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X.- Estados Unidos y su moral en bikini. Una nación que desde sus inicios se formó bajo la mendacidad y la expoliación

Para Abraham Lincoln, Estados Unidos representaba «la última mejor esperanza en la tierra, y que por ello no podía esconderse en tiempos de conflicto y dejar que la historia evolucionara por sí sola», expresión que, para estar en consonancia con las aberraciones formuladas por mandatarios anteriores, se convertiría en una mancha que le acompañaría, no sólo hasta el día de su asesinato sino, hasta nuestros días...

Abraham Lincoln, considerado por un gran número de historiadores como el mejor presidente que ha tenido Estados Unidos

La secesión es la esencia misma de la anarquía, porque, si un Estado se separa, también puede separarse cualquier otro, hasta que no quede nada del gobierno ni de la nación”. Estas fueron las palabras de Abraham Lincoln cuando el 4 de marzo de 1861 tomó juramento como decimosexto presidente de EE. UU. Es cierto que le preocupaba la esclavitud, pero lo que más cargaba su cometido como gobernante era lo que aparentaba ser la inminente desintegración de los Estados Unidos si se permitía la continua secesión de territorios sureños. Siete de ellos, cuando inició su administración, se habían separado y fundado una nueva nación (Estados Confederados de América), mientras que otros estaban en proceso de hacerlo. “Lo más importante es demostrar que el gobierno del pueblo no es un absurdo. ¿Tiene derecho la minoría de romper el gobierno cuando le dé la gana? Si fracasamos, estaremos demostrando la incapacidad del pueblo de gobernarse a sí mismo”; ese sería su sentir acerca de la guerra civil.

Para Lincoln, Estados Unidos representaba "la última mejor esperanza en la tierra, y que por ello no podía esconderse en tiempos de conflicto y dejar que la historia evolucionara por sí sola", expresión que, para estar en consonancia con las aberraciones formuladas por mandatarios anteriores, se convertiría en una mancha que le acompañaría, no sólo hasta el día de su asesinato -la noche del 14 de abril de 1865 (Viernes Santo) mientras asistía, junto a su esposa (Mary Todd), al teatro Ford de Washington D.C. a presenciar una comedia musical del dramaturgo inglés Tom Taylor ("Our American Cousin")-, consumado por John Wilkes Booth, un "mediocre" actor de Maryland, residente en Virginia y simpatizante del Sur, sino, hasta nuestros días.

Nada tendrían que envidiar esas palabras a las de John Quincy Adams cuando alegó que Estados Unidos "debía arrebatar la Florida a España por el peligro que suponía para la seguridad americana la incapacidad española para hacer frente a sus colonias".

La versión del asesinato por parte de un "mediocre" se uniría a las que posteriormente serían utilizadas en una cadena de conjuras contra presidentes en funciones (que de una u otra manera rompían con los lineamientos del sector dominante): "loco", "fanático", etc. Todas harían de "solución" a la ruptura del "ejercicio permanente de la democracia", y descansarían en las armas de las que han dispuesto los estadounidenses desde los inicios de la nación y que al día de hoy "imposibilitan" su prohibición.

Como la democracia norteamericana ha sido "paradigma", y nunca la ha dislocado un golpe de Estado, la venta de armas, sin regulación alguna, tal y como se vende zapatos o harina, o algún otro bien indispensable para la vida del ser humano, y las teorías del asesinato al margen de toda conspiración, como las de "mediocre", "loco" o "fanático", se han encargado de sustituir la toma del poder de forma ilegal para desplazar a quien lo ostenta. La historia norteamericana reseña con mucha pomposidad que, en plena guerra civil, EE. UU. celebrara las elecciones de 1865 -de las que salió triunfante el propio Lincoln-, y lo hace para enaltecer su "ininterrumpida trayectoria democrática".
Abraham Lincoln, cuando aún era miembro de la Cámara de Representantes por el séptimo distrito de Illinois, criticó la guerra; no pudo permanecer callado cuando James Polk declaró que "sangre estadounidense había sido derramada en suelo estadounidense" y que, por lo tanto, "existía un estado de guerra" con México. "Muéstreme el lugar donde se derramó sangre estadounidense", retó Lincoln, quien consideró que el conflicto había comenzado "innecesaria e inconstitucionalmente, ya que la primera batalla que Polk tomó como pretexto para declarar la guerra no se dio dentro de las fronteras de Estados Unidos"
Otra deshonra sobre quien muchos historiadores consideran el mejor presidente que ha tenido Estados Unidos sería la limpieza étnica de los pueblos indios; Lincoln organizó, en enero de 1864, la "Larga Caminata de los Navajos o Larga Caminata al Bosque Redondo": los navajos fueron obligados a caminar desde su tierra (hoy Arizona) hasta el este de Nuevo México ("entre agosto de 1864 y finales de 1866 se produjeron 53 marchas forzadas diferentes"). Fueron "obligados a caminar en condiciones inhumanas más de quinientos kilómetros sin alimento y sin agua, muriendo miles de ellos antes de llegar a su destino".

