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La democracia que se vende y la violencia que se oculta...

Estados Unidos suele presentarse ante el mundo como el modelo acabado de democracia: una nación sin dictadores, sin golpes de Estado y con instituciones supuestamente intachables. Ese relato, repetido hasta el cansancio, funciona más como propaganda que como descripción fiel de la realidad histórica y política del país...

Estados Unidos se presenta como una democracia ejemplar, pero su historia y su realidad revelan una violencia política estructural. Los asesinatos de presidentes y el libre acceso a las armas sustituyen los golpes de Estado tradicionales. Mientras acusa a otros países de dictaduras, ejerce una forma de poder autoritaria abierta e hipócrita...

Violencia, la cara oculta de una democracia putrefacta

Estados Unidos suele presentarse ante el mundo como el modelo acabado de democracia: una nación sin dictadores, sin golpes de Estado y con instituciones supuestamente intachables. Ese relato, repetido hasta el cansancio, funciona más como propaganda que como descripción fiel de la realidad histórica y política del país.

Los golpes de Estado, sin embargo, han existido allí de otra manera. No se ejecutan con tanques en las calles, sino eliminando físicamente a presidentes incómodos. Abraham Lincoln, James A. Garfield, William McKinley y John F. Kennedy fueron asesinados mientras ejercían el cargo, episodios que revelan una violencia estructural profundamente normalizada.

Asesinato, modalidad yanqui de golpes de Estado

La herramienta principal de esa violencia es el acceso irrestricto a las armas. Estas se venden en las calles como si fueran chicles, y no se prohíben precisamente porque cumplen una función política: están disponibles para cualquier "tirador solitario", convenientemente desprovisto de contexto o de conspiración. Así, las balas sustituyen a los golpes de Estado clásicos.

Estados Unidos ha asesinado, además, con las mismas armas que proliferan sin ningún control, a personajes de suma relevancia dentro de su quehacer político y social, como Martin Luther King Jr. y Robert Kennedy; persiguió y encarceló a Muhammad Ali por negarse a participar en una guerra injusta, y eliminó a otras figuras emblemáticas como Malcolm X, Fred Hampton y Medgar Evers. Estos crímenes y persecuciones evidencian un patrón de violencia sistemática contra quienes desafían el orden político, racial y económico establecido.

En una sociedad como la estadounidense, caracterizada históricamente por la circulación de armas de fuego (vendidas sin ningún impedimento), la violencia política ha encontrado en ellas un instrumento recurrente para dirimir conflictos de poder. Andrew Jackson se convirtió en el primer presidente de Estados Unidos en sufrir un intento de asesinato; el mismo fracasó debido a que ambas armas empuñadas por el magnicida fallaron al momento de disparar. Ronald Reagan constituye el único caso de un presidente estadounidense en ejercicio que ha resultado herido en un intento de asesinato y logró sobrevivir. Asimismo, dos expresidentes, Theodore Roosevelt y Donald Trump, también fueron heridos durante ataques perpetrados contra sus personas.

Dictadura bajo el "modo de vida americano"

Cuando se habla de dictaduras, la narrativa oficial apunta siempre hacia afuera. Sin embargo, la pregunta es inevitable: ¿existe hoy una democracia real en Estados Unidos? La respuesta es negativa. Lo que vive el pueblo norteamericano se parece más a una dictadura abierta, pública y efectiva, sostenida por el poder económico y militar. En contraste, se acusa de "dictadura" a países como Venezuela y se demoniza a sus dirigentes. Nicolás Maduro, presentado despectivamente como "chofer de guagua", posee más preparación y determinación que la mayoría de los mandatarios del mundo. Eso es, precisamente, lo que no le perdona una aberrante derecha que convierte la hipocresía en política internacional.

Ing. Nemen Hazim Bassa
Santo Domingo, República Dominicana
18 de enero de 2026

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