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Entre la fe y la devastación: una lectura contemporánea de "Dos pesos de agua"

Desde las primeras elecciones en las que participó Donald Trump, de las que resultó triunfador, comenzamos a respaldar su candidatura por una sola razón: éramos plenamente conscientes de su carácter perturbado, y esa premisa nos llevó a albergar la esperanza de que, mediante sus desvaríos, contribuiría a desmantelar el perverso imperialismo estadounidense que tanto daño ha causado a la humanidad...

La sequía, el éxodo y la esperanza en el cuento de Juan Bosch. Remigia y la promesa de “dos pesos de agua” como acto de fe

“Dos pesos de agua”, un extraordinario cuento de Juan Bosch, narra la historia de una comunidad campesina dominicana marcada por la sequía y la pobreza. Se sitúa en un pequeño pueblo rural azotado por una sequía extrema, donde la falta de agua obliga a sus habitantes a abandonarlo paulatinamente en busca de mejores condiciones de vida. La tierra está completamente seca, los cultivos se han perdido y la desesperación empuja a las familias a emigrar, dejando atrás sus hogares.

En medio de esta situación, Remigia, una mujer profundamente creyente, decide quedarse y aferrarse a su fe. Convencida de que Dios escuchará sus súplicas, formula una promesa singular: ofrece “dos pesos de agua” como sacrificio, con la esperanza de que, a cambio, llegue la lluvia. Este acto refleja tanto su desesperación como su confianza en lo divino como única salida ante la crisis.

De la ilusión a la catástrofe

Sin embargo, la llegada de la lluvia no ocurre como ella espera. La situación se torna aún más desesperada, y la fe de Remigia es puesta a prueba de manera trágica. La lluvia finalmente llega, pero de forma descontrolada, provocando destrucción en lugar de alivio. Así, el cuento evidencia el contraste entre la esperanza y la realidad, destacando cómo la fe de Remigia, aunque sincera, no logra evitar una tragedia que termina afectando a quienes permanecieron en el pueblo.

Cuento editado por Nemen Hazim

En su rincón del Purgatorio, las Ánimas, entre llamas voraces, repasaban cuentas. Una de ellas, dijo: —¡Caramba! ¡La vieja Remigia, de Paso Hondo, ha quemado ya dos pesos de velas pidiendo agua!
Las compañeras saltaron vociferando: —¡Dos pesos, dos pesos!
Una preguntó: —¿Por qué no se le ha atendido, como es costumbre?
—¡Hay que atenderla! —gritó otra.
Se corrían la voz, se repetían el mandato: —¡Hay que mandar agua a Paso Hondo! ¡Dos pesos de agua! ¡Dos pesos de agua a Paso Hondo!
Todas estaban impresionadas; nunca llegó una entrega de agua a tal cantidad; ni siquiera a la mitad, ni aun a la tercera parte. Servían una noche de lluvia por dos centavos de velas, y cierta vez enviaron un diluvio entero por veinte centavos.
—¡Dos pesos de agua a Paso Hondo! —rugían. Todas se escandalizaban pensando en el agua que había que derramar por tanto dinero, mientras ellas ardían metidas en el fuego eterno, esperando que la suprema gracia de Dios las llamara a su lado.
Mientras afuera bramaba el temporal, adentro, con su nieto, soñaba Remigia, que se había hecho huraña y guardadora: pieza a pieza fue juntando sus centavos en una higuera con ceniza. Trabajaba en el conuquito, detrás de la casa, sembrando maíz y frijoles. El maíz lo usaba en engordar los pollos y los cerdos; los frijoles servían para la comida.
Abajo, en Paso Hondo, se nubló el cielo. Arriba, estalló un trueno. Un frente de lluvia venía de las lomas sobre el bohío. Ella sonrió de manera inconsciente; se sujetó las mejillas, abrió desmesuradamente los ojos. ¡Ya estaba lloviendo!
—Ahora —se decía—, en cuanto la tierra se ablande, siembro batata, arroz, frijoles y maíz. Todavía me quedan unos cuartitos con qué comprar semillas. El muchacho se va a sanar. ¡Lástima que la gente se haya ido! Quisiera verle la cara a Toribio, a ver qué pensaría de este aguacero. Tantas rogaciones, y sólo me van a aprovechar a mí.
—¡Yo sabía, yo lo sabía, yo lo sabía! —gritaba a voz en cuello.
—¡Lloviendo, lloviendo! —clamaba con los brazos tendidos hacia el cielo.
—¡Yo sabía!
Afuera seguía la lluvia incansable. Pasó una semana; pasaron diez días, quince… Se acabaron el arroz, la manteca, la sal... Bajo el agua tomó Remigia el camino de Las Cruces para comprar comida. Salió de mañana y retornó a media noche. Los ríos, los caños de agua y hasta las lagunas se adueñaban del mundo, borraban los caminos, se metían lentamente entre los conucos. El agua sucia entró por los quicios y empezó a esparcirse en el suelo. Agua aquí, allá, más lejos, entre los troncos escasos, en los lugares pelados.
—¿Será una niega? —se preguntó Remigia.
Mientras dormía, la despertó un golpe en una esquina de la vivienda. Se fue a levantar, pero sintió agua hasta casi las rodillas. Bramaba afuera el viento. El agua batía contra los setos del bohío. Entonces Remigia se lanzó del catre, como loca, y corrió a la puerta. Remigia sintió miedo.
—¡Virgen Santísima! —clamó. —¡Virgen Santísima, ayúdame!
Pero no era negocio de la Virgen, ni de Dios, sino de las Ánimas, que allá arriba gritaban: —¡Ya va medio peso de agua! ¡Ya va medio peso!
Cuando sintió el bohío torcerse por los torrentes, Remigia desistió de esperar y levantó al nieto. Se lo pegó al pecho; lo apretó, febril; luchó con el agua que le impedía caminar; empujó, como pudo, la puerta y se echó afuera. A la cintura llevaba el agua; y caminaba, caminaba. No sabía adónde iba. El agua crecía, crecía. Levantó más al nieto. Seguía sujetando al niño y gritando: —¡Virgen Santísima, Virgen Santísima!
Las Ánimas gritaban, enloquecidas: —¡Todavía falta; todavía falta! ¡Son dos pesos, dos pesos de agua! ¡Son dos pesos de agua!

