«¡Feliz! Porque nací el día de mi cumpleaños; porque soy hijo de mamá y papá, padre de mi hija, abuelo de mi nieto, fidelista, chavista, internacionalista y fanático de los Medias Rojas de Boston...»
Ing. Nemen Hazim
Graduado Magna Cum Laude (MCL) en la Universidad Autónoma de Santo Domingo (UASD - 28/10/1977). Estudios complementarios en Estados Unidos, República Dominicana, Puerto Rico, Cuba, Argentina y Uruguay. En República Dominicana fue Ayudante de Profesor en la UASD; Profesor y Director de las Escuelas de Ingeniería Eléctrica e Ingeniería Mecánica en la Universidad Central del Este (UCE); y Gerente de Turbinas de Gas y Motores Diésel en la Corporación Dominicana de Electricidad (CDE). En Puerto Rico fue Encargado de Proyectos en Caribbean Electrical Industrial Services Corporation (CEISCO) y Co-dueño de Ingeniería Eléctrica y Mecánica (INGELMEC)...

Biografías


Los grandes personajes históricos


Jesús o Cristo: Predicador judío fundador de la religión cristiana, a quien sus seguidores consideran el hijo de Dios. El nombre de Cristo significa en griego «el ungido» y viene a ser un título equivalente al de Mesías



BIOGRAFIAS I

NOTA: Las biografías han sido tomadas de Planeta Sedna (http://www.portalplanetasedna.com.ar) y Biografías y Vidas (http://www.biografiasyvidas.com). Muchas han sido editadas y adaptadas para el Foro

. Jesús o Jesucristo/Jesús de Nazaret

***

. Eugenio María de Hostos
. José Martí
. Winston Churchill
. George Washington

***

. Thomas Jefferson
. Joseph Stalin
. Adolf Hitler
. Cristóbal Colón

***

. Nicolás Maquiavelo
. Isaac Newton
. Albert Einstein
. Pablo Neruda



Jesús o Jesucristo/Jesús de Nazaret

Combatiente revolucionario y auténtico defensor de los pobres. “No practiquen la religión delante de la gente sólo para que los vean, si lo hacen así, su Padre, que está en el cielo, no les dará ningún premio. Cuando ayuden a los necesitados, no lo publiquen a los cuatro vientos, como lo hacen los hipócritas en las iglesias y en las calles, para que la gente hable bien. Les aseguro que con eso ya tienen su premio. Cuando ayuden a los necesitados, no se lo cuenten a los amigos íntimos, háganlo en secreto, su Padre les dará su premio”.

Jesús o Jesucristo

Jesús o Cristo: Predicador judío fundador de la religión cristiana, a quien sus seguidores consideran el hijo de Dios. El nombre de Cristo significa en griego «el ungido» y viene a ser un título equivalente al de Mesías.

La vida de Jesús está narrada en los Evangelios redactados por algunos de los primeros cristianos. Nació en una familia pobre de Nazaret, hijo de José y de María. El relato evangélico rodea el nacimiento de Jesús de una serie de prodigios que forman parte de la fe cristiana, como la genealogía que le hace descender del rey David, la virginidad de María, la anunciación del acontecimiento por un ángel y la adoración del recién nacido por los pastores y por unos astrónomos de Oriente. Por lo demás, la infancia de Jesucristo transcurrió con normalidad en Nazaret, donde su padre trabajaba de carpintero.

Hacia los treinta años inició Jesucristo su breve actividad pública incorporándose a las predicaciones de su primo, Juan el Bautista. Tras escuchar sus sermones, Jesús se hizo bautizar en el río Jordán, momento en que Juan le señaló como encarnación del Mesías prometido por Dios a Abraham. Juan fue pronto detenido y ejecutado por Herodes Antipas, lanzándose Jesucristo a continuar su predicación. Se dirigió fundamentalmente a las masas populares, entre las cuales reclutó un grupo de fieles adeptos (los doce apóstoles), con los que recorrió Palestina. Predicaba una revisión de la religión judía basada en el amor al prójimo, el desprendimiento de los bienes materiales, el perdón y la esperanza de vida eterna. Su enseñanza sencilla y poética, salpicada de parábolas y anunciando un futuro de salvación para los humildes, halló un cierto eco entre los pobres.

Su popularidad se acrecentó cuando corrieron noticias sobre los milagros que le atribuían sus seguidores, considerados como prueba de los poderes sobrenaturales de Jesucristo. Esta popularidad, unida a sus acusaciones directas contra la hipocresía moral de los fariseos, acabaron por preocupar a los poderosos del momento. Jesús fue denunciado ante el gobernador romano, Poncio Pilatos, por haberse proclamado públicamente Mesías y rey de los judíos; si lo primero era cierto, y reflejaba un conflicto de la nueva fe con las estructuras religiosas tradicionales del judaísmo, lo segundo ignoraba el hecho de que la proclamación de Jesús como rey era metafórica, refiriéndose al «reino de Dios» y sin poner en cuestión los poderes políticos constituidos. Consciente de que se acercaba su final, Jesús celebró una última cena para despedirse de sus discípulos; luego fue apresado mientras rezaba en el Monte de los Olivos, al parecer con la colaboración de uno de ellos, llamado Judas. Comenzaba así la Pasión de Cristo, proceso que le llevaría hasta la muerte tras sufrir múltiples penalidades; con ella daba a sus discípulos un ejemplo de sacrificio en defensa de su fe, que éstos asimilarían exponiéndose al martirio durante la época de persecuciones que siguió.

Jesús fue torturado por Pilatos, quien sin embargo, prefirió dejar la suerte del reo en manos de las autoridades religiosas locales; éstas decidieron condenarle a la muerte por crucifixión. La cruz, instrumento de suplicio usual en la época, se convirtió después en símbolo básico de la religión cristiana. Los Evangelios cuentan que Jesucristo resucitó a los tres días de su muerte y ascendió a los cielos. Judas se suicidó, arrepentido de su traición, mientras los apóstoles restantes se esparcían por el mundo mediterráneo para predicar la nueva religión; uno de ellos, Pedro, quedó al frente de la Iglesia o comunidad de los creyentes cristianos, por decisión del propio Jesucristo. Pronto se incorporarían a la predicación nuevos conversos, entre los que destacó Pablo de Tarso, que impulsó la difusión del cristianismo más allá de las fronteras del pueblo judío. La obra de Pablo hizo que el cristianismo se transformara en una religión más universal; la nueva religión se expandió hasta los confines del Imperio Romano y más tarde, desde Europa, se difundió por el resto del mundo.

Jesús de Nazaret

Si se prescinde de los Evangelios, la figura de Jesucristo, en torno a cuyo mensaje surgió la religión cristiana, permanece envuelta en el misterio. Son pocos los documentos que puedan utilizarse como fuentes para un estudio histórico sobre la vida de Jesucristo. Pese a ser el personaje representado en más obras artísticas, tanto pictóricas como escultóricas, se desconocen sus rasgos y fisonomía, y, más aún, es imposible escribir su biografía en el sentido moderno del término. Al igual que Sócrates, no dejó nada escrito. Los Evangelios de Marcos, Lucas, Mateo y Juan carecen de intencionalidad histórica: el objeto de esas narraciones, efectuadas con un peculiar estilo literario, era dejar constancia escrita de la vida y del mensaje del Maestro. Pero no por ello dejan de ser «históricos» los hechos que relatan.

Su existencia histórica está testimoniada con suficiente claridad por varios autores. Pilato lo condenó a morir en la cruz, pero los que le habían seguido no dejaron de ser fieles a su pensamiento. Ellos contaron que tres días después de haber sido crucificado, se les había aparecido, y que estaba vivo. No pueden entenderse la doctrina y la vida de Jesús sin situarlas en su contexto histórico. Palestina era un territorio administrado por los romanos, cuyo imperio había iniciado su período de máximo esplendor político y territorial. El mundo judío bajo dominio romano empezó con Herodes el Grande, del 37 al 4 a.C. El emperador Octavio Augusto le confirmó en su puesto de rey de los judíos porque Herodes le había ayudado en su marcha final hasta Egipto. Jesús, hijo de José y de María de Nazaret, fue concebido en Galilea a tenor del misterioso anuncio que el ángel Gabriel le hizo al artesano de que su prometida estaba encinta, pero que el fruto de su vientre no era obra de un ser humano sino del Espíritu Santo.

En aquellos días se promulgó un decreto de César Augusto por el que todos los habitantes del imperio debían empadronarse, cada cual en la ciudad de su estirpe. José y su joven esposa hubieron de dirigirse a Belén, en Judea, a unos 120 kilómetros de Nazaret. La pareja, de escasos recursos económicos, pernoctó en las afueras de Belén, refugiándose en una de las cuevas utilizadas por los pastores. Estando allí, a ella se le cumplieron los días del alumbramiento y dio a luz a su hijo, al que recostó en un pesebre porque no tenían sitio en la posada.

El humilde nacimiento de Jesús tuvo lugar en tiempos del rey Herodes el Grande. Por lo tanto, no pudo ocurrir más allá del 4 a.C., fecha de la muerte del tetrarca. Se suele aceptar que el nacimiento de Jesús tuvo lugar entre los años 7 y 6 a.C. El evangelio de Lucas narra los hechos que acompañaron el nacimiento de Jesús: el anuncio de los ángeles a unos pastores, que acudieron a Belén y fueron los primeros en "alabar y glorificar a Dios por todas las cosas que habían visto y oído". Mateo, en cambio, narra la visita de tres misteriosos reyes de Oriente que, guiados por una estrella, acuden a adorarlo y le ofrendan oro, mirra e incienso. Previamente, estos reyes "magos" habían pasado por Jerusalén preguntando "¿Dónde está el Rey de los judíos que ha nacido?". Tal pregunta llenó de temor al rey, quien ordenó pocos días después una terrible matanza de niños varones, que la tradición cristiana recuerda cada 28 de diciembre como el Día de los Santos Inocentes.

Advertidos del peligro que los acechaba, José y María huyeron de Belén con su hijo y se refugiaron en Egipto, donde permanecieron hasta la muerte del rey Herodes. De nuevo en Nazaret, Jesús aprendió las Escrituras y la tradición oral judía hasta el punto de sorprender con sus conocimientos a los doctores de la Ley que lo escucharon en el templo cuando sólo tenía doce años. Mientras el niño crecía y se fortalecía, llenándose de sabiduría, llevó una vida normal, trabajando con su padre. Hasta los treinta años no se sabe más nada de su vida. Tampoco hay unanimidad acerca de la duración de su vida pública.

Antes de iniciar su propio ministerio, Jesús se retiró al desierto un período "de cuarenta días", durante los cuales, según la narración evangélica, ayunó y puso a prueba su fortaleza espiritual ante las tentaciones del demonio. A su regreso del desierto, Jesús inició la divulgación de su doctrina en solitario, dándose a conocer en la sinagoga, a la que acudía todos los sábados. Un día lo hizo en su pueblo. Escogió una lectura del profeta Isaías y dijo que era él de quien el profeta hablaba. Fue denostado por la soberbia (todos sabían que era el hijo de José) e intentaron despeñarle. Sería el destino de todo su ministerio: la incomprensión de los suyos, que culminaría con la traición de uno de sus discípulos predilectos. Pero pronto sus predicaciones convocaron a su alrededor multitudes a las que enseñaba mediante parábolas, obrando a la vez milagros que llenaban de asombro y alimentaban la fe en su doctrina.

Se granjeó así las antipatías de escribas y fariseos, a los que robaba protagonismo y popularidad entre la gente. Los fariseos se quejaban de que Jesús celebraba fiestas y banquete con publicanos, pecadores, gentuza proscrita: por eso los fariseos lo tachaban de borracho y juerguista. Entretanto, Jesús eligió a doce de entre sus discípulos: Simón (a quien llamó Pedro) y su hermano Andrés; Santiago y Juan; Felipe y Bartolomé; Mateo y Tomás; Santiago de Alfeo y Simón (llamado Zelotes); Judas de Santiago y Judas Iscariote. Eran hombres sencillos, la mayoría pescadores. Jesús les propuso un orden religioso y social nuevo, sin hipocresías, solidario con los pobres.

En el "sermón de la montaña", llamado en la tradición bíblica "Las bienaventuranzas", Jesús saluda a la muchedumbre con un: "bienaventurados los pobres, porque vuestro es el Reino de los Cielos; bienaventurados los que tenéis hambre ahora, porque seréis saciados; bienaventurados los que lloráis ahora, porque reiréis". El sermón de la montaña pone de manifiesto su profundo conocimiento de la conducta humana, dilucidando sus principios fundamentales y adaptando sus preceptos a las necesidades humanas. Una visión estrictamente laica sitúa a Jesús en un exclusivo marco humano, pero no por ello su figura es menos digna de estudio y consideración. Él, que se autodefinía Maestro, no seguía las pautas de la clase poderosa judía. Sus amigos eran gente llana y sencilla a los que acompañaba en sus fiestas y bodas. Las enseñanzas de Jesús, que por primera vez hablaban de conceptos nuevos -como el amor al prójimo y a los enemigos, la piedad hacia los pecadores y el respeto a las personas por encima de su condición-, no tardaron en entrar en colisión con el clero judío.

La casta sacerdotal judía veía con temor los efectos de las prédicas de Jesús en el pueblo y dispuso que escribas y fariseos asistieran a ellas para cuestionar con preguntas capciosas su autoridad. Jesús sorteó con habilidad todas las trampas que se le tendieron; llegó un momento en que habló sin tapujos: «El que no está conmigo, está contra mí. No hagáis como los escribas y fariseos hipócritas, víboras, sepulcros blanqueados por fuera y llenos de carroña por dentro... No amaséis fortunas, vended los bienes y dad limosnas...».

Los acontecimientos acabaron precipitándose. Jesús envió a predicar de dos en dos a setenta y dos discípulos suyos por los pueblos de Judea, en donde iniciaron un intenso movimiento religioso como si se tratara de conquistar la Ciudad Santa. Hacia ella se dirigió Jesús desde Galilea, consciente de que había llegado su hora. Entró en Jerusalén en actitud provocadora, haciéndose entronizar como rey por una multitud que llenaba la ciudad en ocasión de la Pascua. Y en el mismo centro neurálgico del mundo judío -el Templo- hizo valer su autoridad: expulsó a los vendedores a latigazos porque le repugnaba que un lugar de oración se hubiera convertido en un lucrativo mercado.

Llegado el día de los Ázimos, en el que se sacrifica el cordero de Pascua, Jesús prepara la que será su última cena con sus discípulos y en ella anuncia su fin: "Con ansia he deseado comer esta Pascua con vosotros antes de padecer; porque os digo que yo no la comeré más hasta que halle su cumplimiento en el Reino de Dios". Lava los pies a sus discípulos y comparte con ellos el pan y el vino como expresión de la Nueva Alianza de Dios con los hombres. Luego, les advierte de lo que ha de ocurrir en los próximos días. Ante el estupor y desasosiego de los discípulos, les anuncia que uno de ellos llegará a traicionarlo y que su amado Pedro lo negaría tres veces, aunque finalmente se arrepentiría de su acción: "Yo te aseguro, Pedro, que hoy, esta misma noche, antes de que el gallo cante dos veces, tú me habrás negado tres".

Tras estas dramáticas revelaciones, una vez acabada la comida pascual, Jesús y sus discípulos abandonaron el cenáculo y caminaron hasta el huerto de Getsemaní. Jesús se apartó en compañía de Pedro, Santiago y Juan, a quienes les dijo: "Mi alma está triste hasta el punto de morir, quedaos aquí y velad". Diciéndoles esto se adelantó y, arrodillado, comenzó a orar: "Padre, si quieres, aparta de mí esta copa; pero no se haga mi voluntad, sino la tuya". Poco después, la guardia del Templo se hizo presente en el lugar y prendió a Jesús; los sacerdotes del Sanedrín habían preferido hacerlo detener lejos de la muchedumbre que lo seguía con fervor.

El Sanedrín había comprado la voluntad de Judas Iscariote pagándole treinta monedas de plata, cantidad al parecer equivalente a ciento veinte denarios, que era el precio que se pagaba entonces por un esclavo o el rescate de una mujer, de acuerdo con lo prescrito por la Ley mosaica. Jesús afrontó solo y con determinación la condena del Sanedrín, el rechazo de Herodes Antipas -quien lo remitió de nuevo a Poncio Pilato- y la sentencia que éste pronunció después de "lavarse las manos" y de soltar en su lugar a Barrabás, al parecer un cabecilla de un movimiento sedicioso acusado de asesinato. En vano el procurador romano había intentado evitar la crucifixión de Jesús, a quien consideraba en realidad inocente de los cargos que le imputaban. Presionado por los sacerdotes del Sanedrín, que habían excitado a la muchedumbre para que pidiese la muerte del peligroso "agitador", acabó condenándolo a morir crucificado. Los delitos que le imputó el Sanedrín fueron anunciar la destrucción del Templo ("Esto que veis, llegarán días en que no quedará piedra sobre piedra") y reconocerse como el Hijo de Dios. Y, frente a las leyes romanas, creerse rey de los judíos, lo que contribuía a aumentar la inestabilidad política.

Una vez condenado, Jesús fue vejado, torturado y obligado a cargar su propia cruz hasta el monte Calvario, donde fue crucificado. Los cuatro evangelistas están de acuerdo en que Jesús murió en viernes. El día de su muerte no fue un día de descanso sabático porque los guardas llevaban armas y las tiendas estaban abiertas (José de Arimatea pudo comprar una sábana y las mujeres aromas para embalsamar el cuerpo). Lo más probable es que Jesús anticipara un día la cena pascual. Reunidos todos los datos (el procurador Pilato gobernó entre el 26 y el 36 d.C.), se puede asegurar que Jesús murió el viernes 14 de Nisán (primer mes del calendario hebreo bíblico) del año 30 d.C., lo que equivale al 7 de abril del 30 d.C. Y al tercer día, según las Sagradas Escrituras, resucitó y, apareciéndose a sus discípulos, los alentó a predicar la palabra de Dios.

Ir Arriba


Eugenio María de Hostos

Eugenio María de Hostos nació en Mayagüez en 1839 y murió en Santo Domingo en 1903. Realizó sus estudios primarios en San Juan, Puerto Rico. Cursó el bachillerato en España en la Universidad de Bilbao y estudió Leyes en Universidad Central de Madrid.

Siendo estudiante en España luchó en la prensa y en el Ateneo en Madrid por la autonomía y la libertad de los esclavos de Cuba y de Puerto Rico. Publicó “La peregrinación de Bayoán”, en donde, a través de ficción novelesca, hace crítica del régimen colonialista de España en América.

De 1871 a 1874 realizó una campaña a favor de la independencia de Cuba y Puerto Rico a través de varios países: Colombia, Perú, Chile, Argentina y Brasil. Al visitar estos países se identificaba con los problemas locales y luchaba por resolverlos. En Chile publicó su Juicio crítico de Hamlet y, además, abogó por la instrucción científica de la mujer y formó parte de la Academia de Bellas Letras de Santiago. En Argentina inició el proyecto de la construcción del ferrocarril trasandino. La primera locomotora que subió a los Andes se llamó Hostos en su honor. En Brasil escribió sobre lo extraordinario de la naturaleza de este país.

En 1875, en Puerto Plata, República Dominicana, dirigió “Las Tres Antillas”. El sueño de Hostos consistía en la creación de la “Confederación Antillana”. En 1877, en Caracas, publicó la biografía del cubano Francisco Vicente Aguilera, e inicia su labor pedagógica; se dedicaba a enseñar en un colegio. En 1879 se estableció en Santo Domingo y tuvo bajo su responsabilidad la redacción de la “Ley de Normales” de este país, y en 1880 inició la Escuela Normal. En el desempeño de esta labor dio clases de carácter pedagógico y también expuso varios cursos de diferentes ciencias, mientras dictaba las cátedras de Derecho Constitucional, Internacional y Penal y de Economía Política en el Instituto Profesional.

Durante nueve años consecutivos se dedicó a esta labor pedagógica, para la cual era el autor de los textos en uso. Publicó Lecciones de Derecho Constitucional, las cuales fueron premiadas en 1887. También publicó Moral Social, que es uno de sus libros más conocido y más elogiados por la crítica. En 1888 retornó a Chile; en 1890 era director en Santiago del Liceo Miguel Luis Amunátegui, el cual fue creado con el propósito de implantar su sistema de enseñanza. También dictaba en la universidad la cátedra de Derecho Constitucional, colaboraba con los centros culturales del país y por ocho años de incesante labor se dedicó al periodismo y a la literatura.

El chileno Guillermo Matta, ante la Cámara Nacional de su país, señaló que "Hostos es el extranjero de más vasta cultura intelectual que ha venido a Chile después de Bello".

Al ocurrir en Puerto Rico el cambio de soberanía, en 1898, luchó porque el gobierno de Estados Unidos permitiera al pueblo de Puerto Rico el derecho de decidir por sí mismo su suerte política bajo la forma de un plebiscito. Este fue el objetivo principal de la “Liga de Patriotas” que fundó para esta época, organización que conllevaba también propósitos pedagógicos, culturales y cívicos. En 1899. como gestión de esta Liga, formó parte de una comisión que fue a Washington a exponer las necesidades del país y a hacer peticiones para remediar las mismas.

Los integrantes de la comisión se entrevistaron con el presidente de turno y, al regresar a Puerto Rico, Hostos presentó a la Comisión Civil Americana los fundamentos del gobierno civil que recomendaba para la isla. Ese mismo año fundó el Instituto Municipal en Mayagüez. Al poco tiempo pudo comprender el fracaso de la Liga de Patriotas ya que el pueblo no respondía en forma unánime a sus objetivos.

Decepcionado, retorno a Santo Domingo, en donde dirigió el Colegio Central y la Inspección General de Instrucción Pública. Colaboró en el desarrollo de la cultura general de la República Dominicana, hasta que murió en 1903. En 1905, en Santo Domingo, en su honor, se publicó un volumen de alrededor de cuatrocientas páginas que incluye su biografía y artículos relacionados con su figura ejemplar. La obra de Hostos abarca todo el campo de las ciencias morales y políticas; la misma ha sido recogida en veinte volúmenes por el gobierno de Puerto Rico, en una edición dirigida por el ilustre dominicano, profesor Juan Bosch, quien se trasladó a Cuba a realizar dicha tarea con la editora que ganó el concurso.

Ir Arriba


José Martí

José Martí, por su radical y revolucionario pensamiento político, y por su vastísima y original obra de creación literaria, es considerado una de las figuras cumbres de la América Latina y el Caribe. Nació en La Habana en el seno de un hogar humilde, hijo de los españoles Mariano Martí y Leonor Pérez. Con sus padres viajó a España en 1857. Regresó a Cuba en junio de 1859. Su padre, después de desempeñar el cargo de celador, ocupó el puesto de capitán juez pedáneo en Hanabana, Jagüey Grande (Matanza), desde donde el pequeño Martí escribió a su madre la primera carta suya que se conserva.

Cursó estudios en el Colegio "San Anacleto", de Rafael Sixto Casado, y más tarde en el Colegio "San Pablo", de Rafael María de Mendive. En agosto de 1866 ingresó en el Instituto de Segunda Enseñanza de La Habana por gestiones de su maestro Mendive, que se había convertido en su protector y por quien corrían los gastos académicos.

El 19 de enero de 1869, ya iniciada la Guerra, publicó sus primeros artículos políticos en “El Diablo Cojuelo”, de su condiscípulo y amigo Fermín Valdés Domínguez. El 23 de enero de ese mismo año editó el único número del periódico La Patria Libre, donde publicó su drama en verso Abdala. Trabajó por algún tiempo en el escritorio de Cristóbal Madan, a raíz del encarcelamiento de su maestro Mendive a causa de los sucesos ocurridos en el Teatro Villanueva el 22 de enero de 1869.

Un incidente con los voluntarios provocó el registro de la casa de Valdés Domínguez, en la que se encontró una carta firmada por éste y por Martí, y dirigida al condiscípulo Carlos de Castro y de Castro para reprochar su apostasía de la causa cubana. Juzgados en consejo de guerra, fue condenado Martí, quien insistió en asumir toda la responsabilidad, a dos años de presidio. Ingresó en la cárcel el 21 de octubre de 1869. El 4 de abril de 1870 fue llevado a las canteras de San Lázaro a realizar trabajos forzados. Quebrantada su salud, se le trasladó a Isla de Pinos, por indulto, el 13 de octubre.

Salió para España, deportado, el 15 de enero de 1871. Recién llegado a Madrid, publicó su folleto “El presidio político en Cuba”. Poco después comenzó sus estudios de derecho en la Universidad Central. Redactó una hoja suelta condenando el fusilamiento de los estudiantes de medicina en La Habana en 1871. Se trasladó a Zaragoza, donde terminó su drama Adúltera, y se graduó de Licenciado en Derecho Civil y Canónico; pocos meses después, ese mismo año, se graduó de Licenciado en Filosofía y Letras. A fines de ese año viaja a varias ciudades europeas, entre ellas París. Llegó a Veracruz (México) el 8 de febrero de 1875 para reunirse con su familia en la capital del país. En ésta conoció a quien sería su gran amigo —su "hermano", como él lo llamó siempre—, Manuel Mercado.

El 7 de marzo, con un poema dedicado a su hermana Ana, fallecida el 5 de enero, comienza a colaborar en la Revista Universal, donde publica su traducción de "Mes fis", de Víctor Hugo, y redacta una serie de boletines con el seudónimo Orestes. Tomó parte en un debate, en el Liceo Hidalgo, sobre materialismo y espiritualismo. El 19 de diciembre de 1875 fue estrenado con gran éxito, en el Teatro Principal, su proverbio en verso, escrito en un solo día, Amor con amor se paga, protagonizado por la actriz Concha Padilla.

El 28 de enero de 1876 funda, con otros intelectuales, la Sociedad Alarcón. Ese mes pronuncia un discurso en homenaje al pintor Santiago Rebull en la Academia de Bellas Artes de San Carlos. Conoció además a Carmen Zayas Bazán, con la que más tarde contraería matrimonio. Después de un rápido viaje a La Habana en enero de 1877, con el nombre de Julián Pérez, se dirige a Guatemala. El 29 de mayo fue nombrado catedrático de Literatura y de Historia de la Filosofía en la Escuela Normal Central. Es nombrado vicepresidente de la Sociedad Literaria "El Porvenir", escribe el drama Patria y libertad y pronuncia un discurso sobre la oratoria, por el que recibe el sobrenombre de "Dr. Torrente".

Tuvo un idilio amoroso, por esos meses, con María García Granados, a la que inmortalizaría en su poema "La niña de Guatemala". El 20 de diciembre de ese mismo año de 1877 contrae matrimonio, en la ciudad de México, con Carmen Zayas Bazán. En enero del año siguiente regresa con su esposa a Guatemala. Como consecuencia de que el presidente de la República, Justo Rufino Barrios, depuso al director de la Escuela Normal, el cubano José María Izaguirre, renunció Martí a su cátedra el 6 de abril de ese año.

Regresó a La Habana el 31 de agosto y comenzó a trabajar en los bufetes de Nicolás Azcárate y Miguel Viondi. El 22 de noviembre nace su hijo José Francisco. Fue electo secretario de la Sección de Literatura del Liceo Artístico y Literario de Guanabacoa (Habana) y más tarde socio de la Sección de Instrucción del Liceo de Regla (Habana). Pronunció un discurso en la velada fúnebre en honor del poeta Alfredo Torroella y participó en el debate sobre "Idealismo y realismo en el arte". Señalado a causa de su brindis contra el Autonomismo en el banquete al periodista Adolfo Márquez Sterling, el 21 de abril de 1879, y por sus audaces discursos en el Liceo de Guanabacoa, fue detenido el 17 de septiembre acusado de conspirar. El 25 de ese mes salió deportado para España, y después de una breve estancia en Madrid, viajó a París.

El 3 de enero de 1880 llegó a Nueva York. Se vinculó al Comité Revolucionario que secundaba los planes del General Calixto García. El 24 de enero leyó a los emigrados cubanos su examen de la situación cubana y primera formulación pública de su ideario político. Comenzó a colaborar en The Hour y en The Sun. Fracasada la intentona de Calixto García —la llamada "Guerra Chiquita"—, en marzo de 1881, se halla Martí en Caracas. Pronuncia discursos en el Club de Comercio, da clases de oratoria y funda la Revista Venezolana, de la que salieron sólo dos números, uno el 1ro. y otro el 15 de julio. Su artículo sobre Cecilio Acosta, aparecido en el número del 15 de julio, le crea dificultades con el presidente Guzmán Blanco, por lo que embarca de nuevo hacia Nueva York el 28 de ese mismo mes.

El 5 de septiembre del mismo 1881 aparece, en La Opinión Nacional, de Caracas, la primera de sus "Cartas de Nueva York", o "Escenas norteamericanas", que seguirán publicándose en este diario y en El Partido Liberal (México), La Nación (Buenos Aires), La América (Nueva York) y otros hasta 1891. En 1882 escribe, aunque sin editarlos, la mayoría de los poemas de Versos libres, y publica, como prólogo a El poema del Niágara, de Juan Antonio Bonalde, un ensayo que ha sido considerado también, con Ismaelillo (1882), iniciador del modernismo en Hispanoamérica.

Por esta época intenta reconstruir su hogar, minado ya por la incomprensión y que después de varias crisis queda definitivamente roto. En 1883 es redactor de La América, de la que más tarde sería director. En 1885 publica en El Latino Americano, con el seudónimo Adelaida Ral, su novela Amistad funesta, considerada hoy la primera novela modernista. En 1886 trabaja incesantemente como corresponsal de La América, El Latino Americano, La República de Honduras y La Opinión Pública (Montevideo). Se encarga del consulado de Uruguay el 16 de abril de 1887. En septiembre termina la traducción de Ramona, de Helen Hunt Jackson.

El 10 de octubre inicia, en el Masonic Temple, de Nueva York, la serie de discursos conmemorativos que culminarán en 1891. Colabora en El Economista Americano (Nueva York) y trabaja en la traducción del poema "Lalla Rookh", de Thomas Moore, que no ha podido ser hallada. El 25 de marzo de 1889 aparece publicada, en The Evening Post, su carta “Vindicación de Cuba”, respuesta a un artículo de The Manufacturer, de Filadelfia, sobre la posible compra de Cuba por Estados Unidos. En julio de ese año apareció La Edad de Oro, mensuario dedicado a los niños de América, enteramente redactado por Martí, del que sólo salieron cuatro números.

El 30 de noviembre pronunció en Hardman Hall un discurso sobre José María Heredia. El 19 de diciembre habló en la velada de la Sociedad Literaria Hispano-Americana en presencia de los delegados de la Conferencia Internacional Americana. Fue fundador, presidente y maestro de La Liga, sociedad de instrucción para la clase de color inaugurada el 22 de enero de 1890. El 24 de julio fue nombrado cónsul de Argentina; el 30, de Paraguay. En octubre de ese año, 1890, comenzó a trabajar como instructor de español en la clase nocturna de la Escuela Central, de Nueva York. El 23 de diciembre se le designó representante de Uruguay en la Comisión Monetaria Internacional Americana, de Washington. En dos veladas de la Sociedad Literaria Hispano-Americana, celebradas en abril y en junio de ese año, hizo el elogio de México y de Centro América. Para dedicarse por entero a su labor patriótica, labor que había suscitado protestas del cónsul español, renuncia a los consulados de Argentina, Uruguay y Paraguay, así como a la presidencia de la Sociedad Literaria Hispano—Americana.

Invitado por Néstor Leonelo Carbonell a nombre del Club "Ignacio Agramonte", llega a Tampa el 25 de noviembre. El 26 y 27 pronuncia sus discursos "Con todos y para el bien de todos" y "Los pinos nuevos". El 28 se aprueban las resoluciones redactadas por Martí. Viaja, enfermo, a Cayo Hueso. El 5 de enero de 1892, en reunión de presidentes de las agrupaciones patrióticas, en el Hotel Duval House, logra la aprobación de las bases y estatutos secretos del Partido Revolucionario Cubano, organizado por él como un frente único en la lucha contra España. De regreso en Nueva York, pronunció un discurso el 17 de febrero en Hardman Hall, conocido como "Oración de Tampa y Cayo Hueso", en el que exalta la unidad lograda.

Después de un viaje de propaganda por la Florida, parte el 31 de agosto a entrevistarse con Máximo Gómez. Entrevistados en Montecristi (República Dominicana) el 11 de septiembre, pasa por Haití y Jamaica de regreso a Nueva York. Continúa su actividad en Estados Unidos hasta que, el 25 de mayo de 1893, se traslada de nuevo a Santo Domingo. El 3 de junio se entrevista de nuevo con Máximo Gómez en Montecristi.

El 28 de octubre, en Nueva York, pronuncia su discurso en honor de Bolívar. Prosigue su intenso trabajo de organización a través de una enorme correspondencia y de incesantes viajes por Estados Unidos, Costa Rica, Panamá, Jamaica y México, país al que va para entrevistarse con su presidente Porfirio Díaz. A finales de 1894 ha completado los detalles del Plan de Fernandina, que consistía en invadir la isla mediante tres expediciones coordinadas con levantamientos internos. El 30 de enero de 1895, tras el fracaso del plan a causa de una delación, sale Martí de Nueva York hacia Cabo Haitiano, en compañía de Mayía Rodríguez y de Enrique Collazo.

El 25 de marzo, después de recibir la noticia del alzamiento en armas del 24 de febrero, redacta el Manifiesto de Montecristi, programa ideológico de la revolución, firmado por él y por Gómez. El mismo día escribe a su madre su carta de despedida y dirige a Federico Henríquez Carvajal la que se considera, junto con la que escribe a Manuel Mercado la víspera de su muerte, su última carta. Sale de Montecristi hacia Cuba con Máximo Gómez y otros patriotas en la goleta "Brothers", cuyo capitán se niega a cumplir lo pactado.

Después de vencer nuevas dificultades, parten de Cabo Haitiano en el vapor "Nordstrand", que los trae hasta cerca de las costas de Cuba. Desembarcan por el sitio llamado Playitas, al sur de Oriente, en la jurisdicción de Baracoa, el 11 de abril de ese año 1895. Monte adentro, establecen contacto con la guerrilla de Félix Ruenes y más tarde con las fuerzas de José Maceo. El 3 de mayo redacta el manifiesto sobre las causas de la guerra para el New York Herald. El día 5 se entrevista con Antonio Maceo. En sus diarios de “Montecristi a Cabo Haitiano” y de “Cabo Haitiano a Dos Ríos”, así como en sus cartas a Carmen Miyares y a sus hijas, recoge Martí su impresión de esos días.

En una refriega con las fuerzas del Coronel Ximénez de Sandoval, y a pesar de la orden de Gómez a Martí de que no participara en el combate, se lanza, acompañado por el joven Ángel de la Guardia, contra un grupo de soldados españoles y cae mortalmente herido cerca de la confluencia de los ríos Cauto y Contramaestre. Su cadáver fue llevado por la tropa española a Remanganaguas y de ahí a Santiago de Cuba, en cuyo cementerio de Santa Ifigenia fue sepultado.

En medio de su extraordinaria actividad política y como parte integrante de la misma, Martí fue creando su gigantesca obra escrita, no menos extraordinaria que la organizativa. Durante años colaboró con artículos diversos y sobre variados asuntos en publicaciones periódicas, pronunció discursos de carácter político con el propósito de aunar las fuerzas para la lucha definitiva, escribió cartas íntimas y de carácter político, dejó importantísimos documentos que recogen sus puntos de vista sobre múltiples aspectos de la realidad que le tocó vivir y cultivó la poesía, la novela, el teatro, la crítica. Sus textos, traducidos a diversas lenguas han sido publicados en múltiples ediciones extranjeras.

La significación de su obra ha promovido la creación de instituciones, en diversos países, dedicadas a su estudio y a la difusión de sus ideas. El conjunto armónico que forman su constante actividad por la libertad de Cuba y de América —actividad que se sustenta en una sólida ideología revolucionaria—, y su ingente obra escrita, hacen de Martí una de las figuras más trascendentes y significativas de las letras americanas.

Diversos intelectuales latinoamericanos e incluso norteamericanos han recogido y comentado obras escritas por José Martí. En Cuba se han celebrado Seminarios de Estudios Martianos, en los que se estudia y profundiza en su inagotable obra. Se han escrito biografías del Apóstol, entre ellas una muy completa aunque breve cuyo autor fue Jorge Mañach. Esta obra fue reimpresa por la Revolución.

Otro elemento significativo de la obra martiana, tal vez el más importante, es su inconmensurable producción periodística, ya que Martí escribió para numerosos periódicos de América Latina, fundamentalmente de México, Venezuela, así como para La Nación de Buenos Aires, el Sun de Nueva York, el periódico Patria -órgano del Partido Revolucionario Cubano-; para la Guerra Necesaria y otros más. Aunque en una efímera libertad de imprenta, en Cuba -en 1869- apareció el único número de El Diablo Cojuelo, dirigido por Fermín Valdés Domínguez, en que Martí, entonces un adolescente a punto de cumplir 16 años de edad, escribió el artículo de fondo.

Las crónicas martianas abarcaron temas europeos y estadounidenses; las primeras pasaban por la actualidad de Francia, España, Italia… y las crónicas acerca de Estados Unidos iniciaron lo que el mismo Martí llamaría Escenas Norteamericanas, un vasto panorama de aquel país, no solo el más vasto en la lengua española hasta el presente sobre Estados Unidos, sino, probablemente, entre los de ese carácter en otros idiomas. Estos escritos reflejan el método martiano, que perseguía demostrar que aquella no podía ser un modelo de sociedad a imitar por sus lectores hispanoamericanos, en tanto sus características y estructuras se afincaban en su historia y sus necesidades mientras que las de los pueblos del sur deberían corresponderse con sus propias realidades.

“Los procedimientos literarios empleados por Martí en las crónicas norteamericanas constituyen la clave de su permanencia en nuestros días, cuando ya los sucesos referidos han perdido su valor periodístico. Hoy las leemos como piezas de indudable valor literario (...). Muchas de las crónicas eran enviadas por Martí al mismo tiempo para La Nación y El Partido Liberal aunque en la casi totalidad había cambios que iban desde ligeros retoques de estilo hasta la sustitución de párrafos y fragmentos completos" (Pedro Pablo Rodríguez, académico cubano).

Ir Arriba


Winston Churchill

(Sir Winston Leonard Spencer Churchill; Blenheim Palace, Oxfordshire, 1874 - Londres, 1965) Político británico. A lo largo de su brillante carrera, sir Winston Leonard Spencer Churchill fue sucesivamente el hombre más popular y el más criticado de Inglaterra, y a veces ambas cosas al mismo tiempo. Considerado el último de los grandes estadistas, siempre será recordado por su rara habilidad para predecir los acontecimientos futuros, lo que en ocasiones se convirtió en una pesada carga para sus compatriotas.

Durante años, Churchill fue algo así como la voz de la conciencia de su país, una voz que sacudía los espíritus y les insuflaba grandes dosis de energía y valor. Su genio polifacético, además de llevarlo a conquistar la inmortalidad en el mundo de la política, lo hizo destacar como historiador, biógrafo, orador, corresponsal de guerra y bebedor de coñac, y en un plano más modesto como pintor, albañil, novelista, aviador, jugador de polo, soldado y propietario de caballerías.

Nació el 30 de noviembre de 1874 en el palacio de Blenheim, por aquel entonces propiedad de su abuelo, séptimo duque de Marlborough. Su padre era lord Randolph Churchill y su madre una joven norteamericana de deslumbrante belleza llamada Jennie Jerome. No hay duda de que en sus primeros años conoció la felicidad, pues en su autobiografía evoca con ternura los días pasados bajo la sombra protectora de su madre, que además de hermosa era culta, inteligente y sensible.

Quizás por ello, al ser internado por su padre en un costoso colegio de Ascot, el niño reaccionó con rebeldía; estar lejos del hogar le resultaba insoportable, y Winston expresó su protesta oponiéndose a todo lo que fuese estudiar. Frecuentemente fue castigado y sus notas se contaron siempre entre las peores. Cuando en 1888 ingresó en la famosa escuela de Harrow, el futuro primer ministro fue incluido en la clase de los alumnos más retrasados. Uno de sus maestros diría de él: "No era un muchacho fácil de manejar. Cierto que su inteligencia era brillante, pero sólo estudiaba cuando quería y con los profesores que merecían su aprobación."

Churchill fracasó dos veces consecutivas en los exámenes de ingreso en la Academia Militar de Sandhurst. Sin embargo, una vez entró en la institución se operó en él un cambio radical. Su proverbial testarudez, su resolución y su espíritu indomable no lo abandonaron, pero la costumbre de disentir caprichosamente de todo comenzó a desaparecer. Trabajaba con empeño, era aplicado y serio en las clases y muy pronto se destacó entre los alumnos de su nivel.

Poco después se incorporó al Cuarto de Húsares, regimiento de caballería reputado como uno de los mejores del ejército. Combatió en Cuba, la India y el Sudán, y en los campos de batalla aprendió sobre el arte de la guerra todo cuanto no había encontrado en los libros, especialmente cuestiones prácticas de estrategia que más tarde le servirían para hacer frente a los enemigos de Inglaterra.

No obstante, la vida militar no tardó en cansarlo. Renunció a ella para dedicarse a la política y se afilió al Partido Conservador en 1898, presentándose a las elecciones un año después. Al no obtener el acta de diputado por escaso margen, Churchill se trasladó a África del Sur como corresponsal del Morning Post en la guerra de los bóers.

Allí fue hecho prisionero y trasladado a Pretoria, pero consiguió escapar y regresó a Londres convertido en un héroe popular: por primera vez, su nombre saltó a las portadas de los periódicos, pues había recorrido en su huida más de cuatrocientos kilómetros, afrontando un sinfín de peligros con extraordinaria sangre fría. No es de extrañar, pues, que consiguiese un escaño en las elecciones celebradas con el cambio de siglo y que, recién cumplidos los veintiséis años, pudiese iniciar una fulgurante carrera política.

En el Parlamento, sus discursos y su buen humor pronto se hicieron famosos. Pero su espíritu independiente, reacio a someterse a disciplinas partidarias, le granjeó importantes enemigos en la cámara, incluso entre sus propios correligionarios. Así pues, no es de extrañar que cambiara varias veces de partido y que sus intervenciones, a la vez esperadas y temidas por todos, suscitaran siempre tremendas polémicas.

Tras ser designado subsecretario de Colonias y ministro de Comercio en un gobierno liberal, Churchill previó con extraordinaria exactitud los acontecimientos que desencadenaron la Primera Guerra Mundial y el curso que siguió la contienda en su primera etapa. Sus profecías, consideradas disparatadas por los militares, se convirtieron en realidad y sorprendieron a todos por la clarividencia con que habían sido formuladas.

Churchill fue nombrado lord del Almirantazgo y se embarcó inmediatamente en una profunda reorganización del ejército de su país. Primero se propuso hacer de la armada británica la primera del mundo, cambiando el carbón por petróleo como combustible de la flota y ordenando la instalación en todas las unidades de cañones de gran calibre. Luego puso en marcha la creación de un arma aérea y, por último, decidido a contrarrestar el temible poderío alemán, impulsó la construcción de los primeros "acorazados terrestres", consiguiendo que el tanque empezase a ser considerado imprescindible como instrumento bélico.

Finalizada la contienda, Churchill sufrió las consecuencias de la reacción de la posguerra y durante un tiempo fue relegado a un papel secundario dentro de la escena política. En 1924 se reconcilió con los conservadores y un año después fue puesto al frente del ministerio de Hacienda en el gobierno de Stanley Baldwin.

Era una época de decadencia económica, inquietud, descontento laboral y aparatosas huelgas, y el conservadurismo obstinado de que hacía gala no contentó ni siquiera a sus propios colegas. En una palabra, todo el mundo estaba cansado de él y su popularidad descendió a cotas inimaginables años antes. Entre 1929 y 1939, Churchill se apartó voluntariamente de la política y se dedicó principalmente a escribir y a cultivar su afición por la pintura bajo el seudónimo de Charles Morin. "Si este hombre fuese pintor de oficio, dijo en una ocasión Picasso, podría ganarse muy bien la vida".

Churchill siguió perteneciendo al Parlamento, pero durante esos años careció prácticamente de influencia. Las cosas cambiaron cuando, al observar la creciente amenaza que Hitler constituía, proclamó la necesidad urgente de que Inglaterra se rearmase y emprendió una lucha solitaria contra el fascismo emergente. En reiteradas ocasiones, tanto en la cámara como en sus artículos periodísticos, denunció vigorosamente el peligro nazi ante una nación que, una vez más, parecía aquejada de una ceguera que podía acabar en tragedia.

Tras la firma en 1938 del Acuerdo de Munich, en el que Gran Bretaña y Francia cedieron ante el poderío alemán, la gente se dio cuenta nuevamente de que Churchill había tenido razón desde el principio. Hubo una docena de ocasiones en las que hubiera sido posible detener a Hitler sin derramamiento de sangre, según afirmarían después los expertos. En cada una de ellas, Churchill abogó ardorosamente por la acción.

El 1 de septiembre de 1939, el ejército nazi entró con centelleante precisión en Polonia; dos días después, Francia e Inglaterra declararon la guerra a Alemania y, por la noche, Churchill fue llamado a desempeñar su antiguo cargo en el Almirantazgo. Todas las unidades de la flota recibieron por radio el mismo mensaje: "Winston ha vuelto con nosotros".

Los mismos diputados que una semana antes lo combatían con saña, lo aclamaron puestos en pie cuando hizo su entrada en el Parlamento. Pero aquella era una hora amarga para la historia del Reino. La nación estaba mal preparada para la guerra, tanto material como psicológicamente. Por eso, cuando fue nombrado primer ministro el 10 de mayo de 1940, Churchill pronunció una conmovedora arenga en la que afirmó no poder ofrecer más que "sangre, sudor y lágrimas" a sus conciudadanos.

El pueblo británico aceptó el reto y convirtió tan terrible frase en un verdadero lema popular durante seis años; su contribución a la victoria iba a ser decisiva. Churchill consiguió mantener la moral en el interior y en el exterior mediante sus discursos, ejerciendo una influencia casi hipnótica en todos los británicos.

Formó un gobierno de concentración nacional, que le aseguró la colaboración de sus adversarios políticos, y creó el Ministerio de Defensa para una mejor dirección del esfuerzo bélico. Cuando la Unión Soviética firmó un pacto de no agresión con Alemania, y mientras los Estados Unidos seguían proclamando su inamovible neutralidad, Churchill convocó una reunión de su gabinete y con excelente humor dijo: "Bien, señores, estamos solos. Por mi parte, encuentro la situación en extremo estimulante".

Por supuesto, Churchill hizo todo lo posible para que ambas potencias entrasen en la guerra, lo que consiguió en breve tiempo. Durante interminables jornadas, dirigió las operaciones trabajando entre dieciséis y dieciocho horas diarias, transmitiendo a todos su vigor y contagiándoles su energía y optimismo.

Por fin, el día de la victoria aliada, se dirigió de nuevo al Parlamento y al entrar fue objeto de la más tumultuosa ovación que registra la historia de la asamblea. Los diputados olvidaron todas las formalidades rituales y se subieron a los escaños, gritando y sacudiendo periódicos. Churchill permaneció en pie a la cabecera del banco ministerial, mientras las lágrimas rodaban por sus mejillas y sus manos se aferraban temblorosas a su sombrero.

A pesar de la enorme popularidad alcanzada durante la guerra, dos meses después el voto de los ingleses lo depuso de su cargo. Churchill continuó en el Parlamento y se erigió en jefe de la oposición. En un discurso pronunciado en marzo de 1946 popularizó el término "telón de acero" y algunos meses después hizo un llamamiento para impulsar la creación de los Estados Unidos de Europa.

Tras el triunfo de los conservadores en 1951 volvió a ser primer ministro, y dos años después fue galardonado con el Premio Nobel de Literatura por sus Memorias sobre la Segunda Guerra Mundial. Alegando razones de edad, presentó la dimisión en abril de 1955, después de ser nombrado Caballero de la Jarretera por la reina Isabel II y de rechazar un título nobiliario a fin de permanecer como diputado en la Cámara de los Comunes.

Reelegido en 1959, ya no se presentó a las elecciones de 1964. No obstante, su figura siguió pesando sobre la vida política y sus consejos continuaron orientando a quienes rigieron después de él los destinos del Reino Unido. El pueblo había visto en Churchill la personificación de lo más noble de su historia y de las más hermosas cualidades de su raza, por eso no cesó de aclamarlo como su héroe hasta su muerte, acaecida el 24 de enero de 1965.

Ir Arriba


George Washington

George Washington nació el 22 de febrero de 1732 a orillas del río Potomac, en la finca de Bridge's Creek, en el antiguo condado de Westmoreland, en el actual estado de Virginia. Pertenecía a una distinguida familia inglesa, oriunda de Northamptonshire, que había llegado a América a mediados del siglo XVII y había logrado amasar una considerable fortuna. Su padre, Augustine, dueño de inmensas propiedades, era un hombre ambicioso que había estudiado en Inglaterra y que al enviudar de su primera mujer, Jane Butler, quien le había dado cuatro hijos, contrajo segundas nupcias con Mary Ball, de una respetable familia de Virginia, que le dio otros seis vástagos, entre ellos George.

Poco se sabe de la infancia del futuro presidente, salvo que sus padres lo destinaban a una existencia de colono y por ello no fue más allá de las escuelas rurales de aquel tiempo: entre los siete y los quince años estudió de modo irregular, primero con el sacristán de la iglesia local y luego con un maestro llamado Williams. Alejado de toda preocupación literaria o filosófica, el muchacho recibió una educación rudimentaria en lo libresco, pero sólida en el orden práctico, al que lo inclinaba su activo temperamento.

Ya en la temprana adolescencia estaba suficientemente familiarizado con las tareas de los colonos como para cultivar tabaco y almacenar las uvas. En esa época, cuando tenía once años, murió su padre y pasó a la tutela de su hermanastro mayor, Lawrence, un hombre de buen carácter que, en cierta forma, fue su tutor. En su casa, George conoció un mundo más amplio y refinado, pues Lawrence estaba casado con Anne Fairfax, una de las grandes herederas de la región y acostumbraba codearse con la alta sociedad de Virginia.

Escuchando los relatos de su hermanastro, se despertó en él una temprana vocación militar y a los catorce años quiso hacerse soldado, aunque tuvo que desechar la idea ante la férrea oposición de su madre, quien se negó a que siguiera la carrera de las armas. Dos años más tarde comenzó a trabajar de agrimensor, como asistente de una expedición para medir las tierras de lord Fairfax en el valle de Shenandoah.

A partir de allí, las agotadoras jornadas en campo abierto, sin comodidades y expuesto a los peligros de la vida salvaje, le enseñaron no sólo a conocer las costumbres de los indios y las posibilidades de colonización del Oeste, sino a dominar su cuerpo y su mente, templándolo para la tarea que el futuro le reservaba. Pero de momento, aunque las preocupaciones políticas no le perturbaban (el joven Washington era un fiel súbdito de la corona inglesa), se sentía molesto por las limitaciones impuestas por la metrópoli a la colonización, ya que él y su hermanastro proyectaban llevar sus negocios a las tierras del Oeste.

