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Amanda Knox y la doble moral de Estados Unidos: justicia, poder y narrativa

El abuso cometido por el sistema judicial italiano y la obscena participación de los medios occidentales, encabezados por la propia Italia y el Reino Unido, en el perverso juicio que se desarrolló contra Amanda Knox, una estudiante norteamericana que llegó a Italia con un sueño y salió desmenuzada...

Amanda Knox, Europa y la narrativa de la injusticia

"La retorcida historia de Amanda Knox (The Twisted Tale of Amanda Knox)" es una miniserie de Hulu que narra la compleja odisea legal que Amanda Knox se vio obligada a atravesar tras ser encarcelada en Italia de la manera más injusta imaginable (a raíz del asesinato en 2007 de Meredith Kercher, su compañera de cuarto). La serie se centra en la ardua lucha que tuvo que librar Amanda Knox para demostrar su inocencia, así como en el profundo impacto del juicio mediático que rodeó el caso. Se estrenó el 20 de agosto de 2025 y consta de ocho episodios, contando además con la participación de la propia Knox como productora ejecutiva junto a Monica Lewinsky.

Aunque el proyecto ha suscitado controversias en Italia, la serie ha generado un notable interés al representar la primera ocasión en que Knox expone su versión de los hechos dentro de un formato dramático —en cuyo guion participó activamente—, procurando ofrecer una visión más nítida de su estoica privación de libertad en una cárcel, consecuencia del injustificado acoso por parte de la denominada "justicia" italiana, que actuó con un encono difícilmente explicable, carente de pruebas concluyentes que la inculparan y, pese a ello, obviando evidencias sustanciales sobre la identidad del verdadero homicida de tan abominable hecho. Asimismo, la serie busca restituir su narrativa frente a las distorsionadas y sensacionalistas versiones difundidas por diversos medios de comunicación, particularmente los de Italia y el Reino Unido.

El contexto histórico y el papel de las potencias

Europa ha subsistido hasta nuestros días, en gran medida, gracias al decisivo papel desempeñado por la Unión Soviética y, porque hay que reconocerlo, por la incursión de los Estados Unidos en la contienda bélica. La historia de la URSS es sobradamente conocida, pues fue esta quien, con su arrojo y el inmenso sacrificio de millones de vidas humanas, logró doblegar a Adolf Hitler. Por su parte, Estados Unidos tuvo una participación reconocida en el conflicto que asoló a Europa; no obstante, su actuación en el contexto global quedó marcada por una indeleble mancha histórica: el lanzamiento de dos bombas atómicas sobre ciudades japonesas, acto que segó la vida de cientos de miles de civiles inocentes y dejó una persistente secuela de enfermedades mortales que perdura hasta nuestros días. Se trata, además, de las únicas armas nucleares empleadas en la historia de la humanidad.

El párrafo anterior no constituye una digresión respecto del tema principal: el abuso cometido por el sistema judicial italiano y la obscena participación de los medios occidentales, encabezados por la propia Italia y el Reino Unido. Antes bien, funciona como un preámbulo necesario para introducir una narrativa personal vivida por el autor en diversos viajes realizados a varios países europeos, la cual servirá de base para un análisis que pretende ser inobjetable acerca de los sentimientos que albergan ciertos sectores de esos autodenominados “aristocráticos” europeos, siempre dispuestos a poner los muertos en las guerras (como si una brutalidad casi congénita los definiera), en relación con los Estados Unidos y sus ciudadanos.

Percepción europea sobre Estados Unidos: experiencia personal

En múltiples conversaciones sostenidas en la mayoría de los países europeos, especialmente en los occidentales, hemos percibido un marcado desprecio hacia los ciudadanos estadounidenses; un desprecio que en ocasiones roza el odio, sentimiento difícil de comprender si se considera que fueron precisamente ellos quienes se atrevieron a cruzar océanos, combatir y morir para contribuir a su lucha contra el nazismo, esa aberrante ideología que, de no haber sido derrotada por la URSS y los Estados Unidos, bien podría haber imperado en todo el planeta. Más aún, en los “tours” contratados para recorrer Europa, hemos sido testigos —cada vez que surge la ocasión de formular alguna reclamación pertinente o de presenciar algún incidente— de la falta de civismo y de la indolencia mostrada por autoridades y empresas privadas vinculadas a estos servicios.

