El imperio como enfermedad moral...
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Europa no conquistó el mundo por error. Lo hizo con método, doctrina y plena convicción: la de su superioridad esencial. El colonialismo no fue una desviación del proyecto europeo, sino una de sus formas más coherentes. Allí donde llegaban sus barcos, llegaban también la jerarquía racial, el saqueo sistemático y la violencia cuidadosamente justificada. Todo envuelto en un lenguaje impecable: misión, progreso, civilización. África fue convertida en cantera humana; Asia, en tablero comercial; América, en botín. Tras millones de muertos, Europa decidió que el problema no había sido el crimen, sino el recuerdo. Desde entonces, administra la memoria como administra la moral: seleccionando. Recuerda Auschwitz —con razón—, pero olvida el Congo. Conmemora el Holocausto, pero archiva la trata atlántica como un episodio incómodo, aborrecible y criminal. Condena la violencia siempre que ocurra lejos y la ejerzan otros.
El verdadero prodigio europeo no fue la Ilustración, sino la capacidad de presentarla como universal mientras se la negaba a la mayor parte de la humanidad. Los derechos humanos nacieron con cláusulas invisibles: aplicables al hombre europeo, blanco y propietario. El resto debía esperar. O morir. O agradecer. Estados Unidos heredó ese mundo no como discípulo, sino como legatario. Tomó el relevo del imperio cuando Europa quedó exhausta, pero no lo hizo con humildad, sustentado en valores; donde el colonialismo europeo fue directo y brutal, el imperialismo yanqui es cínico y mediático. Sustituyó la cruz por la bandera, el rey por el mercado y la misión "civilizadora" por la "defensa de la democracia". El contenido permaneció intacto; solo cambió el decorado. [Ver "Las tres epidemias que han azotado a la humanidad"].
"Soy el presidente de Venezuela y me considero un prisionero de guerra. Fui capturado en mi casa en Caracas" - Nicolás Maduro...
Durante décadas, Washington logró presentar su violencia como orden y su caos como libertad. Pero todo imperio, al envejecer, empieza a creer su propia propaganda, a creer sus propias mentiras. Ahí comienza la decadencia. La potencia que se proclamaba indispensable terminó siendo previsible; la que hablaba de valores universales los suspendió porque ahora estorban; la que decía liderar el mundo acabó reaccionando a él con demencia. Donald Trump no es una anomalía; es resultado, confesión. El imperio dejó de fingir modales, normas y valores, y está mostrando, al ver la decadencia de frente, su verdadero núcleo: la fuerza bruta. "America First" no es una doctrina, sino una manifestación imperial, por eso Estados Unidos amenaza, invade, bombardea, destruye, saquea... Secuestra jefes de Estado si no se le obedece y se le proporciona lo que no le pertenece. [Ver "Completo - Estados Unidos y su moral en bikini. Una nación que desde sus inicios se formó bajo la mendacidad y la expoliación..." y "Completo - Cómo se convirtieron en tiranos, una serie documental de Netflix que retrata de cuerpo entero al tirano mayor..."].
Europa contempla este espectáculo con cuidadosa indignación, como si no reconociera al monstruo que ayudó a crear. Critica el estilo, jamás la sustancia. Condena el tono, nunca el método. Le escandaliza la vulgaridad del imperio en declive porque desnuda la mentira que compartió durante siglos. El problema no es que Occidente haya sido violento; eso es históricamente trivial. El problema es que haya construido una arquitectura moral para convencerse de que su violencia era distinta: necesaria, racional, incluso benévola, y que, aún hoy, frente a un mundo que ya no cree, siga exigiendo respeto por una autoridad moral que se devoró a sí misma.
El imperialismo no está muriendo porque sea injusto, sino porque ya no logra sostener su ficción. Europa y su heredero americano no enfrentan una crisis de poder, sino algo más corrosivo: una crisis de credibilidad. El mundo no se está distanciando de Occidente por resentimiento; lo hace por agotamiento, porque después de siglos de esclavitud, intervenciones, destrucciones, saqueos y cadáveres, ya nadie acepta al verdugo como maestro.
Ing. Nemen Hazim Bassa
Santo Domingo, República Dominicana
9 de enero de 2026

