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Donald Trump y el intervencionismo de Estados Unidos: la historia que explica su poder

La Doctrina Monroe, impulsada bajo la presidencia de James Monroe y concebida en gran medida por John Quincy Adams, estableció el principio de “América para los americanos”, interpretado como un rechazo a la intervención europea en el continente, pero también como la afirmación de una esfera de influencia propia: "considerar cualquier intervención europea en los destinos de los países americanos como un agravio directo a los Estados Unidos, que ameritaría una respuesta inmediata y contundente"

Donald Trump no surgió de la nada; tampoco lo hicieron sus excesos, ni la agresividad que muchos le atribuyen. Desde 1776, año de su independencia de Inglaterra, Estados Unidos ha venido configurando, a través de acciones frecuentemente situadas al margen del derecho internacional y acompañadas de discursos justificativos, el entramado político e ideológico que hoy se expresa en su liderazgo contemporáneo. Este proceso histórico ha estado marcado por una constante priorización del poder militar y la expansión de su influencia, rasgos que se remontan a los primeros momentos de su formación como Estado bajo figuras como George Washington, Thomas Jefferson, Benjamin Franklin, John Adams, Alexander Hamilton, John Jay y James Madison.

Las bases de un proyecto expansionista, intervencionista, usurpador y fratricida

Algunos de los planteamientos atribuidos a líderes fundacionales reflejan una temprana visión expansionista. Thomas Jefferson sostenía: “Nuestra Confederación debe ser considerada como el nido desde el cual toda América, así la del Norte como la del Sur, habrá de ser poblada... Por el momento, aquellos países se encuentran en las mejores manos, y sólo temo que estas resulten demasiado débiles para mantenerlos sujetos hasta que nuestra población haya crecido lo suficiente para írselos arrebatando pedazo a pedazo”. Alexander Hamilton decía: “Podemos esperar que dentro de poco tiempo nos convirtamos en los árbitros de Europa en América, pudiendo inclinar la balanza de las luchas europeas, en esta parte del mundo, de acuerdo con lo que dicten nuestros intereses”.

Asimismo, John Adams señalaba: “La gente de Kentucky está llena de ansias de empresa y aunque no es pobre, siente la misma avidez de saqueo que dominó a los romanos en sus mejores tiempos. México centellea ante nuestros ojos. Lo único que esperamos es ser dueños del mundo”, mientras que James Madison, en referencia a Haití, expresó posturas que hoy serían consideradas abiertamente racistas: “La existencia de un pueblo negro en armas es un espectáculo horrible para las naciones blancas”. Henry Clay, por su parte, destacaba el potencial económico del continente americano en términos de recursos y comercio: “Toda América obrará de acuerdo con nosotros. Podemos, con toda seguridad, confiar en el espíritu de nuestros comerciantes. Los metales preciosos están en América del Sur. Nuestra navegación reportará los beneficios del transporte y nuestro país recibirá los beneficios mercantiles”.

La Doctrina Monroe, impulsada bajo la presidencia de James Monroe y concebida en gran medida por John Quincy Adams, estableció el principio de “América para los americanos”, interpretado como un rechazo a la intervención europea en el continente, pero también como la afirmación de una esfera de influencia propia: "considerar cualquier intervención europea en los destinos de los países americanos como un agravio directo a los Estados Unidos, que ameritaría una respuesta inmediata y contundente". En esa misma línea, Jefferson consideraba a Cuba una pieza estratégica para la seguridad continental, mientras que John Quincy Adams describía a Cuba y Puerto Rico como extensiones naturales del sistema estadounidense. Otras declaraciones, como las atribuidas a Andrew Jackson, evidencian la violencia estructural ejercida contra los pueblos originarios: "Toda la nación Cherokee debería ser exterminada; y lo mejor sería acabar con las mujeres indias para que no se reprodujeran".

El Destino Manifiesto

El llamado Destino Manifiesto emergió en el siglo XIX como una doctrina que justificaba la expansión territorial de Estados Unidos bajo la premisa de una supuesta misión providencial. Esta ideología sirvió de fundamento para la anexión de territorios como Texas, Oregón, California y Nuevo México, así como para la guerra contra México y el desplazamiento de poblaciones indígenas.

