«A mí me inspira mi pueblo y su destino. A mí no me inspiran ni me preocupan el dinero y las riquezas. A mí me inspira, me seduce, el ejemplo de los hombres como Simón Bolívar, como San Martín, como Sucre, como Eugenio María de Hostos, como Máximo Gómez... de esos hombres libertadores que, como bien lo dice otro gigante de la América Nuestra, el Apóstol José Martí, “hacen pueblos y son más que hombres”» (Juan Bosch)
Ing. Nemen Hazim
Graduado Magna Cum Laude (MCL) en la Universidad Autónoma de Santo Domingo (UASD - 28/10/1977). Estudios complementarios en Estados Unidos, República Dominicana, Puerto Rico, Cuba, Argentina y Uruguay. En República Dominicana fue Ayudante de Profesor en la UASD; Profesor y Director de las Escuelas de Ingeniería Eléctrica e Ingeniería Mecánica en la Universidad Central del Este (UCE); y Gerente de Turbinas de Gas y Motores Diésel en la Corporación Dominicana de Electricidad (CDE). En Puerto Rico fue Encargado de Proyectos en Caribbean Electrical Industrial Services Corporation (CEISCO) y Co-dueño de Ingeniería Eléctrica y Mecánica (INGELMEC)...

Por y sobre Juan Bosch


Parte de lo escrito por Juan Bosch y lo que sobre él se ha dicho


Ni vivos, ni muertos, ni en el poder, ni en la calle se logrará de nosotros que cambiemos nuestra conducta. Nos hemos opuesto y nos opondremos siempre a los privilegios, al robo, a la persecución, a la tortura. Creemos en la libertad, en la dignidad y en el derecho del pueblo dominicano a vivir y a desarrollar su democracia con libertades humanas pero también con justicia social. En siete meses de gobierno no hemos derramado una gota de sangre ni hemos ordenado una tortura ni hemos aceptado que un centavo del pueblo fuera a parar a manos de ladrones. Hemos permitido toda clase de libertades y hemos tolerado toda clase de insultos, porque la democracia debe ser tolerante; pero no hemos tolerado persecuciones, ni crímenes, ni torturas, ni huelgas ilegales, ni robos, porque la democracia respeta al ser humano y exige que se respete el orden público y demanda honestidad. Los hombres pueden caer, pero los principios no. Nosotros podemos caer, pero el pueblo no debe permitir que caiga la dignidad democrática. La democracia es un bien del pueblo y a él le toca defenderla. Mientras tanto, aquí estamos, dispuestos a seguir la voluntad del pueblo (Juan Bosch)


Por Juan Bosch


. Citas de Juan Bosch

. Palabras de Juan Bosch desde el Palacio Nacional tras el golpe de Estado

. Segmento del discurso que pronunció Juan Bosch a su llegada al país el 20 de octubre de 1961


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. Discurso completo de Juan Bosch a su llegada al país (20 de octubre de 1961). "Hay que matar el miedo"

. Palabras de Juan Bosch después de leer las obras completas de Eugenio María de Hostos

. Juan Bosch habla de su experiencia en una prisión en 1934

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. Pedro Mir, el poeta social esperado/Juan Bosch

. "Qué es un hecho histórico"/Juan Bosch

. Orígenes materiales de la organización de La Trinitaria/por Juan Bosch


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. De la Independencia Efímera a La Trinitaria/por Juan Bosch. (Política, teoría y acción, Año VI, N° 70, Santo Domingo, Órgano del Comité Central del PLD, enero de 1986)

. Juan Bosch sugiere celebración de la Independencia el 28 de febrero. (Santo Domingo, 27 de febrero de 1971)

. Bosch exalta memoria de trinitario Francisco del Rosario Sánchez. (Santo Domingo, 10 de marzo de 1963)


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. Bosch secunda a Arlette sobre Bonnelly (Última Hora, Santo Domingo, 14 de diciembre de 1970)

. Profesor Juan Bosch dirige alocución al pueblo dominicano con motivo del Día de las Madres. (Listín Diario, Santo Domingo, 1º de junio de 1964)

. Juan Bosch: Historia de una carta que Peña Gómez envió a Ben Stephanski mientras ambos estaban en la clandestinidad. (Vanguardia del Pueblo, Año IV, N° 107, Santo Domingo, Órgano del PLD, 2 de noviembre de 1977)


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. Una breve historia de amor maternal/Juan Bosch (El Nacional de ¡Ahora!, Santo Domingo, 24 de mayo de 1985, pp.24-25)

. Mensaje de Juan Bosch al pueblo (Patria, Santo Domingo, 6 de junio de 1965, p.3)

. Declaraciones de Juan Bosch. "Bernardino asesinó en La Habana a Mauricio Báez"


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. Se dirige al pueblo Juan Bosch. "A la hora de votar, déjate llevar del corazón"

. Juan Bosch: "Con Trujillo no hay negocio bueno ¡Cuidado comunistas!"

. Juan Bosch: "Así es Trujillo, comunistas"

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. Juan Bosch: "Retrato de un viejo Maestro"

. Juan Bosch: "Luis Muñoz Marín, el líder descalzo"

. Juan Bosch: "El panfleto de Betancourt y Otero Silva"

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. Juan Bosch: "Los dos caminos de la hora"

. Juan Bosch: "Si estallara la Guerra"


. Citas de Juan Bosch

“El hombre completo no denigra, no falsea, no miente para beneficiarse o para perjudicar a los otros”.

“La gratitud es flor de virtudes que sólo se da donde hay otras virtudes”.

“Es ley de la naturaleza que no haya nada tan bueno que no deje un sedimento de algo malo, ni algo tan malo que no produzca algún resultado bueno”.

“Sólo quien reconoce la grandeza ajena puede ser grande, y que los que discuten la gloria de otros carecen del derecho de disfrutar la propia”.

“No basta tener ideas; hay que hacerlas realidad en lo grande y en lo minúsculo”.

“Ningún hombre es perfecto, y un error no es una infamia, si quien lo comete no busca al ejecutarlo beneficios personales”.

"No es dominicano el que calla ante el crimen; y no puede ser líder el que dedica sus días y noches a engañar al pueblo".

"La juventud dominicana tiene un legado que cumplir: arrebatar a esos políticos sin entrañas el derecho de llamarse dominicanos y de llamarse líderes".

"Al pueblo de Duarte, que luche sin cansancio, que luche sin piedad por sí mismo; que luche por conquistar su derecho a vivir en su patria con dignidad, con justicia y con bienestar. Sólo una lucha sostenida puede aminorar nuestro penoso destino. Rendirse antes de comenzar a luchar equivale a liquidar criminalmente lo que les pertenece a nuestros hijos. Si por hijos pelea hasta la gallina, por sus hijos deben combatir los dominicanos de hoy".

“Los hombres y las mujeres que tienen calidad humana le sirven al pueblo sin esperar de él ni siquiera gratitud, porque no debe pedírsele a la madre que le agradezca al hijo lo que éste haga por ella”.

"Pongamos todos juntos el alma en la tarea de acabar con el odio entre los dominicanos como se acaba con la mala yerba en el campo que va a ser sembrado; pongamos todos juntos el alma en la tarea de edificar un régimen que dé amparo a los que nunca lo tuvieron, que dé trabajo a los que buscan sin hallarlo, que dé tierras a los campesinos que la necesitan, que dé seguridad a los que aquí nacen y a todos los que erran por el mundo en pos de abrigo contra la miseria y la persecución".

“Si no puedo ver por mí mismo la liberación de este pueblo, la veré a través de mis ideas”.

“Nuestra aspiración es que un día, cuando los niños que están empezando hoy a hablar sean hombres viejos y de nosotros no quede si no una cruz sobre una tumba, esos viejos les digan a sus hijos que el compañero Juan vivió y murió pensando cada hora de cada día en servir a su pueblo”.

“Nadie se muere de verdad si queda en el mundo quien respete su memoria”.

“Hay personas que creen que los hechos históricos son producidos por los grandes hombres, y resulta que es al revés; son los hechos históricos los que producen a los grandes hombres”.

“Ningún hombre es superior a su pueblo”.

“No hay arma más potente que la verdad en manos de los buenos”.

“La verdad no es un artículo que se compra y se vende con beneficios”.

“El valor por sí sólo sirve para matar y morir, no para dirigir y triunfar”.

“La lucha de los pueblos es constante; nacen mártires donde muere uno: florecen las ideas allí donde las persiguen; un pasado heroico, cuajado de nobles hombres, estimula a los jóvenes e ilumina el porvenir”.

“Los hombres no saben vivir aplastados por el terror, y allí donde sufren, allí alimentan la esperanza de vencer al infortunio”.

“Los pueblos dignos, como los hombres con estatura moral, buscan dar, no recibir; buscan ayudar, no pedir ayuda”.

“El hombre no puede cumplir su destino en la sociedad si no convierte sus ideas y sus deseos en hechos, porque sólo los hechos tienen verdadero valor en la vida social”.

“Lo perfecto es enemigo de lo bueno, y el hombre no debe aspirar a ser perfecto sino bueno nada más. Cuando se pasa de los límites de lo bueno y se entra en el afán de la perfección, lo que se hace es cultivar la vanidad, la vanidad individual; cultivar un sentimiento realmente mezquino, porque es un sentimiento que se limita a la persona que lo tiene. Por tanto, no se debe ser perfeccionista, pero se debe tratar de hacer las cosas bien”.

“El destino de cada uno está en la educación que se le haya dado. Para que su conducta sea buena, el hombre tiene que ser mejor educado”.

“Hay que educar al hombre para que respete las leyes. Sin leyes no hay sociedad humana, y las leyes sólo tienen valor si cada persona las acepta, las respeta y las hace respetar”.

“La libertad es un bien que no puede ponerse en peligro por debilidades, y el aire de la libertad se contamina de sutiles venenos allí donde en su nombre se permite que florezca la villanía".

“No es ciudadano el que ignora cuáles son sus deberes y cuáles son sus derechos (...) No puede haber paz donde no hay consciencia cívica y no hay consciencia cívica donde no hay cultura”.

“Los jóvenes que aspiran a ejecutar su obra de un día para otro se exponen a desencantos dolorosos, pues nada que no tenga sus raíces en el tiempo puede perdurar. Y la única manera conocida de enraizar algo en el tiempo es trabajando”.

“Cuando se está ante una tarea larga y complicada, es mejor madrugar lo más que se pueda y acostarse sólo cuando ya no queden fuerzas para seguir en pie”.

“Toda obra de la creación –del hombre o de la naturaleza- se realiza en el seno del tiempo, y hay una sola manera de llevarla a cabo, que es trabajando. El creador, pues, está obligado, por la misma fuerza que lo lleva a crear, a sumergirse en el tiempo para trabajar”.

“No podría haber disciplina donde faltara la mística, pero tampoco podría haber mística donde faltara la disciplina, y nadie puede imponer la disciplina allí donde trabajando en una misma tarea cada quien la lleva a cabo como le parece, no como debe hacerse”.

“Sin amor es imposible hacer algo creador. La gallina, que es considerado el más cobarde de los animales domésticos, se lanza como pequeña fiera emplumada sobre el que se acerque demasiado a sus polluelos. El amor hace fuerte a los débiles y valientes a los cobardes. El amor obra milagros”.

“El escritor es un hombre de su tiempo, y siendo un hombre de su tiempo tienen que afectarle las condiciones en que vive el pueblo, la situación general del mundo, y estas preocupaciones se van a reflejar en su obra”.

“Prefiero al escritor comprometido, pero comprometido con la causa buena, y la causa buena es la lucha por la liberación de los pueblos, por la liberación de los hombres. La causa buena es la que señala un rumbo, un camino hacia el futuro, un camino hacia el mayor bienestar de la humanidad, no de una minoría que viva a expensas el resto de la humanidad, sino de la humanidad completa. El escritor debe tener una conciencia bien clara de que el mundo mejor sería el mundo donde todos pudieran ser escritores, pintores, músicos, bailarines y cantantes. Es decir, el mundo donde las facultades humanas, las mejores facultades humanas, se expresaran con mayor intensidad y mayor brillo”.

“No creo que la literatura puede cambiar el mundo, pero creo que la literatura, como toda actividad humana, contribuye a iluminar la mente de los hombres, y puede embellecer, enriquecer mucho la vida del hombre. La literatura no puede escapar de ninguna manera a la realidad social, económica, política y cultural de los seres humanos”.

“A la patria no se le usa, se le sirve”.

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. Palabras de Juan Bosch desde el Palacio Nacional tras el golpe de Estado

Ni vivos, ni muertos, ni en el poder, ni en la calle se logrará de nosotros que cambiemos nuestra conducta. Nos hemos opuesto y nos opondremos siempre a los privilegios, al robo, a la persecución, a la tortura. Creemos en la libertad, en la dignidad y en el derecho del pueblo dominicano a vivir y a desarrollar su democracia con libertades humanas pero también con justicia social. En siete meses de gobierno no hemos derramado una gota de sangre ni hemos ordenado una tortura ni hemos aceptado que un centavo del pueblo fuera a parar a manos de ladrones. Hemos permitido toda clase de libertades y hemos tolerado toda clase de insultos, porque la democracia debe ser tolerante; pero no hemos tolerado persecuciones, ni crímenes, ni torturas, ni huelgas ilegales, ni robos, porque la democracia respeta al ser humano y exige que se respete el orden público y demanda honestidad. Los hombres pueden caer, pero los principios no. Nosotros podemos caer, pero el pueblo no debe permitir que caiga la dignidad democrática. La democracia es un bien del pueblo y a él le toca defenderla. Mientras tanto, aquí estamos, dispuestos a seguir la voluntad del pueblo.

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. Segmento del discurso que pronunció Juan Bosch a su llegada al país el 20 de octubre de 1961

"No hay corazón infatigable para sufrir, no hay pueblo infatigable para padecer agresiones; llega una hora en que no se puede sufrir más y en que no se puede humillar más. Estamos a tiempo todavía, y lo digo para el pueblo dominicano, y lo digo para los gobernantes dominicanos, de emprender una cruzada de corazón limpio y brazo fuerte para matar el miedo en este país, para que termine el miedo del pueblo al gobierno y a los soldados, para que termine el miedo de los soldados y del gobierno al pueblo, para que termine el miedo de los opresores a la libertad, y para que termine el miedo de los luchadores de la libertad a sus opresores".

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. Discurso completo de Juan Bosch a su llegada al país (20 de octubre de 1961). "Hay que matar el miedo" (Hoja suelta, Editora Montalvo, Santo Domingo, 20 de octubre de 1961, 1p)

Pongo pie en mi tierra en circunstancias difíciles para los dominicanos. Encuentro al llegar, y lo sabía por noticias que tenía en mi ruta, un estado de agitación que no parece sino provenir, como la fruta terrible de una situación prolongada, del miedo que ha estado padeciendo nuestro país, nuestro pueblo, y del odio que se ha sembrado en su corazón. Durante toda una generación, se ha estado sistemáticamente inoculando el odio en el alma dominicana.

El odio responde hoy con furor popular. No podía ser de otra manera. Tenía que ser así. Debió haber aparecido a tiempo una mano que colocara sobre las heridas del pueblo el bálsamo del amor, el bálsamo de la convivencia, el bálsamo de la democracia, el bálsamo de las libertades populares.

Sobre tantas tumbas desconocidas, sobre tantos cuerpos torturados, sobre tantos sufrimientos callados, en los bohíos, en las casas y en los edificios; sobre tanto exilio atormentado, sobre tanto insulto permanente ¿qué podía esperarse, sino que el pueblo reaccionara como lo está haciendo ahora?

No hay corazón infatigable para sufrir, no hay pueblo infatigable para padecer agresiones; llega una hora en que no se puede sufrir más y en que no se puede humillar más. Estamos a tiempo todavía, y lo digo para el pueblo dominicano, y lo digo para los gobernantes dominicanos, de emprender una cruzada de corazón limpio y brazo fuerte para matar el miedo en este país, para que termine el miedo del pueblo al gobierno y a los soldados, para que termine el miedo de los soldados y del gobierno al pueblo, para que termine el miedo de los opresores a la libertad, y para que termine el miedo de los luchadores de la libertad a sus opresores.
Nosotros somos una tierra pequeña, que sólo podemos engrandecernos por el amor, por la virtud, por la cultura, por la bondad. Nuestro pueblo tiene básicamente amor, bondad, virtud, y una gran capacidad para adquirir la cultura.

Nosotros estamos en América, en una América que ha tomado ya resueltamente el rumbo de las democracias con libertades públicas y justicia social. Nuestro pueblo, nuestro país, nuestro gobierno, no pueden sustraerse a ese rumbo del destino americano; todo esfuerzo que se haga, voluntario o involuntario, para detener a la República Dominicana en la marcha hacia ese destino común de América, será un esfuerzo inútil, un esfuerzo que no producirá sino nueva vez sangre, exilio, torturas, prisiones, tumbas ignoradas, corazones de madres adoloridos, hijos huérfanos que no saben dónde están enterrados sus padres.

Yo pido al pueblo dominicano, a la juventud dominicana, a los hombres y a las mujeres maduros de este país, a los funcionarios públicos, a los que llevan uniformes y a los que no lo llevan, a todos, que pensemos en nuestro pueblo, un pueblo sufrido durante más de cuatrocientos años; un pueblo cuyo sufrimiento últimamente se exaltó a términos increíbles, inexpresables.

Pido a todos que meditemos un momento en que esta tierra es de los dominicanos, no de un grupo de dominicanos; que su riqueza es para los dominicanos, no para un grupo de dominicanos; que su destino es el de la libertad, no el de la esclavitud; que su función es unirse a América en un camino abierto y franco hacia el disfrute de todo lo que significa para los pueblos la libertad pública y la justicia social.

Yo pido por fin, por último, a mi pueblo y a los funcionarios gubernamentales y a los funcionarios militares de todas las categorías, que como consecuencia de esa meditación nos dispongamos todos a matar el miedo, que seamos nosotros mismos el San Jorge de ese dragón que nos está oprimiendo hace más de treinta años, que está destrozándonos hace más de treinta años; que nos ha convertido en la vergüenza y en la ignominia del Continente.

Durante mucho tiempo ser dominicano fuera de Santo Domingo era casi infamante, y nosotros teníamos que mantener en el exilio la frente alta cuando nos miraban despreciativamente o con la piedad con que se mira al que sufre sin haber cometido delito.

Dominicanos de todas las razas, de todas las clases sociales, de todas las categorías oficiales o no, hagamos un alto. Yo he venido aquí para pedirles esto y para servir en esto. Yo estoy dispuesto a hacer cuanto deba hacer, a arrodillarme ante quien deba arrodillarme, para que podamos sacar de mi humillación, si es necesaria, y de la disposición de ustedes, que es imprescindible, una fórmula de convivencia democrática.

Parodiando a Martí, a José Martí, padre de América y gloria de Cuba, quiero decir aquí que los dominicanos no podemos vivir como la hiena en la jaula, dándole vueltas al odio.

He dicho.

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. Palabras de Juan Bosch después de leer las obras completas de Eugenio María de Hostos

"Si mi vida llegara a ser tan importante que se justificara algún día escribir sobre ella, habría que empezar diciendo: nació en la Vega, República Dominicana, el 30 de junio de 1909, y volvió a nacer en San Juan de Puerto Rico a principios de 1938, cuando la lectura de los originales de Eugenio María de Hostos le permitió conocer qué fuerzas mueven, y cómo la mueven, el alma de un hombre consagrado al servicio de los demás".

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. Juan Bosch habla de su experiencia en una prisión en 1934

El Lic. Bernardo Vega me dice: "En los últimos días de diciembre de 1933 Juan Bosch fue apresado acusado de asuntos políticos. ¿Cuáles fueron las actividades políticas que provocaron ese encarcelamiento y cuánto tiempo estuvo preso?".

Y le respondo: Ninguna. En los meses de noviembre y diciembre de 1933 yo estaba en La Vega atendiendo a la publicación de mi primer libro, uno de cuentos titulado Camino Real; a fines de noviembre vine a la capital al cumpleaños de mi novia, Isabel García Aguiar, y fui a hacerme recortar el pelo en una barbería que estaba en lo que hoy es la avenida Duarte y allí estuve hablando con un vecino de esa barbería apellidado Medrano quien me presentó a un joven llamado Paquito Olivieri.

Estando en la casa de mi novia, en la calle 16 de agosto, al comenzar la segunda cuadra, partiendo del parque Independencia hacia San Carlos, se oyó un estampido como de cañonazo y dos o tres días después un hermano de Isabel me dijo que ese estruendo había sido producido por una bomba que lanzaron al cementerio de la Capital, que estaba en la avenida Independencia a pocos metros del parque de ese nombre.

Volví a la Capital el 31 de diciembre con una parte de los ejemplares de Camino Real y el día 3 de enero se presentó en la casa de mis padres, donde yo vivía (calle Villa Esmeralda, hoy Dr. Faura, No. 5) un oficial del Ejército conocido con el apodo de Chino y el apellido Gutiérrez, quien me pidió que lo siguiera y me llevó a la Fortaleza Ozama, de donde me sacaron diez, tal vez doce días después, y me condujeron al Juzgado de Instrucción que estaba en la calle de Las Damas esquina a la calle Mercedes.

Allí fui interrogado por el juez Miguel Ángel González y devuelto a la Fortaleza Ozama, donde al cabo de varias semanas de estar con 6 ó 7 presos comunes me rebelé y reclamé a gritos que se me pusiera en libertad porque yo no había cometido ningún delito. De paso debo decir que en esa celda estuvo preso conmigo el músico y escritor seibano Julio Gautreaux, que le puso música a la letra de La Gaviota, unos versitos que yo había compuesto allí mismo dedicados, aunque no la mencionaba por su nombre, a mi novia Isabel, que después sería mi esposa y la madre de mis hijos León, el pintor, y Carolina.

Lo que califico de rebelión ocurrió en los momentos en que se llevaba a cabo en el patio de la cárcel una revista de presos, y al parecer eso disgustó a las autoridades militares, las cuales me castigaron con el traslado a una celda de la Torre del Homenaje desde la cual veía sólo el río Ozama. La celda se abría por fuera y sólo para llevarme dos comidas al día. Allí no había cama ni mesa ni lavamanos ni sábana ni almohada. Junto con la comida me llevaban un jarrito de agua y me las arreglé para lavarme la cara y las manos con la mitad de un jarrito, y como me llevaban dos jarritos al día, lo que bebía diariamente era jarrito y medio cada día.

Al cabo de dos semanas fui sacado de esa celda y llevado al presidio de Nigua, donde padecí un ataque palúdico que hubiera podido costarme la vida y sin embargo dio origen a mi libertad, porque al enterarse de mi situación César Herrera consiguió del general José Pimentel que se le diera al general José García la noticia de mi enfermedad con el argumento de que era una persona conocida como escritor en el país y en el extranjero y mi muerte en presidio iba a perjudicar al gobierno. Unos días después el jefe militar del penal, un oficial de apodo Liquito y apellido de León, que trataba a los presos con muy buenos modos, se presentó en la celda donde yo me hallaba en cama acompañando a un médico militar, el Dr. Quiñónez; éste me hizo un examen y al día siguiente fui trasladado a la Fortaleza y llevado a una celda en la Torre del Homenaje de donde salí una semana después para ser conducido a la oficina de don Teodulo Pina Chevalier, quien me comunicó que se había cursado la orden de libertad a favor mío y que por tanto podía ir a mi casa. En la oficina de Pina Chevalier estaba mi madre, a quien él le había pedido que fuera a verlo, y de allí salí yo con ella hacia la casa de mis padres.

De ese final se deduce que la acusación que se me había hecho, la de pertenecer a un grupo de terroristas que habían colocado una bomba en el cementerio de la avenida Independencia, no pudo ser comprobada, y no pudo ser comprobada porque de haberlo sido otra habría sido mi suerte. Lo que sin duda sucedió fue que un agente secreto de la dictadura de Trujillo me acusó de ser miembro del grupo que puso la bomba en el mencionado cementerio.

Debido a que meses después supe que Medrano y Olivieri fueron detenidos e interrogados, sospeché que el autor de la denuncia en perjuicio mío fue el barbero que me recortó el pelo a fines de noviembre de 1933, pero debo aclarar que no fui confrontado o careado ni con Medrano ni con Olivieri ni fui interrogado por autoridades militares o policiales ni en ningún momento se me amenazó de palabra o se me maltrató de hecho, lo que indica que se me hizo preso porque alguien me acusó de haber puesto o de haber participado en la colocación de la bomba que estalló en el cementerio de la Capital pero no se presentaron pruebas de esa acusación. En suma, que estuve preso porque se tenían sospechas de mí, y esas sospechas sólo podían justificarse si alguien me presentó ante las autoridades como autor de la explosión de la susodicha bomba.

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. Pedro Mir, el poeta social esperado/Juan Bosch

Al enviarnos para su publicación estos hermosos versos, Juan Bosch nos dice del poeta: "Aquí está Pedro Mir. Empieza ahora, y ya se nota la métrica honda y atormentada en su verso. A mí, con toda sinceridad, me ha sorprendido. He pensado: ¿Será este muchacho el esperado poeta social dominicano?".

De la página literaria del Listín Diario, en ocasión de publicar los primeros poemas de Mir, el 19 de diciembre de 1937.

Si la vida de un poeta se inicia en realidad, no cuando nace sino cuando se publican por primera vez algunos de sus versos, la de Pedro Mir comienza al terminar el año 1937; para ser más precisos, el 19 de diciembre de ese año, día en que en la página literaria del Listín Diario aparecieron tres poemas titulados A la carta que no ha de venir, Catorce versos y Abulia.

En ese momento Pedro Mir se encaminaba hacia sus veinticinco años, pues había nacido el 3 de junio de 1913 en San Pedro de Macorís, que era el punto de la República Dominicana en que podían apreciarse a simple vista manifestaciones de desarrollo capitalista en su etapa industrial porque la ciudad estaba rodeada de ingenios de azúcar que habían empezado a instalarse allí desde 1879, año en que empezó a moler el Angelina, que fundó Juan Amechazurra, cubano de los que habían abandonado su tierra a causa de la guerra llamada de los Diez Años. Treinta y cuatro años después, al nacer Pedro Mir, su padre, el cubano Pedro Mir, trabajaba en uno de los ingenios que circundaban la ciudad petromacorisana, y es en la presencia de esos ingenios azucareros que poblaban con sus chimeneas humeantes y sus campos de caña sus años infantiles donde hay que buscar las raíces de la poesía social del autor de Hay un país en el mundo.

Los ingenios no eran nada más chimeneas coronadas de humo y campos de caña por cuyos caminos rodaban con dolorosa lentitud las carretas cargadas de la dulce gramínea. Por sí solos, esos caminos tenían que impresionar a un niño que había traído al mundo ojos para ver y oídos para oír el dolor desde muy temprano; el dolor de los boyeros harapientos que acompañaban a las carretas y se movían al compás de ellas amasando el barro de los caminos con los pies descalzos, y el dolor de los bueyes que mugían de manera desesperada cuando los boyeros les clavaban las puntas de hierro de las largas garrochas, instrumentos de tortura a los cuales Pedro Mir aludirá en el primero de los tres poemas publicados en el Listín Diario.

En ese poema Mir identifica al país con el guarapo de la caña, ese jugo que sube por el tallo de la noble gramínea, e identifica a la caña, el fruto de la cual será el azúcar, con el sufrimiento de los que trabajan en producirla, sean hombres, sean bueyes; y lo hace desde el primer verso, en el que pide:

Tráeme el sabor ardiente de la tierra
que se viene en guarapo.
¡Sangre de espalda en tormento!...
...Tráeme el trajín de la zafra...
...Tráeme el rumor del molino...
El molino es el conjunto de grandes cilindros dentados de acero que se mueven encajados unos en otros en direcciones opuestas y muelen con el peso de sus masas la caña que va llegando al ingenio; y el ingenio, máquina de varios departamentos o secciones, lleva en los primeros versos del Pedro Mir, y sobre todo en ése de que estamos hablando, el vetusto nombre de trapiche.

El tema del sufrimiento del trabajador azucarero y con él el de los bueyes que cargaban sobre sus patas, al cabo de cada zafra, miles y miles de toneladas de caña, aparece en ese primer poema de Pedro Mir dicho de esta manera:
...la loma baja un triunfo de esmeraldas,
un triunfo de sudores,
un triunfo de trabajo...
...la baba fecundante de la yunta
urgida de garrochas
torturada de sangre.
¡Hay que llegar al trapiche
antes que el sol levante!
Me detengo en ese primer poema de Mir porque quiero que el lector se haga consciente de que la preocupación social del poeta no es una máscara con la cual sale por esos mundos a estrenar una moda. Es auténtica y la lleva en la entraña como lleva el animal su sangre, ese líquido de cuya existencia depende la vida; es tan auténtica que la extiende del hombre -el que trabaja, no cualquier hombre- al buey, el que atado a un compañero forma la yunta, ésa que fecunda la tierra con su baba, palabra que en el poema de Pedro Mir adquiere una dignidad insospechada, absolutamente nueva.

Cuando doce años después Pedro Mir escribe Hay un país en el mundo, retornará a su punto de partida y en la primera estrofa dirá que ese país al que alude en el título, el suyo, el territorio donde «¡Hay que llegar al trapiche antes que el sol levante!», está «Colocado en un inverosímil archipiélago de azúcar y de alcohol». El ingenio azucarero de sus años infantiles está ahí, en esa azúcar y ese alcohol, y con el ingenio está la explotación de los que siembran y cortan y acarrean la caña y convierten su jugo en azúcar, pero está también la explotación de ese país suyo en el que habita un pueblo «Sencillamente triste y oprimido».

Pero el lector debe tener presente que entre A la carta que no ha de venir, el primero de los poemas de Pedro Mir, y Hay un país en el mundo, que escribirá en Cuba en los primeros meses de 1949, hay expresiones de poesía social que no tienen relación con los ingenios de azúcar y sus trabajadores, y escribir versos que llevaran en su música mensajes sociales no era tarea fácil en la República Dominicana de Trujillo, sobre todo cuando esos mensajes sociales se confundían con los de carácter político, aunque éstos fueran encubiertos, según se advierte en Poema del llanto trigueño, entre cuyos versos estallan exclamaciones como ésta: «...¡y dondequiera, ordeñada como una vaca mi tierra!». El ordeñador era Trujillo, que además de jefe militar y jefe político del país, había usado esa doble jefatura para convertirse también en su jefe económico, en monopolizador de todo lo que podía producir riqueza.

Pedro Mir consiguió salir de la República Dominicana a mediados de 1947, casi diez años después de haberse publicado por vez primera versos suyos. Iba a Cuba, donde al llegar encontró que los exiliados dominicanos de la región del Caribe y de Estados Unidos estaban reuniéndose en Cayo Confites, un islote situado sobre la costa norte de esa isla, para organizarse en una fuerza de combate destinada a hacerle la guerra a Trujillo, y el poeta fue a dar a Cayo Confites. Los expedicionarios de Cayo Confites fueron apresados en el Canal de los Vientos por la marina cubana; los que habían llegado a Cuba desde Puerto Rico, Venezuela, Nueva York, retornaron a sus lugares de origen, pero el poeta Pedro Mir no podía volver a la República Dominicana a menos que quisiera consumir el resto de su vida en una cárcel, y pasó a figurar en la lista de los exiliados dominicanos que vivían en Cuba.

Para un poeta que llevaba en el alma una carga emocional que brotaba de la situación de su pueblo, de la explotación de los trabajadores y de la tierra que fecundaban con su esfuerzo, el exilio iba a tener un poder transformador parecido al que tienen los toneles en que se añejan los vinos; lo tendría por dos motivos: porque en aquél en quien se reflejan los dolores colectivos, esos dolores se concentran y se subliman con distancia y el tiempo; y si quien los padece es un poeta de ellos se alimenta la mejor poesía, sobre todo si el nuevo medio en que se ha situado el poeta es como era Cuba, al mediar el siglo en comparación con República Dominicana. El desarrollo cubano superaba en todos lo órdenes el de nuestro país, y el lector debe tener presente que en 1949 no había en Cuba nadie que pensara siquiera en la posibilidad de que Fulgencio Batista volviera al poder, y mucho menos mediante un golpe de Estado; y fue al comenzar el año 1949 cuando Pedro Mir escribió Hay un país en el mundo, sobre el cual el poeta y crítico Ángel Augier, de calidad y seriedad respetables en ambos oficios, escribiría en los primeros días de junio de ese año un artículo cuyo título, a la vez que era una paráfrasis del que llevaba el poema, daba una definición de la categoría que con él alcanzaba Pedro Mir. Este título era Un nuevo poeta en el mundo.

Hay un país en el mundo se publicó en La Habana (el colofón dice que terminó de imprimirse el 5 de mayo de 1949), y fue la primera publicación individualizada de un poema de Pedro Mir. En el poema aparece de nuevo el ingenio como sustanciación -porque no podría decirse personificación- de los peores males nacionales... En su antología de poetas dominicanos publicada en Madrid en 1953 y reeditada en Santo Domingo en 1982, Antonio Fernández Spencer refiere que «En una conversación que, de modo incidental, sostuvimos una vez, me confesaba Mir que si Rubén Darío estuviese vivo, y su poesía vigente, él se dedicaría a hacer poemas a la manera del autor de Era un aire suave».

¿Qué aspecto de la poesía de Darío le llamaba la atención a Pedro Mir?

Cuando le hice esa pregunta el autor de Hay un país en el mundo dijo que la cadencia rítmica del gran poeta nicaragüense, y agregó: «No olvides que yo era músico».

Y he aquí que las palabras usadas no sólo por lo que significan sino al mismo tiempo por la manera como suenan y la atmósfera que crean cuando se conjugan su valor objetivo, que es el sonido, y su valor subjetivo, que es su significación, juegan un papel singular en Hay un país en el mundo y en todo lo que después del ese poema va a escribir Pedro Mir.

Me adelanto a decir que no debe confundirse ese uso de las palabras que hace Pedro Mir con lo que Alfonso Reyes llamó jitanjáforas, dato que debo a la gentileza del profesor Abelardo Vicioso. Jitanjáfora, explicó el profesor Vicioso, quiere decir palabras sin sentido que se combinan con agradable sonoridad, tal como las combinaba Zacarías Espinal, de quien recuerdo un verso, uno solo; aquel de «hierosimilitanan su heráldica poyura».

El uso de los valores musicales de las palabras que son al mismo tiempo valores conceptuales, pero este último de manera independiente dentro del curso de la oración poética, es característico de la poesía miriana al partir de su poema Hay un país en el mundo, incluido éste, pero al mismo tiempo es una superación del uso de la musicalidad propia de la poesía que hallamos en los versos de Rubén Darío. Pedro Mir escribe versos que si se aíslan de su contexto parecen violaciones de las reglas gramaticales, y sin embargo esos dichos que por si solos no tienen sentido, esas violaciones de las reglas aportan a su poesía una cualidad reiterativa tan convincente que el lector no se da cuenta ni de su carencia de sentido lógico ni de su violación de las reglas que debe seguir una oración. He aquí una prueba extraída de Hay un país en el mundo.
Plumón de nido nivel de luna
salud del oro guitarra abierta
final de viaje donde una isla
los campesinos no tienen tierra.
Decid al viento los apellidos
de los ladrones y las cavernas
y abrid los ojos donde un desastre
los campesinos no tienen tierra.
Hay un país en el mundo es un poema singular en la historia de la poesía dominicana porque es una pieza clave en el proceso creador que va dándose en su autor debido a que en ese poema cristalizan los jugos ocultos que estaban en forma larvada en sus facultades poéticas; cristalizan y brotan con tal naturalidad que quien no haya estudiado de manera acuciosa la obra anterior a Hay un país en el mundo no puede relacionar con ella ese poema clave; en cambio, el que haya leído Hay un país en el mundo y lea los poemas que le han seguido puede advertir con relativa claridad la forma en que va avanzando en desarrollo la capacidad del poeta para usar las palabras por sus valores musicales y al mismo tiempo por sus valores conceptuales, conjugando los dos de manera tan cabal para crear un clima poético que hace de esa manera de poetizar una característica, definitoria de su obra.

Después de Hay un país en el mundo, quizá al año o al año y medio, viviendo todavía en La Habana, Pedro Mir escribe Contracanto a Walt Whitman, que se editaría en 1952 en Guatemala, a donde fue el poeta a vivir. Ese Contracanto está entre las mayores piezas poéticas que se han escrito en la lengua española. Supera la Oda a Roosevelt de Darío como supera el Amazonas a los grandes ríos, y todo lo que seguirá al Contracanto será de calidad extraordinaria porque las facultades poéticas de Pedro Mir pasaron a señorear la lengua a partir de Hay un país en el mundo, como si dijéramos, a partir del momento en que adquirieron la suma de la libertad que le proporcionó al poeta su exilio.

La obra de Pedro Mir ha sido corta en términos de cantidad y extraordinaria en términos de calidad. Esa calidad debió llevar sus versos a otras lenguas, pero sólo ha sido traducido, y nada más al inglés, el Contracanto a Walt Whitman. De haber sido leído en Suecia, Pedro Mir sería Premio Nobel. Si no lo es, no se debe a que su poesía no tenga la calidad necesaria para igualar a la de Neruda; se debe a su condición de dominicano. Neruda tenía la dimensión de Chile y Chile tenía tanto peso en el mundo de la poesía que Gabriela Mistral, chilena y poeta como Neruda, recibió el Nobel antes que Neruda.

A Neruda está dedicado el último de los poemas de Pedro Mir. Fue escrito a finales de 1975. Su autor lo tituló El huracán Neruda, y es un huracán de poesía; un huracán que saca de raíz el corazón de quien lo lea. Si Neruda pudiera volver a la vida, sólo durante el tiempo indispensable para leer ese poema, reconocería en Pedro Mir lo que es: uno de los más altos poetas de la lengua española; y lo juzgaría por la calidad de su poesía, no por la cantidad de poemas que haya escrito.

Juan Bosch
Santo Domingo, 31 de agosto, 1983.

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. "Qué es un hecho histórico"/por Juan Bosch
Tomado de Política: teoría y acción, Año 11, No. 129, dic., 1980.

Francis Fukuyama, hijo de japoneses pero nacido en Estados Unidos, escribió hace poco tiempo un artículo que tituló El final de la historia con el cual promovió respuestas generalmente condenatorias de la tesis que exponía bajo ese título porque a juicio de los autores de esas respuestas la historia no tiene ni tendrá fin debido a que el nombre de historia se les da a los relatos de los acontecimientos que son o fueron importantes, aun de aquellos en cuyos orígenes o desarrollo no hayan tenido que ver los seres humanos pero han causado mortandades y destrucciones importantes. Por ejemplo, para los dominicanos el terremoto que destruyó La Vega hace cuatro siglos fue un hecho histórico y debido a que lo fue figura en la historia de nuestro país, pero también lo fue, y sigue siéndolo, la muerte de Ulises Heureaux, acontecimiento en el que la víctima fue sólo una persona, y por cierto una persona que no murió en una batalla ni fue victimado por un grupo de enemigos suyos sino por un hombre, uno nada más, cuyo nombre nadie conocía fuera de Moca, la ciudad donde le tocó a Heureaux morir.

El artículo de Francis Fukuyama no tuvo una acogida buena; de los que lo comentaron, la mayoría opinó que El final de la historia estaba mal concebido y, desde luego, mal titulado, porque mientras haya acontecimientos que tengan importancia para los pobladores de la Tierra habrá hombres y mujeres que los relatarán, y la historia es el relato de un hecho, o de cien hechos, capaces de llamar la atención de los seres humanos, sean éstos muchos, pocos o uno solo. Para esas personas, la historia tendrá fin cuando no aparezca en todo el mundo un ser humano capaz de escribir o contar de palabra los pormenores de un suceso, grande, mediano o minúsculo, que llamara la atención de otra gente.

Los hechos históricos son de índole y categoría muy variados porque perduran en el conocimiento de los hombres sin tomar en cuenta si se trata de actividades positivas o negativas, morales o inmorales. Podemos comparar el caso de la muerte de Ulises Heureaux, conocido sólo de los dominicanos, con el asesinato de Julio César, que no fue un hecho moral ni produjo beneficios para Roma o para lo romanos, y ni siquiera para el autor de esa muerte; sin embargo fue un hecho histórico de categoría mundial porque ha perdurado en el conocimiento de millones y millones de seres humanos a través de varios siglos. Lo mismo puede decirse de los hechos en que participaron en papeles de protagonistas personajes como Jesús, Lutero, Mahoma, Juana de Arco, Napoleón, Bolívar, Washington; acontecimientos como el descubrimiento de América, las revoluciones norteamericana, francesa, rusa; la Primera y la Segunda Guerras Mundiales.

Hay hechos históricos que no tienen la menor relación con sucesos políticos como fueron los que encabezaron Napoleón Bonaparte, Alejandro Magno o Abraham Lincoln. Esos hechos son los descubrimientos científicos como los de Galileo y Newton, o para referirme a casos más cercanos, como los de Pasteur y Fleming, cuyas aportaciones a la Medicina han resultado en la salvación de la vida de millones de seres humanos. Pero también han sido hechos históricos las creaciones de tipo cultural, tanto las literarias como El ingenioso hidalgo Don Quijote de la Mancha o Cien años de soledad o de esculturas como la Venus de Milo, y de música como el Requiem de Mozart.

Los hechos o acontecimientos históricos se diferencian de los corrientes o usuales en su perdurabilidad, palabra que significa larga duración, y en su caso, perduran durante siglos y siglos en la memoria de la humanidad o de un pueblo, o dicho de otra manera, los hechos históricos son aquellos que no se pierden en el olvido de las generaciones que han heredado su conocimiento.

Hay casos en que no se sabe quiénes hicieron tal obra, y se trata de obras que fueron ejecutadas en tiempos tan lejanos como el que corresponde a la prehistoria, es decir, a los tiempos en que no podía haber historia porque no se conocía la manera de transmitir a generaciones humanas futuras la descripción de los hechos que iban sucediendo. Por esa razón se llama prehistoria a la suma de los acontecimientos que sucedieron en el mundo antes de que los seres humanos pudieran elaborar documentos históricos, esto es, documentos en los que se describieron acontecimientos importantes que habían sido escritos por personas que participaron en ellos o que los conocieron en todos sus aspectos.

Tomando en cuenta que los primeros homínidos o grupos ancestrales de la familia biológica del hombre actual datan de una época cuya edad se remonta a los cuatro o cinco millones de años, podemos afirmar que la prehistoria duró varios millones de años. Según las autoridades de la materia el paleolítico fue la primera época, no de la historia sino de la prehistoria, y duró por lo menos un millón de años, y al paleolítico le siguió el mesolítico (que va de los 12 mil a los 10 mil años antes de Cristo). Del paleolítico se dice que lo más lejos que llegó el hombre en esa etapa de la prehistoria fue a dominar el simple tallado de la piedra, como lo hacían los indios arcaicos (pretaínos) de nuestra isla que percutiendo y presionando piedras unas contra otras construían rústicos instrumentos que utilizaban para variados fines.

Si es cierto que los indígenas del paleolítico de Quisqueya (3 mil a 4 mil años antes de Cristo) estaban tan atrasados, en lo que hoy es la provincia española de Santander se desarrolló desde mucho tiempo atrás la cultura magdaleniense (35 mil a 20 mil años antes de nuestra era), que dejó en las paredes de piedra de las cuevas de Altamira nada menos que 150 pinturas de animales, algunas de hasta 162 metros cuadrados, todas hechas con colores rojo, negro y violeta, y necesariamente, los que hicieron esas pinturas tuvieron que crear el material pictórico y algo parecido a las brochas que se usan en la actividad de pintar, y además debieron hacer algo parecido a escaleras o tuvieron que picar las paredes de las cuevas para subir hasta los sitios donde harían las pinturas.

A pesar de lo que acaba de leer el lector, las pinturas rupestres de las cuevas de Altamira ni ninguna hecha en su época es o ha sido hecho histórico. Para que alcance la categoría de histórico un hecho o acontecimiento tiene que ser conocido universal o nacionalmente, lo cual no significa que debe ser aprobado en todo el mundo, en una gran parte del mundo o en el país donde se produjo. Los hechos que produjo Napoleón Bonaparte fueron aprobados por sus partidarios y rechazados por sus adversarios y enemigos, pero el conjunto de esos hechos fueron históricos y siguen siéndolo, porque jugaron un papel de suma importancia en la historia de Francia y en la de muchos otros países.

Ahora bien, el personaje que ejecuta hechos históricos se convierte en una figura histórica. Ese es el caso de Juan Pablo Duarte, que no participó en ninguna de las batallas que se llevaron a cabo para fundar el Estado que él bautizó de antemano con el nombre de República Dominicana, y sin embargo otros que dedicaron la mayor parte de su vida a hacer la guerra, como sucedió en los casos de Demetrio Rodríguez y Desiderio Arias, para mencionar sólo dos, no llegaron a ser personajes históricos a pesar de que algunos de ellos fueron agasajados con música y letra de merengues.

En cuanto a Francis Fukuyama y su artículo El final de la historia no creo que sea necesario refutar lo que dijo. El hombre tiene memoria y sin ella la vida humana sería muy diferente de lo que es. Para el conjunto llamado humanidad su memoria es la historia, y la necesita a tal extremo que la inventa en el género literario llamado novela, y Francis Fukuyama no es historiador pero tampoco es novelista.

Santo Domingo, D. N. 5 de septiembre de 1990.
Fuente: Juan Bosch/historiadominicana.blogspot.com/

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. Orígenes materiales de la organización de La Trinitaria/por Juan Bosch
Tomado de http://pld.org.do/portal/blog/origenes-materiales-de-la-organizacion-de-la-trinitaria/

Para algunos duartistas la República Dominicana surgió de la cabeza de Juan Pablo Duarte tal como Atenas, la diosa griega de la sabiduría, surgió de la cabeza de Júpiter; pero los que creemos que los hechos históricos no son productos de las ideas de ciertos hombres sino que las ideas de los hombres son productos de acontecimientos que afectan a las sociedades —y creemos además que esos acontecimientos pasan por etapas de formación y desarrollo— pensamos que el nacimiento de la República Dominicana, fechado el 27 de febrero de 1844, estuvo precedido, como la planta lo es de una semilla, por la formación de la asociación secreta y celular llamada La Trinitaria, y afirmamos que la creación de La Trinitaria fue provocada por hechos de carácter material que tuvieron efectos profundos en la manera de pensar y por tanto de actuar de los hombres y las mujeres que poblaban la parte de la isla de Santo Domingo en que se hablaba en español.

Desde el punto de vista de su ciudadanía, la población de la parte Este de la isla era tan haitiana como la de la parte Oeste, pero desde el punto de vista cultural y político ella misma, o una parte importante de ella, se consideraba diferente de la haitiana, y en consecuencia se sentía sometida por la fuerza al poder de Haití, que para la fecha de la fundación de La Trinitaria tenia dieciséis años y medio gobernándola. De no haber sido así esa población no habría apoyado en los campos de batalla a los que encabezaron la lucha para independizar de Haití la antigua parte española de la isla; y su apoyo fue tan enérgico y tan masivo que a pesar de que el poder militar haitiano era muy superior al que podían oponerle los dominicanos —y Haití lo uso a fondo para imponer de nuevo su dominio sobre la población del Este— no pudo someter a sus antiguos súbditos.

La independencia de la que iba a llamarse República Dominicana fue un hecho político y si pretendemos identificar la base material de ese hecho político debemos orientar la búsqueda hacia un acontecimiento económico.

¿Cuál o cuáles hechos económicos, o que podían tener consecuencias económicas, afectaron al país que se llamaba Haití —que era entonces toda la isla de Santo Domingo— de tal manera que provocó el deseo de los habitantes de la parte Este de no seguir siendo gobernados por haitianos, y más concretamente por Jean Pierre Boyer y los hombres que formaban su equipo de gobierno?

Fueron varios, unos de origen natural, y por tanto internos; otros de origen financiero ocurridos en Estados Unidos y Europa con efectos sobre el comercio de Haití, del cual era parte el comercio establecido en el territorio de lo que iba a ser la República Dominicana cuyos propietarios eran generalmente nacidos en el Este. Por ejemplo, el padre de Juan Pablo Duarte era un comerciante haitiano porque él era ciudadano de Haití, y Santo Domingo, donde estaba su negocio, era una ciudad haitiana.

La mayor parte de los datos sobre los hechos a que nos hemos referido figuran en "Etudes Sur L´Histoire D´Haiti", por B. Ardouin (Port—au –Prince, Haití, 1958) y se hallan en el "Tome Dixiéme, Chapitre VI", páginas 61 en adelante. Ardouin nos informa de una revuelta contra el gobierno de Boyer que se produjo a fines de 1836, pero no nos dice que la causó, si bien su sola existencia indica que para esa época ya había comenzado, por lo menos en una de las regiones de la parte Oeste del país, una crisis política que debía tener origen económico.

Al parecer la revuelta de 1836 quedo dominada rápidamente pero en enero del año siguiente —1837— comenzaría otra cuyo jefe acusaba a Boyer de haber vendido el país a los blancos franceses y además alegaba que las grandes fincas del Norte —suponemos que se trataba de las que habían sido donadas a sus favoritos por el rey Henri Christopher— habían sido divididas en parcelas tan pequeñas que sus dueños no podían sostenerse con lo que producían en ellas.

Ardouin nos informa también de que en el 1837, sin decirnos en que meses, se presentó una sequía que él califica de extraordinaria. Según Ardouin, a causa de tal sequía disminuyó “excesivamente” la cosecha de víveres que se cultivaban, así como la cantidad de café, que era el más importante de los productos de exportación debido a que en cuidarlo y recogerlo se empleaba más mano de obra que en los demás. Si la falta de víveres fue tan acentuada como lo da a entender Ardouin, debió causar mucho malestar en la población de la parte del Este porque la base de su comida eran precisamente los llamados víveres: la yuca, la batata, la yautía, el plátano, que acompañaban a la carne guisada que se obtenía de un ganado casi montaraz o cimarrón. El propio Ardouin nos da la clave para identificar el factor político desatado por esa sequía cuando después de llamarla larga y explicar que se extendía por “las diferentes partes del territorio de la República” decía que la “malevolencia” trataba de explotarla atribuyéndole un origen no natural.

A los efectos políticos de la sequía se unieron los que desató una crisis financiera calificada en los Estados Unidos, que parece haber sido el país donde se originó, como “la depresión de 1837”. Esa crisis se extendió a Europa y afectó a Francia, compradora del café haitiano, de manera que los dos países con los cuales negociaba principalmente Haití —y por tanto la parte Este de la isla— cayeron en un estado de marasmo económico que iba a reflejarse en todos los órdenes de la vida haitiana.

La crisis de 1837 tuvo efectos en Haití mediante una escasez de productos alimenticios norteamericanos y desde Francia a través de una baja de precios del café, que de 72 francos los 100 kilos descendió a 50 francos, pero además desde mayo de 1836 el café de la India había entrado a competir ventajosamente en Francia con el de Haití debido a que, con el propósito de favorecer a la marina mercante de su país, el gobierno de Francia había bajado el flete de los productos que compraba en Oriente y había subido el de los que compraba en Haití en tal forma que un saco de café haitiano tenía que pagar 33 francos más que uno de café producido en el país —lo que equivale a decir, y no nos cansamos de recordárselo al lector para que no lo olvide, el producido en toda la isla— dejaba menos beneficios que antes, lo que significaba menos salario para los que trabajaban en los cafetales o menos comida y otros servicios en los lugares donde los campesinos tenían que trabajar no a cambio de un salario sino por comida y tal vez por tela para hacerse un pantalón o una camisa, forma de pago a los trabajadores frecuente en países donde todavía el capitalismo no era el modo de producción dominante.

Para las masas campesinas —y en esos años los que vivían en los campos debían ser alrededor del 90 por ciento de los habitantes—, la sequía representaba un mal mayor que la crisis financiera, pero una vez volvieron las lluvias debieron sentir que sus vidas mejoraban; en cambio, los comerciantes de Puerto Principe, Cabo Haitiano, Santo Domingo y Puerto Plata debían hallarse disgustados con el gobierno, al que seguramente echaban la culpa de la crisis que los afectaba, y sin duda fueron ellos los que gestionaron que se derogara una ley de 1835 que ordenaba pagar los impuestos en monedas extranjeras.

El presidente Boyer se opuso a la derogación de esa ley y lo hizo con un mensaje fechado el 20 de julio de 1837: dos días después el Senado rechazaba la derogación y, para agravar los males del país, el 9 de agosto la isla fue azotada por un ciclón que debió ser muy destructor porque a raíz de su paso Boyer ordeno que se hicieran grandes siembras de víveres en todo el país.

Ahí tienen los lectores expuestas en forma sintética las condiciones materiales que explican la decisión de organizar en la parte española de la isla un movimiento de independencia que comenzaría a materializarse el 16 de julio de 1938 con la fundación de La Trinitaria, cuyo creador fue Juan Pablo Duarte, el hijo mayor del comerciante Juan José Duarte Rodríguez.

