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XI.- Estados Unidos y su moral en bikini. Una nación que desde sus inicios se formó bajo la mendacidad y la expoliación

En un período comprendido entre 1882 y 1898, las intervenciones de Estados Unidos en México, Panamá, Guatemala, Haití, Argentina, Chile, República Dominicana, Nicaragua, Brasil, Cuba y Venezuela fueron constantes, siempre bajo los mismos pretextos; pero lo peor de todo es que esas fechorías las ha cometido fuera de sus fronteras naturales, arrogándose un derecho de pertenencia sobre toda la América nuestra que, según sus fundadores, "le había sido otorgado por Dios"...


James Abram Garfield, vigésimo presidente de los Estados Unidos y segundo asesinado en el cargo por las armas que relegan los golpes de Estado. "Herido, Garfield permaneció acostado durante 70 días. Los médicos, con el pretexto de encontrar una de las balas, transformaron una herida de unos milímetros en una herida grave"

En 1881, durante la guerra que enfrentó a Bolivia y Perú con Chile, Estados Unidos, junto a sectores de la oligarquía peruana, intentó «establecer un protectorado estadounidense sobre Perú, como medio de “hacer prevalecer la Doctrina Monroe en toda Sudamérica”, y procuró apoderarse de los ricos yacimientos de guano y salitre ubicados en la zona en disputa». De igual forma, pretendió chantajear al gobierno de Ecuador para comprarle "todas o algunas de las islas Galápagos, ubicadas en el Océano Pacífico".

En el período comprendido entre 1882 y 1898, las intervenciones de Estados Unidos en México, Panamá, Guatemala, Haití, Argentina, Chile, República Dominicana, Nicaragua, Brasil, Cuba y Venezuela fueron constantes, siempre bajo los mismos pretextos que la historia se ha encargado de convertir en expresiones gastadas, insulsas, mentiras bajo las cuales se refugia para imponer lo que más conviene a sus propios intereses: "tránsito de bandidos por la frontera, libre circulación, carácter político de los movimientos integracionistas latinoamericanos, resguardar el patrimonio de sus ciudadanos, proteger a sus diplomáticos, preservar la vida y las propiedades de sus nacionales, derecho de compensación por daños a sus pertenencias, reciprocidad comercial, compra de armas..."; pero lo peor de todo es que esas fechorías las ha cometido, y sigue cometiendo, fuera de sus fronteras naturales, arrogándose un derecho de pertenencia sobre toda la América nuestra que, según sus fundadores, "le había sido otorgado por Dios".

Las imposiciones no faltaron durante ese período: creación de la "Unión Internacional de Estados Americanos (posteriormente denominada Unión Panamericana), cuya Secretaría Ejecutiva quedaría ubicada en Washington bajo la tutela del Departamento de Estado", entidad sobre la que José Martí expresaría: “Jamás hubo en América, de la independencia acá, asunto que requiera más sensatez, ni obligue a más vigilancia, ni pida examen más claro y minucioso, que el convite que los Estados Unidos potentes, repletos de productos invendibles y determinados a extender sus dominios en América, hacen a las naciones americanas de menos poder… (…) De la tiranía de España supo salvarse la América española; y ahora, después de ver con ojos judiciales los antecedentes, causas y factores del convite, urge decir, porque es la verdad, que ha llegado para la América española la hora de declarar su segunda independencia”.

Chester Alan Arthur (vigésimo primero); Stephen Grover Cleveland (vigésimo segundo y vigésimo cuarto); y Benjamin Harrison (vigésimo tercero) - presidentes de los Estados Unidos

Estados Unidos intentaría imponerle a los países de Latinoamérica la adopción de la equivalencia del oro y la plata, pero sus pretensiones serían derrotadas. Razón tuvo Martí al desnudar sus intenciones cuando habló acerca de "productos" invendibles y extensión de su ilegítimo régimen de sometimiento.

Aduciendo la Doctrina Monroe, exigió realizar un arbitraje internacional para dilucidar «los conflictos entre Gran Bretaña y Venezuela, alrededor de los límites entre este último país y la llamada “Guayana británica”», que le garantizó "su control sobre la desembocadura del río Orinoco y otorgó al Reino Unido 45,000 millas cuadradas de territorio venezolano".