A los veinte años ocurrió un cambio decisivo en su vida, que lo convirtió en cabeza de familia. Una tuberculosis acabó con la vida de Lawrence en 1752 y George heredó la plantación de Mount Vernon, una enorme finca con 8.000 acres y 18 esclavos. Así, pues, pasó a ser uno de los hombres más ricos de Virginia, y como tal actuaba: pronto se distinguió en los asuntos de la comunidad, fue un activo miembro de la Iglesia episcopal y se postuló como candidato, en 1755, a la Cámara de los Burgueses del distrito. También sobresalía en las diversiones; era un magnífico jinete, alto y de ojos azules, un gran cazador y mejor pescador; amaba el baile, el billar y los naipes y asistía a las carreras de caballos (tenía sus propias cuadras) y a cuantas representaciones teatrales se daban en la región. Pero su vocación de soldado no había muerto, y entre sus planes figuraba el ser también un brillante militar.

Por entonces, ingleses y franceses se disputaban el dominio de América del Norte, y la controversia sobre las rutas de la cabecera del Ohio había conducido a una extrema tensión entre los colonos. Washington se alistó en el ejército, y poco después de la muerte de su hermanastro fue nombrado por el gobernador Robert Dinwiddie comandante del distrito, con un sueldo de 100 dólares anuales. Ante las invasiones de los franceses por la frontera, en 1753, el gobernador le encargó la misión de practicar un reconocimiento en la zona limítrofe. A mediados de noviembre, Washington se puso en marcha al frente de seis hombres por el valle del Ohio, un país inhóspito, poblado de tribus salvajes y múltiples peligros. A pesar del frío y las nieves, pudo llevar a cabo la dura travesía hasta alcanzar Fort-Le Boeuf en Pennsylvania, una hazaña que comenzó a cimentar su fama.

Declarada en 1756 la guerra de los Siete Años, que para los colonos ingleses en América suponía la lucha por su expansión frente al predominio francés, Washington fue designado teniente coronel del regimiento de Virginia, a las órdenes del general Fry. Al morir éste en combate, le sucedió como jefe supremo de las fuerzas armadas del condado, pasando poco después a formar parte del estado mayor del general Braddock, que dirigía las tropas regulares enviadas por Inglaterra. El 9 de julio de 1755 se distinguió en la batalla de Monongahela por su coraje y capacidad de decisión, si bien ésta acabó en un desastre para los ingleses.

La derrota repercutió de tal forma en su ánimo que el joven militar se retiró a Mount Vernon con el firme propósito de no volver a tomar las armas. Pero no pudo llevarlo a cabo, pues los notables de Virginia le pidieron que se hiciera cargo de las tropas, a pesar de que sólo contaba con veintitrés años de edad. Washington conservó el mando entre 1755 y 1758, época en que también fue elegido como representante del condado de Frederic para la Cámara de los Burgueses de Virginia. Su nombre ya era popular, se le admiraba por su experiencia y tacto, y comenzaba a labrarse un sólido prestigio político interviniendo activamente en las deliberaciones de la asamblea.

Tras algunos sinsabores, desilusionado ante el curso de la guerra con Francia y la conducta de los comandantes británicos, Washington renunció a su cargo militar para regresar a Mount Vernon y al poco tiempo, el 6 de enero de 1759, se casó con Martha Dandridge, una mujer tan rica como bella, viuda del coronel Parke Custis y dueña de una de las mayores fortunas de Virginia. Poseía un gran número de esclavos, 15.000 valiosos acres y dos hijos de seis y cuatro años, que se convirtieron en la verdadera familia de Washington.

En Mount Vernon la pareja, unida más que por un amor apasionado por una armoniosa felicidad, llevaba la vida de los ricos propietarios, atentos a la prosperidad de sus tierras y al papel prominente que desempeñaban en la vida social de la región. Todo se hacía a lo grande, la ropa se compraba en Londres, las fiestas eran espléndidas y los huéspedes se contaban por cientos. Pero esta vida rumbosa se vería interrumpida por el vendaval político que pronto se abatió en la América del Norte.

El final de la guerra de los Siete Años, signado el 10 de febrero de 1762 por el Tratado de París, significó la renuncia de Francia a sus pretensiones sobre Acadia y Nueva Escocia y la posesión, por parte de Inglaterra, de Canadá y toda la región de Luisiana, salvo Nueva Orleans. Pero la discrepancia mercantil entre Londres y sus colonias aumentó a raíz de esta conclusión, pues el gobierno inglés consideró que todas sus posesiones habían de cooperar en la amortización de los gastos ocasionados por la guerra, ya que todas ellas se habían beneficiado de sus resultados.

De hecho, el déficit originado por la contienda era enorme, y en marzo de 1765 el parlamento inglés votó un impuesto que hirió los derechos tradicionales de las colonias, imponiendo el uso de papel timbrado para toda clase de contratos. Con verdadera ceguera política, al año siguiente impuso una serie de derechos aduaneros sobre el papel, el vidrio, el plomo y el té, que provocaron la indignación del mundo comercial norteamericano y la formación de ligas patrióticas contra el consumo de mercancías inglesas. A la vanguardia de las luchas que precedieron al estallido revolucionario habían de colocarse los aristócratas de Virginia y los demócratas de Massachusetts. Washington se sintió irritado por tales medidas, pero continuó considerándose un súbdito leal a Inglaterra y un hombre de opiniones moderadas.

En 1773 la población de Boston protestó contra los impuestos arrojando los cargamentos de té al mar. El hecho, conocido como el Boston Tea Party, acabó de abrirle los ojos a Washington y de volcarle hacia la defensa de las libertades americanas. Cuando los legisladores de Virginia se reunieron al año siguiente en Raleigh, él estuvo presente y firmó las resoluciones. En la primera legislatura revolucionaria de ese año pronunció un elocuente discurso declarando: «Organizaré un ejército de mil hombres, los mantendré con mi dinero y me pondré al frente de ellos para defender a Boston». Ya había dejado de ser un moderado cuando, vestido de uniforme, representó a Virginia en el Primer Congreso Continental que se celebró en Filadelfia en 1774. Sus cartas muestran que aún se oponía a la idea de la independencia, pero que estaba decidido a no renunciar a «la pérdida de los derechos y privilegios que son esenciales a la felicidad de todo Estado libre y sin los cuales la vida, la libertad y la propiedad se tornan totalmente inseguras».

Comenzadas las hostilidades entre ingleses y americanos en la batalla de Lexington, el 19 de abril de 1775, los autonomistas declararon sus anhelos de independencia frente a la corona inglesa. Todas las colonias se consideraron en guerra contra la metrópoli y, en el Segundo Congreso reunido en Filadelfia ese año, confiaron el mando de las tropas al plantador virginiano George Washington. Su elección fue en parte el resultante de un compromiso político entre Virginia y Massachusetts, pero también la consecuencia de la fama ganada en la campaña de Braddock y del talento con que impresionó a los delegados del Congreso.

El flamante jefe de las fuerzas coloniales se vio entonces frente a la arriesgada tarea de crear un ejército casi desde la nada y en presencia del enemigo. Al llegar a Boston se encontró con más de quince mil hombres, pero se trataba sólo de una masa confusa de insurrectos indisciplinados, divididos en bandas hostiles entre sí, a menudo en harapos y mal armados. Faltaban víveres y vituallas, y además, cada asamblea provincial dictaba órdenes a su capricho. Aquí demostró Washington sus brillantes dotes de organización y su incansable energía, disciplinando y adiestrando a los voluntarios inexpertos, reuniendo provisiones y llamando a las colonias en su apoyo. De esa forma organizó al ejército de Massachusetts, con el que pudo ocupar Boston y expulsar de Nueva Inglaterra a los ingleses del general Howe en 1776. Ese año, ante la llegada de nuevas tropas enviadas por la metrópoli, los americanos habían proclamado solemnemente la independencia de los Estados Unidos.

Washington había ganado el primer round contra las tropas de la corona, pero aún faltaban varios años de guerra en que los soldados americanos serían puestos al borde de la aniquilación. Entre los factores decisivos para alcanzar la victoria, en primer término figuraron su capacidad para infundir confianza a los soldados, su energía incansable y su gran sentido común. Nunca fue un genial estratega, ya que, como dijo Jefferson, «a menudo fracasó a campo abierto», pero supo mantener viva entre sus hombres la llama del patriotismo y escuchó siempre las opiniones de los generales a su mando, sin importarle dejar de lado su propio parecer.

Así, en un segundo momento, retiró sus tropas al sur y esperó la contraofensiva británica en Long Island, pero decidió retirarse debido a su inferioridad numérica respecto a Howe. Desde entonces, en Pennsylvania empleó una táctica de desgaste que le valió las victorias de Trenton y Princeton de 1776, aunque también las derrotas de Brandwine y Germantown del año siguiente. En retirada, contuvo a las fuerzas de Howe que avanzaban sobre Filadelfia. La ciudad no pudo resistir y cayó en manos del jefe británico, pero pronto los ingleses sufrieron un desastre considerable y el general Burgoyne fue obligado a capitular en Saratoga, el 17 de octubre, ante el asedio del jefe americano Gates.

Este éxito de la Revolución americana conmovió en Europa a los adeptos del enciclopedismo y a los partidarios del «hombre natural» de Rousseau. Voluntarios franceses como La Fayette, Rochaubeau y De Grasse, polacos como Kosciuszko y sudamericanos como Miranda, acudieron en auxilio de las huestes de Washington, que vio así facilitada su tarea. Después del terrible invierno de Valley Forge, donde se dedicó a adiestrar a sus tropas, pudo reanudar victoriosamente la lucha gracias a los refuerzos recibidos. El gobierno francés vio en el conflicto la oportunidad de vengar la derrota de la guerra de los Siete Años y, en 1778, firmó una alianza con los Estados Unidos, a la que se sumó al año siguiente Carlos III de España.

El auxilio de las tropas francesas fue tan eficaz que Washington pudo recuperar Filadelfia, sitiar Nueva York y dirigirse al sur para cortar el avance de lord Cornwallis, que iba al frente de once mil hombres, el grueso de las tropas inglesas. El 19 de octubre de 1781 éste se vio obligado a capitular, luego de caer prisionero con su ejército. Esta rendición provocó la definitiva victoria de los colonos y el reconocimiento de la independencia por parte de Inglaterra, antes de firmarse la paz en Versalles, el 20 de enero de 1783.

En plena guerra, en 1778, el Congreso había promulgado la Ley de Confederación, primera tentativa para constituir un bloque homogéneo con los trece estados de la Unión. Pero esta fórmula política dio escasos resultados, pues la guerra y la posguerra exigían más un poder central fuerte que un gobierno sin atribuciones. En la cumbre del prestigio y la fama, después de los triunfos militares, Washington tuvo que hacer frente a los problemas de la reconstrucción nacional. Por un lado se negó a aceptar la corona que algunos notables le ofrecían, dedicándose a combatir la reacción monárquica de algunos sectores del país, y por otro proclamó la necesidad de establecer una constitución.

Su postura federalista, defensora de la implantación de un poder central eficiente que defendiera los intereses americanos en el exterior y equilibrara las tendencias partidistas de los territorios, supo conciliarse con la de los republicanos, partidarios de conservar la independencia política y económica de los estados. El acuerdo entre ambos grupos fue expresado por la Constitución del 17 de septiembre de 1787, la primera carta constitucional escrita que reguló la forma de gobierno de un país. Una vez más, las dotes de organización y dirigente de Washington hicieron que las esperanzas fueran puestas en él, y el Congreso lo eligió como primer presidente de los Estados Unidos en 1789.

La prudencia, la sensatez y sobre todo un respeto casi religioso a la ley, fueron las notas dominantes de sus ocho años de gobierno. Al elegir a los cuatro miembros de su gabinete, Thomas Jefferson en la Secretaría de Estado, el general Henry Knox en la de Guerra, Alexander Hamilton en la del Tesoro y Edmund Randolph en la de Justicia, Washington estableció un cuidadoso equilibrio entre republicanos y federales, el cual posibilitó la puesta en marcha del aparato que habría de coordinar y dirigir la administración del país. Para hacer frente a los graves problemas económicos por los que éste atravesaba, aplicó una férrea política fiscal y se esforzó por asociar los grandes capitales con el Estado, a fin de comprometerlos en la estabilidad de la nación. Con idéntico objetivo creó el Banco de los Estados Unidos y, a fin de promover el desarrollo industrial, dictó una serie de medidas proteccionistas que le valieron el apoyo de la burguesía.

Elegido para un segundo mandato en 1793, ante sus dudas fue Jefferson quien le convenció de que aceptara el cargo nuevamente. En esta segunda etapa de gobierno tuvo que enfrentar serios problemas, como el suscitado en el Oeste por la oposición a los impuestos sobre el aguardiente, que originó en 1794 una sublevación, conocida como Whiskey Rebellion, la cual fue reprimida por las tropas enviadas por orden del presidente. Otro elemento de desgaste fue el choque entre Jefferson y Hamilton, motivado por la radicalización de la Revolución francesa y el conflicto armado que asolaba Europa. Mientras que el secretario de Estado se inclinaba por el apoyo de Estados Unidos a la Francia revolucionaria, el secretario del Tesoro defendía la neutralidad ante la contienda. Washington, que al principio había tratado de mantener la armonía entre ambos, apoyó, una vez declarada la guerra europea, las posiciones de Hamilton y se decidió por la neutralidad. No tardó mucho tiempo en declarar sus simpatías pro británicas, a pesar de la enorme deuda que su país tenía con Francia, y ello trajo como consecuencia el debilitamiento de las relaciones con esta nación. Thomas Jefferson, por su parte, manifestó su disconformidad abandonando el gobierno y, ya desde la oposición, se opuso al centralismo del presidente.

Así fue cómo la estrella política de Washington comenzó a declinar hasta ensombrecerse totalmente cuando se conocieron los términos de un acuerdo comercial firmado por Gran Bretaña, el Tratado Jay del 25 de junio de 1794, que provocó fuertes discusiones en el parlamento y una real merma de la popularidad presidencial. Aun así, fue elegido por tercera vez para ocupar el poder, pero en esta oportunidad se negó tajantemente, aduciendo que quería volver con su familia y a la paz de la vida privada. En realidad, le frenaba el miedo a la tentación dictatorial que desvirtuaría el origen democrático de su lucha por la independencia, y no dudó en regresar a su plantación de Virginia.

Ir Arriba


Thomas Jefferson

Tercer presidente de los Estados Unidos de América (Shadwell, Virginia, 1743 - Monticello, Virginia, 1826). Thomas Jefferson pertenecía a la aristocracia de grandes hacendados del Sur, posición que había completado haciéndose abogado. Sus inquietudes intelectuales le acercaron a la filosofía de las Luces y a las ideas liberales, haciéndole abandonar la religión.

Empezó a participar en la política de Virginia desde 1769, defendiendo la tolerancia religiosa y una enseñanza pública igualitaria. Cuando se agravó el conflicto entre Gran Bretaña y sus trece colonias norteamericanas, Jefferson defendió los derechos de éstas, publicando un ensayo de corte radical (Breve análisis de los derechos de la América británica, 1774). Durante la siguiente Guerra de Independencia, Thomas Jefferson fue elegido delegado de Virginia en la Convención continental de Filadelfia (1775), donde se distinguió como orador y como autor de declaraciones políticas. Redactó el borrador de la Declaración de Independencia (1776), donde plasmó las ideas de Locke; justificó la rebelión por las transgresiones del rey Jorge III contra los derechos reconocidos a los ciudadanos por la constitución no escrita de Gran Bretaña; su defensa de la democracia, de la igualdad, del derecho de los pueblos a disponer de sí mismos y del derecho natural de los hombres «a la vida, la libertad y la búsqueda de la felicidad» han marcado la historia posterior de los Estados Unidos.

Otro documento fundamental del que fue inspirador fue la Ordenanza del Noroeste (1787): en ella se regulaba la forma de expansión de las trece colonias originarias hacia los amplios territorios por colonizar en el Oeste, estableciendo en ellos gobernadores nombrados por el Congreso hasta que alcanzaran entidad demográfica suficiente para ser admitidos como estados de la Unión.

Thomas Jefferson fue gobernador de Virginia en 1779-81. Luego fue miembro del Congreso, defendiendo sin éxito la abolición de la esclavitud. Como embajador de Estados Unidos en París (1785-89) aprovechó su experiencia para asesorar al primer gobierno surgido de la Revolución francesa (1789). Más tarde fue nombrado por Washington primer secretario de Estado (ministro de Asuntos Exteriores) de Estados Unidos (1790-93). Desde esa época se enfrentó al secretario del Tesoro, Hamilton, perfilando el primer sistema bipartidista americano: Hamilton, líder de los «federalistas centralistas» o simplemente «federalistas» (antecedente ideológico del Partido Republicano), proponía reforzar el poder del gobierno federal al servicio de la expansión de la Unión y de la hegemonía de los capitalistas del Norte; Jefferson, dirigente de los «federalistas republicanos» o simplemente «republicanos» (precursores del Partido Demócrata), defendía la autonomía de los estados, especialmente para proteger los intereses del Sur, y un modelo democrático de pequeños propietarios independientes.

En 1796 perdió Thomas Jefferson las elecciones presidenciales frente al federalista John Adams, por lo que, en virtud de una disposición constitucional luego derogada, se convirtió en vicepresidente como segundo candidato más votado (1797-1801). Finalmente, ganó las elecciones en 1800 y 1804, por lo que fue presidente entre 1801 y 1809. Lo más relevante de sus dos mandatos fue la consolidación de un reparto de funciones entre los poderes constitucionales, según el cual el gobierno federal se encargaría de la defensa y la política exterior, dejando a los estados una amplia autonomía política interior; con ello llevó a la práctica sus convicciones filosóficas sobre la necesidad de limitar al poder para salvaguardar la libertad.

Jefferson también favoreció la futura expansión de los Estados Unidos, al adquirir de Francia el extenso territorio de Luisiana (1803) y potenciar las exploraciones hacia el oeste de Lewis y Clark (1804-06). Siguiendo el ejemplo de Washington, no se presentó a una tercera reelección (en 1808 se impuso el también republicano Madison), se retiró a cultivar sus múltiples aficiones intelectuales (1809) y fundó la Universidad de Virginia (1819).

Ir Arriba


Joseph Stalin

(Iosif o Jossif Vissariónovich Dzhugashvili) Dictador soviético (Gori, Georgia, 1879 - Moscú, 1953). Era hijo de un zapatero pobre y alcohólico de la región caucásica de Georgia, sometida a la Rusia de los zares. Quedó huérfano muy temprano y estudió en un seminario eclesiástico, de donde fue expulsado por sus ideas revolucionarias (1899). Entonces se unió a la lucha clandestina de los socialistas rusos contra el régimen zarista. Cuando en 1903 se escindió el Partido Socialdemócrata, siguió a la facción bolchevique que encabezaba Lenin.

Fue un militante activo y perseguido hasta el triunfo de la Revolución bolchevique de 1917, época de la que procede su sobrenombre de Stalin («hombre de acero»). La lealtad a Lenin y la falta de ideas propias le permitieron ascender en la burocracia del partido (rebautizado como Partido Comunista), hasta llegar a secretario general en 1922. Stalin emprendió entonces una pugna con Trotski por la sucesión de Lenin que, ya muy enfermo, moriría en 1924. Aunque el líder de la Revolución había indicado su preferencia por Trotski (pues consideraba a Stalin «demasiado cruel»), Stalin maniobró aprovechando su control sobre la información y sobre el aparato del Partido, aliándose con Zinoviev y Kamenev hasta imponerse a Trotski. La lucha por el poder se disfrazó de argumentos ideológicos, defendiendo cada bando una estrategia para consolidar el régimen comunista: la construcción del socialismo en un solo país (Stalin) contra la revolución permanente a escala mundial (Trotski).

Para Stalin lo esencial era la ambición de poder, pues una vez que eliminó a Trotski (al que mandó al exilio en 1929 y luego hizo asesinar en 1940), se desembarazó también del ala «izquierda» del partido (Zinoviev y Kamenev, ejecutados en 1936) y del ala «derecha» (Bujarin y Rikov, ejecutados en 1938) e instauró una sangrienta dictadura personal, apropiándose de las ideas políticas que habían sostenido sus rivales.

Stalin gobernó la Unión Soviética de forma tiránica desde los años treinta hasta su muerte, implantando el régimen más totalitario que haya existido jamás; pero también hay que atribuirle a él la realización del proyecto socioeconómico comunista en Rusia, la extensión de su modelo a otros países vecinos y la conversión de la URSS en una gran potencia.

Radicalizando las tendencias autoritarias presentes entre los bolcheviques desde la Revolución, acabó de eliminar del proyecto marxista-leninista todo rastro de ideas democráticas o emancipadoras: anuló todas las libertades, negó el más mínimo pluralismo y aterrorizó a la población instaurando un régimen policial. Dispuesto a eliminar no sólo a los discrepantes o sospechosos, sino a todo aquel que pudiera poseer algún prestigio o influencia propia, lanzó sucesivas purgas contra sus compañeros comunistas, que diezmaron el partido, eliminando a la plana mayor de la Revolución.

Con la misma violencia impuso la colectivización forzosa de la agricultura, hizo exterminar o trasladar a pueblos enteros como castigo o para solucionar problemas de minorías nacionales, y sometió todo el sistema productivo a la estricta disciplina de una planificación central obligatoria. Con inmensas pérdidas humanas consiguió, sin embargo, un crecimiento económico espectacular, mediante los planes quinquenales: en ellos se daba prioridad a una industrialización acelerada, basada en el desarrollo de los sectores energéticos y la industria pesada, a costa de sacrificar el bienestar de la población (sometida a durísimas condiciones de trabajo y a grandes privaciones en materia de consumo).

La represión impedía que se expresara el malestar de la población, apenas compensada con la mejora de los servicios estatales de transporte, sanidad y educación. A este precio consiguió Stalin convertir a la Unión Soviética en una gran potencia, capaz de ganar la Segunda Guerra Mundial (1939-45) y de compartir la hegemonía con los Estados Unidos en el orden bipolar posterior.

Stalin fue un político ambicioso y realista, movido por consideraciones de poder y no por ideales revolucionarios. Este maquiavelismo fue más palpable en su política exterior, donde la causa del socialismo quedó sistemáticamente postergada a los intereses nacionales de Rusia (convirtiendo a los partidos comunistas extranjeros en meros instrumentos de la política exterior soviética). No tuvo reparos en firmar un pacto de no agresión con la Alemania nazi para asegurarse la tranquilidad en sus fronteras, el reparto de Polonia y la anexión de Estonia, Letonia y Lituania (Pacto Germano-Soviético de 1939). A pesar de todo, Hitler invadió la URSS, arrastrando a Stalin a la guerra en 1941. Stalin movilizó eficazmente las energías del país apelando a sus sentimientos nacionalistas (proclamó la Gran Guerra Patriótica): organizó la evacuación de la industria de las regiones occidentales hacia los Urales, adoptando una estrategia de «tierra quemada». Con ayuda del clima, de las grandes distancias y de la lucha guerrillera de los partisanos, debilitó a los alemanes hasta recuperarse y pasar a la contraofensiva a partir de la batalla de Stalingrado (1942-43). Después el avance ruso fue arrollador hasta llegar más allá de Berlín.

Reforzado por la victoria, Stalin negoció con los aliados (Estados Unidos y Gran Bretaña) el orden internacional de la posguerra (Conferencias de Yalta y Postdam, 1945), obteniendo el reconocimiento de la URSS como gran potencia (con derecho de veto en la ONU, por ejemplo). Los aliados tuvieron que aceptar la influencia soviética en Europa central y occidental, donde Stalin estableció un cordón de «Repúblicas populares» satélites de la URSS.

Stalin mantuvo la inercia de la guerra, retrasando la desmovilización de su ejército hasta el momento en que pudo disponer de armas atómicas (1953) y fomentando la extensión del comunismo a países en los que existieran movimientos revolucionarios autóctonos (como Grecia, Turquía, China, Corea…). La resistencia norteamericana a sus planes dio lugar a la «guerra fría», clima de tensión bipolar a escala mundial entre un bloque comunista y un bloque occidental capitalista, que perduraría hasta la desaparición de la URSS.

Ir Arriba


Adolf Hitler

Máximo dirigente de la Alemania nazi (Braunau, Bohemia, 1889 - Berlín, 1945). Hijo de un aduanero austriaco, su infancia transcurrió en Linz y su juventud en Viena. La formación de Adolf Hitler fue escasa y autodidacta, pues apenas recibió educación. En Viena (1907-13) fracasó en su vocación de pintor, malvivió como vagabundo y vio crecer sus prejuicios racistas ante el espectáculo de una ciudad cosmopolita, cuya vitalidad intelectual y multicultural le era por completo incomprensible.

De esa época data su conversión al nacionalismo germánico y al antisemitismo. En 1913 Adolf Hitler huyó del Imperio Austro-Húngaro para no prestar servicio militar; se refugió en Munich y se enroló en el ejército alemán durante la Primera Guerra Mundial (1914-18). La derrota le hizo pasar a la política, enarbolando un ideario de reacción nacionalista, marcado por el rechazo del nuevo régimen democrático de la República de Weimar, a cuyos políticos acusaba de haber traicionado a Alemania aceptando las humillantes condiciones de paz del Tratado de Versalles (1918).

De vuelta a Munich, Hitler ingresó en un pequeño partido ultraderechista, del que pronto se convertiría en dirigente principal, rebautizándolo como Partido Nacionalsocialista de los Trabajadores Alemanes (NSDAP). Dicho partido se declaraba nacionalista, antisemita, anticomunista, antisocialista, antiliberal, antidemócrata, antipacifista y anticapitalista, aunque este último componente revolucionario de carácter social quedaría pronto en el olvido; este abigarrado conglomerado ideológico, fundamentalmente negativo, se alimentaba de los temores de las clases medias alemanas ante las incertidumbres del mundo moderno. Influenciado por el fascismo de Mussolini, este movimiento, adverso tanto a lo existente como a toda tendencia de progreso, representaba la respuesta reaccionaria a la crisis del Estado liberal que la guerra había acelerado.

Sin embargo, Hitler tardaría en hacer oír su propaganda. En 1923 fracasó en un primer intento de tomar el poder desde Munich, apoyándose en las milicias armadas de Ludendorff («Putsch de la Cervecería»). Fue detenido, juzgado y encarcelado, aunque tan sólo pasó en la cárcel un año y medio, tiempo que aprovechó para plasmar sus estrafalarias ideas políticas en un libro que tituló “Mi lucha” y que diseñaba las grandes líneas de su actuación posterior. De nuevo en libertad desde 1925, Hitler reconstituyó el NSDAP expulsando a los posibles rivales y se rodeó de un grupo de colaboradores fieles como Goering, Himmler y Goebbels. La profunda crisis económica desatada desde 1929 y las dificultades políticas de la República de Weimar le proporcionaron una audiencia creciente entre las legiones de parados y descontentos dispuestos a escuchar su propaganda demagógica, envuelta en una parafernalia de desfiles, banderas, himnos y uniformes.

Combinando hábilmente la lucha política legal con el uso ilegítimo de la violencia en las calles, los nacionalsocialistas o nazis fueron ganando peso electoral hasta que Hitler -que nunca había obtenido mayoría- se hizo confiar el gobierno por el presidente Hindenburg en 1933. Desde la Cancillería, Hitler destruyó el régimen constitucional y lo sustituyó por una dictadura de partido único basada en su poder personal. El Tercer Reich así creado fue un régimen totalitario basado en un nacionalismo exacerbado y en un complejo de superioridad racial sin fundamento científico alguno (basado en estereotipos que contrastaban con la ridícula figura del propio Hitler).

Tras la muerte de Hindenburg, Hitler se hizo nombrar Führer o «caudillo» de Alemania y se hizo prestar juramento por el ejército. La sangrienta represión contra los disidentes culminó en la purga de las propias filas nazis durante la «Noche de los Cuchillos Largos» (1934) y la instauración de un control policial total de la sociedad, mientras que la persecución contra los judíos, iniciada con las racistas “Leyes de Nuremberg” (1935) y con el pogromo conocido como la «Noche de los Cristales Rotos» (1938) culminó con el exterminio sistemático de los judíos europeos a partir de 1939 (la «Solución Final»).

La política internacional de Hitler fue la clave de su prometida reconstitución de Alemania, basada en desviar la atención de los conflictos internos hacia una acción exterior agresiva. Se alineó con la dictadura fascista italiana, con la que intervino en auxilio de Franco en la Guerra Civil española (1936-39), ensayo general para la posterior contienda mundial; y completó sus alianzas con la incorporación del Japón en una alianza antisoviética (Pacto Antikomintern, 1936) hasta formar el Eje Berlín-Roma-Tokyo (1937).

Militarista convencido, Hitler empezó por rearmar al país para hacer respetar sus demandas por la fuerza (restauración del servicio militar obligatorio en 1935, remilitarización de Renania en 1936); con ello reactivó la industria alemana, redujo el paro y prácticamente superó la depresión económica que le había llevado al poder. Luego, apoyándose en el ideal pangermanista, reclamó la unión de todos los territorios de habla alemana: primero se retiró de la Sociedad de Naciones, rechazando sus métodos de arbitraje pacífico (1933); luego forzó el asesinato de Dollfuss (1934) y el Anschluss o anexión de Austria (1938); a continuación invadió la región checa de los Sudetes y, tras engañar a la diplomacia occidental prometiendo no tener más ambiciones (Conferencia de Munich, 1938), ocupó el resto de Checoslovaquia, la dividió en dos y la sometió a un protectorado; aún se permitió arrebatar a Lituania el territorio de Memel (1939).

Pero, cuando el conflicto en torno a la ciudad libre de Danzig le llevó a invadir Polonia, Francia y Gran Bretaña reaccionaron y estalló la Segunda Guerra Mundial (1939-45). Hitler había preparado sus fuerzas para esta gran confrontación, que según él habría de permitir la expansión de Alemania hasta lograr la hegemonía mundial (Protocolo Hossbach, 1937); en previsión del estallido bélico había reforzado su alianza con Italia (Pacto de Acero, 1939) y, sobre todo, había concluido un Pacto de no-agresión con la Unión Soviética (1939), acordando con Stalin el reparto de Polonia.

El moderno ejército que había preparado obtuvo brillantes victorias en todos los frentes durante los primeros años de la guerra, haciendo a Hitler dueño de casi toda Europa mediante una «guerra relámpago»: ocupó Dinamarca, Noruega, Holanda, Bélgica, Luxemburgo, Francia, Yugoslavia, Grecia. (mientras que Italia, España, Hungría, Rumanía, Bulgaria y Finlandia eran sus aliadas, y países como Suecia y Suiza declaraban una neutralidad benévola). Sólo Gran Bretaña resistió el intento de invasión (batalla aérea de Inglaterra, 1940-41); pero la suerte de Hitler empezó a cambiar cuando lanzó la invasión de Rusia, respondiendo tanto al ideal anticomunista básico del nazismo como al proyecto de arrebatar a la «inferior» raza eslava del este el «espacio vital» que soñaba para engrandecer a Alemania (1941). A partir de la batalla de Stalingrado (1943), el curso de la guerra se invirtió y las fuerzas soviéticas comenzaron una contraofensiva que no se detendría hasta tomar Berlín en 1945; simultáneamente se reabrió el frente occidental con el aporte masivo en hombres y armas procedente de Estados Unidos (involucrados en la guerra desde 1941), que permitió el desembarco de Normandía (1944).

Derrotados y fracasados todos sus proyectos, Hitler vio cómo empezaban a abandonarle sus colaboradores y la propia Alemania era arrasada por los ejércitos aliados; en su limitada visión del mundo no había sitio para el compromiso o la rendición, de manera que arrastró a su país hasta la catástrofe y finalmente se suicidó en el búnker de la Cancillería de Berlín donde se había refugiado, después de haber sacudido al mundo con su sueño de hegemonía mundial de la «raza» alemana, que provocó una guerra total a escala planetaria y un genocidio sin precedentes en los campos de concentración.

Ir Arriba


Cristóbal Colón

Descubridor de América (Génova?, 1451 - Valladolid, 1506). El origen de este navegante, probablemente italiano, está envuelto en el misterio por obra de sí mismo y de su primer biógrafo, su hijo Hernando. Parece ser que Cristóbal Colón empezó como artesano y comerciante modesto y que tomó contacto con el mar a través de la navegación de cabotaje con fines mercantiles.

En 1476 naufragó la flota genovesa en la que viajaba, al ser atacada por corsarios franceses cerca del cabo de San Vicente (Portugal); desde entonces Colón se estableció en Lisboa como agente comercial de la casa Centurione, para la que realizó viajes a Madeira, Guinea, Inglaterra e incluso Islandia (1477). Luego se dedicó a hacer mapas y a adquirir una formación autodidacta: aprendió las lenguas clásicas que le permitieron leer los tratados geográficos antiguos (tomando conocimiento de la idea de la esfericidad de la Tierra, defendida por Aristóteles); y empezó a tomar contacto con los grandes geógrafos de la época (como el florentino Toscanelli).

De unos y otros le vino a Cristóbal Colón la idea de que la Tierra era esférica y de que la costa oriental de Asia podía alcanzarse fácilmente navegando hacia el oeste (ya que una serie de cálculos erróneos le habían hecho subestimar el perímetro del Globo y suponer, por tanto, que Japón se encontraba a 2.400 millas marinas de Canarias, aproximadamente la situación de las Antillas). Marineros portugueses versados en la navegación atlántica le informaron seguramente de la existencia de islas que permitían hacer escala en la navegación transoceánica; e incluso es posible que, como aseguran teorías menos contrastadas, tuviera noticia de la existencia de tierras por explorar al otro lado del Océano, procedentes de marinos portugueses o nórdicos (o de los papeles de su propio suegro, colonizador de Madeira). Con todo ello, Colón concibió su proyecto de abrir una ruta naval hacia Asia por el oeste, basado en la acertada hipótesis de que la Tierra era redonda y en el doble error de suponerla más pequeña de lo que es e ignorar la existencia del continente americano, que se interponía en la ruta proyectada. El interés económico del proyecto era indudable en aquella época, ya que el comercio europeo con Extremo Oriente era extremadamente lucrativo, basado en la importación de especias y productos de lujo; dicho comercio se realizaba por tierra a través de Oriente Medio, controlado por los árabes; los portugueses llevaban años intentando abrir una ruta marítima a la India bordeando la costa africana (empresa que culminaría Vasco da Gama en 1498).

Colón ofreció su proyecto al rey Juan II de Portugal, quien lo rechazó asesorado por un comité de expertos. Probó suerte entonces en España con el duque de Medina Sidonia y con los Reyes Católicos, que lo rechazaron igualmente, por considerarlo inviable y por las desmedidas pretensiones de Colón. Finalmente, la reina Isabel aprobó el proyecto de Colón por mediación del tesorero del rey, Luis de Santángel, a raíz de la toma de Granada, que ponía fin a la reconquista cristiana de la Península frente al Islam (1492). La reina otorgó las Capitulaciones de Santa Fe, por las que concedía a Colón una serie de privilegios como contrapartida a su arriesgada empresa; y financió una flotilla de tres carabelas -la Pinta, la Niña y la Santa María-, con las que Colón partió de Palos el 3 de agosto de 1492.

Navegó hasta Canarias y luego hacia el oeste, alcanzando la isla de Guanahaní (San Salvador, en las Bahamas) el 12 de octubre; en aquel viaje descubrió también Cuba y La Española (Santo Domingo) e incluso construyó allí un primer establecimiento español con los restos del naufragio de la Santa María (el fuerte Navidad). Persuadido de que había alcanzado las costas asiáticas, regresó a España con las dos naves restantes en 1493.

Colón realizó tres viajes más para continuar la exploración de aquellas tierras: en el segundo (1493-96) tocó Cuba, Jamaica y Puerto Rico y fundó la ciudad de La Isabela; pero hubo de regresar a España para hacer frente a las acusaciones surgidas del descontento por su forma de gobernar La Española. En el tercer viaje (1498-1500) descubrió Trinidad y tocó tierra firme en la desembocadura del Orinoco; pero la sublevación de los colonos de La Española forzó su destitución como gobernador y su envío prisionero a España. Tras ser juzgado y rehabilitado, se le renovaron todos los privilegios -excepto el poder virreinal- y emprendió un cuarto viaje (1502) con prohibición de acercarse a La Española; recorrió la costa centroamericana de Honduras, Nicaragua, Costa Rica y Panamá. Regresó a España aquel mismo año y pasó el resto de su vida intentando conseguir mercedes reales para sí mismo y para sus descendientes, pues el rey Fernando intentaba recortar los privilegios concedidos ante las proporciones que iba tomando el descubrimiento y la inconveniencia de dejar a un advenedizo como único señor de las Indias.

Colón había descubierto América fortuitamente como consecuencia de su intuición y fuerza de voluntad. Aunque fracasó en su idea original de abrir una nueva ruta comercial entre Europa y Asia, abrió algo más importante: un «Nuevo Mundo» que, en los años siguientes, sería explorado por navegantes, misioneros y soldados de España y Portugal, incorporando un vasto imperio a la civilización occidental y modificando profundamente las condiciones políticas y económicas del Viejo Continente. Aunque los vikingos habían llegado a América del Norte unos quinientos años antes (expedición de Leif Ericson), no habían dejado establecimientos permanentes ni habían hecho circular la noticia del descubrimiento, quedando éste, por tanto, sin consecuencias hasta tiempos de Colón.

Ir Arriba


Nicolás Maquiavelo

(Florencia, 1469-1527) Escritor y estadista florentino. Nacido en el seno de una familia noble empobrecida, Nicolás Maquiavelo vivió en Florencia en tiempos de Lorenzo y Pedro de Médicis. Tras la caída de Savonarola (1498) fue nombrado secretario de la segunda cancillería encargada de los Asuntos Exteriores y de la Guerra de la ciudad, cargo que ocupó hasta 1512 y que le llevó a realizar importantes misiones diplomáticas ante el rey de Francia, el emperador Maximiliano I y César Borgia, entre otros.

Su actividad diplomática desempeñó un papel decisivo en la formación de su pensamiento político, centrado en el funcionamiento del Estado y en la psicología de sus gobernantes. Su principal objetivo político fue preservar la soberanía de Florencia, siempre amenazada por las grandes potencias europeas, y para conseguirlo creó la milicia nacional en 1505. Intentó sin éxito propiciar el acercamiento de posiciones entre Luis XII de Francia y el papa Julio II, cuyo enfrentamiento terminó con la derrota de los franceses y el regreso de los Médicis a Florencia (1512). Como consecuencia de este giro político, Maquiavelo cayó en desgracia, fue acusado de traición, encarcelado y levemente torturado (1513). Tras recuperar la libertad se retiró a una casa de su propiedad en las afueras de Florencia, donde emprendió la redacción de sus obras, entre ellas su obra maestra, “El príncipe” (Il principe), que Maquiavelo terminó en 1513 y dedicó a Lorenzo de Médicis (a pesar de ello, sólo sería publicada después de su muerte).

En 1520, el cardenal Julio de Médicis le confió varias misiones y, cuando se convirtió en Papa, con el nombre de Clemente VII (1523), Maquiavelo pasó a ocupar el cargo de superintendente de fortificaciones (1526). En 1527, las tropas de Carlos I de España tomaron y saquearon Roma, lo que trajo consigo la caída de los Médicis en Florencia y la marginación política de Maquiavelo, quien murió poco después de ser apartado de todos sus cargos.

La obra de Nicolás Maquiavelo se adentra por igual en los terrenos de la política y la literatura. Sus textos políticos e históricos son deudores de su experiencia diplomática al servicio de Florencia, caso de “Descripción de las cosas de Alemania” (Ritrato delle cose della Alemagna, 1532). En “Discursos sobre la primera década de Tito Livio” (Discorsi sopra la prima deca di Tito Livio, 1512-1519) esbozó, anticipándose a Vico, la teoría cíclica de la historia: la monarquía tiende a la tiranía, la aristocracia se transforma en oligarquía y la democracia en anarquía, lo que lleva de nuevo a la monarquía.

En “El príncipe”, obra inspirada en la figura de César Borgia, Maquiavelo describe distintos modelos de Estado según cuál sea su origen (la fuerza, la perversión, el azar) y deduce las políticas más adecuadas para su pervivencia. Desde esa perspectiva se analiza el perfil psicológico que debe tener el príncipe y se dilucida cuáles son las virtudes humanas que deben primar en su tarea de gobierno. Maquiavelo concluye que el príncipe debe aparentar poseer ciertas cualidades, ser capaz de fingir y disimular bien y subordinar todos los valores morales a la razón de Estado, encarnada en su persona.

El pensamiento histórico de Nicolás Maquiavelo quedó plasmado fundamentalmente en dos obras: “La vida de Castruccio Castracani de Luca” (1520) e “Historia de Florencia” (Istorie fiorentine, 1520-1525). Entre sus trabajos literarios se cuentan variadas composiciones líricas, como “Las decenales” (Decennali, 1506-1509) o “El asno de oro” (L'asino d’oro, 1517), pero sobre todas ellas destaca su comedia “La mandrágora” (Mandragola, 1520), sátira mordaz de las costumbres florentinas de la época. “Clizia” (1525) es una comedia en cinco actos, de forma aparentemente clásica, que se sitúa en la realidad contemporánea que Maquiavelo tanto deseaba criticar.

Ir Arriba


Isaac Newton

Isaac Newton nació el 25 de diciembre de 1642 (4 de enero de 1643, según el calendario gregoriano), en la pequeña aldea de Woolsthorpe, en el Lincolnshire. Al fallecer su padre, su madre contrajo matrimonio con el reverendo Barnabas Smith, rector de North Witham, lo que tuvo como consecuencia un hecho que influiría decisivamente en el desarrollo del carácter de Newton: Hannah se trasladó a la casa de su nuevo marido y su hijo quedó en Woolsthorpe al cuidado de su abuela materna.

Del odio que ello le hizo concebir a Newton contra su madre y el reverendo Smith da buena cuenta el que en una lista de «pecados» de los que se autoinculpó a los diecinueve años, el número trece fuera el haber deseado incendiarles su casa con ellos dentro. Cuando Newton contaba doce años, su madre, otra vez viuda, regresó a Woolsthorpe, trayendo consigo una sustanciosa herencia que le había legado su segundo marido (y de la que Newton se beneficiaría a la muerte de ella en 1679), además de tres hermanastros para Isaac, dos niñas y un niño. Un año más tarde Newton fue inscrito en la King's School de la cercana población de Grantham. Hay testimonios de que en los años que allí pasó alojado en la casa del farmacéutico, se desarrolló su poco usual habilidad mecánica, que ejercitó en la construcción de diversos mecanismos (el más citado es un reloj de agua) y juguetes (las famosas cometas, a cuya cola ataba linternas que por las noches asustaban a sus convecinos). También se produjo un importante cambio en su carácter: su inicial indiferencia por los estudios, surgida probablemente de la timidez y el retraimiento, se cambió en feroz espíritu competitivo que le llevó a ser el primero de la clase, a raíz de una pelea con un compañero de la que salió vencedor.

Cumplidos los dieciséis años, su madre lo hizo regresar a casa para que empezara a ocuparse de los asuntos de la heredad. Sin embargo, el joven Isaac no se mostró en absoluto interesado por asumir sus responsabilidades como terrateniente; su madre, aconsejada por el maestro de Newton y por su propio hermano, accedió a que regresara a la escuela para preparar su ingreso en la universidad. Éste se produjo en junio de 1661, cuando Newton fue admitido en el Trinity College de Cambridge. Empezó a recibir una educación convencional en los principios de la filosofía aristotélica (por aquel entonces, los centros que destacaban en materia de estudios científicos se hallaban en Oxford y Londres), pero en 1663 se despertó su interés por las cuestiones relativas a la investigación experimental de la naturaleza, que estudió por su cuenta.

Fruto de esos esfuerzos independientes fueron sus primeras notas acerca de lo que luego sería su cálculo de fluxiones, estimuladas quizá por algunas de las clases del matemático y teólogo Isaac Barrow; sin embargo, Newton hubo de ser examinado por Barrow en 1664 al aspirar a una beca y no consiguió entonces inspirarle ninguna opinión especialmente favorable.

Al declararse en Londres la gran epidemia de peste de 1665, Cambridge cerró sus puertas y Newton regresó a Woolsthorpe. En marzo de 1666 se reincorporó al Trinity, que de nuevo interrumpió sus actividades en junio al reaparecer la peste, y no reemprendió definitivamente sus estudios hasta abril de 1667. En una carta póstuma, el propio Newton describió los años de 1665 y 1666 como su «época más fecunda de invención», durante la cual «pensaba en las matemáticas y en la filosofía mucho más que en ningún otro tiempo desde entonces».

El método de fluxiones, la teoría de los colores y las primeras ideas sobre la atracción gravitatoria, relacionadas con la permanencia de la Luna en su órbita en torno a la Tierra, fueron los logros que Newton mencionó como fechados en esos años, y él mismo se encargó de propagar, también hacia el final de su vida, la anécdota que relaciona sus primeros pensamientos sobre la ley de la gravedad con la observación casual de una manzana cayendo de alguno de los frutales de su jardín (Voltaire fue el encargado de propagar en letra impresa la historia, que conocía por la sobrina de Newton).

A su regreso definitivo a Cambridge, Newton fue elegido miembro becario del Trinity College en octubre de 1667, y dos años más tarde sucedió a Barrow en su cátedra. Por esa época, Newton redactó sus primeras exposiciones sistemáticas del cálculo infinitesimal que no se publicaron hasta más tarde. En 1664 ó 1665 había hallado la famosa fórmula para el desarrollo de la potencia de un binomio con un exponente cualquiera, entero o fraccionario, aunque no dio noticia escrita del descubrimiento hasta 1676, en dos cartas dirigidas a Henry Oldenburg, secretario de la Royal Society; el teorema lo publicó por vez primera en 1685 John Wallis, el más importante de los matemáticos ingleses inmediatamente anteriores a Newton, reconociendo debidamente la prioridad de este último en el hallazgo.

El procedimiento seguido por Newton para establecer la fórmula binomial tuvo la virtud de hacerle ver el interés de las series infinitas para el cálculo infinitesimal, legitimando así la intervención de los procesos infinitos en los razonamientos matemáticos y poniendo fin al rechazo tradicional de los mismos impuesto por la matemática griega. La primera exposición sustancial de su método de análisis matemático por medio de series infinitas la escribió Newton en 1669; Barrow conoció e hizo conocer el texto, y Newton recibió presiones encaminadas a que permitiera su publicación, pese a lo cual (o quizá precisamente por ello) el escrito no llegó a imprimirse hasta 1711.

Tampoco en las aulas divulgó Newton sus resultados matemáticos, que parece haber considerado más como una herramienta para el estudio de la naturaleza que como un tema merecedor de atención en sí; el capítulo de la ciencia que eligió tratar en sus clases fue la óptica, a la que venía dedicando su atención desde que en 1666 tuviera la idea que hubo de llevarle a su descubrimiento de la naturaleza compuesta de la luz. En febrero de 1672 presentó a la Royal Society su primera comunicación sobre el tema, pocos días después de que dicha sociedad lo hubiera elegido como uno de sus miembros en reconocimiento de su construcción de un telescopio reflector. La comunicación de Newton aportaba la indiscutible evidencia experimental de que la luz blanca era una mezcla de rayos de diferentes colores, caracterizado cada uno por su distinta refrangibilidad al atravesar un prisma óptico.

Newton consideró, con justicia, que su descubrimiento era «el más singular, cuando no el más importante, de los que se han hecho hasta ahora relativos al funcionamiento de la naturaleza». Pero sus consecuencias inmediatas fueron las de marcar el inicio de cuatro años durante los que, como él mismo le escribió a Leibniz en diciembre de 1675, «me vi tan acosado por las discusiones suscitadas a raíz de la publicación de mi teoría sobre la luz, que maldije mi imprudencia por apartarme de las considerables ventajas de mi silencio para correr tras una sombra».

El primero en oponerse a las ideas de Newton en materia de óptica fue Robert Hooke, a quien la Royal Society encargó que informara acerca de la teoría presentada por aquél. Hooke defendía una concepción ondulatoria de la luz, frente a las ideas de Newton, precisadas en una nueva comunicación de 1675 que hacían de la luz un fenómeno resultante de la emisión de corpúsculos luminosos por parte de determinados cuerpos. La acritud de la polémica determinó que Newton renunciara a publicar un tratado que contuviera los resultados de sus investigaciones hasta después de la muerte de Hooke y, en efecto, su Opticks no se publicó hasta 1704. Por entonces, la obra máxima de Newton había ya visto la luz. En 1676 Newton renunció a proseguir la polémica acerca de su teoría de los colores y por unos años, se refugió de nuevo en la intimidad de sus trabajos sobre el cálculo diferencial y en su interés (no por privado, menos intenso) por dos temas aparentemente alejados del mundo sobrio de sus investigaciones sobre la naturaleza: la alquimia y los estudios bíblicos. La afición de Newton por la alquimia (John Maynard Keynes lo llamó «el último de los magos») estaba en sintonía con su empeño por trascender el mecanicismo de observancia estrictamente cartesiana que todo lo reducía a materia y movimiento y llegar a establecer la presencia efectiva de lo espiritual en las operaciones de la naturaleza.

Newton no concebía el cosmos como la creación de un Dios que se había limitado a legislarlo para luego ausentarse de él, sino como el ámbito donde la voluntad divina habitaba y se hacía presente, imbuyendo en los átomos que integraban el mundo un espíritu que era el mismo para todas las cosas y que hacía posible pensar en la existencia de un único principio general de orden cósmico. Y esa búsqueda de la unidad en la naturaleza por parte de Newton fue paralela a su persecución de la verdad originaria a través de las Sagradas Escrituras, persecución que hizo de él un convencido antitrinitario y que seguramente influyó en sus esfuerzos hasta conseguir la dispensa real de la obligación de recibir las órdenes sagradas para mantener su posición en el Trinity College.

En 1679 Newton se ausentó de Cambridge durante varios meses con motivo de la muerte de su madre, y a su regreso en el mes de noviembre, recibió una carta de Hooke, por entonces secretario de la Royal Society, en la que éste trataba de que Newton restableciera su contacto con la institución y le sugería la posibilidad de hacerlo comentando las teorías del propio Hooke acerca del movimiento de los planetas. Como resultado, Newton reemprendió una correspondencia sobre el tema que, con el tiempo, habría de desembocar en reclamaciones de prioridad para Hooke en la formulación de la ley de la atracción gravitatoria; por el momento, su efecto fue el de devolverle a Newton su interés por la dinámica y hacerle ver que la trayectoria seguida por un cuerpo que se moviera bajo el efecto de una fuerza inversamente proporcional al cuadrado de las distancias, tendría forma elíptica (y no sería una espiral, como él creyó en principio, dando pie a ser corregido por Hooke).

Cuando cinco años más tarde Edmond Halley, quien por entonces ya había observado el cometa que luego llevó su nombre, visitó a Newton en Cambridge y le preguntó cuál sería la órbita de un planeta si la gravedad disminuyese con el cuadrado de la distancia, su respuesta fue inmediata: una elipse. Maravillado por la rapidez con que Newton consideraba resuelto un asunto en cuyo esclarecimiento andaban compitiendo desde hacía varios meses Hooke y el propio Halley, éste inquirió cómo podía conocer Newton la forma de la curva y obtuvo una contestación tajante: «La he calculado». La distancia que iba entre el atisbo de una verdad y su demostración por el cálculo marcaba la diferencia fundamental entre Hooke y Newton, a la par que iluminaba sobre el sentido que este último daría a su insistente afirmación de «no fingir hipótesis».