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. De la Independencia Efímera a La Trinitaria/por Juan Bosch. (Política, teoría y acción, Año VI, N° 70, Santo Domingo, Órgano del Comité Central del PLD, enero de 1986)

El día primero de diciembre de 1821, el gobernador español de la provincia de Santo Domingo, don Pascual Real, “tan ingenuo como poco precavido”, como lo calificó Víctor Garrido sin tomar en cuenta que una persona ingenua es necesariamente poco precavida, “amaneció traicionado y preso, con la bandera colombiana ondeando en las astas públicas”, y en cambio, el Dr. José Núñez de Cáceres, que hasta ese momento había sido Auditor de Guerra de la provincia y juez del Juzgado de Letras (leyes) de la ciudad de Santo Domingo, amaneció convertido por decisión suya en presidente de lo que él llamó Estado Independiente de Haití Español, pero un Estado que tenía existencia nada más en los deseos del autotitulado presidente y en los de Manuel Carbajal, Juan Vicente Moscoso, Antonio Martínez Valdés, L. Juan Nepomuceno de Arredondo, Juan Ruiz, Vicente Mancebo y Manuel López Umeres, todos los cuales firmaron con Núñez de Cáceres el acta de la supuesta independencia nacional que se conocería en la Historia con el calificativo de efímera.

En la comunicación enviada al gobierno de España para notificarle que la provincia de Santo Domingo había dejado de ser territorio español se le pasaba una breve, pero sentida cuenta de la conducta que mantuvo la ex metrópoli con la que había sido la primera de sus posesiones en el Nuevo Mundo, y se le decía que los gobiernos españoles se acordaban de Santo Domingo “para despachar patentes de grados superiores a los europeos [españoles de España, no del país, nota de JB], conferirles los primeros puestos militares, destinar a esta plaza militares ociosos sin cuerpos ni compañías [o sea, sin tropas, nota de JB] organizar los dispendiosos ramos de artillería e ingenieros, recargar sueldos sobre las exhaustas rentas de esta Provincia, para estas y otras medidas que de día en día llevan rápidamente a su exterminio... doce largos años no han sido bastantes para enviar los auxilios militares que se han pedido con tanta urgencia y de que hay tan absoluta falta de menos para recompensar los sacrificios de los valientes y liberales que derramaron su sangre y dieron sus bienes para rescatar el suelo patrio de la dominación francesa…”.

A lo que se alude en el párrafo copiado es al abandono en que España mantuvo a la provincia de Santo Domingo en los doce años transcurridos desde que se llevó a cabo el movimiento conocido con la denominación de la Reconquista, que había culminado en la batalla de Palo Hincado y la toma de la capital del país tras la rendición de las armas francesas —episodio ocurrido doce años antes, en el 1809—, y de paso se aludía también al hecho de que los situados o envíos de dinero que debían llegar anualmente desde México y Caracas dejaron de hacerse hacía once años. Ante esa situación la Diputación Provincial se había dirigido al rey de España para decirle, en comunicación fechada el 16 de enero de 1821, que desde “once años ha... permanecen en el mismo estado de espera”, “desnudos, hambrientos y perdidos todos sus bienes”, los que llevaron a cabo la guerra de la Reconquista, “sin que en este tiempo de espera haya[n] visto otra cosa que desembarcar empleados [que llegaban de España] y conferir puestos [públicos] a personas que si han contribuido en otra parte [de los territorios españoles de América] con sus servicios no son de absoluta necesidad en el estado de penuria en que se encuentra toda la isla”. [Debo advertir que la expresión “toda la isla” era incorrecta puesto que una parte de ella estaba ocupada por la República de Haití, que a esa fecha tenía dieciocho años de establecida; y aclaro que las expresiones puestas entre corchetes son mías. Nota de JB].

Levantamientos y Juntas

Las causas materiales del movimiento político llamado por nuestros historiadores la Independencia Efímera están dichas en los párrafos de la comunicación de la Diputación Provincial enviada al rey de España copiados arriba y en la parte de la que se le envió al gobierno español para notificarle que la provincia de Santo Domingo había dejado de ser territorio de nuestra antigua metrópoli. Esas causas se resumen en pocas palabras: el país que veinte y tres años después pasaría a llamarse República Dominicana se hallaba en un estado de miseria tan agudo que la padecían todas las capas sociales, y la miseria llevó a mucha gente del pueblo a comparar lo que sucedía en Santo Domingo con lo que sucedía en Haití, donde la actividad económica se reflejaba en hechos como el que describe en su (obra, nh) Estudios de la Historia de Haití B. Ardouin (París, 1860, tomo 9) cuando refiere (p.22) que el 13 de mayo de 1821 —seis meses y medio antes de la declaración de la Independencia Efímera— los comerciantes haitianos de Puerto Príncipe organizaron un círculo de comercio o sociedad por acciones, y que el día 24, siguiendo ese ejemplo, los de la región del norte instalaron una cámara comercial en Cabo Haitiano.

No se sabe cómo llegaban a Santo Domingo las noticias de las bienandanzas económicas de Haití, pero no hay duda de que llegaban porque de no ser así no se explicarían los levantamientos de militares dominicanos que se declaraban partidarios de la unión con Haití, como el de Andrés Almarante, comandante de Dajabón; el de Diego Polanco, comandante de Monte Cristi, que le escribió al jefe militar de Cabo Haitiano diciéndole que “el pueblo de San Fernando de Monte Cristi ha juzgado oportuno enarbolar la bandera haitiana y lo hemos consentido”, hecho que se anticipó en quince días a la acción de Núñez de Cáceres y sus compañeros, y sin duda también se anticipó el levantamiento de Dajabón, que fue anterior al de Monte Cristi, pero no quedó constancia de cuándo ocurrió. Lo que se sabe, porque lo dice Ardouin, es que una comunicación enviada a Boyer por Almarante estaba fechada el 15 de noviembre, es decir, el mismo día que la del comandante Diego Polanco.

La noticia de lo que había sucedido en Santo Domingo el 1º de diciembre llegó a Puerto Plata en menos de dos semanas porque allí se formó una junta que puso en las astas la bandera haitiana y el 13 de diciembre solicitó el respaldo del general Antonio López Villanueva, comandante de la fortaleza de aquella ciudad, en su repudio de lo que habían hecho Núñez de Cáceres y los que firmaron con él su declaración de independencia.

En Santiago se formó otra junta, a la que se refiere Ardouin llamándola “provisional”. Esa junta envió a Haití tres delegados —Juan Núñez Blanco, José María Salcedo y Fernando Morel de Santa Cruz, que debía ser familiar muy cercano del que fuera importante personaje de la Iglesia Católica de Cuba—, y entre los asuntos que debían tratar con el presidente Boyer uno era “que la Constitución de la República de Haití nos gobierne en lo adelante”, y otro, que “la deseamos con la libertad de los esclavos”, tema que no figura en el acta de la independencia levantada por Núñez de Cáceres y sus compañeros.

De la Independencia Efímera a La Trinitaria

El Consejo Municipal de Puerto Plata le envió a Boyer otra comunicación llevada por José María Roxas y Francisco By y firmada por Joaquín Bidos, Luis Rodríguez Plantes y Francisco Antonio del Campo, y en ella le pedían “en nombre de esta pacífica jurisdicción todo lo que pueda convenir al bienestar de sus habitantes, a su seguridad personal y a la conservación de sus propiedades”; por su parte, el general López Villanueva respondió a la junta puertoplateña diciéndole que había dado orden de que “se enarbolara la bandera haitiana” y llamaba a Boyer “un hombre por excelencia filántropo”.

El movimiento que pedía la unión de dominicanos y haitianos bajo el gobierno de Boyer se extendía como fuego en un pinar; en él pasó a participar La Vega, cuyo comandante militar, Juan Ramón, le escribió a Boyer diciéndole que esa ciudad “vecina de Santiago ha imitado su ejemplo y enarbolado, con toda la solemnidad consiguiente, la bandera de su respetable gobierno de usted”, y el 14 de enero hacían lo mismo grupos de Cotuí y San Francisco de Macorís, de San Juan de la Maguana, de Neiba, de Azua, entre cuyos firmantes aparecía nada menos que Pablo Báez, alcalde (síndico) que era de la vieja ciudad y padre de Buenaventura. Hasta Samaná llegó la ola de las adhesiones y peticiones, todas redactadas en forma tan parecida que dejan la impresión de que eran escritas siguiendo un modelo enviado desde Haití.

Ardouin fue un historiador que puede figurar entre los más esmerados y laboriosos de América, pero era un idealista que achacaba los hechos históricos a pasiones o deseos de los personajes que encabezaban esos hechos. El capítulo III del tomo 9 de su libro está dedicado a relatar el movimiento que los dominicanos hemos bautizado con el nombre de Independencia Efímera pero escrito desde el punto de vista haitiano, y desde ese ángulo Ardouin no podía explicarse las causas materiales de ese episodio de la historia dominicana que fue al mismo tiempo un episodio de la de Haití porque le abrió las puertas a la incorporación de la antigua provincia española al Estado haitiano, y visto con la perspectiva que proporciona al estudio de la historia, ese episodio condujo, veintidós años más tarde, a la creación de la República Dominicana, o dicho de otro modo, condujo, dieciséis años después, a la fundación de La Trinitaria.

Para Ardouin, la Independencia Efímera tuvo su origen en resentimientos de José Núñez de Cáceres contra el gobierno español porque no se le concedió la petición, que hizo repetidas veces, del cargo de oidor de la Audiencia de Quito, capital de Ecuador, explicación que muchos años después iba a mantener Américo Lugo. Pero lo que dicen las contadas descripciones de la situación de miseria en que vivían los dominicanos de esos años es otra cosa; dicen que Núñez de Cáceres actuó como lo hicieron los comandantes de armas de Dajabón, de Monte Cristi, de Santiago, de Cotuí, de La Vega, de Neiba, de Samaná, sólo que en forma diferente porque la posición que él desempeñaba en el tren de la burocracia española lo colocó en una altura a la que no llegaban esos comandantes.

El 9 de febrero de 1822, esto es, dos meses y nueve días después de haber sido declarada la Independencia Efímera, hacía su entrada en la capital de la porción oriental de la isla Jean Pierre Boyer. La Independencia Efímera había sido efímera pero no llegó a ser independencia, y el hombre que encabezó ese episodio no llegó a ser libertador porque no tenía las condiciones para serlo ni el país podía dar de sí lo necesario para que de su seno saliera uno que lo fuera. Pero como la historia es un proceso que no se detiene, del fracaso de la Independencia Efímera saldrían los acontecimientos que produjeron la necesidad de crear La Trinitaria y llevarla hasta el momento en que sus hombres enmendaron el yerro cometido por José Núñez de Cáceres.

Santo Domingo,
26 de enero de 1986

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. Juan Bosch sugiere celebración de la Independencia el 28 de febrero. (Santo Domingo, 27 de febrero de 1971)
Tomado de http://pld.org.do/portal/blog/bosch-sugiere-celebrar-fecha-el-28-de-febrero/

Dominicanos:

Desde los primeros tiempos de la República nos hemos acostumbrado a celebrar su nacimiento el 27 de febrero de cada año a partir de las primeras horas del día. Y la verdad es que fue a las 10 de la noche del 27 de febrero de 1844 cuando comenzaron a reunirse en la Puerta del Conde los que estaban en el complot para separar nuestro país de Haití. Fue después de las 10 cuando Mella disparó su célebre trabucazo. Debe haber sido cerca de las 12 cuando el hijo del Presidente haitiano disparó unos tiros de pistola. Era ya en la madrugada del día 28 cuando sonaron otros tiros disparados desde Pajarito, que así se llamaba hasta hace poco el barrio que está del lado este del río Ozama, conocido hoy por Villa Duarte.

A esos tiros de Pajarito respondieron tres tiros de la gente que estaba en la Puerta del Conde, y luego volvieron a sonar tiros en la Capitanía del Puerto, esto es, cerca de la Puerta de San Diego. Estos últimos disparos, considerados innecesarios por el historiador José Gabriel García, causaron la muerte de un hombre, única víctima del movimiento en esa primera etapa.

En realidad, nosotros deberíamos celebrar el nacimiento de la República los 28 de febrero, pues lo que comenzó en la noche del 27 fueron los preparativos para tomar la ciudad de Santo Domingo; pero la separación de Haití empezó verdaderamente en la mañana del día 28, cuando el jefe militar haitiano, el general Desgrotte, resolvió entrar en negociaciones con los dominicanos.

De acuerdo con esas negociaciones, el jefe haitiano se comprometió a entregar la plaza de Santo Domingo a la junta de Gobierno Provisional formada por los dominicanos el día 29, pues el año del nacimiento de la República Dominicana fue bisiesto.

Para darnos cuenta de la situación del país en esos momentos tenemos que colocarnos en aquellos tiempos. Los dominicanos eran entonces menos de 150 mil, de los cuales no muchos más de 15 mil serían hombres adultos; habría unas 15 mil mujeres adultas y unos 120 mil jóvenes de menos de 21 años, y niños.

En el barrio Los Mina, de la Capital debe haber hoy unas 110 mil, tal vez 120 mil personas, de manera que si le agregamos a Los Mina de 30 a 40 mil habitantes tendremos en un solo barrio de la Capital el mismo número de personas que había en todo el país.


Siete años después del 27 de febrero de 1844, en La Vega había sólo 360 casas, de las cuales muchas eran bohíos; la población de Moca era de 830 personas; la de Santiago, 3 mil 222, lo que indica que en Santiago no podía haber más de 600 casas, contando en ellas los bohíos, que con toda seguridad eran mayoría; en Puerto Plata no podía haber más de 400 viviendas, porque la población era de 2 mil personas; en San José de las Matas no podía haber más de 40 viviendas, pues sus habitantes eran 234; Sabaneta, hoy Santiago Rodríguez, tenía 45 bohíos, Montecristi 22, en los que vivían mil 100 personas. En la Capital, donde está hoy el edificio Baquero, había una casa de techo de cana; dentro de la muralla, la mayoría de las viviendas eran de madera, yaguas y pisos de tierra, y fuera de la muralla todo era campo. Como debemos suponer, las tiendas de entonces eran pulperías, y las pulperías eran ventorrillos. Ocho años después del 27 de febrero, según contó el escritor Angulo Guridi en su libro "Examen crítico de la Anexión a España", el aspecto de la Capital era el siguiente: “…las calles llenas de surcos, cubiertas de yerbas, muchas, muchísimas casas en ruinas”.

La mayoría de las casas tenían los frentes llenos de musgo. Los muebles de esa mayoría de casas eran “taburetes viejos, y una o dos hamacas en las salas”. Dice el escritor que eran muy abundantes lo que él llama los “comercios humildísimos”, que consistían en “frutos del país, y algunas otras bagatelas colocadas unas en el suelo y otras en una tabla que descansa sobre dos barriles, todo ello cerca de la puerta de la calle”.

Si eso sucedía en plena capital, podemos imaginarnos lo que pasaba en el resto del país. Lo único que se producía entonces, aparte de plátanos, batatas, yuca, frijoles, tabaco y la madera que se cortaba en los montes, eran árganas para el tabaco, aparejos de hojas de plátano, sombreros de cana, cachimbos y tinajas y ollas de barro, macutos y artículos parecidos a esos. Los productos que se vendían en el extranjero eran principalmente madera y tabaco, algunos cueros y alguna cera de abejas.

En el año 1844 el país era muy pobre, y además estaba empobrecido por el fuerte terremoto del 7 de mayo de 1842, que destruyó varias poblaciones haitianas y dejó muy mal parada la Capital y peor aún Santiago. Pero había sido mucho más pobre en 1822, cuando los haitianos ocuparon nuestra tierra.

No vaya nadie a pensar que los haitianos vinieron aquí por la fuerza; entraron en el país y ocuparon la Capital sin disparar un tiro. La verdad es que muchos dominicanos invitaron a los haitianos a venir y que el Pueblo los recibió como amigos. La explicación para que los recibiera así es la siguiente: antes de que los esclavos de Haití comenzaran su guerra contra los amos franceses, Haití era uno de los países más ricos de América, y en cambio, nosotros, que éramos entonces españoles, formábamos uno de los más pobres. Debido a su gran riqueza, Haití necesitaba cosas que nosotros le vendíamos; por ejemplo, mulos, caballos, reses, andullos. Ese comercio con Haití fue, económicamente, lo más importante para nosotros durante varios años.

Vino entonces el levantamiento de los esclavos haitianos, y para mantener la guerra contra ellos sus amos franceses tenían que seguir comprando cosas nuestras; luego, en el 1793, comenzó la guerra de España contra Francia, que terminó en el 1795, y al acabarse la guerra España le cedió nuestro país a Francia, aunque seguimos gobernados por autoridades españolas hasta principios de 1801. Al pasar a ser franceses, como es natural, los franceses de Haití compraron otra vez productos nuestros; y así estuvimos negociando con Haití hasta comenzar el año de 1804, cuando los haitianos se declararon independientes de Francia y nosotros, que éramos una colonia francesa, pasamos a ser oficialmente enemigos de Haití; tan enemigos, que los haitianos nos invadieron en el 1805, y no, como han dicho muchos historiados, porque nos tuvieran odio, sino para adelantarse a los franceses que nos gobernaban, que según pensaban los haitianos, estaban preparando un ataque a Haití.

En el 1808 y el 1809 fue la guerra nuestra contra los franceses, la que se conoce en la historia con el nombre de la Reconquista, cuyos jefes principales fueron Juan Sánchez Ramírez y Ciriaco Ramírez. Esa guerra empobreció la región de la Capital, a tal extremo que acabó con el ganado de la zona y hasta con la caña.

Al terminar la guerra el país quedó en mala situación y además bajo la bandera de España, lo cual agravaba nuestra situación, porque España había sido invadida por los franceses y comenzó una guerra terrible, que no le permitía al Gobierno español darle la menor ayuda a Santo Domingo. La situación de miseria general se prolongó más de diez años.

Como es natural, la poca gente que en esa época hacía negocios tenía que recordar los años anteriores, los de los negocios con Haití, como algo muy bueno. Todavía no hace mucho se oía con frecuencia a la gente decir que los tiempos de antes eran mejores que los suyos, y en esos años de 1810 a 1822 seguramente la gente de nuestro país estuvo oyendo hablar de lo bueno que habían sido los años de negocios con Haití. Con esa propaganda pasada de boca a oreja llegó la hora en que la gran mayoría de los dominicanos crían que la salvación del país estaba en unirse a Haití.

Además, hay que darse cuenta de que nosotros teníamos esclavos; serían unos 25 mil, y no estaban sometidos a una explotación parecida a la que por esos días de 1820 y tanto sufrían, por ejemplo, los esclavos de Jamaica, de Cuba, y de los Estados Unidos; pero eran esclavos, y no podían estar contentos con su condición.

Ahora bien, en Haití se había acabado la esclavitud; todos los antiguos esclavos de Haití eran libres; muchos eran generales, otros eran dueños de fincas y de casas y de negocios; de manera que a lo que seguramente pensaban los hombres de negocios de nuestro país hay que agregar lo que pensaban los esclavos nuestros, los cuales creían con razón, que si pasábamos a ser gobernados por los haitianos serían declarados libres.

Si las cosas sucedieron tal como estoy contándolas, entonces debemos darnos cuenta de que allá por el 1820 hubo un momento en que los dominicanos de arriba y los de abajo, o lo que es lo mismo, el grupo social dominante y el grupo social explotado, tenían un interés común, coincidían en que la solución para los problemas de los dos grupos era la unión con Haití. Probablemente un momento histórico como ese, el de la coincidencia de los de arriba y los de abajo, no se había dado antes en nuestra tierra.

Por eso se explica que desde aquí fueran llamados los haitianos y que al entrar en nuestro país fueran bien recibidos lo mismo por los grandes propietarios que por la gente más humilde. Pero hay algo muy curioso, y es que también al Gobierno de Haití, cuyo presidente se llamaba Jean Pierre Boyer, le resultaba conveniente la ocupación de nuestro territorio, porque al ocuparlo resolvía un problema serio para él. De manera que la coincidencia fue general.

¿Por qué los intereses del Gobierno de Haití coincidían con los de los dos grupos sociales dominicanos que hemos mencionado, el de los grandes propietarios y el de los esclavos?

Por esto que les voy a decir. Después de muchos líos, Haití acabó dividido en dos países; una república, que estaba en la parte sur, cuyo presidente se llamaba Alejandro Petión, y un reino, que estaba en la parte norte, cuyo rey se llamaba Henri Primero. Este Henri Primero había sido, antes de convertirse en rey, el célebre general Cristóbal, el que había tomado a sangre y fuego a Santiago en el año de 1805 y había quemado Cabo Haitiano en 1802, para evitar que los franceses tomaran esa ciudad.

La capital de la República de Haití era Puerto Príncipe, como es hoy, y la capital del Reino de Haití era Cabo Haitiano. Petión había repartido las tierras de la república, pero el rey Henri Primero había conservado las grandes fincas, tal como habían sido en tiempos de Francia, y se las había dado a sus oficiales, a quienes había nombrado duques, marqueses y condes. En marzo de 1818 murió el presidente Petión, y el general Jean Pierre Boyer, que era el jefe de sus ayudantes militares, pasó a ser Presidente, y sucedía que este Boyer no simpatizaba con la reforma agraria que había hecho el general Petión, pero no podía ni pensar siquiera en quitarles sus tierras a las gentes del Pueblo, porque eso hubiera significado un levantamiento inmediato de la mayoría de los habitantes de la república.

En eso se produjo lo inesperado; y fue que allá por octubre de 1819 el rey Henri Primero, que era un tirano en toda la regla, sufrió un ataque de parálisis mientras estaba pasando revista a sus tropas y se cayó del caballo; y al verlo caído las tropas se le sublevaron. Henri Primero se dio un tiro en la cabeza y comenzó en el reino de Haití una etapa de caos que sólo terminó cuando el presidente Boyer entró en el reino y lo proclamó unido a la república. Así vino a suceder que al terminar el año de 1819, todo Haití era una república; pero sucedió también que el presidente Boyer se halló con que las tropas del difunto rey y, especialmente, los oficiales de esas tropas, pedían las tierras de los antiguos duques, marqueses y condes, y el general Boyer no quería dárselas porque él no era partidario de repartir tierras, sino al contrario, era partidario de conservar las grandes propiedades tal como habían sido.

El presidente Boyer se encontraba en ese conflicto cuando empezaron a llegarle invitaciones de nuestro país para que lo uniera a Haití, y resultaba que en nuestro país, donde había muy poca gente, como expliqué al principio de estas palabras, sobraban grandes cantidades de tierras; había tierras de más; de manera que los acontecimientos se le presentaban a Boyer a su acomodo, porque se le juntaban, como dice el Pueblo, las ganas de comer y la comida.

Pero sucedía que todavía nosotros éramos españoles, y aunque España estaba lejos de aquí, Puerto Rico y Cuba, que eran territorios españoles, estaban muy cerca, de donde venía a resultar muy peligroso para los haitianos meterse en nuestro país.

Entonces, preguntarán algunos de ustedes, desde luego, los que no han estudiado historia, ¿cómo fue que a pesar de todo vinieron los haitianos?

Pues sucedió algo que parece hecho por un brujo de la historia, pero que en realidad fue el resultado natural de la historia dominicana. Y fue lo siguiente: además de lo que podríamos llamar, para que ustedes lo comprendan mejor, aunque en realidad científicamente no se llama así, el grupo de los de arriba, que eran negociantes propietarios grandes y medianos de tierras y de ganado, pero no tenían verdaderamente dinero porque el país era muy pobre, había un pequeño grupo de personas que siendo dominicanos porque habían nacido y vivido aquí, desempeñaban los puestos más importantes del Gobierno del país, salvo el de gobernador, pues éste era español de España, no de Santo Domingo. Esa gente formaba lo que en la ciencia social se llama sector burocrático, palabras que significan empleados oficiales.

Paro ese pequeño grupo, la unión con Haití no representaba ninguna solución; al contrario, podría significar el fin de su condición de altos funcionarios o empleados. El jefe de ese grupo se llamaba don José Núñez de Cáceres.

Ahora bien, Núñez de Cáceres y sus compañeros y amigos se daban cuenta de que la mayoría de los dominicanos no querían seguir siendo españoles; y entonces planearon una salida a la situación, que consistía en que el país no siguiera siendo español, pero que tampoco pasara a ser haitiano; y así fue como el día 1ro de diciembre de 1821, Núñez de Cáceres y sus compañeros y amigos declararon que nuestro país pasaba a llamarse Haity Español y se colocaba bajo el protectorado de Colombia, que era entonces un país enorme, en el que se hallaban unidos lo que hoy son Panamá, Colombia, Ecuador, Venezuela y la Guayana inglesa, cuyo gobernante era Simón Bolívar.

Si ustedes ponen un poco de atención podrán darse cuenta de que Núñez de Cáceres y su grupo de burócratas planearon bien las cosas, sólo que las planearon sin basarse en la realidad.

Le pusieron al país el nombre de Haity Español creyendo que con eso quedaban bien con Haití y con España, y lo colocaron bajo el protectorado de Colombia creyendo que con eso impedían que los españoles de Puerto Rico y Cuba enviaran soldados a ocuparnos, porque como Colombia se hallaba en guerra contra España, si los españoles mandaban ejércitos aquí, Bolívar los mandaría también para combatirlos.

Además, debieron pensar que como Bolívar había sido un gran amigo del difunto presidente Petión, que había muerto hacía menos de cuatro años —pues Petión le había dado en dos ocasiones grandes ayudas para sus luchas contra España—los haitianos no se atreverían a provocar a Bolívar entrando en nuestro país.

Pero sucedió que cuando Bolívar vino a enterarse de que los dominicanos se habían puesto bajo su protección, ya el presidente Boyer estaba en la Capital, ciudad a la que llegó el 9 de febrero de 1822. El propio Núñez de Cáceres le entregó al jefe haitiano las llaves de la ciudad, que era la forma que se usaba en esos tiempos para hacer entrega de un país o de una ciudad a otro país.

Así, pues, Haity Español duró exactamente dos meses y nueve días y ese corto período se conoce en nuestra historia con el nombre de Independencia Efímera. Efímera, como ustedes saben, quiere decir pasajera.

La ocupación haitiana de nuestro país se llevó a cabo sin que sonara un tiro; más aún, Boyer y sus tropas fueron bien recibidos en todas partes; y así, o casi así, sucedió con la independencia, pues en realidad los tiros que sonaron en la noche del 27 al 28 de febrero de 1844 fueron muy contados, y el único muerto esa noche fue un marinero que no murió en combate, porque no hubo combate. Las pocas tropas que tenía en nuestro país el Gobierno de Haití estaban compuestas en su mayoría por dominicanos, aunque los jefes fueran haitianos, y esos militares dominicanos eran partidarios de la separación.

La lucha armada comenzó algunos días después, cuando el Gobierno de Haití mandó dos ejércitos, uno por el sur y otro por el norte, para obligar a los dominicanos a seguir siendo haitianos. La primera batalla fue la del 19 de Marzo, que se dio en Azua, y como ustedes saben, ahí quedó derrotado el Ejército de Haití; la segunda, fue la del 30 de Marzo, que se dio en las afueras de Santiago, donde también quedaron derrotados los invasores. De la misma manera que la mayoría de los dominicanos estuvieron unidos en 1822 en favor de la idea de que pasáramos a ser parte de Haití; así la mayoría de los dominicanos estuvieron unidos en el 1844 a favor de la idea de que formáramos una patria independiente llamada República Dominicana.

En veintidós años, las ideas y los sentimientos de nuestro pueblo habían cambiado porque habían cambiado sus intereses.

Pero la explicación de ese cambio es otra historia, de la cual les hablaré cuando sea oportuno.

Hasta el lunes, si Dios quiere, dominicanos.

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. Bosch exalta memoria de trinitario Francisco del Rosario Sánchez. (Santo Domingo, 10 de marzo de 1963)
Tomado de: http://pld.org.do/portal/juan-bosch/

Dominicanos:

Los pueblos que no saben honrar a quienes les dieron vida como nación son como los hijos que niegan a la madre. El día de la toma de posesión dije que los héroes de la libertad son como las madres de los pueblos. Nosotros somos hoy dominicanos, nos llamamos dominicanos, circulamos el mundo con ese hombre de dominicanos, porque hubo héroes como Francisco del Rosario Sánchez, que creyó que aquella cantidad mínima de gente que poblaba las lomas y los valles en el pedazo de isla que nos tocó, que creyó, repito, que esa mínima cantidad de gente podía ser una nación libre y soberana.

Tener fe en este momento nos parece casi increíble hoy. Todavía hace pocos años, un ilustre jurisconsulto y gran escritor decía que nosotros no éramos ni podíamos ser, por el momento, una nación, porque no reuníamos las condiciones necesarias para ser una nación cuando todavía parecía mucho más imposible, cuando apenas doce mil familias vivían en más de 50.000 kilómetros cuadrados, distribuidas entre los bosques, a las orillas de los caminos reales; en montañas llenas de toros salvajes, con ríos crecidos que los hombres apenas podían atravesar.

Ellos creyeron que ese pequeño número de seres humanos, en esa pequeña cantidad de kilómetros cuadrados, podía ser una nación y lucharon para que fuera así, y hoy, ciento veinte años después tenemos que reconocer que la razón era de ellos. Y porque tenían razón tuvieron fe, y porque tuvieron fe fundaron esta patria, y porque fundaron esta patria nosotros somos dominicanos.

La costumbre de venir todos los años a este lugar a dejar una ofrenda de flores a la memoria de los fundadores de la República, debe ser sustanciada con una conducta. No basta con recordar a los fundadores de la Patria el día en que cumplen años de muertos o de haber nacido, hay que recordarlos todos los días, trabajando porque esta patria sea tan grande como ellos quisieron que fuera, tan libre como ellos quisieron que fuera, tan rica como ellos quisieron que fuera.

Y ¿qué es la patria? ¿Es acaso un concepto abstracto, o es un conglomerado de seres humanos que viven sobre una misma tierra, que comparten una misma preocupación, deben beber el mismo vaso de agua y deben tragar el mismo trago amargo, cuando la hora de la amargura llega para todos? Porque la patria es un pueblo sobre una tierra, tenemos que considerar que cada dominicano, cualquiera que sea su origen, por humilde que sea el hogar donde naciera, por humilde que sea su vida, tiene tanto derecho como cualquier dominicano a beneficiarse de esta patria que crearon los fundadores para que fuera así y no de otra manera.

Duarte era hijo de comerciantes; Sánchez venía de un hogar humilde. Los fundadores nos dieron el ejemplo de cómo todos los dominicanos pueden y deben vivir unidos, para el disfrute del bienestar común; pero también para cumplir todos juntos el deber sagrado de hacer de la República Dominicana un país respetado, un país bien amado por su conducta, por la altura de su conducta nacional e internacional; por el juicio, por el buen juicio; por el amor con que todos los dominicanos nos tratemos, a fin de que todos podamos contribuir a hacer de la riqueza de nuestra patria la riqueza del pueblo dominicano y no la riqueza de unos cuantos.

Francisco del Rosario Sánchez fue fusilado en el Cercado porque quiso restaurar la patria que él había fundado junto con Duarte, con Mella y con los trinitarios. En este año se cumple el siglo de la guerra restauradora, gracias a la cual volvimos a ser un país libre. En este momento se está elaborando un programa de actos para celebrar el 1963 como el año centenario de la restauración. Es muy tarde. El centenario de la Restauración debió haberse organizado con tiempo suficiente, para que toda la República tuviera conciencia de lo que significa esa epopeya. Es tarde; pero vamos a celebrar en los meses que faltan el año centenario de la Restauración.

Francisco del Rosario Sánchez, Padre de la Patria, junto con Juan Pablo Duarte y con Ramón Matías Mella, fue también un protomártir de la epopeya restauradora. Y estamos seguros de que si hubiera vivido más tiempo, hubiera sido un mártir de la lucha actual, de la lucha de este siglo y de su pueblo por la libertad, porque él nació con la llama de la libertad en el corazón. Y el que nace con esa llama, la mantiene encendida mientras vive. Francisco del Rosario Sánchez fue una llama de libertad como esa que tenemos aquí, en el Altar de la Patria. Sea cada corazón dominicano una llama de la libertad para defender a este pueblo. Gracias, dominicanos.

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. Bosch secunda a Arlette sobre Bonnelly (Última Hora, Santo Domingo, 14 de diciembre de 1970)

Las declaraciones que en ese sentido diera hoy a Última Hora el expresidente de la República fueron las siguientes:

Tal como me fue relatado por el ex-general Pedro Rafael Ramón Rodríguez Echavarría en 1964, en Nueva York, quien se enfrentó con él y lo conminó a acompañarlo a San Isidro fue el entonces mayor Rafael Tomás Fernández Domínguez. Ya en el automóvil, el exgeneral Rodríguez Echavarría le preguntó al mayor Fernández Domínguez si iba en calidad de detenido a lo que Fernández Domínguez le respondió que así era. A fines de abril de 1965, el exgeneral y el ya teniente coronel Fernández Domínguez se encontraron en Puerto Rico adonde los dos habían viajado con motivo del estallido de la revolución constitucionalista. Yo les pedí a los dos que olvidaran los sucesos de 1962 puesto que la Patria se encontraba intervenida por un poder extranjero y ellos eran militares dominicanos. Rodríguez Echavarría y Fernández Domínguez se saludaron marcialmente y el primero dijo: ¡Coronel, si usted no me hubiera hecho preso el país no hubiera conocido el golpe de Estado de 1963 y se hubiera ahorrado esta intervención extranjera!

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. Profesor Juan Bosch dirige alocución al pueblo dominicano con motivo del Día de las Madres. (Listín Diario, Santo Domingo, 1º de junio de 1964)

Dominicanos:

En el Día de las Madres hay una madre de todos nosotros a la cual debemos dedicar un minuto siquiera, un minuto de recogimiento, de amor, de veneración. Es la República, ésa que ha venido sufriendo sin cesar, año por año, explotada, deshonrada, perseguida y maltratada en sus hijos; desacreditada ante el mundo, llena de vergüenza y de pena por los dominicanos que sufren, y también por los dominicanos que persiguen, que destierran, que torturan a otros dominicanos. En el Día de las Madres, que cada uno de nosotros honre a la suya. Los que por dicha la tienen viva, que le lleven su flor roja y su beso de amor; los que la tienen muerta, que dejen sobre su tumba una plegaria y un recuerdo. Pero los que tienen la madre viva y los que la tienen muerta, que se unan en un minuto de recogimiento para pensar en la Patria, que es la madre de todos. En esta hora llena de sombras, que cada uno jure hacer lo necesario para que esa Madre sea también algún día una Madre feliz: la República de todos, digna de sus fundadores, sin hijos malvados, sin hijos que la deshonren, sin hijos que persigan a sus hermanos; que sea la madre libre, confiada y sin temores. Hasta pronto, si Dios quiere, dominicanos.

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. Juan Bosch: Historia de una carta que Peña Gómez envió a Ben Stephanski mientras ambos estaban en la clandestinidad. (Vanguardia del Pueblo, Año IV, N° 107, Santo Domingo, Órgano del PLD, 2 de noviembre de 1977)

Seminario es una palabra que significa reunión de pocos días para celebrar un cursillo de investigación de alguna materia, pero como en la República Dominicana cualquier zoquete les da a las palabras el significado que a él le parece, aquí se ha llevado a cabo con el nombre de seminario una reunión organizada por el PRD en la cual tomaron parte varios latinoamericanos y algunos norteamericanos que se dedicaron no a investigar sino a hacer propaganda electoral perredeísta. Uno de los norteamericanos vino al llamado seminario como representante personal de un diputado del Congreso de los Estados Unidos (no senador, como dijo algún periódico) llamado Donald Frazer, que no es una organización política a menos que en su país, donde suceden muchas cosas raras, esté dándose ahora el caso de que haya organizaciones formadas por una sola persona, si bien las hay de cuatro o cinco, como pasa con el titulado Partido Socialista de los Estados Unidos, que ni es partido ni es socialista sino un grupo muy pequeño de amigos sobrevivientes de un partido que tuvo ese nombre hace varios años y dejó de existir cuando murió su fundador, Norman Thomas. Tampoco representan a un partido los señores William Brown y Joseph Eldridge, que no son miembros del Congreso norteamericano como se dijo en periódicos dominicanos sino jefes de una organización privada que se llama Oficina Latinoamericana de Washington cuya actividad consiste en vender a políticos, periodistas y estudiantes información acerca de la América Latina.

Entre los norteamericanos que no tenían títulos para venir a la reunión organizada por el PRD, porque no representan a nadie, por lo menos oficialmente, estuvo Ben Stephanski, que hace más de doce años fue embajador de su país en Bolivia y después pasó a ser algo así como ayudante personal de Edward Kennedy, el hermano menor de John F. Kennedy.

A Ben Stephanski se le ha querido presentar en Santo Domingo como un personaje muy importante de la política norteamericana, y la verdad es otra. Stephanski es amigo de algunos políticos y funcionarios de los Estados Unidos, pero no es influyente en ningún medio norteamericano. Adonde es influyente es aquí, y eso, sólo entre los líderes del PRD y no más allá; y su influencia proviene del hecho de que el Dr. José Francisco Peña Gómez se hizo tan amigo suyo que fue a él a quien le envió una carta de la cual el Dr. Peña Gómez no ha hablado nunca.

El Dr. Peña Gómez estuvo en los Estados Unidos varios meses del año 1972 cumpliendo una misión que le había confiado la dirección del PRD y volvió a la República Dominicana al comenzar el mes de noviembre viajando con escala en San Juan de Puerto Rico, desde donde nos llamó por teléfono y empezó a hablar a gritos, en un tono de exaltación que nos preocupó mucho debido a que teníamos noticias de que el Dr. Peña Gómez iba a volver al país como agente de un plan norteamericano. Lo que nos decía el Dr. Peña Gómez en esa conversación telefónica era que Ben Stephanski lo había llamado para darle la información de que desde la Casa Blanca habían hablado con el Dr. Balaguer y le habían recomendado que no tratara de impedir la entrada de Peña Gómez en Santo Domingo y que se abstuviera de causarle la menor molestia. La alegría resonaba como un clarín de guerra en la voz de Peña Gómez cuando nos decía en esa ocasión: “¡Balaguer no puede impedir mi entrada; Balaguer no puede hacerme nada!”. Su euforia era la de un oligarca que se siente apoyado por todo el poder militar y económico de la gran potencia que son los Estados Unidos.

Santo Domingo-Nueva York

Los datos que acabamos de dar sirven para que el lector se haga una idea de cuáles eran los vínculos que se habían establecido entre Peña Gómez y Ben Stephanski, aunque no podamos decir a quién representaba el último cuando llamó por teléfono al primero para infundirle esa exaltada seguridad que manifestaba Peña Gómez al hablar con nosotros. Pero el vínculo existía y su existencia dio pie para que el Dr. Peña Gómez le enviara una carta a la que Peña, tan amigo de presentarse como personaje histórico, no se ha referido nunca. La carta fue escrita quizá tres días después de haber entrado Peña Gómez y nosotros en la clandestinidad y tal vez una semana antes de que Caamaño muriera en las soledades de la Cordillera Central.

Peña Gómez escribió esa carta en la casa donde se hallaba escondido y se la mandó con una persona a Jacobo Majluta, quien a su vez se la hizo llegar al jefe de la AID en la República Dominicana, un señor de apellido Robinson, y hoy se sabe que desde antes de 1970 la CIA pasó a operar en los países de la América Latina encubierta por la AID. A fin de que la carta llegara a su destino con seguridad y rapidez, Robinson ordenó que un avión comercial norteamericano que debía volar hacia Nueva York demorara su salida el tiempo necesario para que la carta llegara al aeropuerto Las Américas mientras por su parte Jacobo Majluta se comunicaba con Winston Arnaud y José Ovalle, miembros de la dirección niuyorkina del PRD, y les pedía que estuvieran en el aeropuerto Kennedy a la hora de la llegada del avión que llevaba la carta.

La dirección del PRD estaba entonces a cargo de la Comisión Permanente, un cuerpo colegiado compuesto del presidente del Partido y cuatro miembros del Comité Ejecutivo Nacional, y la Comisión Permanente no sabía una palabra de lo que estaban haciendo Peña Gómez y Majluta, que habían pasado a sustituir a la dirección del Partido de manera ilegal y habían llevado su atrevimiento y su falta de hombría al punto que van a ver dentro de poco los lectores de este artículo.

Wisnston Arnaud y José Ovalle, a quienes Majluta les enviaba la carta de Peña Gómez para que ellos a su vez se la hicieran llegar inmediatamente a Ben Stephanski, eran, a esas alturas, dos agentes de Peña Gómez organizados por él en célula secreta y su misión era dirigir desde Nueva York la lucha contra la Comisión Permanente que debían llevar adelante también en el país tan pronto pudieran venir. Sin embargo, lo que decía la carta que debían hacer llegar a Washington era algo tan grave que Arnaud y Ovalle no se atrevieron a cargar ellos solos con la responsabilidad de darle curso y convocaron a los miembros de la dirección perredeísta en Nueva York para que decidieran lo que debía hacerse.

Lo que decía la carta

Al llegar a este punto debemos pasar a explicar algo que el lector no sabe ni puede sospechar, y es que con la excepción de Winston Arnaud y José Ovalle en Nueva York, y de Jacobo Majluta en Santo Domingo, nadie más de los que estaban en puestos de dirección del PRD conocía los planes en que se hallaba comprometido Peña Gómez, y por tanto, no había en Nueva York, como no la había en Santo Domingo, otra persona a nivel de dirigente que estuviera enterada de que Majluta y Peña Gómez habían pasado a usurpar la autoridad que sólo podía ejercer en el PRD la Comisión Permanente. Sabiendo eso es fácil darse cuenta de lo que vamos a decir.

Como la mayoría de los que dirigían el PRD en Nueva York ignoraban en qué actividades ocultas estaban Peña Gómez y Majluta, creyeron que una carta tan comprometedora como la que les presentaron Winston Arnaud y José Ovalle no podía escribirse, y mucho menos despacharse, sin la aprobación de la Comisión Permanente, y aunque esa mayoría se escandalizó con lo que decía la carta, los que formaban esa mayoría dieron su voto favorable para que fuera enviada a Ben Stephanski y aprobaron también la designación de una comisión para que la llevara a Washington. Quien encabezó la comisión fue el Dr. Juan López, un abogado de San Juan de la Maguana que para esa fecha (principios de febrero de 1973) tenía varios meses viviendo en Nueva York.

La creencia que tenían Jaime Vargas, Miguel Andújar, Cosme Pérez y Pablo Reyes de que la Comisión Permanente había autorizado el envío de la carta que le escribió Peña Gómez a Ben Stephanski hizo posible que ninguno de los cuatro (todos pasaron al PLD cuando nos separamos del PRD) se refiriera nunca a esa carta y mucho menos a lo que se decía en ella, porque no hubiera sido raro que uno de ellos mencionara la carta sin repetir sus términos o que hablara de sus términos sin dar detalles de la forma en que la carta había llegado a su conocimiento. Fue de manera muy casual que en su último viaje a Santo Domingo el compañero Jaime Vargas, secretario general del Comité Seccional del PLD en Nueva York, mencionó esa carta y despertó, al mencionarla, nuestras sospechas a tal punto que pasamos a hacerle preguntas hasta que el episodio quedó aclarado de la a a la zeta en todo lo que se relacionaba con la llegada de la carta a Nueva York y su envío a Washington. Sólo nos faltaba conocer también todos los detalles relacionados con la carta aquí, en tierra dominicana, y necesitamos varios meses para recogerlos y comprobar que eran verdaderos. Un golpe de buena suerte quiso que tuviéramos la información completa sobre la carta en ocasión de la llegada a Santo Domingo de Ben Stephanski, que vino a tomar parte en el llamado Seminario de la Socialdemocracia Latinoamericana.

¿Pero qué decía la carta del Dr. José Francisco Peña Gómez al ex embajador norteamericano en Bolivia?

Lo que decía era que quien estaba en las montañas de la Cordillera Central de nuestro país era el coronel Francisco Alberto Caamaño y que Peña Gómez tenía las pruebas de ello. Y efectivamente, era Francisco Alberto Caamaño, como lo demostró su muerte, ocurrida una semana después de haber llegado a Washington la comisión que le llevó esa carta a Ben Stephanski.

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. Una breve historia de amor maternal/Juan Bosch (El Nacional de ¡Ahora!, Santo Domingo, 24 de mayo de 1985, pp.24-25)
Tomado de la página del PLD: Obras Completas de Juan Bosch

La casa de mi abuelo materno daba al camino real que pasaba por el centro de Río Verde, un campo situado a pocos kilómetros de La Vega, y frente a ella, del otro lado del camino, estaba el bohío que Panchita Sánchez había convertido en escuela.

Entre el camino real y el bohío-escuela había unos metros de terreno separados del camino y de la escuela por alambre de púas, y en el lado izquierdo del bohío el terreno estaba ocupado por una laguna a la que daban sombra varias palmeras.

Al abrir la puerta de la cerca de alambres se tomaba una veredita de pocos metros para llegar a la escuela, que tenía su puerta de entrada del lado derecho del bohío, de manera que ninguno de los pocos muchachos a quienes Panchita Sánchez les enseñaba a deletrear, a conocer los números y a escribir las palabras “casa”, “mamá”, “papá” tenía necesidad de acercarse a la laguna, pero ese día Pepito y yo lo hicimos porque cuando íbamos hacia la puerta de la escuela vimos un espectáculo que nos llamó la atención: la gallina gira, que tenía ya muchos días echada en un rincón de la escuela, había sacado, palabra que quería decir en esos tiempos —ignoro si se usa todavía— que los huevos a los que daba calor habían empollado y había llegado el momento en que los pollitos, tras romper los cascarones con sus tiernos piquitos, habían salido de ellos, y orgullosa, oronda, piando la tierra y emitiendo unos sonidos bajos y dulces, la gallina gira invitaba a su cría a seguirla.

Ese espectáculo por sí solo no era nuevo para nosotros, pero de pronto Pepito gritó: —¡Mira, Juanito, mira: un patito, ese es un patito!

Efectivamente, entre los polluelos había un patito porque alguien había puesto en el nido de la gira un huevo de pata antes de que la gallina iniciara el proceso de darles calor a sus huevos, detalle que nos explicaron después la maestra y mamá.

En ese momento la madre y los hijos iban en dirección hacia la laguna y Pepito y yo seguíamos tras ellos deslumbrados con la novedad que significaba la presencia del patito entre los polluelos, y de pronto, de manera fulminante, ante el asombro de nosotros, el patito se metió en la laguna y comenzó a moverse en el agua con la seguridad y la gracia de un pato adulto.

Lo que estábamos viendo era para mi hermano y para mí un espectáculo fascinante, pero a él iba a seguir una escena que nunca he olvidado y que, al contrario, recuerdo cada año de manera más viva porque me lleva a pensar en mi madre y en lo mucho que debió sufrir con las locuras que hacía cuando daba saltos mortales en su presencia o cuando Pepito y yo caminábamos sobre una cuerda floja de alambre sin oír sus recomendaciones de que no siguiéramos exponiéndonos a una caída.

La escena que nunca he olvidado es la de la gallina enloquecida, así como lo digo, enloquecida de dolor ante el espectáculo de “su hijo” —pues para ella el patito era uno de sus polluelos— que se jugaba la vida metido en el agua y avanzando en ella como si lo hiciera sobre tierra firme.

Corriendo por la orilla de la laguna y cloqueando con voz temblorosa, esa madre emplumada trataba de meterse ella también en el agua para rescatar al patito, pero cuando el agua le llegaba a la mitad de las patas aleteaba y volvía atrás, empavorecida, y al mismo tiempo con los ojos fijos en el “hijo” que seguía la orden del instinto moviéndose con la seguridad de un dominador de las aguas y sin tomar en cuenta para nada su “madre”.

Para expresar en forma más contundente su dolor, a la gallina gira sólo le faltaba llorar por anticipado la muerte del “hijo” aventurero y desalmado, y llorarlo con lágrimas, porque ya estaba haciéndolo con los temblores de un cloqueo que nunca le he oído a otro animal de su especie y con los movimientos aturdidos de sus alas. Pero la conmovedora expresión de maternidad de esa gallina iba a llegar a la excelsitud minutos después, cuando Panchita Sánchez, avisada por no recuerdo quién, llegó a la orilla de la laguna con una escoba en la mano y valiéndose de ella consiguió que el patito volviera a tierra.

En ese momento, en el instante mismo en que el “hijo” ponía las patas fuera del agua, la gallina gira se abalanzó sobre él, lo cubrió con las alas, lo espulgó con el pico y lo fue empujando para alejarlo de la orilla de la laguna a la vez que emitía unos cloqueos diferentes de los que le oíamos unos minutos antes, diferentes porque no eran temblorosos de angustia sino ricos de ternura maternal y alegres porque “su hijo” no corría ya peligro de morir ahogado.

21 de mayo, 1985.

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. Mensaje de Juan Bosch al pueblo (Patria, Santo Domingo, 6 de junio de 1965, p.3)

Miles de dominicanos han muerto por la Constitución de 1963. Ahora hay personas que ni siquiera son dominicanos que quieren ignorar esa Constitución y los sacrificios que el pueblo ha hecho por ella. Ningún dominicano será digno de su patria si acepta que los caídos en esa lucha no tenían razón para luchar y murieron en vano. Todo podemos aceptarlo menos que se insulte de esa manera la sangre derramada por el pueblo. A los que murieron por la Constitución debemos asegurarles que los vivos la sostendremos hasta el triunfo final.
Juan Bosch

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. Declaraciones de Juan Bosch. "Todo dominicano antitrujillista sabe que Bernardino asesinó en La Habana a Mauricio Báez" (Quisqueya Libre, III Etapa, N° 5, La Habana, diciembre de 1952. "El periódico Pluma y Espada, que se edita en New York y que se auto titula antitrujillista, ha venido desde hace tiempo dedicándose especialmente a atacar al Partido Revolucionario Dominicano en la persona de algunos de sus dirigentes. Para el caso se ha valido de la calumnia acusando a nuestro compañero Nicolás Silfa de haber ordenado una agresión al director del mencionado periódico, y de la injuria contra Juan Bosch y Buenaventura Sánchez, entre otros. 'Interrogado en relación con el número último de Pluma y Espada, el compañero Juan Bosch dio a Quisqueya Libre las siguientes declaraciones'" (nota de Quisqueya Libre)
Tomado de la página del PLD: Obras Completas de Juan Bosch

El Sr. Félix W. Bernardino, Cónsul de Trujillo en New York, es conocido desde hace muchos años como asesino a sueldo del dictador; sin embargo, Pluma y Espada confiesa que ha sido visita frecuente del director de ese vocero porque a Bernardino le gusta el café que elabora el Sr. López Cestero.

Todo dominicano antitrujillista sabe que Bernardino asesinó en La Habana a Mauricio Báez y planeó el asesinato en Estados Unidos y en Cuba de José Figueres y de otras conocidas personalidades antitrujillistas. El Sr. Bernardino ha sido visita frecuente del Sr. López Cestero cuando ya éste y todos sus amigos de Pluma y Espada conocían esas actividades del Sr. Bernardino, por haberse publicado ampliamente en revistas y diarios prestigiosos de Cuba y del Continente. Tenemos, pues, que el Sr. López Cestero ha estado manteniendo amistad con el asesino de Mauricio Báez y el presunto asesino de otras personas, a las cuales mató o pretendía matar por su lucha contra Trujillo.

Todo dominicano antitrujillista sabe que Félix W. Bernardino es desde hace mucho tiempo el jefe del espionaje de Trujillo en el Caribe. El Sr. López Cestero ha venido, pues, manteniendo amistad íntima, de mutuas visitas frecuentes, con el jefe del espionaje de Trujillo en el Caribe.

Resumo afirmando que quien recibe en su casa a un asesino, que es además conocido en todos los ámbitos como secuestrador y matador de Mauricio Báez, y conocido como organizador de crímenes contra los luchadores antitrujillistas, y como jefe del espionaje de Trujillo en esta zona, carece en absoluto de autoridad moral para abrir la boca opinando sobre otras personas, cualesquiera que éstas sean.

En cuanto al argumento de que Pluma y Espada ataca a Trujillo -por locuaz podría ser considerado vocero del antitrujillismo-, llamo la atención sobre el hecho de que es más útil a Bernardino un periódico con apariencia de antitrujillista que con otro aspecto. Así confunde mejor a la opinión pública.

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. Se dirige al pueblo Juan Bosch. "A la hora de votar, déjate llevar del corazón" (Renovación, Santo Domingo, 4-10 de diciembre de 1962, p.2)
Tomado de la página del PLD: Obras Completas de Juan Bosch

Dominicanos:

Vamos a tener elecciones libres, cosa que no se ha hecho en este país en los últimos treinta y ocho años. Cuando metas el voto en el sobre, nadie te verá; nadie sabrá por quién has votado. El voto es secreto y por eso no debes tener miedo de votar por el partido que más te guste. A la hora de votar, déjate llevar del corazón, que no hay corazón que engañe a su dueño.

¡Vergüenza contra dinero!

Juan Bosch

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. Juan Bosch: "Con Trujillo no hay negocio bueno ¡Cuidado comunistas!" (Información, La Habana, 18 de julio de 1944, p.14)
Tomado de la página del PLD: Obras Completas de Juan Bosch

Trujillo no sabe lo que es comunismo ni podría distinguir entre un comunista y un anarquista. Tampoco lo sabe ninguno de sus consejeros. En un folleto de los muchos que edita la tiranía dominicana con el propósito de desacreditar, mediante calumnias, a los que la combaten en el destierro, decían del autor de éstas líneas y de dos compañeros que habían estado con él en cierto congreso celebrado en México, que éramos “ácratas, comunistas y anarquistas”,… ¡todo en una pieza! Además, por si eso era poco, agregaban que éramos unos “apátridas y unos traidores a la patria”,… ¡todo también en una pieza! Pues bien, a pesar de que no sepa qué es comunismo, y tal vez por eso mismo, Trujillo está pensando que el rótulo de comunista puede convenirle en estos momentos.

