«A mí me inspira mi pueblo y su destino. A mí no me inspiran ni me preocupan el dinero y las riquezas. A mí me inspira, me seduce, el ejemplo de los hombres como Simón Bolívar, como San Martín, como Sucre, como Eugenio María de Hostos, como Máximo Gómez... de esos hombres libertadores que, como bien lo dice otro gigante de la América Nuestra, el Apóstol José Martí, “hacen pueblos y son más que hombres”» (Juan Bosch)

2016-11-14

Jamás cambiará EE.UU. su forma de escoger al presidente

Hillary Clinton todavía puede ser favorecida


Las personas que están protestando en las calles norteamericanas por el resultado de las últimas elecciones no habían nacido o son las mismas cuyas edades no habían alcanzado los 15 años cuando George W. Busch salió electo presidente con 271 votos electorales contra 266 de Al Gore, quien había sido favorecido por 543,895 votos populares más de los que había obtenido el candidato del Partido Republicano. En un país en el que la mayoría de sus ciudadanos sólo lee novelas policíacas, ficción, historias de amor, panfletos de "autosuperación" y textos de cómo hacer fortuna, es de esperarse que una proporción muy alta de los que cuentan 30 años o menos no conozca a cabalidad el funcionamiento del sistema electoral ni haya asimilado los resultados de las elecciones del año 2000, y mucho menos de las que acontecieron en décadas anteriores. Estas son las personas que hoy objetan la elección de Donald Trump, aupadas por los esposos Clinton mediante arengas “encriptadas” o solapados mensajes encubiertos en los colores de sus vestimentas.

Pensar que el establishment, por la dimensión que las redes sociales dan a los nuevos acontecimientos, cambiará la manera de elegir a sus gobernantes es una utopía. Precisamente el éxito del poder pentagonista radica en ella: el sistema electoral está conformado de forma tal que, fuera de los designios de la hegemonía imperial, nadie, absolutamente nadie, pueda alcanzar la presidencia de la nación más poderosa del mundo. Son varias las razones en las que se sustenta tan extraordinario método, que no debe resultarle extraño a los dominicanos: el Partido de la Liberación Dominicana (PLD) que fundó Juan Bosch usaba uno similar. El PLD era un partido de organismos, no de individuos, y esos organismos equivalían a los colegios electorales sobre los que descansa la grandeza de Estados Unidos. Por eso el PLD pasó a ser un partido único, un partido nuevo, el más extraordinario que ha conocido el universo de la mal llamada democracia representativa. Que sus líderes hayan desvirtuado su esencia y terminaran transformándolo en lo que es hoy, es otra cosa; aún así, desarrollaron la perversa habilidad de convertir tan valioso instrumento en una maquinaria electoral invencible que, por vía del poder que confiere el control del Estado, ha hecho de la dominicana una de las sociedades más deformadas.
Ing. Nemen Hazim
Graduado Magna Cum Laude (MCL) en la Universidad Autónoma de Santo Domingo (UASD - 28/10/1977). Estudios complementarios en Estados Unidos, República Dominicana, Puerto Rico, Cuba, Argentina y Uruguay. En República Dominicana fue Ayudante de Profesor en la UASD; Profesor y Director de las Escuelas de Ingeniería Eléctrica e Ingeniería Mecánica en la Universidad Central del Este (UCE); y Gerente de Turbinas de Gas y Motores Diésel en la Corporación Dominicana de Electricidad (CDE). En Puerto Rico fue Encargado de Proyectos en Caribbean Electrical Industrial Services Corporation (CEISCO) y Co-dueño de Ingeniería Eléctrica y Mecánica (INGELMEC)...