en Santiago compartían la preocupación de los agentes chilenos, pero por razones distintas. Según se lee en ese registro hasta ahora secreto, la inquietud se refería a los “exagerados desmentidos” hechos por El Mercurio en su cobertura sobre el financiamiento que le había proporcionado la CIA.

El descontento y la preocupación de la estación de la CIA en Santiago quedaron explícitas en el texto que se lee en otro de los cables y que también data de septiembre de 1974: “Después de citar otras fuentes, El Mercurio concluye negando que alguna vez ha habido algún ingreso inconfesable en su historia. Los libros contables de El Mercurio fueron exhaustiva y hostilmente escrutados durante el régimen marxista sin que haya sido posible especificar irregularidades. Por lo tanto, El Mercurio rechaza con legítimo desprecio los cargos hechos por un estrecho colaborador de Mr. Kennedy y se siente autorizado a conjeturar que el ataque es fruto de la irresponsabilidad periodística o de la animosidad de los consejeros de un candidato presidencial que está detenido hace varios años en sus ambiciones por los cuestionamientos a su conducta moral de que ha sido objeto en su país”.

Los registros de la estación de la CIA sobre la cobertura de El Mercurio, dan cuenta de la preocupación que generó su despliegue: “La respuesta de El Mercurio tendrá aquí efecto neto en el aumento de más preguntas que respuestas. Este aumento de la cobertura acrecentará la presión y el posible escrutinio de los agentes de la estación envueltos; y puede afectar a aquellos no directamente involucrados. El 13 de septiembre ‘FUPOCKET-1’ fue interpelado aquí por un reportero de Newsweek sobre su conocimiento del financiamiento. ‘FUPOCKET-1’ negó todo conocimiento sobre el financiamiento del extranjero. Detalles en una carpeta de cables separados”.

La magnitud del impacto que podría provocar la revelación del financiamiento encubierto entregado a El Mercurio, ocupó largamente a los agentes chilenos convocados por la estación de la CIA en Santiago para esa serie de reuniones. “‘FUBRIG-2’ estaba preocupado sobre las implicancias de los efectos de las revelaciones y opinó que el sistema en Washington debería ser cambiado para evitar filtraciones”, se lee en uno de los cables.
Cambiar el sistema en Washington” era una pretensión osada. Al tenor de las opiniones que vierte en esa reunión “‘FUBRIG-2’, según esos registros, queda claro que el agente de la CIA en El Mercurio no era cualquier persona: “El Mercurio pudo haber tomado esta posición, porque además de su visión de derecha, la administración actual ignora el financiamiento (CIA) que tuvo lugar cuando ‘FUBRIG-2’ dirigía el show. ‘FUBRIG-2’… (tachado en el original) dijo a COS (el jefe de la estación de la CIA en Santiago) que actualmente nadie en El Mercurio sabe de ese financiamiento”.
Pero no solo El Mercurio recibió financiamiento de la CIA: hubo también una radio en Santiago, hecho que hasta ahora se desconocía. “FUPOCKET-1”, otro agente chileno de la CIA involucrado en operaciones de propaganda, estaba visiblemente molesto en esos días con la filtración que reveló la compra de una estación de radio en US$25,000 muy poco después de la elección de Allende. “Nadie dentro de su grupo sabía que él le dio dinero por el lado para comprar esa estación de radio y no quedaron registros de su parte en el negocio”, reportó la CIA. “Tu gente necesita cambiar sus sistemas para que estas noticias no se escapen”, se quejó “FUPOCKET-1”.

hgn/ktg/tas



Tomado de Hispan TV
21 de octubre de 2017

El premio Nobel de Literatura, el chileno Pablo Neruda, no murió de cáncer, a pesar de que lo padecía. Este es el resultado de una investigación de un equipo de 16 expertos y peritos internacionales que se dio a conocer a 44 años de la muerte del poeta.

Pablo Neruda murió en 23 septiembre de 1973, días después del golpe de Estado de la dictadura de Augusto Pinochet (1973-1990), contra Salvador Allende, el presidente mártir de Chile. El cáncer lo mató, según su certificado de defunción. En 2011, sin embargo, su chófer, Manuel Araya, denunció que había sido envenenado con químicos por el régimen militar. El Partido Comunista, donde había militado Neruda, su familia y luego el gobierno, pidieron reabrir la causa para exhumar e investigar sus restos.

Desde hace dos años, científicos de Canadá, España, Dinamarca, Estados Unidos y Chile han buscado rastros de agentes biológicos externos que puedan dar inicios de un crimen. Y este es el resultado:
El cuerpo del escritor fue exhumado en abril de 2013 en Isla Negra. Luego de tres años de pruebas científicas, regresó en abril de 2016 a su tumba a orillas del Pacífico. Todavía se desconocen las razones específicas de su muerte, pero los expertos aseguran que si todo va bien, en el plazo de un año se tendrá una respuesta concreta.

Sin embargo, tanto el Partido Comunista como su familia aseguran que su muerte fue violenta y no de carácter natural.

Tras el golpe contra Salvador Allende, su amigo personal, Neruda tenía previsto vivir en México, desde donde hubiese podido liderar la oposición contra Pinochet. El viaje estaba previsto para el 22 de septiembre. Sin embargo, el poeta lo postergó para el 24 y su muerte se produjo el 23.
mhn/nii/

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