Hace algunos días su secretario de lo Interior y Policía —que lo era de lo Exterior, pero que pasó de afuera adentro con esa taumatúrgica facilidad con que los dictadores lo resuelven todo— llamó a un abogado y le espetó el siguiente discurso:
—El presidente Trujillo —el “jefe”, dicen allá— me ha ordenado hablar con Ud. Él tiene interés en que Ud. le sirva en un asunto delicado.

—Ud. dirá —indicó cortésmente el abogado.

—Se trata de que el Presidente desea que en el país haya un partido comunista, él mismo me ha dicho que Ud. es el hombre idóneo para encabezarlo.

—¿Yo, señor? —preguntó casi a punto de morir de asombro el abogado.

—Si, usted. El “Jefe” quiere que Ud. aparezca como su director. El Partido constará de pocos miembros, amigos de confianza, y sacará un periódico que el Presidente pagará. Desde luego, nada de propaganda comunista, ni de asuntos de huelgas o salarios altos… ¡Ni de juego! Pero podrá decir lo que quiera de Stalin… y del “Jefe”, claro. Además, podrá elogiar al ejército rojo.

El abogado se quedó sin resuello. Dijo que él no entendía ni papa de comunismo, que lo sentía mucho, que… Total, no aceptó. Fue preso. No doblarse a una sugestión de Trujillo equivale a rebelarse, y los rebeldes están mejor en prisión o en el cementerio.

Lo que aquí se relata es absolutamente verídico. Ya sabemos que ni los comunistas ni los que no lo son comprenderán qué persigue Trujillo con esa absurda idea de fundar en la República Dominicana un partido comunista, él, que tan ferozmente ha perseguido toda libertad y toda idea que no sea la del abyecto sometimiento. Pero nosotros lo sabemos.

Tres fines persigue Trujillo con su plan, que no es tan absurdo como parece si se mide por los propósitos que él procura alcanzar. El primero es hacer creer al mundo que en Santo Domingo hay un régimen tan democrático y liberal que incluso acepta y proclama la existencia de un partido comunista allí. Trujillo ignora que eso no es ya ningún título de democracia, pues hasta algunos gobiernos semi dictatoriales han dejado de perseguir a los comunistas desde que se han convencido de que estos no son los terribles lanza bombas que se pensara en un tiempo. El segundo fin es detener la propaganda que se le hace en el exterior. Ignorante como es, Trujillo cree que cuantos le atacan son comunistas. “Al tolerar aquí un partido rojo”, se ha dicho, “los del resto de América no me harán más acusaciones e incluso me defenderán de esos desgraciados desterrados que andan por ahí calumniándome miserablemente”. El tercer fin es conocer a sus enemigos. Sospecha el tirano que si se deja funcionar a un partido comunista en el país, todos sus enemigos se agruparán alrededor de ese partido. Para él, los que no son trujillistas son agentes de Stalin y fervorosos de Lenin. Así, agrupándolos, puede descabezarlos juntos con un solo golpe.

Visto el juego de Trujillo parece que no hay peligro. Pero lo hay. Pudiera muy bien ocurrir que, por no conocer los métodos de Trujillo, algunos comunistas de América calcularan que en esa disposición del tirano, aunque sea interesada, hay una oportunidad aprovechable. Y no la hay. Otro día diremos por qué. Hoy, con el espacio agotado, sólo podemos adelantarnos a gritar:

¡Cuidado, comunistas, que con Trujillo no hay negocio bueno!

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. Juan Bosch: "Así es Trujillo, comunistas" (Información, La Habana, 20 de julio de 1944, p.14)
Tomado de la página del PLD: Obras Completas de Juan Bosch

Con Trujillo no hay negocio bueno, porque carece de esa elemental dignidad que hace que todo hombre se respete a sí mismo o respete, por lo menos, la categoría de la función que está desempeñando; porque carece de la inteligencia necesaria para hallar soluciones que no sean violentas; porque debido a su ignorancia y a la mala calidad de su naturaleza íntima no ha llegado a comprender que el crimen no puede ser no-ma de relación entre gobernantes y gobernados. Cada una de estas afirmaciones es hija legítima de actos realizados por Trujillo a lo largo de quince años. Por lo demás, su manera de proceder no varía. Trujillo es siempre igual a sí mismo.

Veamos la primera afirmación. El dictador dominicano es el único tirano de América que no tiene respeto por sus promesas. Norma suya es amnistiar a los presos políticos o invitar a los desterrados para que retornen al país con garantías de toda clase. Y también lo es asesinar fríamente a unos y a otros tan pronto los tiene a su alcance. Si alguien lo reclama podemos ofrecer nombres de docenas de víctimas de Trujillo a quienes éste ofreció la Luna y el mar para atraparlos indefensos.

Nuestra segunda afirmación está a la vista en la historia misma de la tiranía. En numerosas ocasiones Trujillo pudo haber hallado soluciones políticas para problemas suyos o nacionales; ejemplo: las relaciones domínico-haitianas. Aplicando a ese caso la inteligencia —atributo excelso del hombre— hubieran aparecido muchas maneras de llegar a entendidos amistosos. Trujillo prefirió ordenar una matanza sin paralelo en la vida americana. Un hermano suyo estaba convirtiéndose en cacique de cierta región del país; Trujillo mandó que lo mataran, y aunque el hermano salvó la vida por intervención de la madre, no la salvaron algunos de sus amigos, que fueron muertos e incinerados en el automóvil que ocupaban cuando sucedió el asalto.

El dictador dominicano pretende que quitando de en medio a quien le mortifique ha resuelto el problema. El desdichado no comprende que mientras haya seres humanos habrá diferencias de opiniones y de intereses, y que al hombre le ha sido dada la facultad de pensar para que la utilice en la pacífica resolución de los conflictos que se le presentan a diario. El sistema de suprimir a quien origine problemas supone una eterna vigilancia y un eterno sacrificio de vidas, pues mientras haya hombres habrá conflictos.

Lo que afirmamos en tercer lugar es también el resultado de las ejecutorias trujillistas. En su abismática y pétrea ignorancia, Trujillo no acierta a darse cuenta de que los regímenes de sangre no pueden perdurar como normas de relación social, porque las sociedades hacen lo que les enseñan y aquellas que ven el crimen establecido como ley, acaban cometiéndolo. Lo único que se necesita para que una sociedad gobernada a hierro y fuego decida ser ella quien aplique el método de que ha sido víctima, es que se rompa la parálisis del terror, y como podría verlo Trujillo en los recientes casos de El Salvador y de Guatemala, el terror colectivo, desaparece súbitamente, a efectos de agentes insospechados, externos a veces, internos otros.

En cuanto a la naturaleza íntima del dictador, su mala calidad está patente en su crueldad. Son muchas las pruebas que de esa crueldad ha dado Trujillo para ponerla en duda. ¿No ordena a cada rato la prisión y el escarnio en sus mejores amigos? ¿No hace matar, sólo por satisfacer resentimientos antiguos a personas ya inútiles para combatirlo? ¿No ha vengado siendo presidente, ínfimas ofensas recibidas en su remota juventud, palabras duras o desdenes; y no las ha vengado como si hubieran sido heridas imperdonables? ¿No tiene por costumbre perseguir con su odio y con la calumnia, sin que consideración alguna ponga a ésta límites, a los que por razones exclusivamente políticas le han combatido? ¿No vive pendiente de la vida privada de los hombres, y no se complace en enlodar el sagrado del hogar de aquel a quien considera su enemigo?

Porque él carece de dignidad, nada hay en el mundo que le merezca respeto; porque no tiene inteligencia, responde a todo lo que le irrite derramando sangre; porque no alberga sentimientos, ni delicados ni de otro tipo, está lleno de los peores instintos, entre ellos el de la crueldad.

Así es Trujillo, comunistas. No piensen que con él podrán, como con otros dictadores o gobernantes fuertes, disfrutar de libertades que les permitan actuar. Trujillo es una hiena encarnada en un cerdo.

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. Juan Bosch: "Retrato de un viejo Maestro" (Información, La Habana, 16 de septiembre de 1944, p.14)
Tomado de la página del PLD: Obras Completas de Juan Bosch

La República Dominicana cumplió cien años de vida el 27 del último febrero; Federico Henríquez y Carvajal, a quien el Pueblo de aquel país llama simplemente el Maestro don Fed, llega hoy, 16 de septiembre de 1944, a los noventa y seis. Puede afirmarse que el viejo mentor nació con la república; y no estaba ésta segura de pervivir todavía —puesto que se combatiría durante seis años más— cuando nacía el que iba a ser, con el andar del tiempo, un ejemplo de energía y de amor a su patria

.A millares se cuentan los días que han transcurrido desde que el columnista vio por última vez a don Federico; no había él llegado a la nonageneidad, pero andaba cerca. Tenía gris el pelo, y empezaba a escasearle, le caían los carrillos, cada uno en un bulto solo, sobre la erguida nariz; le bajaban ligeramente las comisuras de los labios, y al pie de la soberana frente le fulgían los ojillos, medio cubiertos por los párpados superiores, también descendentes, y por dos selvas de cejas blancas, gruesas e hirsutas. Recordaba, con extraña fidelidad, la cabeza de Varona esculpida por Ramos Blanco. Su color tostado se había tornado pálido, más bien cetrino, y ya caminaba con alguna dificultad, fuera por el cansancio natural de los años o porque —de lo cual se quejaba a menudo— el corazón le iba fallando. Lo que no había envejecido era su torrencial energía y, por lo mismo, aquellas cosas que la expresaban: la voz, el cortante ademán.

La voz de don Fed era entonces —acaso lo sea todavía— una potente, altamente timbrada y expresiva voz de mando y campaña; el tajo de sus manos al aire, cuando hablaba, negaba el cúmulo de años que tenía.

De cuerpo don Federico era entonces —y debe seguirlo siendo, aunque la estampa cambia mucho cuando se traspasa cierto umbral— un hombre bajo; sí, bajo, sin el consabido “más bien”. Sin embargo, no lo parecía, tal vez porque andaba siempre erguido aunque las piernas le fallaran o porque era ancho, de hombros fuertes, de cuello grueso.

A la impresión de que la estatura no era tan corta daba lugar la mezcla de humildad y de ternura con que todos se le acercaban. Usaba bastón y sombrero de paño o de jipijapa; casi siempre vestí adril pardo.

Desde sus años juveniles don Fed empezó a escribir, y escribió de todo: versos, ensayos, historia, textos, polémicas; fue orador vario y brillante; fue organizador y presidió cuanta institución cultural tuvo el país; periodista, y dirigió periódicos de todos tipos, eso sí, progresistas, patrios, generosos, liberales. Conoció las cárceles, el destierro, la lucha en sus diversos aspectos, y ni un día dejó de servir.

Tenía más de 92 años y redactaba íntegro el boletín de la Academia de Historia, todavía hoy presidida por él. Desempeñó varios ministerios, tuvo la representación del Pueblo a menudo, en la Cámara, en el Senado, en el Ayuntamiento de la Capital o en asambleas constituyentes. Por todas partes pasó creando, forjando, construyendo, sin que la maledicencia osara jamás acercarse a su sombra.

Abrazó a Martí, que le llamó “hermano”, y recibió el testamento político del Apóstol cubano; abrazó a Máximo Gómez, que tuvo por él siempre gran respeto; abrazó a Betances; dijo la oración fúnebre sobre la tumba de Eugenio María de Hostos. Este último fue la luz y el camino de su vida. Junto a Hostos don Federico se hizo maestro, y la portentosa obra del puertorriqueño en Santo Domingo no se concibe sin la ayuda de don Fed, primero; sin la de Salomé Ureña de Henríquez, después. Uno y otro son los brazos —don Federico el derecho— de Hostos; los tres enseñaron a pensar a todo un pueblo. Salomé Ureña, la fina poeta-maestra, murió temprano; Hostos cayó en 1903. Si don Fed no queda heredero universal del pensamiento y de la obra de aquel y, por tanto, de ésta, es muy probable que entre el estruendo del desorden hubiera naufragado el Normalismo como organización y como idea (el Normalismo fue una tarea de esas que sólo llevan a cabo los constructores de pueblos; con ella Hostos y don Federico hicieron de jóvenes casi analfabetos maestros llamados a difundir la cultura en un país pobre, despoblado y perdido en media isla abrupta; Salomé Ureña hizo maestras).

Con el trabajo de mantener organizada la Escuela Nacional don Federico heredó a la muerte de Hostos, un legado más serio; el del espíritu normalista, que no se circunscribía al cuerpo técnico de la escuela, sino a la conciencia civilizadora. El Normalismo era eso; una fuerza de civilización encargada de renovar el país y de forjar caracteres capaces de encarar la adversidad patria con serenidad, inteligencia y fe. Don Federico mereció el legado; casi tenía noventa años y todavía enseñaba. Hoy cumple noventiseis.

El espectáculo nacional dominicano es demasiado árido para el deseo del viejo maestro. Pero bajo el suelo quemado por el despotismo están creciendo los bulbos de las flores con que la nueva generación habrá de rendir homenaje a quien le ha dado tan largo ejemplo de valor, de energía, de abnegación y honestidad. Bronce de buena ley, el viejo maestro es por sí solo una estatua y a la vez una enseñanza viva.

“Grande Amigo de Cuba”, por acuerdo del Congreso cubano, don Federico Henríquez y Carvajal es un Grande de América por el temple de su espíritu y la categoría de sus obras. De él puede afirmarse que ni aún el tiempo, fatigador de todo, ha podido domar su energía para el bien.

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. Juan Bosch: "Luis Muñoz Marín, el líder descalzo"
Tomado de la página del PLD: Obras Completas de Juan Bosch

Hablábamos en días pasados del Partido Popular puertorriqueño, “el Partido ejemplar”, a nuestro juicio, y nos quedamos en la embocadura del tema. Contamos cómo se había organizado y cómo alcanzó un poder precario. Pero no dijimos qué hizo con ese poder, y eso es lo importante a la hora de juzgar a un Partido. Lo que han hecho los “populares” desde las Cámaras borinqueñas resulta impresionante y no puede concebirse si antes no se tiene idea aproximada de quién es el hombre que dio vida a la organización y que sin disponer de la mayoría legisladora impuso el programa de su Partido, a despecho de la enemiga de los poderosos.

Tal hombre es Luis Muñoz Marín. Ahora está un poco más grueso; pero unos años atrás, cuando empezaba a fundar el Partido, su estampa física recordaba la de Stefan Zweig; su estampa moral era la de un patriarca de buena ley con espíritu desaprensivo de gran poeta. “The barefoot leader”, le llamó un corresponsal americano. Y en efecto, Luis Muñoz Marín es un líder descalzo, no sólo porque así se le ve a menudo, tendido sobre la yerba de la diminuta finca que un amigo le ha facilitado para que viva, sino porque siendo un hombre del Pueblo, en la más elevada acepción de la frase, vive descalzo de corazón, como viven descalzos de los pies cientos de miles de esos jíbaros por los cuales él piensa, lucha y sufre.

El padre de Luis Muñoz Marín fue Luis Muñoz Rivera, la más destacada figura política de la isla en los tiempos de la dominación española. Muñoz Rivera era también un poeta vigoroso y por el camino de la poesía empezó a vivir el hijo. Tradujo a Markham, escribió versos originales y ensayos enjundiosos. Pero era un inquieto, una criatura tocada por cierta insatisfacible hambre de hacer cosas para los demás. A la vez, era de tremenda, aunque a la vista apacible vitalidad.

La calidad superior de la naturaleza humana en Luis Muñoz Marín se le veía en los ojos, unos ojos negros, de profundo y a la vez vago mirar, que recordaba a los místicos hindúes. Y la superior calidad de su mente se apreciaba cuando le tocaba discurrir de viva voz o por escrito.

La gente que le rodeaba no se daba cuenta, sin embargo, de la talla del hombre, aunque intuía o temía que en él hubiera un líder de superior estatura. Muñoz Marín era —sigue siendo, tenemos entendido— un ser de extraordinario despego por la forma. No le preocupaba ganar dinero —ni le preocupa ahora, cuando es el señor de la voluntad popular, pues para vivir no dispone sino de la pequeña mensualidad que le pasa su Partido, de unos cuatrocientos pesos que gana al año como senador y de la casa que le ha prestado un amigo—.

No querer ganar dinero es mala señal para las personas “honorables”, y en el caso de Luis Muñoz Marín era cosa peor porque él fumaba más que ningún otro puertorriqueño, bebía más whisky que veinte hombres, tenía tras él mujeres suficientes para dos docenas de solteros. “¿Cómo —decían los señores de bienes— puede ser nada un individuo así?”. Sin embargo, lo fue. Lo es. Porque ni montañas de tabaco rubio, ni océanos de licor de maíz ni centenares de talles esbeltos pudieron ahogar la extraordinaria naturaleza de líder que había en Luis Muñoz Marín.

Es extraño esto que vamos a decir: lo que en otro hombre hubiera podido significar destrucción de la moral ciudadana y de la fortaleza y vivacidad mental, en él servía de alimento. Porque es el caso que Muñoz Marín era y es un poeta de la política a la vez que un patriarca de su pueblo.

No se piense que su psicología ha cambiado. Lo más probable es que el visitante dé con él tendido bajo un árbol, sobre la yerba de la pequeña finca donde vive, descalzo, con montones de cigarrillos al lado y rodeado de colillas; incluso tal vez con una botella de whisky cerca. Pero lo que el visitante debe saber si lo encuentra así es que en tal momento, como en todos los de su vida, Muñoz Marín está pensando en Puerto Rico, buscando la solución de algún problema de su pueblo. Ese hombre acostado, descalzo, que acaso esté jugando con una de sus hijitas; ese hombre de copioso bigote negro y profundos ojos de hindú, ese silencioso tipo cetrino es uno de los líderes más grandes, honestos y capaces que ha tenido pueblo alguno de América. El visitante puede hablarle de todo, de cuanto se le antoje: Muñoz Marín tiene siempre un juicio concreto sobre cada asunto, y sabe expresar su juicio con la hondura y la belleza que le comunican a su discurso su fina sensibilidad de poeta y una cultura amplia cernida a través de un singular don de análisis.

Tendido allí, Muñoz Marín trabaja como pocos. Sólo va al Senado cuando su voto es necesario a la aprobación de una ley, o cuando la oposición a su Partido es tan tenaz que hace falta su presencia para derrotarla. Pero casi todas las leyes de beneficio popular que han aprobado las Cámaras borinqueñas en los últimos tres años —y ha sido un cúmulo— han salido redactadas ya de sus manos. Él no lo dice, sin embargo, ni le molesta que parezcan obra de otro. No alimenta mezquindad alguna. Es un alma grande, de dimensiones continentales. Es el líder natural, impuesto por su estatura interior, no por esfuerzo de la voluntad. Señorea como una montaña gigantesca; por su sola presencia. No es vanidoso, no es egoísta, no es autoritario, no es sensible al halago. No se parece a figura histórica alguna, aunque su destino es comparable al de las mayores de América. Pues ese hombre extraordinario, ese “líder descalzo” está llamado a ser, y está en el deber de ser el Libertador de Puerto Rico.

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. Juan Bosch: "El panfleto de Betancourt y Otero Silva" (El Mundo, Santo Domingo, 29 de agosto de 1929, p.2)
Tomado de la página del PLD: Obras Completas de Juan Bosch

No conozco a Rómulo Betancourt. No conozco a Miguel Otero Silva. Hasta ahora no he sentido en mi mano ancha la presión de las suyas hechas para el calor del fusil que enrojecieron los disparos. Sé sólo que son jóvenes, venezolanos y rebeldes: y es mucho.

Su panfleto 'En las huellas de la pezuña' fue, más que leído, devorado, las últimas páginas en un desesperado esfuerzo visual, en el aletear preagónico de un crepúsculo gris. ¡Qué bien escrito! ¡Cuánto realismo!

Párrafos hay, como aquel en que, libres los estudiantes rebeldes ven, velados por la melancolía, los ojos de Tamayo, a quien adivino con la indolencia externa del indio acorralado, el gesto cansado de un Jesús de Galilea y el alma grande de un revolucionario indomable, que emocionan en su ingenuidad. Y otros en la que el alma libre, libre por convicción y por atavismo, siente un dolor inexpresable cuando Betancourt relata, con pluma magistral, el atropello a Rotondaro por un tuerto indecente, analfabeto y engreído. Y desea uno haber estado allí, para lanzarle a Molina, como una bofetada, el único insulto que él sentiría de veras, porque lo es: Cobarde!

El pueblo venezolano se ve, se vive, como un cuerpo grande donde hierven los gusanos, amontonados en las vísceras, en su hedionda labor…

Cuando a los veinte años se ha vivido, errante, con el dolor de la patria podrida y el dolor de la novia ausente, en una cruzada magnífica sublime, como ha vivido Betancourt; y cuando se escribe como escribe este muchacho, que en las puertas de la vida sintió el alarido doliente de la humanidad herida, es porque se está señalado con la marca de los grandes destinados.

No puedo decir más.

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. Juan Bosch: "Los dos caminos de la hora" (El Mundo, Santo Domingo, 16 de septiembre de 1929, p.1 / p.2)
Tomado de la página del PLD: Obras Completas de Juan Bosch

Es innegable que en la Mansión Presidencial se está gestando una tiranía que amenaza al pueblo dominicano. Y esta tierra que tantos machos ha parido ve impasible la formación de una hidra de cabezas trágicas. Gestos aislados; pocos hombres de vergüenza: Leoncio Ramos, dispuesto a sacrificar la comodidad de él y su familia con la negación de un sueldo lujoso; Luis Sánchez Andújar y Gustavo Adolfo Mejía, decididos a sacrificar su vida en aras de un ideal; pero la totalidad del pueblo elevando preces a los hombres que puedan darle un pedazo de pan manchado en lodo de muchas iniquidades. ¡Y los que llegamos a pensar y a creer en una posibilidad de civismo tenemos que bajar apesadumbrados las cabezas ante tanta bajeza!

Muchísimos libertarios que pasearon en tiempos de dolor sus gestos jacobinos por los llanos del país han sucumbido al primer deslumbramiento de una moneda de oro. Y otros muchos, sin necesidad de hacerla porque ya los años doblan sus cuerpos y están más cerca de la tumba que de la vida, se aferran al poder, locos de ambición de mando, negando dolorosamente toda su vida pasada y defraudando al pueblo que puso en sus apostólicas proclamas hipócritas sus más caros amores.

Una vez más el pobre pueblo burlado por los guardadores de su fe antaño y por desconocidos que llegaron, encorvadas las garras feroces, salidos de los rincones más obscuros de la selva, para caer en el Tesoro Público y sacar a puñados el oro que alzó con su sudor el pueblo.

Los libertarios no se improvisan, nacen libres y mueren libres con la vida llena por la lucha hacia la libertad de todos.

Para un hombre solo basta y sobra un metro cuadrado de tierra en la selva virgen.

Los gestos de venganza de los pueblos, sí se improvisan. Desgraciadamente no saben matar las tiranías en su cuna y por ello, en la República Dominicana veremos resucitadas, sino se trata de evitar, no importa el proceso a seguir para ello, el desarrollo de ese monstruo terrible que se mueve ya en las entrañas, los días aciagos de monstruosas tiranías acabadas a sangre y fuego por hombres que dan hoy la espalda a su pasado glorioso.

¡Y pensar que tan sólo haciendo una renunciación que los dignificaría y los inmortalizaría de bajas ambiciones el país seguiría en su marcha triunfal hacia el progreso!

¡Y pensar que hombres, para quienes ya ha tendido sus brazos la muerte, van a manchar para eterno sus vidas limpias de máculas por no resignarse a vivir apartados del poder cinco años más que durarán!

Para el pueblo dominicano, que tuvo en cada época un gesto glorioso y ha escrito con sangre sus más bellos poemas de vergüenza, hay hoy una hora de confrontación. Tenemos dos caminos a seguir:
cruzarnos de brazos y ver pasar la tragedia de una tiranía o cruzarnos en el camino, en una grandiosa manifestación de civismo a esperar que nos deshagan las patas del monstruo que amenaza.

Vale más, innegablemente, morir libres que vivir esclavos.

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. Juan Bosch: "Si estallara la Guerra" (La Opinión, Santo Domingo, 1º de junio de 1937, p.1 / p.7)
Tomado de la página del PLD: Obras Completas de Juan Bosch

Yo acababa de cumplir cinco años cuando Europa empezó a enrojecerse con la hecatombe del catorce; y tenía cerca de diez cuando la soldadesca, cansada de chapotear en lodo sangriento, enloquecida por el traqueteo de las ametralladoras y el estallido de las bombas, tiró las armas y se abrazó a sus enemigos. El mundo deliró de alegría. En un pueblo del interior de esta antilla diminuta, donde yo vivía, se encendían cohetes, se paseaban banderas y se estrenaban pasodobles. Lo mismo ocurría en New York y en el África, todos los hombres lloraban y se abrazaban; todas las mujeres humedecían con lágrimas las cabezas de sus hijos. Nos habíamos librado de la guerra, de la apocalíptica guerra que sepultó en los campos de Francia, en Rusia, en Asia, en los Balcanes y en el mar, millaradas y millaradas de vidas que desaparecieron sin servir el útil propósito que toca a todo ser cumplir sobre la tierra.

Mientras aquella locura duró, los niños de mi edad, con estúpida inocencia, jugábamos a “franceses y alemanes”. El mal empezaba en nosotros por ahí: nos envenenaban la infancia con el virus bellum. La guerra terminó sin que los que teníamos diez años sintiéramos otra cosa que una alegría infantil por los festejos con que se celebró el armisticio. Al parecer, no había más. Pero cuando empezábamos a abrir los ojos, dos o tres años más tarde, vino el derrumbe.

En los días sangrientos, mientras el europeo cambiaba la herramienta de trabajo por el fusil y la granada, aquí se producía para él; mejoraron los precios, la vida se acomodó a módulos nuevos. La guerra finalizó, y ese edificio que se afincaba en ella se sostuvo por ley de inercia algún tiempo más, pero le faltaban ya los cimientos, y un buen día se vino abajo, arrastrando consigo cuanto constituía su ambiente.

La primera gran tragedia de que tuvimos noción, fue aquella. Todo se tornó escombros; el hogar tambaleaba, como a efectos de un sismo formidable, y con él la sociedad y el Estado. Quienes sufrimos en la entraña esa conmoción fuimos nosotros, “los que teníamos doce años”; porque ocurría que nuestros padres se habían hecho su universo, mantenían sus relaciones anteriores, y siguieron viviendo en su ambiente, mientras nosotros despertábamos a un mundo desordenado, en el que se iniciaban ismos feroces, y en el que florecían ideologías férreas y absurdas, duros remedios para un enfermo débil. A partir de ahí, cabeceando duramente, desadaptados como extranjeros, todos los jóvenes de mi edad habíamos de luchar, a brazo completo, para abrirnos paso y fabricar un hueco caliente en el que pudiéramos anidar. Estábamos consiguiéndolo cuando nos sorprendió la otra bancarrota: para restañar la sangría anterior, los dueños del mundo idearon la inflación, otro edificio de bases falsas, que se nos cayó arriba de nuevo, en la quiebra del veintinueve. Algo así como una espantosa maldición bíblica perseguía a nuestra generación. El fundamento económico se nos escapaba bajo los pies, como la arena movediza. Además, no salíamos del miedo a otra conflagración; pasados los días de los desposorios con la paz, empezaban a oírse voces bélicas.

Sobre la tierra sufrida asomaban de nuevo los cañones; sobre la mar, acorazados; bajo el cielo, el avión. Todo está listo ya para el sacrificio. Los señores de la guerra, que no van a la guerra, disponen a su antojo del destino de los pueblos.

El temor no nos deja dormir. Si estallara la temida hecatombe, todos nosotros, toda una generación universal a la que se ha perseguido con el maldito fantasma de la destrucción, perdida la esperanza, acabaríamos por buscar la forma de retornar a los días caóticos de la tribu, o más lejos aún, allí donde hubiera seguridad de que no surgirían esas grotescas figuras de salvadores que sostienen suspendida sobre el cuello de la humanidad la espada de Damocles de otra guerra. De otra guerra que pagaríamos también nosotros, porque no nos han dado tiempo para forjarnos un mundo amable, como lo habían hecho nuestros padres antes del catorce infernal.

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Sobre Juan Bosch

. Fidel Castro acerca de la Revolucion Constitucionalista y Juan Bosch/Discurso 1ero de mayo, 1965

. Antecedentes del golpe de Estado. Encuentro de Juan Bosch y John F. Kennedy/Víctor Grimaldi

. Euclides Gutiérrez Félix, historiador y político dominicano: Semblanza de Juan Bosch

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. Juan Luis Cebrián/El legado de Juan Bosch: una herencia americana

. Miguel Cocco sobre Juan Bosch

. Sergio Ramírez, escritor nicaragüense, sobre Juan Bosch

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. Ignacio Ramonet, sociólogo y periodista español sobre Juan Bosch: La raíz de los grandes hombres

. Yailín Fajardo Rodríguez - La Habana [Juan Bosch en Cuba: su legado político (1939-1961)]

. Guillermo Piña Contreras, novelista y ensayista dominicano: Juan Bosch, el camino de la historia

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. Andrés L. Mateo, narrador, ensayista y escritor dominicano: Juan Bosch, el moralista problemático

. Eugenio García Cuevas/Especial para El Nuevo Día: Juan Bosch, escritor y político

. Literatura y política en la figura de Juan Bosch. Análisis a la obra de Eugenio García Cuevas "Juan Bosch: novela, historia y sociedad"/Joaquín Jiménez

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. El Caribe, periódico dominicano: Juan Bosch Gaviño, 1963

. Ana Mitila Lora, periodista dominicana: Juan Bosch, el político que no dejó matar ni robar

. Marcio Veloz Maggiolo, narrador, poeta, ensayista y crítico dominicano, sobre Juan Bosch

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. Bruno Candelier, ensayista y narrador dominicano: Juan Bosch, semblanza literaria de un inmortal

. Fernando Ureña Rib, pintor dominicano: Juan Bosch, Maestro de la narrativa latinoamericana

. Julio Ortega, crítico, ensayista, profesor, poeta y narrador peruano, sobre Juan Bosch

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. Angel Guerra Cabrera, articulista mexicano: El legado de Juan Bosch

. Héctor Amarante, ensayista dominicano: Juan Bosch, la muerte durando

. Juan Bosch: práctica de la separación/Diógenes Céspedes

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. Juan Bosch, un ser para la libertad. Alfredo Matus Olivier/Academia Chilena de la Lengua

. Pedro de la Hoz, periodista cubano: "Juan Bosch, narrador de pura estirpe"

. Juan Bosch: el origen de un nombre/Rafael García Romero

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. ¡Juan Bosch siempre!/Euclides Gutiérrez Félix

. La trascendencia de Juan Bosch/Juan Bolívar Díaz

. Biblioteca de Puerto Rico llevará el nombre de Juan Bosch

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. UNESCO aprueba la creación del "Premio Juan Bosch a la Investigación en Ciencias Sociales"

. ¿Bosch no sabía?/Manolo Pichardo

. Las últimas declaraciones de Juan Bosch.../Santiago Estrella Veloz




. Fidel Castro acerca de la Revolucion Constitucionalista y Juan Bosch/Discurso 1ero de mayo, 1965

Mientras celebramos esta nueva conmemoración del Día Internacional de los Trabajadores en nuestra patria, territorio libre de América, se está escribiendo en la tierra hermana de Santo Domingo, a la vez que una de las páginas más heroicas y hermosas del pueblo dominicano, una de las acciones más vandálicas, criminales y bochornosas de este siglo. Todos sabemos los hechos sucedidos en Santo Domingo; no es necesario narrarlos. Mas, de ello debemos saber sacar las conclusiones necesarias. Pocos hechos han puesto más al desnudo el cinismo y la criminalidad del imperialismo yanki ; pocas veces se podrá decir con más odio y con más indignación eso que dice el pueblo: ¡Muera el imperialismo yanki!

La forma desvergonzada de actuar, el desprecio hacia la opinión internacional, hacia las leyes internacionales, hacia los acuerdos, no ya las leyes que son de cumplimiento obligatorio para todos los países, sino aun aquellos compromisos contraídos por el propio gobierno de Estados Unidos con sus aliados —algo más que con sus aliados, con sus propios cómplices de fechorías, con las propias oligarquías serviles y sumisas que con el imperialismo yanki suscribieron los acuerdos de Bogotá, de Río de Janeiro, los convenios panamericanos y quién sabe cuántos convenios más—, y que han hecho trizas sin consideración alguna los compromisos contraídos con aquellos gobiernos que los han acompañado en su política reaccionaria e imperialista. La perfidia de la política de Estados Unidos se ha hecho más evidente que nunca. Porque hay veces que tratan de cubrir, de disfrazar lo mejor posible sus acciones; pero en este caso, en este caso realmente no han hecho o no han podido hacer absolutamente nada por disfrazar sus hechos.

Y cuando el mundo se preocupaba profundamente de sus acciones agresivas allá en el sudeste de Asia, con sus vandálicos y criminales ataques al pueblo de Viet Nam del Norte, con su guerra mercenaria y criminal contra el pueblo de Viet Nam del Sur, con sus intentos de internacionalizar allí la agresión con participación de sudcoreanos, australianos y demás tropas que responden en el Asia a sus planes agresivos y criminales, se presenta el problema de Santo Domingo. Mientras proclamaban allá, en el sudeste de Asia, que perpetraban todas aquellas fechorías para defender la soberanía de Viet Nam del Sur, esa república ficticia y artificial creada por ellos, desembarcan su infantería de marina en el territorio de un Estado soberano y libre, hacen trizas la soberanía de ese Estado, los derechos de ese pueblo. Y esta vez ¿con qué pretexto? Pues con el pretexto nada menos que de defender vidas y haciendas de norteamericanos.

Algunos gobiernos latinoamericanos que, por cierto, han estado muy tibios, demasiado tibios y demasiado débiles —con alguna que otra excepción— en la protesta, han hablado de los móviles humanitarios. ¡¿Qué móviles humanitarios ni "ocho cuartos"?! Con esos móviles supuestamente humanitarios hace apenas unos meses, en complicidad con sus aliados belgas, lanzaron a los paracaidistas sobre el Congo, y en esta ocasión desembarcan sus infantes de marina en territorio dominicano. Pero analicemos el pretexto. En primer lugar, ningún ciudadano norteamericano había perdido la vida en la contienda civil dominicana, donde, sin embargo, cientos de dominicanos habían perdido la vida; pero, además, ¿qué derecho puede tener ningún país, como no sea el derecho de sus cañones, el derecho de sus barcos y aviones de guerra, el derecho de sus tropas militares, a desembarcar en el territorio de otra nación con el pretexto de defender la vida y hacienda de sus connacionales? Según ese criterio no existe la soberanía ni la independencia para ningún país débil, no existe en el mundo, en ningún país del mundo, el derecho de la soberanía para ningún pueblo pequeño. Porque con el mismo criterio con que los imperialistas yankis han desembarcado allí, otras naciones podrían también desembarcar; podrían desembarcar los ingleses para defender la vida y hacienda de sus súbditos, podrían desembarcar los franceses para defender la vida y hacienda de sus súbditos, de sus ciudadanos, podrían desembarcar los españoles para defender la vida y hacienda de sus ciudadanos, podrían desembarcar los italianos para defender la vida y hacienda de sus ciudadanos, podrían desembarcar los japoneses para defender vidas y haciendas de sus ciudadanos. En fin, que cualquier país poderoso, cualquier país grande, se podría arrogar el derecho de desembarcar en el territorio de cualquier país pequeño donde vivieran ciudadanos de ese país, o donde poseyeran propiedades ciudadanos de ese país.

Con esa filosofía, con ese concepto del derecho, con ese criterio, ¿qué seguridad, qué garantía podrían existir para ningún pueblo pequeño; qué legalidad, qué orden y qué paz podrían subsistir en el mundo? Y simplemente con ese argumento, en pleno siglo XX, en la segunda mitad del siglo XX, con ese pretexto tan débil, tan impugnable, tan injustificable desde todos los puntos de vista morales, legales y humanos, desembarcan sus fuerzas militares en una nación independiente del continente americano. Pero ese pretexto injustificable, inadmisible no era más que eso: un pretexto, porque encima de la debilidad del pretexto estaba la falsedad del pretexto, la mentira del pretexto; porque la razón verdadera: detrás del desembarco —que escogió pretexto tan impugnable, tan inaceptable y tan débil— estaba el verdadero propósito de salvar a los militares reaccionarios, de salvar a los gorilas dominicanos, de salvar a los agentes del imperialismo yanki, en un instante en que el pueblo dominicano les iba a ajustar las cuentas de una vez por todas.

¿Y qué fueron a combatir? ¿Acaso una revolución socialista? ¡No!, muy lejos de eso. ¿Acaso una revolución que pudiéramos calificar de liberación nacional? ¡No! Fueron a aplastar nada menos que un movimiento constitucionalista, un movimiento que proclamaba el retorno a la presidencia del país de un presidente derrocado hace cerca de dos años, electo de acuerdo con la Constitución burguesa de ese país, en una de esas elecciones que los imperialistas apologetizan dentro de ese sistema que ellos defienden de la llamada —entre comillas— "democracia representativa"; un movimiento integrado por oficiales inconformes del ejército dominicano —se dice que oficiales y suboficiales jóvenes— y por el pueblo dominicano. Algo similar a lo que habría podido ocurrir en nuestro país el 10 de marzo si el pueblo hubiese podido obtener armas, algo similar a lo que ha ocurrido en otros pueblos de América Latina. ¿Era una revolución socialista? ¡No! ¿Era una revolución comunista? ¡No! Era un movimiento constitucionalista, todo ello dentro de la filosofía y dentro de la concepción que los imperialistas yankis dicen defender. Por eso los hechos llevados a cabo por el gobierno de Estados Unidos chocan no ya solo contra las normas más elementales del derecho, sino chocan contra la propia filosofía, contra las propias ideas que los imperialistas dicen defender; simplemente por defender a los elementos más reaccionarios, a los elementos más derechistas, a los militares netamente gorilas, a los elementos netamente trujillistas de Santo Domingo.

El movimiento constitucionalista proclamaba el retorno de quien había sido elegido constitucionalmente presidente, el señor Juan Bosch. ¿Acaso Juan Bosch es, o ha sido alguna vez, comunista? ¡Nunca! El señor Juan Bosch no tiene que aclarar que él no es comunista, porque nadie ha tenido nunca a Juan Bosch por comunista. Claro que él hace esas aclaraciones a los imperialistas. ¡Bueno, allá él!, pero nosotros sabemos que Juan Bosch nunca ha sido, y posiblemente nunca será, comunista. Decimos esto, que posiblemente, porque quién sabe si después de todo lo que le han hecho algún día empieza a pensar de una manera distinta de la que piensa hoy. ¿Qué oficiales dirigían? Un oficial cuyo nombre hemos oído mentar por primera vez, llamado el coronel Caamaño; otro oficial se mencionaba como jefe de los constitucionalistas, Miguel Angel Ramírez. Miguel Angel Ramírez nunca ha sido comunista; incluso Miguel Angel Ramírez participó en Costa Rica, junto con Figueres, en aquella revuelta armada que llevó a Figueres al gobierno. Si mal no recuerdo, ese mismo Miguel Angel Ramírez participó en aquella revuelta, junto con Figueres. ¡¿Y quién puede decir que el señor José Figueres sea comunista?!

Sin embargo, era lógico que los imperialistas trataran por todos los medios de embadurnar de rojo el movimiento constitucionalista. Para ello, desde luego, no podían tener la menor base ni el menor pretexto. Sin embargo, inmediatamente que se producen los hechos en Santo Domingo, que se dan cuenta de que los gorilas al mando del coronel, o del general, o del testaferro ese llamado Elías Wessin, estaban siendo derrotados por los constitucionalistas que, unidos al pueblo estaban batiendo a los gorilas dominicanos; las agencias cablegráficas yankis, La voz de Estados Unidos, comenzaron —con su estilo de siempre, con su práctica de viejo conocida— a repetir y a divulgar rumores tendientes a presentar el movimiento constitucionalista revolucionario como un movimiento comunista, como un movimiento izquierdista; a presentar la situación en Santo Domingo como una situación de caos, de desorden; comenzaron a hablar de actos de barbarie, comenzaron a hablar de ataques a embajadas.

Pero es curioso que durante un día repitieron incesantemente que varias embajadas habían sido atacadas, y mencionaban la embajada de Ecuador, y, sin embargo, el propio gobierno de Ecuador se encargó de desmentir esa noticia y de declarar que en ningún instante su embajada había sido atacada. Otras embajadas a quienes señalaban como atacadas por los revolucionarios, de otros países, los países se han encargado de desmentir esos infundios. ¿Qué ocurrió realmente? Al parecer los constitucionalistas armaron al pueblo, le entregaron armas al pueblo, y eso fortaleció considerablemente su causa. Los gorilas, refugiados en la Base Aérea de San Isidro, y contando como con unos 30 tanques de guerra, lanzaron el día 28 un ataque contra los constitucionalistas. Al parecer, en los primeros momentos el ataque precedido de tanques progresaba; se dice que cruzaron uno de los puentes que separaban la base de la ciudad. En esos momentos los gorilas cantaban victoria, enviaban noticias, y mientras ametrallaban al pueblo, ametrallaban la ciudad de Santo Domingo y ametrallaban la estación de radio, que estaban en manos de los constitucionalistas, proclamaban su victoria, creían que nada podría contener su ataque de tanques. Pero, ¿qué ocurrió con los tanques?

Por las noticias que se han ido recibiendo, se puede comprender que al parecer los tanques avanzaron unos 300 metros; junto con los tanques, la infantería de los gorilas. Pero el pueblo y los militares que defendían la Constitución y la defensa de Juan Bosch, parapetados en la ciudad, abrieron fuego sobre los tanques y sobre la infantería de Wessin, y todo parece indicar que el avance fue detenido, y no solo fue detenido sino que la columna de los gorilas fue puesta en fuga por la tenaz resistencia del pueblo dominicano. Hasta ese momento no había desembarcado la infantería de marina; hasta ese momento solo habían situados unos 40 infantes de marina en la costa para ir evacuando algunos ciudadanos norteamericanos. Pero cuando la resistencia del pueblo rechazó y prácticamente destruyó la columna atacante, los imperialistas comprendieron que su causa —es decir, la causa de los gorilas— estaba perdida. Y esa noche ordenaron el desembarco masivo de la infantería de marina yanki, la noche del 28.

Alrededor de estos hechos han ocurrido cosas verdaderamente degradantes para los gobiernos latinoamericanos, han ocurrido cosas verdaderamente bochornosas para esa agencia de colonias llamada OEA. El señor Johnson declaró en la noche del día 28 que había dado orden a la infantería de desembarcar para proteger ciudadanos norteamericanos, y que había sido informada la OEA. Pero es lo cierto que en la OEA no se había hablado una sola palabra, que en la OEA nadie tenía la menor noticia. ¡Es mentira!, era una mentira más, porque en la OEA, en el momento en que se dio la orden de desembarcar en Santo Domingo, nadie sabía una palabra; y según publicaron las propias agencias norteamericanas, los delegados de la OEA se enteraron por radio y por televisión cuando habló Johnson que la infantería de marina yanki había desembarcado en santo Domingo.

No se puede concebir una bofetada peor, no se puede concebir un puntapié peor, no se puede concebir una insolencia mayor, un desprecio mayor por esos mismos gobiernos y por esos mismos delegados que en más de una ocasión han sido cómplices de sus actos de arbitrariedad y de sus fechorías. Se enteraron por radio y por televisión, pero hay algunas cosas por añadidura. Un general yanki, jefe de la infantería de marina, que estaba en Saigón, algunas horas antes del anuncio de Johnson declaró que un batallón de infantería de marina había desembarcado en Santo Domingo; es decir, que tiempo tuvieron de comunicarlo en la OEA, porque un general yanki en Saigón, varias horas antes, habló del desembarco de un batallón. Pero cuando el general habló en Saigón —aparentemente se equivocó la hora—, en Washington no se había dicho una sola palabra; entonces los periodistas le preguntaron al jefe de prensa, el jefe de prensa dijo que no, que eran 40 nada más; pero como evidentemente algo había salido mal, una indiscreción había sido cometida, se apuraron, se precipitaron, y una o dos horas después el propio Johnson confirmó lo que un general yanki había dicho en Saigón, no que un batallón, sino que varios batallones de infantería de marina habían desembarcado en Santo Domingo. Esto fue el 28.

Pero, ¿qué ocurrió el 29? Al parecer esperaban que el mero desembarco de unos batallones amedrentaría al pueblo dominicano; al parecer creyeron que el simple desembarco paralizaría al pueblo dominicano. Pero, ¿qué ocurrió? Lo imprevisto, lo increíble para los imperialistas, lo sorprendente: ¡El pueblo siguió combatiendo y acorralando a los gorilas y sin detenerse un solo instante, siguieron su avance; y al parecer estaban poniendo ya en peligro la propia base de los militares reaccionarios en San Isidro! Eso fue el 29. Entonces, ¿qué ocurrió? El 29 por la noche, asustados, amedrentados ante la reacción del pueblo, desembarcaron en la propia base de San Isidro dos batallones de la División 82 Aerotransportada con todos sus equipos militares. Es decir que a pesar del primer desembarco, la causa de los gorilas estaba perdida, la base de San Isidro no podría resistir y el 29, en la propia base de San Isidro, desembarcaron con equipo de campaña y con tanques de guerra dos batallones de la 82 División aerotransportada.

Y el día 30, ¿qué ocurrió? La OEA se había reunido el día antes. Un elemental sentido del pudor, una situación extraordinariamente comprometida ante sus propios pueblos, hacía que los representantes de los gobiernos de América Latina tragasen de muy mala gana todo aquello. Entonces el gobierno de Estados Unidos propuso la creación de una zona neutral —¡pero qué zona neutral!—, una zona de 26 kilómetros en la ciudad de Santo Domingo, 26 kilómetros cuadrados, es decir, casi toda la ciudad. Pero no habían terminado los de la OEA de tomar el acuerdo, cuando ya las tropas de Estados Unidos de "motu propio", por cuenta propia, y sin consultar con nadie, establecieron esa llamada zona de seguridad. Claro que lo que querían era un pretexto para ocupar la mayor parte de la ciudad de Santo Domingo.

Sin embargo, ¿qué pasó el día 30? Primero habían desembarcado los marinos, después habían desembarcado batallones de la División aerotransportada. Sin embargo, en la ciudad seguía luchando el pueblo, y la fortaleza de Ozama, uno de los principales baluartes de los gorilas en el propio centro de Santo Domingo, cayó el día 30 bajo el ataque de las fuerzas constitucionalistas, es decir, cuando ya había desembarcado la infantería de marina, cuando ya habían desembarcado dos batallones de paracaidistas. El pueblo siguió adelante y tomó por asalto la fortaleza de Ozama el propio día 30. Fue por eso que aunque tenían ya 4 500 hombres, los imperialistas dispusieron nuevos desembarcos de tropas en Santo Domingo.

Y hay algo que no pueden disimular, hay algo que lo revelan sus propias agencias cablegráficas, y es que en el día de ayer las fuerzas yankis, acompañadas por tropas de Wessin, atacaron la ciudad de Santo Domingo por el puente Duarte. Pero la resistencia del pueblo dominicano, su tenacidad, su patriotismo, estaba haciendo las cosas cada vez más difíciles a los imperialistas yankis, y todos sus esfuerzos se han dirigido a tratar de legalizar de algún modo su acción. Hoy tenían reunida a la OEA. ¿Y qué proponían? Proponían internacionalizar la intervención, legalizar la intervención; es decir que para que no fuese una intervención unilateral de Estados Unidos, los gobiernos, los representantes de los gobiernos, acordasen internacionalizar la intervención y, en consecuencia, ya las tropas yankis no estarían allí como tropas del gobierno de Estados Unidos sino como tropas de la OEA. Es decir que lo que trata el gobierno de Estados Unidos en estos instantes por todos los medios es corresponsabilizar a los demás gobiernos de América Latina con sus planes criminales, manchar con la sangre de ese crimen a los demás gobiernos de América Latina, santificar, legalizar su criminal acción. Y hoy estaban presionando en la OEA para que se tomase el "acuerdo" de internacionalizar, de manera que la intervención fuese colectiva, y entonces ya que no apareciera como una intervención unilateral de Estados Unidos.

En el interín se esforzaron —puesto que no podían aplastar al pueblo— en lograr una tregua. Y cuando —según noticias— había habido ya algunas conversaciones de tregua, entonces el gobierno de Estados Unidos comenzó a decir que, desde luego, la única autoridad que reconocían era la de la base de San Isidro, es decir, la del general Wessin. Ahora bien: cuando intervinieron habían dicho que en Santo Domingo no había ninguna autoridad, es decir que aun en medio de la tregua estaban tratando de crear condiciones para imponer a los gorilas. Es posible que traten de desarmar al pueblo, es posible que traten de que el pueblo entregue las armas en medio de esa tregua. ¿Pero qué noticias nos trae Prensa Latina de la situación en el día de hoy? Pues según las noticias, los jefes constitucionalistas establecen como condición para que haya tregua, el retiro de las tropas norteamericanas de territorio dominicano.

Ese punto de vista engrandece a los dirigentes constitucionalistas. Esa actitud eleva su prestigio ante los ojos de todo el mundo. Pero hay que decir que en el día de ayer y de hoy, cuando tropas yankis con tanques, unidas a las fuerzas de Wessin, penetraron por el puente de Duarte, se encontraron con tenaz resistencia y un nutrido fuego por parte de los soldados y combatientes constitucionalistas, de tal manera que, según las noticias, tres infantes de marina y dos paracaidistas yankis han muerto en Santo Domingo, y más de 15 han sido heridos; es decir, que los dominicanos, el pueblo dominicano ha comprobado lo que Sandino había comprobado ya, lo que el heroico pueblo de Viet Nam ha comprobado ya: ¡Que los infantes de marina son de carne y hueso, y que en la carne de los soldados de infantería de marina yanki penetran las balas!, y que mueren como perros miserables y traidores cuando se dispara contra ellos mientras perpetran sus fechorías en cualquier lugar del mundo.

Y al pueblo y a los combatientes dominicanos les cabe la honrosa gloria de haber comprobado una vez más esa verdad, de haber comprobado que los soldados mercenarios del imperialismo son de carne y hueso, y que si vienen a matar, bien merecen morir. Ante la situación actual, el imperialismo ha desembarcado nuevas tropas en Santo Domingo; pero ya el pueblo dominicano ha desenmascarado sus planes, ya el pueblo dominicano les ha obligado a quitarse la careta, ya el pueblo dominicano les ha obligado a revelar sus verdaderas intenciones, su papel de enemigos de los pueblos, su papel de defensores y aliados de los reaccionarios; porque fueron allí a defender a ese mismo Wessin cuyos aviones de guerra ametrallaron y bombardearon la ciudad, cuyos aviones de guerra causaron cientos de víctimas inocentes, mujeres y niños, en la población civil dominicana; cuyos aviones de guerra llenaron los hospitales de víctimas, de heridos y de cadáveres. Y cuando el pueblo se disponía a rendirles cuenta, ese mismo imperio, esos mismos soldados yankis que fueron los que en su anterior intervención dejaron allí a Trujillo e implantaron el gobierno de Trujillo, esos mismos soldados que a la caída de Trujillo con sus barcos de guerra impidieron la revolución del pueblo dominicano, esos mismos marinos van allí a defender a los genocidas, a los que bombardean las ciudades, a los esbirros que asesinan a ciudadanos, a campesinos y a obreros y a estudiantes dominicanos.

¡A nadie podrán confundir ni engañar con su calumnia, ni con sus mentiras! El señor Johnson ha dicho, con ese cinismo que lo caracteriza, que "elementos entrenados en el extranjero" trataban de controlar la situación. ¡Sí!, los elementos entrenados por el imperialismo en Fort Bragg, los elementos entrenados por el imperialismo en Panamá; los gorilas y los asesores yankis son los que están tratando allí de controlar la situación, de aplastar la Revolución Dominicana; ellos son los únicos extranjeros que actúan allí, ellos son los únicos agentes extranjeros que actúan allí. Ahora se dedican a averiguar si entre los miles de combatientes del pueblo hay alguno que otro comunista, y empiezan a decir que hay comunistas entre los constitucionalistas. Lo extraño sería que dijeran que había comunistas entre los gorilistas, entre los defensores del imperialismo, entre los defensores de Wessin. Nosotros no sabemos cuántos comunistas hay en Santo Domingo, es posible que sean pocos comunistas; pero sin duda de ninguna clase que cualquier comunista en una lucha como esta no se pone al lado de los imperialistas, no se pone al lado de los gorilas; lucha, porque ese es su deber revolucionario, junto a la Constitución, junto al partido que defienda la Constitución, aunque ese partido se declare no comunista, aunque ese partido jure que no quiere nada con los comunistas.

