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II.- Luis Abinader y el "Gobierno de la Reversa": entre el discurso de campaña y la realidad del poder

Existe una desconexión profunda entre el discurso de soberanía, nacionalismo, "transparencia" y ejecución administrativa. La política exterior de esta gestión, un baluarte exclusivo de las naciones libres e independientes, es la de arrodillarse y alinearse ciegamente con los intereses estadounidenses...

El "Gobernante de la Reversa" y la desconexión administrativa

El sobrenombre de "Gobernante de la Reversa" ha sido una constante hasta 2026 (durante los 6 años que ha ejercido la presidencia). Se manifiesta cuando el presidente anuncia medidas (peajes, ley DNI, nuevos impuestos) y se retracta ante la presión de las redes sociales alegando que "escucha al pueblo". Para sus seguidores ─como es de esperarse de quienes caminan detrás del "Mesías" ciegamente (aunque no tan ciegamente: prebendas y sueldos están envueltos)─, es señal de democracia ("el presidente escucha a su pueblo"); para sus críticos (y no tan críticos: sólo se requiere de sentido común), es evidencia de improvisación y falta de un plan coherente de política de Estado.

Existe una desconexión profunda entre el discurso de soberanía, nacionalismo, "transparencia" y ejecución administrativa. Mostramos algunos puntos que tocan fibras muy sensibles de la opinión pública dominicana actual, especialmente en lo que respecta a la equidad y el uso de los fondos del Estado.

Relación con Estados Unidos ("servilismo")

Sumisión al imperialismo yanqui

La alineación con Washington es casi total. Luis Abinader ha adoptado posturas que sacrifican la soberanía de la República Dominicana en favor de los intereses estadounidenses, especialmente respecto a la crisis en Haití. No ha tenido la virtud de la coherencia para terminar con la incongruencia, o con la incoherencia, o con la hipocresía, o con la farsa, o con la simulación, o con la manipulación, o con su propia inestabilidad, entre muchás otras definiciones que reflejan inseguridad o baja autoestima. Bajo su mandato, la República Dominicana ha tomado posturas totalmente alineadas con los intereses de EE. UU., tanto en foros internacionales como a nivel de decisiones internas que lo han convertido en el presidente más menudo que ha tenido la nación.

El señor Abinader es libanés, como el autor. O sea, es árabe (como el autor). Padres en algunos casos, y abuelos en otros, llegaron del Líbano, Siria y Palestina; somos dominicanos porque se asentaron en esta tierra, nos alumbraron en ella y lo dieron todo por la patria. Ni siquiera esa sangre que corre por sus venas lo ha llevado a sancionar el genocidio que cometen judíos y sionistas en Palestina: más de 70 mil palestinos han sido asesinados vilmente por las armas yanquis en manos de Israel ─incluidos más de 40 mil niños, mujeres y ancianos─; más de 25 mil han sido desmembrados; Gaza completa ha sido destruida; no hay comida ni agua, tampoco hospitales y médicos; y, con toda esa barbarie ─televisada─, ese señor, en lugar de defender su sangre, fue capaz de ofrecer apoyo al "perverso pueblo del diablo", que tiene que ser como debe darse a conocer al pueblo judío.

Estados Unidos, el país que cometió esta atrocidad lanzando las únicas bombas atómicas registradas hasta hoy en la historia de la humanidad. Mató 300 mil japoneses (niños, mujeres, ancianos y hombres indefensos la gran mayoría) en el acto, sin contar con los miles que murieron después, víctimas de la secuela de la radiación. ¡Y aún así, tiene el descaro de prohibir a otras naciones que posean armas nucleares! ¿No es, acaso, el persuasivo que necesita este mundo ante los desafueros que comete el imperialismo yanqui? Este engendro es paradigma para Luis Abinader y demás enajenados que habitan el planeta...

Su amorfia no termina ahí: condenó a Irán sin tener idea de lo que es esa civilización. Estados Unidos bombardeó a Irán en plenas negociaciones acerca de su programa nuclear, asesinando de entrada 164 niñas mientras recibían clases en una escuela; le ha quitado la vida ─además─ a más de 4 mil iraníes, ha destruido hospitales con médicos en pleno ejercicio, ha bombardeado estructuras vitales, asesinó a su líder político y espritual, y, con todo eso en sus narices, ese señor, en lugar de condenar tal atrocidad, apoya una intervención más del imperialismo yanqui, el más malvado que ha conocido la humanidad y el único que ha lanzado bombas atómicas ─dos, no una: sobre indefensos japoneses de Hiroshima y Nagasaki, ciudades en las que murieron cerca de 300 mil personas─, tan inmoral que persigue y asesina a pueblos que intenten desarrollarla (que no es el caso de Irán, que a partir de ahora sí debe fabricarla: es la única diplomacia que entienden los colinialistas e intervencionistas gringos y europeos).

Abinader ha etiquetado al Cuerpo de la Guardia Revolucionaria Islámica de Irán y a Hezbolá como organizaciones terroristas. Este señor es tan servil, y tan poca cosa, que escribió reconociendo el heroismo de su padre, José Rafael Abinader Wassaf ─íntegro, honesto y revolucionario, de quien no sacó otra cosa que no haya sido capital económico─, quien fuera Ministro de Finanzas durante el gobierno constitucionalista encabezado por el coronel Francisco Alberto Caamaño Deñó durante la Revolución de Abril de 1965, sin darse cuenta lo vil en que lo convierte tal acción: mientras su padre estuvo del lado constitucionalista en la Revolución (que también fue Guerra Patria, pues la invasión de más de 40 mil marines yanquis le dio esa categoría), él, hijo de José Rafael, le ha entregado esta patria de Caamaño al yanqui imperialista.

Para poner fin a este tema, debemos señalar lo que está haciendo Luis Abinader con las relaciones con Rusia y China: el país está operando bajo un "manual de instrucciones" escrito en Washington que lo que hace es prostituir la soberanía. En los últimos años, esa alineación ha sido muy evidente. ¿Cuáles son los resultados? La política exterior de esta gestión es la de arrodillarse y alinearse ciegamente con los intereses estadounidenses.

Continúa...

Ing. Nemen Hazim Bassa
Santo Domingo, República Dominicana
15 de mayo de 2026
La falacia de la democracia

Mientras el voto del intelecto tenga el mismo peso que el de la ignorancia, la democracia no será más que un instrumento falaz al servicio del capitalismo, destinada a acrecentar la riqueza de oligarcas y burgueses, y a perpetuar a la mayoria de la población mundial en la indigencia cognitiva y material. Bajo esta farsa, y con los grandes consorcios mediáticos confabulando en su infame labor de desinformar, las mayorías quedan condenadas a subsistir bajo la mentira impuesta por las minorias.
Ing. Nemen Hazim Bassa
12 de febrero de 1997
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