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República Dominicana: 24 de Abril de 1965, entre la gloria de la libertad y la tragedia del olvido

Mientras los nombres de Caamaño, Fernández Domínguez y tantos otros sigan resonando en la memoria nacional, existirá también la posibilidad —y el deber— de reencontrar el camino que ellos trazaron con sangre, dignidad y esperanza...

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Hoy, 24 de abril de 1965, la República Dominicana debería estar celebrando el 61.º aniversario del Día de la Libertad; sin embargo, lastimosamente, conmemoramos el "Día del Libertinaje".

Después de que nuestros más preciados hombres lucharan por restaurar la Constitución de 1963 y el retorno al poder de Juan Bosch —derrocado el 25 de septiembre de 1963, tras ser señalado como comunista por la oligarquía dominicana y el persistente intervencionista imperialismo yanqui—, y de que, cuatro días más tarde, enfrentaran la ignominiosa intervención de más de 40 mil marines norteamericanos que desembarcaron para pisotear nuestra soberanía —muchos de ellos, quizá la gran mayoría, entregando sus vidas por el establecimiento de una nación libre y soberana, sin privilegios ni injusticias, cimentada en valores morales y principios éticos que garantizaran el orden y el respeto por encima del caos social—, hoy, precisamente hoy, 24 de abril de 2026, la República Dominicana, esa que valientes, desinteresados y solidarios hombres, que con coraje y determinación decidieron forjar como su más encarecido sueño, se ha convertido en una selva que supera con creces la ya severa metáfora que suele atribuírsele a la naturaleza.

Los gigantes de la Revolución de Abril de 1965

La Revolución de Abril de 1965 constituyó un levantamiento cívico-militar orientado a restaurar la constitucionalidad y el orden democrático interrumpido en 1963. En esta gesta sobresalieron "Gigantes de la Historia", como el coronel Francisco Alberto Caamaño Deñó, líder indiscutible del movimiento constitucionalista, cuyo temple y visión lo convirtieron en símbolo de la resistencia (asesinado el 16 de febrero de 1973 en la guerrilla de "Caracoles", que buscaba poner fin al régimen tiránico y sanguinario de Joaquín Balaguer); el coronel Rafael Tomás Fernández Domínguez, quien desempeñó un papel fundamental como arquitecto e impulsor del movimiento militar que procuraba el retorno de Juan Bosch al poder (Bosch fue el líder político), ofrendando su vida durante el asalto al Palacio Nacional el 19 de mayo. En ese mismo episodio cayeron los combatientes Juan Miguel Román, Euclides Morillo e Ilio Capocci, cuyos nombres permanecen como emblemas de sacrificio y compromiso patriótico.

A estas figuras se suman militares que fueron grandes protagonistas: Mario Peña Taveras, cuyo accionar fue decisivo en el inicio del levantamiento el 24 de abril; Manuel Montes Arache, líder de los “Hombres Ranas”, unidad élite del bando constitucionalista; Miguel Ángel Hernando Ramírez, primer comandante de las fuerzas constitucionalistas al inicio de la revuelta; Héctor Lachapelle Díaz, el más destacado académico dentro de la milicia y único héroe militar vivo que le queda a la patria... También: Lora Fernández, Roberto Antonio Cabrera Luna, Fernando Rafael Cabral Ortega, Rafael Armando Quiroz Pérez, Lorenzo Sensión Silverio, Geraldo A. Brito y Brito, Marino Antonio Almanzar García, Antonio González y González, José René Jiménez Germán, Freddy Piantini Colón, Berto G. Genao Frías, entre otros oficiales que apoyaron la causa con el respaldo civil.

Muchos combatientes, con la patria en el corazón, murieron en la gesta que inicio el 24 de abril de 1965 y, posteriormente, en la lucha que llevó a cabo el movimiento revolucionario contra el gobierno déspota y criminal de Balaguer: José Francisco Peña Gómez, Senén Sosa, Lucas Lizardo, Pascual Rivera, Maximiliano Gómez ("El Moreno"), Héctor Aristy, Amaury Germán Aristy, Orlando Martínez Howley, Amín Abel Hasbún, Otto Morales Efres, Homero Hernández Vargas, Henry Segarra Santos, Guido Gil Díaz, Ramón Emilio Mejía del Castillo, Orlando Mazara, Florinda Soriano Muñoz, Virgilio Perdomo Pérez, Alfredo Pérez Vargas, Claudio Caamaño Grullón, Ramón Euclides Holguín Marte, Juan Ramón Payero Ulloa, Toribio Peña Jáquez, Mario Nelson Galán Durán, Heberto Giordano Lalane José, Bienvenido Leal Prandy, Ulises Cerón Polanco, César Augusto Suero, Hamlet Hermann, Rafael Francisco Taveras Rosario ("Fafa"), Narciso Isa Conde (estos dos últimos permanecen vivos; José Francisco Peña Gómez, Toribio Peña Jáquez, Hamlet Hermann y Claudio Caamaño Grullón murieron prácticamente olvidados por una sociedad que ya se había degradado)...