Sin embargo, en aquel día del verano de 1684 Newton no pudo encontrar sus cálculos para mostrárselos a Halley, y éste tuvo que conformarse con la promesa de que le serían enviados una vez rehechos. La reconstrucción, empero, chocó con un obstáculo: demostrar que la fuerza de atracción entre dos esferas es igual a la que existiría si las masas de cada una de ellas estuviesen concentradas en los centros respectivos. Newton resolvió ese problema en febrero de 1685, tras comprobar la validez de su ley de la atracción gravitatoria mediante su aplicación al caso de la Luna; la idea, nacida veinte años antes, quedó confirmada entonces merced a la medición precisa del radio de la Tierra realizada por el astrónomo francés Jean Picard.

El camino quedaba abierto para reunir todos los resultados en un tratado sobre la ciencia del movimiento: los Philosophiae naturalis principia mathematica (Los principios matemáticos de la filosofía natural), que contenían la primera exposición impresa del cálculo infinitesimal creado por Newton, aunque éste prefirió que, en general, la obra presentara los fundamentos de la física y la astronomía formulados en el lenguaje sintético de la geometría. Newton no fue el primero en servirse de aquel tipo de cálculo; de hecho, la primera edición de su obra contenía el reconocimiento de que Leibniz estaba en posesión de un método análogo. Sin embargo, la disputa de prioridades en que se enzarzaron los partidarios de uno y otro determinó que Newton suprimiera la referencia a Leibniz en la tercera edición de 1726. El detonante de la polémica (orquestada por el propio Newton entre bastidores) lo constituyó la insinuación de que Leibniz podía haber cometido plagio, expresada en 1699 por Nicolas Fatio de Duillier, un matemático suizo admirador de Newton, con el que mantuvo una íntima amistad de 1689 a 1693.

En 1705 se le otorgó el título de sir. A principios de 1722 sufrió una afección renal que lo tuvo seriamente enfermo durante varios meses y en 1724 se produjo un nuevo cólico nefrítico. En los primeros días de marzo de 1727 el alojamiento de otro cálculo en la vejiga marcó el comienzo de su agonía: Newton murió en la madrugada del 20 de marzo, tras haberse negado a recibir los auxilios finales de la Iglesia, consecuente con su aborrecimiento del dogma de la Trinidad.

Ir Arriba


Albert Einstein

Albert Einstein nació en la ciudad bávara de Ulm el 14 de marzo de 1879. Fue el hijo primogénito de Hermann Einstein y de Pauline Koch, judíos ambos, cuyas familias procedían de Suabia. Al siguiente año se trasladaron a Munich, en donde el padre se estableció, junto con su hermano Jakob, como comerciante en las novedades electrotécnicas de la época.

El pequeño Albert fue un niño quieto y ensimismado, que tuvo un desarrollo intelectual lento. El propio Einstein atribuyó a esa lentitud el hecho de haber sido la única persona que elaborase una teoría como la de la relatividad: «un adulto normal no se inquieta por los problemas que plantean el espacio y el tiempo, pues considera que todo lo que hay que saber al respecto lo conoce ya desde su primera infancia. Yo, por el contrario, he tenido un desarrollo tan lento que no he empezado a plantearme preguntas sobre el espacio y el tiempo hasta que he sido mayor».

En 1894, las dificultades económicas hicieron que la familia (aumentada desde 1881, por el nacimiento de una hija, Maya) se trasladara a Milán; Einstein permaneció en Munich para terminar sus estudios secundarios, reuniéndose con sus padres al año siguiente. En el otoño de 1896, inició sus estudios superiores en la Eidgenossische Technische Hochschule de Zurich, en donde fue alumno del matemático Hermann Minkowski, quien posteriormente generalizó el formalismo cuatridimensional introducido por las teorías de su antiguo alumno. El 23 de junio de 1902, empezó a prestar sus servicios en la Oficina Confederal de la Propiedad Intelectual de Berna, donde trabajó hasta 1909. En 1903, contrajo matrimonio con Mileva Maric, antigua compañera de estudios en Zurich, con quien tuvo dos hijos: Hans Albert y Eduard, nacidos respectivamente en 1904 y en 1910. En 1919 se divorciaron, y Einstein se casó de nuevo con su prima Elsa.

Durante 1905, publicó cinco trabajos en los Annalen der Physik: el primero de ellos le valió el grado de doctor por la Universidad de Zurich, y los cuatro restantes acabaron por imponer un cambio radical en la imagen que la ciencia ofrece del universo. De éstos, el primero proporcionaba una explicación teórica, en términos estadísticos, del movimiento browniano, y el segundo daba una interpretación del efecto fotoeléctrico basada en la hipótesis de que la luz está integrada por cuantos individuales, más tarde denominados fotones; los dos trabajos restantes sentaban las bases de la teoría restringida de la relatividad, estableciendo la equivalencia entre la energía E de una cierta cantidad de materia y su masa m, en términos de la famosa ecuación E = mc², donde c es la velocidad de la luz, que se supone constante.

El esfuerzo de Einstein lo situó inmediatamente entre los más eminentes de los físicos europeos, pero el reconocimiento público del verdadero alcance de sus teorías tardó en llegar; el Premio Nobel de Física, que se le concedió en 1921 lo fue exclusivamente «por sus trabajos sobre el movimiento browniano y su interpretación del efecto fotoeléctrico». En 1909, inició su carrera de docente universitario en Zurich, pasando luego a Praga y regresando de nuevo a Zurich en 1912 para ser profesor del Politécnico, en donde había realizado sus estudios. En 1914 pasó a Berlín como miembro de la Academia de Ciencias prusiana. El estallido de la Primera Guerra Mundial le forzó a separarse de su familia, por entonces de vacaciones en Suiza y que ya no volvió a reunirse con él.

Contra el sentir generalizado de la comunidad académica berlinesa, Einstein se manifestó por entonces abiertamente antibelicista, influido en sus actitudes por las doctrinas pacifistas de Romain Rolland. En el plano científico, su actividad se centró, entre 1914 y 1916, en el perfeccionamiento de la teoría general de la relatividad, basada en el postulado de que la gravedad no es una fuerza sino un campo creado por la presencia de una masa en el 'continuum' espacio-tiempo. La confirmación de sus previsiones llegó en 1919, al fotografiarse el eclipse solar del 29 de mayo; The Times lo presentó como el nuevo Newton y su fama internacional creció, forzándole a multiplicar sus conferencias de divulgación por todo el mundo y popularizando su imagen de viajero de la tercera clase de ferrocarril, con un estuche de violín bajo el brazo.

Durante la siguiente década, Einstein concentró sus esfuerzos en hallar una relación matemática entre el electromagnetismo y la atracción gravitatoria, empeñado en avanzar hacia el que, para él, debía ser el objetivo último de la física: descubrir las leyes comunes que, supuestamente, habían de regir el comportamiento de todos los objetos del universo, desde las partículas subatómicas hasta los cuerpos estelares. Tal investigación, que ocupó el resto de su vida, resultó infructuosa y acabó por acarrearle el extrañamiento respecto del resto de la comunidad científica.

A partir de 1933, con el acceso de Hitler al poder, su soledad se vio agravada por la necesidad de renunciar a la ciudadanía alemana y trasladarse a Estados Unidos, en donde pasó los últimos veinticinco años de su vida en el Instituto de Estudios Superiores de Princeton, ciudad en la que murió el 18 de abril de 1955.

Einstein dijo una vez que la política poseía un valor pasajero, mientras que una ecuación valía para toda la eternidad. En los últimos años de su vida, la amargura por no hallar la fórmula que revelase el secreto de la unidad del mundo hubo de acentuarse por la necesidad en que se sintió de intervenir dramáticamente en la esfera de lo político. En 1939, a instancias de los físicos Leo Szilard y Paul Wigner, y convencido de la posibilidad de que los alemanes estuvieran en condiciones de fabricar una bomba atómica, se dirigió al presidente Roosevelt instándole a emprender un programa de investigación sobre la energía atómica.

Luego de las explosiones de Hiroshima y Nagasaki, se unió a los científicos que buscaban la manera de impedir el uso futuro de la bomba y propuso la formación de un gobierno mundial a partir del embrión constituido por las Naciones Unidas. Pero sus propuestas en pro de que la humanidad evitara las amenazas de destrucción individual y colectiva, formuladas en nombre de una singular amalgama de ciencia, religión y socialismo, recibieron de los políticos un rechazo comparable a las críticas respetuosas que suscitaron entre los científicos sus sucesivas versiones de la idea de un campo unificado.

Ir Arriba


Pablo Neruda

Diseminada en miles de versos ha quedado para la posteridad la biografía, íntima y pública, secreta y militante, del gran poeta chileno Pablo Neruda. Nos legó además la crónica de sus días agitados y viajeros en unas líricas memorias tituladas “Confieso que he vivido”, y sobre su figura han escrito numerosos amigos del escritor, su apasionada viuda Matilde Urrutia y centenares de críticos e historiadores.

La abrumadora personalidad de este hombre de credo comunista, resuelta y tozuda hasta el sacrificio por todo aquello en lo que creía, estalla en su obra con un aliento vital que apenas deja entrever las muchas tribulaciones y las muchas horas sombrías que hubo de atravesar. Para algunos que lo conocieron, especialmente para aquéllos que compartieron con él la lucha contra la miseria y la opresión de los pueblos, Pablo Neruda gozó del carisma excepcional de aquellos elegidos a quienes encaja como un guante la palabra ejemplaridad; pero para la mayoría de los lectores que no gozaron de la fortuna de su abrazo, el poeta será siempre aquel personaje tímido, invisible y agazapado que se ocultaba tras los barrotes horizontales y tenues de sus lindas canciones de amor.

Nacido en 1904 en Parral con el nombre de Ricardo Eliecer Neftalí Reyes Basoalto, Neruda se sintió durante toda su vida profundamente enraizado en su tierra chilena pese a haber llevado una existencia de viajero incansable. Residiendo en Temuco, ingresó en el Liceo de la ciudad en 1910, y cuando aún no había salido de esta institución, el 18 de julio de 1917, pudo leer emocionadamente en un periódico local, “La Mañana”, el primero de sus artículos publicados, que tituló "Entusiasmo y perseverancia".

Para entonces había tenido la suerte de conocer a una imponente señora, "alta, con vestidos muy largos", que no era otra sino la célebre poetisa Gabriela Mistral, quien le había regalado algunos libros de Tolstoi, Dostoievski y Chéjov, decisivos en su primera formación literaria. No obstante, su padre se oponía abiertamente a que siguiera esta vocación, de modo que cuando el 28 de noviembre de 1920 obtuvo el premio de la Fiesta de Primavera de Temuco, el joven poeta ya firmaba sus poemas con seudónimo, un ardid para desorientar a su progenitor. El nombre elegido, Neruda, lo había encontrado por azar en una revista y era de origen checo; no sabía que se lo estaba usurpando a un colega, un lejano escritor que compuso hermosas baladas y que posee un monumento erigido en el barrio de Mala Strana de Praga.

Cuando concluye sus estudios en el Liceo pasa a Santiago para seguir la carrera de profesor de francés en el Instituto Pedagógico, pero continúa preparando libros de versos. Al poco tiempo se vincula a la revista Juventud, de la Federación de Estudiantes, donde toma contacto con el movimiento anarquista y, en particular, con uno de los líderes del grupo, formidable y valeroso, llamado Juan Gandulfo. En 1922, habiendo trabado una buena amistad, que se revelaría fecunda y duradera, con el director de la revista Claridad, se incorpora a su redacción, y así comienza a escribir como un poseso hasta cinco poemas diarios. Al año siguiente edita a sus expensas su primer libro de poemas, Crepusculario, que fue en realidad una miscelánea de otros proyectos, una reordenación precipitada de poemas que inmediatamente dejaron insatisfecho al autor. A partir de entonces Neruda se entregó, con más ahínco si cabe, a la confección de otro libro que terminaría publicándose en 1924 con el título “Veinte poemas de amor y una canción desesperada”.

A partir de esta época la politización de la poesía de Neruda será progresivamente mayor y, paralelamente, su vida se verá enfrentada a adversas circunstancias económicas. En 1927 obtiene un oscuro y remoto destino consular en Rangún, Birmania, donde conoció a la tan bella como peligrosa Josie Bliss, una nativa que sin embargo vestía a la manera inglesa. Tras visitar en su compañía los más exóticos rincones de aquellas tierras, se trasladó a vivir a casa de ella, pero pronto la muchacha trocó su dulzura en celos, y la vida de la pareja se hizo intolerable.

Ejerció durante un año de cónsul en Colombo (Ceilán, actual Sri Lanka) y en 1929 fue trasladado a Singapur. En 1930, Pablo Neruda se casó con María Antonieta Hagenaar, una joven holandesa con la que regresó a Chile dos años después y que le dio una hija, Malva Marina, el 4 de octubre de 1934. Ese mismo año, y tras haber conocido a Federico García Lorca en Buenos Aires, se trasladó a España para hacerse cargo del consulado chileno en Barcelona, desarrollando una intensa actividad cultural. Su integración en aquel Madrid pletórico de pasiones políticas se acrecentó al año siguiente, pues en febrero de 1935 se hizo cargo del consulado de Chile en la capital española. En Madrid apareció aquel año la revista literaria “Caballo Verde para la Poesía”, dirigida por el poeta. También allí dio a la imprenta una de sus obras más célebres, “Residencia en la Tierra”, y conoció a su segunda esposa, Delia del Carril. La trayectoria española de Neruda tomó tintes dramáticos cuando el 18 de julio de 1936 dio comienzo la terrible guerra civil que enfrentó a "las dos España". Uno de los primeros hechos sangrientos de aquella lucha fue el fusilamiento de Federico García Lorca. Abandonó la península Ibérica en pleno conflicto bélico y se dirigió a París, desde donde participó activamente en actos de solidaridad con la República y el pueblo español. Tras su regreso a Chile, en 1937, prosiguió su actividad combativa con la publicación de “España en el corazón”.

La Guerra Civil española concluyó en 1939 con la derrota de los republicanos. Neruda solicitó, y obtuvo, el nombramiento de cónsul para la inmigración española. Con la idea de ayudar en lo posible a los derrotados, viajó a París y desde allí organizó una expedición de españoles a bordo del vapor Winnipeg que llegó a Valparaíso a finales de año. El poeta regresó de nuevo a Chile en 1940, cuando ya había comenzado la Segunda Guerra Mundial, pero permaneció poco tiempo en su país, pues en agosto se incorporó a un nuevo destino diplomático, el consulado general de Chile en México. Desde allí viajó a Cuba. A partir de 1946, su actividad política se desarrollaría en su propia patria, donde fue elegido senador de la República por las provincias de Tarapacá y Antofagasta. Ese mismo año obtuvo también en Chile el Premio Nacional de Literatura, pero no tardarían en complicársele las cosas cuando hizo pública su enérgica protesta por la persecución desencadenada contra los sindicatos por el presidente González Videla. La lectura ante el Senado de su alegato “Yo acuso”, motivó que se ordenara su detención y sólo gracias al refugio que le ofrecieron sus allegados logró Neruda evitarla y salir del país el 24 de febrero de 1949.

Durante el tiempo en que estuvo oculto preparó otra de sus obras mayores, “Canto general”, que, aparte de distribuirse clandestinamente en Chile, se editará en México en 1950 con ilustraciones de los grandes muralistas Siqueiros y Diego Rivera, poco antes de que se le conceda, junto a Picasso y al poeta turco Nazim Hikmet, el Premio Internacional de la Paz. Comienza entonces un doloroso destierro, cuya tristeza apenas puede ser enjugada por los numerosos homenajes, calurosas recepciones e importantes galardones con que se reconocen sus méritos como poeta y como hombre íntegro. En 1951 inició un viaje por Italia, país en el que fijó su residencia al año siguiente. En Capri escribió “Las uvas y el viento”. Después de un viaje por Europa, al ser revocada su orden de detención en Chile, pudo regresar a su casa en agosto del 1952. Su retorno fue motivo de múltiples homenajes públicos. En este periodo difícil del destierro había venido en su auxilio una mujer, la que sería su compañera hasta su muerte: Matilde Urrutia.

Los años siguientes fueron de permanencia en Chile. Organizó en Santiago el Congreso Continental de Cultura, al que acudieron notables personalidades como Diego Rivera, Jorge Amado y Nicolás Guillén. Dictó conferencias en la Universidad de Chile, institución a la que hizo donación de su biblioteca personal. Esta relación con la Universidad dio origen a la creación de la Fundación Neruda para el Desarrollo de la Poesía. En su vida privada fueron tiempos agitados, pues se separó en 1956 de Delia del Carril para unirse sentimentalmente con Matilde Urrutia, que fue a vivir a su nueva casa, La Chascona.

El incansable viajero sintió de nuevo la llamada de Europa y en 1965 se trasladó a ese continente, donde recibió nuevos honores. La Universidad de Oxford le nombró doctor honoris causa en Filosofía y Letras. En Hungría se entrevistó con Miguel Ángel Asturias. En 1966 viajó a Estados Unidos invitado a la reunión del Pen Club. Realizó ese año una interesante incursión en el arte dramático con su obra Fulgor y muerte de Joaquín Murieta, que fue estrenada en Santiago en 1967 por el Instituto de Teatro de la Universidad de Chile.

La vinculación de Neruda con la política tuvo su punto culminante en el año 1970, cuando el Partido Comunista lo designó candidato a la presidencia de Chile, pero el poeta no dudó en renunciar para dar todo su apoyo a Salvador Allende, a quien secundó decididamente en su campaña electoral. Llegado al poder el gobierno de Unidad Popular en 1970, recibió el nombramiento de embajador en París. En 1971, Pablo Neruda se convirtió en el tercer escritor latinoamericano y en el segundo chileno que obtenía el Premio Nobel de Literatura, pero su encumbramiento literario no le impidió continuar activamente en la defensa de los intereses chilenos. En Nueva York, aprovechando la reunión del Pen Club, denunció el bloqueo estadounidense contra Chile. Tras renunciar a su cargo de embajador en Francia, regresó a Santiago, donde fue pública y multitudinariamente homenajeado en el Estadio Nacional.

En la cúspide de la fama y del reconocimiento también lo esperaban horas amargas. En 1973, el 11 de septiembre, fue sorprendido por el golpe militar contra el presidente Salvador Allende. Profundamente afectado por la nueva situación, no pudo resistir la tragedia y el 23 de septiembre murió en Santiago. El mundo no tardó en enterarse, entre la indignación, el estupor y la impotencia, de que sus casas de Valparaíso y de Santiago habían sido brutalmente saqueadas y destruidas. Sus funerales se desarrollaron en medio de una gran tensión política.

Ir Arriba




BIOGRAFIAS II

NOTA: Las biografías han sido tomadas de Planeta Sedna (http://www.portalplanetasedna.com.ar) y Biografías y Vidas (http://www.biografiasyvidas.com). Muchas han sido editadas y adaptadas para el Foro

. Fidel Castro
. Ernesto "CHE" Guevara
. Carlos Marx
. Federico Engels


***

. Vladimir Lenin
. Ho Chi Minh
. Mao Tse-tung
. Napoleón Bonaparte


***

. Simón Bolívar
. José de San Martín
. Francisco de Miranda
. Emiliano Zapata


***

. Martin Luther King
. Mahatma Gandhi
. Nelson Mandela
. Yasser Arafat


***

. Madre Teresa de Calcuta
. Alejandro Magno
. Julio César
. Platón


***

. Aristóteles
. Hernán Cortés
. Leonardo da Vinci
. Salvador Allende



Fidel Castro

Patriota y revolucionario cubano, ejemplo de dignidad, honestidad y valor. "A los pueblos muchas veces les hablan de democracia los mismos que la están negando en su propio suelo; a los pueblos les hablan de democracia los mismos que la escarnecen, los mismos que se la niegan, y los pueblos no ven más que contradicciones por todas partes. Y por eso nuestros pueblos han perdido la fe, que se hace tan necesaria en instantes como este para salvar al continente para el ideal democrático, más no para una democracia teórica, no para una democracia de hambre y miseria, no para una democracia bajo el terror y bajo la opresión, sino para una democracia verdadera, con absoluto respeto a la dignidad del hombre, donde prevalezcan todas las libertades humanas bajo un régimen de justicia social, porque los pueblos de América no quieren ni libertad sin pan ni pan sin libertad".

Nació el 13 de agosto de 1926 en Birán, antigua provincia de Oriente, Cuba. A partir de 1945 se vinculó activamente a las luchas políticas estudiantiles en la Universidad de La Habana. En 1947 formó parte de la expedición organizada para luchar contra la tiranía trujillista en República Dominicana.

Participó junto al pueblo colombiano en la insurrección popular de abril de 1948 en Bogotá. En 1950 obtuvo los títulos de Doctor en Derecho Civil y Licenciado en Derecho Diplomático. Fue fundador del Partido del Pueblo Cubano (Ortodoxo).

A partir de 1948, denunció enérgicamente la corrupción, el abandono oficial y el gangsterismo prevalecientes en el país. Tras el golpe de Estado de 1952, organizó y entrenó un grupo de jóvenes al frente de los cuales asaltó el 26 de julio de 1953 los cuarteles de Santiago de Cuba y Bayamo. Sufrió prisión durante 22 meses, y poco después de su excarcelación fundó el Movimiento 26 de Julio.

En julio de 1955 partió hacia el exilio para organizar en México la insurrección armada popular contra la dictadura batistiana. El 2 de diciembre de 1956 desembarcó en Cuba al frente del destacamento expedicionario llegado a bordo del yate Granma, e inició la guerra revolucionaria en la Sierra Maestra. Dirigió la lucha de las fuerzas rebeldes y del Movimiento 26 de Julio en todo el país durante los 25 meses de guerra.

Al concluir la lucha revolucionaria, victoriosa, el primero enero de 1959, asume las funciones de Comandante en Jefe de las Fuerzas Armadas. El 13 de febrero de 1959 fue nombrado Primer Ministro del Gobierno Revolucionario. Dirigió y participó en todas las acciones emprendidas en defensa del país y de la Revolución en los casos de agresiones militares procedentes del exterior o actividades de bandas contrarrevolucionarias dentro del país, en especial la derrota de la invasión organizada por la Agencia Central de Inteligencia de los Estados Unidos llevada a cabo por Playa Girón en abril de 1961.

Condujo al pueblo de Cuba en los días dramáticos de la Crisis de Octubre de 1962. En nombre del poder revolucionario proclamó el 16 de abril de 1961 el carácter socialista de la Revolución cubana. Ocupó el cargo de Secretario General de las Organizaciones Revolucionarias Integradas, y el de Secretario General del Partido Unido de la Revolución Socialista de Cuba. Desde la constitución del Comité Central del Partido Comunista de Cuba, en octubre de 1965, ocupó los cargos de Primer Secretario y miembro del Buró Político, los que fueron ratificados por los cuatro Congresos del Partido efectuados desde entonces.

Ha sido elegido Diputado a la Asamblea Nacional del Poder Popular en sus sucesivos períodos de sesiones desde la creación de esta en 1976, y hasta el 2008 fue ratificado por la Asamblea en los cargos de Presidente del Consejo de Estado y Presidente del Consejo de Ministros. Ha presidido misiones oficiales cubanas a más de 50 países.

Ha presidido las delegaciones de Cuba a las Cumbres Iberoamericanas, varias Cumbres de los Países No Alineados, La Cumbre Ecológica de Río de Janeiro, La Cumbre sobre Desarrollo Social de Copenhague, La Cumbre sobre Asentamientos Humanos de Estambul y varios períodos de sesiones de la Asamblea General de las Naciones Unidas, entre ellos la sesión conmemorativa del 50 aniversario de esa organización.

Entre 1979 y 1983 ostentó la condición de Presidente del Movimiento de Países No Alineados. Ha recibido más de un centenar de altas condecoraciones extranjeras y cubanas, y decenas de distinciones académicas honorarias de numerosos centros de Enseñanza Superior en América Latina y Europa.

Ha promovido a escala mundial la batalla del Tercer Mundo contra el orden económico internacional vigente, en particular contra la deuda externa y el despilfarro de recursos como consecuencia de los gastos militares.

Ha encabezado los esfuerzos del pueblo cubano por enfrentar los efectos del bloqueo económico impuesto a Cuba por los Estados Unidos y las consecuencias en el plano económico del derrumbe de la comunidad socialista europea, y ha promovido la acción tenaz de los cubanos para superar las graves dificultades resultantes de estos factores y su resistencia durante el llamado período especial.

A lo largo de los años de Revolución, ha impulsado y dirigido la lucha del pueblo cubano por la consolidación del proceso revolucionario; su avance hacia el socialismo, la unidad de las fuerzas revolucionarias, las transformaciones económicas y sociales de la sociedad; el desarrollo de la educación, la salud, el deporte, la cultura y la ciencia; la defensa del país; la conducción de una activa política exterior de principios; las acciones de solidaridad con el movimiento revolucionario internacional y la profundización de la conciencia revolucionaria e internacionalista del pueblo.

El proyecto político de Fidel Castro traspasa las fronteras de Cuba y tiene vigencia en Latinoamérica. Fidel es un ideólogo extremadamente importante… El presidente de la nación antillana debe sentir una gran satisfacción de ver lo que ocurre en el Continente Americano con las sucesivas victorias de líderes populares (Ignacio Ramonet).

Ir Arriba


Ernesto "CHE" Guevara

¡Hasta la victoria siempre! "Sean capaces de sentir en lo más profundo cualquier injusticia, cometida contra cualquiera, en cualquier parte del mundo, pues es la cualidad más linda de un revolucionario".

"Hay que llevar la guerra hasta donde el enemigo la lleve: a su casa, a sus lugares de diversión, hacerla total. Hay que impedirle tener un minuto de tranquilidad, un minuto de sosiego fuera de los cuarteles, y aun dentro de los mismos; atacarlo dondequiera que se encuentre, hacerlo sentir una fiera acosada por cada lugar que transite. Crear dos, tres, muchos Vietnam".

Revolucionario iberoamericano (Rosario, Argentina, 1928 - Higueras, Bolivia, 1967). Ernesto Che Guevara nació en una familia acomodada de Argentina, en donde estudió Medicina. Su militancia izquierdista le llevó a participar en la oposición contra Perón; desde 1953 viajó por Perú, Ecuador, Venezuela y Guatemala, descubriendo la miseria dominante entre las masas de Iberoamérica y la omnipresencia del imperialismo norteamericano en la región, y participando en múltiples movimientos contestatarios, experiencias que le inclinaron definitivamente a la ideología marxista.

En 1955 Ernesto Che Guevara conoció en México a Fidel Castro y a su hermano Raúl, que preparaban una expedición revolucionaria a Cuba. Guevara trabó amistad con ellos, se unió al grupo como médico y desembarcó con la expedición en Cuba en 1956.

Instalada la guerrilla en Sierra Maestra, Guevara se convirtió en lugarteniente de Fidel y mandó una de las dos columnas que salieron de las montañas orientales hacia el Oeste para conquistar la isla. Participó en la decisiva batalla por la toma de Santa Clara (1958) y finalmente entró en La Habana en 1959, poniendo fin a la dictadura de Batista.

El nuevo régimen revolucionario concedió a Guevara la nacionalidad cubana y le nombró jefe de la Milicia y director del Instituto de Reforma Agraria (1959), luego presidente del Banco Nacional y ministro de Economía (1960) y, finalmente, ministro de Industria (1961).

Buscando un camino para la independencia real de Cuba, se esforzó por la industrialización del país, ligándolo a la ayuda de la Unión Soviética -una vez fracasado el intento de invasión de la isla por Estados Unidos y clarificado el carácter socialista de la revolución cubana (1961)-. En aquellos años, Guevara representó a Cuba en varios foros internacionales, en los que denunció frontalmente el imperialismo norteamericano.

Su inquietud de revolucionario profesional, sin embargo, le hizo abandonar Cuba en secreto en 1965 y marchar al Congo, donde luchó en apoyo del movimiento revolucionario en marcha, convencido de que sólo la acción insurreccional armada era eficaz contra el imperialismo.

Relevado ya de sus cargos en el Estado cubano, el Che volvió a Iberoamérica en 1966 para lanzar una revolución que esperaba fuera de ámbito continental. Valorando la posición estratégica de Bolivia, eligió aquel país como centro de operaciones para instalar una guerrilla que pudiera irradiar su influencia hacia Argentina, Chile, Perú, Brasil y Paraguay.

Al frente de un pequeño grupo intentó poner en práctica su teoría, según la cual no era necesario esperar a que las condiciones sociales produjeran una insurrección popular, sino que podía ser la propia acción armada la que creara las condiciones para que se desencadenara un movimiento revolucionario (“Guerra de guerrillas”, 1960; “Recuerdos de la guerra revolucionaria”, 1963). Sin embargo, su acción no prendió en las masas bolivianas; por el contrario, aislado en una región selvática en donde padeció la agudización de su dolencia asmática, fue delatado por campesinos locales y cayó en una emboscada del ejército boliviano en la región de Valle Grande, donde fue herido, apresado y vilmente asesinado.

Ir Arriba


Carlos Marx

Padre del socialismo científico. "Los proletarios no tienen nada que perder con una revolución comunista, como no sea sus cadenas. Tienen, en cambio, un mundo entero que ganar". Filósofo, historiador, sociólogo, economista, escritor, pensador socialista y activista revolucionario alemán (Tréveris, Prusia occidental, 1818 - Londres, 1883).

Karl Marx procedía de una familia judía de clase media. Estudió en las universidades de Bonn, Berlín y Jena, doctorándose en Filosofía por esta última en 1841. Desde esa época, el pensamiento de Marx quedaría asentado sobre la dialéctica de Hegel, si bien sustituyó el idealismo de éste por una concepción materialista, según la cual las fuerzas económicas constituyen la infraestructura que determina en última instancia los fenómenos «superestructurales» del orden social, político y cultural.

En 1843 se casó con Jenny von Westphalen, cuyo padre inició a Marx en el interés por las doctrinas racionalistas de la Revolución francesa y por los primeros pensadores socialistas. Convertido en un demócrata radical, Marx trabajó algún tiempo como profesor y periodista; pero sus ideas políticas le obligaron a dejar Alemania e instalarse en París en 1843.

Estableció una duradera amistad con Friedrich Engels, que se plasmaría en la estrecha colaboración intelectual y política de ambos. Fue expulsado de Francia en 1845 y se refugió en Bruselas; por fin, tras una breve estancia en Colonia para apoyar las tendencias radicales presentes en la Revolución alemana de 1848, pasó a llevar una vida más estable en Londres, en donde desarrolló desde 1849 la mayor parte de su obra escrita.

Su dedicación a la causa del socialismo le hizo sufrir grandes dificultades materiales, superadas gracias a la ayuda económica de Engels. Marx partió de la crítica a los socialistas anteriores, a los que calificó de «utópicos», si bien tomó de ellos muchos elementos de su pensamiento (de autores como Saint-Simon, Owen o Fourier); tales pensadores se habían limitado a imaginar cómo podría ser la sociedad perfecta del futuro y a esperar que su implantación resultara del convencimiento general y del ejemplo de unas pocas comunidades modélicas. Por el contrario, Marx y Engels pretendían hacer un «socialismo científico», basado en la crítica sistemática del orden establecido y el descubrimiento de las leyes objetivas que conducirían a su superación; la fuerza de la Revolución (y no el convencimiento pacífico ni las reformas graduales) sería la forma de acabar con la civilización burguesa.

En 1848, a petición de una Liga revolucionaria clandestina formada por emigrantes alemanes, Marx y Engels plasmaron tales ideas en el “Manifiesto Comunista”, un panfleto de retórica incendiaria situado en el contexto de las revoluciones europeas de 1848. Posteriormente, durante su estancia en Inglaterra, Marx profundizó en el estudio de la economía política clásica y, apoyándose fundamentalmente en el modelo de David Ricardo, construyó su propia doctrina económica, que plasmó en “El Capital”; de esa obra monumental sólo llegó a publicar el primer volumen (1867), mientras que los dos restantes los editaría después de su muerte su amigo Engels, poniendo en orden los manuscritos preparados por Marx.

Partiendo de la doctrina clásica, según la cual sólo el trabajo humano produce valor, Marx denunció la explotación patente en la extracción de la plusvalía, es decir, la parte del trabajo no pagada al obrero y apropiada por el capitalista, de donde surge la acumulación del capital. Criticó hasta el extremo la esencia injusta, ilegítima y violenta del sistema económico capitalista, en el que veía la base de la dominación de clase que ejercía la burguesía.

Sin embargo, su análisis aseguraba que el capitalismo tenía carácter histórico, como cualquier otro sistema, y no respondía a un orden natural inmutable como habían pretendido los clásicos: igual que había surgido de un proceso histórico por el que sustituyó al feudalismo, el capitalismo estaba abocado a hundirse por sus propias contradicciones internas, dejando paso al socialismo. La tendencia inevitable al descenso de las tasas de ganancia se iría reflejando en crisis periódicas de intensidad creciente hasta llegar al virtual derrumbamiento de la sociedad burguesa; para entonces, la lógica del sistema habría polarizado a la sociedad en dos clases contrapuestas por intereses irreconciliables, de tal modo que las masas proletarizadas, conscientes de su explotación, acabarían protagonizando la Revolución que daría paso al socialismo.

En otras obras suyas, Marx completó esta base económica de su razonamiento con otras reflexiones de carácter histórico y político: precisó la lógica de lucha de clases que, en su opinión, subyace en toda la historia de la humanidad y que hace que ésta avance a saltos dialécticos, resultado del choque revolucionario entre explotadores y explotados, como trasunto de la contradicción inevitable entre el desarrollo de las fuerzas productivas y el encorsetamiento al que las someten las relaciones sociales de producción.

También indicó Marx el sentido de la Revolución socialista que esperaba, como emancipación definitiva y global del hombre (al abolir la propiedad privada de los medios de producción, que era la causa de la alienación de los trabajadores), completando la emancipación meramente jurídica y política realizada por la Revolución burguesa (que identificaba con el modelo francés); sobre esa base, apuntaba hacia un futuro socialista entendido como realización plena de las ideas de libertad, igualdad y fraternidad, como fruto de una auténtica democracia; la «dictadura del proletariado» tendría un carácter meramente instrumental y transitorio, pues el objetivo no era el reforzamiento del poder estatal con la nacionalización de los medios de producción, sino el paso, tan pronto como fuera posible, a la fase comunista en la que, desaparecidas las contradicciones de clase, ya no sería necesario el poder coercitivo del Estado. Marx fue, además, un incansable activista de la Revolución obrera.

Tras su militancia en la diminuta Liga de los Comunistas (disuelta en 1852), se movió en los ambientes de los conspiradores revolucionarios exiliados, hasta que, en 1864, la creación de la Asociación Internacional de Trabajadores (AIT) le dio la oportunidad de impregnar al movimiento obrero mundial de sus ideas socialistas. Retirado de la actividad política, Marx siguió ejerciendo su influencia a través de sus discípulos alemanes, quienes crearon en 1875 el Partido Socialdemócrata Alemán, grupo dominante de la segunda Internacional que, bajo inspiración decididamente marxista, se fundó en 1889.

Ir Arriba


Federico Engels

Coautor de obras fundamentales para el nacimiento de los movimientos socialista, comunista y sindical. "El Estado no es más que un mecanismo de opresión de una clase por otra, lo mismo si se trata de una democracia que de una monarquía".

"La clase obrera británica se va aburguesando cada vez más, de suerte que esta nación, la más burguesa de todas, parece tender a crear eventualmente una aristocracia burguesa y un proletariado burgués".

Pensador y dirigente socialista alemán (Barmen, Renania, 1820 - Londres, 1895), nació en una familia acomodada, conservadora y religiosa, propietaria de fábricas textiles. Sin embargo, desde su paso por la Universidad de Berlín (1841-42), se interesó por los movimientos revolucionarios de la época; se relacionó con los hegelianos de izquierda y con el movimiento de la Joven Alemania.

Enviado a Inglaterra al frente de los negocios familiares, conoció las míseras condiciones de vida de los trabajadores de la primera potencia industrial del mundo; más tarde plasmaría sus observaciones en su libro “La situación de la clase obrera en Inglaterra” (1845).

En 1844 se adhirió definitivamente al socialismo y entabló una duradera amistad con Karl Marx. En lo sucesivo, ambos pensadores colaborarían estrechamente, publicando juntos obras como “La Sagrada Familia” (1844), “La ideología alemana” (1844-46) y el “Manifiesto Comunista” (1848).

Aunque corresponde a Marx la primacía en el liderazgo socialista, Engels ejerció una gran influencia sobre él: le acercó al conocimiento del movimiento obrero inglés y atrajo su atención hacia la crítica de la teoría económica clásica. Fue también él quien, gracias a la desahogada situación económica de la que disfrutaba como empresario, aportó a Marx la ayuda económica necesaria para mantenerse y escribir “El Capital”; e incluso publicó los dos últimos tomos de la obra después de la muerte de su amigo.

Engels tuvo también un protagonismo propio como teórico y activista del socialismo, a pesar de lo contradictoria que resultaba su doble condición de empresario y revolucionario: participó personalmente en la revolución alemana de 1848-50; fue secretario de la primera Internacional obrera (la AIT) desde 1870; y publicó escritos tan relevantes como “Socialismo utópico y socialismo científico” (1882), “El origen de la familia”, “La propiedad privada y el Estado” (1884) o “Ludwig Feuerbach y el fin de la filosofía clásica alemana” (1888).

Tras la muerte de Marx en 1883, Engels se convirtió en el líder indiscutido de la socialdemocracia alemana, de la segunda Internacional y del socialismo mundial, salvaguardando lo esencial de la ideología marxista, a la que él mismo había aportado matices relativos a la desaparición futura del Estado, a la dialéctica y a las complejas relaciones entre la infraestructura económica y las superestructuras políticas, jurídicas y culturales.

En los últimos años de su vida se alejó de sus primitivas concepciones revolucionarias y abrió la puerta a un socialismo más reformista, vía que seguiría después de la muerte de Engels su colaborador Eduard Bernstein y que acabaría por imponerse entre los socialdemócratas.

Ir Arriba


Vladimir Lenin

Ejecutor de las teorías marxistas en la formulación de la sociopolítica y la economía, en la Rusia de principios del siglo XX. "Marx y Engels llamaban método dialéctico al método científico en sociología, consistente en que la sociedad es considerada un organismo vivo en constante desarrollo, para cuyo estudio es necesario hacer un análisis objetivo de las relaciones de producción...".

En las últimas décadas del siglo XIX, el abismo existente entre el zar Alejandro III, defensor del absolutismo bizantino de sus antepasados, y la clase cultivada, se había agravado hasta tal punto que la lucha contra el zarismo había llegado a ser, entre los rusos cultos, un deber y un honor. La oposición política y el movimiento revolucionario crecían bajo el empuje de una "intelligentsia" que hacía acólitos en las escuelas, en las fábricas, los periódicos y las oficinas.

Seis años después de la muerte de su antecesor, Alejandro II, precisamente el 1 de marzo de 1887, un grupo de jóvenes nihilistas intentó acabar con la vida del zar. El atentado fracasó y los terroristas fueron apresados. Entre los condenados a muerte figuraba Alexander Uliánov, el hermano mayor del futuro Lenin. Al enterarse por la prensa de que el grupo había sido ahorcado en San Petersburgo, el muchacho recibió una impresión indeleble, que con el tiempo se transformaría en la más firme y decidida oposición al zarismo. Pero ya entonces, con la lucidez de un visionario, resumía la situación en esta frase de condena a los métodos del terrorismo individual: «Nosotros no iremos por esta vía. No es la buena».

Vladimir Ilich Uliánov, conocido como Lenin, nació el 22 de abril de 1870, en el seno de una familia típica de la intelectualidad rusa de fines del siglo XIX. Era el cuarto de los seis hijos habidos por Ilia Uliánov y María Alexandrovna Blank, quienes se habían establecido el año anterior a su nacimiento en Simbirsk, a orillas del Volga. El ambiente estudioso de la casa, donde no faltaba una buena biblioteca, propiciaba el desarrollo del sentido del deber y la disciplina. Vladimir seguía el ejemplo de su hermano mayor, era un muchacho perseverante y tenaz, un alumno asiduo y metódico que obtenía las mejores notas y destacaba en el ajedrez.

A los catorce años comenzó a leer libros «prohibidos» -Rusia vivía entonces bajo la más negra represión y la lectura de los grandes demócratas era considerada un delito-. En Kazan inició sus estudios de derecho en la universidad imperial, uno de los focos de mayor oposición al régimen autocrático. El mismo año de su ingreso, 1887, Vladimir fue detenido por participar en una manifestación de protesta contra el zar. Cuando uno de los policías que lo custodiaban le preguntó por qué se mezclaba en esas revueltas, por qué se daba cabezazos contra un muro, su respuesta fue: «Sí, es un muro, cierto, pero con un puntapié se vendrá abajo».

Expulsado de la universidad, se dedicó por entero a las teorías revolucionarias, comenzó a estudiar las obras de Marx y Engels directamente del alemán, y leyó por primera vez "El capital", lectura decisiva para su adhesión al marxismo ortodoxo. Ya en sus primeros escritos defendió el marxismo frente a las teorías de los "naródniki", los populistas rusos.

En mayo de 1889 la familia se trasladó a la provincia de Samara, donde, después de muchas peticiones, Lenin obtuvo la autorización para examinarse en leyes como alumno libre.

Tres años después se graduó con las más altas calificaciones y comenzó a ejercer la abogacía entre artesanos y campesinos pobres. Ya en esa época, en el grupo marxista del que formaba parte, le decían “El Viejo”, por su vasta erudición y su frente socrática, precozmente calva. El rostro de corte algo mongólico, con los pómulos anchos y los ojos de tártaro, entrecerrados e irónicos, el porte robusto y el poderoso cuello le daban el aspecto de un campesino. Abogado sin pleitos, Lenin se inscribió en las listas de instructores de círculos obreros, llamados «universidades democráticas».

Organizó bibliotecas, programas de estudio y cajas de ayuda con el objetivo de enseñar los métodos de la lucha revolucionaria, para formar así cuadros obreros, propagandistas y organizadores de círculos socialdemócratas, con miras a la formación de un futuro partido. Para ello necesitaba contar con el apoyo de los grupos marxistas emigrados, dirigidos por Grigori Plejánov, y en abril de 1895 viajó al extranjero, decidido a estudiar el movimiento obrero de Occidente. Pasó unas semanas en Suiza, luego visitó Berlín y París, donde tuvo como interlocutores a Karl Liebknecht y Paul Lafargue. Al regresar, fue detenido con su futuro rival, Julij Martov, por la Ochrana, la policía secreta del zar.

En la cárcel, Lenin rápidamente se puso a trabajar. Se comunicaba con el exterior a través de su hermana Ana y de Nadezda Krupskáia, una estudiante adherida al círculo marxista que, para poder visitarlo en la prisión, había declarado ser su novia. Más tarde, en 1898, un año después de que fuera deportado a la Siberia meridional, cerca de la frontera con China, contrajo matrimonio con Nadezda en una ceremonia religiosa. En el destierro, la pareja llevó una vida ordenada, sin sobresaltos, que le permitió a Lenin terminar de redactar su primera obra fundamental "El desarrollo del capitalismo en Rusia", en la que sostiene que el país semifeudal avanza decididamente hacia el capitalismo industrial.

Después de casi mil días en Siberia, a poco de comenzar el siglo y con treinta años de edad, Lenin comenzaba su primer exilio en Suiza. Allí, reunido con Martov, puso en marcha un proyecto largamente acariciado: la publicación de un periódico socialdemócrata de alcance nacional. El primer número de Iskra (La Chispa) vio la luz el 21 de diciembre de 1900, con un editorial de Lenin encabezando la primera página.

En sus andanzas, entre Munich y Ginebra, fue cuando se convirtió en el líder de los marxistas rusos, sobre todo después de la publicación del libro "¿Qué hacer?", una de sus obras más importantes, en la que reclamaba la necesidad de una organización de revolucionarios profesionales y sintetizaba la idea del partido como vanguardia de la clase obrera. Fue justamente la polémica desatada en torno a cómo estructurar el partido lo que provocó profundas divergencias en el 11 Congreso del Partido Obrero Socialdemócrata Ruso inaugurado por Plejánov en julio de 1903. En él se consumó la ruptura entre Martov y Lenin. Desde entonces, los partidarios de este último se llamaron «bolcheviques», por mayoría frente al grupo de los «mencheviques», minoritarios. Y desde entonces el partido de cuadros profesionales, centralizado y disciplinado, fue el pilar básico del bolchevismo.

La revolución de 1905, que había estallado en San Petersburgo tras el «domingo sangriento» en que las tropas del zar dispararon sobre manifestantes indefensos, causando más de mil muertos y cinco mil heridos, sorprendió a Lenin en Suiza. La presión de las masas obligó al decadente régimen zarista a hacer algunas concesiones liberales: los bolcheviques actuaban en la legalidad, lo que permitió a Lenin regresar a Rusia en octubre de ese año para ponerse al frente de sus partidarios. Pero las esperanzas de que se produjeran nuevos levantamientos no se concretaron y, ante los intentos de la policía por detenerle, a fines del verano siguiente, Lenin huyó a Finlandia.

El proceso insurreccional había sido un fracaso y el gobierno de los zares volvía a endurecer sus métodos, hasta liquidar totalmente las conquistas logradas por la revolución. Sumida en el pesimismo y las rencillas internas, la fracción bolchevique se resintió con la derrota, hasta tal punto que viejos militantes la abandonaron. Huyendo de la policía, Lenin pasó de Finlandia a Ginebra, donde comenzó su segundo exilio, que habría de prolongarse hasta 1917. En aquella época hicieron su aparición el insomnio y los dolores de cabeza que habrían de perseguirle por el resto de sus días.

La vida errante de los exiliados lo llevó a París, donde él y Nadezda soportaron duras estrecheces económicas que les obligaban a dar clases o a escribir reseñas para ganar algo de dinero, en medio de una serie de dificultades. La dureza de aquellos días en la capital francesa se vio en parte aliviada por la presencia de Inés Armand, una militante parisiense, inteligente y feminista, a la que se dice le unió un profundo amor. Fruto de su segundo exilio es la obra publicada en 1909, "Materialismo y empiriocriticismo", en la que Lenin expone sus reflexiones filosóficas fundamentales, en un intento de culminar la teoría del conocimiento marxista.

Pasada la etapa de la más dura reacción, que se extendió hasta 1911, comenzaron a llegar noticias alentadoras de San Petersburgo. Una huelga iniciada en los yacimientos del Lena fue bárbaramente reprimida con centenares de muertos, lo que originó un gran descontento y una huelga general. Lenin presentía que se acercaba una ola de efervescencia revolucionaria y abandonó París en junio de 1912 para instalarse más cerca de sus partidarios, en Cracovia. Allí le visitaban los diputados bolcheviques para informarle sobre la situación interna y pedirle instrucciones.

En marzo de ese mismo año había aparecido el primer número de Pravda (La Verdad), diario obrero que Lenin dirigía desde el exterior y que pronto gozó de una gran difusión. Así, mientras las grandes potencias ultimaban sus preparativos para la primera conflagración mundial, entre los proletarios rusos crecía la influencia de Lenin.

El estallido de la Primera Guerra Mundial supuso un giro decisivo en la historia del socialismo. Lenin, que había confiado en la socialdemocracia alemana, cuando se enteró de que los diputados alemanes -y también franceses- votaban unánimemente a favor de los créditos de guerra para sus respectivos países, de inmediato denunció la traición. Para Lenin, la guerra no era más que una «conflagración burguesa, imperialista y dinástica... una lucha por los mercados y una rapiña de los países extranjeros».

El socialismo occidental, acaudillado por los revisionistas alemanes, había pasado a una evidente colaboración con la democracia burguesa, y por ende, el movimiento internacional estaba roto. Era necesario preparar una conferencia de los socialistas que se oponían al conflicto bélico, para impugnar definitivamente al sector revisionista. El encuentro se celebró en Zimmerwald, en septiembre de 1915, y en él Lenin intentó, sin éxito, convencer a los representantes de que adoptaran la consigna "transformar la guerra imperialista en guerra civil".

Fue en este período de defección de los líderes políticos y de desconcierto para los obreros socialistas, cuando el revolucionario ruso, que hasta entonces era poco conocido fuera de los círculos marxistas de su país, se convirtió en una primera figura internacional. En sus manos, la doctrina marxista recuperó su sentido transformador y su fuerza revolucionaria, como se ve en la obra escrita durante el período bélico, "El imperialismo, fase superior del capitalismo", donde usa las herramientas del análisis económico marxista para probar que la revolución, a diferencia de lo que postulaban Marx y Engels, también es posible en países atrasados como Rusia.

El cansancio y el derrotismo general en las naciones beligerantes, a comienzos de 1917, desembocó en el imperio de los zares en un amplio movimiento revolucionario que, al grito de «¡Viva la libertad y el pueblo!», ganó las principales ciudades. Los trabajadores de Petrogrado se organizaron en soviets, o consejos de obreros, y la guarnición de la ciudad, encabezada por los mismos regimientos de la guardia imperial, se sumó en masa al movimiento. Sin que nadie se atreviera a defenderlo, en la semana del 8 al 15 de marzo el régimen zarista sucumbía para ser reemplazado por un gobierno provisional formado por partidos pertenecientes a la burguesía y apoyado por el soviet de Petrogrado.

A través de Pravda, Lenin publicaba sus «Cartas desde el exilio», con instrucciones para avanzar en la revolución, aniquilando de raíz la vieja maquinaria del Estado. Ejército, policía y burocracia debían ser sustituidos por «una organización emanada del conjunto del pueblo armado que comprenda sin excepción todos sus miembros». Un mes después de la abdicación del zar, en abril de 1917, Lenin llegaba a la estación Finlandia de Petrogrado, tras atravesar Alemania en un vagón blindado proporcionado por el estado mayor alemán.

A pesar de las disputas políticas que originó su negociación con el gobierno del káiser, Lenin fue recibido en la capital rusa por una multitud entusiasta que le dio la bienvenida como a un héroe. Pero el jefe de los bolcheviques no se comprometió con el gobierno provisional y, por el contrario, terminó su discurso de la estación con un desafiante «¡Viva la revolución socialista internacional!». Muchos de sus camaradas habían aceptado la autoridad de dicho gobierno, al que Lenin calificaba de «imperialista y burgués», acercándose así a las corrientes izquierdistas de la clase obrera, cada vez más radicalizadas, y con el apoyo de un importante aliado, Trotski.

A pesar de que los bolcheviques aún constituían una minoría dentro de los soviets, Lenin lanzó entonces la consigna: «Todo el poder para los soviets», pese al evidente desinterés de los mencheviques y los socialistas revolucionarios por tomar tal poder. Para hacer frente a la presunta amenaza de un golpe de Estado por parte de los seguidores de Lenin, en el mes de julio la presidencia del gobierno provisional pasó a manos de un hombre fuerte, Kerenski, quien ordenó la detención de Lenin. Este se vio obligado a huir a Finlandia; cruzó la frontera como fogonero de una locomotora, sin barba y con peluca. Fue ésta su última etapa de clandestinidad, que habría de durar tres meses. En ellos escribió la obra que con el tiempo sería calificada de utopía leninista, "El Estado y la revolución", por su concepción del Estado como aparato de dominación burguesa, destinado a desaparecer tras la etapa transitoria de la dictadura del proletariado y el advenimiento del comunismo.

