La democracia que se vende y la violencia que se oculta...
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Violencia, la cara oculta de una democracia putrefacta
Estados Unidos suele presentarse ante el mundo como el modelo acabado de democracia: una nación sin dictadores, sin golpes de Estado y con instituciones supuestamente intachables. Ese relato, repetido hasta el cansancio, funciona más como propaganda que como descripción fiel de la realidad histórica y política del país.
Los golpes de Estado, sin embargo, han existido allí de otra manera. No se ejecutan con tanques en las calles, sino eliminando físicamente a presidentes incómodos. Abraham Lincoln, James A. Garfield, William McKinley y John F. Kennedy fueron asesinados mientras ejercían el cargo, episodios que revelan una violencia estructural profundamente normalizada.
Asesinato, modalidad yanqui de golpes de Estado
La herramienta principal de esa violencia es el acceso irrestricto a las armas. Estas se venden en las calles como si fueran chicles, y no se prohíben precisamente porque cumplen una función política: están disponibles para cualquier "tirador solitario", convenientemente desprovisto de contexto o de conspiración. Así, las balas sustituyen a los golpes de Estado clásicos.
Dictadura bajo el "modo de vida americano"
Cuando se habla de dictaduras, la narrativa oficial apunta siempre hacia afuera. Sin embargo, la pregunta es inevitable: ¿existe hoy una democracia real en Estados Unidos? La respuesta es negativa. Lo que vive el pueblo norteamericano se parece más a una dictadura abierta, pública y efectiva, sostenida por el poder económico y militar.
En contraste, se acusa de "dictadura" a países como Venezuela y se demoniza a sus dirigentes. Nicolás Maduro, presentado despectivamente como "chofer de guagua", posee más preparación y determinación que la mayoría de los mandatarios del mundo. Eso es, precisamente, lo que no le perdona una aberrante derecha que convierte la hipocresía en política internacional.
Santo Domingo, República Dominicana
18 de enero de 2026