Más allá de su impacto geográfico, este proceso configuró una cultura política orientada hacia la intervención y la expansión. Influido por ideas de predestinación y excepcionalismo, Estados Unidos consolidó un modelo de proyección de poder que también reflejaba herencias del imperialismo europeo, particularmente británico y francés. Puerto Rico, a finales del siglo XIX, se convirtió en uno de los últimos territorios incorporados bajo esta lógica.

Implementación de las doctrinas originarias, intervenciones, golpes de Estado y proyección de poder en el siglo XX

A lo largo del siglo XX, Estados Unidos desplegó una amplia gama de intervenciones en distintos países, especialmente en el contexto de la Guerra Fría. En América Latina, estas acciones incluyeron el golpe de Estado en Guatemala (1954 - la CIA apoyó el derrocamiento del presidente Jacobo Árbenz para proteger intereses económicos de la United Fruit Company), el derrocamiento de Juan Bosch en República Dominicana (1963 - bajo la acusación de comunista), el golpe en Chile (1973 - EE. UU. respaldó indirectamente el golpe que derrocó a Salvador Allende, facilitando la llegada de Augusto Pinochet) y la invasión de Panamá (1989 - una operación militar para derrocar a Manuel Noriega). Hubo, entre otros episodios, destrucción y saqueo. Asimismo, intervino en Nicaragua mediante el apoyo a los “Contras”, y ejecutó acciones militares directas, como el desembarco de tropas en República Dominicana en 1965 (para combatir una revolución constitucionalista que luchaba por el retorno de Juan Bosch al poder). Intervino en Haití (varias veces) y en Cuba se embarcó en varios intentos para asesinar a Fidel Castro

En Asia intervino y estableció guerra contra Corea y Vietnam (participación masiva para evitar la supuesta expansión comunista); participó en el golpe de Estado en Irán de 1953 (la CIA ayudó a derrocar a Mohammad Mosaddegh y restaurar al Sha Mohammad Reza Pahlavi, en parte por intereses petroleros). En Medio Oriente apoyo a gobiernos o golpes en países estratégicos para controlar recursos (especialmente petróleo) y "contener la influencia soviética". Realizó intervenciones indirectas en conflictos mediante financiamiento o entrenamiento militar. Llevó a cabo saqueos y explotación económica (en varios casos, las intervenciones estuvieron vinculadas a intereses de empresas estadounidenses).

Continuidades en la política exterior. Engendro del monstruo

George Bush, Barack Obama y Joe Biden, con sus gobiernos guerreristas, usurpaciones de recursos, bombardeos y asesinatos de cientos de miles de ciudadanos indefensos, se encargarían de moldear al monstruo, que ya había dado señales de su inestabilidad emocional, de sus robos (incluso al mismo gobierno yanqui), de su pedofilia, de su xenofobia, de sus condiciones inhumanas y de la aberrante indolencia ante sus asesinatos [había ejecutado a Qasem Soleimani, el general iraní comandante de la Fuerza Quds de la Guardia Revolucionaria de Irán, quien era una figura central en la estrategia militar iraní en Oriente Medio y se había convertido en uno de los líderes más eficaces en la lucha contra el Estado Islámico (ISIS) en Irak y Siria].

En este contexto, la figura de Donald Trump puede interpretarse como una manifestación particular —y controvertida— de una trayectoria histórica más amplia. Su estilo confrontativo y sus decisiones políticas han generado intensos debates, tanto a nivel interno como internacional, sobre el rumbo de Estados Unidos y su papel en el sistema global. Busch hijo, Obama y Biden se encargaron de acabar con cientos de miles de seres humanos, bombardearon un elevado número de países y saquearon lo que pudieron mientras daban por terminadas sus gestiones como rectores el imperialismo yanqui. Lo que queda se lo dejaron a Donald Trump, quien ha hecho alarde de su incapacidad mental para destruir la humanidad restante y llevar a este mundo a una nueva Edad de Piedra...

