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La derecha frente al espejo de su mediocridad...

El derechista no respeta amistad ni vínculos familiares; en cualquier ámbito que la vida le ofrece, sólo persigue la ventaja personal. Las redes sociales han servido a la derecha como espacio privilegiado —por su propensión a la chabacanería, la rastrería y la ordinariez—; han sido el escenario donde estos sujetos muestran su incapacidad de escribir o articular un párrafo con sentido crítico e intelectual (algo lógico, dado que la irracionalidad lo impide)...

La izquierda de la Revolución Francesa fue liderada por los jacobinos, grupo político radical que defendía la república, la soberanía popular y un estado centralizado. La izquierda de Marx se enfocó en la lucha de clases y la conversión del Estado burgués al socialismo...

La derecha y su incapacidad para pensar

La izquierda que emerge con la Revolución Francesa de 1789 no contaba inicialmente con una base ideológica sistemática; fue, más bien, el resultado de la radicalización de un sector de la Asamblea Nacional Constituyente que —y de ahí proviene el término— se sentaba a la izquierda del rey para manifestar su adhesión a la revolución, a la república y a la limitación del poder monárquico. Es Karl Marx quien transforma ese concepto embrionario en una categoría económico-política de carácter ideológico, dotándolo de un cuerpo teórico coherente que encuentra su expresión práctica con Vladímir Ilich Lenin y el triunfo de la Revolución de Octubre de 1917 en Rusia. De ahí surge el leninismo —identificado luego con el comunismo—, lo que daría lugar a la más encarnizada ofensiva del imperialismo británico y del entonces incipiente imperialismo estadounidense, que pasaría a asumir la vanguardia mundial —especialmente tras la Segunda Guerra Mundial— en la defensa del capitalismo más inhumano, un sistema que ha bloqueado el desarrollo natural de los pueblos, en particular de aquellos que han optado por priorizar a las personas por encima de la acumulación obscena de riqueza.

El izquierdismo como ideología —el socialismo, el marxismo, el leninismo o el comunismo— nace de un estudio científico de la realidad social y de la necesidad imperiosa de garantizar a los seres humanos trabajo, educación, salud, cultura y deporte, así como una definición más justa de las clases sociales, basada en la posición que se ocupa dentro de las relaciones de producción, y no en la aberrante lógica de la posesión de riquezas. Esta última no ha hecho sino dividir a las personas en "de primera, de segunda y de tercera": los privilegiados, los inestables —que luchan desesperadamente por ascender sin caer, y son los más peligrosos— y los desechables, aquellos que sólo "sirven para servir" a los dos primeros.

La derecha y el culto a la ignorancia

La derecha, en cambio, representa la antítesis del bienestar humano: es excluyente, envidiosa, usurpadora, inhumana, ignorante, genocida, calumniadora, irresponsable, inculta y mediocre. El derechista, que no requiere formación alguna para existir como tal, se comporta muchas veces por debajo del umbral de la racionalidad. Así como el perro nace para ladrar —y conste que muchas razas superan con creces al derechista— o el burro para rebuznar, el derechista parece venir al mundo para ejercer la maldad, el odio, el resentimiento, la incultura, la expoliación, la mentira sistemática, la criminalidad y la vulgaridad.

El egoísmo congénito del derechista —esa sensación de "supremacía" que su propia estupidez confunde con mérito— lo empuja a no respetar ni siquiera los escasos espacios que aún ocupamos los izquierdistas (categoría que, por supuesto, la derecha también cree de su propiedad, bautizada con arrogancia analfabeta y un burdo teatro democrático, porque no tolera que existan izquierdas ni dentro ni fuera de "sus territorios")...