Sin que lo supiera el Consejo de Gobierno y el victorioso Ejército Libertador cubano, "comenzó a preparar las condiciones políticas y militares con vistas a declararle la guerra a España y proceder a la anexión de los archipiélagos de Filipinas, Cuba y Puerto Rico". Con relación a Puerto Rico, se debían “emplear medios relativamente suaves”, pero lo pertinente a Cuba era ignominioso: EE. UU. propició un "sistemático exterminio de la población civil cubana y, en especial, de las fuerzas del Ejército Libertador", al que debía asignársele “las empresas peligrosas y desesperadas” en la lucha contra los colonizadores españoles.

Con tan ruin estrategia, "el gobierno estadounidense mantuvo un férreo bloqueo de medicinas y alimentos que, en lo fundamental, más que a las autoridades coloniales españolas, afectaba al pueblo cubano" (lo mismo que ha venido haciendo hasta ahora).

La explosión "accidental" del acorazado Maine dio inicio a la guerra hispano-estadounidense. Ese fue el pretexto al que acudió el naciente imperio para declararle la guerra a España y ocupar a Cuba. En pocos meses, España perdió sus últimas colonias; con el Tratado de París, firmaba su rendición y cedía a Cuba, Filipinas, Puerto Rico y Guam a EE. UU., quien pasaría a convertirse en el dueño y señor del Caribe. "El Imperio español se disolvió y Washington comenzó su intervencionismo en el Caribe para convertirse en la gran potencia militar del siglo XX".

En 1900 Washington promulgó la Ley Foraker, que hacía de Puerto Rico su colonia. En 1901, en Cuba, después de desarmar al Ejército Libertador, "bajo el chantaje de mantener la ocupación militar, el presidente William McKinley impuso, como un apéndice a la Constitución de Cuba, la Enmienda Platt". En Panamá, en 1903, Theodore Roosevelt, sucesor de Mckinley (asesinado el 5 de septiembre de 1901), impidió el desembarco de tropas colombianas que buscaban restablecer su soberanía sobre el istmo, lo que facilitó a Estados Unidos negociar con la oligarquía panameña «un tratado por medio del cual Estados Unidos obtuvo el control absoluto sobre la llamada “Zona del Canal de Panamá”». Tal y como hiciera en Cuba, Estados Unidos incluyó cláusulas en la Constitución panameña, entre ellas el derecho a la intervención militar en los asuntos internos panameños y la veda al gobierno para solicitar préstamos a otros países sin la autorización previa del gobierno estadounidense.
William McKinley (tercer presidente asesinado, mientras iniciaba su segundo mandato, con las armas que sirven a Washington para "no interrumpir su larga y hermosa democracia"), Theodore Roosevelt y William Howard Taft: vigésimo quinto, vigésimo sexto y vigésimo séptimo presidentes de Estados Unidos

En 1904, Roosevelt modificó la política exterior mediante el postulado del «‘Gran Garrote’: EE. UU. desea que los Estados vecinos sean estables, ordenados y prósperos. Cualquier país cuyo pueblo se conduce debidamente puede contar con nuestra amistad sincera. Si una nación demuestra que sabe actuar con eficiencia razonable y con correcciones en cuestiones sociales y políticas, si mantiene el orden y paga sus obligaciones, no debe temer la interferencia de los Estados Unidos». El coralario justificaba la ocupación de los países latinoamericanos que no pudieran pagar las deudas contraídas con países europeos, para, de esa manera, "evitar una posible intervención de esos países" y «fortalecer la seguridad de "América"».

Entre 1905 y 1916, República Dominicana sufriría los embates de las intervenciones norteamericanas. La de 1916, que duraría hasta 1924, la llevó a cabo bajo el argumento de la "deuda externa", patraña que le sirvió para el ejercicio tiránico, la obtención de beneficios económicos y el aniquilamiento de un movimiento patriótico integrado por “gavilleros”, vocablo despectivo que se usó para degradar a los valientes dominicanos que se sublevaron contra los invasores yanquis.

En 1912, tropas de Estados Unidos se alinearon en la frontera con México y sus buques de guerra incursionaron en las costas mexicanas con el propósito de "presionar al gobierno de Francisco Madero para que abandonara los compromisos con la Revolución mexicana y las negociaciones con empresas privadas británicas y japonesas". Comenzaba a aplicarse la "diplomacia del dólar", modelo de política exterior de William Taft, sustituto de Roosevelt, que buscaba el dominio de EE. UU. sobre varios países de América Latina y Asia Central "por medio de la garantía que ofrecía su poder económico en créditos a largo plazo e inversiones". También impedía que inversionistas “extracontinentales” pusieran en “peligro” los intereses de las empresas estadounidenses en su “esfera de influencia
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Ing. Nemen Hazim Bassa
San Juan, Puerto Rico
3 de julio de 2022
La falacia de la democracia

