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Arquitectura de la dominación: la continuidad neocolonial desde la Conferencia de Berlín hasta el mercado del fútbol

La Europa hegemónica, que históricamente ha ejercido la devastación sistémica sobre las estructuras sociales africanas, ha transitado de la explotación de recursos minerales a la captura de capital humano. Hoy, las antiguas metrópolis se nutren de la agilidad, la potencia y el talento de los jóvenes provenientes de las naciones que ellas mismas depauperaron...

Ensayo sobre la génesis y persistencia de la praxis colonial europea

Europa ha cimentado su hegemonía histórica sobre una praxis sustentada en la explotación, el expolio de recursos y la aniquilación de poblaciones, operando bajo una carencia de escrúpulos que ha naturalizado el genocidio como método de expansión. Los territorios más allá de las fronteras europeas han funcionado —históricamente— como simples espacios de extracción, sujetos a una lógica de saqueo intrínseco. Así, durante siglos, la colonización ha operado no como un proceso de civilización, sino como un despliegue de violencia impune; una constante donde los recursos naturales y la vida humana han sido despojados de cualquier valor ético, reduciendo vastas regiones a meros campos de cultivo para la acumulación de riqueza y el exterminio sistemático.

La Conferencia de Berlín (1884-1885), convocada bajo los auspicios de Francia y el Reino Unido y organizada por el Imperio alemán, constituye el paradigma de esta racionalidad imperialista. Fue el cónclave donde las potencias europeas, bajo el pretexto de resolver sus propias crisis económicas, institucionalizaron el despojo de la soberanía africana. Este proceso no solo supuso el pillaje de sus riquezas, sino la reducción sistemática del habitante africano a la categoría de mercancía, luego a la de desecho y, en última instancia, a la inexistencia.

La anatomía de la atrocidad: casos emblemáticos

Bélgica

El caso del Congo, bajo el dominio privado de Leopoldo II de Bélgica (1885-1908), ofrece una ilustración espeluznante de esa brutalidad: la explotación del caucho, sostenida mediante trabajos forzados y castigos ejemplares, culminó en una catástrofe demográfica que causó la muerte de aproximadamente 15 millones de personas, atrocidad semejante a la perpetrada por Hitler en la Alemania nazi y a la que en la actualidad cometen Benjamín Netanyahu y el régimen sionista israelí contra los palestinos. Resulta paradójico —y moralmente inaceptable— que Bruselas, hoy capital europea, aún preserve memoriales de Leopoldo II. De igual modo, lo que Bélgica hizo en Ruanda, mediante la categorización étnica artificial de hutus y tutsis —basada en rasgos fenotípicos triviales—, constituyó el preludio directo del genocidio de 1994, que se cobró 800 mil vidas en apenas cien días.

Reino Unido

La trayectoria del Reino Unido, lejos de distanciarse de estas prácticas, presenta un historial de crímenes de lesa humanidad de proporciones mayúsculas: desde la Gran Hambruna irlandesa (1845-1852), que mató a más de un millón y desterró a una cifra similar, y la hambruna provocada en Bengala (1943), agravada por la negligencia deliberada de Winston Churchill, hasta el exterminio aborigen en Australia (siglos XVIII-XX) y en Tasmania (la denominada "Guerra Negra", a mediados de la década de 1820 a 1830) y la violenta represión del levantamiento Mau Mau en Kenia (1952-1960), en la que fueron asesinados, mutilados y torturados más de 90 mil kenianos. Asimismo, las Guerras del Opio, fruto de la ignominiosa actitud asumida por el Reino Unido ante el desbalance comercial con China (similares a las que hoy libran Estados Unidos y la misma China), ilustran la imposición de un comercio predatorio donde el contrabando de estupefacientes fue legitimado bajo un falso y nocivo derecho.

Francia

No es Nigeria, ni la República Democrática del Congo, ni Malí, ni Costa de Marfil, ni Camerún, ni Etiopía, ni Tanzania, ni Kenia... ¡Es Francia! La nación que no solo usurpa a estos países oro, diamante, plata, uranio y tierras raras, entre otros bienes, sino que, además, los despoja de sus recursos humanos más valiosos. De los 26 jugadores que integran el plantel del equipo que participa en la Copa Mundial 2026, 18 provienen de naciones subyugadas y esclavizadas por el país que, junto a Inglaterra, más daño ha causado a la humanidad...