Y ahora andan hurgando para ver dónde andaban los comunistas conocidos en Santo Domingo. Pero ese es el más ridículo y más absurdo de los pretextos. No sabemos si había comunistas en Etiopía cuando Mussolini atacó Etiopía, pero sin duda que no pelearon al lado de Mussolini. No sabemos en cada uno de esos casos de agresión, los comunistas que hay en cualquier país, pero es deber de todo comunista luchar junto al movimiento popular; aunque sean una minoría, aunque sean 10, si el pueblo está luchando contra sus enemigos tradicionales, tienen el deber de luchar junto al pueblo.

¿Qué demuestra esta actuación del imperialismo yanki? Demuestra que el imperialismo tiene miedo, demuestra que el imperialismo está nervioso. En Venezuela hubo también una revolución; en esa revolución participó el Partido Comunista cuando el derrocamiento de Pérez Jiménez. Era un Partido Comunista mucho más organizado, mucho más numeroso y de mucha más experiencia de la que pueda tener el Partido Comunista de Santo Domingo; participó activamente en esa lucha. El sentimiento antimperialista tal vez era más poderoso que el sentimiento antimperialista que existiera en Santo Domingo, aunque esto es una simple conjetura. Sin embargo, el imperialismo no intervino, el imperialismo buscó otros medios, buscó otros instrumentos, dividió al pueblo, escogió como instrumento a uno de los partidos políticos y a su jefe, el tristemente célebre Rómulo Betancourt, que seguramente en estos instantes no abre la boca ni dice una sola palabra para condenar la intervención de Estados Unidos, la brutal intervención de Estados Unidos en Santo Domingo. Dividieron el pueblo, agitaron el anticomunismo, y por lo menos transitoriamente impidieron la revolución en Venezuela.

El hecho de que los imperialistas se hayan precipitado, el hecho de que ante un levantamiento cívico-militar, no comunista, de carácter constitucionalista, que tenía por líder a Juan Bosch, que ha jurado mil veces —y de verdad— que no es comunista, ni tiene nada de comunista, los imperialistas no hayan tratado de hacer lo de Venezuela, no hayan seguido la táctica de Venezuela y se hayan lanzado a la ocupación militar de Santo Domingo, demuestra que están nerviosos, demuestra que han perdido el control, demuestra que han perdido la serenidad de pensar, demuestra que han perdido la fe en sus tácticas tradicionales. Pero se han lanzado criminalmente a una aventura en la que tienen mucho más que perder que ganar porque, en primer lugar, desprestigian a todos esos gobiernos burgueses que han estado tratando de encontrar una "hojita de parra" para cubrirse de su complicidad con los imperialistas.

Y esos gobiernos burgueses que creyeron en la política de buena vecindad, que creyeron en la Alianza para el Progreso, que creyeron que la época de la política del garrote había quedado atrás, que creyeron que las intervenciones de la infantería de marina habían quedado muy atrás en la historia, que creyeron de veras en ese lobo disfrazado de Caperucita, han tenido la oportunidad de recibir una gran lección, un gran desengaño, y ante sus pueblos han de verse en una situación muy difícil, porque ya no es problema de comunismo, o anticomunismo, o de socialismo, o de revolución democrático-burguesa. ¡No, lo que se está discutiendo aquí es la independencia y la soberanía de los pueblos de este continente!

Aceptar calladamente, aceptar tranquilamente la intervención yanki en Santo Domingo es renunciar al derecho de la independencia de los pueblos de América Latina, es reconocer el derecho de Estados Unidos a enviar su infantería de marina —cuando le venga en ganas— a cualquier país de América Latina. Y ese es el dilema que tienen hoy todos los gobiernos de América Latina ante sus propios pueblos: si aceptan o no aceptan el derecho de intervención de Estados Unidos, si aceptan o no aceptan la renuncia a su soberanía; porque en todos los países de América Latina hay ciudadanos yankis, excepto aquí, donde los que hay son unos pocos y son amigos de Cuba; y los que no lo sean que anden claros, porque queda alguno que otro por ahí, queda alguno que otro "gringo" por ahí disfrazado. Pero en los demás países de América Latina, en todos, hay ciudadanos yankis, hay haciendas yankis.

Aceptar el derecho de Estados Unidos a intervenir en Santo Domingo para proteger vidas y haciendas de ciudadanos yankis, es aceptar el derecho de Estados Unidos a intervenir en cualquier país de América Latina, porque en todos hay ciudadanos y haciendas yankis. Y es el tremendo dilema: consagrar ese crimen, internacionalizar la intervención es aún peor. Varios gobiernos, de manera más o menos versallesca, han protestado de la intervención, pero hay que reconocer que solo un gobierno, solo un gobierno ha demandado la retirada inmediata de las tropas yankis de Santo Domingo. Ese no es un gobierno socialista, no es un gobierno que haya sido ni amigo ni enemigo nuestro, pero está muy lejos del marxismo- leninismo. Sin embargo, es justo reconocer que ha sido el gobierno que ha tenido un planteamiento más claro, y es el gobierno de Chile.

El gobierno de Chile ha planteado la retirada de las tropas yankis de Santo Domingo. Y esa es la única posición correcta, no cabe ninguna otra posición, no cabe ninguna otra fórmula, porque consagrar, legalizar, santificar ese crimen, no se lo perdonarán los pueblos a ningún gobierno. ¡Hay que obligar al imperialismo a que retire su infantería de marina de Santo Domingo!; ¡hay que obligar al imperialismo a que cese su intervención armada, su participación en la guerra civil, sus acciones de guerra contra el pueblo y contra los patriotas dominicanos! Y esa acción no ha de corresponder solo a los pueblos de América Latina, ha de corresponder a todo el mundo.

En Santo Domingo los gobiernos de América Latina y un pueblo de América Latina están cosechando los amargos frutos de la política estúpida, criminal, irresponsable, llevada a cabo contra nuestro país; están recogiendo los frutos de su complicidad con el imperialismo contra Cuba; están recogiendo los frutos de los acuerdos de Costa Rica, de Punta del Este, de Washington; están recogiendo los frutos de su apoyo a las medidas yankis contra Cuba, de su tolerancia a la piratería yanki contra Cuba, de su tolerancia cómplice a las agresiones contra nuestra patria, a los ataques como el de Playa Girón, al bloqueo económico, a los ataques piratas, a la ruptura de relaciones contra nuestra patria.

Hoy el continente americano podrá apreciar que Cuba solitaria ha defendido como nadie el derecho de no intervención, que Cuba solitaria ha defendido como nadie el derecho a la independencia de los pueblos de América Latina, que Cuba como nadie —y no en virtud de una concesión de los imperialistas, sino en virtud de la entereza, de la dignidad y del espíritu revolucionario de nuestro pueblo— ha frenado a los imperialistas yankis y ha defendido el derecho soberano de los pueblos de América; Cuba solitaria frente al imperialismo, frente a gobiernos cobardes, frente a los cómplices, frente a los sindicatos amarillos. Esos mismos que en complicidad con el Departamento de Estado promueven bloqueos y sabotajes contra los barcos que comercian con Cuba, hoy, ante los pueblos de América aparecerán como lo que son: ¡Traidores, vendepatrias, miserables, vendidos al imperialismo yanki, enemigos de los pueblos de América, enemigos de la soberanía de los pueblos de América!

¡Cuba, Cuba solitaria ha resistido, ha mantenido en alto su bandera independiente y soberana! ¡Cuba solitaria, defendiendo sus derechos, ha defendido los derechos de los demás pueblos! ¡Hoy la América podrá saber quién interviene de verdad en los asuntos internos de los demás pueblos, quién lesiona la soberanía de los demás pueblos! Las palabras cínicas del imperialismo no confundirán a nadie; su propia prensa y sus propios legisladores se han encargado de decir que el propósito principal era impedir el triunfo de una revolución como la de Cuba en Santo Domingo.

En primer lugar, eso es mentira; en primer lugar, no era una revolución como la de Cuba; en primer lugar, no era una revolución comunista. Pero aunque fuese una revolución como la de Cuba, una revolución comunista, ¿qué derecho tienen los imperialistas a impedirles a los pueblos el derecho a hacer las revoluciones que estimen pertinentes? Eso es facultad soberana de cualquier pueblo, es un derecho histórico de cualquier pueblo: dentro de sus fronteras llevar a cabo y realizar el tipo de sociedad que estime conveniente, que el pueblo quiera, que el pueblo desee darse a través de sus métodos, métodos legales si quiere, o métodos revolucionarios como los métodos que adoptamos nosotros. Ningún país y ningún conjunto de países tienen el derecho a impedir que cualquier pueblo haga el tipo de revolución que estime conveniente. Si quieren hacer revoluciones democrático- burguesas, que hagan revoluciones democrático-burguesas; y si quieren hacer revoluciones socialistas, que hagan revoluciones socialistas; y si quieren hacer reformas demócrata-cristianas, que hagan sus reformas demócrata-cristianas. ¡Que cada cual haga dentro de su frontera lo que crea más conveniente a su felicidad y a sus destinos!

La revolución, la lucha revolucionaria en Santo Domingo, no es socialista, no es marxista-leninista. Pero aunque fuera revolución socialista o comunista, ¡el imperialismo yanki no tiene derecho a desembarcar allí su infantería de marina! Y aunque no sean comunistas, ¡nosotros saludamos a los heroicos y valerosos combatientes dominicanos como habríamos saludado a los soldados de Bolívar, o a los soldados de Sucre, o a los soldados de Juárez, aunque no fuesen comunistas! ¡Saludamos con admiración a aquellos cadetes de Chapultepec que cuando la invasión de Estados Unidos a México, en la que le arrebató la mitad de su territorio, se negaron a rendirse y, envueltos en la bandera mexicana, se lanzaron a un sacrificio, prefiriendo la muerte a la rendición! Aquellos, aquellos cadetes no eran comunistas. ¡Admiramos en la historia a aquellos ciudadanos franceses que asaltaron e hicieron trizas La Bastilla y con La Bastilla los privilegios feudales que significaba, aunque no eran comunistas! ¡Admiramos a nuestros heroicos y gloriosos mambises, y no eran comunistas! ¡Admiramos a todos los combatientes, a los que cayeron luchando contra Machado, a los que cayeron luchando contra Batista! Para llegar a ser comunista es necesario adquirir una profunda conciencia, una profunda convicción filosófica, histórica y social, una profunda comprensión de los problemas de la sociedad y de la historia. Y solo se podía ser comunista científico en esta época.

Pero dondequiera que el pueblo luche más o menos consciente, comprendiendo con mayor o menor claridad las causas de sus miserias, las causas de su pobreza, de su hambre, dondequiera que el pueblo luche contra los opresores, merecerá siempre, en cualquier época y en cualquier parte de la historia, la admiración de los pueblos. Por eso, nuestra admiración a los heroicos combatientes dominicanos, nuestro profundo respeto hacia los que cayeron defendiendo su pueblo, defendiendo su causa, luchando contra los gorilas, luchando contra los intervencionistas yankis; nuestro respeto y nuestra admiración. Y nuestra convicción de que la intervención imperialista es una aventura descabellada llamada al fracaso, llamada a ahondar las contradicciones del imperialismo, llamada a sumirla en el desprecio. Acusan de izquierdista al movimiento revolucionario, y lo que hará izquierdista al movimiento revolucionario es precisamente la intervención yanki, lo que hará izquierdista al pueblo dominicano es la cobarde invasión yanki, lo que hará izquierdista al pueblo dominicano es la complicidad del imperialismo yanki con sus verdugos, con los esbirros que atropellan y asesinan a los hijos del pueblo, con los reaccionarios, con los criminales, con los que ametrallan y bombardean sin consideración a la población civil, con los que matan y hieren a cientos y a miles de inocentes, porque eso dejará huellas indelebles, eso dejará huellas imborrables.

Es probable que los imperialistas para tratar de borrar la mancha de sangre y de borrar el odio, se aparezcan con sus "alimentos de paz", con sus medicinas; pero nada, nada absolutamente borrará el odio, la repulsa y la indignación del pueblo dominicano. Más nada contendrá la lucha, porque esos heroicos patriotas que se enfrentaron a los tanques y los destruyeron, que en medio de la intervención tomaron por asalto la fortaleza de Ozama, no cejarán en la lucha de una forma o de otra, como luchan hoy los vietnamitas o como luchó Sandino, o como luchan los venezolanos, o como luchan los colombianos; seguirán su lucha, porque nada ni nadie podrá aplastar la voluntad y el heroísmo de los pueblos.

Es necesaria la movilización de la opinión mundial. El gobierno de Cuba denunció ante las Naciones Unidas la criminal invasión yanki de Santo Domingo, y la Unión Soviética pidió la reunión del Consejo de Seguridad para discutir la intervención yanki en Santo Domingo; y el lunes se reunirá el Consejo de Seguridad para discutir ese problema. Y estamos seguros de que la causa del pueblo dominicano no solo tendrá el apoyo del campo socialista, tendrá el apoyo también de todos los países no alineados, y tendrá el apoyo de la mayor parte de los pueblos del mundo, porque ningún pueblo podrá permanecer indiferente ante ese hecho flagrante, desvergonzado y criminal. Es necesario que se movilice la opinión mundial, es necesario exigir la retirada de las tropas imperialistas del Estado soberano e independiente de Santo Domingo.

Los imperialistas se muestran muy agresivos. Les decía que están aconsejados por la desesperación y el miedo. Mas nosotros sabemos que los imperialistas son chantajistas por naturaleza, los conocemos bien, demasiado bien, cada cosa paso a paso. En Viet Nam, primero la supuesta agresión de lanchas torpederas, ataque de represalia; después ataques ya sistemáticos sin represalia; después envío de tropas al sur; después participación de la aviación en Viet Nam. Aquí en Santo Domingo, primero unos pocos marinos y unos barcos para proteger vidas y haciendas; después la infantería; después la división aerotransportada; después zona neutralizada; después para mantener el orden. Y así, paso a paso, en cada una de sus aventuras, en cada una de sus fechorías.

Es lógico que esta actitud agresiva de los imperialistas preocupe a los pueblos, preocupe a todos los pueblos. En pocos meses se han sucedido la intervención en el Congo, las agresiones a Viet Nam, la invasión de Santo Domingo, todo eso en menos de un año; actitud irresponsable, actitud aventurera, actitud peligrosa. Aconsejados por el miedo a las revoluciones, amedrentados por los cambios inevitables que en el mundo se producen, se empeñan en detener la marcha de la historia, en Asia, en Africa, en América Latina. Es necesario contrarrestar esa agresividad imperialista. Los problemas de la paz nos preocupan a todos. Sería insensato, irresponsable, quien no comprendiese la importancia de la paz. Todos la comprendemos. Pero la defensa de la paz no puede ser una defensa pasiva, la prédica en favor de la paz no puede ser una prédica beatífica, ¡la paz a cualquier precio! ¡No! Ya desde la época de la Crisis de Octubre nosotros planteamos aquella consigna de paz con dignidad. La preocupación de los pueblos por la paz no significa ni puede significar de ninguna forma el derecho de los imperialistas a inmolar los pueblos impunemente, el derecho de los imperialistas a acentuar su agresividad girando contra el deber de luchar por la paz y la responsabilidad de la paz de los demás pueblos. Nosotros creemos sinceramente que esos caminos no conducen realmente a la paz, porque estamos enfrentados a una mentalidad chantajista, ventajista y calculista, tal cual es la mentalidad yanki, la mentalidad de los gobernantes yankis.

En primer lugar, este señor Johnson es un farsante completo. En su campaña contra Goldwater, que enarbolaba las tesis más agresivas del imperialismo, él se presentaba como partidario de la paz, partidario de soluciones pacíficas, enemigo de las aventuras belicistas, para capitalizar la preocupación del pueblo norteamericano y las inquietudes del pueblo norteamericano, que votó más que por Johnson contra Goldwater. Sin embargo, los hechos demuestran aquello que dijimos nosotros cuando la elección: que lo mismo nos daba "Juana que su hermana". Johnson ha estafado a la opinión pública norteamericana. Muchos periódicos, en Europa, saludaron el triunfo de Johnson frente a Goldwater; sin embargo, con su política irresponsable, aventurera, nerviosa, Johnson marcha por caminos sumamente peligrosos, en Viet Nam, en Santo Domingo, y quién sabe luego en qué otros sitios.

Electo presidente, sigue la política de los gorilas del Pentágono, de los círculos más reaccionarios de Estados Unidos. Pero esa es eminentemente una política de chantaje. En la mentalidad yanki opera la teoría del equilibrio nuclear, y que existiendo equilibrio nuclear no habrá guerra nuclear, y que cuentan —por tanto— con amplio campo para sus fechorías en forma de guerra limitada, subversión, intervenciones, agresiones, ataques aéreos, toda esa filosofía que se basa en su idea del equilibrio nuclear, y que en la misma medida en que las armas nucleares son cada vez más poderosas ellos podrán girar contra esa realidad y perpetrar en el mundo todo género de fechorías.

Nosotros creemos que es necesario hacer cambiar esa mentalidad a los imperialistas, nosotros creemos que hay que hacerles ver a los imperialistas que están jugando con fuego de verdad. A juzgar por los hechos, los peligros de guerra aumentarán más y más mientras esa mentalidad del imperialismo no sea cambiada, mientras los imperialistas no lleguen a la convicción de que ese camino es peligroso y que esa política de ninguna forma la podrán llevar a cabo. Solo cuando los imperialistas estén convencidos de eso, empezará realmente a disminuir la tensión; solo cuando los imperialistas estén convencidos de eso, la situación podrá empezar a cambiar. Pero, sin duda que nosotros, todos los pueblos, nuestro pueblo, todos los pueblos del mundo, todos los pueblos del campo socialista, nos vemos en la necesidad de hacer comprender eso a los imperialistas, nos vemos en la necesidad de afrontar esa realidad y de afrontar esos riesgos, que son los riesgos que nos impone la historia y la época en que vivimos. ¡Pero es necesario en algún lugar cortarles las manos a los imperialistas, en Viet Nam o donde sea!

En Viet Nam están llevando a cabo la política que nosotros denunciamos en la escalinata: crear condiciones para internacionalizar la guerra de Viet Nam y aplastar el movimiento de liberación. Sus ataques al norte tienen el propósito de amedrentar, de intimidar; amagan con atacar tal o cual país. Su propósito es crear condiciones, internacionalizar aquella guerra, participar directamente con sus aviones, sus soldados, soldados neozelandeses, canadienses —canadienses no, perdónenme los canadienses, y ojalá no hagan lo mismo que los australianos—, australianos, sudcoreanos, bombardear el sur con cientos de aviones, lanzar sus gases tóxicos, sus bombas inflamables, y aplastar el movimiento revolucionario en el sur. Pues bien: tratan de crear condiciones en el norte para eso.

(…).

Nadie quiere ni puede querer guerra; los pueblos desean la paz, vivir en paz, trabajar en paz, crecer en paz, desarrollarse en paz; los pueblos desean construir su felicidad, pero esa felicidad, ese derecho hay que conquistarlo inteligentemente.

(…).

Nuestra conclusión es la de prepararnos bien, armarnos mejor todavía, fortalecer nuestras defensas por todos los medios, para que ese enemigo chantajista sepa lo que le toca: que cuando pongan un pie aquí, posiblemente aquí no se acabe esa guerra, no posiblemente, sin posiblemente, ¡mientras haya uno de nosotros vivo o haya un "gringo" vivo aquí en este país!

(…).

En este 1ro de Mayo las perspectivas del porvenir se presentan más claras y más brillantes que nunca; la conciencia revolucionaria, más profunda que nunca; el entusiasmo por el trabajo, más profundo que nunca; la confianza del pueblo en su futuro, más firme que nunca. Y esto se veía ya desde antes del 1ro de Mayo, en las movilizaciones masivas del pueblo en la semana de la victoria de Girón; en el optimismo de las masas, el ardor de las masas en todo y para todo: en el trabajo, en el estudio, en el sentimiento revolucionario, en la solidaridad hacia los demás pueblos, en su espíritu internacionalista, que han hecho al cabo de estos años de Revolución un pueblo firme, un pueblo sólido, un pueblo organizado, un pueblo preparado, ¡un pueblo que ha resistido y resistirá!, ¡un pueblo que ha vencido y vencerá!

¡Patria o Muerte!
¡Venceremos!

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. Antecedentes del golpe de Estado. Encuentro de Juan Bosch y John F. Kennedy/Víctor Grimaldi
17 de septiembre de 2008

Faltaban 55 segundos para que terminara el año, eran las 11:05 de la noche del último día del 1962, y en 72 horas más se cumplirían dos semanas del aplastante triunfo electoral del 20 de diciembre. En el Departamento de Estado se terminaba de elaborar un telegrama para la firma del presidente de los Estados Unidos de América, John F. Kennedy, con destino al presidente electo de la República Dominicana, con el mensaje siguiente:
"Dr. Juan E. Bosch, Hampshire House, New York City, New York.

"Le extiendo mis cálidas felicitaciones a usted por haber sido escogido por sus compatriotas para ser el Presidente de la República Dominicana. Las elecciones del 20 de diciembre, las cuales marcaron un importante jalón en el entorno de la nación dominicana a los rangos de la democracia representativa, fortaleció el corazón de los hombres libres en todas partes como un ejemplo para el mundo de la determinación de un pueblo a construir una sociedad libre después de largos años de régimen dictatorial. El Gobierno de los Estados Unidos, actuando en el espíritu de amistad que ha unido a nuestros pueblos, mira hacia adelante para cooperar con usted y su gobierno bajo la Alianza para el Progreso en la continuación de un arduo trabajo de reconstrucción.

"Me gustaría mucho tener la oportunidad de intercambiar pareceres con usted personalmente conveniente durante su actual estadía en los Estados Unidos. John F. Kennedy".
Al otro día, Año Nuevo del 1963, eran las 4:45 de la tarde cuando los teletipos transmitían un cablegrama del presidente electo dominicano. Recibido a las 8:30 de la noche en la Casa Blanca, en Washington, decía lo siguiente:
"Al Presidente (John F. Kennedy). La Casa Blanca.

"Estoy respondiéndole sus generosas palabras de felicitación en la ocasión de mi elección como Presidente de la República Dominicana expresándole la suprema gratitud de mi pueblo por el demostrado interés que usted personalmente y el pueblo de los Estados Unidos en general han mostrado por la instauración en nuestro país, así como en toda la América Latina, de un régimen de genuinas libertades y justicia social que pondría fin a la tiranía, el hambre y la ignorancia, y que también haría posible que cada nación de Las Américas pueda ejercer su legítimo derecho a la dignidad nacional en una verdadera forma.

"Esta preocupación de usted mismo y del pueblo norteamericano en general ha sido la fuente de inspiración de la Alianza para el Progreso. El pueblo dominicano está convencido de que encontrará un fraternal aliado tanto en el concepto de la Alianza para el Progreso como en su propia persona, y así la fe en la democracia demostrada por el pueblo dominicano al votar en las elecciones ejemplares del 20 de diciembre de este año estará totalmente justificada.

"Será un privilegio para mí tener la oportunidad de intercambiar opiniones con usted personalmente sobre problemas comunes de nuestros respectivos pueblos durante mi visita a Washington, D. C., que tendrá lugar en pocos días.

"Con los mejores deseos de Año Nuevo, cordialmente suyo, "Juan Bosch".
Bosch había regresado a New York desde South Bend, Indiana, a donde junto a Doña Carmen Quidiello fue a visitar a su hijo Patricio, y encontró en Hampshire House el telegrama del presidente Kennedy que le felicitaba por su triunfo electoral y le invitaba a una próxima reunión (aún sin fecha establecida), en la Casa Blanca. Tan pronto el presidente electo de la República Dominicana aceptó la invitación, desde el Departamento de Estado y la Agencia Central de Inteligencia comenzaron a enviarles dossiers sobre Bosch al Presidente de los Estados Unidos.

En un "briefing paper" entregado el 3 de enero de 1963 al consejero nacional de seguridad, McGeorge Bundy, documento destinado a preparar al presidente Kennedy para su próxima reunión, el Departamento de Estado enlistó diez problemas que iba a enfrentar el "doctor Bosch" y "en los cuales nosotros tenemos interés".

BOSCH: ANTI-COMUNISTA

No había dudas: el "doctor Bosch es considerado un anti-comunista", decía el Departamento de Estado aclarando luego que en el caso del control de los izquierdistas "su realismo en tratar con el problema comunista en la República Dominicana aún tiene que ser puesto a prueba".

Ese era el problema número tres. El Departamento de Estado admitía que hasta la Unión Cívica Nacional (UCN), el partido derechista que Bosch derrotó en las elecciones, abogaba por la derogación de la Ley de Emergencia que promulgó en febrero de 1962 el Consejo de Estado presidido por Rafael F. Bonnelly para mantener exiliado un grupo de personas acusadas de ser izquierdistas o comunistas. En un recuento previo introductorio a la lista de los diez problemas, el Departamento de Estado le informaba a la Casa Blanca de los errores cometidos por la Unión Cívica en la campaña electoral, como "el intento de último momento con algún respaldo eclesial para calificar al doctor Bosch y al PRD de comunista".

EL ENFOQUE DE LA CIA

La CIA, en un memorandum del día anterior al que presentó el Departamento de Estado, citaba opiniones de diversas fuentes sobre las posiciones de Bosch.

"El parece", decía la CIA, "haber desarrollado una amistad con una fraternidad de líderes políticos reformistas de la América Latina que incluían al presidente venezolano Rómulo Betancourt, al ex-presidente de Costa Rica José Figueres, y a los líderes del partido APRA de Haya de la Torre de Perú". Según el reporte de la CIA fechado 2 de enero de 1963, "un funcionario de los Estados Unidos que entrevistó a Bosch en julio de 1961 lo definió en ese momento como un seguidor de la escuela 'liberal-socialista-nacionalista' representada por esos líderes".

La CIA también citaba fuentes que aseguraban que "Bosch cree que el futuro de la América Latina está indisolublemente vinculado al de los Estados Unidos, aunque él nunca ha fallado en llamar la atención sobre lo que él considera 'errores imperialistas' cometidos en el pasado por empresas americanas en América Latina". La CIA señalaba, además, que las acusaciones de pro-comunista que se le hacían a Bosch durante la campaña electoral de 1962 tenían origen en "la plataforma reformista de Bosch, su idiosincrasia y su oportunismo, especialmente durante su exilio".

De acuerdo con la CIA, en el mes de agosto de 1961 un análisis de la inteligencia norteamericana llegó a estimar, debido a la insuficiente información disponible sobre Bosch y por ser un personaje controversial, la posibilidad de que fuera un "pro-comunista secreto" o quizás "miembro del partido". Pero año y medio después las cosas estaban bien claras para el Departamento de Estado: Bosch era considerado un anti-comunista, y sería esta la información que tendría el presidente Kennedy a mano cuando se reuniera el jueves 10 de enero de 1963 con el presidente electo de la República Dominicana que tomaría posesión el 27 de febrero del mismo año.

LA ENTREVISTA

El jueves 10 de enero de 1963, el presidente Kennedy entró a su oficina a las 9:30 de la mañana, y entre las 10:00 y las 11:10 sostuvo una reunión con sus Secretarios de Estado. A las 12:00 del mediodía comenzó la esperada reunión con Juan E. Bosch, presidente de la República Dominicana. La conversación duró una hora y dos minutos. Unos 45 minutos después de haber despedido a Bosch, el presidente Kennedy se dio un baño en la piscina y a las 2:15 de la tarde se trasladó a la mansión presidencial para almorzar. A las 4:15 p.m. retornó a su oficina. Entre 6:20 y 6:33 de la tarde, el presidente Kennedy se reunió con McGeorge Bundy, su consejero nacional de seguridad, y Ralph Dungan, encargado de los asuntos latinoamericanos en la Casa Blanca. El señor Dungan, un asistente especial, fue una de las personas que participó al mediodía de la reunión entre Kennedy y Bosch.

¿De qué hablaron Kennedy y Bosch?

El texto del memorandum de la conversación entre el presidente Kennedy y Juan Bosch es una versión del Departamento de Estado disponible y desclasificada en la Biblioteca John F. Kennedy de Boston, estado Massachusetts.

Según el texto: "El Presidente congratuló al doctor Bosch por su victoria electoral", dice el primer párrafo. Aquí cabe ilustrar a los lectores con este dato: En el informe enviado a la Casa Blanca una semana antes de la visita de Bosch, se le dice a McBundy que Bosch había obtenido el 60% de los votos y que tendría una mayoría preponderante en ambas cámaras legislativas, de diputados y senadores.

Según la versión oficial del Gobierno de los Estados Unidos, a la felicitación personal de Kennedy el "doctor Bosch respondió que ahora le toca al nuevo gobierno probarles al pueblo y a todo el hemisferio que la democracia realmente funciona". Después "brevemente analizó su campaña política, poniendo énfasis en sus objetivos y contenidos educativos".

Bosch dijo que, "económicamente, la situación de la República Dominicana era mejor que la de otros países debido a que su situación de balanza de pagos era buena y su situación de finanzas públicas aceptable. El añadió que el principal problema era la falta de 'capital de trabajo' que se necesitaba para incrementar el empleo y la producción tan pronto como sea posible. El se describió como 'cautelosamente optimista' con respecto al futuro económico de su país". Después de esas palabras que el traductor oficial le atribuye al presidente electo Bosch, el presidente Kennedy le preguntó qué podían hacer los Estados Unidos para ayudar a la República Dominicana.

Entonces Bosch entró en una minuciosa descripción de los problemas económicos del país. Kennedy lo interrumpía en algunas ocasiones para hablarle de un préstamo de 40 millones de dólares, del problema de balanza de pagos de los Estados Unidos y para saber qué haría Bosch con las propiedades que heredó el Estado de Trujillo.

LAS FUERZAS ARMADAS

Bosch abundaba en sus respuestas, hasta que trataron el tema del Ejército y la policía. A una pregunta de Kennedy, Bosch señaló la necesidad que tenía su país de hacer más eficientes sus Fuerzas Armadas y de dotarlas de los mejores equipos. Preguntado por Kennedy si el Ejército disponía de más poder que la Policía, Bosch dio algunas breves explicaciones para terminar señalándole a Kennedy que "todo esto es un asunto interno" de la República Dominicana y "que él (Bosch) lo podía manejar".

CONTRATO DE LA STANDARD OIL

La conversación ya iba casi por la mitad, cuando Bosch se refirió -de acuerdo con la versión del Departamento de Estado-, a "una dificultad que su gobierno tendrá que enfrentar muy pronto": la concesión que el Consejo de Estado le dio a la Standard Oil de New Jersey para instalar una refinería de petróleo. Este tema acaparó la tercera parte de la conversación, según el texto de los comentarios que se le atribuyen tanto a Bosch como a Kennedy sobre este controversial asunto.

CUBA Y FIDEL CASTRO

El resto de la entrevista se dedicó a tratar el tema de la Revolución Cubana, que acababa de cumplir el primero de enero de 1963 cuatro años en el poder. Según el Departamento de Estado, el "doctor Bosch congratuló al Presidente por su política de bloqueo cubano que ha desenmascarado a Castro a los ojos de muchos latinoamericanos".

El próximo párrafo dice que el presidente Kennedy le preguntó a Bosch si lo había entendido correctamente un momento antes al decir que el uso de la fuerza de parte de los Estados Unidos para remover a Castro sería un error. Kennedy se refería a un previo análisis atribuido a Bosch en el sentido de que "los Estados Unidos a solas no deben librarse de Castro mediante el uso de la fuerza militar, pero pueden participar con otros países del Hemisferio y con líderes cubanos democráticos dentro y fuera de Cuba en la formulación de un plan general".

Bosch, según el documento, "expresó la opinión de que un plan general puede ayudar a los grupos de oposición en Cuba a lograr sus objetivos". "El dijo", añade el documento del Departamento de Estado, "que el Gobierno Dominicano estaba preparado y dispuesto a trabajar con el nuevo designado Coordinador de Asuntos Cubanos, y con líderes tales como el Presidente Betancourt y el Gobernador Muñoz Marín en la elaboración del plan".

Kennedy, tras escuchar a Bosch, se comprometió a que en el futuro, los Estados Unidos actuarían junto a "los líderes democráticos liberales del Continente en cualquier actividad con respecto a Castro". Al final el presidente Kennedy le prometió apoyo a Bosch frente a la Standard Oil y a darle una mejor asistencia económica al país.

COMUNISMO Y GOLPE

Se le atribuye en el mismo documento al presidente de los Estados Unidos haberle dicho a Bosch que el fracaso de su experimento democrático sería un triunfo para los comunistas. Seis meses transcurrieron, y en junio de 1963 otro reporte de la CIA opinaba lo mismo. Luego en septiembre, cuando derrocaron a Bosch, The Wall Street Journal comentaba que el golpe de Estado era un triunfo para los comunistas. Pero los que se autoproclamaron golpistas en el país se creyeron que con el derrocamiento de Bosch se había infligido una derrota a los comunistas.

LA REUNIÓN CON JOHNSON

Después del Presidente Kennedy, le tocaría al Vice Presidente Lyndon B. Johnson conocer a Juan Bosch personalmente. Este encuentro ocurriría el 28 de febrero de 1963, a partir de las 9:00 de la mañana. El "doctor" Bosch, como se puede ver en la versión de esta conversación resumida por el Departamento de Estado, ya era el Presidente de la República Dominicana juramentado veinticuatro horas antes. El texto de la conversación entre el Vice Presidente de los Estados Unidos y el Presidente Bosch fue enviado al señor Ralph Dungan, de la Casa Blanca, el 12 de marzo de 1963.

En esta misma fecha, que era el décimo tercer día de su Gobierno, el Presidente Bosch definió al comunismo como "agente de destrucción y muerte" en un acto celebrado en un campamento del Ejército Nacional dominicano. El gobierno norteamericano sabía que Bosch era por formación un anti-comunista, pero ya estaban empezando algunos políticos de derecha dentro y fuera del país una campaña para acusar a su gobierno de comunista.

El día 10 de marzo el señor Horacio Julio Ornes hablaba de un supuesto plan "para adoctrinar en el comunismo a las Fuerzas Armadas". Al parecer fue para responder a este tipo de afirmaciones irresponsables que el Presidente Bosch dijo lo del 12 de marzo.

En su conversación con el Vice Presidente Johnson, Bosch se refirió a los peligros que representaban tanto los elementos de extrema izquierda como los de la derecha. Johnson particularmente estuvo interesado en el caso del general Antonio Imbert, y le preguntó a Bosch si Imbert representaba algún peligro para su gobierno. Es curioso que dos años después, siendo ya el Presidente de los Estados Unidos, el señor Johnson externó temores en mayo de 1965 sobre las posibilidades de que a través de su Gobierno de Reconstrucción Nacional el general Imbert pudiera convertirse en un dictador al estilo de Trujillo, de acuerdo con las versiones periodísticas de entonces.

Al final de su entrevista con Bosch el 28 de febrero de 1963, el Vice-Presidente Johnson le manifestó al Presidente dominicano sus simpatías personales y le prometió el apoyo de los Estados Unidos. Estas palabras de Johnson citadas en la transcripción oficial del Departamento de Estado entraron en contradicción con sus órdenes y declaraciones de 1965 destinadas a impedir el retorno de Bosch al poder bajo el alegado de que la Revolución Constitucionalista tenía un carácter comunista, lo que se comprobó y demostró fue falso.

En este cambio de actitud del Presidente Johnson hubo un carácter que desempeñó un papel fundamental: John Bartlow Martin, el improvisado embajador norteamericano que para ocultar la verdad de sus errores y un plan secreto del gobierno de John F. Kennedy mientras fue embajador en 1963, se inventó las mentiras más grandes sobre Bosch y el coronel Francisco Alberto Caamaño Deñó con el propósito de favorecer la creación del gobierno del general Imbert en medio de la ocupación de las tropas norteamericanas de 1965.

En los próximos capítulos veremos, con los documentos oficiales desclasificados, las manipulaciones y trampas del embajador Martin que demuestran cómo se vio involucrado en un plan secreto que le fue serruchando el palo al gobierno democrático de 1963.

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. Euclides Gutiérrez Félix, historiador y político dominicano: Semblanza de Juan Bosch

Escritor, cuentista, novelista y ensayista. Nació en la ciudad de la Vega el 30 de junio de 1909, hijo de don José Bosch y Angela Gaviño. El padre de nacionalidad española y la madre también, nacida en Puerto Rico, se habían establecido en el país en los finales del siglo pasado. Juan Bosch vivió los primeros años de su infancia en una pequeña comunidad rural de esa provincia, llamada Río Verde. Allí realizó sus estudios primarios y más tarde su familia se trasladó a La Vega en donde cursó los primeros años del bachillerato. En su juventud vivió en la ciudad de Santo Domingo y trabajó en establecimientos comerciales; más tarde viajó a España, Venezuela y algunas de las islas del Caribe.

A su retorno a la República Dominicana en los primeros años de la década iniciada en 1931, publicó su ensayo "Indios", inmediatamente después "Camino Real" y la novela "La Mañosa", aclamada por la critica nacional como una obra de extraordinario valor en la literatura dominicana. Fundó y dirigió la página literaria del periódico Listín Diario, en el cual se perfiló como un notable critico de arte y ensayista. Se casó con la señora Isabel García y en su matrimonio procrearon a sus hijos León y Carolina.

En los primeros años de la dictadura de Rafael Trujillo Molina fue encarcelado por razones políticas, permaneciendo varios meses en prisión siendo libertado sin cargos de ninguna naturaleza. En 1938 se ausentó del país estableciéndose en Puerto Rico, y luego se trasladó a Cuba donde dirigió la edición de las obras completas de Eugenio María de Hostos. En 1939, junto a otros exiliados políticos, fundó el Partido Revolucionario Dominicano (PRD), el cual organizó y dio a conocer en otros países del Caribe y América Latina.

En los años transcurridos entre 1940 y 1945 se destacó como uno de los más notables escritores de cuentos de la región y laboró activamente en la formación de un frente antitrujillista encabezado por el PRD. Colaboró con el Partido Revolucionario Cubano y desempeño un destacado papel en la redacción de la Constitución de aquel país promulgada en 1940. Allí contrajo matrimonio con la dama cubana Carmen Quidiello, de cuyo matrimonio nacieron sus hijos Patricio y Bárbara. Ganó importantes premios internacionales de cuentos y ensayos, entre los cuales se distingue el premio "Hernández Catá" que se otorgaba en La Habana a los cuentos escritos por autores de América Latina.

Fue uno de los principales organizadores de la expedición militar que se gestó en "Cayo Confite" y en la cual participaron cientos de ciudadanos, cubanos y centroamericanos con intención de derrocar la dictadura de Trujillo. Fracasada esa expedición, Bosch se trasladó a Venezuela y a otros países de América Central, donde desarrolló una activa campaña antitrujillista y consolidó su fama de escritor, cuentista y ensayista de primera categoría. Para ese momento había escrito cuentos de profundo contenido social, entre los que pueden citarse "La Nochebuena de Encarnación Mendoza", "Luis Pié", "Los Amos" y "El Indio Manuel Sicuri" calificados por la crítica como obras maestras del género.

En Cuba, lugar al que regresó requerido por sus amigos del Partido Revolucionario Auténtico, desempeñó importantes papeles en la vida política, siendo reconocido como promotor y autor de importantes leyes y del discurso pronunciado por el Presidente de la República, cuando se trasladaron los restos de José Martí al cementerio de Santiago de Cuba. Meses después del derrocamiento del gobierno civil, como consecuencia del golpe de Estado encabezado por Fulgencio Batista, y después de haber sido encarcelado por las fuerzas represivas del gobierno golpista, se ausentó nuevamente del país estableciéndose en Costa Rica. Dedicado a tareas pedagógicas políticas en ese lugar y a sus actividades como presidente del PRD, el más importante partido político opositor del Régimen de Trujillo, en el exilio, se produjo en Cuba el triunfo encabezado por Fidel Castro, que motorizó un reordenamiento político, económico, y social en los países del Caribe. Bosch, con instinto certero, percibió el proceso histórico que se había iniciado a partir del 1ero de enero de 1959, con el advenimiento de Castro a la jefatura política y militar de la nación cubana y dirigió a Trujillo una carta, el 27 de febrero de 1961, en la cual le advertía que su papel político, en términos históricos, había concluido en la República Dominicana.

Ajusticiado Trujillo el 30 de mayo de ese año, Bosch regresó a su país luego de veintitrés años de exilio, cuatro meses después de haberse establecido en territorio dominicano el partido que había fundado en 1939. Su presencia en la vida política nacional, como candidato a la presidencia de la República revolucionó y modificó sustancialmente el estilo de realizar campañas electorales en el país. Su forma directa y sencilla de dirigirse a las capas más bajas de la población, tanto rurales como urbanas, le permitió desarrollar una profunda influencia y simpatías populares, que lo perfilaron como incuestionable ganador de las elecciones de diciembre de 1962.

Celebrado el torneo electoral, Bosch obtuvo un triunfo arrollador sobre los electores más conservadores del país, representado por la Unión Cívica Nacional. Combatido desde antes de su ascensión al poder por esos mismos sectores que fueron derrotados en las elecciones, tomó posesión como Presidente de la República el 27 de Febrero del 1963. Bosch dio inicio a una gestión gubernativa patriótica, reformadora, de incuestionable honestidad administrativa y de profundo reordenamiento económico y social. Su gobierno fue derrocado por un golpe militar apoyado por las fuerzas más conservadoras de la nación, estimuladas y apoyadas desde el exterior. Menos de dos años después, la insatisfacción generó el levantamiento militar del 24 de abril de 1965, que tenía como objetivo el restablecimiento del gobierno constitucional que Bosch había presidido, y la vigencia de la constitución que su gobierno había promulgado el 29 de abril de 1963, la más progresista y liberal que ha conocido la República.

Impedido de regresar al poder por la intervención militar de los Estados Unidos, apoyada por la Organización de Estados Americanos (OEA), se vio obligado, por las circunstancias, a participar en las elecciones realizadas el 30 de mayo de 1966, bajo la dirección y el control de las fuerzas de ocupación.

Bosch se marchó al exterior radicándose en España, donde realizó una extraordinaria labor literaria produciendo algunas de sus obras más importantes entre las cuales están: "Composición Social Dominicana", "Breve Historia de la Oligarquía", "De Cristóbal Colón a Fidel Castro… El Caribe, Frontera Imperial" y numerosos artículos de diferentes géneros publicados en revistas, periódicos y otras publicaciones del país y del exterior.

Regresó a la República Dominicana en abril de 1970 con la intención de reorganizar y modernizar al PRD, convirtiendo a sus miembros en militantes activos, estudiosos de la realidad histórica y social de su país; su proyecto no fue aceptado por la mayoría del PRD. Las diferencias y contradicciones entre Bosch y un sector importante de la dirección de ese partido lo llevó a abandonar las filas de esa organización en noviembre de 1973 y fundar el 15 de diciembre de ese año el Partido de la Liberación Dominicana (PLD). Bajo su liderato y rectoría, el PLD se ha convertido en una de las fuerzas políticas más importantes del país. Como organización patriótica y democrática tiene ganado un incuestionable crédito en la República Dominicana y en otros pueblos de América y el mundo.

Su relevante aporte a las letras nacionales y americanas en la narrativa, novelas y ensayos lo han convertido en una gloria literaria viviente, maestro de dos generaciones de escritores, cuentistas, novelistas, ensayistas, periodistas e historiadores entre los cuales se distinguen algunas de las más sobresalientes figuras del país y de América Latina. Su conducta patriótica, cívica, honesta, valiente y militante, como gobernante y líder, lo convierten en un símbolo de la dignidad nacional y en un ejemplo a seguir para las generaciones presentes y futuras de la República Dominicana.

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. Juan Luis Cebrián. El legado de Juan Bosch: una herencia americana

Presidente de la República Dominicana, intelectual, escritor, activista político y, sobre todo, ciudadano de América Latina, Juan Bosch (1909-2001) dejó un legado de dignidad y solidaridad.

Este texto, que analiza su vida y pensamiento, corresponde a una conferencia de Juan Luis Cebrián leída en la Casa de América, en Madrid, en el centenario del nacimiento de Bosch.

El único título, si es que tengo alguno, que me permite dirigirme hoy a ustedes para glosar la figura de don Juan Bosch me ha sido conferido por el hecho de haberle tratado personalmente durante una breve pero intensa etapa, en la que menudearon nuestros encuentros con motivo de la edición española de su opúsculo El pentagonismo, sustituto del imperialismo. Como ya tuve ocasión de comentar en un prólogo a dicha obra, yo había conocido a don Juan con motivo de una conferencia que impartió en 1967 en el diario Pueblo. Estaba acompañado de su asesor político de entonces, y que más tarde lo fuera de José María de Areilza en España y del presidente Luis Echeverría en México, Enrique Ruiz García. Este antiguo redactor del periódico de los sindicatos franquistas y de la agencia de prensa del Movimiento, la organización política que integraba la ideología falangista del régimen, había saltado a la fama un lustro antes por encontrarse entre los asistentes al llamado contubernio de Munich, una reunión de opositores a la dictadura que pretendían por entonces impulsar el cambio democrático en España.

La presencia de Ruiz García junto al ex presidente dominicano no resultaba en absoluto accidental. Ambos habían conocido -don Juan de forma mucho más frecuente y lacerante que el español- el exilio y la persecución política; ambos padecían una irrefrenable pasión conspirativa en la procura de las libertades; ambos eran escritores de vigorosa pluma, intelectuales de vanguardia, deseosos de influir en los acontecimientos de su tiempo y de protagonizar las transformaciones sociales que ellos mismos demandaban; y ambos, también, por cierto, creían fervientemente en la comunidad de destino de los pueblos de Iberoamérica, sobre los que se cernía, entonces como ahora, una tormentosa avalancha de propuestas de futuro cuyo único vínculo visible parecía ser el antagonismo radical contra la intervención de los Estados Unidos de América en la zona.

Bosch había sido derrocado de la presidencia de su país por un golpe militar que, con toda probabilidad, contó con la anuencia y el apoyo de Washington. En cualquier caso, el golpe constituyó el prólogo a la invasión de la isla por tropas norteamericanas, cuando desembarcaron en ella alrededor de veintitrés mil marines, so pretexto de defender los intereses y la seguridad de sus compatriotas. Los "conmilitones" que detuvieron al presidente para expulsarle a Puerto Rico sólo siete meses después de que hubiera asumido el cargo argumentaron, sin prueba alguna, la militancia comunista o procomunista de Juan Bosch que, en el corto espacio de tiempo que duró su mandato, hizo aprobar una nueva Constitución y diseñó una reforma agraria que nunca se llevó a cabo. Ya para entonces él sabía que los males que afligían a su país no eran de carácter muy diferente a los que determinaban el futuro incierto de toda la América Latina: una falta de institucionalidad democrática avivada por la corrupción generalizada; una desigualdad social que alimentaba los sueños y las aventuras revolucionarias; una vulneración constante y culpable de los derechos humanos y un tributo a la violencia como forma de acción política capaz de rebajar el valor de la vida humana hasta extremos casi inimaginables.

Desde su temprano exilio en 1938, cuando abandonó la isla y su cargo en la Dirección General de Estadísticas para denunciar abiertamente la dictadura de Rafael Leónidas Trujillo, hasta su regreso -veintitrés años después- como candidato triunfador en las primeras elecciones democráticas tras el asesinato del general, Juan Bosch se había convertido, por propia convicción, en un ciudadano de la América Latina. Y había optado también por sacrificar su fundada vocación de escritor para poder dedicarse en cuerpo y alma a la política. Aunque a partir de ahí abandonó casi por completo el oficio literario, que le había llevado a figurar en todas las antologías de la nueva narrativa latinoamericana, su doble condición de intelectual y de activista le acompañarían toda la vida.

Sólo desde esa visible dualidad de comportamientos puede comprenderse el devenir político y personal de Juan Bosch, su contribución a la historia del continente latinoamericano, su legado como gobernante y su reflexión intelectual. Uno y otra se vieron transidos por el pragmatismo de la función política, que siempre ha sido el arte de lo posible, frente a las demandas de mayo del 68 (seamos realistas, pidamos lo imposible, clamaba un grafito en los muros de La Sorbona), o frente a la utopía del hombre nuevo del marxismo. El paso del tiempo y la interesada manipulación de una figura ya mítica como la de Bosch han permitido a algunos desfigurar hasta lo irreconocible el ejemplo de su vida.

Hay quien se apunta a la tesis de que Bosch fue un revolucionario, y sin duda lo fue, pero a su manera. Porque ya en su primera novela La Mañosa, que durante un tiempo se subtituló como "la novela de las revoluciones", denunció los horrores tempranos que esos procesos habían desencadenado en la campiña dominicana. El libro se cierra con la noticia de los fusilamientos masivos a cargo de Fello Macario, sobrevenido en victorioso caudillo como consecuencia de una revuelta política. "¿Pero general, cómo ha fusilado usted a esa gente?", pregunta el protagonista de la trama, y el otro, sin inmutarse: "Era necesario".

A partir de ahí se desarrolla un diálogo que no me resisto a reproducir.
"-¿Necesario, general? ¿Es necesario matar?

-No; matar, no, Pepe; pero hay que dar ejemplos.

¡Oh! ¿Y era aquel Fello Macario, el revolucionario noble, el de las generosidades que andaban de boca en boca? ¿Era él? ¿Él? ¡Con que Fello Macario consideraba que había que dar ejemplos! A papá se le caía el mundo encima, se le derrumbaba el cielo sobre la cabeza.

-¿De qué ejemplos habla, amigo; de qué ejemplos? Esa gente iba a turbar la paz.

Papá quería reír, quería llorar.

-¿Paz?... No, general. Eran hombres serios que andaban buscando la comida de sus hijos.

-No, Pepe; usté no comprende. Esta política...

-¡No se trata ahora de política! ¡Se trata de que antes eran hombres como usté y yo, con hijos a quienes querer, y con mujeres; se trata de que antes eran hombres y ahora no son nada, porque usted ordenó que los volvieran nada, nada...!

-Vuélvase por aquí, Pepe, cuando esté más calmado. ¡Si usté supiera lo que es esto, lo que se sufre en esta política!

-¡Qué política ni política! ¡Política es dirigir y defender, no asesinar! ¡Me dan asco usté y su política!".
La primera edición de La Mañosa es de 1936 y Bosch, aunque ya había sufrido cárcel acusado falaz e injustamente de terrorismo, no se exiliaría hasta dos años después. Quiero decir que pese a que más tarde se vio envuelto en repetidas conspiraciones con el ánimo de derrocar a Trujillo, desde joven Bosch parecía convencido de que las revoluciones devoran siempre a sus hijos y buscó de continuo las vías democráticas para la transformación de la sociedad. Lo pone de relieve su carta a los dominicanos, hecha pública después del golpe que le derrocó en 1963:
"Al Pueblo Dominicano:

Ni vivos ni muertos, ni en el poder ni en la calle se logrará de nosotros que cambiemos nuestra conducta. Nos hemos opuesto y nos opondremos siempre a los privilegios, al robo, a la persecución, a la tortura.

Creemos en la libertad, en la dignidad y en el derecho del pueblo dominicano a vivir y a desarrollar su democracia con libertades humanas pero también con justicia social.

En siete meses de gobierno no hemos derramado una gota de sangre ni hemos ordenado una tortura ni hemos aceptado que un centavo del pueblo fuera a parar a manos de ladrones.

Hemos permitido toda clase de libertades y hemos tolerado toda clase de insultos, porque la democracia deber ser tolerante; pero no hemos tolerado persecuciones ni crímenes ni torturas ni huelgas ilegales ni robos porque la democracia respeta al ser humano y exige que se respete el orden público y demanda honestidad.

Los hombres pueden caer, pero los principios no. Nosotros podemos caer, pero el pueblo no debe permitir que caiga la dignidad democrática.

La democracia es un bien del pueblo y a él le toca defenderla. Mientras tanto, aquí estamos, dispuestos a seguir la voluntad del pueblo. Juan Bosch. Palacio Nacional".
Estas palabras retratan a un hombre que ambiciona cualquier cosa menos un cambio violento, y en la medida que este no sea así, podrá ser calificado de revolucionario, si se quiere, por sus causas y por sus efectos, pero no por sus métodos, más parecidos a la ruptura pactada que vivimos durante la Transición española que a una revolución propiamente dicha. Sobre esto insistiré en breve.

Otros apuntan la deriva intelectual que Bosch tuvo hacia el marxismo, desencantado como estaba de experimentos aparentemente democratizadores que no acababan de solucionar los problemas de su muy querida América; y no son pocos, también, los que han querido utilizarle para justificar las políticas populistas, ahora tan en boga en el subcontinente. Pero Bosch fue cualquier cosa menos un populista demagogo. Si apoyó el proceso cubano, presidió el tribunal Russell y participó en cuantos congresos antiimperialistas se celebraron en los años setenta fue porque su análisis intelectual le llevó a la convicción de que los males latinoamericanos se fundamentaban en la esquizofrénica relación que los Estados Unidos mantenían con lo que se consideraba el patio trasero del imperio.