Paralelismo político y crítica al poder imperial

¿Cuál es la razón de traer esta joya de Juan Bosch a colación? Desde las primeras elecciones en las que participó Donald Trump, de las que resultó triunfador, comenzamos a respaldar su candidatura por una sola razón: éramos plenamente conscientes de su carácter perturbado, y esa premisa nos llevó a albergar la esperanza de que, mediante sus desvaríos, contribuiría a desmantelar el perverso imperialismo estadounidense que tanto daño ha causado a la humanidad.

El 17 de enero de 2020, en un artículo nuestro titulado "Adiós, Barack Obama", afirmábamos: «Quizás Donald Trump, el gobernante entrante, sea peor que tú [en alusión a Barack Obama]; pero, aun cuando exhiba un currículum "limpio", el proceder nocivo le es intrínseco (no importa si intenta romper con el establishment): es blanco y republicano, no "negro africano" y "demócrata" como tú». En "Estados Unidos: el imperio del mal", señalamos: «Donald Trump es un perverso, un perturbado; por su clase social acciona en contra de la oligarquía que ostenta el poder en Estados Unidos. Habíamos depositado en él la esperanza de que hiciera añicos el lado oscuro del imperio que tanto daño ha ocasionado a la humanidad. Casi lo logra; lo dejó con profundas heridas...».

La lucha que ha entablado la oligarquía norteamericana contra Trump se sustenta en una forma atípica de lucha de clases: entre oligarquía y burguesía. Históricamente, la oligarquía ha detentado el poder en Estados Unidos, ya sea por representación directa o mediante el respaldo de políticos formados para servir a sus intereses. En el plano fáctico, quienes han llegado a la Casa Blanca lo han hecho con el propósito prefigurado de expoliar y subyugar a toda la humanidad. En diversos foros hemos expresado el deseo de que Donald Trump asuma la presidencia de Estados Unidos, por considerarlo el único capaz de contribuir al desmantelamiento del poder imperial; sin embargo, parece que “se nos fue la mano”. Los “dos pesos de agua” que Remigia —una mujer creyente que se aferra a su fe, convencida de que Dios escuchará sus súplicas— promete como sacrificio, en espera de la lluvia, se asemejan a los “dos pesos” que simbólicamente invertimos al encender velas y pedir a las Ánimas que Trump —degenerado, corrupto, pedófilo, xenófobo, fratricida, saqueador y cuanto calificativo degradante le aplique— ponga fin al imperio desvalijador y destructor.

Así como la lluvia cayó sin cesar durante semanas, causando destrucción y muerte en Paso Hondo, Donald Trump se perfila, en esta analogía, como una fuerza potencialmente destructiva que podría acarrear consecuencias devastadoras a escala global.