Sobre la esclavitud, aún fuera un abanderado de su abolición, Abraham Lincoln manifestó, con relación a la guerra de Secesión, que su empeño descansaba en preservar la unidad del país. “Mi objetivo fundamental en este conflicto es salvar la Unión, y no salvar o destruir la esclavitud. Si pudiera salvar la Unión sin liberar un solo esclavo, lo haría, y si pudiera salvarla liberando a todos los esclavos, lo haría; y si pudiera salvarla liberando a algunos y no a otros, también lo haría”. Obviando el señalamiento que alude su interés vital, sus propias palabras y, quizás, la privación de su segundo período de gobierno a causa del asesinato cometido por un "mediocre", Lincoln se convertiría, cuando se compara con otros gobernantes, en un faro de luz que emergía del sombrío panorama intervencionista y expansionista de los Estados Unidos.

Abraham Lincoln tuvo que enfrentar un país dividido: el sur esclavista frente al norte abolicionista. Su ejercicio aconteció bajo una guerra civil que enfrentó a los Estados Confederados de América [que se separarían de la Unión el 4 de febrero de 1861 e integrarían siete estados algodoneros del sur: Carolina del Sur, Misisipi, Florida, Alabama, Georgia, Luisiana y Texas, a los que luego se unirían Virginia, Arkansas, Carolina del Norte y Tennessee, y cuya capital sería, primero, Montgomery (Alabama), y luego, Richmond (Virginia)] contra los estados de la Unión (California, Connecticut, Delaware, Illinois, Indiana, Iowa, Kansas, Kentucky, Maine, Maryland, Massachusetts, Míchigan, Minnesota, Misuri, Nuevo Hampshire, Nueva Jersey, Nueva York, Ohio, Oregón, Pensilvania, Rhode Island, Vermont y Wisconsin, a los que se sumarían los nuevos estados de Nevada y Virginia Occidental y, después de comenzada la guerra, Tennessee y Luisiana). Colorado, Dakota, Nebraska, Nuevo México, Utah y Washington terminarían luchando del lado de la Unión.

Andrew Johnson, Ulysses S. Grant y Rutherford B. Hayes, décimo séptimo, décimo octavo y décimo noveno presidentes de Estados Unidos

Mientras se escenificaba la guerra, Lincoln tuvo que asegurarse de que los Estados Confederados no fueran reconocidos por ninguna otra nación. Con su magnicidio, la "alta sociedad" de Estados Unidos iniciaría una cuenta progresiva de presidentes asesinados en pleno ejercicio de sus deberes, que terminaría convirtiendo en práctica necesaria para sustituir los golpes de Estado y así "no interrumpir su endiosada democracia", que en forma alguna se aproxima a la de los países nórdicos, Suiza, e incluso la de su vecino Canadá.

"El demócrata moderado Andrew Johnson (1865-1869)", quien sustituyó a Abraham Lincoln (era su vicepresidente), endosó una nueva intervención de la Infantería de Marina en Panamá con el pretexto de “proteger las propiedades y vidas de ciudadanos estadounidenses residentes en ese territorio”, tal y como haría en Nicaragua en 1867 para “proteger los intereses estadounidenses durante uno de los tantos conflictos políticos entre liberales y conservadores” y en 1868 en Uruguay con la excusa de “proteger los residentes extranjeros y las aduanas”.

En 1870 Ulyses Grant -presidente de 1869 a 1877- emprendió acciones dirigidas a apoderarse de La Española. La parte dominicana padecía los embates de los gobiernos dictatoriales y corruptos de Buenaventura Báez, quien se había obstinado en anexar la recién fundada (y casi a seguidas restaurada) República Dominicana a los Estados Unidos, propuesta que Grant asumió con gran simpatía (aunque para incorporar toda la isla, no sólo la mayoritaria porción oriental). Báez convencería al presidente Grant de enviar barcos de guerra a su propio país y logró firmar un tratado de anexión que, luego de muchas gestiones, sería rechazado por el Senado norteamericano.

En 1873 la Infantería de Marina de los Estados Unidos desembarcaría dos veces más en Panamá con la misma justificación de “proteger sus intereses”. Pero sería en 1880 cuando EE. UU. mostraría su mayor descaro: oponerse a las gestiones de una compañía francesa para construir el Canal de Panamá y desconocer la soberanía del gobierno de los Estados Unidos de Colombia (Estado federal que comprendía el territorio de las actuales repúblicas de Colombia y Panamá, que sucedió a la Confederación Granadina en 1861 proporcionándole al país un sistema político federalista y liberal). El presidente norteamericano, Rotherford B. Hayes (1877-1871), "arrogándose la divinidad que le había sido otorgada por Dios", proclamaría el “corolario Hayes a la Doctrina Monroe” que le "otorgaba a EE. UU. la autoridad para no consentir" que ninguna nación europea pudiese ejercer el dominio del canal debido a que esa vía interoceánica “era parte de la línea costera de Estados Unidos”.