La guerra del Vietnam acrecentó en él su rechazo a las políticas de la Casa Blanca y es posible que su pensamiento se haya deslizado hacia el marxismo teórico en algunas de sus reflexiones. También algunos de sus amigos y conocidos políticos, por ejemplo Haya de la Torre, el fundador del APRA peruano, se consideraban marxistas, como lo fue el alcalde de Madrid por el PSOE Enrique Tierno Galván. Otros en cambio, José María Figueres, en Costa Rica, o Rómulo Betancourt, en Venezuela, encajarían mal en esa definición. En cualquier caso nada hay en los escritos de Juan Bosch, ni mucho menos en su acción como agitador y conductor de masas, que permita identificarle sino como un demócrata de los pies a la cabeza. Su ejemplo ético, su honestidad intelectual, su preocupación por las formas, su extensa cultura y su peripecia vital lo retratan como alguien enamorado de la libertad y obsesionado por la lucha en pro de la justicia social y contra las desigualdades. No fueron pocos, quizá pueda decir que no fuimos pocos, quienes en los años sesenta y setenta padecimos el sambenito de ser considerados comunistas por cosas así, lo que justificaba entonces todo tipo de represiones por parte de la autoridad constituida.

Sin duda, Bosch tuvo que elegir muchas veces entre la controversia aparente que suscitaban los dictados de su razón frente a la realidad que le había tocado vivir y gestionar. Si hubiera sido un Maquiavelo, o simplemente un cínico, podría haberse permitido vivir con cierta holgura intelectual su compromiso político. No otra cosa hizo, al fin y al cabo, el presidente Balaguer, trujillista converso -o quizá no tanto-, que después de ser un auténtico valido durante la dictadura se las apañó para ser reelegido repetidas veces como presidente democrático. Si, por otra parte, Juan Bosch se hubiera dejado arrastrar por la pasión del populismo o por la obcecación en las ideas, quién sabe si estaríamos ahora venerando a un mártir, pero es seguro que no podríamos celebrar, como hoy lo hacemos, la lucidez de sus análisis y su contribución a la concordia y a la causa de la paz.

A mí siempre me pareció un socialdemócrata a su estilo, frente al anquilosamiento hipócrita del socialismo oficial de la época; y aunque algunos puedan encontrar paralelismos entre su figura y la de Salvador Allende, con quien sostuvo una relación no muy intensa, o aunque inicialmente se entusiasmara con la revolución castrista, su posibilismo ético le llevó a intentar lo que resultó imposible en su tiempo: la modernización de la República Dominicana, frustrada por las fuerzas del imperialismo al uso, el militarismo de la época y la codicia de los poderosos.

Me parece interesante recordar por eso cómo fue aquella comparecencia suya en Madrid, el 14 de abril de 1967, un día en el que se cumplían puntualmente los cuarenta y seis años de la proclamación de la Segunda República Española. Bosch era hijo de español. Su padre fue un albañil nacido en Tortosa. De joven, don Juan fue enviado por la familia a estudiar y trabajar en Barcelona. Su suegra era gallega. En resumen, mantuvo siempre un vínculo entrañable, verdaderamente sentido, con nuestro país. Lector empedernido de nuestros clásicos, se sabía de memoria extensos pasajes de El Quijote y lucía en su prosa un atrayente mestizaje entre la concreción extrema de su castellano absolutamente depurado con el barroquismo del habla popular del Cibao dominicano. Pese a todo ello, la primera vez que habló en público en España fue en febrero del mismo año 1967, en un colegio mayor de la capital ante un auditorio universitario y en el marco de unas jornadas dedicadas a su país.

En aquella ocasión trató de explicar lo que él consideraba como la "arritmia histórica" de la República Dominicana. Los asaltos de los corsarios -los famosos piratas del Caribe- durante el siglo XVI dificultaron siempre la relación de la isla con la metrópoli y la revolución francesa de finales del XVIII, con la consiguiente absorción por Francia y la recuperación, más tarde, de la isla por los colonos españoles, generó un retraso comparativo respecto a la evolución del resto de las naciones de su entorno. Esa arritmia histórica, en su opinión, venía motivada por el hecho de haber sido la isla siempre frontera del imperialismo, y haber estado sometida a mayores violencias, ultrajes y peligros que otros territorios de la corona de España. Después, en abril del citado año, frente a un auditorio multitudinario congregado en la sede del diario Pueblo, Bosch hizo pública su condición de revolucionario... sí, pero de revolucionario tranquilo o no violento, como antes he explicado. "América Latina tiene una larga tradición de lucha -dijo-. Cuarenta y dos mil infantes de Marina (los libros de Historia hablan ahora de veintitrés mil, pero a los efectos es lo mismo) pudieron poner fin a la revolución dominicana, pero ni con cuarenta y dos millones de hombres se podrá poner fin a la revolución de Latinoamérica. Lo que hay que hacer, pues, es anteponerse a esta revolución y lograr que se haga no violentamente, sino institucionalmente. Para que nuestros hijos, sin tener que ir a morir, puedan vivir en la justicia y la libertad".

Hay que tener en cuenta, por lo demás, el momento en que todo esto sucedía. Entre la izquierda europea todavía no se habían disipado las esperanzas puestas en el experimento cubano y en los procesos de descolonización en África. La teoría del foquismo, ideada por Ernesto Che Guevara, se extendía como un reguero de pólvora por toda América. ¡Hagamos mil Vietnam en ella!, reclamaban los jóvenes, mientras algunos curas partidarios de la teología de la revolución se incorporaban a las guerrillas. La revolución estaba tan de moda que hasta un conservador reformista como el presidente demócrata cristiano de Chile, Eduardo Frei, llegó al poder bajo un eslogan de campaña que rezaba: "Revolución en libertad".

En la España en la que Juan Bosch lanzó su grito... gobernaba todavía Franco, y lo habría de hacer aún durante casi una década. Sin embargo, aquí la palabra revolución tampoco estaba proscrita por la censura, entre otras cosas porque, oficialmente, el régimen constituía una de ellas, y los escritos oficiales, las arengas y proclamas desde las tribunas del poder se cancelaban con una jaculatoria inequívoca: "Por Dios, España y su revolución nacional sindicalista". Una revolución que en realidad no era sino una contrarrevolución, algunos de cuyos representantes más conspicuos acudieron a escuchar a don Juan.

En el auditorio estaban entre otros el general García Valiño y Jesús Suevos (este era uno de los teóricos más avezados del franquismo), pero también Jorge Antonio, secretario particular y hombre de confianza de Juan Domingo Perón, y el escritor Ángel María de Lera, quien publicaría después una entrevista con Bosch en el ABC, líder entonces de la prensa española, en la que se ponía de relieve el abismo que aún existía, pese al famoso boom, entre la literatura latinoamericana y la de la península Ibérica. "Todas nuestras respectivas literaturas forman una sola, pero no hemos conseguido darle la unidad precisa dentro de su diversidad", comentaba el ex presidente. Para añadir: "Es una lástima y una falta imperdonable, porque no sabemos hacer uso de ese gran instrumento universal que es nuestra lengua común. Ello nos debilita enormemente frente a la presión de otras culturas, la anglosajona, por ejemplo".

Durante décadas venimos discutiendo sobre esa diversidad (étnica, política, económica) de América Latina y su unidad cultural a través del castellano. Durante siglos anduvimos enredados en saber si el archipiélago de sus naciones está unido por el mar del español más que fragmentado por las trifulcas locales, los nacionalismos provincianos y el culto a una diversidad legítima que, en nombre de la diferencia, sojuzga a veces la única gran conquista de la civilización en los dos últimos siglos: el concepto de igualdad de todos los ciudadanos ante la ley. Y, como tal ciudadano, Bosch lo fue de toda la América Latina, creía en su integración, en la necesidad de observar políticas y enhebrar sueños comunes, y de confrontar el imperialismo de la época, que denunció con decisión y brillantez.

En mi prólogo, antes citado, a El pentagonismo me refería precisamente a ello: "Han pasado cuarenta años desde que don Juan diera a la imprenta aquellas cuartillas en las que denunciaba el creciente poder del complejo industrial-militar americano, inicialmente desvelado por el propio general Eisenhower. Durante estas cuatro décadas el mundo experimentó considerables transformaciones: el Hombre conquistó el espacio; los Estados Unidos sufrieron una humillante derrota en Vietnam; asistimos a la revolución digital; cayó el muro de Berlín y contemplamos la emergencia de China como gran potencia. Sin embargo, el análisis de esa obrita acerca del militarismo de la política americana continúa de actualidad (...). La descripción que hace Bosch del sistema de toma de decisiones en la Casa Blanca tiene una vigencia sorprendente, lo que pone de relieve que los vicios por él denunciados no responden a errores de coyuntura o fracasos momentáneos. Constituyen tendencias de fondo de la democracia americana", que, añado yo, ahora esperemos pueda corregir el presidente Obama más pronto que tarde.

Resaltaba Bosch la necesidad que históricamente ha tenido Washington de argumentar ideológicamente sus intervenciones armadas. Pero tras la terrible matanza de las Torres Gemelas, la Casa Blanca no precisó de argumento alguno para justificar sus ataques a los campos de entrenamiento de terroristas en Afganistán, y no hubo protestas en los países democráticos por la intervención en dicho país. Antes bien, se generó una ola de solidaridad y apoyo hacia los Estados Unidos. Ese capital de simpatía y amistad fue dilapidado más tarde por el presidente Bush. La posterior invasión de Irak demostró que el pentagonismo estaba dispuesto a utilizar la amenaza terrorista como pretexto para imponer su propia estrategia.

Para comprender los análisis de Bosch respecto al papel desempeñado por Estados Unidos en América Latina y el Caribe es preciso remontarse a la llamada doctrina Monroe. El presidente James Monroe, tan temprano como en 1823, y ante el derrumbe del imperio español en aquellas tierras, advertía a las potencias europeas de que cualquier intento de extender su influencia en el hemisferio occidental sería considerado como "peligroso para la paz y la seguridad" de los Estados Unidos. Theodor Roosevelt utilizó la doctrina Monroe para justificar, a posteriori, la intervención americana en la guerra de Cuba. Y más tarde el demócrata Woodrow Wilson, que decidió la entrada de su país en la Primera Guerra Mundial "a fin de salvar la democracia en el mundo", se sirvió de similar argumento a la hora de enviar tropas a las jóvenes repúblicas caribeñas y centroamericanas, todavía "no preparadas para la democracia", según los analistas de la época. Los ejércitos y policías locales organizados por los marines en países como Nicaragua o República Dominicana fueron la base utilizada por los comandantes de turno, Somoza y Trujillo, para encaramarse al poder y ejercerlo de forma absolutamente tiránica.

La idea de convertir a los Estados Unidos en una especie de policía global de la democracia, y de exportar ésta como si de un bien de consumo se tratara, por ingenua o cínica que parezca, viene de antaño y se inscribe en la tradición política de la gran potencia. Las funestas consecuencias de semejante visión del mundo las conocemos todos. Michael Reid, que durante muchos años se desempeñó como corresponsal del The Guardian y The Economist en la zona, describe en su libro Forgotten Continent de forma muy interesante estos procesos. Y al hilo de ellos especula con una anécdota protagonizada por el presidente Johnson a la hora de ordenar la invasión de República Dominicana en 1965, según él en defensa de las vidas y bienes de los norteamericanos residentes en la isla. Johnson aseguró públicamente que había tomado tan grave decisión cuando supo que "había cuerpos sin cabeza tirados en las calles de Santo Domingo". Como sus opositores y la prensa le desafiaron a que demostrara semejante aserto, llamó a su embajador y le ordenó sin más: "Por Dios bendito, es absolutamente necesario que encuentre algunos cuerpos sin cabeza". El resultado de todo ello, señala Reid, es que no hubo una auténtica democracia en ese país hasta bien entrada la década de los noventa. Llegó de la mano de los seguidores de Juan Bosch.

Admiré de él su honestidad como político, su lucidez intelectual y su extensa cultura. No tuvo miedo en llamar a las cosas por su nombre y luchó con coraje por un mundo más justo y pacífico. Nos ofreció un ejemplo de honestidad y coherencia en un ambiente destruido por la corrupción. Cuando le conocí, vivía más que discretamente en un apartamento de Benidorm acompañado de su esposa y sin ningún tipo de ayuda doméstica. "No puedo pagar ni siquiera un secretario", me dijo. "Soy un hombre pobre, muy pobre". Menos de lo que él creía, pues su estela es perdurable y nos dejó un legado inmenso de solidaridad y de dignidad.

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. Miguel Cocco sobre Juan Bosch

Con don Juan, establecí una amistad ininterrumpida desde el año de 1968, de agradecimiento, de gratitud, de convivencia. Lo conocí en un momento de la izquierda cuestionante y radical. Lo traté en París; siete días interminables compartiendo con el Maestro. El Maestro fue el primero que me preguntó:

¿Y siempre vas para Cuba?

-Sí Maestro.

-Tú sabes que el mundo ha cambiado, y que muchos de ustedes no se han dado cuenta, no han percibido que esa forma de luchas aisladas de la población están llamadas al fracaso.

Yo algo percibía, pero no estaba convencido de las palabras del Profesor.
-Déjeme ir, ver, observar y aprender; nadie aprende por cabeza ajena. Nadie aprende por cabeza ajena, le dije; ni siquiera por la cabeza lúcida de usted, Maestro.

Y en ese sentido, establecimos una amistad que trascendió más allá de la vida y que se sostiene, no en una fe religiosa que no tengo, sino en una fe en el porvenir de los pueblos cuando luchan contra la pobreza con hidalguía y con capacidad sumatoria. Esa conversación de siete días en París, donde yo le confesaba al Profesor Bosch que iba hacia Cuba, no a rezar sino a convivir y aprender y aprender no de la economía, no de la experiencia sino de la lucha armada.

Fue la primera vez que yo le pedí encarecidamente al gobierno cubano que nos facilitara posibilidad concreta de irnos a entrenarnos junto con los compañeros de Caamaño. Por razones que no hay que dilucidar en este momento, eso se cumplió, pero no directamente con el coronel Caamaño que estaba compartimentado, y serían en meses posteriores cuando se cumpliría la cita con el comandante Román.

Teniendo presentes las palabras del profesor Juan Bosch, transcurrido un tiempo prudente, yo pedí mi salida de Cuba, veía que los días se postergaban y algunos compañeros llegaron a tener hasta siete años -si no me equivoco Wellington- en los ejercicios militares, queriendo vivir una guerra que era de fantasía, segregados de la población y donde se vivía una vida torturante y angustiosa, porque los planes ya habían sido postergados, y todos nosotros no lo habíamos percibido.

Sin embargo, Juan Bosch, desde París, con la delicadeza y precisión de su extraordinaria inteligencia, nos lo había advertido diciendo: ya ahí no hay nada que buscar; el mundo ha cambiado. Cuando regresó tuve que confesarle al profesor Bosch que iba a seguir al lado de él, pero desde otra trinchera. Y así lo hice. Nunca hubo una discusión entre nosotros, mas sí muchas confesiones y lloros, porque nos habíamos comprometido, ambos, a plasmar lo que él en su adolescencia le escribió a su amigo entrañable Mario Sánchez, el padre de Natacha Sánchez, diciéndole a los catorce años: Ya sé lo que quiero en la vida, amigo Mario, ser grande en la literatura y más grande en la causa al servicio de mi pueblo. En apenas esos catorce años ya él había deslumbrado al mundo como pichón de escultor.

Precisamente, aquí hay un rostro que fue trabajado por él, con la pasión del artista y el vínculo que tiene un padre para su hijo, me refiero a Patricio. Ahí podemos ver cómo un hombre sin escuela tenía la madera para ser un gran escultor, a lo que aspiraba ser, pero sacrificó su genio de artista, su genio de escritor, logrando ser un gran escritor, pero su pasión indeclinable: fue la política.

Y fue el partero de dos grandes partidos. Y es el emblema sostenido de los mejores intereses de este pueblo. Los pueblos nunca saben lo que quieren hasta que lo pierden. Mucho más tiempo pasa, más grande es Juan Bosch.

Un día, en plena lucidez del Maestro, lo cuestioné, porque había una relación de afecto entrañable entre nosotros dos. Como dijo Diomedes, esta era su propia casa, y cuando no me encontraba aquí, me esperaba en la casa con un perro que se llamaba Samuel, diciendo que se había hecho larga la espera.

-Usted no me dijo que venía, le decía yo. Pero ya estoy aquí.

Don Juan, ¿cómo un hombre tan lúcido en la campaña del `63, que descodificó de manera tan clara la lucha de clases, que identificó al tutumpote del hijo de machepa, que hizo de la enseñanza un mandato y practicó el aprendizaje a ultranza, fue tan errático en su campaña del año 1966? Así era como conversábamos él y yo.

-No, yo no fui errático. Ustedes - y ahí él se separaba un poco de distancia de mí-, ustedes pensaron que en el año 1965 se había conquistado el cielo por asalto; no -era una frase de Marx un poco cambiada, porque Juan Bosch nunca dejó de estudiar, nunca dejó de enseñar y nunca se cansó de aprender-, no, ustedes los de la izquierda pensaron que ganaron la guerra.

-Yo sabía que por la posibilidad de llegar al poder se introdujeron 42 mil marines estadounidenses en la República Dominicana, y ustedes, incautos, ingenuos, sin experiencia política cantaban la continuidad de una guerra, no percibían que éramos un país que había perdido su soberanía política, y como yo lo entendí, y la izquierda no lo entendió, yo hice una campaña para perder, óyete bien Miguel, para perder, no porque tuviera miedo. Tú sabes mejor que yo, que yo tengo valor cívico, no como ustedes que son temerarios, pero tengo valor cívico. Cuando creo en algo estoy dispuesto a pelear hasta la muerte por lo que creo.

-Y como ustedes no habían percibido esa realidad, yo tracé una estrategia de no salir a la calle, de hablar tanto sólo por radio y televisión, en el convencimiento de que tenía que perder, porque si yo hubiera ganado las elecciones, nosotros hubiéramos sido el segundo Estado Libre Asociado del Caribe, porque las fuerzas norteamericanas no iban a dejar el país en manos de ideas progresistas.

-Tal vez ahora, algunos lúcidos, yo no sé si tú estás entre ellos, valorarán ese acto de sumo sacrificio y de real lealtad a las ideas y las causas del pueblo dominicano.

Ahí comencé yo a ver la grandeza de Juan Bosch. ¿Para qué luchar y alcanzar glorias personales, cuando hay que cuidar y proteger el futuro de un pueblo? Yo creo, estoy convencido de, que Juan Bosch ha sido, y sigue siendo, el mejor maestro, el mejor compañero y el más desprendido de nuestros políticos.

Murió como vivió, en la estrechez económica, y la asumió no como un blandón, sino con la entereza del apóstol. Si Cuba tuvo un Martí, Juan Bosch es nuestro Martí. Fue a la política para servir, y no para servirse; dio muestras permanentes de compañerismo, de lealtad y hermandad, y quien les expresa eso a ustedes, fue una persona que siempre le rechazó la propuesta de la militancia en el PLD. Y se la rechacé no por requerimientos ideológicos.

Yo había decidido mucho tiempo atrás que mi destino iba detrás del destino de Juan Bosch, sin deseo de predominancia, y sí con el convencimiento pleno de mi lealtad a ese señor que nace cada mil años. Yo no le acepté la distinción de la militancia por lo mismo que le dije:

-Don Juan, usted y yo somos hermanos, amigos; usted viene todos los días a esta editora; ahí está Niurka, ahí está Darío, ahí hay tantos compañeros de trabajo que no me dejan mentir. Yo sé que el Presidente de la República venía también asiduamente aquí a trabajar, no a hablar, a trabajar. Y en ese sentido yo no me atrevía a decirle, Don Juan, usted y yo somos hermanos, amigos, y si somos compañeros de militancia a los quince o veinte días usted me va a botar, usted me va a botar porque vamos a pensar en cosas diferentes y entonces yo voy a perder lo más importante de mi vida que es su amistad.

-Por qué tú dices eso?

-Porque yo quiero todavía tener la diferencia con esa figura antológica de la vida y el pensamiento dominicano, y no pelear... yo quería seguir aprendiendo de ese hombre, que como todos los hombres tenía defectos, pero cuando comparamos sus defectos con su grandeza, eran defectos reducidos. Y aquí se aplica la frase de Martí: los hombres como el sol tienen manchas; los malagradecidos sólo hablan de las manchas; los bien agradecidos, hablan de su luz.

Juan Bosch amilanó, redujo, diluyó sus defectos ante las grandezas de sus aportes, de su desprendimiento y de su sabiduría.

En el año 1994 tuvimos una gran discusión.

-Don Juan, hay que retirarse de la vida política activa; el calendario ha hecho estragos en usted. Una enfermedad que se extiende en el mundo sin medicamentos seguros, había tomado su gran cabeza de educador, luchador y maestro.

Me dijo:

-Yo sé lo que tengo. Tú mismo buscaste los médicos en España para que hicieran el estudio. Pero si yo no voy el PLD va a quedar tan reducido que va a ganar el PRD, y no me mueve un antagonismo personal para evitar que gane el PRD. Yo sé lo que esa gente va a hacer en el gobierno y yo no quiero ser cómplice indirecto de esa vileza. Y ahora que tú me exhortas a que yo no sea candidato, ¿y si yo te digo que voy de todos modos?

Y le dije:

-Yo lo apoyo a usted en la irracionalidad y en la muerte.

Esto solamente se lo he referido a escasas personas, y es mi sentido de la lealtad. Y cuando la vida me ha obligado a tomar parte en un diferendo entre amigos, yo prefiero eximirme del enfrentamiento y pasar a un segundo plano, hasta que el conflicto se diluya.

Hoy tenemos un Presidente y un candidato de esos que como Juan Bosch nacen cada mil años, porque no solamente basta nacer, acto fortuito de la naturaleza; hay que formarse, hay que aprender de las adversidades de la vida, y hay que vivir de cara al sol con hidalguía. Juan Bosch es el Maestro, es el guía, olvidémonos de las pasiones que motivaron accidentes de su existencia y edifiquemos su inmortalidad, porque esa es la mejor grandeza...

Muchas gracias.

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. Sergio Ramírez, escritor nicaragüense, sobre Juan Bosch

Juan Bosch representa la última línea de políticos que pelearon por sus ideales hasta la muerte en América Latina, un intelectual en lucha contra las dictaduras que nunca quiso doblegarse ante las concesiones, y que al mismo tiempo empleó su sensibilidad de escritor para el oficio de la política, pero tratando de separar ambos terrenos siempre, poniendo de por medio su convicción de que es mejor no servir a dos señores. Por eso, mientras estuvo en el gobierno, o dedicado a la política dentro de su patria, dejó de escribir, y ya fue para siempre. Su legado literario es hondo, igual que el de su dignidad como hombre de reflexión y de acción. Fundó toda una escuela en el cuento vernáculo, al cual le dio un tinte moderno, una escuela que creó, y se va con él.

En 1961 el profesor Juan Bosch vivía en Costa Rica una de las etapas del largo exilio que lo había llevado por distintos países. Fue el año en que lo conocí. Era entonces un desterrado emblemático del Caribe revuelto, que al tiempo que escribía cuentos ejemplares reclamaba una alternativa democrática para la República Dominicana, dominada por un tirano a su vez emblemático, el generalísimo Rafael Leónidas Trujillo, quien solía aparecer en las fotografías suyas que imprimían los periódicos de Nicaragua, con un bicornio coronado por un airón de plumas de avestruz, y metido en un uniforme fúnebre entorchado de bordaduras de oro, todo copiado de algún viejo figurín de pompas militares.

Emblemáticos los dos, pero cada uno por su propio lado, representantes de mundos contrapuestos. Pero las fanfarrias y los disfraces de Trujillo no lo eran todo. Más siniestro que su uniforme de opereta era su modo de manejar los hilos del poder, entre el envilecimiento, el terror y el halago, y su mano sabía alcanzar a sus enemigos por muy lejos que se hallaran. Así Había ocurrido con el atentado que su policía secreta urdió para matar al presidente de Venezuela Rómulo Betancourt en 1960, haciendo detonar al paso de su caravana un coche cargado de explosivos. Betancourt sobrevivió, con quemaduras, y aquel atentado marcó el inicio del fin de Trujillo, porque perdió el favor de los Estados Unidos de Kennedy y la OEA lo puso en cuarentena.

El profesor Bosch se hallaba en Caracas para entonces, y ese mismo año en que empezaba el ocaso de Trujillo, él escribía el último cuento de su vida, “La mancha indeleble”. En adelante, el torbellino de los acontecimientos, en los que quedó envuelto, lo sacaría para siempre de la literatura. Pero como quiero explicar luego, no sólo los acontecimientos lo empujaban fuera, sino su propia convicción ética que envolvía por igual la literatura y la política.

Cuando lo conocí en el mes de mayo de aquel año de 1961, el profesor Bosch enseñaba historia de América Latina en la escuela que la hermandad de líderes socialdemócratas -José Figueres, Muñoz Marín, Haya de la Torre, Rómulo Betancourt, y él mismo- habían abierto en San Isidro de Coronado, un poblado del valle central cercano a San José, para entrenar a jóvenes dirigentes políticos del continente. Yo venía de participar en un congreso centroamericano de estudiantes celebrado en Panamá, y me detuve a visitar a amigos nicaragüenses que estudiaban en la escuela. Uno de ellos, Julio López Miranda, me presentó delante de don Juan como escritor, y él se complació mucho en sentarse conmigo a compartir una taza de café, y aleccionarme por una media hora sobre el arte de escribir cuentos, oficio en el que yo me iniciaba entonces.

Recuerdo su figura delgada, sus ojos celestes, sus anteojos de marco de carey, su pelo rizado prematuramente cano, y su acento neutro, que no tenía ningún deje caribeño. Todo el mundo le decía “el profesor”, y por la forma didáctica de explicar sus convicciones, fueran políticas o literarias, hacía honor al nombre.

Así pude escuchar, expuestas de su voz, sus ideas acerca del cuento, las mismas que había escrito en sus “Apuntes sobre el arte de escribir cuentos”, publicados en El Nacional de Caracas en 1958. Era para entonces un cuentista consumado, que no faltaba en ninguna antología latino-americana del género, un cuentista sobre todas las cosas, aunque escribió dos novelas: La mañosa (1936) y El oro y la paz (1976); y se sentía muy a sus anchas y muy señor de su territorio al señalar las reglas de un arte que había practicado desde sus veinte años, cuando escribió sus primeros cuentos, entre ellos “La mujer”, que encabezó su primer libro, “Camino Real”, publicado en La Vega en 1933. Cuando en 1942 escribió “El río y su enemigo”, se había dicho: “ahora ya domino este género y hago con esto lo que quiera”. Eran unas reglas que esbozadas en su tono cordial, parecían muy simples: persistencia en el tema central, extraer al tema elegido las consecuencias últimas, con garra de animal de presa, hacer que el relato conserve el tamaño de su propio universo, no darle medidas fraccionadas y distintas, y un final siempre sorpresivo para el lector, todo resumido en la frase lapidaria de Horacio Quiroga “el cuento es una flecha dirigida rectamente hacia el blanco”. A ese conglomerado, supo siempre agregar una más, aunque no la proclamara, y que seguramente aprendió de Chejov, al que tanto admiró: el cuento tiene siempre como personaje a los pequeños seres.

Los otros de quienes aprendió mucho, según él mismo confiesa, fueron Guy de Maupassant, Sherwood Anderson y Rudyard Kipling, de quien siguió siempre el estricto consejo de que el arte de escribir consiste en borrar palabras. Esas reglas suyas ya las había descrito desde mucho antes, cuando en 1944 publicó en La Habana, una de sus primeras estaciones de exiliado, su “Teoría sobre el cuento”… Abandonar para siempre la literatura resulta extraño en alguien que apenas sobrepasados los cincuenta años se encuentra en su plenitud creativa.

Pero los acontecimientos se aceleraron. A los pocos días, ya de vuelta yo en Nicaragua, mataron a Trujillo en Santo Domingo, un acontecimiento decisivo en la vida del profesor Bosch. Volvió triunfante, y resultó electo al año siguiente Presidente de la República con más del sesenta por ciento de los votos, en las primeras elecciones libres que la República Dominicana conocía en toda su historia. Tomó posesión en febrero de 1963, y siete meses más tarde fue derrocado por un golpe militar encabezado por el General Wessin y Wessin, bajo la misma vieja justificación de que se trataba de un gobierno de inspiración comunista.

Exilio y escritura se habían convertido para él en una unidad indisoluble, aunque al mismo tiempo se mantuviera en lucha contra la tiranía. Salió al destierro hacia Puerto Rico en 1937, el mismo año de la matanza de los braceros haitianos ordenada por Trujillo; dos años más tarde fundó desde La Habana el Partido de la Revolución Dominicana (PRD), y fue participante de varios movimientos armados, el más importante de ellos la expedición de Cayo Confites en 1947. Pero al volver a su patria tras el fin del trujillato dejó de escribir. Las reformas que desde la presidencia quiso imponer a la realidad arcaica de su país, vistas a la luz de hoy parecen moderadas, tan moderadas como lo fueron las que Jacobo Arbenz había querido para Guatemala una década atrás, y que le costaron también el derrocamiento y el exilio. No podía haber flores de invernadero en el páramo de la guerra fría. Y el hecho de que un escritor fuera depuesto por un golpe militar no venía a resultar nada nuevo en América Latina. Era lo mismo que le había ocurrido al novelista Rómulo Gallegos en Venezuela en 1948, víctima del cuartelazo que tras pocos meses de su toma de posesión dio paso a la dictadura del General Marcos Pérez Jiménez.

Si la democracia era un concepto sospechoso bajo los términos de la guerra fría, más sospechosos aún resultaban los intelectuales, que junto con la necesidad de democracia planteaban reformas a las estructuras sociales, despertando la alarma tanto en el Departamento de Estado de los Estados Unidos, como en los cuarteles de los ejércitos que, como los de la República Dominicana, Haití y Nicaragua, eran herederos de las fuerzas de ocupación norteamericanas. Su vida seguiría siendo tan azarosa como antes, durante sus pocos meses en el poder, y luego exiliado otra vez en Puerto Rico, hasta donde lo alcanzaron en 1965 los ecos de la rebelión nacionalista que trajo como secuela la intervención militar norteamericana ordenada por el presidente Lyndon Johnson. Esa rebelión, encabezada por el coronel Francisco Caamaño en nombre de una facción juvenil del ejército que seguía siendo dominado por los viejos generales trujillistas, pretendió restablecerlo en el poder.

La historia, que parece imaginada por los novelistas, o por los cuentistas, había puesto en su camino a aquel joven oficial, encargado de custodiarlo durante el viaje del barco que lo había llevado al destierro en septiembre de 1963, y que ahora quería devolverlo a la silla presidencial. El hecho de que no volviera a escribir un solo cuento, su oficio de toda la vida, tiene que ver seguramente con su concepción ética de la literatura. Aún consciente de que sin atributos artísticos verdaderos una pieza literaria no es importante para nada, ni siquiera como recurso de propaganda, y muy dueño de un arte que había practicado a conciencia, capaz aún de definir sus reglas, siempre estuvo convencido de que la literatura debía servir para un fin moral, yo diría pedagógico, tal como él mismo se coloca dentro del universo didáctico de Eugenio María de Hostos (1839-1903), proclamándose desde su juventud un hostosiano, bajo la convicción de que las dos palancas que mueven al mundo son la moral y el trabajo; una de sus tareas del exilio en Puerto Rico y Cuba sería, precisamente, dirigir la edición de las Obras Completas de Hostos, uno de los mentores del positivismo en América Latina.

“Hostos fue para mí un maestro a través de su obra”, dice él mismo. “…Él transformó mi destino. Antes de leer la obra completa de Hostos yo era un proyecto de hombre...un proyecto de hombre que quería hacer algo por su pueblo y por los pueblos latino-americanos. Pero no sabía cómo...”. De modo que esas ideas sobrevivieron siempre en él, en sus tiempos de adhesión a la social democracia, y aún en sus tiempos posteriores de adhesión al marxismo. Esta finalidad ética la define al elegir el universo de sus cuentos, que es el del medio rural dominicano, el de los campesinos del Cibao, la región donde nació en el año de 1909 en el poblado de La Vega, hijo de un inmigrante catalán, que de albañil pasó a comerciante, y de una portorriqueña.

Su visión del mundo -moral, política, literatura- es integral, y cuando tuvo la oportunidad de ejercer el poder, quiso hacer desde el gobierno lo que había venido haciendo toda su vida con la literatura, reivindicar un mundo atrasado, olvidado, oprimido, hacerle justicia. Era el mundo de los campesinos que había conocido en el Cibao desde su infancia, minifundistas dueños de pequeños conucos, colonos y aparceros, y también campesinos sin tierra, y braceros haitianos, todo un universo tejido de costumbres ancestrales, supersticiones, códigos de honor, siempre en lucha con los elementos, y también con la civilización, y carne de cañón de las montoneras y de las guerras civiles, víctimas de la ley impuesta por los latifundistas, y víctimas, sobre todo, de la miseria ineluctable que acarreaba, antes que nada, la muerte. “La muerte era el gran personaje de la vida campesina”, dice. Cuando se fue al exilio en 1937, quedó intacto en su memoria este mundo que pronto sería teñido con los colores del trujillismo; lo fue recreando siempre en sus cuentos, desde la lejanía, y así permaneció hasta que volvió a él por la puerta del poder político, con afán reivindicatorio. Está visto que fracasó en esta tarea, que era todo un experimento social y democrático muy nuevo en un país atrasado, y ultrajado por décadas, porque su visión política idealista no fue tan eficaz como la que desarrolló en sus cuentos, y chocó rápidamente con la realidad heredada por el trujillismo que seguía presente en la sociedad dominicana, y principalmente en el ejército obediente a la filosofía de la guerra fría, que lo derrocó sin demora. Después, siguió sin haber tiempo ni circunstancias de volver a la literatura.

Regresaría del exilio en 1965, tras la revuelta abortada del Coronel Caamaño. Sería otra vez candidato presidencial en las elecciones de 1966, derrotado por el doctor Joaquín Balaguer, heredero del trujillismo, y abandonaría en 1973 el partido que él mismo había fundado, para organizar uno nuevo, el Partido de la Liberación Dominicana (PLD), y dos veces más se presentaría como candidato, ya sin éxito. Sería, como se ve, una vida marcada por la política, y por sus infortunios. La literatura era para él un oficio serio, que no podía compartirse con la política. Se podía ser ambas cosas a la vez, pero no ambas cosas a un tiempo, y ésta es una regla sabia: “No es cierto que la política perjudique a la literatura. Lo que ocurre es que la política es una actividad a la cual hay que dedicarle todo el tiempo y la literatura también es una actividad a la que hay que dedicarle todo el tiempo... de manera que para realizar la actividad literaria y la política al mismo tiempo, cualquiera de las dos es excluyente de la obra...”.

El mundo que le sobrevivirá es el mundo del Cibao, el que permaneció en su memoria, porque está en sus cuentos, la única manera en que pudo exponerlo, y en fin de cuentas reivindicarlo. Lo escogió deliberadamente, más allá de la moda y costumbre de aquellos años de forja de una literatura latino-americana que buscaba su identidad en la naturaleza y en el paisaje, y en los seres que habitaban esa naturaleza y ese paisaje. De esa pretensión de organizar un universo autóctono, distinto al que reflejaba la literatura europea, para ir por ese camino hacia una identificación de lo propio, que ofreciera sustento y sirviera como argamasa de las nacionalidades por construir, nacieron todos los “ismos” de color local, criollismo, regionalismo, que abordaban de manera equivocada el universo rural que se ofrecía a los ojos del escritor en todo su esplendor y en toda su complejidad. Bosch sabe ir al encuentro de ese mundo porque lo reconoce en su complejidad, y no lo banaliza nunca. Lo entiende en el conjunto de sus elementos atrayentes, desde el conocimiento de sus fuentes, no porque sean pintorescos, sino porque es capaz de transformar la realidad que queda en sus propios recuerdos en materia literaria, la compleja operación que lo hace verdaderamente un escritor.

Lejos de quedarse en una propuesta pintoresca, para ser resuelta en excentricidades del habla, o en juegos continuados de metáforas, el mundo rural ha estado allí, no sólo como paisaje, para quien quisiera entender su verdadera dimensión. A lo largo del siglo XX, y sobre todo en la primera mitad que le toca literariamente a Bosch, ese mundo rural es dominante en nuestra realidad, y trastoca aún lo que llamamos nuestra cultura urbana. Es de la sobrevivencia de sus valores arcaicos, transfigurados en la vida cotidiana, que surgirá el asombro de los contrastes que da paso a esa entidad que ha dado en llamarse realismo mágico. Y al tocar esos elementos como habitante de ese mundo, y no como visitante, es que Bosch da con las primeras claves de la literatura moderna que seguirá teniendo por escenario ese mundo rural, como podemos verlo en cuentos suyos como “Fragata”, la historia de la prostituta gorda que acarrea sus enseres en una carreta de bueyes, y que preludia a “La Cándida Eréndida y su abuela desalmada”; como “Dos pesos de agua”, que está grabado con buril tenebroso, en negro profundo, como un aguafuerte de Goya, las ánimas del purgatorio entre las llamas, chillando como arpías que deciden la suerte de los pequeños seres que penan abajo; o como el espléndido retrato de su abuelo materno, un gallego también de nombre Juan, que está en el cuento “El abuelo”.

Bosch escoge deliberadamente unas fronteras para sus cuentos, que son las del territorio del Cibao. Son cuentos vernáculos porque se delimitan en un universo campesino, pero están elaborados desde abajo, y muy lejos de la usanza de la época. El autor no desciende hacia ese universo envuelto en metáforas sobre el paisaje, sino que sabe explorarlo a fondo, y cuando asume la naturaleza con sus fuerzas desatadas la encarna en el destino de los seres humanos que viven o perecen bajo su imperio, como en “Mal tiempo” que para mí es una de sus mejores piezas. Y esa escogencia deliberada de escenario, tiene consecuencias en toda su obra.

Bosch fue dependiente de comercio en el Cibao, oficial de estadísticas en Santo Domingo, vendedor de un puesto de licores en Madrid; durante sus primeros años en Venezuela, gerente de una compañía de variedades y descargador de camiones en el mercado de San Jacinto en Caracas, y pintor de carteles de cine en Valencia; fue anunciador en un parque de diversiones ambulante, en gira por Curazao, Martinica, y Trinidad, donde también fue panadero. Fue todo eso, y además de exiliado político, que es ya un oficio en sí mismo, diversidad de ocupaciones suficientes para darle una experiencia rica y múltiple, y por consecuencia, capaz de haber llegado a reflejar una diversidad de temas en su narrativa. Pero se quedó, con terquedad, en el escenario campesino del Cibao, saliendo de ese territorio sólo ocasionalmente, y de manera ejemplar, como lo demuestra en su inolvidable cuento “Rumbo al puerto de origen”, en el que cuenta la historia mágica de un pescador que cae al agua por agarrar una paloma. Y ésa fue una manera de proclamar su compromiso con los personajes de su infancia, que fueron los campesinos, y no los pescadores, aunque en este cuento demuestre conocimientos sobre el mar de un virtuoso.

Todo lo que he querido decir sobre el entramado entre su vida política y su vida literaria, bajo el mismo presupuesto ético, está reflejada en la escogencia que hizo de sus cuentos preferidos en su Antología Personal publicada por la Editorial de la Universidad de Puerto Rico en 1998. Son los que más se acercan a su propia concepción de la literatura como reflejo de una realidad que no está allí sólo para ser contemplada, sino que puede ser cambiada, aunque no sean los mejores, en la vena de los que algunos críticos llaman el realismo social, o socio-realismo. Y ese mismo entramado está presente en la manera como sus cuentos, desde los primeros que aparecen en Camino Real, fueron ordenados con posterioridad por él mismo para ser publicados a partir de la década de los sesentas: Cuentos escritos antes del exilio, Cuentos escritos en el exilio, Más cuentos escritos en el exilio. Al fin y al cabo su vida se cuenta antes y después de los exilios. Y como insisto en que los escenarios de la historia parecen siempre preparados por la imaginación de los novelistas, o de los cuentistas, termino recordando que cuando nos encontramos por primera vez en San Isidro de Coronado en mayo de 1961, nadie podía decirle entonces que le tocaría suceder en el poder a Trujillo, su antítesis ética y política, aunque fuera por pocos meses. Tampoco nadie pudo haberme dicho a mí entonces, aprendiz de cuentista sentado frente a su maestro, que dos décadas después me tocaría suceder a Somoza como miembro de la Junta de Gobierno, al triunfo de la revolución en Nicaragua.

Al fin y al cabo, en el Caribe de llamaradas revueltas la historia privada no viene a ser la historia de las naciones, como señalaba Balzac, sino que la historia pública arrastra en su turbión a las vidas privadas, las transforma, y como una deidad funesta decide la suerte de los escritores.

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. Ignacio Ramonet, sociólogo y periodista español sobre Juan Bosch: La raíz de los grandes hombres

Existe, en América Latina, una exquisita tradición: los líderes políticos son, a veces, excelentes escritores. La lista es larga de estos hombres de pluma y de Estado, que va de Rómulo Gallegos, presidente de Venezuela y gran novelista, a Sergio Ramírez, actual vice-presidente de Nicaragua. Juan Bosch pertenece plenamente a ese linaje.

En Francia, se conoce mucho mejor de este antiguo Presidente de la República Dominicana su itinerario político, su largo combate en contra de la dictadura de Trujillo y, sobre todo, su valiente actitud cuando fue derrocado, en el 1963, por un golpe de Estado militar.

Juan Bosch permanece con una personalidad mítica en América Latina: encarna, a los ojos de los demócratas, un ideal de probidad, de justicia y de civismo. "Este político incorruptible y exigente, franco hasta a la ultranza", escribe Claude Couffon, es reconocido por muchos de sus conciudadanos como el modelo del hombre integral.

Ese hombre es igualmente un gran escritor, ensayista, del cual varios libros de historia antillana -De Cristóbal Colón a Fidel Castro, El Pentagonismo (ed. Le Seuil, París, 1969)- están considerados como clásicos. Es igualmente novelista -La Mañosa, 1936, El Oro y la Paz, 1975- y sobre todo autor de numerosos compendios de relatos, como Camino Real (1933), Indios (1935), Ocho Cuentos (1947) y Cuentos escritos en el Exilio (1962).

La materia de sus cuentos es la desgracia; todos los personajes -campesinos y grandes propietarios, prostitutas y trabajadores, indios y negros, mulatos y mestizos, pescadores y mineros- buscan escapar del infortunio en una huida a veces alucinada. En vano, ya que ello desborda los límites mismos de la vida. Como lo explica un personaje en un relato muy breve intitulado precisamente La Desgracia: "morirse no es desgracia, hay cosas peores que morirse". Son esas cosas que nos cuenta el autor… con temible eficacia, pues Juan Bosch es un maestro del cuento.

En dos cortos textos que completan el volumen, expone su concepción del "arte del cuento" y recuerda las leyes fundamentales del género, en particular, la necesidad de comenzar bien: "hay una sola manera de comenzar un cuento con acierto, despertando de golpe el interés del lector". Para mantener, sin ninguna caída, la tensión y la intensidad, "el cuentista debe ser implacable con el sujeto de su obra", debe eliminar toda palabra, toda secuencia superflua; "suprimir es un trabajo más importante que conservar". Los cuentos de “Hacia el Puerto de Origen” son el resultado de esa prodigiosa maestría técnica. El lector está sumergido, desde las primeras palabras de cada uno de los cuentos, en una atmósfera sobrecogedora, en el meollo de una sección que funciona como una trampa… y de pronto el narrador tiene las emociones y las ideas del lector a su merced. Por ejemplo, en “La Nochebuena de Encarnación Mendoza” -una pura obra maestra- se siente de inmediato la trampa del destino cerrarse sobre el héroe, pero uno no imagina hasta que grado de implacable intensidad el narrador va a llevar la lógica de la tragedia.

Juan Bosch sabe que la realidad latino-americana es a menudo trágica, hecha de injusticia y de miseria. Por la vía del cuento, quisiera recordar lo que, como hombre político, él ha defendido siempre: la profunda humanidad de los humildes, la imperiosa necesidad de preocuparse por su suerte. Escribir cuentos, dice, “es una tarea muy seria”. Le permite poner el arte y la belleza al servicio de una noble misión política.

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. Yailín Fajardo Rodríguez • La Habana [Juan Bosch en Cuba: su legado político (1939-1961)]

Comenzaba el año 1939 cuando el intelectual dominicano Juan Bosch arriba a La Habana con el propósito de dirigir la edición de las obras completas del maestro y patriota puertorriqueño Eugenio María de Hostos, cuyos escritos había recopilado durante su estancia en San Juan de Puerto Rico. La bienvenida a la mayor de las Antillas o a la “Isla fascinante”, como él mismo la denominó, le fue dada por Enrique Cotubanamá Henríquez, integrante del Partido Revolucionario Cubano Auténtico [PRC(A)] y hermano de los reconocidos escritores Pedro y Max Henríquez Ureña.

La presencia de Cotubanamá Henríquez ante Bosch estuvo motivada por el interés de reiterarle la idea de crear un partido para derrocar al gobierno tiránico de Rafael Leónidas Trujillo. Esta propuesta analizada en 1938, durante los dos encuentros que ambos sostuvieron en tierra boricua, estrecharía en lo adelante sus relaciones de amistad y constante accionar político. Pues si bien Bosch se había consagrado a una labor literaria, divulgada por la revista Carteles a través de la publicación de varios de sus cuentos, comienza a insertarse en la vida política del país al asistir de manera asidua a las reuniones que en la casa de Enrique Cotubanamá, realizaba su cuñado Carlos Príos Socarrás con los principales dirigentes del PRC(A).

Pronto, su participación en aquellas reuniones despertó la admiración de los auténticos. Alguno de ellos, designados posteriormente como delegados a la Asamblea Constituyente, le solicitaron que hiciese un análisis exhaustivo del articulado de la constitución de España, de Alemania, de Chile y de México, a fin de tenerlo como referente para confeccionar las propuestas que serían presentadas en las sesiones plenarias de la asamblea. Su labor, reconocida por todos los perreceistas, le validó la invitación el 5 de julio de 1940 a la ceremonia de promulgación de la Carta Magna, avanzado texto jurídico que refrendaba algunas de las conquistas sociales por las cuales el pueblo cubano había luchado desde principio del siglo y, en especial, durante la Revolución de los años 30.

Nueve días después, el 14 de julio de 1940, en los comicios generales saldría electo como presidente el coronel Fulgencio Batista, iniciándose así cuatro años de normalidad constitucional, no exentos de la corrupción administrativa y la subordinación a los intereses del imperialismo norteño.

En este ambiente, Bosch emprende con ahínco su activa campaña antitrujillista asistiendo con los exiliados dominicanos Juan Isidro Jiménez Grullón y Ángel Miolán a la reunión de delegados de la Central de Trabajadores de América Latina (CETAL), celebrada en noviembre de 1941 en México. Momento propicio para denunciar con la ayuda del líder obrero mexicano Vicente Lombardo Toledano, los crímenes cometidos en República Dominicana por la tiranía reinante y la inhumana explotación de la cual eran víctimas los obreros, principalmente los vinculados a la producción azucarera.

De igual manera y sin perder tiempo, se da a la tarea de organizar a los exiliados dominicanos residentes en Latinoamérica y el Caribe mediante la creación de comités, llamados seccionales, en cada ciudad donde pudieran reunirse cinco o más personas interesadas en ser miembros del Partido Revolucionario Dominicano (PRD).

Como doctrina política la organización partidista luchaba desde el exterior por la liberación del territorio nacional de la dictadura y el establecimiento de un sistema democrático. Tales postulados fueron debatidos en La Habana del 29 de marzo al 7 de abril de 1943, en ocasión del primer Congreso del PRD y en el Congreso Unitario que se celebra al año siguiente. En este último es aprobada la idea de Juan Isidro Jiménez de que Bosch realizara una intensiva propaganda antitrujillista por todo el continente con la condición de ser el futuro candidato a la presidencia de República Dominicana, en caso de que Trujillo fuese derrocado o abandonase el gobierno por cualquier motivo.

En lo adelante, Bosch estuvo inmerso en su peregrinar por los países de México, Guatemala y Venezuela en los cuales impartió conferencias, fortaleció las estructuras de las seccionales del PRD y denunció la situación existente en su patria. De regreso a Cuba, y concluida la magistratura de Fulgencio Batista, se convierte en el redactor del periódico Siempre, órgano oficial del PRC(A), cuyo líder Ramón Grau San Martín había obtenido una amplia victoria en las elecciones de 1944, dando inicio al autenticismo en el poder.

Durante este período disfrutó de absoluta libertad para continuar con las actividades políticas, el ejercicio del periodismo y el envío de sus cuentos y ensayos literarios a las revistas Bohemia y Carteles. También es meritorio destacar su labor en la emisora radial CMQ por haber escrito los programas históricos: Los Forjadores de América y Memorias de una Dama Cubana.

Convencido de que había llegado el momento de recurrir a la acción viaja a Venezuela en noviembre de 1945 para entrevistarse con el presidente Rómulo Betancourt, y comentarle sus planes de iniciar una lucha armada en suelo dominicano. Además, le pide que firmase una carta dirigida a su homólogo haitiano Elie Lescot, en la cual solicitaba ayuda económica para adquirir el material de guerra necesario.

Lescot, contra quien Trujillo mantenía una propaganda indecente, accede a la petición con la entrega de 25 mil dólares que Bosch emplea en la compra de tres aviones (DC-3, AT-3 y Cessna) y armamentos. Sin embargo, la acción no puede llevarse a cabo e inicia entonces en 1946, desde Cuba, los preparativos de la expedición de Cayo Confites. Acción que fracasa a pesar de contar con un apoyo mucho más amplio que el proyecto anterior: medio millón de pesos donados por el dominicano Juan Rodríguez García, la colaboración de los gobiernos democráticos de Guatemala y Venezuela, la creación de un Comité Central Revolucionario encargado del reclutamiento y de la preparación militar, así como con la asistencia, en un primer momento, del presidente Ramón Grau San Martín, quien designa como colaboradores a su Ministro de Educación José Manuel Alemán, cuya finca sirvió de arsenal, y al presidente de la Federación Estudiantil Universitaria (FEU) Manolo Castro.

Las presiones y denuncias efectuadas por Trujillo provocaron que el 28 de septiembre de 1947, fuesen interceptadas las tres embarcaciones por las fuerzas armadas de la marina cubana. Conducidos los expedicionarios a la fortaleza de Columbia son puestos en libertad posteriormente, producto de la huelga de hambre realizada por Bosch.

La derrota sufrida se convierte en victoria para el líder revolucionario costarricense José Figueres Ferrer, entrañable amigo y “hermano” de Bosch, al emplear los pertrechos militares en el movimiento insurreccional que instaura en 1948 la Segunda República en Costa Rica. En la práctica, Cayo Confites constituyó un llamado a la conciencia de muchos exiliados dominicanos y jóvenes cubanos como Fidel Castro Ruz, que sin temor a las consecuencias se enrolaron en la justa causa por la libertad.

Terminado el mandato presidencial de Grau San Martín, Bosch comienza a colaborar intensamente con Carlos Príos Socarrás en el segundo ciclo de gobierno del autenticismo (1948-1952). En este período, es significativo resaltar su autoría de casi todos los discursos pronunciados por el nuevo magistrado y la coordinación del encuentro que reunió en Venezuela a los presidentes de Guatemala, Costa Rica y Cuba, con el objetivo de unificar todas las fuerzas políticas e impulsar un movimiento que diera al traste con la dictadura trujillista.

Pero el adverso escenario latinoamericano impide que los planes diseñados se hagan realidad debido al derrocamiento del gobierno venezolano de Rómulo Gallegos, a la invasión de la Guardia Nacional de Nicaragua a Costa Rica y al golpe militar perpetuado en la madrugada del 10 de marzo de 1952 por Fulgencio Batista, ante el empuje del vigoroso movimiento popular y la más remota posibilidad de salir electo en los comicios que se avecinaban.

Quebrantado el orden constitucional vigente, Carlos Prío Socarrás no tuvo más opciones que exiliarse en la embajada de México hasta que días después parte hacia Venezuela siendo despedido por Bosch, quien asume todos los riesgos de su accionar político consciente de que Batista solo necesitaba de una pequeña excusa para detenerlo y, a su vez, deportarlo.

Víctima de la nueva etapa de terror que se iniciaba en la Isla, es acusado por Ugalde Carrillo, jefe del Servicio de Inteligencia Militar, de haber sido uno de los autores intelectuales del asalto al Cuartel Moncada el 26 de julio de 1953. La encarcelación duró poco tiempo gracias al auxilio del general independentista Enrique Loynaz del Castillo, su padrino de bodas. Una vez puesto en libertad se traslada a Costa Rica, Bolivia, Buenos Aires, Chile, Bélgica, Israel, Madrid y otros países, donde su actividad política disminuye proliferando su creación literaria.

En 1958, al margen del estado de agitación social que se vivía en Cuba, comienza a trabajar después de su regreso como jefe de redacción en una agencia publicitaria. Sin motivo alguno es detenido por el comandante Ventura Novo y amenazado con la deportación a Santo Domingo, a lo que responde:

“…Comandante Ventura, yo no soy huérfano. A mí se me conoce en Cuba, pero también fuera de Cuba; en toda América Latina y más allá. Si usted me manda a Santo Domingo me manda a la muerte porque Trujillo ordenará que me maten antes de que yo llegue a la ciudad capital, y tenga la seguridad de que eso no va a agradecérselo a usted el general Batista, a quien en toda América acusarán de ser responsable de lo que a mí me pase”.