A medida que la situación interna se agravaba, Lenin desde el exterior urgía al partido a preparar la sublevación armada: «El gobierno se tambalea, hay que asestarle el golpe de gracia cueste lo que cueste». Los bolcheviques controlaban el soviet de Moscú y el de Petrogrado estaba bajo la presidencia de Trotski, cuando, el 2 de octubre, Lenin volvió a entrar clandestinamente en la capital rusa. Cuatro días más tarde se presentaba disfrazado en el cuartel general del partido para dirigir el alzamiento.

El día 7 estallaba la insurrección y las masas asaltaban el Palacio de Invierno. Según escribe Trotski, Lenin se dio cuenta entonces de que la revolución había vencido, y sonriendo le dijo: «El paso de la clandestinidad al poder, con su eterno vagabundeo, es demasiado brusco, te marea». Y ése fue su único comentario personal antes de volver a las tareas cotidianas. Al día siguiente era nombrado jefe de gobierno y lanzaba su famosa proclama a los ciudadanos de Rusia, a los obreros, soldados, campesinos, ratificando los grandes objetivos fijados por la revolución: construir el socialismo en el marco de la revolución mundial y superar el atraso de Rusia.

La revolución había llegado al poder, pero ahora había que salvarla, y la tarea más urgente para ello, según Lenin, era firmar la paz inmediata. El Tratado de Brest-Litovsk, signado por Trotski el 3 de marzo de 1918, concertó la paz unilateral de Rusia con Alemania, Austria-Hungría, Bulgaria y Turquía. El tratado ahondó aún más las divergencias con los socialistas revolucionarios, que en agosto atentaron contra la vida de Lenin, y contribuyó a intensificar la decisión de las fuerzas contrarrevolucionarias para derribar al nuevo gobierno con el apoyo de los países aliados, especialmente Francia y Estados Unidos.

Durante dos años, entre 1918 y 1920, la guerra civil condujo al gobierno soviético al borde del desastre; por último, el ejército de los contrarrevolucionarios, los «blancos», conducido por antiguos generales zaristas, fue derrotado por el Ejército Rojo, formado por campesinos y obreros y dirigido por Trotski. Pero el país quedó devastado, la economía maltrecha y el hambre se enseñoreó de grandes regiones.

El reto más grande de la revolución pasó a ser entonces la reconstrucción económica de Rusia, tarea que Lenin se propuso encarar a través de la NEP (Nueva Política Económica), que detuvo las expropiaciones campesinas y supuso una apertura hacia una economía de mercado bajo control. Pese a las dificultades de la guerra civil, Lenin concretó en 1919 su viejo sueño de fundar una nueva Internacional. En su opinión, el destino de Rusia dependía de la revolución mundial, y en especial del futuro del movimiento llevado adelante en Alemania por los espartaquistas.

El 2 de marzo de 1919, en Moscú, inauguró el Primer Congreso de la III Internacional, invocando a los líderes del comunismo alemán asesinados: Karl Liebknecht y Rosa Luxemburg. La "Comintern" elevó el comunismo ruso a la categoría de modelo a imitar por todos los países comunistas del mundo y, al defender los movimientos de liberación nacional de los pueblos coloniales y semicoloniales de Asia, logró ampliar enormemente el número de aliados de la Revolución soviética.

A finales de 1921 la salud de Lenin se vio gravemente afectada: sufría de insomnios progresivamente acusados y sus dolores de cabeza eran cada vez más frecuentes. En marzo del año siguiente asistió por última vez a un congreso del partido, en el que fue elegido Stalin secretario general de la organización. Al mes siguiente se le intervenía quirúrgicamente para extraerle las balas que continuaban alojadas en su cuerpo desde el atentado sufrido en 1918.

Si bien se recuperó rápidamente de la operación, pocas semanas después sufrió un serio ataque que, por un tiempo, le impidió el habla y el movimiento de las extremidades derechas. En junio su salud mejoró parcialmente y dirigió la formación de la Unión de Repúblicas Socialistas Soviéticas. Pero en diciembre sufrió un segundo ataque de apoplejía que le impidió cualquier posibilidad de influir en la política práctica. Aun así, tuvo la fuerza de dictar varias cartas, entre ellas su llamado «Testamento», en la que expresa su gran temor ante la lucha por el poder entablada entre Trotski y Stalin en el seno del partido. El 21 de enero de 1924 una hemorragia cerebral acabó con su vida.

Ir Arriba


Ho Chi Minh

Nguyen That Thanh o Nguyen Ai Quoc) Líder revolucionario vietnamita (Hoang Tru, 1890 - Hanoi, 1969). Nacido en la Indochina francesa, emigró a la metrópoli en 1912. En París se convirtió en militante del partido socialista francés. Cuando la Revolución rusa escindió a los socialistas de todo el mundo, se alineó con el grupo que fundó el Partido Comunista Francés (1920). Se trasladó a China, donde organizó la Juventud Revolucionaria, reclutando entre los exiliados el núcleo humano necesario para impulsar una revolución anticolonial en Indochina (1924); sobre aquella base fundó más tarde el Partido Comunista Indochino (1930).

Condenado a muerte por las autoridades coloniales francesas, hubo de huir y refugiarse en la Unión Soviética (1931). En 1938 entró en contacto con Mao Zedong en China, desde donde pasó a Vietnam en 1941, para participar en la lucha contra Japón y contra la Francia de Vichy, en el marco de la Segunda Guerra Mundial (1939-45). Fue entonces cuando fundó el Vietminh (Liga para la Independencia de Vietnam).

Tratando de formar un frente amplio tanto contra los japoneses como contra Francia, recabó el apoyo del dirigente nacionalista chino Chang Kai-shek, pero éste desconfió de él y le hizo apresar.

Liberado en 1943, tomó el mando de la insurrección nacional vietnamita contra los franceses, adoptando el nombre de guerra de Ho Chi Minh («el que ilumina»). En 1945 vio reconocida formalmente la independencia de la República Democrática de Vietnam, pero, al terminar la guerra, los vencedores decidieron en la Conferencia de Postdam dividir Vietnam en dos zonas: la República Democrática de Vietnam al norte, dominada por el Vietminh, y una zona de ocupación británica en el sur.

En 1946 Gran Bretaña entregó a Francia su zona de ocupación, coyuntura que aprovechó el gobierno francés para negarse a reconocer al nuevo Estado independiente del Norte e intentar recuperar por la fuerza el control de sus antiguas colonias de Indochina. El Vietminh hubo de sostener una nueva guerra en la que terminó triunfando, obligando a Francia a reconocer la existencia en Indochina de cuatro Estados independientes: Laos, Camboya, Vietnam del Sur y Vietnam del Norte, este último bajo gobierno de Ho Chi Minh, quien estableció un régimen socialista alineado con la Unión Soviética, impulsó una profunda reforma agraria y se esforzó por impedir la corrupción y el abuso de poder.

Prosiguió su lucha revolucionaria por la reunificación de Vietnam, prestando apoyo desde el norte al movimiento guerrillero comunista del sur (Vietcong), que se enfrentaba a una dictadura sostenida por la ayuda militar de Estados Unidos. Desde 1957, la insurrección masiva del campesinado contra el gobierno títere del sur hizo recaer el peso de la guerra sobre el ejército norteamericano, que utilizó su abrumadora superioridad en medios para masacrar cruelmente a la población civil, sin poder impedir la derrota final frente a la estrategia guerrillera del Vietcong.

Desde 1968, el presidente norteamericano Lyndon Johnson abrió negociaciones de paz con Vietnam del Norte, que se completarían bajo el mandato de Richard Nixon. Sin embargo, el líder y fundador del movimiento, Ho Chi Minh, murió antes del fin de la guerra, sin llegar a ver la retirada estadounidense (1973), el hundimiento militar de Vietnam del Sur (1975) y la reunificación del país bajo un régimen comunista (1976). En su honor, las autoridades vietnamitas pusieron el nombre de Ciudad Ho Chi Minh a la antigua capital de Vietnam del Sur, Saigón (1975).

Ir Arriba


Mao Tse-tung

(Hunan, China, 1893 - Pekín, 1976) Político y estadista chino nacido en el seno de una familia de trabajadores rurales. En el medio donde transcurrió su infancia, la educación escolar sólo era considerada útil en la medida en que pudiera ser aplicada a tareas como llevar registros y otras, propias de la producción agrícola, por lo que a la edad de trece años Mao Tse-tung hubo de abandonar los estudios para dedicarse de lleno al trabajo en la granja familiar.

Sin embargo, el joven Mao dejó la casa paterna y entró en la Escuela del Magisterio en Changsha, donde comenzó a tomar contacto con el pensamiento occidental. Más tarde se enroló en el Ejército Nacionalista, en el que sirvió durante medio año, tras lo cual regresó a Changsha y fue nombrado director de una escuela primaria. Luego trabajó en la Universidad de Pekín como bibliotecario ayudante y leyó, entre otros, a Bakunin y Kropotkin, además de tomar contacto con dos hombres claves para revolución socialista china: Li Dazhao y Chen Duxiu.

El 4 de mayo de 1919 estalló en Pekín la revuelta estudiantil contra Japón, en la que Mao Tse-tung tomó parte activa. En 1921 participó en la creación del Partido Comunista, y, dos años más tarde, al formar el partido una alianza con el Partido Nacionalista, Mao quedó como Encargado de Organización. De regreso en su Hunan natal, entendió que el sufrimiento de los campesinos era la fuerza que debía promover el cambio social en el país.

Sin embargo, la alianza con los nacionalistas se quebró, los comunistas y sus instituciones fueron diezmados y la rebelión campesina, reprimida; junto a un numeroso contingente de campesinos, Mao huyó a la región montañosa de Jiangxi, desde donde dirigió una guerra de guerrillas contra Jiang Jieshi, jefe de sus antiguos aliados. El Ejército Rojo, nombre dado a las milicias del Partido Comunista, logró ocupar alternativamente distintas regiones rurales del país.

En 1930 la primera esposa de Mao fue asesinada por los nacionalistas, tras lo cual contrajo nuevo matrimonio con He Zizhen. Al año siguiente se autoproclamó la nueva República Soviética de China, de la que Mao fue elegido presidente, y desafió al comité de su partido a abandonar la burocracia de la política urbana y centrar su atención en el campesinado.

Pese a las victorias de Mao en la primera época de la guerra civil, en 1934 Jiang Jieshi consiguió cercar a las tropas del Ejército Rojo, tras lo cual Mao emprendió la que se conoció como la Gran Marcha, desde Jiangxi hasta el noroeste chino. Entre tanto, los japoneses habían invadido el norte del país, lo que motivó una nueva alianza entre comunistas y nacionalistas para enfrentarse al enemigo común.

Tras la Segunda Guerra Mundial, se reanudó la guerra civil, con la victoria progresiva de los comunistas. El 1 de octubre de 1949 se proclamó oficialmente la República Popular de China, con Mao Tse-tung como Presidente. Si bien al principio siguió el modelo soviético para la instauración de una república socialista, con el tiempo fue introduciendo importantes cambios, como el de dar más importancia a la agricultura que a la industria pesada.

A partir de 1959 dejó su cargo como presidente chino, aunque conservó la presidencia del partido, desde la que promovió una campaña de educación socialista, en la que destacó la participación popular masiva como única forma de lograr un verdadero socialismo. Durante este período, conocido como la Revolución Cultural Proletaria, Mao logró desarticular y luego reorganizar el partido gracias a la participación de la juventud, a través de la Guardia Roja. Su filosofía política como estadista quedó reflejada en su libro “Los pensamientos del presidente Mao”.

Ir Arriba


Napoleon Bonaparte

Napoleón Bonaparte nació el 15 de agosto de 1769 en Ajaccio, capital de la actual Córcega, en una familia numerosa de ocho hermanos. Los méritos escolares de Napoleón en matemáticas facilitaron su ingreso en la Escuela Militar de Brienne. De allí salió a los diecisiete años con el nombramiento de subteniente y un destino de guarnición en la ciudad de Valence. Su agitada etapa juvenil discurrió entre idas y venidas a Francia, la vorágine de la Revolución -cuyas explosiones violentas conoció durante una estancia en París- y los conflictos independentistas de Córcega. Instalado con su familia en Marsella, malvivió entre grandes penurias económicas que a veces le situaron al borde de la miseria.

Con el grado de capitán, adquirió un amplio renombre en ocasión del asedio de Tolón, en 1793, al sofocar una sublevación contrarrevolucionaria apoyada por los ingleses; el plan de asalto propuesto a unos inexperimentados generales fue suyo, y la ejecución también. En reconocimiento a sus méritos fue ascendido a general de brigada. Se le destinó a la comandancia general de artillería en el ejército de Italia y viajó en misión especial a Génova. Napoleón se encargó de reprimir una de las temibles insurrecciones de las masas populares de París, al finalizar 1795, a la que se sumaron los monárquicos con sus propios fines desestabilizadores. Realizó una operación de cerco y aniquilamiento a cañonazos que dejó la capital anegada en sangre.

Antes de partir a Italia en 1796 para dirigir la guerra contra los austríacos y piamonteses, se casó con Josefina de Beauharnais. Trituró el Piamonte en menos de dos semanas y repelió a los austríacos más allá de los Alpes. Sus campañas de Italia pasarían a ser materia obligada de estudio en las academias militares durante innúmeras promociones. Tanto o más significativas que sus victorias aplastantes en Lodi, en 1796, en Arcole y Rívoli, en 1797, fue su reorganización política de la península italiana, que llevó a cabo refundiendo las divisiones seculares y los viejos estados en repúblicas de nuevo cuño dependientes de Francia.

Napoleón mostraba una amenazadora propensión a ser la espada que ejecuta, el gobierno que administra y la cabeza que planifica y dirige, tres personas en una misma naturaleza de inigualada eficacia. El 19 de mayo de 1798 embarcó rumbo a Alejandría, y dos meses después, en la batalla de las pirámides, dispersaba a la casta de guerreros mercenarios que explotaban el país en nombre de Turquía -los mamelucos-, para internarse luego en el desierto sirio. Pero todas sus posibilidades de éxito se vieron colapsadas por la destrucción de la escuadra francesa en Abukir por Nelson, el émulo inglés de Napoleón en los escenarios navales.

Se decidió a regresar a Francia en el primer barco que pudo sustraerse al bloqueo de Nelson, recaló de paso en su isla natal y nadie se atrevió a juzgarle por deserción y abandono de sus tropas. En pocas semanas organizó el golpe de estado del 18 Brumario con la colaboración de su hermano Luciano, el cual le ayudó a disolver la Asamblea Legislativa del Consejo de los Quinientos en la que figuraba como presidente. Era el año de 1799. El golpe barrió al Directorio, a su antiguo protector Barras, a las cámaras, a los últimos clubes revolucionarios, a todos los poderes existentes e instauró el Consulado: un gobierno provisional compartido en teoría por tres titulares, pero en la realidad no fue más que una cobertura a su dictadura absoluta, sancionada por la nueva Constitución napoleónica del año 1800, aprobada bajo la consigna de «la Revolución ha terminado».

La nueva Constitución restablecía el sufragio universal que había recortado la oligarquía, sucesora de Robespierre. La oposición a su gobierno fue desmantelada mediante represiones a derecha e izquierda. El secuestro y ejecución de un príncipe emparentado con los Borbones depuestos, el Duque de Enghien, el 20 de marzo de 1804, fue el corolario para el ofrecimiento de la corona imperial que le hizo el Senado al día siguiente.

La ceremonia de coronación se llevó a cabo el 2 de diciembre en Notre Dame, con la asistencia del papa Pío VII; aunque Napoleón se ciñó la corona a sí mismo y después la impuso a Josefina, el pontífice se limitó a pedir que celebrasen un matrimonio religioso, en un sencillo acto que se ocultó celosamente al público. Una nueva Constitución, el mismo año, afirmó aún más su autoridad omnímoda. La historia del Imperio es una recapitulación de sus victorias sobre las monarquías europeas, aliadas en repetidas coaliciones contra Francia y promovidas en último término por la diplomacia y el oro ingleses.

En la batalla de Austerlitz, de 1805, abatió la tercera coalición; en la de Jena, de 1806, anonadó al poderoso reino prusiano y pudo reorganizar todo el mapa de Alemania en la Confederación del Rin, mientras que los rusos eran contenidos en Friendland, en 1807. Al reincidir Austria en la quinta coalición, volvió a destrozarla en Wagram en 1809. Nada podía resistirse a su instrumento de choque, la Grande Armée (el 'Gran Ejército'), y a su mando operativo, que, en sus propias palabras, equivalía a otro ejército invencible.

En todas partes los derechos feudales eran abolidos junto con las particularidades económicas, aduaneras y corporativas; se creaba un mercado único interior, se implantaba la igualdad jurídica y política según el modelo del Código Civil francés. Se establecía una administración centralizada y uniforme y la libertad de cultos y de religión, o la libertad de no tener ninguna. Con estas y otras medidas se reemplazaban las desigualdades feudales.

La obra napoleónica, que liberó fundamentalmente la fuerza de trabajo, es el sello de la victoria de la burguesía y puede resumirse en una de sus frases: «Si hubiera dispuesto de tiempo, muy pronto hubiese formado un solo pueblo, y cada uno, al viajar por todas partes, siempre se habría hallado en su patria común». Los únicos Estados que quedaban a resguardos eran Rusia y Gran Bretaña, cuya hegemonía marítima había sentado de una vez por todas Nelson en Trafalgar, arruinando los proyectos mejor concebidos del emperador. Contra esta última había ensayado el bloqueo continental, cerrando los puertos y rutas europeos a las manufacturas británicas.

El bloqueo también condujo en 1808 a invadir Portugal y España. Los Borbones españoles fueron desalojados del trono en beneficio de su hermano José, y la dinastía portuguesa huyó a Brasil. Ambos pueblos se levantaron en armas y comenzaron una doble guerra de independencia que los dejaría destrozados para muchas décadas, pero diezmaron a una parte del “Gran Ejército” en una guerra de guerrillas que se extendió hasta 1814. La otra parte del ejército fue tragada por las inmensidades rusas.

En la campaña de 1812 contra el zar Alejandro I, Napoleón llegó hasta Moscú, pero en la obligada retirada perecieron casi medio millón de hombres entre el frío y el hielo del invierno ruso, el hambre, y el continuo hostigamiento del enemigo. Toda Europa se levantó entonces contra el dominio napoleónico, y el sentimiento nacional de los pueblos se rebeló dando soporte al desquite de las monarquías; hasta en Francia, fatigada de la interminable tensión bélica y de una creciente opresión, la burguesía resolvió desembarazarse de su amo.

La batalla resolutoria de esta nueva coalición, la sexta, se libró en Leipzig en 1813: la «Batalla de las Naciones», una de las grandes y raras derrotas de Napoleón. Fue el prólogo de la invasión de Francia, la entrada de los aliados en París y la abdicación del emperador en Fontainebleau, en abril de 1814, forzada por sus mismos generales.

Las potencias vencedoras le concedieron la soberanía plena sobre la minúscula isla italiana de Elba y restablecieron en su lugar a los Borbones, arrojados por la Revolución, en la figura de Luis XVIII. Desembarcó en Francia con sólo un millar de hombres y, sin disparar un solo tiro, en un nuevo baño triunfal de multitudes, volvió a hacerse con el poder en París. Pero fue derrotado en junio de 1815 por los vigilantes Estados europeos en Waterloo y puesto nuevamente en la disyuntiva de abdicar.

Así concluyó su segundo período imperial, que por su corta duración se ha llamado de los Cien Días (de marzo a junio de 1815). Se entregó a los ingleses, que le deportaron a un perdido islote africano, Santa Elena, donde sucumbió lentamente a las iniquidades de un tétrico carcelero, Hudson Lowe. Antes de morir, el 5 de mayo de 1821, escribió el Memorial de Santa Elena, en las que se describió a sí mismo tal como deseaba que le viese la posteridad.

Ir Arriba


Simón Bolívar

Simón Bolívar nació en Caracas, el 24 de julio de 1783. Venezuela era entonces una Capitanía General del Reino de España, en cuya población se manifestaban las diferencias existentes entre la oligarquía española dueña del poder, la clase mantuana o criolla, los terratenientes -en su mayoría- y los estratos bajos de pardos y esclavos. Los mantuanos, a pesar de los privilegios que tenían, habían desarrollado un sentimiento particular del "ser americano", que los invitaba a la rebeldía. Ésta era la clase a la cual pertenecían los padres de Bolívar, quienes dejaron en herencia una gran fortuna.

Entre los valles de Aragua y la ciudad de Caracas discurrió la infancia y parte de la adolescencia del joven Simón. Combinaba sus estudios en la escuela de primeras letras de la ciudad con visitas a la hacienda de la familia. A los quince años de edad, por mediación de un tío "ministro del Tribunal de la Contaduría Mayor del Reino" ante el rey Carlos IV, fue nombrado "subteniente de Milicias de Infantería de Blancos de los Valles de Aragua". Mientras esto sucedía, tuvo la suerte de formarse con los mejores maestros y pensadores de la ciudad: Andrés Bello, Guillermo Pelgrón y Simón Rodríguez. Fue este último, sin embargo, quien logró calmar por instantes el ímpetu nervioso y rebelde del niño, alojándolo como interno en su casa por orden de la Real Audiencia.


En 1799 llega Bolívar a Madrid y, a pesar de seguir sus estudios, el ambiente de la ciudad le seducía: frecuentaba los salones de lectura, baile y tertulia, y observaba maravillado la corte del reino desde los jardines de Aranjuez. Conoció a María Teresa Rodríguez del Toro, con quien se casaría el 26 de mayo de 1802 en la capilla de San José, en el palacio del duque de Frías. Se trasladan a Caracas donde María Teresa moriría pocos días después de fiebre amarilla. Bolívar, desilusionado, decide alejarse y regresa a Europa, contagiándose con las ideas liberales y la literatura que inspiraron la Revolución Francesa.

El caraqueño Francisco de Miranda, desde Estados Unidos y las Antillas, preparaba una invasión que dibujaba la noción de independencia. Simón Rodríguez se hallaba en Viena; Bolívar, al enterarse, corrió en su búsqueda. Posteriormente el maestro se trasladó a París, y en compañía de Fernando Toro emprendieron un viaje cuyo destino final era Roma.

Cruzaron los Alpes caminando hasta Milán, donde se detuvieron el 26 de mayo de 1805 para presenciar la coronación de Napoleón, a quien Bolívar admiraría siempre. Bolívar se entera de las fallidas expediciones libertadoras de Francisco de Miranda y regresa a Caracas a mediados de 1807, tras una corta estancia en Estados Unidos, para retornar a su antigua vida de hacendado. Más tarde se incorporaba a las actividades conspirativas, al estallar la revuelta el 19 de abril de 1810.

Las noticias del reino anunciaban la invasión de España por las tropas de Napoleón y el secuestro del rey y su hijo Fernando. La situación era propicia para que el conde de Tovar presentara al gobierno un proyecto para crear una junta de gobierno adscrita a la Audiencia de Sevilla. Los criollos demandaban participación política. En un comienzo, las autoridades se mostraron reacias al proyecto, pero, posteriormente, ante el vacío de poder que se había creado, decidieron pactar con los conspiradores. Bolívar, enterado de la situación, abrió las puertas de "la cuadra de Bolívar" para incorporarse en las reuniones. Se negó categóricamente a participar en el proyecto de la coalición; para él, debía clamarse por la emancipación absoluta.

La revuelta caraqueña daba inicio al proceso de Independencia de Venezuela. Se creó una Junta Suprema de Venezuela en la que Bolívar fue nombrado "Coronel de Infantería". Le fue asignada la tarea de viajar a Londres, en compañía de Andrés Bello y Luis López Méndez, en busca de apoyo para el proyecto del nuevo gobierno. Ante la neutralidad de los ingleses, y a pesar de su frustración, encontró el empujón que le faltaba para decidirse a entregar su alma y su vida por la idea de la emancipación absoluta de toda la América.

La pieza clave de esta circunstancia la halló en la figura de Francisco de Miranda, ideólogo y visionario de la Independencia de América, quien ya había ideado un proyecto para la construcción de una gran nación llamada "Colombia". Bolívar se empapó de las ideas de este hombre y las reformuló a lo largo de una campaña que duraría veinte años. Regresó a Caracas convencido de la misión que decidió atribuirse. Miranda no tardaría en seguirlo; su figura era algo mítica entre los criollos, tanto por el largo tiempo que pasó en el exterior como por su participación en la Independencia de Norteamérica y en la Revolución Francesa. Casi nadie lo conocía, pero Bolívar, convencido de la utilidad de este hombre para la empresa que se iniciaba, lo introdujo en la Sociedad Patriótica de Agricultura y Economía (creada en agosto de 1810).

Ganados ambos a la idea de proclamar una independencia absoluta para Venezuela, instaron a los miembros de la Sociedad a pronunciarse a favor de ello ante el Congreso Constituyente de Venezuela, reunido el 2 de marzo de 1811. Fue a propósito de ello que Bolívar dictó su primer discurso memorable: "Pongamos sin temor la piedra fundamental de la libertad suramericana. Vacilar es perdernos".

El 5 de julio de 1811 el Congreso declaró la Independencia de Venezuela y se aprobó la Constitución Federal para los estados de Venezuela. La primera República se perdió como consecuencia de las diferencias de criterios entre los criollos y de los resentimientos entre castas y clases sociales. Una guerra civil iba a desatarse de inmediato, Bolívar tomaría conciencia del carácter clasista de la guerra y reflexionaría sobre ello a lo largo de todas sus proclamas políticas. En esta oportunidad le tocó defender la República desde Puerto Cabello, pero las fuerzas del otro bando eran superiores.

El 25 de julio se produjo la capitulación del generalísimo Francisco de Miranda; esta acción llenó de ira a Bolívar, quien, al enterarse de los planes de Miranda de abandonar el territorio, participó en su arresto en el puerto de La Guaira: "Yo no lo arresté para servir al rey sino para castigar a un traidor". La estrategia de Bolívar fue entonces huir hacia Curazao, desde donde partió a Cartagena. Su intención, arropada en el manto de un discurso deslumbrante, era encontrar apoyo en las fuerzas neogranadinas para emprender en Venezuela la reconquista de la República. Los vecinos lo acogieron otorgándole el rango de Capitán de Barrancas. Libró unas cuantas batallas, incluso desobedeciendo órdenes, y bajo el mismo procedimiento emprendió su arremetida hacia Venezuela.

Se inició en mayo de 1813 la Campaña Admirable, gesta que consistió en la reconquista de los territorios del occidente del país y en forma simultánea los de Oriente, a cargo de Santiago Mariño, hasta entrar triunfalmente en Caracas en agosto del mismo año. A su paso por Mérida le llamaban "El Libertador", y con ese nombre fue ratificado por la municipalidad de Caracas, que le nombró, además, Capitán General de los Ejércitos de Venezuela. La polarización de los bandos que intentó Bolívar no fue suficiente para mitigar las diferencias existentes entre los ejércitos de pardos y negros frente a la gesta emancipadora.

La furia de los ejércitos llaneros, al mando del asturiano José Tomás Boves, obligó al éxodo de Caracas en julio de 1814. La República cae nuevamente. Había que repensar la situación. Después de un corto pero victorioso tránsito por la Nueva Granada, es nombrado general de división. Marcha hacia Jamaica en mayo de 1815 y ya en Kingston se dedicó a divulgar, a través de una copiosa correspondencia con personalidades de todo el mundo, la intención de la guerra que se estaba librando en el territorio de la América meridional. Hasta entonces, el mundo sólo conocía la versión de los realistas. De estos documentos, el más famoso es la Carta de Jamaica. En ella reproduce el panorama de todas las luchas que se llevaban simultáneamente en América, especula acerca del futuro del territorio, y adelanta la idea de la unión colombiana. Y es que la escritura fue un capítulo importante en la vida de Bolívar.

El poder que ejercía su pluma, puede decirse, le garantizó gran parte de sus triunfos. Revolucionó el estilo de la prosa haciendo de su letra el reflejo vivo de sus pasiones, pensamientos y acciones. Desde Jamaica preparaba la nueva estrategia para Venezuela, cuya reconquista tardaría seis años en conseguirse. “Las expediciones se iniciaron en Margarita, continuaron en dirección hacia Guayana… luego hasta Valencia, para sellar la independencia definitiva en Carabobo, el 24 de junio de 1821”.

Proclamó la libertad de los esclavos, ofreció tierras a cambio de lealtad militar y se encargó de la reconstrucción política de la región: convocó un Congreso en Angostura en febrero de 1819, donde pronunció un célebre discurso en el cual instó a los representantes a proclamar una constitución centralista y la creación de la Gran Colombia. El sur se encontraba en la mira de Colombia, es decir, de Bolívar. La liberación y adhesión de Quito y Guayaquil resultaba fundamental para mantener la hegemonía de Colombia en el continente. Ello fue logrado, desde el punto de vista militar, en la batalla de Pichincha, y desde el punto de vista político, por las negociaciones adelantadas por Sucre y Bolívar en la región.

La jornada de Independencia, sin embargo, terminaría en Perú con las batallas de Junín y Ayacucho, en 1824. El valor estratégico que tenía la liberación y conquista de este territorio por parte del ejército Libertador era promover la salida definitiva de los españoles del territorio americano. Pero, además, se trataba del triunfo de la ideología bolivariana republicana sobre la propuesta de construir una monarquía en los territorios del sur, defendida por la oligarquía peruana y secundada aparentemente por José de San Martín, "Libertador del Sur" y "Protector" de aquellas tierras.

Bolívar anhelaba para el Alto Perú su reivindicación definitiva como tierra incaica frente a la devastadora clase dominante limeña. En ese territorio, después de la batalla de Ayacucho, se construye una nación con el nombre de Bolívar (Bolivia). Sucre queda al mando y Bolívar regresa a rendir cuentas al Congreso colombiano; corría el año 1826.

Abogó por la edificación de un Estado centralista que lograra cohesionar aquello que en virtud de la heterogeneidad racial, cultural y geográfica no resistía la perfección de una federación. Todo fue inútil. Las pugnas caudillistas y nacionalistas vencieron y procedieron a la separación de Venezuela y Ecuador de la Gran Colombia. Murió, solo y defenestrado de los territorios que había libertado, el 17 de diciembre de 1830.

Ir Arriba


José de San Martín

José de San Martín nació el 25 de febrero de 1778 en Yapeyú, actual provincia de Corrientes, República Argentina. Quinto hijo de Juan de San Martín, español de nacimiento, teniente gobernador del departamento perteneciente al Virreinato del Río de la Plata, y de Gregoria Matorras, sobrina de quien fuera conquistador del Chaco: Jerónimo Matorras.

A los diez años de edad, José de San Martín debió trasladarse junto a su familia a España, ingresando al Seminario de Nobles de la capital ibérica debido a que su padre fue ascendido y destinado a Málaga. En 1789 inicia su carrera militar en el regimiento de Murcia donde combatirá en las dominaciones españolas en el África (Melilla y Orán). Combatió contra los corsarios berberiscos y fue herido en 1791 en el sitio de Orán.

En 1793 es ascendido a subteniente segundo, primero en 1794 y segundo teniente en 1795, por su participación en las luchas contra los franceses en la Guerra de la Convención. En su lucha en la Guerra de las Naranjas frente a Portugal, es ascendido a capitán de infantería; distinta suerte tuvo su regimiento en el combate naval contra la flota inglesa que un año después se ve en la necesidad de rendirse. Ascendido a Capitán de Segunda de infantería ligera continúa sus luchas en el sur de España, Gibraltar y Cádiz.

En el año 1808 el rey español Fernando VII es capturado por Napoleón Bonaparte, que invade España y nombra a su hermano como rey del país peninsular. Los españoles estallan en rebelión contra el gobierno francés y se establece una Junta de Gobierno situada en Sevilla y luego en Cádiz.

La Junta, teniendo en cuenta el desempeño de José de San Martín en la lucha de los Pirineos contra los galos, lo nombra Ayudante de Primera del Regimiento de Voluntarios de Campo Mayor. El 19 de julio de 1808 los franceses son derrotados en la batalla de Baylén; en virtud del valor demostrado en acción en la mencionada batalla, es ascendido a Capitán del Regimiento de Borbón. El desempeño de José de San Martín también le valen la medalla de oro y un nuevo ascenso al grado de Teniente Coronel.

Lucha del bando aliado (España, Inglaterra y Portugal) bajo el mando del General Beresford, hasta el año 1811. En ese ínterin conoce a un noble escocés que lo introduce en logias masónicas: lord Macduff. En 1811 viaja, por intermedio de este personaje, a Inglaterra a encontrarse con miembros de una logia (Alvear, Zapiola, Bello, etc.) fundada por Francisco de Miranda.

George Cannig es el nombre de la fragata inglesa que traslada a José de San Martín hacia Buenos Aires, capital de la República Argentina, en enero de 1812. En ese país se había constituido una junta (Junta Grande) que gobernaba en nombre del rey Fernando VII, mientras se hallaba prisionero. La junta designa a un triunvirato (Paso, Chiclana y Sarratea) como cuerpo ejecutivo que no se decide por la continuidad de la autoridad virreinal o por la autonomía, luego de haber declarado la independencia el 25 de mayo de 1810. Montevideo se rebela contra la autoridad de Buenos Aires; en Chile el cabildo se pronuncia por la independencia; en Bolivia los realistas avanzan sobre el norte del actual territorio argentino mientras es defendido por el ejército al mando del General Manuel Belgrano; Paraguay también opta por la independencia. Este es el teatro de Sudamérica con el que se encuentra José de San Martín a su arribo; el Triunvirato le reconoció el grado de Teniente Coronel y le encomendó la creación de un escuadrón propio.

Todo el año 1812 José de San Martín se dedicó a instruir a sus hombres las técnicas de combate aprendidas en las luchas contra Napoleón y forjando la personalidad de lo que sería el famoso Regimiento de Granaderos a Caballo. El 12 de septiembre contrae matrimonio con María de los Remedios de Escalada, joven de familia patricia y distinguida. En octubre de ese año se nombra el segundo Triunvirato en Buenos Aires, con nombres impuestos por presión de la Logia sanmartiniana. (Paso, Rodríguez Peña y Alvarez Jonte); este movimiento se produce paralelamente a la victoria de Manuel Belgrano en Tucumán. El Triunvirato ordena el sitio de Montevideo; la Asamblea General Constituyente del año 1813, que tenía entre sus filas un alto número de miembros de la Logia Lautaro, se declara independiente de España y aprueba los colores de la bandera argentina y los símbolos patrios.

Los realistas que ocupaban Montevideo (capital del actual Uruguay) realizaban frecuentes incursiones sobre el litoral argentino saqueando y asesinando a los pobladores de la costa del Río Paraná. Enterado el gobierno central del próximo desembarco de una escuadra española, José de San Martín es encomendado para la protección de la misma. Once naves y unos trescientos soldados fueron divisados y seguidos por las huestes del entonces Coronel José de San Martín. Fondeados frente al monasterio de San Carlos, pueblo de San Lorenzo, Rosario, los realistas son sorprendidos por los granaderos el 3 de febrero de 1813, formados en dos columnas que atacaron de lado a los invasores, venciéndolos en pocos minutos y obligándolos a huir haciendo abandono de armas y estandartes.

Entretanto, el Comandante Guillermo Brown derrota a las flotas realistas del Río de la Plata y sitia Montevideo hasta su rendición en 1814. En la posta de Yatasto se reúne Belgrano con José de San Martín, enviado por el Triunvirato con tropas de refuerzo. José de San Martín toma el mando del ejército y Belgrano se transforma en un subordinado y amigo; el futuro libertador incorpora nuevos reclutas y le imparte nuevas instrucciones. Sostiene la frontera con el ejército renovado frente al peligro que suponían los realistas al mando del General Pezuela; pero José de San Martín no estaba solo. Cuando decide partir en busca de otra vía para llegar a Lima, deja la defensa del norte de los territorios al jefe de un grupo de gauchos, salteño, gran conocedor del terreno, con una valentía sin igual y con una inteligencia sobresaliente: Martín Miguel de Güemes.

José de San Martín se dispone entonces a llevar a cabo lo que él llamaba su secreto: la conquista de la capital del virreinato por la vía del Pacífico cruzando la Cordillera de los Andes y accediendo a Lima por mar. En abril de 1814 José de San Martín cae enfermo, por lo que debe recluirse en la provincia de Córdoba dejando al General Cruz al mando del ejército; el estado de salud es delicado por lo que deberá permanecer inactivo bastante tiempo. La Asamblea de Buenos Aires había disuelto el Triunvirato y nombrado un Director Supremo de las Provincias Unidas: Gervasio Posadas. Éste designa a José de San Martín como Gobernador Intendente de Cuyo.

Entretanto, el Reino de Chile (independiente de los realistas) se encontraba en peligro; O´Higgins y Carreras son aniquilados por los ejércitos españoles en Rancagua, lo que deja desprovista de defensa a Santiago, su capital. Carreras y sus hombres huyen refugiándose en Cuyo. Chile, Venezuela y el Alto Perú sucumbieron a manos realistas (Bolívar se encuentra refugiado en Cartagena); Fernando VII, luego de la derrota y del apresamiento de Napoleón, retoma el mando condenando a muerte a todos los que se opusieran a su soberanía: por aquella época, sólo los pueblos del Río de la Plata. España prepara entonces una expedición de diez mil hombres que llegarían a puertos sudamericanos a sojuzgar a los rebeldes independentistas. En 1815 renuncia Posadas como Director Supremo y asume Carlos María de Alvear, quien estaba enfrentado con San Martín; ordena el nombramiento del General Perdriel como Gobernador de Cuyo, lo que produce grandes problemas en la ciudad de Mendoza.

El Cabildo mendocino solicita a Alvear que mantenga en el cargo a José de San Martín alegando un peligro cierto de invasión realista por el oeste. Si bien accede a la petición, ya los cabildos de las provincias de la región y la gente de los pueblos de Mendoza, San Luis y San Juan confirman el cargo del General y resultó aclamado como Gobernador.

Una vez confirmado en su cargo y consciente del poder obtenido, se dedica a la formación del Ejército de los Andes; el pueblo mendocino aportó hombres, joyas, alimentos, trabajo (de hombres y mujeres) y dinero proveniente de la subasta de tierras públicas, donaciones y contribuciones. Enterados de la expedición organizada por España al mando del General Murillo, dispuesta a zarpar hacia territorio americano, José de San Martín reúne al pueblo mendocino el 6 de junio de 1815 y le informa del acercamiento de los diez mil soldados realistas y solicita ayuda que el pueblo cuyano aportó con creces; Remedios de Escalada encabezó el grupo de damas que donaron sus joyas y bienes a la causa.

El Ejército del Norte al mando de Rondeau es vencido debiendo recular a Salta. Chile está bajo el total dominio español y el General Murillo y sus diez mil hombres en vez de desembarcar en el Río de la Plata lo hacen en Venezuela destruyendo las tropas reorganizadas de Bolívar y cometiendo atrocidades en las poblaciones. La suerte de la independencia americana quedaba en manos de un pequeño ejército al mando de José de San Martín que debía decidir con premura los detalles de la próxima jugada, que, quizás sin ser la última, sería decisiva en lo inmediato.

Formado el Congreso en Buenos Aires, se designa a Pueyrredón, con el beneplácito de los miembros de la Logia Lautaro, como Director Supremo. José de San Martín le hace saber a éste sobre su plan (que Pueyrredón ya conocía por ser parte de la logia) y envía suministros para la campaña. Mientras se cumplía este trámite José de San Martín realiza tareas de espionaje en Chile intentado conseguir el apoyo de los pobladores, y corriendo la noticia falsa de una posible partida hacia el Alto Perú por la vía continental sin el cruce de los Andes.

A su vez Guillermo Brown, junto a Hipólito Bouchard, dobla el Cabo de Hornos y asola las fortalezas de Chile, El Callao, Guayaquil, entre otros, lo que permitiría, además, conocer las fuerzas y las defensas del enemigo. En el Río de la Plata se intercepta correspondencia y se cometen actos de piratería a naves con destino a España, ganando información esencial y suministros. El 15 de julio se reúnen San Martín y Pueyrredón en Córdoba para ultimar los detalles de la expedición. El 1º de agosto José de San Martín es nombrado General en Jefe del Ejército de los Andes.

Dos divisiones cruzarían por Los Patos al mando de O´Higgins y Soler, otra por Uspallata al mando de Las Heras, una ligera a las órdenes de Cabot, otras lo harían por distintos sectores, debiendo aparecer todas al mismo tiempo (entre el 6 y el 8 de febrero) en territorio chileno. Chacabuco dejó un saldo de 500 realistas muertos, 600 prisioneros y muchos pertrechos mientras que sólo 12 sudamericanos resultaron heridos de muerte y 120 con heridas de diferente consideración. José de San Martín demuestra así sus enormes dotes como militar. El 14 de febrero ingresa triunfal a Santiago de Chile.

Elegido Gobernador del país andino renuncia a su cargo a favor de O´Higgins. Mientras tanto, Montevideo caía en manos portuguesas y el Ejército del Norte continuaba cosechando derrotas, aunque Güemes resistía heroicamente. Un mes más tarde José de San Martín cruza nuevamente la cordillera rumbo a Buenos Aires, donde llega de incógnito con el objetivo de lograr que el gobierno porteño iniciara acciones para conseguir que Inglaterra enviase una flota para trasladar al ejército unido (el chileno y de los Andes) hasta Lima y eliminar el dominio de los mares del Pacífico por parte de los realistas.

De regreso, y como Generalísimo del Ejército Unido, José de San Martín propone al Virrey el canje de prisioneros, aunque el verdadero objetivo era el enviar un mensajero para conocer el plan del enemigo. La estratagema dio resultado proveyendo información sobre un embarque de hombres en cuatro fragatas para recuperar Chile. Los cinco mil soldados españoles le asestan un golpe a las divisiones de O´Higgins (quien resultó herido) en Cancharrayada; la batalla de Maipú torció la fortuna española y la convirtió en una terrible derrota a manos de José de San Martín. Este retorna a Buenos Aires para continuar y apurar la formación de la flota, aunque el sigilo pretendido por el libertador es roto por Pueyrredón que le brinda un agasajo público. Parte hacia Chile con la promesa del gobierno de un préstamo para la construcción de la flota.

Llegado y demorado en Mendoza por una nevada, recibe la noticia de que la promesa nunca sería realidad. En consecuencia, decide renunciar a su empresa, generando desesperación entre sus hombres y el propio gobierno que termina autorizando el empréstito. La flota queda conformada y pronto domina las aguas del Pacífico Sur. Arriba entonces a Valparaíso Lord Cochrane, escocés, que supo luchar por Inglaterra y que aceptó la propuesta de José de San Martín de unirse a la aventura libertadora (se cree que sus motivaciones eran económicas, considerándoselo como un mercenario). Las victorias se suceden mientras que España ordena la partida de 20,000 soldados al mando de O´Donnell, conde del Abisbal.

San Martín retorna a Mendoza con una parte del Ejército de los Andes y logra que los caudillos de la mesopotamia argentina (apoyados por fuerzas portuguesas) lleguen a un armisticio con el gobierno central en cuanto a sus reclamos federalistas.

El país pujaba internamente con armas entre los unitarios centralistas y los federales, que pretendían impedir la hegemonía y la dominación del gobierno porteño. Llamado a reprimir a las provincias disidentes del gobierno central, José de San Martín se niega a derramar sangre hermana. Renuncia Pueyrredón y llegan noticias de Cádiz de la sublevación de las tropas españolas por lo que la expedición no partiría hacia Buenos Aires. Sin embargo, el verdadero problema era interno; gran número de provincias sublevadas y alzadas en armas contra las tropas nacionales. José de San Martín sufre nuevamente problemas de salud, instalándose en Santiago de Chile para su recuperación.

La autoridad del Ejército de los Andes ya no recaía en la cabeza de José de San Martín, quien había sido nombrado por el Director Supremo saliente; el propio San Martín informa este hecho a sus hombres y les pide que sean ellos quienes, ante al caos del gobierno argentino, elijan a su comandante. Obviamente sus hombres lo aclaman. Al frente del Ejército Unido desembarca en Perú mientras que el Virrey concentraba sus fuerzas en Lima. Promueve la sublevación de la población local, libera los esclavos y crea el escudo y la bandera peruana. En enero de 1821 sitia Lima; el Virrey es derrocado por una sublevación y asume de la Serna e Hinojosa (pariente de la madre de Ernesto Che Guevara), quien invita a José de San Martín a negociar, lo cual fracaso debido a las posiciones irreconciliables de las partes. En marzo arriba al Perú el encargado del nuevo gobierno de España para lograr una solución pacífica.

El 2 de junio se reúnen José de San Martín y de la Serna, delegados ambos de sus respectivos bandos, en el que libertador propone una monarquía constitucional con un príncipe europeo. Los acuerdos no llegan y el Perú es tomado por los independentistas en una sucesión de victorias por todo el continente. El 28 de julio se proclama la independencia del Perú. El 4 de agosto José de San Martín es nombrado Protector y cabeza del gobierno, cargo al que dimitirá el 20 de septiembre. Durante su dirigencia se realizaron reformas sociales importantísimas. Callao todavía resistía pero pronto fue víctima de la paciencia de los libertadores, que habían sitiado la fortaleza hasta su caída el 21 de septiembre. Los ejércitos realistas tenían aún dos bastiones: Quito y el sur del Perú, prontamente tomados por los ejércitos libertadores.

El 20 de septiembre se embarca con rumbo a Chile encontrándose con su amigo O´Higgins. El 3 de agosto de 1823 muere Remedios de Escalada; el 4 de diciembre llega a Mendoza para hacerse cargo de su hija Mercedes y el 10 de febrero de 1824 parte hacia Francia, donde escribe las “máximas” para su hija. En 1827 ofreció sus servicios a las autoridades argentinas con motivo de la guerra con Brasil y en 1829 quiso mediar en las disidencias internas entre los centralistas de la capital y los federalistas de las provincias, a los que siempre se había opuesto; viajó a Buenos Aires, aunque permaneció en Montevideo y regresó a Europa. Alejandro Aguado, marqués de las Marismas del Guadalquivir y amigo íntimo del General, ayudó a su instalación en París en 1830, desde donde escribió numerosas cartas a los dirigentes argentinos. Casi ciego, en 1848 se trasladó a Boulogne-sur-Mer (Francia), donde murió el 17 de agosto de 1850.

Ir Arriba


Francisco de Miranda

Precursor del movimiento de emancipación de Hispanoamérica (Caracas, 1750 - San Fernando, Cádiz, 1816). Era hijo de un comerciante canario que había hecho fortuna en Venezuela. Francisco de Miranda estudió en la Universidad de Caracas y se alistó en el ejército español en 1771. Combatió en el norte de África, en las Antillas y en la intervención contra Gran Bretaña durante la Guerra de Independencia de los Estados Unidos (1780-81).

Luego se instaló como comerciante en Cuba pero fue procesado por contrabando y lectura de libros prohibidos en 1783 porque, efectivamente, Miranda era seguidor de los enciclopedistas y los filósofos ilustrados, cuyo ideario político liberal había adoptado.

Antes de ser desterrado al norte de África, consiguió huir y se lanzó, por lo que le quedaba de vida, a luchar contra la dominación colonial española en su país. Recorrió Europa y Estados Unidos defendiendo la causa de la independencia hispanoamericana, a imagen de lo que habían hecho las antiguas colonias británicas del continente. Su pertenencia a la masonería le facilitó el contacto con las personalidades más relevantes del mundo, a través de las logias europeas y americanas.

Durante su estancia en Francia se adhirió a la Revolución -que le nombró general- y prestó sus servicios para la conquista francesa de los Países Bajos (1792-93), pero perdió el empleo por un conflicto con Dumouriez. Fue perseguido por el Comité de Salvación Pública durante el Terror (1793), y se salvó de la guillotina por la caída de Robespierre. Luego presidió una junta de representantes de las colonias españolas de América (fundada en París en 1797), que respaldó su campaña en busca de apoyos internacionales.

En 1806 regresó a Venezuela, habiendo conseguido promesas de ayuda por parte de la zarina Catalina II de Rusia, el presidente americano Jefferson y, sobre todo, el Joven Pitt, primer ministro de Gran Bretaña, de cuyos intereses geoestratégicos se convirtió en agente.

Miranda pretendía formar un único Estado hispanoamericano independiente desde el Mississippi hasta la Tierra del Fuego, para el cual había proyectado una constitución, ideado un nombre -Colombia- e incluso diseñado una bandera (la actual de Colombia, Venezuela y Ecuador). Pero su primer intento de desembarcar en Ocumare fue rechazado por el capitán general de Venezuela; y un segundo desembarco en Coro no despertó la adhesión que esperaba por parte de los criollos, por lo que regresó a Europa en busca de refuerzos (1807).

La invasión de España por las tropas de Napoleón en 1808 creó en las colonias americanas una situación de desconcierto y vacío de poder, que los independentistas aprovecharon para lanzar su revolución con más garantías de éxito: Miranda fundó el periódico El Colombiano, desde el cual coordinó los movimientos revolucionarios que estallaron simultáneamente, y con características semejantes, en toda Hispanoamérica en 1810; en aquel año regresó a Venezuela, a instancias de Bolívar y de la junta revolucionaria formada en Caracas.

Un Congreso proclamó la independencia de Venezuela al año siguiente, adoptando una Constitución inspirada en la de los Estados Unidos. Miranda fue puesto al frente del ejército rebelde y se proclamó dictador para detener el contraataque español (1812). Pero fue derrotado y capituló sin consultar a sus propios compañeros en aquel mismo año. Desacreditado por sus errores políticos y militares, y enfrentado tanto a los republicanos radicales como a los terratenientes conservadores, fue arrestado por Bolívar y entregado a los realistas, que le enviaron preso a España, donde murió.

Ir Arriba


Emiliano Zapata

(San Miguel Anenecuilco, México, 1879 - Morelos, 1919) Revolucionario agrarista mexicano. Hijo de una humilde familia campesina, Emiliano Zapata trabajó como peón y aparcero y recibió una pobre instrucción escolar. Tenía veintitrés años cuando apoyó a la Junta de Cuautla en sus reivindicaciones por los ejidos de Morelos, su estado natal. La persecución desatada contra la Junta por el régimen porfirista lo llevó a Cuernavaca y luego a México como caballerizo del ejército. De regreso en Morelos, Emiliano Zapata retomó la defensa de las tierras comunales y, en 1909, fue designado jefe de la Junta de Ayala. Al frente de un pequeño grupo armado, ocupó las tierras del Hospital y las distribuyó entre los campesinos.

Mientras el gobernador de Morelos, representante de los intereses de los terratenientes, enviaba fuerzas contra él, Genovevo de la O se sublevó en Cuernavaca. En el curso de los dos años siguientes, otros campesinos se levantaron en armas, entre ellos Tepepa, Merino y el maderista Torres Burgos, con quienes se alió Zapata. En marzo de 1911 se adhirió al plan de San Luis Potosí proclamado por Madero y, a la muerte de Torres Burgos, fue designado «jefe supremo del movimiento revolucionario del Sur». Tras la caída de la dictadura de Porfirio Díaz, pronto aparecieron las discrepancias entre Zapata, quien reclamaba el inmediato reparto de las tierras de las haciendas entre los campesinos, y Madero, que por su parte exigía el desarme de las guerrillas. Por fin, Zapata aceptó el licenciamiento y desarme de sus tropas, con la esperanza de que la elección de Madero como presidente abriera las puertas a la reforma.