¿Qué expresión termina brotando, entonces, de nuestros labios o de los de otros viajeros? “Mientras más conozco a Europa, más amo a Estados Unidos”. Y conviene dejar constancia de que, en lo que respecta al autor, se mantiene una postura abiertamente crítica frente a los desafueros en los que incursiona el imperialismo yanqui.

¿Por qué Amanda Knox constituye el eje central de este ensayo? Porque todo Estados Unidos se volcó en favor de su ciudadana —como era de esperarse—, incluso esa prensa descerebrada de la derecha que produce repulsión leer, ver o escucharla. Y debía ser así, aunque no por su condición de ciudadana norteamericana, sino porque lo que se perpetró contra Amanda Knox representa una de las mayores injusticias que recoge la historia de la humanidad en materia de procesos judiciales vinculados al crimen. La denominada “justicia” italiana y los medios sensacionalistas desempeñaron un papel profundamente inhumano frente a una joven que no tenía ni motivos ni medios para cometer el delito del que se le acusaba, y que posteriormente se demostraría había sido perpetrado por un ciudadano africano, uno de tantos individuos a quienes los propios imperios han contribuido a deshumanizar hasta convertirlos, en la percepción colectiva, en monstruos.

Estados Unidos y su incoherencia en la lucha contra las injusticias

¿Por qué el énfasis se coloca en el reconocimiento y combate de las injusticias? Porque se debería actuar enfrentando las injusticias, los saqueos, las destrucciones, las guerras y los asesinatos que el propio imperialismo yanqui perpetra de manera sistemática. El pueblo estadounidense, así como su prensa, debería conducirse con mayor seriedad, dignidad y decoro. Deberían cuestionarse, por ejemplo, por qué su país mantiene una vasta red de bases militares en el mundo —cuya cifra varía según las fuentes, pero que distintos análisis sitúan en 900 instalaciones distribuidas globalmente—; por qué se han sostenido narrativas que, con el paso del tiempo, terminan siendo reconocidas ("desclasificadas") como falsas sin mayor consecuencia; o por qué respaldan acciones militares y geopolíticas que derivan en la muerte de civiles, incluidos niños y mujeres, en distintos escenarios internacionales.

Asimismo, deberían reflexionar sobre las intervenciones ejecutadas por los presidentes Bush padre e hijo, Reagan, Clinton, Obama, Biden y Trump —el actual violador y pedófilo degenerado— en países como Palestina, Granada, Irak, Afganistán, Panamá, Irán, Venezuela, Cuba, Nicaragua, Libia, República Dominicana, Yemen o Siria, así como sobre las presiones ejercidas sobre otras naciones, muchas de ellas poseedoras de recursos estratégicos. Resulta legítimo preguntarse por qué se han producido conflictos que han desembocado en la destrucción de naciones y en la muerte de millones de sus ciudadanos que jamás representaron una amenaza directa para el país ni para sus connacionales.

En definitiva, si el principio rector es la lucha contra la injusticia —como se reivindica en el caso de Amanda Knox—, ese mismo principio debería ser aplicado por Estados Unidos, como nación, y también por su pueblo, de manera coherente y universal, sin excepciones ni dobles raseros, frente a todos los golpes de Estado, las intervenciones, los asesinatos, los saqueos y las destrucciones en los que se ha visto involucrado alrededor del mundo; pues no basta con alzar la voz en casos particulares cuando conviene a sus intereses, sino que resulta imprescindible asumir una postura ética firme, consistente y sostenida en el tiempo, que condene de igual manera cualquier vulneración de derechos, sin importar el contexto, la geografía o los actores implicados, si es que verdaderamente pretende defender la justicia como un valor universal y no como una herramienta selectiva.

