Socialismo bajo asedio: guerra económica, bloqueo y construcción del fracaso. Cuando el verdugo acusa al muerto de incompetente...
|
El “fracaso” del socialismo: una mentira fabricada a base de bloqueos, guerras y cinismo histórico
Desde el triunfo de la Revolución Bolchevique en octubre de 1917 hasta hoy —28 de enero de 2026—, Inglaterra y Estados Unidos no han dejado de combatir el socialismo de manera sistemática, organizada y global. No se trata de un desacuerdo doctrinal ni de una competencia económica "limpia" entre modelos, sino de una guerra política, militar y financiera permanente contra cualquier intento de organización social que desafíe la hegemonía del capital occidental. La hostilidad comenzó de inmediato. Entre 1918 y 1921, catorce potencias extranjeras —entre ellas Estados Unidos, Reino Unido, Francia y Japón— intervinieron militarmente en la Guerra Civil rusa para aplastar al naciente Estado soviético. La Unión Soviética fue cercada diplomática y económicamente desde su origen y, tras la Segunda Guerra Mundial, sometida a una carrera armamentística diseñada explícitamente para desgastarla (Doctrina Truman, 1947; creación de la OTAN, 1949).
Durante todo el siglo XX, el patrón se repitió sin variaciones sustanciales: sabotaje económico, golpes de Estado, guerras por delegación, terrorismo encubierto y propaganda masiva. Basta recordar algunos casos: Irán (1953)/derrocamiento de Mohammad Mossadegh por la CIA y el MI6 (Operación Ajax) tras la nacionalización del petróleo; Guatemala (1954)/golpe contra Jacobo Árbenz por intentar una reforma agraria que afectaba a la United Fruit Company; Chile (1973)/desestabilización económica deliberada y golpe militar contra Salvador Allende, reconocido incluso por documentos desclasificados estadounidenses; Indonesia (1965)/exterminio de entre 500 mil y un millón de comunistas con apoyo occidental; Nicaragua (años 80)/guerra de los "contras" financiada por EE. UU., condenada por la Corte Internacional de Justicia en 1986. Estos no son "excesos" aislados: son política de Estado.
Guía para arruinar un país y culpar a su sistema
A la guerra abierta se sumó, con el tiempo, un arma igual de letal: el bloqueo económico. El caso de Cuba es paradigmático. Desde 1960, y formalizado en 1962, la isla ha estado sometida al embargo más largo de la historia moderna. Las leyes Torricelli (1992) y Helms-Burton (1996) extendieron su alcance de forma extraterritorial, penalizando incluso a empresas de terceros países. El propio Departamento de Estado reconoció en un memorando de 1960 que el objetivo era "provocar hambre, desesperación y el derrocamiento del gobierno". Y aun así, Cuba alcanzó indicadores sociales —esperanza de vida, mortalidad infantil, alfabetización— comparables o superiores a muchos países capitalistas. Lo mismo ocurre con Venezuela, sometida desde 2015 a un régimen de sanciones que se intensificó brutalmente a partir de 2017, afectando importaciones de alimentos, medicamentos y repuestos industriales. Estudios de economistas como Jeffrey Sachs estimaron decenas de miles de muertes atribuibles directamente a estas sanciones. En el relato dominante, la catástrofe no tiene responsables externos: es, por arte magia, "el fracaso del socialismo".
Confrontación histórica: obreros con una pancarta roja que proclama el socialismo, mientras aristocráticos británicos y estadounidenses se interponen con armas. El imperialismo anglosajón haciendo lo que sabe: obstaculizar con violencia el cambio social...La analogía es tan simple como incómoda: si cerco militarmente la casa de mi vecino, le prohíbo comprar alimentos, medicinas, tecnología, combustible y acceso bancario; si persigo a cualquiera que intente comerciar con él, ¿qué espero que ocurra? ¿Prosperidad? ¿Innovación? No. Espero su colapso. Y cuando ocurre, señalo el resultado como prueba de mi consideración. Es exactamente lo que ha hecho el imperialismo durante más de un siglo. Sin embargo, hay dos casos que destruyen por completo el relato: China y Vietnam. China, tras la revolución de 1949, heredó un país devastado por un siglo de colonialismo, guerras civiles e invasiones extranjeras. Aun así, bajo un modelo socialista —con reformas internas pero sin abandonar el control estratégico del Estado— logró sacar a más de 800 millones de personas de la pobreza (Banco Mundial), industrializarse y convertirse en la más importante economía mundial. Vietnam, tras décadas de guerra contra Francia y Estados Unidos, siguió un camino similar desde las reformas del Đổi Mới en 1986 (transformación del país de una economía centralizada a una de mercado con orientación socialista).
¿Fracaso del socialismo o éxito del sabotaje imperial?
Estos casos no son errores estadísticos: son problemas políticos para los eternos imperialistas; por eso se los presenta como "no verdaderamente socialistas". El verdadero pecado del socialismo no es económico; es moral y político. Es demostrar que una sociedad puede priorizar la salud, la educación, el empleo y la soberanía nacional por encima de la acumulación privada ilimitada. Es mostrar que el Estado puede planificar estratégicamente sin colapsar. Es probar que la pobreza no es una ley natural, sino una consecuencia de decisiones políticas. Por eso las potencias capitalistas invierten fortunas obscenas en sabotear cualquier alternativa. No porque el socialismo fracase, sino porque amenaza. Amenaza la idea de que no hay alternativa al capitalismo. Amenaza el monopolio del poder global. Amenaza el derecho autoproclamado de unos pocos países a decidir el destino de todos.
El mayor triunfo del capitalismo no ha sido generar bienestar universal —algo que los datos desmienten— sino convencer a los pueblos de que cualquier intento de cambio está condenado al desastre, mismo que se asegura de provocar con bloqueos, bombas y sanciones. La próxima vez que alguien repita que "el socialismo no funciona", convendría responderle con una pregunta básica: ¿no funciona… o nunca lo han dejado funcionar? Porque si para "demostrar" que un sistema fracasa se necesitan más de cien años de guerras, sanciones, golpes de Estado y asfixia económica, tal vez el problema no sea el sistema. Tal vez el problema sea que, incluso bajo ataque, funciona lo bastante bien como para aterrorizar a quienes siempre han vivido del saqueo. Que los pueblos vivan sin amos es el crimen que el imperialismo jamás perdonará.
San Pedro de Macorís, República Dominicana
28 de enero de 2026

