Usamos cookies para brindar un mejor servicio. OK Más información

Carta a Leonel Fernández...

Plagio a una carta al diablo... Que perdone el autor. En el infinito cosmos encontrará Leonel Fernández quien tiemble ante su presencia y su asqueroso poder –sustentado en el saqueo de los recursos del erario- y logre más éxitos de los que pueda sembrar y cosechar en este país...

Señor Leonel Fernández:

Comprendemos su actitud, aunque no signifique que la justifiquemos. Comprendemos que sus actos, en principio, se limiten a aprovecharse de ciertos descuidos del pueblo con respecto a lo que sucede en este país.

Usted, que es muy listo, ¡demasiado!, campa a sus anchas sobre todas las debilidades del dominicano, que tiene de por sí una interminable lista de falencias con las que puede manipular desde el más pendejo hasta el más encumbrado de los “Vinchos”.

Sabrá, porque su capacidad de mirar el país es amplia, que hay sectas de adulonería y lambones baratos que le han convertido en el punto de destino de sus más caras expectativas, y le rinden generalmente secretas devociones.

Lo más fácil en esta carta sería reclamarle por los robos, las hijaeputadas y demás atropellos que sufrimos los dominicanos, pero no se trata de hacer apología ni propaganda alguna de sus maléficos talentos, que evidentemente Ud. no necesita, sino adentrarnos un poco en la sutil movilidad de sus mañas para conseguir sorprendentes resultados.

Una de nuestras preocupaciones mayores, por no decir la mayor, es ver cómo se las arregla para manipular a los responsables de la justicia, esos legisladores y jueces de los que dependemos todos de una u otra manera.

¿Con qué argumentos les convence para responder a sus designios más ominosos?

¿Qué suerte de promesa les ofrece para actuar a su entera conveniencia?

Como verá, nos interesa más la condición humana sometida que cualquier catástrofe por grave e inmensa que sea; lo decimos porque el pleno ejercicio de la justicia es el principio básico de la libertad, esa regla de convivencia absolutamente imprescindible para la vida.

Sabemos recordar sus manejos (que la mayoría de los endrogados no ven) para impedir el total ejercicio de esa libertad a lo largo de sus períodos de gobierno: mentiras y una larguísima retahíla de falsedades para someter a los que le adversan, los rebeldes y soñadores incrédulos ante la falacia de charlatanes como usted y demás elenco de seres tan despreciables, como abominables, también como usted.

Seguramente su técnica preferida es hacerles creer que la democracia es un relajo, y usted se burla de la estupidez y el placentero pendejismo.

De vez en cuando, suponemos que por algún descuido suyo, nos da el dulce de una democracia que creemos que es la mejor filosofía para una convivencia relativamente justa; pero ante semejante descuido pone Ud. en marcha una serie interminable de recursos para impedir que ese aire fresco refresque más de lo permitido por sus intenciones.

¡Qué manera de perder el tiempo! ¿Es que todavía no se ha dado Ud. cuenta de que los dominicanos somos unos bichos tan raros que somos capaces de resistir hasta el fuego de sus infiernos en nuestras plantas?

¿No se ha dado Ud. cuenta de que tenemos una coraza impenetrable que es la de nuestras imperfecciones y que esa coraza está adherida a nuestra piel y que por más que Ud. insista no va a seguir pendejizándonos?

Cada vez que usted abre esa enorme caja de corrupción, mentiras, engaños, miserias y todo el repertorio de atrocidades que le adornan, nos hace más fuertes y menos vulnerables.

Lo sentimos por Ud., Leonel Fernández, pero creemos que su osadía ha llegado demasiado lejos. Seguramente en el infinito cosmos encontrará quien tiemble ante su presencia y su asqueroso poder –sustentado en el saqueo de los recursos del erario- y logre más éxitos de los que pueda sembrar y cosechar en este país. ¿O es que no se ha dado cuenta de que aquí ya tenemos quien se ocupa de recoger esa cosecha?