Ing. Nemen Hazim Bassa
Santo Domingo, República Dominicana
29 de abril de 2026
La falacia de la democracia

Mientras el voto del intelecto tenga el mismo peso que el de la ignorancia, la democracia no será más que un instrumento falaz al servicio del capitalismo, destinada a acrecentar la riqueza de oligarcas y burgueses, y a perpetuar a la mayoria de la población mundial en la indigencia cognitiva y material. Bajo esta farsa, y con los grandes consorcios mediáticos confabulando en su infame labor de desinformar, las mayorías quedan condenadas a subsistir bajo la mentira impuesta por las minorias.
Ing. Nemen Hazim Bassa
12 de febrero de 1997
San Juan, Puerto Rico

Himno Nacional Dominicano




Letra de Emilio Prud'Homme y música de José Reyes
Quisqueyanos valientes, alcemos, nuestro canto con viva emoción, y del mundo a la faz ostentemos nuestro invicto, glorioso pendón.
¡Salve! el pueblo que, intrépido y fuerte, a la guerra a morir se lanzó, cuando en bélico reto de muerte sus cadenas de esclavo rompió.
Ningún pueblo ser libre merece si es esclavo, indolente y servil; si en su pecho la llama no crece que templó el heroísmo viril,
Más Quisqueya la indómita y brava siempre altiva la frente alzará; que si fuere mil veces esclava otras tantas ser libre sabrá.
Que si dolo y ardid la expusieron de un intruso señor al desdén, Las Carreras! Beller!… campos fueron que cubiertos de gloria se ven.
que en la cima de heroico baluarte de los libres el verbo encarnó, donde el genio de Sánchez y Duarte a ser libre o morir enseñó.
Y si pudo inconsulto caudillo de esas glorias el brillo empañar, de la guerra se vió en Capotillo la bandera de fuego ondear.
Y el incendio que atónito deja de Castilla al soberbio león, de las playas gloriosas le aleja donde flota el cruzado pendón.
Compatriotas, mostremos erguida nuestra frente, orgullosos de hoy más; que Quisqueya será destruida pero sierva de nuevo, jamás!
Que es santuario de amor cada pecho do la patria se siente vivir; y es su escudo invencible, el derecho; y es su lema: ser libre o morir.
¡Libertad! que aún se yergue serena la Victoria en su carro triunfal, y el clarín de la guerra aún resuena pregonando su gloria inmortal
¡Libertad! Que los ecos se agiten mientras llenos de noble ansiedad nuestros campos de gloria repiten Libertad! Libertad! Libertad!

Himno a la Revolución de Abril de 1965




Letra y Música de Aníbal de Peña
A luchar soldado valiente, que empezó la revolución, a imponer los nobles principios, que reclama la constitución.
Desgarró la noche serena, la sirena de la libertad, cual clarín que llama a la guerra, defendiendo la Patria inmortal.
Como hermanos de Duarte luchemos, que ya Mella en el grito encarnó, si cual Sánchez al martirio iremos, venceremos como Luperón.
No cedamos un paso, marchemos, por senderos de gloria y honor, y otra vez al traidor venceremos, y otra vez al grosero invasor.
A luchar soldado valiente... A luchar soldado valiente.

Himno a la Raza Inmortal [Catorce de Junio-1J4]




Escrito por Ángel Concepción, Leandro Guzmán y Vinicio Echavarría. Musicalización de Héctor Jiménez
LLegaron llenos de patriotismo, enamorados de un puro ideal, y con su sangre noble encendieron, la llama augusta de la libertad.
Su sacrificio que Dios bendijo, la Patria entera glorificará, como homenaje a los valientes, que allí cayeron por la libertad.
LLegaron llenos de patriotismo, enamorados de un puro ideal, y con su sangre noble encendieron, la llama augusta de la libertad.
Su sacrificio que Dios bendijo, la Patria entera glorificará, como homenaje a los valientes, que allí cayeron por la libertad.
14 de junio, gloriosa gesta nacional; tus mártires están en el alma popular.
Hermanas Mirabal, heroínas sin igual, un grito vibrante, es el grito de la Patria inmortal.
14 de junio, gloriosa gesta nacional; tus mártires están en el alma popular.
Hermanas Mirabal, heroínas sin igual, un grito vibrante, es el grito de la Patria inmortal.
LLegaron llenos de patriotismo, enamorados de un puro ideal, y con su sangre noble encendieron, la llama augusta de la libertad.
Su sacrificio que Dios bendijo, la Patria entera glorificará, como homenaje a los valientes, que allí cayeron por la libertad.

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