Francia... ¡La perniciosa, medrosa y aristocrática Francia!, esa que nos dejó un Haití desvirtuado y en ruinas; la que le impuso una indemnización de 150 millones de francos oro por reconocer su independencia, medida que dio al traste con la economía (situación que aún perdura); esa que cometió genocidio durante la guerra de independencia de Argelia (más del 15% de la población argelina fue masacrada por los franceses a partir de 1945); esa que tuvo tanta responsabilidad como Bélgica en el genocidio de Ruanda; la misma que en Madagascar (1947) asesinó a cerca de 100 mil habitantes; la ignominiosa Francia que le hurta el uranio a Níger y el oro a Malí y a Burkina Faso, entre otras vilezas.

Alemania

Alemania, en la antesala de los horrores de la II Guerra Mundial (1939-1945) —genocidio nazi contra judíos, gitanos, eslavos, soviéticos, polacos, negros, discapacitados, religiosos, homosexuales y opositores políticos, entre otros—, ya había puesto a prueba su maquinaria de exterminio en el actual territorio de Namibia (1904-1908), perpetrando un genocidio sistemático contra los pueblos herero y namaqua.

España

Finalmente, la historia de la expansión española en América (continente en el que fue responsable del genocidio de decenas de millones de originarios) y sus posteriores incursiones en Guinea Ecuatorial, Marruecos y el Sáhara Occidental (asesinando a más de 50 mil personas) cierran este recuento histórico. El modelo de dominación hispano, caracterizado por la expoliación y la desarticulación de las estructuras sociales preexistentes, prefiguró las prácticas coloniales que, siglos más tarde, replicarían otras potencias con idéntica crueldad.

De la expoliación material a la mercantilización del talento: la lógica neocolonial en el deporte

Este escrutinio no es un ejercicio de memoria estéril, sino el necesario preámbulo para desentrañar la arquitectura del colonialismo contemporáneo, cuyo escenario más visible, aunque a menudo banalizado, es el fútbol profesional. La Europa hegemónica, que históricamente ha ejercido la devastación sistémica sobre las estructuras sociales africanas, ha transitado de la explotación de recursos minerales a la captura de capital humano. Hoy, las viejas metrópolis se nutren de la agilidad, la potencia y el talento de los jóvenes provenientes de las naciones que ellas mismas depauperaron, conformando equipos cuya competitividad depende, en última instancia, de ese flujo migratorio forzado por la precariedad.

Esta dinámica configura la imposición violenta de la forma occidental y capitalista: los jóvenes talentos, urgidos por la supervivencia ante la desolación económica en sus países de origen, se ven impelidos a emigrar hacia los mismos centros de poder que precipitaron su miseria. El proceso discriminatorio, reducido a un conjunto de atributos físicos de resistencia y destreza, se convierte en una mercancía altamente cotizada. Así, el fútbol actúa como un mecanismo de legitimación donde el privilegio europeo se permite integrar y "blanquear" simbólicamente al sujeto subalterno, siempre que este rinda tributo al espectáculo y al capital.

En última instancia, asistimos a una paradoja perversa: mientras las fronteras europeas se fortifican para contener a los migrantes "indeseables", esas mismas naciones abren sus puertas de par en par a aquellos cuerpos capaces de generar réditos económicos y gloria deportiva. Esta suerte de "selección natural" del mercado confirma que, bajo la lógica del capital global, la identidad del individuo resulta irrelevante frente a su capacidad para ser consumido, integrándose a la maquinaria europea bajo una estructura que, lejos de ser poscolonial, perpetúa la asimetría de poder y la cosificación del sujeto africano.