Ing. Nemen Hazim Bassa
Santo Domingo, República Dominicana
14 de abril de 2026
La falacia de la democracia

Mientras el voto del intelecto tenga el mismo peso que el de la ignorancia, la democracia no será más que un instrumento falaz al servicio del capitalismo, destinada a acrecentar la riqueza de oligarcas y burgueses, y a perpetuar a la mayoria de la población mundial en la indigencia cognitiva y material. Bajo esta farsa, y con los grandes consorcios mediáticos confabulando en su infame labor de desinformar, las mayorías quedan condenadas a subsistir bajo la mentira impuesta por las minorias.
Ing. Nemen Hazim Bassa
12 de febrero de 1997
San Juan, Puerto Rico

Himno Nacional Dominicano




Letra de Emilio Prud'Homme y música de José Reyes
Quisqueyanos valientes, alcemos, nuestro canto con viva emoción, y del mundo a la faz ostentemos nuestro invicto, glorioso pendón.
¡Salve! el pueblo que, intrépido y fuerte, a la guerra a morir se lanzó, cuando en bélico reto de muerte sus cadenas de esclavo rompió.
Ningún pueblo ser libre merece si es esclavo, indolente y servil; si en su pecho la llama no crece que templó el heroísmo viril,
Más Quisqueya la indómita y brava siempre altiva la frente alzará; que si fuere mil veces esclava otras tantas ser libre sabrá.
Que si dolo y ardid la expusieron de un intruso señor al desdén, Las Carreras! Beller!… campos fueron que cubiertos de gloria se ven.
que en la cima de heroico baluarte de los libres el verbo encarnó, donde el genio de Sánchez y Duarte a ser libre o morir enseñó.
Y si pudo inconsulto caudillo de esas glorias el brillo empañar, de la guerra se vió en Capotillo la bandera de fuego ondear.
Y el incendio que atónito deja de Castilla al soberbio león, de las playas gloriosas le aleja donde flota el cruzado pendón.
Compatriotas, mostremos erguida nuestra frente, orgullosos de hoy más; que Quisqueya será destruida pero sierva de nuevo, jamás!
Que es santuario de amor cada pecho do la patria se siente vivir; y es su escudo invencible, el derecho; y es su lema: ser libre o morir.
¡Libertad! que aún se yergue serena la Victoria en su carro triunfal, y el clarín de la guerra aún resuena pregonando su gloria inmortal
¡Libertad! Que los ecos se agiten mientras llenos de noble ansiedad nuestros campos de gloria repiten Libertad! Libertad! Libertad!

Himno a la Revolución de Abril de 1965




Letra y Música de Aníbal de Peña
A luchar soldado valiente, que empezó la revolución, a imponer los nobles principios, que reclama la constitución.
Desgarró la noche serena, la sirena de la libertad, cual clarín que llama a la guerra, defendiendo la Patria inmortal.
Como hermanos de Duarte luchemos, que ya Mella en el grito encarnó, si cual Sánchez al martirio iremos, venceremos como Luperón.
No cedamos un paso, marchemos, por senderos de gloria y honor, y otra vez al traidor venceremos, y otra vez al grosero invasor.
A luchar soldado valiente... A luchar soldado valiente.

Himno a la Raza Inmortal [Catorce de Junio-1J4]




Escrito por Ángel Concepción, Leandro Guzmán y Vinicio Echavarría. Musicalización de Héctor Jiménez
LLegaron llenos de patriotismo, enamorados de un puro ideal, y con su sangre noble encendieron, la llama augusta de la libertad.
Su sacrificio que Dios bendijo, la Patria entera glorificará, como homenaje a los valientes, que allí cayeron por la libertad.
LLegaron llenos de patriotismo, enamorados de un puro ideal, y con su sangre noble encendieron, la llama augusta de la libertad.
Su sacrificio que Dios bendijo, la Patria entera glorificará, como homenaje a los valientes, que allí cayeron por la libertad.
14 de junio, gloriosa gesta nacional; tus mártires están en el alma popular.
Hermanas Mirabal, heroínas sin igual, un grito vibrante, es el grito de la Patria inmortal.
14 de junio, gloriosa gesta nacional; tus mártires están en el alma popular.
Hermanas Mirabal, heroínas sin igual, un grito vibrante, es el grito de la Patria inmortal.
LLegaron llenos de patriotismo, enamorados de un puro ideal, y con su sangre noble encendieron, la llama augusta de la libertad.
Su sacrificio que Dios bendijo, la Patria entera glorificará, como homenaje a los valientes, que allí cayeron por la libertad.

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