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El laberinto de la impunidad y el agravio institucional: reflexiones sobre el proceso contra el Dr. Santiago Hazim

Si los recursos que supuestamente recibió en calidad de soborno el Dr. Santiago Hazim hubiesen sido canalizados hacia campañas políticas en procesos electorales recientes, ¿por qué la cúpula gobernante y la alta dirección del Partido Revolucionario Moderno (PRM) han permanecido exentas de un escrutinio judicial riguroso?

I. Antecedentes del debate y la selectividad procesal

El 9 de diciembre de 2025, en el artículo titulado «A mi querido Chago, en tiempos de prueba», señalábamos lo siguiente: "(...) resulta imposible confiar plenamente en un sistema que durante décadas ha permitido que personas responsables de inmensos daños a nuestro país caminen libres y sin consecuencias. Entre ellas, por la magnitud devastadora de sus acciones, se encuentran Leonel Fernández y Danilo Medina, cuyas gestiones dejaron heridas profundas en la moral pública y contribuyeron a instalar esa cultura del “tigueraje” que tanto nos ha enfermado como sociedad".

¿Cuál era la génesis de tal afirmación? La inocultable selectividad y el encono con los que la opinión pública, los medios, el aparato de justicia y el propio liderazgo gobernante han procedido en contra del Dr. Santiago Hazim.

La sombra de las administraciones pasadas

El 10 de diciembre del mismo año, en el artículo «La justicia dominicana ante el escrutinio: reflexiones a partir del proceso contra Santiago Hazim», expresábamos, desde una perspectiva estrictamente analítica, lo que se sigue: "Leonel Fernández erigió FUNGLODE con recursos usurpados al pueblo dominicano; utilizando contratistas eléctricos y de climatización a quienes les pagó con obras adjudicadas sin proceso público alguno. Contrajo un préstamo de 130 millones de dólares cuyo destino permanece, hasta hoy, en un absoluto misterio. Implementó nominillas destinadas a mantener a sus 'compañeros del PLD' viviendo del erario. Impulsó la compra de aviones sobrevalorados que no han servido ni siquiera para interceptar una yola. Asimismo, dilapidó más de 50 millones de dólares del erario (3,150 millones de pesos al cambio actual) en viajes de placer y exhibicionismo megalómano, sin que exista un solo registro transparente de dicho derroche".

Respecto a Danilo Medina y su cohorte de transgresores, apuntábamos que "la nómina de corruptos de su administración es tan abultada que muchos, ya juzgados, salen indemnes tras reintegrar apenas un 7 % de lo sustraído al Estado. La mayoría de sus funcionarios, amigos y familiares han sido declarados culpables de malversar cientos de miles de millones de pesos. Por desgracia, varios se suicidaron, incluido un amigo cercano del autor".

II. La desproporción punitiva y el agravio histórico

¿Qué motiva apelar nuevamente a estos registros escritos? La justicia dominicana ha normalizado el sesgo de estigmatizar como delincuente a cualquier ciudadano antes de ser sometido a un juicio imparcial. Esta práctica se ha enquistado con ensañamiento particular contra el Dr. Hazim, bajo el argumento de que, aun bajo la presunción hipotética de haber usurpado los fondos que se le imputan, estos jamás alcanzarían los montos descomunales que la clase política tradicional (morados y verdes) esquilmaron al pueblo. El hecho de que el sector afectado haya sido el de la salud pública es lo que ha magnificado mediáticamente el crimen, el cual aún no ha sido juzgado ni probado de manera definitiva.

El interrogante que flota en el ambiente es evidente: las sumas desvalijadas por aquellos que traicionaron el legado de Juan Bosch resultan incuantificables. Dichos recursos no solo fueron extraídos del sistema sanitario, sino también sustraídos de la educación, de la seguridad alimentaria, de la infraestructura nacional y, por supuesto, de la propia soberanía de la nación.

El peso de los apellidos y la impunidad sistémica

Jamás un imputado había sido objeto de vejámenes tan burdos e inhumanos como el Dr. Santiago Hazim, perpetrados incluso bajo la aquiescencia del mandatario que preside el país, quien ha fungido como artífice e incitador de la percepción punitiva nacional y de los operadores de justicia.

Surge entonces una interrogante inevitable: ¿por qué ha resultado tan provocador el apellido Hazim? ¿Por qué la magnitud del ultraje no guarda proporción con la impunidad histórica concedida a los "linajes" de apellidos como Medina, Fernández, Bautista, Montás, Rodríguez, Montilla, Peña, Pared Pérez, Castillo, Guerrero, Peralta, Torres o Cáceres, "estirpes" que han engendrado a los más grandes expoliadores de la historia dominicana?

III. Una perspectiva jurídica externa

Las reflexiones que se exponen a continuación, aunque de autoría ajena (a quien corresponden todos los créditos por su lúcida pluma), nos fueron remitidas por una entrañable amiga residente en Viena:

«Estas dos imágenes deben llevarnos a una reflexión que va mucho más allá de una persona en particular. Estamos viendo a un preso preventivo, no a una persona condenada. Jurídicamente continúa amparado por la presunción de inocencia mientras no exista una sentencia irrevocable que declare su culpabilidad. Así lo establece expresamente el artículo 69.3 de nuestra Constitución. La prisión preventiva es una medida de coerción excepcional, no una pena anticipada. Incluso nuestro Código Procesal Penal contempla su cese cuando las condiciones carcelarias se agravan hasta convertirla en una forma de castigo anticipado o en trato cruel, inhumano o degradante. Por eso estas imágenes plantean una pregunta incómoda: ¿hasta qué punto nuestro sistema termina castigando antes de juzgar? No se trata de defender culpables ni de impedir que la justicia actúe. Se trata precisamente de defender la justicia: investigar, acusar, juzgar y, si corresponde, condenar. Pero mientras ese juicio no haya concluido, el imputado conserva sus derechos fundamentales y su dignidad humana. La cárcel preventiva no puede convertirse en la sentencia que todavía ningún tribunal ha pronunciado. Este es un aspecto de nuestro sistema penitenciario y procesal que merece una revisión profunda».

IV. Conclusiones abiertas ante el escrutinio del poder

Para concluir, cabe plantearse: si los recursos que supuestamente recibió en calidad de soborno el Dr. Santiago Hazim hubiesen sido canalizados hacia campañas políticas en procesos electorales recientes, ¿por qué la cúpula gobernante y la alta dirección del Partido Revolucionario Moderno (PRM) han permanecido exentas de un escrutinio judicial riguroso? Si la salud del Dr. Santiago Hazim continúa deteriorándose de manera irreversible, y degenera en lo peor, ¿asumirán su responsabilidad los instigadores intelectuales del domo, los traidores —desde el más encumbrado hasta el más insignificante de los supuestos leales— y el entramado inhumano y carente de probidad que hoy instrumentaliza al Ministerio Público?

Ing. Nemen Hazim Bassa
San Juan, Puerto Rico
23 de agosto de 2026
La falacia de la democracia

Mientras el voto del intelecto tenga el mismo peso que el de la ignorancia, la democracia no será más que un instrumento falaz al servicio del capitalismo, destinada a acrecentar la riqueza de oligarcas y burgueses, y a perpetuar a la mayoria de la población mundial en la indigencia cognitiva y material. Bajo esta farsa, y con los grandes consorcios mediáticos confabulando en su infame labor de desinformar, las mayorías quedan condenadas a subsistir bajo la mentira impuesta por las minorias.
Ing. Nemen Hazim Bassa
12 de febrero de 1997
San Juan, Puerto Rico

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