Ing. Nemen Hazim Bassa
Santo Domingo, República Dominicana
2 de julio de 2026
La falacia de la democracia

Mientras el voto del intelecto tenga el mismo peso que el de la ignorancia, la democracia no será más que un instrumento falaz al servicio del capitalismo, destinada a acrecentar la riqueza de oligarcas y burgueses, y a perpetuar a la mayoria de la población mundial en la indigencia cognitiva y material. Bajo esta farsa, y con los grandes consorcios mediáticos confabulando en su infame labor de desinformar, las mayorías quedan condenadas a subsistir bajo la mentira impuesta por las minorias.
Ing. Nemen Hazim Bassa
12 de febrero de 1997
San Juan, Puerto Rico

Himno Nacional Dominicano




Letra de Emilio Prud'Homme y música de José Reyes
Quisqueyanos valientes, alcemos, nuestro canto con viva emoción, y del mundo a la faz ostentemos nuestro invicto, glorioso pendón.
¡Salve! el pueblo que, intrépido y fuerte, a la guerra a morir se lanzó, cuando en bélico reto de muerte sus cadenas de esclavo rompió.
Ningún pueblo ser libre merece si es esclavo, indolente y servil; si en su pecho la llama no crece que templó el heroísmo viril,
Más Quisqueya la indómita y brava siempre altiva la frente alzará; que si fuere mil veces esclava otras tantas ser libre sabrá.
Que si dolo y ardid la expusieron de un intruso señor al desdén, Las Carreras! Beller!… campos fueron que cubiertos de gloria se ven.
que en la cima de heroico baluarte de los libres el verbo encarnó, donde el genio de Sánchez y Duarte a ser libre o morir enseñó.
Y si pudo inconsulto caudillo de esas glorias el brillo empañar, de la guerra se vió en Capotillo la bandera de fuego ondear.
Y el incendio que atónito deja de Castilla al soberbio león, de las playas gloriosas le aleja donde flota el cruzado pendón.
Compatriotas, mostremos erguida nuestra frente, orgullosos de hoy más; que Quisqueya será destruida pero sierva de nuevo, jamás!
Que es santuario de amor cada pecho do la patria se siente vivir; y es su escudo invencible, el derecho; y es su lema: ser libre o morir.
¡Libertad! que aún se yergue serena la Victoria en su carro triunfal, y el clarín de la guerra aún resuena pregonando su gloria inmortal
¡Libertad! Que los ecos se agiten mientras llenos de noble ansiedad nuestros campos de gloria repiten Libertad! Libertad! Libertad!

Himno a la Revolución de Abril de 1965




Letra y Música de Aníbal de Peña
A luchar soldado valiente, que empezó la revolución, a imponer los nobles principios, que reclama la constitución.
Desgarró la noche serena, la sirena de la libertad, cual clarín que llama a la guerra, defendiendo la Patria inmortal.
Como hermanos de Duarte luchemos, que ya Mella en el grito encarnó, si cual Sánchez al martirio iremos, venceremos como Luperón.
No cedamos un paso, marchemos, por senderos de gloria y honor, y otra vez al traidor venceremos, y otra vez al grosero invasor.
A luchar soldado valiente... A luchar soldado valiente.

Himno a la Raza Inmortal [Catorce de Junio-1J4]




Escrito por Ángel Concepción, Leandro Guzmán y Vinicio Echavarría. Musicalización de Héctor Jiménez
LLegaron llenos de patriotismo, enamorados de un puro ideal, y con su sangre noble encendieron, la llama augusta de la libertad.
Su sacrificio que Dios bendijo, la Patria entera glorificará, como homenaje a los valientes, que allí cayeron por la libertad.
LLegaron llenos de patriotismo, enamorados de un puro ideal, y con su sangre noble encendieron, la llama augusta de la libertad.
Su sacrificio que Dios bendijo, la Patria entera glorificará, como homenaje a los valientes, que allí cayeron por la libertad.
14 de junio, gloriosa gesta nacional; tus mártires están en el alma popular.
Hermanas Mirabal, heroínas sin igual, un grito vibrante, es el grito de la Patria inmortal.
14 de junio, gloriosa gesta nacional; tus mártires están en el alma popular.
Hermanas Mirabal, heroínas sin igual, un grito vibrante, es el grito de la Patria inmortal.
LLegaron llenos de patriotismo, enamorados de un puro ideal, y con su sangre noble encendieron, la llama augusta de la libertad.
Su sacrificio que Dios bendijo, la Patria entera glorificará, como homenaje a los valientes, que allí cayeron por la libertad.

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