Elegido éste en 1911, y ante el fracaso de nuevas conversaciones, Zapata elaboró en noviembre del mismo año el plan de Ayala, en el que declaraba a Madero incapaz de cumplir los objetivos de la revolución y anunciaba la expropiación de un tercio de las tierras de los terratenientes a cambio de una compensación, si se aceptaba, y por la fuerza en caso contrario. Los que se adhirieron al plan, que eligieron jefe de la revolución a Pascual Orozco, enarbolaron la bandera de la reforma agraria como prioridad y solicitaron la renuncia del presidente.

Las fuerzas gubernamentales obligaron a Zapata a retirarse a Guerrero, pero el asesinato de Madero en febrero de 1913 por orden de Huerta cambió la situación. Zapata rechazó la oferta de Huerta de unirse a sus fuerzas y apoyó a los constitucionalistas de Carranza contra los huertistas. Nombrado jefe de la revolución en detrimento de Orozco, que había sido declarado traidor, consiguió derrotar a Huerta (1913).

En la convención de Aguascalientes de octubre de 1914 se concretó la alianza de Zapata y Pancho Villa, representantes del revolucionarismo agrario, contra Carranza, de tendencia moderada. Si bien ambos entraron poco después en la capital, su incapacidad política para dominar el aparato del Estado y las diferencias que surgieron entre los dos caudillos, a pesar de que Villa había aceptado el plan de Ayala, alentaron la reacción carrancista.

Perseguido por Pablo González, Zapata se hizo fuerte en Morelos, mientras que Villa era derrotado en el norte. El aporte de algunos intelectuales como Díaz Soto y Gama y Pérez Taylor dio solidez ideológica al movimiento agrarista y ello permitió a los zapatistas organizar administrativamente el espacio que controlaban. En este sentido, el gobierno de Zapata creó comisiones agrarias, estableció la primera entidad de crédito agrario en México e intentó convertir la industria del azúcar de Morelos en una cooperativa. William Gates, enviado de Estados Unidos, destacó el orden de la zona controlada por Zapata frente al caos de la zona ocupada por los carrancistas.

Sin embargo, la guerra proseguía; en 1917, las tropas de Carranza derrotaron de nuevo a Villa en el norte. Ante la amenaza que Zapata suponía para el gobierno federal, el coronel Jesús Guajardo, que dirigía las operaciones gubernamentales contra él, traicionó y asesinó al líder agrarista tras atraerlo a un encuentro secreto en la hacienda de Chinameca, en Morelos.

Ir Arriba


Martin Luther King

Un día antes de ser asesinado, Martín Luther King pronunció el que sería su último discurso, donde prácticamente se despedía de la gente como si supiese que estaba llegando al final de su vida. Cuando Luther King se dirigió al público dijo: "He subido a la cima de la montaña y he alcanzado a ver la tierra prometida". Con estas palabras aseguraba la igualdad de derechos que existiría entre negros y blancos, igualdad que no podría ver junto a ellos.

Aunque Luther King no vería realizado el objetivo por el que había luchado mientras vivió, es a él a quien se le da el crédito de haber logrado la igualdad de los derechos civiles en Estados Unidos. Por eso el sacrificio de su vida no fue en vano. Lo cierto es que pocos hombres en la historia han tenido el privilegio de sacrificar su vida por una causa y la altura de estos hombres está al nivel de Juan el Bautista, Moisés, Rodrigo Díaz de Vivar y el más grande de todos: Jesús.

Martin Luther King nació el 15 de enero de 1929, en Atlanta, Georgia. Creció en una relativa prosperidad y asistió a la escuela de Yonge Street Elementary en Atlanta. Desde niño, por su condición de negro, tuvo que sufrir humillaciones por parte de la gente blanca y se cuestionaba sobre la razón de que las cosas fueran de esta forma. King no era el tipo de hombre que se dejaba humillar fácilmente y siempre mantenía su posición con dignidad, lo que le hizo ganar la reputación de hombre honorable y con dotes de liderazgo.

Quiso seguir los pasos de su padre como predicador de la iglesia bautista y siempre lo acompañaba a los cultos, donde aprendió a explotar su talento en la oratoria. King fue a la Universidad Morehouse College y después fue a Massachusetts, para realizar sus estudios de postgrado en la Universidad de Boston, donde obtuvo en el año 1955 el grado de Ph.D. Durante esta época aprendió sobre las doctrinas revolucionarias, no violentas, de Mahatma Ghandi.

El 1954 fue el año en que King sobresalió como pastor bautista en una iglesia en Montgomery, Alabama. Sus sermones no sólo eran sobre plegarias de fe, sino también sobre la injusticia racial que se vivía en Estados Unidos en ese entonces. Sus discursos cada vez se hicieron más populares, convirtiendo esta iglesia en la más frecuentada por la sociedad negra del distrito. Ese mismo año, la Corte Suprema de los Estados Unidos terminó la segregación escolar que había sido ley desde años atrás, lo que trajo conflictos en las ciudades del sur del país, debido a que las autoridades estatales no estaban acatando la orden constitucional emanada del más alto tribunal del país.

Una reconocida dama entre la sociedad negra, llamada Rose Park, fue arrestada en un autobús por negarse a ceder su asiento a un hombre blanco, lo que originó una serie de protestas en la comunidad y permitió que King emergiera como el representante de la lucha por los derechos civiles.

Al mismo tiempo que los negros estaban boicoteando a los autobuses que violaban la orden de la Suprema, la casa de King fue incendiada y su esposa y su pequeña hija salvaron la vida milagrosamente. King fue arrestado, bajo los cargos de impedir el flujo de la libre empresa. La batalla había llegado hasta la Suprema Corte Estatal y ésta eliminó los cargos, lo que constituyó su primera victoria. El incidente en el boicot a los autobuses de Montgomery había sido todo un éxito y había llegado a la primera plana de los periódicos nacionales y con ello la figura de Martin Luther King. Este suceso marcó el inicio de la revolución por los derechos civiles y King y sus seguidores depositaron su fe en las cortes para que revocaran las injustas leyes de segregación.

Las autoridades sureñas seguían sin acatar la orden constitucional. En el año 1963, tres eventos habrían hecho del caso de los derechos civiles un tema de interés público y prepararon el escenario para la realización de la marcha más grande en la historia de los Estados Unidos. Primero, las constantes represiones a que eran sometidos los negros en Birmingham, la ciudad más industrializada del sur. Los policías atacaban a los negros con perros y agua a presión. Cuando fueron pasadas estas imágenes por la televisión nacional, el pueblo quedó consternado y esto trajo consigo un segundo evento: el discurso televisivo del Presidente John F. Kennedy, el 10 de julio, en el que mostraba su interés por apoyar la nueva legislación por los derechos civiles, recomendando al Congreso que sancionara la ley mediante la cual negros y blancos tendrían los mismos derechos. El tercer evento ocurrió a pocas horas del discurso presidencial, cuando un líder negro fue asesinado en Birmingham.

El 28 de agosto de 1963 se llevó a cabo una marcha frente al Monumento a Lincoln, en Washington; este fue el día en que muchos norteamericanos pudieron observar por vez primera la poderosa elocuencia de Martin Luther King. La marcha se desarrolló en forma pacífica y ordenada. La ciudad de Washington cerró sus puertas ese día y a la marcha asistieron más de doscientas mil personas, incluyendo un tercio de blancos. También asistieron numerosos congresistas y senadores que apoyaban la integración racial.

El asesinato de Kennedy frustró las esperanzas de King con respecto a un cambio en la política norteamericana. Las intenciones de Lyndon Johnson no parecían ser las de su antecesor. Era el primer sureño en ocupar la Casa Blanca en cien años. Sin embargo, firmó el 2 de julio de 1964 una ley histórica mediante la cual se abolían las restricciones de la antigua ley. Al poco tiempo se permitió a los negros el derecho al voto. Ese mismo año Luther King recibió el Premio Nobel de la Paz, siendo el más joven y el segundo negro en recibirlo.

Sin embargo, a partir del 1966, el poder de King se erosionó, debido a la impaciencia que existía por parte de la sociedad negra por disfrutar de sus derechos. Estaba en contra de la guerra de Vietnam, lo que le creó un distanciamiento con el gobierno. Ante esta situación, el Presidente Johnson ordenó al director del FBI, Edgar Hoover, desacreditarlo y fue partícipe de un plan para tratar de involucrarlo con movimientos marxistas. Sin embargo, no pudieron identificarlo con esta corriente, pero encontraron pruebas de que cometía adulterio, lo que afectó su imagen posteriormente. King no renunció a su lucha pacifista y a su interés de mejorar las condiciones de vida de los afroamericanos: viajó a Memphis, Tennessee, para apoyar una huelga de los recogedores de basura, que terminó en disturbios.

Murió por la violencia contra la cual siempre luchó. La lucha de Martin Luther King tuvo un final trágico: el 4 de abril de 1968 fue asesinado, en Memphis, cuando estaba parado en el balcón del motel donde estaba alojado, por James Earl Ray. Mientras se celebraban sus funerales en una iglesia de Atlanta, una ola de violencia se extendió por todo el país. Ray, detenido por la policía, se reconoció autor del asesinato y fue condenado con pruebas circunstanciales. Años más tarde se retractó de su declaración y, con el apoyo de la familia King, pidió la reapertura del caso y la vista de un nuevo juicio.

Ir Arriba


Mahatma Gandhi

Entre los grandes teóricos que modificaron la configuración política e ideológica del mundo en el siglo XX, figura este hombre de austeridad inflexible y absoluta modestia, que se quejaba del título de Mahatma ('Gran Alma') que le había dado, contra su voluntad, el poeta Rabindranath Tagore. En un país en que la política era sinónimo de corrupción, Gandhi introdujo la ética en ese dominio a través de la prédica y el ejemplo. Vivió en una pobreza sin paliativos, jamás concedió prebendas a sus familiares, y rechazó siempre el poder político, antes y después de la liberación de la India. Este rechazo convirtió al líder de la no-violencia en un caso único entre los revolucionarios de todos los tiempos.

Mohandas Karamchand Gandhi nació el 2 de octubre de 1869 en un remoto lugar de la India, en la ciudad costera de Porbandar, del distrito de Gujarat. Éste era entonces un mosaico de minúsculos principados, cuyos gobernantes tenían un poder absoluto sobre la vida de sus súbditos. Su padre, Karamchand Gandhi, era el primer ministro de Porbandar y pertenecía a la casta de los banias, mercaderes de proverbial astucia y habilidad en el comercio. Su madre, llamada Putlibai, procedía de la secta de los pranamis, quienes mezclaban el hinduismo con las enseñanzas del Corán. Era una mujer profundamente religiosa y austera que dividía su tiempo entre el templo y el cuidado de los suyos, amén de practicar frecuentes ayunos. En la formación espiritual de Mohandas, que sentía un ilimitado amor por sus padres, además de la adoración a la diosa Visnú que profesaba la familia, concurrieron una serie de culturas y credos amalgamados: el hindú, el musulmán, el jain. Este último tuvo especial influencia en su filosofía: los jains practicaban la no-violencia no sólo con los animales y los seres humanos, sino incluso con las plantas, los microbios, el agua, el fuego y el viento.

Ejemplo típico de tardía genialidad, Mohandas fue un adolescente silencioso, retraído y nada brillante en los estudios, que pasó sin llamar la atención por las escuelas de Rajkot. A los trece años, siguiendo la costumbre hindú, lo casaron con una niña de su edad llamada Kasturbai, de quien estaba prometido desde los seis años sin saberlo. El joven esposo se enamoró apasionadamente de la muchacha, y por hacer el amor con ella abandonó el lecho de su padre moribundo la misma noche en que éste murió. El suceso dejó una culpa imborrable en Gandhi, que más tarde se declararía en contra del matrimonio entre niños y a favor de la continencia sexual.

Como sus calificaciones no mejoraron en el instituto, la familia decidió enviarlo a Londres para seguir los cursos de abogacía del Inner Temple, cuyas exigencias eran menores que las de las universidades indias. Con miedo y excitación, el muchacho se embarcó en Bombay en septiembre de 1888. Tenía diecinueve años y acababa de ser padre por primera vez. Antes de partir había prometido solemnemente a su madre no seguir la costumbre inglesa de comer carne, dado que el visnuismo lo prohibía. Varias veces en su adolescencia había transgredido tal norma, impulsado por un amigo que le aconsejaba la carne para parecerse en fortaleza a los ingleses.

En Londres vivió tres años, entre 1888 y 1891, período en que se produjo uno de los hechos más determinantes de su vocación: el descubrimiento de Oriente a través de Occidente. En efecto, en la capital inglesa comenzó a frecuentar a los teósofos, quienes lo iniciaron en la lectura del primer clásico indio, el Bhagavad Gita, al que llegaría a considerar «el libro por excelencia para el conocimiento de la verdad». También allí entró en contacto con las enseñanzas de Cristo, y durante un tiempo se sintió tan atraído por la ética cristiana que dudó entre ésta y el hinduismo. De esa época son sus intentos de sintetizar los preceptos del budismo, el cristianismo, el islamismo y su religión natal, a través de lo que señaló como el principio unificador de todos ellos: la idea de renunciación.

En estos años decisivos para su formación intelectual leyó a Tolstói, en quien más tarde encontraría el guía para el perfeccionamiento de la práctica y la teoría de la no-violencia. Y cuando regresó a la India con el título de abogado, lo hizo con sus señas de identidad orientales: había ido en busca de la sabiduría occidental y retornaba con el secreto que había hecho sabios a los hindúes.

Al volver a Porbandar encontró a su familia desintegrada: la madre había muerto poco antes y los Gandhi habían perdido toda influencia en la corte principesca. Como abogado no halló muchas perspectivas, ya que su primera actuación profesional terminó en un humillante fracaso, pues enmudeció al dirigirse al tribunal y no pudo continuar. Fue entonces cuando una factoría comercial musulmana le ofreció un contrato para atender un caso de la empresa en Durban, y Gandhi no dejó pasar la oportunidad. Se embarcó hacia Sudáfrica en 1893.

En el país de los antiguos colonos holandeses vivía una colonia hindú formada en su mayoría por trabajadores, a quienes los ingleses llamaban despectivamente sami. Carecían de todo derecho, se les despreciaba y discriminaba racialmente, como pudo comprobar en carne propia el joven abogado durante algunos de sus viajes en ferrocarril. Pero la situación era más grave aún de lo que parecía. Terminado su trabajo, Gandhi estaba a punto de regresar a la India cuando se enteró de la existencia de un proyecto de ley para retirar el derecho de sufragio a los hindúes. Decidió entonces aplazar la partida un mes para organizar la resistencia de sus compatriotas, y el mes se convirtió en veintidós años.

Durante esa larga etapa de su vida, su mayor preocupación fue la liberación de la comunidad india, y en ella fue dando forma a las armas de lucha que más tarde utilizaría en su país. En los primeros años, convencido de las buenas intenciones del colonialismo británico, abrió un bufete para defender a sus compatriotas ante los tribunales en Johannesburgo y se propuso articular un movimiento dedicado a la agitación por medios legales. Fundó el periódico "The Indian Opinion", para aglutinar a la comunidad india y, como instrumento de agitación legal, creó el Congreso Indio de Natal. Sus simpatías anglófilas le llevaron durante la guerra contra los bóers a organizar el Cuerpo Indio de Ambulancias, acción que mereció duras críticas por parte de los nacionalistas indios.

A partir de 1904 la actividad de Gandhi sufrió un cambio notable: después de leer la crítica del capitalismo contenida en "Unto The Last", de John Ruskin, modificó su estilo de vida y pasó a llevar una sencilla existencia comunitaria en las afueras de Johannesburgo donde fundó una comuna llamada Tolstói. En esa época bosquejó la teoría del activismo no-violento, que puso en marcha por primera vez para oponerse a la ley de registro. Esta ley obligaba a todos los indios a inscribirse en un registro especial con sus huellas dactilares. Gandhi ordenó a sus compatriotas que no se inscribieran, que comerciaran en las calles sin licencia y, más tarde, que quemaran sus tarjetas de registro frente a la mezquita de Johannesburgo. Como muchos de sus seguidores, fue a parar a la cárcel varias veces, pero el movimiento de resistencia civil obtuvo varios éxitos parciales.

En 1913 la protesta contra un impuesto considerado injusto se tradujo en una marcha a través del Transvaal, hasta Natal. Al año siguiente las autoridades británicas dieron marcha atrás con dicho impuesto y autorizaron a los asiáticos a residir en Natal como trabajadores libres. La victoria parecía total, y Gandhi, que había abandonado las vestimentas europeas en señal de protesta, partió definitivamente de Sudáfrica con su mujer y sus hijos. A largo plazo todos los logros de la comunidad india se perdieron y las autoridades de aquel país endurecieron aún más su política racista, pero Sudáfrica había sido el banco de pruebas donde Gandhi desarrolló y comprobó las tácticas que más tarde habría de utilizar en su tierra natal.

Gandhi llegó a la India en 1915 como un verdadero héroe, con la aureola de sus campañas en el extranjero. Las masas de Bombay le tributaron un caluroso recibimiento; el gobernador inglés acudió a saludarlo y el poeta Rabindranath Tagore le dio la bienvenida en su Universidad Libre de Santiniketan. A poco de llegar, en la ciudad de Ahmedabad, fundó una comunidad casi monástica en la que estaban prohibidas las vestimentas extranjeras, las comidas con especias y la propiedad privada. Sus miembros se dedicaban únicamente a dos trabajos materiales: la agricultura, para obtener el sustento, y el tejido a mano, para procurarse el abrigo. Aquí dio comienzo a una lucha que Gandhi habría de sostener durante toda su vida: la batalla contra las lacras del hinduismo y a favor de los intocables. El primer paso fue admitirlos como miembros de la comunidad.

En esos primeros años Gandhi abandonó toda agitación política a fin de apoyar los esfuerzos bélicos de Gran Bretaña en la Primera Guerra Mundial, llegando incluso al reclutamiento de soldados para el ejército inglés.

Su entrada en la política india no se produjo hasta febrero de 1919, cuando la aprobación de la Ley Rowlatt, que establecía la censura y señalaba duras penas para cualquier sospechoso de terrorismo o sedición, le abrió los ojos acerca de las verdaderas intenciones de los imperialistas ingleses en su país. Gandhi pasó entonces a encabezar la oposición a la ley. Organizó una campaña de propaganda a nivel nacional mediante la no-violencia, que comenzó con una huelga general. Ésta pronto se extendió a todo el país y las protestas se sucedieron en las principales ciudades, donde se registraron algunos focos de violencia pese a la insistencia del líder en el carácter pacífico de las manifestaciones.

Cuando acudía a Delhi a apaciguar la población, fue detenido. Días después, el 13 de abril, el brigadier general Dyer ordenaba disparar a sus gurkas sobre la multitud reunida en el Jallianwala Bagh de la ciudad de Amritsar. La dominación inglesa había mostrado su verdadero rostro sanguinario y brutal: casi cuatrocientas personas fueron asesinadas y otras miles heridas. Pero las autoridades británicas se vieron obligadas a reconsiderar sus tácticas y la Ley Rowlatt jamás entró en vigor.

En los años siguientes a la masacre de Amritsar, Gandhi se convirtió en el líder nacionalista indiscutido, alcanzando la presidencia del Congreso Nacional Indio -partido fundado por Alan Octavius Hume en 1885-, que él supo convertir en un instrumento efectivo en pro de la independencia. De una agrupación de las clases medias urbanas, pasó a ser una organización de masas enraizada en los pueblos y en el campesinado. Se pusieron en marcha las grandes campañas de desobediencia civil, que iban desde la negativa masiva a pagar impuestos hasta el boicot a las autoridades. Miles de indios llenaron las cárceles y el mismo Gandhi fue detenido en marzo de 1922. Diez días más tarde comenzaba «el Gran Juicio», en que el Mahatma se declaró culpable y consideró la sentencia a seis años de prisión como un honor, con lo que la sesión terminó con una reverencia mutua entre juez y acusado.

Cuando salió de la cárcel -una apendicitis hizo que las autoridades coloniales lo liberaran en 1924-, encontró que el panorama político se había modificado en su ausencia: el Partido del Congreso se había dividido en dos facciones y la unidad entre hindúes y musulmanes, conseguida con el movimiento de desobediencia civil, había desaparecido. Gandhi decidió entonces retirarse de la política para vivir como un anacoreta, en absoluta pobreza y buscando el silencio como fuerza regenerativa. Retirado en su Ashram se convirtió en esos años en el jefe espiritual de la India, en el dirigente religioso de fama internacional que muchos occidentales en busca de la paz espiritual trataban como un gurú.

Su retiro finalizó de manera brusca en 1927 cuando el gobierno británico nombró una comisión encargada de la reforma de la Constitución, en la que no participaba ningún nativo. A la cabeza de la lucha política, Gandhi consiguió que todos los partidos del país hicieran el boicot a dicha comisión. Poco después, la huelga de Bardoli, en apoyo a la negativa a pagar impuestos, terminaba en un éxito total. La victoria del movimiento animó al Congreso a declarar la independencia de la India, el 26 de enero de 1930, y se encargó al Mahatma la dirección de la campaña de no violencia para llevar a la práctica la resolución. Éste eligió como objetivo de la misma el monopolio de la sal que afectaba particularmente a los pobres, y partió de Sabartami el 12 de marzo con 79 voluntarios con rumbo a Dandi, población costera distante 385 kilómetros.

El pequeño movimiento se extendió como las olas de un estanque hasta alcanzar toda la India: los campesinos sembraban de ramas verdes los caminos por donde pasaría ese hombre pequeño y semidesnudo, con un bastón de bambú, camino del mar y al frente de un enorme ejército pacífico. El día del aniversario de la masacre de Amritsar, Gandhi llegó a orillas del mar y cogió un puñado de sal. Desde ese momento, la desobediencia civil fue imparable: diputados y funcionarios locales dimitieron, los prohombres locales abandonaron sus puestos, los soldados del ejército indio se negaron a disparar sobre los manifestantes, las mujeres se adhirieron al movimiento, mientras los seguidores de Gandhi invadían pacíficamente las fábricas de sal.

La campaña terminó con un pacto de compromiso entre Gandhi y el virrey de su majestad británica, en virtud del cual se legalizaba la producción de sal y se liberaban los cerca de 100.000 presos detenidos durante las movilizaciones. Por otra parte, Gandhi era enviado a Londres para participar en la conferencia que discutía los pasos a seguir para establecer un gobierno constitucional en la India. La presencia del Mahatma en Inglaterra, al margen de la gran acogida popular que le dispensaron los barrios londinenses, no supuso resultados favorables para la causa, y al regresar a su país se encontró con que Nehru y otros líderes del Congreso se hallaban una vez más en prisión.

Varias veces en su vida Gandhi recurrió a los ayunos como medio de presión contra el poder, como forma de lucha espectacular y dramática para detener la violencia o llamar la atención de las masas. La falta de humanidad del sistema de castas, que condenaba a los parias a la absoluta indigencia y ostracismo, hizo que Gandhi convirtiera la abolición de la intocabilidad en una meta fundamental de sus esfuerzos. Y desde la prisión de Yervada, donde había sido confinado nuevamente, realizó un «ayuno hasta la muerte» en contra de la celebración de elecciones separadas de hindúes y parias. Ello obligó a todos los líderes políticos a acudir junto a su lecho de prisionero para firmar un pacto con el consentimiento inglés.

La labor de «pedagogía popular» para curar a la sociedad hindú de sus llagas no terminó aquí. Distanciado del Congreso ante la decepción que le provocaban las maniobras de los políticos, se dedicó a visitar pueblos lejanos, insistiendo en la educación popular, en la prohibición del alcohol, en la liberación espiritual del hombre.

El estallido de la Segunda Guerra Mundial fue el motivo de que Gandhi, una vez más, retornara al primer plano político. Su oposición al conflicto bélico era absoluta y no compartía la opinión de Nehru y otros líderes del Congreso, proclives a apoyar la lucha contra el fascismo. Pero la decisión del virrey de incorporar el subcontinente a los preparativos bélicos de Gran Bretaña sin consultar con los políticos locales, clarificó las aguas, provocando la dimisión en masa de los ministros pertenecientes al Congreso.

Tras la toma de Rangún por los japoneses, Gandhi exigió la completa independencia de la India, para que el país pudiera escoger libremente sus decisiones. Al día siguiente, el 9 de agosto de 1942, era arrestado junto a otros miembros del Congreso, lo que produjo una sublevación en masa de los nativos, seguida por una serie de revueltas violentas en todo el territorio indio. Ésta fue la última prisión del Mahatma y quizá la más dolorosa, porque desde su presidio en Poona se enteró de la muerte de su mujer, Kasturbai. Era ya un anciano frágil y debilitado cuando salió en libertad en el año 1944.

Finalizada la guerra, y tras la subida al poder de los laboristas en Inglaterra, Gandhi desempeñó un rol fundamental en las negociaciones que llevaron a la liberación. Sin embargo, su postura opuesta a la partición del subcontinente nada pudo contra la determinación del líder de la Liga Musulmana, Jinnah, defensor de la separación del Pakistán. Dolido por lo que consideró una traición, en 1946 el Mahatma vio con horror cómo los antiguos fantasmas indios resurgían durante la celebración del Nombramiento de Nehru como primer jefe de gobierno, que fue pretexto de violentos disturbios motivados por la pugna entre hindúes y musulmanes.

Gandhi se trasladó a Noakhali, donde habían comenzado los enfrentamientos, y caminó de pueblo en pueblo, descalzo, tratando de detener las masacres que acompañaron a la partición en Bengala, Calcuta, Bihar, Cachemira y Delhi. Pero sus esfuerzos sólo sirvieron para acrecentar el odio que sentían por él los fanáticos extremistas de ambos pueblos: los hindúes atentaron contra su vida en Calcuta y los musulmanes hicieron lo propio en Noakhali. Durante sus últimos días en Delhi llevó a cabo un ayuno para reconciliar a las dos comunidades, lo cual afectó gravemente su salud. Aun así, apareció de nuevo ante el público unos días antes de su muerte.

El 30 de enero de 1948, cuando al anochecer se dirigía a la plegaria comunitaria, fue alcanzado por las balas de un joven hindú. Tal como lo había predicho a su nieta, murió como un verdadero Mahatma, con la palabra Rama ('Dios') en sus labios. Como dijo Einstein, «quizá las generaciones venideras duden alguna vez de que un hombre semejante fuese una realidad de carne y hueso en este mundo».

Ir Arriba


Nelson Mandela

Nelson Mandela nació el 18 de julio de 1918. Renunció al derecho hereditario a ser líder de una tribu y optó por estudiar leyes, ingresando en 1944 al Congreso Nacional Africano (ANC), un movimiento creado para luchar contra la opresión y la marginación de los negros. Sobresalió como líder de la Liga de la Juventud del Congreso, enarbolando un socialismo antirracista, nacionalista y antiimperialista. Para 1952 Mandela presidía el ANC en el norte de Sudáfrica, convirtiéndose en el líder del movimiento. Sus actividades le llevaron a la cárcel varias veces.

En 1962 viajó por varios países africanos en recaudación de fondos para el movimiento y haciendo propaganda y, a su regreso, fue detenido, condenado a cadena perpetua (12 de junio de 1964) y confinado a la Prisión Central en Pretoria hasta 1982, desde donde fue transferido a la prisión de la isla de Robben, a unos 12 kilómetros de Ciudad del Cabo. “He buscado el ideal de una sociedad libre y democrática, en la que todas las personas vivan juntas en armonía e igualdad de oportunidades…", expresaba Nelson Mandela en ese momento.

A mediados de los ochentas se le ofreció la libertad a cambio de instalarse en uno de los “bantustanes”, oferta que Mandela rechazó. La continua lucha llevada a cabo por el Congreso Nacional Africano y la solidaridad internacional en contra de la segregación, llevaron al presidente Frederik De Klerk a terminar con el “Apartheid” y a la liberación definitiva de Nelson Mandela, a quien convirtió en su principal aliado en el proceso de democratización. Ambos compartieron el Premio Nobel de la Paz el 10 de diciembre de 1993.

Las elecciones de 1994 convirtieron a Mandela en el primer presidente negro de Sudáfrica, con una votación del 62.6%. Desde la presidencia implementó una política de integración y reconciliación nacional, con la finalidad de crear “una nueva Sudáfrica donde todos fueran iguales, donde todos trabajaran juntos para conseguir la seguridad, la paz y la democracia del país”.

La nueva constitución que redactó resaltaba los ideales de libertad, igualdad y justicia social a los que aspiraba la gran mayoría de su nación. Su liderazgo, basado en el conocimiento de las estructuras internas de la sociedad sudafricana, ha estado de manifiesto en todo momento. Dice Jorge Plejánov, en “El papel del individuo en la Historia”: “Sabemos ahora que los individuos ejercen una gran influencia en el destino de la sociedad, pero sabemos que esa influencia está determinada por la estructura interna de aquella y por su relación con otras sociedades”.

Su dedicación al conocimiento de los males que padecía el 76% de la población le llevó a interpretar las aspiraciones de ese amplio sector marginado, asentado en reservas regidas por una falsa independencia, experiencia imprescindible para su formación como líder, y básica para la obtención de las reivindicaciones en las que fundamentó su lucha. En Mandela recayeron las esperanzas de un pueblo que, si bien avanzó en derechos políticos bajo su presidencia, se mantenía estancado en lo social y en la repartición de la riqueza.

En los primeros meses de su gobierno no cobraba salario y, cuando lo hizo, sometió un proyecto de ley para rebajarse el sueldo y el de los demás funcionarios de su gabinete. El sistema político funcionó, y el Congreso Nacional Africano hizo compatible su ideología con el sistema capitalista, planificando una política monetaria antiinflacionaria, con disciplina fiscal y presupuestos muy bien balanceados. Fue muy austero en su gestión y un trabajador incansable por la solución de los problemas sociales. A su partida se logró un ligero balance entre el desarrollo socioeconómico de los negros y la retención del sistema financiero por los blancos.

Mandela anunció, para julio de 1996, y restándole casi cuatro años para la conclusión del período presidencial, su renuncia a la reelección -permitida por la Constitución- y una propuesta para que el vicepresidente de la República llevara las riendas del Partido y del Gobierno. La transferencia de la presidencia del Congreso Nacional Africano y la proclamación de la candidatura a presidente de la República se produjeron el 18 de diciembre de 1997.

Mbeki, el único vicepresidente que quedaba, fungió como el jefe del Gobierno, mientras Mandela se alejaba del poder y destinaba gran parte de su tiempo a la actividad internacional y al ejercicio simbólico de fungir como padre de la patria, mediante actos cargados de características humanas y morales. En 1999 el presidente se despidió de su pueblo con prédicas de moralidad, llamando a la sudafricana una "sociedad enferma, incapaz de librarse de las lacras de la violencia y el sectarismo".

Ir Arriba


Yasser Arafat

Yasser Arafat, (1929-2004), líder que decidió luchar durante 40 años en diferentes guerras, resistencias, pactos y labores, para conseguir un Estado independiente palestino y la ansiada paz en el medio oriente. "Cerró sus ojos y su gran corazón se detuvo. Se fue con Dios, pero aún está junto a su pueblo" (Tayeb Abdel Rahim, su asistente personal).

Nació el 4 de agosto de 1929, en El Cairo, Egipto. Fue el quinto de siete hermanos y su verdadero nombre era Muhammad Abd al-Rahman ar-Rauf al-Qudwah al-Husayni. El padre fue un comerciante textil, con algunos ancestros egipcios; su madre provenía de una prominente familia palestina de Jerusalén. Estudió ingeniería en la Universidad Rey Faud I (conocida después con el nombre de Universidad del Cairo). Aquí comenzó su vida política, presidiendo la Asociación de Estudiantes Palestinos (entre 1952 y 1956).

Una vez que concluyó sus estudios, fue teniente segundo en el ejército egipcio durante la crisis del Canal de Suez. Luego se trasladó a Kuwait y trabajó un tiempo como ingeniero, hasta que creó su propia empresa.

A finales de la década de los cincuenta, Arafat fundó, junto con Abu Jihad, Jaled el Hassan y Abu Yiad, el movimiento Al-Fatah (reconquista), que reclamó el territorio palestino ocupado por Israel. Este movimiento fue el componente principal de la Organización para la Liberación Palestina (OLP).

La primera acción de Al-Fatah (1964) fue el ataque a una estación de bombeo de un asentamiento paramilitar israelí. A partir de aquella fecha, empezó la auténtica lucha para la reconquista de las tierras ocupadas, ya que tras la derrota de los árabes en la Guerra de los Seis Días (1967), renació con fuerza la OLP. En la primavera de ese mismo año, apenas tres años después de su primera operación militar contra Israel, la directiva de Al Fatah abrió un segundo frente: el de la concertación diplomática.

En febrero de 1969, Arafat pasó a presidir ambas formaciones, simbolizando desde entonces las aspiraciones palestinas a la posesión de un Estado propio, frente a las ambiciones territoriales de Israel y de sus vecinos árabes. Durante ese tiempo, Arafat sobrevivió a multitud de atentados y ejerció un papel moderador frente a las tendencias árabes radicales. Confinado en el Líbano tras los dramáticos acontecimientos del "septiembre negro" de 1970, que llevaron a la expulsión de la guerrilla palestina desde Jordania, trató de ampliar los contactos políticos con Occidente. Sin embargo, viendo la seguidilla de derrotas, se dio cuenta de que era imposible llevar a cabo operaciones militares exitosas contra el invencible ejército israelí, por lo que volvió a apostar por la vía diplomática. En efecto, en 1974, la OLP renunció a la estrategia de la lucha armada, a cambio de un escaño de observador en las Naciones Unidas (ONU), en virtud del reconocimiento de la organización como legítima representante del pueblo palestino (1974).

El ataque israelí al Líbano, entre los años 1982 y 1985, privó a la OLP de las bases desde las cuales había organizado sus acciones armadas contra Israel (Beirut) y obligó a Arafat a refugiarse con su organización en Túnez. El protagonismo de la lucha palestina pasó entonces al interior, a las poblaciones de los territorios ocupados, que desde 1987 crearon un clima de rebelión permanente contra las autoridades israelíes, llamado Intifada (levantamiento popular surgido en los territorios de Gaza y Cisjordania).

Ese mismo año, pero meses después del inicio de la primera intifada, Arafat intentó capitalizar ese movimiento proclamando simbólicamente la creación de un Estado palestino independiente. Pero las sucesivas derrotas militares de los árabes acabaron por convencerle, a raíz de la desaparición de la Unión Soviética y de la Guerra del Golfo en los primeros años de la década de los noventas, de la necesidad de llegar a un entendimiento con Israel.

A partir de este instante, Arafat asumió el papel de mediador entre los regímenes árabes progresistas y conservadores, como, por ejemplo, entre Siria y Arabia Saudita, o entre Irak y Kuwait. El 13 de diciembre de 1988, Arafat aceptó la resolución de la ONU y renunció a "todo acto de terrorismo en todas sus formas, incluidas el terrorismo de Estado".

Así fue como, en 1991, Israel abrió por primera vez la discusión con un líder de la OLP; pero al estallar la guerra del Golfo, y al oponerse Arafat a la invasión por parte de EE.UU., se paralizaron las reuniones por la paz, que más tarde se reanudarían con la celebración de la Conferencia de Paz de Oriente Medio, que tuvo lugar en Madrid y luego en Washington. En esos años, los sectores más exaltados de la población palestina le criticaron por emplear la vía negociadora para lograr el reconocimiento del Estado palestino. Pero, finalmente, el objetivo se logró el 13 de diciembre de 1993, con la firma de la paz, en Oslo, entre Arafat, Rabin y Bill Clinton. Aquí se reconoció la autonomía de Palestina y se exigió a Israel y a la OLP el reconocimiento mutuo y la retirada de las fuerzas israelíes de las franjas de Gaza y Cisjordania.

El 13 de diciembre de 1993, en Oslo, los mandatarios Rabin, Clinton y Arafat firmaron el acuerdo por la paz entre Israel y Palestina. El 1 de julio de 1994, Arafat o Abu Amar (nombre de guerra) regresó a la Franja de Gaza para construir el gobierno de la autonomía, la Autoridad Nacional Palestina (ANP). Ese mismo año recibió el Premio Nobel de la Paz, junto con los israelíes Yitzhak Rabin y Shimon Peres. En 1996 fue electo presidente de la ANP, y en 1999 inició las negociaciones para abrir una nueva etapa en el proceso de paz israelí-palestino, con el entonces primer ministro israelí, Ehud Barak.

A mediados del año 2000 fracasó la denominada cumbre de Camp David (EE.UU.) entre Arafat y Barak, patrocinada por el entonces presidente estadounidense, Bill Clinton. Esto provocó el desencanto de los palestinos, por lo que se produjo la segunda Intifada. La elección de Ariel Sharon, en febrero de 2001, favoreció la escalada de la violencia, la destrucción de todas las infraestructuras políticas y civiles palestinas, por lo que, en diciembre de ese mismo año, Sharon, con el apoyo de su aliado estadounidense, confinó a Arafat en su propio cuartel general en la Muqata de Ramala (un complejo de instalaciones oficiales en estado ruinoso tras sufrir ataques del ejército hebreo). Desde ese momento, el presidente estadounidense, George W. Bush, dio carta blanca a Sharon, quien se dedicó a sabotear toda iniciativa tendiente a reactivar el proceso de paz con Palestina. Sin embargo, Arafat, recluido y bombardeado en el cuartel de la Muqata, no solo siguió siendo el símbolo de la voluntad de resistencia de su pueblo, sino que brotó un fuerte sentimiento de simpatía entre sus compatriotas y en el mundo.

A finales de 2004, tras llevar confinado más de dos años, Arafat cayó enfermo y entró en coma. Aunque sigue sin conocerse la causa exacta de su muerte, los médicos hablaron de "púrpura trombocitopénica idiopática y cirrosis", pero no se hizo ninguna autopsia. Murió el 11 de noviembre de 2004 a la edad de 75 años, después de dos semanas de agonía, en el hospital de Percy, en París. Sus funerales se realizaron primero en El Cairo, donde presidentes y dignatarios de más de 50 países esperaron el ataúd de Arafat, envuelto en la bandera palestina. Luego, tras un corto desfile, el ataúd fue subido a un avión que lo trasladó a Ramala, su cuartel general, donde fue enterrado sin ver cumplido su sueño de un Estado palestino independiente. Su despedida fue en medio de caóticas y emotivas escenas provocadas por las miles de personas que se acercaron al ataúd.

Toda su vida la dedicó a Palestina, condenada a desaparecer del mapa por las Naciones Unidas, cuando en 1948 aprobó implícitamente su extinción, mediante el establecimiento en sus territorios del Estado de Israel. En una batalla desigual, como un David contemporáneo, Arafat luchó durante más de medio siglo, hasta el último de sus días, en contra de los poderes que dominan el mundo, o mejor dicho, de los pequeños círculos de dueños del planeta, de los señores del dinero, la guerra y el exterminio.

Su muerte marca el fin de una era. No hay hoy en las filas palestinas otra figura equiparable a la del "rais". Sin embargo, se crea una oportunidad para que surjan otros líderes palestinos, y, sobre todo, para un recambio generacional -tal vez alguien que vea el futuro de manera más pragmática-. Su principal desafío será demostrar capacidad para controlar a los grupos radicales y detener el terrorismo; pero, también, enseñar capacidad de negociar de manera inteligente con Israel, en pos de hacer realidad el gran sueño de Arafat: el ansiado Estado palestino.

Murió como el único ser humano que, en la historia contemporánea, ha sido forzado por la poesía a hacer la guerra; murió como un símbolo del martirio de los niños palestinos que combaten con piedras a los tanques sionistas, y como el mayor héroe de nuestro tiempo, en representación del derecho a la vida que encarna la causa Palestina.

Ir Arriba


Madre Teresa de Calcuta

(Agnes Gonxha Bojaxhiu; Skopje, actual Macedonia, 1910 - Calcuta, 1997) Religiosa albanesa, nacionalizada india. Nacida en el seno de una familia católica albanesa, la profunda religiosidad de su madre despertó en ella su vocación de misionera a los doce años. Siendo aún una niña, ingresó en la Congregación Mariana de las Hijas de María, donde inició su actividad de asistencia a los más necesitados. A los dieciocho años abandonó para siempre su ciudad natal y viajó hasta Dublín para profesar en la Congregación de Nuestra Señora de Loreto. Como quería ser misionera en la India, embarcó hacia Bengala, donde cursó estudios de magisterio y eligió el nombre de Teresa para profesar. Ejerció como maestra en la St. Mary's High School de Calcuta hasta 1948, año en que obtuvo la autorización de Roma para dedicarse al apostolado en favor de los pobres.

En 1950 la Madre Teresa de Calcuta fundó la Congregación de las Misioneras de la Caridad, aprobada en 1965 por Pablo VI. Las integrantes de esta congregación, que debían sumar a los votos tradicionales el de la dedicación a los «más pobres de entre los pobres», lograron una rápida implantación en la India y en otros casi cien países del mundo; por su parte, la fundadora se movilizó contra el aborto y la eutanasia, en consonancia con la doctrina pontificia de Juan Pablo II.

En 1972 la Madre Teresa de Calcuta recibió el Premio de la Fundación Kennedy, y en 1979, el Premio Nobel de la Paz, cuya dotación económica donó a los pobres. En 1986 recibió la visita de Juan Pablo II en la Nirmal Hidray o Casa del Corazón Puro, fundada por ella y más conocida en Calcuta como la Casa del Moribundo. Tras superar numerosos quebrantos de salud, falleció el 5 de septiembre de 1997 víctima de un paro cardíaco. Miles de personas de todo el mundo se congregaron en la India para despedir a la Santa de las Cloacas. Fue beatificada en 2003 por Juan Pablo II.

Ir Arriba


Alejandro Magno

Para la historia de la civilización antigua las hazañas de Alejandro Magno supusieron un torbellino de tales proporciones que aún hoy se puede hablar sin paliativos de un antes y un después de su paso por el mundo. Y aunque su legado providencial (la extensión de la cultura helénica hasta los confines más remotos) se vio favorecido por todo un abanico de circunstancias favorables que reseñan puntualmente los historiadores, su biografía es en verdad una auténtica epopeya, la manifestación en el tiempo de las fantásticas visiones homéricas y el vivo ejemplo de cómo algunos hombres descuellan sobre sus contemporáneos para alimentar incesantemente la imaginación de las generaciones venideras.

Hacia la segunda mitad del siglo IV a.C., un pequeño territorio del norte de Grecia, menospreciado por los altivos atenienses y tachado de bárbaro, inició su fulgurante expansión bajo la égida de un militar de genio: Filipo II, rey de Macedonia. La clave de sus éxitos bélicos fue el perfeccionamiento del "orden de batalla oblicuo", experimentado con anterioridad por Epaminondas. Consistía en disponer la caballería en el ala atacante, pero sobre todo en dotar de movilidad, reduciendo el número de filas, a las falanges de infantería, que hasta entonces sólo podían maniobrar en una dirección. La célebre falange macedónica estaba formada por hileras de dieciséis hombres en fondo con casco y escudo de hierro, y una lanza llamada sarissa.

Alejandro nació en Pela, capital de la antigua comarca macedónica de Pelagonia, en octubre del 356 a.C. Ese año proporcionó numerosas felicidades a la ambiciosa comunidad macedonia: uno de sus más reputados generales, Parmenión, venció a los ilirios; uno de sus jinetes resultó vencedor en los Juegos celebrados en Olimpia; y Filipo tuvo a su hijo Alejandro, que en su imponente trayectoria guerrera jamás conocería la derrota.

Quiere la leyenda que, el mismo día en que nació Alejandro, un extravagante pirómano incendiase una de las Siete Maravillas del Mundo, el templo de Artemisa en Éfeso, aprovechando la ausencia de la diosa, que había acudido a tutelar el nacimiento del príncipe. Cuando fue detenido, confesó que lo había hecho para que su nombre pasara a la historia. Las autoridades lo ejecutaron, ordenaron que desapareciese hasta el más recóndito testimonio de su paso por el mundo y prohibieron que nadie pronunciase jamás su nombre. Pero más de dos mil años después todavía se recuerda la infame tropelía del perturbado Eróstrato, y los sacerdotes de Éfeso, según la leyenda, vieron en la catástrofe el símbolo inequívoco de que alguien, en alguna parte del mundo, acababa de nacer para reinar sobre todo el Oriente. Según otra descripción, la de Plutarco, su nacimiento ocurrió durante una noche de vientos huracanados, que los augures interpretaron como el anuncio de Júpiter de que su existencia sería gloriosa.

Predestinado por dioses y oráculos a gobernar a la vez dos imperios, la confirmación de ese destino excepcional parece hoy más atribuible a su propia y peculiar realidad. Nieto e hijo de reyes en una época en que la aristocracia estaba integrada por guerreros y conquistadores, fue preparado para ello desde que vio la luz. En el momento de nacer, su padre, Filipo II, general del ejército y flamante rey de Macedonia, a cuyo trono había accedido meses antes, se encontraba lejos de Pela, en la península Calcídica, celebrando con sus soldados la rendición de la colonia griega de Potidea. Al recibir la noticia, lleno de júbilo, envió en seguida a Atenas una carta dirigida a Aristóteles, en la que le participaba el hecho y agradecía a los dioses que su hijo hubiera nacido en su época (la del filósofo), y le transmitía la esperanza de que un día llegase a ser discípulo suyo. La reina Olimpias de Macedonia, su madre, era la hija de Neoptolomeo, rey de Molosia, y, como su padre, decidida y violenta. Vigiló de cerca la educación de sus hijos (pronto nacería Cleopatra, hermana de Alejandro) e imbuyó en ellos su propia ambición.

El príncipe tuvo primero en Lisímaco y luego en Leónidas dos severos pedagogos que sometieron su infancia a una rigurosa disciplina. Nada superfluo. Nada frívolo. Nada que indujese a la sensualidad. De natural irritable y emocional, esa austeridad convino, al parecer, a su carácter, y adquirió un perfecto dominio de sí mismo y de sus actos. Cuando, al cumplir los doce años, el rey, alejado hasta entonces de su lado debido a sus constantes campañas militares, decidió dedicarse personalmente a su educación, se maravilló de encontrarse frente a un niño inteligente y valeroso, lleno de criterio, extraordinariamente dotado e interesado por cuanto ocurría a su alrededor. Era el momento justo de encargarle a Aristóteles la educación de su hijo. A partir de los trece años y hasta pasados los diecisiete, el príncipe prácticamente convivió con el filósofo. Estudió gramática, geometría, filosofía y, en especial, ética y política, aunque en este sentido el futuro rey no seguiría las concepciones de su preceptor. Con los años, confesaría que Aristóteles le enseñó a «vivir dignamente»; siempre sintió por el pensador ateniense una sincera gratitud.

Aristóteles, además, le enseñó a amar los poemas homéricos, en particular la Ilíada, que con el tiempo se convertiría en una verdadera obsesión del Alejandro adulto. El nuevo Aquiles fue en cierta ocasión interrogado por su maestro respecto a sus planes para con él cuando hubiera alcanzado el poder. El prudente Alejandro contestó que llegado el momento le daría respuesta, porque el hombre nunca puede estar seguro del futuro. Aristóteles, lejos de alimentar suspicacias respecto a esta reticente réplica, quedó sumamente complacido y le profetizó que sería un gran rey.

Alejandro fue creciendo mientras los macedonios aumentaban sus dominios y Filipo su gloria. Desde temprana edad, su aspecto y su valor fueron parangonados con los de un león, y cuando contaba sólo quince años, según narra Plutarco, tuvo lugar una anécdota que anticipa su deslumbrante porvenir. Filipo quería comprar un caballo salvaje de hermosa estampa, pero ninguno de sus aguerridos jinetes era capaz de domarlo, de modo que había decidido renunciar a ello. Alejandro, encaprichado con el animal, quiso tener su oportunidad de montarlo, aunque su padre no creía que un muchacho triunfara donde los más veteranos habían fracasado. Ante el asombro de todos, el futuro conquistador de Persia subió a lomos del que sería su amigo inseparable durante muchos años, Bucéfalo, y galopó sobre él con inopinada facilidad.

Sano, robusto y de gran belleza (siempre según Plutarco), Alejandro encarnaría, a los dieciséis y diecisiete años, el prototipo del mancebo ideal. En plena vigencia del amor dorio, ya enriquecido por Platón con su filosofía, y descendiente él mismo de dorios con un maestro que, a su vez, había sido durante veinte años el discípulo predilecto de Platón, no es difícil imaginar su despertar sexual. Ya mediante la recíproca admiración con el propio Aristóteles, ya proporcionándole éste otros muchachos como método formativo de su espíritu, no habría sino caracterizado, en la época y en la sociedad guerrera en que vivió, el papel correspondiente a su edad y condición.

Si, como sostenía Platón, este tipo de amor promovía la heroicidad, en Alejandro, durante esos años, el despertar del héroe era inminente. A sus dieciséis años se sentía capacitado para dirigir una guerra, y con dominio y criterio suficientes para reinar. Pudo muy pronto probar ambas cosas. Herido su padre en Perinto, fue llamado a sustituirlo. Era la primera vez que tomaba parte en un combate, y su conducta fue tan brillante que lo enviaron a Macedonia en calidad de regente. En 338 marchó con su padre hacia el sur para someter a las tribus de Anfisa, al norte de Delfos.

Desde el año 380 a.C., un griego visionario, Isócrates, había predicado la necesidad de que se abandonaran las luchas intestinas en la península y de que se formara una liga panhelénica. Pero décadas después, el ateniense Demóstenes mostraba su preocupación por las conquistas de Filipo, que se había apoderado de la costa norte del Egeo. Demóstenes, enemigo declarado de Filipo, aprovechó el alejamiento para inducir a los atenienses a que se armasen contra los macedonios. Al enterarse el rey, partió con su hijo a Queronea y se batió con los atenienses. Las gloriosas falanges tebanas, invictas desde su formación por el genial Epaminondas, fueron completamente devastadas. Hasta el último soldado tebano murió en la batalla de Queronea, donde el joven Alejandro capitaneaba la caballería macedonia.

Alejandro supo ganarse la admiración de sus soldados en esta guerra y adquirió tal popularidad que los súbditos comentaban que Filipo seguía siendo su general, pero que su rey ya era Alejandro. Quinto Curcio cuenta que después del triunfo en Queronea, en donde el príncipe había dado muestras, pese a su juventud, de ser no sólo un heroico combatiente sino también un hábil estratega, su padre lo abrazó y con lágrimas en los ojos le dijo: «¡Hijo mío, búscate otro reino que sea digno de ti. Macedonia es demasiado pequeña!».

Terminadas las campañas contra tracios, ilirios y atenienses, Alejandro, Antípatro y Alcímaco fueron nombrados delegados de Atenas para gestionar el tratado de paz. Fue entonces cuando vio por vez primera Grecia en todo su esplendor. La Grecia que había aprendido a amar a través de Homero. La tierra de la cual Aristóteles le había transmitido su orgullo y su pasión. En su breve permanencia le fueron tributados grandes honores. Allí asistió a gimnasios y palestras y se ejercitó en el deporte del pentatlón, bajo la atenta y admirativa mirada de los adultos, que transformaban estos centros en verdaderas «cortes de amor». Allí estuvo en contacto directo con el arte en pleno apogeo de Praxíteles y con los momentos preliminares de la escuela ática.