Mientras el voto del intelecto tenga el mismo peso que el de la ignorancia, la democracia no será más que un instrumento falaz al servicio del capitalismo, destinada a acrecentar la riqueza de oligarcas y burgueses, y a perpetuar a la mayoria de la población mundial en la indigencia cognitiva y material. Bajo esta farsa, y con los grandes consorcios mediáticos confabulando en su infame labor de desinformar, las mayorías quedan condenadas a subsistir bajo la mentira impuesta por las minorias.
Ing. Nemen Hazim Bassa
12 de febrero de 1997
San Juan, Puerto Rico

Himno Nacional Dominicano




Letra de Emilio Prud'Homme y música de José Reyes
Quisqueyanos valientes, alcemos, nuestro canto con viva emoción, y del mundo a la faz ostentemos nuestro invicto, glorioso pendón.
¡Salve! el pueblo que, intrépido y fuerte, a la guerra a morir se lanzó, cuando en bélico reto de muerte sus cadenas de esclavo rompió.
Ningún pueblo ser libre merece si es esclavo, indolente y servil; si en su pecho la llama no crece que templó el heroísmo viril,
Más Quisqueya la indómita y brava siempre altiva la frente alzará; que si fuere mil veces esclava otras tantas ser libre sabrá.
Que si dolo y ardid la expusieron de un intruso señor al desdén, Las Carreras! Beller!… campos fueron que cubiertos de gloria se ven.
que en la cima de heroico baluarte de los libres el verbo encarnó, donde el genio de Sánchez y Duarte a ser libre o morir enseñó.
Y si pudo inconsulto caudillo de esas glorias el brillo empañar, de la guerra se vió en Capotillo la bandera de fuego ondear.
Y el incendio que atónito deja de Castilla al soberbio león, de las playas gloriosas le aleja donde flota el cruzado pendón.
Compatriotas, mostremos erguida nuestra frente, orgullosos de hoy más; que Quisqueya será destruida pero sierva de nuevo, jamás!
Que es santuario de amor cada pecho do la patria se siente vivir; y es su escudo invencible, el derecho; y es su lema: ser libre o morir.
¡Libertad! que aún se yergue serena la Victoria en su carro triunfal, y el clarín de la guerra aún resuena pregonando su gloria inmortal
¡Libertad! Que los ecos se agiten mientras llenos de noble ansiedad nuestros campos de gloria repiten Libertad! Libertad! Libertad!

Himno a la Revolución de Abril de 1965




Letra y Música de Aníbal de Peña
A luchar soldado valiente, que empezó la revolución, a imponer los nobles principios, que reclama la constitución.
Desgarró la noche serena, la sirena de la libertad, cual clarín que llama a la guerra, defendiendo la Patria inmortal.
Como hermanos de Duarte luchemos, que ya Mella en el grito encarnó, si cual Sánchez al martirio iremos, venceremos como Luperón.
No cedamos un paso, marchemos, por senderos de gloria y honor, y otra vez al traidor venceremos, y otra vez al grosero invasor.
A luchar soldado valiente... A luchar soldado valiente.

Himno a la Raza Inmortal [Catorce de Junio-1J4]




Escrito por Ángel Concepción, Leandro Guzmán y Vinicio Echavarría. Musicalización de Héctor Jiménez
LLegaron llenos de patriotismo, enamorados de un puro ideal, y con su sangre noble encendieron, la llama augusta de la libertad.
Su sacrificio que Dios bendijo, la Patria entera glorificará, como homenaje a los valientes, que allí cayeron por la libertad.
LLegaron llenos de patriotismo, enamorados de un puro ideal, y con su sangre noble encendieron, la llama augusta de la libertad.
Su sacrificio que Dios bendijo, la Patria entera glorificará, como homenaje a los valientes, que allí cayeron por la libertad.
14 de junio, gloriosa gesta nacional; tus mártires están en el alma popular.
Hermanas Mirabal, heroínas sin igual, un grito vibrante, es el grito de la Patria inmortal.
14 de junio, gloriosa gesta nacional; tus mártires están en el alma popular.
Hermanas Mirabal, heroínas sin igual, un grito vibrante, es el grito de la Patria inmortal.
LLegaron llenos de patriotismo, enamorados de un puro ideal, y con su sangre noble encendieron, la llama augusta de la libertad.
Su sacrificio que Dios bendijo, la Patria entera glorificará, como homenaje a los valientes, que allí cayeron por la libertad.

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