Ante esta contundente respuesta, unido a la rueda de prensa que celebra su esposa Carmen Quidiello y las protestas de importantes intelectuales y políticos del continente, Juan Bosch es liberado y parte hacia Venezuela el 4 de abril de 1958. En este país el dominicano Enrique Jiménez Moya le propone organizar una nueva expedición hacia Santo Domingo, inspirada en el triunfo del movimiento revolucionario cubano del 1ro. de Enero de 1959 que con apoyo popular había derrocado la dictadura de Fulgencio Batista.

Sin embargo, Bosch, conocedor de la realidad cubana y de la poca efectividad de un movimiento insurreccional en su país de origen, no aceptó la propuesta y al respecto apuntó:

“…Era un error creer que en nuestro país podía repetirse lo que había sucedido en Cuba… Fidel Castro contó con el apoyo de los campesinos de la Sierra Maestra que estaban organizados desde hacía varios años para llevar adelante una lucha contra propietarios de tierras de esa región… en cambio, en la República Dominicana no había organizaciones campesinas, ni cosas parecidas,... en consecuencia con esa realidad los campesinos dominicanos no iban a respaldar los que llegaran al país con el propósito de derrocar al gobierno trujillista, al contrario, los campesinos los atacarán a ustedes por miedo a que Trujillo los mate acusándoles de complicidad con ustedes”.

Como profetizara, la expedición del 14 de junio de 1959 terminó siendo un rotundo fracaso. Por su parte, continuó desarrollando la actividad literaria y el magisterio en el Instituto de Educación Política en San José de Costa Rica, esperando pacientemente el final de la dictadura. Suceso no muy lejano como le hiciera saber a Rafael Leónidas Trujillo en carta enviada el 27 de febrero de 1961 en la que expresó:

“…sus adversarios se levantan de una postración de 30 años en el momento en que usted queda abandonado a su suerte en medio de una atmósfera política y social que no ofrece ya aires a sus pulmones. En este instante histórico, su caso puede ser comparado al del ágil, fuerte y agresivo tiburón, conformado por millones de años para ser el terror de los mares, al que un inesperado cataclismo le ha cambiado el agua de mar por ácido sulfúrico; ese tiburón no puede seguir viviendo.”

Después del asesinato del mismo, el 31 de mayo de 1961, retorna al suelo patrio en el mes de octubre. De esta forma ponía fin a 23 años de exilio en los cuales la coyuntura histórica de una Cuba republicana, vanguardista y entre dictaduras, había consolidado su formación literaria y sentado las bases para su nacimiento como líder político y defensor de la libertad continental.

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. Guillermo Piña Contreras, novelista y ensayista dominicano: Juan Bosch, el camino de la historia

Después de la muerte de Trujillo el 30 de mayo de 1961, la figura de Juan Bosch ha ocupado un lugar preponderante en la historia de la República Dominicana. Tanto sus actuaciones políticas como su obra literaria y ensayística han sido objeto de la atención de analistas, historiadores y críticos literarios dominicanos y extranjeros. Su notoriedad nacional e internacional ha generado también, gracias a su presencia regular en la prensa escrita, una iconografía importante.

Prohibidos en Santo Domingo durante poco más de 23 años de exilio, su nombre, sus actuaciones, su fotografía y todo cuanto le concerniera se hicieron imprescindibles a la actualidad nacional. A su llegada al país el 20 de octubre de 1961, al mando del Partido Revolucionario Dominicano (PRD), dominó el panorama político y logró, tras una campaña electoral sin precedentes en la vida democrática dominicana, triunfar en las primeras elecciones libres que se celebraron el 20 de diciembre de 1962 con casi 60% de los sufragios expresados. Siete meses después de tomar posesión como Presidente de la República, un golpe de Estado cívico-militar interrumpió el primer intento de democracia luego de 31 años de férrea dictadura.

Sin temor a exagerar, Bosch es uno de los dominicanos más sobresalientes de la segunda mitad del recién finalizado siglo XX en la historia de la República Dominicana. Destacado no sólo como el político que intentó establecer la democracia en su país, sino también como escritor reconocido. Su nombre, durante el exilio, siempre fue noticia en América Latina. Se relacionó con casi todos los dirigentes democráticos del Continente hispánico, figuró en las más importantes antologías literarias de nuestra lengua y fue traducido a varios idiomas en el extranjero. Pero su carrera de escritor de ficción cedió el lugar a la actividad política y al ensayo sociológico. Poco antes de la muerte de Trujillo, a finales de 1960, escribió "La Mancha indeleble".

Lo que ha de suceder en República Dominicana con la desaparición del dictador y el rol que le tocó jugar a Bosch le obligaron a interrumpir una obra que había logrado reconocimiento internacional. Posteriormente publicaría Cuentos escritos en el exilio y Más cuentos escritos en el exilio, así como una biografía y una novela hasta entonces inéditas, David, biografía de un rey y El Oro y la Paz, respectivamente; y una colección de cuentos, Cuentos escritos antes del exilio. Al margen de David, biografía de un rey y El Oro y la Paz, las dos primeras constituían una recopilación de las diferentes antologías de cuentos publicadas en Cuba y Chile durante su exilio; la última, se componía de textos dispersos en periódicos y revistas dominicanos antes de su salida de Santo Domingo en 1938.

A pesar de haber declarado expresamente en 1973 que abandonaba definitivamente la literatura, siempre mantuvo una estrecha relación con la literatura y las artes, cuando no presentando obras de escritores dominicanos y extranjeros, cuando no participando en un coloquio literario, cuando no dando una conferencia sobre la literatura, y hasta llegó a escribir un cuento en 1979: "El Culpable", escrito a petición del poeta Manuel Rueda para incluirlo en una antología para niños… y que trata de un viejo que había ganado fama entre sus familiares como creador de historias que fascinaban a los niños, hasta el día en que contó a uno de sus sobrinos la última historia que había inventado, la de un brujo capaz de transformarse en lo que quisiera. Al notar que a su sobrino no le llamaba la atención la habilidad del personaje y que, además, le replicaba con insolencia que lo que hacía el brujo no tenía nada de extraordinario porque Superman lo hubiera hecho mejor... el viejo narrador se enfada.

¿Qué nos quiere decir Bosch con esta historia 19 años después de haber escrito "La Mancha indeleble"? Las interpretaciones son múltiples, aunque nos quiere hacer comprender que la literatura actual había evolucionado tanto que no era posible hoy una literatura como la que él hacia cuando interrumpió su obra de ficción. Ahora había otra mentalidad, otra literatura latinoamericana, la que hacían Julio Cortázar, Gabriel García Márquez, Alejo Carpentier, Carlos Fuentes y Mario Vargas Llosa, entre otros. "El Culpable" es en realidad una picada de ojo, a buen entendedor... Ahora bien, el ensayo político, histórico y sociológico ocuparon de manera brillante el lugar de la literatura en la abundante obra de Juan Bosch. De los trabajos posteriores a su carrera literaria sobresalen su monumental historia del Caribe, su valioso análisis de la pequeña burguesía, su estudio de las dictaduras, del capitalismo tardío y del feudalismo en la República Dominicana, así como también su tesis sobre el pentagonismo, traducida a más de doce idiomas. Todo esto sin contar sus ensayos sobre la política dominicana de los últimos 40 años ni sus folletos de historia y sus charlas radiales. Un aporte extraordinario a la bibliografía histórica y política de la República Dominicana.

La infancia y la adolescencia de Bosch tienen, según ha expresado en múltiples ocasiones, una importancia capital en sus inicios en la literatura. En primer lugar, la cultura de su abuelo, Juan Gaviño, así como el amor a los buenos libros y la sensibilidad social de su padre, José Bosch Subirats, que determinaron luego su inclinación por la literatura. De niño siempre le llevaron a las tertulias del escritor cubano-dominicano Federico García Godoy en el parque de La Vega; estuvo presente en el recibimiento que se hizo en su ciudad natal al poeta español Francisco Villaespesa en 1920. Se le hablaba de la intervención militar norteamericana a su país en 1916 y de los acontecimientos políticos internacionales. Ese marco familiar le llevó a manifestar su inquietud de escritor desde muy temprano. Esa inquietud artística se manifestó, primero, a través de la escultura, y luego del cuento y la poesía.

La madurez intelectual de Bosch era tal que ya en 1929, en su artículo, "Los Dos caminos de la hora", anunciaba una dictadura en República Dominicana. Poco después, a instancias de sus padres, viajó a Barcelona. A su regreso de Barcelona y Venezuela en 1930, Rafael Trujillo hacía poco que había tornado posesión como Presidente de la República. Es en esa época que se inicia realmente su carrera de escritor. Publica cuentos y poemas en los principales periódicos y revistas del país. En 1933 circula su primer volumen de cuentos, Camino real.

Su incipiente notoriedad comenzó a preocupar al régimen y, sin justificación, se le acusó de terrorista y se le sometió a la justicia en 1934. En 1935, se casa con Isabel García Aguiar. Su nombre comienza a hacerse un lugar en los medios literarios e intelectuales de la República Dominicana… Se le nombró en la Dirección General de Estadísticas, pero esto no era suficiente, su actualidad intelectual provocada por la publicación de Indios, apuntes históricos y leyendas y La Mañosa, novela de las revoluciones, llamaron la atención de Trujillo. Para comprometerlo, le propuso hacerle diputado y Bosch, valiéndose de un subterfugio médico, pudo salir hacia San Juan, Puerto Rico, en enero de 1938.

El exilio abre nuevos horizontes a Juan Bosch. Durante casi un año dirige la edición de las obras completas de Eugenio María de Hostos y publica en las revistas Alma Latina de Puerto Rico y Carteles de Cuba. En realidad, el exilio de Bosch comienza con su llegada a La Habana y la fundación del Partido Revolucionario Dominicano (PRD), en enero de 1939. Hasta ese momento, su principal actividad y también su meta, como había manifestado explícitamente, era la creación literaria. En Puerto Rico publicó Mujeres en la vida de Hostos (1938) y en Cuba Hostos, el sembrador (1939).

Desde la fundación del PRD, la actividad política iba a comenzar a desplazar lentamente a la literatura. Sin embargo, en Cuba y durante todo su exilio, alternó ambas actividades sin que aparentemente una se viera afectada por la otra. En La Habana su vida se transformó. En 1943 luego de haberse divorciado de Isabel García Aguiar, se casó con Carmen Quidiello. En pocos años se convirtió en un personaje de actualidad en los medios políticos e intelectuales habaneros. En 1944 dictó en la capital cubana la conferencia sobre las características del cuento, que podría ser considerada como el ancestro de Apuntes sobre el arte de escribir cuentos, la hoy célebre charla que dictó en la Universidad de Caracas en 1958.

En Cuba alcanzó su plenitud literaria, al tiempo que desarrolló una intensa campaña antitrujillista y organizó, junto a otros dominicanos, la frustrada expedición de Cayo Confites en octubre de 1947… Desarrolló una importante actividad literaria y política y una intensa lucha contra la dictadura dominicana la cual, a la postre, por presiones de Trujillo al gobierno de Cuba, le costó otro exilio. En 1950 Bosch es ya una figura de dimensión latinoamericana. Había sido consejero del presidente cubano Carlos Prío Socarrás, se había relacionado con los presidentes Betancourt, Gallegos, Figueres, Arévalo. Su obra circulaba por toda América. Sin embargo, la presión de Trujillo al gobierno de facto de Fulgencio Batista en Cuba le obligó a refugiarse en Costa Rica. Por presiones de Somoza, dictador de Nicaragua y amigo de su homólogo dominicano, se vio obligado a refugiarse primero en Bolivia y luego en Chile. Mientras en Santo Domingo, sus padres, su hermano y familiares cercanos eran objeto de la más vil represión con la finalidad de amedrentarlo. De su paso por Chile quedan Cuba, la isla fascinante, La Muchacha de la Guaira, Judas Iscariote, el calumniado y Cuento de Navidad.

La década 1951-1960 proyecta a Bosch fuera de América. Viaja a París, Bruselas y Viena, para denunciar junto a otros compañeros del PRD la dictadura de Trujillo en República Dominicana. Luego viaja a Israel para darle los toques finales a su obra David, biografía de un rey. A su regreso a Cuba fue hecho prisionero. La finalidad de los esbirros de Batista era deportarlo a Santo Domingo. Logró salir de La Habana y refugiarse en Venezuela donde su amigo Rómulo Betancourt, luego del derrocamiento de la dictadura de Pérez Jiménez en 1958, había accedido a la Presidencia de la República. De Caracas se trasladó a Costa Rica para enseñar en el Instituto de Educación Política de San José. Allí estaba cuando le sorprendió la muerte del dictador Trujillo.

Desde el 30 de mayo de 1961 la vida de Juan Bosch iba a ser transformada completamente, el regreso a su país se imponía y la literatura perdía la batalla en provecho de la política. El 20 de octubre de 1961 terminan casi 24 años de exilio para Juan Bosch. Regresa a Santo Domingo como presidente del PRD. Poco después de descender del avión, al dirigirse al pueblo dominicano, dejó establecida la línea de su campaña electoral al proclamar que había que olvidar el odio y tratar de establecer "una convivencia democrática". La experiencia política de Bosch se impuso en el ámbito nacional. Manejó los resortes de la incipiente democracia dominicana sin ni siquiera recordar que en 1934 había sido víctima de la represión trujillista. Realizó una exitosa campaña que culminó en el legendario debate con el sacerdote jesuita Láutico García el 17 de diciembre de 1962. Este debate, al decir de muchos analistas, fue uno de los factores que contribuyeron a que su candidatura a la Presidencia de la República obtuviera casi 60% de los votos en las elecciones que se celebraron tres días más tarde. Pero la voluntad popular no fue respetada. Siete meses después de haber tomado posesión como Presidente de la República fue derrocado por un golpe de Estado cívico-militar.

La incipiente democracia sufría un revés y Bosch tomaba de nuevo el camino del destierro. Sobre el gobierno de Juan Bosch y el golpe de Estado del 25 de septiembre de 1963 existe una bibliografía considerable… La literatura, como dijimos antes, había dejado campo abierto a la política. Al margen de las colecciones de cuentos publicadas a su regreso, y de David, biografía de un rey, Bosch sólo publicó Crisis de la democracia de América en la República Dominicana (1964), que luego, al producirse la intervención militar norteamericana, sería traducida al inglés y al francés. Sus "Apuntes sobre el arte de escribir cuentos" y varios de sus cuentos fueron traducidos al ruso.

Los acontecimientos políticos de la República Dominicana le habían dado una notoriedad internacional. Este período tiene una importancia capital en la historia política de Juan Bosch. A su regreso a Santo Domingo el 25 de septiembre de 1965 sabía que no podía triunfar en las elecciones del 1 de junio de 1966 con las tropas norteamericanas en el país. Sabía también que si no participaba en los comicios el ejército de intervención no abandonaría la República Dominicana. Poco después de las elecciones, tomó la decisión de viajar a España. Salio de Santo Domingo el 27 de noviembre de 1966. Los años que van de 1966 a 1973 marcan un período de reflexión político-ideológico para Juan Bosch. Las obras que publicará en lo sucesivo así como sus relaciones con países socialistas dan cuenta de esa evolución política: El Pentagonismo, sustituto del imperialismo, traducido a más de doce idiomas, la polémica tesis de Dictadura con respaldo popular, los viajes a Yugoslavia, Rumanía, Corea del Norte, China, Vietnam y Camboya. Este es un período rico en gráficas y documentos. Se trata de años de estudios y de reflexión que transformarán su visión del mundo. Poco antes de regresar a Santo Domingo en 1970, entrega a la imprenta su monumental obra “De Cristóbal Colon a Fidel Castro… El Caribe, frontera imperial”. Ya en su país, publica Composición Social Dominicana, un análisis que revolucionaría la historiografía Dominicana.

Su idea, al llegar a Santo Domingo, era hacer del PRD un partido diferente al que había fundado en 1939. Reorganizarlo de acuerdo con sus nuevas ideas. Se abstuvo de participar en las elecciones generales de mayo de 1970 y se dedicó a la tarea de educar políticamente a los militantes del Partido a través de folletos de historia y de métodos de organización.

Desarrolló también una intensa campaña de orientación nacional a través de charlas radiales. Sin embargo, la oposición que tuvo en el seno del PRD a sus nuevas concepciones políticas le obligó a renunciar en noviembre de 1973 y fundar, junto a los dirigentes que le acompañaron en su histórica decisión, el Partido de la Liberación Dominicana (PLD).

Con la fundación del PLD y con 64 años de edad, Bosch decide organizar un partido siguiendo sus nuevas concepciones político-ideológicas. En 1975 se declara marxista y emprende la tarea de darle forma a una organización de cuadros. No participa en las elecciones presidenciales de 1974. Forma parte del Tribunal Russell junto a los escritores Julio Cortázar y Gabriel García Márquez. Se acerca a Cuba. A pesar de haber dicho en 1973 que abandonaba definitivamente la literatura publica, como señalamos antes, una colección de cuentos y una novela: Cuentos escritos antes del exilio y El Oro y la Paz. La bibliografía de Juan Bosch, entre 1973 y 1996, se enriquece considerablemente. Crea las bases teóricas del PLD y amplía su contribución al análisis de la historia y las clases sociales dominicanas. Toma una participación activa en la política internacional, y una antología de sus cuentos, “Vets le port d'origíne”, se edita en francés y obtiene, en 1988, el premio de mejor libro extranjero de cuentos de la Fundación FNAC. En 1989, se comenzaron a publicar los primeros nueve volúmenes de sus obras completas.

Por primera vez, en 1978, el PLD participa en las elecciones generales. Balaguer es derrotado y resulta triunfador Antonio Guzmán, candidato del PRD. Bosch sólo obtuvo 18,000 votos. Sin embargo, en los comicios sucesivos, el PLD era cada vez más importante en la vida política dominicana. En 1990, cuando el triunfo de Bosch en las elecciones presidenciales parecía indiscutible, Joaquín Balaguer fue reelegido una vez más como Presidente de la República. En las elecciones de 1994 ya no era opción de poder. Es en ese momento que decide abandonar sus posiciones ejecutivas en el PLD. Juzga que ya era el momento de pasar el relevo a los jóvenes que él mismo había formado… y así fue. En el anticipado certamen de 1996, el que fuera su candidato a la vicepresidencia en 1994, Leonel Fernández, fue elegido Presidente de la República el 30 de junio, el mismo día que celebraba sus 87 años de edad.

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. Andrés L. Mateo, narrador, ensayista y escritor dominicano: Juan Bosch, el moralista problemático

Acompañado de un contingente militar, y en presencia de testigos, el notario Sánchez Báez inventarió una por una las pertenencias del profesor Juan Bosch y su esposa, detallando con minuciosidad jacobina cada objeto.

A las siete de la mañana del día 28 de septiembre de 1963, el abogado notario de los del número del Distrito Nacional, doctor Francisco Sánchez Báez, entró a la casa del profesor Juan Bosch, Presidente de la República, que hacía tres días había sido derrocado.

Los golpistas le habían confiado la misión al notario de levantar un acta de comprobación de los muebles y efectos que había en la residencia del ex presidente.

Acompañado de un contingente militar, y en presencia de testigos, el notario Sánchez Báez inventarió una por una las pertenencias del profesor Juan Bosch y su esposa, detallando con minuciosidad jacobina cada objeto:
“Una mesa de metal de hierro con tope de vidrio y seis sillas de hierro; dos mesas más del mismo material, dos mamparas: una de tela y otra de pajilla con marcos de madera; una alfombra de guano, dos alfombras de algodón; un juego de muebles de ratán color verde compuesto de cuatro butacas y dos mesas; una televisión Admiral con pantalla de veintiuna pulgadas, una consola color crema, una lámpara de pie de bambú, un adorno de pared con motivos indígenas; dos juegos de muebles estilo danés color caoba, compuestos de siete sillones y cuatro mesas; dos lámparas de sala: una con pantalla de cabuya y una de cartón; siete cuadros ornamentales y una Virgen de la Altagracia, dos camitas gemelas de madera americana pintadas de gris con sendos colchones; dos camitas sin espaldar con sus colchones, cuatro mecedoras de madera simulando bambú o pajilla, un archivador de metal color gris de dos gavetas; una máquina de escribir Underwood Five, color gris; un escritorio de playwood y formica con sillón forrado de cuero color negro; un tintero de mármol negro con dos plumas fuentes, una lámpara de mesa con base de metal y tubo de vidrio; un cuadro holográfico del señor Juan Bosch y varias fotografías del mismo; un escudo nacional labrado de caoba, un cofre de caoba, una mesita para teléfono de caoba, tres tomos de la obra “Tres años de Gobierno Democrático” por Rómulo Betancourt; ciento setenta y dos volúmenes de libros y revistas diversos, dos ídolos de madera, una grabadora, un cenicero de mármol blanco, un cortapapel de plata; un estuche de piel conteniendo un cortapapel y una tijera cromados; un cofre de madera forrado de metal, tres floreros y trece ceniceros”.
Esos eran los modestos objetos caseros del Presidente Bosch, y el acta no habría sido más que un aburrido documento jurídico si en la misma el apurado notario no hubiera consignado que: “Los muebles y efectos descritos precedentemente, según declaración de la señora Carmen Quidiello de Bosch, son propiedad de ella y de su esposo, señor Juan Bosch, y que muchos de estos muebles han sido adquiridos en ventas a plazos y serán devueltos a los vendedores correspondientes por no haber sido pagados en su totalidad”.

Esa aclaración convierte esta acta en un documento histórico, y nos permite recuperar unas cuantas emociones ineludibles. ¿Un Presidente de la República con siete meses en el ejercicio del poder, coge "fiao" a plazos los muebles de la casa en que vive?

A los funcionarios peledeístas de hoy esto les debe parecer una vanidad inocente, pero todos esos nuevos ricachones deben saber que son esas epifanías las que transforman a un líder en un personaje decisivo e inevitable. Ese Juan Bosch que debía los muebles cuando lo derrocaron, no cabe en los afanes de enriquecimiento de un discipulado que enarbola una hipocresía insolente cuando lo nombra, y que exhibe un confort ofensivo.

Diomedes Núñez Polanco debería mandar a enmarcar esta acta notarial, y ponerla en las oficinas públicas, junto a la foto de Leonel Fernández, para que muchos sepan por qué yo llamo a Juan Bosch moralista problemático.

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. Eugenio García Cuevas/Especial para El Nuevo Día: Juan Bosch, escritor y político

Juan Bosch fue el último intelectual hegemónico en la literatura y la política dominicana. Su obra literaria publicada alcanza más de cincuenta títulos. Era, además, hasta el 1 de noviembre, el único sobreviviente del reducido grupo de políticos, a saber: Luis Muñoz Marín, de Puerto Rico, Rómulo Betancourt, de Venezuela y José Figueres de Costa Rica, que en sus pasos iniciales por la política fueron bautizados como "la izquierda democrática latinoamericana". Fundador del cuento moderno en la República Dominicana, maestro y teórico del género en lengua castellana, junto a Horacio Quiroga y Julio Cortázar, fue además, el padre ideológico de las dos organizaciones políticas más terminadas en la política dominicana del siglo XX: El PRD, fundado en Cuba a principios de los cuarenta y el PLD, en 1973.

En el libro "Juan Bosch, novela, historia y sociedad", Isla Negra, 1996, he dividido la ruta literaria y política de Juan Bosch en cincos momentos: (1929-1938), (1939-1962), (1963-1966), (1967-1989) y (1990-1997). Cada interregno se justifica en que dentro de cada uno de ellos se registran eventos históricos que repercuten en su escritura y pensamiento político. En 1930, Rafael Leónidas Trujillo atraca el poder del Estado dominicano; en 1938 Bosch conoce de primera mano la obra de Eugenio María de Hostos; en 1963 es derrocado de la presidencia de la República Dominicana; a partir de 1967 se acerca al pensamiento socialista; en 1994 se presenta por última vez como candidato a la presidencia de la República y en 1997 es retirado de la vida pública por condiciones de salud.

Yo no quería ser político
1929-1938:

Autodidacta por circunstancias apenas cumplido los veinte, su interés mayor era convertirse en escritor. "Yo no quería ser político", confesaría en 1989. De esta etapa son sus libros "Camino Real, cuentos", (1933); "Indios, apuntes históricos y leyendas", (1935), y su novela "La Mañosa, novela de las revoluciones", (1936). Antes había publicado en revistas y periódicos. En estos años, Bosch suelta su mirada por el campo dominicano hasta construir un retrato del campesinado, atrapado en un entorno amargo desde antaño y ahora pisoteado por la dictadura de Trujillo. Su sentido ético y de justicia lo inclina tempranamente a asumir el encargo del intelectual redentor y paternalista. Una lectura no literal de sus escritos antes de 1938 destapa a un escritor con olfato liberal y una visión de mundo con aspiraciones modernizantes. Subyace en su escritura denunciadora un deseo de juntar sus designios de clase, a la de los campesinos y otros sectores empujados por Trujillo.

Hijo de la puertorriqueña Angela Gaviño -de Juana Díaz-, testigo de las carencias y atributos de hombres y mujeres del campo, su contacto con el campesinado se posibilita a través del abuelo y del padre. El primero era un pequeño agricultor llegado de España y el segundo, -su progenitor-, recorría en un camión los lugares más recónditos del país como comerciante de productos agrícolas. Estos viajes de compra y venta -especialmente tabaco-, lo hace José Bosch -su padre-, en compañía de su hijo Juan Bosch, roce que según su testimonio sensibilizan su mirada de escritor y artista. Visto desde esta perspectiva no es casual que años más tarde -y convertido ya en político que opta por el poder-, Bosch viera en el sector agrícola una fuerza viva a la que había que seducir y sumar para adelantar cualquier proyecto de modernización de la República Dominicana.

Desde el Siglo XIX, el campesino dominicano había sido etiquetado por las élites urbanas como una masa estancada, amorfa, llena de defectos e incapaz de sumarse a un proyecto moderno de sociedad. Reivindicar entonces a través de la estética verbal por medio de los personajes de sus narraciones a un campesinado expropiado y marginado en pleno trujillismo, era subvertir el status quo de la dictadura trujillista desde la producción simbólica. Ya he sugerido antes que en sus tres primeros libros y un escrito de 1929, es que se empolla el hombre de acción, que posteriormente conjugaría su práctica de la escritura con la militancia política a tono con un proyecto modernizante-liberal, contrario al dictatorial -pero no antimoderno-, que el iniciado por Rafael Leónidas Trujillo en 1930.

Soldado hostosiano
1938-1962:


El 13 de enero de 1938, luego de publicar bajo intimación varios artículos a favor de Trujillo y tras ser nombrado Jefe de Información de la Dirección General de Estadísticas, Juan Bosch sale de su país y se exilia en Puerto Rico, lugar a donde había llegado su abuelo materno Juan Gaviño entre 1870 y 1880 y había nacido su madre en 1886. Su salida del país, sin embargo, no es caprichosa. En 1934 había sido encarcelado bajo la sospecha de conspirar contra Trujillo y en 1937 el dictador había ordenado el exterminio de miles de haitianos que residían en suelo dominicano, hecho repugnante para Bosch. En estos años, además, la dictadura hacía esfuerzos por integrar al joven escritor a la intelectualidad arrimada a su orilla. A Bosch se le ofrecía un puesto congresional, pero éste lo rechazó y prefirió quedarse en Puerto Rico, donde poco después sería contratado por Adolfo de Hostos -por mediación de la poeta Clara Lair-, para supervisar la transcripción y edición de las obras completas de Eugenio María de Hostos.

Este primer exilio significó para Bosch beber directamente de los escritos conocidos y desconocidos de Hostos. Recordaría éste 38 años después, en 1976, que el hecho más importante su vida hasta poco antes de cumplir los 29 años fue su encuentro con la obra de Eugenio María de Hostos. Abrazado a un idealismo ético-moral, sería a partir de entonces un apasionado de completar el proyecto de modernidad soñado por la pequeña burguesía dominicana, iniciado por Juan Pablo Duarte en 1844 y malogrado por Trujillo.

Su traslado de Puerto Rico a Cuba en 1939, es el inicio de más de 20 años de peregrinaje por varios países latinoamericanos donde además de político y escritor que vende sus escritos para sobrevivir, se desempeña como conferenciante, vendedor de medicina y reparador de baterías de automóviles -en Chile-. Los cuentos "La Muchacha de la Guaira", "El indio Manuel Sicurí", así como escritos ensayísticos sobre Puerto Rico, Venezuela, Cuba, y Costa Rica, entre otros, indican que la historia y los sucesos de los países en que vivió nunca le fueron ajenos. De estos años son los libros: "Mujeres en la vida de Hostos" (1938), "Hostos el Sembrador" (1939), "El Socio" (cuento,1941), "Dos Pesos de Agua" (cuento, 1941), "El Río y su enemigo" (cuento, 1941), "Luis Pie" (cuento,1943); "Ocho Cuentos" (1943). En 1955 publicó "Judas Iscariote el Calumniado" y "Cuba, la isla fascinante" y en el 1956 "Cuento de Navidad". De 1959 a 1963 son: "Trujillo: Causas de una Tiranía sin Ejemplos" (1959); "La Mancha Indeleble" (cuento,1960), "Bolívar, Biografía para escolares" (1960), "Cuentos Escritos en el Exilio", "Más Cuentos Escritos en el Exilio" (1962 ) y "David, Biografía de un Rey", (1963).

El vínculo entre creación literaria, mundos imaginarios, y pensamiento político, es paradójico en esta etapa: se complementan y se alejan. Si el hombre de acción -el Bosch político-, acciona a favor de democracia formal, cuya expresión final sería la culminación del Estado moderno-burgués en su país, los personajes de sus cuentos desbordan este modelo de Estado y sociedad pensado. Si bien desde el horizonte de lo concreto Bosch encauza sus pasos hacia la toma del poder con una agenda que incluía reformas sociales amplias y tierra para los campesinos, orquestadas todas alrededor de la economía capitalista, los personajes que crea se le escapan hacia un mundo distinto que sólo vería como posibilidad años más tarde, cuando dejaría atrás su programa liberal.

Con el ideal de refundar una modernidad mancillada durante tres décadas por Trujillo y luego de la muerte de éste, Bosch llega a la República Dominicana el 20 de octubre de 1961 como líder mayúsculo del PRD. En 1962, gana las elecciones y se convierte en el primer presidente elegido libremente en 30 años. Pero estábamos en medio de la Guerra Fría y a menos de tres años de la Revolución Cubana, y cualquier asomo de ampliar los espacios democráticos en el hemisferio latinoamericano era visto como una amenaza comunista más. Por eso y otros motivos ya públicos, apenas 6 meses después de su estadía en el poder, es derrocado por un golpe de Estado, ejecutado por el alto aparato militar dominicano y con el acuse de recibo -apoyo-, del Pentágono norteamericano. El derrocamiento significó la caída, el ahogamiento de la esperanza de realizar el plan de sociedad nueva y consentida como sueño, desde su incursión temprana en la política real.

Demócrata sin fe
1963-1966:

En 1963 es recibido por el gobernador Luis Muñoz Marín en Puerto Rico. Exiliado por segunda vez, ahora habrá de buscar nuevos rumbos. Luego de la invasión de los 42,000 soldados norteamericanos que penetraron en 1965 en suelo dominicano para detener el levantamiento militar y civil que reclamaba su regreso a la presidencia y a la Constitución que su corto gobierno había aprobado, su ideario político entra en crisis. Se inicia en Bosch una autocrítica de sus posturas previas que se desagua en el abandono de sus creencias anteriores en la democracia representativa como modelo político factible para el desarrollo de su país, El Caribe, América Latina y los países definidos en esos momentos como del tercer mundo.

El esfuerzo intelectual y político que hace para destapar la política exterior norteamericana en Latinoamérica advierte su giro ideológico y político. Los años que van de 1963 a 1967 son transitorios hacia posiciones más radicales. Testimonian sus posturas figuradas y directas los libros "El Oro Y la Paz" (novela terminada de escribir en Luquillo, PR, en 1964), "Crisis de la Democracia de América en la República Dominicana", (1964) y "Bolívar y la Guerra Social", (1966). Revelan éstos y otros trabajos la decepción que lo encaminará a asumir posiciones extremas, y a pensar en la posibilidad de hacer un arquetipo de sociedad-Estado distinta a la que había entrevisto en el pasado.

Socialismo a la dominicana
1967-1989:


A partir de 1967, a los 58 años, Bosch viaja por varios países asiáticos y europeos y empieza a dar a la luz pública una serie de trabajos que denotan su aproximación al marxismo y al materialismo histórico. Sus escritos de este momento y la praxis política que de ellos se derivan, confirman una pugna entre sus viejas y nuevas ideas, con las que recién se encariña. El pequeño libro, casi un panfleto, "El pentagonismo, sustituto del Imperialismo" (1967) es ejemplo de la afirmación. A éste se siguen -pero de forma más terminada y segura-, "Tesis de Dictadura con Respaldo Popular" (1969), "De Cristóbal Colón a Fidel Castro: El Caribe Frontera Imperial" (1969), "Breve Historia de la Oligarquía" (1970) y "Composición Social Dominicana", éste último convertido en Biblia para dos generaciones. Sus escritos tienen el toque crítico que caracteriza la prosa didáctica y pedagógica.

Su distancia inmediata de los epítetos oficiales del marxismo ortodoxo - ensordecedor en estos años-, lo exponen a encarnizados debates con Juan Isidro Jiménez Grullón -político y escritor de su propia generación-, académicos de izquierda e intelectuales radicales más jóvenes que él. Convencido de haber digerido el nuevo credo al que se abrazaba, proclamó y repitió su marxismo a lo dominicano y rechazó el leninismo como teoría del partido. Pero de nuevo sus posturas no son casuales: se trata de que antes de adoptar el marxismo como método para leer y descodificar la historia, ya había montado una reflexión empírica de la sociedad dominicana. Su ruta fue releer el pasado y el presente a la luz de la nueva estrategia interpretativa que adoptaba.

En este contexto rechaza participar en el proceso electoral de 1970 y pretende convertir el PRD en una organización de izquierda, pero al encontrar una rígida oposición interna del sector más conservador presidido por su alumno más adelantando y querido, José Francisco Peña Gómez, Bosch abandona el partido en 1973 y funda una nueva organización llamada Partido de la Liberación Dominicana (PLD). Esta entidad se levanta como convocadora de todos los sectores nacionales, que en esa coyuntura histórica, eran antagónicos con las fuerzas internas y externas responsables del atraso del país. A partir de entonces se dedica, como guía único, a formar a una nueva generación de políticos y a precisar las causas, que desde su nueva mirada, habían obstruido el desarrollo económico, político y social de la República Dominicana. La nueva apuesta intelectual y política es ya un hecho en el nuevo Bosch: del conocimiento de la realidad histórica de la nación, se derivarían las enseñanzas para operar sobre ella y transformarla.

Este es otro gran momento para su producción ensayista, también de inclinación pedagógica, pero sin descuidar la estética en la escritura que define su obra. Publica "La Guerra de la Restauración" (1982); "El Partido: Concepción organización y desarrollo" (1983), "La Pequeña Burguesía en la Historia de la República Dominicana" (1985), "El Capitalismo Tardío en la República Dominicana" (1986), "El Estado, sus Orígenes y Desarrollo" (1987), "Las Dictaduras Dominicanas" (1988) y "El PLD, un Partido Nuevo en América" (1989).

Renuncia, retiro y ocaso
1990-1997:


Entre los doce años que van de 1982 a 1994 y con un partido ya en condición de tomar el poder por la vía del voto, el escritor asiste cuatro veces como candidato a la presidencia con un programa amplio que fusionaba demandas de distintos sectores sociales, incluyendo a los campesinos, a la pequeña burguesía y al sector asalariado. Así, en 1990 se convierte en el candidato más favorecido por el voto, pero fue despojado del triunfo a través de un fraude colosal -documentado ya-, que benefició a su eterno rival Joaquín Balaguer. Tras el despojo de la victoria llama al partido a reclamar el triunfo en las calles del país, pero fue desacatado por la alta esfera de su organización. Era otra época, el mundo había cambiado: era el tiempo del ocaso personal, del inicio del fin de la Guerra Fría, y del nacimiento de un nuevo lenguaje que tocaba también el interior de su partido. Sus discípulos de antaño y los menores de edad hablaban de neoliberalismo, de globalización, de privatización y de nuevo orden mundial.

Con Leonel Fernández como compañero de boleta, y con 85 años de edad y retirado ya de la maquinilla de escribir, Bosch asiste en 1994 por última vez, a una contienda electoral. Una pobre demostración en el sufragio pone de relieve su desgaste y el de la organización. Meses después anuncia su retiro definitivo, pero no su utilidad de mercadeo para el partido. En 1996, luego de un periodo de dos años de gobierno de Balaguer, pero ya sin la capacidad de producir palabras con significado debido a la enfermedad del olvido que le aqueja, Juan Bosch fue conducido por sus discípulos -casi un Judas colectivo-, a un llamado pacto patriótico con Joaquín Balaguer. La foto de los antiguos rivales políticos tomados de la mano recorrió el mundo. Quedaba demostrado una vez más, que la política y la ética casi nunca se juntan.

Maestro de José Luis González en Puerto Rico y de Gabriel García Márquez, en sus años de aprendizaje en Venezuela, y a la altura de los escritores más singulares en lengua castellana, 1997 es el año del retiro definitivo. Con el título simbólico de presidente ad vitam del partido y con apariciones relámpago sólo para recibir elogios y homenajes, lo cierto es que la política nunca apartó a Bosch de la literatura como se ha sugerido. Si bien es cierto que antes de llegar a la década de los setenta deja de escribir ficción, no es menos cierto que a partir de entonces sus libros de ensayos enriquecen la ensayística dominicana y continental. Juan Bosch se equivocó muchas veces como político -e imagino que como hombre-, pero no se equivocó como escritor. La coherencia y registros de su vasta obra literaria, recopilada hasta ahora en 9 volúmenes, está ahí para corroborar o negar la aseveración que hago.

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. Literatura y política en la figura de Juan Bosch. Análisis a la obra de Eugenio García Cuevas "Juan Bosch: novela, historia y sociedad"/Joaquín Jiménez

Toda creación cultural debe entenderse y explicarse en el contexto amplio de la vida histórica y social de los pueblos. La arena de la política constituye, dentro de ese contexto, el terreno inmediato sobre el cual se llevan a cabo las luchas que redundarán en la creación de los pueblos y de su producción cultural. La figura del profesor Juan Bosch encarna un vivo y claro ejemplo de la estrecha conexión entre literatura y política.

En la obra que nos ocupa, merecedora del Premio Anual de Literatura (1996) de Santo Domingo en el género de ensayo, Eugenio de J. García Cuevas, crítico literario dominicano radicado en Puerto Rico, se lanza a la tarea de examinar esta relación concentrando su atención en el estudio de la obra, La Mañosa (novela de las revoluciones), publicada por Bosch en el año de 1936.

El autor está firmemente convencido de que leer o investigar una obra literaria sin tomar como fundamento lo que sucede dentro del ámbito social, político y económico, constituye un acercamiento muy pobre y parcial que le resta validez al examen de la misma. Por eso nos plantea que cualquier intento de explicar la producción intelectual de Juan Bosch debe tomar en cuenta el devenir histórico, político y social de la República Dominicana, del Caribe y de Hispanoamérica, en el marco de la historia universal.

García Cuevas recalca que aún en la primera etapa creativa de Bosch, en la que su empeño consciente se dirigía sólo a las letras, su escritura no pudo escapar de la política. De ahí que se comprometa a realizar un estudio de conjunto, sin separar un ámbito del otro.

Para llevar a cabo la tarea propuesta, el autor divide su obra en seis capítulos, tres apéndices y una bibliografía. En el primer capítulo, se ofrece una visión general del contexto histórico, político e intelectual en que se escribió y publicó La mañosa. El segundo presenta el panorama literario de la República Dominicana entre 1912 y 1936, y el lugar de Juan Bosch dentro del mismo. El tercer capítulo pinta el cuadro de la trayectoria evolutiva del pensamiento político y literario de Bosch. Con ello, el autor pretende abrir el camino y sentar las bases para futuras investigaciones que tomen como norte la correlación entre literatura y praxis política. El cuarto capítulo considera las ediciones que se han hecho de la novela en cuestión y la crítica de que ha sido objeto. El quinto capítulo se dedica propiamente al estudio de La mañosa.

El autor examina cada uno de los veinte capítulos de la obra, mostrando cómo se presenta y se refleja en ésta la visión de mundo de la pequeña burguesía con sus correspondientes percepciones sociales, económicas y políticas. El sexto y último capítulo traza la estructuración de esa visión de mundo en la historia dominicana. Los primeros dos apéndices cumplen la función de presentarnos una esquematización del texto, mediante su reducción a breves unidades narrativas, discursivas y descriptivas. Por su parte, el tercer apéndice nos proporciona un breve cuadro general sobre la figura del caudillo en la historia dominicana, desde mediados del siglo XIX hasta el advenimiento de la dictadura de Rafael Leónidas Trujillo.

La extensa bibliografía contiene, en primer lugar, las obras de Bosch, dividiéndolas en novelas, cuentos, ensayos, artículos, prólogos y folletos. En segundo lugar, se presentan las críticas a la obra de Bosch y las entrevistas que se le han realizado. Por último, se incluyen obras sobre la historia, la política, la economía y la literatura, tanto de la República Dominicana, como de América y del mundo.

García Cuevas clasifica la obra literaria de Juan Bosch de la siguiente forma:
1. Obras de ficción: poemas de juventud, cuentos y novelas.
2. Estudios sociohistóricos: Ensayos sociológicos, históricos y económicos.
3. Biografías: Eugenio María de Hostos, Simón Bolívar, Máximo Gómez, Pedro Santana, etc.
4. Ensayos políticos y teóricos: escritos sobre teoría y práctica política.
5. Testimonios y crónicas: notas sobre viajes y vivencias personales.
6. Propaganda política: escritos con fines proselitistas.
7. Escritos coyunturales: artículos aparecidos en periódicos y revistas, principalmente, donde polemiza u opina sobre acontecimientos coyunturales inmediatos.
8. Obras teológicas: escritos sobres personajes bíblicos como Judas y David.
Para adentrarnos en el cuerpo de la obra de García Cuevas, prestaremos atención a su descripción y explicación de la evolución política y literaria del autor de La mañosa. El doctor Juan Bosch nace en La Vega, República Dominicana, en el 1909. Su padre, José Bosch Subirats, de origen catalán, llegó a Santo Domingo en el 1900 y en el 1906 se casó, en La Vega, con la puertorriqueña Angela Gaviño.

El autor divide la trayectoria literaria y política de Bosch en cuatro etapas. La primera etapa transcurre desde 1929 hasta 1938. Como antecedente de la misma, hay que señalar que la invasión militar norteamericana de 1916 sirvió de telón de fondo a su niñez y despertó en él cierto sentido nacionalista y patriótico. Haber visto bajar de los edificios públicos la bandera dominicana para izar la bandera de los Estados Unidos de Norteamérica, provocó una fuerte impresión en el niño de apenas siete años de edad. Los frecuentes viajes por las zonas agrícolas del país despertaron en el niño admiración por la gente del campo. Es así como a la edad de ocho años comienza a escribir y a ilustrar sus primeros cuentos.

En 1929, contando solamente con veinte años de edad, dejó registrado su temor de que los intentos reeleccionistas de Horacio Vásquez desembocaran en un golpe de Estado. Bosch sospechaba que el panorama político del país era favorable para que emergiera un dictador. El artículo, publicado en el periódico El Mundo del 16 de septiembre de 1929, es indicativo de la temprana sensibilidad política de éste. En el 1933, en plena dictadura trujillista, publica Camino Real, libro que de acuerdo con varios críticos, inicia el cuento moderno en la República Dominicana. En ese texto hay un cuestionamiento implícito de las condiciones de vida de los campesinos bajo la dictadura trujillista. Su segundo libro, Indios, apuntes históricos y leyendas (1935), es un ensayo acompañado de tres leyendas sobre la vida de los aborígenes antes de la llegada de los españoles.

García Cuevas advierte que algunos historiadores de la literatura han catalogado incorrectamente este libro como uno de cuentos. El texto de esta obra está revestido de gran lirismo metafórico. El autor piensa que la situación tensa ante el régimen trujillista es el motivo por el cual Bosch abandona el tema campesino en 1935 y escribe sobre un tema que puede parecer un intento de evasión. Recuperar el pasado indígena y presentarlo como una utopía era subvertir el estado de cosas de la dictadura. Con la publicación de La mañosa en 1936 y su salida del país en enero de 1938, se cierra la primera etapa de Juan Bosch.

En esta novela se recrea el pasado caudillista previo a 1930, el cual constituye la raíz histórica de la dictadura trujillista. Para salir del país en 1938, Bosch se vale de la excusa de que debía llevar a su esposa a Puerto Rico a recibir tratamiento médico. El tirano lo dejó salir, porque ocupaba un cargo en el Departamento de Estadística y, además, le había ofrecido el puesto de Diputado en el Congreso. El dictador pensó que Bosch no rechazaría tal ofrecimiento. Cuando Bosch sale del país, se enfrenta a la disyuntiva de dedicarse a la literatura o a la política, pero Eugenio María de Hostos (1839-1903) le brindaría las claves para ocuparse de la política sin abandonar la literatura.

La segunda etapa de la trayectoria de Bosch se extiende desde 1939 hasta 1962. En el exilio entró en contacto directo con la obra de Hostos, conjugó su oficio de escritor con la actividad política, se convirtió en uno de los dirigentes más importantes de la resistencia antitrujillista en el exilio, y recorrió varios países latinoamericanos. Tras el asesinato de Trujillo en 1961, Bosch regresó a la República Dominicana y ganó las elecciones de 1962, como candidato del Partido Revolucionario Dominicano que él había fundado en 1939. Su encuentro con el pensamiento de Hostos, llevará a Bosch a adoptar un idealismo moral que se traducirá en la lucha por liberar a su país de la dictadura que lo oprimía. Según Bosch, el ascenso de Franco en España y el inicio de la Segunda Guerra Mundial fueron acontecimientos decisivos para que él decidiera unirse a la oposición antitrujillista en el exilio.

De su descubrimiento de Hostos, nacen dos libros: Mujeres en la vida de Hostos (1938 y 1988) y Hostos, el sembrador (1939 y 1976). Además de sus ensayos, publicó en 1941 los cuentos: El socio, Dos pesos de agua, El río y su enemigo y Luis Pie. En el 1947, publicó Ocho cuentos. En 1955, en Chile, aparecen Judas Iscariote, el calumniado, La muchacha de la guaira y Cuba, la isla fascinante. Cuento de Navidad es de 1956. En el 1958 publicó en Venezuela sus ensayos El arte de escribir cuentos. Trujillo, causas de una tiranía sin ejemplos, data de 1959. En 1960 publica su famoso cuento La mancha indeleble y Bolívar, biografía para escolares. En 1962, año de su triunfo electoral, recopiló sus cuentos, para los lectores dominicanos que desconocían su obra, en los volúmenes: Cuentos escritos en el exilio y Más cuentos escritos en el exilio. Para Juan Bosch, la llegada a la presidencia de su país significó la posibilidad real de iniciar el proyecto liberal que se remontaba al ideal de los trinitarios de 1844, los restauradores de 1865, los nacionalistas de principio de siglo y de los antitrujillistas del exilio.

Desde el poder, creyó que por fin su país podría encarrilarse por el camino de la democracia representativa y liberal. Pensó que era posible la revolución pacífica por medio de la educación que Hostos había predicado. Su esquema mental se desplomó cuando el 25 de septiembre de 1963 fue derrocado por un sector de las fuerzas armadas dominicanas, la oligarquía y la colaboración del Pentágono norteamericano. A raíz de lo anterior, García Cuevas describe la tercera etapa de la trayectoria de Bosch como una de desilusión y de búsqueda. Esta etapa comienza en 1963 y finaliza en 1966. La crisis en que había entrado el pensamiento de Bosch tras el golpe de 1963 se agudizaría en 1965 con la segunda intervención militar norteamericana en suelo dominicano en el presente siglo.

El modelo político de la democracia representativa y liberal, que le había dado sentido a sus acciones desde 1939 hasta 1963, no había funcionado en su país. La invasión militar norteamericana de abril de 1965 haría a Bosch dar un salto radical hacia el marxismo. Según García Cuevas, el camino recorrido por Bosch para llegar al marxismo siguió tres etapas. Primero, cuestionó el sistema democrático representativo. Segundo, estudió a fondo la política internacional norteamericana en América Latina. Tercero, inició el estudio de los clásicos del marxismo y, simultáneamente, viajó por varios países socialistas de Europa y del continente asiático.

A partir de 1967, se inicia la cuarta etapa en el pensamiento de Bosch. Esta etapa se extiende hasta el presente. Bosch abandona la defensa de la democracia representativa y se convierte en un crítico de este sistema político y en un proponente de cambios revolucionarios. Como parte de su nuevo proyecto, se propuso entender para sí y explicar a la militancia de su partido, desde la perspectiva del materialismo histórico, cómo funcionaba el capitalismo. A la misma vez, estudió el desarrollo histórico de la sociedad dominicana, empleando el instrumento conceptual de la lucha de clases. Sus primeros libros en esta línea ideológica fueron: El pentagonismo, sustituto del imperialismo (1967), Tesis de la dictadura con respaldo popular (1969), De Cristóbal Colón a Fidel Castro (1969), Breve historia de la oligarquía (1970), y Composición social dominicana (1970).

En el año 1973, convencido de que el partido fundado por él y otros compatriotas no admitiría transformaciones, Bosch fundó junto con un reducido grupo de seguidores, el Partido de la Liberación Dominicana (PLD), del cual fue su candidato presidencial hasta las elecciones de 1994. Su principal consigna fue la de liberar al país de cualquier tipo de opresión, teniendo como aspiración final completar la tarea iniciada por el liberalismo revolucionario desde mediados del siglo XIX.

El hecho de que Bosch no fundara un partido exclusivamente obrero o no se afiliara al Partido Comunista se debió a que, desde su incursión en el marxismo, mantuvo cierta distancia y autonomía frente a la ortodoxia oficial. Bosch negó la existencia y conciencia de clase del proletariado dominicano, porque pensó que la pequeña burguesía era el componente principal de la sociedad dominicana y que, en alianza con los trabajadores y campesinos, era la clase que debía organizar y dirigir cualquier proceso revolucionario.

El PLD, con los métodos de trabajo impulsados por Bosch, se desarrolló y creció de tal forma, que ya para 1990 era la principal fuerza política del país. Dos años antes, el Comité Central de esta organización había sometido un documento a la base del partido, donde afirmaba el «boschismo» como teoría política y oficial de la organización. La propuesta declaraba que la aportación de Bosch en el campo de la historia, la economía y la política, entre otras, había permitido que su análisis de la sociedad dominicana se constituyera en una guía para la lucha efectiva en pro del ideal de liberación nacional.

Como habíamos apuntado al comienzo, García Cuevas monta su investigación sobre la política y la literatura en la personalidad de Juan Bosch, tomando la novela La mañosa como el centro de su trabajo. Entre sus opciones tenía la copiosa obra cuentística de Bosch, dos novelas y los en-sayos. Los cuentos ya habían sido estudiados de forma considerable por la crítica y la obra ensayística aún no estaba concluida. Le restaban dos opciones: La mañosa y El oro y la paz (1964). El autor optó por la primera, por entender que en ella es donde mejor se conjugan la literatura y la política. La mañosa, según García Cuevas, es una novela más política que histórica, en la cual la historia es un pretexto para la revisión política.

La necesidad de explicar por qué Juan Bosch escribió una novela sobre las luchas caudillistas en una época en que éstas eran consideradas como asuntos del pasado, es el resorte inmediato que conduce a García Cuevas a iniciar su investigación considerando las condiciones políticas y económicas que perfilan la República Dominicana de los años treinta.

El autor establece que el ascenso de Trujillo al poder estuvo vinculado a varios factores, a saber:
1. La ocupación militar norteamericana de 1916 a 1924.
2. El ejército policiaco que creó el gobierno de ocupación.
3. El favoritismo horacista que promovió su ascenso al poder.
4. El acaudillamiento que consiguió en las filas del ejército.
5. Sus características personales.
6. Su vinculación directa con el movimiento cívico que, planteando la necesidad de un «hombre nuevo», produjo el derrocamiento de Horacio Vásquez.
Rafael L. Trujillo ingresó al cuerpo militar norteamericano en 1919, y ya para el 1928 era el militar más poderoso del país. El despilfarro y la corrupción administrativa del régimen de Vásquez, más sus deseos continuistas, abonaron el terreno para que éste aprovechara la coyuntura de 1930 y apoyara solapadamente la conspiración dirigida por Rafael Estrella Ureña, que eventualmente lo llevaría al poder. Con la renuncia del presidente Vásquez se produjo una crisis política y Estrella Ureña pasó a ocupar provisionalmente la presidencia hasta que se celebraran elecciones. Trujillo presidente y Estrella Ureña vicepresidente: ésta sería la consigna. La fórmula Trujillo-Estrella Ureña resultó ganadora y el 16 de agosto de 1930 tomaron posesión de sus cargos, iniciando lo que maquiavélicamente llamarían la «Era gloriosa», «Era del progreso» y «Era de la paz», entre otros epítetos.