Filipo, entretanto, había reunido bajo su autoridad a toda Grecia, con excepción de Esparta. En el 337, a los cuarenta y cinco años, arrastraba una pasión desde su paso por las montañas del Adriático, y no dudó en volver a Iliria en busca de Atala, la princesa de quien se había enamorado. Después de veinte años de matrimonio (aunque muy pocos de ellos estuvo cerca de su mujer y las desavenencias fueron cada vez más crecientes), tampoco dudó en repudiar a Olimpias y celebrar una nueva boda con Atala.

Alejandro, que amaba a su madre, no soportó aquella ofensa que el rey infería a su legítima esposa. A pesar de ello, fue obligado a asistir al banquete nupcial. Durante la ceremonia criticó la actuación de su padre, y éste, ebrio, llegó a amenazarlo con su espada. Indignado, herido en su amor propio, el príncipe corrió al lado de su madre y le rogó que huyese con él. Con algunas pocas personas fieles, madre e hijo dejaron Pela para refugiarse en el palacio de su tío Alejandro, rey de Molosia en sucesión de su abuelo materno. Allí vivieron hasta que Filipo, dando muestras de arrepentimiento, prometió tributar a la reina los honores que le correspondían. Sin embargo, aunque Olimpias accedió, es muy posible que ya conspirara con Pausanias para la perpetración de su venganza contra Filipo y la cristalización de sus ambiciones de regencia. Pocas semanas después (era ya la primavera del año 336) regresaron todos a Epiro, incluido Filipo. Se celebraba la boda de su hija Cleopatra con Alejandro de Molosia, tío de la novia. Durante la procesión nupcial, Filipo II fue asesinado por Pausanias.

Parece claro que Olimpias participó (acaso fue la mentora) en el asesinato del rey. Pero Alejandro, ¿fue ajeno? A sus veinte años se hacía con el reino de Macedonia: casi un designio divino para comenzar por fin la vida de gloria a la que se sentía destinado. Y en seguida puso manos a la obra. En primer término (aquí Quinto Curcio Rufo dice que «dio castigo, por él mismo, a los asesinos de su padre», pero no parece fiable), hizo eliminar a todos aquellos que pudieran oponérsele. No había acabado el año 336 cuando en la asamblea popular de Corinto se hizo designar «Generalísimo de los ejércitos griegos».

Al comenzar el año 335, el levantamiento de Tracia e Iliria le exigió una breve campaña durante la cual consiguió la conquista y sumisión de ambas regiones. No acababa de regresar a su reino cuando la sublevación de los tebanos, unida a la de los atenienses, tras correr el rumor de su muerte en Icaria, demandaron una nueva y urgente batalla para impedir la total coalición. Pero el sitio de Tebas no fue fácil; Tracia e Iliria habían sido, en comparación, un juego de niños. Ante la resistencia de la ciudad, Alejandro decidió tomarla por asalto. Pasó a cuchillo, de uno en uno, a más de seis mil ciudadanos, redujo a esclavitud a una guarnición compuesta por treinta mil soldados y ordenó la total demolición de la ciudad, aunque, en un acto más que elocuente de su respeto por el arte y la cultura, ordenó salvar del derribo la casa en que había vivido Píndaro, el poeta griego de Cinocéfalos, que cantó con gran belleza lírica a los atletas en sus Epinicios (o «cantos de la palestra deportiva») y que se contaba entre sus poetas favoritos. Atenas se sometió sin resistirse.

Al regresar a Macedonia, trabajó en la preparación de la guerra contra el Imperio persa, guerra comenzada por su padre (para quien había sido el sueño de toda su vida), y que se vio interrumpida tras su muerte. Es posible que entre los meses finales de 335 hasta la primavera de 334 hubiera realizado distintos viajes a Epiro y Atenas. En Epiro reinaba su hermana Cleopatra, la reina de Molosia, quien contó con su consejo. En Atenas Lisipo, el escultor de Sicione y amigo de Alejandro, hizo de él varios bustos, algunos de los cuales podrían datar de esa época.

Mientras preparaba su partida hacia Persia le comunicaron que la estatua de Orfeo, el tañedor de lira, sudaba, y Alejandro consultó a un adivino para averiguar el sentido de esta premonición. El augur le pronosticó un gran éxito en su empresa, porque la divinidad manifestaba con este signo que para los poetas del futuro resultaría arduo cantar sus hazañas. Después de encomendar a su general Antípatro que conservara Grecia en paz, en la primavera del año 334 a.C. cruzó el Helesponto con treinta y siete mil hombres dispuestos a vengar las ofensas infligidas por los persas a su patria en el pasado. No regresaría jamás. Alejandro ocupó Tesalia y declaró a las autoridades locales que el pueblo tesalo quedaría para siempre libre de impuestos. Juró también que, como Aquiles, acompañaría a sus soldados a tantas batallas como fueran necesarias para engrandecer y glorificar a la nación.

Cuando llegaron a Corinto, Alejandro sintió deseos de conocer a Diógenes, el gran filósofo, famoso por su proverbial desprecio por la riqueza y las convenciones, quien, aunque rondaba los ochenta años, conservaba sus facultades intelectuales. Sentado bajo un cobertizo, calentándose al sol, Diógenes miró al rey con total indiferencia. Según Plutarco, cuando el monarca le dijo: «Soy Alejandro, el rey», Diógenes le contestó: «Y yo soy Diógenes, el Cínico». «¿Puedo hacer algo por ti?», le preguntó Alejandro, y el filósofo respondió: «Sí, puedes hacerme la merced de marcharte, porque con tu sombra me estás quitando el sol». Más tarde el rey diría a sus amigos: «Si no fuese Alejandro, quisiera ser Diógenes».

Tiempo después, otra anécdota singular ofrece un nuevo diálogo legendario, pero esta vez con Diónides, pirata famoso entre los carios, los tirrenos y los griegos, quien, capturado y conducido a su presencia, no se arredró ante la amonestación del rey cuando éste le dijo: «¿Con qué derecho saqueas los mares?» Diónides le respondió: «Con el mismo con que tú saqueas la tierra»; «Pero yo soy un rey y tú sólo eres un pirata». «Los dos tenemos el mismo oficio -contestó Diónides-. Si los dioses hubiesen hecho de mí un rey y de ti un pirata, yo sería quizá mejor soberano que tú, mientras que tú no serías jamás un pirata hábil y sin prejuicios como lo soy yo». Dicen que Alejandro, por toda respuesta, lo perdonó. En junio de 334 logró la victoria del Gránico, sobre los sátrapas persas. En la fragorosa y cruenta batalla Alejandro estuvo a punto de perecer, y sólo la oportuna ayuda en el último momento de su general Clito le salvó la vida. Conquistada también Halicarnaso, se dirigió hacia Frigia, pero antes, a su paso por Éfeso, pudo conocer al célebre Apeles, quien se convertiría en su pintor particular y exclusivo. Apeles vivió en la corte hasta la muerte de Alejandro.

A comienzos de 333, Alejandro llegó con su ejército a Gordión, ciudad que fuera corte del legendario rey Midas e importante puesto comercial entre Jonia y Persia. Allí los gordianos plantearon al invasor un dilema en apariencia irresoluble. Un intrincado nudo ataba el yugo al carro de Gordio, rey de Frigia, y desde antiguo se afirmaba que quien fuera capaz de deshacerlo dominaría el mundo. Todos habían fracasado hasta entonces, pero el intrépido Alejandro no pudo sustraerse a la tentación de desentrañar el acertijo. De un certero y violento golpe ejecutado con el filo de su espada, cortó la cuerda, y luego comentó con sorna: "Era así de sencillo". Alejandro afirmó así sus pretensiones de dominio universal.

Cruzó el Taurus, franqueó Cilicia y, en otoño del año 333 a.C., tuvo lugar en la llanura de Issos la gran batalla contra Darío, rey de Persia. Antes del enfrentamiento arengó a sus tropas, temerosas por la abultada superioridad numérica del enemigo. Alejandro confiaba en la victoria porque estaba convencido de que nada podían las muchedumbres contra la inteligencia, y de que un golpe de audacia vendría a decantar la balanza del lado de los griegos. Cuando el resultado de la contienda era todavía incierto, el cobarde Darío huyó, abandonando a sus hombres a la catástrofe. Las ciudades fueron saqueadas y la mujer y las hijas del rey fueron apresadas como rehenes, de modo que Darío se vio obligado a presentar a Alejandro unas condiciones de paz extraordinariamente ventajosas para el victorioso macedonio. Le concedía la parte occidental de su imperio y la más hermosa de sus hijas como esposa. Al noble Parmenión le pareció una oferta satisfactoria, y aconsejó a su jefe: "Si yo fuera Alejandro, aceptaría". A lo cual éste replicó: "Y yo también si fuera Parmenión".

Alejandro ambicionaba dominar toda Persia y no podía conformarse con ese honroso tratado. Para ello debía hacerse con el control del Mediterráneo oriental. Destruyó la ciudad de Tiro tras siete meses de asedio, tomó Jerusalén y penetró en Egipto sin hallar resistencia alguna: precedido de su fama como vencedor de los persas, fue acogido como un libertador. Alejandro se presentó a sí mismo como protector de la antigua religión de Amón y, tras visitar el templo del oráculo de Zeus Amón en el oasis de Siwa, situado en el desierto Líbico, se proclamó su filiación divina al más puro estilo faraónico.

Aquella visita a un santuario, cuyo dios titular no era puramente egipcio, tenía una indudable finalidad política. Alejandro Magno, como buen político, no podía dejar pasar la oportunidad de aumentar su prestigio y popularidad entre los helenos, muchos de los cuales eran reacios a su persona. Se cuenta que después de haber solicitado la consulta del oráculo, el sacerdote le respondió con el saludo reservado a los faraones tratándole como "hijo de Amón". A continuación (sigue la leyenda), penetró solo en el interior del edificio y escuchó atentamente la respuesta "conforme a su deseo", como el propio Alejandro declararía. Sobre esta visita y sobre el alcance de la profecía se han vertido ríos de tinta. La mayoría de los historiadores coinciden en señalar que allí el oráculo habría informado al macedonio de su origen divino, y predicho la creación de su Imperio Universal. El hecho es que no se conoce ningún texto que proporcione información acerca de las palabras del oráculo.

Al regresar por el extremo occidental del delta, fundó, en un admirable paraje natural, la ciudad de Alejandría, que se convirtió en la más prestigiosa en tiempos helenísticos. Para determinar su emplazamiento contó con la inspiración de Homero. Solía decir que el poeta se le había aparecido en sueños para recordarle unos versos de la Ilíada: "En el undoso y resonante Ponto / hay una isla a Egipto contrapuesta / de Faro con el nombre distinguida". En la isla de Faro y en la costa próxima planeó la ciudad que habría de ser la capital del helenismo y el punto de encuentro entre Oriente y Occidente. Como no pudieron delimitar el perímetro urbano con cal, Alejandro decidió utilizar harina, pero las aves acudieron a comérsela destruyendo los límites establecidos. Este acontecimiento fue interpretado como un augurio de que la influencia de Alejandría se extendería por toda la Tierra.

En la primavera de 331 ya hacía tres años que había dejado Macedonia, con Antípatro como regente; pero ni entonces ni después parece haber pensado en regresar. Prosiguió su exploración atravesando el Éufrates y el Tigris, y en la llanura de Gaugamela se enfrentó al último de los ejércitos de Darío, llevando a su fin, en la batalla de Arbelas, a la dinastía aqueménida. Las impresionantes tropas persas contaban en esta ocasión con una aterradora fuerza de choque: elefantes.

Parmenión era partidario de atacar amparados por la oscuridad, pero Alejandro no quería ocultar al sol sus victorias. Aquella noche durmió confiado y tranquilo mientras sus hombres se admiraban de su extraña serenidad. Había madurado un plan genial para evitar las maniobras del enemigo. Su mejor arma era la rapidez de la caballería, pero también contaba con la escasa entereza de su contrincante y planeaba descabezar el ejército a la primera oportunidad. Efectivamente, Darío volvió a mostrarse débil y huyó ante la proximidad de Alejandro, sufriendo una nueva e infamante derrota. Todas las capitales se abrieron ante los griegos. Mientras entraba en Persépolis, Alejandro mandó ocupar casi de forma simultánea Susa, Babilonia y Ecbatana. En julio de 330, Darío moría asesinado. Beso, el sátrapa de Bactriana, había ordenado su ejecución después de derrocarle.

Alejandro sometió entonces las provincias orientales y prosiguió su marcha hacia el Este. Muchas fueron las anécdotas y leyendas que a partir de entonces fueron acumulándose alrededor de este semidiós que parecía invencible. La historia da cuenta de que vistió la estola persa, ropaje extraño a las costumbres griegas, para simbolizar que era rey tanto de unos como de otros. Sabemos que, movido por la venganza, mandó quemar la ciudad de Persépolis; que, iracundo, dio muerte con una lanza a Clito, aquel que le había salvado la vida en Gránico; que mandó ajusticiar a Calístenes, el filósofo sobrino de Aristóteles, por haber compuesto versos alusivos a su crueldad, y que se casó con una princesa persa, Roxana, contraviniendo las expectativas de los griegos. Alejandro incluso se internó en la India, donde hubo de combatir contra el noble rey hindú Poros. Como consecuencia de la trágica batalla, murió su fiel caballo Bucéfalo, en cuyo honor fundó una ciudad llamada Bucefalia.

Pero su ejército, a medida que se iban fundando nuevas Alejandrías a su paso, fue perdiendo hombres. Éstos se sentían agotados, debilitados, hasta que en 326, al llegar a Hifasis (el punto más oriental que llegaría a alcanzar), tuvo que reemprender el camino de regreso tras el amotinamiento de sus soldados. Durante el regreso, el ejército se dividió: mientras el general Nearco buscaba la ruta por mar, Alejandro conducía el grueso de las tropas por el infernal desierto de Gedrosia. Miles de hombres murieron en el empeño. La sed fue más devastadora que las lanzas enemigas. Aunque diezmado, el ejército consiguió llegar a su destino, y con la celebración de las bodas de ochenta generales y diez mil soldados se dio por terminada la conquista de Oriente.

Ya en Babilonia, no dudó en mandar ejecutar a los macedonios que se le oponían. Tenía como proyecto la creación de un nuevo ejército formado por helenos y bárbaros para abortar así las tradiciones de libertad macedonias. Quería construir una nación mixta, y asumió el ritual aqueménida mientras buscaba y obtenía el apoyo de familias orientales. Creía asegurar de esta forma el éxito de sus planes de dominación universal. A pesar de que prosiguió sus campañas y continuó proyectando otras nuevas hasta que, en su lecho de muerte, ya no pudo hablar, hubo un hecho, sin embargo, que desmoronaría todas sus certezas: la muerte de Hefestión.

Alejandro se había casado con Roxana durante una campaña en Bactra, de cuya unión nacería póstumamente Alejandro IV, su único hijo. También se casó con Estatira, en Susa, cuando, llevado por su afán de integración racial, hizo celebrar varios matrimonios entre sus soldados macedonios y mujeres orientales. Estatira era la hija mayor de Darío III; Dripetis, casada también entonces con Hefestión, la menor. Confiaba en Tolomeo, pariente suyo (quizá su hermanastro) y oficial de su alto mando. También tenía en Nearco, uno de sus oficiales, un camarada y amigo desde la infancia. Pero Hefestión había sido más que todos ellos: su amigo, tal vez su amante, pero sobre todo un hombre inteligente que compartía sus ideas de estadista; ambos experimentaban una admiración recíproca.

La muerte de Hefestión en octubre de 324, mientras se hallaban en Ecbatana, le causó un dolor tan hondo que él mismo fue decayendo hasta su propia muerte, ocurrida pocos meses después. En 325, al volver de la India, durante su marcha a lo largo del Indo había recibido una peligrosa herida en el pecho; su regreso por el desierto de Gedrosia en condiciones extremas volvió a quebrantar su salud. Casi al final del verano de 324, decidió descansar una temporada y se instaló en el palacio estival de Ecbatana, acompañado por Roxana y su amigo Hefestión. Su esposa quedó embarazada. Su amigo enfermó repentinamente y murió. Alejandro llevó el cuerpo a Babilonia y organizó el funeral de Hefestión.

Inició de inmediato una nueva campaña explorando las costas de Arabia. Mientras navegaba por el Bajo Éufrates contrajo una fiebre palúdica que sería fatal. Antes de morir, en junio de 323, en un todavía imponente pero ya derruido zigurat de Bel-Marduk, Alejandro entregó su anillo real a Pérdicas, su lugarteniente desde la muerte de Hefestión. Tenía treinta y tres años. A su lado estaba Roxana. Estatira permanecía en Susa, en el harén del palacio de su abuela Sisigambis. Tras las murallas que guardaban la ciudad interior, seguía fluyendo el Éufrates. Aquel mismo día, libre de fabulosas esperanzas, sin nada que legar a los hombres excepto su mísero tonel, con casi noventa años, moría también en Corinto su desabrida contrafigura, el ceñudo filósofo Diógenes el Cínico.

El extraño fenómeno de la no corrupción del cuerpo de Alejandro, más notable aún con el calor imperante en Babilonia, habría dado pie, en tiempos cristianos, a la creencia de que se trataba de un milagro, a santificarlo. En el siglo IV a.C. no existía una tradición semejante que atrajera la atención de los hagiógrafos. Tal vez la explicación más acertada es que su muerte clínica ocurrió mucho después de lo que se creyó entonces.

Alejandro IV, su hijo, y Roxana, su esposa, fueron asesinados por Casandro cuando el niño tenía trece años, en el 310 a.C. Casandro era el hijo mayor de Antípatro, regente al partir Alejandro Magno al Asia, y después de ese asesinato fue rey de Macedonia. Cleopatra, su hermana, siguió gobernando Molosia durante muchos años después de que el rey Alejandro muriese. Olimpias, su madre, disputó la regencia de Macedonia con Antípatro y en el 319 a.C. se alió con Poliperconte, el nuevo regente; cuando había conseguido el objetivo perseguido durante toda su vida, fue ejecutada en el 316 a.C. en Pidnia. Tolomeo, oficial de su alto mando, sería más tarde rey de Egipto, fundador de la dinastía de los Tolomeos y autor de una Historia de Alejandro.

Ir Arriba


Julio César

Cayo Julio César: Militar y político cuya dictadura puso fin a la República en Roma (Roma, 100 - 44 a. C.). Procedente de una de las más antiguas familias del patriciado romano, los Julios, Cayo Julio César fue educado esmeradamente con maestros griegos.

Julio César pasó una juventud disipada, en la que empezó muy pronto a acercarse al partido político «popular», al cual le unía su relación familiar con Mario. Se ganó el apoyo de la plebe subvencionando fiestas y obras públicas. Y fue acrecentando su prestigio en los diferentes cargos que ocupó: cuestor (69), edil (65), gran pontífice (63), pretor (62) y propretor de la Hispania Ulterior (61-60). De regreso a Roma, Julio César consiguió un gran éxito político al reconciliar a los dos líderes rivales, Craso y Pompeyo, a los que unió consigo mismo mediante un acuerdo privado para repartirse el poder formando un triunvirato y así oponerse a los que dominaban el Senado (60). Al año siguiente, César fue elegido cónsul (59); y las medidas que adoptó vinieron a acrecentar su popularidad: repartió lotes de tierra entre veteranos y parados, aumentó los controles sobre los gobernadores provinciales y dio publicidad a las discusiones del Senado. Pero la ambición política de César iba más allá y, buscando la base para obtener un poder personal absoluto, se hizo conceder por cinco años el control de varias provincias (Galia Cisalpina, Narbonense e Iliria).

El triunvirato fue fortalecido por el Convenio de Luca (56), que aseguraba ventajas para cada uno de sus componentes; pero respondía a un equilibrio inestable, que habría de evolucionar hacia la concentración del poder en una sola mano. Craso murió durante una expedición contra los partos (53) y la rivalidad entre César y Pompeyo no encontró freno una vez muerta Julia, la hija de aquél casada con éste (54). Entretanto, César se había lanzado a la conquista del resto de las Galias, que no sólo completó, sino que aseguró lanzando dos expediciones a Britania y otras dos a Germania, cruzando el Rin. Con ello llegó a dominar un vasto territorio, que aportaba a Roma una obra comparable a la de Pompeyo en Oriente.

El prestigio y el poder alcanzados por César preocuparon a Pompeyo, elegido cónsul único en Roma en medio de una situación de caos por las luchas entre mercenarios (52). Conminado por el Senado a licenciar sus tropas, César prefirió enfrentarse a Pompeyo, a quien el Senado había confiado la defensa de la República como última esperanza de salvaguardar el orden oligárquico tradicional.

Tras pasar el río Rubicón -que marcaba el límite de su jurisdicción-, César inició una guerra civil de tres años (49-46) en la que resultó victorioso: conquistó primero Roma e Italia; luego invadió Hispania; y finalmente se dirigió a Oriente, en donde se había refugiado Pompeyo. Persiguiendo a éste, llegó a Egipto, en donde aprovechó para intervenir en una disputa sucesoria de la familia faraónica, tomando partido en favor de Cleopatra («Guerra Alejandrina», 48-47).

Asesinado Pompeyo en Egipto, César prosiguió la lucha contra sus partidarios. Primero hubo de vencer al rey del Ponto, Pharnaces, en la batalla de Zela (47), que definió con su famosa sentencia veni, vidi, vici («llegué, vi y vencí»); luego derrotó a los últimos pompeyistas que resistían en África (batalla de Tapso, 46) y a los propios hijos de Pompeyo en Hispania (batalla de Munda, cerca de Córdoba, 45). Vencedor en tan larga guerra civil, César acalló a los descontentos repartiendo dádivas y recompensas durante las celebraciones que organizó en Roma por la victoria.

Una vez dueño de la situación, César acumuló cargos y honores que fortalecieran su poder personal: cónsul por diez años, prefecto de las costumbres, jefe supremo del ejército, pontífice máximo (sumo sacerdote), dictador perpetuo y emperador con derecho de transmisión hereditaria, si bien rechazó la diadema real que le ofreció Marco Antonio. El Senado fue reducido a un mero consejo del príncipe. Estableció así una dictadura militar disimulada por la apariencia de acumulación de magistraturas civiles.

Julio César murió asesinado en una conjura dirigida por Casio y Bruto, que le impidió completar sus reformas; no obstante, dejó terminadas algunas, como el cambio del calendario (que se mantuvo hasta el siglo XVI), una nueva ley municipal que concedía mayor autonomía a las ciudades o el reasentamiento como agricultores de las masas italianas proletarizadas; todo apuntaba a transformar Roma de la ciudad-estado que había sido en cabeza de un imperio que abarcara la práctica totalidad del mundo conocido, al tiempo que se transformaba su vieja constitución oligárquica por una monarquía autoritaria de tintes populistas; dicha obra sería completada por su sobrino-nieto y sucesor, Octavio Augusto.

Ir Arriba


Platón

Filósofo griego (Atenas, 427 - 347 a. C.). Nacido en el seno de una familia aristocrática, abandonó su vocación política por la Filosofía, atraído por Sócrates. Siguió a éste durante veinte años y se enfrentó abiertamente a los sofistas (Protágoras, Gorgias…). Tras la muerte de Sócrates (399 a. C.), se apartó completamente de la política; no obstante, los temas políticos ocuparon siempre un lugar central en su pensamiento, y llegó a concebir un modelo ideal de Estado. Viajó por Oriente y el sur de Italia, donde entró en contacto con los discípulos de Pitágoras; luego pasó algún tiempo prisionero de unos piratas, hasta que fue rescatado y pudo regresar a Atenas.

Allí fundó una escuela de Filosofía en el 387, situada en las afueras de la ciudad, junto al jardín dedicado al héroe Academo, de donde procede el nombre de Academia. La Escuela, una especie de secta de sabios organizada con sus reglamentos, residencia de estudiantes, biblioteca, aulas y seminarios especializados, fue el precedente y modelo de las modernas instituciones universitarias. En ella se estudiaba y se investigaba sobre todo tipo de asuntos, dado que la Filosofía englobaba la totalidad del saber, hasta que paulatinamente fueron apareciendo -en la propia Academia- las disciplinas especializadas que darían lugar a ramas diferenciadas del saber, como la Lógica, la Ética o la Física. Pervivió más de novecientos años, hasta que Justiniano la mandó cerrar en el 529 d. C., y en ella se educaron personajes de importancia tan fundamental como Aristóteles.

A diferencia de Sócrates, que no dejó obra escrita, los trabajos de Platón se han conservado casi completos y se le considera por ello el fundador de la Filosofía académica (a pesar de que su obra es fundamentalmente un desarrollo del pensamiento socrático). La mayor parte están escritos en forma de Diálogos, como los de La República, Las Leyes, El Banquete, Fedro o Fedón. El contenido de estos escritos es una especulación metafísica, pero con evidente orientación práctica. El mundo del verdadero ser es el de las ideas, mientras que el mundo de las apariencias que nos rodean está sometido a continuo cambio y degeneración. Igualmente, el hombre es un compuesto de dos realidades distintas unidas accidentalmente: el cuerpo mortal (relacionado con el mundo sensible) y el alma inmortal (perteneciente al mundo de las ideas, que contempló antes de unirse al cuerpo). Este hombre dual sólo podría conseguir la felicidad mediante un ejercicio continuado de la virtud para perfeccionar el alma; y la virtud significaba, ante todo, la justicia, compendio armónico de las tres virtudes particulares, que correspondían a los tres componentes del alma: sabiduría de la razón, fortaleza del ánimo y templanza de los apetitos. El hombre auténtico será, para Platón, aquel que consiga vincularse a las ideas a través del conocimiento, acto intelectual -y no de los sentidos- consistente en que el alma recuerde el mundo de las ideas del cual procede.

Sin embargo, la completa realización de este ideal humano sólo puede realizarse en la vida social de la comunidad política, donde el Estado da armonía y consistencia a las virtudes individuales. El Estado ideal de Platón sería una República formada por tres clases de ciudadanos -el pueblo, los guerreros y los filósofos-, cada una con su misión específica y sus virtudes características: los filósofos serían los llamados a gobernar la comunidad, por poseer la virtud de la sabiduría; mientras que los guerreros velarían por el orden y la defensa, apoyándose en su virtud de la fortaleza; y el pueblo trabajaría en actividades productivas, cultivando la templanza.

Las dos clases superiores vivirían en un régimen comunitario donde todo (bienes, hijos y mujeres) pertenecería al Estado, dejando para el pueblo llano instituciones como la familia y la propiedad privada; y sería el Estado el que se encargaría de la educación y de la selección de los individuos en función de su capacidad y sus virtudes, para destinarlos a cada clase. La justicia se lograría colectivamente cuando cada individuo se integrase plenamente en su papel, subordinando sus intereses a los del Estado.

Platón intentó plasmar en la práctica sus ideas filosóficas, aceptando acompañar a su discípulo Dión como preceptor y asesor del joven rey Dionisio II de Siracusa; el choque entre el pensamiento idealista del filósofo y la cruda realidad de la política hizo fracasar el experimento por dos veces (367 y 361 a. C.). Sin embargo, las ideas de Platón siguieron influyendo -por sí o a través de su discípulo Aristóteles- sobre toda la historia posterior del mundo occidental: su concepción dualista del ser humano o la división de la sociedad en tres órdenes funcionales serían ideas recurrentes del pensamiento europeo durante siglos. Al final de la Antigüedad, el platonismo se enriqueció con la obra de Plotino y la escuela neoplatónica.

Ir Arriba


Aristóteles

Aristóteles nació en el año 384 a.C. en una pequeña localidad macedonia cercana al monte Athos llamada Estagira, de donde proviene su sobrenombre, el Estagirita. Su padre, Nicómaco, era médico de la corte de Amintas III, padre de Filipo y, por tanto, abuelo de Alejandro Magno. Nicómaco pertenecía a la familia de los Asclepíades, que se reclamaba descendiente del dios fundador de la medicina y cuyo saber se transmitía de generación en generación. Ello invita a pensar que Aristóteles fue iniciado de niño en los secretos de la medicina y de ahí le vino su afición a la investigación experimental y a la ciencia positiva. Huérfano de padre y madre en plena adolescencia, fue adoptado por Proxeno, al cual pudo mostrar años después su gratitud adoptando a un hijo suyo llamado Nicanor.

En el año 367, es decir, cuando contaba diecisiete años de edad, fue enviado a Atenas para estudiar en la Academia de Platón. No se sabe qué clase de relación personal se estableció entre ambos filósofos, pero, a juzgar por las escasas referencias que hacen el uno del otro en sus escritos, no cabe hablar de una amistad imperecedera. Lo cual, por otra parte, resulta lógico si se tiene en cuenta que Aristóteles iba a iniciar su propio sistema filosófico fundándolo en una profunda crítica al platónico. Ambos partían de Sócrates y de su concepto de eidos, pero las dificultades de Platón para insertar su mundo eidético, el de las ideas, en el mundo real, obligaron a Aristóteles a ir perfilando términos como «sustancia», «esencia» y «forma» que le alejarían definitivamente de la Academia. En cambio, es absolutamente falsa la leyenda según la cual Aristóteles se marchó de Atenas despechado porque Platón, a su muerte, designase a su sobrino Espeusipo para hacerse cargo de la Academia. En su condición de macedonio Aristóteles no era legalmente elegible para ese puesto.

A la muerte de Platón, ocurrida en el 348, Aristóteles contaba treinta y seis años de edad, había pasado veinte de ellos simultaneando la enseñanza con el estudio y se encontraba en Atenas, como suele decirse, sin oficio ni beneficio. Así que no debió de pensárselo mucho cuando supo que Hermias de Atarneo, un soldado de fortuna griego que se había apoderado del sector noroeste de Asia Menor, estaba reuniendo en la ciudad de Axos a cuantos discípulos de la Academia quisieran colaborar con él en la helenización de sus dominios. Aristóteles se instaló en Axos en compañía de Xenócrates de Calcedonia, un colega académico, y de Teofrasto, discípulo y futuro heredero del legado aristotélico.

El Estagirita pasaría allí tres años apacibles y fructíferos, dedicándose a la enseñanza, a la escritura (gran parte de su Política la redactó allí) y a la reproducción, ya que primero se casó con una sobrina de Hermias llamada Pitias, con la que tuvo una hija. Pitias debió de morir muy poco después y Aristóteles se unió a otra estagirita, de nombre Erpilis, que le dio un hijo, Nicómaco, al que dedicaría su Ética. Dado que el propio Aristóteles dejó escrito que el varón debe casarse a los treinta y siete años y la mujer a los dieciocho, resulta fácil deducir qué edades debían tener una y otra cuando se unió a ellas.

Tras el asesinato de Hermias, en el 345, Aristóteles se instaló en Mitilene (isla de Lesbos), dedicándose, en compañía de Teofrasto, al estudio de la biología. Dos años más tarde, en el 343, fue contratado por Filipo de Macedonia para que se hiciese cargo de la educación de su hijo Alejandro, a la sazón de trece años de edad. Tampoco se sabe mucho de la relación entre ambos, ya que las leyendas y las falsificaciones han borrado todo rastro de verdad. Pero de ser cierto el carácter que sus contemporáneos atribuyen a Alejandro (al que tachan unánimemente de arrogante, bebedor, cruel, vengativo e ignorante), no se advierte rasgo alguno de la influencia que Aristóteles pudo ejercer sobre él. Como tampoco se advierte la influencia de Alejandro sobre su maestro en el terreno político, pues Aristóteles seguía predicando la superioridad de las ciudades estado cuando su presunto discípulo estaba poniendo ya las bases de un imperio universal.

Poco después de la muerte de Filipo, Alejandro hizo ejecutar a un sobrino de Aristóteles, Calístenes de Olinto, a quien acusaba de traidor. Conociendo el carácter vengativo de su discípulo, Aristóteles se refugió un año en sus propiedades de Estagira, trasladándose en el 334 a Atenas para fundar, siempre en compañía de Teofrasto, el Liceo, una institución pedagógica que durante años habría de competir con la Academia platónica, dirigida en ese momento por su viejo camarada Xenócrates de Calcedonia.

Los once años que median entre su regreso a Atenas y la muerte de Alejandro, en el 323, fueron aprovechados por Aristóteles para llevar a cabo una profunda revisión de una obra que, al decir de Hegel, constituye el fundamento de todas las ciencias. Aristóteles fue un prodigioso sintetizador del saber, tan atento a las generalizaciones que constituyen la ciencia como a las diferencias que no sólo distinguen a los individuos entre sí, sino que impiden la reducción de los grandes géneros de fenómenos y las ciencias que los estudian. Como él mismo dice, los seres pueden ser móviles e inmóviles, y al mismo tiempo separados (de la materia) o no separados. La ciencia que estudia los seres móviles y no separados es la física; la de los seres inmóviles y no separados es la matemática, y la de los seres inmóviles y separados, la teología.

La amplitud y la profundidad de su pensamiento son tales que fue preciso esperar dos mil años para que surgiese alguien de talla parecida. Y durante ese período su autoridad llegó a quedar tan establecida e incuestionada como la que ejercía la Iglesia, y tanto en la ciencia como en la filosofía todo intento de avance intelectual ha tenido que empezar con un ataque a cualquiera de los principios filosóficos aristotélicos. Sin embargo, el camino seguido por el pensamiento de Aristóteles hasta alcanzar su actual preeminencia es tan asombroso que, aun descontando lo que la leyenda haya podido añadir, parece un argumento de novela de aventuras.

Con la muerte de Alejandro, en el 323, se extendió en Atenas una oleada de nacionalismo (antimacedonio) desencadenado por Demóstenes, hecho que le supuso a Aristóteles enfrentarse a una acusación de impiedad. No estando en su ánimo repetir la aventura de Sócrates, Aristóteles se exilió a la isla de Chalcis, donde murió en el 322. Según la tradición, Aristóteles le cedió sus obras a Teofrasto, el cual se las cedió a su vez a Neleo, quien las envió a casa de sus padres en Esquepsis sólidamente embaladas en cajas y con la orden de que las escondiesen en una cueva para evitar que fuesen requisadas con destino a la biblioteca de Pérgamo.

Años después, los herederos de Neleo se las vendieron a Apelicón de Teos, un filósofo que se las llevó consigo a Atenas. En el 86 a.C., en plena ocupación romana, Sila se enteró de la existencia de esas cajas y las requisó para enviarlas a Roma, donde fueron compradas por Tiranión el Gramático. Las obras fueron sufriendo sucesivos deterioros hasta que, en el año 60 a.C., fueron adquiridas por Andrónico de Rodas, el último responsable del Liceo, quien procedió a su edición definitiva. A él se debe la invención del término «metafísica», título bajo el que se agrupan los libros VII, VIII y IX y que significa, sencillamente, que salen a continuación de la física.

Con la caída del Imperio romano, las obras de Aristóteles, como las del resto de la cultura grecorromana, desaparecieron hasta que, bien entrado el siglo XIII, fueron recuperadas por el árabe Averroes, quien las conoció a través de las versiones sirias, árabes y judías. Del total de 170 obras que los catálogos antiguos recogían, sólo se han salvado 30, que vienen a ocupar unas 2.000 páginas impresas. La mayoría de ellas proceden de los llamados escritos «acroamáticos», concebidos para ser utilizados como tratados en el Liceo y no para ser publicados. En cambio, todas las obras publicadas en vida del propio Aristóteles, escritas para el público general en forma de diálogos, se han perdido.

Ir Arriba


Hernán Cortés

Conquistador español de México (Medellín, Badajoz, 1485 - Castilleja de la Cuesta, Sevilla, 1547). Procedente de una familia de hidalgos de Extremadura, Hernán Cortés estudió brevemente en la Universidad de Salamanca. En 1504 pasó a las Indias recién descubiertas por Colón y se estableció como escribano y terrateniente en La Española (Santo Domingo). Participó en la expedición a Cuba de 1511 como secretario del gobernador Diego Velázquez, con quien emparentó al casarse con su cuñada y que le nombró alcalde de la nueva ciudad de Santiago.

En 1518 Diego Velázquez confió a Hernán Cortés el mando de una expedición a Yucatán; sin embargo, el gobernador desconfiaba de Cortés, a quien ya había encarcelado en una ocasión acusado de conspiración, y decidió relevarle del encargo antes de partir. Advertido Cortés, aceleró la partida y se hizo a la mar antes de recibir la notificación (1519). Con once barcos, unos seiscientos hombres, 16 caballos y 14 piezas de artillería, Hernán Cortés navegó desde Santiago a Cozumel y Tabasco; allí derrotó a los mayas y recibió -entre otros regalos- a la india doña Marina, que le serviría como amante, consejera e intérprete durante toda la campaña.

Desobedeciendo órdenes expresas del gobernador Velázquez, fundó en la costa del golfo de México la ciudad de Villa Rica de la Veracruz. Allí tuvo noticias de la existencia del imperio azteca en el interior, cuya capital se decía que guardaba grandes tesoros, y se aprestó a su conquista. Para evitar la tentación de regresar que amenazaba a muchos de sus hombres ante la evidente inferioridad numérica, Hernán Cortés hundió sus naves en Veracruz. Logró la alianza de algunos pueblos indígenas sometidos a los aztecas, como los toltecas y tlaxcaltecas. Tras saquear Cholula, llegó a la capital azteca, Tenochtitlán, en donde fue recibido pacíficamente por el emperador Moctezuma, que se declaró vasallo del rey de Castilla.

Tuvo que dejar la ciudad a su lugarteniente Alvarado, para hacer frente a las tropas de Pánfilo de Narváez, enviadas por el gobernador Velázquez para castigar su rebeldía y devolverle a Cuba; Cortés los derrotó en Cempoala y consiguió que se uniese a él la mayor parte del contingente (1520). Cuando regresó a Tenochtitlán, encontró una gran agitación indígena contra los españoles a causa de los ataques realizados a sus creencias y símbolos religiosos y de la matanza de sus nobles por Alvarado para desbaratar una supuesta conspiración. Hizo prisionero a Moctezuma e intentó que éste mediara para calmar a su pueblo, sin lograr otra cosa que la muerte del emperador. Finalmente, Cortés se vio obligado a abandonar Tenochtitlán en la llamada «Noche Triste» (30 de junio de 1520), en la que su pequeño ejército resultó diezmado. Refugiado en Tlaxcala, siguió luchando contra los aztecas -ahora bajo el mando de Cuauhtémoc-, a los que derrotó en la batalla de Otumba; y, finalmente, cercó y tomó Tenochtitlán (1521). Destruida la capital azteca, reconstruyó en el mismo lugar (una isla en el centro de un lago) la ciudad española de México. Dominado el antiguo imperio azteca, lanzó expediciones hacia el sur para anexionar los territorios de Yucatán, Honduras y Guatemala.

Los detalles de la conquista de México, así como los argumentos que justificaban las decisiones de Hernán Cortés fueron expuestos en las cuatro Cartas de relación que envió al rey. En 1522 fue nombrado gobernador y capitán general de Nueva España (nombre que dieron los conquistadores al territorio mexicano). Sin embargo, la Corona española -ya en manos de Carlos I- practicó una política de recorte de los poderes de los conquistadores, para controlar más directamente las Indias; funcionarios reales aparecieron en México enviados para compartir la autoridad de Cortés hasta que, en 1528, éste fue destituido y enviado a la Península.

En España salió absuelto de todas las acusaciones e incluso fue nombrado marqués del Valle de Oaxaca, además de conservar el cargo honorífico de capitán general, aunque sin funciones gubernativas. De vuelta a México en 1530, todavía organizó algunas expediciones de conquista, como las que incorporaron a México la Baja California (1533 y 1539). Regresó nuevamente a España y se instaló en un pueblo cercano a Sevilla, en donde reunió una tertulia literaria y humanística. El conquistador de México, impulsado por un gran fervor religioso -aparte de la ambición de honores y riquezas común a todos los conquistadores-, fue un hombre culto y con preocupaciones morales inusuales en su entorno (como la de plantearse si era legítimo esclavizar a los indios).

Ir Arriba


Leonardo da Vinci

Leonardo Da Vinci, 1452-1519 -uno de los exponentes del Renacimiento-, fue pintor, escultor, arquitecto, ingeniero y científico. Se destacaba por su profunda pasión por el conocimiento y la investigación. Se constituyó en un claro innovador en el campo de la pintura dando lugar a la evolución del arte italiano durante más de un siglo después de su muerte. Por otra parte, también se destacó en el campo de la ciencia; sus investigaciones en las áreas de anatomía, óptica e hidráulica anticiparon muchos avances de la ciencia moderna.

Leonardo Di Ser Piero da Vinci, hijo natural e ilegitimo de Ser Piero da Vinci (un notario florentino), nació el 15 de abril de 1452, en una casa de Anchiano –a tres kilómetros del pueblo toscano de Vinci–. Fue criado en la casa de su abuelo paterno y Ser Piero arregló que la madre, una campesina llamada Caterina, se casara con un aldeano vecino, mientras que él se casó con otra mujer. Tanto Leonardo como su padre se mudaron a Florencia, donde el joven recibió la más exquisita educación que la ciudad –centro artístico e intelectual de Italia– podía ofrecer. Además, tuvo acceso a valiosos libros de la biblioteca familiar y de amigos de su padre.

A los 15 años, su padre lo envió como aprendiz al taller de Andrea del Verocchio, el artista más importante de Florencia, escultor, pintor y orfebre. Allí Leonardo cultivó su apasionada preocupación por la calidad y su interés en expresar la movilidad vital de la figura humana. Estas tempranas preocupaciones se constituyeron en elementos importantes en la formación artística de Leonardo, quien se inició en diversas actividades, desde la pintura de retablos y tablas, hasta la elaboración de grandes proyectos escultóricos en mármol y bronce. En esta etapa de su formación, el joven también estudió la anatomía humana, participando en la disección de cadáveres de criminales en la facultad médica. Entonces no existían la refrigeración o la conservación con formol y los cuerpos se descomponían muy rápido, por lo que Leonardo trabajaba velozmente, realizando observaciones y apuntes, movido por su gran curiosidad. A su vez, estas investigaciones en el área de la anatomía, le permitieron conocer las proporciones físicas de las personas, logrando figuras de asombrosa exactitud al representar la figura humana (cuyo "ideal" siempre buscó).

Finalizada la etapa de su formación, Leonardo formó parte del gremio de pintores de Florencia. A los 20 años ya era maestro independiente (con un estilo propio y original) aunque permaneció como asistente en el taller de Verocchio, interesándose mucho por descubrir nuevas técnicas para trabajar al óleo. Su reputación crecía y los encargos aumentaban. Se dice que su talento era tal, que Verocchio decidió ya no pintar más. A la edad de 30 años, movido por la búsqueda de nuevos retos y mejores ingresos, se trasladó a Milán, donde entro al servicio de Ludovico Sforza, duque de Milán y embajador de Florencia. Leonardo había escrito una carta al duque en la que ofrecía sus servicios como pintor, escultor y arquitecto, además de ingeniero, inventor e hidráulico. Afirmaba que podía construir puentes portátiles, que conocía las técnicas para realizar bombardeos, construir barcos y vehículos acorazados, cañones, catapultas y otras máquinas de guerra.

Las principales preocupaciones de Da Vinci se centraban en las leyes de movimiento y propulsión. Sus esfuerzos estaban depositados en el estudio de la ingeniería militar donde desarrollo métodos para disparar catapultas y desviar ríos, sirviendo al Duque como ingeniero y arquitecto en sus numerosas empresas militares.

Su estudio en Milán estaba lleno de actividad con sus aprendices y estudiantes, para los cuales escribió los textos que más tarde agruparía en su "Tratado de la Pintura". Su obra más importante del periodo milanés son las dos versiones de la "Virgen de las Rocas", donde aplica el esquema de composición triangular que encierra a la Virgen, el Niño, San Juan y el Ángel. A su vez, durante dos años trabajó en su obra maestra "La Última Cena", pintura mural para el refectorio del monasterio de Santa Maria delle Grazie, en la que recrea un tema tradicional de manera completamente nueva. En lugar de mostrar a los doce Apóstoles aislados, los presenta agrupados de tres en tres, dentro de una dinámica composición. Sin embargo, su empleo experimental del óleo sobre yeso seco provocó problemas técnicos que condujeron a un progresivo deterioro.

Su mayor encargo fue el monumento ecuestre en bronce a tamaño colosal de Francesco Sforza, padre de Ludovico, para su ubicación en el patio del castillo Sforzesco, en la que Leonardo trabajó durante 16 años. Sin embargo, en diciembre de 1499, la familia Sforza fue expulsada de Milán por las tropas francesas. Leonardo dejó la estatua inacabada y ésta fue destruida por los arqueros franceses. Ante la invasión de Milán por las tropas de Francia, Da Vinci regresa a Florencia y comienza a desempeñarse como ingeniero militar. No obstante, también continuó sus estudios en anatomía realizando múltiples disecciones, mejorando y perfeccionándose. Luego, viajó un año a Roma y entró al servicio de César Borgia, hijo del Papa Alejandro Sexto. En este lugar realizo trabajos como arquitecto e ingeniero mayor de Borgia. En este sentido, Leonardo supervisó las obras en las fortalezas de los territorios papales del centro de Italia, viajó con su ejército y diseñó un puente para cruzar el golfo de Estambul (que no llegó a construirse) pero que hoy en día es considerado perfectamente viable por los ingenieros modernos. A su vez, fue miembro de la comisión de artistas encargados de decidir sobre el adecuado emplazamiento del David de Miguel Ángel en Florencia.

Durante su segundo periodo florentino, pintó varios retratos, pero el único que se ha conservado es el de la "Mona Lisa", el más famoso de toda la historia de la pintura, también conocido como "La Gioconda". Esta pintura recibe esta denominación al identificarse a la modelo del retrato como Lisa Gherardini, la esposa de Francesco del Giocondo. Sin embargo, se han construido varias hipótesis sobre su verdadera identidad, incluyendo la teoría de que es un autorretrato del artista. Incluso, muchos expresan que Leonardo sentía una gran predilección por esta pintura, ya que la llevaba consigo en todos sus viajes. Luego regresó a Milán, en donde fue nombrado pintor de la corte de Luis XIII de Francia, quien residía por entonces en esa ciudad italiana. Allí, trabajó como pintor e ingeniero. Además, en esta época retomó sus estudios de anatomía, urbanismo, óptica e ingeniería hidráulica.

Durante seis años, Leonardo organizó su vida entre Milán y Florencia. Luego se estableció por tres años en Roma bajo el mecenazgo de Giuliano de Médicis, pariente del Papa León Diez. Por ese entonces, se alojaba en el Palacio del Belvedere en El Vaticano, residencia del Papa, ocupándose fundamentalmente de experimentos científicos y técnicos. La única prohibición que le impuso el Papa para sus estudios en anatomía y fisiología humana fue disecar cadáveres, lo que limitaba considerablemente las investigaciones. Aunque apartado de la bulliciosa vida social y artística del Vaticano, dominada por Rafael y sus seguidores, era reconocido y honrado por sus logros.

A la muerte de Giuliano de Medici, aceptó la invitación del Rey Francisco I de Francia para trasladarse a su corte de Fontainebleau, donde se desempeñaría como "Primer Pintor, Ingeniero y Arquitecto del Reino", dedicándose también a realizar estudios arquitectónicos para los castillos reales. El rey de Francia era un incondicional admirador de Leonardo, quien había diseñado para su coronación un asombroso león mecánico, por lo que le proporcionó todas las comodidades y lujos posibles. En sus últimos años vivió en el castillo de Cloux, donde murió el 2 de mayo de 1519, a los 67 años, en brazos del propio Rey de Francia (según cuenta la leyenda). Fue enterrado en la Iglesia de San Valentín en Amboise. En su testamento, legó todos sus manuscritos, dibujos, instrumentos, libros, ropa y dinero a su alumno favorito, Francesco Melzi. A otro discípulo, Salai, le dejó las pinturas que conservaba en su estudio, incluyendo la "Mona Lisa", que posteriormente fue comprada por el Rey Francisco I en doce mil francos. Da Vinci dejó un proyecto inacabado, que realizó para un “Tratado de la Pintura”, quien fue recogido por Melzi.

Da Vinci dejó una serie de legados, y aunque dejó gran parte de su producción pictórica inacabada, fue un artista extremadamente innovador e influyente. En consideración con su legado pictórico se señala que al comienzo de su trayectoria su estilo era similar al de Verocchio, pero poco a poco evolucionó hacia un estilo más libre, de modelado más suave, en el que incluyó efectos atmosféricos. En su estudio conocido como "El Hombre de Vitrubio", Da Vinci realizó una visión del hombre como centro del Universo, al quedar inscrito en un círculo y un cuadrado. El cuadrado es la base de toda la arquitectura clásica, mientras que el uso del ángulo de 90 grados y la simetría son bases grecolatinas de la arquitectura. En este estudio anatómico buscó la proporcionalidad del cuerpo humano, el canon clásico o ideal de belleza, la famosa "proporción áurea", siguiendo los estudios del arquitecto romano Vitrubio, quien vivió en el siglo I a. C.

Leonardo vivió en una época en la que el estudio de los clásicos estaba en plena vigencia; sin embargo, tuvo dificultades intentando aprender latín y griego, los idiomas cultos y la llave de acceso a la cultura filosófica neoplatónica que dominaba Italia y parte de Europa. Escribió la mayor parte de sus escritos en toscano, un dialecto florentino. Además, escribía al revés, de derecha a izquierda, pudiendo leerse su escritura solamente vista a través de un espejo. La explicación más aceptada acerca de su escritura es que, como era zurdo, se le dificultaba escribir de izquierda a derecha sin que se embarrara la tinta.

Tras su muerte, Leonardo se convirtió en el paradigma del "hombre del Renacimiento", dedicado a múltiples investigaciones científicas y artísticas. Un creador en todas las ramas del arte, un descubridor en la mayoría de los campos de la ciencia, un innovador en el terreno tecnológico, Leonardo merece por ello el título de Homo Universalis. En este sentido, fue pintor, escultor, ingeniero, arquitecto, físico, biólogo, modisto, inventor de juegos de salón y de utensilios de cocina, geólogo, cartógrafo, autor de tratados de óptica, diseñador de jardines, decorador de interiores, músico, astrónomo y urbanista. En cada una de estas facetas sus capacidades asombraron a sus contemporáneos. Tenía una excelente voz como cantante y era un virtuoso ejecutante de la lira, pero a la vez era tan fuerte que era capaz de doblar con los dedos la herradura de un caballo. Se dice que era muy guapo, por lo que sirvió de modelo, cuando era joven, para el David de Verocchio y, de viejo, para el Platón de Rafael.

Leonardo comprendió y utilizó el auténtico método experimental un siglo antes de que Francis Bacon filosofase sobre él y de que Galileo lo pusiera en práctica. Dijo que la verdadera ciencia se basa en la observación y que si pudiera aplicarse a ella el razonamiento matemático, podría lograrse mayor certeza, lo que hoy en día es uno de los pasos fundamentales del método científico. En sus cuadernos, dejó constancia de la importancia que concedía al método en la investigación, adelantándose a autores de la Modernidad como Descartes. Se puede observar que los preceptos que establece en su método en nada difieren de las modernas definiciones que hoy utilizamos para hablar del método científico.