Al mismo tiempo, la Casa Blanca amenazaba con declararle la guerra a México bajo la argucia de la incapacidad del presidente mexicano, general Porfirio Díaz (1877-1880), en frenar el cruce de "bandidos" por la frontera entre ambos países, artimaña de la que, en años posteriores, y en más de 20 ocasiones, se valdrían las tropas gringas para violar descaradamente el territorio de México.
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Ing. Nemen Hazim Bassa
San Juan, Puerto Rico
19 de junio de 2022
La falacia de la democracia

Mientras el voto del intelecto tenga el mismo peso que el de la ignorancia, la democracia no será más que un instrumento falaz al servicio del capitalismo, destinada a acrecentar la riqueza de oligarcas y burgueses, y a perpetuar a la mayoria de la población mundial en la indigencia cognitiva y material. Bajo esta farsa, y con los grandes consorcios mediáticos confabulando en su infame labor de desinformar, las mayorías quedan condenadas a subsistir bajo la mentira impuesta por las minorias.
Ing. Nemen Hazim Bassa
12 de febrero de 1997
San Juan, Puerto Rico

Himno Nacional Dominicano




Letra de Emilio Prud'Homme y música de José Reyes
Quisqueyanos valientes, alcemos, nuestro canto con viva emoción, y del mundo a la faz ostentemos nuestro invicto, glorioso pendón.
¡Salve! el pueblo que, intrépido y fuerte, a la guerra a morir se lanzó, cuando en bélico reto de muerte sus cadenas de esclavo rompió.
Ningún pueblo ser libre merece si es esclavo, indolente y servil; si en su pecho la llama no crece que templó el heroísmo viril,
Más Quisqueya la indómita y brava siempre altiva la frente alzará; que si fuere mil veces esclava otras tantas ser libre sabrá.
Que si dolo y ardid la expusieron de un intruso señor al desdén, Las Carreras! Beller!… campos fueron que cubiertos de gloria se ven.
que en la cima de heroico baluarte de los libres el verbo encarnó, donde el genio de Sánchez y Duarte a ser libre o morir enseñó.
Y si pudo inconsulto caudillo de esas glorias el brillo empañar, de la guerra se vió en Capotillo la bandera de fuego ondear.
Y el incendio que atónito deja de Castilla al soberbio león, de las playas gloriosas le aleja donde flota el cruzado pendón.
Compatriotas, mostremos erguida nuestra frente, orgullosos de hoy más; que Quisqueya será destruida pero sierva de nuevo, jamás!
Que es santuario de amor cada pecho do la patria se siente vivir; y es su escudo invencible, el derecho; y es su lema: ser libre o morir.
¡Libertad! que aún se yergue serena la Victoria en su carro triunfal, y el clarín de la guerra aún resuena pregonando su gloria inmortal
¡Libertad! Que los ecos se agiten mientras llenos de noble ansiedad nuestros campos de gloria repiten Libertad! Libertad! Libertad!

Himno a la Revolución de Abril de 1965




Letra y Música de Aníbal de Peña
A luchar soldado valiente, que empezó la revolución, a imponer los nobles principios, que reclama la constitución.
Desgarró la noche serena, la sirena de la libertad, cual clarín que llama a la guerra, defendiendo la Patria inmortal.
Como hermanos de Duarte luchemos, que ya Mella en el grito encarnó, si cual Sánchez al martirio iremos, venceremos como Luperón.
No cedamos un paso, marchemos, por senderos de gloria y honor, y otra vez al traidor venceremos, y otra vez al grosero invasor.
A luchar soldado valiente... A luchar soldado valiente.

Himno a la Raza Inmortal [Catorce de Junio-1J4]




Escrito por Ángel Concepción, Leandro Guzmán y Vinicio Echavarría. Musicalización de Héctor Jiménez
LLegaron llenos de patriotismo, enamorados de un puro ideal, y con su sangre noble encendieron, la llama augusta de la libertad.
Su sacrificio que Dios bendijo, la Patria entera glorificará, como homenaje a los valientes, que allí cayeron por la libertad.
LLegaron llenos de patriotismo, enamorados de un puro ideal, y con su sangre noble encendieron, la llama augusta de la libertad.
Su sacrificio que Dios bendijo, la Patria entera glorificará, como homenaje a los valientes, que allí cayeron por la libertad.
14 de junio, gloriosa gesta nacional; tus mártires están en el alma popular.
Hermanas Mirabal, heroínas sin igual, un grito vibrante, es el grito de la Patria inmortal.
14 de junio, gloriosa gesta nacional; tus mártires están en el alma popular.
Hermanas Mirabal, heroínas sin igual, un grito vibrante, es el grito de la Patria inmortal.
LLegaron llenos de patriotismo, enamorados de un puro ideal, y con su sangre noble encendieron, la llama augusta de la libertad.
Su sacrificio que Dios bendijo, la Patria entera glorificará, como homenaje a los valientes, que allí cayeron por la libertad.

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