El autor señala que el surgimiento de la dictadura de Trujillo está estrechamente vinculado a la caída de la bolsa de valores acaecida en 1929, ya que a raíz de ésta se produjo una drástica reducción en los ingresos por exportaciones. La baja de los ingresos fiscales, combinada con las presiones internacionales al país para que pagara su deuda externa, más la parálisis casi total del sistema agroexportador, exigía un esquema de poder que enfrentara la situación mediante una institución sólida y estable. Lamentablemente, la única institución que cumplía con tales características era el ejército policiaco de Trujillo. Por su parte, los norteamericanos comprendieron que la protección de sus intereses globales de dominación requirían la instauración de un régimen despótico que tuviese mayores poderes para contrarrestar las tendencias caóticas de la economía.

Para Bosch, la dictadura trujillista fue consecuencia directa del atraso histórico de la sociedad dominicana y de la inexistencia de una burguesía nacional que impulsara el capitalismo. De acuerdo con Bosch, Trujillo aprovechó la infraestructura que iniciaron los norteamericanos y se convirtió en el principal propulsor de la modernización capitalista en la república y, al igual que otros autores, relaciona su ascenso político a la gran crisis de 1929 y a las intenciones reeleccionistas de Horacio Vásquez.

En cuanto a la acusación del historiador y sociólogo, Franklin Franco, en el sentido de que la novela La mañosa es apologética del régimen trujillista, García Cuevas refuta la misma señalando que esta acusación es el resultado de leer la novela como un artículo periodístico más de los que escribió su autor, olvidando que la novela es una producción simbólica con carácter estético y que exige otro tipo de lectura. García Cuevas asegura que su lectura crítica del texto demuestra, entre otros hallazgos, que la recreación del pasado caudillista desde el presente trujillista, tiene su génesis en una estructura nostálgica que genera a su vez otra estructura irónica y que ambas explican indirectamente el porqué del trujillismo. Si el juego de voces propicia, por momentos, identificar pasajes que permitan pensar que la novela es pro trujillista, también hay otros que apuntan que no.

El autor concluye que, aunque Bosch no se propusiera escribir de forma consciente un texto irónico que pudiera interpretarse como un conflicto directo de él con la dictadura, por el peligro que esto representaba para sí y su familia, pudo reproducir una ironía hacia la dictadura de forma inconsciente, pero mediatizada por la nostalgia y la frustración de la clase social de la cual provenía: la mediana pequeña burguesía.

Sobre la relación entre el proyecto trujillista y los intelectuales, el autor plantea que, dado que la idea y creación de una sociedad democrática al estilo liberal fue la mayor aspiración de los intelectuales liberales dominicanos desde mediados del siglo XIX, el mínimo acercamiento para explicar la relación de Trujillo con la intelectualidad de tendencia liberal que lo apoyó debe tomar en cuenta los intentos fallidos de ese objetivo hasta 1930. Trujillo logró seducir a muchos de estos intelectuales, porque al principio de la dictadura incorporó a su sistema discursivo parte de los preceptos que el liberalismo venía repitiendo desde mitad del siglo XIX. Fue de una concepción fatalista sobre el pasado y el futuro dominicanos que, intelectuales que incluso habían entrado en contacto con el pensamiento socialista, terminaron apoyando al régimen.

En el año 1955, a los 25 años de la dictadura, Joaquín Balaguer, pilar orgánico del aparato ideológico del régimen, afirmaba que Dios y Trujillo, siendo Trujillo tocado desde el principio por una especie de predestinación divina, eran la explicación de la supervivencia del país y de la actual prosperidad de la vida dominicana. Las ideas de José Enrique Rodó y su obra Ariel (1900), tuvieron un gran impacto sobre la intelectualidad dominicana y la encaminaron al apoyo del trujillismo. En Ariel se hacía un llamado a la juventud hispanoamericana para hacer frente al utilitarismo norteamericano.

Estas ideas encontraron en la República Dominicana las condiciones propicias para su fructificación debido a que, desde la caída de Ulises Heureaux en 1899, el pueblo dominicano se desangraba en una constante lucha política que por un lado, favorecía la ingerencia norteamericana, mientras por el otro, hundía a las nuevas generaciones en el más oscuro pesimismo. Años más tarde, Trujillo tendría la astucia para atraer a los jóvenes intelectuales e integrarlos a su gabinete. A la mayoría de éstos le tocaría la misión de encubrir, encontrándole a cada situación su correspondiente explicación para la historia. Y, como es natural al momento de elaborar lo que pudiera considerarse como la filosofía del régimen, ellos dieron nueva formulación a esas mismas teorías. Así, encontramos que el pensamiento de Rodó le sirvió a los jóvenes intelectuales para racionalizar y justificar los valores y virtudes del liberalismo, adjudicándoselos a la dictadura a la que servían. El arielismo se había transformado de ideología libresca en praxis política con la fundación del Partido Liberal Reformista, partido que presentó fuerte oposición a la intervención norteamericana de 1916, con Santiago Guzmán Espaillat a la cabeza. Los arielistas creyeron en la posibilidad de lograr una transformación política, económica y social por medio de la educación.

Ante las circunstancias políticas y la urgencia cotidiana bajo el régimen de Trujillo, tuvieron que rendirse y sus valores e ideales fueron supeditados al utilitarismo del trujillismo. Cuando la realidad empírica se impuso, ya era demasiado tarde para volver atrás. Quedaron atrapados y no les quedó otro camino que colaborar, puesto que era cuestión de vida o muerte el volver atrás. Así quedaba consumada la idea de Rodó de que son las inteligencias superiores las que deben dirigir la sociedad.

Sobre el rol de Bosch dentro de esta coyuntura política, García Cuevas sostiene que, independientemente de los artículos que escribiera Bosch a favor de Trujillo, éste no simpatizaba ni política ni ideológicamente con la dictadura y aunque no ofreció resistencia inmediata al régimen, su rápida incorporación a la lucha antitrujillista, ya en el exilio, era indicio de que su visión de mundo había superado las limitaciones de la conciencia real de los intelectuales arielistas. Esto, entre otros factores, porque su pensamiento estaba influido por una tendencia del liberalismo revolucionario que no era excluyente de los sectores populares. No debemos olvidar además, el artículo que Bosch había publicado en 1929, en el que advertía sobre el peligro de una nueva dictadura. Notable es también el hecho de que en enero de 1934, Juan Bosch fue apresado y encarcelado bajo la sospecha de conspiración contra el régimen mediante la colocación de una bomba.

Bosch relata que, mientras se encontraba visitando a su novia, a fines de noviembre de 1933, escuchó una fuerte explosión. Dos o tres días después, se enteró de que ese estruendo había sido producido por una bomba que lanzaron al cementerio de la capital. El día 3 de enero de 1934, Bosch fue apresado en la casa de sus padres por la policía trujillista y llevado a la cárcel de la fortaleza Ozama. Después de permanecer preso durante dos semanas en el lugar, fue trasladado a Nigua, una de las peores cárceles del régimen trujillista, donde contrajo la enfermedad del paludismo y finalmente, por mediación del escritor César Herrera, fue dejado en libertad. El argumento que Herrera dio a Trujillo para que lo dejaran en libertad fue que Bosch podía morir en la cárcel y dado que éste era un escritor conocido en el país y en el extranjero, su muerte perjudicaría al gobierno. Se infiere del incidente anterior que, ya en 1933, se desconfiaba de Bosch y se le veía con potencialidad para convertirse en antitrujillista, lo que lo colocaba evidentemente entre los escritores que no eran vistos con simpatías por el régimen.

Tras el exilio de Bosch en 1938, el tirano ordenaría que el nombre del escritor y sus obras quedaran terminantemente prohibidos en el país. El estudio de García Cuevas demuestra, como balance final, que La mañosa, a pesar de haber sido leída desde diversos ángulos, no fue considerada seriamente como obra importante para entender y explicar la temprana vinculación de su autor con el liberalismo revolucionario dominicano que no era excluyente de los sectores populares ni como novela de crisis histórica de la pequeña burguesía nacionalista y liberal de los años treinta en la República Dominicana. La mañosa aparece entonces, como un texto fundamental para entender la rápida incorporación de Bosch al lado del pensamiento y la praxis política dominicana que aspiraba a la modernización y a la democracia liberal.

En conclusión, la obra de Eugenio de J. García Cuevas constituye un aporte fundamental al entendimiento de una personalidad ejemplar de nuestra América en el siglo XX, en la que la literatura y la política constituyen una unidad complementaria. La lectura del texto es altamente recomendable, puesto que le brinda al lector de manera muy clara, pero sin perder ni un ápice de una rigurosidad fundamentada en rica evidencia documental, una amplia y precisa visión de la historia política dominicana desde mediados del siglo pasado hasta el presente.

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. El Caribe, periódico dominicano: Juan Bosch Gaviño, 1963

El Consejo de Estado, presidido por Rafael F. Bonelly, organizó las elecciones que se celebraron el 20 de diciembre de 1962. Se trataba de los primeros comicios libres que se celebraban en el país en cuarenta años.

Juan Bosch, candidato del Partido Revolucionario Dominicano (PRD), fundado en Cuba en 1939, resultó ganador por una amplia mayoría. Aparentemente se cerraba una etapa de fuertes convulsiones en el país tras la muerte primero y derrumbamiento político después del régimen del trujillismo. Ese clima de euforia nacional no duró ni siquiera un año. Juan Bosch tomó posesión el 27 de febrero de 1963 y fue derrocado por un golpe militar el 25 de septiembre de 1963.

Nacido en La Vega en 1909, y fallecido en Santo Domingo el 1 de noviembre de 2001, Juan Bosch es sin duda una de las más grandes personalidades dominicanas del siglo XX. Un auténtico gigante político y humano sobre el que todavía no hay un distanciamiento histórico para comprender mejor al hombre que amó a su país por encima de todo, que tuvo bien presente la dignidad humana como la meta política de su vida y que deja una obra literaria excepcional en la que se ha erigido como el auténtico maestro del género del cuento en toda la literatura hispana.

A lo largo de toda su vida Juan Bosch marcó claramente la frontera y siempre fue inflexible. Si era el tiempo de la literatura, la política quedaba postergada. Si había llegado la hora de la acción política, la literatura permanecía como el tiempo ya pasado. Los tiempos de Juan Bosch fueron los más difíciles tanto en el plano interno como externo.

En un Caribe todavía encendido por los rescoldos de la crisis de los misiles que puso al mundo al borde de un conflicto nuclear en el gran pulso mantenido por John F. Kennedy, Fidel Castro y Nikita Jruschov, las frágiles espaldas del nuevo presidente tuvieron que asumir los traumas de una sociedad todavía atenazada por las heridas físicas y morales del trujillismo. Todo ese gigantesco desafío no le hizo temblar nunca el pulso. En ese sentido Juan Bosch tuvo el mismo coraje político que Juan Pablo Duarte para amar a su patria por encima de todo, construir una sociedad solidaria y aceptar siempre los reveses de la incomprensión, el desprecio y la descalificación.

Se ha dicho que Juan Bosch, por el largo exilio en que vivió, nunca comprendió a su país para justificar el golpe que le derrocó. Quienes tantas veces han dicho esto no han comprendido ni comprenden el profundo significado de la lealtad a la patria. Quizás haya que vivir no uno sino varios exilios como Juan Pablo Duarte y Juan Bosch para amar y conocer precisamente, de manera más profunda, a la patria. Fue justo ese amor a la patria y a sus hombres y mujeres lo que motivó la acción de gobierno ejemplar de Juan Bosch. Sus ideas no podían ser más simples y sencillas: establecer un gobierno que se apoyase y reflejara de manera continua la voluntad mayoritaria del pueblo.

Líder del Partido Revolucionario Dominicano, uno de los partidos de mayor incidencia en el año 1962, quiso servir a su patria después de un largo exilio de cinco lustros. Un buen ejemplo de esa vocación de servicio fue ver cómo Bosch reconstruyó posteriormente su carrera política y se postuló como candidato a la presidencia para los períodos 1966, 1970, 1982, 1986, 1990 y 1994. Pero además fundó en 1973 el Partido de la Liberación Dominicana (PLD), que llegaría finalmente a gobernar bajo el liderazgo de Leonel Fernández. ¿Por qué no pudieron triunfar en 1963 las ideas de Juan Bosch?

El primer presidente elegido democráticamente en cuarenta años en unos comicios libres quiso desde un primer momento establecer cuatro prioridades fundamentales para su gobierno: 1ro. Respeto pleno a la independencia de los tres poderes del Estado: ejecutivo, legislativo y judicial, 2do. Respeto pleno a los derechos civiles y políticos de todos los ciudadanos, 3ro. Respeto pleno a la utilización honrada y eficiente de los fondos públicos y 4to. Respeto pleno a un régimen de igualdad de oportunidades para todos.

Es aquí donde encontramos la respuesta no al fracaso de su gestión sino a las razones de la conspiración que se urdió para derrocarle por todos aquellos que temieron por sus intereses particulares ante los firmes principios que desde un primer momento anunció el presidente como ideario de su gestión. Aparentemente el presidente contaba con una amplia experiencia de su largo exilio en Cuba, Costa Rica y Venezuela donde había meditado largamente sobre la situación política y económica del país y de toda la cuenca del Caribe. Tenía el respaldo del Congreso, de su partido, del pueblo y de los partidos de izquierda. Pero además contaba con el apoyo expreso de los líderes políticos caribeños así como con las simpatías iniciales de Estados Unidos.

Los primeros escollos pronto aparecieron: el recelo de las élites del país, la división de los sindicatos, las veladas acusaciones de que latía una amenaza comunista en el seno del propio gobierno y, finalmente, el brusco cambio de un férreo régimen dictatorial a un auténtico Estado democrático. De todos estos escollos el más importante, y el que nunca supo encauzar el presidente, fue el profundo recelo y luego distanciamiento con las élites del país que no podían asimilar su alejamiento de los resortes del poder por quien consideraban un auténtico advenedizo después de cinco lustros de exilio político. Siempre que se producía una crisis entre esta élite y el presidente, este último amenazaba con aplicar la aplanadora, su mayoría en el Congreso. De esta forma, se fue cerrando paulatinamente toda posibilidad de diálogo entre el presidente y sectores claves e influyentes de la sociedad.

El proyecto de la nueva Constitución que consagraba los derechos civiles y políticos además del derecho al trabajo, la vivienda, la educación y la salud junto a la expropiación por causa de interés social y la igualdad de los hijos naturales ante la ley propició las diferencias entre la Iglesia y los empresarios con el presidente. Bosch formó además un gobierno con gentes de clase media, origen provinciano y modesto, miembros del exilio, desconocidos para el país con las únicas excepciones de Silvestre Alba de Moya, secretario de Trabajo, y Andrés Freites Barreras, secretario de Relaciones Exteriores. Este gobierno trató desde un primer momento de mantener unas relaciones de equilibrio tanto con Washington como con Moscú mientras buscaba potenciar sus lazos con los países europeos.

La política económica defendida por Juan Bosch, que tuvo que asumir la herencia catastrófica del Consejo de Estado, se basó en la prudencia y la estabilización. El Fondo Monetario Internacional alabó precisamente esta disciplina en el gasto público que corrigió las desviaciones tanto en el presupuesto como en la balanza de pagos. Bosch logró reorganizar las finanzas públicas pero fracasó en la reactivación económica. La presión para que rectificara inmediatamente su política económica fue agobiante. Nadie quiso darle un mínimo plazo. En agosto y septiembre las presiones sobre Palacio fueron constantes. La respuesta del presidente siempre fue la misma: no habría cambios en la política económica.

La suerte del primer gobierno elegido democráticamente tras cuarenta años estaba ya echada. El 25 de septiembre de 1963 las Fuerzas Armadas y la Policía Nacional se levantaron en armas. El golpe derrocó a Juan Bosch, que fue apresado primero y luego deportado. Las razones de los mandos militares para su levantamiento se basaron en la incapacidad del gobierno para resolver los graves problemas del país, el incumplimiento de las promesas electorales y el apoyo expreso del presidente derrocado con el comunismo.

Aunque John F. Kennedy siempre miró con simpatía el régimen de Juan Bosch, influyentes miembros de su Administración le advirtieron sobre el peligro cierto de un dominó comunista en las aguas del Caribe. Después de Cuba, decían, la pieza de República Dominicana está ya madura. Sin embargo, Kennedy condenó el golpe y pidió el retorno a la constitucionalidad. Los militares buscaron primero un ciudadano independiente pero finalmente optaron por formar un triunvirato que Kennedy se negó a reconocer. Después del magnicidio de Dallas, el nuevo presidente, Lyndon B. Johnson, reconocería diplomáticamente al nuevo triunvirato formado por Emilio de los Santos, Ramón Tapia Espinal y Manuel Tavares Espaillat. El golpe no cerró la crisis sino que fue el detonante de un mayor conflicto al estar las fuerzas armadas divididas entre el Grupo de San Cristóbal, mandado por oficiales superiores, y el Grupo de San Isidro, dirigido por Elías Wessin y Wessin de la Fuerza Aérea. Desde septiembre de 1963 a abril de 1965 se vivió un clima de continua crisis y extrema tensión que estalló en un nuevo golpe el 24 de abril de 1965 para volver a restaurar la presidencia de Juan Bosch. El ejército se dividió entre la Junta de Reconstrucción Nacional, liderada por el coronel Pedro Bartolomé Benoit, y la Junta Constitucionalista presidida por el coronel Francisco Alberto Caamaño Deñó.

El golpe de abril degeneró en una guerra civil que tuvo como campo de batalla las calles de Santo Domingo. Ante la grave situación, y el avance de las tropas de Caamaño, el coronel Benoit pidió la intervención de las tropas de Estados Unidos abriendo la internacionalización de la crisis dominicana. La guerra de abril de 1965 concluyó con la mediación de la OEA y la firma de un Acto Institucional que reconocía aspectos importantes de la Constitución de 1963 al mismo tiempo que garantizaba los cargos de civiles y militares del bando constitucionalista. El único que se opuso a estos acuerdos, el general Wessin, fue extrañado del país.

Comenzó una compleja y tensa normalización que supuso al final la segregación, cancelación y exilio del coronel Caamaño y sus principales hombres. Finalmente, la guerra acabó con el acuerdo de organizar nuevos comicios en junio de 1966. Las elecciones del 1 de junio de 1966 tuvieron un significado histórico. Fueron fundamentalmente el duelo entre el conservador Joaquín Balaguer, al frente del Partido Reformista (PR) y el liberal Juan Bosch, como líder del Partido Revolucionario Dominicano (PRD). Para Balaguer era su vuelta a la escena política. Desde entonces el hombre que fue secretario y vicepresidente de Trujillo aspiraba a construir su propia carrera política, una carrera larga y tenaz para un hombre que siempre amó los pasillos del poder, fuera cual fuese el precio a pagar.

Para Juan Bosch era de nuevo la lucha de la dignidad, el rechazo a las injurias y calumnias pasadas, el amor y lealtad a su patria y la reivindicación de una oposición siempre tenaz para construir una nueva sociedad. Bosch resultaría derrotado. Su campaña fue testimonial ante el acoso sistemático y las amenazas de muerte. Pero no renunciaría a su vocación política primero en el PRD y luego al frente del PLD, la nueva formación política que el mismo fundó. Paradójicamente, dos grandes personalidades de la vida pública dominicana, como son Juan Pablo Duarte y Juan Bosch, vivieron el mismo paralelismo de tener que hacer enormes renuncias personales por amor y lealtad a su patria.

En el corazón de la cuenca del Caribe, la obra política de Juan Bosch siempre permanecerá como el momento histórico de un proyecto de cambio social, político y económico que marcó nuevas fronteras y objetivos que hoy permanecen como metas en la escena política del país.

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. Ana Mitila Lora, periodista dominicana: Juan Bosch, el político que no dejó matar ni robar

El legado político de Juan Bosch no podría entenderse sin su contraparte Joaquín Balaguer. Y, más adelante, sin la figura de José Francisco Peña Gómez. La influencia del formidable trío político con sus grandezas y miserias proyecta su dominio al siglo XXI. No es hora de comparaciones ni recriminaciones. Es tiempo de recrear las ideas del inmenso Juan Emilio Bosch Gaviño. Después que sus restos mortales se habitúen al frío de la muerte lloverán los testimonios, vendrán las memorias de los que compartieron junto a él largos años, los análisis e interpretaciones que competirán con las que surgirán cuando Joaquín Balaguer entre también en la otra morada.

El 13 de enero de 1938, Bosch logró salir del agobio de la dictadura trujillista. El escritor y editor literario del LISTIN DIARIO fue autorizado a salir del país. El trujillato todavía no abrigaba sospechas sobre Bosch. Sólo Virgilio Díaz Ordóñez y Emilio Rodríguez Demorizi sabían que no volvería durante la dictadura. Bosch llegó a Puerto Rico sin el gusanillo de las ambiciones políticas.

A Juan Isidro Jiménez Grullón y Cotubanamá Henríquez se les atribuye el mérito de persuadirlo para que se enrolara en la lucha contra Trujillo. En su libro “Hostos, el sembrador”, relata la magnitud de la influencia hostosiana en su trayectoria: “El hecho más importante de mi vida hasta poco antes de cumplir 29 años fue mi encuentro con Eugenio María de Hostos, que tenía entonces casi 35 años de muerto en tierra dominicana... Hostos, apareció vivo ante mí a través de su obra, de sus cartas, que iban revelándome día tras día su intimidad. Tuve la fortuna de vivir en la entraña misma de uno de los grandes de América, de ver cómo funcionaba su alma, de conocer en sus matices más personales el origen de sus pensamientos. Hasta ese momento yo había vivido con una carga agobiante de ser útil a mi pueblo y a cualquier pueblo, sobre todo si era latino-americano, pero para ser útil a un pueblo hay que tener condiciones especiales, ¿y cómo podía saber cuáles condiciones eran esas y cómo se las formaba uno mismo si no las había traído al mundo, y cómo las usaba si las había traído? La respuesta a todas esas preguntas me las dio Hostos.

Si mi vida llegara ser tan importante que se justificara escribir sobre ella, habría que empezar diciendo: Nació en La Vega el 30 de junio de 1909, y volvió a nacer en San Juan de Puerto Rico a principios de 1938, cuando la lectura de los originales de Eugenio María de Hostos le permitió conocer qué fuerzas mueven el alma de un hombre consagrado al servicio de los demás”.

Pero si Hostos le reveló el camino de su vocación política, la Cuba de finales de los treintas y los inicios de los cuarentas lo curtió en el arte de la política en todos los frentes. Primero, por su privilegiada posición como hombre de confianza de Carlos Prío Socarrás, cuñado de Cotubanamá Henríquez. Bosch trabajó para Prío en su oficina de Senador y en la dirección del periódico “Siempre”. Esa experiencia, contaba Bosch, le permitió aprender qué es el poder político y cómo funciona la maquinaria del Estado.

Cuando Prío Socarrás ganó la Presidencia de Cuba, Bosch se convirtió en su principal asistente. El hecho favoreció su aspiración de imponerse sobre los demás líderes del exilio dominicano y a la circunstancia sumó su prestigio literario.

En segundo lugar, la Cuba donde hicieron vida centenares de exiliados dominicanos le enseñó el camino de la inevitable lucha por el poder y el control político del recién fundado Partido Revolucionario Dominicano (PRD) en 1939. Allí se inició la llamada “Guerra de los Juanes”, la lucha entre Bosch y el intelectual Juan Isidro Jiménez Grullón por el control de la recién fundada organización. Sus veinticuatro años de exilio y de periplo por Costa Rica, Venezuela, Chile, Puerto Rico, le sirvieron también de escuela política. Formó parte del exclusivo círculo de los grandes líderes demócratas de la época como el venezolano Rómulo Betancourt, el costarricense José Figueres y el puertorriqueño Luis Muñoz Marín. Fue profesor del Instituto Político que empezó a funcionar en Costa Rica en 1960, donde se formaron muchos de los principales dirigentes políticos de la América Latina de la época.

Ajusticiado el dictador Rafael Leónidas Trujillo se abrieron las avenidas de libertad en República Dominicana. Inicialmente, la movilización popular giró en torno a la destrucción de los remanentes trujillistas guiada por la Unión Cívica Nacional. Pero después que llegó la avanzada del PRD el 5 de julio de 1961 el escenario empezó a transformarse, sobre todo después que Bosch pisó tierra dominicana el 20 de octubre de ese año. El líder del PRD empezó sus discursos radiales en los que explicaba a los dos millones de azorados dominicanos que la sociedad estaba dividida entre los “tutumpotes” (la oligarquía trujillista y antitrujillista) y los hijos de “Machepa” (los pobres o el resto de la sociedad). Aquello, estiman los sociólogos, fue determinante en la formación de identidades democrático-populares, para la rápida consolidación del PRD como partido democrático de masas y para su victoria electoral de 1962 con el 59 por ciento de los votos.

La experiencia como Presidente de la República fue traumática. A los dos meses de su juramentación la Asociación de Industrias, creada en 1962 por los industriales más importantes del país, le exigió que definiera su política económica. Los empresarios, sectores de la Iglesia católica y la extrema derecha organizaron grandes concentraciones para protestar contra la supuesta infiltración comunista en su gobierno y en el país.

La sociedad dominicana no estaba preparada para asimilar a Bosch. En medio de las más ácidas críticas, en abril de 1963, concedió pasaporte a Joaquín Balaguer, asilado en Estados Unidos desde marzo de 1962 durante el gobierno del Consejo de Estado. En un mensaje a la nación tuvo que explicar que Balaguer era dominicano y como tal tenía derecho a un pasaporte. “Fui un exiliado y sé lo que es andar, como un huérfano, por esos mundos de Dios sin una identificación” (El Caribe, 25 de abril de 1963).

Su Gobierno fue un modelo de respeto a las libertades públicas y a la democracia. El 25 de septiembre fue derrocado. Meses después Balaguer y Bosch conspiraron para derrocar a Donald Reid Cabral y lo lograron en abril de 1965. El 24 de abril explotó la guerra civil. Los grupos izquierdistas y los seguidores de Bosch organizaron guerrillas urbanas. Tras tres días de intensos combates las fuerzas constitucionalistas, que propugnaban por la vuelta a la Constitución de 1963 y por el retorno de Bosch al poder, derrotaron a las tropas regulares del ejército.

Los Estados Unidos invadieron República Dominicana “para prevenir otra Cuba”, el 28 de abril de 1965. La guerra civil terminó después de cuatro meses de negociaciones. El sector que propugnaba por la celebración de nuevas elecciones impuso su criterio. Las elecciones fueron celebradas el 1 de junio de 1966 y Balaguer ganó, pese a los cuestionamientos. El golpe de Estado de 1963, la guerra de abril de 1965, la invasión de Estados Unidos y su derrota electoral, fueron determinantes en la evolución política del líder del PRD. En víspera de aprobarse la nueva Constitución de 1966, el 28 de noviembre, Bosch salió del país hacia Europa por tiempo indeterminado. Una fotografía de El Caribe captó la escena: José Francisco Peña Gómez, de 29 años, y a la sazón secretario general del PRD, despedía al líder que ostentaba el cargo de “asesor del PRD”. Desde Benidorm, España, Bosch propuso en 1967 que las fuerzas revolucionarias y democráticas del continente abandonaran su posición ideológica y establecieran dictaduras con apoyo popular, como tránsito hasta poder instaurar regímenes democráticos propios de la naturaleza social de cada país. Esa tesis y su obra “El Pentagonismo: sustituto del imperialismo”, revelan la radicalización de su pensamiento.

Analistas como Bienvenido Alvarez Vega sostienen que dicha tesis originó una confusión ideológica en las filas del PRD y el alejamiento de sus posibilidades de recobrar el poder. “Es muy probable, que en los años de nacimiento de la tesis de la dictadura con apoyo popular -la renuncia a la democracia representativa- comenzara Bosch su alejamiento ideológico del PRD, porque como dijo después, éste era incapaz de realizar los cambios que necesitaba el país”.

El desembarco guerrillero de Francisco Caamaño, héroe de la guerra de Abril de 1965, puso la tapa al pomo. Bosch, Peña Gómez y decenas de dirigentes del PRD y de la izquierda pasaron a la clandestinidad y fueron perseguidos por los servicios de inteligencia de Balaguer. Bosch negó que Caamaño fuera la persona que comandaba la aventura guerrillera. Cuando el coronel cayó asesinado por las huestes balagueristas, un escalofrío conmocionó a amplios sectores del PRD. El Coronel de Abril y sus muchachos fueron abandonados. Llegaron las recriminaciones, acusaciones y discusiones.

Cuando las diferencias superaron las coincidencias Bosch renunció del PRD y fundó el Partido de la Liberación Dominicana (PLD) el 15 de diciembre de 1973. El partido morado fue una verdadera escuela política. Al inicio funcionó como una logia y con tal mística que ganó el favor de círculos de intelectuales y apoyo en los sectores más sanos de la juventud de esos años. Firme y despacio, Bosch formó ideológicamente al PLD de acuerdo con sus principios. Basta verificar los votos obtenidos en los comicios en que fue candidato presidencial del PLD -1978, 1982, 1986, 1990, 1994- para observar como amplió su base de apoyo. La cúspide electoral la alcanzó en 1990 con 634,343 votos y su opositor, el oficialista Balaguer, obtuvo 638,248. Tres mil 905 cuestionados votos fueron la diferencia.

La indignación, la impotencia de no poder demostrar fehacientemente la comisión del fraude electoral, las deslealtades, amargaron y desquiciaron a Bosch, porque a diferencia de Balaguer, Bosch sí reflejaba sus sentimientos. El líder del PLD había desestimado la alianza con su antiguo seguidor Jacobo Majluta que obtuvo en esos comicios 123 mil votos, había despreciado el apoyo de Peña Gómez, quien obtuvo más de 400 mil votos. El 17 de mayo Peña Gómez, su antiguo y vilipendiado discípulo, no lo apoyó. Y desde el interior de su partido la inesperada actitud de Víctor Grimaldi, jefe de Cómputos del PLD, quien inconsultamente reconoció de inmediato la “victoria” de Balaguer lo hirió mortalmente.

La resaca postelectoral estalló el 15 de marzo de 1991 cuando Bosch volvió a protagonizar una crisis política en el segundo partido fundado por él cuando presentó su renuncia. El Siglo publicó al día siguiente su testimonio. “Bosch dijo que salió del PRD porque en ese partido no había posibilidad de que el pueblo fuera favorecido cuando llegara al poder”. En el PLD, relató, se han iniciado luchas grupales que él no puede admitir, razón por la que decidió renunciar a la presidencia del partido. Bosch argumentó que entre otras razones renunciaba porque el pueblo dominicano no tiene interés en que le solucionen sus problemas. “Lo único que persigue es dinero y por eso se van en yolas jugándose la vida para llegar a los Estados Unidos. Solamente el PLD ha estado luchando contra eso, pero el PLD también ha sido afectado por su formación social. En el PLD la mayoría de sus miembros son pequeños burgueses y se han dado cuenta que en el partido hay gente que han alcanzado posiciones, como senadores, diputados, regidores, síndicos y eso ha provocado una corriente de aprovechados, de oportunistas, buscadores de posiciones y de puestos públicos. Y esos han empezado a formar grupos y como yo no puedo presidir un partido en el que haya grupos, renuncié del PLD”.

El Bosch político, idealista como Ulises Francisco Espaillat o Pedro Francisco Bonó, podría ser blanco de críticas, lo que no tiene discusión es que su gran victoria fue la enseñanza política y democrática que legó al pueblo dominicano.

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. Marcio Veloz Maggiolo, narrador, poeta, ensayista y crítico dominicano, sobre Juan Bosch

La muerte de Juan Bosch deja un enorme vacío en la vida política dominicana, y sin dudas, un hueco enorme en la literatura latinoamericana.

Maestro de la narrativa corta, le debemos más de lo que suponemos. Sus cuentos son y fueron modelo de gran importancia para grandes escritores. Maestro por antonomasia, Bosch produce un cambio radical en la mentalidad dominicana a partir de su llegada al país procedente del exilio al que lo confinó la era de Trujillo.

Introdujo un lenguaje político simple, didáctico, social y desconocido hasta ese momento. Nos hizo comprender que la sociedad de clases era real, y nos puso en camino de entender un país al que dedicó casi su obra completa.

En mi caso fui su compadre, porque el mismo me pidió bautizar uno de mis hijos. Lo quise como amigo y me sentí siempre orgulloso de su amistad por encima de todos los avatares de la política. Dejó entre los que le conocieron aquel verso del poeta Franklin Mieses Burgos que reza: "cuando la rosa muere, deja un hueco en el aire que no lo llena nada".

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. Bruno Candelier, ensayista y narrador dominicano: Juan Bosch, semblanza literaria de un inmortal

Autor de más de medio centenar de obras de ficción y ensayo, y político activo que ha ocupado la Presidencia de la República Dominicana, Juan Bosch es un representante distinguido de la tradición latino-americana que ha llevado a sus literatos al ejercicio de la política. Narrador, "sociógrafo" y promotor de la cultura, este dominicano eminente es la más prestante figura de las letras dominicanas, escritor representativo de la narrativa hispanoamericana y uno de los más distinguidos hombres de letras de la lengua española.

Nacido en La Vega, República Dominicana, el 30 de junio de 1909, desde muy joven se consagró a la creación literaria, alcanzando en el cultivo del cuento el más alto grado de desarrollo de este género en su país, y una de las posiciones cimeras en la narrativa latino-americana. Juan Bosch forma, con Miguel Angel Asturias y Arturo Uslar Pietri, el tríptico de narradores caribeños precursores del Realismo mágico latinoamericano, y su narrativa representa uno de los más lúcidos logros del Criollismo americano y una de las expresiones fundamentales del Socio-realismo hispanoamericano. Bosch asume como materia de sus cuentos el mundo de sus propias vivencias.

Desde muy niño conoció contratiempos y vivió aventuras. Con apenas dos años su familia se embarca hacia Haití y al poco tiempo regresa a la patria, instalándose durante una temporada en las comunidades rurales de El Pino y luego en Río Verde. Su Padre, José Bosch, un albañil de origen catalán que termina dedicándose al comercio y a la compra y venta de productos agrícolas, había contraído nupcias con la puertorriqueña Angela Gaviño, y se habían radicado en La Vega a principios del siglo, pero aunque los progenitores de Juan Bosch eran extranjeros, inculcaron en sus hijos un amor entrañable por la tierra dominicana, una simpatía especial por los problemas de su pueblo, un interés genuino por la suerte de sus gentes.

Para llegar a lo que llegó, Bosch tuvo el contacto con su pueblo, viajó con su padre por distintos puntos del país, conoció las peripecias y los peligros de las revoluciones montoneras. Inició sus estudios en su ciudad natal, en el colegio ‘‘San Sebastián’’ que dirigía el padre Fantino Falcon, legendario en el Cibao por su obra de amor y su aureola de santidad franciscana, y al trasladarse a la Capital de la República continúa sus estudios hasta el tercero de bachillerato, pero los requerimientos existenciales hacen que abandone el bachillerato, que no lo pudo concluir, y se dedique a diversos trabajos. En su tiempo libre se dedica a la lectura de los grandes maestros del cuento -Guy de Maupassant, Rudyard Kipling, Leonidas Andreyev, Antón Chejov, Sherwood Anderson, Horacio Quiroga, y otros- y a cultivar él mismo el cuento. Antes de tener un dominio técnico y profesional del cuento -que a su juicio logró al concluir la redacción de ‘‘El río y su enemigo’’ en 1942- escribió cuentos de la calidad de ‘‘La mujer’’, que encabeza su primer libro, ‘‘Camino real’’, publicado en 1933, y que le abrió las puertas de la fama.

Juan Bosch pertenecía a una familia acomodada y era el segundo hijo del matrimonio formado por José Bosch Subirats, de origen catalán, y Angela Gaviño de Bosch, oriunda de Puerto Rico. Bosch no conoció en carne propia ni el hambre, ni la miseria, ni la soledad, pero las contempló en sus coterráneos, y como era desde niño sensible al dolor ajeno y como recibió desde el hogar un sentido de responsabilidad, disciplina y respeto a los demás y como se educó bajo el sistema hostosiano fundado en la moral y el trabajo, le dolía la situación calamitosa de la mayoría de sus semejantes. Estamos hablando de La Vega de principios de siglo, pues Bosch nació en ese pueblo cibaeño en 1909 y en los años subsiguientes aumentaría el dolor y la miseria con la repetición de las luchas montoneras, con la primera ocupación militar norteamericana y con los efectos de la Primera Guerra Mundial.

El padre de Juan Bosch vino al país como albañil y terminó dedicándose a la agricultura y al comercio. Las revoluciones montoneras trastornaron la paz de la familia Bosch-Gaviño, como se puede desprender de la lectura de ‘‘La Mañosa’’, que narra Juan Bosch desde la perspectiva de su casa, ubicada frente el camino real de una comunidad de campesinos pobres, cercana a su pueblo natal. En varias entrevistas Bosch ha confesado el dolor que en su alma de niño le causaban la indefensión de los campesinos desvalidos, la pobreza en que vivían y la ingenuidad y la ignorancia de tanta gente noble y buena. Esa realidad sociocultural nutrió su imaginación, concitó su vena creadora y se convirtió en la sustancia narrativa de sus cuentos, y Bosch lo ha sentido con tanta intensidad que para él fue ineludible recrear ese mundo que lo hirió en lo más hondo de su sensibilidad.

En sus cuentos y relatos hay un perfil socio-gráfico de la realidad social, material y cultural que sus ojos contemplaron y los labriegos aparecen caracterizados, más que por los trazos criollistas de su lenguaje y su entorno, por su comportamiento y sus actitudes cuyas circunstancias explican el destino de sus vidas y proyectos. Bosch recrea en sus cuentos, con un aliento telúrico palpable, con un dramatismo de honda compenetración afectiva y con una destreza de narrador auténtico las vivencias y experiencias que marcaron su vida desde niño, de manera que recuerdos y vivencias se volvieron obsesiones e impulsos que dieron sustancia a sus cuentos, pasión y motivo a su intuición, alas y aliento a su imaginación. Por esa compenetración emocional tan entrañable y auténtica que sintió el cuentista vegano traducen sus cuentos y novelas, como sus textos de ensayos socio-políticos, rasgos y perfiles del comportamiento del dominicano, de nuestras clases sociales y de nuestra idiosincrasia nacional. De ahí que la base del pensamiento de Juan Bosch hay que rastrearla en sus cuentos y relatos y novelas.

La sensibilidad humana en Juan Bosch tiene la doble particularidad de ser al mismo tiempo social y estética. Primeramente Bosch quiso ser escultor, y aunque ha cultivado la escultura como entretenimiento, abandonó ese arte porque a su través no podía expresar lo que realmente sentía, como lo comprobó parcialmente mediante la poesía, cuando lo hizo en romances y canciones, y plenamente en la narrativa, especialmente en cuentos y relatos mediante los cuales halló el canal expresivo adecuado a su temperamento artístico y a sus motivaciones sociales y estéticas. Fue en La Vega donde Bosch escribió sus primeros cuentos, de manera que cuando el autor de ‘‘Cuentos escritos antes del exilio’’ se traslada a la capital de la República Dominicana ya tenía su vocación definida, aunque no desarrollada. Desde los primeros años de la década del 30 hizo vida literaria en Santo Domingo y se integró a la famosa tertulia de ‘‘La Cueva’’, a la que acudían los mejores escritores de la época. Las tertulias que se realizaban en la casa del poeta Enrique Henríquez, atraían y congregaban a Fabio Fiallo, Ramón Marrero Aristy, Andrés Fco. Requena, Domingo Moreno, Tomás Hernández Franco, Manuel del Cabral, Héctor Incháustegui, Franklin Mieses Burgos, Sócrates Nolasco, Pedro René Contín Aybar, Abad Henríquez, Manuel Llanes, Octavio Guzmán Carretero y otros escritores e intelectuales, de manera que los mejores escritores de la generación literaria de esa década, a la cabeza de los cuales se hallaba Juan Bosch, hicieron de ‘‘La Cueva’’ la más famosa tertulia literaria del siglo XX.

Bosch procedía de la escuela hostosiana y tras su estancia en Puerto Rico conocería todas las obras de Eugenio María de Hostos y se haría un hostosiano integral. Literariamente se formó bajo la orientación directa de Federico García Godoy, en su Vega natal, y directamente también recibiría la orientación del eminente humanista Pedro Henríquez Ureña. Cuando Bosch parte al exilio ya tenía la categoría de cuentista: había publicado su primer libro, ‘‘Camino Real’’ (La Vega, R.D., Imprenta El Progreso, 1933) y su primera novela, ‘‘La Mañosa’’ (Santiago, R.D., Imprenta El Diario, 1936). Completaría su formación literaria en Cuba; desde la patria de Martí proyectaría su obra de cuentista, y estando en Venezuela, casi al término de su exilio de un cuarto de siglo y de su etapa activa como escritor de narraciones, elabora su teoría del cuento, de cómo debe hacerse un cuento. Se trata de ‘‘Apuntes sobre el arte de escribir cuentos’’, que dictara en 1958 a petición del Director de El Nacional de la Capital venezolana, el novelista Miguel Otero Silva, que publicara la Universidad Central de Venezuela y que serviría de prontuario estético a importantes narradores de nuestra América, entre ellos a Gabriel García Márquez y Julio Cortázar.

Bosch pertenece a la generación de escritores marcados por los efectos de la primera intervención militar norteamericana al país (1916-1924) y toma plena conciencia de su oficio de escritor desde los inicios de la dictadura de Rafael Trujillo, que se extendería desde 1930 hasta 1961. Su sensibilidad social llevó a Bosch a elegir el cuento como el medio para expresar lo que quería decir con relación a la miseria y la ignorancia en que vivían sus compueblanos y el dolor que esa situación le engendraba. Todos los cuentos de Bosch reflejan a un narrador con sensibilidad humana, preocupado por los problemas de los humildes, identificado con su desgracia o su infortunio. Pero las circunstancias en que vivía su pueblo bajo la dictadura de Trujillo hizo que el autor de ‘‘La Mañosa’’ aprovechara el embarazo de su mujer y consiguió la certificación médica de un mal cuyo diagnóstico correcto debía hacerse en Puerto Rico, y desde entonces, a finales de 1937, partió para un exilio que duraría 25 años.

En Puerto Rico trabajaría en la revisión de las obras completas de Eugenio María de Hostos en cuya edición trabajó en La Habana. La mayor parte de su largo exilio lo vivió Juan Bosch en Cuba, y fue en esa isla caribeña donde completó su formación cultural, consiguió su desarrollo literario y definió su vocación política, actividad a la que se dedicaría una vez cerrado el ciclo de su evolución literaria.

En Cuba publicó la mayoría de los cuentos que aparecen incluidos en los libros ‘‘Cuentos escritos en el exilio’’ (1962) y ‘‘Más cuentos escritos en el exilio’’ (1964), algunos de los cuales, como ‘‘El Socio’’ o ‘‘Los amos’’, han obtenido premios internacionales, coronándose su labor narrativa con el Premio Nacional que le otorgara el Estado dominicano por su novela ‘‘El oro y la paz’’ (1975), que había ideado en Cuba en 1956 tras su estancia en Bolivia, donde se desarrolla el tema de esa novela de carácter filosófico y que redactó en Puerto Rico, en 1964, durante un nuevo exilio que sufrió tras el derrocamiento de su gobierno en 1963.

El exilio de Bosch fue realmente fructífero desde el punto de vista intelectual, literario y político. Obras como ‘‘Hostos, el sembrador’’ (1939), ‘‘Cuba, la isla fascinante’’ (1955), ‘‘Judas Iscariote, el calumniado’’ (1955), ‘‘Trujillo: causas de una tiranía sin ejemplo’’ (1959), ‘‘Crisis de la democracia de América en la República Dominicana’’ (1964) o ‘‘David, biografía de un Rey’’ (1964) forman parte de su abundante y enjundiosa bibliografía sobre los más diversos temas biográficos, históricos y políticos. Los textos narrativos de Bosch reflejan un dramatismo intensamente humano con una pertinencia literaria aleccionadora y ejemplar por la maestría narrativa propia de un profesional de la escritura.

Juan Bosch inaugura para las letras dominicanas la Modernidad, y es el primer escritor dominicano en teorizar o formalizar el esquema de su propia producción de cuya práctica, conjuntamente con la de los grandes maestros que le precedieron, infiere las leyes y los principios del género del cuento, y lo que lo hizo con la literatura, lo repetiría, años después, con su propia práctica política, como ideólogo y teorizador de un quehacer que propone una pauta liberadora para la solución de la problemática social y cultural originalmente orillada y testimoniada en su ficción narrativa.

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. Fernando Ureña Rib, pintor dominicano: Juan Bosch, Maestro de la narrativa latinoamericana

La aparente simplicidad, tanto del tono como del vocabulario, nos hace olvidar a veces la compleja y rica estructura secuencial de la narrativa del escritor dominicano Juan Bosch. La agudeza en esa simplicidad aparente es la fortaleza y la gracia de la marcha en esa narrativa ejemplar y en sus transiciones, su manera precisa de plantear el problema o la trama y lo intrincado e infranqueable de los aspectos desfavorables a la felicidad o a la paz del protagonista.

Juan Bosch hace sentir al lector el paso descansado y grave de sus personajes, lo amargo de su queja, el desprendimiento y la entrega del hombre sencillo que lucha contra un destino adverso e implacable. La realidad es observada desde la óptica del sufriente, del doliente, del desamparado que muchas veces se torna en el lector mismo, a quien le cede su puesto el protagonista olvidado, adusto y solitario. El tránsito, de lugar, de ánimo, de situaciones o parajes es continuo y a veces casi imperceptible, pero la narrativa de Bosch nos va asomando al paisaje interior del personaje, a las brumas que bordean el alma de los poderosos y de los pudientes y nos va arrastrando hasta mostrarnos y hacernos sufrir de sus viles maquinaciones.

Cada párrafo de un cuento de Juan Bosch es una aproximación, además, a la comprensión de las estructuras políticas y sociales de nuestros pueblos. En ellos se percibe, quizás muy sutilmente, esa primera vocación del escritor: La escultura. Juan Bosch me mostró con envidiable ternura, una cabeza que realizó en sus años juveniles. Al moldear la cabeza, el escultor va añadiendo pequeñas masas de dúctil arcilla y con la yema de los dedos va pulseando las formas, hasta encontrar el parecido del personaje. Este sistema parece ser aplicado a sus cuentos, porque no se nos da todo de golpe, sino gradualmente se especifican los contornos, se define el perfil y se presentan los rasgos distintivos de ese personaje.

Narrador y escultor, Juan Bosch permanece como un dechado de virtud, de rectitud moral, de sencillez y precisión.

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. Julio Ortega, crítico, ensayista, profesor, poeta y narrador peruano, sobre Juan Bosch

El gigantesco e impecable Juan Bosch había refutado tantas veces a la muerte que no estábamos preparados para la suya. Por eso, nos conmueve lo inesperado, a pesar de su avanzadísima edad, de la noticia. Quizá, de otro modo, se había demorado entre nosotros para hacernos sentir mejor su ausencia.

Tratándose de Juan Bosch, un hombre que resumió la elocuencia gentil de su cultura dominicana, ninguna persuasión está descartada, mucho menos la de su memoria, anticipada por él como un memorial de la vida. Pero, al día siguiente de los tributos, nos quedan por mucho tiempo sus libros, especialmente esos cuentos de lenguaje pleno, luminoso y terrestre, donde la gente es mas humana gracias al lenguaje en que viven y conviven.

Muy al comienzo de todo, los cuentos de Juan Bosch nos enseñaron la dignidad de un cuento sobre nuestros pueblos, acrecentados por la fábula cotidiana pero heroica de su resistencia y persistencia. Nos enseñaron, se diría, a admitirnos en serio.

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. Angel Guerra Cabrera, articulista mexicano: El legado de Juan Bosch

Hace unos días, a los 92 años de edad, moría Juan Bosch en República Dominicana, uno de los latinoamericanos más importantes de su generación. Destacado político por su oposición a la tiranía de Trujillo, fue también escritor de talla continental. Su narrativa ha sido valorada entre los antecedentes del realismo mágico y su labor ensayística produjo obras notables como De Cristóbal Colón a Fidel Castro, calificada de monumental por Gabriel García Márquez.

Bosch formó parte de la hornada de demócratas liberales integrada por Rómulo Betancourt, José Figueres y Luis Muñoz Marín. Pero al revés de ellos comprendió el punto de giro que significó la revolución cubana en la historia latinoamericana. Comenzó entonces una radicalización de su pensamiento político, estimulada después por los acontecimientos en su país, que lo llevaría a reconsiderar sus concepciones anteriores.

Llegó a plantear la ruptura con la dominación de Estados Unidos como la tarea principal a acometer por los pueblos al sur del río Bravo. La democracia representativa era un instrumento de esa dominación y debía ceder el paso a formas de democracia popular adecuadas a la realidad latinoamericana. En carta dirigida a Trujillo en 1961 se refería en estos términos a los efectos en la región del telúrico cambio social en Cuba: "Ya no somos tierras sin importancia que pueden ser mantenidas fuera del foco de interés mundial. Ahora hay que pensar en nosotros y elaborar toda una teoría política y social que pueda satisfacer el hambre de libertad, de justicia y de pan del hombre americano". Y en palabras proféticas continuaba: "La fuerza resultante de la suma de los tres factores mencionados va a actuar precisamente cuando comienza la crisis para usted; sus adversarios se levantan de una postración de 31 años en el momento en que usted queda abandonado a su suerte en medio de una atmósfera política y social que no ofrece ya aire a sus pulmones...''.

En efecto, Trujillo enfrentaría una profunda crisis económica y una resistencia popular ascendente. Tras largas décadas a su servicio, había dejado de ser útil a sus patrocinadores del norte, quienes temerosos de una revuelta social dieron luz verde a los trajines conspirativos de algunos de los mismos cómplices del tirano, que desembocaron en su asesinato. Pero la rebelión popular creció después de su muerte, enfilada a la derrota del régimen de opresión que había forjado.

Mediados los setentas, Bosch me relató en La Habana los prolegómenos y consecuencias del golpe de Estado que puso fin a su presidencia en 1963, a los siete meses de haberla asumido. De regreso a Dominicana del largo primer exilio había sido electo con una copiosa votación en los comicios posteriores al fin de la dictadura. Su efímero gobierno fue moderado en lo social, pero resueltamente opuesto a las presiones yanquis para que reprimiera las protestas sociales y la pujante izquierda y facilitara el territorio dominicano como base de acciones contra la Cuba revolucionaria. Esa conducta y la defensa del Estado laico unieron contra él a generales y dirigentes del trujillismo, a los empresarios y a la jerarquía católica, que con la inspiración de la CIA organizaron la asonada con el pretexto de evitar que surgiera "una nueva Cuba".

En 1965 el movimiento militar constitucionalista encabezado por el coronel Francisco Caamaño exigió el regreso de Bosch a la presidencia después de reducir con gran apoyo de masas al ejército trujillista. Como respuesta la isla fue agredida por 40 mil soldados estadounidenses, contra los que comandos populares dirigidos por Caamaño libraron épicos combates sin conocer la derrota, pero abrumados por la superioridad militar del invasor debieron aceptar una salida negociada y la convocatoria a nuevas elecciones en que tras un fraude fue electo Joaquín Balaguer, el nuevo hombre de Washington.

La invasión yanqui y la heroica resistencia de su pueblo, me confió Bosch, habían marcado definitivamente su visión del mundo. En ulteriores pláticas con él percibí una terquedad inconveniente en asuntos secundarios de alguien que abogaba a la sazón por unir en un proyecto común las fuerzas populares de su país. Pero lo que me cautivó de este hombre fueron su raigal decencia, su honestidad intelectual, su voluntad de renovación. Acaso el legado más valioso que deja a los latinoamericanos que hoy siguen pensando en un mundo alternativo como necesario y posible.

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. Héctor Amarante, ensayista dominicano: Juan Bosch, la muerte durando

¿Qué muerte ha matado a este escritor? Aire durando. La muerte lenta, respetuosa, estuvo tratando de apagar su voz, pero no pudo. La voz quedó presente. Sus libros seguirán vivos. ¿Qué muerte matará esos cuentos, esos libros? El indio Manuel Sicuri repite entre los riscos de Los Andes: Hay muertos que van subiendo cuanto más su ataúd baja… Aire de Los Andes durando entre el Oro y la Paz.

Apenas ha muerto un ser humano, y su sudor, pero un Juan Bosch busca ahora la eternidad muriendo mientras abajo no le cabe a su muerte el hombre. La Muchacha de la Guaira entona un llanto y nos pregunta: ¿Por qué cosa muere un hombre? Y entre los cañaverales de la isla Encarnación Mendoza responde: Hay muertos que van subiendo cuanto más su ataúd baja.

Ha muerto Juan Bosch con su estatura parada, con sus ojos verdes mirando el valle de los caídos, y en las aguas del río de la muerte una gota de llanto desborda las riberas, en tanto el sinsonte y los canarios cubren de frutos sus alas. ¡Ay, sí, que hay muertos y éste no es uno de ellos!