Da Vinci consideraba a la mecánica como la más noble de las ciencias, puesto que por medio de ella realizan sus acciones todos los cuerpos que poseen movimiento. En este sentido, previó el principio de la inercia –que después Galileo demostró experimentalmente– y demostró la ley de la palanca por el método de las velocidades virtuales, un principio que ya enunciaba Aristóteles y utilizó más tarde Galileo. Incluso, se interesó por la hidrodinámica, estudiando las corrientes de agua y la propagación de las olas sobre la superficie. Sus estudios versaron sobre las olas en el agua, las ondas del aire y las leyes del sonido, adelantándose a la moderna teoría ondulatoria de la luz.

En el campo de la astronomía, afirmó que la Tierra es uno de tantos astros y que refleja la luz del Sol igual que la Luna. Acercándose a consideraciones geológicas y geográficas explicó que nuestro planeta lleva grabadas las huellas de su historia, anteriormente a toda reseña escrita. Los fósiles que se encuentran en las altas montañas continentales se produjeron en el agua del mar. De esta forma, expresó que han tenido que producirse cambios en la corteza de la Tierra: “tienen que haberse levantado las montañas para ocupar nuevas posiciones”. Para estas conclusiones se sirvió de conchas marinas encontradas tierra adentro para apoyar la teoría de Alberto de Sajonia sobre la formación de las montañas.

Leonardo descubrió cómo la sangre recorre constantemente todo el cuerpo humano, llevando el alimento a cada una de sus partes y retirando los deshechos, adelantándose así al descubrimiento de Harvey sobre la circulación de la sangre. Estudió los músculos del corazón e hizo dibujos de las válvulas que parecen demostrar que conoció su funcionamiento.

Por otra parte, en sus investigaciones urbanísticas, realizó un plano del sistema de desagües de una ciudad modelo y la construcción de ésta en dos niveles: uno para peatones y otro para vehículos. Por la calle superior no debería pasar ningún vehículo; para los carros y las cargas estaba reservada la calle inferior.

Desarrolló los principios del vuelo, realizando más de 100 dibujos que ilustraban sus teorías. Hizo un diseño para la fabricación de una máquina voladora, el orintóptero, un modelo dotado de alas giratorias equipado con amortiguadores para conseguir un suave aterrizaje. Aunque nunca se construyó, el helicóptero moderno está basado en ese concepto. El primer paracaídas fue diseñado por Leonardo da Vinci, quien estaba convencido de su utilidad para cuando se construyeran las máquinas voladoras.

Entre sus inventos también cuentan las máquinas de guerra tales como el tanque blindado, dotado de una coraza en forma de cono, las embarcaciones sumergibles o submarinos, los trajes y equipo de aire para buzos de combate, fusiles de repetición, granadas y morteros. Aunque Leonardo aborrecía la guerra, a la que llamó "locura bestial", no podía sustraerse a ésta, ya que en su época Italia estaba constantemente en guerras entre los distintos estados.

También fue precursor de los modales civilizados –que se conocería en las cortes del siglo XVII– En este sentido, introdujo el uso de la servilleta en la mesa, considerando que se trataba de una medida higiénica y práctica, aunque fue adoptada plenamente tiempo después. Ejerció un gran influjo sobre sus contemporáneos y, como amigo de príncipes y estadistas, llegó a conocer también a todos los principales sabios de su tiempo. Es indiscutible que, a través de ellos, se salvaron algunas de sus ideas, que años después contribuirían a promover el nuevo desarrollo de la ciencia. Si tuviéramos que elegir un representante que encarnase en sí el verdadero espíritu del Renacimiento, habríamos de escoger la figura de Leonardo da Vinci.

Ir Arriba


Salvador Allende

(Salvador Allende Gossens; Valparaíso, 1908 - Santiago de Chile, 1973). Perteneció a una familia de clase media acomodada. Estudió medicina y formó parte de grupos de tendencia izquierdista. Participó en la elección parlamentaria de 1937 y salió elegido diputado por Valparaíso. Fue ministro de sanidad del gabinete de Pedro Aguirre Cerdá entre 1939 y 1942. A partir de entonces se convirtió en líder indiscutible del partido socialista.

En 1952, 1958 y 1962 se presentó a las elecciones presidenciales. En la primera ocasión fue temporalmente expulsado del partido por aceptar el apoyo de los comunistas. En 1958, con el apoyo socialista y comunista, quedó en segundo lugar tras Jorge Alessandri.

En 1964 fue derrotado por Eduardo Frei Montalba, que propugnaba un programa de "revolución en libertad", cuyos puntos sustantivos eran la reforma agraria, el establecimiento de un programa destinado a incrementar la participación de la ciudadanía, la chilenización del cobre y la realización de una reforma educacional. Eduardo Frei obtuvo el 56.9% de los votos, en tanto que Salvador Allende lograba el 38.93% del total.

Las críticas que desde un comienzo surgieron hacia el gobierno de Frei tuvieron su origen en la naturaleza de las medidas a tomar. En paralelo con el avance de importantes medidas sociales, el panorama político durante el gobierno de Frei Montalva fue muy polarizado.

Las elecciones parlamentarias de 1969 mostraron la nueva situación política del país, en tanto sus resultados apuntaron a perfilar tercios irreconciliables, en gran medida debido a la disminución del apoyo al centro político y el fortalecimiento de las opciones de izquierda y de derecha. Esta situación se reflejaría con mayor claridad en las elecciones presidenciales de 1970, marcadas por el enfrentamiento de proyectos de sociedad antagónicos e imposibles de conciliar. En ellas resultó victoriosa la alianza de comunistas, socialistas, sectores del radicalismo y el MAPU en la llamada Unidad Popular, que estaba encabezada por Allende, con el 36.3% de los sufragios.

El estrecho margen de diferencia con los votos recibidos por los otros dos candidatos, Jorge Alessandri por la derecha y Radomiro Tomic por la Democracia Cristiana, obligó a que la elección de Allende fuera ratificada por el congreso, en el que se enfrentó a una fuerte oposición. Por fin, el 24 de octubre de 1970, tras lograr el apoyo del Partido Demócrata Cristiano con la firma de un Estatuto de Garantías Democráticas que se incorporaría al texto constitucional, Salvador Allende fue proclamado presidente.

Desde la fecha de comienzo del mandato (el 3 de noviembre), las dificultades que el nuevo gobierno debió enfrentar fueron inmensas. Ya antes de la asunción presidencial se realizaron intentos por abortar el proceso, el más grave de los cuales terminó con el asesinato por parte de un comando de ultraderecha apoyado por la CIA del Comandante en Jefe del Ejército, general René Schneider, que era un decidido partidario de la subordinación del poder militar al civil.

A pesar de ello, la Unidad Popular, una vez en el gobierno, emprendió la realización de su plan de acción, el cual ponía énfasis en la profundización de las medidas reformistas iniciadas por la administración anterior. Así, se amplió el volumen de tierras expropiadas y se inició la socialización de importantes empresas hasta entonces en manos privadas, las cuales pasaron a ser dirigidas por cooperativas de trabajadores asesorados por funcionarios proclives al Gobierno. Además, se concretó la nacionalización del cobre, sin pago de indemnizaciones a las empresas norteamericanas, lo cual significó el enfrentamiento con los Estados Unidos, quienes a partir de ese momento apoyaron abiertamente a los grupos opositores al gobierno socialista.

Esta oposición se estructuró en distintos frentes; en lo político, en un parlamento en el cual representantes de derecha y democratacristianos actuaban unidos; en el plano de lo ilegal, en los grupos de carácter terrorista que dinamitaron torres de alta tensión y líneas férreas. A pesar de esta rígida oposición, el Gobierno de Allende contó con un apoyo importante por parte de la ciudadanía, en particular de los sectores populares, que se veían directamente beneficiados. En efecto, el Estado subsidiaba gran parte de los servicios básicos, además de apoyar a organizaciones de trabajadores, campesinos y pobladores urbanos en sus demandas de participación.

Una serie de problemas vinieron a polarizar aún más a la sociedad chilena bajo la presidencia de Allende, en gran medida debido a causas económicas. La inflación se hizo incontrolable, ya que las alzas salariales y los gastos del Estado fueron financiados con emisión de circulante sin base de sustentación en la producción, la cual se vio disminuida y contraída como consecuencia del bloqueo iniciado por los Estados Unidos y el permanente conflicto que vivían muchas empresas, en virtual paralización permanente por la falta de recursos.

Este clima de desabastecimiento y crisis, azuzado por los distintos sectores políticos, se tradujo en numerosas movilizaciones a favor y en contra del gobierno de Allende. Ante tal situación, el presidente decidió tomar, ya en 1973, medidas que sirvieran como vehículos de diálogo y negociación con la oposición democratacristiana, tales como el ingreso de importantes figuras militares al gabinete, representadas por el Comandante en Jefe, general Carlos Prats, y la oferta de realizar un plebiscito para consultar a la ciudadanía en torno a la continuidad del régimen o la convocatoria a nuevas elecciones.

A estas medidas siguió un endurecimiento en las posiciones más radicales de la izquierda, que proponían al Primer Mandatario el cierre del Congreso y la utilización de Facultades Extraordinarias para gobernar. La derecha y algunos sectores de la Democracia Cristiana consideraron la situación insoluble, por lo que decidieron, de forma más o menos abierta, recurrir al recurso del golpe de estado militar contra el presidente Allende.

Finalmente, el 11 de septiembre de 1973, el general Augusto Pinochet encabezó un golpe militar, durante el cual bombardeó el palacio de la Moneda, sede del gobierno. El presidente Allende rechazó las exigencias de rendición y murió en combate en el palacio presidencial.

Ir Arriba




BIOGRAFIAS III

NOTA: Las biografías han sido tomadas de Planeta Sedna (http://www.portalplanetasedna.com.ar) y Biografías y Vidas (http://www.biografiasyvidas.com). Muchas han sido editadas y adaptadas para el Foro

. Mahoma
. Buda
. Martin Lutero



Mahoma

El estudio de la vida de Mahoma se basa en las narraciones que ofrece la tradición musulmana. Mahoma nació en La Meca, en aquellos tiempos una pequeña localidad rodeada de desierto en la parte occidental de la península Arábiga, a pocos kilómetros del mar Rojo. Pertenecía al clan Hasim, de la tribu de los Quraish, y su padre, Abd Allah, murió antes de que él naciera, por lo que el huérfano fue acogido por su abuelo Abd al-Mutalib, jefe de los Hasim.

Fue criado por una nodriza beduina llamada Halima, esposa de un pastor saudita, que sintió pena al verlo tan desvalido; el niño quedó huérfano de madre a los seis años de edad. Contaba doce años de edad cuando se enroló por primera vez en la caravana de su tío, tomando a su cargo el cuidado de los camellos. Con su tío, Mahoma llegó a adquirir gran experiencia en la conducción de caravanas por el desierto, pero la falta de recursos le impidió independizarse. A los veinticinco años se casó con Jadicha, una viuda rica que le permitió dedicarse a su oficio y hacer buenos negocios. De los quince años que siguieron a esta unión no se sabe nada.

Hacia el año 610 Mahoma tuvo las primeras revelaciones. Tenía por costumbre retirarse a orar y a meditar en una cueva del monte Hira, y en ocasiones solía pernoctar allí una o dos noches. En una de las primeras ocasiones tuvo la visión de un ser glorioso que en un primer momento identificó como Dios, y en otra visión posterior pensó que se trataba del arcángel Gabriel. Este ser glorioso le conminó a escribir el Corán. Las revelaciones divinas se repetirían a lo largo de su vida con cierta frecuencia, y tanto Mahoma como sus discípulos se las aprendían de memoria. La versión definitiva que se conoce del Corán, es decir, la que reúne la totalidad de revelaciones que recibió Mahoma, es posterior al año 650, veinte años después de la muerte del profeta.

Mahoma empezó a predicar su doctrina tres años más tarde, hacia el 613. Entretanto se habían producido las primeras conversiones. Su mujer Jadicha fue la primera y le apoyó en los momentos de crisis al experimentar las primeras visiones; ella y particularmente Waraqa le convencieron del carácter profético de tales experiencias. Algunos testimonios dicen que el primer varón converso fue el liberto Zaid ibn Harita, mientras que otros apuntan que fue su primo Alí. Entre los primeros que se convirtieron se contaba su amigo y también mercader de La Meca Abu Bakr, quien prestó gran ayuda al Islam, especialmente cuando ya se había constituido el Estado islámico.

En sus predicaciones, Mahoma se inclinaba hacia un monoteísmo basado en la creencia en un Dios lleno de bondad y todopoderoso, que juzgará a cada uno según su actuación; el hombre debe mostrar gratitud a Dios y reconocer su dependencia respecto a él. El reconocimiento de la omnipotencia divina se contrapone a la actitud de los grandes mercaderes, convencidos de que su riqueza se lo permite todo; para Mahoma la vida del hombre había de basarse en hacer lo necesario para alcanzar el paraíso. La generosidad y el respeto a los débiles eran los puntos esenciales en que insistían sus primeras predicaciones.

Inicialmente, pues, el islamismo se presentó como una continuación del cristianismo y del judaísmo, religiones que Mahoma conocía. Con la predicación pública se iniciaron las críticas hacia el monoteísmo profesado por Mahoma, y pronto tuvo lugar una primera confrontación con los árabes politeístas. El Dios único de Mahoma se podía adorar en la Kaaba (edificio de La Meca construido, según el Corán, por Abraham, y que contiene la piedra negra que Gabriel le dio a Isaac), pero no así en otros tres santuarios consagrados a otros dioses y diosas en los alrededores de la ciudad. Pero no parece cierto, como se ha afirmado, que la oposición a Mahoma partiera de los grandes mercaderes por miedo a que, al desaparecer los ídolos, decayera la actividad comercial. La Kaaba, el santuario de La Meca, seguía siendo el santuario por antonomasia y la desaparición de los ídolos no habría perjudicado más que a un reducido grupo de mercaderes que se habían instalado en las proximidades de la ciudad y habían creado allí nuevos santuarios, cuyos cultos fueron condenados expresamente por Mahoma.

Las razones de la enemistad creciente de la oligarquía comercial de La Meca hacia el Profeta hay que buscarlas en los ataques de Mahoma al modo de vida de los ricos, en la negación de su omnipotencia y, sobre todo, en la posibilidad de que la predicación diera a Mahoma una personalidad política suficiente para ponerle al frente de la ciudad en un futuro más o menos próximo. Ello podría perjudicar a los principales mercaderes que, de hecho, imponían sus puntos de vista y gobernaban la ciudad gracias a su riqueza, a su experiencia comercial y a su pertenencia a los clanes superiores, a pesar de que La Meca estuviese regida por una asamblea integrada por los jefes de todos los clanes. La creciente importancia de Mahoma ponía en peligro sus prebendas. De ahí que Abu Chahl, uno de sus más feroces enemigos, intuyera el peligro político que suponía Mahoma.

En un principio, las presiones de Abu Chahl consistieron en no pagar deudas legítimas a aquellos musulmanes que no gozaban de la protección de ningún clan o pertenecían a clanes débiles; más tarde intentó que Abu Talib, tío de Mahoma y jefe del clan al que pertenecía el profeta, prohibiera a Mahoma la proclamación de la nueva fe. Abu Talib no aceptó porque habría sido deshonroso para su clan negar la protección a uno de los suyos y porque la nueva fe estaba de acuerdo en líneas generales con su política, contraria a los monopolios comerciales establecidos por los ricos mercaderes surgidos al calor de la nueva prosperidad comercial.

En el año 619 murieron su tío y protector Abu Talib y su fiel esposa Jadicha. Su segunda esposa fue Sawda, viuda que se contaba entre las primeras conversas. Parece ser que Mahoma contrajo este matrimonio para evitar que Sawda lo hiciera con alguien de fuera del grupo. La jefatura del clan de los Hasim fue ocupada por el otro tío de Mahoma, Abu Lahab, que por intereses personales, y al parecer también por presiones de Abu Chahl, terminó retirando la protección al profeta.

Mahoma hubo de buscar refugio en la vecina ciudad de Al-Ta'if, e intentó poner a sus habitantes en contra de La Meca. No alcanzó su objetivo, e incluso fue apedreado por la multitud. Regresó a La Meca clandestinamente y obtuvo la protección de uno de los clanes, pero sus actividades proselitistas se vieron limitadas. Durante ese tiempo, Mahoma intentó aliarse con varias tribus nómadas que por aquel entonces se hallaban en las cercanías de La Meca con motivo de alguna fiesta religiosa, pero tampoco tuvo éxito en sus negociaciones.

Con motivo de la peregrinación a la Kaaba del año 620, Mahoma entró en contacto con seis ciudadanos de Medina que quedaron impresionados por su personalidad y pensaron que podría serles útil. Se dice que, al año siguiente, estos mismos peregrinos, que representaban a la mayor parte de clanes de Medina, prometieron a Mahoma aceptarle como profeta y obedecerle. Este acontecimiento fue bautizado con el nombre de Primer Juramento de Al-Aqaba. Mahoma envió por delante a uno de sus hombres para que predicara su doctrina y a la vez le informara de la situación política en aquella ciudad. La emigración (hégira) a Medina se efectuó por grupos escalonados para no llamar la atención. Los últimos en partir fueron Mahoma, su amigo Abu Bakr, su primo Alí y algunos de sus familiares. El calendario islámico cuenta los años a partir del 16 de julio de 622, fecha de la hégira.

En los primeros meses de su estancia se redactó la Constitución de Medina. Sus partidarios de La Meca y los miembros de ocho clanes de Medina, convertidos al islamismo, formaron una comunidad dirigida por Mahoma, que impuso en ella algunas de las normas tradicionales de la vida nómada: solidaridad, venganza de la sangre, aceptación de las decisiones del Profeta en materias reveladas y entrega a éste de un quinto del botín. Lograr que la identidad de creencias estuviese por encima de la tribu fue el primer éxito de Mahoma, éxito que tendrá profundas repercusiones políticas por cuanto la nueva comunidad no se conformará con las leyes, costumbres y tradiciones urbanas impuestas por la aristocracia, sino que se dará sus propias normas emanadas de Alá, el Dios único, a través de su profeta Mahoma, que de la condición de enviado a una tribu o grupo particular, La Meca, ha pasado a Profeta y dirigente de una comunidad en la que tienen cabida cuantos acepten la fe.

En abril de 623 Mahoma consumó el matrimonio, celebrado dos años antes en La Meca, con la hija de Abu Bakr, Aisha, de nueve años de edad. Ese mismo año se iniciaron las correrías contra las caravanas mequíes. En el mundo árabe de aquel entonces era muy frecuente y estaba considerado casi como un deporte y también como un medio de vida. Se trataba de un simple acto de pillaje en el que no había derramamiento de sangre, salvo en contadas ocasiones; para evitar la violencia se solía pagar una indemnización. Sin embargo, en 624 hubo ya un primer muerto en el bando mequí, durante el mes sagrado de la peregrinación, cuando se observaba una rigurosa tregua.

La escaramuza más importante tuvo lugar el 15 de marzo de 624 en la batalla de Badr. Trescientos hombres de Mahoma derrotaron a una gran caravana, custodiada por novecientos hombres, en la que tenían intereses la mayoría de comerciantes de La Meca. En la refriega pereció Abu Chahl y otros jefes principales de La Meca. Se cobraron, además, importantes rescates por los prisioneros, aunque Mahoma perdonó a aquellos que no podían satisfacerlos. La historia oficial elevaría hechos como éstos a la categoría de victoriosas batallas.

Los éxitos militares de los creyentes terminaron por anular el comercio de La Meca, y sus dirigentes aceptaron a Mahoma para salvaguardar sus intereses mercantiles. Las tribus de beduinos se sometieron igualmente a una doctrina que coincidía con las costumbres por ellos practicadas. Mahoma se apoderó de La Meca en el año 631, destruyó los ídolos y decretó una amnistía general. Tras sucesivas batallas logró someter a toda Arabia en el 632. Al paso de las tropas se producían conversiones masivas más o menos sinceras. Mahoma había convertido a las belicosas y dispersas tribus árabes en un pueblo unido que tras su muerte se embarcaría en una expansión sin precedentes. Ese mismo año Mahoma en persona dirigió la peregrinación a La Meca, que se había convertido ya en un rito exclusivamente musulmán. El 15 de marzo del 632, aquejado de fiebres y fuertes dolores de cabeza, murió con el rostro apoyado en las rodillas de su joven esposa Aisha. Su suegro y amigo, Abu Bakr, sucedería al profeta en el califato.

Mahoma consideraba que había sido elegido por el Dios único, Alá, no para predicar una nueva fe, sino para restablecer, como último de los profetas, la pureza de la religión dada a Abraham; el Islam no se opone por tanto ni al judaísmo ni al cristianismo, sino que a su criterio las supera. Esta actitud religiosa, unida al hecho de que en Medina existían poderosos clanes judíos (el número de los cristianos era exiguo), hizo que Mahoma intentara atraerse a los judíos e hiciera concesiones tales como ordenar que la plegaria fuera hecha mirando hacia Jerusalén. Pero sus planes conciliadores fracasaron, los hebreos se opusieron a la comunidad, tanto en lo religioso como en lo político, y colaboraron con los habitantes de La Meca, hasta que Mahoma decidió expulsarlos de Medina, entregar sus tierras a los emigrados y ordenar que la plegaria fuese hecha desde entonces en dirección a La Meca, donde se hallaba el santuario construido por Abraham; a partir de este momento, se consideró que las tierras conquistadas pertenecían al dirigente de la comunidad, que podía establecer en ellas a quien deseara.

El contenido de la fe se basaba en la creencia en Alá como Dios único, todopoderoso y eterno, creador y dueño de todas las cosas. La creencia en Alá va acompañada de la creencia en los profetas (de los que Mahoma es el último), en los ángeles, en los libros sagrados (de los que el Corán es el último y el único necesario), en la resurrección y en la predestinación. Los que pertenecen al Islam deben hacer la profesión de fe, recitar las plegarias cinco veces al día, pagar la limosna legal, cumplir la peregrinación a La Meca una vez en la vida y ayunar durante el mes de Ramadán. Otra de las obligaciones del musulmán, la guerra santa, no es aceptada por los juristas, pero sí será ampliamente utilizada por el poder civil basándose en las expediciones y guerras dirigidas por Mahoma durante su estancia en Medina.

Ir Arriba


Buda

Es creencia común considerar que los santos llevaban una vida eremítica de lucha y sacrificio en busca de la paz interior, y así era, efectivamente, en la India que Buda conoció, unos quinientos años antes de Cristo. La idea de la purificación a través del sufrimiento era usual entre hombres ya maduros o ancianos, horrorizados y confusos ante la perversidad de sus contemporáneos. Con frecuencia, abandonaban a sus familias y se refugiaban en las montañas, cubiertos de harapos y con un cuenco de madera como única posesión, que usaban para mendigar comida. Antes de convertirse en Buda, que significa "el Iluminado", Siddharta Gautama también practicó estas disciplinas corporales abnegadamente, pero no tardó en comprobar que eran inútiles.

Siddharta Gautama nació probablemente en el año 558 antes de Cristo en Kapilavastu, ciudad amurallada del reino de Sakya situada en la región meridional del Himalaya, en la India. Siddharta creció rodeado de lujo: tenía tres palacios, uno de invierno, otro de verano y un tercero para la estación de las lluvias. De sus años de estudio sólo se sabe que asombró a sus maestros por sus rápidos progresos, tanto en letras como en matemáticas. Siddharta tuvo un hijo llamado Rahula que se convertiría muchos años después en uno de sus principales discípulos.

Según la tradición, durante sus salidas furtivas a la ciudad, en que era acompañado por un cochero, se produjeron los llamados «cuatro encuentros». En cierta ocasión que salía por la puerta oriental del palacio, se encontró con un anciano; en otra ocasión que salió por la puerta meridional, vio a un enfermo; cuando lo hizo por la puerta occidental, vio un cadáver, y otro día, al cruzar la puerta septentrional, se encontró con un religioso mendicante. La vejez, la enfermedad y la muerte indicaban el sufrimiento inherente a la vida humana; el religioso, la necesidad de hallarle un sentido. Ello le llevaría a dejar atrás los muros del palacio en el que se había desarrollado la mayor parte de su vida.

A los veintinueve años, Siddharta abandonó a su familia. Su meta era Magadha, estado floreciente del sur, donde se estaban produciendo cambios culturales y filosóficos. Al ver que lo encontrado no llenaba sus expectativas, marchó a Sena, una aldea junto al río Nairanjana, constatando la reglamentación del control de la mente, de la suspensión de la respiración, del ayuno total y de una dieta severa; disciplinas todas ellas penosas y dolorosas.

Tras años de austeridades y mortificaciones que no le procuraron la iluminación, Siddharta resolvió abandonar el ascetismo, recibiendo, por el paso dado, las críticas de sus cinco compañeros. Según todos los indicios, Siddharta alcanzaría la iluminación en la ciudad de Gaya, cerca de Sena, y en ella se levantaría un templo en su honor. Siddharta pasaba largas horas de meditación a la sombra de una higuera sagrada que más tarde sería bautizada con el nombre de Bodhi o «Árbol de la Iluminación». Estando en trance, la luz acudió en su auxilio y le permitió ver con radiante claridad la intrincada cadena de las causas y los efectos que regulan la vida, y el camino para alcanzar la salvación y la gloria.

Siddharta había comprendido que los sufrimientos humanos están íntimamente ligados a la naturaleza de la existencia, al hecho de nacer, y que para escapar a la rueda de las reencarnaciones era necesario superar la ignorancia y prescindir de pasiones y deseos. La caridad era una forma de desear la salvación de todos los hombres y la de uno mismo.

En los primeros momentos tuvo sus dudas acerca de si debía predicar la verdad que había alcanzado. Su primer sermón tuvo lugar al cabo de un mes en Sarnath, cerca de Benarés, con sus cinco antiguos compañeros y un hijo de un rico comerciante de Benarés. Cuando consideró que sus discípulos estaban convenientemente preparados, los mandó a predicar la nueva verdad por toda la India.

Buda continuó predicando durante cuarenta y cinco años. Visitó varias veces su ciudad natal y recorrió el valle del Ganges, levantándose cada día al amanecer y recorriendo entre veinticinco y treinta kilómetros por jornada, enseñando generosamente a todos los hombres sin esperar recompensa ni distinción alguna. No era un agitador y jamás fue molestado ni por los brahmanes, a los que se oponía, ni por gobernante alguno. Las gentes, atraídas por su fama y persuadidas de su santidad, salían a recibirle, se agolpaban a su paso y sembraban su camino de flores.

En los últimos años de su vida, Siddharta sufrió duros reveses. El rey Bimbisara fue destronado por su propio hijo y el trono de los sakyas fue usurpado por Vidudabha, hijo del rey Pasenadi, protector también del budismo. Parece que intentaba retornar a su ciudad natal cuando le sobrevino la muerte. Tenía ochenta y un años de edad y se encontraba muy débil, pero siguió predicando su doctrina hasta los últimos momentos.

El ascetismo de Buda provenía de las antiguas religiones, pero es evidente que su propósito no era tranquilizar a sus semejantes presentándoles una nueva deidad o renovando ritos anteriores, sino hacer a cada uno consciente de su radical soledad y enseñarle a luchar contra los males de la existencia. Al sustituir las liturgias y sacrificios por la contemplación del mundo, Buda otorgó una importancia suprema a algo muy parecido a la oración individual y privada, valorando por encima de todo la meditación, ensalzando el recogimiento y situando el corazón del hombre en el centro del Universo.

Lo que más sorprende de Buda es el sereno llamamiento que hace a la razón y a la experiencia de cada hombre: "No creas en cualquier cosa porque te enseñen el testimonio escrito de un viejo sabio. No creas en cualquier cosa porque provenga de la autoridad de maestros y sacerdotes. Cualquier cosa que esté de acuerdo con tus propias experiencias y que después de una ardua investigación se manifieste de acuerdo con tu razón, y conduzca a tu propio bien y al de todas las cosas vivientes, acéptala como la verdad y vive de acuerdo a ello".

Ir Arriba


Martín Lutero

Iniciador de la Reforma (período de dos siglos de la historia del cristianismo de amplia repercusión europea, origen de las Iglesias protestantes y de la Contrarreforma), rechazó la autoridad del papa y debilitó el poder de la Iglesia. La abolición del purgatorio, de donde las almas eran liberadas con misas; el rechazo de la doctrina de las indulgencias, que mermaría de manera considerable los ingresos del papa; y -sobre todo- la doctrina de la predestinación, que independiza el alma de la acción de los clérigos después de la muerte (a lo que hay que añadir el reconocimiento de todo príncipe protestante como jefe de la Iglesia de su país), obligan presentar la Reforma como una gran revolución de las naciones menos civilizadas contra el dominio intelectual de Roma.

Martín Luder nació en la noche del 10 al 11 de febrero de 1483 en Eisleben, en Turingia, región dependiente del electorado de Sajonia (actual Alemania). Andando el tiempo y recién conquistado el título de doctor, Martín cambiaría el apellido Luder por el de Lutero, derivándolo de Lauter, que en alemán antiguo significa "claro, límpido, puro". Era el primogénito de los nueve hijos de Hans Luder, minero, hijo de campesinos y buen católico, y de Margarethe Ziegler, mujer trabajadora, muy piadosa y devota, que inculcó en su hijo una piedad tan sombría que dejó en su alma una profunda tristeza.

Al año del nacimiento contrataron al padre en una explotación de minas de cobre de Mansfeld y la situación de la familia, precaria en extremo, mejoró un poco, sin llegar a ser en modo alguno boyante. El 17 de julio de 1501 se inscribió en la Facultad de Filosofía de la Universidad de Erfurt, contrariando por primera vez a su padre, que quería hacerle estudiar leyes. El 29 de septiembre del año siguiente se licenció como bachiller, primer grado de la universidad. A los veintidós años era proclamado maestro de filosofía. A partir de ese momento se dedicaría con tesón al estudio de la teología y con pasión a la Sagrada Escritura.

Con el objeto de estudiar teología y ocupar una cátedra en una de las muchas universidades alemanas regidas por los agustinos, en 1508, su amigo y consejero espiritual Johan von Stanpitz, a la sazón vicario general de los agustinos, le mandó a la Universidad de Wittenberg para estudiar un curso sobre la ética aristotélica. En 1509 Lutero obtuvo el título de Baccalaureus Biblicus, que le concedía el derecho de practicar la exégesis bíblica públicamente. Por aquel tiempo, un viejo fraile agustino le recomendó la consoladora lectura de San Pablo, en cuyo estudio se enfrascó ávidamente para deducir de él las primeras simientes de su dramática disidencia con la ortodoxia religiosa. En la Epístola a los romanos de San Pablo halló respuesta a sus angustias sobre la salvación, entendiendo que el hombre encuentra su justificación en la gracia de Dios, generosamente otorgada por el Creador con independencia de sus propias obras.

En 1510 Lutero realizó un viaje a Roma en compañía de otro agustino para presentar al general de su orden ciertas quejas sobre la estricta observancia de la regla monástica. El resultado y las impresiones del viaje no pudieron ser más nefastas: crear en él una definitiva aversión a Roma, al ambiente de corrupción y relajación del clero romano, a la decadencia en la que había caído todo el Vaticano y al exceso de boato y riqueza que ostentaba la Santa Sede, con prelados y papas más pendientes de los aspectos materiales que de los espirituales.

De regreso a Wittenberg, se doctoró en teología el 18 de octubre de 1512, aunque en su obra demuestra el enorme desapego que sintió por la filosofía y la teología escolástica imperante en su época. Comenzó a impartir clases en la universidad y, con sus estudios, acabó de conformar y pulir la que sería su piedra angular teológica: la justificación por la fe, según la cual el cristiano se podía salvar no por sus propios esfuerzos o méritos, sino por el don de la gracia de Dios, aceptada tan sólo por la fe en Cristo el Salvador.

También llegó a otra conclusión sumamente importante para el futuro de su reforma: había que someterse por completo a las Sagradas Escrituras, y rechazar a cualquier otra interpretación proveniente del exterior. Los Evangelios habían sido inspirados directamente por Dios; ninguna interpretación podía ser fiable por sí misma. Sospechar de la autoridad del papa como jefe supremo de la Iglesia y como persona infalible era el siguiente paso. Fue entonces cuando transformó su apellido y empezó a pensar en sí mismo como el «hombre de la Providencia llamado a iluminar la Iglesia con un gran resplandor».

Mientras el papa León X, embarcado en la construcción de la basílica de San Pedro de Roma, propiciaba con entusiasmo la venta de indulgencias, Lutero, que ya había empezado a exponer sus ideas personales sobre los fundamentos de la fe, se alzó en sus discursos contra aquella práctica. Escandalizado por lo que consideraba un envenenamiento y timo espiritual de la gente sencilla, intentó poner sobre aviso a las autoridades eclesiásticas alemanas, pero, al encontrarse con el más absoluto de los silencios a todos los niveles, decidió actuar por su cuenta.

Inspirado obsesivamente por unas palabras de San Agustín ("lo que la ley pide, lo consigue la fe"), redactó sus célebres noventa y cinco tesis contra la venta de indulgencias, que clavó con determinación en el sitio más visible de la ciudad, en la puerta del pórtico de la iglesia de Todos los Santos de Wittenberg, el 31 de octubre de 1517. Fue una declaración de guerra que Roma no podía dejar sin respuesta. Los dominicos, encargados de la Inquisición, denunciaron a Lutero ante Roma, por lo que éste fue conminado, al año siguiente, a presentarse en la ciudad eterna para responder de los cargos que se habían formulado en su contra. Lutero hizo gala de una gran astucia y logró involucrar al poder político en la disputa pidiendo al príncipe Federico el Sabio, elector de Sajonia, que intercediera ante el papa para conseguir que el juicio en su contra se celebrase en suelo alemán, como así sucedió.

En el mes de octubre de 1518, Lutero acudió a la ciudad de Augsburgo para discutir su postura con el legado pontificio Cayetano de Vio, quien tenía en su poder una breve del pontífice León X por la que Lutero debía retractarse públicamente de sus graves errores o, en caso contrario, ser llevado a Roma arrestado. Bajo la protección política del príncipe Federico, Lutero prolongó su discusión con el legado papal cuatro días sin que ninguna parte cediera en sus respectivas posturas. Y no sólo no se retractó, sino que protagonizó una pelea a gritos con el cardenal. Lutero endureció su postura afirmando que la infalibilidad de las Sagradas Escrituras estaban por encima de la del propio pontífice. Aunque la ruptura definitiva aún no se produjo, Lutero adoptó a partir de ese momento una actitud de intransigencia que no se reducía al mero rechazo de las indulgencias, sino que implicaba algo mucho más grave: el desacato directo de la autoridad papal.

Desde su seguro retiro de Wittenberg, Lutero logró reunir una especie de concilio menor en la ciudad de Leipzig, celebrado entre los días 27 de junio hasta el 16 de julio de 1519, en el que afirmó que aunque el deseado concilio no le diera la razón, no se retractaría, ya que estaba sometido a la única autoridad legítima, la de las Sagradas Escrituras. La respuesta de León X no se hizo esperar. El 15 de junio de 1520, el papa mandó a Lutero una bula con la que le conminaba por última vez a retractarse bajo la pena de excomunión. Tras un intento baldío por dirigirse al pontífice para que éste celebrase el ansiado concilio, el 10 de diciembre del mismo año quemó solemnemente la bula junto con un ejemplar del Corpus Iuris Canonici en presencia de estudiantes y ciudadanos de Wittenberg, y replicó al papa con el libelo “Contra la execrable bula del Anticristo”. Con semejante acto, Lutero expresó simbólicamente su ruptura total con la Iglesia de Roma.

El 3 de enero de 1521, León X redactó una bula con la que Lutero quedaba excomulgado definitivamente. Conforme al Derecho Eclesiástico, la excomunión eclesiástica debía ser ejecutada por el brazo secular, tarea que recayó sobre el recién elegido emperador, Carlos V de Alemania. El emperador aprovechó la reunión de cortes en la ciudad de Worms, en abril de 1521, para citar a Lutero, donde se le intimidó para que se retractara, pero el díscolo monje agustino siguió empecinado en su heterodoxia, y se enfrentó a todos los dignatarios imperiales y eclesiásticos reunidos allí en su contra.

Carlos V, presionado por la situación política inestable de Alemania y por la fama y predicamento que había adquirido el monje, se limitó a prohibir la práctica de la nueva fe y a declarar proscritos a Lutero y a sus seguidores. Los esfuerzos que se hicieron a continuación para hacer cambiar de opinión a Lutero resultaron inútiles. El 26 de mayo, Carlos V firmó el Edicto de Worms; en él ratificó la sanción de destierro para Lutero y ordenó la quema de todos sus escritos.

Precisamente, el año anterior a la condena, Lutero había sacado a la luz, en alemán, y ayudado por la poderosa maquinaria de propaganda que resultó ser la imprenta, sus tres obras fundamentales: “La libertad del cristianismo”, en la que esbozó claramente el pilar sobre el que se sustentaba la nueva religión, la salvación por la fe en Cristo; “Llamamiento a la nobleza cristiana de la nación alemana”, en la que invitaba a la nobleza a asumir su papel de protector del pueblo y a unirse a la causa luterana, además de instituir los tres principios evangélicos básicos del protestantismo (sacerdocio universal, inteligibilidad de las Sagradas Escrituras y responsabilidad de todos los fieles en el gobierno de la Iglesia); y, por último, “La cautividad babilónica de la Iglesia”, obra destinada a los teólogos en la que analizó con rigor el proceso de perversión al que habían llegado los sacramentos, de los que, según él, sólo debían subsistir dos, el bautismo y la cena. Con estas tres obras, Lutero dispuso su línea de batalla a la par que asentó los primeros cimientos de una futura Iglesia evangélica.

Para proteger a Lutero, Federico el Sabio fingió su secuestro y lo escondió clandestinamente en el castillo de Wartburg, en Turingia, donde el ex monje encontró la paz y el ambiente de retiro ideal para abandonarse de lleno a una fructífera actividad literaria. Lutero, partiendo del texto griego publicado en 1516 por Erasmo de Rotterdam, tradujo al alemán el Nuevo Testamento. La edición se llamaría la "Biblia de septiembre" por haber aparecido en ese mes. Doce años más tarde, en 1534, pondría fin a su proyecto, publicando su versión del Antiguo Testamento, traducido del hebreo.

Los desórdenes surgidos en Wittenberg por sus seguidores más radicales, que habían comenzado a tomar medidas drásticas en cuestiones litúrgicas, como la supresión de la celebración de la misa, obligaron a Lutero a dejar su apacible retiro de Wartburg y regresar a Wittenberg, donde volvió a tomar las riendas con prudencia y moderación, sin perder la calma, pero con determinación. Lutero se puso al mando en la organización de las nuevas comunidades evangélicas que iban surgiendo por doquier en toda Alemania. Desde Wittenberg, Lutero abrió otro frente de lucha contra los movimientos de liberación social y nacional de la pequeña nobleza y especialmente de los campesinos. Los primeros no dejaban de presionar para que Lutero constituyera una Iglesia nacional alemana, mientras que los segundos, alentados por la libre interpretación de las Sagradas Escrituras defendida por Lutero, buscaban su apoyo para aliviar las condiciones de miseria y sojuzgamiento en que vivían. Sus posturas se radicalizaron hasta convertirse en una cuestión política que arrastró al propio Lutero.

1525 fue el año que escogió para contraer matrimonio. En 1523 había llegado a Wittenberg una monja llamada Katharina de Bora, de veintiséis años, quien se convertiría en la señora de Lutero. El matrimonio sería un éxito: Katharina de Bora, dieciséis años más joven que Lutero, pertenecía a la pequeña nobleza y era una mujer sensata e inteligente que suavizó el exaltado carácter de su marido y vivió junto a él en perfecta armonía.

La influencia de la Reforma se había extendido por el norte y el este de Europa, y su prestigio contribuyó a convertir a Wittenberg en un centro intelectual de primer orden. La defensa tan encendida que hizo de la independencia de los gobernantes respecto del poder eclesiástico le valió el apoyo incondicional de muchos príncipes, hasta el punto de que a partir de esos momentos la Reforma pasó a ser más un asunto de reyes que de eclesiásticos, justo una de las cosas que se había propuesto Lutero desde un primer momento.

Cuando en 1536 el papa Paulo III se decidió a convocar, tardíamente, el concilio de Trento, Lutero, ensoberbecido y encumbrado, dio por hecha su inutilidad alegando el irreversible alejamiento de ambas posiciones. Para reforzar aún más una postura tan disidente e intransigente, Lutero publicó los “Artículos de Esmalcalda”, en los que expuso todas las divergencias que habían causado la separación de ambas iglesias. Puso especial énfasis en la celebración de la misa (abominable y superflua para él) y en el papel del papa como único responsable del estado calamitoso al que había llegado la Iglesia cristiana.

Publicó en 1545 la célebre Reforma de Wittenberg, que era una suave exposición de la nueva doctrina. En vísperas de su muerte, publicó uno de sus más violentos panfletos con motivo del conflicto surgido en el concilio de Trento entre el emperador y el papa: “Sobre el papado de Roma fundado por el diablo”. El 22 de enero de 1546, enfermo y cansado, el anciano reformador se dirigió a Eisleben, su ciudad natal. El 18 de febrero, a las tres de la madrugada, falleció.

Ir Arriba




BIOGRAFIAS IV

NOTA: Las biografías han sido tomadas de Planeta Sedna (http://www.portalplanetasedna.com.ar) y Biografías y Vidas (http://www.biografiasyvidas.com). Muchas han sido editadas y adaptadas para el Foro

. Wolfgang Amadeus Mozart
. Johann Strauss

***

. Ludwig van Beethoven
. Yanni

***

. ABBA



Wolfgang Amadeus Mozart

Wolfgang Amadeus Mozart nació en Salzburgo, actual Austria, en 1756 y murió en Viena, 1791. Genio absoluto e irrepetible, autor de una música que aún hoy conserva intacta toda su frescura y su capacidad para sorprender y emocionar, Mozart ocupa uno de los lugares más altos del panteón de la música.

Franz Joseph Haydn manifestó en una ocasión al padre de Mozart, Leopold, que su hijo era «el más grande compositor que conozco, en persona o de nombre». El otro gran representante de la trinidad clásica vienesa, Beethoven, también confesaba su veneración por la figura del músico salzburgués, mientras que el escritor y músico Hoffmann consideraba a Mozart, junto a Beethoven, el gran precedente del romanticismo, uno de los pocos que había sabido expresar en sus obras aquello que las palabras son incapaces de insinuar siquiera. Son elogios elocuentes acerca del reconocimiento de que gozó Mozart en su época, y que su misteriosa muerte, envuelta en un halo de leyenda romántica, no ha hecho sino incrementar.

Hijo del violinista y compositor Leopold Mozart, Wolfgang Amadeus fue un niño prodigio que a los cuatro años ya era capaz de interpretar melodías sencillas y de componer pequeñas piezas. Junto a su hermana Nannerl, cinco años mayor que él y también intérprete de talento, su padre lo llevó de corte en corte y de ciudad en ciudad para que sorprendiera a los auditorios con sus extraordinarias dotes. Munich, Viena, Frankfurt, París y Londres fueron algunas de las capitales en las que dejó constancia de su talento antes de cumplir los diez años. No por ello descuidó Leopold la formación de su hijo: ésta proseguía con los mejores maestros de la época, como Johann Christian Bach, el menor de los hijos del gran Johann Sebastian, en Londres, o el padre Martini en Bolonia.

Es la época de las primeras sinfonías y óperas de Mozart, escritas en el estilo galante de moda, poco personales, pero que nada tienen que envidiar a las de otros maestros consagrados. Todos sus viajes acababan siempre en Salzburgo, donde los Mozart servían como maestros de capilla y conciertos de la corte arzobispal.

Mozart decidió abandonar en 1781 la situación de servidumbre para intentar subsistir por sus propios medios, como compositor independiente, sin más armas que su inmenso talento y su música. Fracasó, en el empeño, pero su ejemplo señaló el camino a seguir a músicos posteriores, a la par también de los cambios sociales introducidos por la Revolución Francesa; Beethoven o Schubert, por citar sólo dos ejemplos, ya no entrarían nunca al servicio de un mecenas o un patrón. Tras afincarse en Viena, la carrera de Mozart entró en su período de madurez. Las distintas corrientes de su tiempo quedan sintetizadas en un todo homogéneo, que si por algo se caracteriza es por su aparente tono ligero y simple, apariencia que oculta un profundo conocimiento del alma humana.

Las obras maestras se sucedieron: en el terreno escénico surgieron El rapto del serrallo y La flauta mágica, partitura con la que sentó los cimientos de la futura ópera alemana, y las tres óperas Las bodas de Fígaro, Don Giovanni y Così fan tutte, en las que superó las convenciones del género.

No hay que olvidar la producción sinfónica de Mozart, en especial sus tres últimas sinfonías, en las que anticipó algunas de las características del estilo de Beethoven, ni sus siete últimos conciertos para piano y orquesta. O sus cuartetos de cuerda, sus sonatas para piano o el inconcluso Réquiem. Todas sus obras de madurez son expresión de un mismo milagro. Su temprana muerte constituyó, sin duda, una de las pérdidas más dolorosas de la historia de la música.

Ir Arriba


Johann Strauss

Johann Strauss II (en alemán: Johann Strauß Sohn, Johann Strauß hijo) (25 de octubre de 1825, St. Ulrich, Viena - 3 de junio de 1899, Viena) fue un compositor austriaco conocido especialmente por sus valses, como El Danubio Azul.

Hijo del compositor Johann Strauss I y hermano de los compositores Josef Strauss y Eduard Strauss, Johann II es el más famoso de la familia Strauss. Fue conocido en su vida como "el rey del vals" y a él se debe en gran medida la popularidad del vals en la Viena del siglo XIX. Revolucionó el vals, elevándolo de una danza campesina a una de entretenimiento apta para la Corte Real de los Habsburgo. Sus obras gozan de mayor popularidad que las de sus predecesores, como su padre y Josef Lanner. Algunas de sus polcas y marchas son también muy conocidas, así como su opereta Die Fledermaus (El Murciélago).

Johann Strauss segundo (así llamado para diferenciarlo de su padre, el también compositor Johann Strauss) formó parte de la dinastía de músicos que convirtió esta modalidad de baile en un símbolo de Viena. Niño prodigio, compuso su primer vals cuando sólo contaba seis años. No obstante, su dedicación a la música encontró la firme oposición de su progenitor, por lo que hubo de tomar lecciones de violín y composición en secreto. A los diecinueve años fundó su propia orquesta, que compitió en éxito con la de su padre. A la muerte de éste en 1849, ambas orquestas se unieron en una sola bajo la dirección del joven Strauss.

Aclamado en todo el mundo, en 1863 fue nombrado director de la música de baile de la corte de Viena. Ese mismo año, se consagró a la composición de operetas, con títulos como El murciélago (1874) y El barón gitano (1885). El bello Danubio azul (1867), Rosas del sur (1880), El vals del emperador (1889) y Voces de primavera (1883) son algunos de sus valses más populares. Johann Strauss II decidió apoyar a los revolucionarios, como lo ponen de manifiesto los títulos de dos obras que datan de este período, los valses "Freiheitslieder" (Canciones de Libertad) op. 52 y "Burschenlieder" (Canciones de los Jóvenes) op. 55, así como las marchas "Revoluciones de Marzo" op. 54 y la agitada "Marcha de los Estudiantes" op. 56. Esta decisión demostró serle desfavorable profesionalmente, ya que la realeza austriaca le negó dos veces la tan codiciada posición de "KK Hofballmusikdirecktor" (Director Musical del Baile de la Corte", posición que fue dada a su padre en reconocimiento a sus contribuciones musicales.

Por otra parte, el joven Strauss también fue apresado por las autoridades vienesas por tocar en público "La Marsellesa", atizando los sentimientos revolucionarios, pero más tarde fue absuelto. Poco después de su absolución, compuso la polca "Geißelhiebe" (Latigazos) op. 60, que contiene elementos de "La Marsellesa" en su "Trío", como una sección musical en respuesta a su detención. Strauss padre se mantuvo leal a la monarquía del Danubio y compuso su Marcha Radetzky op. 228 dedicada al mariscal de campo Joseph Radetzky von Radetz, que pasaría a ser su composición más conocida.

El joven Strauss compondría una serie de marchas patrióticas dedicadas al monarca Francisco José I, como la 'Kaiser Franz-Josef Marsch' (Marcha del Emperador Francisco José) op. 67 y la 'Kaiser Franz Josef Rettungs Jubel-Marsch' (Marcha de Júbilo por la salvación del Emperador Francisco José) op. 126, probablemente para congraciarse con el nuevo monarca que subió al trono de Austria tras la Revolución de 1848.

Finalmente, superó la fama de su padre, y se convirtió en uno de los más populares compositores de valses de su época, viajando por Austria, Polonia y Alemania con su orquesta. Sería habitual que el público viera una sola representación antes de que se trasladara rápidamente a otro lugar. Sería la primera y última representación en cada uno de esos lugares, y en cuyas placas `proclamarían con orgullo "Heut Spielt der Strauss!" o "¡Hoy toca Strauss!". Hizo visitas a Rusia, actuando en Pavlovsk y escribiendo varias composiciones, a Gran Bretaña donde actuó con su primera esposa en el Covent Garden, a Francia, Italia y más tarde, en los años setentas del siglo XlX, a los Estados Unidos, donde formó parte del Festival de Boston por invitación del maestro de banda Patrick Gilmore y fue el principal director en el "Monster Concert" de más de 1000 músicos, interpretando su vals "El Danubio Azul op. 314, entre otras piezas de gran éxito.

Entre las más populares piezas de baile que Strauss escribió en este período destacan los valses Sängerfahrten op. 41, Liebeslieder (Canciones de amor) op. 114, Nachtfalter (Mariposa nocturna) op. 157, Accelerationen (Aceleraciones) op. 234 y las polcas Annen (de Ana) op. 117 y Tritsch-Tratsch op. 214. A pesar de la falta de popularidad de sus operetas, hay muchas piezas extraídas de ellas que fueron recibidas calurosamente, como el "Vals Cagliostro" op. 370 de la opereta Cagliostro en Viena, el vals "Oh, hermoso Mayo" op. 375 (Príncipe Matusalén), el vals Rosas del Sur op. 388 (El Pañuelo de Encaje de la Reina) y el Vals del Beso op. 400 (La Guerra Divertida). Johann Strauss murió de neumonía en Viena el 3 de junio de 1899 a la edad de 73 años y fue sepultado en el Zentralfriedhof de Viena (Cementerio Central de Viena).

Al momento de su muerte, se encontraba trabajando en su ballet Aschenbrödel (Cenicienta). La música de Strauss es interpretada regularmente en el Concierto de Año Nuevo de la Orquesta Filarmónica de Viena. Varios intérpretes de Strauss, como Willi Boskovsky, continuaron la tradición de dirigir violín en mano como era costumbre en la familia Strauss, así como Herbert von Karajan y Riccardo Muti. En la actualidad lo hace el extraordinario músico holandés André Rieu, con su «Johann Strauss Orkest».

Ir Arriba


Ludwig van Beethoven

Nació en Bonn, actualmente Alemania, en 1770 y murió en Viena en 1827. Compositor alemán, nacido en el seno de una familia de origen flamenco. Su padre, ante las evidentes cualidades para la música que demostraba el pequeño Ludwig, intentó hacer de él un segundo Mozart, aunque con escaso éxito.