Atentamente,

Nemen Hazim
San Juan, Puerto Rico
5 de abril de 2013
La falacia de la democracia

Mientras el voto del intelecto tenga el mismo peso que el de la ignorancia, la democracia no será más que un instrumento falaz al servicio del capitalismo, destinada a acrecentar la riqueza de oligarcas y burgueses, y a perpetuar a la mayoria de la población mundial en la indigencia cognitiva y material. Bajo esta farsa, y con los grandes consorcios mediáticos confabulando en su infame labor de desinformar, las mayorías quedan condenadas a subsistir bajo la mentira impuesta por las minorias.
Ing. Nemen Hazim Bassa
12 de febrero de 1997
San Juan, Puerto Rico

Himno Nacional Dominicano




Letra de Emilio Prud'Homme y música de José Reyes
Quisqueyanos valientes, alcemos, nuestro canto con viva emoción, y del mundo a la faz ostentemos nuestro invicto, glorioso pendón.
¡Salve! el pueblo que, intrépido y fuerte, a la guerra a morir se lanzó, cuando en bélico reto de muerte sus cadenas de esclavo rompió.
Ningún pueblo ser libre merece si es esclavo, indolente y servil; si en su pecho la llama no crece que templó el heroísmo viril,
Más Quisqueya la indómita y brava siempre altiva la frente alzará; que si fuere mil veces esclava otras tantas ser libre sabrá.
Que si dolo y ardid la expusieron de un intruso señor al desdén, Las Carreras! Beller!… campos fueron que cubiertos de gloria se ven.
que en la cima de heroico baluarte de los libres el verbo encarnó, donde el genio de Sánchez y Duarte a ser libre o morir enseñó.
Y si pudo inconsulto caudillo de esas glorias el brillo empañar, de la guerra se vió en Capotillo la bandera de fuego ondear.
Y el incendio que atónito deja de Castilla al soberbio león, de las playas gloriosas le aleja donde flota el cruzado pendón.
Compatriotas, mostremos erguida nuestra frente, orgullosos de hoy más; que Quisqueya será destruida pero sierva de nuevo, jamás!
Que es santuario de amor cada pecho do la patria se siente vivir; y es su escudo invencible, el derecho; y es su lema: ser libre o morir.
¡Libertad! que aún se yergue serena la Victoria en su carro triunfal, y el clarín de la guerra aún resuena pregonando su gloria inmortal
¡Libertad! Que los ecos se agiten mientras llenos de noble ansiedad nuestros campos de gloria repiten Libertad! Libertad! Libertad!

Himno a la Revolución de Abril de 1965




Letra y Música de Aníbal de Peña
A luchar soldado valiente, que empezó la revolución, a imponer los nobles principios, que reclama la constitución.
Desgarró la noche serena, la sirena de la libertad, cual clarín que llama a la guerra, defendiendo la Patria inmortal.
Como hermanos de Duarte luchemos, que ya Mella en el grito encarnó, si cual Sánchez al martirio iremos, venceremos como Luperón.
No cedamos un paso, marchemos, por senderos de gloria y honor, y otra vez al traidor venceremos, y otra vez al grosero invasor.
A luchar soldado valiente... A luchar soldado valiente.

Himno a la Raza Inmortal [Catorce de Junio-1J4]




Escrito por Ángel Concepción, Leandro Guzmán y Vinicio Echavarría. Musicalización de Héctor Jiménez
LLegaron llenos de patriotismo, enamorados de un puro ideal, y con su sangre noble encendieron, la llama augusta de la libertad.
Su sacrificio que Dios bendijo, la Patria entera glorificará, como homenaje a los valientes, que allí cayeron por la libertad.
LLegaron llenos de patriotismo, enamorados de un puro ideal, y con su sangre noble encendieron, la llama augusta de la libertad.
Su sacrificio que Dios bendijo, la Patria entera glorificará, como homenaje a los valientes, que allí cayeron por la libertad.
14 de junio, gloriosa gesta nacional; tus mártires están en el alma popular.
Hermanas Mirabal, heroínas sin igual, un grito vibrante, es el grito de la Patria inmortal.
14 de junio, gloriosa gesta nacional; tus mártires están en el alma popular.
Hermanas Mirabal, heroínas sin igual, un grito vibrante, es el grito de la Patria inmortal.
LLegaron llenos de patriotismo, enamorados de un puro ideal, y con su sangre noble encendieron, la llama augusta de la libertad.
Su sacrificio que Dios bendijo, la Patria entera glorificará, como homenaje a los valientes, que allí cayeron por la libertad.

Entradas más visitadas, leídas o compartidas en los últimos días...

Del golpe de Árbenz a la era Trump: anatomía de la insensibilidad moral en Estados Unidos