«Me puse al lado de los indios y me derrotaron. Me puse al lado de los negros y me derrotaron. Me puse al lado de los campesinos y me derrotaron. Me puse al lado de los obreros y me derrotaron. Pero nunca me puse al lado de los que me vencieron. ¡Esa es mi victoria!» [Darcy Ribeiro, intelectual y político brasileño]

22 de octubre de 2018

Leer la Biblia en las escuelas para robar en el gobierno

¿Cuáles han sido los beneficios reales que han derivado de la lectura de la Biblia? Los que se hacen llamar representantes de Dios en la tierra son los primeros en ultrajar la Biblia; los gobernantes juran en ella y muchos lo hacen para saquear el erario y tiranizar a los pueblos; no hay ladrón -después de haber hurtado lo que no le pertenece- ni asesino -luego de quitarle la vida a un inocente- que no exhiba el Santo Libro en la habitación donde duerme


Las declaraciones de Faride Raful -diputada por el Partido Revolucionario Moderno (PRM)-, acerca de la lectura de la Biblia en las escuelas, han generado el típico revuelo de las sociedades ignorantes y temerosas, marcadas por el alto nivel de influencia que la religión ejerce sobre los Estados que las cobijan. Si muchos de los curas, obispos, sacerdotes, cardenales... se han pasado la vida leyéndola, analizándola e interpretándola, y sólo les ha servido para mentir, procrear hijos (infringiendo el celibato, que tiene su origen en la misma Biblia) y mantenerlos en el anonimato, violar niñas y niños, convivir con monjas, apoyar golpes de Estado y respaldar irrestrictamente los peores gobiernos y las más salvajes dictaduras, ¿en qué ayudaría un invento judío -para sojuzgar a los pueblos- a escolares formados en una sociedad avasallada por el "tigueraje", educados por la mediocridad y la incapacidad e influenciados por la depravación de sus gobernantes?

La diputada Raful cometió un error, y ese error es el mismo que seguirán cometiendo los perremeístas por el resto de sus vidas. Los seguidores de Luis Abinader e Hipólito Mejía, salvo extrañas excepciones, no han aportado evidencias de cambio en lo pertinente al ejercicio de la práctica política; en lo relativo a la integridad personal, tampoco han dado muestras de avances significativos.