El derechista no respeta la amistad ni vínculos familiares; en cualquier ámbito que la vida le ofrece, sólo persigue la ventaja personal. Las redes sociales, que han servido a la derecha como espacio privilegiado —por su propensión a la chabacanería, la rastrería y la ordinariez—, han sido el escenario donde estos sujetos, incapaces de escribir o articular un párrafo con sentido crítico e intelectual (algo lógico, dado que la irracionalidad lo impide), descargan su odio contra las posiciones de la izquierda respecto al genocidio perpetrado contra el pueblo palestino o al terrorismo de Estado ejercido por el imperialismo estadounidense contra países como Venezuela, Cuba o Irán. Desde el triunfo de la Revolución Rusa, de la Revolución Cubana, de la Revolución Sandinista o de la Revolución Bolivariana, la derecha sólo ha sido capaz de repetir una consigna miserable: "vete para Cuba", "vete para Rusia", "vete para Venezuela". Estas expresiones, ridículas y mediocres, constituyen el máximo nivel de elaboración intelectual al que puede aspirar el derechista.

Derecha: propaganda, odio y vacío intelectual

¿Qué hace el derechista incluso en publicaciones de amigos o familiares? Incapaz de articular más de diez palabras consecutivas, se limita a sembrar el odio y la mediocridad que lo habitan, recitando su particular rosario: "vete para Cuba, vete para Rusia, vete para Venezuela". Lo hace con una satisfacción desmesurada, como si hubiese alcanzado una hazaña extraordinaria, porque es lo máximo que puede producir un individuo desprovisto de lectura, conciencia y razonamiento. El egoísmo congénito del derechista —esa sensación de “supremacía” que su propia estupidez confunde con mérito— lo empuja a no respetar ni siquiera los escasos espacios que aún ocupamos los izquierdistas (categoría que, por supuesto, la derecha también cree de su propiedad, bautizada con arrogancia analfabeta y un burdo teatro democrático, porque no tolera que existan izquierdas ni dentro ni fuera de "sus territorios"). El derechista lo tiene todo: CNN, NBC, CBS, ABC, FOX, Le Monde, El País, BBC News, The New York Times, The Washington Post, The Guardian, AP, The Wall Street Journal, The Boston Globe, las cloacas mediáticas latinas en EE. UU. (y en sus países de origen), todas las redes sociales —donde practica la exquisita democracia de censurar la verdad y viralizar la mentira—, sus foros, sus algoritmos y su ruido. Y aun así, con todo ese aparato de propaganda a su servicio, el derechista tiene los cojones de irrumpir en los pocos espacios que no controla para gruñir, chirriar o rebuznar.

El derechista es —y lo exhibe con orgullo— el non plus ultra del adocenamiento, la ignominia, la perversidad y la inmundicia moral. Es indolente, facineroso, grosero, torpe, mezquino y usurero; es responsable del acto terrorista que ejecutó Estados Unidos al secuestar al presidente de Venezuela y a su esposa, de los más de 70 mil palestinos asesinados por los judíos, del golpe de Estado perpetrado por Barack Obama (el nigger casero que presidió el imperio yanqui y bombardeó siete países destruyéndolos, saqueándolos y asesinando cientos de miles de sus ciudadanos) en Ucrania contra Viktor Yanukóvich -porque se oponía al ingreso de su país a la OTAN-, que provocó la invasión rusa (lo que con toda seguridad haría el perverso modelo derechista -el imperialismo gringo- si Rusia o China decidieran instalar bases militares en México, país al que, precisamente, Estados Unidos le robó más de la mitad de su territorio), entre otras vilezas que ha cometido históricamente que, de mencionarse, harían sangrar este ensayo aún más de lo que estas pocas líneas exudan.

Ver:
Socialismo bajo asedio: guerra económica, bloqueo y construcción del fracaso. Cuando el verdugo acusa al muerto de incompetente...;
Imperialismo sin máscaras: la fase actual del dominio global... Trump como síntoma: continuidad y violencia del poder imperial;
Donald Trump y la obscena sinceridad del poder yanqui...;
La democracia que se vende y la violencia que se oculta...;
Primero Hitler, ahora Trump; primero los nazis, ahora los yanquis...;
El imperio como enfermedad moral...;
Derecha, poder y exterminio: una lectura histórica. La derecha como lógica civilizatoria de la muerte (historia no autorizada del orden dominante)...

Ing. Nemen Hazim Bassa
Santo Domingo, República Dominicana
31 de enero de 2026