Ing. Nemen Hazim Bassa
Santo Domingo, República Dominicana
17 de abril de 2026
La falacia de la democracia

Mientras el voto del intelecto tenga el mismo peso que el de la ignorancia, la democracia no será más que un instrumento falaz al servicio del capitalismo, destinada a acrecentar la riqueza de oligarcas y burgueses, y a perpetuar a la mayoria de la población mundial en la indigencia cognitiva y material. Bajo esta farsa, y con los grandes consorcios mediáticos confabulando en su infame labor de desinformar, las mayorías quedan condenadas a subsistir bajo la mentira impuesta por las minorias.
Ing. Nemen Hazim Bassa
12 de febrero de 1997
San Juan, Puerto Rico

Himno Nacional Dominicano




Letra de Emilio Prud'Homme y música de José Reyes
Quisqueyanos valientes, alcemos, nuestro canto con viva emoción, y del mundo a la faz ostentemos nuestro invicto, glorioso pendón.
¡Salve! el pueblo que, intrépido y fuerte, a la guerra a morir se lanzó, cuando en bélico reto de muerte sus cadenas de esclavo rompió.
Ningún pueblo ser libre merece si es esclavo, indolente y servil; si en su pecho la llama no crece que templó el heroísmo viril,
Más Quisqueya la indómita y brava siempre altiva la frente alzará; que si fuere mil veces esclava otras tantas ser libre sabrá.
Que si dolo y ardid la expusieron de un intruso señor al desdén, Las Carreras! Beller!… campos fueron que cubiertos de gloria se ven.
que en la cima de heroico baluarte de los libres el verbo encarnó, donde el genio de Sánchez y Duarte a ser libre o morir enseñó.
Y si pudo inconsulto caudillo de esas glorias el brillo empañar, de la guerra se vió en Capotillo la bandera de fuego ondear.
Y el incendio que atónito deja de Castilla al soberbio león, de las playas gloriosas le aleja donde flota el cruzado pendón.
Compatriotas, mostremos erguida nuestra frente, orgullosos de hoy más; que Quisqueya será destruida pero sierva de nuevo, jamás!
Que es santuario de amor cada pecho do la patria se siente vivir; y es su escudo invencible, el derecho; y es su lema: ser libre o morir.
¡Libertad! que aún se yergue serena la Victoria en su carro triunfal, y el clarín de la guerra aún resuena pregonando su gloria inmortal
¡Libertad! Que los ecos se agiten mientras llenos de noble ansiedad nuestros campos de gloria repiten Libertad! Libertad! Libertad!

Himno a la Revolución de Abril de 1965




Letra y Música de Aníbal de Peña
A luchar soldado valiente, que empezó la revolución, a imponer los nobles principios, que reclama la constitución.
Desgarró la noche serena, la sirena de la libertad, cual clarín que llama a la guerra, defendiendo la Patria inmortal.
Como hermanos de Duarte luchemos, que ya Mella en el grito encarnó, si cual Sánchez al martirio iremos, venceremos como Luperón.
No cedamos un paso, marchemos, por senderos de gloria y honor, y otra vez al traidor venceremos, y otra vez al grosero invasor.
A luchar soldado valiente... A luchar soldado valiente.

Himno a la Raza Inmortal [Catorce de Junio-1J4]




Escrito por Ángel Concepción, Leandro Guzmán y Vinicio Echavarría. Musicalización de Héctor Jiménez
LLegaron llenos de patriotismo, enamorados de un puro ideal, y con su sangre noble encendieron, la llama augusta de la libertad.
Su sacrificio que Dios bendijo, la Patria entera glorificará, como homenaje a los valientes, que allí cayeron por la libertad.
LLegaron llenos de patriotismo, enamorados de un puro ideal, y con su sangre noble encendieron, la llama augusta de la libertad.
Su sacrificio que Dios bendijo, la Patria entera glorificará, como homenaje a los valientes, que allí cayeron por la libertad.
14 de junio, gloriosa gesta nacional; tus mártires están en el alma popular.
Hermanas Mirabal, heroínas sin igual, un grito vibrante, es el grito de la Patria inmortal.
14 de junio, gloriosa gesta nacional; tus mártires están en el alma popular.
Hermanas Mirabal, heroínas sin igual, un grito vibrante, es el grito de la Patria inmortal.
LLegaron llenos de patriotismo, enamorados de un puro ideal, y con su sangre noble encendieron, la llama augusta de la libertad.
Su sacrificio que Dios bendijo, la Patria entera glorificará, como homenaje a los valientes, que allí cayeron por la libertad.

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