La verdadera vocación musical de Beethoven no comenzó en realidad hasta 1779, cuando entró en contacto con el organista Christian Gottlob Neefe, quien se convirtió en su maestro y fue quien le introdujo en el estudio de Bach, músico al que Beethoven siempre profesaría una profunda devoción. Miembro de la orquesta de la corte de Bonn desde 1783, en 1787 Ludwig van Beethoven realizó un primer viaje a Viena con el propósito de recibir clases de Mozart. Sin embargo, la enfermedad y el posterior deceso de su madre le obligaron a regresar a su ciudad natal pocas semanas después de su llegada.

En 1792 Beethoven viajó de nuevo a la capital austriaca para trabajar con Haydn y Antonio Salieri, y se dio a conocer como compositor y pianista en un concierto que tuvo lugar en 1795 con gran éxito. Su carrera como intérprete quedó bruscamente interrumpida a consecuencia de la sordera que comenzó a afectarle a partir de 1796 y que desde 1815 le privó por completo de la facultad auditiva.

Los últimos años de la vida de Beethoven estuvieron marcados también por la soledad y una progresiva introspección, pese a lo cual prosiguió su labor, e incluso fue la época en que creó sus obras más impresionantes y avanzadas. La tradición divide la carrera de Beethoven en tres grandes períodos creativos o estilos, y si bien el uso los ha convertido en tópicos, no por ello resultan menos útiles a la hora de encuadrar su legado.

La primera época abarca las composiciones escritas hasta 1800, caracterizadas por seguir de cerca el modelo establecido por Mozart y Haydn y el clasicismo en general, sin excesivas innovaciones o rasgos personales. A este período pertenecen obras como el célebre Septimino o sus dos primeros conciertos para piano.

Un segundo estilo abarca desde 1801 hasta 1814, período este que puede considerarse de madurez, con obras plenamente originales en las que Ludwig van Beethoven hace gala de un dominio absoluto de la forma y la expresión (la ópera Fidelio, sus ocho primeras sinfonías, sus tres últimos conciertos para piano, el Concierto para violín).

La tercera etapa comprende hasta la muerte del músico y está dominada por sus obras más innovadoras y personales, incomprendidas en su tiempo por la novedad de su lenguaje armónico y su forma poco convencional; la Sinfonía n.º 9, la Missa solemnis y los últimos cuartetos de cuerda y sonatas para piano representan la culminación de este período y del estilo de Ludwig van Beethoven. En estas obras, Beethoven anticipó muchos de los rasgos que habían de caracterizar la posterior música romántica e, incluso, la del siglo XX.

La obra de Ludwig van Beethoven se sitúa entre el clasicismo de Mozart y Haydn y el romanticismo de un Schumann o un Brahms. No cabe duda que, como compositor, señala un antes y un después en la historia de la música y refleja, quizá como ningún otro, a excepción de su contemporáneo Francisco de Goya, no sólo el cambio entre el gusto clásico y el romántico, entre el formalismo del primero y el subjetivismo del segundo, sino también entre el Antiguo Régimen y la nueva situación social y política surgida de la Revolución Francesa. Efectivamente, en 1789 caía La Bastilla y con ella toda una concepción del mundo que incluía el papel del artista en su sociedad. Siguiendo los pasos de su admirado Mozart, Ludwig van Beethoven fue el primer músico que consiguió independizarse y vivir de los encargos que se le realizaban, sin estar al servicio de un príncipe o un aristócrata, si bien, a diferencia del salzburgués, él consiguió triunfar y ganarse el respeto y el reconocimiento de sus contemporáneos.

Ir Arriba


Yanni

Yanni Chrysomallis: músico, autor, intérprete y compositor griego nacido en Kalamata el 14 de noviembre de 1954. Su música reúne los géneros orquestal, instrumental y lírico. De niño dominaba el piano, aunque no cursó lecciones para este instrumento, mientras en su tiempo libre interpretaba canciones del momento.

Vivió en su Grecia natal hasta los 14 años y tiempo después, a los 18 años, se estableció en los Estados Unidos. En su juventud fue un buen nadador, llegando a romper un récord nacional en Grecia. Estudió psicología y recibió la titulación en esa especialización en la Universidad de Minnesota. Como psicólogo realizó trabajos acerca de Sigmund Freud, de quien es admirador. Su música, de carácter instrumental y melódica, es de tipo orquestal.

Sus temas se han utilizado como bandas sonoras para el cine, la televisión, el teatro y los Juegos Olímpicos. La expresividad de sus melodías en el teclado y la instrumentación ha generado su consideración dentro de lo que se denomina el Efecto Mozart. Su mayor éxito comercial se produjo con la presentación de su álbum y vídeo "Yanni Live at the Acrópolis", filmado en septiembre de 1993 en el teatro de Herodes Atticus, con 2.000 años de antigüedad, en Atenas, y editado en 1994.

El concierto, situado en un entorno arquitectónico protegido por las entidades culturales de este patrimonio milenario, fue autorizado de forma extraordinaria y exclusiva, debido a las implicaciones del sonido, por las autoridades griegas. Este fue su primer álbum en directo y utilizó una magnífica y compleja orquesta, además de sus propios intérpretes. Bajo la supervisión del director Shardad Rohani, y la Orquesta Filarmónica Real, realizó un concierto magistral. Tal como Shardad Rohani expresó al final del concierto, “la más mágica interpretación jamás oída”. El concierto fue retransmitido en Estados Unidos en el Public Broadcasting Service (PBS), y rápidamente llegó a ser uno de los programas de mayor popularidad.

"Yanni Live at the Acrópolis" es el segundo vídeo de mayor éxito de ventas musicales de todos los tiempos. Se vendieron más de 10 millones de copias. Composiciones como "One man´s dream", "Until the last moment" y "Nostalgia", son versiones mejoradas de anteriores producciones que reflejan su madurez. Estas composiciones, junto a piezas recientes como "If I could tell you", "Walk in the rain", o "Highland", han situado al autor entre uno de los principales productores musicales del siglo XX y XXI.

Su producción lo sitúa en el marco de los grandes compositores musicales de todos los tiempos. Con motivo del quincuagésimo aniversario de la República Popular China, fue el primer músico en actuar en la Ciudad Prohibida. Este concierto está recogido en el álbum “Tribute”, junto a las interpretaciones en el Taj Mahal de la India, construido en el siglo XVII. Contó con prestigiosos músicos internacionales al igual que el concierto anterior. Pocos compositores utilizan en sus conciertos una instrumentación tan variada, compleja y completa.

Grabó su duodécima producción en el 2000 con el nombre de “If I Could Tell You”, volviendo a cautivar a su público con nuevos ritmos, influido por su última gira realizada por Asia oriental, resaltando composiciones como "On Sacred Ground", "Wishing Well" y "If I Could Tell You". En el 2003 Yanni reapareció con un álbum de estilo lírico, llamado Ethnicity. Este es su disco más variado en cuestión de cultura musical, ya que incluye instrumentos casi desconocidos.

Recientemente realizó una gira mundial llamada "Yanni Live World Tour", a la que dedicó alrededor de dos años viajando por los Estados Unidos de América y Canadá. No descarta realizar un concierto especial y solemne en las pirámides de Teotihuacán, en México; está a la espera de la aprobación y concesión por las autoridades del país. Tras pasar casi 8 años sin sacar a la venta un CD en directo, Yanni regresó en Otoño de 2006 con la presentación de una nueva producción grabada en directo dentro de su última gira de 2004, en Las Vegas.

Yanni realizó hace unos años una composición dedicada a su madre, llamada Felitsa, quien murió el 20 de mayo de 2006 en su tierra natal, Kalamata. En agosto de 2006 presentó una nueva producción, "¡Yanni Live!, The Concert Event", y después, en septiembre, un DVD. En 2008 regresó a los estudios de grabación donde concibió el proyecto "Yanni Voices", que pretende ser un espectáculo que une la maestría del griego con algunas voces en español.

En febrero de 2003, coincidiendo con el lanzamiento de su décimo tercer álbum “Ethnicity”, sale a la luz la autobiografía de este intérprete y compositor, llamada “Yanni in Words”, co-escrita por David Rensin. En ella relata su infancia en Grecia, sus años de colegio en Minnesota, su éxito como artista internacional junto con la exploración de su proceso creativo y su relación de nueve años con la actriz Linda Evans.

Ir Arriba


ABBA

A principios de los años setentas, cuatro suecos formaron uno de los grupos de más éxito de esa y principios de la siguiente década. Lo bautizaron con las iniciales de sus cuatro integrantes. El resultado: ABBA, un grupo de música pop, el de más reconocimiento en su país y en Europa, y el más comercial de la época.

El salto a la fama de ABBA ocurrió en 1974 cuando sus integrantes ganaron el festival de Eurovisión con la canción Waterloo. A partir de ese momento sus discos se situaron en las listas de los más vendidos en Europa. El cuarteto estaba formado por dos parejas sentimentales: Benny Andersson con Anni-Frid Lyngstad (mejor conocida como Frida) y Björn Ulvaeus con Agnetha Fältskog. El nombre "ABBA" es un acrónimo formado por la primera letra del nombre de cada miembro (Agnetha, Björn, Benny, Anni-Frid).

ABBA ganó popularidad internacional empleando melodías pegadizas, letras simples y sonido propio, caracterizado por las armonías de las voces femeninas, el talento musical masculino y un increíble efecto especial conocido como "muro de sonido", creado por el productor norteamericano Phil Spector, consistente en la grabación de múltiples pistas de acompañamiento, superpuestas, hasta lograr la obtención de un sonido compacto muy bien acabado. Al crecer su popularidad, el grupo viajó por Europa, Australia y Estados Unidos, y sus grabaciones tuvieron un gran impacto musical, lo que lo llevó a convertirse en el más exitoso de la compañía discográfica “Universal Music Group”. Sin embargo, en la cima de la popularidad, ambos matrimonios se disolvieron y los cambios en sus relaciones se reflejaron inmediatamente en la música, generando al principio temas tan importantes como “The winner takes it all”.

A finales de 1978, Bjorn y Agnetha anunciaron su ruptura sentimental, iniciando, aunque lentamente, el declive del grupo. Luego vino el divorcio de la otra pareja, y esta vez la situación se hizo insostenible para mantener en pie el grupo, por lo que decidieron tomar un “descanso” que se ha extendido hasta el presente. Pese a esto, permanecieron fijos en las listas radiofónicas y ABBA es ahora uno de los grupos con más ventas mundiales, habiendo vendido casi 400 millones de discos.

ABBA fue el primer grupo pop europeo en experimentar el éxito en países de habla inglesa fuera de Europa, principalmente Australia, Nueva Zelanda, Sudáfrica, Canadá y, en menor medida, Estados Unidos. La popularidad de sus miembros abrió las puertas a otros artistas europeos. Su música ha sido cantada en todo el mundo por grandes artistas y ha sido la base para el sensacional musical ¡Mamma Mia! ABBA se disolvió en 1981, no sin antes publicar “Super Trouper”, uno de sus mejores trabajos, en el que demuestra su madurez profesional, incluyendo varios temas de desamor y tristeza.

El grupo realizó su última aparición pública en el 2008, en el estreno de la película ¡Mamma Mia!, protagonizada por Meryl Streep y, además, por Pierce Brosnan, Colin Firth, Stellan Skarsgar y Julie Walters.

Benny Andersson (Estocolmo, Suecia, 16 de diciembre de 1946 - ), cantante sueco, integrante del grupo ABBA. Sus inicios en la música fueron en su círculo familiar, como intérprete del acordeón. Entre sus influencias juveniles estuvieron Phil Spector, los Beach Boys, los Beatles y Elvis Presley. En 1964 formó el grupo The Hep Stars, que integrara hasta 1969, y que fuera conocido como los Beatles suecos. Integró luego el grupo ABBA, con una de cuyas integrantes, Frida (Anni-Frid Lyngstad), se casó el 6 de octubre de 1978, siendo ésta su segunda mujer después de Christina Grönvall, madre de sus dos primeros hijos. Se separa de Frida en 1981. Produjo junto a Björn Ulvaeus el musical ¡Mamma Mia!(1999).

Anni-Frid nació en Ballangen, cerca de Narvik, Noruega, cinco meses después de finalizar la Segunda Guerra Mundial. Fue, sin saberlo, parte de un plan nazi utilizado para expandir la raza aria, que consistía en secuestrar niños de países vecinos o seleccionar mujeres en países ocupados, "aptas" para la producción de niños de raza aria pura. Hizo su debut a los 11 años, en una actuación a beneficio de la Cruz Roja. Dos años después comenzó a trabajar como vocalista infantil en un grupo de baile y durante una década siguió trabajando con diferentes grupos. Anni-Frid consiguió su primer trabajo como cantante de jazz a los trece años. Participa y gana el concurso New Faces en 1967, y el presentador le anunció que como parte del premio aparecería esa noche en un programa de la televisión nacional. Era el 3 de septiembre de 1967, noche en la que los suecos pasaban de conducir por la izquierda a hacerlo por la derecha, por lo que las autoridades suecas prefirieron tener a la población pegada a la televisión.

La actuación de Frida fue vista en toda Suecia, lo que le valió un contrato con EMI Suecia y la publicación de su primer disco. Poco a poco comenzó a ser conocida en todo el país. Grabó su primer álbum en 1971, producido por Benny Andersson, creando la base de ABBA. Se casó con Benny el 6 de octubre de 1978, divorciándose tres años más tarde, en 1981. En febrero de 1982, Frida comenzó la grabación de su primer álbum en inglés (’Something’s Going On') producido por Phil Collins.

En 1992, se casó con el Príncipe Heinrich Ruzzo Reuss von Plauen (24 de mayo, 1950 – † 29 de octubre, 1999). Su matrimonio con el príncipe le confirió el derecho a titularse Su Alteza Serenísima la Princesa Anni-Frid Reuss von Plauen, lo que le abrió las puertas de la Corte Real sueca, dado que su marido era amigo de la infancia del rey Carlos XVI Gustavo. En la actualidad la Princesa Anni-Frid Reuss von Plauen se dedica a obras de caridad con la prevención de drogas y la protección del ambiente.

Björn Kristian Ulvaeus nació en Göteborg, Suecia, el 25 de abril de 1945. A los 17 años Björn forma una banda de jazz que adquiere notoriedad al participar en un concurso de la radio sueca. El grupo ganó seguidores de todo tipo, desde adolescentes hasta personas adultas. Un día, en 1966, durante un tour en Suecia, Björn y sus amigos conocieron al grupo de rock n’ roll sueco Hep Stars, el más popular en Suecia, del que formaba parte Benny Andersson. Björn y Benny escribieron música juntos y ocasionalmente Benny tocaba junto con los Hootenanny Singers, como se conocía su agrupación.

Un día de 1968 Björn encendió la radio y escuchó una hermosa voz femenina que hizo que este fuera a la tienda de discos y comprara el single interpretado por Agnetha Fältskog. Björn se enamoró de la voz sin saber que Agnetha era una de sus grandes fans. Se conocieron en 1969 en Gotemburgo. En muy poco tiempo se comprometieron y se mudaron a un pequeño apartamento en Estocolmo. Björn y Agnetha comenzaron a trabajar juntos, haciendo su primera grabación: “El amor comienza de esta forma”.

En 1970 Björn, Agnetha, Benny y Frida hicieron su primera presentación juntos. Al comienzo del período de ABBA, Björn componía la música junto con Benny y ambos escribían la letra. Björn era “el chico listo” del grupo, quien no temía enfrentar las cámaras ni la prensa. A finales de los setentas Björn y Agnetha decidieron separarse. Con el fin de ABBA, Björn se convirtió en un tipo de reportero, hablando acerca de la gloria del grupo para la prensa sueca y del mundo. Junto con Benny Andersson y Tim Rice escribió el musical Chess, en 1984. El musical estuvo en Londres por 2 años (1986-1988) y después se mudó a Broadway en 1988. Poco tiempo después Björn decidió darle un renacimiento a los éxitos de ABBA, creando un musical basado en varias canciones con una historia graciosa. El musical fue llamado ¡Mamma Mia! y tuvo su premiere en Londres el 6 de abril de 1999. Björn comenzó a ser visto en los estrenos de ¡Mamma Mia! con Anni-Frid Lyngstad.

Agnetha Fältskog ( 5 de abril de 1950 en Jönköping, Suecia - ). Es fundadora de ABBA, junto con Björn Ulvaeus, Benny Andersson y Anni-Frid Lyngstad. Crece en una familia de músicos, llegando a componer su primera canción a los 5 años "Dos pequeños trols”. A los 16 empezó su carrera como artista y, en 1967, a los 17, llega a la punta del escenario musical sueco gracias a su propia composición "Estaba tan enamorada”. En 1972 interpretó a la Magdalena en la versión sueca del exitoso musical Jesucristo Superstar.

El 6 de julio de 1971 Agnetha contrajo matrimonio con Björn Ulvaeus, con el que tuvo dos hijos, Linda y Christian. En 1978 Björn y Agnetha se separaron, aunque accedieron a permanecer en ABBA, hasta tres años más tarde cuando el grupo se separó.

Agnetha es una de las personas más idolatradas de Suecia y es considerada como "la nueva Garbo". Tiene una extraña fobia a los periodistas, por lo cual casi nunca se le ve en público. Agnetha no es sólo la rubia de ABBA… es la cantante más activa luego de la disolución del espléndido cuarteto sueco. Ya cantaba y grababa antes de conocer a su marido y futuro socio creativo, Björn Ulvaeus, y siguió haciéndolo cuando su matrimonio y grupo cayeron por el despeñadero, a poco iniciarse los años ochenta.

En una interpretación para la cual no existen adjetivos justos (¿celestial?), selló el fin de su historia de amor y éxito con "The winner takes it all", una de las mejores canciones pop de todas las épocas. Haga lo que haga, Agnetha es una mujer que merece el respeto de todos, guarda el decoro requerido para saludar a aquellos músicos que, en sus palabras, “me han inspirado y dejado profundas huellas en mi alma y mi corazón. Esta es la banda sonora de un tiempo perdido, al cual regreso con las fuerzas poderosas de la música”.

"The Winner Takes It All"

I don't wanna talk
About the things we've gone through
Though it's hurting me
Now it's history
I've played all my cards
And that's what you've done too
Nothing more to say
No more ace to play

The winner takes it all
The loser standing small
Beside the victory
That's her destiny

I was in your arms
Thinking I belonged there
I figured it made sense
Building me a fence
Building me a home
Thinking I'd be strong there
But I was a fool
Playing by the rules

The gods may throw a dice
Their minds as cold as ice
And someone way down here
Loses someone dear
The winner takes it all
The loser has to fall
It's simple and it's plain
Why should I complain.

But tell me does she kiss
Like I used to kiss you?
Does it feel the same
When she calls your name?
Somewhere deep inside
You must know I miss you
But what can I say
Rules must be obeyed

The judges will decide
The likes of me abide
Spectators of the show
Always staying low
The game is on again
A lover or a friend
A big thing or a small
The winner takes it all

I don't wanna talk
If it makes you feel sad
And I understand
You've come to shake my hand
I apologize
If it makes you feel bad
Seeing me so tense
No self-confidence
But you see
The winner takes it all
The winner takes it all...

Ir Arriba




BIOGRAFIAS V

GANSTERES AMERICANOS

NOTA: Las biografías han sido tomadas de Planeta Sedna (http://www.portalplanetasedna.com.ar) y Biografías y Vidas (http://www.biografiasyvidas.com). Muchas han sido editadas y adaptadas para el Foro

.- Bonny y Clyde/Historia sobre la famosa pareja de gánsteres durante la depresión económica

.- Al Capone/El más famoso gánster de los Estados Unidos

***

.- John Dillinger/El enemigo número 1 de los años treintas en los Estados Unidos

.- Lucky Luciano/El padre del crimen organizado, tal como se conoce hoy en día. Fue el cerebro del auge del tráfico de heroína

***

.- Frank Costello/Ocupó uno de los puestos más altos del mundo del crimen. Controló el imperio del juego en los EEUU y tuvo una influencia política como ningún otro jefe de La Cosa Nostra



Bonny y Clyde/Historia sobre la famosa pareja de gánsteres durante la depresión económica

El Sur en los años treintas era una época diferente: Bonnie y Clyde no eran las únicas personas que rompían la ley y que deparaban nuestra atención. Fue una época de depresión económica y frustración que incrementó los delitos. Estos dos amantes del crimen hicieron suyo aquel mandamiento utilizado en otros momentos por quienes adoraban «vivir peligrosamente». Esta era la única meta, la única diversión de Bonnie y Clyde. Y así lo admitieron ellos mismos -o, al menos, Bonnie Parker- cuando ella escribió una especie de poema póstumo (para ser publicado tras su muerte) que un diario de Dallas imprimió, efectivamente, bajo el título de Historia de Bonnie y de Clyde. La publicación y, por lo tanto, la muerte de sus protagonistas, ocurrió en la primavera de 1934.

Clyde Barrow nació el 24 de marzo de 1909, el cuarto de una familia de ocho hijos, en una granja de las afueras de Teleco, en el sudeste de Dallas. Bonnie Parker nació el primero de octubre de 1910, segunda de tres hijos; su padre era albañil. Familias analfabetas, que vivían a los saltos, y que sufrieron el perjuicio de una intensa depresión económica. Sus primeros años fueron, sobre todo a las puertas de la adolescencia, iguales a otros de idénticos malhechores: robos de coches, asaltos a tiendas, peleas entre bandas, detenciones, correccionales e interrogatorios en comisarías.

Clyde salió de cada encierro con ambiciones más insoslayables y de mayor calado. Su siguiente ascenso en la escala del delito lo llevó al atraco de oficinas bancarias, en un puro ejercicio de «precalentamiento» para el crimen, ya que no vivía en una miseria que justificara, en parte, sus latrocinios. En estas estaba, trabajando a su aire, cuando se cruzó en su camino Bonnie Parker, una mujer nada corriente que llamaba la atención por un cierto atractivo descarado y una cabellera pelirroja espectacular. Era una mujer amante de las sensaciones fuertes, con una necesidad constante de vivir en una alteración emocional, apasionada por los automóviles espectaculares, mucho mejor si sus ocupantes -incluyéndola- manejaban armas rotundas y los conducían personas, como ella, ávidas de violencia gratuita.

En diciembre de 1926 Clyde fue acusado por primera vez de haber robado un auto. Cuatro años después, en marzo de 1930, fue condenado a cumplir 14 años de prisión por hurtos menores y robo de autos. Escapó de la cárcel con la ayuda de Bonnie, que logró introducir armas en su celda; pero lo arrestaron poco tiempo después en Ohio. No pasó más de dos años en prisión, siempre visitado por Bonnie. Consiguió la libertad condicional en febrero de 1932. Clyde regresó a su casa en Dallas, y se reunió con Bonnie. Su intención era abandonar la delincuencia, y vivir del trabajo. Bonnie soñaba con ser cantante y poeta. Clyde viajó a Massachusetts para trabajar en la construcción. Pero sólo aguantó unas pocas semanas. Su suerte ya estaba echada, la delincuencia seria el camino. Una vez que comprobaron que habían nacido el uno para el otro, decidieron formar su propia banda de malhechores; una banda que destacaba por un carácter casi familiar, ya que estaba formada por el hermano de Clyde, Buck, la mujer de este, Blanche, y otros tres individuos: Hamilton, Jones y Methvin. Con su flamante organización empezaron las acciones; una de las más espectaculares tuvo lugar en Joplin (Missouri) y, por primera vez, tuvieron que hacer frente a un cerco de la policía del que, tras un diluvio de tiros, lograron escapar, con un saldo de tres policías muertos. Durante el resto del año 1933 se sucedieron las persecuciones y los delitos en diversos estados y ciudades de toda la Unión, no siempre coronados con éxito. Estos gánsteres trabajaban «artesanalmente», por el placer de delinquir; no tenían ni la influencia ni la sangre fría de los grandes mafiosos del país. Fueron cercados por la policía en el mismo estado, ahora en Platte City, donde cayó herido el primer miembro de la banda, Buck Barrow. Pero lograron huir hasta Iowa, donde también fueron asediados por los policías. En esta ocasión Buck murió y su esposa Blanche fue detenida. Bonny y Clyde escaparon, no sin antes matar un grupo de policías que los perseguían. En los primeros días de 1934 se cruzaron en una carretera con un furgón policial donde iban cinco presos camino de una penitenciaría. El furgón fue detenido, mataron al guardián y liberaron a los cinco presos. Ebrios de velocidad y de sangre, asaltaron un banco cualquiera (que no tenía fondos) y, en Texas, asesinaron a dos policías que les habían solicitado la documentación. Otros dos agentes cayeron en Oklahoma.

El 22 de mayo de 1934 fueron cercados y se les conminó a la rendición; la respuesta fue la esperada: plomo a dos manos. Cayeron en plena acción; cuando los dos cadáveres fueron examinados, el informe del forense precisó que cada uno de los cuerpos había recibido más de 50 balazos. El Ford tenía 167 orificios. Uno de los policías, Ted Hinton, escribió: "abrí la puerta del auto y vi a la muchacha en medio de la sangre, pero aún olía a perfume y su peinado no se había arruinado. Sobre el piso del Ford estaban la pistola con la que Bonnie había alcanzado a disparar, un mapa de carreteras de Louisiana, y el sándwich a medio comer que la bella Bonnie masticaba”. Poco tiempo después, un periódico publicó el poema enviado por la poetisa Bonnie Parker y que empezaba: «Un día de estos, caerán codo con codo...».

Ir Arriba


Al Capone/El más famoso gánster de los Estados Unidos

Su nombre era Alfonso Gabriel Capone. Vivió siempre al margen de la ley; aprovechando la prohibición de la venta de alcohol en EE.UU., armó un grandioso negocio clandestino con el que consiguió una importante fortuna. En 1931 fue detenido por evadir el pago de impuestos, ya que nunca se pudo demostrar su participación en otros hechos delictivos. Nació el 17 de enero de 1899 en Brooklyn -EE.UU.-, hijo de emigrantes italianos. Su padre era italiano que sabía leer y escribir y había conseguido trabajo en una tienda y su madre cocía para ayudar a llegar a fin de mes. A los 5 años comienza el colegio público y le cuesta adaptarse a las normas severas de disciplina y estudio. Siempre hubo prejuicios hacia los inmigrantes italianos, por lo que le fue difícil su relación con otros compañeros. De todas maneras, fue un buen alumno hasta sexto grado cuando, por un altercado con un maestro, es expulsado del colegio. La familia se muda a Garfield Place. En el nuevo barrio conoce a un delincuente llamado Johnny Torrio y comienza a trabajar para él, ganando día a día su confianza, aprendiendo los secretos de esta actividad y se relaciona con otras bandas, iniciando una vida de pequeños robos, apuestas ilegales, vandalismo y peleas. También trabajó en una fábrica de municiones y fue considerado un gran trabajador.

En 1917 Frankie Yale (Francesci Ioele) abre el bar “Harvard Inn” en Coney Island y contrata a Al como barman, siguiendo el consejo de Torrio. Al es apreciado tanto por su jefe como por los clientes, hasta el día en que dice un piropo fuera de lugar a una chica y su hermano, que iba con ella, se levanta y le pega. Aunque intenta defenderse, le propinan varias puñaladas, algunas en la cara. Las cicatrices de estas heridas le valdrán el alias de “Scarface” (cara de cicatriz). Al se convierte en el protegido de Yale, un hombre violento que enseña al joven a llevar un negocio a fuerza de usar la violencia. En 1918, Capone se casó con Mae Coughlin -una chica irlandesa-, con quien tuvo ese mismo año un hijo, Albert "Sonny" Francis Capone. Johnny Torrio será el padrino. La pareja vivió en Brooklyn durante un año. Capone aún formaba parte de la banda comandada por Frankie Yale y se dice que cometió al menos dos asesinatos cuando fue enviado a Chicago en 1919. Luego, se muda a Baltimore, donde se hace contable.

Mientras tanto, en Chicago, "Big Jim" Colissimo quien fuera el jefe más importante de la prostitución, es asesinado por Franck Yale para robarle el negocio, pero nunca lo consigue ya que Torrio se adelanta y se hace del control del mismo. Al vuelve a Chicago y reinicia sus actividades delictivas junto a su amigo Torrio, quien está al frente de miles de prostíbulos y bares clandestinos. Al se convierte rápidamente en socio de Torrio y se une al imperio criminal. Compra una casa en Prairie Avenue y se instala allí con su mujer y su hijo, además de su madre y hermanos. En 1923 un nuevo alcalde, William Denver, quiere reformar la organización municipal. Torrio decide alejarse por un tiempo y viaja a Italia, quedando Al Capone con el control total del negocio y conquistando la ciudad sin grandes obstáculos. La creación de más negocios ilegales y los problemas con otras bandas criminales terminaron en una guerra, ocasionando la muerte de 135 personas. Los peores enemigos de Al son “Hymie” Weiss y Bugs Moran. Dos semanas después que este dúo fallara en una tentativa de asesinato, Torrio vuelve a Chicago y acaba en un hospital, después que el dúo le agrediera. Al poco tiempo Torrio es encarcelado y, después de salir, considera que es hora de retirarse, dejando todo en manos de Capone, quien comienza a actuar como el personaje importante en el que se convertiría. Se vuelve amable y caritativo y comienza a interesarse por la política.

Dos enemigos declarados, Billy McSwiggin y "Klondike" O´Donnel, salen de copas al bar Cícero regenteado por Al, lo que fue considerado como un insulto territorial, por lo que los hombres de Capone los matan a tiros. Todos saben quien es el responsable de esta masacre pero no se presentan pruebas para acusarlo. Al desaparece durante el verano y no hay manera de encontrarlo, a pesar de que se pone en marcha una investigación exhaustiva. Comienza a ganarse una reputación de benefactor entre la comunidad italiana, ya que emplea a numerosos inmigrantes para sus negocios de contrabando. Capone comienza a pensar en el retiro de su vida de criminal; se entrega a las autoridades, pero como la policía no tiene suficientes pruebas para detenerlo, queda en libertad. Empeñado en convertirse en un hombre de paz, propone a Weiss un negocio en este sentido, quien rechaza la propuesta y aparece muerto al día siguiente. Más tarde, organiza una conferencia por la paz en la que pide a los contrabandistas el cese de la violencia, petición que tiene éxito por dos meses en los que no hay asesinatos relacionados con el contrabando. Luego, abre un comedor de beneficencia para aquellos que han perdido su empleo a causa de la depresión.

Frank Yale traiciona a Capone -que se había radicado en Miami- en un negocio de whisky y es asesinado al poco tiempo. Al, junto a su amigo McGurn, planea matar a Moran y eliminar su banda, para lo que simulan la negociación de un licor a bajo precio que debía ser entregado el 14 de febrero. Los hombres de McGurn se visten de policía y se esconden en el garaje. Los contrabandistas son pillados con las manos en la masa y los cuatro hombres vestidos de policía abren fuego, asesinando a todos los traficantes menos a uno. Todo se desarrolla según lo previsto, salvo que Moran, el objetivo principal, no había venido. Ese día se conoce como “La Matanza de San Valentín”, pero Capone estaba en Florida, y nadie lo acusa de asesinato a pesar de que toda la nación sabía perfectamente quién estaba al mando de la operación. Posterior a esta masacre, en una conferencia en Atlanta City, los gánsteres de todo el país hablan de cooperación y dividen el país en zonas de influencias.

Por el gran alboroto generado en la noche de San Valentín, Al arregla una detención por tenencia ilegal de armas con el comisario local, por lo que es puesto en prisión por 10 meses, aunque sale antes por buena conducta. Mientras estuvo preso, la policía logró infiltrar agentes dentro de la banda, y uno de ellos, que había trabajado en uno de los casinos de Cícero, consigue información que compromete a Capone. En Marzo de 1931 un gran jurado federal se reúne y lo inculpa por no pagar a Hacienda de $32.488,81 -para el año fiscal de 1924-. El jurado decide esperar a encontrar las pruebas para los demás años antes de juzgarlo públicamente; luego lo inculpa de 22 cargos de evasión de impuestos por $200.000 y a 68 miembros de su banda los acusan de cometer 5,000 violaciones de prohibiciones, por lo que Capone se enfrenta a una posible pena de más de 30 años de prisión, al menos que se declare culpable, lo que reduciría su condena a 5 años.

Al Capone compra a potenciales miembros del jurado y decide esperar el juicio, pero se encuentra que el jurado está conformado por gente de la zona rural, lo que nunca pensó. El 17 de Octubre de 1931 es declarado culpable de algunos de los cargos de evasión de impuestos. El 24 de octubre es condenado a once años de cárcel, $50.000 de multa y $30.000 por gastos del juicio. El gobierno decide no perseguirlo por violación de la prohibición. En 1933 la prohibición es cancelada. Después de estar preso en Atlanta, donde disfrutaba de privilegios, es trasladado –en 1934- a Alcatraz, donde acaban estos. Antes de haberse casado con Mae, Capone se había contagiado de sífilis, y su salud empeoró aceleradamente durante su encarcelamiento. Su mujer lo lleva a un hospital en Baltimore donde muestra una ligera recuperación, pero ya su salud estaba en pleno deterioro. Ella permanece a su lado hasta el momento de su muerte. El 21 de enero de 1947 sufrió un derrame cerebral, muriendo, tres días después, de neumonía.

Ir Arriba


John Dillinger/El enemigo número 1 de los años treintas en los Estados Unidos

John Dillinger, el delincuente más buscado de los años treintas, fue muerto a la salida del cine “Biograph”, después de haber visto Drama en Manhattan, protagonizada por Clark Gable. Ese edificio, el del “Biograph”, existe aun, lo mismo que los árboles de un bosque cercano, allí, en Chicago, donde pueden verse los huecos de las balas de uno de sus episodios con el FBI. En su momento, Dillinger fue temido y admirado. Miembro de una clase media que empezaba a empobrecer, se especializó en robos de bancos. Había nacido en 1903 en Indianápolis, en el hogar de un tendero viudo que abandonó a sus hijos a su suerte hasta que, en 1912, contrajo segundas nupcias. En 1915 el pequeño John (12 años) ya encabezaba una pandilla de golfillos autobautizados como «los doce sinvergüenzas», lo que le llevó, por primera vez, ante un tribunal de menores. Cuando estuvo de nuevo en la calle, participó en una violación junto a otros niños (tenía entonces 13 años), y con 16 años abandonó las aburridas aulas de la escuela y se decidió por la mecánica, para la que parecía bien dispuesto. A los 20, se alistó en la Marina, aunque desertó muy pronto. Su ídolo por entonces era el bandido Jesse James. Se casó a los 21 años, acontecimiento que coincidió con su primera pelea con un policía, que lo llevaría a estar entre rejas durante diez años. Su flamante esposa pidió el divorcio.

En la cárcel fue un alumno aventajado y entusiasta de un personaje siniestro -y con poderes parece que irresistibles- que engatusó al joven preso: se trataba de Harry Pierpont. En 1933 salió de la cárcel y descubrió un país diferente, azotado por la gran crisis iniciada en 1929 y que aún continuaba. Le acobardó la posibilidad de unirse a los más de cuatro millones de parados producidos por los momentos difíciles que se vivían en Estados Unidos y en todo el mundo por la recesión. Así que, ya sin duda alguna, eligió una profesión arriesgada pero con buenos resultados económicos inmediatos: la de gánster. A partir de ahí, y hasta su muerte, iniciará y desarrollará una carrera frenética que lo convertirá en una leyenda en vida. Comenzó con un atraco a un banco, y siguió por el robo a dos supermercados, una tienda de 24 horas y una fábrica. Al final, cayó y de nuevo fue encerrado, pero Pierpont le facilitó la huida.

Junto a su «padrino», reanudó sus locas aventuras al margen de la ley, haciendo que medio país lo persiguiera en enloquecidas carreras de automóviles que los llevaban de un estado a otro, de una capital a una aldea perdida, de Indiana a Wisconsin y de aquí a Illinois, para quedarse en Chicago. Allí, el 15 de enero, disparó sobre un policía llamado O’Maley, a quien mató. De nuevo fue detenido en Tucson (Arizona), donde «visitó» de nuevo otra prisión, la de Lake Country, de donde se volvió a escapar tras dejar en su celda, maniatados, a una docena de agentes. En su afán por escapar otra vez, robó un coche y cruzó la frontera de otro estado, lo que le convirtió en un delincuente federal y obligó a participar en su persecución al FBI. Para entonces, la prensa y todo el país lo habían bautizado como «el enemigo público número 1». Se le sumó Baby-Face Nelson, quien, a su vez, llegó acompañado por un tal Horace van Meter. Todos juntos robaron un banco, y de nuevo lograron escapar. En Iowa atracaron de nuevo, repitiendo la forma de huir ilesos ya experimentada anteriormente, y que consistía en obligar a los rehenes capturados en el banco a viajar en el estribo de su automóvil utilizándolos como escudos contra los disparos de la policía que los perseguía y que, obviamente, no disparaba contra ellos. En Saint Paul, un lugar típicamente mafioso, el gánster pensó que estaba a salvo junto a su amante Billie Erechette, pero el FBI llegó hasta allí y estuvo a punto de cogerlos. No obstante, fue herido en una pierna, huyó y se ocultó en casa de su padre.

Una nueva reyerta con los agentes se produjo en La Petite Boheme, un albergue en el que descansaban Dillinger y los suyos. Sorprendidos por la policía, fueron cercados. Se inició un tiroteo en el que sus compinches lograron saltar por las ventanas y ponerse a salvo, pero dejaron atrás a las mujeres que les acompañaban, las cuales fueron detenidas. La bola de nieve de la ubicuidad del gánster aterrorizó a medio país, haciendo cada vez más difícil que alguien lo escondiera o ayudara. Su cabeza ya tenía precio: 10.000 dólares. Y John Dillinger acudió a un cirujano plástico que le cambió la cara. Reinició sus atracos, ahora en Indiana. Cada vez más acorralado, huyó con su última amante, Polly Hamilton, y ambos llegaron a Chicago, donde alquilaron un apartamento con nombre falso. Pero la dueña del mismo los denunció, llegando la policía a las proximidades del lugar con un impresionante número de agentes y vehículos. Antes de todo esto, Dillinger y Polly habían sacado sus entradas para el cine Biograph y, al abandonar la sala, ignoraban todo lo que había montado en el exterior. Sin tiempo para sacar su pistola, Dillinger cayó acribillado por una lluvia de balas a la puerta del cine. Junto al cadáver aún caliente, la gente se arremolinó, algunos mojaron pañuelos en la sangre del malhechor y, a partir de ese momento, se puso en marcha la leyenda de que aquel cadáver no era Dillinger y que el auténtico «enemigo público número 1» había logrado escapar una vez más.

Ir Arriba


Lucky Luciano/Padre del crimen organizado y cerebro del auge del tráfico de heroína

Lucky Luciano (Salvatore Lucania). Nació el 24 de noviembre de 1897 en Sicilia, Italia. Falleció el 26 de enero de 1962, en Nápoles, Italia. Se le considera el padre del crimen organizado tal como se conoce hoy en día. Fue el cerebro del gran auge del tráfico de heroína en la postguerra.

Nació en Lercara Friddi, una ciudad siciliana conocida principalmente por sus minas de azufre. Su familia emigró a los Estados Unidos en 1907. A su llegada a la Isla de Ellis, punto de recepción de los emigrantes, las autoridades sanitarias le diagnosticaron viruela, enfermedad que le dejaría marcado el rostro de por vida. Tras pasar la preceptiva cuarentena, Luciano empezó a vivir con su familia en un barrio judío de Nueva York, y se dice que allí conoció a los que más tarde serían sus socios: Meyer Lansky y Bugsy Siegel.

En 1911 fue detenido por primera vez por robo, pasando sus primeros meses en una correccional. En 1915 ya tenía su propia banda en East Harlem. A los 18 años fue sentenciado a 6 meses por vender heroína y morfina. A la salida del reformatorio comenzó su carrera criminal en la banda “Five points gang”, con Frank Costello.

Hacia 1920 Luciano ya conocía a muchos de los peces gordos de la Mafia, incluyendo a Vito Genovese y a Frank Costello, y se dedicaba con ahínco al negocio del alcohol en la época de la prohibición en las áreas de Nueva York y Filadelfia. Eran tales sus conexiones que importaba directamente whisky de Escocia y Canadá y ron del Caribe. También controlaba el negocio del juego.

Gracias a esta banda conoció a Al Capone. Comenzó su propio negocio de prostitución con Joe Adonis como socio a principios de 1920, y en 1925 ya controlaba a la mayoría de las prostitutas con sede en Manhattan. En 1927 ya era considerado un hombre millonario. Usaba como expediente la narcoprostitución, es decir, hacía a las prostitutas adictas a la heroína y les pagaba con droga.

Pronto Luciano se unió a la banda de Joe Masseria, que era por entonces el Don más poderoso de Nueva York. Sin embargo, esta asociación duró muy poco ya que ambos tenían puntos de vista divergentes a la hora de manejar los negocios. Masseria era un “Pete Mostacho” (Mustache Pete, en el original) que deseaba preservar los viejos ideales de la Mafia siciliana tales como el “honor”, la “tradición”, el “respeto”, y la “dignidad”. En cambio, Luciano era un “joven turco” que pertenecía al grupo de los nuevos mafiosos que querían un cambio radical en el orden establecido (turco era en relación a la Mafia Judía, especialmente a Meyer Lansky, ya que por esos días Palestina era parte del Imperio Otomano.).

El grupo no quería trabajar con nadie que no fuese siciliano o, al menos, italiano. Luciano y los “jóvenes turcos” pensaban, en cambio, que lo importante era ganar dinero sin que importasen los orígenes de los socios. Le parecía sorprendente, por ejemplo, que se refiriesen al Don Frank Costello como el “sucio calabrés”.

Un día de 1929, Luciano fue obligado a entrar en un coche a punta de pistola por tres hombres. Fue golpeado, marcado en la cara con una navaja y, finalmente, abandonado en una playa de la bahía de Nueva York. Su socio Lansky averiguó que el secuestro y tortura había sido ordenado por Salvatore Maranzano, enemigo de Masseria. Debido a este incidente, Luciano resolvió que estaba en el bando equivocado, decidiendo deshacerse finalmente de Masseria y tomar el control de la banda.

Esta guerra transcurrió de 1928 a 1931 entre familias rivales y finalizó cuando Masseria fue asesinado en un restaurante de Coney Island. Los asesinos eran hombres de Luciano: Bugsy Siegel, Vito Genovese y Joe Adonis. Tras este hecho, Luciano tomó el control de la banda e hizo las paces con Maranzano quien le nombró su mano derecha.

Maranzano convocó a una reunión, a las cinco familias de Nueva York, en el Bronx, garantizando la paz. Durante la reunión se autoproclamó "jefe de jefes" o "capo di tutti i capi", lo que significaba que cada Don habría de compartir los beneficios con él.

Como Maranzano sabía que la única forma de mantener su poder era eliminando a aquellos que pudieran arrebatárselo, Luciano se convirtió de facto en su primer objetivo. Este se enteró de los planes de su jefe por medio de Lansky y decidió adelantarse a los hechos. Para tal fin organizó un grupo de sicarios que, disfrazados de policías, ejecutasen a su jefe. Este grupo entró en la oficina de Maranzano quién creyó que estaba siendo arrestado: según el informe policial dejaron su cuerpo cosido a balazos. En su huida, el grupo se encontró con Mad "Dog" Cull, el asesino que tenía la orden de matar a Luciano, que sufrió la misma suerte.

Luciano se había salido con la suya y estaba en la cumbre del poder: tenía participación en numerosos negocios por todo el territorio de los Estados Unidos. Pronto organizó La Comisión, de la que eran miembros los más importantes jefes de la Mafia norteamericana, siendo él mismo el líder sin discusión. A La Comisión acudían los Don y miembros relevantes de las “cinco familias” de Nueva York, el grupo de Chicago, “la oficina” de Nueva Jersey, y de las familias criminales de Kansas, Los Angeles y Detroit.

Al mismo tiempo, reorganizó su propia familia nombrando a Vito Genovese como su segundo y a Frank Costello consiglieri. Caporegimes suyos eran Michael Coppola, Anthony Strollo, Joe Adonis y Anthony Carfano, mientras que Lansky y Siegel cumplían la función de consejeros especiales. Luciano organizó La Comisión con los máximos ejecutivos de la Mafia, convirtiéndose en su líder indisputado. La Comisión era el equivalente de la Mafia a la Corte Suprema, y manejaba todas las disputas entre gánsteres. Fue llamada la innovación más importante de Luciano.

Si un individuo era un Mafioso independiente, su Don tenía que ir ante La Comisión para delimitar responsabilidades y asuntos de honor. La Comisión estaba constituida de representantes de las cinco familias de New York City, la Familia criminal de Philadelphia, la Familia criminal de Buffalo, y el Chicago Outfit de Al Capone; más tarde, la Familia criminal de Detroit, la Familia criminal de Los Angeles y la Familia criminal de Kansas fueron agregadas. Todos los jefes tenían el mismo poder y supuestamente valían un voto, pero en realidad Luciano era el primero entre iguales.

El reinado de Luciano fue relativamente breve, ya que muy pronto sufriría el acoso del Fiscal Especial Thomas E. Dewey. En 1936, Dewey consiguió una acusación formal contra Luciano por proxenetismo. Luciano se fugó a Hot Springs (Arkansas) pero, finalmente, fue encarcelado. Aún desde la prisión, Luciano continuó al mando de los negocios de la familia a través de su segundo Vito Genovese quien, en 1937, tuvo que huir a Nápoles para evitar ser encausado por asesinato, ocupando Costello su lugar.

A Luciano le fue propuesto un trato por el gobierno de los Estados Unidos: a cambio de su ayuda a la invasión aliada en Sicilia, le ofrecieron la deportación a Roma. Ya en Roma, se enteró de que la marcha de sus negocios andaba de capa caída, lo que le hizo reunirse, urgentemente, con Siegel, a quien hizo asesinar meses más tarde, debido a las sospechas de que éste robaba dinero de la familia con la excusa de financiar su hotel-casino, el Flamingo Las Vegas. Tiempo después Luciano fue visto en La Habana y las autoridades norteamericanas lo deportaron a Italia.

La conferencia de La Habana de 1947 fue un histórico encuentro de la Mafia estadounidense y líderes de la Cosa Nostra en La Habana, Cuba. Supuestamente fue organizada por Charles "Lucky" Luciano; la conferencia se celebró para discutir asuntos políticos, normas de actuación e intereses de negocio. A la conferencia acudieron delegaciones representando a las familias del crimen de todos los Estados Unidos. Se celebró durante la semana del 22 de diciembre de 1946 en el Hotel Nacional. Se considera a esta conferencia como el encuentro más importante desde la conferencia de Atlantic City de 1929.

Una vez en Italia, Luciano se radicó en Nápoles, donde era una celebridad especialmente con los turistas y los marineros norteamericanos. Allí en Italia pensó escribir sus memorias e incluso que se hiciera una película sobre su vida pero, en el momento de reunirse con un productor de cine, Luciano, justo antes de estrecharle la mano en el aeropuerto de Nápoles, se echó la mano al pecho y falleció de un infarto. Sus restos fueron finalmente enterrados en la cripta familiar de los Lucania en Nueva York, en el país que siempre añoró y que consideraba como su verdadero hogar. Durante años, el Buró Federal de Narcóticos trató infructuosamente de construir un caso contra Luciano sobre tráfico de drogas desde Europa.

Ir Arriba


Frank Costello/Ocupó uno de los puestos más altos del mundo del crimen, controlando el juego

Frank Costello -nacido Francesco Castigliaro-: 26 de Enero, 1891 - 18 de Febrero, 1973. Fue un mafioso italoamericano que ascendió a los puestos más altos del mundo del crimen, controlando un vasto imperio del juego a lo largo de los Estados Unidos y teniendo una influencia política como ningún otro jefe de La Cosa Nostra.

Apodado el "Primer Ministro del Hampa", se convirtió en uno de los más poderosos e influyentes jefes de la Mafia en la historia americana. Nació en Lauropoli, Calabria, Italia en 1891. En 1895, a la edad de cuatro años, se embarcó hacia los Estados Unidos junto con su madre y su hermano Edward. La familia estaba ansiosa por reunirse con el padre, quien había inmigrado varios años antes. Viviendo en el East Harlem de Nueva York, el hermano mayor de Francesco, Eddie, lo introdujo en actividades de bandas. Con 13 años, Francesco se había convertido en miembro de una banda local y había comenzado a usar el nombre de Frankie. Continuó cometiendo pequeños crímenes y fue a la cárcel por asalto y robo en 1908 y 1912.

En 1915, con 24 años, volvió a la prisión durante 10 meses por llevar un arma. Justo antes de ir a la cárcel, Frank Castiglia se había casado con Lauretta Giegerman, una chica judía que era la hermana de un amigo suyo muy cercano. Tras ser puesto en libertad, el joven Frank decidió emplear su inteligencia para prosperar en el mundo del hampa. Soslayando el uso de la violencia como camino hacia el éxito y la riqueza, Frank no volvió a ser encarcelado en los siguientes 37 años.

Tras su salida de la cárcel en 1916, comenzó a trabajar con Ciro Terranova, un poderoso mafioso del East Harlem. Frank se convirtió en miembro de una banda que controlaba el juego, la extorsión, el robo y los narcóticos en Manhattan y el Bronx. Mientras trabajaba para la banda de Terranova, Castiglia conoció y formó equipo con Lucky Luciano, entonces conocido como Salvatore Lucania, el líder siciliano de la banda del Lower East Side de Manhattan. Los dos italianos congeniaron inmediatamente. Juntos, y con otros jóvenes italianos -Vito Genovese y Gaetano Lucchese, y judíos asociados como Meyer Lansky y Benjamin Siegel-, la banda se vio envuelta en todo tipo de acto reñido con la ley.

El éxito de los jóvenes italianos les permitió diversificarse y hacer negocios con los líderes judíos e irlandeses criminales de la época, incluyendo a Arnold Rothstein, Arthur Flegenheimer, Owney Madden y William Dwyer. Rothstein llegó a ser el mentor de Castiglia, Luciano, Lansky y Siegel mientras ellos dirigían el negocio del contrabando con el barón de la cerveza del Bronx. En 1922, Castiglia, Luciano y sus más próximos asociados italianos se unieron a la mafia siciliana conducidos por Joe Masseria, un capo de la mafia italiana. Hacia 1924, Frank Castiglia se había convertido en un cercano asociado de los jefes irlandeses del Hell's Kitchen Dwyer y Madden. Frank estuvo envuelto en sus operaciones de contrabando de alcohol. Esto motivó que Castiglia se cambiara el apellido por uno cuya sonoridad fuese más irlandesa, siendo Costello.

En 1926, Bill Dwyer fue declarado culpable de sobornar a un oficial de los guardacostas y fue sentenciado a dos años de cárcel. Tras esto, Costello asumió el cargo de las operaciones con Owney Madden. Esto causó fricción entre Madden y el teniente de Dwyer, Charles Higgins. Frank Costello murió como un hombre retirado. Se rodeó en sus últimos años con personas que estaban fuera del círculo de la mafia; se destacó la amistad especial con el actor Anthony Quinn hasta el final de sus días. En sus honras fúnebres le acompañaron no más de 50 personas; la mayoría no tenía relación con el mundo del crimen ni de la mafia.

Ir Arriba