Juan Bosch ha muerto en América, y en el mundo y sólo ahora nacen las raíces de sus luces y sus sombras, y colgadas a ellas unas manos y cientos de personajes novelescos y junto a ellos el narrador que fue, el escritor de ensayos, de libros de historia, y los hilos eternos de sus juicios y pensamientos. Las bibliotecas de la tierra tienen luto en sus rostros. La muerte no ha llegado, no existió nunca hasta tocar su piel.

No, Juan Bosch, ella no te ha vencido, ahora ella ha dejado de ser, aunque sea por ese instante frío que puso sobre tu nombre. Entonces ahora entendemos la sabiduría de Compadre Mon: hay muertos que van subiendo cuanto más baja su ataúd. ¡Lágrimas y vida!

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. Juan Bosch: práctica de la separación/Diógenes Céspedes

11 Diciembre 2009

Hay hechos pequeños y grandes en la práctica de la separación entre lo público y lo privado durante el ejercicio del poder político por parte de Juan Bosch en su primer gobierno constitucional de 1963.

Los datos están en el libro de Mildred Guzmán, “El Bosch que yo conocí”. Pero no por pequeños dejan de ser emblemáticos. El despido de su asistente personal Virgilio Gell, por comprobarse un caso de corrupción ascendente a $ 25.000 pesos, mediante tráfico de influencia.

Y grandes fueron el despido del Ministro de Industria y Comercio, Diego Bordas, por corrupción, así como el rechazo a la solicitud de ex presidente cubano Carlos Prío Socorrás para instalar en el país un campamento anticastrista. La firmeza de carácter de Bosch se impuso por encima de consideraciones de amistad e incluso del favor político que disfrutó Don Juan bajo el gobierno de Prío. Cuando este último vio que Bosch rechazó su oferta, le planteó otra peor: la compra de 4.000 toneladas de trigo en Canadá para ayudar a la revolución contra Castro. No hay que ser listo para adivinar que el dinero iría a parar a los bolsillos de Prío. Bosch rechazó la segunda oferta con el alegato de que el país tenía suficiente trigo. Ante esta posición, Prío salió del Palacio Nacional con el rabo entre las piernas y solo atinó a mascullar: “Juan ha cambiado mucho, ya es un comunista.” (Op. cit., pp-138-40) El otro gran hecho político fue la separación entre Estado e Iglesia, contenido en la Constitución de 1963 y que en la entrevista de Don Juan con Isaolim Mieses y Wilson Hernández (op. cit., pp. 121-23) explica, a partir de consideraciones históricas eruditas, cómo los intereses franceses en las colonias de Argelia, de Indochina y de países africanos que profesaban distintas religiones impusieron la separación entre Iglesia y Estado. También explica Don Juan el caso español después de Franco y se remonta a los orígenes de esa lucha en España con Francisco Giner, Sanz del Río y otros intelectuales, con lo cual nuestro político dominicano ratifica su posición prístina anterior incluso a la Constitución de 1963.

Pero en nuestro país, donde la fracción burguesa quedó atrapada por el frente oligárquico recompuesto por los norteamericanos después de la muerte de Trujillo, era imposible que tal fracción se planteara la separación entre Iglesia y Estado, tal como lo proclamaba la Constitución burguesa de 1963. Lo que Bosch llama el “atraso” mental, cultural, ideológico, unido a la ausencia de conciencia política, nacional y de clase, impedía –e impide todavía hoy- semejante planteamiento que implica la legitimación de una burguesía nacional independiente.

La herencia política de Don Juan, que según él era el partido, está hundida en el mismo “atraso” mental, cultural e ideológico, y en la misma ausencia de conciencia política, nacional y de clase de cada uno de sus miembros, y por esa razón no ha podido superar el pensamiento político de Don Juan y ha producido, a través de tres mandatos, el tipo de gobierno que su fundador estaba negado a encabezar en 1990, según se lo manifestó a Miguel Cocco.

Ahora me voy al punto de los adversarios y de la amistad. Primero, don Juan, conocedor a fondo de nuestra sociedad, respetó siempre a sus adversarios, sin importar el litoral político de donde proviniesen. Para el militante comunista que le abucheó, tuvo compasión por su ignorancia. A los periodistas pagados y no pagados les comprendió en los ataques que casi siempre dirigieron a su persona, no al político, pero incluso así Don Juan no se lo tomó personalmente. Todo lo analizaba políticamente, con su tesis de la inconsciencia política de la mayoría del pueblo dominicano. Él había teorizado el chisme como industria o deporte nacional, y así juzgaba los ataques personales, como lo atestiguan las consideraciones conceptuales de la carta que dirige a Víctor Livio Cedeño, a la sazón director del periódico El Sol, el 1 de octubre de 1979: “Como de todo hombre público, muy especialmente en países de composición social similar a la de la República Dominicana, de mí se han dicho y se dicen con frecuencia mentiras que en algunos casos tienen su origen en servicios secretos extranjeros y en otros son expresiones de pasiones políticas desviadas hacia ataques personales, y a menudo esas mentiras son impresas en periódicos. Tal sucedió, por ejemplo, cuando un señor llamado Ubi Rivas dijo en El Sol que el día 6 de mayo del año pasado yo había dormido en la casa de Ramón Font Bernard…” (pp. 314-315)

No hubo acusación política por mendaz que fuera, tanto en el ámbito nacional como en el extranjero en contra de Juan Bosch que él no la respondiera con una gran altura analítica. Por eso era un líder, un gran líder.

En el plano de la amistad, habría que comenzar un poco antes de su salida al exilio en 1938 para comprobar cómo don Juan hizo y mantuvo relaciones de amistad, más literarias y culturales que políticas, para esa época, con Mario Fermín Cabral, Vicente Tolentino Rojas, Emilio Rodríguez Demorizi, Ramón Marrero Aristy, Héctor Incháustegui Cabral (a quienes dirige la célebre carta antirracista luego de entrevistarse con ellos en La Habana y misiva sin la cual no puede leerse el cuento “Luis Pie”). Relaciones que don Juan recompuso una vez que llegó del exilio en octubre de 1961.

Don Juan mantuvo también intactas sus relaciones intelectuales boricuas hasta el día de su muerte. Y quizá fue una dicha que los grandes amigos que mantuvieron con él la fe en la democracia representativa: Betancourt, Figueres, Muñoz Marín, murieran primero que él, pues su ruptura con tal sistema luego del golpe de Estado de 1963 le llevó a una dolorosa pero necesaria separación.

Y, finalmente, los grandes amigos literarios que vinieron a los festejos del septuagésimo y octogésimo cumpleaños de don Juan en 1970 y 1980, de los cuales hay una relación detallada en el libro de Mildred en cuanto concierne al primer acontecimiento, pero extrañamente echada en falta en el último cumpleaños. Señalo como los grandes amigos de don Juan, más literarios que políticos, a Gabriel García Márquez, Miguel Otero Silva, Nicolás Guillén, Guayasamín, Raúl Rivero, Julio Le Riverand, Carmen Balcells, Manuel Maldonado Denis, José Emilio González y Ruth Vasallo, el francés Regis Debray y un personaje venezolano, extraño según Mildred: Oscar Guaramato, secretario personal de Otero Silva. Pero llamo a la atención que en el cuento “El hombre que lloró”, escrito antes de la caída del dictador Marcos Pérez Jiménez, aparece un personaje, junto a otro de apellido Muñoz, que ha caído en la lucha clandestina en contra de la dictadura. O fue simple coincidencia o fue una mala pasada de humor negro el hecho de que aparezca este Guaramato inmortalizado en una obra de ficción de don Juan.

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. Juan Bosch, un ser para la libertad. Alfredo Matus Olivier/Academia Chilena de la Lengua

"Nada menos que todo un hombre. Hombre cabal, hombre de pro. Vivió por la libertad; vivió para la libertad. Libertad y finalidad, esos bienes radicalmente humanos, que nos constituyen como personas. Señor de la dignidad, Juan Bosch dedicó su existencia a la defensa sin descanso de esos valores “intransables” de lo más verdadero, lo más puro, lo más limpio de lo humano". De este modo Alfredo Matus Olivier, en la Inauguración de la Conmemoración de los 100 años del Natalicio de Juan Bosch celebrada en la Sala América de la Biblioteca Nacional el 9 de junio de 2009, comenzó su discurso de homenaje al escritor y político dominicano.

Conmemoración en la que participaron junto a la Academia Chilena de la Lengua, la Universidad de Chile, la Pontificia Universidad Católica de Chile y la Universidad Austral de Chile, la Dirección de Bibliotecas, Archivos y Museos, la Fundación Salvador Allende, la Sociedad de Escritores, el periodista Manuel Cavieses, director de Punto Final, e intelectuales como Juan Pablo Cárdenas, Premio Nacional de Periodismo, Humberto Giannini, Premio Nacional de Humanidades y Marino Pizarro, Premio Nacional de Educación.

Nada menos que todo un hombre. Hombre cabal, hombre de pro. Vivió por la libertad; vivió para la libertad. Libertad y finalidad, esos bienes radicalmente humanos, que nos constituyen como personas. Señor de la dignidad, Juan Bosch dedicó su existencia a la defensa sin descanso de esos valores “intransables” de lo más verdadero, lo más puro, lo más limpio de lo humano.

Hidalguía de espíritu y corazón. Mucho de Quijote y mucho de Rodrigo Díaz de Vivar tenía este hidalgo dominicano. Mucho de don Quijote cuando, en el capítulo LVII de la Segunda Parte, enseñaba a Sancho: “La libertad, Sancho, es uno de los más preciosos dones que a los hombres dieron los cielos; con ella no pueden igualarse los tesoros que encierra la tierra ni el mar encubre; por la libertad así como por la honra se puede y debe aventurar la vida, y, por el contrario, el cautiverio es el mayor mal que puede venir a los hombres”.

Por la libertad y por la honra, Juan Bosch aventuró la vida y por ellas vivió el rigoroso cautiverio del exilio, de 24 años la primera vez que sale de su tierra. Uno de los grandes exiliados de la historia latinoamericana. Testimonio ético de primera magnitud. No puede haber modelo más oportuno en estas vigilias del Bicentenario. Ejemplo para los jóvenes en estas celebraciones, que ya se nos vienen encima, de nuestro Bicentenario, en ese proceso que se inicia en 1810 y que culmina con el Acta de Independencia de Chile, firmada por el Director Supremo, en el Cuartel Directorial de Talca, a 2 de febrero de 1818:
“…hemos tenido a bien, en ejercicio del poder extraordinario con que para este caso particular nos han autorizado los pueblos, declarar solemnemente, a nombre de ellos, en presencia del Altísimo, y hacer saber a la gran confederación del género humano, que el territorio continental de Chile y sus islas adyacentes, forman de hecho y por derecho, un Estado libre, independiente y soberano…”.
Por eso estamos aquí. Por eso se constituyó un Comité Chileno para la celebración del Centenario de Juan Bosch, nacido en La Vega, el 30 de junio de 1909, uno de los intelectuales, uno de los políticos, uno de los humanistas más significativos de República Dominicana y de América Latina. Por eso se involucraron, en esta justo homenaje, y con auténtico entusiasmo, la Academia Chilena de la Lengua, la Universidad de Chile, la Pontificia Universidad Católica de Chile y la Universidad Austral de Chile, la Dirección de Bibliotecas, Archivos y Museos, la Fundación Salvador Allende, la Sociedad de Escritores, el periodista Manuel Cavieses, director de Punto Final, e intelectuales como Juan Pablo Cárdenas, Premio Nacional de Periodismo, Humberto Giannini, Premio Nacional de Humanidades y Marino Pizarro, Premio Nacional de Educación.

Por eso estamos aquí. Por eso hoy inauguramos este ciclo de conmemoraciones a una de las figuras más sobresalientes de Latinoamérica. Figura testimonial, trayectoria brillante de entrega a las causas más nobles de nuestros pueblos: testigo de la libertad en uno de los contextos más duros de las dictaduras latinoamericanas: la de Rafael Leónidas Trujillo, en República Dominicana; la de Fulgencio Batista, en Cuba; la de Anastasio Somoza, en Nicaragua; y la de Marcos Pérez Jiménez, en Venezuela, precursoras de otras tiranías de las zonas australes de nuestro continente. Sobre ellas escribirá con agudeza crítica “Póker de espanto en el Caribe”. Autodidacta de inteligencia superior, que llegó a la Primera Magistratura de la República Dominicana, con apoyo popular masivo, había realizado una notable carrera literaria, distinguiéndose como poderoso narrador de cuentos, de prosa sencilla, idioma vigoroso y directo, enraizado en la realidad social dominicana.

Había desarrollado el ensayo y el periodismo, politólogo en el compromiso activo, en la observación y el análisis de las circunstancias concretas de nuestros pueblos, comprometido con la vida inmediata de la gente y los procesos sociales y políticos que las envuelven. No solo teoría y observación de los fenómenos, sino acción y militancia, había creado el Partido Revolucionario Dominicano (PRD), de radical antitrujillismo y, más tarde, el Partido de Liberación Dominicana. Y había publicado ese clásico del ensayo sociopolítico “El pentagonismo, sustituto del imperialismo”. Según Armando Hart Dávalos, este texto es profético, y “una pieza maestra de esas que hacen o deben hacer historia”. Había escrito sobre el gran educador puertorriqueño Eugenio María de Hostos, otro exiliado ilustre, en cuyas ideas pedagógicas se había imbuido Había actuado en las tablas y ejercido el periodismo radial de contenido educativo. Y, todo hay que decirlo, había sido eximio bailador antillano de danzón.

Juan Bosch llega a Chile en 1954 y se queda en el país hasta fines de 1955. Después de permanecer en Santiago, vendedor de baterías en la calle Arturo Prat, se radica un tiempo en Molinos de Niebla. En Santiago participa en la vida teatral en auge, en las faenas culturales en boga y en una de las más famosas tertulias literarias de la época, la de la vieja librería Nascimento. Todavía nos emociona abrir esa modesta primera edición de su libro de cuentos “La muchacha de la Guaira”, editada por Nascimento, de gruesas páginas amarillentas y portada de características líneas verdes, cuya reedición hoy presentamos.

Aquí en Chile publica, además, “Cuba, la isla fascinante”, “Judas Iscariote, el calumniado”, “El indio Manuel Sicuri” y “Cuento de Navidad” e inicia la escritura de “David, la biografía de un rey”, obras escritas, terminadas o iniciadas en Santiago y Niebla. Obras publicadas en las prestigiosas editoriales Nascimento, Universitaria, Prensa Latinoamericana, Ercilla. No es raro, pues, que en este Comité del Centenario participen con tanto convencimiento y compromiso, dos las principales universidades de Santiago y una de las del sur, la de Valdivia y su Niebla colindante. En Santiago conoce y hace amistad con intelectuales de la talla de Manuel Rojas, José Santos González Vera, Volodia Teitelboin, Mariano Latorre, Luis Durán, Joaquín Gutiérrez y del crítico Alone. Este severo crítico literario de El Mercurio había escrito: “Este sí que es un cuentista hecho y derecho, antiguo y moderno, de tomo y lomo, cuentista por los cuatro costados, que no necesita definiciones ni defensas, un verdadero narrador…”.

Asimismo entabla fructíferos lazos con figuras políticas de la estatura de Salvador Allende y Clodomiro Almeyda. Más tarde, a través del periódico Vanguardia, denunció los abusos de la dictadura de Pinochet y alentó las luchas por la libertad. No puede estar más ligado a Chile, este latinoamericanista ilustre comprometido con nosotros, nuestra historia, nuestra cultura y nuestro ser social.

Juan Bosch nos conecta con República Dominicana y con el Caribe. Y, a través de ellos, con toda Hispanoamérica. Juan Bosch nos comunica con un momento significativo de nuestra historia y cultura nacionales, el de la década de los cincuenta. Pero, como ha dicho Rosario Carcuro, de la familia chilena de Bosch, hace pocos días, en los inicios de estos homenajes, realizado en la Universidad Austral: “No es por un mecanismo puramente nostálgico, casi decadente, este meterse a desentrañar figuras del pasado”. En dicha ocasión, se preguntaba esta distinguida profesora: ”…¿a qué obedece este acto que recuerda y conmemora a Juan Bosch y que estamos realizando aquí, en la Universidad Austral de Chile, y otros que se realizarán durante todo el año en curso? …De lo que se trata, simplemente, es de hacer un gesto de amarrar la historia con la historia. Para no perder ni una hilacha, ni una hebra del gran tapiz de la memoria. Juan Bosch es un gran escritor del Caribe. Un narrador fascinante que cruza a zancadas los grandes territorios de la sequía, la desesperanza y el hambre. También es un político, un organizador, un luchador por la democracia…”.

Amarrar la historia con la historia, en eso andamos. Juan Bosch, este antillano por antonomasia, de nación y vocación, es un hombre total, sin mutilaciones ni parcialidades, sin componendas ni medias tintas. No se quedó con la última palabra. Como ha escrito Humberto Giannini: “la incomunicación, la intolerancia y la injusticia social tienen que ver con el intento de quedarse con la última palabra". Una lengua con manos, que diría el juglar de Medinaceli. Coherencia total de palabra (lengua) y acción (mano).

Ejemplo para la juventud, en el sentido primigenio de la palabra ejemplo, del eximere latino “sacar”, “extraer”, “exprimir”; es mucho lo que la juventud puede sacar y extraer de esta existencia sin opacidades, de esta reserva espiritual para las nuevas épocas que todos anhelamos. Pensamiento, palabra y vida consecuentes. Por eso es que la Academia Chilena se ha sumado, con ahínco, a este homenaje, no para la nostalgia sino para las premoniciones de la esperanza. Porque la Academia está allí donde hay algún soplo de espíritu que vivifique la palabra verdadera.

La palabra verdadera de Bosch es la palabra neta, la palabra que late, la voz de la lealtad, de la fidelidad y la nobleza, lengua con manos, la del caballero de fiar. Su prosa exhibe un castellano de lealtades, de compromisos con el hombre primero. Prosa robusta, natural, sin adiposidades. Escribió mucho y lo hizo bien, porque, como dice bellamente Giannini: “La escritura, en su recogimiento original, es un tiempo para el otro, en la asunción completa de su ausencia”. La de Juan Bosch es prosa rotunda empapada en la vida nueva, la que se proyecta en el futuro solidario de los pueblos, el de la libertad y la dignidad.

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. Pedro de la Hoz, periodista cubano: "Juan Bosch, narrador de pura estirpe"

Cuando Juan Bosch llegó en 1939 por primera vez a Cuba, a los 30 años de edad, ya había causado inquietud en el panorama literario de Santo Domingo. Más aún que Indios, apuntes históricos y leyendas (1935), una monografía lírica dedicada a promover la olvidada y desaparecida contribución aborigen a la identidad dominicana, su novela La mañosa (1936) había desatado un vendaval por su propuesta subversiva por su ímpetu social y su declarada intención política. No en balde esa novela fue subtitulada por el propio Bosch como "novela de las revoluciones".

Con el paso del tiempo, La mañosa se ha convertido en un hito de obligada referencia en la literatura dominicana y caribeña del siglo XX. Desde el punto de vista compositivo, el texto se emparenta con una zona de la narrativa latinoamericana en boga por esa época, es decir, la producción del venezolano Rómulo Gallegos, el colombiano José Eustaquio Rivera, el mexicano Mariano Azuela, que heredaban del realismo crítico europeo de la centuria anterior los instrumentos para presentar relaciones telúricas y confrontaciones sociales.

En su novela Bosch realiza un muy serio intento por explicar la incapacidad política de la frágil burguesía nacional emergente y la irrupción del caudillismo, que en su país tendría como fuerza gravitatoria un nombre tristemente célebre: Leónidas Trujillo. La mañosa ha sido reivindicada en los últimos años como una pieza clave, según el ensayista Eugenio García Cuevas, "para entender y explicar la temprana vinculación del autor con el liberalismo revolucionario dominicano que no era excluyente de los sectores populares ni como novela de crisis histórica de la pequeña burguesía nacionalista y liberal de los años treinta".

Sin embargo, y pese a que muchos años después, en 1975, diera a conocer otra novela, El oro y la paz, sus más bruñidas armas literarias las dedicó al cuento. Un buen momento para los lectores cubanos se debió a Casa de las Américas, que editó en 1983 una excelente antología de sus narraciones cortas. Mas, para ser precisos, el conocimiento del cuentista Juan Bosch por nuestros lectores comenzó desde mucho antes: durante su larga estancia habanera, casi siempre una vez al mes, la revista Bohemia, de la cual era colaborador de planta, publicó narraciones suyas. Una selección de estos fueron reunidos en el volumen Ocho cuentos (1948) en una tirada costeada por el propio autor. Y antes, en 1941, la Imprenta A. Ríos, también de la capital cubana, había publicado Dos pesos de agua. Fue con Luís Pie, uno de los cuentos escritos entre nosotros, que ganó el Premio Alfonso Hernández Catá, uno de los más prestigiosos galardones literarios que se concedía en Cuba y que tuvo gran resonancia en el ámbito hispanoamericano hacia la medianía del siglo XX.

Sus narraciones cortas cumplen con los principios enunciados en el famoso decálogo de Horacio Quiroga. Se hacen notar por la economía de medios de expresión y los puntos de giro sorpresivos, que sustancian una estética realista y una prospección social incisiva. Para un lector cubano leer hoy los cuentos de Juan Bosch puede resultar una experiencia tan útil y vivificante como volver a las páginas de nuestros Onelio Jorge Cardoso y Luís Felipe Rodríguez: en ellos habita el fulgor de las palabras en su batalla por apresar realidades sociales en sus momentos más críticos, dramáticos y definidores.

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. Juan Bosch: el origen de un nombre/Rafael García Romero

El Juan Bosch que había llegado del exilio para correr como candidato a la Presidencia de la República, inmediatamente después del ajusticiamiento de Rafael Leónidas Trujillo, era un hombre cincuentón, de aventajada estatura, canoso. Pocas personas recordaban que de joven había sido rubio. De ojos verdes, mirada penetrante y manos grandes, fuertes, acogedoras. A todo el que saludaba lo percibía inmediatamente; fumador empedernido. Sólo consumía Cremas sin filtro. Tenía los dedos de la mano derecha estropeados por la nicotina.

El tabaco marcó una generación de líderes latinoamericanos. Fidel Castro fumaba habanos y Juan Bosch sólo cigarrillos; y los dos decidieron dejar de fumar. Uno y otro entendieron que había que predicar con el ejemplo y abandonaron el vicio.

La radio resultó un vehículo idóneo para la época. El político hablaba a través del programa “Tribuna Democrática” y su voz, con un mensaje nuevo y distinto para los dominicanos, resultaba agradable, convincente y cautivadora. Hablaba y tenía plena conciencia porqué lo hacia. El dominicano era un pueblo con una deuda social inmensa y un atraso político impresionante. Cada alocución, cada discurso escrito y expuesto, igual que todas las conferencias que dictaba en distintos escenarios del país, tenían como meta educar, ensanchar el horizonte cultural y político de los dominicanos. No importaba qué dijera; siempre era interesante escucharlo. Nadie le decía Juan Bosch, a la hora de abordarlo directamente, aunque ese era su nombre. A lo sumo la primera frase hacia él era "Don Juan" o simplemente "Profesor Bosch", con mucho respeto y condescendencia.

No era habitual escuchar en sus labios el “yo”, tampoco que hablara de sí mismo. Una vez, inevitablemente, lo hizo; y habló de él, pero para citar un consejo que recibió de Pedro Henríquez Ureña, a quien conoció en República Dominicana cuando era un alto funcionario público.

El hijo de la poetisa Salomé Ureña tenía 47 años y el autor de La mañosa contaba con 23 años de edad. Entonces el humanista y maestro buscó con cuidado las palabras para transmitirle la idea que quería comunicarle; y le sugirió que hiciera una poda a su nombre y lo usara siempre de manera invariable. Muchos años después lo explicó de la forma siguiente: "Si el nombre con que se me conoce es de dos sílabas, se lo debo a Pedro Henríquez Ureña porque un buen día, cuando yo andaba por los veinte y tres años, el ilustre ensayista me aconsejó que no siguiera usando la E que aparecía en cada uno de los cuentos que publicaba en Bahoruco, la revista de Horacio Blanco Fombona, metida y seguida de un punto entre las palabras Juan y Bosch".

El consejo le sirvió para hacer historia. Explicó que Henríquez Ureña entonces era el Superintendente General de Enseñanza; y que todavía la alta dirección de la educación pública dominicana no estaba encabezada por un secretario de Estado. Juan Bosch habló con él en la casa de la calle El Conde donde vivía con su hermano, el doctor Rodolfo Henríquez Laurazón, que había venido de Cuba, donde la única universidad del país, la de La Habana, había sido cerrada por la dictadura de Gerardo Machado. "En esa ocasión, que no era la primera, fui a verlo para llevarle dos cuentos que don Pedro quería mandar a revistas literarias del Continente, una de ellas la bien conocida Repertorio Americano que publicaba en la capital de Costa Rica el cuentista Joaquín García Monge, y los dos cuentos iban firmados por Juan Bosch en vez del "Juan E. Bosch", que había sido el nombre usado por mí hasta ese día.

El profesor recordaba que una semana antes, "el maestro de la lengua que era Pedro Henríquez Ureña me había preguntado, en ocasión en que nos hallábamos en el Café Paliza, de la calle El Conde, qué quería decir esa E que aparecía entre Juan y Bosch. "Es que yo me llamo Juan Emilio", le respondí, y pasé a explicarle que como no me gustaba el último nombre usaba solo su inicial; y en la ocasión en que me aconsejaba, poco después, que no usara más la E me dijo: "Olvídese de esa E, que para lo único que le sirve a usted es para confundir a sus lectores", y a seguidas inquirió: "¿Para qué pone usted una letra sola en medio de un nombre tan sonoro como Juan y su apellido, que se pronuncia sin ningún esfuerzo?". Y remachó lo que estaba diciendo con estas palabras: "En cambio, es muy fácil recordar un nombre de dos sílabas, por ejemplo, Juan Bosch, como era fácil de recordar Mark Twain".

La historia de su vida daría un vuelco. El nombre usado por él hasta ese día murió. Entonces, gracias a Pedro Henríquez Ureña nació otra vez, como hombre, escritor y político; y se llamó, eternamente, Juan Bosch.

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. ¡Juan Bosch siempre!/Euclides Gutiérrez Félix

Hoy conmemoramos y celebramos también el 99 aniversario del nacimiento de Juan Bosch, fundador y líder histórico del Partido de la Liberación Dominicana que hoy tiene bajo su responsabilidad como partido que gobierna la nación, de hacer realidad por encima de todas las circunstancias o inconvenientes que puedan presentarse, el objetivo para el cual fue creado por quien en el transcurso de los años que han transcurrido desde antes de su muerte hasta el presente, ha sido el más grande maestro político de América. Juan Bosch fue también, fundador y máximo dirigente, líder ejemplar e inigualable del PRD, organización política que jugó desde el exilio importante papel desde 1939 en la lucha contra la dictadura de Rafael Trujillo Molina.

Trujillo y Juan Bosch son los dos personajes históricos más importantes que influyeron en la vida de nuestro pueblo en el transcurso del siglo XX. Joaquín Balaguer, que por largo tiempo influyó y desempeño las funciones de presidente de la República, con más autoridad a partir de 1966, es un personaje de gran relevancia de nuestra historia. En el transcurso de los 100 años que transcurrieron entre 1900 y el año 2000, otros dominicanos alcanzaron perfiles extraordinarios, como fue el caso de Máximo Cabral, héroe, mártir y prócer de La Barranquita, que cayó en combate defendiendo la soberanía frente a las tropas invasoras de los Estados Unidos. En el largo período de la dictadura trujillista docenas de hombres y un número reducido de mujeres ofrendaron sus vidas por la libertad.

Los expedicionarios de Junio de 1949 y los de Constanza, Maimón y Estero Hondo de Junio de 1959, estos últimos llamados por sus merecimientos "La Raza Inmortal", son los verdaderos precursores de la democracia que en gloriosa y ejemplar inmolación abrieron el camino hacia la libertad, de la cual goza nuestro pueblo y que con incuestionables dificultades logramos mantener. Los sargentos de la Aviación Militar Dominicana, fusilados en 1959; Patria, María Teresa y Minerva y todos los que antes y después de ellos combatieron la dictadura de Trujillo, son héroes y heroínas, que junto a Manolo Tavárez Justo y los compañeros que participaron en la Insurrección de diciembre de 1963, aportaron con su sacrificio por el bienestar y la salud de la República, una cuota humana, valiente, heroica y sublime, que debe ser recordada con gratitud permanente.

Juan Bosch que jugó tan importante papel como líder y maestro del pueblo dominicano, tuvo siempre presente en el registro de su memoria esa cuota de sacrificios extraordinarios, que en tan breve período de tiempo aportaron dos generaciones de dominicanos, que vino a cerrar con broche de heroísmo patriótico, a partir del 24 de abril de 1965 el ciclo más importante de la historia contemporánea de la República. Y partiendo de la realidad de esos episodios y de esos ejemplos, abandonó Bosch en 1973 las filas del PRD, convencido de que esa fuerza política, que él junto a otros había fundado en 1939, había cumplido su papel histórico convirtiéndose en una empresa política de negocios en la cual la mayoría de sus integrantes solamente buscan ascenso y riqueza.

Juan Bosch comprendió con su extraordinaria sensibilidad que un pueblo valiente, aguerrido y noble como el dominicano, necesitaba una fuerza política organizada sobre la base del estudio, la disciplina y el trabajo; y que una fuerza con esas características debía convertirse en el instrumento de lucha que debe guiar a la nación por el camino correcto, de esperanzas, que con su ejemplo y autoridad cerraría definitivamente el camino malo. Fue Juan Bosch el maestro, "El Viejo", como cariñosa y respetuosamente le llamábamos sus compañeros, subalternos y seguidores, quien actuó en el escenario de América, Europa, Asia y África, como representante de los pueblos del Tercer Mundo, defensor de Cuba, Nicaragua y Vietnam victimas, en aquellos momentos, de las agresiones imperialistas.

Como invitado especial permanente del Tribunal Bertrand Russell, denunció y advirtió al mundo de la aparición en los Estados Unidos, del pentagonismo como fase superior del imperialismo; más de veinte años después Vietnam, Afganistán e Irak, le dan toda la razón a este estratega y visionario, que vivió al servicio de su pueblo y de todos los pueblos. ¡Qué grande fuiste y eres maestro! ¡Eterno e imborrable será tu recuerdo! Siempre ejemplar tu conducta como patriota, escritor y líder, que te han convertido en un símbolo, una bandera de la dignidad nacional y ejemplo que debe ser seguido por las generaciones presentes y futuras de esta América y del mundo. ¡Te fuiste, pero seguirás siendo eternamente el presidente moral de la República Dominicana!

Fuente: Euclides Gutiérrez Félix/El Nacional
7/7/2008

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. La trascendencia de Juan Bosch/Juan Bolívar Díaz

Augurar el advenimiento de una generación que recoja su legado

No tuvo la gloria efímera del poder tradicional dominicano. Tampoco la acarició razón por la cual nunca estuvo dispuesto a ofrendar sus principios y planteamientos programáticos en el altar del pragmatismo para reinar en esta sociedad, porque su vanidad y aristocracia eran otras, la de la estirpe de los rebeldes aferrados a convicciones fruto de la inteligencia, la sensibilidad humana y la razonabilidad.

Juan Bosch Gaviño nació hace un siglo para la trascendencia del insigne sembrador, no para formar parte del abultado número de los que transitan por la infinita levedad del poder individual construido a base de concesiones a la mediocridad, al clientelismo, el rentismo, a la repartición patrimonialista y a la dominación económica, política y cultural. Por todo eso, desde antes de su desaparición física hace ocho años, ya el profesor Bosch había inscrito su nombre en la tabla de los líderes más insignes y queridos de la historia nacional, desde Juan Pablo Duarte, a Gregorio Luperón, desde Ulises Espaillat a Francisco Caamaño, Manolo Tavárez y Francisco Peña Gómez. Todos ellos están unidos por la circunstancia de no haberse doblegado y mantener fidelidad a los valores que en sus respectivas circunstancias representaron.

Entre los múltiples orgullos de Bosch, de carácter social, estaba el haberse mantenido erguido y firme en un territorio colocado en la ruta no sólo de los huracanes sino también de imperios, de piratas y filibusteros, y en un tiempo marcado por guerras frías y calientes generadoras de tiranos y por intervenciones políticas y militares sin límites.

Ser humano de exquisita sensibilidad, desde temprana edad mostró su vocación por las letras, dejando una amplia bibliografía de primera categoría y trascendencia internacional tanto en el relato como en la historiografía y la interpretación social. Juan Bosch es símbolo y estandarte de las cuatro décadas que siguieron a la decapitación de la tiranía de Trujillo, contra la que luchó desde el exilio durante un cuarto de siglo. Maestro de la generación de los sesenta que recibió de él los cimientos de la libertad y la democracia, del compromiso social, de la ética y la moral, tanto en la función pública como en la vida personal.

Sembrador de sueños, llegó al poder en 1963 predicando la justicia social y auspició la Constitución más avanzada de nuestra historia. Por su terco aferramiento a los valores éticos y morales y por ser coherente con los planteamientos programáticos que ofertó a la sociedad dominicana, fue desplazado rápidamente del gobierno. Aunque su liderazgo fue ratificado y ampliado con la revolución constitucionalista de 1965 que quiso lavar el golpe de Estado de 1963, nunca pudo volver a gobernar, pues se negó sistemáticamente a las concesiones y transfiguraciones que los poderes tradicionales le exigían.

Juan Bosch tuvo las capacidades y fuerzas de voluntad para ser fundador y arquitecto de dos de los partidos más trascendentes de la historia nacional, especialmente del último, que quiso esculpir a su imaginación perfeccionista, pero tropezando una y otra vez con los vicios de la pequeña burguesía, trepadora y ambiciosa que él diagnosticó en sus estudios y ensayos sociales.

Más allá de los discursos que abundan en estos días de celebración del centenario del nacimiento del profesor Bosch, la insatisfacción con la gestión de sus herederos es bastante relevante. Ninguno de sus dos criaturas políticas ha hecho honor a sus principios y proyectos programáticos y más bien se han dedicado a reproducir las prácticas de dominación política, cultural y económica que él denunció y combatió. Esta sociedad tiene una deuda con la memoria de don Juan Bosch Gaviño. Hay que augurar el pronto advenimiento de una nueva generación de políticos que recoja su legado y la traduzca en erradicación de la corrupción, descomposición y anomia social que carcomen el alma de la sociedad dominicana.

Fuente: Juan Bolívar Díaz/www.hoy.com.do
27 Junio 2009

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. Biblioteca de Puerto Rico llevará el nombre de Juan Bosch

El alcalde de San Juan, Capital de Puerto Rico, anunció hoy que la biblioteca Carnegie, la más importante de la isla, llevará el nombre del ex –presidente y fundador del Partido de la Liberación Dominicana (PLD), profesor Juan Bosch.

El anuncio del alcalde Jorge Santini Padilla fue hecho en una ofrenda floral en la Plaza de los Héroes -en la Avenida Ponce de León-, el 27 de febrero, con motivo del 166 aniversario de la Independencia dominicana.

Santini Padilla dijo que fue en la Biblioteca Carnegie donde el profesor Juan Bosch hizo la recopilación de los originales de Eugenio María de Hostos, sobre quien escribió importantes obras, entre ellas Hostos, el Sembrador y Mujeres en la vida de Hostos.

"Si mi vida llegara a ser tan importante que se justificara algún día escribir sobre ella, habría que empezar diciendo: nació en la Vega, República Dominicana, el 30 de junio de 1909, y volvió a nacer en San Juan de Puerto Rico a principios de 1938, cuando la lectura de los originales de Eugenio María de Hostos le permitió conocer qué fuerzas mueven, y cómo la mueven, el alma de un hombre consagrado al servicio de los demás", diría Juan Bosch, después de la lectura de las obras de Hostos.

“Lo menos que podemos hacer, en reconocimiento a ese ilustre y siempre recordado hombre de la historia, es ponerle su nombre a la Biblioteca Carnegie”, dijo Santini Padilla, llenando de jubilo a los dominicanos que participaron en la ofrenda floral.

Expresó que la biblioteca será objeto de una total remodelación, para convertirla en la más moderna e importante de Puerto Rico, en honor, no solamente de Eugenio María de Hostos sino, del profesor Juan Bosch, cuyo nombre le será colocado.

“Una vez reconstruida, la llave de esa importante Biblioteca la tendrá el profesor Juan Bosch”, expreso el alcalde de San Juan.

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. UNESCO aprueba la creación del "Premio Juan Bosch a la Investigación en Ciencias Sociales"

El 27 de abril 2009, la 181º Sesión del Consejo Ejecutivo de la UNESCO aprobó la creación del “Premio Juan Bosch para la Promoción de la Investigación en Ciencias Sociales en América Latina y el Caribe”, propuesto por iniciativa de la delegación de la República Dominicana y aprobado con el apoyo de todos los países de América Latina y el Caribe (GRULAC), muy particularmente por Cuba, Venezuela y Costa Rica, donde el Profesor Juan Bosch vivió exiliado y que históricamente han estado ligados a la experiencia democrática dominicana.

Este premio recompensará cada dos años la mejor tesis de investigación en Ciencias Sociales que contribuya de manera excepcional a mejorar el conocimiento y la comprensión sobre las problemáticas cruciales de la sociedad contemporánea, y a reforzar el aporte de las Ciencias Sociales en la búsqueda de soluciones a los problemas actuales. De esta forma, constituirá una motivación a la juventud de la región y favorecerá el intercambio intelectual y el diálogo entre América Latina y el Caribe.

La Embajadora de la República Dominicana ante la UNESCO resaltó la vida ejemplar del profesor Juan Bosch, quien mediante su obra sociopolítica realizó aportes valiosos al estudio de los procesos sociales y políticos de la República Dominicana y de la Región de América Latina y del Caribe.

Igualmente resaltó el relevante aporte a las letras y la conducta patriótica, cívica, honesta, valiente y militante, como gobernante y líder, que avalan al profesor Juan Bosch como símbolo de la dignidad, siendo un gran orgullo para nuestros pueblos y un ejemplo a seguir para las generaciones presentes y futuras.

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. ¿Bosch no sabía?/Manolo Pichardo

Alberto Despradel Cabral recopiló 18 cartas que le enviara Juan Bosch a José Francisco Peña Gómez entre el 1970 y 1972. Mi amiga y colega Peggy Cabral me regaló un ejemplar, y el mismo día, tras leer el índice y la presentación, interné mis ojos entre sus líneas poniendo más interés en algunas páginas amarillas, destacadas a propósito por ser copias fieles escritas a máquina y a mano. Me concentré con una manuscrita fechada en Santo Domingo el día 20 de noviembre de 1970, y en ella, además de redescubrir, por su sencillez y apego al ejercicio de la solidaridad, las condiciones excepcionales del fundador de las dos organizaciones más grandes del país, encontré respuesta a una pregunta que me he venido haciendo desde principios de los años 80.

Pues resulta que un día que no puedo precisar, estando yo de servicio en la casa del profesor Juan Bosch, en la César Nicolás Penson, se me ocurre preguntarle al desmontarse del vehículo en que llegó junto a Juan Pichardo, su chofer: “Si Carlos Marx dice que la lucha de clases es el motor de la historia y afirma que luego del socialismo se construirá el comunismo donde no habrá clases sociales, ¿cuál será entonces el motor de la historia?".

Sus ojos azules y bruñidos armonizaron con una leve sonrisa que sirvió de antesala para bromear: "¡Juan, no sabía que en tu familia había intelectuales!". Juan Pichardo, El Primo, como le digo, rió a carcajadas. Acto seguido el líder morado me pidió que le acompañara y me llevó a su biblioteca; allí me mostró los tomos de Obras Escogidas de Carlos Marx y Federico Engels y me dijo que estaban a mi disposición e instruyó a Mildred Guzmán para que me permitiera entrar a consultar los libros cuando yo lo requiriera.

Me dejó solo y como un niño con un juguete nuevo, y sin leer nada comencé a hojear los tomos y a descubrir las notas a mano que tapizaban las páginas; a leerlas para saber qué cosas escribía mi líder. Pero al abandonar aquel pequeño cuarto lleno de libros y algunos cuadros sencillos con las caras de los hombres que debí consultar, comencé a preguntarme por qué don Juan no me respondió y me puso a hundirme en sus libros. Con el tiempo pensé que no tenía la respuesta.

Tras leer la carta a que me referí al principio comprendí porqué don Juan me lanzó en brazos de aquellos libros, pues en el penúltimo párrafo le dice a Peña: “Es absolutamente indispensable que además de las materias de tu especialidad dediques siquiera una hora diaria, 'truene, llueva o ventée', a fortalecerte ideológicamente, pero no leyendo todo lo que te caiga cerca, sino de manera metódica. Tienes que estudiar cuidadosamente a Marx y a Engels y buscarte cualquier material complementario en el orden histórico y en el sociológico que te ayuden a comprender a sus autores. No leas por ahora intérpretes de ellos dos. LIMÍTATE A LEER DE LA FUENTE NATURAL (Mayúsculas mías)”. Aquí está la respuesta.

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. Las últimas declaraciones de Juan Bosch.../Santiago Estrella Veloz

Estaba pescando de lo más tranquilo en la presa de Hatillo y eran aproximadamente las cinco de la tarde. Caía el sol y a lo lejos solo se escuchaban los ladridos de algunos perros. En vano trataba de pescar alguna trucha con anzuelos de plástico, cuando de repente se me apareció. Estaba vestido de blanco y lucía una corbata azul, como sus ojos, siempre penetrantes, inquisidores, como si quisieran escrutar los pensamientos de uno.

Sorprendido y confuso, me levanté del sitio donde estaba a orillas del lago y le di la bienvenida.

-¡Esta sí que es una sorpresa, don Juan!, ¿usted por aquí? Creía que había muerto.

-Hola, Estrella Veloz, me da mucho placer verte de nuevo. No, no he muerto. Como decía mi amigo Joaquín (Balaguer) citando a otro, "nada se pierde, todo se transforma".

-Don Juan, en vista de que algunos jóvenes no saben el origen de su familia, díganos algo sobre eso.

-Mi madre nació en Puerto Rico, hija de un gallego, Juan Gaviño, y de una puertorriqueña a quien no conocí porque había muerto antes de mi nacimiento. Mi mamá vino al país niña, pero conservó siempre su ciudadanía española. Mi abuelo había llegado al país desde Puerto Rico a trabajar como jefe de campo en un ingenio que tenía el nombre de Puerto Rico y se fue al Cibao antes de la muerte de Lilís. Lo digo porque mamá recordaba que cuando mataron a Lilís la familia vivía en Río Verde. Papá y mamá se conocieron en La Vega. Para 1905 papá había dejado la albañilería porque su nombre (Bosch, José) aparece entre los comerciantes de La Vega en la página 297 del Directorio y Guía General de la República Dominicana de Enrique Deschamps que se publicó en España en 1906. Un año después, en noviembre de 1907, el día 30, nació mi hermano Pepito, que fue el mayor. Yo fui el segundo.

-¿Su papá, su mamá y sus hermanos fueron su única familia?

- No. Tuve dos tías, hermanas de mamá, Rosa y Juanita. De la primera son hijos Rafael Gastón y Genoveva, que vive en Bonao, casada con Arturo Pérez; y de tía Juanita lo son los hermanos Calventi: Arturo, Vinicio, Rafael, Argentina y Gladys. De mis hermanos viven tres hermanas: Angelita, Josefina y Ana. De la primera tengo tres sobrinos: Virgilio, Milagros y Fernando Ortiz, y de la segunda dos: Osvaldo y José Oscar. Ana no tiene hijos.

-¿Cómo usted se convierte en escritor?

-Yo no quise ser escritor. Mi vocación era la escultura y la pintura, pero más la primera. Sin embargo, me gustaba leer y leía de todo, ahora, yo compraba mucho los llamados Cuentos de Calleja, que eran unos cuentos ilustrados para niños que publicaba en España una editorial de nombre Calleja. Tal vez eso influyó para que al fin me dedicara a escribir cuentos, pero no puedo asegurarlo, lo que sí recuerdo es que cuando tenía unos ocho años, hacia un periodiquito llamado El Infante que yo mismo escribía a maquinilla y lo vendía en la escuela, y recuerdo también que hice un libro de cuentos, también escrito a maquinilla e ilustrado con dibujos míos y encuadernado por mí, porque en la escuela nos enseñaban oficios, y yo escogí dos: la talla en madera y la encuadernación. Ese librito se quemó cuando se quemó la biblioteca de Federico García Godoy, a quien papá se lo había llevado mucho tiempo antes de que ocurriera ese incendio.

-Don Juan, muchas personas, principalmente los de las nuevas generaciones, desconocen cómo fue que se produjo el golpe de Estado que derrocó su gobierno democrático de siete meses, el 25 de septiembre de 1963. Cuéntenos algo sobre eso.

-El gobierno de Kennedy había organizado en territorio dominicano, sin que yo lo supiera, campamentos guerrilleros haitianos anti-duvalieristas que venían desde la base Ramey, que es una base militar situada en Puerto Rico, y desde ahí traían también las armas, y hombres y armas venían por vía aérea. Los campamentos fueron desmantelados cuando me entere de su existencia, sin que tuviera la menor idea de que quien los había organizado era el gobierno de los Estados Unidos; y no podía imaginármelo porque nunca antes había sucedido nada parecido en la historia de la humanidad. Lo que hizo Kennedy en esa ocasión fue una acción completamente mafiosa, propia del hampa, no de un gobierno que tenga el menor respeto por las normas del Derecho Internacional. Al saber que había campamentos haitianos cerca de la Capital ordené a los jefes militares su disolución, pero la Misión Militar norteamericana, estoy seguro de que con conocimiento del Embajador Martin, porque cosas así no se pueden hacer sin que el embajador lo sepa, reorganizó esos campamentos cerca de la frontera en la Línea Noroeste, y desde ahí salían los guerrilleros haitianos a atacar a Haití, y el embajador Martin me hacía creer que estaban saliendo de Venezuela. Pero el 23 o el 24 de septiembre de ese año 1963 vi, leyendo El Caribe, la fotografía del jefe de esos guerrilleros que llegaba al aeropuerto de las Américas muy vestido; entonces entré en sospechas y le pedí al ministro de Relaciones Exteriores que le pidiera a la OEA el envío de una comisión para investigar de dónde estaban saliendo los haitianos que entraban a cada rato en Haití en son de guerrilleros. Cuando le dije eso, estaba presente el ministro de las Fuerzas Armadas, y como es natural, cinco minutos después la Misión Militar yanqui estaba enterada de mi orden, y en el acto los jefes de esa misión dieron orden de tumbar al gobierno antes de que el mundo se enterara de lo que había hecho John F. Kennedy en la República Dominicana.

-Usted fue uno de los principales fundadores del PRD y luego del PLD. La historia sobre su salida del PRD es conocida, porque usted mismo dijo que en ese partido había dirigentes que solo luchaban por asuntos personales, no por el bien del pueblo. Sin embargo, ahora que gobierna el PLD, creo útil recordarle que en 1977, en un artículo suyo titulado El Partido, Concepción, Organización y Desarrollo, usted dijo lo siguiente: "Los dominicanos saben muy bien que si tomamos el poder, no habrá peledeísta que se haga rico con los fondos públicos; no habrá un peledeísta que abuse de su autoridad en perjuicio de un dominicano: no habrá un peledeísta que le oculte al pueblo un hecho incorrecto, sucio o inmoral". Pero sucede, don Juan, que ahora mismo hay numerosos funcionarios del gobierno del PLD que no podrían explicar claramente el origen de sus fortunas. ¿Qué puede usted comentar al respecto?

-Sencillamente, Estrella Veloz, me han defraudado. Cada vez que me entero de esas cosas bochornosas, el polvo en que se han convertido mis huesos se revuelve. No soy rencoroso, pero estoy profundamente enojado por eso.

La verdad es que don Juan lucía sumamente irritado. En ese momento, el campesino dueño de la silla nos trajo sendas tazas de café, que don Juan y yo deleitamos con fruición. Don Juan, tras darle las gracias al campesino, me dijo:

-¿Te das cuenta, Estrella Veloz? Nuestros campesinos son agradecidos, pero los han tratado tan mal que ahora mismo cualquiera se rebela contra tanta inequidad.

Don Juan se levantó de la silla y, dándome un abrazo, me dijo:

-Estrella Veloz, tengo que marcharme, pues en el sitio donde estoy no nos dan permiso por mucho tiempo para visitar a los amigos. Salúdame a tu familia. Siempre los recuerdo con mucho cariño.

-Un momentito, don Juan, ¿se ha entrevistado usted, en el sitio ignoto donde está, con el doctor Joaquín Balaguer?

-¡Como no! ¡Y hasta con Peña Gómez, y los tres nos hemos perdonados recíprocamente porque la política terrenal nos dividió. Pero, donde estamos, no podemos hablar de política. Cuando lo intentamos, nos quedamos mudos. Gracias de nuevo, Estrella Veloz, y recuerda siempre lo que te dije el 25 de septiembre de 1965, en la calle Castelar número 7, que no se debe decir "el discutido político", porque ese es un pleonasmo. Todo político es discutido.

-Gracias, don Juan, siempre recuerdo eso. Pero dígame aunque sea un fragmento de su ideario.

-Eso es fácil. Ni vivos ni muertos, ni en el poder ni en la calle se logrará de nosotros que cambiemos nuestra conducta. Nos hemos opuesto y nos opondremos siempre a los privilegios, al robo, a la persecución, a la tortura.

Creemos en la libertad, en la dignidad y en el derecho del pueblo dominicano a vivir y a desarrollar su democracia con libertades humanas pero también con justicia social.

A Juan Bosch la gente común le recordará como un gran ciudadano, ex presidente constitucional de la República, escritor de fama internacional y fundador de dos partidos políticos, pero además por sus aportes democráticos afianzados en el deseo de un mejor destino para los dominicanos. Sin embargo, el otro Juan Bosch, el simple ser humano, no el político, tuvo otra cara: la cara de la ternura, que siempre reflejó en muchos de sus cuentos y en la intimidad familiar. Era un hombre apegado a su familia, que le contaba cuentos para dormir a su hijo Patricio, quien nació en La Habana el 20 de junio de 1946, fruto del matrimonio con doña Carmen Quidiello. Patricio le recuerda como un buen padre, que velaba por su sueño y se mantenía en vigilia cuando alguno de sus hijos enfermaba.

Uno de los cuentos que Bosch relataba a Patricio, para que se durmiera, se convirtió después en Cuento de Navidad, tan bello o quizás más que el de Dickens, y ambos traducidos a numerosos idiomas. Su hija Carolina, fruto del primer matrimonio de Bosch con Isabel García Aguiar, solía llevarle sus dos hijos al Palacio Nacional, cuando era Presidente de la República en 1963. Esto ocurría invariablemente los jueves, aunque no trascendía a la prensa. Bosch permanecía unos veinte minutos o media hora jugando con sus nietos, a los cuales también contaba cuentos.

Hoy día, quienes creemos en la decencia y en la honestidad, recordamos con entrañable cariño a ese dominicano que se llamó Juan Bosch.

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"¿Qué pasaría en Nicaragua si no hubiesen asesinado a Augusto César Sandino (...)?, ¿qué pasaría en República Dominicana si no hubieran derrocado a don Juan Bosch (...)?, ¿qué estaría pasando en Chile si no hubieran asesinado al compañero Salvador Allende (...)?; ¿qué pasaría en Colombia si no hubiesen asesinado a Jorge Eliécer Gaitán (...)?, ¿qué pasaría si nos hubiesen dejado ser libres de verdad?... Seguramente otra seria la historia de nuestra América".

Comandante Hugo Chávez
Presidente de la República Bolivariana de Venezuela
18 de noviembre de 2005

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(...) Nosotros luchamos porque hubiera elecciones libres en Nicaragua... El pueblo nicaragüense se vino desesperanzando... Hubo un momento (en, nh) que yo comprendí que teníamos que cambiar de rumbo y entonces me hice un periplo por la América Latina... En todas partes recibí una contestación negativa... El único que contestó afirmativo fue el presidente Juan Bosch de República Dominicana. Fue en la toma de posesión cuando me dijo que con el mayor de los gustos me apoyaba (27 de febrero de 1963, nh). Dijo además que no sólo armas me iba a dar, sino gente... (A los siete meses menos dos días de esa histórica conversación Juan Bosch fue derrocado por un golpe de Estado -25 de septiembre de 1963-, nh).

Fernando Agüero Rocha
Otrora líder máximo del Partido Conservador
De "El Nuevo Diario", Nicaragua.
7 de enero de 2001

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(...) La reivindicación que Jorge Luis Borges hace de Judas (Iscariote, nh) en uno de sus relatos coincide enteramente con la tesis del escritor dominicano Juan Bosch, quien en su libro de 1955 "Judas Iscariote el calumniado", revisa la tradición evangélica sobre el personaje, presentándolo como víctima de una interpretación errónea de los hechos... A la Iglesia le corresponde redargüirse, como lo ha hecho en otras ocasiones, reconociendo el sentido dogmático del acto fiel sine qua non del discípulo vil y marginado por oscuras interpretaciones...

Henry Wheelock
De "El Nuevo Diario", Nicaragua
8 de Abril de 2009

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