La participación femenina resultó esencial en la resistencia, con mujeres valientes como Carmen Josefina Lora Iglesias ("Piky"), Gladdys Gutierrez, Hilda Gautreau, Yolanda Guzmán, Emma Tavárez Justo, Aniana Vargas, Venecia Juan, Fiume Bienvenida Gómez Sánchez, Milagros Concepción, Elvira Grecia Johnson Ortiz, Gisela Antonia Mercedes, Ana Joaquina Viñel Taveras ("La China"), Bernarda Jorge, Brunilda Soñé, Belén Vargas, Brunilda Amaral, Carmen Mazara, Carmen Pujols, Consuelo Despradel, Cristina Díaz, Delta Soto, entre otras, quienes, desde diversos frentes, contribuyeron de manera decisiva a la lucha y al soñado ideal de una nación libre y soberana.

El contraste entre el sacrificio histórico y la realidad actual

Dos generaciones de dominicanos con conciencia se entregaron a lucha por un un país digno, soberano, educado, culto, solidario, respetuoso, institucional... Casi la gran mayoría murió en combate: enfrentando tanto a los gorilas dominicanos, al invasor yanqui y al títere de derecha al servicio del imperialismo. Hombres y mujeres valiosos —héroes, prohombres y mártires— entregaron sus vidas por una causa que, con el paso del tiempo, ha sido degradada por prácticas que erosionan el tejido social: corrupción, mendacidad, violencia, saqueo, inseguridad, incultura, arribismo, insalubridad, subordinación y entreguismo.

Estas debilidades se manifiestan en la cotidianidad del ciudadano honesto, serio, educado, culto, cívico: un sistema financiero percibido como abusivo (los bancos saquean); una prensa muchas veces banalizada (torpe, irrespetuosa y mediocre, saturada en la actualidad por lo medios digitales y sus antinaturales exponentes de la perversidad y la deshonra); un sistema de salud deficiente y excluyente (que exhibe la perfidiosa característica de que el ciudadano que pasa de los 60 años se transforma en un ser desechable); un preocupante nivel de analfabetismo funcional (impresiona por lo mosntruoso que es); una cultura de irrespeto a las leyes; una clase profesional que sólo vive para lucrarse, sin importar lo que tenga que realizar para adquirir riqueza...

A ello se suma el caos vial, reconocido incluso a nivel internacional (somos el país del mundo donde peor se guía, con cerca de dos millones de ignorantes y transgresores conduciendo vehículos de motor dos ruedas con los que asaltan, roban y matan a quien los cuestione; los que conducen vehículos de cuatro no son mejores: viven en competencia olímpica por el que llegue primero, creando un caos total en las vías); el deterioro de las instituciones públicas, cuestionadas por su desempeño y su desconexión con las necesidades reales del pueblo (el Congreso está conformado por analfabetos funcionales cuyo fin primordial es saquear al erario, y el Ejecutivo, desde el primero hasta el último de sus integrantes, se ha convertido en el símbolo más alto de la ineptitud, la sinvergüencería, la expoliación y el lameculismo hacia el imperialismo yanqui, ese que nos invadió en en 1916 y nos saqueó hasta 1924, dejándonos la semilla del más perverso dictador que ha tenido América, y en 1965, cuando el pueblo y militares constitucionalistas salieron a las calles a luchar con armas para reponer la Constitución de 1963 y el retorno al poder de Juan Bosch, el único y verdadero gobierno democrático que ha tenido la República Dominicana).

Así, la historia no se cierra: permanece abierta, como una herida y como un llamado. Porque mientras los nombres de Caamaño, Fernández Domínguez y tantos otros sigan resonando en la memoria nacional, existirá también la posibilidad —y el deber— de reencontrar el camino que ellos trazaron con sangre, dignidad y esperanza. La verdadera conmemoración no está en el recuerdo vacío, sino en la responsabilidad de hacer que su sacrificio, algún día, deje de ser una promesa incumplida y se convierta, al fin, en destino.

Ing. Nemen Hazim Bassa
Santo Domingo, República Dominicana
24 de abril de 2026
La falacia de la democracia

Mientras el voto del intelecto tenga el mismo peso que el de la ignorancia, la democracia no será más que un instrumento falaz al servicio del capitalismo, destinada a acrecentar la riqueza de oligarcas y burgueses, y a perpetuar a la mayoria de la población mundial en la indigencia cognitiva y material. Bajo esta farsa, y con los grandes consorcios mediáticos confabulando en su infame labor de desinformar, las mayorías quedan condenadas a subsistir bajo la mentira impuesta por las minorias.

Ing. Nemen Hazim Bassa
12 de febrero de 1997
San Juan, Puerto Rico

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