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I.- Fuera de la vida nacional los que ultrajan a nuestros grandes hombres...

Es muy fácil esperar la muerte de los protagonistas para contar mentiras y procurar cambiar la realidad de los hechos. Bonaparte Gautreaux Piñeyro se ha propuesto enlodar la figura de Juan Bosch, actitud que ha asumido por décadas (desde que dejó de ser peledeísta) y lo ha llevado -movido por un morboso interés en degradarlo con la finalidad de elevar, en una práctica de misteriosa obstinación, la histórica figura de José Francisco Peña Gómez- a tratar de deslustrar, en esta ocasión, la integridad de un prócer...

El miércoles 26 de abril del corriente año recibimos un correo de doña Arlette Fernández, viuda del coronel Rafael Tomás Fernández Domínguez, prócer de la patria, con el que nos ponía al tanto de unas declaraciones que hiciera Bonaparte Gautreaux Piñeyro acerca del encargo que tenía el coronel al pisar suelo dominicano. "Vino al país, en medio de la revolución, enviado por el entonces presidente de Estados Unidos, Lindon B. Jhonson (sic)... Cuando llegó a la zona constitucionalista Fernández Domínguez le informó a Caamaño que venía con la encomienda de Juan Bosch de que se rindieran y se alojaran en la Catedral, porque los norteamericanos no iban a volar ese patrimonio de la humanidad", diría.

Entre paréntesis, como un ejercicio defensivo practicado por alguna de las fuentes envueltas, El Nacional -el medio que se hizo eco de tan funestas declaraciones- reseña, vía José Antonio Torres, las siguientes palabras, vertidas por quien una vez fuera fervoroso revolucionario y excelente comunicador: "El presidente Caamaño Deñó me había ordenado que escuchara las conversaciones que sostenía por teléfono para que anotara los compromisos que hiciera. Debemos observar la distorsión que corona el nombre de quien, para la época, era el presidente de Estados Unidos: "Lindon B. Jhonson". Es muy lastimoso que, con al menos tres entes involucrados, en un tema de tanta trascendencia histórica, salga publicado, de forma tan descuidada, el nombre de Lyndon B. Johnson. Mucho daño se le hace a la juventud al momento de incursionar en estos temas: "lenguaje defectuoso, pensamiento defectuoso".

"Es un prestigioso periodista dominicano que se ha confundido en los últimos años con el irrespeto y la mentira", decíamos en «Acento», en términos muy parecidos -el 4 de marzo de 2013-, en un escrito que habíamos titulado "¿Por qué 40 años después?", cuya motivación derivaba precisamente de otro infundio (el originario, el que dio y dará rienda suelta a todos los demás) que emergía del odio y la capacidad de fabulación que siempre han cohabitado con la petulante personalidad del señor Bonaparte Gautreaux Piñeyro: el que formulara a Juan Bosch, convertido -desde el último lustro de la década de los setenta- en su objeto primordial de crítica o ataque verbal.

Es necesario que reconsideremos, para delinear con precisión su personalidad, un párrafo de ese escrito que recoge la soberbia con la que ha caminado de la mano por tanto tiempo: "¿Por qué el otrora admirado periodista -que le faltó el respeto a Delio Gómez Ochoa mientras ofrecía detalles sobre la invasión del 14 de junio de 1959 en el programa dominical de Freddy Beras-Goico y fue capaz de anunciar la victoria del PRD en los comicios del 20 de mayo del 2012 aun cuando faltaban horas para el cierre del proceso de votación...- esperó cuarenta años para hacer las declaraciones que este mismo medio hizo públicas, que ofenden y denigran la figura de Juan Bosch?".

Debemos sumar hoy 4 años más a esos 40, y la intención seguirá siendo la misma: enlodar la figura de Juan Bosch, actitud que ha asumido por décadas (desde que dejó de ser peledeísta) y lo ha llevado -movido por un morboso interés en degradarlo con la finalidad de elevar, en una práctica de misteriosa obstinación, la histórica figura de José Francisco Peña Gómez- a tratar de deslustrar, en esta ocasión, la integridad de un prócer. Bosch y Peña Gómez conquistaron el corazón de muchos dominicanos sin que fuera necesario el favor de un "comentarista deportivo" que tuviese que enfrentarlos en alguna competencia (por razones muy nebulosas que algún día tendrán que ver la luz), que de por sí, y en pleno ejercicio existencial, castraría las genuinas aspiraciones del pueblo por el establecimiento de una sociedad más justa. Al calificarlo de "comentarista deportivo" lo hacemos, no con la intención de degradar a esos profesionales, sino movidos por el deseo de resaltar lo que en muchos programas de deportes ha producido entre los fanáticos, históricamente, entusiasmo y euforia: la selección del mejor de dos.

Es muy fácil esperar la muerte de los protagonistas para contar mentiras y procurar cambiar la realidad de los hechos. En un panfleto concebido para mostrar "su acertada predicción", y que publicara el periódico «Hoy» el 30 de diciembre de 2016 con el seductor título "Juan Bosch: un hombre de los americanos", el Sr. Gautreaux Piñeyro expresa que el profesor Bosch "era un hombre... de Estados Unidos, y no sabía hasta dónde era su compromiso, pero estaba seguro de que existía". No conforme con tanta infamia dice buscar, en una obra de Bernardo Vega, la información que ratifica lo que una vez dijera a Mario Virgilio Álvarez Dugan (Cuchito) -cuando este entró a dirigir el periódico El Nacional, en 1979, y le preguntara, "dado el trato de familia entre Juan Bosch" y él, por las razones de su renuncia del PLD-, y, al encontrarla, hace suyas las palabras emitidas por la persona a quien señala como agregado aéreo de la embajada norteamericana en México: "Juan Bosch, confidente del FBI".

Mientras la cúpula del poder imperial en 1965 [Lyndon B. Johnson, presidente; Robert McNamara, secretario de Defensa; Dean Rusk, secretario de Estado; McGeorge Bundy, asesor de Seguridad Nacional; Abe Fortas (*, NH), juez asociado de la Corte Suprema de Justicia; Cyrus Vance, subsecretario de Defensa; Harry W. Shlaudeman, encargado de Asuntos Dominicanos y subdirector de la Oficina de Asuntos del Caribe del Departamento de Estado; Ellsworth Bunker, embajador de los Estados Unidos en la Organización de Estados Americanos (1964-1966); Thomas C. Mann, diplomático especializado en asuntos de Economía y Política para América Latina; Jack Vaughn, subsecretario de Estado para Asuntos Interamericanos y Coordinador de la Alianza para el Progreso; Bruce Palmer, teniente general (temporal), comandante del 18º Cuerpo Aerotransportado del Ejército y comandante adjunto de la Fuerza Interamericana de Paz; William Tapley Bennett Jr., embajador en la República Dominicana; John Bartlow Martin, procónsul...].

Continuará...

Ing. Nemen Hazim Bassa
San Juan, Puerto Rico
3 de mayo de 2017

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