22 de diciembre de 2015

¿Quién es el prócer? ¿Juan de los Santos o José A. Beltré? (I de III)

Presidente Juan Bosch: jefe político de la Revolución de Abril de 1965 (I de III). “Querido compañero… Me puse muy contento con tu carta y se la enseñé a la persona cuyo nombre le pusiste a tu hijito, a quien Dios bendiga y dé larga vida”. La persona a quien Bosch mostró la carta, quien 50 años después alcanzaría la estatura de Prócer, caló tan profundamente en el corazón de José A. Beltré que lo llevó a llamarle Francisco Alberto a uno de sus hijos…



El Poder Ejecutivo emitió un decreto declarando el 16 de diciembre de 2015 duelo oficial por el asesinato del alcalde Juan de los Santos. “La Bandera Nacional deberá ondear a media asta en los recintos militares y edificios públicos de todo el país”, ordenaba el mismo. Su cuerpo fue velado en la funeraria Blandino, llevado al Congreso Nacional y de ahí trasladado a las oficinas de la Federación Dominicana de Municipios (FEDOMU), a la Casa Nacional del Partido de la Liberación Dominicana (PLD), al Ayuntamiento de Santo Domingo Este (ASDE) y finalmente al cementerio Puerta del Cielo, donde fue sepultado. Como se puede apreciar, las honras fúnebres se corresponden con las de un prócer; sólo faltó que el cadáver, en lugar de reposar en Puerta del Cielo, fuera llevado al Panteón Nacional.

Ese mismo 16 de diciembre, mientras Juan de los Santos era llevado a su última morada, visitábamos a José Altagracia Beltré, un dominicano común y corriente que, sin que lo supiéramos, cumplía 81 años. Común y corriente por su humildad, falta de abolengo, pobreza e incapacidad de llevarse al bolsillo un centavo que su trabajo no produzca (a su edad, aunque retirado, debe hacer "lo que caiga" para subsistir). Quien mejor lo describe es el profesor Juan Bosch; y lo hizo en una carta que el entonces líder del Partido Revolucionario Dominicano (PRD) le enviara desde España el 16 de marzo de 1967: “Sé que la situación del país es difícil, que hay mucha gente sin trabajo. Antes de recibir tu carta pensaba algunas veces en ti y en tu señora, que se quedó en la calle por ser perredeísta. Siempre he tenido, sin embargo, cierta confianza en que a ti te será más fácil desenvolverte por la capacidad que tienes en tu trabajo y por tu simpatía natural, tu seriedad y tu honradez”.
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